La séxtuple meta y la sostenibilidad planetaria de los sistemas de salud
Dr. Carlos Alberto Díaz
Una meta que no deja de crecer
En 2008, Donald Berwick, Thomas Nolan y John Whittington publicaron en Health Affairs la idea de la Triple Meta (Triple Aim): mejorar la salud de la población, mejorar la experiencia de atención y reducir el costo per cápita. Fue, durante más de una década, la brújula con la que se diseñaron reformas, indicadores y modelos de pago en todo el mundo.
En 2014, Bodenheimer y Sinsky agregaron un cuarto vértice: el bienestar del equipo de salud, al advertir que el agotamiento profesional (burnout) erosionaba tanto la calidad de la atención como la sostenibilidad del propio sistema. Nació así la Cuádruple Meta.
En 2022, Nundy, Cooper y Mate propusieron en JAMA sumar un quinto vértice, la equidad en salud, dando forma a la Quíntuple Meta que hoy se enseña y se cita como el marco de referencia vigente.
La pregunta que surge —y que ya está siendo respondida en la literatura reciente— es si cinco vértices alcanzan.
La respuesta que empieza a consolidarse es que no: hay un movimiento activo, con publicaciones en revistas indexadas entre 2023 y 2025, para incorporar un sexto componente.
La Séxtuple Meta: la sostenibilidad ambiental como sexto vértice
En 2023, Alami, Lehoux, Miller, Shaw y Fortin publicaron en The International Journal of Health Planning and Management un llamado urgente a incorporar la sostenibilidad ambiental como un sexto objetivo estructural, dando origen al término Séxtuple Meta (Sextuple Aim).
El argumento central El sector salud es responsable de aproximadamente el 4,6 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Un sistema que se propone mejorar la salud de la población no puede, al mismo tiempo, ser una fuente relevante del daño ambiental que la deteriora. Para los autores, la sostenibilidad ambiental no compite con los otros cinco objetivos: en muchos casos es una palanca para alcanzarlos (menor desperdicio, cadenas de suministro más resilientes, procesos más eficientes).
Los autores identifican tensiones reales —por ejemplo, ciertas tecnologías de bajo impacto ambiental pueden tener un costo inicial mayor— pero sostienen que, bien gestionada, la sostenibilidad ambiental refuerza la reducción de costos, la calidad de los procesos y hasta la reputación institucional frente a pacientes y financiadores cada vez más sensibles a estos temas.
Esta propuesta no quedó aislada. En 2024, un grupo de investigadores publicó en Global Sustainability (Cambridge University Press) un manifiesto que va un paso más allá: en lugar de agregar un sexto vértice separado, propone revisar directamente la Cuádruple/Quíntuple Meta para que la salud planetaria quede integrada dentro del propio concepto de «salud de la población», en el entendido de que la salud humana es inseparable de la salud de los sistemas naturales que la sostienen.
El debate, entonces, no es solo cuántos vértices debe tener la estrella, sino si conviene agregar uno nuevo o repensar el significado de los que ya existen. Como señaló con ironía un analista del sector en 2025, «es de esperar que pronto tengamos una Séxtuple Meta, cuando alguien decida agregar algo relacionado con la tecnología o el acceso a internet»: la meta parece funcionar, en la práctica, como un marco vivo que se actualiza a medida que emergen nuevas prioridades sistémicas.
Por qué esto le importa a la gestión clínica y hospitalaria
Para quienes gestionamos clínicas, sanatorios y hospitales, la incorporación de la variable ambiental no es un ejercicio académico: ya se traduce en decisiones operativas concretas. Algunas líneas de acción que la literatura vincula directamente con el sexto vértice:
Gestión de residuos hospitalarios y reducción del uso de insumos descartables cuando existe una alternativa clínicamente equivalente.
Eficiencia energética en quirófanos, esterilización, climatización e imágenes, que combina ahorro de costos con menor huella de carbono.
Cadenas de suministro más resilientes, menos dependientes de proveedores únicos o de rutas logísticas vulnerables a disrupciones climáticas.
Indicadores de sostenibilidad incorporados a los cuadros de mando institucionales, junto a los indicadores clásicos de calidad, costo y experiencia.
Estas acciones no reemplazan a los cinco objetivos ya consolidados; los complementan. Un sanatorio que reduce su huella ambiental suele, al mismo tiempo, reducir desperdicios y costos operativos, dos objetivos que ya formaban parte de la meta original.
Una reflexión final
La evolución de la Triple a la Cuádruple, de allí a la Quíntuple y ahora hacia una eventual Séxtuple Meta muestra algo más importante que el número de vértices: revela que los marcos de gestión sanitaria están vivos y responden a las urgencias de cada época. La pandemia visibilizó la inequidad y motivó el quinto vértice; la crisis climática está motivando el sexto. Para los gestores, la lección práctica es la misma en ambos casos: ningún objetivo de calidad, costo o experiencia es sostenible en el tiempo si se ignoran las condiciones estructurales —sociales o ambientales— en las que opera el sistema de salud.
Bibliografía
Alami, H., Lehoux, P., Miller, F. A., Shaw, S. E., & Fortin, J.-P. (2023). An urgent call for the environmental sustainability of health systems: A ‘sextuple aim’ to care for patients, costs, providers, population equity and the planet. The International Journal of Health Planning and Management.https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/hpm.3616
Nundy, S., Cooper, L. A., & Mate, K. S. (2022). The Quintuple Aim for Health Care Improvement: A New Imperative to Advance Health Equity. JAMA, 327(6), 521–522.
Bodenheimer, T., & Sinsky, C. (2014). From Triple to Quadruple Aim: Care of the Patient Requires Care of the Provider. Annals of Family Medicine, 12(6), 573–576.
Berwick, D. M., Nolan, T. W., & Whittington, J. (2008). The Triple Aim: Care, Health, and Cost. Health Affairs, 27(3), 759–769.
Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud — Universidad ISALUD
Este post es un resumen de un trabajo más amplio que estoy escribiendo como ensayo para documentar la importancia del personal de enfermería desde distintos aspectos: cantidad de enfermeras por cama, su formación, organización del trabajo, distribución de tareas por turno, formación continua y mantenimiento de habilidades duras y blandas. Es fundamental que quienes administramos hospitales mejoremos el cuidado y la seguridad de los pacientes, evitando la sobrecarga laboral y el agotamiento del personal, garantizando así la seguridad y, sobre todo, la calidad de la atención. Otro factor a considerar es el multiempleo, que afecta los factores mencionados y es el más importante, el ensayo intenta proponer una solución al respecto gradual, comenzando por los servicios más exigentes como los cuidados críticos y la emergencia. Esto exigiría una negociación fundamental con las representaciones gremiales, los financiadores y con los prestadores, para ver si esto se puede compensar progresivamente para llevar a una situación que prestigie y proteja a estos cuidadores y se mejoren los indicadores. Tendrían que existir algunas exigencias como las de formación, medición de indicadores y acreditación.
Por qué este tema importa a la gestión hospitalaria
La enfermería es el segmento más numeroso de la fuerza de trabajo sanitaria y sostiene, en la práctica, buena parte de la vigilancia continua a la cabecera del paciente sobre la que se apoya la seguridad clínica del hospital. Cuando esa vigilancia se ve comprometida por una carga de trabajo excesiva —por dotación insuficiente, por una combinación de habilidades (skill mix) inadecuada o por factores organizacionales del microsistema de trabajo— las consecuencias no son solo laborales: son clínicas.
La decisión de cuántos puestos de enfermería cubrir, cómo distribuirlos entre sectores y turnos, y qué margen dejar para absorber picos de demanda o ausentismo no planificado, no recae en cada enfermera de forma individual, sino en primer término en la gestión hospitalaria.
Este resumen sintetiza, en base a una revisión extensa de evidencia internacional y del marco normativo argentino, qué tan sólida es esa relación, a través de qué mecanismos opera, y qué herramientas concretas existen hoy para calcular la dotación necesaria en cada sector de un hospital.
Qué es —y qué no es— la carga de trabajo de enfermería
La medida más usada en la literatura es la proporción enfermera-paciente de una unidad, porque es fácil de obtener de las bases administrativas. Pero se trata de una medida parcial de un constructo multidimensional. Carayón y Gurses (AHRQ) proponen distinguir cuatro niveles de carga —de unidad, de puesto, de paciente y de situación—, y la revisión metanarrativa de Jackson, Anderson y Maben (2021), sobre 121 artículos publicados entre 1953 y la actualidad, muestra que el trabajo de enfermería combina simultáneamente cuatro dimensiones: física, emocional, cognitiva y organizacional. Las dos últimas —vigilancia, integración de información clínica, coordinación del equipo— suelen quedar fuera de las métricas de dotación pese a ser, en gran medida, las que sostienen la detección temprana del deterioro clínico.
Los cuatro niveles de la carga de trabajo de enfermería Nivel de unidad: proporción enfermera-paciente. Fácil de medir y comparar, pero ignora el contexto del microsistema de trabajo. Nivel de puesto: varía según la especialidad (UCI vs. sala general), pero no explica diferencias dentro de un mismo puesto. Nivel de paciente: severidad y complejidad clínica (por ejemplo, TISS). Sensible a la acuidad, pero no a factores no clínicos. Nivel de situación: obstáculos y facilitadores concretos de un turno —insumos, comunicación, demandas familiares—. Es la conceptualización más reciente y la que mejor explica por qué la evidencia es, en ciertos desenlaces, contradictoria entre estudios.
Esta distinción explica, además, por qué dividir el trabajo de enfermería en tareas discretas y delegar las más simples a personal menos calificado no reduce necesariamente el riesgo clínico: Stalpers, Schoonhoven, Dall’Ora, Ball y Griffiths (2025) muestran que las actividades de cuidado están «entrelazadas» (care entanglement), de modo que una tarea aparentemente simple —ayudar a movilizarse— suele estar conectada con la evaluación del riesgo de caída o la verificación de una vía. Los hospitales Magnet y el consorcio RN4CAST fueron pioneros en documentar que un entorno de práctica favorable —autonomía profesional, liderazgo de enfermería accesible, relación de colaboración con la medicina— modula tanto la carga percibida como sus consecuencias clínicas.
La evidencia sobre mortalidad: la asociación más robusta del corpus revisado
Dentro de todo el cuerpo de evidencia, la asociación entre dotación de enfermería y mortalidad hospitalaria es la más consistente. La revisión sistemática de Asiri et al. (2025) sintetizó 48 estudios de 3.842 registros identificados: en 29 de ellos, la proporción enfermera-paciente se asoció de forma consistente con la mortalidad, con una relación dosis-respuesta clara.
El estudio RN4CAST de Aiken et al. (2014, The Lancet) —422.730 pacientes quirúrgicos de 300 hospitales de nueve países europeos— encontró que cada paciente adicional asignado a una enfermera se asoció con un incremento del 7% en la probabilidad de muerte hospitalaria a 30 días, mientras que cada 10 puntos porcentuales más de enfermeras con título universitario redujo esa probabilidad en un 7%. En términos prácticos: un paciente internado en un hospital con 60% de enfermeras universitarias y una carga de 6 pacientes por enfermera tendría casi un 30% menos de mortalidad que uno internado donde solo el 30% tiene ese título y la carga es de 8 pacientes.
Wells et al. (2026, ANZ Journal of Surgery) aportan el dato más preciso disponible hasta la fecha, porque miden la dotación turno a turno —y no como promedio administrativo— en 281.147 turnos de 24 hospitales públicos de Nueva Zelanda. El 43,5% de esos turnos tuvo menos horas de cuidado disponibles que las requeridas por la acuidad de los pacientes, y el 28,3% fue clasificado como «turno por debajo del objetivo». Cada enfermera menos por turno se asoció con un incremento del 13% en la mortalidad postoperatoria a 90 días, del 7% en las complicaciones y del 7% en el fallo en el rescate. Los autores calcularon que corregir el déficit total de dotación habría evitado 182 muertes postoperatorias por año en el país —y que, en promedio, cada muerte evitada requirió apenas una enfermera adicional por turno.
Gráfico 1. Aumento del riesgo asociado a peor dotación de enfermería, según los dos estudios de mayor escala del corpus revisado.
Un hallazgo del estudio neozelandés es relevante para la agenda de equidad: entre los pacientes que fallecieron, los de pueblos originarios y de mayor privación socioeconómica tuvieron más probabilidades de haber estado expuestos a peor dotación durante su internación.
En Austria, donde la ley fija proporciones enfermera-paciente obligatorias en terapia intensiva, Zajic et al. (2024) —sobre 415.584 admisiones en 144 UCI— muestran que, bajo ese piso legal, el caseload y el TISS-28 elevados no aumentan la mortalidad en general, aunque sí lo hacen durante el pico de la pandemia de COVID-19 y en hospitales locales con TISS-28 alto: la dotación obligatoria protege, pero no elimina el riesgo bajo tensión extrema del sistema.
Morbilidad, eventos adversos y atención omitida
La dotación insuficiente se asocia también con mayor incidencia de infecciones asociadas al cuidado de la salud, lesiones por presión y caídas, errores de medicación y prolongación de la estancia hospitalaria. La revisión sistemática de Singh et al. (2026) sobre paquetes de prevención de neumonía asociada a la ventilación mecánica muestra que su efectividad depende directamente de que la dotación permita cumplir cada componente del protocolo en cada turno.
El concepto que conecta todos estos resultados es la atención de enfermería omitida (missed care): tareas de cuidado necesarias que se retrasan, se realizan parcialmente o se omiten por falta de tiempo. La evidencia cualitativa reunida en este trabajo —estudios en Ghana, Bangladesh, Arabia Saudita y China— coincide en que la atención omitida es la vía común por la que la sobrecarga y la mala organización del trabajo terminan traduciéndose en eventos adversos: en Arabia Saudita, enfermeras de UCI y urgencias con proporciones de hasta 1:2 y 1:4 vincularon directamente la fatiga con autoextubaciones, caídas y errores de medicación (Almarhabi et al., 2026), señalando además que el trabajo en equipo amortigua, pero no reemplaza, la dotación adecuada.
Un hallazgo metodológico relevante para la interpretación de toda esta evidencia es el del copaciente: Riman et al. (2024), sobre 20.650 pacientes y 84.544 turnos-paciente en Estados Unidos, muestran que la severidad del paciente que comparte enfermera con otro (el «copaciente») predice la mortalidad del paciente índice de forma independiente, incluso dentro de proporciones 1:2 o 1:3 consideradas seguras. Esto confirma que la proporción enfermera-paciente, tomada de forma aislada, subestima la carga real cuando no incorpora la acuidad combinada de todos los pacientes a cargo.
Mecanismos causales y factores organizacionales
La carga de trabajo se traduce en riesgo clínico a través de varios mecanismos: falta de tiempo para la vigilancia y la detección temprana, deterioro de la motivación, estrés y agotamiento, errores, infracciones o soluciones alternativas («workarounds») frente a procesos que no se ajustan a la carga real, y la atención omitida ya descripta.
Estos mecanismos son modulados por factores organizacionales sobre los que la gestión hospitalaria sí puede intervenir: el liderazgo de enfermería y su accesibilidad en la toma de decisiones bajo presión, el trabajo en equipo interdisciplinario entre enfermería y medicina, la capacitación continua y la organización del trabajo —delegación de roles, tecnología de apoyo a la decisión clínica.
El agotamiento profesional (burnout) merece mención aparte porque funciona en dos direcciones: es una consecuencia directa de la sobrecarga y, a la vez, un mecanismo adicional de riesgo para la seguridad del paciente.
El metaanálisis de Li, Yang y Singer (2024), sobre 85 estudios y 288.581 enfermeras en 32 países, muestra que el burnout se asocia con más infecciones, caídas, errores de medicación, eventos adversos en general y atención omitida —y que la formación universitaria atenúa, aunque no elimina, ese efecto.
Cómo calcular la dotación necesaria: de la proporción fija a la carga de trabajo
La proporción enfermera-paciente fija es fácil de aplicar, pero —como muestra el marco conceptual de la sección anterior— es una medida parcial. La literatura internacional ofrece métodos más finos: el Modelo Synergy, que toma la necesidad real del paciente como unidad de medida; los marcos de factores humanos multinivel; la simulación de sistemas (dinámica de sistemas y simulación de eventos discretos) para poner a prueba escenarios de dotación antes de implementarlos; y las escalas de carga basadas en intervenciones, con medio siglo de validación internacional acumulada.
En la Argentina, la Resolución 938/2023 recomienda explícitamente la escala VACTE para ajustar la dotación más allá de las proporciones fijas de la ya derogada Resolución 194/95, en línea con el eje de sistemas de información del Plan Nacional de Calidad en Salud 2026-2030 (Resolución 463/2026). El Cuadro 1 compara las tres escalas de referencia.
Indicador
Origen
Unidad de medida
Ámbito recomendado
TISS-28
Miranda, de Rijk y Schaufeli (1996)
10,6 min/punto; techo de 46 puntos/enfermera/turno
Cuidados críticos de adultos
NAS
Miranda et al. (2003)
% de la jornada (100% = 1 enfermera cada paciente)
Cuidados críticos de adultos y pediátricos
VACTE (Min. de Salud)
Braña Marcos et al. (2007); Res. 938/2023
Minutos de cuidado; techo 895 min/24 h (82,1% = 735,1 min operativos)
Internación general, emergencia, críticos, pediatría y neonatología
Cuadro 1. El TISS-28 y el NAS tienen mayor validación internacional acumulada, pero ninguna norma argentina los adopta formalmente; la VACTE es la escala que la Argentina eligió como referencia técnica en 2023, y la única de las tres pensada para aplicarse fuera de terapia intensiva.
Cuántas enfermeras por cama: referencias por sector
Más allá del método elegido, la gestión hospitalaria necesita una cifra operativa para presupuestar el plantel de cada sector antes de contar con información turno a turno sobre la acuidad real. El Gráfico 2 reúne las referencias disponibles —normativas, científicas y de práctica institucional— para cada sector de internación, como puntos de partida a ajustar con una escala de carga de trabajo.
Gráfico 2. Cifras orientativas de proporción enfermera-paciente por sector. En emergencias, el estudio OPTIRATIO de Fontova-Almató et al. (2026) —primer intento sistemático de resolver la ausencia histórica de una ratio de referencia en guardia— calculó necesidades diferenciadas por nivel de triaje y por circuito de atención a partir de la escala VACTE.
Un punto de atención para la gestión: el Convenio Colectivo de Trabajo 122/75 (FATSA/ATSA, clínicas y sanatorios privados) permite hasta 12 camas por enfermero en los turnos mañana y tarde, y hasta 14 en el turno noche; el Convenio 103/75 (hospitales de la comunidad) ancla ese piso a las camas ocupadas —13 en el turno diurno, 20 en el nocturno— y no a la capacidad nominal del sector. En ambos casos se trata de un piso salarial mínimo negociado colectivamente, sensiblemente menos exigente que las proporciones que surgen de la evidencia clínica o de una aplicación estricta de la VACTE: una institución que dimensiona su plantel solo para cumplir el convenio corre el riesgo de operar por debajo de lo que la evidencia asocia con una atención segura.
Monitorear la dotación en el tiempo: indicadores y horas extras
La Resolución 938/2023 recomienda relevar de forma rutinaria indicadores asistenciales —ocupación y giro de camas, mortalidad, tasas de infección asociada a catéteres y a la asistencia respiratoria mecánica, caídas y lesiones por presión— que son, precisamente, los mismos que la evidencia revisada en este resumen vincula empíricamente con la dotación. A ellos conviene sumar indicadores específicos de dotación: horas de cuidado de enfermería por paciente-día, porcentaje de carga asistencial real (la proporción entre la ratio efectivamente en uso y la ratio máxima recomendada por la VACTE), ausentismo, rotación del personal y porcentaje de atención omitida. Ninguno tiene valor por sí solo: su utilidad depende de compararlos contra un estándar definido de antemano y de monitorearlos en tendencia, no como una fotografía aislada de un turno.
Las horas extras merecen un tratamiento específico porque son, a la vez, el recurso más inmediato para cubrir un déficit no planificado y uno de los mecanismos mejor documentados de deterioro de la seguridad del paciente cuando se vuelven estructurales. La evidencia de simulación de Farid, Purdy y Neumann (2020) muestra que las jornadas y semanas laborales más extensas incrementan el agotamiento por fatiga en un 600%, el ausentismo en un 500% y los errores médicos en un 150%; Musy et al. (2021), con datos administrativos a nivel de turno, confirman que la mortalidad intrahospitalaria aumenta en los turnos con dotación por debajo de lo planificado, incluso ajustando por la gravedad de los pacientes. Un error frecuente de gestión es calcular las horas extras sobre la capacidad nominal del sector —el total de camas habilitadas— en lugar de sobre las camas efectivamente ocupadas y los ingresos previstos para el turno siguiente: el propio Convenio Colectivo 103/75 ya opera, para otro fin, sobre esta misma lógica, y es el criterio que debería guiar también la planificación de refuerzos.
El marco normativo argentino y el efecto del financiamiento
El esquema vigente se apoya en la Resolución 938/2023 y su escala VACTE, actualizada dentro del Plan Nacional de Calidad en Salud 2026-2030 (Resolución 463/2026). En neonatología rige la Resolución 306/2002, que exige que el personal de enfermería profesional sea al menos el 60% de la dotación del sector, sin fijar una proporción explícita por cuna; ese vacío lo cubren estándares internacionales como los de la Sociedad Española de Neonatología, que fijan 1:1 en cuidados de alta tecnología. En pediatría, las Normas de la Sociedad Argentina de Pediatría (2014) recomiendan una enfermera cada dos camas en UTIP de Nivel 1 —ajustable hasta 1:1 según la carga— y una cada tres o cuatro en cuidados intermedios.
El trabajo cierra su marco normativo con una advertencia de gestión que trasciende lo estrictamente clínico: el atraso en la actualización de los aranceles que obras sociales y entidades de medicina prepaga pagan a los prestadores condiciona, en la práctica, la dotación de enfermería efectivamente sostenible por una institución —más allá de la que recomienda la evidencia clínica revisada. El financiamiento del sistema no es un tema aparte de la seguridad del paciente: es, en gran medida, su condición de posibilidad.
Síntesis de la evidencia
El siguiente cuadro condensa los estudios de mayor peso citados en este resumen.
Fuente
Diseño / contexto
Hallazgo principal
Aiken et al. (2014)
Observacional, 9 países europeos (n=422.730)
Mayor carga de trabajo aumenta la mortalidad; mayor proporción de enfermeras universitarias la reduce
Needleman et al. (2011)
Cohorte, EE. UU. (n=197.000)
Más horas de enfermería registrada se asocian con menor mortalidad e infecciones
Griffiths et al. (2018)
Cohorte longitudinal, Reino Unido (n=138.000)
Dotación insuficiente de enfermeras registradas incrementa el riesgo de mortalidad
McHugh et al. (2016)
Evaluación de política, California
La legislación de proporciones enfermera-paciente mejora la dotación y reduce la mortalidad
Asiri et al. (2025)
Revisión sistemática, 48 estudios
Asociación dosis-respuesta consistente entre dotación, educación y mortalidad/morbilidad
Wells et al. (2026)
Cohorte nacional a nivel de turno, Nueva Zelanda (n=202.428)
Cada enfermera menos por turno aumenta 13% la mortalidad postoperatoria; corregir el déficit evitaría 182 muertes/año
Zajic et al. (2024)
Cohorte de registro, Austria (n=415.584, 144 UCI)
Bajo dotación obligatoria, el caseload alto no aumenta la mortalidad, salvo en COVID-19 y hospitales locales
Riman et al. (2024)
Cohorte retrospectiva, EE. UU. (n=20.650)
El copaciente con soporte vasoactivo aumenta la mortalidad del paciente índice, incluso en proporciones seguras
Li, Yang y Singer (2024)
Metaanálisis, 85 estudios (n=288.581 enfermeras)
El burnout se asocia con más infecciones, caídas, errores y atención omitida
Estrategias de mitigación para la gestión hospitalaria
La convergencia de la evidencia permite priorizar un conjunto de estrategias de mayor impacto:
De mayor impacto en la evidencia revisada Dotación adecuada y basada en acuidad, ajustada a la complejidad real de los pacientes y no solo a estándares fijos por servicio. Skill mix y formación: mayor proporción de enfermeras con título universitario, asociada de forma consistente a menor mortalidad quirúrgica. Sistemas de alerta temprana y equipos de respuesta rápida liderados por enfermería, para reducir el fallo en el rescate. Límite a las horas extra y a las jornadas prolongadas, uno de los factores organizacionales de mayor peso en el metaanálisis de burnout. Herramientas de evaluación de la necesidad del paciente (Modelo Synergy) y simulación de escenarios de dotación antes de implementarlos. Sistemas de monitoreo de la varianza clínica turno a turno (en la línea de TrendCare/CCDM), para identificar turnos por debajo del objetivo en tiempo real. Medición sistemática de la atención omitida (MISSCARE Survey, PIRNCA) como indicador centinela de sobrecarga. Bienestar del personal como estrategia de seguridad del paciente, no solo como objetivo de salud ocupacional.
Conclusión
La evidencia revisada, con estudios que van de los 20.000 a los más de 400.000 pacientes en contextos institucionales muy distintos entre sí, converge en una misma dirección: la dotación de enfermería no es una variable de eficiencia operativa que pueda optimizarse solo por costo, sino un determinante estructural de la mortalidad, la morbilidad y la seguridad del paciente, con mecanismos causales cada vez mejor documentados y con herramientas de cálculo —desde la VACTE hasta la simulación de sistemas— que ya permiten a la gestión hospitalaria tomar esa decisión con información, y no solo con un piso convencional o presupuestario.
La pregunta que cada institución necesita responder no es si puede pagar una mejor dotación de enfermería, sino qué le está costando, en resultados clínicos evitables, no hacerlo.
Referencias seleccionadas
Este resumen se basa en un trabajo más extenso, con 84 referencias completas disponibles bajo pedido. Se listan aquí las de mayor peso citadas en este documento.
Aiken, L. H., Sloane, D. M., Bruyneel, L., et al. (2014). Nurse staffing and education and hospital mortality in nine European countries: A retrospective observational study. The Lancet, 383(9931), 1824–1830.
Almarhabi, Y., et al. (2026). [Estudio cualitativo, Arabia Saudita, sobre carga de trabajo de enfermería en UCI y urgencias].
Asiri, H., et al. (2025). Nursing practice and care-sensitive outcomes: A systematic review. [Revisión sistemática, 48 estudios].
Catania, G., et al. (2024). Turnover intention, workload and hospital mortality: A multicenter study. [Estudio italiano].
Fontova-Almató, A., Nieto-Ortiz, A., Basurto-Oña, X., Carreras-López, S., Salleras-Duran, L., & González-Boris, C. (2026). OPTIRATIO: Optimización de la ratio enfermera-paciente en un servicio de urgencias.
Griffiths, P., et al. (2018). Nurse staffing and patient outcomes: Strengths and limitations of the evidence to inform policy and practice. International Journal of Nursing Studies.
Jackson, D., Anderson, C., & Maben, J. (2021). What nursing work is: A meta-narrative review. [Revisión metanarrativa, 121 artículos, 1953–2021].
Li, W., Yang, Y., & Singer, S. J. (2024). Nurse burnout and patient safety outcomes: A meta-analysis. [85 estudios, 288.581 enfermeras, 32 países].
McHugh, M. D., et al. (2016). Nurse staffing legislation and hospital mortality in California. Medical Care.
Morioka, N., Moriwaki, M., Miyawaki, A., Saville, C., Fushimi, K., & Griffiths, P. (2026). Hospital nurse understaffing and patient mortality, readmission, and length of stay. JAMA Network Open, 9(2), e2558235.
Needleman, J., Buerhaus, P., Pankratz, V. S., et al. (2011). Nurse staffing and inpatient hospital mortality. New England Journal of Medicine, 364(11), 1037–1045.
Riman, K. A., Davis, B. S., Seaman, J. B., & Kahn, J. M. (2024). Association between nurse co-patient illness severity and mortality in the intensive care unit. Critical Care Medicine, 52(2), 182–189.
Singh, N., et al. (2026). A systematic review on the effectiveness of nurse-led VAP prevention bundles. Scienxt Journal of Nursing Studies, 4(2), 1–8.
Sociedad Argentina de Pediatría, Comité de Estudios Feto-Neonatales, & Subcomisión de Cuidados Intensivos Pediátricos. (2014). Normas de categorización, organización y funcionamiento de las UCI e Intermedios Pediátricos.
Stalpers, D., Schoonhoven, L., Dall’Ora, C., Ball, J., & Griffiths, P. (2025). ‘Care entanglement’: A theoretical proposal. International Journal of Nursing Studies, 165, 104995.
Wells, C. I., Henderson, K., Varghese, C., O’Grady, G., Boyle, L., Bissett, I. P., & Campbell, D. (2026). Association of surgical ward nurse staffing with postoperative mortality and failure to rescue. ANZ Journal of Surgery, 1–10.
Zajic, P., Engelbrecht, T., Graf, A., Metnitz, B., Moreno, R., Posch, M., Rhodes, A., & Metnitz, P. (2024). Intensive care unit caseload and workload and their association with outcomes. Critical Care, 28, 304.
Ministerio de Salud de la Nación (Argentina). Resolución 938/2023.
Ministerio de Salud de la Nación (Argentina). Resolución 463/2026 — Plan Nacional de Calidad en Salud 2026-2030.
Ministerio de Salud de la Nación (Argentina). Resolución 306/2002.
Plo I, Vainchenker W. Myeloproliferative Neoplasms.
N Engl J Med 2026;395:788-802. DOI: 10.1056/NEJMra2507867
¿Por qué hablar hoy de neoplasias mieloproliferativas?
Las neoplasias mieloproliferativas (NMP) clásicas —trombocitemia esencial (ET), policitemia vera (PV) y mielofibrosis primaria (PMF)— son enfermedades clonales crónicas de la célula madre hematopoyética. En términos simples: una célula madre de la médula ósea adquiere una mutación que la hace producir, de forma descontrolada, glóbulos rojos, plaquetas o ambos, junto con un grado variable de fibrosis medular.
Comparten complicaciones temidas —hemorragia, trombosis y progresión a leucemia mieloide aguda (LMA)— y pueden evolucionar entre sí: la ET puede progresar a PV, y entre el 10 y el 20% de los casos de ET o PV terminan en mielofibrosis secundaria (post-ET o post-PV). Por eso la clasificación de la Organización Mundial de la Salud incluye hoy una cuarta entidad, la pre-mielofibrosis primaria, definida principalmente por hallazgos histológicos de médula ósea.
Idea central del artículo Isabelle Plo y William Vainchenker (Institut Gustave Roussy, INSERM) publican en NEJM una revisión que actualiza dos frentes: cómo se originan y evolucionan molecularmente estas enfermedades, y qué tan cerca estamos de tratamientos que no solo controlen los síntomas, sino que modifiquen —o incluso erradiquen— el clon enfermo.
El origen molecular: tres genes, un mecanismo común
Más del 90% de los casos de NMP se explican por mutaciones activadoras en uno de tres genes: JAK2 (la cinasa Janus 2), CALR (calreticulina) y MPL (el receptor de trombopoyetina). Todas convergen en un mismo resultado final: la activación constitutiva —es decir, permanentemente “encendida”— de la vía JAK2-STAT, con participación adicional de las vías RAS-MAPK y PI3K/AKT. El 10% restante de los pacientes es “triple negativo”, lo que complica el diagnóstico, especialmente cuando hay trombocitosis sin evidencia de hematopoyesis clonal.
Figura 1. Las tres mutaciones driver convergen en la activación de MPL y la señalización JAK2-STAT. Esquema propio elaborado a partir de Plo & Vainchenker, 2026.
Cada gen tiene su propia lógica bioquímica. La mutación JAK2 V617F —la más frecuente, ubicada en el dominio pseudocinasa— permite que JAK2 se autofosforile y active no solo al receptor de trombopoyetina (MPL), sino también al receptor de eritropoyetina y, probablemente, al del factor estimulante de colonias de granulocitos. Esto explica por qué el JAK2 V617F puede dar lugar a las tres enfermedades: ET, PV o PMF, según otros factores que se detallan más adelante.
Las mutaciones de CALR, en cambio, generan un “frameshift” (corrimiento del marco de lectura) en el exón 9, que produce una proteína con un nuevo extremo carboxilo-terminal cargado positivamente y sin el motivo KDEL que normalmente retiene proteínas en el retículo endoplásmico. El resultado es una CALR mutante que actúa como una verdadera “chaperona rebelde”: se une establemente a MPL y lo activa en la superficie celular, y además se secreta y puede estimular al propio clon mutado de forma autocrina o paracrina. Existen dos variantes principales —tipo 1 (deleción de 52 pb) y tipo 2 (inserción de 5 pb)— con comportamiento clínico distinto: la tipo 1 progresa más a mielofibrosis pero acumula pocas mutaciones adicionales, mientras que la tipo 2, más rara, se asocia a más comutaciones y peor pronóstico.
Las mutaciones de MPL —la más frecuente es la sustitución del residuo W515— inducen la dimerización espontánea del receptor incluso sin la unión de trombopoyetina, activándolo de forma constitutiva. A diferencia de JAK2 V617F, tanto CALR como MPL mutados quedan restringidos a los linajes megacariocíticos, por lo que solo dan lugar a ET y PMF, nunca a PV.
Un origen mucho más antiguo de lo que pensábamos
Uno de los hallazgos más llamativos de los últimos años —y que el artículo destaca especialmente— es que estas mutaciones driver no aparecen poco antes del diagnóstico: lo hacen décadas antes, incluso in utero en algunos casos documentados. Estudios de filogenia clonal y modelos matemáticos permitieron reconstruir la historia evolutiva de estos clones a partir de una sola muestra de sangre.
Figura 2. Latencia entre la adquisición de la mutación driver y el diagnóstico clínico. Datos de Plo & Vainchenker, 2026; esquema propio.
La velocidad de expansión del clon JAK2 V617F es enormemente variable —entre 3% y 190% de crecimiento anual—, lo que ayuda a entender por qué dos personas con la misma mutación pueden desarrollar la enfermedad en momentos muy distintos de la vida. Las mutaciones de CALR, en cambio, suelen adquirirse más tarde que JAK2 V617F, pero confieren una ventaja proliferativa mayor —una mayor “aptitud clonal”— lo que explica que las NMP con CALR mutada se manifiesten, en promedio, a edades más tempranas.
El “segundo golpe”: mutaciones que moldean la enfermedad
En aproximadamente la mitad de los casos, la mutación driver es la única alteración detectable. En la otra mitad aparecen mutaciones somáticas adicionales —no específicas de las NMP— que pueden preceder o seguir a JAK2 V617F, aunque casi siempre siguen a la mutación de CALR. Estas comutaciones se agrupan en cuatro grandes categorías funcionales:
Categoría
Genes representativos
Relevancia clínica
Regulación epigenética
TET2, DNMT3A, IDH1/2, EZH2, ASXL1
Las más frecuentes; EZH2, ASXL1 e IDH1/2 se asocian a peor pronóstico en PMF
Splicing (corte y empalme)
SF3B1, SRSF2, U2AF1
Raras en PV, frecuentes en PMF; confieren ventaja de supervivencia a células madre envejecidas
Señalización
SH2B3, NRAS, CBL
Modulan la intensidad de la señal oncogénica
Transcripción
TP53, RUNX1, NFE2
Las mutaciones bialélicas (“multihit”) de TP53 predicen leucemia resistente al tratamiento
El número de comutaciones también varía según la enfermedad: en PV y ET suele haber una o dos como máximo; en PMF, en cambio, la carga mutacional es alta, y ciertas combinaciones —mutaciones en SRSF2, U2AF1-Q157, ASXL1, IDH1, IDH2 o EZH2— marcan un curso más agresivo. El propio tratamiento con ruxolitinib (un inhibidor de JAK1/JAK2) puede influir en qué subclones terminan predominando.
Inflamación: el motor oculto de la progresión
El artículo dedica un apartado central a un concepto que cambió la forma de entender estas enfermedades: la inflamación no es solo una consecuencia de las NMP, sino un motor activo de su evolución. Las propias mutaciones driver activan STAT3 y el factor nuclear κB (NF-κB), generando liberación de citocinas tanto en las células del clon mutado como en células sanas vecinas.
Figura 3. Círculo de retroalimentación entre mutación driver, inflamación y progresión clonal. Esquema propio a partir de los mecanismos descriptos en el artículo.
En la médula ósea, la interleucina-1β y el factor de necrosis tumoral α remodelan el nicho de la célula madre hematopoyética, favoreciendo la dominancia del clon mutado. El factor de crecimiento transformante β1 (TGF-β1), producido por los megacariocitos, impulsa la diferenciación de células mesenquimales en miofibroblastos y osteoblastos —la base celular de la fibrosis medular—. Además, neutrófilos senescentes y monocitos diferenciados en fibrocitos contribuyen directamente a ese proceso fibrótico. Por último, la inflamación también incrementa el riesgo trombótico, a través de la activación de endotelio, plaquetas y leucocitos, y de la formación de trampas extracelulares de neutrófilos.
Por qué importa en la práctica Esto explica por qué los inhibidores de JAK, aun sin eliminar el clon mutado, mejoran tanto la calidad de vida: actúan principalmente reduciendo la inflamación sistémica, lo que alivia la fatiga —uno de los síntomas más invalidantes— y disminuye el riesgo de trombosis.
El desenlace más temido: transformación a leucemia aguda
La progresión a leucemia mieloide aguda secundaria es el desafío clínico más grave de las NMP, con una supervivencia global mediana de apenas 3 a 5 meses tras la transformación. El riesgo acumulado varía sustancialmente según la enfermedad de base.
Figura 4. Riesgo acumulado de transformación a LMA secundaria según subtipo de NMP. Datos de Plo & Vainchenker, 2026 (referencia 47).
La transformación refleja la adquisición escalonada de lesiones genéticas adversas. Curiosamente, la LMA secundaria a JAK2 V617F suele perder la mutación original (JAK2 de tipo salvaje) con relativa frecuencia, mientras que esto es raro cuando el driver es CALR. Esto puede explicarse de dos maneras: la mutación driver aparece sobre una hematopoyesis clonal preexistente —impulsada por TET2 o DNMT3A— y la leucemia se desarrolla en el clon original; o bien la LMA y la NMP se desarrollan como dos clones independientes, y la inflamación inducida por JAK2 V617F termina seleccionando al clon leucémico, que supera al clon original. El trasplante alogénico de células madre hematopoyéticas sigue siendo la única opción curativa, aunque factible solo para una minoría de pacientes.
Tratamiento actual: controlar sin (todavía) curar
El tratamiento tradicional se centra en aliviar síntomas, prevenir la trombosis, controlar la mieloproliferación y normalizar el recuento de células sanguíneas. La estratificación de riesgo —distinta para cada enfermedad— determina la intensidad del tratamiento.
Estrategia
Mecanismo
Rol actual
Flebotomía + aspirina en dosis baja
Reduce rápidamente el hematocrito y el riesgo trombótico
Primera línea en PV de bajo riesgo
Hidroxiurea
Citorreducción clásica
Primera línea en alto riesgo; su rol en la progresión a LMA es controvertido
Interferón alfa pegilado (ropeginterferón)
Induce agotamiento/apoptosis de las células madre que inician la enfermedad
Respuesta hematológica en la mayoría de ET/PV; puede usarse en embarazo
Inhibidores de JAK1/JAK2 (ruxolitinib, fedratinib, momelotinib, pacritinib)
Bloquean la señalización activa, sin distinguir JAK2 mutado del normal
Estándar en PMF; reducen inflamación y esplenomegalia, beneficio en supervivencia modesto
Trasplante alogénico de células madre
Reemplazo del sistema hematopoyético
Única opción curativa; reservada para PMF de alto riesgo o LMA secundaria
Un dato relevante: el interferón alfa pegilado es, hasta ahora, el único fármaco capaz de inducir una respuesta molecular profunda —reducción sostenida de la carga alélica mutante— y esa respuesta se asocia con menor progresión de la enfermedad. Es la primera pista sólida de que “modificar la enfermedad” es un objetivo alcanzable, no solo aspiracional.
El futuro: hacia terapias que modifican la enfermedad
La sección más novedosa del artículo describe una nueva generación de terapias diseñadas para atacar directamente a las células portadoras de la mutación driver, en lugar de solo controlar sus efectos. El razonamiento es simple: si la mutación aparece décadas antes del diagnóstico, dirigirse a ella tempranamente podría evitar —o al menos retrasar— toda la cascada de comutaciones e inflamación descripta más arriba.
Figura 5. Panorama de las principales estrategias terapéuticas dirigidas a los drivers moleculares, en desarrollo clínico o preclínico. Esquema propio a partir de las Tablas 1 y 2 del artículo original.
Inmunoterapia contra CALR mutante
Por su expresión específica en la superficie de las células mutadas, la CALR mutante es un blanco ideal para anticuerpos. El más avanzado, INCA033989, inhibe selectivamente la señalización JAK-STAT en células CALR-positivas e induce apoptosis de las células que originan la enfermedad; en un ensayo de fase 1 en ET refractaria, logró respuestas hematológicas y moleculares en más del 90% de los pacientes, con resultados preliminares alentadores también en mielofibrosis. Un segundo anticuerpo, JNJ-88549968, es biespecífico: reconoce simultáneamente CALR mutante y CD3, redirigiendo linfocitos T para destruir selectivamente el clon enfermo. En paralelo se investigan células CAR-T anti-CALR y vacunas, aunque el primer intento de vacuna (VAC85135) no demostró beneficio clínico.
Inhibición selectiva de JAK2 V617F
Los inhibidores de JAK aprobados hasta hoy (tipo I) se unen a la conformación activa de la cinasa, por lo que no distinguen entre JAK2 mutado y JAK2 normal, y su efecto sobre la progresión de la mielofibrosis es limitado. La nueva generación de inhibidores alostéricos (como INCB160058) y los inhibidores tipo II (como AJ1-11095) buscan justamente esa selectividad, uniéndose a dominios o conformaciones específicas del JAK2 mutado, y muestran actividad incluso en enfermedad resistente a ruxolitinib.
Combinaciones racionales
Dado que muchas comutaciones afectan la regulación epigenética, se están evaluando combinaciones de inhibidores JAK con fármacos dirigidos a otras vías: inhibidores BET y de LSD1 (regulación de la cromatina), inhibidores de MDM2 (estabilización de p53), de BCL-xL/BCL2 (supervivencia celular) y de XPO1 (transporte nuclear). Varias de estas combinaciones ya están en ensayos de fase 3, con señales de reducción de fibrosis medular y de la carga alélica mutante.
Los desafíos que quedan por delante El microambiente inflamatorio e inmunosupresor característico de las NMP puede limitar la eficacia de estas inmunoterapias. Además, todavía no sabemos con precisión en qué etapa de la enfermedad conviene intervenir, cómo afectan las comutaciones a la respuesta, ni qué ocurre si —al eliminar el clon dominante— se “desenmascaran” otras células madre mutadas que estaban compitiendo en silencio.
Mensajes clave
Tres genes —JAK2, CALR y MPL— convergen en una misma vía de señalización oncogénica (JAK2-STAT), lo que explica el origen común de ET, PV y PMF.
Las mutaciones driver aparecen décadas antes del diagnóstico clínico, abriendo una ventana real para la intervención temprana.
La inflamación no es un epifenómeno: es un motor activo de la dominancia clonal, la fibrosis medular y la trombosis.
El tratamiento actual controla síntomas y complicaciones, pero modifica poco la evolución de la enfermedad —con la excepción parcial del interferón alfa pegilado—.
Las nuevas inmunoterapias contra CALR mutante y los inhibidores selectivos de JAK2 V617F representan el cambio de paradigma más importante en dos décadas: pasar de controlar la enfermedad a intentar modificarla, o incluso erradicar el clon que la origina.
Veinte años después del descubrimiento de JAK2 V617F, empezamos a entender mejor por qué una misma mutación puede dar lugar a enfermedades tan distintas, y —por primera vez— a contar con herramientas capaces de apuntar directamente a la raíz molecular del problema. El desafío de la próxima década será definir cuándo y en quién conviene usarlas.
Referencia bibliográfica
Plo I, Vainchenker W. Myeloproliferative Neoplasms. N Engl J Med. 2026 Aug 20/27;395(8):788-802. DOI: 10.1056/NEJMra2507867.
Lo que cambia el ensayo AIR-STEMI en la revascularización completa del infarto con enfermedad multivaso
Análisis y síntesis del ensayo clínico publicado en
The New England Journal of Medicine (29 de agosto de 2026)
Biscaglia S, Erriquez A, Colaiori I, et al., para los investigadores del ensayo AIR-STEMI
DOI: 10.1056/NEJMoa2605373
1. Por qué este estudio importa para la práctica clínica
La revascularización coronaria completa —tratar no solo la arteria responsable del infarto sino también las demás arterias con lesiones significativas— es hoy el estándar de cuidado en pacientes con infarto agudo de miocardio con elevación del ST (IAMCEST) y enfermedad multivaso. Lo que no está resuelto es cómo decidir, entre esas lesiones “no culpables”, cuáles realmente necesitan una angioplastia y cuáles pueden tratarse médicamente.
En la práctica cotidiana, esa decisión suele apoyarse casi exclusivamente en la angiografía convencional: el operador mira el porcentaje de estenosis en la imagen y decide. El problema, bien documentado, es que la angiografía visual tiene una capacidad limitada para predecir qué lesiones son funcionalmente significativas, es decir, cuáles realmente limitan el flujo sanguíneo y producen isquemia. Esto puede llevar tanto a sobretratar lesiones inocuas como a subtratar lesiones relevantes.
La angiografía coronaria funcional —el cálculo de la reserva de flujo fraccional (FFR) a partir de las imágenes angiográficas, sin necesidad de guía de presión ni de fármacos hiperémicos— surgió como una alternativa capaz de acercar la fisiología coronaria a la práctica diaria. Hasta ahora, su evidencia más sólida provenía de pacientes con síndromes coronarios crónicos. El ensayo AIR-STEMI, publicado el 29 de agosto de 2026 en The New England Journal of Medicine, es el primer gran estudio aleatorizado que evalúa esta estrategia específicamente en el contexto del infarto agudo con enfermedad multivaso.
En síntesis AIR-STEMI comparó, en pacientes con IAMCEST y enfermedad multivaso ya tratados de la lesión culpable, dos estrategias para decidir la revascularización de las lesiones restantes: guiada por angiografía funcional (fisiología estimada por imagen) versus guiada por angiografía convencional (solo estenosis visual). El resultado primario compuesto (muerte, infarto, ACV o revascularización por isquemia) fue significativamente menor con la estrategia fisiológica: 8,9% versus 13,7% (HR 0,62; IC 95%: 0,47–0,83; p<0,001). La estrategia fisiológica también redujo los eventos de seguridad (lesión renal por contraste o sangrado mayor) y utilizó menos contraste y menos procedimientos de angioplastia sobre vasos no culpables.
2. El ensayo AIR-STEMI: diseño y metodología
2.1 Diseño general
AIR-STEMI fue un ensayo clínico aleatorizado, internacional, multicéntrico (21 centros de Italia y Pakistán), de superioridad y abierto (sin enmascaramiento), impulsado por investigadores y financiado principalmente por el Ministerio de Salud italiano. Entre el 8 de mayo de 2023 y el 31 de enero de 2025 se evaluaron 6.131 pacientes hospitalizados por IAMCEST, de los cuales 1.823 cumplieron los criterios y fueron aleatorizados.
2.2 Población
Los criterios de inclusión exigían un IAMCEST con angioplastia exitosa de la lesión culpable dentro de las 48 horas previas, y al menos una lesión no culpable en un vaso de referencia ≥2,5 mm con estenosis angiográfica estimada de 50 a 99%. Se excluyeron pacientes sin lesión culpable clara, con lesión no culpable en el tronco de la coronaria izquierda, con indicación de cirugía de revascularización, o con expectativa de vida menor a un año.
2.3 Las dos estrategias comparadas
Grupo angiografía funcional (fisiología-guiada, n=913): se estimó la FFR distal de cada lesión no culpable a partir de las imágenes angiográficas, en un laboratorio central independiente. Las lesiones con FFR ≤0,80 se consideraron funcionalmente significativas y se trataron con angioplastia siguiendo un plan de “ICP virtual” basado en la curva de pullback de presión, que permite decidir la longitud óptima del stent.
Grupo angiografía convencional (n=910): se trataron con angioplastia todas las lesiones no culpables con estenosis angiográfica visual ≥50%, sin evaluación fisiológica.
