Editorial sobre el relativismo moral. Contradicciones y desafíos en la gestión sanitaria argentina

Análisis crítico de la realidad profesional médica y hospitalaria

 «el relativismo significa que todo vale». J Drummond 2005.

El relativismo moral resulta perjudicial en cualquier ámbito político, social y, especialmente, en la gestión sanitaria. Por ejemplo, a menudo no hay recursos para contratar a un médico en un centro de atención primaria, pero sí se destinan fondos para servicios como vuelos sanitarios que pueden no ser necesarios. Defendemos los hospitales públicos, aunque trabajamos solo tres horas al día, de nueve a doce. Amamos a nuestros pacientes, pero a veces los dejamos internados porque no disponemos de tiempo para atenderlos los fines de semana. Todas estas contradicciones y carencias que vivimos quienes estamos en la primera línea de la sanidad tienen un responsable claro: la política, pero y ¿nosotros? ¿Tiramos las primeras piedras ya?.

Drummond describe tres tipos principales, con sus criterios e implicaciones: el relativismo cultural, el relativismo moral y el relativismo epistemológico. En definitiva, es el relativismo moral el que se cuestiona al evaluar los problemas en la atención al paciente y qué se necesita para resolverlos. Sin embargo, el relativismo cultural también es importante en el ámbito de la enfermería, ya que hemos llegado a aceptar que la cultura influye en lo que las personas creen sobre sí mismas; por lo tanto, lo que desean para sí mismas depende en cierta medida de sus creencias y valores culturales. Además, los profesionales sanitarios tienen sus propias creencias y valores culturales y experienciales que pueden introducir sesgos y prejuicios en sus actitudes hacia los pacientes. Nuestro papel es aclarar, a través de nuestro conocimiento clínico, de qué manera es posible alcanzar los objetivos del paciente, dadas las creencias y valores culturales aparentemente contradictorios.

«el relativismo (moral) se basa en la premisa de que no parece haber ningún punto de vista objetivo desde el cual las cuestiones morales puedan juzgarse con seguridad en un sentido epistemológico» (Drummond  2005 , pág. 269). ¿Por qué no? Porque se confunden dos cosas. La moral se trata de lo que es bueno, no de lo que es verdadero (epistemología). La acción moral se trata de la acción que produce un «bien» o se abstiene de dañar. El «bien» está en relación con algo que se debe lograr, por lo tanto, no es «bueno» en sí mismo. El concepto de «bien» en sí mismo es abstracto e indefinible, no se puede analizar. 

Desarrollo del relativismo cultura y moral en la practica cotidiana.

Se solicita una prótesis de alto costo sin la debida comprobación científica que demuestre superioridad respecto a otras alternativas. Aunque se promueve la atención humanizada, en la práctica los pacientes aguardan extensos períodos y reciben consultas breves. Se discute la universalidad del acceso, pero persisten listas de espera prolongadas.

Predomina un enfoque centrado en la patología; durante mi trayectoria como director hospitalario, nunca se presentó un paciente desde su integridad humana. La planificación de camas y el censo diario clasifican a los pacientes según sus diagnósticos, por ejemplo, como casos quirúrgicos o clínicos, nunca las personas están integradas con sus determinantes sociales.

En encuestas de satisfacción, es frecuente que los pacientes desconozcan quién los atiende, identificando al personal solo por nombres o apodos utilizados por los residentes. Por otro lado, el costo de los insumos generalmente no se considera en la práctica profesional, aunque existe preocupación sobre la remuneración percibida. Falta atención personalizada.

Las instalaciones de los hospitales públicos únicamente se utilizan por las mañanas. Aunque presumimos de contar con un sistema de salud pública robusto, en realidad enfrentamos serias carencias de insumos. Se habla de gestión eficiente, pero los procesos de licitación de suministros recurrentes tardan meses, siempre adjudicándose al mismo proveedor, quien conoce cómo ganar y ofrecernos créditos. Nos consideramos eficientes, sin embargo, terminamos pagando los medicamentos a precios elevados. La atención supuestamente está centrada en la persona, pese a que el ausentismo del personal asistencial supera el veinte por ciento, aprovechando todas las licencias que el convenio permite e incluso saliendo dos horas antes por motivos personales que no pueden ser revelados por razones de privacidad.

