La innovación en management en las organizaciones de salud

Por qué la industria de la salud tarda en incorporar las innovaciones de gestión: digitalización, organización matricial e inteligencia artificial

Prof. Dr. Carlos Alberto Díaz

Especialización en Economía y Gestión de la Salud – Universidad ISALUD

Buenos Aires, octubre de 2026

1. Introducción: el problema del retrazo

La industria de la salud es intensiva en conocimiento científico y, sin embargo, es notablemente lenta para incorporar el conocimiento sobre cómo organizarse y en el management. Adopta con rapidez un nuevo stent, un anticuerpo monoclonal o un resonador de tres teslas, pero tarda décadas en adoptar el control estadístico de procesos, la gestión Lean, el costeo por actividades, la organización por procesos o la historia clínica electrónica integrada. Esta asimetría —velocidad en la innovación tecnológica de producto, lentitud en la innovación de gestión— es el objeto de este trabajo.

El fenómeno no es una impresión. Se ha estimado que transcurren en promedio unos 17 años entre la publicación de una evidencia clínica y su incorporación rutinaria a la práctica (Balas y Boren, 2000; Morris, Wooding y Grant, 2011). Para las innovaciones de management el retraso suele ser mayor, porque no existe un ensayo clínico que las convierta en norma, ni un organismo regulador que las exija, ni un financiador que las pague.

El trabajo se organiza en seis partes: (1) qué entendemos por innovación en management; (2) la evidencia histórica del rezago; (3) las causas estructurales, económicas, culturales e institucionales; (4) tres casos testigo —digitalización, organización matricial e inteligencia artificial—; (5) la situación argentina; (6) el proceso de implementación y las técnicas de la ciencia de la implementación; y (7) una propuesta para acortar los tiempos de adopción.

Tesis central La demora en incorporar innovaciones de management no es un problema de información ni de voluntad individual. Es una propiedad estructural de la organización sanitaria: una burocracia profesional, financiada por terceros, que compite poco por calidad y que distribuye el poder en el núcleo operativo. Mientras esas condiciones no cambien, cada innovación gerencial llegará tarde, se adoptará de forma ceremonial y rendirá menos de lo prometido.

2. Qué es una innovación en management

Birkinshaw, Hamel y Mol (2008) definen la innovación en management como la invención e implementación de una práctica, proceso, estructura o técnica de gestión nueva respecto del estado del arte, con el propósito de alcanzar los objetivos de la organización. Se diferencia de la innovación tecnológica en tres rasgos que explican buena parte de su lenta difusión:

  • Es tácita y difícil de observar. Un equipo se compra; una forma de organizar el trabajo se aprende, se ensaya y se ajusta. Lo que se ve de Toyota (tarjetas kanban, andon) es la parte menos importante de su sistema.
  • Altera relaciones de poder. Toda innovación gerencial redistribuye autoridad, información y control. Por eso genera resistencias que una innovación tecnológica rara vez provoca.
  • Sus beneficios son difusos y diferidos. Un tomógrafo factura desde el primer día; un rediseño de procesos rinde en dos o tres años, y su resultado es una suma de pequeñas mejoras difíciles de atribuir.

Conviene distinguir además entre innovaciones de management que llegan incorporadas a una tecnología (la historia clínica electrónica, la IA) y las que son puramente organizativas (la organización matricial, la gestión por procesos, el cuidado progresivo). Las primeras se compran con relativa facilidad, pero su valor depende de las segundas. El error más frecuente del sector es comprar la tecnología y omitir el rediseño organizativo que le da sentido.

3. La evidencia del consevadurismo

La historia de la gestión sanitaria puede leerse como una sucesión de préstamos tardíos de la industria manufacturera, la aviación y los servicios. La tabla 1 resume las principales innovaciones, su origen y el momento aproximado en que alcanzaron una difusión significativa en las organizaciones de salud.

Tabla 1. Innovaciones de management: origen y llegada a la salud (fechas aproximadas)

InnovaciónOrigenLlegada significativa a saludRezago aprox.
Control estadístico de procesosShewhart, Bell Labs (1924–1931)Década de 1990, de la mano del movimiento de mejora continua60 años
Gestión de la calidad total / mejora continuaDeming y Juran en Japón (década de 1950)National Demonstration Project (1987); Berwick, NEJM (1989)30–35 años
Producción Lean (Sistema de Producción Toyota)Toyota (1950–1970); difusión occidental con Womack et al. (1990)Virginia Mason, ThedaCare (2001–2002)30–45 años
Six SigmaMotorola (1986)Hospitales de EE.UU. (década de 2000)15 años
Gestión de recursos de la tripulación (CRM)Aviación comercial (1979–1981)Simulación en anestesia (década de 1990); lista de verificación quirúrgica OMS (2008)15–30 años
Cuadro de mando integralKaplan y Norton (1992)Hospitales pioneros a fines de los 90; difusión en los 20005–15 años
Costeo basado en actividadesCooper y Kaplan (1988); TDABC (2004)Kaplan y Porter aplicado a salud (2011)20 años
Organización matricialIndustria aeroespacial (década de 1960)Propuesta por Neuhauser (1972); adopción aún parcial50+ años, incompleta
Sistemas integrados de información (ERP)Industria (década de 1990)Historia clínica electrónica masiva en EE.UU. tras HITECH (2009–2015)20 años
Inteligencia artificial generativaUso empresarial general (2023)Rápida en el uso individual; lenta en la adopción organizacionalen curso

