Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD. 2026.
En todos estos años desde que empecé con este blog, que ya cumplió seis años, respaldados por 44 años de profesión, donde he recorrido un camino complejo y sinuoso, repleto de desafíos y aprendizajes, con más intervenciones que las necesarias, pero siempre impulsado por un gran deseo de discusión y generar – aprender nuevos conceptos. A lo largo de este tiempo, he recurrido a la lectura de libros, artículos de Journals y temas específicos, los cuales me han interpelado en mi vida académica y laboral asistencial, especialmente en mi rol como gerente de servicios de salud, en un intento constante por estar a la altura de los que requieren una información independiente, no contestataria, y equidistante del complejo industrial médico, del mercado farmacéutico, de dispositivos médicos.
Esta búsqueda incesante no solo nació del deseo personal de ampliar mis horizontes, de médico asistencial (terapista intensivo y nefrólogo) sino también de la necesidad imperiosa de que el sistema de salud sea más equitativo (Maestría en gestión de servicios de salud); un anhelo que trato de ejercer todos los días, cerrando página, aunque cueste. Siguiendo la enseñanza que somos una gota en el océano, pero sin esa gota, no sería el mismo océano. Sin embargo, en este trayecto he enfrentado varios giros al mismo lugar y circunstancias que carecían de rumbo definido que muchas veces fue un mero transcurrir. A pesar de todo, mantengo la expectativa de evolucionar y explorar nuevos senderos, aquellos que suelen ser incómodos, que desdibujan las fronteras de lo convencional.
El blog se ha convertido en una plataforma donde me esfuerzo por no ser completamente condescendiente con el sistema, empleando la crítica hacia los reformadores de la privatización que han contribuido a la pérdida de la equidad en la salud, un derecho que parece estar al alcance solo de quienes pueden pagar. Por otro lado, me he involucrado en proyectos de apertura hospitalaria que buscan mejorar la prestación de salud en las provincias, no con la intención de permanecer estancado, sino con la ambición de generar un «know-how» que sostenga una cultura del cambio y la transformación, incluso después de que se haya cumplido un ciclo de implementación. He enfrentado éxitos y fracasos, y aunque algunas innovaciones en la gestión que he propuesto no han sido reconocidas en su autoría, hoy en día son usufructuadas por aquellos que no se atrevieron a soñar y se dejaron llevar por el miedo.
Esa realidad es algo que expreso con sinceridad a quienes me acompañan en este viaje, a aquellos que, al comprar el sueño de transformar la salud, han hecho sacrificios y, en muchos casos, se han quedado un poco señalados por no ser complacientes con el status quo. No es una tarea fácil, y muchas veces, en la tranquilidad de haber finalizado una etapa o un convenio, mientras espero que se materialice el siguiente, reflexiono sobre lo que se hizo mal o podría haber sido distinto. Sin embargo, lo hago con la serenidad de no tener intereses ocultos, un aspecto que resulta difícil de demostrar. A estas alturas, ya no siento el impulso de justificar cada paso dado, puesto que si explico mis intenciones, se despierta el descreimiento sobre la posibilidad de que siempre actúe por un interés secundario o debido a una externalidad que nada tiene que ver con el compromiso genuino. Al final, el hecho, la realidad, es lo que queda; es lo que está hecho y que ha contribuido a construir este camino. Es evidente que algo no será igual y será un verdadero reto para aquellos que intentan invocar a Gatopardo, ya que el contexto actual exige una reflexión profunda y un compromiso verdadero con la mejora de nuestro sistema de salud.
Sin ninguna duda que los cambios únicamente se pueden lograr participando, liderando, estando en el plano de la ejecución política y de management. Esto implica una activa involucración de los actores clave, donde cada uno tiene un papel fundamental en el proceso de transformación. La otra alternativa que es la de editorializar y reunir información es útil, en tanto sea un insumo para el sistema técnico de toma de decisiones, lo cual puede ser potenciado mediante análisis más profundos y discusiones colaborativas. Además, para que estos cambios sean sostenibles, es esencial fomentar la educación continua y las mejoras en los procesos, incorporando a los pacientes, sus familias y la comunidad en general, que son quienes experimentan de primera mano los desafíos del sistema. Es crucial tener en cuenta la cosmovisión de los determinantes sociales que influyen en el case mix del sistema de salud, así como en la carga sanitaria. La integración de conocimiento e información actualizada, junto con su efectiva incorporación en la gestión asistencial, contribuirá significativamente a un sistema más equitativo y eficiente, donde todos los actores se sientan valorados y escuchados.
