Porque si siempre hacemos lo mismo las cosas serán distintas. Versión 2

Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor titular Universidad ISALUD.

No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo”, es una frase de Albert Einstein.

Tenemos una realidad, que estamos haciendo lo mismo, con poca creatividad, escucha, transparencia, información, sentido común, no sabemos para que nos estamos esforzando el equipo de salud (si para quién), sobreviviendo como personas, la impresión que tenemos que nuestro esfuerzo esta dirigido a mantener el status quo y una vez que llegamos a la cima, volvemos a empezar, de los privilegiados, políticos, la burguesía dirigencial que no han hecho sacrificio, ni han cedido nada, los que llevamos la peor parte, los integrantes del sistema de salud, somos los integrantes del sistema de salud, que no nos reconocen, nos necesitan, no podemos protestar, porque estamos en pandemia, la incertidumbre de no saber ni cuanto ni como. No tenemos un mapa claro hacia donde vamos. El no plan económico.

Al retornarnos a la caverna platónica, esta pandemia COVID-19 nos ofrece una diáfana mirada a nuestra realidad actual como civilización. No obstante, con el auxilio de la ciencia y de la fuerza del mito, nos obsequia también una oportunidad de cambio, de reordenar nuestra escala de valores y de sanar nuestra relación interhumana y con el planeta.

“Lo absurdo, es la más desgarradora de las pasiones”. Esta es una de las citas más importantes de Albert Camús

El mito de Sísifo

No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible. Albert Camus.

Sísifo, dentro de la mitología griega, como Prometeo, hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia. Como castigo, fue condenado a perder la vista y a empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, desde donde debía recogerlo y empujarlo nuevamente hasta la cumbre y así indefinidamente. Asi nos sentimos nosotros en el sistema de salud.

Cuenta la leyenda que Sísifo colmó la paciencia de los dioses cuando, al encadenar a la Muerte, alteró el ciclo vital de las criaturas de este mundo. Zeus, enfurecido, ordenó
que fuera apresado y lo condenó a empujar una inmensa roca
cuesta arriba hasta la cima de una montaña, para luego verla rodar cuesta abajo hasta la profundidad de un valle, por lo que debía recomenzar su ascenso una y otra vez por toda la eternidad. Sísifo era absolutamente consciente de lo absurdo de su labor, pero la realizaba con esmero y hasta alegría, así estamos todos los días y nos preguntamos: Si testearán más, si consiguieran más vacunas, si nos reconocieran una paga como seres humanos, si tuviéramos todos los insumos, si podríamos dosificar el descanso, si exploráramos nuevos dispositivos de atención, nuevas formas de gestión, si nos pusiéramos de acuerdo.

Sabía (sabíamos) que eran muy pocas las variables de su destino que podía controlar: la velocidad del ascenso de su roca, la elección de la ladera por la cual la subiría, etc., pero la inmensa mayoría era para él absoluta incertidumbre.

El mito de Sísifo no es más que una alegoría del hombre y su circunstancia: la pequeñez de sus dictámenes y la grandeza de sobrellevar su labor pese a haber comprendido su intrascendencia. El mundo se muestra absurdo ante los ojos de Sísifo, ya que ellos lo ven desde una lógica y unos principios que solo habitan en su mente y en la de su especie. Es que el mundo no entiende de categorías, desconoce la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo doloroso y lo placentero, ya que todas ellas representan meras construcciones humanas Sin embargo, Sísifo planeaba y ejecutaba su tarea diariamente como si de algo fundamental se tratase.

Tal vez Sísifo notase que en cada caída se desprendían de su roca algunos fragmentos, de modo que esta deviniese lenta y progresivamente más liviana, o incluso llegase el
día en que no hubiese roca que empujar. Sin embargo, él sabía que no deseaba la llegada de ese día, en el cual de faltarle su roca desaparecería paradójicamente la fuente de su inagotable determinación.

Sísifo descubre que aceptar y reconocer esa verdad le libera, puesto que es la única forma de disfrutar de su castigo. El sufrimiento es parte de la vida. Los seres humanos, somos capaces de entender que los demás sufren, somos capaces de empatizar, nos unimos y podemos darle la vuelta a lo absurdo.

Por el placer que supone la vida, somos creadores. Pintamos, podemos componer música, bailamos… Y la disfrutamos de una manera tal que, mirando de frente, en muchas ocasiones, el sinsentido que es vivir vamos al día siguiente y nos decimos: “No me importa, voy a por mañana”.

Ese sinsentido, – imaginad a Sísifo, empujando día tras día esa piedra, subiéndola hasta la cima y dejándola caer y vuelta a empezar- le hace capaz de reconocer lo absurdo y la inutilidad de su trabajo, tiene claro que toda la vida hará lo mismo. Pero lo acepta y se libera, ya no se preocupa, se ocupa. “Es entonces, cuando hay que imaginarse a Sísifo feliz” dice Camús.

Y acaso pueda que no tengamos que esperar la parusía, para lograr nuestra redención. Pues el coronavirus nos ha forzado a experimentar —si bien inversamente— la alegoría platónica, retornándonos a la caverna, para poder ver la realidad como es. Y percatarnos allí que nuestras fatuas ideologías y caducos sistemas políticos y económicos son sólo sombras, meras falacias construidas e intencionalmente alejadas de la luz de la biología, de la ciencia, de la responsabilidad y de la igualdad”. 

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

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