Neoplasias mieloproliferativas

Qué hay de nuevo en fisiopatología y tratamiento

Resumen didáctico

Basado en:

Plo I, Vainchenker W. Myeloproliferative Neoplasms.

N Engl J Med 2026;395:788-802. DOI: 10.1056/NEJMra2507867

¿Por qué hablar hoy de neoplasias mieloproliferativas?

Las neoplasias mieloproliferativas (NMP) clásicas —trombocitemia esencial (ET), policitemia vera (PV) y mielofibrosis primaria (PMF)— son enfermedades clonales crónicas de la célula madre hematopoyética. En términos simples: una célula madre de la médula ósea adquiere una mutación que la hace producir, de forma descontrolada, glóbulos rojos, plaquetas o ambos, junto con un grado variable de fibrosis medular.

Comparten complicaciones temidas —hemorragia, trombosis y progresión a leucemia mieloide aguda (LMA)— y pueden evolucionar entre sí: la ET puede progresar a PV, y entre el 10 y el 20% de los casos de ET o PV terminan en mielofibrosis secundaria (post-ET o post-PV). Por eso la clasificación de la Organización Mundial de la Salud incluye hoy una cuarta entidad, la pre-mielofibrosis primaria, definida principalmente por hallazgos histológicos de médula ósea.

Idea central del artículo Isabelle Plo y William Vainchenker (Institut Gustave Roussy, INSERM) publican en NEJM una revisión que actualiza dos frentes: cómo se originan y evolucionan molecularmente estas enfermedades, y qué tan cerca estamos de tratamientos que no solo controlen los síntomas, sino que modifiquen —o incluso erradiquen— el clon enfermo.

El origen molecular: tres genes, un mecanismo común

Más del 90% de los casos de NMP se explican por mutaciones activadoras en uno de tres genes: JAK2 (la cinasa Janus 2), CALR (calreticulina) y MPL (el receptor de trombopoyetina). Todas convergen en un mismo resultado final: la activación constitutiva —es decir, permanentemente “encendida”— de la vía JAK2-STAT, con participación adicional de las vías RAS-MAPK y PI3K/AKT. El 10% restante de los pacientes es “triple negativo”, lo que complica el diagnóstico, especialmente cuando hay trombocitosis sin evidencia de hematopoyesis clonal.

Figura 1. Las tres mutaciones driver convergen en la activación de MPL y la señalización JAK2-STAT. Esquema propio elaborado a partir de Plo & Vainchenker, 2026.

Cada gen tiene su propia lógica bioquímica. La mutación JAK2 V617F —la más frecuente, ubicada en el dominio pseudocinasa— permite que JAK2 se autofosforile y active no solo al receptor de trombopoyetina (MPL), sino también al receptor de eritropoyetina y, probablemente, al del factor estimulante de colonias de granulocitos. Esto explica por qué el JAK2 V617F puede dar lugar a las tres enfermedades: ET, PV o PMF, según otros factores que se detallan más adelante.

Las mutaciones de CALR, en cambio, generan un “frameshift” (corrimiento del marco de lectura) en el exón 9, que produce una proteína con un nuevo extremo carboxilo-terminal cargado positivamente y sin el motivo KDEL que normalmente retiene proteínas en el retículo endoplásmico. El resultado es una CALR mutante que actúa como una verdadera “chaperona rebelde”: se une establemente a MPL y lo activa en la superficie celular, y además se secreta y puede estimular al propio clon mutado de forma autocrina o paracrina. Existen dos variantes principales —tipo 1 (deleción de 52 pb) y tipo 2 (inserción de 5 pb)— con comportamiento clínico distinto: la tipo 1 progresa más a mielofibrosis pero acumula pocas mutaciones adicionales, mientras que la tipo 2, más rara, se asocia a más comutaciones y peor pronóstico.

Las mutaciones de MPL —la más frecuente es la sustitución del residuo W515— inducen la dimerización espontánea del receptor incluso sin la unión de trombopoyetina, activándolo de forma constitutiva. A diferencia de JAK2 V617F, tanto CALR como MPL mutados quedan restringidos a los linajes megacariocíticos, por lo que solo dan lugar a ET y PMF, nunca a PV.

Un origen mucho más antiguo de lo que pensábamos

Uno de los hallazgos más llamativos de los últimos años —y que el artículo destaca especialmente— es que estas mutaciones driver no aparecen poco antes del diagnóstico: lo hacen décadas antes, incluso in utero en algunos casos documentados. Estudios de filogenia clonal y modelos matemáticos permitieron reconstruir la historia evolutiva de estos clones a partir de una sola muestra de sangre.

Figura 2. Latencia entre la adquisición de la mutación driver y el diagnóstico clínico. Datos de Plo & Vainchenker, 2026; esquema propio.

La velocidad de expansión del clon JAK2 V617F es enormemente variable —entre 3% y 190% de crecimiento anual—, lo que ayuda a entender por qué dos personas con la misma mutación pueden desarrollar la enfermedad en momentos muy distintos de la vida. Las mutaciones de CALR, en cambio, suelen adquirirse más tarde que JAK2 V617F, pero confieren una ventaja proliferativa mayor —una mayor “aptitud clonal”— lo que explica que las NMP con CALR mutada se manifiesten, en promedio, a edades más tempranas.

El “segundo golpe”: mutaciones que moldean la enfermedad

En aproximadamente la mitad de los casos, la mutación driver es la única alteración detectable. En la otra mitad aparecen mutaciones somáticas adicionales —no específicas de las NMP— que pueden preceder o seguir a JAK2 V617F, aunque casi siempre siguen a la mutación de CALR. Estas comutaciones se agrupan en cuatro grandes categorías funcionales:

CategoríaGenes representativosRelevancia clínica
Regulación epigenéticaTET2, DNMT3A, IDH1/2, EZH2, ASXL1Las más frecuentes; EZH2, ASXL1 e IDH1/2 se asocian a peor pronóstico en PMF
Splicing (corte y empalme)SF3B1, SRSF2, U2AF1Raras en PV, frecuentes en PMF; confieren ventaja de supervivencia a células madre envejecidas
SeñalizaciónSH2B3, NRAS, CBLModulan la intensidad de la señal oncogénica
TranscripciónTP53, RUNX1, NFE2Las mutaciones bialélicas (“multihit”) de TP53 predicen leucemia resistente al tratamiento

El número de comutaciones también varía según la enfermedad: en PV y ET suele haber una o dos como máximo; en PMF, en cambio, la carga mutacional es alta, y ciertas combinaciones —mutaciones en SRSF2, U2AF1-Q157, ASXL1, IDH1, IDH2 o EZH2— marcan un curso más agresivo. El propio tratamiento con ruxolitinib (un inhibidor de JAK1/JAK2) puede influir en qué subclones terminan predominando.

Inflamación: el motor oculto de la progresión

El artículo dedica un apartado central a un concepto que cambió la forma de entender estas enfermedades: la inflamación no es solo una consecuencia de las NMP, sino un motor activo de su evolución. Las propias mutaciones driver activan STAT3 y el factor nuclear κB (NF-κB), generando liberación de citocinas tanto en las células del clon mutado como en células sanas vecinas.

Figura 3. Círculo de retroalimentación entre mutación driver, inflamación y progresión clonal. Esquema propio a partir de los mecanismos descriptos en el artículo.

En la médula ósea, la interleucina-1β y el factor de necrosis tumoral α remodelan el nicho de la célula madre hematopoyética, favoreciendo la dominancia del clon mutado. El factor de crecimiento transformante β1 (TGF-β1), producido por los megacariocitos, impulsa la diferenciación de células mesenquimales en miofibroblastos y osteoblastos —la base celular de la fibrosis medular—. Además, neutrófilos senescentes y monocitos diferenciados en fibrocitos contribuyen directamente a ese proceso fibrótico. Por último, la inflamación también incrementa el riesgo trombótico, a través de la activación de endotelio, plaquetas y leucocitos, y de la formación de trampas extracelulares de neutrófilos.

Por qué importa en la práctica Esto explica por qué los inhibidores de JAK, aun sin eliminar el clon mutado, mejoran tanto la calidad de vida: actúan principalmente reduciendo la inflamación sistémica, lo que alivia la fatiga —uno de los síntomas más invalidantes— y disminuye el riesgo de trombosis.

El desenlace más temido: transformación a leucemia aguda

La progresión a leucemia mieloide aguda secundaria es el desafío clínico más grave de las NMP, con una supervivencia global mediana de apenas 3 a 5 meses tras la transformación. El riesgo acumulado varía sustancialmente según la enfermedad de base.

Figura 4. Riesgo acumulado de transformación a LMA secundaria según subtipo de NMP. Datos de Plo & Vainchenker, 2026 (referencia 47).

La transformación refleja la adquisición escalonada de lesiones genéticas adversas. Curiosamente, la LMA secundaria a JAK2 V617F suele perder la mutación original (JAK2 de tipo salvaje) con relativa frecuencia, mientras que esto es raro cuando el driver es CALR. Esto puede explicarse de dos maneras: la mutación driver aparece sobre una hematopoyesis clonal preexistente —impulsada por TET2 o DNMT3A— y la leucemia se desarrolla en el clon original; o bien la LMA y la NMP se desarrollan como dos clones independientes, y la inflamación inducida por JAK2 V617F termina seleccionando al clon leucémico, que supera al clon original. El trasplante alogénico de células madre hematopoyéticas sigue siendo la única opción curativa, aunque factible solo para una minoría de pacientes.

Tratamiento actual: controlar sin (todavía) curar

El tratamiento tradicional se centra en aliviar síntomas, prevenir la trombosis, controlar la mieloproliferación y normalizar el recuento de células sanguíneas. La estratificación de riesgo —distinta para cada enfermedad— determina la intensidad del tratamiento.

EstrategiaMecanismoRol actual
Flebotomía + aspirina en dosis bajaReduce rápidamente el hematocrito y el riesgo trombóticoPrimera línea en PV de bajo riesgo
HidroxiureaCitorreducción clásicaPrimera línea en alto riesgo; su rol en la progresión a LMA es controvertido
Interferón alfa pegilado (ropeginterferón)Induce agotamiento/apoptosis de las células madre que inician la enfermedadRespuesta hematológica en la mayoría de ET/PV; puede usarse en embarazo
Inhibidores de JAK1/JAK2 (ruxolitinib, fedratinib, momelotinib, pacritinib)Bloquean la señalización activa, sin distinguir JAK2 mutado del normalEstándar en PMF; reducen inflamación y esplenomegalia, beneficio en supervivencia modesto
Trasplante alogénico de células madreReemplazo del sistema hematopoyéticoÚnica opción curativa; reservada para PMF de alto riesgo o LMA secundaria

Un dato relevante: el interferón alfa pegilado es, hasta ahora, el único fármaco capaz de inducir una respuesta molecular profunda —reducción sostenida de la carga alélica mutante— y esa respuesta se asocia con menor progresión de la enfermedad. Es la primera pista sólida de que “modificar la enfermedad” es un objetivo alcanzable, no solo aspiracional.

El futuro: hacia terapias que modifican la enfermedad

La sección más novedosa del artículo describe una nueva generación de terapias diseñadas para atacar directamente a las células portadoras de la mutación driver, en lugar de solo controlar sus efectos. El razonamiento es simple: si la mutación aparece décadas antes del diagnóstico, dirigirse a ella tempranamente podría evitar —o al menos retrasar— toda la cascada de comutaciones e inflamación descripta más arriba.

