Principales tipos de relativismo
Existen diversas versiones del relativismo que es fundamental distinguir para comprender sus características, conclusiones y relaciones mutuas. Drummond identifica tres tipos principales: relativismo cultural, relativismo moral y relativismo epistemológico. En el ámbito de la atención al paciente, el relativismo moral suele ser el más cuestionado, aunque el relativismo cultural también desempeña un papel importante en enfermería, dado que la cultura influye en las creencias y deseos de las personas. Además, los profesionales sanitarios aportan sus propios valores y creencias, lo que puede generar sesgos en su trato hacia los pacientes. El objetivo profesional consiste en aclarar, con base en el conocimiento clínico, cómo alcanzar los objetivos del paciente respetando creencias y valores culturales potencialmente contradictorios.
Relativismo cultural
El relativismo cultural parte de la idea de que las creencias, valores y normas de las personas están fuertemente vinculadas a la cultura en la que viven, y que estas pueden diferir —e incluso considerarse superiores o inferiores— respecto a otras culturas. Drummond distingue dos sentidos predominantes:
- Relativismo cultural moderado: Este enfoque se centra en la descripción antropológica de las diferencias entre culturas, cómo se forman las creencias y costumbres, y quiénes tienen mejores o peores condiciones de vida. Reconocer estas diferencias abre caminos para el respeto, el aprendizaje y, en ocasiones, el cambio. Este relativismo permite criticar costumbres moralmente problemáticas tanto propias como ajenas, aunque el cambio suele requerir que los miembros influyentes del grupo reconozcan los efectos negativos de ciertas prácticas. Ejemplos como la infundibulación (mutilación genital femenina) muestran que, aunque persisten prácticas dañinas, los cambios pueden surgir a partir de una mejor comprensión cultural de sus consecuencias. Cada cultura mantiene normas que pueden perjudicar a determinados grupos, como el énfasis en la delgadez extrema en algunas sociedades.
- Relativismo cultural fuerte: Este enfoque prohíbe la crítica externa a otras culturas, defendiendo que cada una debe ser juzgada únicamente desde su propia perspectiva. Según Drummond, el relativista cultural modesto busca evitar el relativismo moral o epistemológico, admitiendo la posibilidad de criticar injusticias dentro de una cultura si el cambio se origina internamente. En cambio, la versión fuerte sostiene que no existe un criterio objetivo para juzgar si los valores de una cultura son mejores que los de otra, lo que impide condenar sistemas injustos. John, desde una perspectiva ética, rechaza esta postura, pues el relativismo radical puede legitimar injusticias y la falta de responsabilidad profesional ante problemas recurrentes, como la inequidad en el acceso sanitario. La psicología cognitiva apoya la idea de que el sesgo humano favorece la protección y el avance de los intereses del propio grupo, a menudo en detrimento de otros. El relativismo fuerte, por tanto, permite daños sin penalización si benefician a grupos poderosos.
Drummond ayuda a comprender por qué el relativismo moral no es aplicable a la práctica clínica, mostrando la relación entre las distintas formas de relativismo y su impacto en la atención sanitaria y otros servicios críticos para el bienestar de las personas.
Relativismo moral
Drummond sostiene que el relativismo moral parte de la premisa de que no existe un punto de vista objetivo desde el cual juzgar las cuestiones morales con certeza epistemológica. La moral se ocupa de lo que es bueno, no de lo que es verdadero, y la acción moral persigue el bien o evita el daño.
El concepto de “bien” es abstracto e indefinible, como argumenta G.E. Moore: no puede descomponerse en elementos más simples, y sólo se comprende en relación con el contexto o propósito.
La acción moral depende de varios factores: quién es el destinatario, los recursos disponibles, el conocimiento pertinente y las creencias, valores y preferencias implicadas. Los participantes en la toma de decisiones deben examinar sus propios valores y sesgos para evitar interferencias en la acción moral. Tanto valores como creencias pueden cambiar con el tiempo y la experiencia, demostrando su carácter mutable. Asimismo, la ciencia cognitiva revela múltiples sesgos que pueden distorsionar la toma de decisiones en perjuicio de otros. Aunque los valores culturales influyen, no deben determinar la conducta si se reconocen los posibles sesgos y se cuestionan las suposiciones. Drummond denomina esto “relativismo moral modesto”.
La pregunta sobre la existencia de valores universales persiste; por ejemplo, el deseo de sobrevivir y evitar daños innecesarios parece común. Igualmente, la idea de derechos humanos universales se apoya en la lógica de que cualquiera puede ser víctima de discriminación o exclusión, por lo que el principio de justicia como equidad resulta relevante, aunque su aplicación no sea sencilla.