El patrón es consistente: la salud no inventa sus herramientas de gestión, las importa, y lo hace con una o varias décadas de demora. Se observa además que el rezago se acorta cuando la innovación llega empaquetada en un producto comercial (cuadro de mando, software) y se alarga cuando exige cambiar la forma de trabajar de los médicos (mejora continua, Lean, organización matricial).

3.1. La paradoja de la inteligencia artificial

La IA ofrece una ilustración reveladora porque permite separar la adopción individual de la organizacional. Según la encuesta de la Asociación Médica Estadounidense de 2026, más del 80% de los médicos ya usa IA en su práctica profesional, el doble que en 2023, y el número promedio de usos por médico pasó de 1,1 a 2,3. La velocidad individual es extraordinaria.

Pero cuando se mide a nivel de empresa, la imagen se invierte. Un estudio publicado en JAMA Health Forum (Nguyen et al., 2025), con datos de la Oficina del Censo de EE.UU., encontró que la proporción de firmas del sector salud que utilizan IA pasó de menos del 5% en 2023 a alrededor del 8,3% en 2025, frente al 23,2% en servicios de información y al 19,2% en servicios profesionales y técnicos. En residencias y cuidados de larga estancia la cifra apenas llegaba al 4,5%.

Otras fuentes, de orientación comercial, describen una aceleración mayor: Menlo Ventures informó que el 22% de las organizaciones sanitarias estadounidenses había implementado herramientas de IA específicas del sector en 2025, concentradas en escribas ambientales y codificación para facturación. Incluso aceptando esa cifra, el dato es elocuente: la IA entra primero por donde no altera la organización —documentación, facturación— y no por donde la transformaría —rediseño de flujos, asignación de camas, gestión de la demanda—

La lectura gerencial Los profesionales adoptan rápido lo que les simplifica el trabajo individual. Las organizaciones adoptan lento lo que obliga a rediseñar el trabajo colectivo. La innovación en management es, por definición, del segundo tipo. El médico usa la IA para resumir un paper; el hospital todavía no la usa para decidir cuándo dar el alta.

4. Las causas de la demora

Las causas pueden agruparse en seis familias. No actúan aisladas: se refuerzan entre sí y configuran un equilibrio estable que resiste el cambio.

4.1. Causas estructurales: la burocracia profesional

Mintzberg (1979) describió el hospital como el arquetipo de la burocracia profesional. En esta configuración, el núcleo operativo —médicos, enfermeros, bioquímicos— concentra el poder real, y la coordinación se logra por estandarización de habilidades adquiridas fuera de la organización (universidad, residencia, sociedades científicas), no por estandarización de procesos ni de resultados. La consecuencia es decisiva: casi todas las innovaciones de management proceden de la estandarización de procesos (Lean, gestión por procesos, vías clínicas) o de resultados (cuadro de mando, pago por desempeño), es decir, de mecanismos de coordinación ajenos a la lógica profesional.

Para el profesional, la innovación gerencial se percibe como una intromisión en su autonomía clínica, un territorio que la profesión médica construyó durante un siglo como fuente de identidad y de legitimidad. La tecnoestructura —los analistas que diseñan los procesos— tiene en el hospital un poder muy inferior al que tiene en una fábrica. Por eso la innovación llega, se declama y no se instala: el núcleo operativo la absorbe de forma ceremonial y sigue trabajando como antes.

A esto se suma la balcanización del hospital en servicios que funcionan como unidades soberanas, con jefaturas vitalicias, presupuestos implícitos y lealtades verticales. Cada servicio es una aduana del conocimiento y de la información. Toda innovación transversal —que atraviese servicios siguiendo el recorrido del paciente— choca con esas fronteras.

4.2. Causas económicas: incentivos que no premian la gestión

  • El tercer pagador. Quien recibe el servicio no paga, quien paga no lo recibe y quien lo presta decide gran parte de la demanda. En esa estructura, la presión del cliente sobre la eficiencia se diluye.
  • El pago por prestación. Premia el volumen, no el resultado ni la eficiencia. Un hospital que reduce estancias innecesarias o reinternaciones, en muchos esquemas, factura menos. La innovación gerencial puede ser financieramente castigada.
  • La competencia por precio, no por calidad. Cuando los financiadores compran por precio y la calidad no se mide ni se publica, ganar eficiencia sólo sirve para sobrevivir, no para crecer. No hay premio a la excelencia gerencial.
  • Las barreras de salida. Los prestadores ineficientes no salen del mercado: se sostienen por relaciones, subsidios cruzados, deudas impagas o ausencia de fiscalización. Sin destrucción creativa, no hay presión selectiva a favor de las organizaciones mejor gestionadas.
  • El horizonte de inversión corto. En contextos de inestabilidad macroeconómica, toda inversión con retorno a tres años es una apuesta; la innovación gerencial lo es por naturaleza. Sin margen de utilidad ni créditos para invertir.