En ambos grupos se buscó completar la revascularización durante la misma internación (en el procedimiento índice o en un procedimiento en etapas), con stents liberadores de fármaco de segunda generación y terapia médica según guías, incluyendo doble antiagregación por al menos 12 meses.
2.4 Resultados evaluados
Resultado primario: compuesto de muerte por cualquier causa, infarto de miocardio, evento cerebrovascular (ACV o AIT) o revascularización guiada por isquemia, en un análisis de tiempo al evento.
Resultado primario de seguridad: compuesto de lesión renal aguda asociada a contraste o sangrado mayor (BARC tipo 3, 4 o 5).
Resultados secundarios: muerte cardiovascular o infarto (compuesto), componentes individuales del resultado primario, ACV isquémico y trombosis del stent.
El seguimiento mediano fue de 17,9 meses, con un seguimiento clínico completo en más del 98,9% de los pacientes en ambos grupos.
3. Resultados: menos eventos clínicos con la estrategia fisiológica
Las características basales de los pacientes estuvieron bien balanceadas entre los dos grupos (edad mediana 66 años, 24% mujeres, ~22% con diabetes). La estrategia asignada se implementó en 97,0% del grupo fisiología-guiada y en 95,7% del grupo angiografía-guiada.
Al momento del análisis primario, el resultado compuesto ocurrió en 81 pacientes (8,9%) del grupo de angiografía funcional frente a 125 pacientes (13,7%) del grupo de angiografía convencional (HR 0,62; IC 95%: 0,47–0,83; p<0,001). El número necesario a tratar (NNT) para evitar un evento del resultado primario fue de 21 pacientes (IC 95%: 13–51).
Figura 1. Incidencia del resultado primario compuesto (muerte, infarto, ACV o revascularización por isquemia) en cada grupo, a un seguimiento mediano de 17,9 meses.
El beneficio se explicó fundamentalmente por una menor tasa de infarto de miocardio y de revascularización por isquemia en el grupo fisiología-guiada, con una tendencia no significativa a menor mortalidad (los eventos de mortalidad fueron poco frecuentes y el estudio no tuvo poder estadístico específico para ese desenlace).
Figura 2. Comparación de los principales eventos clínicos individuales y compuestos entre ambos grupos (datos de la Tabla 3 del artículo original).
3.1 Tabla resumen de eficacia y seguridad
Resultado
Ang. funcional (n=913)
Ang. convencional (n=910)
HR (IC 95%)
Resultado primario
81 (8,9%)
125 (13,7%)
0,62 (0,47–0,83)
Muerte CV o IAM
52 (5,7%)
96 (10,5%)
0,52 (0,37–0,73)
Muerte, cualquier causa
36 (3,9%)
46 (5,1%)
0,77 (0,50–1,20)
Infarto de miocardio
35 (3,8%)
73 (8,0%)
0,47 (0,31–0,70)
— relacionado al procedimiento
15 (1,6%)
33 (3,6%)
0,45 (0,24–0,83)
— espontáneo
21 (2,3%)
45 (4,9%)
0,46 (0,27–0,77)
Revascularización por isquemia
29 (3,2%)
47 (5,2%)
0,61 (0,38–0,97)
Trombosis del stent
6 (0,7%)
11 (1,2%)
0,54 (0,20–1,47)
Seguridad: IRA por contraste o sangrado BARC 3–5
42 (4,6%)
65 (7,1%)
0,63 (0,43–0,93)
Tabla 1. Resultados de eficacia y seguridad.IRA: injuria renal aguda; BARC: Bleeding Academic Research Consortium.
3.2 Visión conjunta: forest plot de todos los desenlaces
Figura 3. Hazard ratios e intervalos de confianza del 95% para todos los resultados de eficacia y el resultado primario de seguridad. Los cuadrados en verde indican beneficio estadísticamente significativo de la angiografía funcional.
3.3 Consistencia entre subgrupos
El beneficio de la estrategia fisiología-guiada fue consistente en los análisis de subgrupos preespecificados (sexo, edad, diabetes, filtrado glomerular estimado, presentación clínica según Killip, localización de la lesión no culpable, enfermedad de tres vasos y fracción de eyección), sin interacción significativa en ninguno de ellos.
4. Por qué ocurre este beneficio: el impacto sobre el procedimiento
Un hallazgo central para entender el mecanismo del beneficio es cuántas lesiones no culpables terminaron siendo tratadas en cada estrategia. En el grupo de angiografía funcional, solo el 51,4% de los vasos no culpables evaluados fueron clasificados como funcionalmente importantes, y se realizó angioplastia en el 52,0% de ellos. En el grupo de angiografía convencional, en cambio, se trató con angioplastia el 94,9% de los vasos no culpables.
Figura 4. Panel A: proporción de vasos no culpables efectivamente revascularizados en cada estrategia. Panel B: mediana de volumen de contraste utilizado por procedimiento.
Es decir: la angiografía funcional evitó casi la mitad de las angioplastias sobre lesiones que, pese a verse significativas en la imagen, no limitaban realmente el flujo coronario. Esto se tradujo en menos procedimientos por vaso, menos stents implantados y, de forma consistente, menor volumen de contraste utilizado (mediana 180 ml versus 223 ml) — lo que explica en gran parte la reducción observada en lesión renal aguda asociada a contraste.
El análisis fisiológico no se usó solo para decidir qué lesión tratar, sino también para guiar cómo tratarla: el análisis de pullback de presión permite distinguir enfermedad focal de difusa, identificar el segmento responsable de la mayor caída de presión y ajustar la longitud del stent y las zonas de anclaje. Este plan de “ICP virtual” se implementó en el 80,8% de las lesiones tratadas.
5. Discusión: qué aporta AIR-STEMI frente a la evidencia previa
Dos ensayos previos habían comparado directamente estrategias guiadas por fisiología versus angiografía en infarto, con resultados divergentes. En FLOWER-MI, la FFR se midió predominantemente en procedimientos en etapas (96% de los casos) y se usó como una herramienta binaria de selección de lesión, sin mejora significativa en los resultados clínicos. En FRAME-AMI, la evaluación fisiológica se integró más frecuentemente en el procedimiento índice (60% de los casos) y sí se asoció con mejores resultados, impulsados principalmente por menos infarto relacionado al procedimiento.
AIR-STEMI aporta un tercer punto de referencia importante: aplicó la angiografía funcional de forma sistemática durante el procedimiento índice y la extendió más allá de la sola selección de lesión, incorporándola también a la planificación del procedimiento (el plan de ICP virtual). Esta integración más completa —fisiología para decidir qué tratar y fisiología para decidir cómo tratarlo— podría explicar por qué el beneficio observado fue más consistente que en los ensayos previos, incluyendo tanto el infarto relacionado al procedimiento como el espontáneo.
Los propios autores señalan una lectura que trasciende esta técnica en particular: el beneficio clínico de la evaluación fisiológica no depende únicamente de si se usa, sino de cómo se integra en el flujo de trabajo de la revascularización. La angiografía funcional, al no requerir guía de presión ni hiperemia farmacológica, ofrece una vía práctica para lograr esa integración dentro del mismo procedimiento índice, superando una limitación histórica de la FFR convencional con guía de presión: la necesidad de procedimientos en etapas separados.
6. Implicancias para la gestión clínica y hospitalaria
Puntos clave para la práctica y la gestión Menos procedimientos innecesarios: al evitar la angioplastia de casi la mitad de las lesiones no culpables, la angiografía funcional reduce el número de stents, el tiempo de procedimiento y, potencialmente, el costo por paciente tratado — un dato relevante para cualquier análisis de eficiencia en hemodinamia. Menor daño renal por contraste: la reducción del volumen de contraste utilizado tiene impacto directo sobre un evento de seguridad frecuente y costoso en la población con IAMCEST, que suele incluir pacientes añosos y con comorbilidad renal. Viabilidad operativa: en este ensayo, la angiografía funcional fue factible en el 98,6% de los vasos evaluados, sin necesidad de instrumentación adicional con guía de presión en la enorme mayoría de los casos — un requisito clave para que una tecnología sea adoptable a escala en un servicio de hemodinamia. Requiere infraestructura y capacitación: el análisis se realizó en un laboratorio central independiente en este ensayo; su aplicación en la práctica rutinaria exige software validado y curva de aprendizaje del operador, aunque los propios autores citan evidencia de que el análisis realizado por el operador es factible y reproducible.
7. Limitaciones del estudio
Diseño abierto (sin enmascaramiento) y la inclusión de la revascularización por isquemia dentro del resultado primario pueden haber introducido sesgo de detección, aunque la consistencia con el resultado secundario de muerte cardiovascular o infarto respalda la plausibilidad biológica del efecto.
La estrategia experimental combinó selección de lesión y planificación del procedimiento (ICP virtual), por lo que no puede aislarse la contribución de cada componente al beneficio observado.
La generalización puede estar limitada a pacientes con anatomía coronaria y calidad de imagen angiográfica adecuadas para el análisis funcional.
El análisis se realizó en un laboratorio central; se requieren más datos sobre la reproducibilidad del análisis realizado directamente por el operador en la práctica habitual.
El número de eventos de seguridad fue relativamente bajo, por lo que se necesita un seguimiento más prolongado para definir la relevancia clínica plena de ese hallazgo.
8. Conclusión
En pacientes con IAMCEST y enfermedad coronaria multivaso, una estrategia de revascularización completa guiada por angiografía coronaria funcional resultó en un menor riesgo del resultado primario compuesto (muerte, infarto, evento cerebrovascular o revascularización por isquemia) que una estrategia guiada por angiografía convencional, a una mediana de seguimiento de 17,9 meses. Este beneficio se acompañó de menos eventos de seguridad y de un uso más racional del recurso angioplastia sobre lesiones que, en la práctica actual, muchas veces se tratan sin evidencia de que realmente limiten el flujo coronario.
AIR-STEMI no cierra el debate sobre qué técnica de evaluación fisiológica es la óptima en el infarto agudo, pero sí deja una lección de gestión clínica que trasciende la tecnología puntual: incorporar la fisiología coronaria al mismo procedimiento índice —y usarla no solo para decidir qué tratar, sino también cómo tratarlo— parece ser la variable que más determina el beneficio para el paciente.
Referencia bibliográfica
Biscaglia S, Erriquez A, Colaiori I, Hakeem A, Mantovani F, Menozzi M, et al., for the AIR-STEMI Trial Investigators.Complete Revascularization Guided by Functional Coronary Angiography in STEMI. N Engl J Med. 2026 Aug 29. DOI: 10.1056/NEJMoa2605373.
Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular. Universidad ISALUD.
Por qué importan para la seguridad, la calidad, la eficiencia y la adherencia terapéutica, especialmente en las enfermedades crónicas
Introducción
Durante décadas, el sistema de salud diseñó sus procesos alrededor de una idea implícita: el paciente es el destinatario del cuidado, no un participante activo en su producción. Esa premisa, cómoda para la organización, es cada vez más difícil de sostener frente a la evidencia disponible. La cocreación —el diseño conjunto de servicios entre profesionales y usuarios— y la coparticipación —la intervención activa del paciente y su familia en el propio proceso asistencial— no son gestos de relaciones públicas: son mecanismos que inciden directamente sobre cuatro variables que definen la gestión hospitalaria moderna: la seguridad, la calidad, la eficiencia y la adherencia al tratamiento.
De destinatario a coproductor
Batalden et al. (2016) propusieron un giro conceptual con implicancias muy concretas para la gestión: la salud no se “entrega” al paciente como un producto terminado, se coproduce con él. A diferencia de un bien manufacturado, un servicio de salud se genera en la interacción misma entre quien lo presta y quien lo recibe: el diagnóstico depende de lo que el paciente relata, la adherencia depende de lo que decide hacer en su casa, y el resultado depende de ambos. Ignorar esta coproducción no la elimina; solo la vuelve invisible y, por lo tanto, no gestionada.
Seguridad: el paciente como sensor permanente del sistema
En una organización de alta confiabilidad, la detección temprana de fallas depende de múltiples fuentes de alerta, no de un observador único. El paciente y su familia están presentes las 24 horas junto a la cama, en una posición que ningún profesional —que rota por turnos— ocupa de forma continua. Longtin et al. (2010), en representación de la Alianza Mundial por la Seguridad del Paciente de la OMS, documentaron que la participación activa del paciente contribuye a reducir errores de medicación, caídas e infecciones asociadas al cuidado cuando existen canales formales para que esa alerta llegue al equipo tratante.
Dato clave (OMS) La participación de pacientes y familias es el cuarto objetivo estratégico del Plan de Acción Mundial para la Seguridad del Paciente 2021-2030, y podría reducir hasta un 15% la carga de daño evitable en los sistemas de salud (OMS, 2023). Sin embargo, el informe de seguimiento de 2024 muestra la brecha entre la intención y la práctica: solo el 13% de los países cuenta con representantes de pacientes en los órganos de gobierno de la mayoría de sus hospitales (OMS, 2024).
Calidad: la voz del usuario como insumo, no como termómetro
La revisión sistemática de Doyle, Lennox y Bell (2013), que sintetizó 55 estudios, halló asociaciones positivas consistentes entre la experiencia del paciente y los resultados de seguridad y efectividad clínica —incluida la adherencia al tratamiento— en una amplia variedad de contextos y patologías. El hallazgo desafía una distinción muy instalada en la gestión hospitalaria: la que separa la “calidad técnica” (procesos clínicos) de la “calidad percibida” (satisfacción). Los datos muestran que ambas se mueven juntas. La implicancia de gestión es directa: encuestas como SERVQUAL o H-CAHPS dejan de ser un termómetro de clima y se convierten, cuando el ciclo se cierra incorporando la voz del paciente al rediseño del proceso, en un insumo de mejora continua.
Eficiencia: acercar lo que se produce a lo que el usuario necesita
Buena parte de la ineficiencia hospitalaria no proviene de la falta de recursos, sino del desajuste entre lo que el sistema ofrece y lo que el usuario efectivamente necesita: turnos en horarios que no contemplan la vida laboral del paciente, información de alta que no se entiende, circuitos diseñados para la lógica del servicio y no para la del paciente. La coparticipación en el diseño de estos procesos —consejos consultivos de pacientes, codiseño de circuitos, paneles de usuarios— es una de las formas más económicas de acercar la producción real del hospital a su frontera de posibilidades, sin necesidad de presupuesto adicional: no se trata de producir más, sino de producir lo que efectivamente hace falta.
Adherencia terapéutica: el nudo de las enfermedades crónicas
En las patologías crónicas, el tratamiento no ocurre en el consultorio: ocurre en la casa del paciente, todos los días, en decisiones que el sistema de salud no supervisa. Ahí la coparticipación deja de ser deseable y se vuelve determinante. Hibbard y Greene (2013) mostraron que los pacientes con mayor “activación” —mayor conocimiento, habilidad y confianza para gestionar su propia salud— presentan mejores conductas de autocuidado y mejores experiencias de atención.
La decisión compartida, entendida como el mecanismo concreto para construir esa activación, muestra sin embargo una evidencia más matizada de lo que suele asumirse: revisiones recientes en enfermedades respiratorias crónicas y en atención primaria encuentran beneficios claros en el conocimiento, la confianza y la satisfacción del paciente, pero un efecto todavía inconsistente sobre la adherencia medida de forma objetiva, en parte por la brevedad de las intervenciones evaluadas y la heterogeneidad de los diseños de estudio (Salakay et al., 2023). La conclusión razonable no es descartar la decisión compartida, sino no venderla como una solución automática: funciona cuando se sostiene en el tiempo y se integra a la relación clínica, no cuando se reduce a un formulario de consentimiento.
Cuatro dimensiones, un mismo mecanismo
Dimensión
Qué aporta la cocreación / coparticipación
Seguridad
El paciente y su familia detectan fallas que el equipo, rotando por turnos, no siempre ve
Calidad
Cierra el ciclo entre la experiencia percibida y el rediseño real del proceso asistencial
Eficiencia
Ajusta lo que el hospital produce a lo que el usuario efectivamente necesita, sin gasto adicional
Adherencia
Construye la activación y la confianza que sostienen el autocuidado fuera del consultorio
Conclusión
La cocreación y la coparticipación no compiten con la gestión clínica ni con la eficiencia operativa: son condición para ambas. Su implementación real —y no meramente declarativa— requiere mecanismos formales: consejos de pacientes con injerencia efectiva en comités de calidad, PROMs y PREMs incorporados como indicador de gestión y no solo como encuesta de satisfacción, y decisión compartida sostenida en el tiempo para las patologías crónicas. La brecha que documenta la propia OMS —entre una estrategia global adoptada en 2021 y una implementación que todavía alcanza a una minoría de hospitales— es, en última instancia, una brecha de gestión: la evidencia sobre por qué importa ya está disponible; lo que falta es la decisión de construir los mecanismos para que el usuario deje de ser un destinatario y pase a ser, efectivamente, un socio del sistema.
Referencias bibliográficas
Batalden, M., Batalden, P., Margolis, P., Seid, M., Armstrong, G., Opipari-Arrigan, L., & Hartung, H. (2016). Coproduction of healthcare service. BMJ Quality & Safety, 25(7), 509–517.
Doyle, C., Lennox, L., & Bell, D. (2013). A systematic review of evidence on the links between patient experience and clinical safety and effectiveness. BMJ Open, 3(1), e001570.
Hibbard, J. H., & Greene, J. (2013). What the evidence shows about patient activation: better health outcomes and care experiences; fewer data on costs. Health Affairs, 32(2), 207–214.
Longtin, Y., Sax, H., Leape, L. L., Sheridan, S. E., Donaldson, L., & Pittet, D. (2010). Patient participation: current knowledge and applicability to patient safety. Mayo Clinic Proceedings, 85(1), 53–62.
Organización Mundial de la Salud (OMS). (2021). Global Patient Safety Action Plan 2021–2030: Towards Eliminating Avoidable Harm in Health Care. Ginebra: OMS.
Organización Mundial de la Salud (OMS). (2023). World Patient Safety Day 2023: Engaging patients for patient safety. Ginebra: OMS.
Organización Mundial de la Salud (OMS). (2024). Progress on patient safety on track [Global Patient Safety Report 2024]. Ginebra: OMS.
Salakay, E. N. H., Mahu, G. F. P. H., & Rahayu, A. S. (2023). Assessing the effectiveness of shared decision-making in enhancing medication adherence among chronic disease patients in primary healthcare: A systematic literature review. Review of Primary Care Practice and Education, 6(2), 16–21.
Es el punto de partida porque todo lo demás depende de él. Un proceso bien diseñado, una tecnología de punta o un sistema de datos seguro no producen nada por sí solos: los activa —o los sabotea— el equipo de salud. El cambio no es consecuencia espontánea del esfuerzo de los equipos, sino que depende de que la dirección lo acompañe con liderazgo real: coalición conductora, agentes de cambio, liderazgo clínico que legitima la transformación ante los pares.
IDEA CLAVESin el compromiso genuino de las personas, cualquier rediseño de proceso queda en el papel.
2. Procesos bien diseñados
Es el correlato operativo del punto anterior. Las empresas de salud producen mediante un entramado matricial de “momentos de verdad” entre compradores, prescriptores y clientes internos. Un proceso mal diseñado genera variabilidad no justificada, desperdicio y riesgo, con independencia de cuán motivado esté el equipo. La gestión por procesos —Lean, PDCA, mejora continua— es la disciplina que convierte la buena voluntad de las personas en resultados repetibles.
3. Más tecnología, aplicada con sentido
La tecnología es el medio, no la ventaja competitiva en sí misma. El hospital inteligente, los “cuatro lesses” del flujo digital —sin película, sin gráficos, sin resbalones, sin papel— y la medicina de precisión multiplican lo que ya funciona bien en materia de personas y procesos. Incorporada sin ese sustrato, la tecnología solo digitaliza el desorden existente.
4. Manejo de datos más seguros
Este pilar creció como preocupación central en los últimos años: más digitalización significa más superficie de exposición. La ciberseguridad ya no es un tema de sistemas, es un tema de seguridad del paciente y de continuidad asistencial: un sistema caído o vulnerado interrumpe la atención tanto como una falla clínica.
5. Seguridad del paciente
Es donde convergen los tres pilares anteriores. Personas comprometidas, procesos estandarizados y datos confiables son, en conjunto, la infraestructura de la seguridad. La mayoría de los eventos adversos evitables no nacen de la mala intención, sino de la combinación de proceso débil, falta de datos y fatiga o desmotivación del equipo.
6. Efectividad y eficiencia
Cierran el círculo, y conviene no confundirlas: la efectividad es que la intervención funcione en condiciones reales de uso, no solo en el ensayo clínico controlado; la eficiencia es que ese efecto se logre con el menor uso posible de recursos. La eficiencia sin efectividad es barata pero inútil; la efectividad sin eficiencia es válida clínicamente pero insostenible financieramente.
IDEA CLAVEValor = resultados en salud ÷ costos incurridos. Efectividad y eficiencia son las dos caras de esa misma ecuación.
Una lectura integradora
Este paradigma describe un sistema de piezas interdependientes, no una lista de seis buenas prácticas sueltas. Personas comprometidas diseñan y sostienen procesos; los procesos bien diseñados absorben tecnología con sentido; la tecnología bien incorporada genera datos, que deben protegerse; ese conjunto sostiene la seguridad del paciente; y todo el sistema se valida, en última instancia, por si es efectivo y eficiente a la vez.
Qué implica esto para la gestión cotidiana
Para un jefe de servicio o un director médico, este paradigma no es un marco teórico sino una lista de preguntas que conviene hacerse frente a cualquier decisión de gestión:
¿El equipo está convencido, o solo cumple una directiva? Un cambio impuesto sin coalición conductora ni liderazgo clínico rara vez se sostiene más allá de la supervisión inmediata.
¿El proceso está documentado y es repetible, o depende de la buena voluntad de una persona? Si el resultado cambia según quién esté de guardia, el proceso —no la persona— es lo que hay que rediseñar.
¿La tecnología que se está por incorporar resuelve un problema de proceso ya identificado, o se adopta porque está disponible? La primera pregunta siempre debería ser qué proceso mejora, no qué funcionalidad tiene.
¿Quién puede acceder a qué dato, y con qué trazabilidad? Cada nueva fuente de datos clínicos es, a la vez, una oportunidad de mejora y una superficie nueva de riesgo.
¿El indicador que se está mejorando es de efectividad, de eficiencia, o de ambas? Mejorar uno a costa del otro no es una solución: es trasladar el problema a otro lugar del sistema.
Ninguna de estas preguntas se responde una sola vez. El paradigma no describe un estado final al que se llega, sino una tensión permanente entre seis dimensiones que hay que revisar cada vez que la organización cambia de escala, de tecnología o de contexto regulatorio.
Siete estudios internacionales 2025–2026: deriva de urgencia, dotación de enfermería, metas de seguridad, cultura de seguridad, burnout, marcos nacionales de metas de seguridad e infraestructura de identificación y trazabilidad
La seguridad del paciente continúa siendo, en 2026, uno de los ejes centrales de la agenda de calidad hospitalaria a nivel global. Este compendio reúne y sintetiza siete investigaciones y trabajos publicados o presentados entre 2025 y 2026 —una simulación de eventos discretos sobre el deterioro clínico silente en consultorios externos, una revisión integral sobre escasez de enfermería y burnout, una revisión narrativa sobre el cumplimiento de las Metas Internacionales de Seguridad del Paciente, un estudio transversal sobre la relación enfermera-paciente en un hospital público de Pakistán, una evaluación de cultura de seguridad del paciente en cinco hospitales públicos de la provincia china de Sichuan, un análisis del marco nacional de Metas de Seguridad del Paciente de Turquía, y una experiencia del NHS británico sobre identificación y trazabilidad mediante el estándar GS1.
Aunque provienen de contextos geográficos, metodológicos y de complejidad institucional muy distintos —desde consultorios externos de alto volumen en India hasta hospitales del NHS en el Reino Unido—, los siete trabajos convergen en un diagnóstico común: la seguridad del paciente no se resuelve en un único punto de contacto (el ingreso, el triage, la evaluación inicial), sino que depende de la capacidad del sistema para monitorear, reevaluar y responder de manera continua durante toda la trayectoria asistencial, sostenida por una dotación de personal adecuada, por una infraestructura confiable de identificación y trazabilidad, y por una cultura organizacional que no castigue el error sino que aprenda de él.
El propósito de este documento es ofrecer una lectura integrada de esa evidencia, identificar los hilos conceptuales que la atraviesan y extraer implicancias prácticas para la gestión de clínicas, sanatorios y hospitales.
Siete estudios reunidos en este compendio Zallipalli et al. (2026) — Deriva de urgencia y monitoreo continuo en consultorios externos (Intelligent Hospital)Renji George John et al. (2026) — Escasez de enfermería y burnout: implicancias para la seguridad del paciente (Int. J. Nursing and Health Sciences)Sakitri & Waluyo (2026) — Implementación de las Metas de Seguridad del Paciente en servicios hospitalarios (Profesional Health Journal)Abbas et al. (2025) — Relación enfermera-paciente y calidad de atención en el Hospital DHQ Muzaffargarh (RJNMSR)Li et al. (2025) — Evaluación de la cultura de seguridad del paciente con HSOPSC 2.0 en Sichuan (Frontiers in Public Health)Kırımlıoğlu (2025) — Metas Nacionales de Seguridad del Paciente en Turquía y su contribución a los servicios de salud (12WCCS, París)Songhurst & Haughton (2025) — Sistemas de seguridad del siglo XXI para pacientes del NHS: identificación y trazabilidad con GS1 (12WCCS, París)
Panorama general en un solo cuadro
Antes de entrar en el detalle de cada estudio, el siguiente cuadro ofrece una vista comparativa de diseño, población y hallazgo central de las siete investigaciones.
Estudio
Diseño y país
Hallazgo central
1. Deriva de urgencia (Zallipalli et al.)
Simulación de eventos discretos; India / NHS
Reevaluar durante la espera reduce 78% el deterioro no detectado; mejorar solo el triage de ingreso no alcanza
2. Escasez de enfermería y burnout (Renji George John et al.)
Revisión integral, 40 estudios; internacional
La dotación insuficiente y el burnout son predictores consistentes de eventos adversos y cuidado perdido
3. Metas de Seguridad del Paciente (Sakitri & Waluyo)
Revisión narrativa, 8 estudios; Indonesia
Cumplimiento 65–92%; las metas que exigen reevaluación continua (comunicación, caídas) son las más débiles
4. Ratio enfermera-paciente (Abbas et al.)
Transversal, 82 enfermeras; Pakistán
58,5% de carga «no manejable»; 69,5% reconoce cuidado omitido por falta de personal
5. Cultura de seguridad HSOPSC 2.0 (Li et al.)
Transversal, 468 profesionales; China
Reporte de eventos (53,1%) y dotación (51,5%) son las dimensiones más débiles de la cultura de seguridad
6. Metas Nacionales de Seguridad (Kırımlıoğlu)
Análisis de marco normativo; Turquía
23 metas y 5 guías nacionales; la aplicabilidad depende de infraestructura institucional y cultura de seguridad, no solo de la norma
7. Identificación y trazabilidad GS1 (Songhurst & Haughton)
Experiencia de programa (Scan4Safety); Reino Unido (NHS)
La trazabilidad por código de barras reduce errores de identificación, agiliza alertas de retiro de producto y libera presupuesto
Los sistemas de triage clásicos (Manchester, ESI v4, CTAS) comparten un supuesto estructural: la urgencia del paciente se evalúa una única vez, al ingreso, y esa categoría permanece fija hasta el contacto médico. Ese supuesto funciona cuando la espera es corta, pero falla en consultorios externos de alto volumen donde el intervalo entre el triage y la consulta suele superar los 60 minutos. Los autores denominan «deriva de urgencia» (urgency drift) al deterioro clínico que ocurre durante ese intervalo sin que ningún sistema lo detecte ni responda a tiempo.
Para cuantificar el fenómeno, el equipo construyó un modelo de simulación de eventos discretos (Python/SimPy) calibrado con datos operativos de hospitales de distrito en India y validado en forma secundaria contra métricas del NHS británico. La probabilidad de deriva se modeló mediante funciones de Weibull específicas para cinco categorías de alto riesgo (alteración de la conciencia, fiebre símil sepsis, dolor torácico atípico, dolor abdominal agudo y presentación hipertensiva), a partir de la literatura clínica sobre velocidad de deterioro.
Cuatro configuraciones comparadas
Configuración
Descripción
Deriva no detectada / 100 pac.
S1 — FCFS estático
Triage único al ingreso, cola por orden de llegada, sin reevaluación
27,8 (100% no detectada)
S2 — IA solo en el ingreso
IA mejora la clasificación inicial (sens. 0,88 / esp. 0,85), sin reevaluación
36,9 (100% no detectada)
S3 — Reevaluación humana
Enfermería reevalúa a todos los pacientes cada 30 minutos
10,9 (reducción 60,8%)
S4 — IA continua
Cuestionario cada 15 min. vía kiosco/móvil, IA clasifica (sens. 0,85 / esp. 0,88)
6,0 (reducción 78,4%)
El hallazgo más relevante: mejorar el triage de ingreso no alcanza
El resultado clínicamente más significativo del estudio es la práctica equivalencia entre S1 y S2: una inteligencia artificial que clasifica mejor a los pacientes en el momento del registro no reduce la deriva no detectada, porque ninguna de las dos configuraciones monitorea al paciente durante la espera. El 100% de los eventos de deterioro permanece invisible hasta el contacto médico en ambos escenarios. Solo las configuraciones que reevalúan activamente durante la espera —humana (S3) o asistida por IA (S4)— logran reducir la deriva no detectada.
En el escenario base, S4 llevó el tiempo medio hasta la escalación clínica de 29,4 a 8,5 minutos, con una tasa de falsos positivos de apenas 0,4 por 100 pacientes, muy por debajo del umbral de fatiga de alarma citado en la literatura de sistemas de soporte a la decisión clínica (8/100). El beneficio de S4 sobre S3 se mantuvo para sensibilidades de IA de 0,70 en adelante, lo que llevó a los autores a proponer ese valor como piso mínimo de referencia regulatoria (SaMD) para sistemas de re-triage.
Una aclaración importante: no es la IA, es la reevaluación continua
Los propios autores matizan su conclusión: el modelo no evalúa un algoritmo entrenado y validado, sino valores asumidos de sensibilidad y especificidad aplicados a un ciclo de reevaluación de 15 minutos. Dado que S3 (reevaluación humana, sin IA) ya recupera el 60,8% del beneficio de S4, el factor decisivo es la frecuencia de la reevaluación —y por lo tanto la latencia de detección— más que una capacidad exclusiva de la inteligencia artificial. La IA se presenta como el mecanismo más escalable para sostener ese monitoreo continuo en contextos de alto volumen y personal limitado, no como el ingrediente activo de la seguridad.
Limitaciones reconocidas por los autores Estudio de simulación, hipótesis-generador: los parámetros de deriva derivan de literatura de urgencias/internación, no de cohortes prospectivas de consultorio externo Se asumió 100% de adherencia al cuestionario digital; por debajo del 65% de completitud, la ventaja de S4 sobre S3 se diluye Tiempo de respuesta médico a la alerta asumido como instantáneo (optimista) No modela heterogeneidad de desempeño de la IA en subgrupos (adultos mayores, pacientes con deterioro cognitivo, barreras idiomáticas)
Renji George John, Balachandar, Govindasamy, Gopi D, Prakash, Nicholas S, Sharma, Singh, Umamaheswari y Sathya Shenbega Priya — International Journal of Nursing and Health Sciences, 2026
Alcance de la revisión
Esta revisión integral analizó 40 estudios (sistemáticos, meta-análisis, cohortes multicéntricas y transversales) publicados entre 2019 y 2026, extraídos de PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, CINAHL y Cochrane, sobre la relación entre la escasez de personal de enfermería, el burnout ocupacional y los resultados de seguridad y calidad asistencial.
Hallazgos centrales
La dotación insuficiente se asocia de forma consistente con mayor incidencia de errores de medicación, infecciones asociadas al cuidado de la salud, caídas, lesiones por presión, eventos de «falla en el rescate» y mortalidad hospitalaria.
El «cuidado de enfermería perdido» (missed nursing care) —actividades esenciales retrasadas, incompletas u omitidas— emerge como el principal mecanismo mediador entre la escasez de personal y los eventos adversos.
El burnout (agotamiento emocional, despersonalización, baja realización profesional) no es solo un problema individual: refleja déficits organizacionales —sobrecarga, apoyo gerencial insuficiente, violencia laboral, escaso reconocimiento— y retroalimenta la escasez a través de mayor ausentismo, presentismo y rotación.
Los hospitales con liderazgo transformacional, gobernanza compartida, desarrollo profesional y programas de bienestar reportan mejor retención, mayor seguridad del paciente y mejores resultados hospitalarios, incluso bajo condiciones de dotación desafiantes.
Las tecnologías de IA para planificación de dotación y analítica predictiva de carga de trabajo muestran potencial, pero la evidencia es enfática: complementan, no sustituyen, la disponibilidad de recursos humanos adecuados.
El círculo que describe la revisión Escasez de personal → sobrecarga y horas extra → burnout → cuidado perdido y errores → peores resultados y mayor rotación → más escasez Romper el círculo requiere intervención simultánea en dotación, liderazgo y bienestar del personal — no una sola palanca aislada
Implicancia económica
Los análisis económicos revisados sugieren que, si bien aumentar la dotación de enfermería exige inversión inicial, los beneficios de mediano plazo —menos eventos adversos, estadías más cortas, menor reingreso, menor rotación— superan el costo, lo que reposiciona la inversión en enfermería como una estrategia de mejora de calidad y no como un mero gasto operativo.
Sakitri y Waluyo — Profesional Health Journal, 2026
Metodología
Revisión narrativa (marco PRISMA) sobre el cumplimiento de las seis Metas de Seguridad del Paciente (Patient Safety Goals) exigidas por la acreditación hospitalaria en Indonesia —alineadas con los estándares de la Joint Commission International—, a partir de ocho artículos seleccionados entre 209 registros identificados en Google Scholar y Sinta.
Cumplimiento por meta
Meta de Seguridad del Paciente
Cumplimiento reportado
Principal barrera
1. Identificación correcta del paciente
75%–88%
Sobrecarga laboral; identificación visual en lugar de verbal en emergencias
2. Comunicación efectiva (SBAR / TBAK)
60%–72%
Confirmación de «lectura de vuelta» omitida bajo presión de tiempo
3. Seguridad de medicamentos de alto riesgo
80%–90%
Medicamentos de aspecto/nombre similar (LASA) no siempre separados
4. Cirugía en sitio y procedimiento correctos
85%–92%
«Time-out» realizado de forma apresurada, sin verificación activa del equipo
5. Reducción del riesgo de infecciones
85%–95%
Higiene de manos declina en horas pico por sobrecarga
6. Reducción del riesgo de caídas
65%–78%
Reevaluación de riesgo no actualizada tras cambios clínicos
Lectura transversal
Las metas con mejor desempeño (infecciones e identificación) comparten protocolos más estandarizados y de ejecución relativamente mecánica. Las de peor desempeño (comunicación efectiva y caídas) requieren juicio clínico continuo y reevaluación activa frente a cambios de estado del paciente —un patrón que resuena directamente con el hallazgo central del Estudio 1 sobre la deriva de urgencia: los protocolos de «única vez» se degradan con el tiempo si no hay reevaluación sistemática.
Los autores concluyen que las barreras ya no son, en lo fundamental, de conocimiento o de actitud del personal, sino sistémicas y operativas: sobrecarga laboral, dotación insuficiente, situaciones de emergencia y procedimientos administrativos apresurados. El éxito organizacional depende de la supervisión de liderazgo, el compromiso con una cultura no punitiva y la disponibilidad de insumos y logística de seguridad (pulseras de identificación, estaciones de alcohol en gel, barandas de cama en buen estado).
Abbas, Sultana, Khan, Fatima, Danish, Hassan y Jamal — Review Journal of Neurological & Medical Sciences Review, 2025
Diseño
Estudio transversal descriptivo sobre 82 enfermeras de las salas de medicina general, cirugía y emergencias del Hospital DHQ Muzaffargarh (Pakistán), un hospital público del sector distrital, mediante cuestionario estructurado y validado sobre carga de trabajo, calidad de atención percibida e indicadores de burnout (Maslach Burnout Inventory).
Resultados principales
Cifras que resumen el estudio Carga de pacientes por turno: entre 3 y 30 pacientes por enfermera 58,5% consideró su carga de pacientes «no manejable» 92,7% cree que la relación enfermera-paciente actual compromete la calidad de atención 69,5% reconoció haber omitido cuidados esenciales por falta de personal 62% no pudo completar sistemáticamente tareas vitales (control de signos, medicación, documentación) 73% observó más complicaciones (caídas, infecciones, úlceras por presión) durante la baja dotación Solo 19,5% de las unidades ajusta la dotación según la acuidad del paciente 80,5% reportó agotamiento físico o mental posterior al turno; 28% de forma muy frecuente Pese a todo, 65,9% expresó satisfacción laboral general — mayor en el turno mañana
Lectura
El estudio ilustra, con datos de un entorno de bajos recursos, el mismo mecanismo que documenta la revisión integral del Estudio 2: la sobrecarga de enfermería erosiona tareas específicas (control de signos vitales, administración de medicación, documentación) que son precisamente los puntos de contacto donde se detectaría un deterioro clínico temprano. La combinación de alta carga percibida, bajo ajuste por acuidad y alto burnout —sostenida, paradójicamente, con niveles de satisfacción laboral moderados— sugiere una normalización de la sobrecarga como «lo esperable» en contextos de escasez estructural, lo que constituye en sí mismo un riesgo para la sostenibilidad del sistema.
Entre las recomendaciones del estudio se destacan: protocolos de dotación basados en acuidad, refuerzo prioritario de personal en unidades de alta demanda (cirugía, emergencias, cuidados críticos), programas de gestión de la fatiga por rotación, sistemas de reporte en tiempo real de cargas de trabajo inseguras, y abogacía por legislación de dotación segura a nivel nacional.
Li, Peng, Gu, Fu y Tang — Frontiers in Public Health, 2025
Diseño
Estudio transversal sobre 468 profesionales de la salud de cinco hospitales públicos de la provincia china de Sichuan, utilizando la versión china validada del Hospital Survey on Patient Safety Culture 2.0 (HSOPSC 2.0), instrumento de referencia internacional de la Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ) de Estados Unidos, con nueve dimensiones de cultura de seguridad.
Fortalezas y debilidades identificadas
Dimensión
Respuesta positiva
Clasificación
Comunicación sobre el error
83,4%
Fortaleza
Aprendizaje organizacional / mejora continua
80,4%
Fortaleza
Trabajo en equipo
79,8%
Fortaleza
Apoyo a la seguridad del paciente
78,0%
Fortaleza
Traspasos e intercambio de información
75,4%
Fortaleza
Apertura de la comunicación
71,2%
A mejorar
Reporte de eventos de seguridad
53,1%
A mejorar (crítico)
Respuesta al error
51,9%
A mejorar (crítico)
Dotación y ritmo de trabajo
51,5%
A mejorar (crítico)
La brecha más marcada: reportar eventos de seguridad
La tasa promedio de respuesta positiva global fue 69,4%, por debajo del umbral deseable de 75% y levemente inferior al 71% reportado por AHRQ en Estados Unidos en 2024. La brecha más pronunciada aparece en «reporte de eventos de seguridad del paciente»: 53,1% en Sichuan frente a 76,0% en el benchmark estadounidense. Solo 51% del personal calificó la seguridad del paciente de su unidad como «muy buena» o «excelente», contra 68% en Estados Unidos.
Los autores interpretan esta brecha como reflejo de una cultura organizacional todavía orientada a la supervisión administrativa y la rectificación post-incidente, en contraste con sistemas —como el estadounidense— construidos sobre el principio de que la mayoría de los eventos de seguridad derivan de vulnerabilidades sistémicas y no de errores individuales, con exención explícita de responsabilidad para quien reporta. La alta puntuación en «comunicación sobre el error» (83,4%) combinada con la baja «apertura de la comunicación» (71,2%) sugiere una comunicación formal pero no genuinamente abierta: el personal discute los eventos ya ocurridos, pero no se anima a señalar proactivamente riesgos potenciales.
Hallazgos asociados a la carga de trabajo
El personal que trabajaba entre 41 y 50 horas semanales percibió una cultura de seguridad significativamente más sólida que quienes trabajaban más de 50 horas o menos de 40 — sugiriendo que una carga moderada, ni escasa ni excesiva, sostiene mejor la vigilancia profesional.
Las unidades de Obstetricia y Ginecología puntuaron más alto que Cirugía y Clínica Médica, posiblemente por la mayor estandarización y previsibilidad de sus protocolos frente a la incertidumbre propia de esas otras especialidades.
A mayor cultura de seguridad percibida, mayor número de eventos reportados y mejor autoevaluación del nivel de seguridad de la unidad — validando la asociación esperada entre cultura, transparencia y desempeño.
Kırımlıoğlu — 12th World Congress of Clinical Safety (12WCCS), Actas, París, 1–2 de mayo de 2025
Naturaleza del trabajo
A diferencia de los cinco estudios anteriores, este trabajo no es una revisión sistemática ni un estudio empírico transversal, sino una ponencia de análisis de marco normativo presentada en el 12WCCS. Describe y evalúa el conjunto de «Metas Nacionales de Seguridad del Paciente» que Turquía ha definido siguiendo la orientación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos internacionales: 23 objetivos específicos, acompañados de cinco Guías Nacionales de Seguridad del Paciente que operacionalizan los procesos de mayor riesgo.
Los 23 objetivos, agrupados por dominio
Dominios de las Metas Nacionales de Seguridad del Paciente de Turquía Identificación y trazabilidad: identificación correcta del paciente, traslados seguros, entrega segura del paciente (handover) Procesos clínicos de alto riesgo: parto seguro, manejo seguro de la vía aérea, manejo del paro cardíaco, prevención del tromboembolismo venoso, prevención de úlceras por presión, sonda nasogástrica, manejo del delirio en el anciano Infraestructura y dispositivos: seguridad radiológica, seguridad de la información, seguridad de materiales y dispositivos, seguridad de las instalaciones Medicación y sangre: seguridad de la medicación, seguridad y gestión de la sangre Infecciones: combate a las infecciones asociadas a la atención de la salud Participación y aprendizaje: participación del paciente y la familia, aprendizaje a partir de los errores Cirugía: cirugía segura, seguridad del paciente en el diagnóstico
Objetivo del trabajo y factores condicionantes
El propósito declarado por la autora es evaluar la contribución de estas metas y guías nacionales a la prestación efectiva de servicios de salud en Turquía. El trabajo identifica tres factores que condicionan su aplicabilidad real: la infraestructura de las instituciones de salud, el nivel de conciencia y formación del personal sanitario, y el grado en que una cultura de seguridad del paciente está efectivamente incorporada en la práctica cotidiana —no solo declarada en el papel.
Lectura en el marco del compendio
A diferencia de la revisión narrativa de Sakitri y Waluyo (Estudio 3), que cuantifica el grado de cumplimiento de metas equivalentes en Indonesia (65%–92% según la meta, con datos extraídos de ocho estudios empíricos), el trabajo turco no aporta cifras de cumplimiento: es, ante todo, un mapa normativo antes que un estudio de resultados. Su valor para este compendio es doble.
Primero, confirma la convergencia internacional hacia un catálogo estandarizado de metas de seguridad —fuertemente alineado con los estándares de la Joint Commission International— que se repite, con variaciones locales, en Indonesia, Turquía y numerosos otros sistemas de salud, incluido el modelo de acreditación que sigue buena parte de la región latinoamericana.
Segundo, al enumerar 23 metas en lugar de las seis, más compactas, de la formulación clásica de JCI, el caso turco ilustra un riesgo de gestión que ninguno de los otros estudios explora directamente: la proliferación de metas puede diluir la capacidad de una institución para priorizar, si no se acompaña de mecanismos claros de monitoreo y de una cultura organizacional que sostenga su cumplimiento —precisamente los dos factores, infraestructura y cultura, que el propio trabajo identifica como condicionantes de su aplicabilidad.
Limitaciones reconocidas Se trata de un resumen de congreso (ponencia), no de un artículo con revisión por pares completa: no reporta metodología de evaluación detallada ni datos empíricos de cumplimiento No cuantifica el grado de adopción real de las 23 metas en las instituciones turcas, a diferencia del enfoque cuantitativo del Estudio 3 en Indonesia Representa el marco normativo de un único país; su generalización a otros sistemas de salud requiere validación local
Songhurst y Haughton — 12th World Congress of Clinical Safety (12WCCS), Actas, París, 1–2 de mayo de 2025
El problema: el riesgo está en las tareas de base
El trabajo parte de una premisa clara: mientras los equipos clínicos concentran su atención en los aspectos de más alto nivel de la atención (el diagnóstico, la decisión terapéutica), es en las tareas de «nivel base» —completar y registrar el monitoreo de rutina, rastrear el dispositivo médico correcto, organizar la logística de flujo de pacientes, comunicar sin ambigüedad entre servicios— donde se origina buena parte del daño evitable al paciente. A medida que los resultados clínicos alcanzables se vuelven más complejos y más exitosos, también crecen los costos, las expectativas y el impacto de las consecuencias no intencionadas.
El estándar GS1 y el programa Scan4Safety
El estándar de código de barras GS1 vincula de forma inequívoca un «ítem» —un paciente, un producto, una ubicación, un dispositivo— con su información asociada. En el ámbito de la salud, esto habilita un rango extenso de aplicaciones clínicas: identificación inequívoca del paciente en cada punto de contacto, trazabilidad de dispositivos implantables y de alto riesgo (lo que permite ejecutar alertas de retiro de producto en minutos en lugar de días), y verificación en el punto de atención antes de administrar medicación o insertar un dispositivo.
GS1 cumple además un papel relevante en las compras (procurement): al reducir el tiempo dedicado a la gestión de stock y aumentar la exactitud del inventario, los presupuestos asignados por el NHS rinden más, y la organización gana agilidad al desarrollar formas más inteligentes de trabajar. El trabajo resume el recorrido del programa NHS Scan4Safety, desde su lanzamiento piloto en 2016 hasta la actualidad, como caso de referencia de adopción a escala nacional.
Lectura en el marco del compendio
Este trabajo aporta al compendio una dimensión que los otros seis no abordan de manera directa: la infraestructura de identificación que subyace a metas que, en los demás estudios, aparecen formuladas en términos más «blandos» o de proceso. La Meta 1 de Sakitri y Waluyo (identificación correcta del paciente, Estudio 3, con 75%–88% de cumplimiento reportado) y el objetivo homónimo entre las 23 metas turcas (Estudio 6) dependen, en la práctica cotidiana, de sistemas de identificación fiables y no solo de protocolos verbales o de pulseras impresas: el estándar GS1 es una de las tecnologías concretas que hace operativamente posible esa meta.
El paralelismo con el Estudio 1 (Zallipalli et al.) es igualmente directo: así como la reevaluación continua del deterioro clínico requiere una infraestructura tecnológica escalable para sostenerse en volumen (Hilo 1 de la síntesis), la identificación correcta y la trazabilidad de dispositivos requieren una infraestructura de datos escalable —el código de barras estandarizado— para sostenerse más allá de la buena voluntad individual del personal. En conjunto, los tres estudios sugieren que las metas de seguridad declaradas dependen de una capa de infraestructura de identificación y trazabilidad que rara vez se hace explícita en los marcos normativos, pero que resulta condición necesaria para que esas metas se cumplan en la práctica y no solo en el papel.
Limitaciones reconocidas Es una descripción de programa (resumen de congreso), no un estudio controlado con datos cuantitativos de resultado en la propia ponencia No detalla en el resumen la magnitud del ahorro presupuestario ni la reducción porcentual de errores de identificación atribuible a GS1 Describe la experiencia de un sistema de salud único (NHS), con financiamiento y compras centralizadas; su transferibilidad a sistemas fragmentados o de múltiples financiadores —como el sistema de salud argentino— no está evaluada
Más allá de sus diferencias metodológicas y geográficas, los siete estudios convergen en cinco ideas que se refuerzan mutuamente y que resultan de interés directo para la gestión de instituciones de salud.
