“inmunidad menguante”

Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD.

Incorporo en este posteo un concepto de inmunidad Menguante, que decae luego de los seis a ocho meses luego de la vacunación, este fenómeno se observa más en las personas de más de sesenta años. Dentro de los sistemas adaptativos complejos, el paradigma debe ser el sistema inmunológico, y su indescifrable networking, nos interpela constantemente para que revisemos nuestros protocolos. Usar relaciones causa efecto es lo que nos han enseñado, pero la complejidad de la expresión fenotípica de las enfermedades nos ha enseñado, que la forma en que se desarrolla los procesos fisiopatológicos, tienen una variabilidad asombrosa. Por lo tanto, en las afirmaciones debemos ser muy cautos, y estar alertas para modificar el sistema técnico de toma de decisiones.

Un profesional sanitario poniendo una vacuna frente al Covid-19 en Madrid (Foto: CAM)

“La inmunidad colectiva es el punto en el que hay suficientes personas que han sido infectados o vacunadas que básicamente no se puede mantener la transmisión comunitaria”, dijo Murray.

El Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, ha dicho que se podría alcanzar la inmunidad colectiva si el 70-85% de las personas son inmunes. “Si vacunamos al 70% de toda la población estadounidense, incluidos los niños, y luego otro 15-20% ya se ha infectado, creo que estamos bastante cerca de alcanzar la normalidad con el virus”, dijo.

Desde finales del año pasado, hemos escuchado que las vacunas de Pfizer y Moderna son “95% efectivas” con una eficacia aún mayor contra enfermedades graves(“100% efectivas”, dijo Moderna).

Independientemente de lo que uno piense sobre las afirmaciones de “95% de eficacia” (mis pensamientos están aquí), incluso los comentaristas más entusiastas han reconocido que medir la eficacia de lavacuna dos meses después de la dosificación dice poco sobre cuánto tiempo durará la inmunidad inducida por la vacuna. “Vamos a mirar muy atentamente la durabilidad de la protección”, dijo el vicepresidente senior de Pfizer, William Gruber, autor de la reciente preimpresión, al comité asesor de la FDA en diciembre pasado.

La preocupación, por supuesto, era la disminución de la eficacia con el tiempo. La “inmunidad menguante” es un problema conocido para las vacunas contra la influenza, y algunos estudios muestran una efectividad casi nula después de solo tres meses, lo que significa que una vacuna tomada a tiempo puede finalmente no proporcionar protección para cuando llegue la “temporada de influenza” algunos meses después. Si la eficacia de la vacuna disminuye con el tiempo, la pregunta crucial es ¿qué nivel de efectividad proporcionará la vacuna cuando una persona esté realmente expuesta al virus? A diferencia de las vacunas contra el covid, el rendimiento de la vacuna contra la influenza siempre se ha juzgado durante una temporada completa, no un par de meses.

Así que los recientes informes del Ministerio de Salud de Israel me llamaron la atención. A principios de julio, informaron que la eficacia contra la infección y la enfermedad sintomática “cayó al 64%”. A finales de julio había caído al 39% donde Delta es la cepa dominante. Esto es muy bajo. Para contextualizar, la expectativa de la FDA es de una eficacia de “al menos el 50%” para cualquier vacuna aprobable.

Ahora Israel, que utilizaba casi exclusivamente la vacuna de Pfizer, ha comenzado a administrar una tercera dosis de “refuerzo” a todos los adultos mayores de 40 años. Y a partir del 20 de septiembre de 2021, EE.UU. planea seguir su ejemplo para todos los adultos “completamente vacunados” ocho meses después de su segunda dosis.

En realidad, se trata de una variante de la inmunidad funcional. En este escenario los que se han infectado o han recibido la vacuna perderían la protección con el tiempo, pero incluso aunque la inmunidad decaiga, las reinfecciones serían menos graves. Nunca se enfermería con la misma gravedad que en el primer episodio. El individuo de Hong Kong, pero no el de Reno, puede ser un ejemplo de este escenario.

Este patrón es el que se observa con los cuatro coronavirus -OC43, 229E, NL63 y HKU1- que causan alrededor del 15% de los catarros comunes, donde la población puede reinfectarse en un, relativamente, corto periodo de tiempo. Hace tres décadas científicos británicos reportaron que al año de infectar deliberadamente a un grupo de voluntarios con el coronavirus 229E, dos tercios, al exponerlos nuevamente, volvieron a reinfectarse por el mismo virus. No obstante, el periodo de excreción vírica fue más corto en el segundo episodio y ninguno desarrolló síntomas catarrales. En un ambicioso estudio más reciente, preprint, investigadores holandeses siguieron durante 35 años a diez personas sanas, a las que midieron periódicamente los niveles séricos de anticuerpos dirigidos contra los cuatro coronavirus. A los doce meses de una infección, las reinfecciones fueron frecuentes y se observaron reducciones sustanciales en los títulos de anticuerpos tan precozmente como a los seis meses postinfección, aunque con una mediana de treinta meses. El autor principal del paper comentó que ese descenso inmunitario es el escenario más probable para el SARS-CoV-2. Se desconoce por completo cuáles serán los síntomas clínicos en las reinfecciones, pero pudieran ser peores, similares o menores.

Florien Krammer es de la opinión de que el escenario global será una mezcla de todos ellos. Algunas personas desarrollarán inmunidad esterilizante, mientras que otras entrarán en las categorías de inmunidad funcional o menguante. El resultado neto será el de un panorama en el que la gravedad de la enfermedad no será el mismo que en su momento llevó a la mayoría de países a adoptar medidas extraordinarias de confinamiento. La mayoría de los que hayan padecido la enfermedad o hayan sido vacunados estarán protegidos de la enfermedad y con escasa excreción vírica en caso de infección; puede que desconozcan que han estado infectados y por lo tanto, desconocer su papel en la transmisión del virus.

“La pregunta es qué tanto”, dijo. “Si la inmunidad natural (por la infección) está disminuyendo, digamos, entre un 20% y un 30% en el transcurso de un año o más, ¿una vacuna será solo un 10% (menos efectiva)? Estas son cosas que simplemente no sabemos”.

Con dos problemas potenciales en el horizonte –la inmunidad menguante y la posibilidad de variantes nuevas y más peligrosas— Murray dijo que muchos científicos creen que “la gente va a terminar vacunándose de forma regular”.

Esto sería similar a cómo las personas reciben una nueva vacuna contra la gripe cada año.

El covid-19 “puede existir para siempre, pero puede que no sea tan severo como lo ha sido esta vez”, dijo. “Esa es ciertamente la esperanza”.

Espero que los equipos de salud, que los ancianos, que los pacientes trasplantados de tumores sólidos, luego de completar el esquema actual, debemos explorar la necesidad de dar una tercera dosis, a partir de noviembre, para evitar la penetración en las personas más susceptibles, y esenciales deberían recibir ocho, nueve meses después un refuerzo. Supongo, de acuerdo a lo que pasa en Israel y los EE.UU. que esta iniciando un proceso de administración de un refuerzo.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

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