Instituciones. Políticas de estado. El país que le estamos dejando a nuestros hijos.

Illustration contrasting a green planned city with a dense distressed city

¿Cuándo empezaremos a imitar a Uruguay?

Instituciones, políticas de Estado y el país que les dejamos a nuestros hijos

Dr. Carlos Alberto Díaz · saludbydiaz · octubre de 2026

Este es un posteo breve, respaldado por haber trabajado en el analisis de viabilidad de las mutualistas Uruguayas, hace 22 años, haber conocido a sanitaristas valiosos, determinados, austeros, preocupados por mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos. Ser argentino, no es buena carta de presentación, cuando uno va a otros países a trabajar o exponer. Sabemos qué hacer, pero no lo hacemos. Lo llamativo es que los argentinos «sabemos» lo que hay que hacer. ¿Sabemos?. Los diagnósticos sobran: documentos de consenso, foros de expertos, planes estratégicos de salud, de educación y de infraestructura, escritos y reescritos durante cuarenta años. Cualquier sanitarista puede enumerar sin dudar qué le falta al sistema: integración de subsectores, historia clínica única, evaluación de tecnologías, carrera profesional, financiamiento por resultados. Lo sabemos. Y, sin embargo, no lo hacemos.

No es un problema de conocimiento: es un problema de ejecución, y sobre todo de horizonte. El corto plazo nos apremia. Las reformas que importan rinden sus frutos en diez o veinte años, mucho después de la próxima elección. Sus costos, en cambio, se pagan hoy y los paga quien las impulsa. Mientras los beneficios sean de otros y los costos sean propios, ningún dirigente que piense en el próximo turno electoral tiene incentivos para empezarlas.

La avidez por las cajas. A esa miopía se suma algo más grave. Cada sector público maneja una caja: fondos de obras sociales, presupuestos provinciales, organismos descentralizados, programas nacionales, partidas discrecionales. Para muchos actores corporativos y políticos, el objetivo no es que esas cajas funcionen sino controlarlas. Y el control de una caja es incompatible con las reglas estables, la transparencia y la evaluación de resultados, que son precisamente las condiciones de una política de Estado.

Cuando la urgencia desafía a la democracia. La urgencia por esas cajas lleva a algunos sectores a ver en el orden democrático un obstáculo y no un marco: a apostar por que el gobierno de turno no termine, a forzar crisis que habiliten un reparto distinto, a romper las reglas antes que esperar el turno electoral. La historia argentina del siglo XX está marcada por seis golpes de Estado (1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976). Desde 1983 la democracia es continua, pero dos presidentes no completaron su mandato: Alfonsín entregó el poder antes de tiempo en 1989 y De la Rúa renunció en 2001. Recién en 2019 un presidente no peronista terminó su período por primera vez desde 1928.

Uruguay muestra el camino inverso. Desde la restauración democrática de 1985, todos sus presidentes, de tres partidos distintos, completaron su mandato y entregaron el poder a quien ganó la elección siguiente. Esa previsibilidad no es un dato menor: es la condición para que una reforma iniciada por un gobierno sea continuada por el siguiente. Nadie construye un sistema de salud a treinta años en un país donde cada crisis amenaza con reiniciarlo todo.

La paradoja argentina Sabemos qué hacer, pero el corto plazo nos impide hacerlo. Las cajas sectoriales premian el control antes que el resultado. Y cuando las reglas estorban al reparto, hay quienes prefieren romper las reglas. La salida no es menos democracia, sino más institucionalidad: reglas que ningún gobierno ni ninguna corporación pueda cambiar a su conveniencia.

El hoy que les debemos a nuestros hijos

Un país no se mide por lo que promete, sino por lo que es capaz de sostener cuando cambia el gobierno. Esa es la diferencia entre una política de gobierno y una política de Estado: la primera dura un mandato; la segunda atraviesa generaciones.

Los argentinos exigimos, con razón, trabajo formal, salud y educación de calidad. Pero lo exigimos como quien reclama un derecho ya pagado, sin asumir que esas tres cosas son el resultado de décadas de esfuerzo, ahorro, reglas estables y acuerdos que nadie rompe al día siguiente de ganar una elección. Pretendemos el resultado sin el esfuerzo.

La pregunta de fondo es simple y, sin embargo, incómoda: ¿qué estamos haciendo hoy para que nuestros hijos vivan mejor que nosotros? Y si no sabemos cómo hacerlo, ¿por qué no miramos a quienes sí lo hicieron? Uruguay, Nueva Zelanda, Australia. El primero, a un río de distancia.

Uruguay: el país que decidió ponerse de acuerdo

Uruguay alterna gobiernos de signo distinto y, sin embargo, no reinicia el país en cada mandato. Desde 2005 gobernó el Frente Amplio, en 2020 asumió una coalición encabezada por el Partido Nacional y en 2025 volvió el Frente Amplio. Las grandes reformas sobrevivieron a todos.

Esa continuidad no es casualidad: es una cultura política. Se discute con dureza, se vota, y lo votado se respeta. El péndulo existe, pero oscila dentro de un marco que nadie pretende demoler. Hay seguridad jurídica, una justicia electoral confiable y una clase política que entendió que el futuro se construye acordando qué se va a hacer, y no destruyendo lo que hizo el otro.

La salud como política de Estado. En 2007 la Ley 18.211 creó el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), financiado por un seguro nacional (FONASA) que integra prestadores públicos y mutuales privadas bajo reglas comunes. El Fondo Nacional de Recursos, creado en 1980, financia la alta complejidad desde hace más de cuatro décadas, con protocolos y evaluación de resultados, atravesando dictadura, democracia y alternancias. Los gobiernos ajustaron prestaciones y metas asistenciales, pero no desarmaron el sistema.

Profesión y carrera. El Sindicato Médico del Uruguay no se limitó a reclamar salarios: fue interlocutor del diseño del trabajo médico, de los cargos de alta dedicación y de una carrera que vale tanto en el sector público como en el privado. Un gremio que sostiene a la profesión, no sólo a sus afiliados.

Datos para decidir. La Historia Clínica Electrónica Nacional, impulsada por el programa Salud.uy, permite que la información del paciente lo acompañe entre prestadores. Sin datos no hay gestión, ni equidad medible, ni rendición de cuentas.

Educación e igualdad de oportunidades. El Plan Ceibal, lanzado en 2007, entregó una computadora a cada niño de la escuela pública y conectividad a cada escuela. Lo que empezó como un programa de un gobierno es hoy una institución que ningún sucesor se animó a cerrar.

Derechos debatidos, no impuestos. La interrupción voluntaria del embarazo (2012), la regulación del cannabis (2013) y la ley de muerte digna se discutieron años, con posiciones encontradas dentro de cada partido. La eutanasia fue impulsada por un diputado colorado en 2020, quedó trabada en el Senado en 2022 y se aprobó en octubre de 2025 con 20 votos sobre 31, con apoyos del oficialismo y de la oposición; el presidente Orsi la reglamentó en 2026. Se puede estar a favor o en contra de cada una de estas leyes; lo admirable es el método: deliberación, mayoría, reglamentación y respeto.

Los resultados: indicadores que mejoraron

La reforma sanitaria uruguaya no es un relato: se puede medir. En sus primeros quince años transformó cobertura, financiamiento y resultados maternoinfantiles.

IndicadorAl inicio del SNISDato reciente
Cobertura de la población95% protegida (2008)Prácticamente 100%
Gasto de bolsillo (% del gasto total en salud)23% antes de la reforma15% (2019)
Mortalidad infantil (por 1.000 nacidos vivos)10,6 (2009)6,6 en 2017 (mínimo histórico); 6,5 en 2024 (preliminar)
Mortalidad materna (por 100.000 nacidos vivos)20 (2005)10 (2024)

Fuentes: Aran y Laca (2011); OPS (2021); MSP, Estadísticas Vitales 2024 y comunicado 2018; Montevideo Portal (2025).

El sistema fijó además Objetivos Sanitarios Nacionales con metas medibles: la fecundidad adolescente cayó a un tercio en pocos años, combinando educación sexual con acceso a implantes subdérmicos. No todo es lineal: en 2023 la mortalidad infantil repuntó, se abrió un debate público entre exautoridades y el ministerio, y en 2024 volvió a bajar. Lo notable es que la discusión se dio con datos oficiales publicados, no con cifras escondidas.

Detrás de esos números no hay magia: hay una arquitectura financiera. Vale la pena describirla con detalle, porque es exactamente lo que la Argentina nunca se animó a construir.

Cómo circula el dinero: mancomunación, cápita y metas

El SNIS separa tres funciones que en la Argentina están mezcladas: quién recauda, quién mancomuna el riesgo y quién presta. Recauda el Banco de Previsión Social; mancomuna el FONASA; prestan ASSE (el prestador público) y las mutualistas privadas sin fines de lucro, las Instituciones de Asistencia Médica Colectiva (IAMC). La Junta Nacional de Salud (JUNASA) firma con cada prestador un contrato de gestión y puede retener pagos si no lo cumple.

1. La mancomunación de fondos

Todos los aportes van a un único fondo nacional y obligatorio, que no pertenece a ningún gremio, empresa ni mutual. Cada uno aporta según lo que gana y recibe según lo que necesita:

Quién aportaCuántoQué cubre
Empleador (público y privado)5% del salarioAporte patronal al fondo común
Trabajador con ingreso hasta 2,5 BPC3% del salarioA sí mismo y, si corresponde, a su familia
Trabajador con ingreso mayor a 2,5 BPC4,5% del salarioA sí mismo
Ídem, con hijos a cargo6% del salarioA sí mismo y a sus hijos
Ídem, con hijos y cónyuge8% del salarioAl núcleo familiar completo
Estado (rentas generales)Cerca del 24% del fondoLa diferencia entre lo que se paga a los prestadores y lo que se recauda

Fuente: OPS, Funcionamiento del sistema de salud de Uruguay (2021). BPC: Base de Prestaciones y Contribuciones.

El efecto es doble. El subsidio cruzado va del que gana más al que gana menos y del sano al enfermo. Y la cobertura sigue a la persona: el desempleado mantiene su mutualista, y los jubilados, cónyuges y profesionales independientes se fueron incorporando por etapas entre 2008 y 2016. Los afiliados con cuota mutual pasaron de 1,38 millones en 2008 a 2,41 millones en 2015 (Bellomo y Naranja, BPS). El Fondo Nacional de Recursos funciona como segundo fondo mancomunado, de reaseguro, para la alta complejidad.

2. Una cápita única, ajustada por riesgo

El FONASA no paga por acto ni por internación: paga a cada prestador una cuota mensual por afiliado. La tabla de cápitas es única para todo el país y la fija el Poder Ejecutivo. El mismo afiliado vale lo mismo en ASSE, en una mutualista de Montevideo o en una del interior. Lo que cambia el valor es el riesgo esperado según edad y sexo: 8 tramos de edad para cada sexo, con valores más altos en el primer año de vida, en la vejez y en las mujeres en edad reproductiva.

Esta regla tiene tres consecuencias de diseño:

  • Se acaba la selección de riesgo. Un prestador no gana nada rechazando a un anciano, porque el anciano trae una cápita mayor. Afiliar a jóvenes sanos deja de ser negocio.
  • Se compite por calidad, no por precio. Como el precio lo fija el Estado, el afiliado elige por cercanía, prestigio, tiempos de espera y trato. Para evitar el traspaso permanente, la afiliación dura al menos dos años y luego hay una ventana anual de cambio.
  • La eficiencia queda en manos del prestador. Con ingreso por afiliado conocido y previsible, el resultado depende de cuán bien se gestiona el costo por afiliado. Eso, como veremos, separó a las mutualistas que ganaron de las que perdieron.

3. Metas asistenciales: pagar por cumplir objetivos nacionales

Sobre la cápita se agrega un componente variable: las metas asistenciales. Una parte de la cuota, que empezó en torno al 6% y hoy ronda el 8%, sólo se cobra si el prestador cumple objetivos fijados por el Ministerio de Salud Pública. La institución informa trimestralmente y el ministerio verifica en terreno. Si no cumple, no cobra esa porción.

Las metas no son libres: bajan de los Objetivos Sanitarios Nacionales. Empezaron por el binomio madre-hijo (captación temprana del embarazo, controles prenatales, control del niño sano, vacunación) y se fueron ampliando a la adolescencia, al adulto mayor, a las enfermedades crónicas, a la asignación de un médico de referencia, a la creación de cargos médicos de alta dedicación y, tras la pandemia, a recuperar la atención presencial y reducir las cirugías postergadas.

Funcionaron. Una evaluación de Alzúa y Katzkowicz (CEDLAS, 2020) encontró que la meta maternoinfantil elevó en unos 10 puntos porcentuales la proporción de embarazadas con controles adecuados, en unos 5 puntos la captación en el primer trimestre, y mejoró el peso al nacer, la prematurez y la mortinatalidad. Es la política sanitaria nacional traducida en un incentivo económico de cada prestador.

La lógica del sistema en una línea Cuota salud = cápita por edad y sexo (precio único nacional) + pago por cumplimiento de metas asistenciales. El Estado fija el precio, define los objetivos y paga por resultados. El prestador asume el riesgo de gestionar bien.

Por qué algunas mutualistas ganaron y otras perdieron

Si todas reciben la misma cápita por el mismo afiliado, ¿por qué en veinte años unas crecieron y otras quebraron? Justamente porque la regla es igual para todas, la diferencia la hizo la gestión. El sistema dejó de rescatar ineficiencias y las puso a la vista.

InstituciónFONASA dic-2010FONASA dic-2023VariaciónCuota 2010Cuota 2023Tendencia
Médica Uruguaya195.625304.751+56%24,6%26,3%Ganó: la mayor del país
Asociación Española107.522169.312+57%13,5%14,6%Ganó: superó al CASMU
CASMU116.250158.244+36%14,6%13,7%Perdió; intervenida desde 2024
SMI84.546119.504+41%10,6%10,3%Estable (absorbió IMPASA en 2009)
Círculo Católico de Obreros57.850109.565+89%7,3%9,5%Ganó: la de mayor avance entre las grandes
COSEM34.90189.743+157%4,4%7,8%Ganó: el mayor crecimiento relativo
Universal46.37469.098+49%5,8%6,0%Estable
Hospital Evangélico37.86862.966+66%4,8%5,4%Ganó
CUDAM42.82247.686+11%5,4%4,1%Perdió
GREMCA32.34926.361−19%4,1%2,3%Perdió; patrimonio negativo
Casa de Galicia40.003—−100%5,0%—Cerró en 2021
IMPASA17.327 (2008)—−100%——Absorbida por SMI en 2009
Total Montevideo796.1101.157.230+45%100%100% 

Fuentes: CERES (2024), ejercicio oct. 2022–sep. 2023; Exante (2025); MSP (2023).

El caso Casa de Galicia. Llegó al cierre con 42.896 afiliados, menos de la mitad de los que tenía en los noventa, y un 30% de mayores de 65 años. Su deuda llegaba a US$ 89 millones: $86.000 por afiliado contra un promedio de $21.000 en el resto del sistema. Perdía cerca del 11% de sus ingresos por año. El informe del MSP al Parlamento enumeró las causas: cápitas cedidas a acreedores, contratos desfavorables con proveedores, planes de reestructura incumplidos (sólo 2 de 10 iniciativas), decisiones discrecionales de la presidencia, compras paralelas, contabilidad atrasada y pagos sin respaldo. Había tenido intervenciones en 2002 y 2006 y dos accesos al fondo de garantía. Sus socios fueron reasignados por ley a cinco instituciones; el Círculo Católico recibió 19.001 y el Hospital Evangélico 8.363.

Las causas, una por una. De la experiencia de estos veinte años surgen seis factores que separan a ganadores de perdedores:

  1. Gobernanza y profesionalización. Las instituciones sin fines de lucro no tienen accionistas que exijan eficiencia. Donde la conducción fue profesional y controlada, hubo resultados; donde fue discrecional o corporativa, hubo quiebra.
  2. Cartera envejecida sin ajuste por enfermedad. La cápita compensa edad y sexo, pero no enfermedades crónicas. Las mutualistas tradicionales con socios más viejos y más enfermos, como Casa de Galicia, CASMU y la Española, absorbieron un costo que la cápita no cubría del todo. En el juicio por Casa de Galicia, una exautoridad describió la reforma como «huérfana de un mayor apoyo económico» para esas instituciones.
  3. Costos laborales que corren más rápido que la cápita. Casi dos tercios del costo son salarios. Desde 2007 las cápitas subieron 284%, el índice de salarios 410% y los precios 251% (CERES). La mutualista que no aumentó productividad quedó atrapada en esa brecha.
  4. Deuda heredada y costo financiero. Quien llegó a la reforma con pasivos grandes pagó intereses en lugar de invertir. La Española y el CASMU cerraron 2023 con deudas de US$ 100 y 80 millones. En algunas del interior el costo financiero superó el 10% del pasivo.
  5. Primer nivel de atención y médico de referencia. En la apertura de movilidad de 2017 cambiaron de institución unas 55.000 personas (3,4%). Las que ganaron afiliados tenían más médicos generales: 16,3 contra 13,7 cada 10.000 usuarios adultos. El afiliado premia la puerta de entrada accesible.
  6. Escala y territorio. Las cinco mayores concentran el 43% de los afiliados, mientras varias del interior operan con menos del 1%. Paradójicamente, el interior tuvo mejores resultados (1,8% sobre ingresos contra 0,4% en Montevideo), apoyado en gremiales médicas locales con menos competencia y estructuras más livianas.

El sistema tampoco es perfecto, y sus defensores lo admiten. Los márgenes de las mutualistas son mínimos: la mediana de ganancia neta fue de 0,6% en 2023 (Exante). La mayoría de las de Montevideo tiene pasivos de corto plazo mayores que sus activos corrientes. El aporte de rentas generales crece. Y la falta de una superintendencia financiera dejó que Casa de Galicia se hundiera durante años antes del cierre. Por eso centros de estudio como CERES proponen ajustar la cápita por enfermedad crónica, acortar la permanencia obligatoria a un año, crear una superintendencia y un protocolo de cierre, y sumar los tiempos de espera a las metas.

La lección para la Argentina es directa. Uruguay demostró que se puede mancomunar todo el aseguramiento en un fondo, pagar un precio único ajustado por riesgo, atar una parte del pago a objetivos sanitarios nacionales y dejar que los prestadores compitan por calidad. Cuando un prestador fracasó, el sistema reasignó a sus afiliados sin que nadie perdiera cobertura. Nosotros tenemos cientos de obras sociales que recaudan, mancomunan y a veces prestan a la vez. Tenemos un Fondo Solidario de Redistribución que compensa diferencias de manera parcial, ningún pago por cumplir objetivos sanitarios y prestadores que cobran tarde por actos sueltos. La diferencia no es de recursos: es de diseño institucional.

Nueva Zelanda y Australia: países agroexportadores que eligieron reglas

No hace falta mirar a Escandinavia. Nueva Zelanda y Australia son, como nosotros, países lejanos, de base agropecuaria y con grandes extensiones de tierra. La diferencia no está en la naturaleza: está en las instituciones. Nueva Zelanda fue pionera en dar independencia a su banco central con metas de inflación (1989) y en obligar por ley a los gobiernos a rendir cuentas fiscales (1994). Australia sostiene desde 1984 un seguro universal de salud, Medicare, y desde 1992 un ahorro previsional obligatorio; laboristas y liberales discuten sus parámetros, pero ninguno los confisca.

Y ante la sequía, Australia hizo lo que nosotros no: un plan de cuenca. El Plan de la Cuenca Murray-Darling (2012) ordena el uso del agua entre estados, productores y ambiente con reglas que trascienden gobiernos. Es exactamente la clase de política que nuestra pampa húmeda reclama.

Nueva Zelanda: un sistema de salud que se reforma sin demolerse

Nueva Zelanda construyó su sistema por capas a lo largo de casi un siglo. Cada gobierno agregó o reorganizó, pero las piezas que funcionaban quedaron.

  1. 1938, la base universal. La Ley de Seguridad Social creó uno de los primeros sistemas de salud financiados con impuestos generales del mundo.
  2. 1974, la compensación sin culpa. La Accident Compensation Corporation (ACC) cubre a cualquier persona lesionada, incluidos los daños por tratamiento médico, sin necesidad de probar negligencia. Al separar la indemnización de la culpa reduce la medicina defensiva y facilita que se reporten errores.
  3. 1993, comprar medicamentos con criterio. PHARMAC decide qué medicamentos financia el Estado según beneficio y costo, y negocia precios como comprador único. Una revisión independiente de 2022 concluyó que el modelo sigue siendo sólido. Lleva más de treinta años y gobiernos de ambos signos.
  4. 2022, una sola red nacional. La Ley Pae Ora reemplazó a las 20 juntas de salud de distrito por una agencia nacional, Health New Zealand, con un Plan Nacional de Salud y la obligación de informar su desempeño contra ese plan.

La alternancia se nota y también sus límites: el gobierno de coalición disolvió en 2024 la Autoridad de Salud Maorí creada por la reforma, pero conservó la estructura nacional unificada. Se discute el cómo; no se vuelve a fojas cero.

Australia: formar médicos donde se los necesita

Australia tiene un problema parecido al nuestro: los médicos se concentran en las grandes ciudades y faltan en el interior. La diferencia es que lo trató como política de Estado durante más de dos décadas, con evaluación de resultados.

  • Formar en el territorio. Las Escuelas Clínicas Rurales, financiadas por el gobierno federal, obligan a las facultades a reservar vacantes para estudiantes de origen rural y a que muchos cursen al menos un año de práctica clínica fuera de las capitales. Los médicos tienden a ejercer cerca de donde se formaron.
  • El generalista rural como especialidad. La Vía Nacional del Generalista Rural forma profesionales con competencias ampliadas (obstetricia, anestesia, emergencias) en redes de formación de la propia región. En Victoria, sus egresados superaron los parámetros nacionales de radicación con seguimiento de hasta nueve años.
  • Medir qué funciona. En Australia del Sur y Occidental (2010-2016), los egresados de la vía rural de medicina general tenían 2,3 veces más probabilidad de ejercer en zonas rurales.
  • Corregir lo que no funciona. Las becas con obligación de servicio rural garantizan presencia durante el período exigido pero retienen poco después; la propia asociación de estudiantes pidió reasignar esos fondos a prácticas rurales prolongadas. La política se ajusta con evidencia, no se abandona.

La Argentina del cinismo

Entre nosotros, demasiados de quienes nos gobernaron hicieron del cinismo un método y de la destrucción de las instituciones una meta. Cada gestión llega para refundar, no para continuar; para desmentir lo anterior, no para mejorarlo. En argentina, cuando se discute, no es para argumentar la posición, sino para destruir al otro. La oposición crítica pero no tiene ideas, o un plan para mostrar. Solo apostar al enojo de la gente porque no mejora su economía familiar, tiene miedo a quedarse sin empleo, la falta de perspectivas, mas allá que hay equilibrio fiscal, disminuyó la inflación y el saldo de balance comercial es un 30% positiva.

Hemos dilapidado el esfuerzo de otros: el ahorro de los jubilados, el trabajo del productor, la inversión de quien creyó en un contrato, los depósitos en los bancos, la deuda soberana. Hemos distribuido lo que no había, con emisión, deuda o default, y luego nos sorprendimos de la inflación y la pobreza. Nos hicieron vivir una falacia: la de creer que lo tenemos todo. Tenemos tierra, agua, energía, talento y universidades. Lo que no tenemos es lo más importante: instituciones que duren y una cultura que valore el trabajo como fuente de dignidad y no como castigo.

Las políticas que faltan

La crítica no puede quedarse en el lamento. Conviene nombrar, una por una, las políticas de Estado que la Argentina no tiene o que tiene sólo en el papel.

ÁreaLo que falta en la ArgentinaLo que hicieron otros
Sistema de saludUn sistema fragmentado en subsector público, cientos de obras sociales, PAMI y prepagas, con 24 jurisdicciones que no comparten reglas ni fondos.Uruguay: fondo único, cápita ajustada y metas asistenciales comunes.
Evaluación de tecnologíasUna agencia con fuerza legal que decida qué se financia; la cobertura la terminan definiendo los amparos judiciales.Nueva Zelanda: PHARMAC, más de treinta años comprando con criterio.
Datos de saludUna historia clínica única e interoperable; la ley federal de informatización de historias clínicas (Ley 27.706, 2023) avanza a ritmo desigual.Uruguay: Historia Clínica Electrónica Nacional.
Recurso humanoPlanificación territorial de facultades y residencias; vacantes de medicina general y especialidades críticas sin cubrir, concentración en grandes ciudades.Australia: escuelas clínicas rurales y generalismo rural evaluado.
Carrera profesionalUna carrera hospitalaria que reconozca dedicación, formación y desempeño; multiempleo y honorarios atrasados.Uruguay: cargos de alta dedicación acordados con el gremio médico.
Daño y responsabilidadUn régimen de compensación que descomprima la judicialización y la medicina defensiva.Nueva Zelanda: ACC, compensación sin culpa desde 1974.
Trabajo formalReglas que hagan más barato contratar en blanco; más de cuatro de cada diez trabajadores siguen en la informalidad.Australia: ahorro previsional obligatorio ligado al empleo formal.
Estadísticas y monedaEstadísticas públicas creíbles de manera sostenida y una moneda que no se use como impuesto; la intervención del INDEC dejó una década de datos en duda.Nueva Zelanda: banco central independiente y responsabilidad fiscal por ley.
Agua e infraestructuraUn plan hidráulico nacional; los planes maestros como el de la cuenca del Salado avanzan al ritmo de cada gestión.Australia: Plan de la Cuenca Murray-Darling.

En salud lo vemos todos los días quienes gestionamos instituciones: historias clínicas que no viajan con el paciente, reglas que cambian por decreto, prestadores que sobreviven sin saber qué les pagarán el mes próximo, aranceles que corren detrás de la inflación y financiadores que trasladan el ajuste a la demora. El paciente lo paga en listas de espera ocultas y en gasto de bolsillo. No es sólo falta de recursos: es falta de acuerdo sobre cómo usarlos y de instituciones que custodien ese acuerdo.

En educación, la ley de financiamiento que fijó una meta del 6% del PBI se cumplió pocos años y luego se olvidó; las evaluaciones de aprendizaje se publican, se lamentan y no cambian nada. En trabajo, cada reforma laboral es un campo de batalla y ninguna es una política. Y en todas las áreas se repite el mismo patrón: el funcionario que llega desarma lo que hizo el anterior, aunque funcionara, porque reconocerlo tendría un costo político.

El campo, el agua y los caminos que no hicimos

La Argentina tiene una obligación que excede sus fronteras: producir alimentos para millones de seres humanos. Y, sin embargo, trata a su principal riqueza como una caja de la que se extrae sin reinvertir.

Cada ciclo repite la misma escena: sequía que destruye cosechas, luego inundaciones que anegan los mismos campos. No existe un plan hidráulico nacional que ordene cuencas, canales, reservorios y drenajes con horizonte de treinta años.

Podríamos exportar mucho más de lo que exportamos, y agregar valor en origen. Pero para eso la producción tiene que llegar a los puertos: rutas, ferrocarriles de carga, hidrovía, logística y energía. La infraestructura es el sistema circulatorio de un país; sin ella, el músculo productivo se atrofia. Y se necesitan incentivos estables: nadie invierte a veinte años cuando las reglas cambian cada veinte meses.

¿Cuándo empezamos?

Imitar no es copiar. Uruguay tiene 3,5 millones de habitantes, una geografía más homogénea y un Estado unitario; también tiene sus deudas en seguridad, desigualdad territorial y en el costo creciente de su sistema. Nadie propone trasplantar leyes. Lo que se puede imitar es el método: acordar pocas cosas y sostenerlas.

Un pacto mínimo para las próximas generaciones 1. Instituciones: independencia de la justicia, de los organismos de control y de las estadísticas públicas. 2. Reglas fiscales: no distribuir lo que no se produce; rendición de cuentas por ley. 3. Trabajo formal: un régimen que haga más barato contratar en blanco que en negro. 4. Salud y educación: un sistema de salud integrado con historia clínica única, agencia de evaluación de tecnologías, carrera profesional y financiamiento previsible; una escuela que mida y mejore aprendizajes. 5. Infraestructura y agua: un plan hidráulico y logístico a treinta años, con financiamiento asegurado y metas públicas.

Nada de esto se logra sin esfuerzo. Exigir derechos sin asumir deberes es otra forma de la falacia. La pregunta no es si podemos parecernos a Uruguay, Nueva Zelanda o Australia: es si estamos dispuestos a hacer hoy el trabajo incómodo cuyo fruto no veremos nosotros, sino nuestros hijos.

¿Cuándo empezaremos a imitar a Uruguay? El día en que entendamos que la grandeza de un país no se declama: se acuerda, se respeta y se hereda.

Bibliografía

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Este texto fue redactado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como asistente de redacción y edición, bajo la supervisión del autor, quien es responsable de su contenido y opiniones.

Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

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