La literatura económica ofrece evidencia indirecta: Bloom, Propper, Seiler y Van Reenen (2015) mostraron, para hospitales públicos del Reino Unido, que mayor competencia se asocia con mejores prácticas de management y con mejores resultados, incluida menor mortalidad por infarto. La calidad de la gestión responde a la presión competitiva; donde esa presión falta, la gestión se estanca.

4.3. Causas culturales: autonomía, riesgo y evidencia

El primum non nocere es una virtud clínica que se traslada indebidamente a la gestión. La medicina exige ensayos controlados antes de cambiar una conducta; las innovaciones de management rara vez tienen ese tipo de evidencia, y su ausencia se usa como argumento para no adoptarlas. Paradójicamente, la forma actual de organizar el trabajo tampoco fue validada por ningún ensayo: simplemente es la que existe. El statu quo goza de una presunción de inocencia que se le niega al cambio.

A ello se agrega la cultura de la excepcionalidad —»cada paciente es único», «un hospital no es una fábrica»—, que es parcialmente cierta y totalmente usada como escudo. La variabilidad biológica del paciente justifica variabilidad en la decisión clínica, no en la logística, el circuito de la orden, la programación quirúrgica o la entrega del informe.

4.4. Causas institucionales: isomorfismo y adopción ceremonial

DiMaggio y Powell (1983) explicaron que las organizaciones tienden a parecerse entre sí por presiones coercitivas (regulación, acreditación), miméticas (copiar a los prestigiosos ante la incertidumbre) y normativas (la formación profesional común). En salud, el isomorfismo opera en ambos sentidos: frena la innovación mientras nadie la adopte y luego la difunde de manera superficial, como requisito de legitimidad. Así se explica la abundancia de manuales de procesos que nadie consulta, tableros de indicadores que nadie mira y comités de calidad que no modifican ninguna práctica: es la adopción ceremonial, que exhibe la innovación sin incorporarla al trabajo.

4.5. Causas de capacidad: la brecha de competencias gerenciales

Los médicos no se forman en gestión; los gestores sin formación clínica carecen de legitimidad técnica ante el núcleo operativo. El eslabón que debería traducir la estrategia en operación —el jefe de servicio— suele haber llegado a su cargo por excelencia clínica o antigüedad, no por competencias directivas, y nadie planificó su conversión en gerente. Sin esa capa intermedia capacitada, la innovación no tiene quien la implante: queda en la dirección como discurso o en el servicio como resistencia.

4.6. Causas de moda: el filtro indiscriminado

Abrahamson (1991, 1996) describió el ciclo de las modas gerenciales: técnicas que se difunden por prestigio, consultoras y publicaciones, alcanzan un pico y se abandonan sin evaluación. Parte de la cautela del sector sanitario es un filtro razonable frente a ese fenómeno: muchas modas no sobrevivieron una década. El problema es que el filtro es indiscriminado —deja afuera también lo que funciona— y que el costo de la demora no lo paga la organización sino el paciente, en esperas, eventos adversos y gasto que no agrega valor.

Tabla 2. Síntesis de las causas de la demora y su mecanismo

FamiliaMecanismo principalManifestación típica
EstructuralPoder en el núcleo operativo; coordinación por habilidadesResistencia de jefaturas; servicios como feudos
EconómicaPago por volumen; competencia por precio; barreras de salidaLa eficiencia no se premia y a veces se castiga
CulturalAutonomía clínica; exigencia asimétrica de evidencia«Un hospital no es una fábrica»
InstitucionalIsomorfismo; legitimidad por aparienciaManuales, tableros y comités ceremoniales
CapacidadesAusencia de gerentes intermedios formadosLa innovación no baja del directorio
ModasDesconfianza frente al ciclo de modasRechazo indiscriminado de lo nuevo

5. Tres casos testigo

5.1. Digitalización: informatizar no es transformar

La historia clínica electrónica es el caso paradigmático. En EE.UU., menos del 10% de los hospitales tenía un sistema básico de historia clínica electrónica en 2008; tras los incentivos de la ley HITECH (2009), la cobertura superó el 90% en pocos años. Fue una adopción rápida, pero inducida por el financiamiento, y su resultado fue ambiguo: aumento de la carga documental, agotamiento profesional, escasa interoperabilidad y beneficios de productividad menores a los esperados.

