Detrás de la campaña para obtener una vacuna contra el fentanilo
Nota del blog: Síntesis ejecutiva

La posibilidad de desarrollar una vacuna contra el fentanilo representa una de las líneas de investigación más innovadoras dentro de la respuesta biomédica a la crisis de opioides sintéticos. A diferencia de los tratamientos actualmente disponibles, que actúan después de la exposición o sobre los receptores cerebrales relacionados con la dependencia, esta estrategia propone una intervención preventiva: inducir una respuesta inmunitaria capaz de reconocer el fentanilo en la sangre, unirse a sus moléculas e impedir que atraviesen la barrera hematoencefálica. Si el fármaco no alcanza el sistema nervioso central, se reducirían tanto sus efectos euforizantes como el riesgo de depresión respiratoria, principal mecanismo de muerte en las sobredosis por opioides.
El concepto no debe interpretarse como una vacuna clásica contra una infección, sino como una inmunoterapia dirigida contra una sustancia química. Su objetivo no sería “curar” por sí sola el trastorno por consumo de opioides, sino constituir una herramienta adicional dentro de un abordaje integral que incluya tratamiento médico, apoyo psicosocial, reducción de daños, seguimiento clínico y políticas públicas. En términos estrictos, la vacuna podría contribuir a evitar recaídas, reducir el efecto reforzante del fentanilo y prevenir exposiciones accidentales o deliberadas de alto riesgo, pero no eliminaría por completo los factores neurobiológicos, conductuales y sociales que sostienen una adicción.
Fundamento científico de la propuesta
El fentanilo plantea un desafío particular porque es una molécula pequeña, muy potente y de rápida acción. Por sí solo, el sistema inmunitario no lo reconoce eficazmente como una amenaza, ya que no se comporta como un virus, una bacteria o una proteína extraña de gran tamaño. Para superar esta limitación, los diseños vacunales en estudio recurren a una estrategia de conjugación: se une un fragmento sintético relacionado con el fentanilo a una proteína transportadora capaz de activar la respuesta inmunológica. En los desarrollos descritos, dicha proteína transportadora es CRM197, una forma inactivada de toxina diftérica utilizada en otras vacunas, junto con un adyuvante denominado dmLT, destinado a amplificar la respuesta inmunitaria.
El mecanismo esperado consiste en generar anticuerpos antifentanilo circulantes. Ante una exposición posterior, esos anticuerpos se unirían al fentanilo en el torrente sanguíneo y formarían complejos de mayor tamaño que no podrían cruzar con facilidad hacia el cerebro. De ese modo, la droga quedaría en gran medida retenida fuera del sistema nervioso central y luego sería metabolizada y eliminada por el organismo. La relevancia clínica de esta estrategia radica en que los efectos más peligrosos del fentanilo —la euforia que refuerza el consumo y la depresión respiratoria que produce sobredosis fatal— dependen de su llegada al cerebro y de su acción sobre receptores opioides.
Diferencias con los tratamientos disponibles
La vacuna se diferencia de la naloxona, la buprenorfina, la metadona y la naltrexona por su punto de intervención. La naloxona revierte una sobredosis ya iniciada, por lo que requiere reconocimiento rápido de la emergencia, disponibilidad del medicamento y administración oportuna. La buprenorfina y la metadona son tratamientos eficaces para el trastorno por consumo de opioides, pero actúan sobre receptores opioides y requieren continuidad terapéutica. La naltrexona bloquea receptores opioides, pero su efectividad depende de la adherencia y de condiciones clínicas específicas. En cambio, la vacuna busca actuar antes de que el fentanilo ejerza sus efectos centrales, por lo que podría funcionar como una barrera biológica preventiva.
Esta diferencia no implica que la vacuna reemplace a los tratamientos existentes. Su valor más probable sería complementario. Podría integrarse a programas de tratamiento para personas con trastorno por consumo de opioides, particularmente en etapas de recuperación en las que el riesgo de recaída y sobredosis es elevado. También podría considerarse en contextos de exposición accidental, como el contacto con drogas adulteradas o pastillas falsificadas que contienen fentanilo sin que el usuario lo sepa. Sin embargo, la vacunación no resolvería por sí misma la dependencia psicológica, los síntomas de abstinencia, los determinantes sociales del consumo ni la disponibilidad de sustancias ilícitas.
