Desigualdad y Empleo Informal: La Realidad de los Cartoneros en Argentina

Este posteo aborda un determinante social, el empleo informal, para poner atención en que esto no lo resolverá el mercado mediante una reforma laboral, no, porque no seran elegidos, porque en estos años no se hizo mucho para sacarlos de esta situación, para llegar a este momento en el cual lo que se puede juntar, no alcanza para la comida. Porque no nos duele y miramos sin mirar a los ciudadanos que están en la calle, tapados durmiendo en pleno día, a los que escarban y revuelven la basura, seleccionando lo que pueden vender, inclusive introduciendo en los grandes cestos para ver si pueden mejorar la captura, y dejan puesto un pequeño palo, para que sepan que ya fueron vistos o revisados que otro trashumante no pierda tiempo . Estos ciudadanos, son denominados los recicladores urbanos.

Ser cartonero no es un trabajo. Es denigrar al semejante

En argentina se producen por día un kg de basura o sea 47 mil toneladas, siendo los cartoneros el emergente por excelencia del tejido social de una sociedad muy desigual que hace cuatro décadas los llamaba “cirujas”. La actividad de revolver entre la basura con el fin de encontrar algo recuperable los hizo denominar recicladoras.

“La búsqueda de recursos sería una de las características que define a la actividad cartonera. Comparándola con otros movimientos sociales, los cartoneros tienen un perfil mucho más activo- productivo que reactivo. En cambio, de quedarse en la protesta, el recuperador busca producir cambios a través del trabajo”.

Si bien fue siempre una actividad individual, el trabajo de recuperación de residuos se está transformando en un hecho comunitario, llegando a formar hoy una verdadera cadena social. El primer eslabón comienza en el consumidor que deja la basura en bolsas diferenciadas; luego pasa por el recuperador que la recoge y clasifica, continúa en el acopiador y termina en las empresas recicladoras. Con la recuperación económica del país poscrisis, los cartoneros no desaparecieron. Al contrario, comenzaron a nucleares cooperativas y accionar con su trabajo desde otros ámbitos (Pérez; 2014).

“Los residuos constituyen un gran problema para todos los habitantes del planeta, ya que la sobrepoblación y el consumo desmesurado aumentan la cantidad de basura que se genera día a día. El tratamiento inadecuado que se hace de ellos, como las quemas y los basurales a cielo abierto, provoca graves problemas de contaminación que, a su vez, inciden en la salud de la gente, dañan el medioambiente y desembocan en conflictos sociales y políticos. ¿Cómo se puede reducir la cantidad de residuos que generamos? La clave está en la reutilización y el reciclado; en la reinserción de esos materiales en un nuevo ciclo”.

“Cada 1 de marzo se celebra el Día Internacional de los Recuperadores Urbanos, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la importancia del trabajo que realizan estas personas para el cuidado del ambiente y la construcción de ciudades más sustentables”.

“La recolección, clasificación y comercialización de los residuos reciclables es un servicio necesario en todo lugar donde exista actividad humana. Este trabajo es realizado por recuperadores/as urbanos/as, quienes ya forman parte del paisaje de las ciudades. Conocer el trabajo que realizan permite entender por qué la adecuada gestión de los residuos se ha convertido en una necesidad socioambiental”.

“El rol socioambiental de los/as recuperadores/as, cartoneros/as y recicladores/as tiene que ver -a manera de síntesis- con la recolección y clasificación de materiales reciclables. Además de convertir estos residuos en potenciales recursos para reinsertarse en la cadena productiva, realizar tareas de concientización y educación ambiental a la ciudadanía. Es decir, nos enseñan cómo separar en origen además de contarnos qué pasa con esos residuos una vez que son descartados en la vía pública. Sin embargo, han sido históricamente excluidos/as”.

¿Es merecido recorrer a pie con un dispositivo rodante improvisado revisando la basura de los contenedores seleccionando lo que se puede reciclar? Y llevarlo a los depósitos, con personas que hacen con camiones la logística. ¿Esto es un trabajo? ¿Darles otra salida sería criminalizar la pobreza? O realmente pensar que esto, por razones de salubridad y dignidad humana, no puede haber entre 150,000 y 300,000 argentinos viviendo de “cartoneros”?

Familias que recorren los fines de semana, con sus progenitores a recoger basura y pedir comida, enfrentándose a un estigma social que los margina aún más. Empujando carritos improvisados, se ven obligados a buscar en desechos lo que otros desechan. Ropa o zapatillas, y que siempre uno tiene apartado para responder a esos pedidos o acercarlos a la iglesia, para que Caritas lo entregue. Pero a menudo, esto no es suficiente, y la desesperación se agrava. No es preservar un trabajo digno. No es una actividad de subsistencia legítima. Es una lucha diaria por la supervivencia en un sistema que parece olvidarlos, donde la pobreza se convierte en un ciclo del que es difícil escapar, y donde las condiciones de vida de estas familias se ven comprometidas, haciendo urgente el debate sobre soluciones sostenibles y la necesidad de un cambio en la percepción y atención hacia ellos.

