Hacia un equilibrio entre relativismo cultural y universalismo en los derechos humanos

Castro Ortega, P.C. (2025). Apuntes para la superación categórica del relativismo cultural y moral en materia de derechos humanos. Multiverso Journal, 5(9), 55-61. https://doi.org/10.46502/issn.2792-3681/2025.9.5

Introducción

La discusión sobre la superación del relativismo cultural y moral en el ámbito de los derechos humanos ocupa un lugar central en la filosofía, el derecho y las ciencias sociales del siglo XXI.

Este debate gira en torno a la tensión entre el relativismo cultural—que sostiene que los derechos humanos deben interpretarse según la lógica de cada contexto cultural—y el universalismo, que postula la existencia de derechos comunes a toda la humanidad. En una realidad globalizada e interconectada, estas posturas adquieren especial relevancia, ya que las diferencias culturales pueden entrar en conflicto con principios fundamentales como la dignidad humana.

El relativismo cultural considera que los valores y normas morales emergen de contextos históricos y culturales específicos, y que los derechos humanos, como construcción occidental, no pueden aplicarse universalmente sin atender a las particularidades de cada cultura. Esta perspectiva, sin embargo, puede convertirse en un argumento para violar derechos humanos bajo el pretexto de respetar la diversidad, deslegitimando incluso la intervención internacional en casos de abuso como si se tratara de imperialismo cultural.

En contraposición, el universalismo sostiene que los derechos humanos son universales e inalienables, basados en la dignidad humana compartida por todos, sin distinción de etnia, cultura, nación, condición socioeconómica o religión. Esta visión, reflejada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, apela a la necesidad de que todas las culturas reconozcan y protejan principios morales básicos.

No obstante, los críticos del universalismo señalan que este enfoque puede ignorar realidades culturales y sociales locales, imponiendo valores occidentales y negando el derecho de otros pueblos a construir su propia moralidad. Por ello, la superación del relativismo cultural exige encontrar un equilibrio racional entre particularismo y universalidad, reconociendo la diversidad cultural pero defendiendo los derechos humanos básicos.

Desde esta perspectiva, el diálogo intercultural y la hermenéutica diatópica surgen como herramientas para facilitar la comprensión recíproca entre culturas, generando acuerdos sobre los derechos humanos fundamentales y protegiendo a quienes suelen ser marginados incluso en el seno de su propia cultura.

Obras y autores destacados sobre universalismo y relativismo cultural

El debate entre relativismo cultural y universalismo en materia de derechos humanos ha sido abordado por diversos pensadores. Immanuel Kant defendió la universalidad de los derechos naturales a través de su imperativo categórico, postulando la dignidad humana como principio fundamental que trasciende las diferencias culturales y sustenta una ética del respeto mutuo. Su propuesta de una moral laica y racional resulta central para defender la universalidad de los derechos humanos sin contravenir identidades culturales.

John Stuart Mill, por su parte, reconoció la importancia de la identidad cultural pero sostuvo que ciertos derechos, como la libertad y la autonomía, deben ser protegidos aun frente a tradiciones que pudieran restringirlos. Su visión utilitarista sostiene que algunas prácticas culturales pueden ser dañinas y, por tanto, deben ser cuestionadas bajo el prisma de los derechos humanos universales.

Charles Taylor aporta la necesidad de un diálogo intercultural para conciliar relativismo y universalismo, reconociendo que no todas las culturas están dispuestas a dialogar. Sin embargo, Taylor considera que la inclusión de diferentes voces y experiencias puede enriquecer las interpretaciones universales de los derechos humanos. Su ética de la autenticidad busca tender puentes entre distintas visiones culturales, sin sacrificar los principios básicos de respeto y dignidad.

En síntesis, estas obras reflejan la complejidad del debate en un mundo multicultural. Kant encarna la postura universalista estricta, mientras que autores como De Sousa Santos y Taylor defienden enfoques más matizados que reconocen la diversidad cultural pero sostienen la necesidad de principios universales. Esta tensión influye tanto en la teoría ética como en la política internacional y la aplicación práctica de los derechos humanos, apuntando a la búsqueda de un marco común que respete la diversidad y los principios universales.