1. La evaluación única no alcanza: la seguridad requiere reevaluación continua
El hallazgo más contundente del Estudio 1 —que mejorar la precisión del triage de ingreso (S2) no reduce el deterioro no detectado durante la espera— tiene su correlato exacto en el Estudio 3: la meta de seguridad con peor desempeño relativo, la reducción del riesgo de caídas, falla específicamente porque la reevaluación no se actualiza tras cambios en el estado clínico del paciente. En ambos casos, el riesgo no está en el momento de la evaluación inicial sino en el silencio posterior. La implicancia de gestión es directa: los protocolos de seguridad deben diseñarse como procesos continuos, no como controles puntuales.
2. La dotación de personal es la variable estructural que atraviesa todo
Los Estudios 2, 4 y 5 —desde ángulos distintos (revisión global, hospital público pakistaní, cultura organizacional china)— coinciden en que la dotación insuficiente de enfermería es el determinante más consistente de cuidado perdido, burnout y baja cultura de seguridad. El Estudio 5 agrega un matiz importante: no es solo la escasez la que perjudica, sino también la sobrecarga extrema (>50 horas semanales), lo que sugiere una relación en forma de «U» entre carga de trabajo y seguridad, con un rango intermedio óptimo.
3. La cultura no punitiva sigue siendo la asignatura pendiente
Tanto el Estudio 3 (comunicación efectiva como meta más débil) como el Estudio 5 (reporte de eventos y respuesta al error como dimensiones más débiles) señalan que el obstáculo ya no es principalmente de conocimiento técnico, sino de cultura organizacional: el personal sabe qué debería hacer, pero no siempre se siente en condiciones de señalar un riesgo o reportar un error sin temor a consecuencias punitivas. Este es, probablemente, el cambio de mayor palanca y menor costo de capital disponible para la gestión hospitalaria.
4. La tecnología (IA) es un habilitador, no un sustituto
Tanto el Estudio 1 como el Estudio 2 son explícitos en este punto, aunque desde ángulos opuestos: la inteligencia artificial puede ser el mecanismo más escalable para sostener un monitoreo continuo que el personal humano no podría sostener por sí solo a ese volumen y frecuencia, pero en ningún caso reemplaza la necesidad de dotación adecuada, liderazgo y cultura organizacional. La evidencia disponible en 2026 respalda una adopción de IA complementaria y cuidadosamente gobernada, no una sustitución de recursos humanos.
5. La identificación y la trazabilidad son la infraestructura invisible que sostiene las demás metas
Los Estudios 6 y 7, incorporados en esta actualización, agregan un quinto hilo que los cinco estudios originales no examinaban de forma directa. La meta de «identificación correcta del paciente» aparece de manera casi idéntica en el marco indonesio (Estudio 3), en el marco turco de 23 objetivos (Estudio 6) y como aplicación central del estándar GS1 en el NHS (Estudio 7). Esta convergencia sugiere que la identificación inequívoca —de pacientes, dispositivos y ubicaciones— no es una meta más entre muchas, sino una capa de infraestructura de base de la cual dependen, en la práctica, buena parte de las demás metas declaradas: sin trazabilidad confiable, la comunicación efectiva, la seguridad de la medicación y la cirugía en el sitio correcto pierden parte de su sustento operativo, por más completo que sea el marco normativo que las enuncia sobre el papel.
Lectura integrada en una frase La seguridad del paciente no depende de un mejor punto de control, sino de un sistema vigilante de manera continua, con identificación y trazabilidad confiables, sostenido por personal suficiente y por una cultura que aprende del error en lugar de ocultarlo.
Una advertencia metodológica compartida
Vale señalar que los siete trabajos comparten limitaciones que conviene tener presentes al trasladar sus hallazgos a la práctica. El Estudio 1 es explícitamente hipótesis-generador: sus tasas de deriva de urgencia provienen de parámetros de simulación, no de una cohorte prospectiva de consultorio externo. Los Estudios 3, 4 y 5 se apoyan en percepción y autorreporte del personal —con el consiguiente riesgo de deseabilidad social y sesgo de memoria— más que en auditoría objetiva de historias clínicas. El Estudio 2, por su naturaleza de revisión narrativa (no sistemática con meta-análisis), prioriza la síntesis de tendencias por sobre la cuantificación de efectos. Los Estudios 6 y 7, al provenir de resúmenes de congreso, son los de menor detalle metodológico del conjunto: describen marcos normativos y programas sin reportar datos cuantitativos de resultado en el propio resumen, por lo que su función en este compendio es más conceptual —completar la capa de infraestructura y de marco normativo— que probatoria.
Ninguna de estas limitaciones invalida la convergencia de hallazgos entre estudios de diseño y origen tan distintos —de hecho, esa convergencia es un argumento a favor de su plausibilidad—, pero sí aconseja tratar las cifras puntuales como órdenes de magnitud orientativos y no como estándares definitivos, hasta contar con validación prospectiva local.
A partir de la lectura integrada de los siete estudios, se desprenden líneas de acción concretas para equipos de dirección médica y de calidad en clínicas, sanatorios y hospitales.
Incorporar reevaluación periódica y no solo evaluación de ingreso en los procesos críticos: riesgo de caídas, deterioro clínico en sala de espera, cambios de estado tras sedación o procedimientos.
Adoptar modelos de dotación basados en acuidad del paciente, no en ratios fijos, con mecanismos de ajuste dinámico ante picos de demanda.
Fortalecer sistemas de reporte no punitivo de eventos e incidentes, con retroalimentación visible al equipo sobre las mejoras derivadas de los reportes — condición necesaria para sostener la participación.
Monitorear activamente la carga horaria del personal de enfermería, evitando tanto la subdotación como los turnos extendidos por sobre las 50 horas semanales.
Explorar herramientas de reevaluación asistida por tecnología (cuestionarios digitales, alertas tempranas) como complemento —no reemplazo— de la vigilancia humana, con umbrales mínimos de sensibilidad/especificidad definidos antes de la implementación.
Evaluar la adopción de estándares de identificación y trazabilidad (código de barras GS1 u homólogos) para pacientes, dispositivos y ubicaciones, como infraestructura de base que sostiene las metas de identificación y de seguridad de la medicación.
Revisar el marco local de metas de seguridad del paciente con la misma pregunta que plantea el caso turco: ¿el número de metas declaradas es gestionable con la infraestructura y la cultura organizacional actuales, o requiere primero un mecanismo claro de priorización y monitoreo?
Priorizar el desarrollo de liderazgo de jefaturas de servicio y supervisión de enfermería como factor multiplicador de cualquier intervención estructural, dado que aparece de forma recurrente como variable protectora en los estudios revisados.
Matriz de recomendaciones y evidencia de respaldo
Línea de acción
Estudio(s) que la sustentan
Costo relativo de implementación
Reevaluación continua en espera y en riesgo de caídas
Estudio 1, Estudio 3
Medio (proceso + eventual tecnología)
Dotación por acuidad, no por ratio fijo
Estudio 2, Estudio 4
Alto (recursos humanos)
Reporte no punitivo con retroalimentación visible
Estudio 3, Estudio 5
Bajo (rediseño de proceso y cultura)
Control de carga horaria (evitar <40 y >50 h/semana)
Estudio 2, Estudio 5
Medio (planificación de turnos)
Tecnología de reevaluación como complemento
Estudio 1, Estudio 2
Medio-alto (inversión + gobernanza)
Identificación y trazabilidad (GS1 u homólogo)
Estudio 6, Estudio 7
Alto (inversión inicial en infraestructura y procesos)
Racionalización y priorización del marco local de metas de seguridad
Estudio 3, Estudio 6
Bajo-medio (rediseño de gobernanza de calidad)
Desarrollo de liderazgo de jefaturas y supervisión
Estudio 2, Estudio 3, Estudio 4
Bajo-medio (formación)
Ordenadas de este modo, las líneas de menor costo relativo —cultura de reporte no punitivo, racionalización del marco de metas y desarrollo de liderazgo— son también las que aparecen respaldadas por el mayor número de estudios, lo que sugiere un punto de partida de alto retorno para instituciones con restricciones presupuestarias antes de avanzar hacia intervenciones de mayor costo de capital, como la ampliación de dotación o la incorporación de infraestructura de trazabilidad y tecnología de monitoreo continuo.
Los siete estudios reunidos en este compendio, pese a abordar poblaciones y sistemas de salud muy diferentes —consultorios externos indios, hospitales públicos de Pakistán e Indonesia, hospitales de la provincia china de Sichuan, el marco normativo turco y el sistema centralizado del NHS británico—, dibujan un mismo mapa de riesgo: el deterioro y el error no ocurren tanto en el momento de la evaluación inicial como en los intervalos silenciosos que la siguen, cuando el sistema deja de mirar o pierde de vista quién es el paciente y dónde está cada insumo crítico.
La respuesta común que emerge de la evidencia no es una tecnología puntual ni un protocolo aislado, sino la combinación sostenida de monitoreo continuo, dotación adecuada, infraestructura confiable de identificación y trazabilidad, y una cultura organizacional que trate el error como una oportunidad de aprendizaje sistémico antes que como una falta individual a sancionar.
Para la gestión hospitalaria, esto significa que las inversiones más rentables en seguridad del paciente no son necesariamente las más visibles o las más costosas en capital, sino aquellas que sostienen la vigilancia continua del paciente, la identificación inequívoca de cada eslabón de la cadena asistencial, y la apertura del equipo a señalar el riesgo a tiempo.
Próximos pasos sugeridos
Realizar un diagnóstico local de cultura de seguridad (por ejemplo, con HSOPSC 2.0) que permita comparar la institución contra los benchmarks internacionales citados en este compendio.
Revisar los protocolos de reevaluación vigentes (caídas, deterioro clínico, sala de espera) e identificar los puntos donde el proceso es de «única vez» y podría convertirse en continuo.
Priorizar, como primer paso de bajo costo y alto respaldo de evidencia, el rediseño del sistema de reporte de eventos hacia un esquema no punitivo con retroalimentación visible al equipo.
Auditar el estado actual de la identificación y trazabilidad de pacientes y dispositivos, y evaluar la viabilidad de adoptar un estándar tipo GS1 en los procesos de mayor riesgo.
Incorporar estas conclusiones como insumo de discusión en los espacios de formación de jefaturas de servicio y de la Diplomatura en Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados.
Zallipalli, S.N., Shelton, A., Bethi, R.R., Thotapalli, N.D., Vadapalli, A.S., & Bhaskarayuni, J. (2026). Getting worse while waiting: A simulation study of urgency drift and continuous re-triage monitoring in high-volume OPD queues. Intelligent Hospital, 2, 100091. https://doi.org/10.1016/j.inhs.2026.100091
Renji George John, Balachandar, S., Govindasamy, V., Gopi, D., Prakash, I.A., Nicholas, S., Sharma, S., Singh, G., Umamaheswari, R., & Sathya Shenbega Priya, J. (2026). Nursing workforce shortages and burnout: Implications for patient safety, quality of care, and hospital outcomes — a comprehensive review. International Journal of Nursing and Health Sciences, 8(8), 12–20. https://doi.org/10.33545/26649187.2026.v8.i8a.180
Sakitri, G., & Waluyo, S.J. (2026). Implementation of Patient Safety Goals (SKP) in Hospital Services: Systematic Review. Profesional Health Journal, 7(2), 1010–1019. https://doi.org/10.54832/phj.v7i2.1542
Abbas, S., Sultana, A., Khan, A., Fatima, A., Danish, M., Hassan, M.M., & Jamal, F. (2025). Evaluating the impact of nurse to patient ratio on patient safety and quality of care in DHQ Hospital Muzaffargarh. Review Journal of Neurological & Medical Sciences Review, 3(7), 366–375. https://doi.org/10.5281/zenodo.17733660
Li, W., Peng, C., Gu, L., Fu, W., & Tang, F. (2025). Patient safety culture assessment in five public hospitals of Sichuan Province: a cross-sectional study with HSOPSC 2.0. Frontiers in Public Health, 13, 1703929. https://doi.org/10.3389/fpubh.2025.1703929
Kırımlıoğlu, N. (2025). National Patient Safety Goals and Guidelines in Turkey and Their Contribution to Healthcare Services. En Proceedings of the 12th World Congress of Clinical Safety (12WCCS) jointly with the 2nd Academic Conference of Safety Psychology and Behavior for Healthcare (2SPBH), París, Francia, 1–2 de mayo de 2025 (p. 36). International Association of Risk Management in Medicine (IARMM).
Songhurst, M., & Haughton, J. (2025). 21st Century Safety Systems for NHS Patients. En Proceedings of the 12th World Congress of Clinical Safety (12WCCS) jointly with the 2nd Academic Conference of Safety Psychology and Behavior for Healthcare (2SPBH), París, Francia, 1–2 de mayo de 2025 (p. 40). International Association of Risk Management in Medicine (IARMM).
Hace casi ocho años empecé este blog sin saber muy bien en qué se convertiría. Nació como un lugar propio para escribir opiniones, editoriales, para reunir lo que iba leyendo y pensando sobre economía de la salud, gestión hospitalaria, medicina basada en valor, inteligencia artificial, y también sobre esos problemas que no terminan de resolverse por más que uno insista en nombrarlos. Y en algún momento —el covid lo aceleró todo— ese espacio subió un escalón que no había buscado del todo: el de la inestabilidad. El de sentir que había que estar, opinar, responder, todos los días, como si fuera un diario que no puede darse el lujo de faltar a su cita.
No quiero que ese escalón se convierta en decadencia. Prefiero pararme antes, mientras todavía tengo ganas, y elegir otra cosa: reflexión, en vez de reacción. Repensar, en vez de sostener por inercia. Buscar otras alternativas para que este espacio de intercambio siga creciendo, en las redes y fuera de ellas, pero sin el sendero de agotamiento y de obligación que había empezado a marcarme el paso.
Sé que de este blog se esperaba más: inspiración, información, recomendaciones. Y siento que, en el ritmo de urgencia que había tomado, eso dejó de llegar con la calidad que quisiera darle. Por eso creo que lo más honesto, con ustedes y conmigo, es tomarme un tiempo para aprender de lo aprendido, para transmitir mejor lo que sé, y para volver con ganas y con voluntad genuina, no por costumbre.
El blog va a descansar un mes. No voy a escribir cosas nuevas, pero no se va a perder ningún registro: todo lo escrito hasta ahora queda disponible, abierto, para que sigan hurgando en ese arcón si quieren. Ese archivo les pertenece a ustedes, a quienes leyeron durante este tiempo, más que a mí.
Voy a usar este mes para buscar desafíos nuevos, para pensar qué forma tiene sentido darle a esta segunda etapa, y para volver —cuando vuelva— con algo mejor que ofrecer.
La cuota de la Medicina Prepaga, su retraso histórico, el salario y la sombra de la ineficiencia
A partir del análisis cuantitativo del ESTUDIO realizado por elDr. Hugo Magonzasobre cuotas de medicina prepaga, IPC y costo de salud
El Dr Hugo Magonza es el Presidente de la Unión Argentina de Salud, desde el 2024 a la fecha, y Director General del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC), hace 28 años, una palabra que escuchamos y aprendemos, por la trayectoria, y dirigir una entidad sin fines de lucro y que tiene un modelo de atención basado en la calidad, la educación, la investigación y la seguridad de los pacientes.
Dr. Carlos Alberto Díaz
De qué trata este texto El Dr. Alejandro Magonza construyó, con series históricas de la SSS y del INDEC, una medición del desvío acumulado entre la evolución de la cuota de medicina prepaga y dos referencias posibles: el IPC general y un costo de salud estimado como IPC × 1,35. Este texto toma ese hallazgo como punto de partida — no para repetirlo, sino para preguntarse qué significa, a quién más alcanza y qué le corresponde hacer a la gestión frente a un financiamiento que se deteriora en más de un frente a la vez. Agradeciendo el aporte a este blog del Dr Hugo Magonza
Agradezco el aporte a la comunidad de Estudio del Dr Hugo Magonza.
1. Lo que muestra el trabajo del Dr. Magonza
El ejercicio del Dr. Magonza compara, mes a mes y en forma acumulativa, la evolución real de la cuota de referencia de medicina prepaga contra dos escenarios teóricos: uno más conservador, que toma como vara el IPC general de INDEC, y otro más exigente, que asume que el costo real de la salud creció sistemáticamente un 35% por encima de ese IPC. La cuota se reconstruyó con los aumentos regulados por la Superintendencia de Servicios de Salud hasta diciembre de 2023 y, desde enero de 2024, con el subíndice oficial de INDEC «Gastos de prepagas» para la región del Gran Buenos Aires.
El resultado, expresado en «cuotas equivalentes» acumuladas entre enero de 2012 y junio de 2026 —174 meses—, es contundente en ambos escenarios, aunque de magnitud muy distinta:
Escenario
Déficit acumulado
Brecha de nivel a jun-2026
Cuota vs. IPC general
-23,39 cuotas
-10,0%
Cuota vs. costo de salud (IPC × 1,35)
-95,83 cuotas
-88,6%
Saldo acumulado de cuotas equivalentes frente al costo de salud (IPC × 1,35). Fuente: Dr. Alejandro Magonza, sobre datos SSS e INDEC.
La forma de la curva importa tanto como el número final. El desvío es gradual entre 2012 y 2019, se agudiza fuertemente durante la pandemia —cuando los aumentos de cuotas quedaron congelados por períodos prolongados— y no logra revertirse después. El cambio metodológico de enero de 2024, cuando se empieza a usar el subíndice específico de INDEC para prepagas, encuentra un déficit que ya arrastraba -69,59 cuotas: la mayor parte del daño estaba hecho antes de ese punto de corte.
«Las 95,83 cuotas faltantes deben interpretarse como el resultado del escenario económico costo sanitario = IPC mensual × 1,35, y no como una afirmación de que los costos reales crecieron exactamente de esa forma» — Dr. Hugo Magonza.
Esa aclaración metodológica es importante y el Dr. Magonza la subraya con honestidad intelectual: el 35% es una hipótesis de trabajo, no una medición directa de costos médicos reales. Pero incluso con la lectura más conservadora —solo contra el IPC general— el sistema acumula casi 24 cuotas de déficit de flujo en catorce años. El escenario más exigente simplemente pone en evidencia cuánto se agranda ese déficit cuando el costo sanitario, como es razonable suponer, corre por delante del índice general de precios.
2. Qué significa, en la práctica, un atraso de esta magnitud
La pregunta que abre esta reflexión es exactamente esa: ¿qué podría significar esta apreciación comparativa? La respuesta más directa es que la cuota sufre un atraso significativo en su capacidad de cobertura real. No se trata de un problema de un mes ni de un solo aumento insuficiente: es un déficit de flujo que se acumula período tras período y que, una vez perdido, no se recupera automáticamente con una recomposición futura. Este atraso no podrá compensarse, aunque se reconozca este desvío puesto que las alteraciones generadas en el sistema de salud privado, y de la seguridad social, no es recuperable. No se puede reconstituir. Es probable que mucho de los problemas que vemos en la actualidad, con aranceles que no reconocen los costos, ni la calidad asistencial, ni el trabajo médico profesional, ni modelos de atención que aseguren la continuidad asistencial, la dificultad de cubrir medicación y tecnologías de alto costo, la segmentación que se produce manifiesta según la capacidad de pago. Me parece original que aborde el problema en una serie tan prolongada y con gobiernos de orientación política tan disímil.
Esto tiene consecuencias concretas que la gestión conoce bien, aunque rara vez se las nombra en conjunto:
Los prestadores —clínicas, sanatorios, profesionales— reciben aranceles que se construyen sobre una base de financiamiento sistemáticamente insuficiente, y trasladan ese ajuste como pueden: honorarios postergados, inversión en tecnología pospuesta, mantenimiento diferido y dificultades para retener su mejor personal.
Los aumentos posteriores se aplican siempre sobre una base ya deteriorada, de modo que el desvío no se corrige, se arrastra y se compone, se cristaliza, esto aumenta notoriamente el gasto de bolsillo de las personas.
La brecha entre la cuota (-10% frente al IPC, -88,6% frente al costo de salud estimado) mide un nivel; pero las cuotas acumuladas faltantes miden algo distinto y más grave: todo lo que se dejó de percibir en el camino, mes a mes, durante catorce años. Esto podría estar afectando la calidad de atención y los resultados.
En otras palabras: el sistema de medicina prepaga no está simplemente «un poco atrasado hoy». Arrastra una historia de financiamiento insuficiente que condiciona su capacidad actual de pagar razonablemente a quienes prestan el servicio. Esto es homologable al sistema de seguridad social, que agrega el retraso en los salarios, en el empleo formal, en el ajuste de los empleados públicos y las jubilaciones, que provoca un déficit aún más grave. Esto también afecta a los prestadores de la medicina privada, que en la alta complejidad le dan servicio a la seguridad social.
3. El otro lado del espejo: quienes se atienden por seguridad social
El trabajo del Dr. Magonza se concentra en la medicina prepaga, donde existe una cuota nominal comparable mes a mes. Pero cabe preguntarse qué pasa con quienes se atienden a través de la seguridad social —las obras sociales—, cuyo financiamiento no depende de una cuota regulada sino de los aportes y contribuciones que se calculan como porcentaje de la masa salarial.
Si —como escenario, con el mismo espíritu de hipótesis de trabajo que usa el Dr. Magonza para el 35%— se asume que el salario real de una porción relevante de trabajadores viene acumulando un atraso del orden del 40% respecto de la inflación en los últimos años, la lógica del deterioro es doblemente adversa a la de la prepaga:
El financiamiento del sistema no cae solo porque la cuota quede rezagada frente a un costo de salud que crece más rápido que el IPC general, sino porque la base misma sobre la que se calculan los aportes —el salario— ya llega deteriorada en términos reales.
A diferencia de la cuota, que es un valor fijo y visible, el aporte de la seguridad social es un porcentaje de un ingreso que se licua mes a mes; el efecto es menos visible pero no menos real.
El ingreso disponible de la familia después de pagar sus obligaciones fijas —alquiler o cuota hipotecaria, servicios, transporte, deudas— cae de forma más que proporcional al salario nominal, porque esas obligaciones tienden a ser rígidas a la baja. Lo que se retrae con fuerza es el remanente: el margen que antes podía destinarse a un copago, un medicamento fuera de cobertura o un estudio complementario.
El resultado es una doble pinza sobre el sistema de salud en su conjunto, cualquiera sea la puerta de entrada del paciente: por un lado, el financiamiento crece más lento que el costo real de prestar el servicio —sea por cuota rezagada o por salario y aportes licuados—; por otro, el costo de las prestaciones sigue empujado por factores que no negocian con la coyuntura macroeconómica: medicamentos de alto costo, tecnología médica, insumos importados, envejecimiento poblacional y mayor prevalencia de enfermedades crónicas.
La pinza del financiamiento en salud Financiamiento: cuota rezagada frente al costo de salud (medicina prepaga) + salario y aportes licuados frente a la inflación (seguridad social). Costo: presión estructural al alza por tecnología, medicamentos, cronicidad e insumos, independiente del ciclo económico. El paciente que se atiende por seguridad social no está exento del mismo fenómeno que describe el Dr. Magonza para la prepaga: solo lo experimenta por otro canal.
4. Lo que sí está en nuestras manos: gestionar la eficiencia
Frente a una ecuación de financiamiento que la gestión sanitaria no controla —ni el IPC, ni el tipo de cambio, ni la política salarial—, cabe preguntarse, como cierre de esta reflexión nocturna, qué es lo que sí podemos gestionar. Y la respuesta, incómoda pero honesta, es que del lado del gasto todavía hay mucho margen: la eficiencia, la deprescripción, el choosing wisely y la reducción de la ineficiencia del sistema no son eslóganes de gestión, son la contraparte necesaria de un financiamiento que no va a resolverse por decreto.
De prescripción
La polifarmacia inapropiada —sumar medicamentos sin retirar los que ya no aportan valor o que interactúan entre sí— es una fuente de gasto evitable y, además, de riesgo clínico, particularmente en pacientes añosos y pluripatológicos. Revisar sistemáticamente los esquemas terapéuticos y discontinuar de forma planificada lo que no tiene indicación vigente es, al mismo tiempo, buena práctica clínica y alivio del gasto.
Choosing Wisely
El movimiento internacional Choosing Wisely, y su equivalente local en el marco del Right Care, parte de una premisa simple: una porción significativa de los estudios, las interconsultas y las prácticas que se indican todos los días no cambian el resultado clínico del paciente. Identificar esas prácticas de bajo valor —con las listas de recomendaciones de las sociedades científicas como punto de partida— y desalentarlas de forma sistemática es una de las pocas palancas de eficiencia que no requiere resignar calidad.
Reducción de la variabilidad y del desperdicio
La literatura sobre variabilidad de la práctica clínica —desde los trabajos pioneros de Wennberg hasta los desarrollos más recientes de Eddy y Fisher— muestra que buena parte del gasto en salud no se explica por diferencias en la necesidad de los pacientes, sino por diferencias en cómo se decide tratarlos. Estandarizar procesos con criterios de gestión Lean, medir con indicadores clínicos y de gestión, y sostener una cultura de mejora continua reduce el desperdicio sin necesidad de racionar cobertura.
Ineficiencia del sistema
Finalmente, buena parte de la ineficiencia no está en la cama del paciente sino en la organización: silos de información que obligan a repetir estudios, tiempos de espera que encarecen la internación, procesos administrativos que consumen horas de personal clínico, superposición de prestadores sin coordinación. Atacar esa ineficiencia estructural —con historia clínica electrónica interoperable, gestión de procesos y coordinación entre niveles de atención— es tan parte de la respuesta como cualquier medida sobre el lado del financiamiento.
Es importante generar conciencia en prestadores, en comunicadores, en profesionales, lo que está ocurriendo, por esta situación y que tiene que aportar cada uno, para mitigar los costos sin afectar la calidad, y también el sector público, en su función de rectoría, que arbitre algunas alternativas como la compra conjunta para medicación de alto costo, y evaluación de tecnologías, para que se autoricen, y que es lo que hay que cubrir.
Ninguna de estas cuatro líneas alcanza, por sí sola, para compensar un déficit de flujo de casi 96 cuotas acumuladas en catorce años, ni para revertir el efecto de un salario que pierde 40 puntos contra la inflación. Pero son, a diferencia del financiamiento, palancas que la gestión sanitaria puede accionar todos los días, sin esperar una recomposición macroeconómica que no está en su gobierno.
5. Cierre
El trabajo del Dr. Magonza tiene el mérito de convertir una sensación difusa —»la cuota no alcanza»— en un número trazable, mes a mes, durante catorce años. Esa misma sensación, con otro nombre y otra fuente de financiamiento, la vive quien se atiende por seguridad social y ve licuarse su salario y, con él, su capacidad de afrontar la salud de su familia. La conclusión de estas noches de reflexión no es resignación: es que la gestión sanitaria tiene una responsabilidad ineludible sobre la porción de la ecuación que sí puede gobernar. Ahí, en la eficiencia, en la de prescripción, en el choosing wisely y en la reducción del desperdicio, hay trabajo por hacer todos los días, financiamiento macro mediante.
Bibliografía y fuentes
Magonza, A. Cuotas vs. IPC y vs. Costo de Salud: nueva estimación del desvío acumulado de la cuota de medicina prepaga (2012-2026). Documento de trabajo compartido POR el autor, 2026.
Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Índice de Precios al Consumidor (IPC), incluyendo el subíndice «Gastos de prepagas», Región Gran Buenos Aires.
Superintendencia de Servicios de Salud (SSS). Registro histórico de aumentos autorizados a las entidades de medicina prepaga.
Wennberg, J.E. Tracking Medicine: A Researcher’s Quest to Understand Health Care. Oxford University Press, 2010.
Fisher, E.S., Wennberg, J.E., Stukel, T.A., et al. The implications of regional variations in Medicare spending. Annals of Internal Medicine, 2003.
Cassel, C.K., Guest, J.A. Choosing Wisely: helping physicians and patients make smart decisions about their care. JAMA, 2012.
Scott, I.A., Hilmer, S.N., Reeve, E., et al. Reducing inappropriate polypharmacy: the process of deprescribing. JAMA Internal Medicine, 2015.
Brownlee, S., Chalkidou, K., Doust, J., et al. Evidence for overuse of medical services around the world. The Lancet, 2017.
El Sistema de Salud Mount Sinai (MSHS), uno de los centros médicos académicos más grandes de la ciudad de Nueva York, enfrentaba un desafío común en el acceso de los pacientes: las personas que presentaban nuevos síntomas a menudo no sabían a dónde acudir, lo que contribuía a retrasos en la atención, visitas innecesarias a clínicas y servicios de urgencias, y un uso ineficiente de los recursos de los proveedores y las instalaciones. Para mejorar la orientación en la atención, MSHS implementó una solución digital de autotriaje escalable, basada en evidencia e impulsada por inteligencia artificial (IA).
Después de una evaluación competitiva del mercado y un proceso de solicitud de propuestas que comenzó en 2021, MSHS seleccionó Clearstep, una plataforma desarrollada en colaboración con el Dr. Barton Schmitt, coautor de los protocolos de triaje telefónico Schmitt-Thompson.
Clearstep combinaba una capa de procesamiento probabilístico del lenguaje natural con un sistema experto clínico basado en reglas. La solución, denominada “Check Symptoms & Get Care”, se implementó en el sitio web público de MSHS y se integró en la aplicación móvil MyMountSinai (con tecnología Epic) a principios de 2023. De más de 60 000 visitas, aproximadamente 22 000 pacientes completaron sesiones de triaje digital (37 % de inicio y aproximadamente 80 % de finalización), con un alto grado de satisfacción (una puntuación de 85,5 en la escala de usabilidad del sistema y aproximadamente el 75 % de los usuarios calificaron con 8 o más de 10), un amplio uso fuera del horario laboral (71 % de uso fuera del horario comercial) y cero incidentes de seguridad reportados.
La comparación ciega entre médicos y la revisión continua posterior a la implementación demostraron una concordancia del 88 % al 96 % con el triaje médico. Los autores describen el equipo, los obstáculos, las métricas y una hoja de ruta escalonada para que las organizaciones con diferentes niveles de preparación técnica puedan adaptar este modelo.
Conclusiones clave
•El triaje digital mejora la experiencia del paciente. Un verificador de síntomas con IA bien implementado puede reducir significativamente el estrés de los pacientes que buscan atención médica. La herramienta «Verifica tus síntomas y obtén atención» del Mount Sinai cumplió con las expectativas de las personas nativas digitales, permitió el acceso a orientación las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y dirigió a los pacientes al centro de atención adecuado sin necesidad de que realizaran una llamada telefónica.
•La revisión de la evidencia garantiza la seguridad. El triaje basado en IA debe fundamentarse en contenido clínico fiable. Al desarrollar una plataforma en colaboración con un coautor de los protocolos de triaje de Schmitt-Thompson, Mount Sinai garantizó la seguridad y fiabilidad de las recomendaciones. El resultado fueron más de 20 000 usos con una tasa de finalización aproximada del 80 % y cero incidentes de seguridad notificados, lo que demuestra que el triaje basado en IA puede implementarse de forma segura a gran escala.
•La integración en la historia clínica electrónica y el flujo de trabajo es fundamental. Para maximizar su adopción e impacto, la herramienta de triaje digital debe integrarse en los flujos de trabajo existentes tanto para pacientes como para profesionales sanitarios. La herramienta de Mount Sinai era accesible tanto en la web como dentro de la aplicación Epic MyChart, lo que permitía una experiencia fluida para el paciente en todos los canales. La integración también significaba que los pacientes podían dar directamente los siguientes pasos (como programar una cita) y los médicos podían ver los resultados del triaje, en lugar de que la herramienta funcionara de forma aislada.
•El trabajo en equipo interdisciplinario es fundamental para el éxito. La implementación de la IA en la atención médica requiere un equipo multidisciplinario. El éxito de Mount Sinai se basó en un sólido liderazgo clínico, experiencia especializada en TI/digital, aportaciones de especialistas en experiencia del paciente y un socio proveedor colaborador. Este enfoque interdisciplinario ayudó a superar eficazmente los obstáculos técnicos y clínicos. El respaldo de la alta dirección proporcionó la visión y los recursos necesarios para superar los desafíos. Esto incluyó una estrategia coherente para determinar si la solución de triaje con IA se desarrollaría internamente o se adquiriría a través de un proveedor externo (es decir, mediante licencia).
•La mejora continua sigue siendo necesaria. El monitoreo constante de las métricas y la retroalimentación de los usuarios es esencial para perfeccionar los algoritmos de triaje y la interfaz de usuario. Los sistemas de salud deben definir qué significa el éxito (por ejemplo, mayor conversión de usuarios del verificador de síntomas a citas programadas, reducción de visitas innecesarias a la sala de emergencias, etc.) y realizar un seguimiento de esos resultados. Además, es importante vincular estos esfuerzos con los objetivos organizacionales. Por ejemplo, Mount Sinai considera el triaje digital como una forma de mejorar el acceso a la atención y captar pacientes dentro de su red, lo que respalda tanto su misión como su sostenibilidad financiera a través de una mayor eficiencia operativa y retención de pacientes.
El desafío
En 2021, grupos focales que investigaban los principales desafíos que enfrentan los pacientes del Sistema de Salud Mount Sinai (MSHS), uno de los centros médicos académicos más grandes de la ciudad de Nueva York, revelaron que las personas a menudo no saben a quién acudir cuando presentan nuevos síntomas y tienen dificultades para decidir entre la amplia gama de opciones disponibles. Esta confusión ha provocado que algunos pacientes retrasen la atención médica necesaria y que otros realicen visitas innecesarias a clínicas o salas de emergencia. A gran escala, esto contribuye de manera crucial al uso inadecuado de los recursos de los proveedores y las instalaciones en todo el sistema, lo que conlleva un aumento en los costos de la atención, la saturación de los servicios de urgencias y la escasez de personal.
El objetivo
El objetivo era claro: seleccionar e implementar una solución digital de autotriaje escalable, basada en evidencia y centrada en el paciente para gestionar miles de interacciones con pacientes y una amplia gama de escenarios clínicos. Mount Sinai buscaba que esta plataforma aprovechara algoritmos clínicamente fiables, de modo que la base de cualquier recomendación pudiera ser auditada de forma independiente por los médicos. La dirección también reconoció, a partir de los grupos focales de Mount Sinai, que algunos pacientes, especialmente los más jóvenes, preferían herramientas en línea prácticas en lugar de llamar a las líneas de enfermería o navegar por los sistemas de salud por su cuenta (por ejemplo, llamar a clínicas individuales, buscar en directorios de proveedores o dirigirse por su cuenta a un centro de atención adecuado sin orientación). Era fundamental que la solución siguiera siendo fácil de usar, rápida y atractiva para cualquier persona en apuros. La visión también incluía ofrecer a los pacientes una puerta de entrada digital a la atención médica las 24 horas del día, los 7 días de la semana, mediante la respuesta a un cuestionario guiado sobre sus síntomas, lo que iniciaría recomendaciones clínicamente personalizadas para los siguientes pasos. Al implementar esta solución tanto en su sitio web como en su aplicación, Mount Sinai buscaba llegar a los pacientes dondequiera que estuvieran, acortar el tiempo de acceso a la atención adecuada y, en última instancia, mejorar los resultados y la satisfacción.Las herramientas digitales de autotriaje no son nuevas. Sus orígenes se remontan a los sistemas de triaje telefónico dirigidos por enfermeras, establecidos por primera vez en las décadas de 1980 y 1990, con los protocolos Schmitt-Thompson convirtiéndose en el estándar clínico de facto para los centros de llamadas de enfermería en todo Estados Unidos. A partir de finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, los verificadores de síntomas en línea llevaron la lógica del triaje directamente a los consumidores a través de la web (por ejemplo, Isabel Healthcare, el Verificador de Síntomas de WebMD), y la última década ha visto una rápida expansión de las plataformas impulsadas por inteligencia artificial (IA) (por ejemplo, Ada, Buoy, Babylon y las ofertas de «autotriaje guiado» de los proveedores de registros médicos electrónicos [EHR]) que combinan cuestionarios estructurados, contenido clínico basado en reglas y, cada vez más, componentes de aprendizaje automático para la interpretación de síntomas en texto libre. Un análisis comparativo reciente de los sistemas digitales de autotriaje de EE. UU. contrasta los enfoques basados en reglas con los de aprendizaje automático y destaca cómo el campo ha madurado en dimensiones de contenido clínico, integración y comprensión del lenguaje. 1 A pesar de esta maduración, las implementaciones a gran escala e integrales de triaje con IA dentro de los sistemas de salud de EE. UU. (especialmente aquellas que se integran con la historia clínica electrónica, presentan acciones programables e informan resultados a gran escala) siguen estando escasamente documentadas en la literatura; este estudio de caso pretende añadir un relato detallado de la implementación a ese registro.
La ejecución
Selección de proveedores
En 2021, un equipo multidisciplinario analizó las plataformas digitales disponibles para la verificación de síntomas. El equipo consideró el módulo de autotriaje integrado en la historia clínica electrónica (HCE); sin embargo, esta herramienta no incluía un conjunto completo de protocolos de triaje compatibles. Por lo tanto, su adopción a gran escala habría requerido que el personal clínico de Mount Sinai elaborara, validara y mantuviera continuamente sus propias reglas de decisión de triaje (por ejemplo, vías de consulta principal, criterios de derivación, lógica de preguntas específicas por edad y sexo). Además, la solución de autotriaje integrada en la HCE no ofrecía una experiencia para pacientes no autenticados que accedían desde el sitio web público de Mount Sinai.El equipo decidió aprovechar una biblioteca de protocolos validada externamente y actualizada continuamente 2 e inició un proceso integral de evaluación de mercado y solicitud de propuestas. Los proveedores potenciales fueron calificados según criterios como contenido clínico, facilidad de integración, experiencia de usuario y escalabilidad. Este proceso llevó a Mount Sinai a seleccionar Clearstep (ver Divulgaciones para conocer las relaciones financieras de ciertos coautores con el proveedor), una plataforma de triaje impulsada por IA que fue creada en asociación con el coautor de los mismos protocolos de triaje telefónico en los que confía el 95 % de los centros de llamadas de enfermería en todo el país (Dr. Barton Schmitt, coautor de los protocolos de triaje Schmitt-Thompson). 1 Esta herramienta utiliza métodos estadísticos computacionales, como una capa de procesamiento del lenguaje natural (PLN) probabilístico que asigna la descripción de los síntomas en texto libre de un paciente a una queja principal estructurada. Esta capa de PLN es un clasificador de texto supervisado, entrenado con un enfoque de aprendizaje profundo (red neuronal) para datos de síntomas etiquetados reportados por el paciente y aumentado en la inferencia con un modelo de lenguaje grande para manejar paráfrasis y entradas ambiguas. Devuelve puntuaciones de confianza calibradas que impulsan un paso de afirmación para el usuario de «confirmar/negar o elegir una alternativa» antes de que se proceda con el triaje. 3La plataforma también utiliza un sistema experto clínico basado en reglas (es decir, la propia clasificación inicial se calcula de forma determinista mediante un motor de reglas creado por expertos que aplica una versión mejorada de los protocolos de clasificación telefónica del Dr. Schmitt)
Implementación
El departamento de Socios Digitales y Tecnológicos de Mount Sinai colaboró con Clearstep para configurar la herramienta resultante, denominada “Check Symptoms & Get Care” (CSGC). Se implementó a través de dos canales: mediante diversos puntos de acceso en el sitio web público de Mount Sinai y mediante una integración en la aplicación móvil MyMountSinai, desarrollada por Epic e integrada en MyChart ( Fig. 1 ).
4-6 Este enfoque dual permitió llegar tanto a pacientes nuevos que no tenían una cuenta de MyMountSinai como a pacientes ya registrados que podían accedera la herramienta a través de la aplicación de Mount Sinai.
Puntos de entrada para el usuario e interfaz de triaje de IA para CSGC.
En ambos casos, un chatbot utilizó PLN para preguntar a los pacientes sobre sus síntomas, administrar un cuestionario de 2 a 4 minutos y proporcionar los pasos a seguir clínicamente óptimos.3 La experiencia también incluyó una opción de atención directa para que el paciente pudiera elegir.
El equipo de Mount Sinai trabajó con Clearstep para configurar los puntos finales de triaje específicos para su sistema, asegurando que las recomendaciones de CSGC dirigieran a los pacientes a las instalaciones y proveedores de Mount Sinai, integrándose además con Epic para mostrar los espacios de citas programables.Por ejemplo, se le podría informar a un paciente que sus síntomas probablemente no requieran una visita a urgencias, pero que debería buscar atención médica próximamente, de acuerdo con las recomendaciones de las mejores prácticas clínicas. CSGC mostraría entonces opciones como «conéctese ahora con un médico de urgencias virtual», «programe una cita con su médico de cabecera» o «acuda a la clínica de urgencias más cercana», con la posibilidad de programar citas o un enlace para iniciar la consulta virtual.A finales de 2022, Mount Sinai se convirtió en el primer sistema de salud de la ciudad de Nueva York en implementar a gran escala una herramienta de triaje digital basada en IA. 7 , 8 Esta herramienta también representa el mayor despliegue urbano de triaje con IA reportado hasta la fecha en la literatura.
A finales de 2022, Mount Sinai se convirtió en el primer sistema de salud de la ciudad de Nueva York en implementar a gran escala una herramienta digital de triaje basada en inteligencia artificial. Esta herramienta sigue siendo, además, el mayor despliegue urbano de triaje con IA registrado hasta la fecha en la literatura científica.
Obstáculos
Implementar una solución de triaje con IA en un sistema de salud complejo presentó desafíos. Uno de ellos fue la integración tecnológica. Incorporar la herramienta CSGC a la aplicación MyMountSinai (desarrollada por el proveedor del sistema de historia clínica electrónica) resultó técnicamente complejo. En las pruebas iniciales, los usuarios a veces experimentaron problemas, como que el verificador de síntomas se abriera en un navegador externo o dificultades para volver a la aplicación. El equipo solucionó estos problemas colaborando con el soporte técnico del sistema de historia clínica electrónica para habilitar vistas web dentro de la aplicación e inicio de sesión único. Esto requirió desarrollo personalizado y varias rondas de pruebas.Otro obstáculo consistió en alinear a las partes interesadas y obtener financiación para un producto de terceros. Mount Sinai superó este desafío haciendo hincapié en la importancia estratégica del acceso digital y demostrando que los algoritmos basados en evidencia del proveedor elegido garantizarían la seguridad del paciente (una preocupación primordial para los médicos). El uso por parte del módulo de protocolos de triaje de enfermería probados, 9-14el mismo contenido de apoyo a la toma de decisiones para atención ambulatoria y fuera del horario laboral que se utiliza en aproximadamente el 95 % de los centros de llamadas de enfermería de EE. UU., también ayudó a mitigar estas preocupaciones. MSHS también destacó que el uso de un producto de terceros resultaría, en última instancia, más rentable que el desarrollo interno de una herramienta.Mount Sinai también llevó a cabo una rigurosa revisión interna de las reglas configuradas que el motor y los protocolos de preguntas de la plataforma utilizan para traducir el motivo principal de consulta y las respuestas de un paciente en una clasificación de triaje. Los médicos de Mount Sinai revisaron ejemplos de protocolos para el motivo principal de consulta, umbrales de escalamiento y la asignación de las clasificaciones recomendadas a los centros de atención locales antes del lanzamiento de la herramienta.También hubo obstáculos operativos. Por ejemplo, si la herramienta de triaje recomendaba una consulta virtual de urgencias, Mount Sinai necesitaba contar con proveedores de telemedicina disponibles y un flujo de trabajo para transferir al paciente del bot al médico. Esto implicaba la coordinación con el servicio de urgencias virtuales para garantizar la capacidad y un seguimiento rápido cuando el CSGC derivaba pacientes a dicho servicio. Por último, la introducción del CSGC a los pacientes requería una comunicación eficaz. El sistema de salud añadió avisos y enlaces en su sitio web, aplicación y boletines informativos para dar a conocer la nueva función del CSGC.
El equipo
La implementación de la herramienta de triaje con IA CSGC fue un esfuerzo multifuncional. La iniciativa fue liderada por el Director de Innovación Clínica de Mount Sinai, quien se aseguró de que los resultados de CSGC se alinearan con las buenas prácticas médicas. Contó con el apoyo del Director de Transformación Digital de Mount Sinai como promotor e impulsor de la iniciativa. En el aspecto técnico, los Socios Digitales y Tecnológicos de Mount Sinai, junto con el equipo de Marketing Digital (bajo la dirección del Director de Información Digital y el Director de Marketing), participaron activamente en la configuración de CSGC, su integración en la aplicación y la garantía del flujo y la seguridad de los datos. Operacionalmente, la implementación requirió la estrecha colaboración de un Product Owner del sistema de salud, un Gerente de Proyecto, un Director de Producción Web y un analista de EHR, con la supervisión de los Directores de Producto, Marketing Digital y Tecnologías de la Información, y la colaboración con los equipos clínicos, de ciberseguridad y operativos. Estas personas trabajaron en estrecha colaboración con un equipo de proveedores que incluía un Gerente de Producto, un Líder de Producto, un Diseñador Sénior, un Líder Clínico y un Líder de Ingeniería, conformando esencialmente un único equipo de proyecto multifuncional. Las reuniones semanales de implementación mantuvieron el proyecto en marcha.Es importante destacar que la colaboración con el proveedor no fue una simple transferencia; fue un desarrollo colaborativo. Los médicos y expertos en experiencia de usuario de Mount Sinai aportaron ideas sobre la formulación de las preguntas y el diseño de la interfaz para garantizar que fuera fácil de usar para el paciente y coherente con la imagen de marca de Mount Sinai. La plataforma del proveedor era lo suficientemente flexible como para ser personalizada con la marca de Mount Sinai. El equipo también involucró al grupo de experiencia del paciente desde el principio, quienes realizaron grupos focales con pacientes para probar el verificador de síntomas y recopilar más comentarios para su iteración. El equipo de producto de Mount Sinai reclutó grupos de usuarios evaluadores que midieron de forma independiente la usabilidad del sistema. Los resultados revelaron una puntuación de 85,5 en la escala de usabilidad del sistema, lo que se considera excelente ( Fig . 2 ). 15-20 El apoyo del liderazgo de la alta dirección fue otro elemento clave: los líderes y ejecutivos de Mount Sinai aseguraron el presupuesto y promovieron CSGC como una innovación emblemática en el acceso a la atención al paciente.Figura 2
Resultados SUS para CSGC.
Métrica
Después del lanzamiento, Mount Sinai realizó un seguimiento exhaustivo del uso y las medidas preliminares del proceso de CSGC, y este estudio se centra en informar los resultados del primer año después del lanzamiento de 2023 (es decir, un período de informe de mediados de 2023 a mediados de 2024). Los datos más recientes de 2025 están siendo analizados y validados para su inclusión en un estudio futuro, pero no pudieron incluirse a tiempo para la publicación. En el primer año informado después de la implementación, de más de 60 000 visitas, aproximadamente 22 000 pacientes completaron sesiones de triaje digital a través del sistema (tasa de inicio del 37 %). Entre los iniciadores, el 80 % completó una conversación (tasa de finalización). Las 10 quejas principales de búsqueda coincidieron bien con las informadas en los centros de llamadas 21-23
( Fig . 3 ) . La distribución del triaje recomendado incluyó atención primaria (36%), telemedicina (27%), urgencias (18%), atención urgente (7%), ambulancia (4%), especialista (4%), atención domiciliaria (2%), salud conductual (1%), educación (1%) y atención asíncrona (1%) ( Fig. 4 ). Los pacientes interactuaron con las llamadas a la acción (CTA) a una tasa promedio del 33% en todos los tipos de atención reservables, con salud conductual y atención asíncrona (p. ej., visitas electrónicas) con tasas de interacción de más del 57% ( Fig. 5 ). La utilización varió significativamente según la hora del día con un gran volumen de datos recopilados durante las horas no laborales ( Fig. 6 ). Alrededor del 26% de las interacciones con CSGC ocurrieron durante el fin de semana y el 71% ocurrieron fuera del horario laboral ( Fig. 6 ).
Figura 3
Principales motivos de consulta en las conversaciones de triaje de CSGC completadas durante el primer año completo posterior al lanzamiento a finales de 2022 (año natural 2023).
Figura 4
Distribución de los centros de atención recomendados por CSGC.
Figura 5
Participación de CTA según el tipo de atención recomendada.
Figura 6
Utilización de CSGC por día de la semana.
