Las segundas traiciones nunca fueron buenas.

Dr. Carlos Alberto Díaz.

Editorial.

La institucionalización de la mentira y el relato en la política es el peor de los mundos posibles, aunque algunas veces ayude a ganar elecciones y juntar voluntades circunstanciales, vacuas, dogmáticas, y de facciones no contribuye a un bien común. Este nos lleva lamentablemente, y con dolor a significar la expresión popular de las clases medias bajas y altas, que la política podría ser una actividad sin códigos, desvergonzada y costosa, un mal no del todo necesario, como nos hacen creer que tenemos que elegir entre lo menos malo, para ver si algo cambia, o puede ganarse un tiempo. En este “negocio” participan personas inescrupulosas, ávidos de poder, con una tendencia a lograr la notoriedad. Construyendo un acervo que para llegar, para permanecer, desde la imaginación pueblo, los políticos tienen fama de traicioneros, oportunistas, que no honran sus palabras, que obran sobre todo en beneficio particular a costa de la mayoría que los entronizan en las imperfecciones de una legalidad que confiere la democracia, sin convalidar luego en los actos, superadas las temporalidades del marketing político, las promesas que son vanos deseos, que todos formulamos en frases preconstituidas que encierran la necesidad de contrarrestar el desanimo por una elación. Este cuadro de la política no es alentador, ni permite tener esperanza alguna sobre una transformación y reconstrucción de esta Nación que duele y maltrata. “Que esperabas, no ves que son políticos”

En una democracia la verdad es la base de una cultura de transparencia, que los ciudadanos, los políticos y los funcionarios, es decir, “todos los interesados en el interés público”, deben compartir y fomentar si quieren salvaguardar el bienestar público. Mentir como práctica diaria en la vida pública (polis) pone en peligro las transiciones democráticas socavando la base de la solidaridad civil y el Estado de derecho. Pero con esa verdad no te vota ni tu madre, si viviera.

Debemos entender definitivamente que no es cuestión del destino personal de los gobernantes o su situación frente a supuestos delitos cometidos en el pasado, o el destino político de un partido por estar implotado por una facción que no sustenta sus principios, sino es la mentira constante bajo juramento. La irresponsabilidad en el manejo de las cuentas, la inflación, el impuesto a los pobres, en la anomia, en obstruir la justicia, y esta dejarse atropellar, por personas sin dimensión, que solo pueden reinar en estos países des-institucionalizados para quedarse con todo, en sembrar el odio, en crear enemigos, en estar en una lógica binaria de destrucción y empobrecimiento.

la traición defrauda la fe que una persona tiene hacia otra, también en la pérdida de la confianza y en la posibilidad de sentirse, de alguna forma, despojada de algo que uno consideraba cierto y que ya no lo es más, es una debilidad del ser humano, es una perdida de confianza. Diario El comercio de Colombia.

Pero en nuestro caso, parece que ya estaba escrito en el oscuro e indescifrable designio de lo que está por encima de las personas.

El profesor Stephen Presser, de la Facultad de Derecho de la Universidad Northwestern, dijo: “Las ofensas “impeachables” son aquellas que demuestran una traición fundamental a la confianza pública. Sugieren que el funcionario federal ha fallado deliberadamente en su deber de defender la Constitución y las leyes que juró hacer cumplir”. Estamos coleccionando causas, parece o ponedle.

El presidente es el fideicomisario de la conciencia de la nación.

No podemos decir, hoy, no confíes en tus enemigos, porque no podemos confiar en nuestros amigos.

Tenemos hace varios años un default de liderazgo, (europeo y americano también) podríamos cifrar en los seis últimos años, pero se ha agravado tanto en el fondo como en las formas. Estamos gobernados por los portadores de un síndrome de resentimiento setentista y transgeneracional sin contraposición, con la irracionalidad de ahogar a los que pagan impuestos para que otros hagan política. Hay que pagar deudas públicas, con dólares y se impide exportar. Esta forma de traición es notoriamente más elaborada, pero lo que se alteraron fueron la paciencia, los tiempos, las prioridades de los mandantes, que no son EL PUEBLO. Sino los que le dan las órdenes.

¿En que podes confiar en este mundo de la postverdad?, Y sin embargo, justo cuando se dice que la verdad es irrelevante, y la confianza casi desapareció, esos conceptos se presentan en gran medida en el discurso social contemporáneo. Esto no es una coincidencia. Como dijo la fallecida filósofa Annette Baier: “Habitamos un clima de confianza mientras habitamos una atmósfera y la observamos al notar el aire, sólo cuando se vuelve escaso o contaminado”. Como nos pasa y tratamos de sentir otra cosa.

En esta era de posverdad, los escándalos, la falsedad y el engaño han creado un vacío, dejando a muchos de nosotros aún más conscientes de lo escasa que parece ser la verdad y la confianza.

Esa confianza es más escasa no es sólo una realidad percibida, sino una realidad medible. La firma de relaciones públicas Edelman ha estado evaluando los niveles globales de confianza durante los últimos 17 años. Su barómetro de confianza más reciente informa que:

  • Dos tercios de los países encuestados son ahora “desconfiados”
  • Menos del 50% confía en las principales instituciones de negocios, gobierno, medios de comunicación y ONG para hacer lo correcto
  • Más de dos tercios de la población general no están seguros de que los líderes actuales puedan abordar los desafíos de su país
  • Los medios de comunicación desconfían en más del 80% de los países encuestados

Para Edelman, estos hallazgos equivalen a una “crisis de confianza” porque encuentran una correlación entre la confianza y el funcionamiento social:

Hemos pasado del punto de confianza siendo simplemente un factor clave en la compra de productos o la selección de oportunidades de empleo; ahora es el factor decisivo en si una sociedad puede funcionar. A medida que la confianza en las instituciones se erosiona, los supuestos básicos de equidad, valores compartidos e igualdad de oportunidades tradicionalmente defendidos por el “sistema” ya no se dan por sentados.

Tampoco sirve un exceso de confianza, que por estas tierras lejanas, llamamos cheque en blanco. Que podemos incurrir, porque hace muchos años que decidimos dejarnos engañar.

No volver a “lo mismo de siempre”. Regresar para que nada cambie, es saber el final de antemano. Si no estamos permeables al cambio, los problemas que anteriormente tuvieron peso en las desigualdades sociales inaceptables, económicos, de distribución, educativos y sanitarios y nuevamente no los podremos superar. Cuidemos a los pobres de los defensores de los pobres.

No idealizar el pasado. Muchas veces cuando miramos para atrás, minimizamos situaciones que en su momento causaron un retroceso recesivo sin crecimiento, sin mejoras en la redistribución de la riqueza, porque lo que vino después como un accidente de la historia, fue peor, por eso debemos analizar cómo fueron las circunstancias desde toda su dimensión, no detenernos sólo en los lados positivos, sino lograr armar una visión amplia de cómo fue el vínculo de los comportamientos políticos.

Cuando adviertas que para producir necesitas la autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada.” Atlas Shrugged (1950) Alissa Zinovievna Rosenbaum. Que firmaba con el seudónimo Ayn Rand.

Es la segunda vez, que los representantes de una facción del partido gobernante traicionan a otros, en otra toma de decisiones que revela lo que está detrás de la máscara. Desde el Rigoletto de Verdi al Joker de Todd Phillips, la máscara del payaso triste esconde verdades inquietantes que conciernen a la vida, la muerte, el caos y el apocalipsis.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

2 comentarios sobre “Las segundas traiciones nunca fueron buenas.

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