Drummond también aborda el relativismo moral fuerte, que sostiene que “todo vale”, postura que pocos filósofos defienden. En la atención sanitaria, esta visión resulta inviable, ya que existen objetivos claros y conocimientos específicos para alcanzarlos. Las decisiones clínicas involucran el bienestar de otra persona, cuyos valores y preferencias deben considerarse, incluso si difieren de los propios. Finalmente, Drummond examina el relativismo epistemológico y su relación con las otras formas de relativismo.
Relativismo epistemológico o cognitivo
El relativismo epistemológico plantea la cuestión de si toda verdad es relativa. Sus defensores sostienen que es imposible saber si existen verdades absolutas, pues los humanos siempre están influidos por su experiencia, cultura y contexto. No podemos adoptar la postura de un “observador ideal”, ajeno a todo sesgo y capaz de determinar la veracidad de un juicio ético.
Sin embargo, Drummond argumenta que no es necesario recurrir a verdades absolutas para funcionar; las verdades pueden ser contingentes pero suficientemente confiables hasta que se demuestre lo contrario. Algunas verdades, más que relativas, son observaciones puntuales (“está lloviendo y no tengo paraguas”). En enfermería y el desarrollo del conocimiento clínico, la visión de la verdad como relativa no implica que “todo vale”, sino que se debe confiar en bases sólidas para la acción. Las reglas deontológicas estrictas también pueden ser problemáticas en la práctica clínica, pues pueden llevar a paradojas: por ejemplo, respetar la autonomía de una persona que elige una opción perjudicial (por incapacidad cognitiva o confusión), lo que puede derivar en la pérdida de autonomía. En estos casos, los profesionales deben proporcionar información comprensible y colaborar para encontrar la mejor opción que respete los valores y preferencias del paciente.
La deliberación ética requiere que el paciente procese información relacionada con sus valores y describa cómo las intervenciones propuestas se ajustan a su proyecto vital. Los expertos, a su vez, deben facilitar información adecuada y comprensible. Esto fundamenta la importancia de la claridad filosófica y abre la puerta al pragmatismo en la toma de decisiones éticas.
Pragmatismo: enseñanzas y aplicación en ética clínica
El pragmatismo rechaza la existencia de verdades morales absolutas y sostiene que es posible evaluar objetivamente el valor de las acciones. Para el pragmatismo, las verdades relacionadas con la acción son contingentes, y se validan o refutan mediante análisis, evidencia y consecuencias. Este movimiento surge como respuesta a los cambios sociales, especialmente tras la Guerra Civil estadounidense, que evidenció los problemas de las certezas rígidas y la falta de disposición al compromiso.
Dewey resume la idea general del pragmatismo: el conocimiento es cuestión de asegurarse, no de captar seguridades previas. La validación se produce al utilizar lo que provisionalmente parece capaz de lograr un objetivo o resolver un problema. Los teóricos principales, como Peirce, James y Dewey, coincidieron en resistir los dualismos excluyentes del absolutismo y el relativismo radical, y propusieron el pragmatismo moral como vía intermedia para abordar conflictos éticos complejos, especialmente en la consulta ética y la práctica clínica cotidiana.
Pragmatismo moral y toma de decisiones éticas en la atención sanitaria
Los objetivos profesionales en salud son metas éticas que guían la toma de decisiones. La utilización de evidencia, conocimientos, habilidades y experiencia permite elegir las mejores acciones posibles para el paciente. Ante situaciones complejas, se emplean heurísticas de decisión para abarcar todos los factores relevantes. Existen modelos estructurados para identificar y resolver problemas éticos, como el propuesto por Jonsen et al., que considera la situación médica, las preferencias del paciente, la calidad de vida y el contexto. Este proceso implica explorar objetivos y preferencias, cuestionar supuestos, buscar hechos y evidencia pertinente, y evaluar las consecuencias de las decisiones para aprender y mejorar futuras intervenciones.
Conclusión
John Drummond ha contribuido significativamente a clarificar las bases y críticas de los diferentes tipos de relativismo. En el contexto de la toma de decisiones éticas en atención médica, comprender la ambigüedad de la verdad permite explorar los matices de cada problema, ganar claridad y actuar en función de los objetivos asistenciales. Tanto el relativismo moral moderado como el absolutismo kantiano resultan insuficientes para resolver todos los dilemas éticos, por lo que se requiere una vía intermedia. El relativismo moral puede ayudar a resolver situaciones, pero la evaluación de su eficacia y sus implicaciones sociales sigue siendo necesaria. El absolutismo kantiano prioriza al paciente, pero no ofrece pautas claras para equilibrar principios contrapuestos. El pragmatismo, por su parte, actúa como puente entre ambas perspectivas, permitiendo reconocer la novedad de cada caso y aplicar un enfoque flexible y fundamentado para alcanzar el bien del paciente.