¿Cómo contendrá la Argentina el malestar de sus jóvenes cuando sus instituciones no lo procesan?
Dr. Carlos Alberto Díaz
Director de la Especialización en Economía y Gestión de la Salud — Universidad ISALUD
Buenos Aires, octubre de 2026
Resumen
La introducción y el capítulo 2 plantean que el malestar juvenil argentino combina una debilidad institucional de largo plazo con dificultades persistentes para estudiar, acceder al empleo formal y proyectar un futuro. La tesis distingue entre contener el conflicto y procesar sus causas: la Argentina cuenta con redes informales, corporativas y territoriales que amortiguan el descontento, pero carece de reglas suficientemente estables para convertir los reclamos en políticas públicas y resultados verificables. El diagnóstico atraviesa gobiernos de distinto signo y no se limita a una administración particular. Según las fuentes citadas en el texto, la generación Z representa el 24,6 % de la población, unos 11,3 millones de personas (Population Pyramids, 2026). Aunque la pobreza disminuyó respecto del pico de 2024, aumentó del 28,2 % al 32,3 % entre el segundo semestre de 2025 y el primero de 2026: el deterioro reciente y la recuperación de más largo plazo pueden coexistir (Chequeado, 2026a; Misiones Online, 2026). En el ámbito laboral, solo el 14,2 % de las personas de 18 a 25 años tiene empleo formal y una de cada cinco no estudia ni trabaja; además, la precariedad del hogar reduce la posibilidad de dedicarse exclusivamente al estudio y reproduce la desigualdad (El Economista, 2026a). Así, se debilita la promesa de que el esfuerzo conduce a una vida mejor. Mientras el contraste europeo presentado en el capítulo describe una protesta que reclama preservar un Estado de bienestar existente, en la Argentina la falta de ese respaldo hace que el malestar también se exprese en resignación, informalidad o búsqueda de una salida.
1. La pregunta
Mientras París, Niza, Bilbao y Milán arden con la protesta de la generación Z, en la Argentina la pregunta es otra y más incómoda. Si Francia, España e Italia, con Estados de bienestar consolidados, burocracias profesionales y partidos con un siglo de historia, no logran canalizar el malestar juvenil, ¿qué puede hacer un país donde las reglas cambian con cada gobierno, la inflación fue durante décadas el impuesto de todos los días y la palabra «política de Estado» suena a promesa electoral?
Este trabajo sostiene una tesis en dos partes. Primero, que la Argentina no carece de instituciones de contención: tiene muchas, pero son mayormente informales, corporativas y territoriales, y contienen más de lo que resuelven. Segundo, que lo que verdaderamente falta son instituciones de procesamiento: reglas estables que conviertan el reclamo en política pública, y la política pública en resultados verificables. Esa carencia puede ser la raíz del caos.
No se trata de un juicio sobre un gobierno en particular. El problema atraviesa administraciones de distinto signo y es, ante todo, un problema de diseño institucional de largo plazo.
2. El terreno: los números de la generación que espera
La generación Z es hoy la más numerosa del país: los nacidos entre 1997 y 2012 representan el 24,6 % de la población, unos 11,3 millones de personas, seguidos por los millennials con el 23,0 % (Population Pyramids, 2026). Es, por lo tanto, una generación con peso electoral, demográfico y callejero.
| Indicador | Valor | Período | Fuente |
| Pobreza (personas) | 32,3 % | 1.er semestre 2026 | INDEC, vía Chequeado (2026a) |
| Indigencia (personas) | 7,5 % | 1.er semestre 2026 | INDEC, vía Chequeado (2026a) |
| Pobreza en niños de 0 a 14 años | 44,5 % | 1.er semestre 2026 | INDEC, vía Chequeado (2026a) |
| Desocupación general | 7,9 % | 2.º trimestre 2026 | INDEC, vía Bloomberg Línea (2026) |
| Informalidad laboral | 45 % | 2.º trimestre 2026 | INDEC, vía Todo Jujuy (2026) |
| Desocupación mujeres 14–29 años | 17,1 % | 2.º trimestre 2026 | INDEC, vía Todo Jujuy (2026) |
| Desocupación varones 14–29 años | 14,1 % | 2.º trimestre 2026 | INDEC, vía Todo Jujuy (2026) |
| Jóvenes de 18 a 25 años con empleo formal | 14,2 % | 2026 | ODSA-UCA, vía El Economista (2026a) |
Tabla 1. Indicadores sociales y laborales seleccionados. Elaboración propia sobre las fuentes citadas.
