La transexualidad. La causa para realizar intervenciones de reafirmación de género.

Autor: Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD.

Es continuación de la afirmación de género. Este trabajo se vale de la transcripción de diferentes publicaciones sobre el tema que resultan esclarecedoras para desentrañar esta complejidad: sexo-genero-identidad-orientación sexual-transgénero-transexualidad-derechos-asignación de recursos-formulación de programas y políticas de salud.

Hipótesis de este trabajo:

¿Es correcto que el sistema de la seguridad social cubra la cirugía de cambio de género?

¿Si no es una enfermedad, lo debe cubrir los seguros de salud?

¿De ser así, no debería recibir una cobertura financiera vía impuestos?

¿Es posible hacer replanteos fundacionales, sin ideologizar las decisiones?

Introducción 2 parte:

La libre expresión de las identidades de género ha de entenderse como un derecho fundamental, por lo que no puede estar sujeto a condicionamientos de índole clínica.

Sexo. Género. Identidad de género. Desarrollo sexual. Identidad sexual. Orientación sexual. Transgenero. Transexualidad.

Harry Benjamín, endocrinólogo y sexólogo explicó en el año 1966 que «los verdaderos transexuales sienten que pertenecen a otro sexo, desean ser y funcionar como miembros del sexo opuesto y no solamente parecer como tales. Para ellos sus órganos sexuales primarios (testículos) lo mismo que los secundarios (pene y el resto) son deformidades desagradables que el bisturí del cirujano debe cambiar» (2). En la conferencia pronunciada en Junio de 1976 en Nueva York, afirmó: «Me gustaría recordar a todos un hecho importante y fundamental: la diferencia entre sexo y género. Sexo es lo que se ve. Género es lo que se siente. La armonía entre ambos es esencial para la felicidad humana.»

Es importante saber diferenciar entre sexo y género. El sexo se refiere al estado biológico que como hombre o mujer incluye atributos físicos como las estructuras reproductivas internas. El género, según Joan Scott, frecuentemente “connota un enfoque programático o metodológico en el cual los significados de “hombre” o “mujer” se toman como fijos; el objetivo parece ser describir roles diferentes, no cuestionarlos.” (2016, p.98). Por ello la autora avala la utilidad de este concepto si se reflexiona de forma crítica sobre cómo los significados de los cuerpos sexuados se producen en relación y como se van modificando estos significados. Por ello indica que “El énfasis debería ponerse no en los roles asignados a las mujeres y a los hombres, sino a la construcción de la diferencia sexual en sí.” (Scott, 2016, p.98). De esta forma es cuando el género resulta una categoría útil para el análisis, puesto que es crítica.

“la necesidad de pertenecer a la sociedad implica tratar de reconocerse y de ser reconocido en sus categorías. La misma noción de humano está presa por categorías como el género” (Coll-Planas y Missé, 2015, p.38). Por lo que algunas personas trans se encuentran con una serie de trabas y obstáculos impuestos por la propia sociedad, ya que no reproducen los roles masculino y femenino, aunque cabe destacar que algunas personas trans si se identifican con el binarismo de género, es decir, como hombres o mujeres.

El término identidad de género es “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo”. (CIDH, 2015, s.p.). La identidad de género es parte de una serie de círculos de pertenencia, como lo menciona Gilberto Giménez (1996), a los que el sujeto se adscribe a partir del reconocimiento que hace de sí y de los otros, durante las interacciones que se suscitan en espacios y momentos específicos.

La formación de la identidad de género es un proceso complejo que comienza antes de nuestro nacimiento. Existen muchos factores y bastantes combinaciones de estos que pueden llevar a la confusión, pero la tradición en la mayoría de las sociedades insiste en catalogar a cada individuo por la apariencia de sus genitales. (Gallardo y Escolano, 2009). Algunos estudios indican que la identidad de género se fija en la infancia temprana (antes de los 3 años) y a partir de entonces es inmutable, aunque esta hipótesis se corresponde con un enfoque biologicista y ha sido cuestionada desde diferentes perspectivas. 

