Autores : Andrew R. Olenski , Ph.D. https://orcid.org/0000-0002-7461-0536y David C. Grabowski , Ph.D. Información del autor y afiliaciones
Publicado el 4 de julio de 2026
N Engl J Med 2026 ; 395 : 107 – 110
DOI: 10.1056/NEJMp2604122
Nota del blog: Hacia 2040, la humanidad enfrentará una escasez estructural de personal de salud. La OMS estima un déficit cercano a 11 millones de profesionales, especialmente en enfermería y medicina. En países extensos como Argentina, además de formar más profesionales, será clave planificar su distribución territorial y orientar la elección de especialidades según las necesidades sanitarias, no solo según las expectativas de rentabilidad.
También será necesario adecuar los tiempos de formación a la rapidez con que evolucionan los conocimientos y actualizar los planes de estudio. En las disciplinas clínicas, por ejemplo, la ecografía debería incorporarse como una herramienta central de la semiología. Asimismo, quienes se formen en especialidades quirúrgicas deberán estar preparados para atender pacientes con patologías crónicas.
VOL. 395 NÚM. 2 Copyright © 2026
Transformación demográfica y pregunta central
La población estadounidense atravesará una transformación demográfica profunda en las próximas décadas. Según proyecciones de la Oficina del Censo, la población de 85 años o más se duplicará: pasará de alrededor de 6 millones de personas en 2026 a más de 12 millones en 2040. En el mismo período, la población en edad laboral apenas variará.
Este desequilibrio plantea una pregunta urgente: ¿quién cuidará a una población cada vez más envejecida?
Una fuerza laboral ya insuficiente
La fuerza laboral de atención a largo plazo —integrada por enfermeros, auxiliares de enfermería y cuidadores que trabajan tanto en instituciones como en domicilios— cuenta actualmente con unas 3 millones de personas. Aun así, ya no alcanza para cubrir las necesidades existentes. Las residencias de ancianos suelen operar con dotaciones por debajo de los estándares clínicos y registran tasas de rotación anual superiores al 100 %, con consecuencias negativas para los residentes.
La contratación y la retención de personal se ven dificultadas por una combinación de bajos salarios, condiciones de trabajo físicamente exigentes y una elevada carga emocional. A esto se suma la sobredemanda crónica de los programas de atención domiciliaria y comunitaria, que en la mayoría de los estados mantienen listas de espera de meses o incluso años.
La pandemia de COVID-19 agravó la situación: provocó un éxodo de trabajadores nacidos en Estados Unidos del sector de cuidados a largo plazo, del cual el sistema aún no se ha recuperado.
Para dimensionar los desequilibrios actuales y futuros, se utilizaron datos del censo de EE. UU. para comparar la demanda y la oferta proyectadas de trabajadores de atención a largo plazo hasta 2040. La estimación mantiene constante la intensidad de la atención —es decir, la proporción de trabajadores por persona de 85 años o más— en su máximo nivel prepandémico.
- Estados Unidos necesitaría 3,4 millones de trabajadores adicionales en el sector para 2040.
- Con las tasas actuales de empleo y las tendencias migratorias proyectadas, se incorporarían menos de 100 000 trabajadores.
- El resultado sería una escasez aproximada de 3,3 millones de trabajadores.
- Incluso en un escenario optimista —con recuperación del empleo prepandémico y mayor inmigración— la brecha seguiría siendo de unos 2,9 millones de trabajadores, una cifra similar al tamaño de toda la fuerza laboral actual del sector.

Estimación de la demanda y la oferta de trabajadores de atención a largo plazo, 2010-2040.
Opciones de política pública frente a la escasez
Las posibles respuestas de política pública pueden agruparse en tres grandes líneas: reducir la demanda mediante innovación, aumentar la oferta a través de la inmigración y mejorar salarios y condiciones laborales para atraer y retener trabajadores. Sin embargo, la política federal actual se está alejando de estas tres direcciones.
1. Reducir la demanda mediante innovación
La innovación podría disminuir la intensidad de los cuidados que requieren los adultos mayores. Avances en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, en la prevención y el manejo de enfermedades crónicas, y en tecnologías de asistencia podrían reducir la cantidad de trabajadores necesarios por cada persona mayor.
No obstante, el ritmo de estos avances y su impacto real todavía son inciertos. Además, la administración federal ha recortado la financiación de investigaciones que podrían respaldarlos. En 2025, el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento otorgó un 62 % menos de nuevas subvenciones para investigación que el año anterior, lo que implicó una reducción de más de 265 millones de dólares en fondos para estudios sobre envejecimiento. El presupuesto de 2026 propuso nuevos recortes en esta área.