La edad promedio de los participantes fue de 36,4 años, desde recién nacidos hasta los 100 años de edad. Los datos mostraron que los usuarios tenían 2,58 veces más probabilidades de reportar su sexo biológico al nacer como femenino (31%) que como masculino (12%), siendo la cohorte más grande la que eligió «desconocido» (57%) y la más pequeña la que reportó intersexualidad (0,29%). El sexo del usuario se solicitó solo si dicha información era necesaria para las recomendaciones de triaje, lo que puede explicar el alto porcentaje de quienes respondieron «desconocido». La gran mayoría de los usuarios participaron en inglés, aunque el 0,22% de los usuarios participaron en la experiencia en español (dialecto mexicano) (
Distribución demográfica de los pacientes usuarios de CSGC (año calendario 2023).
En general, los pacientes también reportaron una experiencia positiva con CSGC ( Fig. 8A ); aproximadamente el 50% de todos los usuarios que evaluaron la herramienta la calificaron con un 9 o más sobre 10 y más del 75% la calificaron con un 8 o más ( Fig. 8A ). La distribución de la puntuación del esfuerzo del cliente también mostró una distribución asimétrica positiva, con la mayoría de los usuarios calificando la experiencia con un 5, 6 o 7 sobre 7 ( Fig. 8B ).Figura 8
Experiencia de los pacientes con CSGC.
Medidas preliminares del proceso clínico
Mount Sinai ha observado medidas preliminares más amplias en el proceso posterior. CSGC preguntó aleatoriamente a los usuarios sobre sus planes de atención antes de que vieran los resultados de CSGC y descubrió que la mayoría de los encuestados no estaban seguros (26%). Los usuarios con una «intención clara» sobre sus planes de atención variaron en sus respuestas, que incluyeron atención primaria (23%), atención especializada (18%) y autocuidado (11%).
En el primer año posterior a la implementación, de más de 60 000 visitas, aproximadamente 22 000 pacientes completaron las sesiones de triaje digital a través del sistema (tasa de inicio del 37 %).
Al comparar los resultados de la intención previa con la atención recomendada por CSGC, se observó que el 62 % de los pacientes con una «intención clara» presentaban una intención clínicamente subóptima. Esto significa que solo el 38 % de los pacientes tenían una intención previa que coincidía con la recomendación del triaje de IA. A los pacientes con una intención subóptima se les recomendó con mayor frecuencia buscar más atención (79 %), mientras que al grupo restante (21 %) se le recomendó buscar menos atención (
Concordancia y discordancia entre la intención previa y la atención recomendada por CSGC.
Muchos pacientes que probablemente habrían acudido a urgencias por falta de otras indicaciones fueron derivados de forma segura a entornos de menor complejidad, como una cita de atención primaria al día siguiente o una consulta virtual (
Fig. 9 ). Esto optimiza el uso de los recursos del sistema sanitario. Por otro lado, el CSGC ha recomendado adecuadamente la atención en urgencias para quienes realmente la necesitan, reforzando el principio de «la atención adecuada, en el lugar adecuado y en el momento adecuado».En cuanto a la tasa de cumplimiento con las opciones recomendadas, resulta interesante que aquellos pacientes cuya intención previa fue validada como correcta interactuaron con las CTA a una tasa un 10 % mayor que aquellos a los que el triaje de IA intentó redirigir (48 % frente a 38 %-39 %) (
Fig. 9 ). La capacidad de rastrear de manera definitiva si un paciente reservó o no la atención recomendada después de interactuar con la CTA está pendiente de que el sistema de salud implemente un «parámetro de origen de enlace» que permita la medición de la conversión de reservas. Dicho esto, otra implementación del mismo sistema de salud de EE. UU. de la misma solución de triaje de IA reveló una tasa de reserva del 51 % después de la interacción con la CTA dentro del mismo sistema de programación de EHR que Mount Sinai (
Tabla 1 ). El marco temporal de estas reservas dentro de la experiencia de Mount Sinai abarcó desde citas para el mismo día hasta visitas reservadas con 90 días de anticipación. Otras medidas preliminares del proceso clínico relacionadas con las pruebas diagnósticas solicitadas, los diagnósticos realizados, los tratamientos prescritos, el alivio de los síntomas, la morbilidad y la mortalidad son objeto de otro estudio. Se determinó que un análisis formal de costo-efectividad quedaba fuera del alcance de este estudio de caso de implementación, ya que requiere la vinculación con datos de reclamaciones y encuentros posteriores que no estaban disponibles en el conjunto de datos analíticos aquí presentado, y un modelo contrafactual de utilización de la atención en ausencia de CSGC; por lo tanto, reconocemos esto como una limitación y señalamos que el análisis de costo-efectividad es objeto de otro estudio. Tabla 1.
Conversión de reservas en la red integrada de prestación de servicios de EE. UU. mediante la implementación de la misma tecnología de triaje con IA e integración completa con la programación de la historia clínica electrónica.
Fundamentalmente, no se han reportado incidentes de seguridad del paciente al sistema de salud en relación con el triaje de IA a través de la retroalimentación de usuarios, médicos u otros miembros del personal. Además, se ha reportado un monitoreo continuo de seguridad a través de muestreo aleatorio, revisión clínica ciega y errores de clasificación errónea (
Tabla 2 ). Una comparación clínica ciega del mismo paciente realizada en un servicio de urgencias comunitario de EE. UU. encontró una concordancia exacta del 88 %, un 7 % de sobretriaje y un 5 % de subtriaje, con cuatro casos subtriaje revisados en detalle. Una revisión paralela mensual de muestra aleatoria posterior a la implementación por médicos certificados en emergencias, atención de urgencias y medicina interna demostró una concordancia del 93 % al 96 % con CSGC en todos los niveles de triaje durante un período de evaluación de 12 meses. Combinado con cero incidentes de seguridad del paciente relacionados con CSGC reportados a través del canal de notificación de incidentes del sistema de salud, estos hallazgos respaldan una implementación clínicamente segura a gran escala (
Tabla 2 ). Reconocemos como limitación que el presente estudio no incluyó un comparador directo con modalidades alternativas de orientación asistencial (por ejemplo, una línea de enfermería disponible las 24 horas o acceso ilimitado a la atención primaria el mismo día), lo que constituiría un punto de referencia más sólido que la ausencia de orientación. Un estudio comparativo de este tipo representa una importante línea de investigación futura.
Tabla 2.
Concordancia clínica de CSGC con la de médicos clínicos expertos.
Limitaciones adicionales
Una limitación de este estudio es que la implementación y el impacto pueden variar entre organizaciones con poblaciones de pacientes y entornos regulatorios diferentes. Nuestra evaluación se realizó dentro de un contexto específico del sistema de salud, y otros entornos pueden diferir en cuanto a las características demográficas de los pacientes (por ejemplo, distribución por edad, necesidades lingüísticas, factores socioeconómicos), la complejidad clínica y la casuística (por ejemplo, prevalencia de multimorbilidad o pacientes inmunocomprometidos), así como el nivel de alfabetización y acceso digital inicial (por ejemplo, disponibilidad de internet, familiaridad con las herramientas móviles, adopción del portal del paciente). Estos factores pueden influir en la cohorte de personas que utilizan el triaje digital y en la precisión con la que se introducen las descripciones de los síntomas en el sistema, lo que podría afectar la participación medida y los resultados posteriores.Además, los marcos legales y de gobernanza (por ejemplo, requisitos de privacidad, expectativas de consentimiento, regulaciones sobre dispositivos médicos/software y normas que rigen el apoyo a la toma de decisiones clínicas) varían según la jurisdicción y pueden influir en los flujos de trabajo permitidos, la profundidad de la integración y los requisitos de monitorización. Por consiguiente, nuestros hallazgos podrían no ser totalmente generalizables a sistemas más pequeños, redes rurales o entornos internacionales sin una adaptación local (por ejemplo, localización lingüística, personalización de la ruta a los centros de atención disponibles, diseño de accesibilidad y revisión del cumplimiento específico de la jurisdicción), y se necesitan futuros estudios multicéntricos que abarquen poblaciones y contextos regulatorios más diversos para caracterizar mejor el rendimiento y los resultados en diferentes entornos. La generalización se plantea mejor como una escalera de implementación escalonada que consta de un nivel fundamental (triaje en el sitio web público dirigido a los canales de acceso existentes y recursos estáticos), un nivel intermedio (programación en línea con enlaces profundos, entrada de telesalud y flujos de trabajo de devolución de llamada) y un nivel avanzado (puerta de entrada digital completa con autenticación vinculada a la historia clínica electrónica, vistas web en la aplicación, inicio de sesión único e interfaces de programación de aplicaciones para la programación). Los sistemas pueden adoptar el nivel que su infraestructura admite actualmente y evolucionar con el tiempo, lo que permite que el beneficio clínico direccional del triaje mediante IA se extienda incluso donde la integración completa de la historia clínica electrónica aún no es factible.
Los conocimientos del Mount Sinai a nivel sistémico sobre la necesidad de automatización en el contexto de la escasez de personal, la saturación de los servicios de urgencias y el uso subóptimo de los recursos de los proveedores y las instalaciones dieron lugar a un claro mandato para mejorar la experiencia de la navegación y el acceso a la atención médica.
¿Por dónde empezar?
Para los sistemas de salud que estén considerando implementar una herramienta de triaje basada en inteligencia artificial, la experiencia de Mount Sinai ofrece una guía general sobre por dónde empezar.
1.Investigue el problema y establezca criterios de éxito. Comience por identificar los puntos débiles específicos en el acceso o triaje de pacientes que necesita resolver. La visión integral de Mount Sinai sobre la necesidad de automatización en el contexto de la escasez de personal, la saturación de los servicios de urgencias y el uso subóptimo de los recursos de los proveedores y las instalaciones, dio lugar a un mandato claro para mejorar la experiencia de navegación y acceso a la atención médica. Adoptamos un enfoque centrado en la experiencia del paciente y diseñamos la solución en colaboración con pacientes y partes interesadas. Contar con esa visión bien definida ayudó a alinear al equipo desde el principio. Fundamentalmente, Mount Sinai también estableció criterios de éxito claros para evaluar los resultados. Esto incluyó la tasa de finalización de las sesiones de triaje iniciadas, las tasas de derivación de atención subóptima, la puntuación en la escala de usabilidad del sistema, el porcentaje de recomendaciones seguidas a través de la interacción mediante llamadas a la acción, la utilización fuera del horario habitual y la satisfacción de los pacientes con la experiencia.
2.Asegurar el liderazgo y crear un grupo de trabajo multidisciplinario. Garantizar que los patrocinadores ejecutivos (líderes clínicos y digitales) estén comprometidos y entusiasmados con el proyecto. Conformar un equipo de implementación multidisciplinario desde el principio, incluyendo operaciones clínicas, especialistas en integración de TI/EHR, representantes de la experiencia del paciente y, posiblemente, personal de centros de llamadas o telemedicina. Un médico líder puede conectar los ámbitos clínico y técnico, defendiendo la importancia del proyecto. El respaldo de la alta dirección también es fundamental para obtener financiación y cooperación entre departamentos.
3.Evalúe a los proveedores con criterios clave. Si opta por una solución de terceros, investigue a fondo mediante un proceso de solicitud de propuestas o un programa piloto. Busque una plataforma basada en evidencia (pregunte sobre el contenido clínico; por ejemplo, ¿utiliza protocolos validados?), configurable según los servicios de su organización y capaz de integrarse con su sistema de historia clínica electrónica/portal. Obtenga la opinión de los médicos para revisar la lógica clínica y del departamento de TI para evaluar la viabilidad de la integración. Considere también el historial del proveedor en materia de seguridad y su disposición a colaborar en personalizaciones. Evalúe cuidadosamente los modelos básicos en comparación con los sistemas especializados desarrollados específicamente para la clasificación de pacientes con criterios clínicos. Por ejemplo, la evaluación de ChatGPT Health realizada por nuestro grupo reveló tasas significativas de subclasificación y sobreclasificación, en desviación de los estándares clínicamente establecidos.
4.Planifique la integración y el flujo de trabajo. Integrar una herramienta de triaje con IA no es tan sencillo como instalarla y usarla, especialmente si se conecta a un sistema de historia clínica electrónica (HCE) y a una aplicación para pacientes. Colabore con su equipo de TI y el equipo técnico del proveedor para definir el flujo de datos. ¿La herramienta requerirá inicio de sesión único con su portal? ¿Cómo transferirá a los usuarios a los sistemas de programación de citas o telemedicina? ¿Desea que los datos de salida se registren en la HCE? Es fundamental definir estos puntos con anticipación para evitar sorpresas. Además, asegúrese de contar con la gobernanza adecuada (por ejemplo, revisión de cumplimiento y seguridad), ya que se manejarán datos de pacientes.
5.Pilotear e iterar. Considere un lanzamiento suave o una fase piloto. Puede comenzar con un subconjunto específico de pacientes o una línea de servicio particular (por ejemplo, Mount Sinai inicialmente vinculó la herramienta con su atención de urgencias virtuales como resultado principal). Monitoree cómo se está utilizando la herramienta y recopile comentarios tanto de pacientes como de médicos. Esté preparado para ajustar el contenido o corregir errores técnicos a medida que surjan (Mount Sinai requirió varias rondas de modificaciones técnicas para solucionar los problemas de integración de la aplicación). Un enfoque de implementación ágil, basado en sprints, puede ser muy efectivo para esto, como lo fue para el equipo digital de Mount Sinai. Esto significa entregar el trabajo en iteraciones cortas y con plazos fijos de aproximadamente 1 a 2 semanas, con un backlog definido, reuniones diarias de seguimiento y demostraciones y retrospectivas al final del sprint, lo que permite al equipo lanzar incrementalmente cambios de configuración, correcciones de integración y actualizaciones de contenido mientras incorpora los comentarios de usuarios y médicos entre iteraciones en lugar de esperar un único lanzamiento «big bang» o «waterfall».
6.Defina los indicadores clave de rendimiento (KPI) y realice un seguimiento del rendimiento. Antes del lanzamiento completo, defina cómo medirá el éxito. Los KPI podrían incluir números de utilización, tasa de finalización, porcentaje de usuarios que siguen la acción recomendada (por ejemplo, reservar una cita), puntuaciones de satisfacción del paciente y cualquier impacto en los volúmenes clínicos (¿los centros de atención de urgencias informaron un aumento de pacientes o disminuyeron las visitas no urgentes a urgencias?). Mount Sinai, por ejemplo, realizó un seguimiento de las finalizaciones, la satisfacción y la seguridad desde el primer día, y ahora considera la conversión a reserva como una métrica crítica. Configure paneles o informes para monitorear estos en tiempo real si es posible. El seguimiento continuo del rendimiento le permite celebrar los logros y abordar rápidamente cualquier problema (por ejemplo, si encuentra una ruta de síntomas en particular donde los usuarios suelen abandonar la herramienta, puede investigar y refinar esa parte del cuestionario).
7.Alinee su proyecto con los objetivos organizacionales. Finalmente, vincule su herramienta de triaje con los objetivos estratégicos y financieros generales de su organización. La inversión de Mount Sinai en CSGC se alineó con su objetivo estratégico de transformación digital y mejora del acceso, y probablemente respalda los objetivos financieros al aumentar la retención de pacientes y optimizar el uso de recursos. Asegúrese de comunicar cómo la herramienta contribuye a los resultados clave (por ejemplo, mayor retención de pacientes, uso más eficiente de servicios de alto costo, mejor calidad de la atención). Esta alineación ayudará a mantener el apoyo a la iniciativa y a asegurar los recursos para su crecimiento.
Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud — Universidad ISALUD
saludbydiaz.com
Ficha del estudio original Título: The Value Opportunity from Artificial Intelligence in U.S. Health Care SpendingAutores: Nikhil R. Sahni, Kate O’Gorman, Rahul Agarwal, Heather Bello Thornhill, David CutlerPublicación: NEJM Catalyst — Innovations in Care Delivery, Vol. 7, N.º 9, septiembre de 2026DOI: 10.1056/CAT.26.0037Afiliaciones: Harvard University (Departamento de Economía) y Center for U.S. Healthcare Improvement, McKinsey & Company
1. Introducción y propósito del estudio
El artículo, publicado en septiembre de 2026 en NEJM Catalyst, parte de un diagnóstico ampliamente compartido en la literatura de economía de la salud: el sistema sanitario estadounidense es percibido como excesivamente costoso en relación con los resultados que entrega, y durante décadas se han identificado oportunidades de reducción de costos que nunca llegaron a capturarse plenamente. Los autores sostienen que la inteligencia artificial (IA) podría ser la palanca que finalmente permita concretar esas ganancias de eficiencia pendientes.
El objetivo específico del trabajo es estimar el valor neto anual («run-rate») que podría lograrse dentro de un horizonte de cinco años mediante la adopción plena de casos de uso de IA en los principales interlocutores del sistema de salud —pagadores privados, pagadores públicos, hospitales, grupos médicos y otros sitios de atención— sin comprometer la calidad ni el acceso a la atención.
Los autores destacan que, pese a la enorme discusión pública sobre el potencial de la IA en salud, hasta este trabajo no existía una estimación integral y cuantificada del impacto agregado que podría tener sobre el gasto del sistema en su conjunto, basada en casos de uso ya probados en la práctica (y no solo teorizados).
Para construir la estimación, el equipo —liderado por investigadores de Harvard University y del Center for U.S. Healthcare Improvement de McKinsey & Company— convocó a un panel de más de 30 expertos (académicos, ejecutivos de salud, clínicos y consultores) que en conjunto habían observado la implementación de IA en más de 100 organizaciones sanitarias. A partir de esa experiencia colectiva —no de ensayos clínicos aleatorizados ni evidencia cuasiexperimental— tradujeron los casos observados en una estimación de la oportunidad de valor neto por interlocutor, dominio funcional, tipo de gasto y tecnología de IA.
2. Metodología
2.1 Definición y tecnologías de IA consideradas
El estudio define la IA como todo sistema basado en máquinas capaz de, dado un conjunto de objetivos definidos por humanos, generar predicciones, recomendaciones o decisiones que influyen sobre entornos reales o virtuales. Dentro de esa definición, identifica tres tecnologías predominantes en el sector salud al momento del relevamiento (octubre de 2023 a marzo de 2024):
Machine Learning (ML): técnicas computacionales que aprenden de ejemplos en lugar de operar con reglas predefinidas; por ejemplo, predecir qué pacientes tienen mayor probabilidad de sufrir eventos adversos durante una internación.
Natural Language Processing (NLP): capacidad de una computadora de comprender lenguaje humano y transformar texto no estructurado en datos estructurados; por ejemplo, extraer de la nota clínica los datos necesarios para una autorización previa.
IA generativa (genAI): modelos de lenguaje de gran escala capaces de aprender patrones abstractos para interpretar y crear texto, imágenes, video y datos; por ejemplo, transcribir la consulta y generar un borrador de la nota clínica.
Los autores señalan explícitamente que estas eran las tecnologías prevalentes al inicio del estudio, y reconocen que la IA agéntica —sistemas capaces de tomar decisiones de forma autónoma— ya está disponible pero no fue modelada en este trabajo, por lo que la oportunidad real podría ser mayor a la aquí estimada.
2.2 Interlocutores y dominios funcionales
El análisis se concentra en tres interlocutores —pagadores privados, hospitales y grupos médicos—, que en conjunto representan el 70% del EBITDA total de la industria, aunque también incluye estimaciones para pagadores públicos y otros sitios de atención (como salud domiciliaria y cuidados de enfermería).
Para hospitales y grupos médicos se identificaron nueve dominios funcionales con casos de uso de IA: continuidad de la atención, insights de red y mercado, operaciones clínicas, analítica clínica, calidad y seguridad, atención basada en valor, reembolso, funciones corporativas y activación del consumidor (este último no fue dimensionado). Para los pagadores privados se identificaron seis dominios: gestión de la salud, gestión de la relación con proveedores, gestión de reclamos (claims management), servicios al afiliado, funciones corporativas y marketing y ventas (tampoco dimensionado, junto con activación del consumidor, por tratarse de efectos de segundo orden que principalmente reasignan pacientes entre organizaciones).
Interlocutor
Dominio
Ejemplos de casos de uso
Hospitales
Operaciones clínicas
Optimización de bloques quirúrgicos, dictado ambiental
Hospitales
Calidad y seguridad
Predicción de eventos adversos, detección de deterioro
Hospitales
Continuidad de la atención
Recomendación de derivaciones, recordatorios al paciente
Grupos médicos
Operaciones clínicas
Predicción de inasistencias, optimización del flujo de trabajo
Grupos médicos
Analítica clínica
Apoyo diagnóstico, sugerencia de tratamiento
Pagadores privados
Gestión de reclamos
Autoadjudicación, detección de fraude/abuso
Pagadores privados
Gestión de la salud
Predicción de reingresos evitables, apoyo en salud conductual
Pagadores privados
Relación con proveedores
Diseño de red, optimización de directorios
2.3 Tipo de gasto: administrativo y médico
Para cada dominio se analizó por separado el impacto sobre el gasto administrativo y el gasto médico, partiendo de los datos oficiales de las National Health Expenditure Accounts (NHEA) de 2024 —el último año con datos completos disponibles—. En el caso de los pagadores, Medicare y Medicaid se dividieron en su componente de pago por servicio (fee-for-service) y su componente de mercado privado; en el caso de los proveedores, se partió del gasto hospitalario total, el gasto en atención médica ambulatoria y la sumatoria de servicios odontológicos, otros servicios profesionales, atención domiciliaria y cuidados de enfermería para «otros sitios de atención». Para hospitales y grupos médicos, además, el gasto médico se subdividió en costo laboral (por ejemplo, personal clínico) y no laboral (por ejemplo, diagnóstico e insumos).
2.4 Estimación de la oportunidad de valor
Los autores definen «valor neto» como el ahorro bruto total menos los gastos anuales de operar la IA (mantenimiento tecnológico y laboral asociado). Para cada dominio estimaron un porcentaje de ahorro bruto, ya limitado («capado») antes de que pudiera generar efectos negativos sobre la calidad o el acceso, basándose en la literatura existente, en el panel de expertos y en su experiencia colectiva con implementaciones reales de IA en cientos de organizaciones. Ese porcentaje se multiplicó por el valor en dólares del gasto asociado para obtener el valor neto total de cada dominio.
Para los pagadores públicos, el equipo partió de la estimación de oportunidad de los pagadores privados —que comparten varias funciones y operaciones— y asumió que la oportunidad de valor equivaldría al 75% de la de los pagadores privados. Para «otros sitios de atención», partió de la estimación de los grupos médicos y asumió el 50% de esa oportunidad, dadas las diferencias en la complejidad de los pacientes, la composición del personal clínico y la menor cantidad de dominios de IA aplicables.
Es importante señalar que las estimaciones no incluyen los costos de implementación únicos (one-time), que la literatura previa sitúa entre 1,0 y 1,5 veces el valor neto anual, ni modelan una adopción gradual en el tiempo: representan el impacto anual de régimen («run-rate») una vez alcanzada la adopción plena.
2.5 Prevención del doble conteo
Para evitar contar el mismo ahorro dos veces, los autores establecieron una regla: cuando un cambio habilitado por IA reduce, por ejemplo, la cantidad de estudios de imagen realizados, el valor se asigna únicamente al proveedor si este no traslada el costo evitado al pagador (por ejemplo, bajo un sistema de pago por Grupo Relacionado de Diagnóstico), o únicamente al pagador si este simplemente no reembolsa un estudio considerado inapropiado. En consecuencia, las estimaciones de valor para los proveedores incluyen solo el valor que no fluye automáticamente hacia los pagadores (como necesitar menos personal técnico para un procedimiento), mientras que los cambios en la cantidad de servicios prestados se contabilizan como valor para los pagadores.
3. Resultados
3.1 Línea de base del gasto por interlocutor (2024)
El gasto administrativo representó el 9,6% del gasto total de los pagadores privados y el 4,7% del de los pagadores públicos, siendo el resto gasto médico. Entre los proveedores, el gasto administrativo osciló entre el 22,5% de los hospitales y el 31,4% de otros sitios de atención.
Interlocutor
Gasto médico (US$B, % del total)
Gasto administrativo (US$B, % del total)
Pagadores privados
US$2.659 (90,4%)
US$282 (9,6%)
Pagadores públicos
US$1.169 (95,3%)
US$58 (4,7%)
Hospitales
US$1.180 (77,5%)
US$343 (22,5%)
Grupos médicos
US$747 (71,4%)
US$300 (28,6%)
Otros sitios de atención
US$638 (68,6%)
US$293 (31,4%)
3.2 Impacto agregado del sistema
Asumiendo un escenario de adopción plena —en el que todos los interlocutores adoptan íntegramente la IA en todos los dominios, tanto en gasto administrativo como médico, y en las tres tecnologías consideradas—, los autores estiman un valor neto anual de régimen de entre 5,7% y 10,6% del gasto sanitario total, equivalente a entre US$438.900 y US$810.700 millones anuales (en dólares de 2024), sobre un gasto total de US$7,7 billones. Los casos de uso liderados por IA generativa explican entre el 54,4% y el 55,9% de esa oportunidad total.
El gasto administrativo podría reducirse entre 9,4% y 19,8% (US$120.100–252.000 millones anuales), lo que representa el 29,8% del valor total estimado. El gasto médico podría reducirse entre 5,0% y 8,7% (US$318.800–558.600 millones anuales), explicando el 70,2% restante del valor.
Interlocutor
Oportunidad total (US$B / % del gasto)
Liderada por genAI
Pagadores privados
US$205,1–357,0 (7,0–12,1%)
58,9–59,9%
Pagadores públicos
US$62,4–107,4 (5,1–8,8%)
54,8–55,6%
Hospitales
US$130,6–219,5 (8,6–14,4%)
51,7–52,4%
Grupos médicos
US$29,0–89,9 (2,8–8,6%)
46,6–48,3%
Otros sitios de atención
US$11,9–36,9 (1,3–4,0%)
44,4–45,8%
TOTAL SISTEMA
US$438,9–810,7 (5,7–10,6%)
54,4–55,9%
3.3 Resultados por interlocutor
Hospitales. El valor neto anual estimado para los hospitales es de 8,6% a 14,4% del gasto total hospitalario (US$130.600–219.500 millones). El gasto administrativo podría reducirse entre 13,1% y 23,7% (US$44.800–81.200 millones, el 36,0% del valor total del interlocutor), mientras que el gasto médico podría reducirse entre 7,3% y 11,7% (US$85.700–138.300 millones, el 64,0% restante). Los dominios de mayor impacto financiero son operaciones clínicas (6,2%–9,3% del gasto hospitalario total, con casos de uso como la optimización de bloques quirúrgicos), seguido de calidad y seguridad (1,2%–2,4%) y continuidad de la atención (0,5%–1,2%).
Grupos médicos. El valor neto anual estimado es de 2,8% a 8,6% del gasto total de los grupos médicos (US$29.000–89.900 millones). El gasto administrativo podría reducirse entre 4,8% y 14,9% (US$14.200–44.700 millones, el 49,6% del valor total), y el gasto médico entre 2,0% y 6,1% (US$14.800–45.200 millones, el 50,4% restante). Los dominios con mayor impacto son operaciones clínicas (1,6%–4,3%, con casos de uso como la predicción de inasistencias a consulta), continuidad de la atención (0,6%–1,9%) y analítica clínica (0,2%–0,5%).
Pagadores privados. El valor neto anual estimado es de 7,0% a 12,1% del gasto total de los pagadores privados (US$205.100–357.000 millones). El gasto administrativo podría reducirse entre 16,2% y 31,8% (US$45.700–89.400 millones, el 24,0% del valor total), y el gasto médico entre 6,0% y 10,1% (US$159.400–267.600 millones, el 76,0% restante, con casos de uso como la predicción de reingresos evitables). Los dominios de mayor impacto son gestión de la salud (3,5%–5,3%), gestión de la relación con proveedores (1,8%–3,5%) y gestión de reclamos (1,4%–2,7%).
4. Discusión
Los autores subrayan que el valor estimado se distribuye entre todos los pagadores y proveedores —y también entre proveedores tecnológicos y pacientes—, abarcando tanto el gasto médico como el administrativo. Las mayores oportunidades del lado médico están en la gestión de la salud (pagadores gestionando pacientes de alta necesidad) y en las operaciones clínicas (gestión de la fuerza laboral y del throughput de los proveedores). Del lado administrativo, las mayores oportunidades están en la gestión de reclamos (pagadores) y en funciones corporativas como centros de llamadas y notas clínicas (pagadores y proveedores por igual).
El estudio destaca que la mayor parte de la oportunidad recae sobre los costos laborales, el principal rubro de costo variable para todos los interlocutores, lo que podría revertir una tendencia histórica de baja productividad laboral en el sector. Los autores aclaran explícitamente que su análisis es agnóstico respecto de cómo se utilizaría ese valor liberado —ya sea retenido como margen o reinvertido en la recapacitación de la fuerza de trabajo— y que no implica necesariamente una reducción del empleo.
4.1 ¿Por qué la adopción sigue siendo baja?
Frente a la magnitud de la oportunidad estimada, el artículo se pregunta por qué la IA no está siendo utilizada a mayor escala. Ofrece varias explicaciones: en primer lugar, la escala real de la oportunidad simplemente no era conocida hasta ahora. En segundo lugar, la adopción sigue siendo difícil, en particular en el ámbito clínico, donde los profesionales suelen sentirse incómodos con que la IA participe en decisiones clínicas; en consonancia con esto, la adopción está más avanzada en tareas administrativas que en tareas médicas.
En tercer lugar, la implementación exitosa requiere cambios organizacionales paralelos: entrenar un algoritmo no es lo más difícil, sino preparar los datos para su ingesta y modificar los comportamientos y flujos de trabajo necesarios. Según la experiencia de los autores, las organizaciones que implementan solo algunos casos de uso aislados obtienen un impacto limitado en sus resultados financieros, mientras que aquellas que transforman un dominio completo —como operaciones clínicas— logran un impacto mayor, al combinar la IA con el rediseño de procesos, mayor atención directiva y el financiamiento de los costos iniciales del cambio, incluida la deuda técnica existente.
Un factor adicional es la estructura de los pagos a proveedores: al ser todavía predominantemente por pago por servicio (fee-for-service), los incentivos para capturar el valor creado por la IA pueden no estar alineados con quien lo genera. Los autores señalan que los esquemas de pago basado en valor —y modelos recientes como el programa ACCESS de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS)— crean mayor alineación al incentivar explícitamente el uso de la IA para reducir la utilización de bajo valor.
4.2 Limitaciones reconocidas por los autores
El estudio se basa en la experiencia observada de un panel de expertos, no en ensayos clínicos aleatorizados ni evidencia cuasiexperimental, por lo que su base de evidencia es más especulativa que un análisis ex post.
Solo se consideraron las tecnologías de IA prevalentes al inicio del estudio (ML, NLP y genAI); no se modeló la IA agéntica, ya disponible pero surgida después del relevamiento.
Se asumió una adopción casi plena de la IA, sin modelar la velocidad real de adopción ni los desafíos de gestión del cambio, recapacitación de personal y disrupción de flujos de trabajo.
No se incluyeron los costos de implementación únicos, estimados en 1,0 a 1,5 veces el valor neto anual, que podrían ser particularmente difíciles de absorber para interlocutores de menor margen (hospitales, consultorios médicos) y organizaciones más pequeñas (hospitales rurales, planes de salud de un solo estado).
No se asumió una línea de base de adopción ya existente en las organizaciones, pese a que hay evidencia de uso incipiente de herramientas de IA.
Se ignoró la adopción de IA en otras partes del ecosistema de salud, como la formación médica, el descubrimiento de fármacos y la fabricación de dispositivos.
No se modelaron efectos de segundo orden, como el incremento del volumen de prestaciones que podría producirse al liberar tiempo clínico (por ejemplo, más cirugías si cada una insume menos tiempo), ni el posible aumento de la utilización derivado de iniciativas de activación del consumidor, como la promoción de la atención preventiva.
Podrían existir superposiciones de impacto financiero entre casos de uso de distintos interlocutores que el análisis no haya capturado por completo.
5. Mirando hacia adelante
Los autores concluyen que el valor estimado de la IA podría afectar de manera significativa la trayectoria del gasto sanitario estadounidense, y que los desafíos de adopción a nivel organizacional e industrial —aunque persistentes— no son insuperables, como muestra la experiencia de otras industrias que atravesaron transformaciones similares.
Concretar ese potencial requerirá superar barreras de implementación organizacional, especialmente en los dominios clínicos, lo que incluye una gestión de datos efectiva, talento y habilidades adecuados, y estructuras de gobernanza apropiadas. Aun resolviendo esas barreras internas, la adopción masiva podría verse limitada por desafíos de nivel industrial, tanto sociales (alineación de los profesionales clínicos, confianza de los pacientes) como tecnológicos (datos fragmentados y no estructurados, problemas de integración de sistemas).
Por eso, según los autores, las organizaciones deben combinar la implementación de IA con gestión del cambio, rediseño de procesos e inversión en infraestructura para lograr un impacto sostenido, mientras que los esfuerzos de política pública que incentiven y orienten una adopción responsable de la IA podrían potenciar estos esfuerzos organizacionales.
Ideas clave para la gestión sanitariaEl valor estimado de la IA (5,7%–10,6% del gasto total) no se logra con casos de uso aislados: los mayores resultados aparecen cuando se transforma un dominio completo (por ejemplo, todo el proceso de operaciones clínicas), combinando IA con rediseño de procesos. La mayor parte del valor está en costos laborales, el rubro de costo variable más importante para todos los interlocutores del sistema. La alineación de incentivos entre financiador y prestador —hoy debilitada por el predominio del pago por servicio— condiciona qué parte del valor generado por la IA efectivamente se capta y quién la capta. Los costos de implementación (no incluidos en las cifras de valor neto) pueden equivaler a 1 a 1,5 veces el ahorro anual, un desafío mayor para instituciones de menor escala o margen más ajustado.
Referencias bibliográficas
Referencia completa del estudio resumido:
Sahni NR, O’Gorman K, Agarwal R, Bello Thornhill H, Cutler D. The Value Opportunity from Artificial Intelligence in U.S. Health Care Spending. NEJM Catal Innov Care Deliv. 2026;7(9). DOI: 10.1056/CAT.26.0037.
Bibliografía citada por los autores en el artículo original:
1. Papanicolas I, Woskie LR, Jha AK. Health care spending in the United States and other high-income countries. JAMA 2018;319:1024-1039.
2. Schneider EC, Sarnak DO, Squires D, Shah A, Doty MM. Mirror, mirror 2017: international comparison reflects flaws and opportunities for better U.S. health care. New York, NY: The Commonwealth Fund, 2017.
3. Sarnak DO, Squires D, Bishop S. Paying for prescription drugs around the world: why is the U.S. an outlier? New York, NY: The Commonwealth Fund, 2017.
4. Anderson GF, Hussey P, Petrosyan V. It’s still the prices, stupid: why the US spends so much on health care, and a tribute to Uwe Reinhardt. Health Aff (Millwood) 2019;38:87-95.
5. Anderson GF, Reinhardt UE, Hussey PS, Petrosyan V. It’s the prices, stupid: why the United States is so different from other countries. Health Aff (Millwood) 2003;22:89-105.
6. Sahni NR, Mishra P, Carrus B, Cutler DM. Administrative simplification: how to save a quarter-trillion dollars in US healthcare. Detroit, MI: McKinsey & Company, 2021.
7. Berwick DM, Hackbarth AD. Eliminating waste in US health care. JAMA 2012;307:1513-1516.
8. Bates DW, Levine D, Syrowatka A, et al. The potential of artificial intelligence to improve patient safety: a scoping review. NPJ Digit Med 2021;4:54.
9. Shrank WH, Rogstad TL, Parekh N. Waste in the US health care system: estimated costs and potential for savings. JAMA 2019;322:1501-1509.
10. Himmelstein DU, Jun M, Busse R, et al. A comparison of hospital administrative costs in eight nations: US costs exceed all others by far. Health Aff (Millwood) 2014;33:1586-1594.
11. Turner A, Miller G, Lowry E. High U.S. health care spending: where is it all going? New York, NY: The Commonwealth Fund, 2023.
12. Gunja MZ, Gumas ED, Williams II RD. U.S. health care from a global perspective, 2022: accelerating spending, worsening outcomes. New York, NY: The Commonwealth Fund, 2023.
13. Papanicolas I, Cylus J, Lorenzoni L. Cross-country comparisons in health price growth over time. Health Serv Res 2024;59:e14295.
14. Organisation for Economic Co-operation and Development. Understanding differences in health expenditure between the United States and OECD countries. Paris: OECD, 2022.
15. Sahni N, Kumar P, Levine E, Singhal S. The productivity imperative for healthcare delivery in the United States. McKinsey & Company, 2019.
16. Sahni NR, Carrus B. Artificial intelligence in U.S. health care delivery. N Engl J Med 2023;389:348-358.
17. Shaheen MY. Applications of Artificial Intelligence (AI) in healthcare: a review. ScienceOpen, 2021.
18. Paul D, Sanap G, Shenoy S, Kalyane D, Kalia K, Tekade RK. Artificial intelligence in drug discovery and development. Drug Discov Today 2021;26:80-93.
19. Lip S, Visweswaran S, Padmanabhan S. Transforming clinical trials with artificial intelligence. In: Reddy S, ed. Artificial intelligence: applications in healthcare delivery. London: Productivity Press, 2020.
20. Rahimi AK, Pienaar O, Ghadimi M, et al. Implementing AI in hospitals to achieve a learning health system: systematic review of current enablers and barriers. J Med Internet Res 2024;26:e49655.
21. Sahni N, Stein G, Zemmel R, Cutler DM. The potential impact of artificial intelligence on healthcare spending. Working Paper 30857. Cambridge, MA: National Bureau of Economic Research, 2023.
22. Mullainathan S, Obermeyer Z. Health data platforms. En: The economics of artificial intelligence: health care challenges. Chicago: University of Chicago Press, 2024:87-95.
23. Ismail A, Al-Zoubi T, El Naqa I, Saeed H. The role of artificial intelligence in hastening time to recruitment in clinical trials. BJR Open 2023;5:20220023.
24. Qureshi R, Irfan M, Gondal TM, et al. AI in drug discovery and its clinical relevance. Heliyon 2023;9:e17575.
25. Berryhill J, Heang KK, Clogher R, McBride K. Hello, World: Artificial Intelligence and its use in the public sector. Paris: Observatory of Public Sector Innovation, 2019.
26. Singhal S, Patel N. What to expect in US healthcare in 2025 and beyond. McKinsey & Co, 2025.
27. Sahni NR, Stein G, Zemmel R, Cutler DM. The potential impact of artificial intelligence on health care spending. En: The economics of artificial intelligence: health care challenges. Chicago: University of Chicago Press, 2024:49-86.
28. Luo L, Zhang F, Yao Y, Gong R, Fu M, Xiao J. Machine learning for identification of surgeries with high risks of cancellation. Health Informatics J 2020;26:141-155.
29. Kilic A, Goyal A, Miller JK, et al. Predictive utility of a machine learning algorithm in estimating mortality risk in cardiac surgery. Ann Thorac Surg 2020;109:1811-1819.
30. Allen B, Agarwal S, Coombs L, Wald C, Dreyer K. 2020 ACR data science institute artificial intelligence survey. J Am Coll Radiol 2021;18:1153-1159.
31. Bates DW, Auerbach A, Schulam P, Wright A, Saria S. Reporting and implementing interventions involving machine learning and artificial intelligence. Ann Intern Med 2020;172:S137-S144.
32. Nemati S, Holder A, Razmi F, Stanley MD, Clifford GD, Buchman TG. An interpretable machine learning model for accurate prediction of sepsis in the ICU. Crit Care Med 2018;46:547-553.
33. Cooley-Rieders K, Zheng K. Physician documentation matters. Using natural language processing to predict mortality in sepsis. Intell Based Med 2021;5:100028.
34. Maleki Varnosfaderani S, Forouzanfar M. The role of AI in hospitals and clinics: transforming healthcare in the 21st century. Bioengineering (Basel) 2024;11:337.
35. Lee D, Yoon SN. Application of artificial intelligence-based technologies in the healthcare industry: opportunities and challenges. Int J Environ Res Public Health 2021;18:271.
36. Li RC, Smith M, Lu J, et al. Using AI to empower collaborative team workflows: two implementations for advance care planning and care escalation. NEJM Catal Innov Care Deliv 2022;3(4).
37. Yuan S, Yang Z, Li J, Wu C, Liu S. AI-Powered early warning systems for clinical deterioration significantly improve patient outcomes: a meta-analysis. BMC Med Inform Decis Mak 2025;25:203.
38. Shah R, Bozic KJ, Jayakumar P. Artificial intelligence in value-based health care. HSS J 2025;21:15563316251340074.
39. Nasser LK. The evolution of automated medical billing with artificial intelligence: a review with a global and Saudi perspective. Cureus 2025;17:e96464.
40. Toffaha KM, Simsekler MCE, Omar MA, ElKebbi I. Predicting patient no-shows using machine learning: a comprehensive review and future research agenda. Intell Based Med 2025;11:100229.
41. Hunik L, Chaabouni A, van Laarhoven T, et al. Diagnostic prediction models for primary care, based on AI and electronic health records: systematic review. JMIR Med Inform 2025;13:e62862.
42. Shopijen E. AI in patient care: a narrative review of safety promises and pitfalls. Int J Nurs Sci. 2025. In Press.
43. Carroll NW, Jones A, Burkard T, Lulias C, Severson K, Posa T. Improving risk stratification using AI and social determinants of health. Am J Manag Care 2022;28:582-587.
44. Mello MM, Trotsyuk AA, Mahamadou AJD, Char D. The AI arms race in health insurance utilization review: promises of efficiency and risks of supercharged flaws. Health Aff (Millwood) 2026;45:6-13.
45. Blue Cross Blue Shield of Minnesota. Artificial intelligence: a catalyst for connection. Accedido enero de 2026.
46. Zhang G, Atasoy H, Vasarhelyi MA. Continuous monitoring with machine learning and interactive data visualization: an application to a healthcare payroll process. Int J Account Inf Syst 2022;46:100570.
47. Stults CD, Deng S, Martinez MC, et al. Evaluation of an ambient artificial intelligence documentation platform for clinicians. JAMA Netw Open 2025;8:e258614.
48. Duggan MJ, Gervase J, Schoenbaum A, et al. Clinician experiences with ambient scribe technology to assist with documentation burden and efficiency. JAMA Netw Open 2025;8:e2460637.
49. Sasseville M, Yousefi F, Ouellet S, et al. The impact of AI scribes on streamlining clinical documentation: a systematic review. Healthcare (Basel) 2025;13:1447.
50. Kanaparthy NS, Villuendas-Rey Y, Bakare T, et al. Real-world evidence synthesis of digital scribes using ambient listening and generative artificial intelligence for clinician documentation workflows: rapid review. JMIR AI 2025;4:e76743.
51. Pelletier JH, Watson K, Michel J, McGregor R, Rush SZ. Effect of a generative artificial intelligence digital scribe on pediatric provider documentation time, cognitive burden, and burnout. JAMIA Open 2025;8:ooaf068.
52. Everson J, Nong P, Richwine C. Uptake of generative AI integrated with electronic health records in US hospitals. JAMA Netw Open 2025;8:e2549463.
53. U.S. Centers for Disease Control and Prevention, National Center for Health Statistics. National Health Expenditure Accounts. 2025.
56. KFF. 2023 employer health benefits survey. 2023.
57. Agency for Healthcare Research and Quality. Medical Expenditure Panel Survey.
58. Medicaid and CHIP Payment and Access Commission. Cost Sharing and Premiums. 2018.
59. Centers for Medicare & Medicaid Services. Medicare current beneficiary survey — survey file. 2023.
60. McKinsey & Co. The state of AI in 2025: agents, innovation, and transformation. 2025.
61. Garcia P, Ma SP, Shah S, et al. Artificial intelligence–generated draft replies to patient inbox messages. JAMA Netw Open 2024;7:e243201.
62. Lamarre E, Smaje K, Zemmel R. Rewired to outcompete: six signature moves led by the C-suite can build organizations that will outperform in the age of digital and AI. McKinsey Quarterly, 2023.
63. Nong P, Adler-Milstein J, Apathy NC, Holmgren AJ, Everson J. Current use and evaluation of artificial intelligence and predictive models in US hospitals. Health Aff (Millwood) 2025;44:90-98.
64. Health Care Payment Learning & Action Network. 2022–2024 measurement results. 2024.
65. America’s Health Insurance Plans. A playbook of voluntary best practices for VBC payment arrangements. 2024.
66. U.S. Centers for Medicare & Medicaid Services. ACCESS (advancing chronic care with effective, scalable solutions) model. 2026.
67. Wong A, Nallamothu BK, Longhurst CA, Singh K. Leveraging AI to reduce operational healthcare costs: lessons from other industries. NPJ Health Syst 2026;3:9.
«Vomitar puede ser un desastre» , pensé, mientras miraba el Tylenol en el pasillo de la farmacia, calculando en silencio su dosis letal. Oí el ulular de una sirena de ambulancia. Mi turno estaba a punto de empezar. Devolví el frasco cuidadosamente al estante, me puse la bata blanca y retomé mi papel habitual de médico de urgencias.
Nadie sospecharía que durante el último mes había estado planeando mi muerte.
Sentía que la muerte era la única forma de liberarme del miedo y el agotamiento que me consumían por completo.«Sabes que ya no internamos a la gente solo por tener pensamientos suicidas, ¿verdad?». El tono de la psiquiatra de guardia, aunque reconfortante, denotaba frustración. Comprendía que mi reticencia a hablar abiertamente se debía a tabúes obsoletos relacionados con la salud mental.“La mayoría de nosotros hemos tenido pensamientos suicidas en algún momento de nuestra carrera”, dijo con franqueza. “Es un riesgo laboral, como un pinchazo con una aguja o perderse el recital de tu hijo”.Con esas palabras directas, reveló el secreto inconfesable del médico: somos humanos. Pero creemos que esta confesión podría costarnos la vida. Esa consulta improvisada me salvó la vida. Por primera vez en mucho tiempo, no me sentí sola.Había sido médica de urgencias durante casi la mitad de mi vida, funcionando a base de un goteo constante de cortisol. A los 40, mi cuerpo luchaba por seguir el ritmo de las exigencias del trabajo. El estrés constante atenuaba los efectos calmantes de la progesterona e intensificaba la perimenopausia. Las exigencias eran implacables. Turnos de doce horas que a menudo se extendían a catorce, dedicados a abrirme paso entre un departamento lleno de ruido, irritación, inquietud y dolor. Pasaba rápidamente de una rodilla raspada a un paro cardíaco traumático, y de un simple goteo nasal a un niño de tres años que casi se ahoga, mientras las alarmas sonaban, los teléfonos no paraban de sonar y siempre había alguien que exigía más. Era responsable de todos y de todo a la vez: crisis, enfermedad, intoxicación y circunstancias que chocaban, cada persona había llegado a mí impulsada por el miedo o el destino que la había aprisionado. Absorbí las frecuentes interrupciones junto con la urgencia y la culpa, hasta que el peso de todo se instaló como una pesadez constante en mi pecho; esa que surge de saber que no habrá alivio, ni silencio, ni margen de error, solo el siguiente paciente, y el siguiente. Finalmente, como un viejo cacharro que ha descuidado demasiados cambios de aceite, mi motor falló. Mi cuerpo comenzó a temblar mientras me hundía cada vez más en un abismo.Siempre había llevado la perseverancia como una insignia de honor. Cuanto menos dormía y más pacientes podía atender, mejor médico —y mártir— me creía. Desde el momento en que decidí estudiar medicina, sentí como si me hubiera subido a uno de esos viejos carruseles de los parques infantiles en los que corres, saltas… y te arrepientes al instante. Al principio, el impulso se sentía como un propósito: estudiar más, trabajar más, sacrificarme ahora por la oportunidad de ayudar a más gente después. Pero nunca disminuyó, y la perseverancia solo aceleró el giro. Me aferré con todas mis fuerzas mientras el mundo se volvía borroso a mi alrededor, demasiado asustada para soltarme. La perseverancia me decía que podía con ello y que todos los demás también estaban girando. Pero entonces llegó un pensamiento silencioso y aterrador: tal vez la única salida era soltarme por completo.
Estaba sumida en un profundo agotamiento.
Y no estoy sola.
En Estados Unidos, las médicas se suicidan a una tasa 2,27 veces superior a la de las mujeres en la población general, y los médicos a una tasa 1,41 veces superior a la de los hombres en general.
Estas estadísticas no son abstractas. Reflejan el sufrimiento real de los médicos, que también son hijos, cónyuges, padres, hermanos y amigos, y reflejan una historia que jamás imaginé que algún día se convertiría en la mía. Los datos desafían el mito persistente de que los médicos son de alguna manera superhumanos. Afrontar esta idea errónea es fundamental si queremos cuidar a los médicos que nos cuidan y, en última instancia, revitalizar la atención médica.Como a muchos médicos, el agotamiento profesional comenzó pronto en mi carrera. Elegido para la profesión por mi tendencia al perfeccionismo, el autosacrificio y la postergación de la gratificación, me entrenaron para superar el hambre, la fatiga e incluso el duelo con el fin de cuidar a los demás, ignorando con demasiada frecuencia el silencioso colapso que sentía en mi interior. Se espera que los médicos se mantengan firmes, serenos, competentes y generosos. A medida que avanza nuestra carrera, estas expectativas se intensifican. Somos responsables no solo de nosotros mismos, sino también de nuestros equipos. Nuestra confianza y nuestro sustento se ven ensombrecidos por la constante amenaza de demandas por negligencia, incluso aquellas que surgen de circunstancias que ningún médico puede controlar.A pesar de la abundante literatura sobre el agotamiento profesional, las soluciones efectivas siguen siendo escasas. Los primeros estudios sobre el estrés laboral crónico a menudo culpaban a los médicos individualmente: se creía que los médicos agotados simplemente carecían de tenacidad, resiliencia y dedicación; solo necesitaban unas vacaciones… o un cambio de carrera. Sin embargo, la evidencia muestra que los médicos son más resilientes que la población trabajadora en general, según su propia percepción de su capacidad para adaptarse al cambio y recuperarse de enfermedades o dificultades, incluso cuando se ven afectados de manera desproporcionada por el agotamiento profesional.²
Esta paradoja es algo que he presenciado de primera mano. La formación médica exige una alta tolerancia al estrés y, con el tiempo, puede cultivar mecanismos de afrontamiento adaptativos. Además, muchos de nosotros encontramos un profundo significado en nuestro trabajo, lo que alimenta la perseverancia incluso ante-la adversidad. El agotamiento profesional no es causado por una persona rota, sino por un sistema defectuoso que sobrecarga a los médicos con exigencias poco realistas. El autocuidado, aunque valioso, no aborda el problema de fondo. Cuando se vierte agua en una taza que rebosa, la taza no tiene la culpa de que nuestros calcetines estén empapados.Abordar las causas estructurales y sistémicas del agotamiento profesional requiere confrontar un mito cultural más profundo: que al elegir servir a la sociedad como médicos, renunciamos a nuestro derecho al bienestar personal. Esta creencia se mantiene tanto en la sociedad como en la propia profesión y es un factor clave que contribuye a las altas tasas de agotamiento.
La creencia pública de que la atención médica es un derecho a veces se extiende, consciente o inconscientemente, a la idea de que los médicos son propiedad pública, en lugar de seres humanos con derecho al agotamiento, al dolor o, en algunos casos, a una compensación suficiente para saldar la considerable deuda que a menudo se contrae durante años de formación.3,4 Dentro de la profesión, el Juramento Hipocrático, que aún se recita durante algunas ceremonias de bata blanca, introduce a los médicos en un gremio regido por un antiguo código de autosacrificio, mediante el cual se comprometen a anteponer las necesidades de los demás a las suyas. 5
Pocas otras profesiones imponen un impuesto moral tan elevado. Necesité estrellarme contra un muro para comprender la delicada relación entre la tenacidad y la resiliencia. La tenacidad es el pedal que nos impulsa hacia adelante; la resiliencia es la rueda que nos ayuda a cambiar de rumbo. La resiliencia me guió a buscar ayuda, que, sorprendentemente, fue difícil de encontrar. Tras ser rechazada por mi médico e imaginarme saltando por la ventana de la clínica, la tenacidad me impulsó a seguir buscando. Juntas, me ayudaron a reorientar mi vida: aumentar el ejercicio, abordar los desequilibrios hormonales y, lo más importante, hablar abiertamente con mis compañeros. Descubrí que la mayoría de ellos también sufrían en silencio.
Escuchar sus historias, por desgarradoras que fueran, me ayudó a calmar mis temblores involuntarios. Poco a poco, salí de la oscuridad. Aprendí que está bien ser humano y que ningún ser humano puede soportar un ritmo frenético para siempre.
Conservé mi licencia, mi familia y mi vida, por ahora. Pero muchos médicos no tienen tanta suerte. La vergüenza, el estigma y las deficiencias institucionales pueden silenciarlos, pero el silencio no es fortaleza. Y pedir ayuda no es una traición a la profesión, sino una reivindicación de la misma. La medicina no tiene por qué ser un martirio. Es hora de reemplazar nuestra definición de cuidado por una más sana que abrace la imperfección, la honestidad y la humanidad. La mayoría de los médicos que conozco están profundamente comprometidos con su trabajo. No se debe esperar que ese compromiso sea ilimitado.
Nuestras propias vidas son un precio que ninguno de nosotros debería estar dispuesto —ni se debería esperar— pagar.
The Lancet Countdown onHealth and Climate Change seeCountdown Lancet 2025;406: 2804–57
Europa está en llamas. Los incendios forestales en Francia y España han arrasado cientos de kilómetros cuadrados, destruyendo viviendas y obligando a la evacuación de 330 000 personas, mientras la amenaza se desplaza ahora hacia el este, a Grecia, Italia y Europa central. Los incendios han sido tan extensos e intensos que han generado sus propios sistemas meteorológicos. El presidente Emmanuel Macron describió la situación como la crisis más grave que ha vivido Francia desde la Segunda Guerra Mundial.
Las causas de los incendios forestales en Europa son multifactoriales, pero no cabe duda de que el cambio climático ha impulsado las olas de calor sin precedentes que han convertido al continente en un polvorín. El resultado es una emergencia sanitaria de proporciones colosales.
Los incendios forestales liberan una mezcla diversa de contaminantes perjudiciales para la salud, incluyendo material particulado, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles. Se han demostrado asociaciones entre la exposición al humo de incendios forestales y la mortalidad por todas las causas, los ingresos hospitalarios, las enfermedades respiratorias y cardiovasculares, y los resultados adversos del parto, incluyendo la muerte fetal, el bajo peso al nacer y el parto prematuro. La exposición al humo de incendios forestales se ha relacionado con impactos adversos a corto plazo en la cognición, y el impacto emocional de los incendios forestales puede afectar la salud mental y el sueño. Los incendios forestales también pueden influir en la salud indirectamente al provocar cambios de comportamiento, como permanecer en interiores, así como al interrumpir la prestación de atención médica debido al desplazamiento de las personas. Y la situación está empeorando. Las muertes atribuibles a la contaminación del aire por PM 2,5 derivada de incendios forestales alcanzaron un máximo histórico de 154 000 en 2024 , un 36 % más que el promedio de 2003-2012. Estos incendios causarán enormes daños a la salud europea.Sin embargo, muchos líderes políticos e informes periodísticos han pasado por alto los efectos más amplios de los incendios en el bienestar, centrándose en cambio en las muertes directas, las evacuaciones y las pérdidas materiales. Las olas de calor y los incendios forestales llevaron a los ministros de Asuntos Exteriores de España y el Reino Unido a anunciar con gran bombo y platillo el 29 de julio que «el cambio climático es ahora una emergencia de seguridad nacional para Europa y amenaza nuestro modo de vida», con la necesidad de actuar para salvaguardar la prosperidad y las economías. Esto es cierto (y, cabría añadir, no es nuevo). Pero la declaración ignora por completo las graves consecuencias para la salud.Esta omisión es importante. Los incendios forestales no son sucesos aislados que afectan a unas pocas comunidades rurales; representan un peligro creciente para el bienestar de millones de personas. La población debe saber que sus efectos pueden ser diversos y perdurar mucho después de que se extingan, y los profesionales sanitarios deben estar preparados para asesorar a sus pacientes en consecuencia. Si bien las recomendaciones de salud pública suelen ser generales, dado que la carga a menudo recae con mayor peso sobre las poblaciones más vulnerables —niños, ancianos y personas con enfermedades pulmonares, cardíacas o psicológicas crónicas—, la equidad en salud debe ser fundamental en la respuesta. Los sistemas de salud deben prepararse y planificar, no solo en términos de medidas de emergencia para los afectados de forma aguda, sino también garantizando la continuidad de la atención para las personas desplazadas y preparando los sistemas de salud para demandas más amplias y a largo plazo.El reconocimiento de los incendios forestales como una emergencia sanitaria —no solo en Europa, sino a nivel mundial— también es crucial en la lucha más amplia contra la crisis climática. Durante 10 años, el informe «The Lancet Countdown on Health and Climate Change» ha proporcionado un mecanismo de rendición de cuentas independiente esencial y ha elevado el papel de la salud en las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático. Sin embargo, a medida que se profundiza la comprensión de la relación entre el cambio climático y la salud, también se ve amenazada. En febrero, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) derogó su histórica resolución sobre el peligro que representaba la contaminación por gases de efecto invernadero, la cual estipulaba que esta contaminación ponía en peligro la salud humana y, por lo tanto, estaba sujeta a la regulación federal en virtud de la Ley de Aire Limpio. Esta negación del cambio climático supone un duro golpe para la salud en Estados Unidos, una ventaja para los principales emisores de carbono y sienta un precedente peligroso.Europa es el continente que se calienta más rápidamente en el mundo. En 2024, la temperatura media global anual superó por primera vez los 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. Sin embargo, se observa un estancamiento y un retroceso en los compromisos contra el cambio climático , impulsado en gran medida por la implacable presión de los grupos de interés comerciales. ¿Cambiarán algo estas olas de calor e incendios forestales? Históricamente, la preocupación por la salud ha sido un factor decisivo en la regulación de algunas de las prácticas más dañinas de la empresa privada, desde la publicidad del tabaco hasta la contaminación del agua. La necesidad de alzar la voz sobre las amenazas para la salud que plantea el cambio climático es más acuciante que nunca, tanto para orientar una respuesta que proteja el bienestar de las personas como para abogar por la urgente revitalización de la política climática, tan necesaria.
Trabajo realizado por Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD.
Resumen de la primer parte.
ORGANIZACIONES ALTAMENTE CONFIABLES (HRO)
Resumen de la Parte 1 — qué significa esta primera parte dentro del documento completo
Esta Parte 1 reúne los fundamentos del concepto de organización altamente confiable (High Reliability Organization, HRO) y su traducción al sector salud, en trece secciones que responden, en conjunto, a tres preguntas: qué es una HRO, por qué vale la pena construirla, y cómo se construye en la práctica. Es la base conceptual sobre la que se apoyará el resto del documento: sin este recorrido, las secciones que siguen —consecuencias de la implementación, extensión hacia la equidad, herramientas complementarias y aplicación concreta— no tendrían sobre qué apoyarse.
Qué significa que esto sea la «Parte 1» Es el terreno común —definición, principios, motivo y método de construcción— antes de entrar en lo más delicado del proceso. Deja planteada, pero todavía sin desarrollar, la advertencia de que construir alta confiabilidad puede derrumbar hitos que la institución daba por consolidados, así como la extensión del marco hacia la equidad (HERO), las herramientas complementarias de medición y mejora de procesos, la aplicación concreta a camas, quirófano y guardia, y el cierre del documento con sus fichas bibliográficas en estilo MLA.
Qué cubren las 13 secciones de esta parte
Fundamentos (secciones 1 a 6). Origen del concepto en industrias de alto riesgo ajenas a la salud (portaaviones, control de tráfico aéreo, energía nuclear); definición de organización altamente confiable; los cinco principios de Weick y Sutcliffe (preocupación por el fallo, reticencia a simplificar, sensibilidad a las operaciones, compromiso con la resiliencia, deferencia a la experiencia); el modelo de tres pilares de Chassin y Loeb para la salud (liderazgo, cultura de seguridad, mejora robusta de procesos); y por qué la salud, pese al interés declarado, sigue lejos de alcanzar ese estándar.
Naturaleza de una HRO (secciones 7 a 9). Es una disciplina de liderazgo sostenida día a día, no un programa de seguridad con fecha de cierre; es una organización más horizontal y menos jerárquica, donde la autoridad se desplaza hacia quien tiene la pericia relevante; y su valor central es potenciar de manera conjunta —no como programas paralelos— la seguridad del paciente, la seguridad del personal y la calidad asistencial.
Cómo construirla (secciones 10 a 12). Tres desarrollos complementarios: un marco de gobernanza que recodifica la norma ISO 45001 como arquitectura estratégica de seguridad (SSGA); el caso ya clásico de las cuatro prácticas fundacionales de la Veterans Health Administration (rondas de liderazgo, gestión visual, foros de seguridad, huddles escalonados); y dos casos adicionales de transformación a gran escala con datos cuantitativos —un hospital pediátrico durante la pandemia de COVID-19 y la implementación de una historia clínica electrónica en un centro académico multisede.
Qué se encuentra en el camino (sección 13). Las oposiciones más documentadas: el argumento financiero, el argumento burocrático, la implementación superficial (adopción del vocabulario sin cambio real de comportamiento) y la implementación estrecha (fragmentada por silos profesionales).
13. Qué oposiciones se encontrará
Ninguno de los casos reunidos en las Secciones 10 a 12 describe un camino sin fricción. Esta sección reúne, de manera sistemática, las oposiciones y resistencias que la literatura documenta con mayor insistencia: dos de carácter argumental —el argumento financiero y el argumento burocrático, tal como los anticipa Alshreef (2026)—, dos de carácter cultural e interno —la implementación superficial y la implementación estrecha, tal como las documentan Myers y Sutcliffe (2022)—, y un conjunto de limitaciones metodológicas que emergen de los propios casos de implementación real.
13.1 El argumento financiero
La objeción más frecuente frente a cualquier propuesta de gobernanza de la seguridad es que resulta financieramente costosa, en un sector que ya enfrenta múltiples presiones presupuestarias. Alshreef responde a esta objeción señalando que suele concentrarse únicamente en los costos iniciales de desarrollar e implementar un sistema de gestión de calidad, sin contabilizar los beneficios financieros de mediano plazo: menores costos asociados a lesiones y enfermedades laborales del personal, mayor satisfacción y retención —con la consiguiente reducción del ausentismo—, y una cultura de seguridad más sólida, que mejora la reputación de la institución tanto ante pacientes como ante el propio personal.
13.2 El argumento operativo o burocrático
La segunda objeción sostiene que un marco de gobernanza de este tipo agrega una capa administrativa adicional, que desvía recursos y atención de la función clínica central. Es, según Alshreef, una preocupación legítima cuando el sistema se diseña de manera rígida o prescriptiva. La respuesta no es descartar la objeción, sino diseñar el sistema para que se integre a las estructuras de gobernanza y operación ya existentes, en lugar de crear una estructura administrativa nueva y duplicada — el mismo principio que ya se desarrolló en la Sección 10 de este documento.
13.3 Implementación superficial: un compromiso de «profundidad de campo» escaso
Myers y Sutcliffe (2022) documentan una tercera forma de resistencia, más sutil que las dos anteriores porque no se presenta como oposición explícita sino como adopción aparente. Las intervenciones de HRO en salud recurren, con frecuencia casi exclusiva, a la capacitación formal para modificar percepciones y prácticas individuales. Ese formato familiariza al personal con el vocabulario de la alta confiabilidad, pero rara vez modifica el comportamiento de fondo, y puede derivar en el rechazo de conceptos centrales del marco por parte de quienes los perciben como incorrectos o irrelevantes para su realidad cotidiana. En el estudio que motivó su editorial, profesionales de salud llegaron a negar tener «reticencia a simplificar» o a sostener que el concepto de «preocupación por el fallo» necesitaba redefinirse.
Esta resistencia, sostienen los autores, no es casual: responde a una tendencia más amplia de la medicina a descartar ideas que no se originaron dentro de las propias disciplinas médicas. Pero la seguridad y la confiabilidad no son un caso especial de la medicina: la medicina es, en todo caso, un caso especial de seguridad y confiabilidad, un problema que también atraviesan otros entornos de alta interdependencia organizacional.
13.4 Implementación estrecha: un punto de vista fragmentado por silos
La cuarta oposición documentada es la de una implementación acotada a los bordes de una unidad, un departamento o una especialidad puntual, con escasa construcción de una interpretación común entre las distintas profesiones del sistema de salud. Esto alimenta la percepción de que la confiabilidad es un asunto de una profesión en particular y no una responsabilidad compartida: la adopción de estos conceptos aparece más concentrada entre enfermería y otras profesiones de salud no médicas, con el riesgo de que la seguridad se perciba como una tarea de estatus más bajo dentro de la jerarquía profesional de la salud, en lugar de una prioridad transversal a todas las disciplinas.
13.5 Limitaciones que emergen de la propia implementación
Los casos de transformación a gran escala desarrollados en la Sección 12 aportan, además, un tercer tipo de oposición: la que surge no de un argumento en contra, sino de las condiciones reales bajo las cuales se ejecuta la transformación.
Dependencia crítica del liderazgo ejecutivo. El propio equipo del hospital pediátrico reconoce como limitación principal de su experiencia que su conducción de más alto nivel estaba fuertemente comprometida con el cambio cultural; sin ese compromiso, advierten, los resultados podrían no ser generalizables a instituciones sin ese mismo respaldo.
Variables de confusión difíciles de aislar. En el mismo caso, la pandemia de COVID-19 introdujo factores —escasez de insumos, distanciamiento social, trabajo remoto— que dificultan atribuir la totalidad de la mejora observada a las intervenciones de HRO en sí mismas y no a otros cambios simultáneos del sistema.
El indicador de reporte puede confundirse con el indicador de riesgo real. Una caída en la tasa de reporte de casi-accidentes puede leerse, erróneamente, como una mejora, cuando en realidad puede indicar menor confianza del personal en el sistema; interpretar mal esta señal es, en sí mismo, una forma de resistencia pasiva al cambio cultural que HRO busca instalar.
Recursos humanos y económicos no siempre disponibles. Los programas de «coaches de seguridad» y los equipos de trabajo transitorios documentados en la Sección 12 requieren tiempo protegido y, en algunos casos, personal dedicado; no todas las instituciones —en particular las de menor escala— pueden sostener esa inversión desde el inicio.
13.6 Síntesis: tipos de oposición y cómo se manifiestan
Tipo de oposición
Cómo se manifiesta
Financiera
«No podemos costear esto» — atención sólo al costo inicial, sin considerar el ahorro de mediano plazo
Operativa / burocrática
«Esto es una capa administrativa más» — percepción de duplicación con estructuras ya existentes
Superficial
Adopción del vocabulario sin cambio de comportamiento; rechazo de los principios por percibirlos ajenos a la medicina
Estrecha / por silos
Concentración de la iniciativa en una sola profesión o unidad, sin interpretación compartida
Dependencia del liderazgo
El programa se sostiene mientras dura el compromiso personal de quien lo impulsó
Interpretación errónea de indicadores
Confundir una caída en el reporte con una mejora real de la seguridad
Por qué anticipar estas oposiciones importa Ninguna de estas seis oposiciones es, por sí sola, motivo para no avanzar. Pero una institución que las desconoce corre el riesgo de leer la resistencia inicial como evidencia de que el marco no aplica a su realidad, cuando en la mayoría de los casos documentados esa resistencia es, precisamente, la señal de que el proceso de cambio cultural está en marcha. La siguiente sección desarrolla una consecuencia más incómoda todavía: que construir alta confiabilidad no sólo encuentra oposición, sino que puede desestabilizar de manera deliberada hitos que la institución consideraba ya consolidados.
14. La confiabilidad puede derrumbar algunos hitos
Hay una consecuencia de construir alta confiabilidad que rara vez se explicita, y que conviene nombrar con la misma franqueza con que se nombran sus beneficios: el proceso no sólo mejora indicadores, también puede desestabilizar logros, estructuras y certezas que la institución consideraba ya consolidados. No es un efecto secundario indeseado: es, en varios de los casos reunidos en este documento, una condición necesaria del propio proceso de cambio.
El hito que se derrumba primero: la ilusión de que «no pasa nada»
El patrón más documentado en este documento —descripto ya en las Secciones 9 y 12 a propósito del hospital pediátrico— es el de una institución que, al mejorar su capacidad de detección, ve subir sus propios números de eventos de seguridad antes de verlos bajar. Ese aumento inicial no es un empeoramiento real: es el derrumbe de un hito falso, el de una organización que se creía más segura de lo que efectivamente era porque sus sistemas de detección eran insuficientes. Sostener ese momento —explicar a la conducción, al directorio y al personal por qué los números empeoran mientras la seguridad efectivamente mejora— es, en la práctica, uno de los desafíos comunicacionales más difíciles de todo el proceso.
Estructuras que se desarman y se rearman
El caso del hospital pediátrico desarrollado en la Sección 12 no describe una simple adición de programas nuevos sobre la estructura existente: describe el rediseño completo del área de calidad y seguridad, la identificación deliberada de silos preexistentes y su consolidación. Áreas que durante años funcionaron de manera aislada —por ejemplo, control de infecciones y los equipos de quirófano— tuvieron que reconectarse bajo una conducción común. Ese tipo de reestructuración implica, casi siempre, la disolución de equipos, roles y líneas de reporte que llevaban años funcionando de una manera determinada, con el costo humano y organizacional que toda reestructuración conlleva.
Jerarquías que se suspenden en el momento crítico
La Sección 8 de este documento ya desarrolló cómo la deferencia a la experiencia desplaza la autoridad hacia el conocimiento y no hacia el rango. Vista desde el otro lado, esta es una forma de derrumbe: el hito de «quién manda aquí» —tan estable en la mayoría de las instituciones jerárquicas— deja de ser una certeza automática en el momento en que un evento crítico lo exige. El caso de los equipos de trabajo transitorios de la Sección 12 lo muestra con claridad: un problema de seguridad convocó a un equipo elegido por pericia, no por jerarquía, que operó con autonomía para tomar decisiones que, en una estructura tradicional, habrían requerido escalar varios niveles de aprobación.
Indicadores de calidad que pierden su significado anterior
Un fenómeno menos visible, pero igual de real: cuando una institución cambia su sistema de medición —como hizo el hospital pediátrico al migrar a un nuevo software de reporte y a un índice de seguridad del paciente compuesto— los indicadores históricos dejan de ser comparables sin más con los nuevos. La serie histórica que la institución usaba para demostrar su progreso puede quedar, literalmente, discontinuada. Sostener el sentido de continuidad institucional frente a ese quiebre metodológico es otro hito que se derrumba y debe reconstruirse de manera consciente y explicada.
Hito que se derrumba
Por qué se derrumba
Qué lo reemplaza
«Nuestros números de seguridad son buenos»
Mejor detección revela eventos que antes no se registraban
Una línea de base más precisa, aunque inicialmente más alta
Estructura departamental estable
Consolidación de silos y creación de equipos transversales
Una función de calidad y seguridad integrada, con conexiones antes inexistentes
«La autoridad más alta decide»
Deferencia a la experiencia en situaciones críticas
Decisión distribuida hacia quien tiene la pericia relevante
Series históricas de indicadores
Cambio de sistema de medición y de definiciones de evento
Un nuevo indicador compuesto, no directamente comparable con el anterior
«La seguridad es responsabilidad del área de calidad»
Integración de la seguridad ocupacional y la seguridad del paciente en la gobernanza general
Seguridad como objetivo estratégico compartido por toda la conducción
Cómo sostener el proceso mientras los hitos se derrumban Ninguno de los casos documentados en este trabajo sugiere evitar este derrumbe: todos coinciden en que se sostiene mejor cuando se anticipa y se comunica con transparencia, en lugar de negarlo o disimularlo. Distribuir el índice de seguridad del paciente de manera pública y mensual, como hizo el hospital pediátrico, o mantener informado al directorio durante toda la transformación, como hizo el centro académico de la Sección 12, son formas concretas de convertir el derrumbe de un hito en el punto de partida visible de uno nuevo, en lugar de dejarlo como una crisis de confianza no explicada.
Esta es, en definitiva, la razón por la cual las oposiciones desarrolladas en la Sección 13 y el derrumbe de hitos descripto en esta sección deben leerse juntos: no son dos riesgos distintos, sino dos caras del mismo proceso de transformación cultural, que ninguna institución atraviesa sin fricción.
15. De HRO a HERO: la equidad como componente central
Un desarrollo que merece un lugar propio en este documento es la propuesta de Ernest Moy, Leslie Hausmann y Carolyn Clancy, publicada en 2022 en la American Journal of Medical Quality, de extender el marco HRO para incorporar de manera explícita la equidad en salud. Su punto de partida es una observación incómoda: pese a que muchos sistemas de salud venían trabajando activamente para convertirse en organizaciones altamente confiables, la equidad había estado, en general, ausente de esas discusiones.
El argumento central Las disparidades en salud y en la atención de la salud son, ellas mismas, fallas sistemáticas: fracasos para lograr resultados confiables en determinados grupos de población. Aceptar esas disparidades como un dato de la realidad es, sostienen los autores, la antítesis del objetivo esencial de «daño cero» que persigue toda organización altamente confiable. La propuesta, entonces, no es agregar la equidad como una iniciativa paralela, sino designarla como un componente literal del marco, dando lugar a lo que llaman Organizaciones de Alta Confiabilidad de Equidad —Health Equity Reliability Organizations, HERO por su sigla en inglés.
Mientras el resultado esperado de una HRO es una atención excepcionalmente segura y de alta calidad, el resultado esperado de una HERO es la garantía de esa misma atención segura y de alta calidad para todos los grupos de pacientes por igual. Cuando una HRO mejora sus procesos para que el fallo sea raro y manejable, una HERO mejora esos mismos procesos para que el fallo sea, además, equitativo entre todos los grupos: no basta con eliminar las disparidades en los procesos de atención, sino que en ocasiones es necesario sostener variaciones deliberadas en la forma de prestar el cuidado, precisamente para eliminar las disparidades en los resultados finales.
La equidad aplicada a cada uno de los cinco principios
Principio HRO
Extensión propuesta para una HERO
Sensibilidad a las operaciones
Ampliar la conciencia situacional para incluir factores del entorno del paciente —dónde vive, dónde trabaja, dónde recibe atención— y la desconfianza hacia las instituciones médicas que puede derivar de experiencias previas de discriminación.
Preocupación por el fallo
Analizar los casi-accidentes junto con la variación de procesos y resultados adversos entre poblaciones, prestando atención incluso a disparidades que afectan a grupos numéricamente pequeños, porque pueden revelar riesgos más amplios que de otro modo pasarían inadvertidos.
Deferencia a la experiencia
Reconocer que, además del personal de primera línea, los propios pacientes, sus familias y las organizaciones comunitarias de confianza tienen la visión más clara sobre qué es lo que más les importa, bajo un enfoque de salud integral.
Resiliencia
Formar una fuerza de trabajo diversa e inclusiva, sensible a sesgos sistémicos como el racismo, el sexismo, la discriminación por edad o por discapacidad, capaz de sostener conversaciones difíciles y de encontrar soluciones justas.
Reticencia a simplificar
Reconocer que la parte más variable de la atención es el propio paciente, cuyas creencias, preferencias y comportamientos están moldeados por múltiples influencias dentro y fuera del sistema de salud, y que requieren soluciones personalizadas y no estandarizadas.
Un caso documentado: el Hospital Harry S. Truman Memorial de la VHA
Los autores citan el caso de la Veterans Health Administration, una de las primeras impulsoras del marco HRO en salud, que completó la implementación a gran escala de un marco guiado por HRO en su hospital de veteranos Harry S. Truman Memorial. Un estudio posterior mostró que ese marco redujo las tasas de mortalidad y de complicaciones, lo que llevó a la propia VHA a impulsar su expansión a todo el sistema — el mismo proceso de escalamiento por cohortes descripto en la Sección 11 de este documento.
El argumento de fondo conecta directamente con la crítica de Myers y Sutcliffe desarrollada en la Sección 13: una implementación de HRO que no incorpore de manera explícita la variedad de poblaciones que atiende —y que, en cambio, trate a «el paciente» como una categoría homogénea— corre el riesgo de declarar éxito en sus indicadores agregados mientras sostiene, sin advertirlo, fallas sistemáticas para determinados grupos.
16. Herramientas de mejora robusta de procesos (Robust Process Improvement)
El tercer pilar del modelo de Chassin y Loeb, presentado en la Sección 5, es la mejora robusta de procesos: el uso disciplinado de un conjunto de metodologías —Lean, Six Sigma y gestión del cambio— para rediseñar procesos clínicos y administrativos hasta hacerlos consistentemente seguros. Esta sección desarrolla en qué consiste cada una de esas tres herramientas y cómo se combinan, sin superponerse, dentro de un programa de alta confiabilidad.
11.1 Lean: eliminar el desperdicio del proceso
Lean aporta la mirada del flujo: identifica dónde se pierde tiempo, movimiento o recurso sin agregar valor para el paciente, y rediseña el proceso para eliminar esos pasos. En el contexto de HRO, Lean es especialmente útil para atacar las causas de variabilidad que alimentan la preocupación por el fallo —esperas, traslados innecesarios, duplicación de tareas— antes de que se conviertan en un evento adverso. El sanatorio ya cuenta, dentro de esta misma serie de documentos, con desarrollos propios sobre gestión Lean en salud, que pueden leerse como una aplicación concreta de este pilar.
11.2 Six Sigma: reducir la variación del proceso
Six Sigma aporta la disciplina estadística: mide la variación de un proceso respecto de un estándar definido, y busca llevar esa variación a un nivel mínimo y predecible mediante el ciclo DMAIC (definir, medir, analizar, mejorar, controlar). Donde Lean pregunta «¿qué sobra en este proceso?», Six Sigma pregunta «¿por qué este proceso no da el mismo resultado cada vez?». Ambas preguntas son complementarias y necesarias: un proceso puede estar libre de desperdicio y, aun así, seguir siendo impredecible.
11.3 Gestión del cambio: sostener la transformación en el tiempo
Ni Lean ni Six Sigma se sostienen por sí solos si la organización no gestiona explícitamente la transición. La gestión del cambio aporta las prácticas de liderazgo, comunicación y capacitación que permiten que una mejora de proceso sobreviva más allá del proyecto que la originó: patrocinio ejecutivo visible, involucramiento temprano del personal que ejecuta el proceso, y mecanismos de refuerzo que eviten el regreso a la práctica anterior una vez que el equipo de mejora se retira.
Herramienta
Pregunta que responde
Aporte a la alta confiabilidad
Lean
¿Qué sobra en este proceso?
Reduce las esperas y duplicaciones que generan oportunidades de error
Six Sigma
¿Por qué este proceso no es consistente?
Reduce la variación no deseada entre un caso y otro
Gestión del cambio
¿Cómo se sostiene la mejora en el tiempo?
Evita que la mejora se pierda una vez terminado el proyecto
Relación con los cinco principios de Weick y Sutcliffe Estas tres herramientas no reemplazan a los cinco principios descriptos en la Sección 4: los instrumentan. Lean y Six Sigma dan un método concreto para la reticencia a simplificar —exigen datos y análisis de causa raíz en lugar de explicaciones intuitivas— y la gestión del cambio es, en la práctica, la manera de sostener en el tiempo el compromiso con la resiliencia de toda la organización, no sólo del equipo que impulsó la mejora inicial.
17. Instrumentos de medición de la cultura de seguridad
El segundo pilar del modelo de Chassin y Loeb —la cultura de seguridad— no puede gestionarse a partir de percepciones sueltas: requiere un instrumento de medición sistemático, aplicado de manera periódica, que permita comparar a la institución consigo misma en el tiempo y, eventualmente, con otras instituciones similares. La herramienta de referencia internacional en este terreno es la encuesta de cultura de seguridad de la Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ), conocida por su sigla en inglés SOPS (Surveys on Patient Safety Culture).
La encuesta SOPS Hospital Survey
Publicada originalmente por la AHRQ en 2004, la encuesta hospitalaria SOPS mide las percepciones del personal —clínico y no clínico— sobre la seguridad del paciente, el reporte de eventos y el clima de trabajo. La versión original (1.0) está compuesta por 42 ítems agrupados en 12 dimensiones de cultura de seguridad. En 2019 la AHRQ publicó una versión revisada (SOPS Hospital Survey 2.0), más breve, con 32 ítems agrupados en 10 medidas compuestas y 8 ítems de medición individual. Ambas versiones están disponibles también en español, lo que facilita su aplicación directa en instituciones de habla hispana como el propio sanatorio.
Dimensiones típicas medidas por la encuesta
Dimensión
Qué mide
Trabajo en equipo dentro de la unidad
Cómo se apoyan y colaboran los integrantes de un mismo servicio
Expectativas y acciones del supervisor
Si la conducción directa promueve activamente la seguridad del paciente
Aprendizaje organizacional y mejora continua
Si los errores se traducen en cambios efectivos de proceso
Apoyo de la gerencia a la seguridad del paciente
Si la dirección prioriza la seguridad frente a otras presiones
Percepciones generales de seguridad
Evaluación global de qué tan segura es la atención en la unidad
Retroalimentación y comunicación sobre errores
Si el personal recibe información sobre los errores reportados
Apertura de la comunicación
Si el personal puede opinar libremente ante una decisión que afecta la seguridad
Frecuencia de reporte de eventos
Con qué frecuencia se documentan formalmente los errores detectados
Trabajo en equipo entre unidades
Cómo se coordinan distintos servicios entre sí
Dotación de personal
Si la cantidad de personal alcanza para trabajar con seguridad
Traspasos y transiciones
Si se pierde información importante al cambiar de turno o de servicio
Respuesta no punitiva al error
Si un error se trata como oportunidad de aprendizaje y no como motivo de sanción
Por qué esta medición es indispensable para una HRO
Varias de estas dimensiones —respuesta no punitiva al error, apertura de la comunicación, frecuencia de reporte— son, en rigor, la traducción operativa de la preocupación por el fallo y de la deferencia a la experiencia descriptas en la Sección 4: si el personal no percibe que puede reportar sin temor a sanción, ningún programa de HRO puede sostenerse, por más protocolos y comités de coordinación que se establezcan. Medir estas dimensiones de manera periódica —y no una única vez al inicio de un programa— permite distinguir una mejora real de una declaración de intenciones.
Uso práctico sugerido Aplicar la encuesta con una periodicidad fija (anual o bianual, según la carga que la institución pueda sostener), desagregar los resultados por servicio y no sólo a nivel institucional agregado, y presentar los resultados en las mismas instancias de coordinación —comités, foros de seguridad— descriptas en las Secciones 5 y 11, de modo que la medición alimente decisiones concretas y no quede archivada como un informe más.
Un ejemplo de encuesta propia: el caso del hospital pediátrico
Además de instrumentos estandarizados como SOPS, una institución puede construir su propia encuesta breve de clima HRO, adaptada a su lenguaje y a sus prácticas específicas. El hospital pediátrico desarrollado en la Sección 12 de este documento diseñó, en 2022, una encuesta propia sobre tres dominios —confianza en el liderazgo, confianza en los integrantes del equipo, y actividades de aprendizaje local— con escala Likert de 5 puntos. La aplicó sobre una muestra de 2.500 empleados, con una tasa de respuesta del 32%, y obtuvo promedios de entre 3,2 y 4,0 en los distintos dominios, todos por encima del punto neutral de la escala.
Este ejemplo muestra que un instrumento de medición de cultura no necesita ser exhaustivo ni externo para ser útil: lo esencial es que se aplique de manera sistemática, que sus resultados se hagan públicos dentro de la institución, y que se usen efectivamente para ajustar el programa, tal como se desarrolla en la Sección 22 de este documento.
18. Aplicación de HRO a la gestión de camas, quirófano y guardia
Los tres procesos que con mayor frecuencia concentran la presión asistencial de un sanatorio —la gestión de camas, el quirófano central y la guardia— son, a la vez, los que mejor se prestan para poner en práctica los principios y las herramientas desarrollados en este documento. Esta sección traza esa aplicación de manera explícita, en diálogo directo con el documento de trabajo sobre gestión de camas ya elaborado en esta misma serie.
13.1 Gestión de camas
El documento «Gestión de camas» de esta serie ya desarrolla el paquete SAFER del NHS Improvement —revisión senior, fecha de alta esperada, flujo temprano, alta precoz y revisión de pacientes varados— como marco de mejora del flujo hospitalario. Leído a la luz de este documento, SAFER es, en esencia, una aplicación sectorial de HRO: la revisión senior diaria y las rondas de junta son la traducción operativa de la sensibilidad a las operaciones; la revisión sistemática de pacientes varados es una forma concreta de reticencia a simplificar, porque obliga a preguntar todos los días por qué un paciente sigue internado en lugar de aceptar la explicación más simple.
Rondas de liderazgo aplicadas a camas. Una recorrida periódica de la dirección médica por las unidades de internación, con las preguntas orientativas descriptas en la Sección 11, permite detectar tempranamente camas bloqueadas, demoras de alta y cuellos de botella que el planning de camas por sí solo no siempre revela.
Tablero de gestión visual del planning de camas. El planning de camas descripto en el documento de gestión de camas es, en la práctica, un sistema de gestión visual: la extensión natural es sumarle el código de colores tipo semáforo de la VHA (Sección 11) para distinguir de un vistazo una demora de alta que se resuelve localmente de una que ya está afectando el ingreso de pacientes ese mismo día.
Huddle diario de camas. Un huddle breve, de no más de 15 minutos, entre admisión, enfermería y los médicos de planta, replica exactamente la lógica de los huddles escalonados de la Sección 11, con la particularidad de que en la gestión de camas el problema a escalar casi siempre es la falta de previsibilidad del alta.
13.2 Quirófano central
El quirófano es, dentro del hospital, el servicio técnico que más se asemeja en su lógica operativa a las industrias de origen del concepto HRO: procedimientos protocolizados, listas de verificación, y consecuencias potencialmente catastróficas ante un desvío no advertido. Los cinco principios se traducen aquí de manera casi literal:
Principio
Aplicación en quirófano
Preocupación por el fallo
Registrar y analizar los casi-accidentes quirúrgicos (por ejemplo, un error de lado detectado antes de la incisión) con el mismo rigor que un evento consumado
Reticencia a simplificar
No cerrar el análisis de una demora o suspensión quirúrgica en la primera explicación disponible («faltó un insumo») sin revisar la cadena de abastecimiento completa
Sensibilidad a las operaciones
Mantener visibilidad en tiempo real del estado de cada quirófano, similar al sistema de gestión visual MESS descripto en la Sección 11
Compromiso con la resiliencia
Prever protocolos de contingencia ante la falta de un insumo o la ausencia de un integrante del equipo quirúrgico
Deferencia a la experiencia
Habilitar que cualquier integrante del equipo —no sólo el cirujano principal— pueda detener un procedimiento ante una duda de seguridad, como ya ocurre en el listado de verificación quirúrgica
13.3 Guardia
La guardia combina la mayor variabilidad de demanda de todo el hospital con la menor previsibilidad de los recursos disponibles, lo que la convierte en el escenario más exigente para sostener una disciplina de alta confiabilidad. Los foros de seguridad y los huddles escalonados descriptos en la Sección 11 tienen aquí una aplicación directa: una guardia que revisa sistemáticamente sus casi-accidentes —una espera prolongada que casi deriva en deterioro clínico, un paciente mal triado que se corrigió a tiempo— construye, con el correr de los meses, la misma disciplina cultural que describen Weick y Sutcliffe para las industrias de origen del concepto.
El hilo común entre los tres procesos Camas, quirófano y guardia comparten una misma tensión estructural: ninguno de los tres es dueño exclusivo del recurso que administra, tal como se desarrolló en el documento sobre los servicios técnicos y el organigrama matricial de esta serie. Por eso las herramientas de HRO —rondas de liderazgo, gestión visual, huddles escalonados— funcionan particularmente bien en estos tres procesos: no dependen de una autoridad jerárquica única, sino de rutinas de coordinación horizontal que son, precisamente, lo que la organización matricial necesita para funcionar.
19. HRO y los otros marcos ya desarrollados en esta serie de documentos
Ninguno de los marcos trabajados en los documentos previos de esta serie es ajeno a la alta confiabilidad: cada uno ilumina, desde un ángulo distinto, alguna de las condiciones que este documento describe como necesarias para que una institución de salud avance hacia ella. Esta sección traza esos vínculos de manera explícita.
Documento de la serie
Vínculo con HRO
La matriz de Neuhauser y el organigrama matricial
Describe la estructura de doble dependencia —servicios clínicos y servicios técnicos— dentro de la cual deben operar los mecanismos de coordinación horizontal que HRO exige. El jefe de servicio como «traductor de flujos» es, en el lenguaje de este documento, quien sostiene en la práctica la sensibilidad a las operaciones y la deferencia a la experiencia en cada cruce de la matriz.
Gestión de camas / paquete SAFER
Es la aplicación sectorial más desarrollada hasta ahora en esta serie: como se describe en la Sección 18, SAFER puede leerse íntegramente como una traducción de los cinco principios de Weick y Sutcliffe al proceso de internación.
Gestión Lean en salud
Aporta el instrumental concreto del pilar de mejora robusta de procesos descripto en la Sección 16: Lean es, dentro de RPI, la herramienta específicamente orientada a eliminar el desperdicio que alimenta la variabilidad del proceso.
Modelo Magnet
Comparte con HRO el énfasis en el liderazgo transformacional y en la gobernanza clínica compartida como condición de base; un servicio de enfermería con certificación Magnet ya sostiene buena parte de la cultura de seguridad que este documento describe como segundo pilar del modelo de Chassin y Loeb.
Movimiento Right Care
Ataca una fuente de daño distinta pero complementaria a la de HRO: mientras HRO se concentra en evitar el fallo por defecto —no hacer lo que se debería hacer—, Right Care se concentra en evitar el fallo por exceso —hacer lo que no aporta valor ni es seguro para el paciente. Ambos marcos convergen en el objetivo de daño cero.
Servicios técnicos y organigrama matricial
Desarrolla en detalle la posición estructural de los servicios técnicos —imágenes, laboratorio, quirófano, farmacia— que este documento trata como escenario de aplicación concreta en la Sección 18.
Por qué esta síntesis importa Ninguno de estos marcos compite con HRO: todos describen, desde ángulos distintos, condiciones necesarias —pero no suficientes por separado— para que una institución de salud avance hacia la alta confiabilidad. Leerlos de manera aislada corre el riesgo de tratarlos como iniciativas paralelas y hasta redundantes; leerlos en conjunto, como se propone en esta sección, permite ver que se trata de piezas de un mismo objetivo: una atención segura, confiable y equitativa, sostenida en el tiempo.
20. Barreras y adaptación de HRO al contexto de salud argentino
La literatura reunida en este documento se produjo, en su gran mayoría, sobre la experiencia de sistemas de salud de los Estados Unidos y el Reino Unido, con capacidades de financiamiento, de dotación de personal y de sistemas de información que no siempre son equiparables a las de una institución de salud en la Argentina. Trasladar HRO sin más a este contexto exige identificar de antemano dónde están las mayores fricciones.
Barreras estructurales
Rotación y precariedad del personal. Varias de las prácticas descriptas en este documento —rondas de liderazgo sostenidas, huddles escalonados, foros de seguridad mensuales— requieren continuidad de equipos a lo largo del tiempo. La alta rotación de personal, especialmente en residencias y en cargos jerárquicos de corta duración, dificulta la construcción de la disciplina cultural que Weick y Sutcliffe describen como el núcleo de una HRO.
Restricciones presupuestarias para sistemas de información. Los sistemas de gestión visual electrónicos y los tableros de indicadores descriptos en la Sección 11 suponen una inversión en tecnología que muchas instituciones de salud argentinas no siempre pueden sostener; la alternativa —tableros físicos, de bajo costo— es perfectamente válida, y de hecho la propia VHA la utiliza en paralelo a sus versiones electrónicas.
Cultura de reporte débil frente al error. Las encuestas de clima de seguridad locales, cuando se han aplicado, muestran patrones similares a los que documenta la AHRQ en Estados Unidos: temor a que el reporte de un error se use en contra del propio profesional. Sin una cultura justa explícita, ninguna de las herramientas de esta sección puede sostenerse.
Fragmentación del sistema de salud. A diferencia de sistemas integrados como la VHA, el sistema de salud argentino combina subsectores público, de obras sociales y privado, cada uno con su propia gobernanza. Esto dificulta el tipo de escalamiento por cohortes que describe la Sección 11, y obliga a pensar la adopción de HRO institución por institución, en lugar de como una política sectorial única.
Líneas de adaptación posibles
Empezar por lo que no requiere presupuesto adicional. Los huddles escalonados y las rondas de liderazgo no requieren tecnología: requieren tiempo protegido de la agenda de la conducción, algo que depende de una decisión de prioridad y no de una partida presupuestaria.
Anclar la iniciativa en procesos ya en marcha. Como se desarrolla en la Sección 18, la gestión de camas del propio sanatorio ya incorpora buena parte de la lógica de HRO a través del paquete SAFER; la adopción de HRO no necesita partir de cero, sino reconocer y sistematizar lo que ya está en marcha bajo otro nombre.
Adaptar los instrumentos de medición al idioma y al contexto local. La disponibilidad de la encuesta SOPS en español, descripta en la Sección 17, reduce una barrera práctica significativa para su aplicación directa en instituciones de habla hispana.
Una advertencia final de esta sección El riesgo, en cualquier contexto de recursos acotados, es que HRO se adopte como discurso y no como práctica: que aparezca en las presentaciones institucionales sin traducirse en huddles reales, rondas sostenidas o un cambio efectivo en cómo se trata a quien reporta un error. La crítica de Myers y Sutcliffe desarrollada en la Sección 13 —implementación superficial, fragmentada por silos— es, si acaso, un riesgo todavía mayor en contextos de recursos limitados, donde la tentación de quedarse en la capacitación formal sin cambio estructural es más fuerte.
21. Línea de tiempo del concepto de alta confiabilidad
Ordenar cronológicamente los hitos reunidos en este documento ayuda a ver que la alta confiabilidad en salud no es una moda reciente, sino el resultado de más de cuatro décadas de investigación acumulada, primero fuera del sector salud y luego, de manera creciente, dentro de él.
Período
Hito
Años ochenta
Investigadores de la Universidad de California en Berkeley comienzan el estudio de campo de portaaviones, control de tráfico aéreo y centrales nucleares que dará origen al concepto de organización altamente confiable.
1999
El Institute of Medicine publica To Err Is Human, que instala en la agenda de salud pública de los Estados Unidos la magnitud del daño evitable por error médico.
1999
Weick, Sutcliffe y Obstfeld publican «Organizing for High Reliability: Processes of Collective Mindfulness», formulación académica original de los cinco principios.
2001 / 2015
Weick y Sutcliffe publican Managing the Unexpected, con sucesivas ediciones que consolidan el marco como referencia de gestión, más allá del ámbito estrictamente académico.
2011
Chassin y Loeb, desde The Joint Commission, publican en Health Affairs el primer marco de tres pilares —liderazgo, cultura de seguridad, mejora robusta de procesos— para trasladar HRO a la salud.
2013
Chassin y Loeb amplían ese marco en The Milbank Quarterly, con mayor desarrollo de los cambios organizacionales necesarios.
2019
La Veterans Health Administration lanza formalmente su programa nacional hacia la alta confiabilidad, organizado en cohortes sucesivas de hospitales.
2022
Moy, Hausmann y Clancy proponen extender el marco hacia la equidad en salud, dando origen a las HERO (Health Equity Reliability Organizations).
2022
El University Health Network de Toronto documenta, durante la implementación de una nueva historia clínica electrónica, 23 actividades organizacionales alineadas con los cinco principios de HRO (publicado por Pozzobon y colaboradores en 2023).
2022
Myers y Sutcliffe publican su balance crítico sobre la profundidad y amplitud de la adopción de HRO en salud, dos décadas después del informe fundacional.
2024
Murray y colaboradores documentan, en Federal Practitioner, los resultados cuantitativos de las cuatro prácticas fundacionales de la VHA tras varias cohortes de implementación.
2025
Naureckas Li y colaboradores publican el caso de un hospital pediátrico que adoptó HRO durante la pandemia de COVID-19, con datos de gráficos de control estadístico de procesos a lo largo de cinco años.
2026
Alshreef propone la Arquitectura Estratégica de Gobernanza de la Seguridad (SSGA), que recodifica la norma ISO 45001 como mecanismo operativo para instalar los cinco principios de HRO en la gobernanza institucional.
