A qué le tienen miedo los dirigentes

Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor titular Universidad ISALUD.

Hoy 22 de mayo de 2020, escuchaba los medios y leía on line los diarios y me preguntaba, ¿enormemente a que le tenemos miedo? primero, y a que le tienen miedo los dirigentes. Porqué ante todo lo que sabemos, lo que hemos realizado como sociedad en un sacrificio colectivo extraordinario, reconfortante de disciplina como sociedad, es decir dimos todos, porque entonces no adoptamos una actitud resignada ante la enfermedad, si países desarrollados, ricos, con estado de bienestar y distribución más igualitaria de la riqueza han sufrido por esta pandemia, no tenemos que tener miedo y trabajar incansablemente en mitigar, tratar, detectar, mejorar la capacitación del personal, consolidar los planteles y protegerlos. Tenemos insumos, respiradores, información transparente y funcionarios que piensan bien.

Bueno, nos hemos preparado, tenemos más camas, acopiamos insumos, entrenamos personal, tenemos test de diagnóstico, limitamos el ingreso de infectados, tratamos de mejorar los hábitos higiénicos y la distancia social, porque si hicimos todo eso tenemos que tener miedo. Limitar los contactos, contener contagios y mitigar, pero el virus es tan contagioso que nada alcanza. Donde está la resignación, las creencias, el deber cumplido. No debemos vivirlo como un castigo el contagio, el aumento de los casos y las muerte que no son un número. El sacrificio es parte de esta batalla, la disciplina colectiva e individual, cuidarse en persona para cuidar a los otros.

Levantamos las voces por los ancianos, por los marginados, por el personal de salud, pero somos todos susceptibles, lo que cambia es la letalidad. Nos da temor saber cuanta letalidad tendremos y cuanto será la magnitud del inóculo que nos enfermará.

Somos animales sociales y culturales, existir es coexistir y habitar es cohabitar (¡que se lo digan ahora a tantas familias!), muchos sujetos humanos parecen incapaces de permanecer sosegados, sin estar expuestos continuamente a las multitudes y a no sé cuantos estímulos exteriores, haciendo verdadera la máxima de Pascal (acaso en una definición predicativa de Hombre: “Todas las desgracias del hombre se derivan …”) de que el principal problema del ser humano es el de no poder estar tranquilamente, en soledad y en silencio en una habitación (y con las catastróficas consecuencias educativas que todos conocemos, donde se ha pasado de la instrucción en determinadas materias a tener entretenidos a los alumnos, y donde se confunde un centro educativo con una especie de circo, donde hay que estar continuamente entreteniendo al educando: ¡Ni un día con un alumno aburrido! en vez del clásico nulla dies sine línea-)

Desarrollo:

La crisis COVID-19 ha vuelto a exponer las fragilidades de los sistemas sociales y económicos, según un punto de vista en la naturaleza. Pide un esfuerzo multidisciplinario para crear mejores herramientas para sopesar las compensaciones entre la salud y la riqueza. https://www.nature.com/articles/d41586-020-01504-4

Parece que inesperadamente todos nuestros compromisos, encuentros, apretadas agendas se desvanecen, como por arte de magia. Tenemos tiempo para leer, para escribir a los amigos, para soñar, para redescubrir lo que hacemos. El tiempo cobra un nuevo sentido y nos abre a una verdad a la que normalmente da miedo acercarse. 

El ser humano que ha conquistado la cúspide de la cadena trófica y que se cree todopoderoso, hoy se arrodilla ante un ser minúsculo, un pequeño virus.  “Impossible is nothing”. Nos damos cuenta que es un slogan.

Creíamos que lo podíamos todo, incluso el imaginario de que no hay nada que la tecnología no pueda resolver, pero no es verdad, no lo podemos todo, no encontramos tan rápido como queremos la cura y eso nos da miedo. Estamos un tanto enojados con la ciencia que no da respuestas. Al respecto, deseo expresar una opinión: después de varias décadas de desarrollar la Medicina basada en la evidencia, la hemos dejado coaptar, la ciencia está coaptada por los intereses económicos del complejo industrial médico. Hoy esta dentro de una carrera por lograr la primer vacuna o el primer medicamento antiviral o anti-tormenta inflamatoria que sirva.