2. Aumentar la oferta mediante inmigración
Otra vía para enfrentar la escasez consiste en ampliar la oferta de trabajadores, especialmente mediante una mayor inmigración. Los trabajadores nacidos en el extranjero representan alrededor del 29 % de la fuerza laboral de atención a largo plazo en Estados Unidos.
La evidencia disponible indica que mayores niveles de inmigración se asocian con mejores ratios de personal en residencias de ancianos y con beneficios para la salud dentro y fuera de estos entornos. Durante la pandemia de COVID-19, mientras muchos trabajadores nacidos en Estados Unidos abandonaron el sector, numerosos trabajadores nacidos en el extranjero continuaron prestando servicios esenciales.
Sin embargo, esta estrategia también enfrenta límites. Los cambios recientes en la política migratoria —demoras o suspensiones en el procesamiento de visas, eliminación de protecciones frente a redadas en centros de salud, reducción del reasentamiento de refugiados y mayor control migratorio— han generado efectos disuasorios que alcanzan incluso a trabajadores con estatus legal.
Administradores de residencias de ancianos han informado ausencias de empleados por temor a controles migratorios. Además, estudios sobre el programa Comunidades Seguras encontraron que una aplicación más estricta de la ley migratoria redujo el número de trabajadores de atención domiciliaria en las áreas afectadas y aumentó las tasas de institucionalización entre adultos mayores.
Otros países han creado vías específicas para atraer trabajadores internacionales de cuidado. Canadá, por ejemplo, cuenta con un programa piloto de inmigración para cuidadores a domicilio que ofrece un camino hacia la residencia permanente. Japón, por su parte, incluye una categoría para cuidadores dentro de su programa de visas para trabajadores calificados específicos.
En Estados Unidos, la Ley bipartidista de Resiliencia de la Fuerza Laboral de Salud permitiría recuperar hasta 40 000 visas no utilizadas para trabajadores de la salud. Aunque sería un avance, no está específicamente orientada a la atención a largo plazo y queda muy lejos de la escala necesaria para cubrir la escasez proyectada.
3. Mejorar salarios y condiciones laborales
Una tercera estrategia sería atraer y retener más trabajadores, incluidos trabajadores nacidos en Estados Unidos, mediante mejores salarios, capacitación y condiciones laborales. En 2024 se observó un leve repunte del empleo en el sector, la primera señal de recuperación tras la caída provocada por la pandemia.
Sin embargo, volver a los niveles de empleo previos a la pandemia no sería suficiente. La población de adultos mayores crecerá con mucha más rapidez que la población en edad laboral, lo que ampliará la brecha entre necesidades de cuidado y disponibilidad de trabajadores.
Cerrar la brecha sin aumentar la inmigración implicaría trasladar trabajadores desde otros sectores, como el comercio minorista, el almacenamiento o la restauración. Esa reasignación tendría costos de oportunidad, ya que esos sectores también contribuyen a la base impositiva que financia la atención a largo plazo.
Para inducir ese movimiento sería necesario aumentar los salarios relativos y fortalecer la capacitación del personal actual. Aunque estas medidas son deseables, elevarían el gasto per cápita en atención a largo plazo al mismo ritmo que los costos impulsados por el envejecimiento poblacional, lo que aumentaría la presión fiscal sobre los financiadores.
Como la atención a largo plazo se financia en gran medida con fondos públicos, cualquier aumento salarial requeriría mayores tasas de reembolso. Sin embargo, la política actual se orienta en sentido contrario. La ley One Big Beautiful Bill, firmada en julio de 2025, reducirá el gasto federal en Medicaid en aproximadamente 1 billón de dólares durante la próxima década, según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso.
Dado que Medicaid es el principal financiador de la atención a largo plazo, estos recortes probablemente se traduzcan en salarios más bajos, menor contratación y mayor rotación de personal, precisamente cuando el sector necesita expandirse.
Conclusión: una brecha que seguirá creciendo
Estados Unidos enfrenta una escasez proyectada de más de 3 millones de trabajadores de atención a largo plazo para 2040. Para responder a este desafío se necesitan avances simultáneos en tres frentes: innovación, inmigración y mejores condiciones laborales.
La política federal actual, sin embargo, se mueve en la dirección opuesta: reduce la financiación de la investigación, endurece la aplicación de normas migratorias que afectan a trabajadores esenciales y recorta Medicaid, el principal financiador del sistema.
Sin cambios de política, la brecha seguirá ampliándose. El resultado probable será menos disponibilidad de camas, menor acceso a la atención domiciliaria y una calidad de cuidado insuficiente para una población adulta mayor cada vez más numerosa.