Figura 5. Panorama de las principales estrategias terapéuticas dirigidas a los drivers moleculares, en desarrollo clínico o preclínico. Esquema propio a partir de las Tablas 1 y 2 del artículo original.

Inmunoterapia contra CALR mutante

Por su expresión específica en la superficie de las células mutadas, la CALR mutante es un blanco ideal para anticuerpos. El más avanzado, INCA033989, inhibe selectivamente la señalización JAK-STAT en células CALR-positivas e induce apoptosis de las células que originan la enfermedad; en un ensayo de fase 1 en ET refractaria, logró respuestas hematológicas y moleculares en más del 90% de los pacientes, con resultados preliminares alentadores también en mielofibrosis. Un segundo anticuerpo, JNJ-88549968, es biespecífico: reconoce simultáneamente CALR mutante y CD3, redirigiendo linfocitos T para destruir selectivamente el clon enfermo. En paralelo se investigan células CAR-T anti-CALR y vacunas, aunque el primer intento de vacuna (VAC85135) no demostró beneficio clínico.

Inhibición selectiva de JAK2 V617F

Los inhibidores de JAK aprobados hasta hoy (tipo I) se unen a la conformación activa de la cinasa, por lo que no distinguen entre JAK2 mutado y JAK2 normal, y su efecto sobre la progresión de la mielofibrosis es limitado. La nueva generación de inhibidores alostéricos (como INCB160058) y los inhibidores tipo II (como AJ1-11095) buscan justamente esa selectividad, uniéndose a dominios o conformaciones específicas del JAK2 mutado, y muestran actividad incluso en enfermedad resistente a ruxolitinib.

Combinaciones racionales

Dado que muchas comutaciones afectan la regulación epigenética, se están evaluando combinaciones de inhibidores JAK con fármacos dirigidos a otras vías: inhibidores BET y de LSD1 (regulación de la cromatina), inhibidores de MDM2 (estabilización de p53), de BCL-xL/BCL2 (supervivencia celular) y de XPO1 (transporte nuclear). Varias de estas combinaciones ya están en ensayos de fase 3, con señales de reducción de fibrosis medular y de la carga alélica mutante.

Los desafíos que quedan por delante El microambiente inflamatorio e inmunosupresor característico de las NMP puede limitar la eficacia de estas inmunoterapias. Además, todavía no sabemos con precisión en qué etapa de la enfermedad conviene intervenir, cómo afectan las comutaciones a la respuesta, ni qué ocurre si —al eliminar el clon dominante— se “desenmascaran” otras células madre mutadas que estaban compitiendo en silencio.

Mensajes clave

  • Tres genes —JAK2, CALR y MPL— convergen en una misma vía de señalización oncogénica (JAK2-STAT), lo que explica el origen común de ET, PV y PMF.
  • Las mutaciones driver aparecen décadas antes del diagnóstico clínico, abriendo una ventana real para la intervención temprana.
  • La inflamación no es un epifenómeno: es un motor activo de la dominancia clonal, la fibrosis medular y la trombosis.
  • El tratamiento actual controla síntomas y complicaciones, pero modifica poco la evolución de la enfermedad —con la excepción parcial del interferón alfa pegilado—.
  • Las nuevas inmunoterapias contra CALR mutante y los inhibidores selectivos de JAK2 V617F representan el cambio de paradigma más importante en dos décadas: pasar de controlar la enfermedad a intentar modificarla, o incluso erradicar el clon que la origina.

Veinte años después del descubrimiento de JAK2 V617F, empezamos a entender mejor por qué una misma mutación puede dar lugar a enfermedades tan distintas, y —por primera vez— a contar con herramientas capaces de apuntar directamente a la raíz molecular del problema. El desafío de la próxima década será definir cuándo y en quién conviene usarlas.

Referencia bibliográfica

Plo I, Vainchenker W. Myeloproliferative Neoplasms. N Engl J Med. 2026 Aug 20/27;395(8):788-802. DOI: 10.1056/NEJMra2507867.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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