A Las cooperativas se busca comprenderlas como alternativas de organización económica y social, focalizando en la solidaridad como valor supremo y en la esperanza de vivir mejor, rebuscándose la vida contra un Estado que, en la mayoría de los casos, no acompaña este proceso.

Francisco Suárez afirma: “En sí hay dos condiciones básicamente para el crecimiento del reciclado bajo sistemas informales. Uno es la situación de gran segmentación, polarización social, y otro es ciudades que han tenido un desarrollo industrial importante. Entonces, en estos contextos se da fuertemente esta cuestión de la recuperación informal.

En un país con una institucionalización pobre, y que están además siendo vilipendiadas las que resisten, hacerlo con el movimiento de cartoneros, para que sigan siendo de por vida cartoneros es un despropósito. Encuadrarlos en el ámbito de la economía popular, como «reivindicación de derecho al trabajo, la protección laboral y la consolidación de un sujeto político emergente». Aceptamos que haya trabajadores excluidos. Que significado tiene eso, desde el 2002, y no se ha hecho mucho. Suprimir la intermediación, y que cobren directamente. Reciclado e inclusión social. Cual inclusión social. De vehiculizar el malestar y el reclamo. Pero que protección implica.

La evolución de los movimientos sociales se encuentra determinada por cuatro procesos que sus organizaciones experimentan y que van a determinar que se encaminen hacia nuevas formas organizativas que faciliten la participación política: el tránsito de crecimiento y declive de las propias organizaciones movimientos sociales, lo cual puede estar influenciado por cambios en el contexto socio-político, así como por la capacidad de estas organizaciones para adaptarse a nuevas realidades; la estructura interna de dichos colectivos, que abarca no solo el grado de profesionalización y el número de efectivos, sino también el nivel de jerarquización, la cohesión interna y la capacidad de liderazgo; la estructura externa o las relaciones vinculantes con los actores aliados, las bases y las autoridades, que son fundamentales para asegurar el apoyo y la legitimidad del movimiento; y, finalmente, la modificación de sus objetivos, así como la variación de los repertorios de acción, que permiten a los movimientos sociales ajustar sus estrategias y tácticas en respuesta a la dinámica del entorno y a las necesidades de sus integrantes (Kriesi, 1999). Ninguno de estos aspectos se ve o se vislumbra que va en ese camino. La postura que planteo en abierta oposición a lo publicado que el cartoneo no es una actividad laboral, salvo en el caso de las cooperativas y los grandes generadores, donde la separación esta cuidada, y la actividad es claramente útil.

En general, el cartoneo es por necesidad, surgido de la desesperación de quedarse sin trabajo y no tener la formación adecuada para insertarse en el mercado laboral formal. No se le enseña nada a quienes se ven empujados a esta situación, y su actividad es completamente libre pero carente de protección, lo que significa que no tienen rendimientos económicos estables ni garantías de ingresos. Será que hay intermediarios que se benefician con sus tareas. El mercado regula el precio de su trabajo, que disminuyó a un tercio, que a menudo es miserable, y la necesidad de sustentar a sus familias sigue aumentando, lo que genera una situación insostenible. Ya hay más de una generación de cartoneros, lo cual resulta un fracaso social evidente que evidencia la falta de políticas efectivas para resolver este problema, perpetuando así un ciclo de pobreza y exclusión. Su vida está signada por la urgencia de encontrar alimento y recursos, así como por la precariedad y la incertidumbre que les acompaña día a día. Están descartados por un sistema político, económico y social que no les ofrece alternativas dignas, y la llegada al movimiento cartonero es como caer a un abismo del cual parece no haber salida. Cartonear es, primordialmente, para comer, y se ha convertido en un fenómeno social que agrupa no solo necesidades económicas, sino también reivindicaciones más básicas del ser humano, tales como el derecho a un trabajo digno, una remuneración justa y la protección laboral. Además, es una actividad informal y sin mucho valor añadido, lo que impide que estos individuos sean reconocidos como parte integral de la economía. No confluye ningún compromiso real con el medio ambiente ni se realiza un servicio social que les permita mejorar su situación. Por el contrario, el cartoneo suele ser menospreciado y estigmatizado, a pesar de que su contribución es vital para el reciclaje y la reducción de desechos en las ciudades, tocando una fibra más profunda que exige atención y resolución urgentes por parte de la sociedad en general. Esta percepción negativa se ve alimentada por una falta de comprensión sobre el impacto positivo que los cartoneros tienen en la sostenibilidad urbana, donde su labor no solo ayuda a limpiar las calles, sino que también contribuye a un sistema de reciclaje que ahorra recursos valiosos. Sin embargo, a menudo son invisibilizados, y sus esfuerzos se ven opacados por el estigma social, lo que dificulta aún más su integración en la sociedad. La historia de cada cartonero es un testimonio de resiliencia; enfrentan no solo las dificultades económicas, sino también la exclusión social, lo que les obliga a buscar alternativas que muchas veces son inalcanzables en un mundo que les gira la espalda. Cada jornada de trabajo es un recordatorio de su lucha y su determinación, mientras que la comunidad en su conjunto se beneficia de su labor, mostrando la importancia de visibilizar y valorar el trabajo que realizan. El precio del cartón bajo de 300 pesos a 100 pesos el kg, por lo tanto, para no perder ingresos hay que trabajar el triple. Desde una organización aseguran que en los últimos meses la cantidad de recuperadores que trabajan en el sector bajó. Explican que lo saben porque cerró cerca de un tercio de las cooperativas, que tienen en promedio entre 50 y 100 trabajadores. Esta llevando a un abismo más grande. Los excluidos. Para cubrir la canasta alimentaria, hoy es necesario juntar 6000 kg de cartón al mes, lo cual es prácticamente imposible. “La apertura de importaciones hizo estragos en las cooperativas de recuperadores y también en los recuperadores que no están organizados en cooperativas”, asegura Francisco Dorbessan, referente de la cooperativa Amanecer de los Cartoneros. “Incluso muchos galponeros que le compraban material a los que cartoneaban de manera independiente cerraron porque para ellos ya no es negocio”,

