Brasil, arrodillado por la segunda ola.

Es un gran riesgo para todo el continente, porque puede ser o resultar un laboratorio de mutaciones del virus covid 19 si no se contiende la propagación.

Trabajadores de la salud trasladan a un paciente con covid-19 dentro de la UCI de un hospital de campaña en las afueras de São Paulo, Brasil, el pasado 4 de marzo.
Una terapia intensiva en un hospital de campaña en las afueras de San Pablo.

Brasil registró el día con más muertos en lo que va de pandemia con 1.910 fallecimientos en las últimas 24 horas, mientras más de la mitad de los estados del país se encuentran al límite de su capacidad hospitalaria.

Cascavel, es una ciudad del Estado de Paraná, es uno de los casos más dramáticos que se conocieron la semana pasada. Gran centro urbano de una zona de población dispersa, tiene las unidades de cuidados intensivos al 99%. ¿Consecuencias? Pacientes intubados en pasillos de hospitales, ambulancias convertidas en camas

São Paulo, la urbe más rica y poblada de América Latina, anunció el viernes un nuevo hospital de campaña y pide “voluntarios para la guerra”. Pero, como alertan los especialistas, aumentar camas sin frenar los contagios es un apaño temporal. Los secretarios estatales de Salud temen un “inminente colapso nacional de la red sanitaria pública y privada” sin un toque de queda nacional y, en las zonas más afectadas, confinamiento. Cientos de enfermos necesitan una cama hospitalaria; decenas han fallecido en la espera.

La grave situación brasileña contrasta con países que empiezan a ver alguna luz a medida que avanza la vacunación y disminuyen los casos. 

Las unidades de cuidados intensivos en las principales ciudades del país están al límite de su capacidad. Una situación que no experimentaba el sistema hospitalario brasileño desde la primera ola de contagios en julio. El sistema público hospitalario está al borde del colapso en más de la mitad de los estados del país y al menos 16 gobernadores le piden al presidente Jair Bolsonaro que tome medidas contundentes para frenar el brote. 

El índice de ocupación de las unidades de cuidados intensivos del sistema público sanitario supera el 80 % en 18 de los 27 estados brasileños, con un matiz: son cada vez más los jóvenes con cuadros graves. “El riesgo de colapso existe y ya lo estamos observando en varias regiones del país”, dijo a EFE el médico Carlos Starling, consultor científico de la Sociedad Brasileña de Infectología (SBI).

En diciembre había 12.003 camas UCI para Covid-19 financiadas por el Gobierno; en enero, 7.717, y en febrero, que acabó como el segundo mes con más muertes por Covid-19 en Brasil, quedaban 3.187 camas, según datos del Consejo Nacional de Secretarios de Salud (Conass). 

Brasil es, detrás de Estados Unidos, uno de los países con más víctimas fatales por el coronavirus, al contabilizar casi 256.000 fallecidos..

Este martes, el Senado aprobó acelerar el acceso a las vacunas al permitirle a los gobernadores de cada estado negociar directamente con las farmacéuticas ante el lento proceso de distribución desde el Gobierno central. 

El gobernador de São Paulo, João Doria, dijo que comprará 20 millones de dosis. Pero antes de poder usarlas tendrá que esperar la aprobación de emergencia del regulador sanitario Anvisa.

 

Una batalla que aquí se libra sin un mando unificado, más bien como una guerra de guerrillas —no siempre coordinadas— de la mano de 26 gobernadores y un ejército de alcaldes. Y con un presidente, Jair Bolsonaro, empeñado en sabotear cualquier esfuerzo que coloque la salud pública como prioridad. En una estrategia que le desgasta menos de lo que se podría sospechar. Todas las semanas exhibe su desprecio ante la alarmante situación: “Basta de quejicas (caprichitos), ¿hasta cuándo vais a seguir llorando?”, dijo horas después del último récord de muertes.

Gobernadores y alcaldes han decretado nuevos toques de queda y restricciones que quedan lejos de las tres semanas de confinamiento nacional que reclaman algunos científicos. São Paulo cerrará durante dos semanas las actividades no esenciales. En Río de Janeiro habrá restaurantes a media jornada y veto a los vendedores ambulantes en las playas. Ochenta ciudades del Estado de Minas Gerais están confinadas. La Liga de fútbol sigue adelante, aunque sin público.

La cuarta ola de contagios está siendo la más virulenta. Empezó a gestarse hacia Nochevieja, a finales del año pasado. Los casos comenzaron a aumentar y desde entonces la tendencia se ha acelerado. Ese incremento, unido a otros factores, ha cebado una bomba de relojería.

El covid ya esta golpeando al pueblo salteño, y todos ocupados por Gildo, señores periodistas, compatriotas Argentinos, están sufriendo esta segunda ola, y esto llegará a Buenos Aires.

Viendo esto, que nos puede pasar, si no hemos hecho lo que debíamos, hace tres semanas pusimos el foco en algo que no le interesa al común de las personas, la modificación de la justicia para exculpar a la señora Presidente de la Nación. Políticos Qué no se muestran interesados o por lo menos no lo comunican, como seguirán los envíos de las vacunas, la campaña de vacunación, la mala organización de las mismas, los desvíos de vacunas, la postergación de los estudios de screening de salud adecuados están provocando que observemos atónitos el advenimiento de tumores avanzados que el acceso a la salud nos había hecho olvidar. los sistemas de salud y los médicos también están atosigados en sus esfuerzos por atender los pacientes con covid, y esto está postergando muchas atenciones de pacientes con riesgos cardiovasculares. Además de haber coaptado las instituciones, es un país infragestionado por un grupo que piensa siempre en el pasado, en generar pobres y no un futuro de grandeza. Esto pasa en América Latina toda, donde cada vez hay más desigualdad y empobrecimiento. La gente no tiene porvenir.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

Un comentario en “Brasil, arrodillado por la segunda ola.

  1. Y agrego, Carlos: un país en el que literalmente se dejó de hablar de la pandemia, para pasar a mostrar sólo jeringas. Con tal que no se hable de los resultados sanitarios, tiraron debajo de la alfombra incluso la pésima comunicación que se tenía en torno a los cuidados, los testeos, el aislamiento Hoy, quien mira la publicidad de PBA, parce que están vacunando 1 millón de personas por día y que la pandemia va quedando atrás. Falsa épica, relato miserable e inminencia de la próxima catástrofe. Que pena.

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