Inversión en Salud: Fronteras entre Tecnología y Equidad

People entering and exiting City Health Collective, including seniors, families, and individuals with mobility aids

Editorial Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD.

Es complejo determinar hacia dónde va el sistema de salud Argentino, desde el financiamiento y la recaudación, de las obras sociales nacionales y provinciales, los profesionales que están empleados en el sistema penan lastimosamente por sus ingresos (enfermeros, técnicos, médicos, licenciados y administrativos), la sostenibilidad de los tratamientos cada vez más caro, la efectividad clínica de las innovaciones, los intereses que se movilizan detrás de cada evolución de la tecnología en fármacos, en técnicas, en dispositivos y en imágenes diagnósticas, en la evolución de las enfermedades y la expectativa de vida de este ser humano, que está transitando una transición a vivir muchos más años que su fisiología locomotora y mental se lo permiten. A medida que la medicina avanza, surgen nuevos desafíos; aquellos que integran el sistema ven solo por el caño de escopeta de su especialidad, no pensando en el entorno, preguntándonos cómo podremos hacerlo; si bien sabemos cómo hacerlo, el problema radica en qué intereses se movilizan o se friccionan, con el interés común y no de los «inversores», los que invierten en tecnologías que no mejoran la calidad de vida, en tecnologías que son para quienes la puedan financiar y pagar.

El financiamiento es insuficiente por la inflación en salud un 32% superior a la inflación del resto de la economía, en los últimos seis años, y porque el salário real esta perdiendo frente a la inflación, con lo cual la recaudación baja. Las provincias están equilibrando sus cuentas recién en este año, no invierten más en salud, sostienen lo que tienen, con deficit de todas las obras sociales provinciales. Por el recorrido que está teniendo estos dos años, se ha profundizado la desigualdad que ya era notoria.

Cuando nos enfrentamos ante una decisión estratégica en la planificación, ¿qué orientación tendrá nuestra decisión? ¿hacia donde va el sistema? a una concentración peligrosa, puesto que la teoría económica del presidente, supone que los monopolios no son necesariamente malos. Porque facilitan la recaudación de impuestos, permiten ejercer el control estratégico, especialmente en la energía y generan economías de escala. «En un marco de intercambios libres, la situación en la cual un productor se queda con todo el mercado es resultado de haber sido exitoso en satisfacer las necesidades de su prójimo brindándole un producto de mejor calidad a menor precio».  En nuestro mercado esto no estaría funcionando.

Cuando se me pregunta en qué invertir, diría siempre en recursos humanos, en los suficientes y bien pagados, ya que son la columna vertebral de cualquier organización. Con eso, en la institucionalidad, se fortalecen los vínculos entre los diferentes actores del sistema; con todo lo que ello implica, desde una atención al cliente más eficiente hasta una mejor implementación de políticas de salud. Luego diría que es crucial invertir en el tratamiento de la obesidad, de la diabetes, de la hipertensión y de la hiperlipidemia, enfermedades que están en aumento y que representan una carga significativa para la sociedad.

Otra pregunta que surge¿en qué es mejor invertir?, Con un diez por ciento de pacientes diabéticos, con un 30% de pacientes hipertensos, con un 60% de la población con exceso de peso, con el fantasma del sedentarismo, de la elevación farmacológica y de las drogas de abuso, con la marginalidad que genera la expulsión del sistema social, de una sociedad que en aras de la concentración, cada vez deja a más gente marginada de los más elementales cuidados. Esta población está ahí, permaneciendo, sin metas, sin objetivos, sin respuestas, por una sociedad que lo prometió todo, sin sacrificio y no le dio nada. Se debería invertir allí.

Las inmunizaciones también cristalizan la desigualdad, porque las clases bajas tienen menos índice de vacunación, no por falta de vacunas sino porque no están obligados.

Hoy, frente a una realidad que no se buscó, pasa de nuevo la salud toda a estar al margen, a ser una responsabilidad individual, mientras escuchamos que las cuentas públicas dan, que hablamos del superávit, de las inversiones extractivas, de la cosecha, de la posibilidad de generar más riquezas. Pero, ¿quién las distribuirá? ¿Cómo el sistema de salud ayudará en este sentido? ¿Qué nos espera ante tanta longevidad azarosa e impávida, del individualismo extremo, de tantas familias que deben sacrificarse por sus cercanos, con discapacidad, postergados en el hambre previsional, en un sistema de cobertura que da lo que puede y solo ante quien demande?

Porque no organizamos una red, una red de individuos nominalizados y georreferenciados, que tengan un grupo de profesionales responsables y que pertenezcan a instituciones a las cuales deban concurrir, ya que sus conductas afectan a la sociedad toda.

