Trump y el precio de los medicamentos

La política de la «Nación Más Favorecida»: qué se hizo, qué se logró y qué queda en duda

Dr. Carlos Alberto Díaz   ·   29 de septiembre de 2026

En síntesis Desde mayo de 2025, la administración Trump hizo de la brecha de precios entre Estados Unidos y el resto del mundo desarrollado el eje de su política de medicamentos. La herramienta se llama Nación Más Favorecida (NMF): que el país no pague más que el país comparable que menos paga. Se apoya en cinco instrumentos: acuerdos voluntarios con laboratorios, el portal TrumpRx, aranceles del 100 % a medicamentos patentados importados, los modelos obligatorios GLOBE y GUARD en Medicare y, paradójicamente, la negociación de precios de la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) heredada de Biden. El gobierno anuncia ahorros de 600 mil millones de dólares en diez años. Los analistas independientes son más prudentes: los acuerdos se concentran en Medicaid, sus términos no son públicos, TrumpRx no ofrece de manera sistemática el precio más bajo del mundo y los modelos de Medicare no garantizan que el ahorro llegue al bolsillo del paciente. Para América Latina, la advertencia es doble: el precio de referencia internacional no reemplaza a la evaluación de tecnologías sanitarias, y si los laboratorios suben precios fuera de Estados Unidos para compensar, parte de la cuenta puede terminar pagándose aquí.

1. El problema: por qué Estados Unidos paga más

Estados Unidos tiene menos del 5 % de la población mundial, pero concentra alrededor de la mitad del gasto global en medicamentos y paga con frecuencia precios entre tres y cuatro veces superiores a los de países de ingreso similar. La consecuencia no es solo fiscal: uno de cada cuatro adultos declara no comprar medicamentos recetados por su costo [1].

La explicación es institucional antes que económica. Estados Unidos carece de un mecanismo centralizado de fijación o negociación de precios de alcance nacional: el mercado privado descansa en intermediarios que negocian descuentos y reembolsos, Medicaid se apoya en reembolsos obligatorios, Medicare combina negociación pública y privada, y el Departamento de Asuntos de Veteranos usa topes legales. En cambio, en la mayoría de los países comparables existe una entidad pública que negocia o regula precios y decide la cobertura para toda la población [2].

Esos países usan dos herramientas principales. Algunos —Reino Unido, Suecia, Australia, Países Bajos— aplican evaluación de tecnologías sanitarias (ETS) y umbrales de costo por año de vida ajustado por calidad (AVAC). Otros —Austria, Bélgica, Canadá, Japón, Suiza— recurren a precios de referencia internacionales, tomando como ancla una canasta de precios de otros países [2]. La industria farmacéutica estadounidense logró durante décadas mantener la ETS fuera de Medicare con el argumento del racionamiento; de hecho, la propia IRA prohibió usar los AVAC en la negociación [1,2].

2. La lógica de la Nación Más Favorecida

La NMF reemplaza la pregunta incómoda de la ETS («¿vale este medicamento lo que cuesta?») por una pregunta de equidad mucho más potente políticamente: ¿por qué pagar más que los demás por el mismo producto? Wouters lo ilustra con claridad: resulta difícil defender que un medicamento cueste mucho más en una farmacia de Niagara Falls, Nueva York, que, al otro lado de la frontera, en Niagara Falls, Canadá; o que un techista de Frankfort, Kentucky, pague más por un oncológico que un banquero de Frankfurt, Alemania [1].

Pero la NMF tiene una segunda cara, explícita en el discurso oficial: no se trata solo de bajar precios en Estados Unidos, sino de empujar a los fabricantes a subirlos en el extranjero, para que los demás países «paguen su parte» del costo de la innovación farmacéutica [1,3]. Esa segunda cara es la que más debería preocupar a los sistemas de salud fuera de Estados Unidos.

3. Cronología: de la orden ejecutiva a los aranceles

FechaHito
12 may. 2025Orden ejecutiva 14297 «Delivering Most-Favored-Nation Prescription Drug Pricing to American Patients» [4].
31 jul. 2025Cartas a los principales laboratorios con los pasos exigidos para alinear precios con los del país desarrollado más barato [5].
30 sep. 2025Primer acuerdo NMF, con Pfizer [4].
6 nov. 2025Acuerdos con Eli Lilly y Novo Nordisk para bajar precios de los GLP-1 vía TrumpRx [6].
25 nov. 2025CMS publica los precios negociados (ley IRA) de 15 medicamentos para 2027, con ahorro estimado de 12 mil millones de dólares [7].
19 dic. 2025Nueve acuerdos NMF adicionales y propuesta de los modelos obligatorios GLOBE (Parte B) y GUARD (Parte D) [4,8].
1 ene. 2026Comienza el modelo voluntario GENEROUS para Medicaid (2026–2030) [6].
5 feb. 2026Lanzamiento de TrumpRx.gov, con 43 medicamentos [4,9].
2 abr. 2026Proclamación bajo la Sección 232: arancel del 100 % a medicamentos patentados y sus principios activos [10,11].
May.–jun. 2026TrumpRx suma más de 600 genéricos y luego 160 medicamentos más; supera los 800 productos [9].
31 jul. 2026Entran en vigor los aranceles para 17 grandes laboratorios; los firmantes de acuerdos quedan exentos hasta 2029 [12].
31 ago. 2026Acuerdos con nueve laboratorios medianos, en su mayoría extranjeros [12,13].
18 sep. 2026Los 50 estados se incorporan a los precios NMF en Medicaid; el gobierno cita 26 laboratorios y 90 % del mercado de marca [3].
29 sep. 2026El arancel del 100 % se extiende a todos los demás fabricantes [11,14].
Oct. 2026 / ene. 2027Inicio previsto de GLOBE y de GUARD, respectivamente [8,15].

4. Los cinco instrumentos

4.1. Acuerdos voluntarios con la industria

El núcleo operativo de la NMF son acuerdos bilaterales con cada laboratorio. En su versión típica, la empresa se compromete a vender a Medicaid a precios no superiores a los de países comparables, a lanzar sus nuevos productos a precios no mayores que en otros países ricos y a ofrecer descuentos en efectivo a través de TrumpRx; a cambio, obtiene exención de aranceles [16]. Según la Casa Blanca, ya firmaron 26 grandes laboratorios que cubren el 90 % del mercado de medicamentos de marca, con un ahorro proyectado de más de 600 mil millones de dólares y de casi 65 mil millones en Medicaid en la próxima década [3].

El problema es la opacidad: los términos no se publican en su mayor parte y parecen carecer de mecanismos de cumplimiento [1]. Además, los acuerdos aplican sobre todo a Medicaid, que por ley ya obtiene los precios más bajos del país, por lo que su efecto inmediato podría ser modesto [13]. Algunos laboratorios dejaron entrever en sus informes de resultados que aceptar precios NMF en Medicaid los resguarda de tener que bajarlos en Medicare, un programa mucho más grande [17].

4.2. TrumpRx: el portal de venta en efectivo

TrumpRx.gov es un portal público que exhibe precios con descuento y redirige al paciente a cupones o a la tienda directa del fabricante. El sitio anuncia rebajas de entre 10 % y 95 % sobre el precio de lista [2]. Su utilidad real, sin embargo, se concentra en quienes pagan de su bolsillo o tienen medicamentos excluidos de su cobertura —fertilidad, obesidad—, porque para la mayoría de los asegurados el copago sigue siendo más barato que el precio en efectivo [16].

El análisis más completo hasta la fecha, de Peterson-KFF, comparó 32 medicamentos de marca de TrumpRx con 11 países de la OCDE. El resultado es mixto: 17 son más baratos que el promedio internacional y 15 más caros; y en 13 casos el precio de TrumpRx es el más alto de todos los países comparados, frente a solo cinco en que es el más bajo [2].

Gráfico 1. Posición del precio de TrumpRx frente a 11 países de la OCDE. Elaboración propia con datos de Peterson-KFF [2].

Los GLP-1 son el caso más visible. El Ozempic en lapicera cuesta en TrumpRx 349 dólares mensuales, cuando el país comparable más caro cobra 190; en el otro extremo, el oncológico Rydapt cuesta en TrumpRx casi 3.000 dólares menos que en Francia [2].

4.3. Aranceles de la Sección 232: el garrote

El 2 de abril de 2026, invocando la seguridad nacional, Trump fijó un arancel del 100 % sobre medicamentos patentados importados y sus principios activos. Se aplica desde el 31 de julio a los grandes laboratorios y desde hoy, 29 de septiembre, al resto. Quienes firman acuerdos de precio y de producción local acceden a trato preferencial hasta 2029; genéricos, biosimilares y medicamentos huérfanos quedan excluidos, aunque el Departamento de Comercio debe revisar en un año si extenderlos a los genéricos [10,11]. Estos aranceles no fueron alcanzados por el fallo de la Corte Suprema de febrero de 2026 que anuló los aranceles más amplios, porque se basan en otra norma [10].

La industria rechaza el esquema. PhRMA sostiene que los aranceles socavan la meta de producir medicamentos accesibles, y el director ejecutivo de Sandoz advirtió que, si alcanzan a los genéricos de bajo margen, terminarán pagándolos los pacientes [14]. La lógica política es clara: el arancel es el incentivo que vuelve «voluntarios» los acuerdos.