El fenómeno reproduce la paradoja de la productividad descrita por Brynjolfsson (1993) para la economía en general: la inversión en tecnologías de la información no rinde hasta que se acompaña de cambios organizacionales complementarios —rediseño de procesos, nuevas competencias, nuevas estructuras de decisión—. La salud informatizó lo que hacía en papel, con la misma lógica de silos, y diseñó sus sistemas en torno a la facturación y la defensa legal antes que a la decisión clínica y la continuidad del cuidado.

La lección es que la digitalización es una innovación en management disfrazada de innovación tecnológica. Su valor no está en el software sino en lo que permite reorganizar: la orden que no se pierde, el resultado que llega a quien debe actuar, la red que reemplaza al hospital aislado, el dato que alimenta la mejora continua.

5.2. Organización matricial: la estructura que el hospital ya tiene y no reconoce

Neuhauser (1972) propuso entender el hospital como una organización matricial: una dimensión vertical funcional (los servicios, los departamentos profesionales) y una dimensión horizontal de producto (el paciente y su proceso asistencial, que atraviesa múltiples servicios). La matriz no es una opción de diseño: es la realidad operativa de cualquier hospital. El paciente con fractura de cadera pasa por guardia, imágenes, traumatología, anestesia, quirófano, clínica médica, kinesiología y servicio social. Nadie es dueño de ese recorrido.

Medio siglo después, la mayoría de los hospitales sigue organizada exclusivamente en la dimensión vertical. La dimensión horizontal existe de hecho pero no de derecho: no tiene responsable, presupuesto, indicadores ni autoridad. La organización matricial formal choca con tres obstáculos: la doble dependencia genera conflictos que la cultura jerárquica no sabe procesar; los jefes de servicio perciben la pérdida de control sobre «sus» recursos; y no hay sistemas de información capaces de medir el proceso transversal. La gestión por procesos, las vías clínicas, las unidades de gestión clínica y el cuidado progresivo son, en el fondo, intentos de dar estatus formal a la dimensión horizontal.

La matriz no se instala por decreto ni como organigrama. Funciona mejor de manera ad hoc, alrededor de procesos concretos (el paciente quirúrgico programado, el paciente crónico complejo, el alta), con un gestor de proceso con autoridad real y un gerente de servicio que actúe como traductor entre la lógica vertical de la disciplina y la lógica horizontal del paciente.

5.3. Inteligencia artificial: el riesgo de repetir la historia

La IA llega con una velocidad sin precedentes y, al mismo tiempo, con todos los factores de la demora organizacional. Requiere datos limpios, estructurados e integrados, que la mayoría de las organizaciones no tiene. Plantea problemas de responsabilidad médico-legal que no están resueltos. Introduce la paradoja de la automatización: cuanto más confiable es el sistema, menos práctica tiene el humano para intervenir cuando falla, y el «desentrenamiento» ya aparece como la principal preocupación de los médicos en las encuestas recientes.

El riesgo mayor es repetir el error de la historia clínica electrónica: incorporar la IA como herramienta suelta, para hacer más rápido lo mismo, en lugar de usarla como palanca para rediseñar procesos. Una IA que sólo redacta notas reduce minutos de documentación; una IA integrada a la gestión de camas, la predicción de la demanda, la programación quirúrgica y la detección temprana del deterioro clínico reorganiza el hospital. Lo primero es una innovación tecnológica; lo segundo, una innovación en management. La diferencia de valor entre ambas es de órdenes de magnitud.

Un patrón común a los tres casos En los tres casos, la tecnología o la estructura propuesta es la parte fácil. La parte difícil —y la que genera el valor— es el cambio en quién decide, con qué información, sobre qué proceso y con qué incentivo. Las organizaciones de salud tienden a comprar la parte fácil y postergar la difícil.

6. La situación argentina

En la Argentina, todas las causas descritas se amplifican por rasgos propios del sistema:

  • Fragmentación del financiamiento. La coexistencia de subsistema público, obras sociales nacionales y provinciales, PAMI y medicina prepaga multiplica los contratos, las normas de facturación y los sistemas de información, y dispersa cualquier incentivo para innovar en gestión.
  • Contratos por precio y con atraso de pagos. El prestador privado vive en una tensión permanente entre aranceles insuficientes y costos dolarizados. En ese contexto, la gestión se vuelve defensiva: se administra la caja, no se transforma la operación.
  • Inestabilidad macroeconómica. Acorta el horizonte de decisión y desalienta inversiones cuyo retorno es diferido, que es exactamente el perfil de la innovación gerencial.
  • Escasa fiscalización y medición de la calidad. Sin información pública sobre resultados, la buena gestión no se distingue de la mala, y el mercado no la premia.
  • Debilidad de las políticas de Estado. Los programas de digitalización, redes o calidad suelen cambiar con cada gestión, lo que alimenta el escepticismo de los equipos: «esto también va a pasar».
  • Profesionales con múltiples empleos. El pluriempleo diluye la pertenencia organizacional y dificulta cualquier cambio que requiera tiempo institucional, reuniones de mejora o compromiso con indicadores.

Hay, sin embargo, contraejemplos valiosos: redes provinciales que avanzaron con historia clínica integrada, sanatorios que implementaron cuidado progresivo, gestión por procesos o tableros de mando efectivos, y equipos que adoptaron metodologías Lean y A3. Estos casos muestran que la demora no es una fatalidad: donde hubo liderazgo sostenido, gerentes intermedios formados y medición, la innovación prendió.

7. Marcos para entender (y acelerar) la difusión

7.1. La difusión de innovaciones según Rogers

Rogers (2003) identificó cinco atributos que predicen la velocidad de adopción de una innovación: ventaja relativa, compatibilidad con los valores y prácticas existentes, complejidad, posibilidad de ensayarla en pequeña escala y observabilidad de sus resultados. Las innovaciones de management puntúan mal en casi todos: su ventaja es difusa, son poco compatibles con la cultura profesional, son complejas, se ensayan con dificultad y sus resultados son poco visibles. De ahí se desprende una agenda: hacerlas visibles, ensayables y compatibles.

7.2. Greenhalgh y el modelo de organizaciones de servicios

La revisión sistemática de Greenhalgh et al. (2004) sobre difusión de innovaciones en organizaciones de servicios de salud mostró que la adopción depende menos de la innovación misma que del contexto receptor: la capacidad de absorción de la organización, la preparación para el cambio, la existencia de vínculos con agentes externos, la presencia de facilitadores internos y la disponibilidad de recursos ociosos («holgura») para experimentar. Una organización exhausta, que opera al límite de su capacidad, no tiene margen para aprender.

7.3. Las reglas de Berwick para difundir innovaciones

Berwick (2003) propuso un conjunto de reglas prácticas para líderes: encontrar y apoyar a los innovadores, invertir en los primeros adoptantes, hacer visibles las actividades de los primeros adoptantes, confiar y habilitar la reinvención local, crear holgura para el cambio, liderar con el ejemplo y fomentar una cultura de aprendizaje. La reinvención local es crucial: una innovación que no se adapta al contexto se rechaza como trasplante incompatible.

7.4. El marco consolidado de implementación (CFIR)

Damschroder et al. (2009) integraron la literatura de implementación en cinco dominios: características de la intervención, contexto externo, contexto interno, características de las personas y proceso de implementación. El marco es útil como lista de verificación antes de lanzar una innovación: obliga a preguntarse no sólo si la herramienta es buena, sino si la organización está en condiciones de recibirla.

8. El proceso de implementación: técnicas de la ciencia de la implementación

Si el problema es la demora entre una buena idea y su uso rutinario, la disciplina que lo estudia de manera sistemática es la ciencia de la implementación. Eccles y Mittman (2006) la definieron como el estudio científico de los métodos que promueven la incorporación sistemática de hallazgos de investigación y prácticas basadas en evidencia a la rutina de los servicios, con el fin de mejorar su calidad y efectividad. Nació en el terreno clínico —cómo lograr que una guía se cumpla—, pero sus herramientas sirven igual para las innovaciones de management: una vía clínica, un tablero de mando, la gestión de camas o una herramienta de IA son intervenciones que alguien tiene que lograr que se usen.

8.1. La distinción fundamental: la intervención y la estrategia

La primera contribución de la disciplina es separar dos cosas que la gestión cotidiana confunde. La intervención es lo que se quiere instalar: la lista de verificación quirúrgica, el alta programada, el sistema de despacho de camilleros. La estrategia de implementación es el conjunto de acciones para que la intervención efectivamente se use: capacitación, facilitación, auditoría y retroalimentación, cambio de incentivos, rediseño de roles. Curran (2020) lo resumió con una fórmula didáctica: la intervención es «la cosa»; la implementación es lograr que la gente haga la cosa.

La mayoría de los fracasos de innovación en salud no son fracasos de la intervención sino de la estrategia: la herramienta era buena, pero se implementó con un curso de dos horas, un instructivo y una circular de dirección. Proctor et al. (2011) propusieron por eso evaluar por separado los resultados de implementación, que preceden a los resultados clínicos y a los de servicio.

Tabla 3. Resultados de implementación (Proctor et al., 2011)

ResultadoPregunta que respondeEjemplo de indicador
Aceptabilidad¿Los usuarios la consideran satisfactoria?Encuesta a profesionales sobre la herramienta
Adopción¿Se decidió usarla?% de servicios que la incorporaron
Adecuación¿Encaja con el problema y el contexto?Percepción de pertinencia por los equipos
Factibilidad¿Se puede usar en las condiciones reales?Tiempo requerido vs. tiempo disponible
Fidelidad¿Se usa como fue diseñada?% de casos con todos los pasos cumplidos
Costo de implementación¿Cuánto cuesta instalarla?Horas de capacitación y facilitación
Penetración¿Qué alcance tiene dentro de la organización?% de pacientes elegibles que la reciben
Sostenibilidad¿Persiste en el tiempo sin apoyo extra?Uso a los 12 y 24 meses

8.2. Las fases del proceso: el modelo EPIS

Entre los modelos de proceso, el más útil para la gestión es EPIS (Aarons, Hurlburt y Horwitz, 2011), que ordena la implementación en cuatro fases. Cada una tiene preguntas propias, técnicas propias y un entregable que habilita el paso siguiente.