Con la disminución de la inversión pública en salud, que compite con otros aspectos reclamados por la sociedad y que son mucho más efectivos a la hora de elegir candidatos, ya que se ha naturalizado que la salud es una responsabilidad individual, es preocupante observar cómo esta percepción puede llevar a una desatención crítica de un derecho fundamental. Qué, en parte, es cierto, pero algo debe equilibrarse en función de la presión de esta sociedad que tiene cierta amnesia del pasado y siempre lo romantiza, creyendo que vivimos mejor, como en una época de gloria pasada inexistente. Este tipo de idealización impide un análisis realista y objetivo de nuestras actuales condiciones de vida y de la importancia de un sistema de salud sólido y accesible para todos. Los que acumulan no cederán sus riquezas, ni aumentarán sus riesgos si no están dadas las condiciones, asegurando así la permanencia de su estatus económico en un entorno donde la desigualdad sigue creciendo exponencialmente. No hay dudas que por el capitalismo se debe ir, pero no solo con las reglas del libre mercado, sino también abogando por una política que priorice el bienestar común y el acceso equitativo a la salud, porque una sociedad que descuida estos aspectos no puede aspirar a un futuro justo y sostenible.

Hay tanto por hacer, por gestar, por gestionar, por debatir, por intentar modificar; mientras uno estabiliza el halo de su pequeño, gran lugar, impulsa un debate desinteresado en utilidades, y sí en la riqueza de un mayor bienestar, de acciones que modifiquen la realidad en relación a fundamentos concretos.

Desde donde realmente mejoremos la salud de la población, ninguna acción de la última milla debe suponer que solo la responsabilidad recae en los que dirigen, sino y principalmente en los que actúan, en el hermoso encuentro entre dos expertos. Si no se cumple, si no se le da el tiempo a los pacientes, a aquellos que formamos para que nos sucedan, no tendremos oportunidad de cambiar la realidad. La salud no puede ser un bien de consumo, debe ser un derecho inalienable, donde la equidad y la justicia social sean los pilares de un sistema que aspire a ser integral, con atención a la diversidad y a las realidades de cada individuo.

Es imperativo disminuir todas las barreras de accesibilidad, como las económicas, geográficas y culturales, buscar a aquellos que no están diagnosticados y ponerlos bajo los programas de estratificación adecuados, para que reciban la atención necesaria. Además, debe fomentarse la generación de conciencia sobre estas condiciones, donde ninguna vía de comunicación debe ser considerada ineficaz, ya que cada mensaje bien dirigido puede marcar la diferencia.

En la gestión, siempre se debe actuar en los tres niveles; si no cambiamos la mentalidad de los jefes, medios directores y jefes de servicio, así como la de los profesionales, no se modificará nada en este sistema, ya que ellos juegan un papel crucial en la transformación del enfoque de atención.

También resulta vital la inversión en tecnología costo-efectiva en relación con esos objetivos, que cuente con una tasa de retorno adecuada. Recordemos que siempre la oferta en salud es generadora de demanda, y en general, se percibe como superflua, haciendo que aquellos que realmente necesitan atención médica cada vez estén más postergados, lo cual es un dilema que debemos resolver urgentemente para mejorar la salud de la población y optimizar los recursos disponibles.

No se debe subestimar la importancia de la formación continua, ni la motivación de los profesionales que están al frente, quienes deben ser capaces de adaptarse a las constantes evoluciones que impone la tecnología y el conocimiento. Estos profesionales no solo deben recibir formación técnica, sino también desarrollar habilidades interpersonales y de comunicación que les permitan entender mejor las necesidades de sus pacientes. Si no se disminuyen las barreras económicas al acceso, no se generará ninguna mejora; los tratamientos deben ser accesibles, seguidos, incentivados y premiados, creando así un sistema que valore el esfuerzo y la dedicación. La gente que se esfuerza y lo demuestra debiera tener un premio, porque disminuir la tensión sobre el sistema colabora en todos. Este reconocimiento no solo motiva a los profesionales, sino que también fomenta un ambiente en el que el trabajo en equipo y la colaboración se convierten en pilares fundamentales. Debemos establecer metas claras y medibles que guíen nuestras acciones hacia un futuro donde la salud se considere una inversión social, y no simplemente un gasto.

Un futuro donde todos, independientemente de su condición socioeconómica, puedan acceder a los servicios que necesitan, donde la prevención sea un objetivo prioritario y donde se eduque a la población sobre hábitos saludables, promoviendo la importancia de la actividad física, la nutrición balanceada y el bienestar emocional. Fortaleciendo así la comunidad en su conjunto y construyendo un sistema de salud más resiliente y equitativo, se facilitarán no solo tratamientos más efectivos, sino también un cambio cultural en torno a la salud, permitiendo a las futuras generaciones disfrutar de una mejor calidad de vida.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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