Argentina, sociedad welfarista, benefactora e hipócrita.

Autor. Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD.

Introducción:

Este documento no es una crítica a los representantes que elegimos reciente y democráticamente, de ninguna forma, menos a la gestión del Ministerio de salud recuperado. Escribo desde la transparencia de no tener cargos ni pretenderlos, de ideológicamente ser del mismo partido que gobierna, de trabajar desde un pequeño lugar por la justicia social y la equidad, si, y solo es una crítica a lo que somos como sociedad, la consideración de la cosa pública, de la salud y la asistencia social a los postergados.

No es una cuestión de legitimidad, sino de análisis de la problemática y de la necesidad de abordarlos con independencia de criterios. que no están observando que es imperioso consolidar algunos aspectos y volver a crecer económicamente para distribuir. No se puede distribuir lo que no se tiene. Esto es una visión desde hace seis décadas.

Existe inmanente en las calles de la república, la indignación fundada en el reparto del costo de la crisis, la creciente desigualdad, la acumulación de riqueza en unos pocos, en no visibilizar salida a tantos problemas, por este camino que parece recesivo de ajuste fiscal sin precedentes, y la percepción de que poco o nada hace la clase política como aporte a este esfuerzo. Es pedirle más Sacrificio a los sacrificados. Esto se traduce en que el aumento de impuestos y retenciones está generando disminución de ingresos fiscales, hacen que los nuevos derechos que se consideran merecidos no sean financieramente sostenibles. El gasto social crece por encima de la renta, pero son tantas las necesidades que la ayuda es insuficiente y no está siendo redistributiva, porque gran parte de los intentos están siendo vencidos por la inflación.

Debemos aseverar que La economía es una disciplina: que expresa que los recursos son limitados, cabe considerarlos en sus diferentes alternativas y no se puede gastar lo que no ingresa. De forma tal que sin reconducir el crecimiento del gasto social y aumentar la presión fiscal, solamente ya que el recurso de seguir financiándose con déficit es comprometer a generaciones futuras. Lo que se podría presentar como válido es una solidaridad intrageneracional de los ricos frente a los pobres.

No hay que reformar el estado de bienestar, porque nunca se construyó o se concluyó. Hay que comprobar consistencias, y ponerse a trabajar, por esta sociedad que cambia cada día, que esta en una transición híbrida. Debiendo orientar mayor gasto social a los mayores.              

El deterioro de las finanzas públicas se explicó por la brecha negativa en más de 10 puntos porcentuales entre el ritmo de aumento nominal de los ingresos totales y el de los gastos primarios en el mes de enero.

Desarrollo:

Somos un “país rico”, decimos para ahuyentar tanta desazón, aunque cada vez menos, ni siquiera por potencial, con índices de desarrollo humano peores cada año, hace casi una década que no crecemos, que gastamos más de lo que producimos, más endeudados, deficitarios, que no puede honrar sus compromisos. Pidiendo por favor que nos ayuden en todos los foros. Porque los que tomaron el crédito lo hicieron para que las empresas amigas giren utilidades falsas al exterior.

Tenemos posibilidades ciertas y reales de producir un 50% más de granos que lo actúan, aumentar un 20% la cantidad de ganado bovino, desarrollar la industria agroalimentaria, la producción de litio, somos la segunda reserva mundial de gas, etc. Lo peor que nos está pasando es que creemos que haciendo siempre lo mismo, porque cambien los nombres los resultados pueden ser diferentes.

Los que invierten cada vez tiene más temor, si hay algo cobarde en el mundo es el capital, y siempre busca su resguardo.

La política fiscal, debería ser más neutra con las plusvalías invertidas y agresiva contra ganancias de capital realizadas y extraídas anticipadamente del sistema productivo, al marginal de renta. Integrando política pública, los programas de salud, los nuevos derechos y el mercado de trabajo.

 Tenemos un sistema de workfare que esta siendo una barrera de ingreso a la economía formal de los ciudadanos, a la generación de un nuevo empleo, agravado por las altas barreras de salida, por la doble indemnización.

Se necesita un sistema de protección social que interaccione mejor con los intereses de los individuos, sus familias y el mercado de trabajo, que facilite la reinserción laboral en lugar de desincentivarla, que proteja aquellos que no están en condiciones de trabajar, pero que evite crear una dependencia permanente del sistema para aquellos que si lo están. Los próximos suplementos tendrían que estar asignados al salario, que nos se cobra si no se cumple o no se trabaja, dignidad, con el objetivo de incentivar la participación laboral.

No somos nada en el concierto mundial, y solo le importamos a Brasil y Uruguay, pero están haciendo lo posible para no depender de nosotros, por nuestro grado de incumplimiento.

Carecemos de instituciones y las que sobreviven decaen año tras año en la calidad institucional, porque no conviene que existan, que el poder sea concentrado. Los discursos sirven para convencer a los que emiten el sufragio para lograrlo y luego convenciéndolos con excusas, con la tierra arrasada, con que paguen la fiesta a la que fueron invitados, solidariamente, porque la fiesta ocurrió.  

En el área de la salud estamos promulgando derechos y otorgando beneficios que no se pueden sustentar, exterminamos y detonamos la caja de jubilaciones, el sistema previsional en su conjunto, que pasaron a ser un gasto corriente que no tiene reserva técnica.

Los que pagan impuestos tienen una carga tributaria como de países nórdicos, pero deben financiar su salud, seguridad y educación.

Somos benefactores, con nuestros vecinos, que vienen a la argentina a solucionar algunos temas de su salud y a educarse, formarse como médicos, ingenieros, economistas etc, en el caso de la residencias médicas no solo sin pagar, sino recibiendo una paga, cuando en su país natal abonan importantes sumas en dólares para poder tener el título de especialista.

Somos benefactores de unos dos millones de personas que no efectuaron aportes y reciben una pensión, sometiendo a un ajuste de los ingresos a los que menos tienen y postergando aumentos para que cierren las cuentas.

Somos ricos, y welfaristas pero tenemos 36% de pobreza, el 35% de la población no tiene cobertura formalizada de la salud.

Postergamos cada vez más a los que no tienen educación sometiéndolos a una pobreza estructural pero no hacemos nada para que salgan de ella, con educación y más educación, con oficios, con dignidad. Le otorgamos una tarjeta alimentaria, y con ello pretendemos reactivar la economía. Para bajar la pobreza, hay que entender su multidimensionalidad, garantizar los ingresos de las familias y fomentar la educación.

Los que producen son castigados, y se cargan costos impuestos y regulaciones que se trasladan a los precios y no nos hacen elegibles, no tenemos un plan, pero seguimos asegurando derechos, derechos de salud para las minorías que reclaman con razón, porque fueron sometidas a postergaciones, discriminación y escarnio, pero no decimos como se van a financiar, tenemos algunos avances importantísimos que valoro y que nos orgullecen en cuanto a derechos como el matrimonio igualitario, la reafirmación de género, la cobertura de la fertilización asistida, cirugía bariátrica, etc.

Tenemos una empresa deficitaria como el PAMI que asegurará derechos con medicamentos gratuitos que implican 30.000 millones de pesos más de gastos, que no sabemos de donde van a salir, seguramente requerirá emisión, y más presión fiscal.

Cada vez más cerrados al intercambio con el mundo con un saldo exportador positivo, con menos inversiones.

Con menos dinero para gastar en salud y cubrimos medicamentos a precios que superan la capacidad de financiamiento, como el nursinensen, mientras que se hicieron acuerdos irresponsables con la industria.

De estas formas seguimos sojuzgando a los marginados y excluidos a mayor marginación y expulsión del sistema, decimos que hacemos algo, pero no lo cumplimos.

Nos ocupan los hechos cuando son publicados, como las muertes por desnutrición de los niños wichis en el norte, y allí no gobernó el PRO. Ahora todos desesperados encontramos el caso 0 del coronaviridae, cuando tenemos la peor epidemia de dengue, cuando reapareció el sarampión por la irresponsable conducta de la anterior secretaria de salud. Luego aparecen otros son superadores y nos olvidamos de que paso, teniendo que hurgar en la memoria, en ver en la letra pequeña de las publicaciones la conclusión sin estridencias.

Somos bienestaristas o welfaristas de corazón, pero sin cerebro, sin haber leído que significa asegurar el estado de bienestar a través del desarrollo, parece que emitiéramos dólares como nos comportamos con el déficit, estamos permanentemente cavando para hundirnos más, siempre se puede continuar cayendo.

Instalamos un debate de derecho y libertad como la interrupción legal del embarazo, pero no tenemos la posibilidad de asegurar el otro derecho a disfrutar la maternidad, embarazo, que nazcan hijos sanos y cuidados, que mejore la calidad de los nacimientos, y el seguimiento de las mujeres embarazadas.

Sigue aumentando la violencia familiar y los femicidios, pero sostenemos esto como el paradigma de la libertad. Evidentemente con las concentraciones y las coreografías que visibilizan la problemática no es suficiente.

Un país que drena y expulsa a sus jóvenes calificados, no es welfarista, nuestros hijos están buscando con fervor sin antecedentes, emigrar y sacrificarse en otras latitudes para construir un porvenir para sus hijos, siendo cada vez menos interesante tener pasaporte argentino, y menos conveniente. Por múltiples razones, que algunas son externas, pero muchas son nuestras. Todos quieren irse, no ven en este país algo que merezca esforzarse sacrificarse para construir otra realidad. Tal vez por que vez a sus padres reiteradamente estafados, tratando de diversificar y trabajar cada vez más sin poder mantener lo que se tiene.

Teniendo dificultades para que los que tienen necesidades de salud accedan a ella.

Un país que no tiene presupuesto de gastos aprobado. Como que vive al día. Como que bueno dale hasta que aclare. Hasta que se llegue a un acuerdo por la deuda o defaulteo por octava vez. El nivel de deuda que tenemos para el mundo, para los tenedores es nada. Solo importa a los ilusos de siempre del zoológico tributario que tienen bonos de su país. Entonces esos si verán dilapidados sus esfuerzos.

El discurso tendencioso y falaz, e intenta ganar tiempo, con las fuerzas corporativas que están conteniendo la conflictiva social por suerte y como ejemplo. Porque por mucho menos estallaron países.

Espero que se reencauce la orientación económica, que se apueste al empleo formal que se saque de la informalidad a la economía, se combata la inflación. Y si se puedan asegurar los derechos.

Somos welfaristas, pero permitimos que nuestro personal de salud tenga multiempleo, gane insuficientemente para mantener una vida digna, enfermeras y médicos, con dos y más empleos respectivamente, siendo muchas veces agente público, pero buscando beneficiarse en privado en contra turno, incumpliendo horarios, manteniéndose esta condescendencia, porque no se pueden mejorar los salarios. Cuando hay experiencias muy favorables de hospitales que tienen contratos flexibles, como el Garrahan, el Cruce, el hospital de Niños Orlando Alassia, etc, que admiten dedicaciones extendidas y captar equipos de trabajo, que acortan la curva de aprendizaje tecnológico. El sistema público y privado de salud no pueden invertir, porque están trabajando en zona de pérdida.

No se puede dar todo a todos no alcanza, no es momento de retirar derechos tampoco, sino de sostenerlos, de asegurar los flujos productivos para que los prestadores de salud puedan brindar el servicio, esta faltando debate imaginación despojarse de intereses para poder salir de este estancamiento.

Hacen falta algunos avances en la estructura institucional del país como la agencia de evaluación de tecnologías sanitarias, y una agencia de calidad que acredite las prestaciones y los procesos de las instituciones de salud, para que trabaje en las próximas décadas para transformar los seguros sociales de salud y los prestadores privados, las prepagas y los efectores públicos de salud.

La crisis actual está generando más desigualdad. La política social se está centrando en las clases más postergados en forma distributiva, pero que no actúa sobre las causas de base, la justicia fiscal también requiere identificar y determinar responsabilidades, no colectivizar las respuestas universales generales, con ello pasar de la macroeconomía del gasto social a la micro del bienestar residual de las personas manteniendo la perspectiva de la generación. El que exista futuro para los jóvenes es que hay que mantener el presente sostenible para nosotros.

Los economistas welfaristas resultan más teóricos y menos prácticos en cuanto a la toma de decisiones, porque no aceptan la restricción presupuestaria dada, aunque sus argumentos sean consistentes. Son los preferidos por la industria farmacéutica y otros lobbies de la innovación sanitaria.

Final y conclusión.

Los derechos no son solo para promulgarlos sino para darlos a conocer y honrarlos, no son batallas revolucionarias, son la evolución de una sociedad que quiere vivir mejor, pero hay que realizar enfoques en correspondencia con los recursos que verdaderamente se cuentan.

Existe una sensación que nos invade en cada amanecer, la sensación generalizada y crónica de la crisis y las políticas aplicadas de ajuste permanente. La expectativa entre lo que podíamos tener y no hemos tenido. Estamos frente a la realidad que nada es gratis y que sin bases económicas y sin cumplimiento fiscal.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

Un comentario en “Argentina, sociedad welfarista, benefactora e hipócrita.

  1. Comparto plenamente tu pensamiento y tu desazón. Y agrego: el pensamiento crítico se transformó en un consignismo vacío de todo contenido. La discusión política descendió a cloacas que en otros tiempos no hubiéramos tolerado, sólo en homenaje a la honestidad intelectual y la autoestima. Hay que pasar de la consigna al pensamiento. Leer lo que se escribe y ver lo que se hace en los pocos sitios que todavía quedan en el mundo donde es posible construir futuros inciertos sin reivindicar y/o reiterar fracasos verificables. Aplaudo tu valentía y me sumo a tu intento.

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