Diez argumentos para la superación categórica del relativismo cultural y moral

  1. Dignidad humana inherente: Todos los seres humanos poseen dignidad simplemente por el hecho de serlo, sin importar su cultura o procedencia. Este respeto universal es la base de los derechos humanos y convierte el antagonismo entre relativismo y universalismo en una falsa dicotomía.
  2. Consenso internacional: La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 representa un acuerdo global sobre estándares morales mínimos que trascienden diferencias culturales y limitaciones ideológicas.
  3. Protección de los más vulnerables: El universalismo protege a los sectores más vulnerables frente a abusos justificados por motivos culturales, políticos o socioeconómicos, creando condiciones más justas y equitativas para todos.
  4. Desarrollo cultural: La cultura es dinámica y puede evolucionar para incorporar valores universales de derechos humanos, sin perder su identidad esencial.
  5. Interdependencia global: En un mundo interconectado, la convivencia pacífica requiere estándares éticos comunes, encarnados en la doctrina y práctica de los derechos humanos.
  6. Superación del colonialismo: El universalismo actual de los derechos humanos trasciende sus orígenes occidentales e incorpora aportes de diversas tradiciones, convirtiéndose en una herramienta emancipadora útil para sociedades que luchan por su libertad y soberanía.
  7. Contradicción lógica del relativismo: El relativismo cultural se contradice al pretender que todo es relativo, ya que esa misma afirmación abre la posibilidad lógica de posturas universalistas legítimas.
  8. Base científica universal: Aspectos biológicos y psicológicos comunes a la humanidad sostienen valores morales interculturales generales, destacando más lo que une que lo que separa.
  9. Prevención de atrocidades: Las normas universales de derechos humanos son esenciales para prevenir y condenar crímenes de lesa humanidad y otras atrocidades que dañan a toda la humanidad.
  10. Diálogo intercultural: El universalismo no implica imposición, sino la construcción de consensos mediante diálogo respetuoso entre culturas, edificando puentes para enriquecer la comprensión de los derechos humanos.

Estos argumentos demuestran que es posible y necesario superar el relativismo cultural en materia de derechos humanos, afirmando la universalidad sin negar la diversidad. Así, el universalismo proporciona un marco ético esencial para el respeto, la justicia y la paz en el mundo actual, escenario de crisis humanitarias y migraciones que desafían la estabilidad de regiones enteras.

Reflexiones finales

Superar el relativismo cultural y moral en derechos humanos es una exigencia moral y práctica en un mundo globalizado. La universalidad de estos derechos, basada en la dignidad de toda persona, ofrece un marco moral y jurídico común que trasciende fronteras culturales y geográficas. Este principio de universalidad no elimina la diversidad, sino que promueve su integración en un diálogo constructivo para enriquecer el sentido de los derechos fundamentales.

Si bien el relativismo cultural tiene valor descriptivo para reconocer la diversidad humana, no debe ser excusa para justificar abusos, especialmente ante prácticas nocivas como matrimonios forzados, mutilaciones o castigos corporales. Es esencial distinguir entre derechos culturales legítimos y relativismo moral, reconociendo que la defensa de los derechos humanos universales no implica la imposición de una cultura, sino la protección de valores básicos que trascienden particularidades locales.

Se propone, por tanto, la puesta en marcha de un “diálogo intercultural competitivo” sobre los principios de la dignidad humana, como herramienta para superar la dicotomía entre universalismo y particularismo. Este enfoque hermenéutico permite enriquecer el concepto de derechos humanos desde diversas perspectivas, sin poner en riesgo su carácter universal, consolidando su autoridad moral.

Defender un enfoque universal no es negar las diferencias culturales, sino buscar un denominador común desde la reflexión filosófica y jurídica. Este equilibrio resulta indispensable para enfrentar desafíos geopolíticos actuales, prevenir atrocidades y promover la justicia social bajo la premisa del desarrollo sostenible. Combinar tradiciones culturales en un marco ético común, como lo propuso Kant, es parte del desarrollo epistemológico del concepto de derechos humanos.

En suma, superar el relativismo cultural y moral en derechos humanos exige un compromiso constante con el diálogo intercultural, la educación y la promoción de valores universales. Esta labor intelectual fortalece la protección global de los derechos humanos y fomenta el entendimiento y respeto entre culturas, sentando las bases para un mundo más justo y pacífico en el siglo XXI.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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