Orientación sexual, es “la capacidad de cada persona de sentir una profunda atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género diferente al suyo, o de su mismo género, o de más de un género.”

Transgénero es un término general que se usa para describir a personas cuya identidad de género o expresión de género difiere de aquella que normalmente se asocia a su sexo de nacimiento (Asociación de Psicología Americana, 2006).

Así, podríamos definir a las personas transgénero como aquellas que no se sienten identificadas con una definición dicotómica del género. Un individuo transgénero puede poseer algunas características que normalmente se asocian a un determinado género, identificarse de otra manera dentro del continuo del género tradicional o existir fuera del mismo como “otro,” “agénero,” “intergénero,” o “tercer género”. El movimiento trata de explicitar que existen muchas más identidades que las de hombre, mujer u hombre o

En definitiva, la transgeneridad constituye un cuerpo heterogéneo que designa un conjunto de prácticas, categorías identitarias y formas de vida bajo la designación de un cuerpo materialista que no se comparte con la identidad, la expresión y el reconocimiento de la sexualidad sentida. Es un espacio ocupado por multitud de sujetos que no encajan en el sistema binario genérico (Cabral, 2009).

El término transexualidad es relativamente reciente, ya que aparece en la literatura sexológica a partir de 1950 como una modificación corporal, la cual necesitaba intervención quirúrgica con su consiguiente tratamiento hormonal haciendo posible el cambio de sexo. Por lo tanto, la transexualidad es causa de la dualidad de sexos, en la cual se categoriza hombres o mujeres, obligando ideológicamente a las personas que no encajan en estos cánones a someterse a este tipo de intervenciones quirúrgicas.

Para Isabel Balza (2009), la transexualidad puede hallarse en dos niveles: el ideológico y el tecnológico; el tecnológico se encargará de normalizar y posibilitar las operaciones de cambio de sexo, por lo tanto, la tecnología será un instrumento que someterá a los cuerpos para habitar la corporalidad que rige el sexo con el que se identifican. Por otra parte, el ideológico será el encargado de determinar la dualidad del sexo en dos categorías: hombres y mujeres, sintiendo que, de esta forma, las personas transexuales se ven atrapadas en cuerpos que no se adaptan a su conciencia

Desde el campo de la medicina, algunos profesionales, consideran la transexualidad como un alivio o solución para el bienestar de las personas que no se sienten identificadas con su cuerpo, será como una terapia que mediante el tratamiento hormonal y quirúrgico cambia los marcadores biológicos y las evidencias científicas que adoctrinan el cuerpo (Becerra, et al., 2010). Entonces por este razonamiento estaríamos empezando a encontrar justificación para realizar la cirugía de reafirmación de genero.

Por lo que se encuentran fuertes discrepancias entre ambos discursos ya que,  El discurso transgénero […] crea una fuerte discrepancia por parte de las personas que reproducen el discurso transexual, y es que el primero cuestiona las bases en que se funda el último: se distancia del biologismo determinista afirmando que hay margen para la agencia, cuestiona la idea de que el proceso transexualizador sea irreversible y, finalmente, quiebra la visión normativa del género, al afirmar que se puede vivir al margen de la masculinidad y la feminidad. Así pues, ambos discursos chocan, porque tienen estrategias y fines políticos contrapuestos. Desde el discurso transgénero, la clave es desvincular el género y la corporalidad y no reproducir la masculinidad ni la feminidad de forma normativa. En contraposición, según las personas que defienden la necesidad de realizar la modificación corporal, la integración social se conseguiría «gracias a personas que demuestran que un cambio completo y real es posible, sin medias tintas y sin pasar por monstruitos raros» (Coll-Planas y Missé, 2015, p.44). En cambio, se puede decir que no es simplemente el discurso transexual el único que fija una normatividad, ya que diversas formulaciones del discurso transgénero también conforman una normatividad. Por lo que, en lo que refiere al discurso transgénero “que emerge en oposición al discurso médico por considerarlo autoritario y no inclusivo, puede acabar reproduciendo las lógicas de exclusión que reprocha a la patologización de la transexualidad, al establecer una jerarquía entre personas críticas y personas reproductoras del género normativo”. (Coll-Planas y Missé, 2015, p.49).

