P.R.O.G.R.E.S.A.R. salud y determinantes sociales

Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD. 2026

«Salud es la manera de vivir libre, solidaria, responsable y feliz. Es un bien ser y no un bien-estar»

Esta definición des-medicaliza a la salud y la considera un derecho humano, destacando su importancia en la vida cotidiana de las personas. Cuando pensamos en salud como un derecho humano, nos damos cuenta de que trasciende el ámbito médico y se convierte en un pilar fundamental para el desarrollo de sociedades justas y equitativas.

La salud, entendida de esta manera, es un concepto amplio y multifacético que incluye no solo la ausencia de enfermedad, sino también el bienestar emocional, social y mental de los individuos. Este enfoque nos invita a reflexionar sobre la necesidad de crear entornos que fomenten un estilo de vida saludable y sostenible.

Asimismo, ser consciente de que la salud es un bien universal, igualitario e innegociable implica que todas las personas, sin excepción, deben tener acceso a servicios de salud que garanticen su bienestar. Esto implica que el Estado tiene un papel crucial al ser el responsable de asegurar este acceso a toda la población, sin discriminación.

Por lo tanto, es imperativo que las políticas públicas se diseñen y ejecuten pensando en el bienestar integral de los ciudadanos, impulsando acciones que promuevan la salud desde un enfoque que valore a las personas en su totalidad. En resumidas cuentas, la salud no debe ser concebida únicamente como un resultado de tratamientos médicos, sino como un derecho fundamental que todos debemos reivindicar y proteger.

“Reducir las desigualdades en materia de salud es un imperativo ético, la injusticia social mata a la gente a gran escala”.

La ‘Carta de Ottawa’ establece que «La salud es el resultado de las condiciones de: alimentación, vivienda, educación, ingreso, medio ambiente, trabajo, transporte, empleo, libertad y acceso a los servicios de salud» (OMS, 1986). En esta definición se afirma la clara relación entre los factores sociales y económicos, el entorno físico y la salud; sin embargo, lo que más se destaca es que, sin un equilibrio entre estos factores, difícilmente se puede alcanzar un nivel óptimo de salud. Esta observación subraya la complejidad del sistema de salud y cómo este no puede ser considerado aislado de otros aspectos de la vida.

Los determinantes sociales de la salud son las condiciones económicas, culturales, laborales, ambientales y sociales en las que viven las personas, y son fundamentales para determinar su estado de salud. Estos determinantes incluyen circunstancias en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, y su interacción crea un marco que influye en la salud de manera significativa. Por ejemplo, el acceso a una educación de calidad puede permitir a las personas mejorar sus ingresos y, por lo tanto, tener mejores condiciones de vida y acceso a servicios de salud. Sin embargo, muchas comunidades enfrentan barreras estructurales que les impiden alcanzar tales oportunidades.

La variabilidad en la distribución de estos determinantes sociales explica gran parte de las desigualdades en la salud. Estas desigualdades son evitables, sistemáticas e injustas, lo que significa que no son producto de la mera casualidad, sino que están profundamente enraizadas en la organización social y económica de la sociedad. Por ejemplo, las poblaciones de bajos ingresos muchas veces enfrentan entornos contaminados, acceso limitado a alimentos saludables y escaso apoyo social, lo que contribuye a una salud deficiente en comparación con aquellos en situaciones más privilegiadas.

Por lo tanto, abordar las desigualdades en salud exige un compromiso colectivo para reexaminar y modificar las condiciones que perpetúan esta injusticia. Es crucial realizar esfuerzos en políticas públicas que vayan más allá de la atención médica. Esto incluye promover la equidad en la educación, mejorar el acceso a empleos de calidad y asegurar un entorno saludable para todos. Solo así se podrá avanzar hacia un mundo donde la salud no esté determinada por la posición socioeconómica, sino que sea un derecho accesible para todas las personas, independientemente de su origen o circunstancia geográfica.

Los estratificadores de equidad que se valoran más frecuentemente la bibliografía consultada los hace con el acrónimo PROGRESAR:

la P vinculado a la plaza, al lugar que habita la persona.

La R vinculada a la raza o la etnicidad.

La O de ocupación, tarea y tipo de trabajo.

La G de genero o sexo.

La R de religión.

E de educación.

S de situación socioeconómica.

A de ambiente, relacionándolo con el acceso al agua, al saneamiento, la vivienda.

R son los recursos, o el capital social, el sistema de contención social que cuenta la población.

Tenemos que enfrentarnos a una verdad incómoda pero innegable: las vidas de millones de niños están malogradas por el solo hecho de haber nacido en un país, en una comunidad, con un género o en determinadas circunstancias. Un verdadero riesgo país, es el de la desnutrición infantil y el sobrepeso de la alimentación incorrecta.

Las personas que tienen mejor situación social y económica, educativa y laboral viven algunos años más y sufren menos enfermedades que los pobres.

Estas diferencias en la salud son producto de la injusticia social que refleja las influencias más poderosas de los estilos de vida de las personas, pero fundamentalmente de las condiciones en las que viven y trabajan, que influyen fuertemente en su salud y longevidad. Las condiciones sociales y económicas determinan que las personas se enfermen o no, son más importantes que la atención médica para las ganancias de salud de la población general. La pobreza además en nuestro país da una salud más pobre, en accesibilidad, en oportunidad y a veces en medios. La mayoría de enfermedades y causas de muerte son más comunes en los estratos más bajos de la sociedad. El gradiente social en salud refleja desventajas materiales y los efectos de la inseguridad, la ansiedad y la falta de integración social. Las circunstancias sociales y económicas deficientes afectan la salud durante la vida, generándose en muchos casos una “carga acumulativa” desde la vida fetal, la infancia y niñez, la adolescencia y la vida adulta. Generando un riesgo acumulados de enfermedades crónicas.

Es conveniente diferenciar entre efectos a corto y a largo plazo, entre efectos directos e indirectos, entre consecuencias reversibles e irreversibles, entre las que se pueden revertir, mitigar, disminuir impactos y externalidades.

La mala salud de hoy puede ser en parte el resultado de las privaciones de la infancia, la inequidad pone en peligro a millones de niños, hoy, y amenaza el futuro del mundo

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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