La carencia de profesionales que vean más allá de las fronteras de sus conocimientos, de sus contratos, de los honorarios, y que no limiten al paciente a su patología o a la solicitud de estudios complementarios, es una problemática que afecta significativamente la calidad de la atención en el ámbito de la salud. Este enfoque limitado no solo deshumaniza al paciente, sino que también impide una comprensión integral de su situación, lo que puede conducir a diagnósticos erróneos y tratamientos inadecuados. La falta de una visión holística puede resultar en un ciclo vicioso donde el paciente se siente desasistido y estigmatizado, ya que los profesionales a menudo se fijan en síntomas específicos y no en el contexto de vida que rodea a cada individuo. Cuando piensan en diagnósticos, al escuchar galopar piensan en cebras y no que son caballos, lo más frecuente y lo más común, «no es interesante», este paciente es «interesante». Sin embargo, es precisamente en esos casos «poco interesantes» donde se pueden encontrar las claves para una atención más efectiva y empática, donde el médico podría adoptar una perspectiva que valore la singularidad de cada paciente en lugar de encasillarlo en patrones predefinidos y hipotéticos.
La formación continua y la educación interdisciplinaria son cruciales para permitir que los profesionales de la salud participen en un cambio fundamental en la manera en que se aborda la atención sanitaria. Este proceso de formación no es uniforme; cada equipo, cada profesional, avanza a su propio ritmo. Es vital aceptar que esos cambios no ocurrirán al mismo tiempo en todos los equipos. A veces, es inevitable que algunos colaboradores se queden atrás, y es en esta etapa donde los líderes deben estar preparados para lidiar con la pérdida de talento, asegurándose de que no afecte el progreso de todo el equipo.
Todo lo que usamos en la actualidad es necesario?, ¿qué nos ha transformado la medicina de precisión? Para qué sirvió la biopsia líquida, los estudios genómicos, cuánta información que no podemos contextualizar por el desconocimiento para resolver las ecuaciones de la complejidad. Eso que parece resultar de una forma, y es de otra. Muchos de los estudios que nos dan una sensación de éxito, de lograr la curación, de revertir cuadros graves, nos golpean en la investigación del mundo real y nos llevan a cuestionar la aplicabilidad de esos resultados en nuestra práctica diaria. Entonces pensamos que será nuestro sistema de salud, esta realidad, que es diferente a la atmósfera donde se desarrolló el trabajo científico. En este contexto, esa «cura» se transforma nuevamente en una utopía, el sueño se termina, se invirtió mucho dinero y esfuerzo, engrosamos la cuenta de los gastos que no agregan valor real a los pacientes, y nuevamente nos enfrentamos a esa incómoda realidad del desequilibrio entre necesidades y calidad de la oferta. Este dilema nos obliga a replantear nuestras estrategias, a buscar formas efectivas de optimizar los recursos y a establecer un diálogo constructivo que una la ciencia con la práctica clínica, en un intento por cerrar la brecha entre la investigación y su aplicación efectiva en la vida de los pacientes.
A menudo, la situación se asemeja a la mitología griega, donde se enfrenta la elección entre Escila y Caribdis. Ambas opciones pueden parecer peligrosas o terminales, pero es fundamental no empujar a todos los integrantes de la organización hacia un sacrificio colectivo. Cada miembro del equipo debe ser valorado por su contribución única y por el impacto que puede tener en el proceso de transformación. Así, se debe optar por el camino de Escila, que representa la elección de avanzar a pesar de las adversidades, reforzando el compromiso de todos hacia una atención más humanizada y centrada en el paciente.
Por lo tanto, invertir en el desarrollo profesional y en la creación de un ambiente que fomente la colaboración entre disciplinas es esencial para garantizar que cada paciente reciba la atención integral que merece. Esto no solo potenciará la satisfacción del paciente, sino que también impulsará una cultura organizacional que valore y priorice el bienestar de todos los involucrados en el proceso de atención.