Pero cabe mencionar que diversos estudios afirman que “la intervención quirúrgica es un intento de lograr la “correcta”, es decir, socialmente aceptada y aceptable autoimagen de cuerpo y sus placeres asociados mediante la materialización de las partes físicas asociadas con el placer deseado”. (Soley-Beltrán, 2006, p.76)

Debido a esto es primordial reflexionar sobre el origen de estas necesidades de la transformación corporal de estas personas. Se debe indagar sobre qué hay de cultural en estos deseos, ya que la mayoría, según señalan Coll-Planas y Missé (2010), están relacionados con la transfobia que marca a los cuerpos de las personas trans como inadecuados a la hora de manifestar su identidad de género sentida. Por lo que “los transexuales sienten la necesidad de cambiar su cuerpo para alinearlo con las categorías normativas de sexo/género y citar así los términos género y sexo de forma pareja” (Soley-Beltrán, 2006, p. 77).

Muchas personas transexuales hablan de la genitoplastia como de “un nuevo nacimiento”, pues habrá un nuevo renacer desde la nueva apariencia de los genitales. Esta visión hace de la anatomía destino, siendo la genitalidad el centro de la identidad del individuo, olvidando la tremenda complejidad de la vida.  Este aspecto es tan importante que nuestra experiencia nos permite afirmar que los transexuales sufren con frecuencia presión de su entorno  para pasar necesariamente por la cirugía de reasignación como una prueba de la veracidad de su discurso. (Bergero, y otros, 2010, p.59).

En consecuencia, debido a las reacciones de discriminación y transfobia del entorno social, la transexualidad adopta ser una condición que genera sufrimiento en varios aspectos, este es debido al profundo malestar con el propio cuerpo o el sexo asignado al nacer y la necesidad de optar por la reasignación social, así como el habitual rechazo familiar y social (Gómez, Esteva de Antonio y Bergero, 2006).

En términos generales, se asume que la necesidad de modificar el cuerpo responde a la presión social, que es producto de la forma en que en nuestra sociedad se vinculan género y cuerpo.

En la siguiente cita, por ejemplo, se explicita que las personas trans no necesitarían la operación «si la gente fuera capaz de aceptarnos con los cuerpos con los que nacemos en el género que nos reconocemos» (Com71, Art1). A diferencia del discurso transexual, se considera que el sufrimiento por ser trans no tiene una causa individual, sino que está condicionado por el entorno: el rechazo al propio cuerpo y la necesidad de modificarlo no serían cuestiones innatas, sino que estarían relacionadas con el estigma social que implica vivir en un cuerpo no normativo.  (Coll-Planas y Missé, 2015, p.47). Asimismo, se debe aclarar que esta violencia es ejercida desde múltiples entornos, como son el social, que como se acaba de comprobar, presiona a los sujetos no normativos para que se adapten a una identidad de género reconocible, pero el Estado también adopta planteamientos patologizadores en su legislación, por lo que

Sería posible que probablemente la necesidad de reasignación de los transexuales, o al menos la angustia por no tener identidades normativas de género, disminuiría notablemente si nuestra sociedad permitiese mayor fluidez de roles sexuales. Así, coincidimos con Bergero cuando señala que como consecuencia de la dificultad de cumplir el rol de género esperado al sexo biológico puede producirse una búsqueda de cumplir estereotipos, cambio de sexo y feminidad extrema. Describe además que los transexuales pueden sufrir presión, tanto del medio familiar como de otras personas transexuales, para pasar necesariamente por la cirugía de reasignación. (Polo y Olivares, 2011, p.299). Finalmente se podría concluir con una alternativa que erradicase la transfobia y para ello es necesario pensar en un sistema social horizontal y con identidades múltiples, donde los cuerpos y los deseos pueden fluir de un lado al otro sin restricciones. Pero esto implica no solamente una lucha de género sino también y sobre todo una lucha social. De hecho, hay una realidad terrible e inmediata que reclama nuestra atención, pero no quisiera que los problemas contingentes hagan olvidar la necesidad de pensar el mañana. De hecho, cualquier estrategia de lucha, si quiere tener un mínimo de éxito, necesita el contrapunteo entre las tácticas del presente y el proyecto de un futuro diferente. (Amodio, 2006, s.p.).