Tabla 4. Fases de la implementación según EPIS, aplicadas a una innovación de management

FasePreguntas claveTécnicas principalesEntregable
Exploración¿Qué problema resolvemos? ¿Esta intervención es la adecuada? ¿La organización está preparada?Análisis del problema (árbol, A3), revisión de evidencia, evaluación de preparación organizacional, mapa de actoresDecisión fundada de adoptar o descartar
Preparación¿Qué barreras y facilitadores hay? ¿Qué hay que adaptar? ¿Quién lidera?Diagnóstico de determinantes (CFIR), selección de estrategias (ERIC), adaptación local, designación de referentes, línea de base de indicadoresPlan de implementación con estrategias, responsables, cronograma y métricas
Implementación¿Se está usando? ¿Con fidelidad? ¿Qué falla?Piloto, ciclos PDSA, facilitación, auditoría y retroalimentación, capacitación en servicio, reuniones de seguimientoIntervención en uso rutinario en el área piloto, con ajustes documentados
Sostenimiento¿Persiste sin apoyo extra? ¿Se extiende? ¿Sigue siendo pertinente?Incorporación a procedimientos, sistemas y presupuesto; indicadores en el tablero; escalamiento por oleadasPráctica institucionalizada y en mejora continua

Otros modelos de proceso muy citados son el ciclo del conocimiento a la acción de Graham et al. (2006) —que va desde identificar la brecha hasta sostener el uso del conocimiento— y el modelo de mejora del IHI con sus ciclos PDSA, que la ciencia de la implementación incorporó como técnica iterativa dentro de la fase de implementación.

8.3. El diagnóstico de determinantes: barreras y facilitadores

Antes de elegir cómo implementar, hay que saber qué va a impedir que la intervención se use. Para eso existen los marcos de determinantes:

  • CFIR (Damschroder et al., 2009; actualizado en 2022). Ordena los determinantes en cinco dominios: la innovación, el contexto externo, el contexto interno, las personas y el proceso. Se usa con entrevistas a actores clave y una matriz de valoración que identifica qué constructos son barreras críticas.
  • i-PARIHS (Harvey y Kitson, 2016). Plantea que la implementación exitosa resulta de la facilitación que articula tres elementos: la innovación, los receptores y el contexto. Su aporte central es poner la facilitación —un rol, no un documento— en el centro del proceso.
  • COM-B y la Rueda del Cambio de Comportamiento (Michie et al., 2011). Toda conducta requiere capacidad, oportunidad y motivación. Si el médico no completa el alta programada, hay que saber si es porque no sabe (capacidad), porque no tiene tiempo o el sistema no lo permite (oportunidad) o porque no ve para qué (motivación). Cada déficit pide un tipo de intervención distinto. El Marco de Dominios Teóricos (TDF; Cane et al., 2012) permite un diagnóstico más fino de esos déficits.
Regla práctica La estrategia de implementación debe responder a la barrera diagnosticada. Si la barrera es de oportunidad (falta tiempo, el sistema no ayuda), capacitar más no sirve: hay que rediseñar el proceso o la herramienta. Si la barrera es de motivación, más instructivos tampoco: hacen falta líderes de opinión, datos comparativos e incentivos. Gran parte del fracaso de la implementación proviene de responder con capacitación a barreras que no son de capacidad.

8.4. El repertorio de técnicas: la compilación ERIC

El proyecto ERIC (Expert Recommendations for Implementing Change; Powell et al., 2015) consensuó 73 estrategias de implementación con definiciones estandarizadas, que Waltz et al. (2015) agruparon en nueve familias. La tabla 5 las resume con ejemplos aplicados a la gestión hospitalaria.

Tabla 5. Las nueve familias de estrategias ERIC (Powell et al., 2015; Waltz et al., 2015)

FamiliaEstrategias representativasAplicación en un hospital
Evaluativas e iterativasEvaluar preparación, auditoría y retroalimentación, ciclos de prueba pequeños, plan de implementación formalTablero semanal de cumplimiento por servicio, discutido en la reunión de jefes
Asistencia interactivaFacilitación, asistencia técnica, supervisión clínicaFacilitador de calidad asignado al servicio piloto durante tres meses
Adaptación al contextoAdaptar la intervención, ajustar al flujo local, usar datos localesAdecuar la vía clínica a la disponibilidad real de quirófano e imágenes
Relaciones con actoresIdentificar campeones, líderes de opinión, coaliciones, visitas a otros sitiosUn jefe respetado que adopte primero; visita a un sanatorio que ya lo hace
Capacitación y educaciónCapacitación dinámica, materiales educativos, visitas educativas (academic detailing), aprendizaje entre paresTaller práctico con casos propios, no clases expositivas
Apoyo a los profesionalesRecordatorios, rediseño de roles, equipos nuevosAlertas en la HCE; enfermera gestora de altas
Involucramiento de pacientesEducar y activar a pacientes y familiasInformación al ingreso sobre la fecha estimada de alta
Estrategias financierasIncentivos, cambio de formas de pago, financiamiento del arranqueCompromiso de gestión con el servicio atado a indicadores
Cambios de infraestructuraCambiar sistemas de registro, estructura física, normas, acreditaciónIncorporar el proceso al sistema informático y al manual de procedimientos