En nuestro país creamos un Ministerio de ciencia y tecnología que aumento en número de investigadores, pero no concentró proyectos estratégicos para cada una de las áreas, tendría que haber como el grupo coronavirus del CONICET, áreas que estudien con otros países mecanismos fisiopatológicos, biológicos, diabetes, tecnologías y nanotecnologías aplicadas a la salud. Investigadores que estén aprendiendo conectados con el mundo. No ha crecido en publicaciones e instalar proyectos. Tendría que provenir del sector la reflexión necesaria, siendo pacientes, y entender que no hay que apurar, o sortear pasos en la investigación, la ciencia no tiene atajos, solo mentes que intentan encontrar el camino de la verdad.

“Un pequeño bicho nos ha hecho caer en la cuenta de que somos seres vulnerables personal y colectivamente. El coronavirus nos lo ha recordado de nuevo, como en otro tiempo lo hizo la gripe o el ébola. ¿Y será que porque somos vulnerables somos tan fuertes? “hay una grieta en casi todo, así es como entra la luz”.

“El neoliberalismo, es la fórmula dentro del capitalismo que ha primado la liberalización de la economía y la reducción del Estado, anteponiendo al individuo sobre el bien común”.

“El coronavirus también nos ha recordado que vivimos en un mundo globalizado, donde lo que pasa en una pequeña región de China puede tener consecuencias en el mundo entero, donde un pequeño virus puede provocar una crisis económica mundial”. Lo curioso es que muchas veces los trapos sucios de la globalización los pagan las personas más vulnerables, y no solo como decíamos en el sistema sanitario.

Por mucho que queramos hacer individualmente para gestionar la pandemia, no tendría ningún sentido si no lo hacemos como comunidad, como humanidad.

Alberto Ares: “El gran teatro del mundo o de cómo el coronavirus nos recuerda lo esencial de la vida” (https://www.religiondigital.org/opinion/Alberto-Ares-coronavirus-recuerda-esencial

“El pánico es más contagioso que la peste y se comunica en un instante”, señalaba Gogol. Y más en sociedades globales e hiperconsumistas con verdades siempre relativas, amplios medios digitales de comunicación y libertades consideradas sacrosantas. “Muchas veces nace la enfermedad del mismo remedio” nos enseñó Baltasar Gracián: sistemas globalistas que difunden tendencias y turistas pero que expanden también basura (contaminación) y enfermedades (pandemia); que imponen identidades individualistas sin freno en las buenas (con consumidores compulsivos y productores flexibles) pero “recomiendan” lealtades colectivas solidarias en las malas. En pleno siglo XXI y en pleno mundo occidental calles desiertas y negocios cerrados, estanterías vacías y cuarentenas obligatorias, el desempleo creciendo y las Bolsas en caída, falacias y mentiras en difusión y verdades escondidas, políticos contaminados y políticos contaminantes; el escenario después de una batalla posmoderna.

Se irá este virus, y aparecerán otras crisis agudas; superaremos el Covid-19 pero quedarán, como nunca, efectos socioeconómicos terribles para los más humildes; ¿aprenderemos la lección de la coyuntura y olvidaremos el cambio moral que nos exige el tiempo histórico?. Tengo miedo, no lo haremos.

En muchos textos escritos a lo largo de la historia de las epidemias y pandemias, se registró que las “pestes” siempre van acompañadas de “pánico” o “temor irracional”. De hecho, en la historia de la epidemiología se ha fijado la idea de que una de las primeras reacciones ante la alerta de una enfermedad contagiosa es el llamado “pánico epidémico”: un miedo súbito y extraordinario que “oscurece” o nubla la razón. Al mismo tiempo, si se echa un vistazo a la historia de la medicina y la salud pública es posible ver que el miedo a adquirir enfermedades en una pandemia es completamente racional. Como se verá en este texto, desde una perspectiva histórica, las causas de esta emocionalidad van más allá de una mera reacción ilógica.