La lectura de estos datos depende del punto de partida elegido, y ahí comienza la grieta. La pobreza del primer semestre de 2026 subió 4,1 puntos respecto del semestre anterior, cuando había llegado al 28,2 %, y rompió una tendencia descendente de dos años (Chequeado, 2026a). El ministro de Economía, Luis Caputo, subrayó en cambio que la comparación a dos años muestra una caída desde el 52,9 % del primer semestre de 2024 (Misiones Online, 2026). Ambos datos son ciertos: el primero describe un deterioro reciente, el segundo una recuperación desde el pico de la crisis.
Lo que no admite dos lecturas es la situación laboral de los jóvenes. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, solo el 14,2 % de los jóvenes de 18 a 25 años tiene un empleo formal y uno de cada cinco no estudia ni trabaja (El Economista, 2026a). El mismo informe muestra cómo la desigualdad se hereda: la proporción de jóvenes que puede dedicarse solo a estudiar cae de casi el 40 % a menos del 18 % cuando el jefe de hogar pasa de un empleo pleno a la precariedad o el desempleo (El Economista, 2026a).
| Concepto clave: la promesa rota es la misma, el colchón es distinto Un joven francés protesta porque su liceo tiene techos con goteras y faltan profesores. Un joven argentino de un hogar pobre probablemente no protesta por eso: trabaja en la informalidad y no tiene tiempo ni expectativa de que el reclamo cambie algo. En Europa, el Estado de bienestar todavía funciona como piso y la protesta reclama que cumpla. En la Argentina, para buena parte de los jóvenes, ese piso nunca existió del todo, y el malestar se expresa menos en la calle y más en la resignación, la informalidad o la salida. |
3. ¿De verdad no hay instituciones? La paradoja argentina
La afirmación de que la Argentina «no tiene instituciones» es intuitiva pero inexacta. El país tiene una densa red de organizaciones que históricamente contuvieron el conflicto social, aunque no siempre lo resolvieran:
- Sindicatos y centrales obreras con capacidad de movilización nacional y de negociación colectiva, que funcionan como intermediarios entre el reclamo y el Estado.
- Movimientos sociales y organizaciones territoriales que, desde la crisis de 2001, administran parte de la asistencia en los barrios y canalizan la protesta de los excluidos del mercado formal.
- La universidad pública gratuita, que es a la vez una institución educativa y un símbolo de movilidad social. Su defensa moviliza transversalmente.
- La Iglesia, los clubes, las cooperativas y la red de salud pública, que sostienen el tejido comunitario donde el Estado formal no llega.
- Una democracia electoral resiliente: el Latinobarómetro 2024 registró un fuerte repunte del apoyo a la democracia en la Argentina tras la alternancia de 2023 (Diálogo Político, 2025).
El ejemplo más claro de esa capacidad es la universidad. La Marcha Federal Universitaria de agosto de 2026 desbordó el centro porteño con decenas de calles cortadas y volvió impracticable la aplicación del protocolo antipiquetes (Sitio Andino, 2026). Un análisis sobre la generación Z argentina interpretó la defensa de la universidad como una forma de defender la idea misma de futuro (Berra, 2026).
La paradoja es que estas instituciones son excelentes para contener y débiles para procesar. Contienen porque organizan, representan y negocian. Pero lo que negocian suelen ser compensaciones de corto plazo, no reformas. Un aumento, un plan, una partida presupuestaria: el conflicto se apaga hasta la próxima crisis, sin que cambien las reglas que lo generaron.
| Contener no es lo mismo que procesar Instituciones de contención: absorben el malestar, lo organizan y lo negocian. La Argentina las tiene en abundancia (sindicatos, movimientos sociales, universidad, redes comunitarias). Instituciones de procesamiento: convierten el reclamo en política pública estable, medible y evaluable, que sobrevive al gobierno de turno. Aquí está el déficit argentino: presupuestos que no se cumplen, leyes que se vetan o se suspenden, organismos de control sin independencia y estadísticas que durante años perdieron credibilidad. En gestión sanitaria lo conocemos bien: un hospital puede tener una guardia que contiene todo y, al mismo tiempo, carecer de un sistema de gestión que resuelva por qué los pacientes vuelven. |
4. ¿Por qué es tan caótico?
El caos argentino no es un rasgo cultural misterioso. Tiene causas identificables que se refuerzan entre sí.
4.1 La inflación crónica y el cortoplacismo
Durante décadas, la inflación fue el mecanismo informal de ajuste: en lugar de discutir abiertamente quién paga, el aumento de precios licuaba salarios, jubilaciones y deudas sin que nadie lo votara. Ese mecanismo destruye la planificación. Cuando nadie sabe cuánto valdrá su salario en seis meses, todos los actores —empresas, sindicatos, familias, gobiernos— optimizan para el corto plazo. Un joven no puede planificar una carrera, un crédito hipotecario o una familia con un horizonte de seis meses.
4.2 Reglas que cambian con cada gobierno
La alternancia es sana en democracia; lo que no es sano es que con cada alternancia cambie todo. Regímenes cambiarios, previsionales, impositivos, de comercio exterior y de financiamiento universitario se redefinen de manera pendular. El resultado es que ningún actor invierte en el largo plazo, porque espera que las reglas cambien antes de recoger los frutos.
4.3 Un Estado que promete más de lo que financia
La Constitución y las leyes argentinas consagran derechos amplios —salud, educación, vivienda, seguridad social— que el Estado no siempre puede financiar. La brecha entre el derecho escrito y el derecho efectivo genera frustración permanente: el joven tiene derecho a una universidad gratuita, pero no a un empleo formal al salir de ella. Esa brecha se cubrió históricamente con déficit, emisión y deuda, y cuando se cierra de golpe, el ajuste se siente como una traición.
4.4 El conflicto distributivo sin árbitro
El federalismo fiscal, la puja entre sectores productivos y la disputa salarial se resuelven por presión y no por reglas. Quien tiene más capacidad de corte, de paro o de lobby obtiene más. Esa lógica premia a los grupos organizados y castiga a los dispersos. Los jóvenes, especialmente los informales, son el grupo más disperso de todos: no tienen sindicato, no tienen cámara empresaria y rara vez tienen representación propia en la mesa.
4.5 La polarización como sistema
La polarización política dificulta el acuerdo sobre los diagnósticos más elementales. Como mostró el dato de pobreza, cada bando elige la comparación que confirma su relato. Cuando ni siquiera hay acuerdo sobre el punto de partida, es imposible acordar un rumbo. Y sin rumbo compartido, cada gobierno arranca de cero.
5. Por dónde se escapa el inconformismo juvenil argentino
A diferencia de Francia, donde el malestar juvenil explotó en los liceos, en la Argentina se expresa por varios canales simultáneos, algunos institucionales y otros no.
| Canal | Cómo funciona | Qué deja |
| Las urnas | El voto como castigo al sistema; el electorado joven tuvo un peso decisivo en las elecciones de 2023. | Alternancia y cambio de rumbo, con alto riesgo de decepción si los resultados no llegan. |
| La universidad | Marchas masivas en defensa del financiamiento universitario, transversales a clases sociales. | Capacidad de veto sobre recortes, sin agenda de reforma propia. |
| Ezeiza | La emigración como salida individual cuando no se ve futuro colectivo. | Pérdida de capital humano calificado; la intención varía según el ciclo económico. |
| La informalidad | Trabajo sin registro, plataformas y cuentapropismo precario. | Supervivencia sin protección social ni aportes futuros. |
| Las redes sociales | Coordinación digital de protestas y de opinión política. | Movilización rápida sin estructura que la prolongue. |
Tabla 2. Canales de expresión del malestar juvenil en la Argentina. Elaboración propia.
La emigración merece una mención especial, porque es el termómetro más honesto de la esperanza. En 2022, el 62 % de los jóvenes argentinos de 16 a 34 años decía preferir vivir en otro país, contra un promedio mundial del 44 % para la misma franja (iProfesional, 2023). Hacia fines de 2025, varias encuestas registraron una caída de esa intención, especialmente entre jóvenes de clase media y alta del AMBA, un segmento con alta afinidad con el actual oficialismo (El Economista, 2025). La lectura es doble: la esperanza puede volver rápido cuando hay expectativa de cambio, y puede irse igual de rápido si esa expectativa se frustra.
El dato regional también preocupa. En América Latina, solo el 45,8 % de los jóvenes considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, casi nueve puntos menos que los adultos (PNUD, 2026). La Argentina ha resistido mejor que sus vecinos, pero no es inmune: un joven que no ve resultados de la democracia empieza a escuchar a quienes prometen atajos.
6. El ajuste y la calle: el debate sobre la protesta
La Argentina vive su propia versión del dilema europeo entre orden público y derecho a la protesta. Desde diciembre de 2023 rige el protocolo de actuación de las fuerzas de seguridad en manifestaciones, conocido como «protocolo antipiquetes», que busca impedir el corte de la vía pública.
Las posiciones están claras. El gobierno sostiene que el protocolo garantiza la libre circulación de quienes no participan de la protesta (iProfesional, 2025). Organizaciones de derechos humanos lo cuestionan: Human Rights Watch afirmó que facilita el uso de la fuerza en circunstancias no justificadas por el derecho internacional (La Nación, 2025), y el CELS pidió su inconstitucionalidad. La Justicia, por su parte, rechazó esa cautelar pero dispuso observar en persona los operativos de las marchas de jubilados (El Ancasti, 2026).
La experiencia francesa deja una advertencia aplicable a cualquier gobierno. La respuesta policial a la protesta liceal —5.000 detenciones en doce días, la mayoría de menores— no apagó el conflicto: lo amplió y lo unió con otros reclamos (Amnistía Internacional Francia, 2026). Separar la represión del delito de la represión del reclamo no es una concesión ideológica, sino una regla de prudencia política.
7. ¿Cómo podría contenerse y, sobre todo, procesarse?
No hay soluciones mágicas, y cada propuesta tiene defensores y detractores. Pero hay algunos caminos que aparecen en distintas tradiciones de pensamiento y que podrían construir lo que falta: instituciones de procesamiento.
- Consensos mínimos de Estado. Acordar entre las principales fuerzas políticas un puñado de metas que sobrevivan a cualquier gobierno: estabilidad de precios, alfabetización y terminalidad secundaria, primer empleo formal y financiamiento previsible de la universidad. Uruguay es el ejemplo regional de que esto es posible. La objeción habitual es que la polarización lo impide; la respuesta es que la polarización también se alimenta de la ausencia de esos acuerdos.
- Estabilidad como condición, no como fin. Desde la perspectiva del gobierno actual, la estabilización macroeconómica es la precondición de cualquier mejora: sin inflación baja no hay crédito, ni inversión, ni empleo formal. Los críticos aceptan la necesidad de estabilizar, pero advierten que un ajuste que recae sobre jubilados, universidades y salud destruye capital humano y legitimidad. El punto de encuentro posible es la calidad del ajuste: qué se recorta, en qué orden y con qué protección para los más jóvenes.
- El primer empleo formal como política de Estado. Con apenas el 14,2 % de los jóvenes de 18 a 25 años en empleo formal, la puerta de entrada está cerrada. Las propuestas van desde reducir el costo laboral del primer empleo y simplificar la registración hasta programas de formación dual escuela-empresa. Las diferencias entre corrientes están en el financiamiento y en cuánto flexibilizar; el diagnóstico es compartido.
- Instituciones de diálogo con jóvenes adentro. Los consejos económicos y sociales sirven de poco si solo sientan a quienes ya tienen voz. Incorporar representación juvenil, incluidos los informales, y crear mecanismos de consulta como la plataforma que Francia abrió para sus liceístas, convierte el malestar en información para el diseño de políticas.
- Medir y rendir cuentas. La recuperación de la credibilidad del INDEC fue una de las mejores noticias institucionales de la última década. El paso siguiente es que cada política dirigida a jóvenes tenga metas públicas, indicadores y evaluación independiente. Lo que no se mide se negocia; lo que se mide se puede exigir.
- Cuidar la salud mental juvenil. La generación Z combina incertidumbre económica, hiperconexión digital y debilitamiento de los lazos comunitarios. El sistema de salud, especialmente el primer nivel y las escuelas, es una de las pocas instituciones que tocan a todos los jóvenes, incluidos los que no estudian ni trabajan. Es una puerta de entrada subutilizada.
8. Conclusión: de la resignación a las reglas
La Argentina tiene una capacidad extraordinaria de resignación. Sus instituciones informales —el sindicato, el comedor, la universidad, la familia ampliada, el club— amortiguaron crisis que hubieran derribado a sociedades más ordenadas. Esa resiliencia es un activo, pero también una trampa: permite sobrevivir a las crisis sin resolver sus causas.
la inadaptación juvenil no es el problema; es el síntoma. Una generación que estudia y no consigue empleo formal, que trabaja y no llega a fin de mes, que mira Ezeiza como salida, está diciendo lo mismo que los liceístas de Créteil: la promesa de que el esfuerzo conduce a una vida mejor no se está cumpliendo.
La diferencia es que Europa intenta reparar un Estado de bienestar que funcionó. La Argentina tiene que construir, por primera vez en mucho tiempo, reglas que duren más que un mandato. No necesitamos más instituciones que contengan el enojo. Necesitamos instituciones que lo conviertan en futuro.
Referencias bibliográficas
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Berra, G. (2026). La generación Z y el eco argentino: del aula al ágora. Revista Mercado. https://mercado.com.ar/en-primera-persona/la-generacion-z-y-el-eco-argentino-del-aula-al-agora/
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Chequeado. (2026a, 24 de septiembre). La pobreza aumentó al 32,3 % en el primer semestre de 2026 y alcanza a 15 millones de personas en todo el país. https://chequeado.com/el-explicador/la-pobreza-aumento-al-323-en-el-primer-semestre-de-2026-y-alcanza-a-15-millones-de-personas-en-todo-el-pais/
Diálogo Político. (2025, 27 de enero). Lo que dice el nuevo Latinobarómetro: resiliencia y contradicciones. https://dialogopolitico.org/agenda/debates/latinobarometro-2024
El Ancasti. (2026, julio). La Justicia dispuso monitorear la marcha por los jubilados del próximo miércoles. https://www.elancasti.com.ar/politica-y-economia/la-justicia-dispuso-monitorear-la-marcha-los-jubilados-del-proximo-miercoles-n579162
El Economista. (2025, 6 de diciembre). Se quedan, vuelven y apuestan: el nuevo giro de los jóvenes argentinos. https://eleconomista.com.ar/politica/jovenes-argentinos-emigracion-regreso-tendencia-n91140
El Economista. (2026a, 27 de agosto). La crisis silenciosa de los jóvenes argentinos: casi 7 de cada 10 están fuera del empleo estable. https://eleconomista.com.ar/economia/sin-empleo-estable-plata-antes-fin-mes-informe-impactante-revela-crisis-silenciosa-jovenes-argentinos-n97726
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