la salud ¿depende del código postal?.

En la Línea editorial la Salud no es un bien de lujo.

04/09/2019

En países normales, el gasto público permite encarar proyectos colectivos sostener salud, educación, seguridad y brindar prestaciones sociales de carácter redistributivo. El mayor crecimiento satisface nuevos derechos, mejora los consolidados, y esta ligado a buenas instituciones, capital social, inversión tecnología, y la solidaridad, es decir la productividad del esfuerzo común.

Nuestro gasto público creció hasta casi la mitad del PBI, junto a una pobreza incomparable, y fortunas incalculables. Se vendió con éxito el mito de que los responsables políticos deben ignorar virtud y valores, que alientan a actuar de manera socialmente beneficiosa, y al hacerlo, nuestra sociedad abandonó su compromiso de crear un sistema de salud justo, inclusivo y equitativo que respete a cada uno como miembro igualitario de ella.

Al ideal de progreso instalado durante décadas, le siguió la aspiración de privatizar la vida y sacarse el Estado de encima.

La movilidad ascendente asumida de modo individual y a pesar o aun contra todos, hace que alcanzar un bien promedio atractivo para la clase media sea muy complejo, pues percibe que aporta fiscalmente a un Estado que le da pocos beneficios, y busca estilos de vida propios de sectores altos: soluciones privadas a sus servicios: pasar de escuela y universidad pública a privada, del policía “de la esquina” al vigilador privado y del hospital público a la prepaga, con intermediación de la obra social, y compartirlo con sectores vulnerables y pobres parece una “amenaza” para su status.

Nuestra sociedad se ha vuelto más dividida, y no sorprende que la solidaridad necesaria para construir un sistema de salud de alta calidad sea escasa.

La degradación del ministerio de salud a secretaría muestra la ausencia de un plan de salud pública a largo plazo, que supere coyunturas políticas sociales y económicas y se sostenga en el tiempo. Solo interesan minorías potenciadas mediaticamente y/o discriminadas, y partidos políticos hasta hace poco mayoritarios discuten poder entre pañuelos verdes y celestes, feministas y evangelistas, mientras un tercio de la sociedad vive sumergida en la pobreza, y el anhelo de que la salud se exprese en todas las políticas continúa siendo una utopia.

Retrocede el Estado y avanza la sociedad, en desorden, y contradictoria en sus temas, reclamando leyes suecas en una Argentina devaluada, o rechazando revisar pensiones por invalidez que entre 2003 y 2015 pasaron de 81.539 a 1.011.476, sin guerra, terremoto o tsunami que justifique ese incremento (en la 2da. Guerra 671.000 soldados de EE.UU. sufrieron heridas discapacitantes).

Nadie de la dirigencia política ajusta su discurso para aquellos que cada día se levantan y van a trabajar, no le importan a nadie esos argentinos y argentinas indiferentes, no a lo que les pasa, sino a las “soluciones” que les ofrecen, que no se desentienden de la política, pero cuando ella se transforma en mera competencia por ocupar lugares, nadie puede interesarse por algo sin principios y que no se entiende.

La pobreza bajara con la mejora de la economía solo entre hogares vulnerables que con crecimiento y estabilidad tendrán herramientas para salir adelante, pero acabar con el 20% de pobreza estructural requiere calidad en la gestión de los sistemas públicos de salud y educación, y es uno de los grandes desafíos en esa lucha.

El Gobierno nacional deberá generar crecimiento económico, estabilidad de precios, empleos, a la vez que un ejercicio real de las funciones de rectoría en salud coordinando medidas en el subsector publico (nacional, provincial y municipal) seguridad social y medicina prepaga.

Pero la situación de la autoridad sanitaria nacional así como su asignación presupuestaria (alrededor de ½ punto del PBI) la colocan en condición de extrema debilidad para ejercer su función de equilibrio en un sistema federal con profundas desigualdades de ingresos, que hace dificultosa la prestación de servicios de similar calidad a los ciudadanos de distintas provincias.

Es viable pensar una reforma integral del sistema de salud desde el punto de vista técnico y sostenible fiscalmente, el problema es político. Cuando se promueve competencia y consumo, se fomenta la “retirada moral” y no se construyen derechos ni se produce salud, solo se pone oferta a disposición de la población.

La moralidad de un sistema de salud no esta separada de la moralidad de la sociedad a la que sirve. La salud pública es un esfuerzo organizado de esa sociedad, principalmente a través de las instituciones públicas, para mejorar promover, proteger y restaurar la salud mediante la acción colectiva.

Pocos indicadores dicen más de una sociedad y de su preocupación por el bienestar de sus ciudadanos que un sistema de salud equitativo y eficiente, y la expresión mas elocuente de esas diferencias es cuándo y cómo se muere: desde hace 40 años la diferencia de mortalidad infantil entre provincias es mayor a 2,2 veces; la de mortalidad materna 12; el acceso a agua corriente 27, a cloacas 76 veces, y nacer en una provincia u otra varía en casi 4 anos la expectativa de vida. En países normales, la probabilidad de morir se relaciona con el código genético, en Argentina todavía lo determina el código postal.

Rubén Torres es Rector de la Universidad ISALUD. Carlos Díaz es Director de la Especializacion en Economia y Gestion de la salud.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

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