Desarrollo sexual/identidad sexual

Los factores que desempeñan un papel fundamental en el desarrollo sexual comienzan a actuar ya en la concepción y siguen haciéndolo durante toda la vida. A nivel hormonal, los estrógenos tienen poca pulsión en la infancia, aumentan en la pubertad, desarrollando en la niña los caracteres de mujer adulta: crecen las mamas, se desarrolla el esqueleto (especialmente la pelvis para adaptarse a las exigencias del parto), el pelo adquiere una distribución especial, sobre todo en pubis, y la piel adquiere una textura especial.

La progesterona prepara el endometrio para la implantación del óvulo fecundado, y posibilita el desarrollo final de las mamas haciéndolas aptas para la lactancia.

Por otro lado, la testosterona es la hormona masculina por excelencia, y sus efectos se ejercen sobre los órganos sexuales, regulando su crecimiento hasta la madurez. Es la hormona responsable de la distribución corporal del pelo, proporciona la voz con el típico timbre grave masculino, confiere a la piel su grosor característico del varón, favorece el desarrollo de la musculatura, etc.

Refiriéndonos a los factores psicosociales, la dimensión psicológica y social, es decir, el aprendizaje de un comportamiento sexual considerado como normal para uno y otro sexo en un contexto social dado, es básica para la construcción de la identidad sexual. El rol sexual es el sexo al que los demás consideran que un individuo pertenece y que se le impone desde el nacimiento, vistiéndolo y tratándolo y hasta poniéndole nombre de modo distinto según el sexo.

La identidad sexual es el factor subjetivo íntimo que establece la convicción interior de pertenecer a un sexo determinado. Las primeras identificaciones provienen de los modelos de comportamientos de la madre o el padre (por condicionamiento vicario) y posteriormente otras personas del sexo correspondiente significativos para la persona (maestros, hermanos mayores y otros adultos)4. En la pubertad el aprendizaje de la identidad sexual prosigue, con gran influencia de los modelos mediáticos (cine, televisión, etc.) y del grupo de iguales5. Las primeras experiencias amorosas o sexuales contribuyen en gran medida a la construcción de dicha identidad. No obstante, la construcción de la identidad sexual o de género prosigue a lo largo de toda la vida. A veces se denomina a la identidad sexual sexo sentido.

Proceso de modificación corporal transespecífico

Antes de comenzar a profundizar en las diferentes visiones es imprescindible aclarar que el proceso de modificación corporal transespecífico es acuñado por la medicina como reasignación de género o reasignación sexual; así como reafirmación de género, un término conceptualizado desde otros ámbitos. Pero, desde el punto de vista de Amets, estos conceptos manifiestan que es la cirugía la que reasigna o reafirma el género, por eso se muestra en desacuerdo, ya que no es necesaria la aprobación de una persona externa, es una decisión propia y cada individuo tiene la libertad de sentirse y expresarse como desea.

Por esta razón muestra una mirada crítica ante la obligatoriedad de este tipo de operaciones, en concreto ante el hecho de que se asocie a la persona transexual con el deseo por la intervención quirúrgica debido a que el modelo médico de la transexualidad que data de mediados del siglo XX define a la persona transexual como aquella que se quiere operar, por eso trata de  trabajar hacia otros imaginarios corporales para que el modificar o no tu cuerpo sea una decisión un poco más libre y que de alguna forma puedas elegir si tomar ese camino o no, pero claro a la vez respetando aquellas personas que dicen al final pues si yo necesito cambiar mi cuerpo, si no, no puedo seguir viviendo porque seguimos viviendo en una sociedad muy binaria y en la que al final es de alguna forma cambiar tu cuerpo puede tener mucha importancia para tu vida personal, laboral, etc. (Amets).

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: