Afirmación de género en el Sistema de Salud Argentino

¿Es o debe ser una prioridad en el PMO?

CARLOS ALBERTO DIAZ.

PROFESOR TITULAR UNIVERSIDAD ISALUD

Para escribir el artículo se leyeron y extractaron una serie de artículos sobre la cobertura de la afirmación de género. Será una entrega en tres partes, sobre una problemática que tenemos que visibilizar, naturalizar y desarrollar un debate hacia el futuro, no siendo momentos políticos de suprimir derechos.

No hay que patologizar la transexualidad:

Hay que despojarse “de esquemas mentales cerrados y pretendidamente seguros y atreverse a ahondar en las vicisitudes del deseo, haciéndose cargo de las incertidumbres que conlleva” (Garaizábal 2006: 169).

Solo así estaremos en las mejores condiciones para entender que el deseo, la experiencia y los actos humanos desbordan el ideal homogeneizador y reduccionista de las nosologías sexuales.

En fin, ante las sucesivas reconceptualizaciones que han experimentado categorías como la “homosexualidad”, el “travestismo” o la “transexualidad” en el DSM, fruto del ímpetu taxonomizador de la psiquiatría biomédica, resulta necesario problematizar la lógica reduccionista de las categorías diagnósticas referentes a las expresiones sexo-genéricas.

Además, hay que recordar que la inclusión de la transexualidad en los manuales clasificatorios de trastornos mentales no ha garantizado la atención sanitaria a estas personas. En muchos países sus demandas siguen siendo ignoradas; en otros, incluso, se persigue y condena a estas personas (Missé 2010).

Marco Político Normativo:

Al reconocer la identidad de género como un derecho humano fundamental, el Estado garantiza el derecho de todas las personas que lo deseen a cambiar su nombre y género en todos los instrumentos que acreditan su identidad, mediante un trámite administrativo y sin solicitar como requisito ningún tipo de procedimiento médico, psicológico y/o psiquiátrico. Además, garantiza el acceso a todas las prestaciones de salud reconocidas a través del Plan Médico Obligatorio (PMO), incluyendo la hormonización y las cirugías de modificación corporal para quienes lo soliciten.

De este modo, se reconoce a las personas como sujetos activos de derecho, especialmente en relación con decisiones personales, como son la autopercepción de género y la construcción corporal. La sanción de la Ley de Identidad de Género supone el abandono de un paradigma internacional de patologización de ciertas identidades y/o expresiones de género que tiene vigencia desde hace décadas, y que ha propiciado la exclusión, la discriminación y la criminalización de las personas trans.

El sistema de salud tiene la obligación de garantizar el derecho de cada persona a ser reconocida y nombrada de la manera en la que lo explicite, independientemente de tener un documento de identidad acorde con esta decisión.

El 9 de mayo de 2012 se sancionó en la Argentina la Ley nacional 26743 de Identidad de Género. Esta ley surgió en el marco de las luchas por la despatologización trans a nivel nacional e internacional. Se trata de un logro muy importante, resultado de una amplia articulación entre activistas y organizaciones políticas trans, LGTBIQ y de derechos humanos, que instala el reconocimiento legal de la identidad de género en el campo de los Derechos Humanos. Esa articulación fue potenciada por el impulso de un proceso de democratización de la ciudadanía desde 2005, a partir del Decreto 1086/2005 que aprobó el Plan Nacional contra la Discriminación.

La Ley 26743 constituye un hito a nivel nacional y también mundial, por el cambio de paradigma que representa. Garantiza a toda persona el reconocimiento de su identidad de género autopercibida y el acceso a la salud integral de acuerdo con su expresión de género, sin someterla a ningún diagnóstico y/o peritaje médico, psicológico y/o psiquiátrico.

Hipótesis:

¿Es correcto que el sistema de la seguridad social cubra la cirugía de cambio de género?

¿Si no es una enfermedad, lo debe cubrir los seguros de salud?

¿De ser así, no debería recibir una cobertura financiera vía impuestos?

¿Es posible hacer replanteos fundacionales, sin ideologizar las decisiones?

Concepto de transexualidad.

En la transexualidad o transexualismo el sujeto se encuentra atrapado en un cuerpo del sexo equivocado, y presenta un deseo intenso de corregir esa discordancia, desde los caracteres sexuales secundarios o desde la cirugía o ambos.

Es un trastorno de la identidad de género, es una disforia con el sexo asignado. Genera una identificación intensa y persistente con el otro sexo, con un sentimiento de inadecuecuación, y por un deseo permanente de vestir, vivir y ser tratado como miembro del otro sexo.

Las personas transexuales consideran que han nacido en un sexo equivocado. La mayoria, refieren el inicio de los sintomas desde la primera infancia. La persona transexual de hombre a mujer, se considera interiormente mujer. Por ello realiza todos los esfuerzos para que su cuerpo se adecue a esta identidad. Estar personas presentan una peocupación persistente por ocultar sus característica sexuales primarias y secundarias, y en su mayoría solitan tratamiento hormonal y queírgico para cambiar el sexo. Haibialmente presentan aversión hacia sus genitales masculinos, por que tiende a ocultarlos mediante prendas de opresión.

La persona transexual de mujer a hombre es anatomicamente mujer pero muestra actitudes conductas y aficciones tipicamente masculinas. La adopción de comportamiento, ropa y movimientos masculinos se efectúa en diferentes grados. Estas personas manifiestan un inmenso deseo de adoptar el papel social masculino, ser aceptados como tal y de adquirir un aspecto físico de varón. Se siente incómodos si se les considera mujer y les agrada que se les confunda con varón, desde la adolescencia tienden a llevar ropa masculina, con frecuencia ocultas sus senos, mediente prendas de compresión, e intentan apsar end público como personas del sexo opuesto.

Inicio de la transexualidad:

La transexualidad puede aparecer en diferentes momentos del ciclo vital. Una antigua categorización de Person y Ovesey 1974 con la finalidad de disntiguir estos casos en función de la edad de aparición diferenciada en transexuales primarios y secundarios. Esta clasificación esta en desuso, orienta sobre el pronostico.

El transexualismo primario ilncluye aquellas personas que presentan alteraciones en la identidad de género desde la infancia. Estas personas explican que se han sentido del otro género desde siempree, desde la niñes o desde que tenían uso de razón. Habitualmente tiene una historia infantil de conductas propias del sexo pouesto, aunque en ocasiones no son conscientes claramente de lo que les sucede hasta la adolescencia. A pesar del inicio en la infancia, con frecuencia en los últimos años de la misma o en el comienzo de la adolescencia adoptan posturas vinculadas con el sexo biológico.  Este esfuerzo acaba siendo infructuoso por la impositibilidad de mantenerlo durante largo tiempo. Esta forma de presentación es la más frecuente y tiene muy buen pronostico, tras la reasignación sexual, pues si la identificación con el otro género persiste al final de la adolescencia, el riesgo de remisión es prácticamente nulo. El 90% de los casos suele estar encuadrado dentro de esta categoria.

El transexualismo secundario son las personas cuya identificación con el otro sexo aparecen más tardiamente y de manera más gradual. Habitualmente en las primeras etapas o en las etapas intermedias de la vida adulta.  Muestran una mayor ambivalencia en cuanto al avance en los tratamientos. Tienen una probabilidad menor en la cirugía de reasignación. Es por ello que se debe madurar mucha la decisión.

Aunque en la mayoría de los casos la identificación con el otro sexo ya está presente en la primera infancia, en la edad media de solicitud de demanda encontrarse entre los 20-25 años tanto en estudios europeos y asiaticos.

La transexualidad, el transgénero y otras migraciones de género como prácticas y categorías médicas han estado atravesadas por cuestiones de bioética desde sus mismos inicios. El impulso que movió a un sector de la clase médica a acuñar la distinción sexo/género como parte de los protocolos de tratamiento y etiología de la denominada disforia de género fue considerada por este mismo sector como una acción inspirada por una ética humanista, pues su fin era aliviar el sufrimiento de los pacientes que declaraban sentir un doloroso desacuerdo entre su identidad – masculina o femenina – y su morfología física. Desde sus inicios como categoría psicológica, la distinción sexo/género ha tenido un largo recorrido al ser adoptada por la segunda ola del movimiento feminista como categoría sociológica con el fin de articular la lucha en contra de la noción de la biología como destino y causa “natural” de la división del trabajo y roles sociales.

Es precisamente desde los desarrollos posteriores a las corrientes feministas de segunda ola y el activismo de género, junto con otras corrientes provenientes de la historia y la sociología del conocimiento científico, que se ha criticado tanto a la dicotomía naturaleza/cultura que subyace la definición de transexualidad como patología y práctica médica, como a la producción de “la verdad” del género que actúa como reguladora y generadora de parámetros de normalización social. Categorías como “transexualismo”, “transvestismo”, “transgénero” operan como categorías productivas, en el sentido Foucauldiano del término, alrededor de la cuales se gestionan los significados de género y sexualidad. Esta función reguladora, quizá no prevista en el construccionismo extremo y de intenciones liberales de algunos de los responsables de la definición del transexualismo como categoría médica, actúa no sólo mediante la enunciación de las patologías “de género”, sino también a través de los marcos legal y terapéutico que se han desarrollado en torno a ellas.

En la transexualidad, la orientación sexual puede ser, al igual que en población no transexual, heterosexual, homosexual, bisexual o asexual.

Es decir, en la naturaleza pueden existir todas las combinaciones posibles en cuanto a la atracción erótica, y por ello es factible la combinación doble de transexualidad y homosexualidad.

El sistema de Clasificación DSM-IV-TR aconseja especificar en el diagnóstico “con atracción por mujeres, por hombres, por ambos, y por ninguno”. Según diversos estudios internacionales (Tsoi, 1993) y nacionales (Gómez Gil y cols. 2003; Bergero Miguel y cols., 2001) la mayoría de transexuales que se sienten mujer refieren atracción por hombres heterosexuales, y la mayoría de transexuales de mujer a hombre se sienten atraídos por mujeres heterosexuales. Hay que tener presente que la orientación sexual, aunque plantea diferencias en cuanto al pronóstico, no es un criterio que defina la transexualidad.

fin de la primer parte.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

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