Una lectura de esta cronología El patrón que se repite en esta línea de tiempo es el de una idea que migra desde industrias de alto riesgo ajenas a la salud, se traduce en marcos de gestión cada vez más específicos, se implementa a gran escala en al menos un sistema de salud integrado, y luego es sometida a un balance crítico que exige revisarla y profundizarla. Este documento se ubica, precisamente, en ese último momento del recorrido: no se limita a difundir el marco, sino que también reúne sus límites documentados y las líneas de trabajo que quedan abiertas.
22. Indicadores de un programa de alta confiabilidad
La Sección 17 desarrolló los instrumentos de medición de la cultura de seguridad, que capturan percepciones del personal. Esta sección los complementa con indicadores de proceso: métricas más operativas, que miden si las prácticas fundacionales descriptas en la Sección 11 efectivamente se están sosteniendo en el tiempo, y no sólo si fueron anunciadas.
Indicadores de adopción de las prácticas fundacionales
Práctica
Indicador sugerido
Rondas de liderazgo
Porcentaje de rondas programadas efectivamente realizadas; porcentaje de temas planteados en la ronda con cierre de ciclo documentado dentro de un plazo definido.
Sistemas de gestión visual
Porcentaje de unidades con tablero activo y actualizado; frecuencia de actualización real frente a la frecuencia esperada.
Foros de seguridad
Asistencia por estamento profesional (para detectar concentración en una sola disciplina, el riesgo señalado en la Sección 13); número de casos revisados por foro.
Huddles escalonados
Porcentaje de huddles de Tier 1 realizados según cronograma; tiempo promedio de escalamiento de un problema hasta su resolución por nivel.
Indicadores de resultado
Tasa de eventos centinela y eventos adversos evitables, medida de manera longitudinal y no sólo como conteo anual agregado.
Tasa de casi-accidentes reportados, que —a diferencia de lo que podría suponerse— debe subir, y no bajar, a medida que la cultura de seguridad mejora: una tasa de reporte creciente indica mayor confianza, no mayor riesgo.
Tiempo entre la detección de un riesgo y su resolución, desagregado por el nivel de la organización en el que efectivamente se resolvió (unidad, servicio o dirección), replicando la lógica de los tres niveles de huddles de la Sección 11.
Resultados de la encuesta de cultura de seguridad (Sección 17), desagregados por servicio, con seguimiento de su evolución edición a edición y no sólo de su valor absoluto.
La trampa de medir sólo lo fácil Es más sencillo medir si un tablero está colgado en la pared que si efectivamente cambia el comportamiento del equipo que lo mira todos los días. Los indicadores de adopción de esta sección deben leerse siempre junto con los indicadores de resultado: una institución puede mostrar un cumplimiento perfecto de rondas y huddles y, aun así, no haber modificado su tasa real de eventos adversos, si esas prácticas se convirtieron en un trámite formal y no en una disciplina genuina —exactamente el riesgo que advierten Myers y Sutcliffe en la Sección 13.
Cómo seguir estos indicadores en el tiempo: gráficos de control estadístico de procesos
La herramienta estadística más adecuada para este seguimiento no es la comparación simple entre dos períodos, sino el gráfico de control de procesos (statistical process control, SPC), y en particular la carta U cuando se trabaja con tasas de eventos por unidad de exposición —por ejemplo, eventos por cada 10.000 días-paciente ajustados. El caso del hospital pediátrico desarrollado en la Sección 12 de este documento ilustra su utilidad: permite distinguir un desplazamiento real y sostenido de la línea central —lo que la metodología llama variación de causa especial— de la fluctuación normal que cualquier proceso tiene mes a mes.
Las reglas habituales para identificar una variación de causa especial incluyen: un punto que se aleja más de tres desvíos estándar de la línea central; nueve puntos consecutivos del mismo lado de la línea central; seis puntos consecutivos en aumento o disminución sostenida; o catorce puntos alternando sistemáticamente hacia arriba y hacia abajo. Marcar en el propio gráfico las fechas en que se implementó cada intervención —una ronda de liderazgo, un nuevo sistema de reporte, un huddle escalonado— permite, además, asociar visualmente cada desplazamiento de la línea central con la intervención que probablemente lo produjo.
Una advertencia metodológica El propio caso del hospital pediátrico advierte que ninguna serie de datos hospitalarios está libre de factores de confusión: una pandemia, un cambio de sistema de historia clínica, o una escasez de personal pueden desplazar la línea central de un gráfico sin que medie ninguna intervención de HRO. Antes de atribuir una mejora —o un empeoramiento— a un programa de alta confiabilidad, conviene revisar qué otros cambios contextuales ocurrieron en el mismo período.
23. Anexo: instrumento de autoevaluación institucional
Esta sección propone un instrumento simple de autoevaluación, pensado para que un servicio o una institución pueda ubicar dónde se encuentra hoy respecto de cada uno de los tres pilares del modelo de Chassin y Loeb (Sección 5) y de los cinco principios de Weick y Sutcliffe (Sección 4). No reemplaza a la encuesta de cultura de seguridad de la Sección 17 —que mide percepción del personal— sino que ofrece una mirada de gestión, para ser completada por la conducción del servicio o de la institución.
18.1 Escala de madurez sugerida
Nivel
Descripción
1 — Inicial
La práctica no existe, o existe de manera informal y no documentada, dependiente de la voluntad de una persona en particular.
2 — Emergente
La práctica está definida en un documento o protocolo, pero su cumplimiento es irregular y no se mide.
3 — En consolidación
La práctica se cumple de manera sostenida y se mide, aunque todavía de manera aislada, sin integrarse a otras prácticas del programa.
4 — Avanzada
La práctica se cumple, se mide, se revisa periódicamente en una instancia de coordinación, y se ajusta a partir de esa revisión.
18.2 Autoevaluación por pilar (modelo de Chassin y Loeb)
Pilar
Pregunta guía
Nivel (1-4)
Liderazgo
¿La conducción prioriza de manera explícita y sostenida la meta de daño cero, más allá del lanzamiento inicial de un programa?
Cultura de seguridad
¿El personal reporta errores y casi-accidentes sin temor a que se use en su contra, según lo que muestra la encuesta de cultura de seguridad?
Mejora robusta de procesos
¿La institución utiliza metodologías estructuradas (Lean, Six Sigma, gestión del cambio) para rediseñar procesos, o resuelve los problemas caso por caso?
18.3 Autoevaluación por principio (Weick y Sutcliffe)
Principio
Pregunta guía
Nivel (1-4)
Preocupación por el fallo
¿Los casi-accidentes se registran y analizan con el mismo rigor que un evento consumado?
Reticencia a simplificar
¿El análisis de causa raíz llega más allá de la primera explicación disponible?
Sensibilidad a las operaciones
¿La conducción mantiene contacto directo y regular con la primera línea (rondas, huddles)?
Compromiso con la resiliencia
¿Existen protocolos de contingencia definidos antes de que ocurra la falla, y no improvisados en el momento?
Deferencia a la experiencia
¿Cualquier integrante del equipo puede detener un proceso ante una duda de seguridad, sin importar su jerarquía?
18.4 Cómo interpretar el resultado
Un promedio general bajo (cercano a 1) en los tres pilares indica que la institución está en una etapa fundacional: conviene concentrar los primeros esfuerzos en el liderazgo y la cultura de seguridad antes de sumar herramientas de mejora de procesos, siguiendo la secuencia de maduración que describe la Sección 5.
Una brecha marcada entre pilares —por ejemplo, liderazgo alto y cultura de seguridad baja— suele ser señal de que existe un discurso institucional favorable a la alta confiabilidad que todavía no se tradujo en una experiencia real de seguridad psicológica para el personal.
Un promedio alto en los cinco principios pero concentrado en un solo servicio o una sola profesión reproduce exactamente el riesgo de implementación estrecha que señala la Sección 13: antes de declarar un nivel avanzado, conviene verificar que la autoevaluación se repitió en más de un servicio y de una disciplina.
Cómo usar este instrumento en el sanatorio Se sugiere completar esta autoevaluación por servicio —no sólo a nivel institucional agregado— y repetirla con una periodicidad fija, de modo que sus resultados puedan compararse en el tiempo del mismo modo en que se sugiere hacerlo con la encuesta de cultura de seguridad de la Sección 17. Los resultados de ambos instrumentos, leídos en conjunto, deberían presentarse en el comité de gestión de camas o en la instancia de coordinación equivalente que la institución ya sostenga.
24. Glosario de términos
Término
Significado
Cultura justa (just culture)
Enfoque que distingue entre el error humano razonable, que se trata como oportunidad de aprendizaje, y la conducta temeraria o negligente, que sí amerita una consecuencia disciplinaria.
Deferencia a la experiencia
Principio de HRO por el cual, en una situación crítica, la autoridad para decidir se traslada hacia quien tiene el conocimiento más relevante, más allá de su posición jerárquica.
Huddle escalonado (tiered safety huddle)
Reunión breve, organizada en niveles sucesivos, que permite escalar un problema hasta que llega a quien tiene la competencia para resolverlo.
Mindfulness colectivo
Capacidad de una organización de notar lo inesperado mientras aún es pequeño, contenerlo si no puede evitarlo, y restablecer el funcionamiento normal lo más rápido posible.
MESS
Formato de gestión visual utilizado por la VHA — métodos, equipamiento, personal e insumos, por su sigla en inglés.
Robust Process Improvement (RPI)
Uso combinado y disciplinado de Lean, Six Sigma y gestión del cambio para rediseñar procesos hasta hacerlos consistentemente seguros.
Ronda de liderazgo (leader rounding)
Recorrida programada de la conducción junto al personal de primera línea, enfocada en seguridad, recursos y mejora.
Sistema de gestión visual (visual management system, VMS)
Tablero físico o electrónico que muestra el estado de los procesos críticos de un área de trabajo.
SOPS (Surveys on Patient Safety Culture)
Familia de encuestas de la AHRQ que miden la percepción del personal sobre la cultura de seguridad del paciente.
Variedad requerida (requisite variety)
Concepto que describe la necesidad de una comprensión rica y una aplicación diversa —entre profesiones y disciplinas— para que un principio complejo se adopte de manera efectiva.
HERO (Health Equity Reliability Organization)
Extensión propuesta del marco HRO que incorpora la equidad en salud como componente literal de cada uno de los cinco principios.
HRO (High Reliability Organization)
Organización que opera en un entorno complejo y de alto riesgo y mantiene, de manera sostenida, una tasa de fallas graves menor a la esperable dada esa complejidad.
ACA (análisis de causa aparente)
Revisión ágil y de menor alcance que una RCA, liderada localmente, para eventos que afectan pocas microsistemas y no resultan en daño grave.
RCA (root cause analysis / análisis de causa raíz)
Revisión estructurada y más profunda de un evento de seguridad significativo, con patrocinio ejecutivo y equipo de proyecto dedicado.
ARCC / SBAR
Herramientas estandarizadas de comunicación de seguridad: ARCC (preguntar, solicitar un cambio, expresar la inquietud, cadena de mando) y SBAR (situación, contexto, evaluación, recomendación).
Carta U / control estadístico de procesos (SPC)
Gráfico de control que sigue en el tiempo una tasa de eventos por unidad de exposición, permitiendo distinguir una variación real y sostenida de la fluctuación normal del proceso.
ISO 45001
Norma internacional de sistemas de gestión de seguridad y salud ocupacional, publicada en 2018, que Alshreef (2026) propone recodificar como arquitectura de gobernanza de la alta confiabilidad.
PSI (patient safety index / índice de seguridad del paciente)
Métrica compuesta que agrega varios indicadores de eventos de seguridad de una institución en un único tablero de seguimiento.
SSGA (Strategic Safety Governance Architecture)
Arquitectura de gobernanza en tres capas propuesta por Alshreef (2026) que traduce las cláusulas de ISO 45001 en mecanismos operativos alineados con los cinco principios de HRO.
25. Anexo B: Preguntas frecuentes sobre HRO
¿Cuánto tiempo lleva convertirse en una organización altamente confiable?
No hay un plazo estándar, y buena parte de la literatura reunida en este documento —en particular el balance de Myers y Sutcliffe desarrollado en la Sección 13— advierte contra tratar la alta confiabilidad como un proyecto con fecha de cierre. La propia Veterans Health Administration lleva, al momento de las fuentes más recientes incorporadas a este documento, más de cinco años de implementación por cohortes sucesivas, y continúa ajustando sus prácticas fundacionales.
¿Es lo mismo una HRO que una institución acreditada o certificada en calidad?
No necesariamente. Una acreditación certifica el cumplimiento de estándares en un momento determinado; la alta confiabilidad describe una disciplina cultural sostenida en el tiempo, que puede o no estar acompañada de una acreditación formal. Es perfectamente posible que una institución acreditada no sea, en los términos de este documento, una organización altamente confiable —y viceversa.
¿HRO reemplaza a los programas de calidad y seguridad del paciente ya existentes?
No. Como se desarrolla en la Sección 16, HRO integra y ordena herramientas —Lean, Six Sigma, gestión del cambio— que muchas instituciones ya utilizan de manera aislada. El aporte específico de HRO no es un conjunto nuevo de herramientas, sino un marco cultural y de liderazgo que les da sentido de conjunto.
¿Por qué la tasa de reporte de casi-accidentes debería subir, y no bajar, en una institución que mejora?
Porque una tasa de reporte baja no necesariamente indica menos riesgo: con frecuencia indica menos confianza del personal en que reportar sea seguro para su carrera. Este punto, desarrollado en la Sección 22, es una de las confusiones más frecuentes al interpretar los indicadores de un programa de alta confiabilidad.
¿Qué institución debería empezar primero: la más grande y compleja, o la más pequeña?
La literatura no ofrece una respuesta única. La ventaja de empezar por una institución pequeña o por un solo servicio es la posibilidad de aprender rápido y con bajo costo de error; la desventaja es el riesgo de implementación estrecha y fragmentada que señala la Sección 13. La VHA, en cambio, optó por una escala nacional desde el inicio, organizada en cohortes, precisamente para evitar que la iniciativa quedara asociada a una sola unidad o profesión.
¿Qué rol cumple el paciente en un programa de alta confiabilidad?
Un rol que la literatura tradicional de HRO no siempre hizo explícito, y que la extensión hacia HERO desarrollada en la Sección 15 corrige de manera directa: el paciente y su familia son, en muchos casos, quienes tienen la información más completa sobre su propia situación, y su participación activa en las decisiones es en sí misma una forma de deferencia a la experiencia.
Una pregunta que este documento todavía no responde ¿Cómo se sostiene un programa de alta confiabilidad cuando la rotación de personal es alta y los recursos de tecnología son limitados, como ocurre en buena parte del sistema de salud argentino? La Sección 20 esboza algunas líneas de adaptación, pero se trata, todavía, de una pregunta abierta de este documento — precisamente el tipo de desarrollo que se espera incorporar en próximas versiones.
26. Conclusión
Este documento recorrió el concepto de organización altamente confiable desde su origen en industrias ajenas a la salud —portaaviones, control de tráfico aéreo, energía nuclear— hasta su formulación académica en los cinco principios de Weick y Sutcliffe, su traducción al sector salud en el modelo de tres pilares de Chassin y Loeb, y su extensión más reciente hacia la equidad. A partir de ahí, se detuvo en lo más difícil de encontrar en esta literatura: cómo se construye, en la práctica, una institución de salud altamente confiable, y qué se encuentra en el camino.
Tres desarrollos complementarios respondieron a esa pregunta de construcción: un marco de gobernanza que recodifica una norma internacional ya existente (ISO 45001) como arquitectura estratégica de seguridad; el caso, ya extensamente documentado, de las cuatro prácticas fundacionales de la Veterans Health Administration; y dos casos adicionales de transformación institucional a gran escala —un hospital pediátrico durante la pandemia de COVID-19 y la implementación de una historia clínica electrónica en un centro académico multisede— que aportan evidencia cuantitativa y ejemplos operativos concretos.
El documento no minimizó las dificultades de ese camino. Documentó las oposiciones más frecuentes —el argumento financiero, el argumento burocrático, la implementación superficial y la implementación estrecha— y fue explícito en algo que la literatura suele dejar implícito: que construir alta confiabilidad puede derrumbar hitos que la institución consideraba consolidados, desde la ilusión de que «no pasa nada» hasta las jerarquías que se suspenden en el momento crítico.
Los tres rasgos que definen a una organización altamente confiable
Es una disciplina de liderazgo sostenida, no un programa de seguridad con fecha de cierre. Se reafirma o se erosiona con cada decisión cotidiana de la conducción, no con el lanzamiento de una iniciativa puntual.
Es una organización más horizontal y menos jerárquica que la estructura sanitaria tradicional. La autoridad se desplaza hacia quien tiene la pericia relevante para el problema, sin abandonar por eso la conducción formal.
Potencia de manera conjunta la seguridad, la calidad asistencial y el bienestar de quienes trabajan en la institución. No administra estas tres dimensiones como programas paralelos, sino como resultados complementarios de un mismo sistema de gobernanza.
Una nota final sobre este documento
Este trabajo se elaboró de manera incremental, incorporando fuentes académicas y casos institucionales a medida que estuvieron disponibles: desde la formulación original de 1999 hasta artículos publicados en 2026.
Esa misma lógica de incorporación progresiva —revisar, agregar evidencia, ajustar la estructura— es, en cierto sentido, coherente con el propio objeto que describe: ninguna organización, y ningún documento que la describe, llega a la alta confiabilidad de una sola vez.
27. Fichas bibliográficas (estilo MLA)
Esta sección reúne, en formato de ficha, cada una de las fuentes utilizadas en este documento. Cada ficha incluye la referencia completa en estilo MLA (9.ª edición), el tipo de fuente, un resumen breve de su contenido, palabras clave y la sección de este documento donde se utilizó.
FICHA 1
Referencia (MLA):Weick, Karl E., and Kathleen M. Sutcliffe. Managing the Unexpected: Sustained Performance in a Complex World.3rd ed., Jossey-Bass, 2015.Tipo de fuente: Libro académico. Resumen: Obra de referencia que sistematiza el estudio de las organizaciones altamente confiables a partir del análisis de industrias de alto riesgo (portaaviones, control de tráfico aéreo, energía nuclear). Introduce el concepto de mindfulness colectivo y desarrolla los cinco principios que distinguen a estas organizaciones. Palabras clave:HRO, mindfulness colectivo, alta confiabilidad, industrias de alto riesgo.Uso en este documento: Secciones 2, 3 y 4 — origen del concepto, definición y los cinco principios.
FICHA 2
Referencia (MLA):Weick, Karl E., et al. «Organizing for High Reliability: Processes of Collective Mindfulness.» Research in Organizational Behavior, edited by Barry M. Staw and Robert I. Sutton, vol. 21, JAI Press, 1999, pp. 81-123.Tipo de fuente: Capítulo de libro / artículo académico. Resumen: Formulación original de los cinco principios de alta confiabilidad organizacional, a partir de investigación de campo en industrias de alto riesgo de la Universidad de California en Berkeley. Introduce por primera vez el marco teórico de mindfulness colectivo como infraestructura latente para la mejora del desempeño en cualquier tipo de organización. Palabras clave:Mindfulness colectivo, preocupación por el fallo, deferencia a la experiencia.Uso en este documento: Sección 4 — desarrollo detallado de los cinco principios.
FICHA 3
Referencia (MLA):Chassin, Mark R., and Jerod M. Loeb. «The Ongoing Quality Improvement Journey: Next Stop, High Reliability.»Health Affairs, vol. 30, no. 4, 2011, pp. 559-568.Tipo de fuente: Artículo académico. Resumen: Primer desarrollo, por parte de la conducción de The Joint Commission, de un marco de tres pilares —liderazgo, cultura de seguridad y mejora robusta de procesos— para trasladar la ciencia de la alta confiabilidad al sector salud. Sostiene que ningún sistema de salud había alcanzado, a esa fecha, un estado consistente de alta confiabilidad. Palabras clave:Liderazgo, cultura de seguridad, Robust Process Improvement.Uso en este documento: Sección 5 — el modelo de Chassin y Loeb para la salud.
FICHA 4
Referencia (MLA):Chassin, Mark R., and Jerod M. Loeb. «High-Reliability Health Care: Getting There from Here.»The Milbank Quarterly, vol. 91, no. 3, 2013, pp. 459-490.Tipo de fuente: Artículo académico. Resumen: Desarrollo ampliado del marco de 2011, con mayor detalle sobre los tres cambios organizacionales necesarios para avanzar hacia la alta confiabilidad: compromiso de liderazgo con el daño cero, cultura de seguridad y adopción sistemática de herramientas de mejora de procesos (Lean, Six Sigma, gestión del cambio). Palabras clave:Daño cero, cultura de seguridad, Lean, Six Sigma.Uso en este documento: Secciones 5 y 16 — el modelo de tres pilares y las herramientas de mejora robusta de procesos.
FICHA 5
Referencia (MLA):Kohn, Linda T., et al., editors. To Err Is Human: Building a Safer Health System.National Academy Press, 2000.Tipo de fuente: Informe institucional / libro. Resumen: Informe del Institute of Medicine que estimó en cerca de 100.000 las muertes anuales evitables por errores médicos en los Estados Unidos, y que instaló en la agenda de salud pública la pregunta de cómo aprender de industrias de alto riesgo que gestionan mejor la seguridad. Punto de partida habitualmente citado del interés de la salud por el marco HRO. Palabras clave:Error médico, seguridad del paciente, sistema de salud.Uso en este documento: Sección 2 — por qué la salud mira hacia las HRO.
FICHA 6
Referencia (MLA):«High Reliability.» Patient Safety Network, Agency for Healthcare Research and Quality, psnet.ahrq.gov/primer/high-reliability.Accessed 8 Aug. 2026.Tipo de fuente: Página web institucional (primer/recurso divulgativo). Resumen: Síntesis divulgativa, mantenida por la AHRQ, de los fundamentos de las organizaciones altamente confiables y de las condiciones que The Joint Commission recomienda como base antes de iniciar el camino hacia la alta confiabilidad: liderazgo comprometido con el daño cero, cultura de seguridad positiva y cultura de mejora robusta de procesos. Palabras clave:AHRQ, PSNet, condiciones de base, Joint Commission.Uso en este documento: Secciones 5 y 6 — condiciones de base y brecha actual de la salud.
FICHA 7
Referencia (MLA):Myers, Christopher G., and Kathleen M. Sutcliffe. «High Reliability Organising in Healthcare: Still a Long Way Left to Go.»BMJ Quality & Safety, vol. 31, no. 12, 2022, pp. 845-848.Tipo de fuente: Editorial académico. Resumen: Balance crítico de dos décadas de HRO en salud, a propósito de un estudio cualitativo sobre la implementación de un programa de seguridad en un hospital canadiense. Identifica una implementación superficial (poca profundidad conceptual) y estrecha (fragmentada por silos profesionales), y propone tres direcciones para ampliar la variedad requerida de la adopción. Palabras clave:Implementación superficial, silos profesionales, variedad requerida.Uso en este documento: Sección 13 — los límites de la implementación actual.
FICHA 8
Referencia (MLA):Rotteau, Leahora, et al. «Striving for High Reliability in Healthcare: A Qualitative Study of the Implementation of a Hospital Safety Programme.»BMJ Quality & Safety, vol. 31, no. 12, 2022, pp. 867-877.Tipo de fuente: Artículo académico — estudio cualitativo. Resumen: Estudio de observaciones y entrevistas sobre la implementación del programa «Caring Safely», inspirado en HRO, en un hospital canadiense. Encuentra una adopción desigual entre profesiones —mayor entre enfermería— y escasa comprensión de principios como la deferencia a la experiencia y el compromiso con la resiliencia. Palabras clave:Caring Safely, estudio cualitativo, adopción por profesión.Uso en este documento: Sección 13, como estudio de base del editorial de Myers y Sutcliffe.
FICHA 9
Referencia (MLA):Murray, John S., et al. «The Role of High Reliability Organization Foundational Practices in Building a Culture of Safety.»Federal Practitioner, vol. 41, no. 7, 2024, pp. 214-221.Tipo de fuente: Artículo de revista profesional (program profile). Resumen: Describe las cuatro prácticas fundacionales —rondas de liderazgo, sistemas de gestión visual, foros de seguridad y huddles de seguridad escalonados— con las que la Veterans Health Administration conduce, desde 2019 y por cohortes sucesivas de hospitales, su programa nacional hacia la alta confiabilidad. Incluye datos cuantitativos de adopción por cohorte. Palabras clave:VHA, rondas de liderazgo, gestión visual, huddles escalonados.Uso en este documento: Sección 11 y Sección 18 — prácticas fundacionales y su aplicación a camas, quirófano y guardia.
FICHA 10
Referencia (MLA):Moy, Ernest, et al. «From HRO to HERO: Making Health Equity a Core Capability.»American Journal of Medical Quality, vol. 37, no. 1, 2022, pp. 81-83.Tipo de fuente: Artículo académico breve (perspectiva). Resumen: Propone extender el marco HRO para incorporar de manera explícita la equidad en salud, dando lugar a las HERO (Health Equity Reliability Organizations). Desarrolla cómo cada uno de los cinco principios de Weick y Sutcliffe debe ampliarse para tratar las disparidades entre grupos de pacientes como fallas sistemáticas equivalentes a un error individual. Palabras clave:Equidad en salud, HERO, disparidades, daño cero.Uso en este documento: Sección 15 — de HRO a HERO.
FICHA 11
Referencia (MLA):The Joint Commission. «High Reliability Health Care.» The Joint Commission, jointcommission.org. Accessed 8 Aug. 2026.Tipo de fuente: Página web institucional. Resumen: Recursos, formación y materiales de la agencia de acreditación hospitalaria más influyente de los Estados Unidos sobre alta confiabilidad, que ha propuesto que todas las instituciones de salud acreditadas adopten los principios HRO como estándar de gestión de la seguridad. Palabras clave:Acreditación, Joint Commission, estándar de seguridad.Uso en este documento: Secciones 5 y 6 — referencias institucionales al modelo de Chassin y Loeb.
FICHA 12
Referencia (MLA):Jacobson, Greg. «5 Principles of High-Reliability Organizations, Explained.»KaiNexus Blog, 16 July 2025, blog.kainexus.com/improvement-disciplines/hro/5-principles.Tipo de fuente: Publicación de blog corporativo (fuente divulgativa, no académica). Resumen: Síntesis práctica y orientada a la gestión de los cinco principios de HRO, con énfasis en la idea de que la alta confiabilidad es una disciplina de liderazgo sostenida día a día y no un programa de cumplimiento. Incluye contenido promocional del software de la propia empresa, que se excluyó de la síntesis incorporada a este documento. Palabras clave:Disciplina de liderazgo, vigilancia, mejora continua.Uso en este documento: Sección 7 — alta confiabilidad como disciplina de liderazgo.
FICHA 13
Referencia (MLA):Alshreef, Bandar Saad. «Beyond Compliance: An HRO-Based Governance Framework for ISO 45001–Enabled Safety Strategy in Healthcare.»Risk Management and Healthcare Policy, vol. 19, 2026, article 604364.Tipo de fuente: Artículo académico conceptual (revisión). Resumen: Propone la Arquitectura Estratégica de Gobernanza de la Seguridad (SSGA), un marco de tres capas que recodifica las cláusulas de la norma ISO 45001 como mecanismo operativo y auditable para instalar los cinco principios de HRO en la gobernanza de una institución de salud. Incluye un mapeo explícito entre cláusulas de la norma y principios de HRO, y responde a las críticas financiera y burocrática que suele recibir este tipo de marco. Palabras clave:ISO 45001, gobernanza, SSGA, cultura de seguridad, resiliencia organizacional.Uso en este documento: Secciones 9, 10 y 13 — potenciación conjunta de seguridad y calidad, marco de gobernanza ISO 45001, y oposiciones de tipo financiero y burocrático.
FICHA 14
Referencia (MLA):Naureckas Li, Caitlin, et al.«Implementing HRO Principles under Stress: A Hospital’s Journey toward High Reliability.»Pediatric Quality & Safety, vol. 10, no. 3, 2025, article e816.Tipo de fuente: Artículo académico — proyecto de mejora de calidad de una sola institución. Resumen: Documenta la transformación de un hospital pediátrico cuaternario hacia la alta confiabilidad durante la disrupción de la pandemia de COVID-19, con intervenciones organizadas en tres ejes (estructura, medición y transparencia, responsabilidad y empoderamiento) y resultados medidos con gráficos de control estadístico de procesos a lo largo de cinco años. Palabras clave:Cultura justa, índice de seguridad del paciente, carta U, coaches de seguridad, COVID-19.Uso en este documento: Secciones 9, 12, 14, 17 y 22 — potenciación de la seguridad, caso de transformación a gran escala, derrumbe de hitos, encuesta de clima propia e indicadores con SPC.
FICHA 15
Referencia (MLA):Pozzobon, Laura D., et al. «Adopting High Reliability Organization Principles to Lead a Large-Scale Clinical Transformation.»Healthcare Management Forum, vol. 36, no. 4, 2023, pp. 241-245.Tipo de fuente: Artículo académico original. Resumen: Describe 23 actividades organizacionales alineadas con los cinco principios de HRO durante la planificación y puesta en marcha de una nueva historia clínica electrónica en un centro académico multisede de Ontario, Canadá, incluyendo el caso detallado de un equipo de trabajo transitorio (time-limited task force) que combinó los cinco principios en una sola intervención. Palabras clave:Historia clínica electrónica, equipos de trabajo transitorios, transformación clínica a gran escala.Uso en este documento: Secciones 8 y 12 — horizontalidad organizacional y casos de transformación a gran escala.
Nota sobre la elaboración de este documento
Este documento fue elaborado por el Dr. Carlos Alberto Díaz, con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como herramienta de redacción y búsqueda bajo su supervisión científica.
Trabajo realizado por Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD.
Este tema, surgió nuevamente en la Maestría de gestión en primer año, en un seminario, sobre Value based health, de la pregunta atinada del alumnado, y la contesté prometiendo hacerles llegar un documento que explique verbal y limitadamente porque tenemos que ser organización altamente confiables si queremos brindar atención médica basada en el valor. La eficiencia, la efectividad, la utilidad, la apropiabilidad, la pertinencia, la minimización de costos a través de disminuir desperdicios y eliminar tareas que no agregan valor.
La noción de organización altamente confiable no nace en el sector salud. Surge del estudio de un puñado de industrias que operan en condiciones de alto riesgo y alta complejidad, y que sin embargo sostienen tasas de falla catastrófica excepcionalmente bajas: portaaviones nucleares, el control de tráfico aéreo, la aviación comercial y las centrales nucleares. Estas organizaciones comparten un rasgo que las distingue de la mayoría de las industrias, incluida la salud: la posibilidad de un evento catastrófico es real y conocida, y aun así logran mantenerla bajo control de manera sostenida.
El término fue desarrollado por investigadores de la Universidad de California en Berkeley durante los años ochenta y noventa, y alcanzó su formulación más influyente en el trabajo de Karl E. Weick y Kathleen M. Sutcliffe, cuyo libro Managing the Unexpected (2001, con ediciones posteriores) sistematizó los rasgos organizacionales comunes a estas industrias de alta confiabilidad.
Por qué la salud mira hacia estas industrias
El interés del sector salud por las HRO se consolida a partir de 1999, con la publicación del informe To Err Is Human del Institute of Medicine, que estimó en cerca de 100.000 las muertes anuales por errores médicos evitables en los Estados Unidos. Ese informe instaló la pregunta que las HRO ya venían respondiendo en otros sectores: ¿cómo logra una organización operar de manera segura y consistente en condiciones de alto riesgo, cuando el margen de error es mínimo y las consecuencias de una falla pueden ser irreversibles?
2.1 Las tres industrias fundacionales del estudio de Berkeley
El grupo de investigación de Berkeley concentró su trabajo de campo en tres organizaciones concretas, cuyo estudio detallado dio origen a los cinco principios desarrollados en la Sección 4. Conocer brevemente cada una ayuda a entender por qué esos principios tienen la forma que tienen.
Portaaviones de la Marina de los Estados Unidos
Un portaaviones en operaciones combina, en un espacio reducido, despegues y aterrizajes de aeronaves de combate, combustible y municiones almacenados, y una tripulación de miles de personas —muchas de ellas jóvenes y con relativamente poca experiencia— que debe coordinar tareas de altísimo riesgo con un margen de error prácticamente nulo. Los investigadores encontraron que la autoridad formal se suspendía de manera rutinaria y deliberada durante las operaciones de cubierta: cualquier marinero, sin importar su rango, podía detener un despegue si detectaba una condición insegura. Esa observación es el origen directo del principio de deferencia a la experiencia.
Control de tráfico aéreo de la Administración Federal de Aviación
El sistema de control de tráfico aéreo debe coordinar, en tiempo real y sin posibilidad de pausa, miles de aeronaves que comparten un espacio aéreo común. Los controladores desarrollan una atención sostenida a variaciones mínimas —una desviación de rumbo, un cambio de altitud no confirmado— que, de pasar inadvertidas, podrían derivar en una colisión. Este caso es el que mejor ilustra la sensibilidad a las operaciones: la seguridad depende de una vigilancia activa y continua, no de un procedimiento que se ejecuta una vez y se da por cumplido.
Central nuclear de Diablo Canyon (Pacific Gas and Electric)
El estudio de una central nuclear en operación mostró un patrón distinto: la organización invertía deliberadamente tiempo y recursos en imaginar modos de falla que todavía no habían ocurrido, y en cuestionar las explicaciones ya aceptadas sobre por qué un sistema funcionaba de determinada manera. Ese ejercicio sostenido de anticipación, incómodo y poco intuitivo, es el que inspiró directamente los principios de preocupación por el fallo y de reticencia a simplificar.
Definición
Definición de trabajo Una organización altamente confiable es aquella que opera en un entorno complejo y de alto riesgo y que, sin embargo, mantiene una tasa de fallas graves sistemáticamente menor a la que sería esperable dada esa complejidad. No evita el riesgo evitando la actividad: lo hace operando de un modo que detecta las señales débiles de un problema antes de que se convierta en un evento catastrófico.
Weick, Sutcliffe y David Obstfeld, en su artículo de 1999 «Organizing for High Reliability: Processes of Collective Mindfulness», propusieron que lo que distingue a estas organizaciones no es un conjunto de procedimientos específicos, sino una forma de atención organizacional que denominaron mindfulness colectivo: la capacidad de un sistema de notar lo inesperado mientras aún es pequeño, contenerlo si no puede evitarlo, y restablecer el funcionamiento normal lo más rápido posible si no puede contenerlo.
Esta idea de mindfulness colectivo se despliega en cinco principios, que se agrupan en dos funciones distintas: tres principios orientados a la anticipación del problema, y dos orientados a la contención una vez que el problema ya se manifestó.
3.1 Conceptos relacionados y frecuentemente confundidos
HRO comparte vocabulario y preocupaciones con otros marcos de seguridad que circulan en la literatura de salud, lo que a veces lleva a tratarlos como sinónimos. Conviene distinguirlos, porque cada uno resuelve un problema distinto y todos pueden convivir dentro de un mismo programa institucional.
Concepto
Qué resuelve
Relación con HRO
Crew Resource Management (CRM)
Un protocolo de comunicación y trabajo en equipo, originado en la aviación, para reducir el error humano en situaciones de alta carga cognitiva.
Es una herramienta táctica que puede usarse para instrumentar, en el día a día, el principio de deferencia a la experiencia.
Cultura justa (just culture)
Un criterio para distinguir el error humano razonable de la conducta temeraria, y decidir cuándo corresponde una sanción y cuándo un aprendizaje.
Es la condición necesaria para que la preocupación por el fallo se traduzca en reporte real y no en ocultamiento.
Ingeniería de la resiliencia (resilience engineering)
El estudio de cómo los sistemas se adaptan ante variaciones que exceden lo previsto en sus procedimientos formales.
Profundiza específicamente el principio de compromiso con la resiliencia, con una tradición de investigación propia.
Lean Healthcare
La eliminación del desperdicio y la variabilidad no deseada en los procesos asistenciales.
Es, dentro de HRO, una de las tres herramientas del pilar de mejora robusta de procesos (Sección 16).
Ninguno de estos conceptos sustituye a HRO: cada uno resuelve una pieza del problema más amplio que HRO describe. Un programa institucional maduro, como se desarrolla en la Sección 16, termina incorporando varios de estos marcos como herramientas concretas dentro de una disciplina de gestión más amplia.
4. Los cinco principios de Weick y Sutcliffe
Los cinco principios no operan de manera aislada: se refuerzan entre sí y conforman, en conjunto, la disciplina cultural y operacional que sostiene la alta confiabilidad.
4.1 Principios de anticipación
Preocupación por el fallo (preoccupation with failure)
Ninguna racha de resultados favorables se interpreta como evidencia de que el sistema es seguro. Los casi-error (near miss) se tratan como información valiosa y no como una anécdota sin consecuencias: la pregunta que sostiene este principio es qué señal débil se está pasando por alto hoy y que, de no atenderse, podría convertirse en un evento grave mañana.
Reticencia a simplificar (reluctance to simplify)
Las explicaciones simples de un error —»el personal estaba distraído», «fue un caso aislado»— suelen esconder causas sistémicas más profundas. Este principio exige resistir la tentación de cerrar el análisis en la primera causa aparente y sostener una mirada multicausal, incluso cuando eso resulta más incómodo o más lento.
Sensibilidad a las operaciones (sensitivity to operations)
Mantener una conciencia permanente y actualizada del estado real de los sistemas y procesos que afectan la seguridad, en el nivel donde efectivamente se produce el trabajo. Una organización sensible a sus operaciones no gestiona a partir de lo que el organigrama dice que debería estar pasando, sino a partir de lo que realmente está pasando en la primera línea.
4.2 Principios de contención
Compromiso con la resiliencia (commitment to resilience)
Ninguna organización, por más preparada que esté, elimina por completo la posibilidad de un evento inesperado. Este principio traslada el foco desde la prevención absoluta hacia la capacidad de detectar rápido, contener el daño y recuperar la función normal antes de que el problema se agrave.
Deferencia a la experiencia (deference to expertise)
En una situación crítica, la autoridad para decidir se traslada hacia quien tiene el conocimiento más relevante para el problema puntual, aunque no ocupe la posición jerárquica más alta. Esto no significa abandonar la jerarquía formal en la operación cotidiana, sino tener la flexibilidad de suspenderla cuando la urgencia y la pericia específica lo requieren.
Principio
Función
Preocupación por el fallo
Anticipación — tratar cada casi-error como información
Reticencia a simplificar
Anticipación — resistir explicaciones de causa única
Sensibilidad a las operaciones
Anticipación — mantener contacto con la realidad operativa
Compromiso con la resiliencia
Contención — detectar, contener y recuperar rápido
Deferencia a la experiencia
Contención — la decisión la toma quien más sabe del problema
5. El modelo de Chassin y Loeb para la salud
Los cinco principios de Weick y Sutcliffe describen una disciplina cultural, pero no ofrecen por sí solos una hoja de ruta operativa para una organización de salud que recién empieza el camino hacia la alta confiabilidad. Esa traducción práctica es la que aportaron Mark R. Chassin y Jerod M. Loeb, entonces presidente y vicepresidente ejecutivo de The Joint Commission, primero en un artículo de 2011 en Health Affairs («The Ongoing Quality Improvement Journey: Next Stop, High Reliability») y luego, de manera más desarrollada, en su trabajo de 2013 en The Milbank Quarterly, «High-Reliability Health Care: Getting There from Here».
Su diagnóstico de partida es duro: pese a los esfuerzos sostenidos de mejora de calidad, ningún sistema de salud había logrado, a la fecha de su análisis, un estado consistente de alta confiabilidad. Lo que existían eran «islas de excelencia»: servicios o indicadores puntuales muy bien resueltos, rodeados de un desempeño desigual en el resto de la organización.
Los tres pilares del modelo
Pilar
Contenido
Liderazgo
El compromiso explícito y sostenido de la conducción de la organización con la meta de daño cero al paciente, como prioridad permanente y no como un proyecto más entre otros.
Cultura de seguridad
Un entorno de confianza en el que reportar una condición insegura o un error propio no expone a sanción, sino que se convierte en una oportunidad de aprendizaje del sistema.
Mejora robusta de procesos (Robust Process Improvement)
El uso disciplinado de metodologías de mejora de procesos —Lean, Six Sigma y gestión del cambio— para rediseñar procesos clínicos y administrativos hasta hacerlos consistentemente seguros.
Una precisión importante del modelo Chassin y Loeb insisten en que estos tres pilares no son alternativas entre las que una institución elige, sino una secuencia de maduración: sin liderazgo comprometido no se sostiene una cultura de seguridad genuina, y sin una cultura de seguridad que permita reportar sin miedo, las herramientas de mejora robusta de procesos no cuentan con la información real que necesitan para funcionar.
6. Por qué la salud está lejos de la alta confiabilidad
La literatura coincide en que la salud, comparada con la aviación o la energía nuclear, parte con desventajas estructurales para alcanzar la alta confiabilidad, y también con obstáculos culturales propios que otras industrias de alto riesgo no enfrentan de la misma manera.
Cultura de la intimidación y el silencio. Encuestas de clima de seguridad de la Agency for Healthcare Research and Quality muestran que una proporción significativa del personal teme que sus errores queden registrados en su legajo o se usen en su contra, lo que desalienta el reporte temprano de condiciones inseguras.
Fatiga de proyectos. La multiplicación de iniciativas de mejora sin una arquitectura común hace que el personal experimente cada nueva iniciativa como una carga adicional y no como parte de una transformación sostenida.
Variabilidad entre servicios y entre instituciones. El buen desempeño en un indicador puntual —por ejemplo, el uso de betabloqueantes tras un infarto— convive con brechas de seguridad significativas en otros procesos de la misma institución.
Complejidad creciente sin rediseño equivalente de los procesos. Los pacientes son cada vez más complejos y la atención más fragmentada entre especialistas y niveles de cuidado, pero los procesos de coordinación no siempre se rediseñaron a la par de esa complejidad.
Este diagnóstico de brecha es, precisamente, el punto de partida para lo que se irá desarrollando en las próximas versiones de este documento: cómo se traducen estos principios y este modelo en prácticas concretas de gestión hospitalaria.
7. Alta confiabilidad como disciplina de liderazgo, no como programa de seguridad
Una distinción práctica, útil para no reducir todo lo anterior a una lista de principios académicos, es la que separa un programa de seguridad de una disciplina de alta confiabilidad. Un programa de seguridad se mide por el cumplimiento de reglas y protocolos: una institución puede aprobar todas sus auditorías de seguridad y, aun así, no poseer la cultura que define a una HRO. Lo que distingue a una organización altamente confiable es que cada integrante, en cualquier nivel, vigila activamente los riesgos emergentes, el análisis de causa raíz reemplaza a la búsqueda de culpables, y la pericia específica prevalece sobre la jerarquía formal en las situaciones urgentes.
La naturaleza de cada principio
Cada uno de los cinco principios descriptos en la Sección 4 tiene una naturaleza distinta, y esa distinción ayuda a entender por qué ninguno de ellos se sostiene por sí solo ni se instala de una vez:
Principio
Naturaleza
Preocupación por el fallo
Cultural — depende de cómo la institución interpreta y valora cada señal de alarma
Reticencia a simplificar
Intelectual — exige rigor analítico para no conformarse con la primera explicación
Sensibilidad a las operaciones
Conductual — se sostiene en hábitos concretos de contacto con la primera línea
Compromiso con la resiliencia
Estructural — requiere equipos multidisciplinarios y mecanismos ya diseñados
Deferencia a la experiencia
Organizacional — supone saber, de antemano, quién sabe qué en la institución
Ninguno de estos rasgos es accidental: se refuerzan todos los días según cómo los líderes responden ante un problema, cómo distribuyen la autoridad, cómo evalúan el desempeño y qué modelan con su propio comportamiento.
Por qué fallan la mayoría de las organizaciones
La mayor parte de las fallas operativas en organizaciones que no han desarrollado esta disciplina remiten, de manera recurrente, a la ausencia de estos rasgos:
Señales de alarma menores que se ignoran.
Causas raíz que se simplifican en exceso.
Conocimiento de la primera línea que no llega a los niveles de decisión.
Adaptación lenta frente a condiciones inesperadas.
Jerarquía formal que se impone por sobre la pericia específica.
La pregunta que realmente importa No es «¿somos una actividad de alto riesgo?», porque la respuesta en salud siempre es afirmativa. La pregunta que distingue a una organización altamente confiable es otra: ¿tenemos la disciplina suficiente para operar de manera confiable, todos los días, más allá de nuestro nivel de riesgo intrínseco? La alta confiabilidad no es un estado de perfección, sino una postura de vigilancia, humildad y aprendizaje disciplinado que se reafirma —o se erosiona— con cada decisión cotidiana del liderazgo.
8. Una organización más horizontal y menos jerárquica
Un rasgo que atraviesa todo lo desarrollado hasta aquí, y que conviene volver explícito, es que una organización altamente confiable no se parece a la pirámide jerárquica clásica de la mayoría de las instituciones de salud. La autoridad formal sigue existiendo, pero deja de ser el único ni el principal criterio para decidir quién tiene la palabra en un momento crítico.
La autoridad se desplaza hacia el conocimiento, no hacia el rango
El principio de deferencia a la experiencia, desarrollado en la Sección 4, es la expresión más directa de esta horizontalidad: en una situación de riesgo, decide quien tiene el conocimiento más relevante para ese problema puntual, no necesariamente quien ocupa la posición jerárquica más alta. Esto no es una excepción tolerada a regañadientes por la conducción, sino una condición de diseño. El caso de los portaaviones descripto en la Sección 2 lo muestra en su forma más extrema: cualquier marinero, sin importar su rango, puede detener un despegue si detecta una condición insegura.
En el ámbito de la salud, esta misma lógica aparece en herramientas muy concretas ya desarrolladas en este documento: los huddles escalonados de la VHA permiten que un problema detectado en el nivel más operativo (Tier 1) llegue, cuando hace falta, hasta la conducción ejecutiva (Tier 3) sin pasar por los filtros habituales de una cadena de mando vertical; los equipos de trabajo transitorios (time-limited task forces) documentados en el caso de transformación clínica a gran escala reúnen, alrededor de un problema puntual, a quienes tienen la pericia relevante —independientemente de su posición formal en el organigrama— y se disuelven una vez resuelto el problema.
Comunicación bidireccional, no descendente
La estructura jerárquica clásica organiza la comunicación de arriba hacia abajo: la conducción decide, informa, y espera cumplimiento. Una organización altamente confiable invierte parcialmente ese flujo. Las rondas de liderazgo desarrolladas en la Sección 11 no son una recorrida de inspección, sino un mecanismo diseñado para que la información suba: la conducción pregunta, escucha y cierra el ciclo con una acción concreta. Los huddles de seguridad diarios cumplen la misma función a una escala más pequeña y con mayor frecuencia.
Rasgo
Organización jerárquica clásica
Organización altamente confiable
Autoridad en una crisis
Decide quien ocupa el rango más alto presente
Decide quien tiene la pericia más relevante para el problema
Flujo de información
Predominantemente descendente
Bidireccional, con mecanismos explícitos para que la información suba
Estructura de equipos
Estable, definida por el organigrama formal
Combina equipos estables con equipos transitorios armados alrededor de un problema
Tratamiento del error
Tiende a buscar responsables dentro de la línea de mando
Distingue error del sistema, error humano razonable y conducta de riesgo, con un algoritmo explícito
Menos jerárquica no significa sin liderazgo
Una precisión necesaria Horizontalidad no es ausencia de conducción: es un tipo distinto de conducción. La dirección médica sigue siendo, como se desarrolló en el documento sobre la matriz de Neuhauser de esta serie, la única autoridad jerárquica compartida por los distintos servicios, y sigue cumpliendo un rol insustituible como patrocinadora visible del proceso. Lo que cambia es que esa conducción deja de ser la fuente exclusiva de decisiones operativas del día a día, y pasa a sostener las condiciones —protocolos de prioridad, huddles, cultura justa— que permiten que la decisión se tome en el nivel correcto y no automáticamente en el más alto.
Esta horizontalidad relativa es, además, la que explica por qué una organización altamente confiable encaja de manera tan natural con la estructura matricial descripta en otro documento de esta serie: ambos marcos parten de la misma premisa, que ningún actor único —ni un servicio clínico, ni un servicio técnico, ni un nivel jerárquico— puede sostener por sí solo la seguridad y la calidad de la atención.
