La muerte esta tomando con nosotros un café.

Introducción:

Empezaré la mención a este tema con un escrito de Madame de Servigné en 1689 “¡Cómo será nuestra ceguera que, aunque avanzamos sin cesar hacia nuestro fin y cada vez somos más muertos que vivos, esperamos los últimos suspiros para sentir lo que la sola idea de la muerte debería inspirarnos en todos los momentos de la vida!”

Esta idea la apoyaba Platón (387 a.c) cuando decía que “la vida es un entrenamiento para la muerte”

Autores como Marian Alizade (1996) manifiestan que “nadie tiene experiencia de su propia muerte de forma directa, sí en cambio, representaciones del objeto “muerte” que se inscriben en los sistemas mnémicos…Se puede, pues, enunciar que no hay representaciones de la muerte, pero sí, representaciones acerca de la muerte”.

André Green (1991) respalda la teoría de Freud, y nos ayuda a entender la idea de que la noción de muerte no existe en el inconsciente “No basta con decir que nuestro yo conoce experiencias de aniquilamiento, o de peligro de aniquilamiento, para sostener en razón de ello que existe una idea de la muerte. Creo que una de las cosas que nos permite enfrentar la muerte es, precisamente, que no hay idea de muerte en el inconsciente. Por otra parte, construimos siempre una proyección narcisista de lo que ocurriría tanto después de la muerte individual como de una destrucción colectiva”

El religioso portugués Francisco de Santa María en 1697 describe en forma discepoliana la relación univoca entre la peste y el coronavirus, y escribió:

La peste es, sin duda alguna, entre todas las calamidades de esta vida, la más cruel y verdaderamente la más atroz. Con gran razón se la llama el mal por antonomasia. Porque no hay en la tierra mal alguno que sea comparable y semejante a la peste. En cuanto en un reino o una república se enciende este fuego violento e impetuoso, se ve a los magistrados estupefactos, a las poblaciones asustadas, al gobierno político desarticulado. La justicia ya no es obedecida: los talleres se detienen; las familias pierden cohesión y las calles su animación. Todo queda reducido a extrema confusión. Todo es ruina. Porque todo es alcanzado y derribado por el peso y la enormidad de una calamidad tan horrible. Las gentes, sin distinción de estado o de fortuna, quedan ahogadas en una tristeza mortal. Sufriendo unos la enfermedad, otros el miedo, se ven enfrentados, a cada paso, bien a la muerte, bien al peligro. Los que ayer enterraban hoy son enterrados, y a veces encima de los muertos que ellos habían sepultado la víspera. Los hombres temen incluso el aire que respiran. Tienen miedo de los difuntos, de los vivos y de ellos mismos, puesto que la muerte frecuentemente se envuelve en los vestidos que se cubren y que en su mayoría sirven de sudario, debido a la rapidez del desenlace. Las calles, las plazas, las iglesias sembradas de cadáveres, presentan a los ojos un espectáculo lastimoso, cuya vista vuelve a los vivos celosos del destino de los que ya están muertos. Los lugares habitados parecen transformados en desiertos y, por si sola, esta soledad inusitada incrementa el miedo y la desesperación. Se rehúsa toda piedad a los amigos, puesto que toda piedad es peligrosa.

Autorreferencia:

La autorreferencia es un signo de senectud, la experiencia no es tan útil, lo que sirve es la evidencia, a pesar de ello realizaré un mención al conflicto personal, porque lo comparto con muchos de mis colegas, diré que tengo miedo, miedo a desamparar a mis seres queridos, a no cumplir con algunos proyectos pendientes, como ver crecer a todos mis hijos, que sean felices, a mi nieta y los que vendrán, Devolverle a mi esposa todo lo que me dio. En lo profesional, seguir aprendiendo cada día, ayudar a mayor cantidad de personas, y otros aspectos de la integralidad del concepto, entre ellos continuar trabajando en el hospital que lo hago, hacer crecer este blog, otras muy lindas proyecciones que antes de la pandemia me habían convocado, abrir un hospital, hacer un plan estratégico, desarrollar una escuela de Medicina y me gustaría concretar, poder dejar algunas facilidades a mis hijos más allá de la educación superior y la pasión que les he transmitido, en ser fundamentalmente buena gente.

Pedirles perdón sincero porque no fui un buen padre, y cometí muchos errores. Errores que también cometieron mis padres y sin embargo no pude corregir. Mi madre que esta sola y no la podemos ver. Mis hermanos que todo el día nos comunicamos. Siempre quedará algo por hacer, una página por leer, algún sueño que estará en el vacío de la existencia finita, de ser uno entre 7800 millones de seres, y ser esa razón infinitesimal que nadie recordara, de llevar tan pocos segundos el testigo de la humanidad.

Temor que tenemos todos los agentes del servicio de salud, además de ser una pareja de médicos. Mi compañera que también administra recursos de salud y es jefa de un servicio asistencial.

Riesgo de ser agentes de salud que enfermaremos el 13%, y entonces tendremos menos gente para atender. Siendo los profesionales un grupo vulnerable, que esta exponiéndose sin la protección adecuada.

En no tener camas suficientes, que no alcancen los respiradores, los enfermeros y los médicos, tener que realizar triage, recordando que mi primer paper, hablaba sobre normas para pacientes con nula o baja capacidad de sobrevida en terapia intensiva, en 1990.

Ese temor no me inmoviliza, pero obviamente tengo temor que el recuerdo posterior, no incluya con afecto la pasión por el hecho de primero ayudar a los semejantes, desde la profesión de medico, e integrar un numeroso equipo preocupado que obra para atender y readaptar un sistema de atención para atender la emergencia, sectorizar otras patologías habituales que tienen también la emergencia.

Sentir miedo a no estar más al frente de un aula en la educación superior, en ese espacio de intercambio, y aprendizaje mutuo.

La muerte esta tomando con nosotros un café, parafraseando al poeta e interprete Catalán.

Los que nos mandan, nos recordarán con honores, pero que nuevamente quedarán ocultos en el recuerdo anónimo de quienes nos quieren, porque la vida y los negocios políticos deben continuar, tenemos otros problemas que con aplausos no compramos comidas, ni pagamos las cuentas.

Pedimos muy pocas cosas como médicos, una era no pagar ganancias por tener que trabajar de más arriesgando la vida y nos dicen que no corresponde porque se la tendrían que otorgar a todos. Y les respondo porque no. Nos dan cinco mil pesos. Cuanto por favor. Da ganas de rechazarlo. Pero no.

¿Porque?:

Al final nunca hicimos las cosas por ganar dinero, sino haríamos otras cosas menos sacrificadas y más rentables. Y si nunca lo hicimos por dinero, porque vamos a empezar hoy. Nuestra vocación jamás será mezquina, pero no nos tomen por tontos, que tengamos ganas de estudiar, de formarnos, de ser competentes, de ser buenos profesionales, no nos quita el derecho a peticionar, nos gusta ser agentes de salud pero no mártires.

No obstante si me toca, porque estoy en el bolillero, Moriré con hidalguía y estoicismo, con más cosas que me dejan en paz, que problemas de conciencia.

Tengo y tenemos aprensión y angustia, porque las condiciones en las cuales vamos a trabajar, estaremos al límite de los recursos, de la tecnología, de los equipos, y de los equipos de protección del personal, las personas que trabajan en el equipo multidisciplinario de atención, sin discriminación, todos los colectivos son importantes. Recelo de no poder proteger del todo a quienes trabajan con nosotros. Que se enfermen en el trabajo y afecten a sus familias. Tener dificultades en la cadena de suministros y los oportunistas miserables que ganan en estas situaciones, en la logística, en la llegada de los medicamentos a los depósitos, y todos estamos en lo mismo.

