La expectativa de vida en los Estados Unidos: recuperación sin transformación

Qué dice la descomposición por causas 2019–2024 del CDC y qué enseña a los gestores sanitarios

Dr. Carlos Alberto Díaz

Universidad ISALUD

Octubre de 2026

A partir de: Dowell D, Xu F, Jiang X, et al. Changes in US Life Expectancy From 2019 to 2024. JAMA Intern Med. Publicado en línea el 12 de octubre de 2026.

1. Una buena noticia que hay que leer con cuidado

En 2024 la expectativa de vida al nacer en los Estados Unidos alcanzó 79,0 años, el valor más alto de su historia. La noticia circuló como un triunfo. Sin embargo, el research letter que firman Deborah Dowell y colegas de la División de Prevención de Sobredosis del CDC, publicado en JAMA Internal Medicine, permite una lectura más fina y menos complaciente: la mayor parte de esa mejora es la devolución de lo que la pandemia y la epidemia de opioides habían quitado, y no el resultado de una transformación del sistema de salud.

Entre 2019 y 2021 el país había perdido 2,4 años de expectativa de vida, con el COVID-19 como principal responsable y las lesiones no intencionales —traccionadas por las intoxicaciones por drogas, sobre todo opioides— en segundo lugar. Entre 2022 y 2024 recuperó 1,514 años. Pero si se compara 2024 con 2019, la ganancia neta es de apenas 0,123 años: cinco años después, el país está casi en el mismo lugar.

Figura 1. Expectativa de vida al nacer en los años de referencia del estudio. Valores 2019, 2021 y 2022 derivados de las variaciones informadas por los autores; 2024: 79,0 años.

La idea central La expectativa de vida estadounidense se recuperó, pero no avanzó. El rebote 2022–2024 se explica por la salida del COVID-19 y la caída de las muertes por opioides; la ganancia neta respecto de la prepandemia descansa casi exclusivamente en la lenta mejora de enfermedades crónicas como el cáncer y la EPOC.

2. Qué hicieron los autores

Se trata de un estudio transversal con datos del National Vital Statistics System (archivo de mortalidad), que cubre todas las defunciones de residentes en el país. Los autores estimaron muertes y tasas ajustadas por edad para las 15 principales causas de muerte de 2024 y, por separado, para las intoxicaciones: todas las intoxicaciones, por drogas, por opioides, por drogas no opioides y por alcohol. Las causas se codificaron con la CIE-10.

El núcleo metodológico es una descomposición de la expectativa de vida: con las tablas de vida de 2019, 2022 y 2024 se repartió el cambio entre grupos de edad según las variaciones en las tasas centrales de mortalidad, y luego entre causas según la proporción de muertes de cada una en cada edad. Así se obtiene cuántos años (o fracciones de año) aporta o resta cada causa. Las tendencias se analizaron con Joinpoint (variación porcentual anual) y las comparaciones entre años con pruebas z, corrigiendo por comparaciones múltiples con el procedimiento de Benjamini-Hochberg.

Por qué importa la descomposición La tasa de mortalidad dice cuántos mueren; la descomposición dice cuánta vida se pierde o se gana. Una muerte por sobredosis a los 35 años resta muchos más años de expectativa de vida que una muerte por demencia a los 88. Por eso causas con pocas muertes pueden pesar mucho en la expectativa de vida, y por eso los opioides y el COVID —que mataron en edades medias— explican tanto del vaivén reciente.

3. Los resultados

3.1. El balance de cinco años: 2019–2024

En el período completo no hubo una tendencia significativa al alza ni a la baja para la mortalidad total, las intoxicaciones ni la mayoría de las causas. Las excepciones fueron tres: la enfermedad respiratoria crónica baja, que descendió en promedio 3,1 % anual; el cáncer, que bajó 0,9 % anual; y el COVID-19, que cayó a un promedio de 42,6 % anual desde 2020.

En términos de expectativa de vida, la ganancia neta de 0,123 años se construye así: suman el cáncer (+0,192), las enfermedades respiratorias crónicas (+0,081) y las cardiopatías (+0,056); restan las lesiones no intencionales (−0,058), el COVID-19 residual (−0,058), la enfermedad hepática crónica y la cirrosis (−0,031) y las intoxicaciones por drogas (−0,020).

Figura 2. Principales contribuciones al cambio de la expectativa de vida 2019–2024. *Las intoxicaciones se superponen con lesiones no intencionales y suicidio y no se suman a ellas. Elaboración propia con datos de Dowell et al. (2026).

3.2. El rebote: 2022–2024

Entre 2022 y 2024 la foto cambia por completo. Las tasas bajaron significativamente para todas las intoxicaciones (drogas, opioides, no opioides y alcohol) y para todas las causas principales salvo influenza y neumonía. La expectativa de vida subió 1,514 años.

El COVID-19 aportó casi la mitad (+0,694 años), seguido por las lesiones no intencionales (+0,307), las cardiopatías (+0,155), la diabetes (+0,044), el cáncer (+0,043) y la EPOC (+0,030). La reducción de las intoxicaciones por drogas sumó 0,273 años, de los cuales 0,258 corresponden a opioides. Como estas muertes son casi todas no intencionales, explican la mayor parte de la mejora en lesiones no intencionales: los autores calculan que el 94,5 % de lo ganado por menos sobredosis provino de muertes no intencionales.

Figura 3. Principales contribuciones al cambio de la expectativa de vida 2022–2024. *Las intoxicaciones se superponen con lesiones no intencionales; los opioides son un subconjunto de las intoxicaciones por drogas. Elaboración propia con datos de Dowell et al. (2026).

3.3. Las dos curvas que explican el vaivén

El COVID-19 pasó de 416.893 muertes en 2021 a 31.426 en 2024 (tasa de 104,1 a 7,2 por 100.000). Las muertes por opioides pasaron de 81.806 en 2022 a 54.045 en 2024 (tasa de 25,0 a 16,0). Pero la línea gris de la figura 4 es la que debería preocupar: las intoxicaciones por drogas que no involucran opioides apenas se movieron y siguen por encima del nivel de 2019.

Figura 4. Tasas ajustadas por edad (por 100.000) de COVID-19 e intoxicaciones por drogas, 2019–2024. Elaboración propia con datos de Dowell et al. (2026).

3.4. Tabla resumen de tasas

Causa201920222024Δ 2019→24Δ 2022→24
Total (todas las causas)715,2798,8722,1+1,0 %−9,6 %
Cardiopatías161,5167,2157,6−2,4 %−5,7 %
Cáncer146,1142,3139,4−4,6 %−2,0 %
Lesiones no intencionales49,364,053,3+8,1 %−16,7 %
Enf. cerebrovascular36,939,538,6+4,6 %−2,3 %
Enf. respiratorias crónicas38,234,332,4−15,2 %−5,5 %
Alzheimer29,828,927,1−9,1 %−6,2 %
Diabetes21,624,121,7+0,5 %−10,0 %
Cirrosis y hepatopatía crónica11,313,812,8+13,3 %−7,2 %
Suicidio13,914,213,7−1,4 %−3,5 %
Hipertensión esencial8,910,39,7+9,0 %−5,8 %
COVID-19—44,57,2—−83,8 %
Intoxicación por drogas21,632,623,1+6,9 %−29,1 %
  con opioides15,525,016,0+3,2 %−36,0 %
  sin opioides6,27,67,1+14,5 %−6,6 %

Tasas ajustadas por edad por 100.000 habitantes. Variaciones porcentuales calculadas por el autor a partir de la tabla del artículo.

4. Lectura crítica: lo que el titular no dice

4.1. Un rebote no es un progreso

Recuperar lo perdido no equivale a avanzar. Entre 2000 y 2019 los Estados Unidos ya mostraban un enlentecimiento marcado de las ganancias en expectativa de vida, y los autores lo recuerdan en la primera línea del artículo. La ganancia neta de 0,123 años en cinco años es modesta para el país que más gasta en salud del mundo; el máximo histórico es, en buena medida, el piso previo un poco más alto.

4.2. La mortalidad ajustada sigue por encima de 2019

Un dato que pasa inadvertido: la tasa total ajustada por edad de 2024 (722,1) todavía es mayor que la de 2019 (715,2), aunque la expectativa de vida sea más alta. No es una contradicción. La tasa ajustada pondera según una población estándar; la expectativa de vida es mucho más sensible a las muertes jóvenes. Menos sobredosis en adultos jóvenes pueden subir la expectativa de vida aunque la mortalidad en edades avanzadas no mejore. Es un recordatorio de que el indicador elegido condiciona la conclusión.

Figura 5. Variación de la tasa ajustada por edad entre 2019 y 2024 por causa (excluye COVID-19). En rojo, las causas que todavía no volvieron al nivel prepandemia. Elaboración propia con datos de Dowell et al. (2026).

4.3. Las causas que no volvieron

  • Cirrosis y hepatopatía crónica: +13,3 % respecto de 2019. Probablemente refleja el aumento del consumo de alcohol durante la pandemia y el avance de la enfermedad hepática metabólica.
  • Intoxicaciones por drogas no opioides: +14,5 %. Aquí pesan los estimulantes, como la metanfetamina y la cocaína, que no tienen un antídoto equivalente a la naloxona ni un tratamiento farmacológico consolidado.
  • Hipertensión y ACV: +9,0 % y +4,6 %. Señalan que el control de los factores de riesgo cardiovascular se deterioró y no se recuperó del todo, probablemente por la interrupción de la atención crónica.
  • Lesiones no intencionales: +8,1 %, aun después de la caída de los opioides.

4.4. ¿Por qué bajaron los opioides? Nadie lo sabe con certeza

Los autores mencionan tres hipótesis: cambios en la población en riesgo, cambios en el suministro ilegal de opioides y la expansión de estrategias basadas en evidencia, como la distribución de naloxona y los medicamentos para el trastorno por uso de opioides. Las dos primeras merecen una lectura incómoda. La primera puede implicar un efecto de agotamiento: la epidemia ya se llevó a buena parte de los más vulnerables. La segunda depende de un mercado ilegal que puede volver a cambiar en cualquier momento. Solo la tercera es mérito de la política sanitaria. Si la mejora descansa más en las dos primeras, es frágil.

4.5. Limitaciones del estudio

  • Los certificados de defunción tienen errores de exactitud y completitud, lo que tiende a subestimar la contribución de algunas causas.
  • La clasificación errónea de la sustancia involucrada en las sobredosis es un problema conocido y documentado.
  • Las intoxicaciones no son una categoría propia en el ranking de causas: se reparten entre lesiones no intencionales, suicidios y homicidios, por lo que sus contribuciones no pueden sumarse a las de esas categorías.
  • Es un análisis descriptivo: muestra cuánto aporta cada causa, no por qué cambió.

5. Lecciones para la gestión sanitaria

Este trabajo no es solo una curiosidad sobre otro país. Ofrece lecciones aplicables a cualquier sistema, también al nuestro.

5.1. El gasto no compra años de vida si no llega a donde se pierden

Los Estados Unidos concentran su gasto en tecnología y atención de alta complejidad, mientras la expectativa de vida se decide en buena medida por muertes evitables en edades medias: sobredosis, alcohol, enfermedad metabólica, accidentes. Es la vieja paradoja de un sistema excelente para el paciente individual y mediocre para la población.

5.2. La salud pública se juega fuera del hospital

La caída de las muertes por opioides, en la parte que se debe a la política sanitaria, se logró con herramientas de baja complejidad y bajo costo: naloxona distribuida en la comunidad y tratamiento con medicación accesible. No hubo una tecnología de punta. Hubo decisión, escala y continuidad.

5.3. Las enfermedades crónicas son el motor silencioso

Lo único que sostuvo una ganancia neta en cinco años fue la mejora lenta y persistente en cáncer, EPOC y cardiopatías, fruto de décadas de control del tabaco, detección precoz y mejores tratamientos. Es el resultado de políticas de Estado de largo plazo, no de campañas puntuales. Al mismo tiempo, la hipertensión y la cirrosis advierten que lo que se interrumpe en la atención crónica cuesta años recuperarlo.

5.4. Medir bien antes de celebrar

El contraste entre la expectativa de vida récord y una tasa ajustada que no volvió al nivel de 2019 es una lección metodológica para cualquier tablero de gestión: un indicador puede mejorar por razones distintas de las que creemos, y un único número rara vez cuenta la historia completa.

Para llevar 1. La expectativa de vida récord de 79,0 años es sobre todo una recuperación tras la pandemia y el pico de opioides. 2. La ganancia neta 2019–2024 es de apenas 0,123 años y descansa en la mejora de cáncer, EPOC y cardiopatías. 3. Los opioides aportaron un cuarto de año entre 2022 y 2024, pero las causas de esa caída no están claras y podrían revertirse. 4. Cirrosis, drogas no opioides, hipertensión y ACV siguen por encima de 2019: son las alertas del próximo ciclo. 5. Los años de vida se ganan o se pierden sobre todo fuera del hospital, con políticas sostenidas de baja complejidad.

Bibliografía

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Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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