9. Potencia fundamentalmente la seguridad y la calidad asistencial
Si los principios de Weick y Sutcliffe describen una disciplina, y el modelo de Chassin y Loeb la ordena en pilares, esta sección responde a una pregunta más elemental: para qué sirve, en definitiva, todo esto. La respuesta que atraviesa toda la literatura reunida en este documento es la misma: una organización altamente confiable potencia, de manera conjunta y no aislada, la seguridad del paciente, la seguridad del propio personal de salud y la calidad de la atención clínica.
La falsa división entre seguridad del trabajador y seguridad del paciente
El trabajo de Alshreef (2026) sobre gobernanza ISO 45001 en salud es explícito en este punto: la separación entre seguridad ocupacional y seguridad del paciente es, en gran medida, artificial. Un entorno seguro para el personal de salud es una condición necesaria —no accesoria— para un entorno seguro para los pacientes. Cuando el personal está agotado, estresado o lesionado, su tasa de error aumenta de manera significativa, con impacto directo sobre la población atendida. Las causas de fondo de los accidentes laborales del personal de salud —dotación insuficiente, fatiga, fallas de equipamiento— son, casi textualmente, las mismas causas de fondo de los eventos adversos que sufren los pacientes.
La premisa de la salud resiliente Esta idea es consistente con lo que la literatura de salud resiliente (Resilient Healthcare) formula de manera explícita: la seguridad del trabajador y la seguridad del paciente son resultados complementarios de un mismo sistema clínico, no de dos sistemas de gestión separados. Un marco de gobernanza que integra ambas —en lugar de administrarlas como programas paralelos, uno de recursos humanos y otro de calidad— puede identificar y atacar los problemas sistémicos que afectan a ambas poblaciones a la vez: dotación de personal, comunicación deficiente, y el tratamiento punitivo del error.
Evidencia de mejora conjunta: el caso de un hospital pediátrico
El caso de transformación desarrollado con mayor detalle en la Sección 12 de este documento —un hospital pediátrico cuaternario que adoptó principios de HRO durante la disrupción de la pandemia de COVID-19— ofrece evidencia cuantitativa de esta potenciación conjunta. Tras implementar un conjunto de intervenciones basadas en HRO, la institución logró, de manera simultánea: aumentar la detección de eventos de seguridad de alto impacto (evidenciando problemas que antes pasaban inadvertidos), y luego reducir en un 30% la tasa de esos mismos eventos una vez establecida una línea de base más precisa. Este patrón —primero detectar mejor, después reducir— es, en sí mismo, una demostración de que medir con más rigor y actuar con más seguridad no son objetivos en competencia, sino secuenciales.
Calidad asistencial como resultado, no como programa paralelo
Uno de los riesgos que la literatura de esta serie documenta con insistencia —y que se retoma en la Sección 13 sobre oposiciones— es que la seguridad y la calidad se administren como iniciativas separadas de la gestión clínica central, cada una con su propio comité, su propio presupuesto y su propio lenguaje. El marco de gobernanza de Alshreef ataca directamente este problema: propone integrar la gestión de riesgo ocupacional con la planificación estratégica general de la institución, de modo que la calidad de la atención, el bienestar del personal y la resiliencia organizacional dejen de ser adornos del plan estratégico y pasen a ser, ellos mismos, objetivos centrales del plan.
Dimensión potenciada
Mecanismo por el cual HRO la fortalece
Seguridad del paciente
Reducción de errores médicos y eventos adversos mediante detección temprana y aprendizaje sistemático de los casi-accidentes
Seguridad del personal de salud
Reducción de lesiones laborales, fatiga y estrés psicosocial mediante gobernanza integrada de riesgos
Calidad asistencial
Reducción de la variabilidad no deseada del proceso clínico mediante las herramientas de mejora robusta de procesos
Resiliencia organizacional
Mayor capacidad de anticipar, adaptarse y responder a disrupciones, tanto previsibles como imprevistas
Bienestar del personal
Menor rotación, menor ausentismo y mayor satisfacción laboral asociados a un entorno de trabajo psicológicamente seguro
Esta potenciación conjunta es, en definitiva, el argumento de fondo por el cual vale la pena atravesar el trabajo de construcción —desarrollado en las Secciones 10 a 12— y las oposiciones que ese trabajo encuentra —desarrolladas en la Sección 13.
10. Cómo construirla: el marco de gobernanza ISO 45001
Las secciones anteriores describieron qué es una organización altamente confiable y por qué vale la pena convertirse en una. Esta sección —la primera de tres dedicadas específicamente a cómo construirla— desarrolla una propuesta reciente de Bandar Saad Alshreef (2026), publicada en Risk Management and Healthcare Policy, que ofrece algo poco frecuente en esta literatura: un mecanismo operativo y auditable, anclado en una norma internacional ya existente, para traducir la aspiración de alta confiabilidad en una arquitectura de gobernanza concreta.
El problema de partida: ISO 45001 como checklist
La norma ISO 45001 de sistemas de gestión de seguridad y salud ocupacional, publicada en 2018, es de adopción amplia en todo tipo de organizaciones. El problema que identifica Alshreef es que la mayoría de las instituciones —incluidas las de salud— la implementan con una mentalidad de cumplimiento: la tratan como una lista de puntos a auditar para obtener un certificado, y no como una herramienta para transformar de fondo su cultura de seguridad. Este enfoque genera lo que la literatura de estudios organizacionales llama «ritualismo de auditoría»: la documentación formal crece, pero las prácticas de control de riesgo que efectivamente usa el personal en el día a día permanecen sin cambios. El resultado es un sistema «desacoplado»: el certificado en la pared no se corresponde con un lugar de trabajo más seguro.
La propuesta: repensar ISO 45001 como arquitectura de gobernanza
Alshreef propone recodificar la norma como una Arquitectura Estratégica de Gobernanza de la Seguridad (Strategic Safety Governance Architecture, SSGA), estructurada en tres capas que se apoyan una en la otra y que, en conjunto, traducen los cinco principios de Weick y Sutcliffe en mecanismos de gobernanza auditables.
Capa
Contenido
Función
Capa 1 — Infraestructura de gobernanza
Cláusulas 4 a 10 de ISO 45001: contexto de la organización, liderazgo y participación, planificación, apoyo, operación, evaluación del desempeño, mejora
Define las reglas de base para identificar peligros, evaluar riesgos e implementar controles
Capa 2 — Integración estratégica
Responsabilidad del liderazgo, participación de los trabajadores, gobernanza integrada del riesgo
Son las palancas operativas que trasladan la norma de la teoría a la práctica cotidiana
Capa 3 — Resultados estratégicos
Madurez de la cultura de seguridad, bienestar de la fuerza de trabajo, seguridad del paciente, resiliencia organizacional
Es el valor estratégico que una implementación genuina —no meramente auditora— puede generar
El mapeo explícito entre ISO 45001 y los cinco principios de HRO
El aporte más específico del trabajo de Alshreef es una tabla que traduce, cláusula por cláusula, cada uno de los cinco principios de Weick y Sutcliffe (Sección 4) a un requisito concreto y ya exigido por la norma ISO 45001, lo que convierte a la norma en un vehículo operativo para instalar la disciplina de HRO sin necesidad de crear una estructura administrativa paralela.
Identificación sistemática de peligros; reporte de casi-accidentes; investigación de incidentes
Reticencia a simplificar
Cláusula 5 (Liderazgo), Cláusula 7 (Apoyo)
Perspectivas diversas en la evaluación de riesgo; consulta obligatoria a la primera línea
Sensibilidad a las operaciones
Cláusula 8 (Operación), Cláusula 9 (Evaluación)
Monitoreo en tiempo real; conciencia situacional; huddles de seguridad
Compromiso con la resiliencia
Cláusula 8 (Operación), Cláusula 10 (Mejora)
Preparación ante emergencias; capacidad adaptativa; aprendizaje sistemático de los eventos
Deferencia a la experiencia
Cláusula 5 (Participación de trabajadores), Cláusula 7 (Competencia)
Empoderamiento de la pericia de primera línea; toma de decisiones descentralizada
Compliance vs. gobernanza: la diferencia en la práctica
Dimensión
Enfoque de cumplimiento
Enfoque de gobernanza
Motor principal
Certificación externa y requisitos regulatorios
Creación de valor estratégico y excelencia organizacional
Rol del liderazgo
Delegado en los gerentes de seguridad
Liderazgo ejecutivo activo y supervisión del directorio
Participación del personal
Consulta simbólica
Participación genuina en la toma de decisiones
Gestión del riesgo
Reactiva, centrada en la respuesta al incidente
Proactiva, anticipatoria e integrada
Métricas
Indicadores rezagados (tasas de lesión)
Indicadores adelantados y rezagados; madurez de la cultura
Impacto cultural
Comportamiento orientado a la auditoría
Cultura de seguridad generativa, orientada al aprendizaje
La clave práctica: integrar, no duplicar
Cómo evitar crear una nueva burocracia El propio Alshreef anticipa la objeción más previsible —que este marco agrega una nueva capa administrativa— y responde con una condición de diseño explícita: la arquitectura debe implementarse dentro de las estructuras de gobernanza y los comités que la institución ya sostiene, no como un sistema administrativo nuevo y duplicado. Cuando la seguridad ocupacional se gestiona como parte de la gobernanza clínica y de calidad ya existente —y no como una función aislada—, la organización gana claridad sobre el riesgo y, con frecuencia, gana también eficiencia operativa.
Esta propuesta se conecta directamente con las dos secciones siguientes: mientras que Alshreef ofrece la arquitectura conceptual de gobernanza, las Secciones 11 y 12 muestran cómo esa arquitectura —o variantes muy similares en su lógica— se llevó efectivamente a la práctica en instituciones de salud concretas.
11. Cómo construirla: cuatro prácticas fundacionales (el caso de la VHA)
Si los principios de Weick y Sutcliffe describen una disciplina cultural, y el modelo de Chassin y Loeb ordena esa disciplina en tres pilares institucionales, la pregunta que sigue —muy práctica— es con qué rutinas concretas se traduce todo esto al trabajo cotidiano de un servicio. La Veterans Health Administration (VHA), el sistema de salud más grande de los Estados Unidos, ofrece una respuesta documentada: desde 2019 conduce un programa de alcance nacional hacia la alta confiabilidad, organizado en cohortes sucesivas de hospitales, que se apoya en cuatro prácticas fundacionales.
Práctica
En qué consiste
Rondas de liderazgo (leader rounding)
Recorridas programadas de la conducción —equipos ejecutivos, jefes de servicio, supervisores de unidad— junto al personal de primera línea, con preguntas preparadas de antemano sobre seguridad, recursos y mejora.
Sistemas de gestión visual (visual management systems, VMS)
Tableros físicos o electrónicos, ubicados en el lugar de trabajo, que muestran el estado de los procesos críticos, el trabajo en curso y los reconocimientos al personal que reportó un riesgo.
Foros de seguridad
Encuentros mensuales, abiertos a todo el personal clínico y no clínico, donde se revisan errores, eventos adversos y casi-accidentes bajo una cultura justa, sin foco en la búsqueda de culpables.
Huddles de seguridad escalonados (tiered safety huddles)
Reuniones breves —no más de 15 minutos— organizadas en niveles (unidad, servicio, dirección ejecutiva), que permiten escalar un problema hacia quien tiene la competencia para resolverlo.
Rondas de liderazgo
Su función central es sostener una comunicación bidireccional entre la conducción y la primera línea. Funcionan mejor cuando se programan con anticipación —evitando los horarios de mayor carga asistencial— y cuando se cierra el círculo: todo problema planteado durante la ronda debe tener seguimiento y respuesta visible, porque es ese cierre del ciclo el que sostiene la confianza del personal en el sistema.
Preguntas orientativas para una ronda de liderazgo
¿Cómo incorporó el tema de alta confiabilidad del mes en su trabajo?
¿Cuenta con los recursos necesarios —métodos, equipamiento, insumos, personal— para hacer el trabajo que se espera de usted?
¿Qué le preocupa más en materia de seguridad?
¿Qué tan cómodo se siente planteando una inquietud si observa algo que podría afectar negativamente la atención?
¿Qué ideas innovadoras tiene para mejorar los procesos y fortalecer la seguridad del paciente?
Sistemas de gestión visual
La VHA utiliza el formato MESS —métodos, equipamiento, personal e insumos, por su sigla en inglés— para que cualquier integrante del equipo pueda verificar de un vistazo si los procedimientos correctos están en marcha, si el equipamiento y los insumos están disponibles en la cantidad necesaria, y si la dotación de personal alcanza para sostener una atención segura. Se utiliza un código de colores tipo semáforo: verde para riesgo bajo o nulo, que se resuelve a nivel local; amarillo para riesgo que exige mayor vigilancia del equipo y del supervisor; rojo para una condición que ya está afectando la atención ese mismo día y que debe escalarse de inmediato a la conducción.
Foros de seguridad
Se trata de encuentros abiertos, no limitados al personal clínico, en los que se revisan públicamente errores, eventos adversos, casi-accidentes y las tendencias del análisis de causa raíz. La rotación de quién lidera cada foro —un referente de HRO, un gerente de calidad, o directamente la conducción ejecutiva— transmite un mensaje explícito: la seguridad es responsabilidad de todos, no de un área aislada.
Huddles de seguridad escalonados
A diferencia de la comunicación jerárquica tradicional, en la que las decisiones bajan desde la conducción hacia las unidades, los huddles escalonados habilitan una comunicación bidireccional entre niveles. La VHA los organiza en tres niveles principales:
Nivel
Alcance
Tier 1
Unidades y equipos de hospital — punto de servicio (por ejemplo, una unidad de cuidados críticos)
Tier 2
Departamentos y líneas de servicio del hospital (por ejemplo, farmacia o medicina interna) con su respectiva jefatura
Tier 3
Equipo de conducción ejecutiva del hospital
Los problemas que no pueden resolverse en un nivel se escalan al siguiente, hasta llegar a quien tiene la competencia real para resolverlos —el mismo principio de deferencia a la experiencia descripto en la Sección 4, aplicado como rutina operativa concreta. Algunos sistemas, incluida la propia VHA, están empezando a sumar un cuarto y un quinto nivel para identificar riesgos que afectan a múltiples centros a la vez.
Resultados documentados
En el seguimiento cuantitativo de la propia VHA, los centros de la segunda cohorte que iniciaron el acompañamiento (coaching) de liderazgo en 2021 y lo sostuvieron hasta 2022 mostraron un incremento del 27% en la práctica de rondas de liderazgo y del 46% en el uso de sistemas de gestión visual. Los centros de la tercera cohorte, que comenzaron en 2022, documentaron incrementos de magnitud similar: entre 40% y 66% según la práctica medida.
Por qué estas cuatro prácticas y no otras Las cuatro prácticas fundacionales de la VHA no reemplazan a los cinco principios de Weick y Sutcliffe ni al modelo de tres pilares de Chassin y Loeb: son la traducción operativa de ambos. Las rondas de liderazgo y los foros de seguridad sostienen la sensibilidad a las operaciones y la preocupación por el fallo; los sistemas de gestión visual hacen tangible la vigilancia cotidiana; los huddles escalonados institucionalizan la deferencia a la experiencia como rutina y no como excepción.
12. Cómo construirla: casos de transformación a gran escala
Además del caso de la VHA (Sección 11) y del marco de gobernanza ISO 45001 (Sección 10), la literatura reciente documenta dos transformaciones institucionales completas, con datos cuantitativos de resultado, que permiten ver cómo se construye —y se sostiene en el tiempo— una organización altamente confiable en la práctica.
12.1 Un hospital pediátrico durante la pandemia de COVID-19
Naureckas Li y colaboradores (2025) documentan la transformación de un hospital pediátrico cuaternario de aproximadamente 350 camas en el medio oeste de los Estados Unidos, que decidió adoptar principios de HRO precisamente durante la disrupción de la pandemia de COVID-19 —un momento, a priori, poco propicio para iniciar un cambio cultural de esta magnitud. Las intervenciones se organizaron en tres ejes.
Eje
Intervenciones principales
Optimizar la estructura para el éxito
Rediseño del centro de calidad y seguridad; reducción de silos entre equipos antes aislados; rondas de seguridad de la conducción; algoritmo local de cultura justa
Medición y transparencia
Nuevo sistema de reporte de eventos de seguridad; un índice de seguridad del paciente (PSI) compuesto por 12 métricas; conferencia trimestral de «lecciones aprendidas»; simposio anual de HRO
Asignar responsabilidad y empoderar a todos
Programa de «coaches de seguridad» con personal de primera línea; análisis de causa aparente (ACA) liderados localmente; herramientas de prevención de errores (ARCC y SBAR) para «hablar por la seguridad»
El algoritmo de cultura justa
Uno de los instrumentos más concretos de este caso es un algoritmo local de cultura justa, que clasifica cada evento de seguridad en tres categorías —inducido por el sistema, error humano razonable, o elección de riesgo conductual— y define, para cada una, una respuesta distinta: aprender y asesorar en el primer caso, asesorar y enseñar en el segundo, y evaluar la necesidad de una consecuencia disciplinaria sólo en el tercero. Este algoritmo traduce en un procedimiento verificable la misma distinción que ya se mencionó en el glosario de este documento a propósito de la cultura justa, y es, en la práctica, la condición que hace posible sostener la preocupación por el fallo sin que el personal tema que reportar se vuelva en su contra.
Resultados: el patrón de detectar primero, reducir después
La institución utilizó gráficos de control estadístico de procesos (cartas U) para seguir dos métricas a lo largo del tiempo: los eventos de seguridad de alto impacto por cada 10.000 días-paciente ajustados, y la cantidad de reportes de seguridad por cada 1.000 días-paciente ajustados. Los resultados muestran un patrón que ya se mencionó en la Sección 9 de este documento: primero, un desplazamiento de la línea central hacia arriba —de 5,6 a 8,5 eventos de alto impacto por cada 10.000 días-paciente ajustados, en abril de 2021— que refleja una mejor detección, no un empeoramiento real de la seguridad; y luego, un desplazamiento hacia abajo —a 5,9 eventos, en marzo de 2023— que refleja una reducción efectiva una vez establecida una línea de base más precisa. En una encuesta de clima HRO realizada en 2022, con una tasa de respuesta del 32% sobre 2.500 empleados, los promedios de acuerdo con afirmaciones sobre confianza en el liderazgo, confianza en el equipo y aprendizaje local se ubicaron entre 3,2 y 4,0 en una escala de 5 puntos, todos por encima del punto neutral.
12.2 La implementación de una historia clínica electrónica en un centro académico multisede
Pozzobon y colaboradores (2023) documentan un caso distinto pero complementario: la puesta en marcha de un nuevo sistema de historia clínica electrónica en un centro de ciencias de la salud académico multisede de aproximadamente 1.500 camas en Ontario, Canadá, que reemplazó un sistema mayormente en papel. Se trata de un cambio organizacional de gran escala con potencial impacto directo sobre la seguridad del paciente, y por eso la conducción decidió operar todo el proceso —planificación y puesta en marcha— bajo los cinco principios de HRO.
La institución identificó 23 actividades concretas que ejemplificaron alguno de los cinco principios durante los dieciocho meses de planificación previos y las cuatro semanas posteriores a la puesta en marcha: 12 actividades en la etapa de preparación y 11 durante la puesta en marcha misma. Entre ellas: la identificación anticipada de flujos de trabajo de «alto riesgo y alto volumen»; un proceso para escalar automáticamente las alertas de seguridad detectadas en el sistema de tickets de soporte técnico; huddles diarios de seguridad, presenciales y virtuales; y tableros de gestión visual específicos para seguir esos flujos críticos durante la transición.
Caso ilustrativo: los equipos de trabajo transitorios
Los cinco principios en una sola herramienta El caso más ilustrativo de este trabajo es el de los equipos de trabajo transitorios (time-limited task forces), que combinaron los cinco principios en una sola intervención. Durante un huddle diario, el personal reportó señales de riesgo en la administración de heparina por infusión continua. En lugar de aceptar una explicación simple, el hospital armó un equipo transitorio —preocupación por el fallo y reticencia a simplificar— con representantes de farmacia, hematología, enfermería y factores humanos —deferencia a la experiencia—, que amplió su análisis a todos los esquemas de infusión por nomograma y no sólo a la heparina —de nuevo, reticencia a simplificar—, y desarrolló e implementó recomendaciones concretas en apenas 13 días —compromiso con la resiliencia. El equipo se disolvió una vez resuelto el problema.
Este mecanismo —equipos que se arman y se disuelven alrededor de un problema puntual, con integrantes elegidos por pericia y no por posición jerárquica— es, en la práctica, la forma más concreta de la horizontalidad descripta en la Sección 8 de este documento.
12.3 Qué tienen en común estos dos casos con el de la VHA
Elemento común
Cómo aparece en cada caso
Reestructuración de la función de calidad y seguridad
VHA: prácticas fundacionales por cohortes. Hospital pediátrico: rediseño del centro de calidad y seguridad. Centro académico: equipos de trabajo transitorios
Medición pública y transparente
VHA: sistemas de gestión visual MESS. Hospital pediátrico: índice de seguridad del paciente distribuido mensualmente. Centro académico: tableros de flujos de alto riesgo
Mecanismo explícito de escalamiento
VHA: huddles escalonados en tres niveles. Hospital pediátrico: análisis de causa aparente con autonomía graduada. Centro académico: escalamiento automático desde el sistema de tickets
Presencia física y sostenida del liderazgo
VHA: rondas de liderazgo. Hospital pediátrico: rondas de seguridad semanales de la conducción. Centro académico: huddles con participación de liderazgo médico y de enfermería
Ningún caso plantea la construcción de una organización altamente confiable como un evento único: los tres describen una secuencia de intervenciones que se acumulan, se ajustan con la experiencia, y —como se advierte en la Sección 13— generan resistencias que también hay que anticipar.
Dr. Carlos Alberto Díaz ISBN 978-987-9413-93-7 · Licencia CC BY-NC-ND 4.0 · Ediciones ISALUD, 2026
1. Presentación institucional: el décimo libro
La Universidad ISALUD presenta, a través de Ediciones ISALUD, el décimo libro del Dr. Carlos Alberto Díaz —Gerente Médico del Sanatorio Sagrado Corazón (OSECAC) y Director de la Especialización en Economía y Gestión de la Salud de esta casa de estudios—, titulado Medicina Basada en el Valor (Value-Based Health Care): marco conceptual, evidencia internacional e implementación en clínicas y hospitales.
Publicado como libro digital (ISBN 978-987-9413-93-7, licencia Creative Commons BY-NC-ND 4.0), el texto reúne y expande el material del seminario integrador de Medicina Basada en el Valor dictado en la Maestría en Economía y Gestión de la Salud de la Universidad ISALUD, incorporando además desarrollos difundidos previamente a través de saludbydiaz.com y de la Diplomatura en Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de CONFECLISA/ISALUD.
Este nuevo título se suma a la colección de textos académicos que el autor viene publicando bajo el sello de Ediciones ISALUD —entre ellos Redes Digitales de Salud y SCM aplicado a la Gestión de Salud—, consolidando un corpus propio de referencia para la gestión sanitaria en la Argentina y la región, escrito desde la intersección entre la cátedra y la práctica cotidiana de la gestión hospitalaria.
Una mirada escrita desde la gestión, no solo desde la cátedra
Como el propio autor señala en el prefacio, estas páginas se escriben desde la gestión: la experiencia de acompañar procesos de transformación en instituciones de distinta complejidad atraviesa cada capítulo, en los casos de discusión, en el ejemplo del Sanatorio Sagrado Corazón y en las referencias al Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Esa doble pertenencia —académica y gerencial— es, precisamente, lo que distingue a este libro de un manual puramente teórico.
1.1. Momento y contexto de publicación
El libro fue cerrado en julio de 2026 y editado bajo el sello saludbydiaz, integrando dos fuentes complementarias: por un lado, el marco conceptual y la experiencia de implementación desarrollados por la cátedra en hospitales públicos de San Luis, La Pampa y Chubut, en clínicas y hospitales de gestión privada, en la Fundación Galicia Saude y en el Sanatorio Sagrado Corazón; por otro, la evidencia empírica internacional más reciente, sintetizada en la revisión exploratoria de Khalil et al. (2025). El propio prefacio agradece a la Dirección de la Maestría, a la coordinación académica y a los estudiantes de las sucesivas cohortes que, con sus preguntas, fueron moldeando el texto a lo largo del tiempo.
Esta procedencia dual —cátedra y gestión— explica también por qué el libro no presenta a la VBHC como un modelo cerrado y único: advierte, ya desde su segundo capítulo, que no existe un modelo único de implementación aplicable de manera idéntica a cualquier institución, y que cada organización debe encontrar su propia combinación de indicadores medibles de valor, adaptada a su contexto, a sus características propias y a la formación específica de sus equipos.
2. Propósito del libro: teórico, práctico y de referencia de la evidencia
El libro se propone explícitamente una triple función, que lo distingue de una exposición puramente conceptual de la VBHC y que se sostiene a lo largo de sus veintinueve capítulos y seis anexos operativos.
Teórico — provee el marco conceptual completo de la medicina basada en el valorPráctico — ofrece herramientas, hojas de ruta, plantillas y anexos aplicables a la gestión cotidianaReferencia de evidencias — sintetiza y ordena la literatura científica internacional más reciente sobre implementación de VBHC
2.1. La dimensión teórica
El libro reconstruye la genealogía del concepto de valor en salud —desde la economía de la salud de Kenneth Arrow y la tríada de calidad de Avedis Donabedian, pasando por el triple objetivo de Berwick y Bohmer, hasta la ecuación de valor de Michael Porter y Elizabeth Teisberg— y despliega el marco conceptual propio del autor: el quíntuple objetivo, las cuatro vertientes que deben confluir para generar valor, las Unidades de Práctica Integrada (UPI) y las tres configuraciones de cadena, tienda y red de valor para distintos tipos de pacientes.
2.2. La dimensión práctica
Más allá del marco conceptual, el libro entrega instrumentos de aplicación inmediata: los siete (u ocho) pasos del costeo TDABC con un ejemplo numérico completo, una hoja de ruta de implementación de dieciocho a veinticuatro meses organizada por condición médica, una rúbrica de madurez organizacional en seis dimensiones, un cuestionario de autoevaluación institucional, un programa de formación modular de seis módulos para equipos directivos, un plan de implementación institucional en dieciocho meses y seis anexos operativos —checklists, plantillas de tablero, guiones de reunión y de negociación con financiadores— pensados para que una institución pueda comenzar a aplicarlos sin necesidad de rediseñar previamente todo su sistema de pago.
2.3. La dimensión de referencia de las evidencias
El texto no se limita a exponer el marco conceptual: lo confronta sistemáticamente con la evidencia empírica internacional más reciente. Integra la revisión exploratoria de Khalil, Ameen, Davies y Liu (2025, Frontiers in Public Health), que mapea 145 estudios sobre implementación de VBHC en el mundo; la revisión de Fernández-Salido y colaboradores (2024) sobre elementos clave de implementación; la revisión sistemática de Shakya y colaboradores (2025) sobre el método TDABC en 32 estudios; una revisión paraguas de 48 revisiones sistemáticas sobre reducción de costos; y la encuesta PaRIS de la OCDE sobre qué valoran efectivamente los pacientes crónicos atendidos en atención primaria.
Esta forma de trabajar la evidencia tiene una consecuencia editorial deliberada: cada afirmación conceptual del libro —por ejemplo, que la compra basada en el valor mejora los resultados, o que las Unidades de Práctica Integrada reducen las reinternaciones— aparece acompañada de su respaldo empírico y, cuando corresponde, de sus límites metodológicos, en lugar de presentarse como un postulado de autoridad. El propio texto dedica una sección a las limitaciones de esa evidencia: sesgo geográfico hacia Estados Unidos y Europa, predominio de diseños observacionales, escasez de seguimiento a largo plazo y heterogeneidad en la forma de definir qué es valor.
2.4. Una obra pensada para leerse de manera secuencial o por consulta
El propio prefacio advierte que el material está pensado para leerse de manera secuencial, aunque cada capítulo funciona también como unidad autónoma de consulta. Al final de cada bloque temático, el lector encuentra elementos de discusión y de aplicación práctica que tienden un puente entre el marco conceptual y los desafíos concretos de la gestión de clínicas, sanatorios y hospitales en la Argentina y en la región.
3. Más allá de la visión económica de la escuela de Porter
Uno de los aportes distintivos del libro es que, sin abandonar el rigor de la ecuación de valor de Porter y Teisberg —resultados relevantes para el paciente sobre el costo del ciclo completo de atención—, la trasciende de manera explícita. El texto advierte, ya desde su introducción, que hablar de valor en salud no es hablar solamente de dinero, y que reducir la VBHC a una técnica de contención del gasto es exactamente la lectura que el libro busca evitar.
3.1. El valor no es uno solo
El libro dedica una sección específica a mostrar que el valor generado por la atención en salud se reparte, de manera distinta pero simultánea, entre cinco actores: el paciente, el financiador, la institución prestadora, la comunidad y el Estado. Reconocer esta multiplicidad de beneficiarios es, según el autor, indispensable para la gestión, porque ningún proyecto de VBHC prospera si solo logra convencer a uno de ellos.
Actor
En qué consiste su ganancia de valor
Paciente
Mejor calidad del servicio, menor variabilidad, atención centrada en la persona y humanización del cuidado
Financiador
Reconocimiento en el pago de los resultados, la eficiencia y la continuidad, en lugar del volumen de prestaciones
Institución
Mayor confianza, prestigio y fortalecimiento de la imagen a partir de resultados documentados
Comunidad
Menos complicaciones entre portadores de enfermedades crónicas y alivio sobre el sistema en su conjunto
Estado nacional
Menor desperdicio de la inversión en salud y mayor eficiencia social para asistir a más personas
Cuadro 1bis del libro: el valor en salud según el actor que lo recibe.
3.2. Cuatro pilares del valor, no uno solo
Retomando el marco del EXPH (Panel de Expertos de la Comisión Europea), el libro distingue cuatro pilares del valor que deben equilibrarse para sostener sistemas de salud resilientes: el valor personal (que la atención responda a las metas del propio paciente), el valor técnico (los mejores resultados posibles con los recursos disponibles), el valor asignativo (distribución equitativa entre grupos de pacientes) y el valor social (la contribución de la salud a la cohesión y la participación comunitaria). Solo el segundo de estos cuatro pilares coincide plenamente con el eje económico-técnico de la formulación original de Porter y Teisberg.
3.3. Por qué importa la VBHC en un sentido amplio
El libro sostiene que la medicina basada en el valor importa, en primer lugar, porque devuelve sentido al trabajo cotidiano de los equipos de salud; en segundo lugar, porque pone en el centro la experiencia humana de la enfermedad —el dolor, el miedo, la incertidumbre— y no solo la resolución técnica de un problema clínico aislado; y en tercer lugar, porque constituye una forma concreta de justicia distributiva, dado que un mejor uso de los recursos escasos permite atender a más personas. Es, en palabras del propio texto, un valor humano, profesional, social y económico a la vez, y no una mera técnica de reducción de costos disfrazada de innovación.
“No habrá transformación real del valor en salud si no se transforma primero a las personas que lo producen” — idea central que recorre transversalmente el libro, desde el prefacio hasta las diez lecciones aprendidas de la implementación
3.4. La eficiencia no es solo ahorro: cuatro mecanismos, no uno
Consecuente con esta lectura ampliada del valor, el libro no presenta la ganancia de eficiencia de la VBHC como un simple recorte de gasto, sino como la combinación de cuatro mecanismos concretos y complementarios, ninguno de los cuales se reduce a pagar menos por lo mismo.
Mecanismo
En qué consiste
Reducir el desperdicio
Atacar la variabilidad clínica no justificada, que puede representar hasta un 30% del gasto total en salud
Comprar con criterio de valor
Decidir insumos, equipamiento y tecnología por resultado y costo total de ciclo de vida, no solo por precio
Premiar la calidad, no el volumen
Pagar por resultados y por atención integrada en lugar de por prestaciones aisladas
Invertir en prevención y atención primaria
Anticipar y detectar tempranamente, en lugar de tratar complicaciones ya instaladas
Los cuatro mecanismos de ganancia de eficiencia que el libro distingue de un simple ahorro de costos.
El libro sostiene, además, que esta ganancia de eficiencia no compite con las demás alternativas para cerrar la brecha entre el crecimiento del costo de la atención y la capacidad de financiamiento disponible —aumentar aportes salariales, redistribuir recursos públicos, priorizar explícitamente la cobertura—, sino que puede combinarse con cualquiera de ellas sin agravar sus límites respectivos, precisamente porque no discute cómo repartir los recursos existentes, sino cómo generar más salud con la misma cantidad de recursos.
4. La evidencia internacional en cifras
Uno de los capítulos centrales del libro sintetiza la revisión exploratoria de Khalil et al. (2025), que identificó 2.785 registros en bases de datos como Ovid MEDLINE, Embase, Global Health, Cochrane y APA PsycInfo, de los cuales 145 estudios, publicados en inglés entre 2000 y noviembre de 2023, cumplieron los criterios de inclusión. El libro traduce esta revisión en cifras concretas y en un checklist de ocho categorías de resultados que un equipo de gestión puede usar directamente para diseñar su propio tablero.
Dimensión relevada
Hallazgo principal según Khalil et al. (2025)
Distribución geográfica
Estados Unidos concentra el 65% de los estudios; Europa, el 17%; India y China están casi ausentes
Diseño de los estudios
Predominan los estudios de cohorte (67%) y transversales (19%); los ensayos aleatorizados son marginales
Modelos de financiación
La compra basada en el valor es la más citada (38%), seguida de TDABC y del pago por servicio tradicional
Modelos de prestación
El modelo hospitalario predomina (54%); la telemedicina y la atención móvil suman menos del 10%
Resultados medidos
Se agrupan en ocho categorías: impacto en profesionales, en pacientes, en costos y en el sistema de salud en su conjunto
Síntesis de cifras de la revisión exploratoria de Khalil et al. (2025), tal como se presentan en el libro.
El libro complementa esta revisión con una síntesis específica sobre si la VBHC efectivamente reduce el costo de la atención, apoyada en una revisión paraguas de 2025 que analizó 48 revisiones sistemáticas y metanálisis publicados entre 2006 y 2024. La conclusión que el autor traslada al lector es matizada y honesta con sus límites: la evidencia de ahorro es más sólida en cirugía programada de alto volumen —como el reemplazo de cadera y rodilla dentro de los programas de pago combinado de Medicare, con reducciones de costo de entre el 11% y el 18%— y sensiblemente más débil e inconsistente en el manejo de enfermedades crónicas, donde la variabilidad clínica y la continuidad de la atención dificultan atribuir un ahorro concreto a una única intervención.
5. Implicancias específicas para la gestión sanitaria argentina
Aunque la mayor parte de la evidencia internacional sobre VBHC proviene de Estados Unidos y Europa, el libro dedica un capítulo completo a traducir sus implicancias al contexto argentino, reconociendo una barrera estructural que la literatura revisada apenas menciona: la fragmentación del sistema de salud entre los subsectores público, de la seguridad social y privado, y la fragmentación adicional dentro de cada uno de ellos —múltiples obras sociales y prepagas, cada una con sus propios contratos y sistemas de información.
Frente a esta fragmentación, la recomendación central del libro es diseñar la Unidad de Práctica Integrada y el sistema de medición de resultados de manera independiente del modelo de pago vigente con cada financiador específico: el valor generado para el paciente y la evidencia de costos deben documentarse de manera uniforme, mientras que la forma de facturación y de reconocimiento económico puede negociarse de manera diferenciada con cada obra social o prepaga, comenzando por la más dispuesta a discutir un esquema distinto, sin esperar un acuerdo unánime.
El capítulo aborda además la relación entre el diseño de una UIP y el Programa Médico Obligatorio (PMO), y destaca el rol potencial de las sociedades científicas y de los espacios de benchmarking regional para generar la evidencia latinoamericana que hoy escasea en la literatura internacional. El propio caso institucional desarrollado en el libro —organizado alrededor de las Unidades de Práctica Integrada del cuidado progresivo, el case manager, la telemedicina y el domicilio protegido— se presenta explícitamente como una experiencia de institución de alta complejidad integrada en diálogo con la referencia comparada del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.
Este capítulo es, quizás, el que expresa con mayor claridad el propósito de referencia práctica del libro señalado en la sección 2: no se trata de importar sin adaptación un marco desarrollado para sistemas de salud centralizados como el británico o el de los programas públicos estadounidenses, sino de identificar qué componentes de la VBHC pueden implementarse igualmente en un sistema fragmentado como el argentino —la medición de resultados, el costeo por condición, la organización en Unidades de Práctica Integrada— y cuáles, como los modelos de pago integrados, requieren necesariamente una negociación gradual y diferenciada con cada financiador.
6. Casos de discusión y consideraciones éticas
El libro incluye seis casos de discusión de carácter genérico e ilustrativo, pensados como disparadores para el trabajo en el aula o en comités de dirección, cada uno acompañado de preguntas orientadoras y de un análisis sugerido.
Caso
Tensión que ilustra
1. La UIP que no logró escalar
Los límites de la escalabilidad y la selección de champions para nuevas condiciones médicas
2. Medir todo, decidir poco
El riesgo de un tablero de indicadores extenso pero inútil para la toma de decisiones
3. El costeo que llegó demasiado tarde
La necesidad de costear con TDABC antes de negociar un pago por resultados
4. La fragmentación de financiadores
Cómo diseñar una UIP frente a quince obras sociales y prepagas distintas
5. El proyecto que se replicó sin adaptarse
Los riesgos de copiar el diseño de una UIP entre sedes sin ajustar al contexto local
6. La selección de riesgo no detectada a tiempo
Cómo un esquema de pago por desempeño puede desplazar a los pacientes más complejos
Los seis casos de discusión incluidos en el libro.
El último de estos casos conecta directamente con uno de los capítulos más singulares del libro: sus consideraciones éticas. Allí el autor plantea que ninguna métrica de valor es neutral, y propone una pregunta de auditoría que atraviesa todo el capítulo: qué se está pagando exactamente, y a quién beneficia en primer término que ese resultado mejore. A partir de esa pregunta, el libro desarrolla tres tensiones recurrentes —la selección de riesgo, la equidad de acceso a las Unidades de Práctica Integrada y el uso de la transparencia de datos frente a los propios profesionales—, con medidas concretas de mitigación para cada una.
7. Estructura general del libro
El libro se organiza en veintinueve capítulos y seis anexos operativos, que pueden agruparse en cinco grandes bloques temáticos.
Bloque
Contenido principal
Marco conceptual (cap. 1-6)
Brecha de financiamiento, ecuación de valor, quíntuple objetivo, evolución histórica del concepto, seis principios de Porter y Teisberg, Unidades de Práctica Integrada
Medición y costeo (cap. 7-8)
PROM, PREM, CROM, estandarización ICHOM, costeo TDABC en siete y ocho pasos, compra basada en el valor (VBP)
Evidencia internacional (cap. 9-10)
Revisión de Khalil et al. (145 estudios), diálogo con Fernández-Salido et al., diez lecciones aprendidas de implementaciones reales
Implementación (cap. 11-15, 22-26, 28)
Hoja de ruta de 18-24 meses, presupuesto y roles, caso de institución de alta complejidad integrada, implicancias para la Argentina, anexos, programa de formación, aplicación según tamaño institucional
Casos y ética (cap. 17-21, 27, 29)
Seis casos de discusión, preguntas frecuentes, glosario, consideraciones éticas (selección de riesgo, equidad de acceso, transparencia de datos), conclusiones finales
Síntesis de la estructura del libro por bloques temáticos.
Esta arquitectura en cinco bloques no es arbitraria: reproduce, capítulo a capítulo, la misma secuencia que el libro recomienda seguir a una institución que decide iniciar su propio camino hacia la VBHC —primero comprender el marco conceptual, luego aprender a medir y a costear, después revisar qué dice la evidencia antes de invertir recursos, recién entonces desplegar una hoja de ruta de implementación, y sostener todo el proceso con casos de discusión y una reflexión ética explícita—. El propio texto lo señala en sus conclusiones finales: el camino descrito no tiene, en rigor, un punto de llegada definitivo, porque siempre habrá una nueva condición médica por incorporar o un nuevo indicador por refinar.
El libro cierra, además, con un glosario de veinte términos técnicos y con seis anexos de uso directo —entre ellos un checklist para seleccionar la primera condición médica piloto y una estructura sugerida de comunicación a los financiadores—, pensados para que un equipo de gestión pueda comenzar a aplicarlos sin necesidad de releer el libro completo cada vez que los necesite.
8. Otros aportes distintivos del texto
Además de integrar el marco teórico con la evidencia internacional, el libro incorpora un conjunto de herramientas que lo acercan más a una guía de trabajo que a un tratado exclusivamente conceptual.
Seis casos de discusión de carácter genérico, con preguntas sugeridas y análisis orientativo, pensados para el trabajo grupal en el aula o en comités de dirección.
Una rúbrica de madurez organizacional en seis dimensiones (organización de la atención, medición de resultados, costeo, formas de pago, liderazgo y sistemas de información), acompañada de un cuestionario de autoevaluación institucional de treinta ítems.
Un programa de formación modular de seis módulos para equipos directivos, con actividades y ejercicios de cierre por módulo.
Seis anexos operativos: checklist de selección de condición piloto, plantilla mínima de tablero de indicadores, guion de reunión mensual de seguimiento, guion de reunión de arranque de una UIP, estructura de comunicación a financiadores y checklist de preparación pre-lanzamiento.
Una sección específica de consideraciones éticas, que interroga qué se paga y a quién beneficia cada indicador, y desarrolla los riesgos de selección de riesgo, de inequidad de acceso a las UIP y de un uso punitivo de la transparencia de datos.
Una adaptación explícita de las recomendaciones según el tamaño y la complejidad de la institución —baja, media y alta complejidad—, y una lectura específica de las implicancias para el sistema de salud argentino, fragmentado entre subsectores público, de la seguridad social y privado.
Este último punto merece destacarse: buena parte de la literatura sobre VBHC asume, implícitamente, un nivel de madurez tecnológica y de recursos humanos dedicados que no todas las instituciones de la región tienen disponible. El libro evita ese supuesto y ofrece, en su capítulo sobre aplicación según tamaño institucional, una ruta de entrada de bajo costo para una clínica de baja complejidad —comenzar por un único proceso de alto volumen, con el tablero mínimo viable de cinco indicadores y sin inversión tecnológica adicional inmediata— y una ruta más ambiciosa para instituciones con una red de atención propia.
8.1. El programa de formación como puente hacia la implementación
El programa de formación modular de seis módulos, con una carga total estimada de entre 24 y 30 horas, está diseñado para que cada módulo cierre con un ejercicio aplicado sobre una condición médica real de la propia institución, y para que el último módulo concluya con un compromiso concreto de cada participante de iniciar, dentro de los tres meses siguientes, el primer semestre de la hoja de ruta de implementación. El libro transforma así el contenido teórico en un dispositivo de formación directamente utilizable por las áreas de docencia y de desarrollo organizacional de una institución.
9. A quién está dirigido
El libro fue concebido, en primer término, como material de referencia para los estudiantes de la Maestría en Economía y Gestión de la Salud de la Universidad ISALUD, pero su formato de guía de trabajo —con preguntas de debate, casos y anexos aplicables— lo proyecta hacia un público más amplio.
Esa amplitud de destinatarios es coherente con el propio argumento del libro sobre la multiplicidad de beneficiarios del valor en salud, desarrollado en la sección 3 de esta presentación: si el valor generado por la VBHC se reparte entre el paciente, el financiador, la institución, la comunidad y el Estado, resulta lógico que el propio texto que explica cómo generarlo esté escrito para lectores situados en cada uno de esos lugares, y no exclusivamente para el especialista en gestión clínica.
Gerentes médicos, directores asistenciales y jefes de servicio de clínicas, sanatorios y hospitales, públicos y privados.
Equipos de calidad, de sistemas de información y de compras, involucrados en la medición de resultados y en la compra basada en el valor.
Financiadores —obras sociales y empresas de medicina prepaga— interesados en explorar esquemas de pago que reconozcan resultados y continuidad.
Docentes y estudiantes de posgrado en economía y gestión de la salud de la región, en un contexto donde la evidencia empírica sobre VBHC en América Latina es todavía escasa.
El propio autor lo señala en los objetivos de aprendizaje del libro: al finalizar su lectura, el estudiante de la Maestría en Economía y Gestión de la Salud debería poder definir la VBHC y diferenciarla del pago por servicio y de la medicina basada en la evidencia; explicar la ecuación de valor de Porter y Teisberg aplicada al ciclo completo de atención; describir el modelo de Unidades de Práctica Integrada; distinguir CROM, PROM y PREM; analizar la evidencia internacional reciente sobre implementación; discutir lecciones aprendidas de procesos reales —incluyendo el Vall d’Hebron y el Sanatorio Sagrado Corazón—; relacionar el marco de VBHC con los desafíos de los hospitales públicos, las prepagas, las clínicas y los sanatorios privados de la Argentina; y resolver los seis casos del texto aplicando todos los conceptos aprendidos.
10. Cierre
Medicina Basada en el Valor (Value-Based Health Care) se presenta, en síntesis, como un texto que no elige entre el rigor conceptual, la aplicabilidad práctica y la fidelidad a la evidencia científica, sino que busca sostener los tres registros a la vez. Su aporte más singular frente a la literatura clásica de la escuela de Porter y Teisberg es, precisamente, insistir en que el valor en salud —aun cuando se exprese en una ecuación de resultados sobre costos— no se agota en su dimensión económica: es, ante todo, una forma de organizar el trabajo clínico alrededor de las personas, tanto de quienes reciben la atención como de quienes la producen.
El libro está disponible en formato digital (PDF) bajo licencia Creative Commons BY-NC-ND 4.0, y puede consultarse a través de saludbydiaz.com y de los canales institucionales de la Universidad ISALUD.
Palabras del prefacio
El propio Dr. Díaz resume el espíritu del libro en su prefacio con una idea que conviene retener como cierre de esta presentación: la Medicina Basada en el Valor no reemplaza a la medicina basada en la evidencia ni a la gestión técnico-profesional, las presupone; tampoco es un simple mecanismo de pago ni un eslogan de eficiencia. Es, ante todo, una forma de organizar el trabajo clínico alrededor de los resultados que importan al paciente, medidos con honestidad, y de asignar los recursos —escasos, siempre escasos— pensando simultáneamente en lo individual y en lo colectivo.
Ficha bibliográfica
Díaz, Carlos Alberto. Medicina basada en el valor = value-based health care: marco conceptual, evidencia internacional e implementación en clínicas y hospitales. 1a ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: ISALUD, 2026. Libro digital, PDF. ISBN 978-987-9413-93-7.
El gasto en atención médica en Estados Unidos alcanzó los 5,3 billones de dólares y aumentó un 7,2 % en 2024, cifra similar al crecimiento del 7,4 % registrado en 2023, debido a la creciente demanda de atención médica que influyó en esta tendencia bienal. Al igual que en 2023, el uso y la intensidad de los bienes y servicios de atención médica continuaron creciendo rápidamente en 2024, especialmente en lo que respecta a la atención hospitalaria, los servicios médicos y clínicos, y los medicamentos recetados. El porcentaje de la población asegurada se mantuvo relativamente alto en 2024, en un 91,8 %, tras alcanzar su máximo en 2023 del 92,5 %. El crecimiento del gasto en atención médica siguió superando el crecimiento económico general en 2024, y como resultado, la participación de la atención médica en la economía aumentó del 17,7 % en 2023 al 18,0 % en 2024.
El gasto en atención médica alcanzó los 5,3 billones de dólares, o 15.474 dólares por persona, con un crecimiento del 7,2 por ciento en 2024 ( gráfico 1 ). Este fue el segundo año consecutivo de crecimiento superior al 7 por ciento (el crecimiento fue del 7,4 por ciento en 2023), tras un crecimiento del 4,1 por ciento en 2021 y del 4,8 por ciento en 2022. El fuerte crecimiento tanto en 2023 como en 2024 se debió a factores no relacionados con los precios (como el aumento de la demanda de atención y los cambios en la composición de los bienes y servicios de atención médica consumidos), ¹ como lo demuestra el crecimiento del gasto personal en atención médica, que promedió el 8,9 por ciento anual (calculado a partir del gráfico 2 ), la tasa de crecimiento promedio más alta durante dos años consecutivos desde 1991-92, cuando fue del 9,1 por ciento (datos no mostrados para 1991-92).² El mayor uso de bienes y servicios de atención médica en 2024 fue algo superior a lo que muchas aseguradoras de salud anticiparon.³
Anexo 1. Gasto nacional en salud (GNS), importes totales y per cápita, porcentaje del producto interno bruto (PIB) y crecimiento anual, años calendario 2018–24.