La muerte es un proceso que se inicia cuando empieza la vida, trae consigo esta paradoja, se nace para morir, pero en el intervalo entre ambos se tiende a disfrazar el peso de la despedida y a acomodarse en la cotidianidad, olvidando en el quehacer diario la última puerta que se abrirá y que se cruzará irremediablemente, tal vez por esta epidemia ocasionada por la inconciencia fundamental de unas de las potencias del mundo, a la cual luego que compramos los insumos y la tecnología que necesitamos para tratarla.

El miedo a morir en el ámbito colectivo:

La aparición de una nueva enfermedad infecciosa supone siempre una situación compleja, especialmente si lo hace como una epidemia de extensión o gravedad significativas. El miedo al contagio y lo que pase con el curso de la enfermedad, con el aislamiento, parálisis e incertidumbre global, el miedo a la muerte. Esta pandemia nos genera miedos pestes, guerras y tragedias naturales.

Pese a la modernidad de nuestro mundo hiperconectado, la humanidad sigue siendo muy, muy frágil. Y los miedos nos acosan como siempre. Pone en vilo a la omnipotencia y lo que puede comprar el dinero.

La inquietud que ha generado el Covid-19 encuentra eco en el temor que en el pasado sintieron las sociedades ante otras epidemias

La relación entre el hombre y la enfermedad es tan vieja como la propia existencia humana.

Hay más gente asustada que enferma hasta el momento, en esta etapa, por lo que se ve en España e Italia o Estados Unidos que asumió las bajas, como dijo Anthony Fauci, un epidemiólogo mundialmente reconocido, un catedrático que dijo podría tener entre 500 mil y 2,2 millones de muertos.

El miedo circula por el espacio público con la forma de la agresión, del temor a un otro Temor que se expresa en los cuerpos tapados con barbijos, pañuelos, bolsas y bidones, y en la violencia hacia otros, en la que se desdibuja el límite entre lo real y lo ficticio.

La metáfora del discurso sanitarista del virus como “enemigo interno” fomenta la idea de un enemigo invisible, contra el cual carecemos de la tecnología farmacéutica que combate al virus y evite su tormenta inflamatoria. El virus presente en los cuerpos de otros que debemos controlar.

La gran conmoción social origina el aumento de consultas con base en síntomas (la mayoría motivadas por el miedo) que recargan los sistemas de emergencias, las líneas de consultas telefónicas y las jornadas de trabajo.

La desconfianza hacia la argentinidad, la nacionalidad y hacia su Estado, tan ausente siempre, hace que las personas se sientan responsables de salvaguardar sus vidas por ello intentan proveerse de salud y pagar los planes de medicina prepaga. El miedo ha aumentado los requerimientos de ciertos productos, insólitas, como la vitamina C y trajo aparejado un aumento en sus precios, en barbijos, alcohol en gel, camisolines, etc.

El aumento en la demanda no se limita a los productos de higiene. En los últimos días antes de la cuarentena pudieron observarse largas filas en los supermercados y comenzó a hablarse de desabastecimientos y autoracionalización de las ventas.

La epidemia del COVID-19 actualiza aspectos centrales de las distopías del siglo XX que subrayan y expresan formas elementales de los miedos contemporáneos. En los imaginarios combina una amenaza concreta (el virus que puede contagiarnos) y una abstracta (que es invisible y no podemos precisar dónde está). Es una enfermedad a la que estamos expuestos más allá de nuestra voluntad, en la continuidad de la vida cotidiana: sabemos que los otros con quienes nos cruzamos en el transporte, en el trabajo, en los espacios de esparcimiento e incluso en nuestras propias familias pueden conducirnos el contagio de una enfermedad cuya cura no encuentra respuestas en el repertorio de fármacos disponibles. No hay peor temor que aquel que nos enfrenta a una amenaza que creemos no poder controlar.

Conclusión.

Como indicó el director general de la OMS, «este es el momento de los hechos, no del miedo; de la ciencia, no de los rumores; y de la solidaridad, no de la estigmatización».

Modestamente concuerdo, pero también digo que es interesante decirlo desde Ginebra. Lugar apacible si los hay. Luce con menos riesgo.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

Un comentario en “La muerte esta tomando con nosotros un café.

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