Derechos todos, responsabilidades pocas. En casos donde un agente de salud incumple con sus responsabilidades, el proceso de desvinculación requiere la realización previa de un sumario administrativo formal. Las organizaciones gremiales tienden a respaldar a sus afiliados en situaciones laborales complejas. Los permisos gremiales, en ocasiones, se extienden por motivos que pueden resultar difíciles de justificar plenamente.

Actualmente, existe una escasez de medicamentos e insumos en los hospitales y, además, se observa una subutilización o uso no óptimo de los mismos. Se prescriben tratamientos que pueden no aportar beneficios significativos y se solicitan procedimientos rutinarios de manera recurrente. Frecuentemente, ante una derivación de paciente, se solicitan estudios complementarios sin revisar inicialmente los resultados previos. En algunos contextos, la atención al paciente se asocia de manera casi exclusiva a la ejecución de estudios complementarios o a la prescripción de tratamientos. Por último, se identifican internaciones en hospitales de agudos cuya justificación clínica resulta limitada.

Solemos criticar el sistema de obras sociales o prepagas, aunque dependemos de él. Manifestamos insatisfacción con nuestros ingresos, pero el multiempleo nos atrae. Reclamamos respeto, sin embargo, evitamos asumir compromisos.

La desvalorización de lo público. El hospital, antes considerado el mejor centro asistencial, ahora es visto como un recurso para las personas con menos recursos y pacientes del PAMI. Aspiramos a la modernidad y la transformación digital, pero mantenemos una actitud conservadora. Buscamos ganar más dinero, pero rechazamos el control de horarios. Valoramos la libertad profesional, aunque desconocemos el costo que generamos.

Se observa una preferencia por la atención médica presencial y, en ocasiones, una falta de consideración por el tiempo de los demás.

Los modelos de ejercicio profesional están en proceso de transformación, lo que representa un desafío para algunos profesionales médicos. Si bien existe cierta aprensión respecto al uso de la inteligencia artificial, esta tecnología ya se emplea en múltiples ámbitos fuera del entorno profesional.

La inteligencia artificial en medicina no es un hecho tecnológico sino civilizatorio. Se reconoce que la inteligencia artificial incrementará significativamente nuestra capacidad de procesamiento; sin embargo, la presencia de pacientes informados genera inquietud dentro del ámbito profesional.

Nos enoja que nuestras ambulancias de emergencia tengan muchos profesionales extranjeros, pero hay muchos trabajos que no aceptamos.

El relativismo no puede comprometernos a ignorar la injusticia; existe un argumento lógico en contra. Especialmente en el ámbito sanitario, podemos ser testigos de personas que sufren injusticias de diversos tipos. Ignorar problemas recurrentes, como enfermedades crónicas que han progresado más allá de su fácil manejo debido a la falta de acceso a la atención sanitaria, es no tomar en serio nuestras responsabilidades profesionales (Grace,  2001 ). El problema es que, tanto dentro como entre culturas, se puede tratar a grupos de personas como si no fueran plenamente humanos. Grandes franjas de una población pueden ser descartadas por no ser de ninguna o menor importancia moral que otras (p. ej., esclavitud, sociedades patriarcales, acceso deficiente a servicios sociales básicos que están disponibles para otros en la comunidad).

La editorial expone diversas contradicciones y problemas que atraviesan el sistema de salud pública en Argentina, desde la distribución ineficiente de recursos y la falta de coherencia entre los discursos y las prácticas, hasta la presencia de procedimientos burocráticos que dificultan la gestión.

Se evidencian carencias en insumos, subutilización de instalaciones, demoras administrativas y una atención al paciente que no siempre respeta la integralidad humana ni la eficiencia deseada.

Además, se pone de manifiesto el ausentismo laboral, la dificultad para desvincular personal, la influencia sindical y la tendencia a priorizar intereses personales sobre el compromiso profesional.

El texto también señala la resistencia a la transformación digital y a la inteligencia artificial, el descontento con las condiciones laborales y la dependencia de sistemas privados, reflejando un estancamiento entre el deseo de modernización y la persistencia de actitudes conservadoras y prácticas ineficientes.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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