Estado actual de la investigación
La evidencia preclínica disponible es prometedora. En modelos animales, la vacunación produjo anticuerpos capaces de bloquear los efectos conductuales y fisiológicos del fentanilo, incluida la depresión respiratoria. Estos resultados permitieron avanzar hacia ensayos en humanos. En 2026, ARMR Sciences comunicó datos preliminares de fase 1/2 que indican la generación de una respuesta inmunitaria antifentanilo en humanos y un perfil de seguridad favorable en los participantes dosificados hasta ese momento. La siguiente etapa prevista consiste en evaluar si esa respuesta inmunitaria se traduce en protección clínica frente a dosis controladas de fentanilo bajo estricta supervisión médica.
Pese a este avance, aún no existe una vacuna aprobada contra el fentanilo para uso general. Los datos disponibles deben interpretarse con prudencia, ya que demostrar inmunogenicidad —es decir, producción de anticuerpos— no equivale automáticamente a demostrar eficacia clínica en escenarios reales. Las sobredosis ocurren en contextos variables, con dosis desconocidas, mezclas de sustancias, diferencias individuales de metabolismo y distintos niveles de tolerancia. Por ello, la aprobación regulatoria requerirá estudios más amplios que establezcan seguridad, duración de la protección, dosis óptima, necesidad de refuerzos, eficacia frente a exposiciones relevantes y utilidad en poblaciones con trastorno por consumo de opioides.
Potenciales beneficios clínicos y de salud pública
Si se comprobara su eficacia, una vacuna contra el fentanilo podría aportar beneficios relevantes. En primer lugar, reduciría el riesgo de sobredosis en personas vacunadas expuestas al fentanilo, especialmente si los anticuerpos alcanzan títulos suficientes y se mantienen durante varios meses. En segundo lugar, al impedir o disminuir la llegada del fentanilo al cerebro, podría reducir el refuerzo positivo asociado a la euforia, lo que teóricamente ayudaría a disminuir recaídas en personas en tratamiento. En tercer lugar, permitiría una estrategia preventiva de larga duración, con posibles aplicaciones semestrales o anuales, lo que podría ser útil para quienes tienen dificultades para sostener intervenciones diarias.
Desde una perspectiva poblacional, su mayor aporte estaría en complementar las herramientas de reducción de mortalidad. Podría beneficiar a personas con trastorno por consumo de opioides, individuos que consumen sustancias con riesgo de adulteración, personal de emergencias, fuerzas de seguridad, personal militar u otros grupos con exposición ocupacional o accidental. No obstante, su implementación requeriría criterios claros, consentimiento informado, educación sanitaria y mecanismos para evitar falsas sensaciones de invulnerabilidad. Una vacuna preventiva mal comunicada podría generar conductas de riesgo si se interpreta erróneamente como protección absoluta frente a cualquier opioide o cualquier dosis.
Limitaciones científicas y clínicas
La principal limitación es la incertidumbre sobre su eficacia en condiciones reales. Los ensayos controlados pueden administrar dosis médicas de fentanilo bajo vigilancia, pero no pueden reproducir plenamente una sobredosis ilícita, en la que la cantidad consumida, la vía de administración y la presencia de otras sustancias son impredecibles. Además, algunos usuarios podrían intentar superar el bloqueo inmunológico consumiendo dosis mayores, lo que plantea un riesgo grave. También existe la posibilidad de que el mercado ilícito se desplace hacia opioides sintéticos diferentes, como nitazenos u otros compuestos, frente a los cuales una vacuna específica contra el fentanilo podría no ofrecer protección suficiente.
Otra cuestión relevante es la duración de la inmunidad. La protección dependerá de mantener niveles adecuados de anticuerpos antifentanilo. Si esos niveles disminuyen con el tiempo, podrían ser necesarias dosis de refuerzo. La frecuencia de aplicación tendrá consecuencias prácticas: un esquema demasiado frecuente podría dificultar la adherencia, mientras que uno demasiado espaciado podría dejar períodos de vulnerabilidad. También debe definirse cómo manejar situaciones médicas en las que el fentanilo se utiliza legítimamente para analgesia o anestesia. Aunque la especificidad de los anticuerpos permitiría recurrir a otros analgésicos o anestésicos, los equipos de salud deberían conocer el estado vacunal del paciente para planificar alternativas seguras.