4.4. GLOBE y GUARD: la NMF obligatoria en Medicare

A diferencia de los acuerdos, los modelos del Centro de Innovación de CMS para Medicare son obligatorios: GLOBE para los medicamentos de la Parte B (administrados en hospitales y consultorios) y GUARD para la Parte D (farmacia). Ambos fijan referencias de pago a partir de precios en 19 países comparables, en su mayoría europeos [1], y se aplicarían en áreas geográficas sorteadas que representan el 25 % de los beneficiarios [15].

Técnicamente, montan la NMF sobre la arquitectura de la IRA: hoy los fabricantes pagan reembolsos a Medicare cuando sus precios suben más que la inflación; con GLOBE y GUARD esos reembolsos cubrirían también la diferencia entre el precio estadounidense y la referencia internacional [1]. Un estudio de cohorte publicado en The Lancet estimó ahorros de 5.200 millones de dólares (16 %) en GLOBE y 6.400 millones (18 %) en GUARD en la fase inicial, que podrían llegar a 21.000 y 25.500 millones si se extendieran a todo Medicare [18].

ModeloAlcanceAhorro fase inicial (25 %)Ahorro si se extiende a todo Medicare
GLOBEParte BUS$ 5.200 M (16 %)US$ 21.000 M
GUARDParte DUS$ 6.400 M (18 %)US$ 25.500 M

Tabla. Ahorros estimados de los modelos GLOBE y GUARD [18].

La estrategia oficial parece doble. A corto plazo, estos modelos funcionan como amenaza para empujar a los laboratorios hacia los acuerdos voluntarios; a largo plazo, podrían convertirse en el legado de la administración, sustituyendo a unos acuerdos que vencen hacia el final del mandato [1]. Pero su impacto se diluye si, como se informó, los firmantes de acuerdos reciben exenciones especiales de ambos modelos [1].

4.5. La herencia de Biden: la negociación de la IRA

La paradoja del período es que el programa que más reduce precios en Medicare no es de Trump. La negociación creada por la IRA en 2022 siguió adelante: en noviembre de 2025 CMS anunció los precios de 15 medicamentos para 2027, y el propio Trump terminó abrazando un programa al que los republicanos del Congreso se habían opuesto [7,19]. En enero de 2026 se seleccionaron otros 15 fármacos, cuyos precios regirán desde 2028 [20].

La coexistencia genera incoherencias: el precio negociado bajo la IRA para la semaglutida en Medicare es de 274 dólares, mientras que el acuerdo NMF de la Casa Blanca fija 245; CMS anunció que el acuerdo prevalecerá sobre el precio de la IRA [19,21].

Gráfico 2. Precio mensual de la semaglutida según canal. Elaboración propia con datos de CMS, KFF y Peterson-KFF [2,7,19].

El gráfico resume el problema de fondo: no hay un precio, hay una constelación de precios que depende de quién paga, por qué canal y bajo qué programa. La NMF baja algunos, pero no ordena el sistema.

5. ¿Qué dicen los números?

La Casa Blanca sostiene que los precios de los medicamentos cayeron 3,9 % desde el inicio del mandato y bajaron todos los meses de 2026, la mayor caída anual en más de 60 años, y que TrumpRx generó 700 millones de dólares de ahorro [22]. Son cifras oficiales y deben leerse como tales.

Los analistas independientes matizan. Para la mayoría de las personas, los anuncios no cambiarán lo que pagan [17]; los acuerdos NMF no atacan las causas estructurales del alto precio estadounidense, como señala Thomas Hwang (Harvard) [17]; y en año de elecciones de medio término, varios expertos leen los anuncios como mensajes de alto impacto mediático con efectos inmediatos limitados [13]. Un informe del Center for American Progress subrayó, además, que TrumpRx cubría en abril apenas una fracción mínima de los más de 24.000 medicamentos aprobados por la FDA, en un contexto de aumento de primas y pérdida de cobertura tras el vencimiento de los subsidios reforzados de la Ley de Cuidado de Salud Asequible [23].

