Lo que aprendieron diez hospitales del mundo al dejar de organizarse por especialidades, y qué significa para nuestros hospitales, clínicas y sanatorios
Comentario sobre: Westerink HJ, van Staalduinen DJ, Makdisse M, et al. Moving toward a Condition-Based Organization — Lessons from the Value Catalyst Hospitals. NEJM Catalyst Innovations in Care Delivery 2026;7(10). DOI: 10.1056/CAT.26.0046
Dr. Carlos Alberto Díaz
Profesor Titular, Universidad ISALUD · Director de la Especialización en Economía y Gestión de la Salud
Octubre de 2026
| En pocas palabras Diez hospitales reconocidos por su avance en atención basada en el valor (VBHC) se reunieron durante dos años para responder una pregunta práctica: qué hay que hacer, en concreto, para que un hospital deje de organizarse por especialidades y empiece a organizarse alrededor de las condiciones de los pacientes. El resultado es un marco de tres dominios y diez rasgos, ilustrado con buenas prácticas. Su mensaje central es liberador y a la vez exigente: no hay un único modelo, nadie reorganiza todo el hospital, se avanza por etapas y los arquetipos conviven. Pero sin gobernanza clara, liderazgo con tiempo protegido, personal de apoyo y un cambio cultural deliberado, las unidades por condición quedan atrapadas en los silos de siempre. Este comentario resume el trabajo, lo discute críticamente y propone cómo leerlo desde un sanatorio o un hospital argentino, donde el pago por prestación sigue siendo la regla. |
1. Por qué este artículo merece una lectura atenta
Durante casi veinte años hablamos de valor en salud con una seguridad conceptual que contrasta con la escasa evidencia práctica sobre cómo se implementa. Porter y Teisberg formularon la idea en 2006; Porter y Lee la convirtieron en agenda estratégica en 2013, con seis elementos que se refuerzan entre sí; Paul van der Nat la amplió recientemente a diez, sumando la cultura del valor, las plataformas de aprendizaje para profesionales y una infraestructura informática habilitante. Sabemos qué hay que lograr. Lo que sabemos mucho menos es cómo se reorganiza una institución entera para lograrlo.
El artículo de Westerink, van Staalduinen y colaboradores, publicado en NEJM Catalyst en octubre de 2026, ataca precisamente esa brecha. No pregunta cómo diseñar una unidad de práctica integrada para el cáncer de mama o la diabetes, algo que la literatura ya trató con cierto detalle. Pregunta qué ocurre con el hospital completo cuando empieza a funcionar por condiciones: a quién reportan las nuevas unidades, qué pasa con los pacientes que no encajan en ninguna, cómo convive la lógica de la condición con los departamentos que siguen existiendo, quién lidera, quién paga y quién evalúa.
Para quienes dirigimos clínicas y sanatorios, la pregunta no es académica. La atención fragmentada por especialidades, donde cada servicio se ocupa de un tramo del recorrido del paciente y nadie del recorrido entero, es el principal obstáculo para medir y mejorar resultados. Si queremos que el valor deje de ser un discurso, necesitamos saber cómo se mueve la estructura. Este trabajo ofrece, por primera vez, una mirada comparada desde diez instituciones que ya lo están intentando.
2. La comunidad Value Catalyst y el método
La Value Catalyst es una comunidad de aprendizaje de diez hospitales o redes de Europa, Norteamérica, Medio Oriente y Asia, seleccionados por su condición de pioneros en VBHC y por su experiencia demostrada en organización basada en condiciones. Participan IPO Porto (Portugal), la red Santeon y el Radboud University Medical Center (Países Bajos), el Hospital Universitario de Basilea (Suiza), Vall d’Hebron y el 12 de Octubre (España), el Jewish General Hospital de Montreal (Canadá), el Sheba Medical Center (Israel) y los sistemas SingHealth y NUHS (Singapur). Son instituciones públicas, sin fines de lucro, casi todas académicas, con plantillas de entre 2.000 y 34.000 trabajadores.
Cada hospital estuvo representado por al menos tres personas de distintos niveles (directorio, conducción clínico-gerencial y asesores), lo que permitió recoger la mirada estratégica, táctica y operativa. Desde junio de 2024 se reunieron en forma virtual cada seis semanas. Las primeras seis reuniones se dedicaron al rediseño organizacional por condiciones.
El método es tan interesante como los resultados. Se partió de un marco inicial construido a partir de la literatura. En cada reunión, dos hospitales presentaban su experiencia usando ese marco; el equipo investigador identificaba luego temas nuevos, los incorporaba y actualizaba la guía para los siguientes presentadores. Cada ronda construía sobre la anterior. Al terminar las presentaciones, la comunidad discutió el modelo hasta lograr consenso y, finalmente, cada hospital completó un cuestionario sobre la implementación de cada rasgo, validado luego en una breve entrevista. Es un diseño de métodos mixtos, exploratorio, secuencial y multicéntrico.
| Una observación metodológica Los autores renuncian explícitamente a comparar la madurez entre hospitales, porque las diferencias de contexto vuelven esa comparación poco significativa. Es una decisión honesta, pero tiene un costo: el lector no puede saber qué rasgos se asocian con mejores resultados. El marco describe qué hacen los hospitales avanzados, no qué funciona mejor. Volveré sobre esto en la lectura crítica (sección 9). |
3. El punto de partida: la UPI no es el único camino
El concepto de unidad de práctica integrada (UPI), tal como lo propusieron Porter y Lee, imaginaba equipos multidisciplinarios dedicados, responsables del ciclo completo de atención de una condición y de sus resultados y costos. Durante años se presentó como el destino natural de toda institución que quisiera trabajar por valor. Sin embargo, la experiencia acumulada, sistematizada por Wiersema, Bresser y van der Nat en 2023, mostró que la UPI es apenas uno de cuatro arquetipos de unidad basada en condiciones (CBU, por su sigla en inglés):
- Equipos multidisciplinarios de proyecto, que impulsan el cambio mediante proyectos de mejora focalizados, sin modificar la estructura formal.
- Organizaciones matriciales, en las que la responsabilidad por la condición se superpone a las líneas departamentales existentes.
- Unidades de práctica integrada, equipos plenamente dedicados y responsables del ciclo completo.
- Centros de tratamiento independientes, entidades autónomas especializadas en una o pocas condiciones.
El aporte del artículo es dar un paso más: si una CBU puede tener distintas formas, ¿qué necesita el hospital, como organización, para sostener muchas de ellas a la vez? Esa es la pregunta que organiza los tres dominios del marco.

Figura 1. Los tres dominios y diez rasgos del marco de transición hacia una organización basada en condiciones. Elaboración propia a partir de Westerink et al. (2026), Tabla 2.
4. Primer dominio: diseñar la estructura
4.1 El alcance: cuánto del hospital se reorganiza
El primer hallazgo desarma una fantasía frecuente: ninguno de los diez hospitales tiene unidades por condición para todas las patologías que atiende. El número de CBU varía muchísimo, entre 4 y 119, aunque la mayoría se fijó un límite cercano a diez. Las elegidas suelen ser cánceres específicos y condiciones de gran volumen, como diabetes, cardiopatías y prótesis de cadera y rodilla. La decisión sobre el alcance depende de recursos disponibles, características de la población atendida, volumen, prioridad estratégica y, dato no menor, de la existencia de líderes clínicos dispuestos a impulsar el cambio.
El caso de Vall d’Hebron ilustra el extremo de mayor alcance: el hospital se organiza mayoritariamente como matriz, dividido en 34 áreas de conocimiento que agrupan unas 70 condiciones, todas con unidades en distintos estadios (el caso se desarrolla en la sección 7). Se miden resultados clínicos en todas, los resultados reportados por pacientes en parte de ellas, y la responsabilidad por costos se está discutiendo en algunas con tableros y metas.
La comunidad subraya algo que conviene repetir en cada curso de gestión: la transición no exige adoptar un único arquetipo, ni empezar por el más simple para luego «ascender». Los arquetipos pueden convivir, una unidad puede evolucionar o quedarse donde está si allí funciona bien.
4.2 La colocalización física
Nueve de cada diez hospitales concentraron en un único lugar, para algunas condiciones, todo el diagnóstico y el tratamiento, como en un centro oncológico o de diabetes. Pero la colocalización no es un dogma. En matrices y equipos de proyecto alcanzan modelos parciales o virtuales: equipos que comparten un espacio un día por semana o que trabajan coordinados por medios digitales. Los hospitales empiezan a considerar la colocalización al diseñar edificios nuevos, según el arquetipo que cada unidad necesite.
El ejemplo del Alexandra Hospital, dentro del sistema NUHS de Singapur, merece atención: su modelo de hospital general integrado se apoya en la idea de un médico principal, una cama, un equipo y un vínculo con la comunidad. La «cama única» busca que las distintas fases de la atención ocurran en el mismo lugar, evitando traslados entre instalaciones. Para quienes hemos trabajado en cuidado progresivo, la idea resuena: es la misma búsqueda de continuidad, pero resuelta desde la arquitectura del equipo más que desde la del edificio.
4.3 Estructura organizacional y gobernanza
Este es, a mi juicio, el núcleo del artículo. Transformar parte del hospital en organización por condiciones obliga a revisar la gobernanza: definir a quién reporta cada unidad y cómo se evalúa su desempeño. Las soluciones son variadas. Algunas UPI reportan directamente a la dirección (por ejemplo, a un director de resultados clínicos); otras, a los departamentos médicos de los que dependen, a través de comités permanentes con un representante médico, uno de enfermería y un controller. Otras instituciones crearon estructuras nuevas y paralelas, como el Consejo de VBHC del Singapore General Hospital o el Comité de Coordinación Clínica del Jewish General Hospital.
En Sheba, las siete unidades por condición se someten a una revisión anual de desempeño con el director médico, el responsable de calidad y seguridad, el responsable de resultados clínicos y todo el personal de las unidades: se analizan los resultados del año y se fijan las metas del siguiente. Es, en esencia, un compromiso de gestión por condición.
La advertencia de los autores es precisa: sin una gobernanza clara aparecen expectativas difusas, y el progreso de las unidades se frena o queda invisible dentro de los silos tradicionales. Dicho de otro modo, una unidad por condición sin lugar en el organigrama es un proyecto, no una estructura.
4.4 Las responsabilidades
El dato más revelador de la encuesta está aquí: las diez instituciones atribuyen a sus unidades la responsabilidad por la calidad, pero solo tres les asignan responsabilidad por los costos. La comunidad sostiene que las responsabilidades pueden crecer con el tiempo en lugar de otorgarse completas desde el inicio, y que la transición requiere expectativas claras y un compromiso activo del directorio.
Esto es honesto y razonable, pero también inquietante. Si el valor es la relación entre resultados y costos, una unidad que responde solo por el numerador gestiona calidad, no valor. La brecha 10 contra 3 es, quizás, la mejor síntesis del estado real de la VBHC en el mundo: hemos aprendido a medir resultados mucho más rápido que a costearlos por ciclo de atención.
5. Segundo dominio: roles y procesos dentro de las unidades
5.1 Liderazgo: la tríada
Todos los hospitales designaron líderes para sus unidades, aunque con fórmulas diversas. Varias instituciones adoptaron un liderazgo compartido: cada unidad tiene un líder médico, uno de enfermería y uno gerencial. Otras designan un único líder, habitualmente un especialista. Para atenuar la percepción de jerarquía, algunas usan denominaciones como «sponsor» o «champion». Solo unos pocos hospitales protegen horas específicas para estas funciones.
El Hospital St. Antonius, de la red Santeon, ofrece el ejemplo más concreto: de sus 25 unidades, 15 son equipos de proyecto y 10 funcionan como matrices conducidas por una tríada formalmente designada (enfermera, médico y gerente), con cuatro horas semanales dedicadas cada uno y un perfil de puesto detallado que define expectativas y responsabilidades.
La discusión del artículo justifica la tríada con un argumento que comparto plenamente: el liderazgo exclusivamente médico tiende a encerrar la mejora en la perspectiva clínica y sus indicadores; la enfermería aporta experiencia complementaria y su vínculo con la fuerza de trabajo que sostiene el cuidado continuo; y el líder gerencial navega las decisiones y la comunicación con los numerosos departamentos de los que la unidad depende.
5.2 Participación del paciente
Seis de los diez hospitales involucran pacientes en sus iniciativas de mejora. Las modalidades van desde la participación indirecta, a través de cuestionarios PROM o de su desarrollo, hasta plataformas de retroalimentación estructurada y la incorporación de pacientes como miembros de los equipos de proyecto. Vall d’Hebron organiza esta cocreación mediante Comisiones Estables de Trabajo basadas en el modelo ICE (información, comunicación y empoderamiento), donde pacientes y profesionales diseñan juntos espacios, circuitos asistenciales y documentos informativos para 35 áreas de conocimiento.
5.3 La evaluación: dos preguntas distintas
Nueve de cada diez hospitales implementaron marcos de evaluación, y el artículo distingue con lucidez dos tipos que solemos confundir:
- Evaluar la transición: cuánto avanzó la unidad en funcionar por condición (participación de pacientes, carácter multidisciplinario, involucramiento de actores, registro financiero). Son modelos de madurez.
- Evaluar el valor entregado: qué resultados obtiene y a qué costo, típicamente mediante tableros de inteligencia de negocios y revisiones trimestrales o anuales con la dirección.
El modelo bronce, plata y oro del Radboud UMC, vigente desde 2022, es el ejemplo de la primera categoría. El bronce exige indicadores claros de resultado y de proceso y el circuito asistencial incorporado a la historia clínica electrónica; la plata suma decisiones basadas en valor, decisiones compartidas e integración de la información en todas las fases; el oro extiende todo lo anterior a la región. La meta es que las 280 unidades alcancen el oro en 2027.
| La distinción que el gestor no debe perder Una unidad puede estar muy madura en su organización y entregar poco valor, o al revés. Mezclar ambas evaluaciones lleva a premiar la forma (tener tríada, tener tablero, tener PROM) y no el resultado (menos complicaciones, mejor funcionalidad, menor costo por ciclo). El modelo de madurez es una herramienta de gestión del cambio; la medición de valor es la razón de ser del cambio. |
6. Tercer dominio: la estrategia de cambio
El tercer dominio no es exclusivo de la organización por condiciones: sirve para implementar cualquier elemento de la agenda del valor. Se apoya en tres rasgos.
6.1 Personal de apoyo dedicado
Ocho de cada diez hospitales cuentan con personal de apoyo para implementar VBHC, con enorme variación en dotación y funciones. Muchos armaron equipos transitorios con líderes de proyecto, asesores en VBHC y especialistas en gestión del cambio. Aparece aquí un conflicto conocido: la convivencia entre la nueva oficina de transformación del valor y la oficina de calidad preexistente. La solución que adoptaron algunos fue fusionarlas. Basilea lo hizo: integró su gestión de calidad con el equipo de implementación de VBHC en una unidad multidisciplinaria de gestores de proyecto, gestores de calidad y analistas de datos.
6.2 Cambio cultural
Casi todos los hospitales incorporaron la VBHC a su plan estratégico. Otras estrategias incluyen designar un responsable del valor (Value Lead), crear un foro que coordine los proyectos y estandarizar herramientas e infraestructura informática. El Jewish General Hospital lleva diez años con un plan estratégico centrado en el valor: sus directivos comunican los principios en todos los ámbitos, organizan una conferencia anual donde clínicos, gestores, investigadores y pacientes comparten resultados, y sostienen una comunidad de práctica formal para el aprendizaje entre equipos.
6.3 Formación y educación
Siete de cada diez hospitales desarrollaron programas de formación para todos los niveles. IPO Porto dicta un curso anual de 24 horas, con consultores internos y externos, para médicos, enfermeros, gestores y directivos, que abarca investigación con datos de vida real, instrumentos de medición de resultados y asignación de costos. Uno de los hospitales incorporó la VBHC a la inducción de todo el personal nuevo.

Figura 2. Resultados del cuestionario sobre implementación de los rasgos del marco en los diez hospitales. Elaboración propia a partir de los datos de Westerink et al. (2026), Figura 2.
7. Un caso para mirar de cerca: el modelo de Vall d’Hebron
De los diez hospitales del estudio, el Hospital Universitario Vall d’Hebron, en Barcelona, es el que llevó la organización basada en condiciones más lejos en extensión. Merece un desarrollo propio, porque muestra que es posible reorganizar un hospital terciario de gran tamaño sin crear una estructura paralela y sin desarmar los servicios, y porque su lenguaje —áreas de conocimiento— es más cercano a nuestra tradición que la jerga anglosajona de las unidades de práctica integrada.
7.1 El punto de partida: una institución vertical y fragmentada
Vall d’Hebron es un complejo de cuatro hospitales (General, Infantil, de la Mujer y de Traumatología, Rehabilitación y Quemados), con alrededor de 1.060 camas, más de 60.000 egresos y cerca de 1,3 millones de consultas externas por año. Forma parte de un campus de investigación y docencia que integra el instituto de investigación (VHIR), el de oncología (VHIO), el centro de esclerosis múltiple de Cataluña y la Universidad Autónoma de Barcelona. Es, en otras palabras, el prototipo del hospital universitario organizado en servicios y estamentos profesionales, donde cada especialidad es dueña de su territorio.
Sus propios directivos lo describieron así: una organización «muy vertical y fragmentada». La reorganización venía pensándose desde antes, pero la pandemia de covid-19 fue el detonante. En marzo de 2020, la necesidad de redistribuir camas, equipos y profesionales en semanas obligó a romper fronteras entre servicios que habían permanecido intactas durante décadas. El hospital decidió no volver atrás y convirtió esa reorganización forzosa en un modelo de gestión.
7.2 Qué es un área de conocimiento
Un área de conocimiento agrupa servicios y unidades alrededor de un problema de salud, no de una especialidad. El Área del Corazón, por ejemplo, reúne las unidades de internación y los consultorios de Cardiología y de Cirugía Cardíaca, la hemodinamia, el hospital de día y el resto de los dispositivos vinculados con la patología cardiovascular. El cardiólogo y el cirujano cardíaco dejan de pertenecer a mundos separados que se derivan pacientes y pasan a compartir circuito, objetivos y resultados.
Según el artículo de NEJM Catalyst, el hospital se organiza en 34 áreas, cada una con entre una y cuatro condiciones, lo que suma alrededor de 70 condiciones con unidades en distintos estadios de desarrollo. La información institucional más reciente habla de 35 áreas: 29 específicas, organizadas por problema de salud, y 6 transversales, que prestan servicio a todas las demás. La pequeña diferencia refleja un modelo vivo, que se ajusta con el tiempo.
| Hospital | Ejemplos de áreas específicas |
| Hospital General | Corazón; Neurociencias; Oncohematología; Enfermedades digestivas; Inmunomediados; Infecciosas; Sistema respiratorio; Sistema renal; Endocrinología, metabolismo y nutrición; Salud mental; Trasplante de órgano sólido; Medicina interna; Oftalmología; Atención posquirúrgica; Alternativas a la hospitalización. |
| Traumatología, Rehabilitación y Quemados | Paciente traumático; Lesionados medulares; Neurorrehabilitación; Paciente frágil; Infección, tumores y reconstrucción osteoarticular; Atención al paciente quemado. |
| Hospital de la Mujer | Embarazo y puerperio. |
| Hospital Infantil | Oncohematología pediátrica; Especialidades pediátricas; Neonatos; Trasplante de órgano sólido pediátrico; Sistema renal pediátrico. |
| Áreas transversales (los cuatro hospitales) | Urgencias; Críticos; Área quirúrgica; Diagnóstico por la imagen; Laboratorios clínicos; Tratamiento. |
Tabla 1. Estructura de áreas de conocimiento del Hospital Universitario Vall d’Hebron. Elaboración propia a partir de la información institucional del hospital (2026).
7.3 Una matriz con el paciente a la salida
El resultado es una organización matricial en sentido estricto. Las áreas específicas recorren el hospital de punta a punta, cada una responsable de un grupo de pacientes con un problema de salud. Las áreas transversales —urgencias, críticos, quirófano, imágenes, laboratorio y tratamiento— atraviesan a todas ellas, como los servicios técnicos en la matriz de Neuhauser. La diferencia con el hospital clásico no está en la existencia de la matriz, que siempre estuvo, sino en que cada fila tiene un dueño que responde por el recorrido completo del paciente y por sus resultados.

Figura 3. La organización matricial de Vall d’Hebron: áreas transversales en columnas, áreas específicas por problema de salud en filas, y el paciente como producto final a la salida de la matriz. Elaboración propia.
7.4 Los cinco componentes que lo hacen funcionar
- Medición de resultados en todas las áreas. Se registran resultados clínicos en todas las condiciones; los resultados reportados por los pacientes (PROM) se usan en la consulta en una parte de ellas, y en algunas se discute ya la responsabilidad conjunta por resultados y costos, con tableros y metas.
- Participación del paciente con método. Las Comisiones Estables de Trabajo, basadas en el modelo ICE (información, comunicación y empoderamiento), reúnen a pacientes y profesionales para cocrear espacios físicos, circuitos asistenciales y documentos informativos en las 35 áreas.
- Enfermería por intensidad de cuidados. La dirección de enfermería acompañó el despliegue con un mapa de intensidad de cuidados que asigna recursos según la necesidad del paciente y no según el servicio que lo interna, junto con itinerarios formativos y cambios en la normativa interna de recursos humanos. Es, en esencia, una lógica de cuidado progresivo.
- Liderazgos de segunda línea. La dirección asistencial destacó que el modelo permitió descubrir líderes clínicos que no eran jefes de servicio: profesionales que conducen proyectos y áreas sin haber llegado por la vía jerárquica tradicional.
- Sin más estructura. El modelo se presentó explícitamente como una reorganización que no agrega estructura: no crea departamentos nuevos, redefine a quién pertenecen los flujos de pacientes. El apoyo metodológico en VBHC lo brinda un grupo transversal del instituto de investigación del campus.
A esto se sumó un trabajo previo de sensibilización que hemos comentado en otras publicaciones: talleres de mapeo de procesos en los que los equipos identificaron que más de la mitad de las acciones observadas eran de bajo valor, y ejercicios de intercambio de roles entre médicos, enfermeros y auxiliares que pusieron en evidencia interrupciones entre pares y los kilómetros diarios que recorre la enfermería. La reorganización estructural llegó después de que la gente viera el problema con sus propios ojos.
7.5 Lo que enseña y lo que no resuelve
Vall d’Hebron enseña tres cosas. La primera, que una crisis puede ser una ventana de oportunidad si la dirección tiene un modelo preparado para aprovecharla. La segunda, que el lenguaje importa: hablar de áreas de conocimiento, y no de unidades de negocio o de líneas de producto, facilita la adhesión de los profesionales porque pone el saber clínico en el centro. La tercera, que la matriz completa es posible en un hospital público de gran tamaño, con presupuesto global y sin incentivos financieros específicos.
Pero el caso deja preguntas abiertas. Los propios directivos reconocieron que la principal limitación es el cambio cultural en la relación entre profesionales, y que algunos roles todavía no encajan. La responsabilidad por los costos sigue en discusión en la mayoría de las áreas. Y queda por ver qué ocurre con el paciente pluripatológico que pertenece a varias filas a la vez: el hecho de que existan áreas como Medicina interna y Paciente frágil sugiere que el hospital lo sabe y que, como planteamos más adelante, la organización por condiciones necesita una columna vertebral generalista que la complemente.
| La lección de Vall d’Hebron para nuestro medio Derribar los silos no exige derribar los servicios. Exige cambiar la pregunta organizadora: dejar de preguntar de qué especialidad es este paciente y empezar a preguntar qué problema de salud tiene y quién se hace cargo de su recorrido completo. Esa pregunta es, en última instancia, la que desarma el despotismo ilustrado del hospital organizado para sus profesionales y no para sus pacientes. |
8. Escalar hacia arriba o hacia afuera
Una de las ideas más útiles de la discusión proviene de la ciencia de la implementación. Hay dos maneras complementarias de crecer. Escalar hacia arriba significa avanzar en el continuo de arquetipos dentro de una misma condición: del equipo de proyecto a la matriz, de la matriz a la UPI. Escalar hacia afuera significa aplicar el mismo arquetipo inicial a un número creciente de condiciones, ampliando el impacto sin cambiar la forma organizacional.
Los hospitales Value Catalyst siguieron un camino mixto: profundizan en algunas áreas mientras amplían los principios a más condiciones. Los autores también observan que, aunque la literatura previa sugería que los equipos de proyecto suelen evolucionar hacia matrices, es posible iniciar directamente con una matriz, sin que ello sea obligatorio.

Figura 4. Escalar hacia arriba y hacia afuera: el enfoque mixto observado en los hospitales Value Catalyst. Elaboración propia; las condiciones son ilustrativas.
9. Lectura crítica
9.1 Fortalezas
- Pregunta pertinente y poco estudiada. Pasa de la unidad aislada al hospital como sistema, que es donde se juega la sostenibilidad.
- Método iterativo y participativo. La construcción del marco por rondas sucesivas, con validación por los propios protagonistas, le da una validez de contenido difícil de lograr con encuestas aisladas.
- Lenguaje operativo. Cada rasgo se traduce en una acción de diseño concreta, lo que vuelve al marco utilizable como lista de verificación para un directorio.
- Modestia epistémica. Los autores presentan el marco como conceptualización inicial y no como receta.
9.2 Debilidades y preguntas abiertas
- No hay vínculo con resultados. El estudio describe la implementación pero no demuestra que el marco genere más valor. Los propios autores lo reconocen y señalan una dificultad de fondo: el marco opera a nivel organizacional, mientras que el valor se mide por condición.
- Muestra de élite y homogénea. Diez hospitales públicos, sin fines de lucro y mayoritariamente académicos, en sistemas con financiamiento estable. Es difícil extrapolar a sanatorios privados, hospitales provinciales o instituciones financiadas por múltiples aseguradores.
- Ausencia de Sudamérica y África. Lo señalan los autores. Paradójicamente, entre los firmantes figura Marcia Makdisse, fundadora de VBHC Brasil, y la discusión cita la experiencia latinoamericana de oficinas de gestión del valor. La región aporta conocimiento, pero no casos.
- Terminología inestable. Los hospitales usan los nombres de los arquetipos de forma distinta, lo que dificulta comparar. Este problema persistirá mientras no haya definiciones estandarizadas.
- Datos autorreportados y dicotómicos. Un «sí» a la pregunta sobre participación de pacientes puede significar desde un cuestionario PROM hasta un paciente sentado en la mesa de rediseño. La Figura 2 muestra presencia, no intensidad.
- Posibles conflictos. Entre los autores hay una gerente de alianzas estratégicas de una compañía farmacéutica; las declaraciones están disponibles en la revista, pero el lector debe tenerlo presente.
10. Lo que el artículo nos dice a nosotros
10.1 La matriz ya estaba ahí
Quienes enseñamos organización hospitalaria con la matriz de Neuhauser reconocemos de inmediato el segundo arquetipo. El hospital siempre fue matricial: servicios técnicos que atraviesan transversalmente a los servicios asistenciales, con el paciente saliendo por el costado de la matriz como producto final. Lo que la organización por condiciones propone es agregar un tercer eje, el de la condición, que corta transversalmente a ambos y se hace responsable del recorrido completo. La novedad no es la matriz; es que alguien se haga cargo del paciente a lo largo de toda ella.
Esto tiene una consecuencia práctica: en un sanatorio argentino de mediana complejidad, la forma más realista de comenzar no es la UPI, sino la matriz o el equipo de proyecto. No hace falta derribar paredes ni crear departamentos; hace falta designar responsables, darles tiempo y un lugar en el organigrama.
10.2 El gerente de servicio como pieza crítica
La tríada médico, enfermero y gerente es la versión formalizada de algo que venimos planteando: el jefe de servicio debe convertirse en gerente, traduciendo los flujos de órdenes de la conducción estratégica en flujos de trabajo que lleguen al núcleo operativo. La organización por condiciones multiplica esa necesidad, porque la unidad depende de muchos servicios que no controla. El dato de que solo unos pocos hospitales protegen horas para sus líderes es la advertencia más útil del artículo para nuestro medio: un liderazgo sin tiempo asignado es voluntariado, y el voluntariado no sostiene transformaciones.
10.3 Calidad y valor: una sola oficina
La recomendación de fusionar la gestión de calidad con la gestión del valor es probablemente la más trasladable de todas. En nuestras instituciones, las áreas de calidad suelen estar orientadas a la acreditación, la seguridad y el cumplimiento normativo. Agregarles la medición de resultados por condición, los PROM, el costeo por actividades (TDABC) y la metodología Lean las convertiría en el motor del valor, evitando la duplicación de equipos y la fragmentación de responsabilidades que el artículo describe. Es también una decisión eficiente para instituciones con recursos escasos.
10.4 El elefante en la habitación: el financiamiento
Los autores reconocen que la renuencia a reorganizarse completamente se explica, en parte, por la ausencia de incentivos financieros: los modelos de pago siguen fragmentados por departamento y basados en volumen. Si esto ocurre en Holanda, Suiza o Singapur, en la Argentina el problema es mayor. Nuestro sistema combina múltiples financiadores (obras sociales nacionales y provinciales, PAMI, prepagas, sector público), cada uno con su nomenclador y su lógica de pago por prestación o por módulo, casi nunca por ciclo de atención ni por resultado.
Esto explica por qué en nuestro medio las unidades por condición difícilmente serán responsables de costos en el corto plazo: no hay quién pague por el ciclo. Pero no invalida el camino. Tres razones justifican avanzar igual: la organización por condiciones reduce desperdicios internos (estudios duplicados, internaciones evitables, estadías prolongadas) que el prestador absorbe cuando cobra por módulo; genera la información de resultados sin la cual no se puede negociar ningún contrato de calidad o de pago por desempeño con los financiadores; y mejora la experiencia de pacientes y profesionales, que es en sí misma un activo competitivo.
| Tesis para la discusión En la Argentina, la organización basada en condiciones no llegará como respuesta a un nuevo modelo de pago; deberá llegar antes, como condición para poder discutirlo. Quien no mida resultados y costos por ciclo no tendrá nada que ofrecer cuando el financiador, por convicción o por necesidad, empiece a comprar valor. |
10.5 Los diez rasgos leídos desde nuestro medio
Para traducir el marco a la realidad local, la tabla siguiente contrasta cada rasgo con la situación que habitualmente encontramos en clínicas, sanatorios y hospitales argentinos, y propone un primer paso al alcance de cualquier dirección médica.
| Rasgo del marco | Situación habitual en la Argentina | Primer paso posible |
| Alcance | Organización por servicios; líneas de cuidado aisladas, a menudo impulsadas por un financiador o un programa. | Elegir pocas condiciones con datos propios de volumen, costo y variabilidad. |
| Colocalización | Consultorios dispersos; estudios en sedes distintas; el paciente recorre el edificio. | Día de atención conjunta por condición (consultorio multidisciplinario semanal). |
| Estructura y gobernanza | Organigramas por servicio; comités de calidad sin conexión con resultados por patología. | Comité por condición con reporte formal a la dirección médica. |
| Responsabilidades | Responsabilidad por la calidad difusa; costos conocidos solo por prestación facturada. | Responsabilidad explícita por resultados; costeo piloto (TDABC) en una condición. |
| Liderazgo | Jefes de servicio con carga asistencial completa y sin perfil gerencial. | Tríada médico, enfermería y gestión con horas protegidas en la grilla. |
| Participación del paciente | Encuestas de satisfacción genéricas; escasa medición de resultados reportados. | PROM en una condición y un paciente referente en el rediseño del circuito. |
| Evaluación | Indicadores de actividad (egresos, ocupación) más que de resultado. | Tablero por condición y revisión anual de desempeño con compromisos de gestión. |
| Personal de apoyo | Áreas de calidad pequeñas, centradas en acreditación y seguridad. | Ampliar la oficina de calidad hacia la gestión del valor, sin crear otra estructura. |
| Cambio cultural | El valor aparece en el discurso, rara vez en el plan estratégico y el presupuesto. | Incluir metas de valor en el plan estratégico y el plan operativo anual de los servicios. |
| Formación | Formación de posgrado individual, poco transferida a los equipos. | Curso interno anual e inducción en VBHC para el personal nuevo. |
Tabla 2. Los diez rasgos del marco Value Catalyst y su lectura en el contexto argentino. Elaboración propia.
11. Una hoja de ruta posible para un sanatorio argentino
A partir del marco de los tres dominios, propongo una secuencia adaptada a una institución privada o pública de mediana o alta complejidad en nuestro medio. No es una receta, sino una forma de ordenar las decisiones.
| Etapa | Decisiones clave | Indicador de avance |
| 1. Elegir (0–6 meses) | Seleccionar 3 a 5 condiciones de alto volumen, alto costo o alta variabilidad (p. ej., cadera y rodilla, cáncer de mama, insuficiencia cardíaca, ACV, diabetes con complicaciones). Identificar líderes clínicos con vocación. | Condiciones elegidas con justificación explícita y patrocinio del directorio. |
| 2. Estructurar (3–9 meses) | Formar matrices o equipos de proyecto. Designar tríada (médico, enfermería, gestión) con horas protegidas. Definir a quién reporta cada unidad y un comité de seguimiento. | Perfiles de puesto aprobados; horas asignadas en la grilla; unidad visible en el organigrama. |
| 3. Medir (6–18 meses) | Adoptar sets estándar de resultados (ICHOM) adaptados, incorporar PROM, mapear el recorrido del paciente en la historia clínica electrónica, iniciar costeo por actividades en al menos una condición. | Tablero por condición con resultados clínicos y reportados por el paciente; primer costo por ciclo calculado. |
| 4. Mejorar (12–24 meses) | Ciclos PDCA o A3 por condición; revisión anual de desempeño con la dirección (modelo Sheba); participación de pacientes en el rediseño. | Proyectos de mejora con resultados medidos; compromisos de gestión firmados. |
| 5. Sostener y escalar (24+ meses) | Fusionar calidad y valor en una oficina única; formación anual; inducción en VBHC; ampliar a nuevas condiciones (hacia afuera) y profundizar en las maduras (hacia arriba). | Modelo de madurez propio (tipo bronce, plata y oro); propuestas de contrato por resultados a financiadores. |
Tabla 3. Hoja de ruta propuesta para la transición hacia una organización basada en condiciones en el contexto argentino. Elaboración propia.
Dos advertencias completan la hoja de ruta. La primera: no todos los pacientes encajan en una condición. El paciente añoso con múltiples patologías, el que ingresa por guardia con un cuadro indiferenciado, el internado prolongado por razones sociales, seguirán necesitando la medicina interna, el cuidado progresivo y la gestión de camas como columna vertebral. La organización por condiciones complementa al hospital generalista; no lo reemplaza. La segunda: el cambio cultural no se decreta. Los hospitales del estudio que más avanzaron llevan una década sosteniendo el mensaje desde la dirección. No habrá transformación verdadera si no se transforma a la gente.
12. Conclusión
El trabajo de la comunidad Value Catalyst tiene el mérito de bajar la VBHC del plano de la estrategia al de la arquitectura organizacional. Nos dice que los hospitales más avanzados del mundo no reorganizaron todo, que empezaron por pocas condiciones, que combinan arquetipos, que todos tienen líderes pero pocos les dan tiempo, que todos responsabilizan a sus unidades por la calidad pero pocos por los costos, y que la gobernanza, el personal de apoyo y la cultura son tan importantes como la medición.
Para nosotros, la lección no es copiar a Sheba, a Basilea o a Vall d’Hebron, sino entender que la transición hacia el valor es un proceso madurativo planificado, incremental y adaptado al contexto. En un sistema fragmentado, financiado por volumen y con instituciones que sobreviven al día, el primer paso es modesto pero decisivo: elegir una condición, poner a alguien a cargo del recorrido completo del paciente, medir lo que le pasa y darle a ese equipo el tiempo y el lugar para mejorarlo. Todo lo demás, incluido el día en que alguien pague por el valor, viene después.
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