Implicancias éticas, sociales y regulatorias
La eventual disponibilidad de una vacuna contra el fentanilo abriría debates éticos importantes. Su uso debería ser voluntario, basado en información clara sobre beneficios, incertidumbres y limitaciones. En poblaciones vulnerables, como personas con trastorno por consumo de sustancias, personas privadas de libertad o adolescentes y adultos jóvenes expuestos a drogas adulteradas, sería esencial evitar cualquier forma de coerción. La vacunación no debería utilizarse como sustituto de tratamientos integrales ni como condición punitiva para acceder a servicios, sino como una opción preventiva dentro de una estrategia sanitaria respetuosa de la autonomía y la dignidad de las personas.
También será necesario evaluar la aceptación pública. El estigma asociado al consumo de drogas puede dificultar la adopción de una intervención de este tipo, tanto entre pacientes como entre familias y profesionales de la salud. Una comunicación responsable debería evitar mensajes simplistas: la vacuna no sería una licencia para consumir, no protegería necesariamente contra todos los opioides ni reemplazaría la naloxona, la atención de emergencia o los tratamientos farmacológicos existentes. Su legitimidad dependerá de evidencia robusta, vigilancia poscomercialización, equidad en el acceso y articulación con políticas de reducción de daños.
Conclusión
En conclusión, la posibilidad de realizar una vacuna para evitar la adicción o la sobredosis por fentanilo es científicamente plausible y se encuentra en una etapa de desarrollo clínico inicial. Su fundamento inmunológico es sólido: convertir una molécula pequeña y difícil de detectar en un blanco reconocible para el sistema inmunitario, de modo que los anticuerpos bloqueen su acceso al cerebro. Sin embargo, todavía no puede afirmarse que exista una solución aprobada, definitiva o suficiente por sí misma. La vacuna podría convertirse en una herramienta de prevención de gran valor, especialmente para reducir sobredosis y apoyar procesos de recuperación, pero su éxito dependerá de demostrar eficacia real, seguridad sostenida, duración adecuada, aceptación social y uso ético dentro de programas integrales de tratamiento y salud pública.
de junio de 2026
doi: 10.1001/jama.2026.6392
Ninguna droga ha tenido un mayor impacto en la crisis moderna de sobredosis que el fentanilo. Este opioide sintético es hasta 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más fuerte que la morfina, y puede ser letal en dosis tan pequeñas como 2 mg , el equivalente a unos pocos granos de arena. Si bien las muertes en EE. UU. por opioides sintéticos han disminuido , de aproximadamente 49 000 en 2024 a cerca de 38 000 en 2025, la sobredosis de fentanilo sigue siendo la principal causa de muerte en EE. UU. para personas de entre 18 y 44 años, lo que ha impulsado a los investigadores a trabajar intensamente en el desarrollo de herramientas de prevención.
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Una de estas herramientas es una vacuna que, tras años de prometedores estudios en animales, se está probando por primera vez en humanos. Si se demuestra su seguridad y eficacia, podría convertirse en el primer enfoque farmacéutico proactivo diseñado para prevenir la sobredosis de fentanilo y, potencialmente, tratar la adicción.
Históricamente, las vacunas dirigidas contra fármacos han sido difíciles de producir, afirmó Colin Haile, doctor en medicina e investigador en adicciones. Durante décadas, sus colegas intentaron —sin éxito— desarrollar inmunizaciones contra drogas como la cocaína e incluso la nicotina. Pero cuando comenzó a probar una vacuna contra el fentanilo en roedores en su laboratorio de la Universidad de Houston hace 10 años, finalmente lo logró.
«Los efectos de los primeros experimentos fueron tan drásticos que empecé a grabar vídeos de los animales», dijo. «Sabía que nadie lo creería». La alta dosis de fentanilo administrada dejó a sus roedores rígidos e incapacitados. En cambio, en los animales vacunados, fue como si no hubieran recibido ninguna dosis.
Haile y sus colegas publicaron sus hallazgos en 2022, y la vacuna experimental fue finalmente autorizada por una empresa emergente que él cofundó, ARMR Sciences, que ha comenzado los ensayos clínicos en humanos en fase inicial en los Países Bajos.
“Este medicamento preventivo, duradero y de larga duración, es el primero de su tipo y abordará la causa fundamental de una de las mayores crisis que enfrenta Estados Unidos en este momento”, dijo Collin Gage, cofundador y director ejecutivo de ARMR, en una entrevista con JAMA Medical News.Cómo funciona la vacuna
La vacuna propuesta contra el fentanilo adopta un enfoque marcadamente diferente al de las intervenciones existentes contra la sobredosis, concretamente la naloxona (comercializada como Narcan), cuyo objetivo es revertir una sobredosis inmediatamente después de que se produzca, cuando la droga ya ha entrado en el cerebro.