Algunas técnicas cuentan con evidencia sistemática propia. La revisión Cochrane de Ivers et al. (2012) sobre auditoría y retroalimentación encontró una mejora absoluta mediana de 4,3 puntos porcentuales en el cumplimiento de la práctica deseada, con un efecto mayor cuando la línea de base es baja, la retroalimentación la da un superior o colega, se repite en el tiempo y se acompaña de metas explícitas y un plan de acción. Los líderes de opinión locales (Flodgren et al., 2019) y la facilitación externa muestran también efectos consistentes, aunque moderados. La lección es que ninguna técnica aislada produce grandes cambios: la efectividad viene de combinar varias, elegidas según las barreras diagnosticadas.

Para pasar del diagnóstico a la selección existe la herramienta de correspondencia CFIR-ERIC (Waltz et al., 2019), que sugiere qué estrategias abordan cada barrera identificada con CFIR. Es una ayuda para decidir, no un algoritmo.

8.5. Evaluar la implementación: RE-AIM

El marco RE-AIM (Glasgow, Vogt y Boles, 1999) evalúa el impacto poblacional real de una intervención en cinco dimensiones: alcance (a qué proporción de la población destinataria llega), efectividad (qué resultado produce), adopción (qué proporción de servicios y profesionales la usa), implementación (con qué fidelidad y costo) y mantenimiento (si persiste en el tiempo). Su mensaje gerencial es claro: una intervención muy efectiva que llega al 10% de los pacientes tiene menos impacto que una moderadamente efectiva que llega al 80%.

Para la investigación, Curran et al. (2012) propusieron los diseños híbridos efectividad-implementación, que evalúan simultáneamente si la intervención funciona y cómo se implementa. Para la gestión, la versión práctica es medir siempre las dos cosas: el indicador de resultado (estancia, reinternación, eventos adversos) y el indicador de proceso de implementación (adopción, fidelidad, penetración).

8.6. Sostener y desimplementar

La sostenibilidad no es una fase final pasiva. El Marco de Sostenibilidad Dinámica (Chambers, Glasgow y Stange, 2013) sostiene que las intervenciones deben adaptarse continuamente a un contexto que cambia, en lugar de congelarse en su versión original; la fidelidad absoluta es, a largo plazo, una receta de obsolescencia.

La disciplina también estudia el camino inverso: la desimplementación, es decir, cómo dejar de hacer lo que no agrega valor —estudios rutinarios innecesarios, internaciones evitables, formularios duplicados—. Desimplementar suele ser más difícil que implementar, porque la práctica obsoleta tiene defensores, hábitos e ingresos asociados. Para la gestión es una fuente directa de recursos: lo que se deja de hacer financia lo nuevo.

8.7. Hoja de ruta para implementar una innovación de management

Integrando los marcos anteriores, una organización de salud puede seguir esta secuencia:

  1. Definir el problema y la brecha con datos propios: qué se quiere mejorar, cuál es la línea de base y cuál la meta.
  2. Elegir la intervención con evidencia y verificar su adecuación al contexto; descartar lo que no encaja antes de invertir.
  3. Evaluar la preparación organizacional: liderazgo, recursos, prioridades en competencia, experiencia previa con cambios.
  4. Diagnosticar barreras y facilitadores con CFIR o COM-B, mediante entrevistas breves a quienes harán el trabajo.
  5. Seleccionar un paquete de estrategias que responda a esas barreras (ERIC), combinando al menos una evaluativa, una relacional y una de infraestructura.
  6. Designar roles: patrocinador en la dirección, facilitador, campeón clínico y responsable del proceso.
  7. Adaptar y pilotear en un servicio voluntario con ciclos PDSA cortos, documentando cada ajuste.
  8. Medir implementación y resultado con un tablero breve: adopción, fidelidad, penetración y el indicador clínico u operativo objetivo.
  9. Escalar por oleadas, usando el servicio piloto como ejemplo visible y fuente de facilitadores para los siguientes.
  10. Institucionalizar y sostener: incorporar al sistema informático, al manual, al presupuesto y a los compromisos de gestión, y revisar periódicamente su pertinencia.
La implementación como competencia gerencial La ciencia de la implementación ofrece al gestor sanitario algo que el management clásico no daba: un vocabulario y un método para el tramo más descuidado del cambio, el que va del «lo aprobamos» al «lo hacemos todos los días». Incorporar esa competencia a la formación de directores y jefes de servicio es probablemente la forma más directa de acortar el rezago descripto en este trabajo.

