La creación de valor es el mantra de la empresa post covid

Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD.

Lograr un alto valor para los pacientes debe convertirse en el objetivo general de la prestación de atención médica, con un valor definido como los resultados de salud logrados por PESO gastado.

Este objetivo es lo que importa para los pacientes y une los intereses de todos los actores del sistema. Si el valor mejora, los pacientes, pagadores, proveedores y prestadores pueden beneficiarse mientras aumenta la sostenibilidad económica del sistema de atención médica. La medición rigurosa y disciplinada y incremento del valor es la mejor manera de impulsar el progreso del sistema.

Generar valor es primero efectividad, beneficio, utilidad, eficiencia, no es estable, se modifica en relación con la mejora en la longitudinalidad del sistema, la adherencia de los pacientes, incremento de la accesibilidad. No es ahorro, si este no asegura resultados. Las posibilidades radican en que hay costos de ineficiencia, sobre los que se puede trabajar.

Valor como eje central pero fundamentalmente, como concepto objetivable y medible: Con la definición precedente, deviene una segunda cuestión, relacionada a la necesidad de medir el mismo, aspecto claramente complejo, dado que la perspectiva ya no es naturalmente cuantitativa, sino que pretende reflejar los resultados del tratamiento de cada condición médica o población paciente

El valor involucra tres razones asociadas a saber: Resultado/precio + calidad de la experiencia/otros costes + relación emocional/otros riesgos. El más mensurable y cuantificable es la relación entre outcomes y costos, ese si lo podemos medir. El mejor resultado a menor costo posible de esa opción. La medición del valor como eje central, pero fundamentalmente como concepto objetivable y medible son acciones indispensables de la gestión actual, que es dependiente de la eficiencia técnica y la económica. El valor pretende reflejar los resultados de los tratamientos de determinados grupos de pacientes. Esto se complejiza mucho cuando se involucra a paciente con polipatología y multimorbilidad, el valor debe estar relacionado con el conocimiento cabal del paciente y de la evolución de su enfermedad. Los sistemas de información aún no están preparados para medir estos resultados. Muchas veces se puede medir en que se gasta y cuanto se gasta, pero no si ese costo unitario es el apropiado y fundamentalmente los resultados. O si costos más bajos son capaces de dar valor porque en esas prestaciones empeoraran los resultados, y por lo tanto se pierde valor final.  Puede ocurrir que tengamos un prestador que cobre un día cama más caro pero la estancia promedio por patología disminuya con lo cual aumenta el valor, porque el egreso hospitalario cuesta menos. Si el paciente egresa sin complicaciones, sin infecciones vinculadas a procedimientos médicos, aumenta el valor. Si además de estándares de procesos en calidad, se obtiene mejor valor se logra un propósito doble. Si se hace un diagnóstico más precoz en un cáncer se gana valor. Si se logra mayor adherencia al tratamiento en los pacientes con enfermedades crónicas se logra valor. Son múltiples los ejemplos. La fragmentación de los sistemas hace perder valor.

Factores que atentan con el valor:

  1. Derivación de los costos en lugar de reducirlos. Costos de la ineficiencia y la inseguridad. La posibilidad de hacer esto depende de la transferencia de riesgo en la contratación: día cama, patología resuelta, cápita.
  2. Los incentivos están orientados hacia mejorar la capacidad de negociación en vez de mejoramiento de la asistencia, de esforzarse por la calidad. Conseguir al personaje influyente en el contrato, el “contacto”
  3. Limitar la elección y el acceso a los distintos servicios. Enfoque de contención de costos.
  4. Mala calidad de los servicios.
  5. No tener equipos consolidados.
  6. No desarrollar buenos cuidados de enfermería.

La segmentación del sistema atenta cotidianamente a la generación de valor y la universalidad de la cobertura, esto claramente se traduce en un enorme obstáculo para poder llevar adelante tácticas sistémicas que permitan generar seriamente valor para el paciente y que el mismo sea efectivamente medible y palpable. Ya no nos estamos refiriendo a un problema que afecta al sector privado, sino que también está presente en el sector público donde es posible observar superposiciones y vacíos simultáneamente entre las distintas jurisdicciones municipales, provinciales y nacionales.

La fragmentación se asocia a la idea de desigualdad injusta o sea la inequidad. la creación de valor para el paciente está (o debería estarlo) fuertemente correlacionado con la indispensable tendencia hacia una atención que garantice a todos esos pisos mínimos de resultados.

La competencia de suma cero: es un fenómeno claramente vinculado con el punto anterior, aparece la cuestión de la competencia, en su faceta más negativa a juicio del autor: la competencia de suma cero. Si mediante la competencia en la mayoría de los sectores se consigue crear valor para el cliente y se reducen simultáneamente los costos, para el sector de la Salud la realidad es diferente al punto que “los agentes del sistema dividen el valor en vez de incrementarlo”.

La asistencia basada en el valor implica una visión holística, transdiciplinaria e integral de la persona como un todo, en la tutela del equilibrio bio-psico-social que representa su salud.

La gestión de la medicina basada en el valor busca lograr dejar de lado esta medicina segmentada y fragmentada, sin un flujo de acción orientado, sin una mirada del resultado final, del valor dado por el paciente. Esta medicina busca una mirada integral, multidisciplinaria tomando a la persona como un todo teniendo una corresponsabilidad compartida que va desde el autocuidado a una relación con su asesor de salud, representante del sistema de respuesta sanitario tratando de lograr todas las dimensiones de integración como son:

1 Promoción

2. Prevención

3. Predicción

4. Provisión

5. Protección

6. Prestación

7. Paliación 

8 Participación

            La gestión de la salud basada en el valor implica la atención centrada en la persona, atención centrada en el paciente como: Respeto por los valores, preferencias y necesidades de los pacientes. Esto implica fundamentalmente conocerlos, indagarlos, dar el espacio de libertad para que el paciente los exponga adecuadamente. Deberá recibir los servicios, las prestaciones en forma coordinada e integrada entre niveles y entre lo médico y lo social. El paciente deberá disponer de información relevante, clara y que la entienda, que la interprete en la medida de sus conocimientos.

En conclusión la gestión de la salud basada en el valor es la gestión asistencial de la persona en todas sus dimensiones bio-psico-social con el más alto nivel de profesionalidad. Alinear el pago a prestadores con el valor recompensa en forma justa a los proveedores por la eficiencia en el logro de buenos resultados al tiempo que crea responsabilidad por la atención deficiente

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD

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