“El fentanilo llega al cerebro con extrema rapidez, y el Narcan, al ser reactivo, no es la solución óptima”, afirmó Haile, señalando que solo funciona si alguien reconoce la emergencia, tiene el medicamento a mano y lo administra a tiempo. Los tratamientos actuales para el trastorno por consumo de opioides, como la buprenorfina, la metadona y la naltrexona, también actúan sobre los receptores opioides del cerebro para reducir los antojos y los síntomas de abstinencia. Lo que distingue a la vacuna, según Haile, es que “impide que la droga llegue al cerebro”.
Sin embargo, ese concepto aparentemente sencillo requería superar un desafío inmunológico fundamental: el fentanilo es una molécula pequeña que evade la detección inmunológica.
«Entonces, ¿cómo se toma una molécula diminuta, que no es un patógeno, y se hace pasar por un fragmento de virus o bacteria?», explicó el Dr. Seth Toback, director médico de ARMR y responsable del desarrollo clínico de la vacuna. «Lo que se hace es unirla a una proteína más grande, de uso muy común, que sea lo suficientemente grande como para provocar una respuesta del sistema inmunitario».
En este caso, los científicos lo unieron a una toxina diftérica desactivada, el material de reacción cruzada 197 (CRM197), un compuesto que ya se utiliza en vacunas comercializadas. Para una mayor amplificación, también añadieron la toxina termolábil de doble mutante (dmLT), un adyuvante derivado de la bacteria Escherichia coli que, según Haile, ha sido probado con éxito en más de una docena de ensayos de vacunas. Estos dos componentes que estimulan el sistema inmunitario se unen a un fragmento sintético de fentanilo, una parte de la molécula que por sí sola no puede inducir euforia ni alivio del dolor.
“Cuando el sistema inmunitario de una persona se encuentra con esta combinación, genera anticuerpos contra el fentanilo”, explicó Toback. Si el fentanilo entra en el torrente sanguíneo, estos anticuerpos se unen a las moléculas, que de otro modo serían difíciles de detectar, y bloquean su paso a través de la barrera hematoencefálica. Haile añadió: “Ahora son demasiado grandes para penetrar en el cerebro, así que quedan atrapadas”.
En este punto, añadió, “no se siente la euforia ni ninguno de los efectos mortales asociados a la sobredosis”, incluida la depresión respiratoria, el principal mecanismo subyacente a las sobredosis fatales de opioides. Finalmente, el fentanilo se metaboliza y se elimina del cuerpo, principalmente a través de los riñones.Cómo se está probando
Haile, asesor científico de ARMR, confía en el perfil de seguridad de su vacuna, dado que sus componentes principales ya se han utilizado de forma segura en otras vacunas humanas. Gracias a esto y al éxito de los estudios de Haile, ARMR ha avanzado con un ensayo clínico simultáneo de fase 1 y 2 que combina las pruebas iniciales de seguridad con las evaluaciones tempranas de eficacia.
En este “modelo de desafío”, hasta 56 participantes sanos recibirán la vacuna en grupos de 8, y los investigadores irán aumentando la dosis a medida que avance el estudio. Una vez que los participantes alcancen una dosis específica de la vacuna y demuestren una respuesta inmunitaria significativa —definida por Toback como un aumento del doble en los niveles de anticuerpos antifentanilo—, podrán recibir una dosis controlada de fentanilo.
Los participantes son monitoreados en un entorno similar a un quirófano bajo la supervisión de un anestesiólogo antes de recibir dosis diseñadas para determinar si la vacuna puede prevenir los efectos respiratorios del fármaco. Una dosis inicial de grado médico normalmente deprimiría la respiración, seguida de una dosis posterior, «de tamaño quirúrgico, similar a la que provoca apnea», explicó Toback.
“Aunque esta dosis impide respirar, sigue siendo aproximadamente un tercio de una dosis letal”, señaló, y añadió que es “el modelo más seguro que podemos idear para demostrar la respuesta clínica”. Predice que los resultados les permitirán estimar cómo podría funcionar la vacuna frente a mayores cantidades de fentanilo en situaciones reales.