Tenemos 200.000 argentinos que forman este grupo de cartoneros, que les tenemos que asignar otras tareas más dignas en la sociedad, formales y establecidas, que este fenómeno del reciclado no requiere de un ejercito improductivo de recicladores, sin horarios, que caminan la ciudad sin rumbo, sin sueños, ni esperanzas, y merecen nuestra atención y visibilización.

Lo que nos lleva a una reflexión final respecto de que los determinantes podemos observarlos y operarlos a nivel microsocial, mesosocial y macrosocial, y en todos ellos deberíamos incluir lo que ocurre en la vida cotidiana de los actores sociales. Considero que proponer determinantes o condicionantes estructurales sin incluir cómo manejan los mismos los diferentes actores sociales en su cotidianeidad, conduce a propuestas tautológicas, que a menudo resultan insuficientes para entender la complejidad de las dinámicas sociales. Por lo que quienes trabajan con determinantes sociales debieran explicitar no sólo quiénes son los actores sociales que están operando en los procesos de SEAP que se quieren modificar o cambiar, sino también cuáles son los papeles y funciones de cada uno de dichos actores sociales, así como las interacciones que se generan entre ellos. Porque obviamente, en este contexto, los determinantes no sólo refieren a estructuras, sino necesariamente a mediaciones, y una de las cuestiones es observar quiénes son los actores afectados, así como establecer a través de qué actores sociales se enfrentan dichos problemas y cómo operan los mismos. Esto implica una investigación profunda sobre los roles, intereses y estrategias de los actores involucrados, ya que conocer sus motivaciones y formas de acción puede revelar mucho sobre el impacto de los determinantes. Considero que una de las limitaciones más fuertes de las perspectivas deterministas es plantear los determinismos sin los actores que los dinamizan socialmente o, si los incluyen, aparecen como básicamente determinados, lo que limita la capacidad de entender el verdadero funcionamiento de los procesos sociales. Y ello para observar si los determinantes actúan como tales, si los actores son decidivos o no para determinar los procesos, o si los mismos son secundarios y por qué, resaltando la necesidad de un análisis integrado que no se quede en la superficie, sino que desentrañe las múltiples capas de interacción en las que se configura la realidad social.

Necesitamos asumir que más allá de que haya determinantes -o condicionantes- lo que no cabe duda es que nosotros reproducimos los sistemas a partir de nuestras vidas cotidianas, influenciados por hábitos, costumbres y estructuras sociales que han sido internalizadas a lo largo del tiempo. Esto ocurre incluso cuando cuestionamos y enfrentamos al sistema, ya que nuestras acciones cotidianas suelen estar guiadas por la normalidad de nuestras rutinas. Es decir, constituimos el principal agente de la reproducción de los sistemas debido a diversas causales económico-políticas, socioculturales e ideológicas, y a que la vida es en gran medida rutina y repetición, donde las decisiones que tomamos, aunque parezcan individuales, se entrelazan con procesos mucho más amplios que perpetúan esos mismos sistemas. Y esto no sólo ocurre bajo el capitalismo, sino bajo cualquiera de los sistemas que han existido, donde la resistencia o el cambio parecen ser desafiados por la resistencia inherente a lo familiar, demostrando así que romper el ciclo es una tarea compleja que requiere una profunda reflexión sobre nuestras acciones y sus implicaciones.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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