Un paso en la búsqueda del Santo Grial

David J. Hunter, M.B., B.S., F.Med.Sci

Lo que el ensayo NHS-Galleri nos enseña sobre el rastreo de cáncer, la evidencia y el valor

La promesa

Pocas ideas resultan tan atractivas en medicina como la de detectar el cáncer con una simple extracción de sangre, antes de que aparezcan síntomas y cuando todavía puede curarse. La lógica parece impecable: el diagnóstico en estadios tempranos se asocia con mejor supervivencia, y el ADN libre circulante de origen tumoral (cfDNA) ya se usa con solvencia para monitorear la respuesta al tratamiento en varios tipos de cáncer, sobre todo hematológicos y metastásicos. ¿Por qué no usarlo para rastrear a toda la población?

Varias empresas ofrecen desde hace años pruebas de detección temprana multicáncer (MCED, por su sigla en inglés) con esa promesa. El problema es que sus afirmaciones se apoyaban en estudios de un solo grupo, sin control, o en el uso de la prueba en pacientes que ya tenían síntomas inespecíficos como pérdida de peso o fatiga. Faltaba lo esencial: un ensayo aleatorizado, grande, que midiera si rastrear a la población general cambia algo que importe.

Ese ensayo llegó. El 22 de septiembre de 2026, el New England Journal of Medicine publicó los resultados del ensayo NHS-Galleri (Sasieni y colaboradores), acompañados de un editorial de David J. Hunter, epidemiólogo de Oxford y de Harvard, cuyo título es elocuente: se trata de apenas un paso en la búsqueda de un Santo Grial que sigue siendo esquivo.

El ensayo: una proeza metodológica

El diseño merece reconocimiento. Fue una colaboración entre una empresa (Grail), investigadores académicos y el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS). En menos de un año se incorporaron más de 140.000 personas de 50 a 77 años, asignadas al azar a tres rondas anuales de rastreo con la prueba multicáncer más atención habitual, o a atención habitual sola, con tres años de seguimiento y alta retención.

Hay un detalle que cualquier gestor debería subrayar: los investigadores lograron incorporar participantes de manera casi pareja a lo largo de todo el espectro socioeconómico. Es algo que pocos ensayos grandes consiguen, y que evita el sesgo clásico de reclutar a los sanos preocupados, más educados y con mejor pronóstico basal. La validez externa, tan a menudo ignorada, aquí fue cuidada desde el diseño.

AspectoDato del ensayo NHS-Galleri
DiseñoEnsayo aleatorizado controlado, colaboración Grail – academia – NHS
ParticipantesMás de 140.000 personas de 50 a 77 años, reclutadas en menos de un año
IntervenciónTres rondas anuales de prueba multicáncer + atención habitual
ControlAtención habitual sola
Punto final primarioIncidencia de cáncer en estadio III–IV en 12 tipos preespecificados
Resultado primarioNo se observó reducción significativa
Positivos por rondaAlrededor del 1% del grupo intervenido
Positivos sin cáncer hallado48%
Predicción del sitio de origenPrimer o segundo sitio sugerido correcto en más del 90% de los positivos

Tabla 1. Síntesis del ensayo según el editorial de Hunter (NEJM, 2026).

El resultado: no alcanzó el objetivo

El punto final primario era una reducción en la incidencia de cánceres en estadio III o IV entre 12 tipos de tumor preespecificados, a lo largo de las tres rondas. No se logró. Los investigadores señalan como posible señal una incidencia algo menor de estadio IV en la segunda y tercera rondas, y proponen esperar el seguimiento de mortalidad durante la próxima década. Es razonable: los grandes estudios de rastreo suelen tardar muchos años en madurar.

Pero la otra cara pesa. En cada ronda, alrededor del 1% del grupo intervenido recibió un resultado positivo, es decir, se le comunicó que podía tener un cáncer. Y en casi la mitad de esos casos (48%) no se encontró ningún cáncer. Los autores argumentan que la tasa de falsos positivos es menor que la de la mamografía o el rastreo colorrectal, lo cual es cierto en términos relativos. Sin embargo, Hunter advierte algo que la estadística no captura: no es lo mismo que te digan que se busca «algún cáncer» que decirte que se busca uno probablemente avanzado. El impacto psicológico de esa noticia no es un dato menor.

El talón de Aquiles

La prueba tiene un mérito técnico notable: los marcadores de metilación permiten predecir el órgano de origen, y en más del 90% de los positivos el sitio primario fue el primero o el segundo sugerido. Esto desactivó el temor inicial a una «odisea diagnóstica» de estudios a ciegas.

El problema de fondo es otro, y es biológico: la prueba es mucho menos sensible para los cánceres en estadio I y II que para los avanzados, probablemente porque en muchos tumores tempranos el ADN tumoral no circula o no es detectable con la tecnología actual. Y justamente los programas de rastreo que funcionan —mama, pulmón, colon, cuello uterino, piel— lo hacen porque detectan una alta proporción de lesiones tempranas o porque permiten extirpar lesiones precancerosas.

Concepto clave: desplazar estadios no es lo mismo que curar Pasar un diagnóstico de estadio IV a estadio III es valioso, pero vale mucho menos que detectar en estadio I o II, donde la supervivencia prolongada o la curación son mucho más probables. Un rastreo que desplaza estadios en el extremo avanzado de la curva puede mover indicadores intermedios sin cambiar lo que le importa al paciente: vivir más y mejor.

Por eso la conclusión de Hunter es tajante: ¿está lista esta prueba para el rastreo poblacional? La respuesta es un «no» inequívoco. Pero no es un «nunca». Harían falta mejoras técnicas que aumenten la sensibilidad en estadios tempranos, si es que son posibles, y análisis rigurosos de costo-beneficio.

Dónde sí podría tener lugar

El editorial abre dos puertas razonables. La primera, el uso en consultorios oncológicos para pacientes con síntomas y signos sugestivos de cáncer pero sin un sitio primario claro, en línea con lo que mostró el estudio SYMPLIFY. La segunda, el cuidado de personas con riesgo muy alto de tumores para los que hoy no existe rastreo eficaz, como ovario y páncreas. Es decir: usos acotados, con probabilidad pretest alta, donde el valor predictivo de la prueba mejora y la relación entre beneficio y daño se vuelve más favorable.

Lecturas desde la gestión y la economía de la salud

Más allá de la oncología, el caso NHS-Galleri deja lecciones que exceden a la prueba en sí.

1. Los criterios de rastreo siguen vigentes

Los principios que Wilson y Jungner formularon para la OMS en 1968 exigen, entre otras cosas, que exista un estadio temprano reconocible, que el tratamiento en ese estadio sea más eficaz, y que el balance entre costo y beneficio sea aceptable. La prueba multicáncer falla precisamente en el primer eslabón: no ve bien lo temprano. La tecnología cambió; la epidemiología del rastreo, no.

2. La diferencia entre medir y mejorar

Un indicador intermedio (el desplazamiento de estadio) no reemplaza al resultado que importa (la mortalidad específica y la calidad de vida). En la lógica de la medicina basada en el valor, el numerador son los resultados relevantes para el paciente; si ese numerador no se mueve, cualquier costo agregado —la prueba, la cascada diagnóstica de los positivos, la ansiedad, los estudios en quienes no tenían nada— deteriora el valor. Es una aplicación directa de lo que el movimiento Right Care viene señalando sobre sobrediagnóstico y sobreactuación.

3. La capacidad del sistema también es un resultado

Un trabajo publicado en JAMA sugirió que las regiones participantes tuvieron un pequeño aumento (unos dos días) en el tiempo medio desde la derivación por sospecha de cáncer hasta la resolución diagnóstica durante la primera ronda. Dos días parecen poco, pero muestran algo que todo gestor conoce: cada positivo consume turnos de imágenes, endoscopias, biopsias y consultas especializadas, que compiten con los pacientes que ya tienen síntomas. Un rastreo masivo no es sólo una prueba: es una demanda inducida sobre la red diagnóstica.

4. La arquitectura institucional de la evidencia

El ensayo recibió críticas: haberse aprobado sin consulta adecuada al Comité Nacional de Rastreo británico, comprometer recursos públicos con una empresa comercial y no tener potencia suficiente para evaluar mortalidad por cáncer. Son objeciones serias. Pero Hunter destaca el otro lado: el protocolo fue público, el análisis estuvo a cargo de grupos académicos independientes y el reporte fue transparente. Sin este ensayo, el sistema de salud británico habría enfrentado presiones de la industria y de asociaciones de pacientes para incorporar la prueba sobre la base de estudios pequeños, no aleatorizados y de anécdotas poderosas. El resultado negativo, obtenido con rigor, protegió al sistema de una decisión costosa y probablemente equivocada. Hunter agrega que es difícil imaginar un ensayo de este tamaño en el fragmentado sistema estadounidense.

¿Y nosotros?

Esa última observación nos toca de lleno. Si un ensayo así es difícil en Estados Unidos, en un sistema segmentado y fragmentado como el argentino —subsector público, obras sociales, prepagas— es casi impensable. Y ahí está el riesgo: que estas pruebas lleguen por la vía comercial, vendidas directamente al consumidor o incorporadas por algún financiador como diferencial de marketing, sin evaluación de tecnología sanitaria, sin integración a una red diagnóstica que pueda absorber los positivos, y con los costos de la cascada trasladados al sistema o al bolsillo de las personas.

Lección para los decisores Fortalecer las agencias de evaluación de tecnologías sanitarias y exigir evidencia de resultados finales, no de indicadores intermedios, antes de cubrir cualquier rastreo poblacional. Entender que un resultado negativo bien obtenido es una buena noticia para la salud pública: evita gastar recursos escasos en algo que no mejora la vida de las personas y los libera para rastreos que sí funcionan y que todavía no alcanzan coberturas adecuadas, como el colorrectal o el de cuello uterino.

Cierre

La detección precoz del cáncer mediante una prueba de sangre sigue siendo un Santo Grial, y este ensayo nos acerca un paso, aunque no en el sentido que muchos esperaban. Nos acerca porque puso una idea atractiva bajo una prueba rigurosa y obtuvo una respuesta clara: todavía no. Eso también es progreso. En medicina, la honestidad de un «no» bien fundado vale más que el entusiasmo de mil anécdotas.

Bibliografía

Hunter DJ. A Step in the Search for the Elusive Holy Grail of Early Detection of Cancer. N Engl J Med. Publicado en línea el 22 de septiembre de 2026. DOI: 10.1056/NEJMe2611312.

Mann S, Nascimento de Lima P, Eagan J, Ulyte A, Griffin BA. Cancer diagnostic delay rates associated with a population-based screening trial evaluating a cell-free DNA multicancer early detection test. JAMA. 2026;336:125-34.

Neal R, Dolly S, Johnson P, et al. Performance of a multicancer early detection test in the randomized controlled NHS-Galleri trial. Nat Med. 22 de septiembre de 2026 (Epub ahead of print). https://doi.org/10.1038/s41591-026-04652-8.

Nicholson BD, Oke J, Virdee PS, et al. Multi-cancer early detection test in symptomatic patients referred for cancer investigation in England and Wales (SYMPLIFY): a large-scale, observational cohort study. Lancet Oncol. 2023;24:733-43.

Sasieni P, Johnson P, Round T, et al. Effect of screening with a multicancer early-detection test on late-stage cancer diagnosis. N Engl J Med. DOI: 10.1056/NEJMoa2505723.

Turnbull C, Wald N, Sullivan R, et al. GRAIL-Galleri: why the special treatment? Lancet. 2024;403:431-2.

Wilson JMG, Jungner G. Principles and Practice of Screening for Disease. Public Health Papers N.º 34. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 1968.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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