Ahí es donde la cosa puede complicarse, dijo Kathryn Frietze, doctora en genética molecular y microbiología, profesora asociada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nuevo México y una de las muchas investigadoras que trabajan en el desarrollo de vacunas contra las drogas de abuso.
Aunque “sería sorprendente que esta vacuna no fuera segura”, dijo, persiste una pregunta fundamental: ¿Funcionará en caso de sobredosis? “No se puede provocar una sobredosis intencionadamente, así que ¿cómo vamos a probar estos anticuerpos y asegurarnos de que habrá suficientes para bloquear la cantidad necesaria del fármaco en ese contexto?”.
Otra incógnita reside en la durabilidad de la vacuna. El seguimiento que el equipo de Haile realizó a los roedores en los estudios con animales duró aproximadamente seis meses, y durante ese tiempo observaron un bloqueo completo de los efectos del fentanilo. Haile sospechaba que esto podría traducirse en una duración mayor, en términos de años humanos, pero Toback afirmó que el objetivo en humanos es similar.
“Esto implicaría administrar la vacuna hasta dos veces al año, o incluso anualmente, lo cual tiene sus ventajas y desventajas”, afirmó. Si bien la menor cantidad de puntos de contacto con el sistema de salud podría dificultar la adherencia en poblaciones de alto riesgo, la naturaleza temporal de la protección permitiría a los pacientes recibir fentanilo con el tiempo para fines médicos legítimos o atención de emergencia.
Una vez que los investigadores concluyan el ensayo actual, planean tener listos los datos preliminares, sin información confidencial, en el último trimestre de 2026. Gage dijo que llevará estos resultados a la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos para discutir los próximos pasos, que probablemente incluirían un ensayo de fase 3 más amplio y una posible iniciativa para acelerar la autorización de uso de emergencia de la vacuna, considerando que la actual administración presidencial designó la droga ilícita como un » arma de destrucción masiva «.
Thomas Kosten, doctor en medicina, profesor de psiquiatría y farmacología en el Baylor College of Medicine y veterano en el desarrollo de vacunas contra las drogas, quien colaboró con Haile en las primeras etapas de la vacuna contra el fentanilo, afirmó que podrían considerar realizar un estudio de prueba de concepto de seguimiento en personas con trastorno por consumo de opioides, ya que se sabe que presentan cambios fisiológicos , principalmente en la estructura cerebral. Considera que un ensayo de fase 3 «definitivo» solo tardaría un año en completarse e involucraría a cientos de participantes, no a miles. «No es como una vacuna contra una enfermedad infecciosa», explicó. «Se trata de una población muy específica».¿Quién lo recibiría?
Según los investigadores, la aplicación más obvia de la vacuna sería entre las personas que sufren adicción y buscan tratamiento para el trastorno por consumo de opioides, donde podría servir como «una herramienta voluntaria en el camino hacia la recuperación», dijo Gage.
Pero una vacuna contra el fentanilo también podría tener aplicaciones más amplias entre los consumidores de drogas recreativas.
“Las sobredosis de fentanilo no solo les ocurren a quienes lo consumen intencionalmente”, afirmó Frietze. Esta droga se mezcla frecuentemente con otras sustancias y se encuentra en pastillas falsificadas, desde éxtasis hasta medicamentos para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) del mercado negro. Pruebas de laboratorio previas realizadas por la Administración para el Control de Drogas de EE. UU. (DEA) han revelado que más de la mitad de las pastillas falsificadas contienen una dosis potencialmente letal de fentanilo. “Las personas pueden estar expuestas sin saberlo”, agregó.
Según Toback, esa posibilidad ha llevado a los investigadores a considerar la posibilidad de contactar con otros grupos de riesgo, incluidos adultos jóvenes y estudiantes universitarios que «no tendrían ninguna posibilidad» si experimentaran con lo que creían que era un estimulante recetado que, en realidad, era un fármaco contaminado con fentanilo.
Gage afirmó que planean contactar a los padres de este grupo demográfico de adultos jóvenes para fomentar la aceptación de las vacunas. «Existe un estigma en torno al consumo de drogas», pero un enfoque basado únicamente en la abstinencia no es efectivo, añadió.