9. Propuesta: cómo acortar los tiempos de adopción

De lo anterior se desprende que acelerar la innovación en management exige actuar sobre las causas, no sólo sobre la herramienta. Se proponen diez líneas de acción:

  1. Empezar por el proceso, no por la tecnología. Antes de comprar software o IA, mapear el proceso actual, identificar desperdicios y definir el proceso futuro. La tecnología se elige al final, al servicio del rediseño.
  2. Formar la capa intermedia. Convertir planificadamente a los jefes de servicio en gerentes: indicadores, costos, compromisos de gestión, cuadro de mando del servicio. Sin esa capa, ninguna innovación baja del directorio a la operación.
  3. Dar estatus a la dimensión horizontal. Nombrar responsables de proceso con autoridad real en los recorridos críticos del paciente (quirúrgico, crónico complejo, alta), aunque la estructura vertical se mantenga.
  4. Pilotear en pequeño y hacer visible el resultado. Ciclos PDCA rápidos en un servicio voluntario, con indicadores simples y comunicación de resultados. Lo que se ve, se copia.
  5. Habilitar la reinvención local. Ofrecer principios y no recetas cerradas; permitir que cada equipo adapte la herramienta a su realidad.
  6. Crear holgura. Liberar tiempo protegido para la mejora: sin horas institucionales dedicadas, la innovación compite con la asistencia y siempre pierde.
  7. Alinear incentivos. Negociar con los financiadores esquemas que premien resultados y eficiencia (pago por episodio, por desempeño, contratos de calidad y valor) y trasladar esos incentivos al interior de la organización.
  8. Medir y publicar. Construir un sistema de información que muestre la calidad y la eficiencia por proceso y por servicio. La transparencia interna genera presión de pares; la externa, presión de mercado.
  9. Financiar la transformación con sus ahorros. Diseñar proyectos cuyo retorno —menos estancia, menos reinternaciones, menos suspensiones quirúrgicas— financie la etapa siguiente.
  10. Gobernar la IA como una innovación organizacional. Comité de gobierno de IA con participación clínica, priorización por impacto en procesos y no por disponibilidad comercial, evaluación posimplementación y entrenamiento para evitar el desentrenamiento profesional.
Del discurso a la práctica La pregunta del director no debería ser «¿qué innovación adoptamos?», sino «¿qué condiciones de mi organización hacen que cualquier innovación llegue tarde y rinda poco?». Corregir esas condiciones —capa intermedia, procesos con dueño, medición, holgura, incentivos— es la innovación en management más importante, porque acelera todas las demás.

10. Conclusiones

La industria de la salud tarda en incorporar las innovaciones del management porque su estructura, su financiamiento, su cultura y sus instituciones están configurados para preservar la autonomía del núcleo operativo y no para premiar la excelencia en la gestión. El rezago histórico —de quince a sesenta años según la innovación— no es un accidente sino un patrón.

La digitalización, la organización matricial y la inteligencia artificial muestran la misma lección: la herramienta es la parte fácil; el valor está en el rediseño organizativo que la acompaña. Cuando la tecnología se adopta sin cambiar quién decide, con qué información y con qué incentivo, se obtiene una adopción ceremonial: costosa, visible y de bajo rendimiento.

La IA abre una ventana singular: por primera vez, los profesionales adoptan una herramienta de gestión más rápido que sus organizaciones. Si los directivos aprovechan esa energía para rediseñar procesos —y no sólo para acelerar la documentación—, el sector podría, por una vez, acortar el rezago. Si no, la IA se sumará a la larga lista de innovaciones que llegaron tarde y rindieron menos de lo prometido.

El costo de la demora no es abstracto. Se mide en pacientes que esperan, en eventos adversos evitables, en estancias que se prolongan y en recursos que no agregan valor. Por eso la velocidad de adopción de la buena gestión es, en sí misma, una cuestión de calidad asistencial.

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Publicado por saludbydiaz

Especialista en Medicina Interna-nefrología-terapia intensiva-salud pública. Director de la Carrera Economía y gestión de la salud de ISALUD. Director Médico del Sanatorio Sagrado Corazon Argentina. 2010-hasta la fecha. Titular de gestión estratégica en salud

Un comentario en “La innovación en management en las organizaciones de salud”

  1. Admirado y agradecido ante el alarde de contribuciones incesantes del Prof.Carlos Alberto Díaz.

    Vicente Ortún-Rubio/Professor Emeritus on active service/Department of Economic and BusinessCRES, Research Center on Health and EconomicsOffice 20.274Ramon Trias Fargas 25 | 08005 Barcelona [Tel.] +34 93 5421204https://www.upf.edu/web/vicente-ortun

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