La palabra “pánico” hace referencia al antiguo dios griego Pan, de torso humano, pero cuernos y patas de cabra, que se volvería el referente cristiano del demonio. Generalmente es un ente pacífico y lujurioso que vive en los bosques acosando a las ninfas, pero cuando lo molestan tiene la capacidad de producir ataques de pánico a muchedumbres de animales y humanos, civiles y militares, como de hecho hizo para ayudar a los atenienses a ganar una batalla contra los persas, según el historiador griego Herodoto. Esa aparición súbita del terror que recorre las filas de un ejército en los campos de batalla, al ser una suerte de broma del dios Pan, muchas veces es descrito como “irracional”. De esta forma, se fundó una tradición militar de estrategias de guerra en las que infundir terror pánico en las filas enemigas fue fundamental para ganar las batallas, como ya dieron cuenta historiadores griegos como Polibio, Polieno y Dionisio de Halicarnaso. Esa noción castrense del terror pánico sería la base de la concepción actual del pánico como un miedo infundado.

Así se generan las panic diseases o enfermedades pánicas, de las cuales las más fuertes son las que provienen de un lugar distante. Ante tales enfermedades “viajeras”, según Humphreys, una de las reacciones inevitables es la de tratar de construir una barrera a través de la pulcritud o del aislamiento o, cuando hay gran temor, exigiendo a las autoridades reformas a las leyes o creación de instituciones, como sucedió con el pánico por la fiebre amarilla en 1879, cuando el congreso estadounidense creó la primera agencia federal de salud pública. Humphreys, Margaret. “No Safe Place: Disease and Panic in American History”. American Literary History 14, n.o 4 (2002): 845-57.

El pánico es lo opuesto a la resignación. Las personas que trabajan en nuestro equipo tienen miedo, pero no pánico, no estamos inmovilizados, queremos tener un paso más preparado, trabajamos a tiempo real y sin descanso la saturación para evitar el colapso. Veo en sus rostros un dejo de satisfacción y cansancio, más canas, más pelos porque no tenemos peluqueros, con nuestras protecciones, con temario, disciplina y ganas de venir a la mesa de situación. Los éxitos son del equipo, los errores del decisor, que no se sostendrá en el error y con oídos amplios, tratará la escucha, la reflexión, la repregunta y trabajar el contexto, para no tener pánico, si el miedo y respeto. Equivocarnos lo menos posible. Pensar en nuestros pacientes y en nosotros. En nuestros pacientes y nuestras familias. Le Breton, David. Las pasiones ordinarias: antropología de las emociones. Buenos Aires: Nueva visión, 1999.

Tenemos miedo al aumento de la letalidad con la edad y con las comorbilidades. Aprendimos que la obesidad es un estado proinflamatorio, no lo queríamos escuchar.

Asumir que podemos y debemos hacer algo.

Miedo a la última cama, al último respirador, practicamos usando mesas de anestesia, conectando a dos pacientes a un mismo respirador, modificando las presiones en la unidad, boxeando espacios, tratando de pensar, estudiar, escuchar a otros y aprender todos los días y cada minuto.

Temor a no tener insumos de protección personal, y ya lo hemos solucionado con el esfuerzo conjunto del estado, de la inversión privada, de la acción conjunta, que es la única forma de trabajar.

Dudas sobre si podremos acceder a los confines de las barriadas, donde esta la gente de trabajo que son la inmensa mayoría, por las barreras protectoras de la delación donde en un pequeño lugar se protegen los narcos y los delincuentes. Tener cerca a los referentes sociales y que nos ayuden. La gente de esos lugares tiene miedo en dejar su casa, por la posibilidad que se la ocupen, que le sustraigan efectos personales que lograron con mucho sacrificio de sus vidas comprar. Tienen temor a quedarse sin trabajo, a que sus hijos se enfermen. a No poder cumplir las medidas.

Tenemos miedo que estemos descuidando la evolución de las enfermedades crónicas no transmisibles, que aumenten los infartos, el tiempo entre el inicio del dolor precordial y el acceso a la sala de hemodinamia. Que pierdan oportunidad pacientes con Cáncer y trasplantados. Que pacientes con falla multiorgánica y sepsis bacteriana sistémica no puedan acceder a UTI.

A la pobreza que crece todos los días.

A que aumenten los casos de tuberculosis, y en niños de menor edad.

Que aumente la desocupación.

Que se lleven por delante las instituciones.

A que no nos alcancen las camas o los respiradores, y tengamos que tomar decisiones de priorizar.

A que le tienen miedo los políticos:

Ser los primeros en la bomba biológica les estalle en la mano y en la cara de sus futuros políticos, entonces el problema se lo pasan al otro, mejor si es un contrincante en las próximas elecciones, y si ser los líderes en implementar soluciones dignas de ser veneradas por las personas pertenecientes al pueblo, menesterosos y mercaderes, laburantes y empresarios, están fuera de las murallas del poder.

Le temen a la desocupación, la pobreza y el hambre, el levantamiento social. A la desobediencia civil.

A la expiación gerontológica.

A los muertos en los cadáveres en los pasillos de las barriadas como Guayaquil.

A las fosas comunes.

Que frente a la epidemia la derrota es segura, en este momento de la evolución cuando la contención fracasó, y la mitigación por la cuestión social no se puede lograr.

Primero fueron los que venían de otros países, luego los convivientes, los ancianos en instituciones asilares, los trabajadores de la salud y ahora los barrios no urbanizados y marginales.

Tienen miedo de perder el poder y sus prebendas.

Suponen que en las próximas dos semanas tendremos el triple de casos por día o sea por encima de los 1.800, que no alcancen las camas de terapia, y que falten respiradores.

La economía en Argentina desde el 2011 que no crece, y con tendencia ha empeorar, asi que la caída del 10% del PBI que pronostican algunos, bueno. El futuro se puede modificar. Pero se tendrán que sacrificar. Negocios. Futuro. Hay que tomar medidas duras. Sin sacrificio no se Saldrá.

Desde el punto de vista económico aún es pronto para saber todas las dimensiones de esta crisis del Coronavirus pero no es muy aventurado pensar que será muy profunda. Continuamente se nos está haciendo referencia a diversos hitos del siglo XX-XXI: la Gripe Española de 1918, el Crash del 29, la Segunda Guerra Mundial, la Crisis del petróleo de 1973, el 11-S-2001 o la Crisis de 2008. Habrá que ver qué alcance económico y geopolítico tendrá ésta pero ya vemos que muchos sectores y profesiones (autónomos y pymes pero también multinacionales han congelado su producción o servicio) se están ya viendo seriamente afectados.

Los de la oposición, a que los que están haciendo las cosas y tomar decisiones les vaya bien entonces no habrá oposición: “si les va bien, tendremos peronismo para rato”. Si les va bien “modificarán la composición de la corte”. “instalarán la reforma judicial”. “chavisarán el país”. “Seremos Venezuela” y no se cuantas cosas más.

Esta crisis covidológica sirve para mostrar los conflictos entre los planos de la ética, la moral y la política.

Desde el punto de vista ético debemos basarnos en su norma ética fundamental, la fortaleza de los ciudadanos argentino, que hace rato no tienen futuro (con el buen cuidado o preservación, psicológica y físicamente, del cuerpo humano tomado individualmente), teniendo en cuenta que ésta se divide en dos: hacia nosotros mismos (la firmeza) y hacia los demás (generosidad).

En este caso se nos advierte que no es una cosa solo nuestra o particular, que queramos no ser firmes y que solo nos afecte negativamente a nuestro organismo, sino que al hacerlo, vamos a ser poco generosos con los demás (transmitiendo el virus e infectándolos). Ciudadano que no se cuiden, que hagan reuniones sociales, sino que con su acción o dejación está perjudicando a otras personas. Y al hacerlo, con esas acciones no solidarias está perjudicando las normas de todo el grupo, del colectivo o sociedad al que pertenece.

Es decir, afectan a la moral (que haya más o menos número de afectados, de internos en la UCI, de fallecimientos).

Y, por último, el plano de la política, el de los estados, y cómo cada uno de ellos va reaccionando e imponiendo una serie de normas, que deben ser prudentes –o deberían haberlo sido de no haberse guiado por vulgares directrices sectarias e ideológicas– (y que, en el caso de Argentina, dado su carácter federal, que complica en demasía ciertas pautas de actuación que se supone deberían ahora estar regidas por el sentido común … pero claro, como está siendo todo improvisado, no se ha podido plagiar un buen modelo…), contando sin duda con el contexto en el que se desenvuelve a escala continental y global (donde China puede acabar de dar el golpe nunca final podríamos decir).

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: