Porqué en lugar de organizar y usufructuar la miseria, no hacemos un plan que impulse la esperanza y la prosperidad. Parte 2.

Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD.

Tomando comentarios de Berkwick DM.

¿Qué nos mata en Argentina? No es la falta de acceso a la atención médica. No es el Covid. El cuidado de la salud es un taller de reparación de la endemia de desigualdad social, y exclusión. Nos mata la desigualdad, la distribución de la riqueza, la falta de creación de empleo formal privado, las condiciones de vida, el acceso a una educación, que debería generar la competencia para acceder a un empleo Formal. Hace cinco décadas la Argentina tenía una movilidad social ascendiente, vinculada a cumplir los requisitos de la educación pública, gratuita y universal, los padres bregaban por un solo legado, que sus hijos tuvieron un mayor grado de formación, porque ello les permitía cambiar su destino. Vengo de un hogar humilde, educado en los valores de la constancia, la honestidad, la dedicación y el sacrificio, una herencia de un valor infinito.

Hoy nuestros hijos tienen que ser ciudadanos del mundo porque la Argentina no le ofrece oportunidades para desarrollarse como individuos. Esto nos genera una profunda tristeza. Frustración. Viendo como desoladamente en el Palacio lo único que se pretende es la impunidad, se generan falsas deidades, y se siguen los dogmas sin pensar, con falsos relatos, construidos y guionados sobre hechos que no ocurrieron como se manifiesta, en una sucesión interminable de falacias y mentiras.

Porqué no construimos un programa que genere esperanza, permita el desarrollo de fuerzas productivas y probamos con realizar cosas distintas, estableciendo el consensualismo sobre una pocas cosas, y basta de pensar que los hechos comienzan cuando uno llega, somos siempre refundadores, tal vez por nuestra latitud y como fuimos colonizados, con sucesivas expediciones españolas, y ataques de posesión de ingleses y franceses que querían comerciar libremente contra el Monopolio de Buenos Aires. Somos nuestros principales enemigos.

La tesis principal de lo que quiero sostener siguiendo a M Marmot, S Galea, Wilkinson y Picket, es que el mayor bienestar material no se traduce en calidad de vida y mejoras en salud, las diferencias en las condiciones materiales per se las que explican las diferencias en el logro de los indicadores de salud, sino la desigual posición relativa que se ocupa en la jerarquía social, la disminución de la desigualdad beneficia a todos, incluso a los ricos, hay tratar de disminuir la desigualdad y recuperar así el sentido de comunidad e integración social.

Las causas reales residen en las condiciones de las comunidades y la sociedad en los últimos veinte años: los alimentos que comemos, nuestros patrones de ejercicio, el racismo estructural y la violencia y la escasez de viviendas y la falta de vivienda, el daño al medio ambiente y el tipo de injusticia en una sociedad en la que las disparidades en la riqueza son fenomenalmente grandes y los ricos se enriquecen para llevarse el excedente fuera del país. Esa disparidad, esa injusticia, inequidad, es una causa profunda de enfermedad. Por lo tanto, si queremos ser una Argentina sana, tenemos que invertir en mejorar estos determinantes sociales, en revertir los factores que realmente nos enferman y mejorar las cosas que nos mantienen saludables. No se puede hacer solamente dentro del sistema de atención médica o dentro del sistema de seguro de atención médica; esto tiene que ver con las políticas sociales y económicas.

Necesitamos una política pública que acabe con la falta de vivienda y de empleo, que acabe con el hambre, que acabe con las inseguridades e imprevisibilidad que la gente siente en sus vidas, argentina es un país que aniquila proyectos personales. Y tenemos que trabajar en poblaciones muy especiales que son particularmente vulnerables: en los niños que no estudian, en las personas que no trabajan, personas en comunidades aisladas, comunidades rurales con trabajo mal remunerado, que necesitan mucho apoyo político sólido. Así que los problemas que tenemos deben ser abordados a través de la atención médica, pero no pueden ser resueltos sólo a través de la atención médica, y sino solo construiremos un fracaso.

En el clásico estudio de metanálisis publicado por Stringhini S et al en el Lancet 2017 389,1129-1237 ahondando en que el nivel socioeconómico bajo es uno de los predictores más sólidos de morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo, y en este plan de construcción de la esperanza debería considerarse un factor de riesgo modificable por la sociedad, en un gran acuerdo, por lo elevado, sobre no tomar la pobreza como una cosa inmodificable. Los siete factores de riesgo que si considera modificables son la hipertensión arterial, la actividad física insuficiente, el consumo de trabajo, obesidad, alta ingesta de alcohol, diabetes, e ingreso socioeconómico, mientras que la raza, sexo, etnia, estado civil se deben considerar como factores de confusión. La hipertensión, la actividad física, la obesidad y la diabetes están interconectados, lo que dificulta establecer su contribución independiente. Este trabajo, realiza el hallazgo de que el nivel socioeconómico está asociado con el riesgo de muerte independientemente de los factores de riesgo convencionales, lo que sugiere que tanto la adversidad socioeconómica, como los factores de riesgo 25×25 deben ser el objetivo de las estrategia de los sistemas de salud. Lo que ocurre es que esto es estratégico, son políticas de estado, afectan intereses y privilegios, clases dirigentes, exceden los periodos de gobierno, no son voto efectivos, esto hace que las personas que forman los equipos de salud en la gestión se tornen efectistas para perdurar en los cargos y se alejen de los designios técnicos, que constituyen un imperativo ético en nuestra profesión, olvidando que tenemos que ser molestos, señalar lo incorrecto aunque esto afecte a la política y a las posibilidades de algunos esquemas populistas de perpetuarse en el poder, sino se entrara en una espiral de decadencia.

La desigualdad es más dañina que la pobreza. El gradiente social que se observa en las investigaciones originales de Marmot ciertamente lo demuestran entre los empleados públicos del Reino Unido. América Latina es el continente más desigual. Con ajustes por un lado, con populismos gastando más de lo que tienen vía endeudamiento o emisión, no son los caminos. solo el desarrollo y la generación de distribución más universal del ingreso. los problemas de salud son mas graves en las sociedades más desiguales. Puede haber éxito material, con fracaso social.

Me acabo de ahorrar 200.000 dólares en impuestos y no me explico como este país parece un basurero.

Se debe abordar esto con poderosas soluciones estructurales ascendentes, como la inversión en programas de educación temprana para niños, programas de incentivos laborales, de generación de nuevos empleos, acceso a mejor alimentación, y un ingreso universal. No hay medios, hoy, con las cuentas como están, no se puede, pero los ministros de educación, de economía, bienestar social, producción, trabajo y salud, pero hay hacerlo posible, basta de discutir en medio de las bombas de humo de la fábrica de pobres.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

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