6. Evaluación crítica: las debilidades de diseño

El análisis de Olivier Wouters (Brown University) sobre GLOBE y GUARD identifica cinco problemas que trascienden el caso estadounidense y sirven como lista de control para cualquier política de precios de referencia [1]:

  1. El paciente no ve el ahorro. GLOBE reduce nominalmente el coseguro, pero muchos beneficiarios ya tienen cobertura suplementaria. GUARD no ofrece alivio directo: los reembolsos van íntegros al fondo fiduciario de Medicare. El beneficio para el paciente sería difuso, tardío y quizás nunca llegue a quien usa el medicamento.
  2. Se debilita el freno a los precios de lista. Al reemplazar los reembolsos por inflación por reembolsos NMF, se pierde parte de la disciplina que la IRA había introducido. Eso perjudica a todos los pacientes cuyo gasto de bolsillo se calcula sobre el precio de lista y no sobre el neto.
  3. Sin comparador, no hay referencia. La mayoría de los medicamentos nuevos se lanzan primero en Estados Unidos, meses o años antes que en otros países; sin precio internacional, quedan de hecho exentos. Un estudio de JAMA Health Forum analizó precisamente esos tiempos de lanzamiento [24].
  4. Referencias congeladas y presentaciones «a medida». Las referencias se fijan al inicio y no se recalculan, lo que invita a demorar lanzamientos en países baratos. Además, la definición estricta de producto comparable permite eludir la comparación con dosis, envases o vías de administración distintas en cada país.
  5. Datos confidenciales sin auditoría. Las normas premian a quien comparte precios netos confidenciales del exterior con referencias más altas, pero no fijan auditoría independiente, controles cruzados ni sanciones por información incompleta.

Wouters propone correcciones concretas: trasladar por ley al menos parte del ahorro a los beneficiarios (o, sin ley, un tope al costo del paciente basado en el precio NMF), ampliar la definición de producto comparable, construir referencias alternativas basadas en alternativas terapéuticas nacionales cuando no haya comparador externo, auditar los datos y actualizar periódicamente las referencias en lugar de congelarlas. Su conclusión es que los pilotos pueden generar evidencia útil, pero sin esas correcciones corren el riesgo de ser vividos por los pacientes como un simple traslado de costos [1].

7. El efecto derrame: ¿quién paga la cuenta?

La NMF es, por diseño, una política con consecuencias internacionales. Si Estados Unidos ata su precio al más bajo de sus pares, cada laboratorio tiene un incentivo evidente para subir precios, demorar lanzamientos o no lanzar en los países de referencia. Peterson-KFF advierte que los precios en otros países podrían aumentar a medida que las empresas intentan reequilibrar la brecha [2], y el estudio de The Lancet señala el mismo riesgo de aumentos o demoras [18].

Hay un segundo efecto, más sutil: la llamada paradoja de los AVAC. Al referenciarse en países que usan evaluación de costo-efectividad, Estados Unidos importa indirectamente la lógica de la ETS que su propia legislación había rechazado [2]. El país que prohibió los AVAC termina pagando precios fijados, en parte, con AVAC.

8. Lecciones para la Argentina y la región

Cinco ideas para la gestión sanitaria 1. El precio de referencia es un instrumento, no una política. Sin evaluación de tecnologías sanitarias, sin transparencia y sin reglas de traslado al paciente, se convierte en un mecanismo de negociación opaco. 2. La transparencia es condición de eficacia. Acuerdos confidenciales impiden saber si la política cumple lo prometido; el propio Hwang lo subraya [18]. 3. El ahorro tiene que llegar al que paga. Un descuento que queda en un fondo o en un intermediario no mejora el acceso. Vale para Medicare y vale para obras sociales y prepagas. 4. Cuidado con el derrame. Si los laboratorios reequilibran precios globales, los países de ingreso medio que usan canastas de referencia pueden importar aumentos y demoras en los lanzamientos. 5. Los aranceles cambian la cadena de suministro. La relocalización de la producción de principios activos y la eventual extensión a genéricos pueden alterar costos y disponibilidad también fuera de Estados Unidos.

9. Conclusión

La política de medicamentos de Trump combina un diagnóstico compartido por casi todos —Estados Unidos paga demasiado— con un método heterodoxo: acuerdos voluntarios opacos, un portal de descuentos, amenazas arancelarias y modelos obligatorios que todavía no comenzaron. Tiene un mérito indudable: puso la equidad de precios en el centro del debate y obligó a la industria a sentarse a negociar. Pero, a septiembre de 2026, su impacto verificable es menor que su impacto mediático, y sus efectos más duraderos probablemente provengan de dos lugares inesperados: la negociación de la IRA que heredó de Biden y los modelos GLOBE y GUARD, si logran sobrevivir a los tribunales y corregir sus fallas de diseño.

Para quienes gestionamos sistemas de salud fuera de Estados Unidos, la pregunta no es solo cuánto bajarán allá los precios, sino cuánto subirán aquí. La mejor defensa sigue siendo la misma de siempre: evaluación de tecnologías sanitarias seria, compras con poder de negociación y transparencia en los precios.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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