Toback, pediatra en ejercicio, también argumentó que la percepción pública del riesgo puede cambiar drásticamente cuando se dispone de herramientas preventivas eficaces. Señaló vacunas como las del virus del papiloma humano y la enfermedad meningocócica, que eran mucho menos conocidas por las familias hace una década, pero que ahora se recomiendan de forma rutinaria para adolescentes y adultos jóvenes. «La gente podría empezar a ver esto como una forma de protegerse contra un evento poco frecuente pero potencialmente devastador», afirmó.
La vacuna también podría ser útil para los socorristas y el personal militar, que pueden enfrentarse a un mayor riesgo de exposición accidental.
Kosten señaló que el fentanilo y compuestos relacionados pueden utilizarse como agentes incapacitantes. Citó la crisis de rehenes de Moscú de 2002 , en la que las fuerzas especiales rusas inyectó un opioide en aerosol, probablemente carfentanilo, en un teatro para someter a un grupo de rebeldes. La exposición provocó la muerte de más de 100 rehenes.
“Es una forma que tienen los terroristas de eliminar a mucha gente, y lamentablemente es una amenaza real”, dijo.Preguntas pendientes
Aunque la aprobación de la vacuna contra el fentanilo supondría un hito importante, incluso Gage reconoce que no sería la solución definitiva. «Siempre se puede sobredosificar la solución», dijo refiriéndose a la preocupación de que algunas personas vacunadas intenten consumir cada vez más fentanilo para conseguir sus efectos eufóricos. «Si no consiguen el subidón, ¿seguirán buscándolo? Eso es algo que tendremos que investigar y averiguar».
Pocos estudios han analizado la aceptación pública de una vacuna contra el fentanilo , y Frietze afirmó que será fundamental educar tanto a los pacientes como a los profesionales sanitarios sobre sus beneficios, limitaciones y riesgos. Según indicó, los médicos han expresado su preocupación por cómo esta vacuna podría complicar la atención médica, dado que el fentanilo sigue siendo un medicamento ampliamente utilizado para el control del dolor y la anestesia.
“¿Podrán aumentar la dosis de fentanilo por motivos médicos si fuera necesario, o esto eliminará por completo el fentanilo como opción?”, preguntó.
Los investigadores afirman que la especificidad con la que los anticuerpos de la vacuna atacan el fentanilo permite un tratamiento alternativo del dolor. Según Haile, los estudios realizados hasta la fecha no han mostrado ninguna interferencia con otros anestésicos de uso común, como la morfina y el propofol.
De igual modo, esa misma especificidad podría ser importante para quienes reciben otros tratamientos para el trastorno por consumo de opioides, como la metadona. «La vacuna no va a secuestrar la metadona ni a provocar el síndrome de abstinencia», afirmó Toback.¿Qué sigue?
Las sobredosis de fentanilo en Estados Unidos han comenzado a disminuir desde que alcanzaron un máximo histórico en 2022, y la aparición de opioides sintéticos más potentes mezclados con otras drogas callejeras puede hacer que cualquier mejora derivada de una vacuna contra el fentanilo sea efímera.
“La vacuna es una tecnología de plataforma que planeamos adaptar”, dijo Gage. Investigadores de ARMR han comenzado a fabricar y probar vacunas contra drogas sintéticas como nitazeno, medetomidina y metanfetamina, reemplazando el antígeno pero manteniendo el CRM197 y el dmLT. Muchos investigadores farmacéuticos, incluidos Frietze y Kosten, también están explorando tecnologías similares con otros compuestos.
“Cuanto mayor sea la potencia del fármaco, mejor candidato será para esta vacuna, por eso el fentanilo es el fármaco ideal”, afirmó Kosten, quien actualmente trabaja en una vacuna experimental contra la cocaína. El desafío, explicó, radica en los fármacos que se ingieren en mayores cantidades y, por lo tanto, requieren más anticuerpos. “Pero una vez que se domina la tecnología, no son muy difíciles de producir”.
Kosten considera que la vacuna contra el fentanilo es un medicamento potencialmente revolucionario que podría validar una categoría más amplia de tratamientos farmacológicos dirigidos, incluso en el campo de la inmunoterapia contra el cáncer, en la que «se podrían bloquear diversos tipos de sustancias químicas que parecen facilitar el crecimiento del cáncer».
Por ahora, dijo Haile, el objetivo es demostrar que este método puede neutralizar de forma segura uno de los opioides sintéticos más letales del mundo. «Sé que la sobredosis de fentanilo es prevenible», afirmó. «Y sé que esta vacuna puede salvar vidas».