FUENTES: Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, Oficina del Actuario, Grupo Nacional de Estadísticas de Salud; y Departamento de Comercio, Oficina de Análisis Económico y Oficina del Censo. NOTAS: Las definiciones, fuentes y métodos para las categorías de Gasto Nacional en Salud (GNS) se pueden encontrar en CMS. Cuentas Nacionales de Gasto en Salud: documento de metodología, 2024 (véase la nota 7 en el texto). Es posible que las cifras no sumen los totales debido al redondeo. Los cambios porcentuales se calculan a partir de datos sin redondear.
A Crecimiento anual, 2017-18.
B Las estimaciones reflejan la definición de población residente de la Oficina del Censo, que incluye a todas las personas que habitualmente residen en los 50 estados o en Washington, D.C., pero excluye a los residentes de Puerto Rico y las zonas bajo soberanía estadounidense, a los miembros de las Fuerzas Armadas de EE. UU. en el extranjero y a los ciudadanos estadounidenses cuya residencia habitual se encuentra fuera de EE. UU. Las estimaciones también incluyen un pequeño ajuste (aproximadamente el 0,3 % de la población) para reflejar los subregistros del censo.
Anexo 2. Montos del gasto nacional en salud (GNS) y crecimiento anual, por categoría de gasto, años calendario 2018–24.
FUENTE: Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, Oficina del Actuario, Grupo Nacional de Estadísticas de Salud. NOTAS: Las definiciones, fuentes y métodos para las categorías de Gasto Nacional en Salud (GNS) se pueden encontrar en CMS. Cuentas Nacionales de Gasto en Salud: documento de metodología, 2024 (véase la nota 7 en el texto). Es posible que las cifras no sumen los totales debido al redondeo. Los cambios porcentuales se calculan a partir de datos sin redondear.
A Crecimiento anual, 2017-18.
B En artículos anteriores, esta categoría se ha denominado «Costo neto del seguro médico».
La inscripción en seguros de salud privados aumentó de 207,0 millones en 2023 a 214,3 millones en 2024 ( gráfico 3 ), que incluyó la inscripción en el Mercado de la Ley de Cuidado de Salud Asequible de 21,1 millones (frente a 16,2 millones en 2023 y 9,8 millones en 2019). 4 El fuerte crecimiento en la inscripción en el Mercado en 2024 fue impulsado por la extensión mejorada del crédito fiscal para primas 5 y el período de inscripción especial que permitió a quienes perdieron la cobertura de Medicaid durante el «desmantelamiento» inscribirse en planes del Mercado. 6 La inscripción en Medicaid alcanzó un máximo de poco más de 92,2 millones en 2023 y disminuyó en 7,9 millones a 84,3 millones en 2024 ( gráfico 3 ). En conjunto, en todas las formas de cobertura, la proporción de la población con seguro cayó al 91,8 por ciento después de un máximo histórico del 92,5 por ciento en 2023.
Anexo 3 Gastos nacionales en salud (GNS) e inscripción en seguros de salud, importes totales y por asegurado, y crecimiento anual, por fuente de financiación, años naturales 2018-2024
FUENTES: Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, Oficina del Actuario, Grupo Nacional de Estadísticas de Salud; y Departamento de Comercio, Oficina del Censo. NOTAS: Las definiciones, fuentes y métodos para las categorías de Gasto Nacional en Salud (GNS) se pueden encontrar en el documento de metodología de las Cuentas Nacionales de Gasto en Salud de los CMS, 2024 (véase la nota 7 en el texto). Es posible que las cifras no sumen los totales debido al redondeo. Los cambios porcentuales se calculan a partir de datos sin redondear.
A Crecimiento anual, 2017-18.
B Las estimaciones reflejan la definición de población residente de la Oficina del Censo, que incluye a todas las personas que habitualmente residen en los 50 estados o en Washington, D.C., pero excluye a los residentes de Puerto Rico y las zonas bajo soberanía estadounidense, a los miembros de las Fuerzas Armadas de EE. UU. en el extranjero y a los ciudadanos estadounidenses cuya residencia habitual se encuentra fuera de EE. UU. Las estimaciones también incluyen un pequeño ajuste (aproximadamente el 0,3 % de la población) para reflejar los subregistros del censo.
En 2024, el porcentaje del producto interno bruto (PIB) destinado a la atención médica fue del 18,0 %, superior al de 2022 y 2023, que fue del 17,6 % y el 17,7 %, respectivamente ( véase el gráfico 1 ). En 2023 y 2024, el crecimiento promedio del gasto en atención médica, del 7,3 % anual, fue casi 3 puntos porcentuales superior al del período 2021-22. En comparación, el crecimiento del PIB se desaceleró significativamente con respecto al período 2021-22, alcanzando un promedio del 6,0 % anual en 2023-24.
Revisión exhaustiva
Las estimaciones del gasto nacional en salud que se presentan en este artículo reflejan tanto las actualizaciones rutinarias (principalmente debido a la incorporación de datos anuales nuevos y revisados que antes no estaban disponibles) como los cambios en la metodología o las fuentes de datos como parte de la revisión integral de las Cuentas Nacionales de Gasto en Salud. Cada cinco años, las cuentas se someten a una evaluación exhaustiva de sus conceptos, definiciones, fuentes de datos y métodos, para garantizar la incorporación de la información más actualizada y completa.⁷ La última revisión integral tuvo lugar durante la publicación de los datos de las Cuentas Nacionales de Gasto en Salud de 2019. Entre los cambios más notables para las cuentas de 2024 se incluyen la incorporación de datos del Censo Económico de 2022 y la mejora de los métodos para distribuir las primas de la atención administrada a los bienes y servicios de atención médica para Medicare y Medicaid.
El impacto neto de la revisión integral y otras revisiones más rutinarias incrementaron el gasto nacional en salud en 60.800 millones de dólares en 2022, lo que representa el 1,3 % del gasto total, un porcentaje similar al de revisiones integrales anteriores (datos no mostrados). Los cambios relacionados con la revisión integral aumentaron el gasto en 64.800 millones de dólares en 2022, mientras que las actualizaciones anuales rutinarias lo redujeron en 4.000 millones de dólares. El principal factor que contribuyó a las revisiones del gasto para el período 2018-2022 fue la incorporación del Censo Económico de 2022, ⁸ mientras que las revisiones de años anteriores se debieron a mejoras metodológicas o actualizaciones menores. En comparación con la economía general, la proporción del gasto en salud respecto al PIB se sitúa ahora en el 17,6 % en 2022 ( véase el gráfico 1 ), frente al 17,4 % informado anteriormente.⁹
Patrocinadores de la atención médica
En Estados Unidos, la atención médica es financiada por los hogares, las empresas privadas y los gobiernos. Estas entidades son los principales responsables del gasto sanitario nacional y financian los gastos en salud, como los deducibles y copagos, las primas de los seguros médicos privados y los gastos de los programas gubernamentales (como Medicare y Medicaid).
El gobierno federal es el mayor patrocinador de los gastos en atención médica (1,7 billones de dólares y una participación del 31 por ciento en 2024); su participación incluye la parte federal de los pagos de Medicaid, los pagos federales de Medicare y las contribuciones del gobierno federal a los seguros de salud privados como empleador, así como otros programas y seguros de salud federales ( véase el anexo 4 ). El gasto en atención médica patrocinado por el gobierno federal aumentó un 5,5 por ciento en 2024, acelerándose desde el crecimiento del 3,8 por ciento en 2023. El aumento en 2024 fue impulsado por el continuo y rápido crecimiento de los créditos fiscales y subsidios del Mercado (34,9 por ciento en 2024, después de un crecimiento del 25,5 por ciento en 2023), así como por un fuerte crecimiento en los gastos federales de Medicare financiados por el gobierno federal (9,6 por ciento en 2024, después de un crecimiento del 14,9 por ciento en 2023), 10 que estuvo asociado con disposiciones de la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de 2022 que redujeron la participación en los costos de los beneficiarios y transfirieron una mayor responsabilidad financiera al gobierno federal (datos no mostrados). 11 Si bien el gasto federal de Medicaid sigue creciendo, aumentó solo un 0,7 por ciento en 2024, después de un crecimiento del 3,6 por ciento en 2023 ( gráfico 5 ), ya que la inscripción en el programa disminuyó en 7,9 millones de personas (calculado a partir del gráfico 3 ) y se eliminó gradualmente el porcentaje mejorado de asistencia médica federal (FMAP). 12
Anexo 4. Gastos nacionales en salud (GNS), importes totales y per cápita, crecimiento anual y distribución porcentual, por tipo de patrocinador, años naturales 2018-2024.
FUENTE: Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, Oficina del Actuario, Grupo Nacional de Estadísticas de Salud. NOTAS: Las definiciones, fuentes y métodos para las categorías de Gasto Nacional en Salud (GNS) se pueden encontrar en CMS. Cuentas Nacionales de Gasto en Salud: documento de metodología, 2024 (véase la nota 7 en el texto). Es posible que las cifras no sumen los totales debido al redondeo. Los cambios porcentuales se calculan a partir de datos sin redondear.
A Crecimiento anual, 2017-18.
Anexo 5. Gasto nacional en salud (GNS) y crecimiento anual, por fuente de financiación, años naturales 2018-2024.
FUENTE: Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, Oficina del Actuario, Grupo Nacional de Estadísticas de Salud. NOTAS: Las definiciones, fuentes y métodos para las categorías de Gasto Nacional en Salud (GNS) se pueden encontrar en CMS. Cuentas Nacionales de Gasto en Salud: documento de metodología, 2024 (véase la nota 7 en el texto). Es posible que las cifras no sumen los totales debido al redondeo. Los cambios porcentuales se calculan a partir de datos sin redondear.
A Crecimiento anual, 2017-18.
B Incluye los gastos relacionados con la salud correspondientes a los Títulos XIX y XXI del Programa de Seguro Médico Infantil, el Departamento de Defensa y el Departamento de Asuntos de Veteranos.
Do La financiación federal complementaria para la COVID-19 incluye préstamos del Programa de Protección de Nóminas y del Fondo de Ayuda a los Proveedores.
D Incluye el gasto federal en salud pública relacionado con la COVID-19.
El gasto en atención médica de los hogares (1,5 billones de dólares) representó el 28 % del gasto total en atención médica en 2024 y aumentó un 6,9 %, una tasa de crecimiento similar a la de 2023 (6,7 %) ( véase el gráfico 4 ). Esta tendencia estable se debió a factores compensatorios. El gasto de los hogares en primas de Medicare e impuestos sobre la nómina pagados por particulares, así como las primas de seguros médicos contratados individualmente, crecieron más rápidamente en 2024; ambos aumentaron un 7,0 % (datos no mostrados). En contraste, el crecimiento del gasto de bolsillo (como deducibles, copagos y coseguros) se desaceleró del 6,8 por ciento en 2023 al 5,9 por ciento en 2024 ( gráfico 5 ), y el crecimiento de las contribuciones de los empleados al seguro médico privado patrocinado por el empleador se desaceleró del 8,8 por ciento en 2023 al 6,8 por ciento en 2024. 13 Cabe destacar el menor crecimiento del gasto de bolsillo en 2024 para productos médicos no duraderos, como medicamentos sin receta y otros productos médicos (del 6,3 por ciento de crecimiento en 2023 al 3,7 por ciento de crecimiento en 2024). 13
El gasto en salud de las empresas privadas (967.400 millones de dólares) representó el 18% del gasto total en salud en 2024 y aumentó un 5,6%, una desaceleración respecto al crecimiento del 10,3% registrado en 2023 ( véase el gráfico 4 ). Más de tres cuartas partes del gasto en esta categoría corresponden a las contribuciones de las empresas privadas a los seguros médicos privados patrocinados por los empleadores. Los empleadores privados aportaron el 72% del gasto en seguros médicos privados patrocinados por los empleadores, y los hogares el 28% restante, una distribución que se ha mantenido relativamente estable en los últimos años. En 2024, el gasto de las empresas privadas en seguros médicos privados patrocinados por los empleadores creció un 6,3%, una desaceleración respecto al crecimiento del 12,2% de 2023. 13
El gasto de los gobiernos estatales y locales (859.700 millones de dólares) representó el 16 % del gasto total en atención médica en 2024 y aumentó un 12,1 %, una tasa de crecimiento ligeramente superior a la de 2023, cuando este gasto aumentó un 11,1 % ( véase el gráfico 4 ). La parte estatal y local de los pagos de Medicaid, que representó el 39 % del gasto total de los gobiernos estatales y locales, ¹³ mostró un fuerte crecimiento tanto en 2023 como en 2024, con aumentos del 18,2 % y el 19,2 %, respectivamente ( véase el gráfico 5 ), ya que los estados financiaron una mayor proporción del gasto como resultado de la eliminación gradual del FMAP mejorado.¹²
El uso y la intensidad 1 de la atención hospitalaria, los servicios médicos y clínicos, y los medicamentos recetados al por menor contribuyeron más al crecimiento general en 2024 que durante el período 2014-19, tendencias que también prevalecieron en la mayoría de las principales fuentes de financiación. El aumento de los precios médicos en 2024 puede atribuirse a un crecimiento más rápido de los precios en toda la economía (PIB) (que aumentó un 2,5 por ciento en comparación con el 1,6 por ciento durante 2014-19), ya que la inflación médica excesiva fue cercana a cero durante ambos períodos ( gráfico 1 , no se muestran los datos del período 2014-19).
Seguro médico privado
El seguro médico privado, el mayor pagador de atención médica (con 1,6 billones de dólares y el 31 % del gasto total nacional en atención médica en 2024), aumentó un 8,8 % en 2024 tras un crecimiento del 11,2 % en 2023 ( véase el gráfico 5 ). El crecimiento del gasto no médico de las aseguradoras privadas se ralentizó del 10,5 % en 2023 al 4,4 % en 2024, ya que algunos planes de seguro médico informaron de mayores pérdidas médicas como resultado de un aumento de la demanda de atención mayor de lo previsto .
Tanto en 2024 como en 2023, el gasto en seguros de salud privados para atención médica personal experimentó un fuerte crecimiento (9,4 % en 2024 y 11,3 % en 2023), debido al aumento de las inscripciones y al repunte de la demanda de atención médica. El crecimiento del gasto en seguros de salud privados para atención hospitalaria (10,4 %), servicios médicos y clínicos (9,6 %) y medicamentos recetados en farmacias (7,4 %) se mantuvo sólido en 2024 (datos no mostrados).
Más de 214 millones de personas tenían cobertura de seguro médico privado en 2024 ( gráfico 3 ), con 178.6 millones cubiertos por seguros patrocinados por empleadores, 21.1 millones cubiertos por planes del Mercado y 15.6 millones cubiertos por Medigap y otras formas de cobertura directa. 4, 17 La inscripción en el Mercado aumentó de 13.5 millones en 2022 y 16.2 millones en 2023, ya que los créditos fiscales mejorados para las primas redujeron el costo para los inscritos. 5 Además, la disposición de inscripción continua de Medicaid expiró, y algunos que perdieron la cobertura de Medicaid se inscribieron en planes del Mercado. 6 En total, el gasto del Mercado fue de $149.5 mil millones en 2024, y el gobierno federal financió el 78 por ciento de esta cantidad, o $116.6 mil millones. 13 Con el reciente aumento de los créditos fiscales, los subsidios y la inscripción en el Mercado de Seguros Médicos, la participación del gobierno federal en el gasto total en seguros de salud privados fue del 10,7 por ciento en 2024, frente al 8,1 por ciento en 2019. 13
Seguro médico del estado
El gasto de Medicare, que representó el 21 por ciento del gasto total nacional en atención médica, alcanzó los 1,1 billones de dólares en 2024, un aumento del 7,8 por ciento después de un crecimiento del 9,0 por ciento en 2023 ( véase el gráfico 5 ). Aunque el gasto en planes privados de Medicare Advantage se ralentizó en 2024 (del 16,1 por ciento en 2023 al 9,0 por ciento en 2024) debido a cambios en las políticas que redujeron las tasas de pago de referencia, el gasto de Medicare por servicio experimentó un crecimiento más rápido en 2024, aumentando un 6,4 por ciento después de un crecimiento del 2,0 por ciento en 2023 (datos no mostrados).
La inscripción total en Medicare creció un 2,2 por ciento hasta alcanzar los 66,6 millones en 2024, con un ritmo de crecimiento similar al de 2023 ( véase el gráfico 3 ). Aunque el gasto creció más rápidamente en 2024, la inscripción en el plan de pago por servicio siguió disminuyendo (por sexto año consecutivo), con una caída del 1,4 por ciento. La inscripción en Medicare Advantage, en cambio, aumentó un 6,1 por ciento en 2024 (frente al crecimiento del 7,9 por ciento en 2023) hasta alcanzar los 33,4 millones de beneficiarios, es decir, el 50 por ciento de todos los inscritos en Medicare (datos no mostrados). Por inscrito, el gasto total de Medicare creció un 5,4 por ciento en 2024, un ritmo de crecimiento más lento que el aumento del 6,7 por ciento en 2023 ( véase el gráfico 3 ), como consecuencia del menor crecimiento del gasto en Medicare Advantage.
En general, el gasto de Medicare en bienes y servicios experimentó un crecimiento ligeramente más lento en 2024, aumentando un 8,6 por ciento después de un crecimiento del 9,4 por ciento en 2023. 13 Aunque gran parte de la desaceleración en el crecimiento del gasto total de Medicare en servicios se debió a cambios en las tarifas de pago asociados con Medicare Advantage, el gasto por servicio en servicios generalmente se aceleró, particularmente para la atención hospitalaria y los servicios médicos y clínicos. El gasto hospitalario de Medicare por servicio aumentó un 4,1 por ciento en 2024 (en comparación con un 1,3 por ciento en 2023), ya que tanto el volumen como la intensidad de los servicios para pacientes hospitalizados y ambulatorios aumentaron más rápidamente en 2024. 18 El gasto por servicio para servicios médicos y clínicos, que incluye medicamentos administrados por médicos de la Parte B, aumentó un 5,7 por ciento en 2024 (en comparación con un crecimiento del 3,8 por ciento en 2023), en parte como resultado de un gran aumento en el gasto en sustitutos de la piel, que se utilizan para el cuidado de heridas, que fue impulsado por una mayor utilización y precios más altos (datos no mostrados). 18
El gasto de Medicare en medicamentos recetados de venta al público, que consiste principalmente en el gasto en medicamentos recetados de la Parte D, aumentó un 12,9 por ciento en 2024 tras un crecimiento del 11,9 por ciento en 2023 (datos no mostrados). Las disposiciones de rediseño de beneficios de la Parte D asociadas con la IRA contribuyeron a las elevadas tasas de crecimiento del gasto en medicamentos recetados en 2023 y 2024, ya que la ampliación de los beneficios aumentó la responsabilidad financiera de Medicare.<sup> 11</sup> Además, el rápido aumento de la demanda de medicamentos antidiabéticos de marca en ambos años siguió afectando al crecimiento del gasto en medicamentos de Medicare. <sup>19</sup>
Seguro de enfermedad
En 2024, el gasto de Medicaid alcanzó los 931.700 millones de dólares, lo que representa el 18 % del gasto total nacional en atención médica ( véase el gráfico 5 ). Si bien el gasto total de Medicaid aumentó un 6,6 % en 2024, esta tasa de crecimiento fue menor que en años anteriores: inferior al 7,9 % de 2023 y al 9,7 % de 2022. La inscripción en Medicaid disminuyó un 8,6 % (o 7,9 millones) hasta los 84,3 millones en 2024 ( véase el gráfico 3 ). Esta disminución se produjo cuando los estados reanudaron las reevaluaciones de elegibilidad tras la finalización de las disposiciones de cobertura de la era de la pandemia.
Coincidiendo con la disminución de la inscripción en Medicaid, el gasto por beneficiario de Medicaid aumentó un 16,6 % en 2024, lo que representó un incremento drástico en comparación con el aumento del 6,5 % en 2023. Esta aceleración se debió a dos factores principales. En primer lugar, los cambios en la composición de la inscripción dieron como resultado una mayor proporción de beneficiarios con afecciones médicas complejas, mayores necesidades de atención médica y mayores tasas de utilización, ya que la mayoría de las personas que ya no estaban inscritas en el programa eran niños y adultos de menor costo. En segundo lugar, el aumento de las tarifas de pago a los proveedores, junto con el crecimiento de los pagos estatales a los proveedores a través de organizaciones de atención administrada, contribuyó a un mayor gasto por beneficiario. También cabe destacar que los costos de administración gubernamental de Medicaid aumentaron un 19,8 % en 2024 en comparación con el 9,2 % en 2023, muy probablemente debido a las continuas operaciones de desmantelamiento.
En 2024, principalmente como resultado de la disminución de la inscripción, todos los servicios de Medicaid, excepto la atención médica domiciliaria y los centros de enfermería y atención residencial, experimentaron un crecimiento más lento que el de 2023. Esto incluye las dos categorías de servicios más importantes en el gasto de Medicaid: atención hospitalaria (34 por ciento de participación), cuyo gasto aumentó un 8,5 por ciento después de un crecimiento del 9,2 por ciento en 2023, y otros servicios de salud, residenciales y de cuidado personal (21 por ciento de participación), cuyo gasto aumentó un 8,9 por ciento después de un crecimiento del 9,7 por ciento en 2023. Los servicios utilizados para la atención a largo plazo (la población con mayor probabilidad de utilizar este tipo de atención tenía mayor probabilidad de mantener la cobertura de Medicaid), incluidos otros servicios de salud, residenciales y de cuidado personal; atención médica domiciliaria; y residencias de ancianos y comunidades de jubilación con atención continua, continuaron experimentando un fuerte crecimiento en 2023 y 2024 (8,9 por ciento y 9,5 por ciento, respectivamente; datos no mostrados).
Después de un crecimiento del 3,6 por ciento en 2023, el gasto federal de Medicaid aumentó solo un 0,7 por ciento en 2024 debido a la eliminación gradual del FMAP mejorado temporalmente que estuvo vigente durante la emergencia de salud pública de COVID-19 12 ( gráfico 5 ). Este cambio transfirió algunos costos a los estados, lo que contribuyó a un aumento en el gasto estatal y local de Medicaid del 19,2 por ciento en 2024 y del 18,2 por ciento en 2023. Como resultado, la participación del gobierno federal en el gasto de Medicaid cayó al 64 por ciento en 2024, similar a la participación del 63 por ciento en 2019 antes de la emergencia de salud pública y por debajo del 68 por ciento en 2023 y el pico del 71 por ciento en 2022 (calculado a partir del gráfico 5 ).
Atención hospitalaria
El gasto en atención hospitalaria (31 por ciento del gasto total en salud) fue de $1.6 billones en 2024 y aumentó un 8.9 por ciento, por segundo año consecutivo de fuerte crecimiento después del crecimiento del 10.6 por ciento en 2023 ( gráfico 2 ). El crecimiento sustancial tanto en 2023 como en 2024 fue resultado de un repunte en factores no relacionados con el precio, como el uso y la intensidad de los servicios, que se vieron algo deprimidos durante la emergencia de salud pública. En 2024, la demanda de atención hospitalaria mostró signos de fortaleza continua, ya que los días de hospitalización aumentaron un 1.5 por ciento y las altas hospitalarias aumentaron un 3.2 por ciento. 21 El fuerte crecimiento en 2024 se observó en los principales pagadores de servicios de atención hospitalaria: seguros de salud privados (10.4 por ciento), Medicare (6.9 por ciento) y Medicaid (8.5 por ciento). 13 El gasto hospitalario también incluye fuentes de ingresos no asociadas directamente con la prestación de atención, y en 2024, el crecimiento en otros ingresos privados fue fuerte en parte debido a los rendimientos de las inversiones. 22 El aumento de los precios de la atención hospitalaria también contribuyó a la tendencia de 2024, con un incremento del 3,4 por ciento, la tasa de aumento más alta desde 2007 y superior al crecimiento del 2,7 por ciento experimentado en 2023. 23
Servicios médicos y clínicos
El gasto en servicios médicos y clínicos ascendió a 1,1 billones de dólares en 2024, lo que representa el 21 % del gasto total en atención médica, y aumentó un 8,1 % en comparación con el crecimiento del 7,4 % en 2023 ( gráfico 2 ). Estas tasas siguen reflejando un fuerte crecimiento en factores no relacionados con el precio, en particular el uso y la intensidad de los servicios. Además, los precios de los servicios médicos y clínicos aumentaron un 1,8 % en 2024, en comparación con un aumento del 0,6 % en 2023. 24
El crecimiento del gasto en servicios médicos y clínicos se mantuvo fuerte para los seguros de salud privados, pero se ralentizó tanto para Medicare como para Medicaid. El gasto de los seguros de salud privados en estos servicios creció un 9,6 por ciento en 2024 y un 9,3 por ciento en 2023, en parte debido a una fuerte utilización. 3 Los gastos de Medicare en servicios médicos y clínicos crecieron un 7,9 por ciento en 2024, después de un crecimiento del 10,0 por ciento en 2023. Esta tasa de crecimiento más lenta se debió al impacto de pagos de referencia más bajos de Medicare Advantage, mientras que el gasto de Medicare por servicio creció más rápido, en gran parte debido a las tendencias en medicamentos administrados por médicos, particularmente para sustitutos de la piel. 18 Para Medicaid, una disminución en la inscripción llevó a un crecimiento más lento del gasto en servicios médicos y clínicos del 4,2 por ciento en 2024 en comparación con el 5,5 por ciento en 2023.
Medicamentos recetados en farmacias
El gasto en medicamentos recetados en farmacias minoristas aumentó un 7,9 por ciento hasta alcanzar los 467.000 millones de dólares en 2024 y representó el 9 por ciento del gasto total en atención médica ( gráfico 2 ). Aunque la demanda de medicamentos para tratar la diabetes y la pérdida de peso continuó aumentando, el gasto total en medicamentos recetados al por menor creció más lentamente que en 2023, cuando fue del 10,8 %, en parte debido al menor crecimiento de los precios de los medicamentos recetados al por menor (que aumentaron un 1,4 % en 2024, en comparación con el 2,3 % en 2023), así como al menor crecimiento del uso de medicamentos, ya que el número de recetas dispensadas (basado en un suministro de treinta días) aumentó un 2,5 % en 2024 después de un crecimiento del 2,9 % en 2023. Además , el número de nuevas sustancias activas lanzadas disminuyó de sesenta y cinco en 2023 a cuarenta y ocho en 2024, el número más bajo de nuevas sustancias activas desde 2019. De manera similar a la experiencia general, el gasto en medicamentos recetados al por menor pagado por seguros de salud privados continuó experimentando un fuerte crecimiento del 7,4 % en 2024, aunque esto fue menor que el 13,4 % en 2023: la tasa de crecimiento más rápida desde 2002. 13
El sólido crecimiento del gasto en medicamentos recetados minoristas de Medicare (principalmente Parte D) continuó en 2024, aumentando un 12,9 por ciento después de un crecimiento del 11,9 por ciento en 2023 (datos no mostrados). El crecimiento en el gasto en beneficios de Medicare Parte D corresponde a disposiciones de la IRA que aumentaron la responsabilidad financiera de Medicare al tiempo que aliviaron la carga de los beneficiarios. La IRA incluyó disposiciones que redujeron el copago de insulinas y vacunas en 2023 y eliminaron el coseguro del 5 por ciento de los beneficiarios en la fase de cobertura catastrófica del beneficio y ampliaron la elegibilidad para los subsidios de bajos ingresos de la Parte D en 2024. 27 Principalmente debido a estos factores, el gasto de bolsillo en medicamentos recetados minoristas (una participación del 12 por ciento) disminuyó un 0,9 por ciento en 2024 (después de un crecimiento del 2,2 por ciento en 2023) (datos no mostrados).
Conclusión
El gasto en salud siguió representando una proporción cada vez mayor del PIB, alcanzando el 18,0 % en 2024, frente al 17,7 % en 2023, ya que el gasto en salud continuó superando el crecimiento del PIB. El sólido gasto general en salud en 2023 y 2024 se debió al crecimiento del gasto en atención médica personal, que promedió el 8,9 % y representó la tasa de crecimiento más alta durante dos años consecutivos en más de tres décadas. El fuerte crecimiento de la atención médica personal a lo largo de estos dos años se debió principalmente a factores no relacionados con el precio, como el uso y la intensidad de los servicios, en particular la atención hospitalaria, los servicios médicos y clínicos, y los medicamentos recetados en farmacias.
El porcentaje de la población asegurada alcanzó su punto máximo en 2023, con un 92,5 %, para luego descender al 91,8 % en 2024. La disminución en la inscripción a Medicaid en 2024 se vio acompañada por un aumento en la inscripción a los planes del Mercado de Seguros Médicos y a los seguros médicos privados patrocinados por empleadores. El gasto federal en atención médica aumentó en 2024 debido al crecimiento del gasto en subsidios del Mercado de Seguros Médicos, así como al gasto de Medicare relacionado con las disposiciones de la IRA.
Es indudable que las tendencias de gasto en salud se verán afectadas por los futuros cambios económicos y demográficos, así como por las nuevas tecnologías e innovaciones.
El futuro del gasto en atención médica sigue siendo incierto. Si bien algunos de los factores recientes que afectan la utilización de los servicios y la cobertura de seguros podrían no perdurar, las tendencias del gasto en salud sin duda se verán afectadas por futuros cambios económicos y demográficos, así como por nuevas tecnologías e innovaciones. Por ejemplo, los avances en inteligencia artificial y el tratamiento del cáncer, así como la expansión de las políticas y el uso de tratamientos para la pérdida de peso y otras iniciativas para promover hábitos saludables, podrían afectar al sistema de salud de maneras inesperadas
Minería de datos, valor económico, industria farmacéutica, movilidad del paciente y el derecho de acceso a la propia información clínica
Dr. Carlos Alberto Díaz
Especialización en Economía y Gestión de la Salud · Universidad ISALUD
Diplomatura en Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados · CONFECLISA
Fuentes: bibliografía académica revisada por pares y datos oficiales, citados en formato MLA
Buenos Aires, 2026
1. Introducción: el dato de salud como activo estratégico
La historia clínica electrónica, los sistemas de reclamos, los registros de dispensa de farmacia, las imágenes diagnósticas y los datos genómicos constituyen hoy una de las materias primas más disputadas de la economía de la salud. El propio sistema de salud los utiliza para gestionar calidad y costos; los organismos internacionales han comenzado a exigir marcos explícitos de gobernanza para su uso secundario (Organisation for Economic Co-operation and Development, Recommendation); y la industria farmacéutica los utiliza como insumo central de su investigación y de su estrategia comercial. Este documento aborda cinco preguntas relacionadas entre sí: qué es gobernar datos de salud y quiénes son sus actores; qué significa hacer minería de esos datos; por qué tienen valor económico; qué uso hace de ellos la industria farmacéutica; y quién puede efectivamente acceder a los datos de un paciente, incluyendo la movilidad de esa información a medida que el paciente se desplaza por un sistema fragmentado.
2. Gobernanza de datos en salud: marco conceptual
2.1 Qué es la gobernanza de datos
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) define la gobernanza de datos de salud como el marco de políticas públicas destinado a favorecer la disponibilidad y el uso de datos personales de salud para fines de interés público, protegiendo simultáneamente la privacidad, los propios datos personales de salud y la seguridad de la información (Organisation for Economic Co-operation and Development, Recommendation). La Recomendación del Consejo de la OCDE sobre Gobernanza de Datos de Salud, adoptada en 2016 y con 38 países adherentes hacia 2022, constituye hasta la fecha el único instrumento internacional de este tipo con adhesión formal de gobiernos, y establece ocho mecanismos clave de gobernanza que van desde los marcos legislativos de protección de datos hasta los procesos de certificación para el tratamiento de datos con fines de investigación (Organisation for Economic Co-operation and Development, Health Data Governance).
2.2 Niveles de uso: primario y secundario
El propio Reglamento del Espacio Europeo de Datos Sanitarios formaliza esta distinción: el uso primario es el tratamiento de datos electrónicos de salud para la prestación de asistencia sanitaria a la persona a la que se refieren, mientras que el uso secundario comprende su tratamiento para fines de salud pública, investigación científica, innovación, formación y prueba de algoritmos, o formulación de políticas, entre otros (European Parliament and Council of the European Union). Buena parte de las tensiones que se describen en este documento surgen precisamente de la reutilización secundaria de datos que el paciente entregó, en su momento, únicamente para el uso primario.
2.3 Actores del ecosistema de datos de salud
La literatura sobre proyectos concretos de intercambio de datos de salud —como el caso de uso HealthData@EU documentado por Forster y colaboradores— muestra en la práctica que ningún proyecto de este tipo involucra solamente al paciente y al investigador: intervienen equipos nacionales de datos, responsables institucionales de su custodia, comités de ética, y organismos que deben autorizar cada exportación de información (Forster et al.). La Tabla 1 sintetiza los actores típicos de ese ecosistema y su interés principal respecto del dato.
Actor
Interés principal respecto del dato
Paciente
Titular original del dato; interesado en su privacidad y en participar de los beneficios que ese dato genera.
Profesional y equipo de salud
Genera el dato como parte de su tarea asistencial; interesado en un registro completo e interoperable.
Institución (clínica, sanatorio, hospital)
Custodia el dato; interesada en la gestión de calidad, el cumplimiento normativo y su valor como activo de investigación.
Financiador / asegurador
Interesado en el dato para ajuste de riesgo, auditoría y control de costos.
Estado / autoridad sanitaria
Interesado en el dato para vigilancia epidemiológica, planificación y regulación.
Industria farmacéutica y de dispositivos
Interesada en el dato para descubrimiento, reclutamiento de ensayos, farmacovigilancia y evidencia de valor.
Tabla 1. Actores del ecosistema de datos de salud, adaptado a partir del marco de la OCDE y de Forster et al.
3. Minería de datos en salud
3.1 Qué es y qué técnicas incluye
La minería de datos en salud es el proceso de aplicar técnicas estadísticas, de aprendizaje automático y de procesamiento de lenguaje natural sobre grandes volúmenes de datos clínicos y administrativos para identificar patrones o generar conocimiento que no era evidente en el registro original.
3.2 Fuentes de datos
Las fuentes típicas incluyen la historia clínica electrónica, los sistemas de reclamos y facturación, los registros de dispensa de farmacia, las imágenes diagnósticas, los dispositivos médicos conectados y los datos genómicos. La documentación de casos reales de interoperabilidad transfronteriza muestra que cada una de estas fuentes tiene calidad, granularidad y régimen legal de acceso distintos, y que la falta de calidad de los metadatos en catálogos nacionales constituye uno de los principales obstáculos técnicos identificados en la etapa de descubrimiento de datos (Forster et al.).
3.3 Aplicaciones principales
Aplicación
Descripción breve
Evidencia del mundo real (RWE)
Evidencia sobre efectividad, seguridad y uso de un producto médico generada a partir de datos de la práctica clínica habitual.
Farmacovigilancia
Detección de eventos adversos no identificados durante el desarrollo clínico, mediante minería de bases de datos poblacionales.
Medicina de precisión
Identificación de subgrupos de pacientes con distinta probabilidad de respuesta a un tratamiento.
Predicción de riesgo clínico
Modelos que estiman la probabilidad de un evento adverso a partir de variables clínicas históricas.
Evaluación de tecnologías sanitarias (HTA)
Uso de datos poblacionales para estimar el valor terapéutico y económico real de una intervención.
4. El valor económico de los datos de salud
4.1 Por qué el dato de salud tiene valor económico
Desde la perspectiva de la economía de la información, el dato de salud comparte una propiedad poco habitual: es un bien no rival —su uso por un investigador o una empresa no impide que otro actor lo use simultáneamente— pero puede volverse excluible mediante mecanismos legales y técnicos, como licencias, contratos de acceso o entornos de procesamiento seguro. Esa combinación de no rivalidad y excluibilidad artificial es, precisamente, lo que convierte al dato de salud en un activo negociable: quien logra controlar el acceso a un conjunto de datos suficientemente completo y longitudinal puede licenciarlo, venderlo o utilizarlo de manera exclusiva las veces que quiera, sin que el dato se agote. El valor económico surge, en última instancia, de la reducción de incertidumbre que ese activo permite en decisiones costosas: qué molécula seguir desarrollando, a qué precio reembolsar un tratamiento, o qué paciente incluir en un ensayo clínico. Cuanto más completo, longitudinal e interoperable es un conjunto de datos, mayor es su capacidad de reducir esa incertidumbre y, en consecuencia, mayor su valor de mercado.
4.2 La evidencia del mundo real como motor de valor
La literatura especializada en economía y evaluación de tecnologías sanitarias documenta una importancia creciente de los datos y la evidencia del mundo real (RWD/RWE, por sus siglas en inglés) en la toma de decisiones sanitarias, tanto para la evaluación de la efectividad y seguridad de productos médicos como para la determinación de su valor económico (Jiang et al.). Este mismo cuerpo de literatura advierte que persisten desafíos metodológicos importantes —calidad de los datos, rigor metodológico y traducción consistente de los hallazgos hacia decisiones de financiamiento— que limitan hasta hoy la integración sistemática de la evidencia del mundo real en las políticas de cobertura (Jiang et al.). Zisis y colaboradores, en una revisión de la literatura publicada en el Journal of Pharmacy & Pharmaceutical Sciences, confirman que el uso de datos y evidencia del mundo real en los procesos de evaluación de tecnologías sanitarias está en expansión a nivel global, impulsado por el reconocimiento de agencias regulatorias como la FDA, pero identifican barreras recurrentes entre países: disponibilidad desigual de datos de calidad, aceptación heterogénea por parte de los organismos evaluadores, falta de experiencia técnica especializada, y preocupaciones de privacidad no resueltas (Zisis et al.). La OCDE, por su parte, documenta que la mayoría de sus países adherentes aún se encuentran en camino de implementar plenamente los mecanismos de gobernanza necesarios para explotar ese valor de manera sistemática, con brechas particularmente marcadas en la protección frente a riesgos de reidentificación (Organisation for Economic Co-operation and Development, Health Data Governance).
4.3 El valor del dato en la fijación de precios y la evaluación económica
La evidencia disponible sobre cómo se usa efectivamente la evidencia del mundo real en decisiones concretas de precio y cobertura es más reveladora que cualquier estimación de mercado. Lee y colaboradores, en un estudio publicado en el Journal of Managed Care & Specialty Pharmacy, revisaron sistemáticamente los informes finales de evaluación económica publicados por el Institute for Clinical and Economic Review (ICER) —la principal organización independiente de evaluación de tecnologías sanitarias de los Estados Unidos— y encontraron que la totalidad de los treinta y tres informes analizados incorporaba evidencia del mundo real en sus modelos de costo-efectividad, con un promedio de doce usos de este tipo de evidencia por informe, en un rango de entre cuatro y veintiséis (Lee et al.). Es decir: la evidencia del mundo real no es un complemento marginal ni un insumo excepcional en la evaluación económica contemporánea de medicamentos, sino un componente estructural, presente en el cien por ciento de los casos relevados por ese estudio.
Este hallazgo cuantitativo permite precisar por qué la industria farmacéutica invierte de manera creciente en el acceso a datos de salud reales: no se trata únicamente de acelerar el descubrimiento de fármacos, sino de asegurar el insumo central de los propios procesos mediante los cuales se determinará, más adelante, el precio y la cobertura de esos fármacos. Cuando un actor —ya sea la propia industria, un intermediario de datos o un organismo evaluador— controla el acceso a conjuntos de datos reales de calidad suficiente, controla también, de manera indirecta, un insumo crítico del proceso de fijación de precios. Zisis y colaboradores subrayan, en este sentido, que la falta de estandarización y de acceso equitativo a datos de calidad entre distintos países y organismos evaluadores puede traducirse en asimetrías de negociación entre la indústria y los sistemas de salud, particularmente en países con menor desarrollo de infraestructura de datos propia (Zisis et al.).
4.4 Caso de estudio: la quiebra de 23andMe y el dato como activo concursal
El caso de la empresa de genética de consumo directo 23andMe, analizado en detalle por la revista New England Journal of Medicine, ilustra con particular nitidez tanto el valor económico del dato de salud como los riesgos de gobernanza que ese valor genera. Jacoby y Cohen documentan que, tras la presentación de la empresa en un proceso de quiebra bajo el Capítulo 11 del código concursal estadounidense en 2025, la posibilidad de vender los datos genéticos de millones de usuarios como cualquier otro activo de la empresa quedó sujeta, en la práctica, a lo que establecía la política de privacidad vigente al momento de la recolección de esos datos, y no a un régimen legal específico para datos genéticos (Jacoby y Cohen).
LoTempio y colaboradores, en un comentario publicado en Nature Genetics, plantean que la tensión de fondo del caso no se limita a la privacidad individual: se trata también de lo que denominan el «cercamiento corporativo» (corporate enclosure) de datos científicos con un valor potencial significativo para la investigación biomédica y la salud pública, generado originalmente a partir de la participación voluntaria de millones de personas en investigación (LoTempio et al.). Los autores señalan que la resolución final del proceso —la adquisición del conjunto de datos por parte de una organización orientada a la investigación, en lugar de una empresa puramente comercial— evitó, al menos en ese caso puntual, la concreción del escenario de mayor riesgo, pero no resolvió el vacío regulatorio de fondo: ningún marco legal vigente había anticipado explícitamente qué ocurre con un activo de datos genéticos cuando la empresa que lo custodia deja de existir como tal (LoTempio et al.).
Lo que enseña el caso 23andMe El dato de salud —incluido el genético— puede convertirse en un activo dentro de un proceso concursal, sujeto a la política de privacidad original y no a un régimen legal específico (Jacoby y Cohen).La reutilización comercial de datos de investigación biomédica plantea una tensión entre el interés científico colectivo y el control corporativo privado del dato (LoTempio et al.).Ningún marco de gobernanza revisado en este documento —ni el europeo ni el argentino— contempla explícitamente qué ocurre con los datos de salud ante una quiebra, fusión o cambio de titularidad de quien los custodia.
4.5 Tensiones no resueltas en la valorización económica del dato
Los tres casos reunidos en esta sección —la centralidad estructural de la evidencia del mundo real en la fijación de precios documentada por Lee y colaboradores, las brechas de acceso equitativo señaladas por Zisis y colaboradores, y el vacío regulatorio expuesto por el caso 23andMe— apuntan a una misma tensión de fondo. El valor económico del dato de salud depende de mecanismos de exclusión —licencias, contratos, entornos de procesamiento seguro— que, tal como los describe el propio marco de gobernanza de la OCDE, deberían operar bajo reglas explícitas de interés público (Organisation for Economic Co-operation and Development, Recommendation). En la práctica, sin embargo, esos mismos mecanismos de exclusión son con frecuencia definidos unilateralmente por quien custodia el dato —una institución de salud, un intermediario comercial, una empresa de genética de consumo— y no por un marco de gobernanza pactado con los pacientes que lo originaron ni con el sistema de salud en su conjunto. Esta es, en definitiva, la tensión que retoma la sección 8 de este documento al proponer principios de gobernanza responsable.
5. La industria farmacéutica y el uso de datos de salud
5.1 El dato a lo largo del ciclo de vida del medicamento
La industria farmacéutica utiliza datos de salud en el descubrimiento de blancos terapéuticos, en la identificación y el reclutamiento de pacientes elegibles para ensayos clínicos, en la farmacovigilancia poscomercialización, y en la construcción de evidencia de valor para la negociación de precios y cobertura con financiadores y organismos de evaluación de tecnologías sanitarias.
5.2 El marco regulatorio de la evidencia del mundo real
La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) mantiene un programa institucional específico sobre el uso de datos y evidencia del mundo real en la toma de decisiones regulatorias (United States, Food and Drug Administration, “Real-World Evidence”), y en diciembre de 2025 publicó una guía final —con entrada en vigencia en febrero de 2026— que reemplaza y amplía significativamente la guía de 2017 sobre el uso de evidencia del mundo real para el respaldo regulatorio de dispositivos médicos (United States, Food and Drug Administration, Use of Real-World Evidence). En paralelo, el Reglamento del Espacio Europeo de Datos Sanitarios habilita explícitamente a las empresas de ciencias de la vida a solicitar acceso a datos de salud para uso secundario ante los organismos nacionales de acceso a datos, bajo un régimen de evaluación de la solicitud que pondera el propósito declarado y el cumplimiento del marco de protección de datos (European Parliament and Council of the European Union).
5.3 Riesgos y tensiones
El uso creciente de datos de salud por parte de la industria farmacéutica no está exento de tensiones: el riesgo de que la evidencia del mundo real reproduzca sesgos e inequidades ya presentes en la práctica clínica registrada; el riesgo de conflicto de interés cuando quien financia el estudio es la misma empresa cuyo producto se evalúa; y, como muestra el caso analizado en la sección anterior, el riesgo de que el valor generado a partir de datos de millones de pacientes se concentre en la industria y en los intermediarios de datos sin una contrapartida proporcional para el sistema de salud que los originó.
6. Movilidad de los pacientes por el sistema: portabilidad e interoperabilidad
6.1 El problema de la fragmentación
Un paciente que se atiende, a lo largo de su vida, en distintos efectores de un mismo sistema de salud genera un registro clínico fragmentado entre sistemas de información que, en la mayoría de los casos, no se comunican entre sí. Esta fragmentación tiene un costo clínico directo —estudios repetidos, interacciones farmacológicas no detectadas, pérdida de continuidad de cuidado— y un costo de gestión, al impedir construir trayectorias longitudinales de pacientes para evaluar calidad o resultados.
6.2 El Espacio Europeo de Datos de Salud como modelo de portabilidad
El EHDS aborda la movilidad del paciente desde el llamado uso primario, a través de una infraestructura digital central denominada MyHealth@EU, administrada por la Comisión Europea, que debe actuar como la principal infraestructura transfronteriza para el intercambio de datos electrónicos de salud entre países miembros (European Commission). El Parlamento Europeo describe el objetivo de esta infraestructura en términos concretos: dar a los pacientes el derecho a acceder a sus propios datos de salud en los distintos sistemas sanitarios de la Unión, y permitir que los profesionales de la salud accedan a los datos de sus pacientes independientemente del país en que se hayan generado, incluyendo resúmenes de paciente, prescripciones electrónicas, imágenes médicas y resultados de laboratorio (European Parliament). Hacia fines de 2023, veinticinco Estados miembros ya utilizaban servicios de receta electrónica y resumen de paciente basados en esa misma infraestructura (European Parliament).
Li y Quinn, en un análisis publicado en Computer Law & Security Review, sostienen que el EHDS no se limita a reforzar el derecho a la portabilidad de datos ya existente en el artículo 20 del Reglamento General de Protección de Datos, sino que lo amplía de manera significativa: mientras que el derecho general de portabilidad del RGPD se limita a datos proporcionados activamente por el propio titular y en un formato de uso común, el EHDS introduce la obligación de adoptar un formato europeo de intercambio de historias clínicas electrónicas (EEHRxF, por sus siglas en inglés) que cubre también datos generados por terceros —como un profesional de la salud— y que resulta de aplicación obligatoria entre Estados miembros distintos (Li y Quinn). Los mismos autores advierten, sin embargo, que la implementación de ese mecanismo por sí sola no garantiza un control real del paciente sobre el destino secundario de sus datos, dado que el diseño institucional del EHDS delega buena parte de esas decisiones en los organismos nacionales de acceso a datos y no en el paciente individual (Li y Quinn).
El cronograma oficial de implementación es gradual y se extiende durante más de una década: la Comisión Europea prevé que las categorías prioritarias de datos para uso primario —resúmenes de paciente y prescripciones electrónicas— sean intercambiables en todos los Estados miembros hacia 2029, que un segundo grupo de categorías —imágenes médicas, resultados de laboratorio e informes de alta hospitalaria— se sume hacia 2031, y que terceros países y organismos internacionales puedan incorporarse a la infraestructura de uso secundario recién hacia 2035 (European Commission).
La experiencia italiana, documentada por Murgia y colaboradores en Frontiers in Medicine, ilustra las dificultades prácticas que enfrenta ese cronograma en un país con un sistema de salud fuertemente descentralizado: los autores muestran que la alta autonomía regional del sistema sanitario italiano genera variabilidad significativa entre regiones en la adopción de estándares de interoperabilidad, y que la integración efectiva con la infraestructura europea depende, en la práctica, de iniciativas nacionales específicas —como el proyecto DHEAL-COM— y de la adopción de estándares técnicos comunes como HL7 FHIR, más que de la sola existencia del Reglamento europeo (Murgia et al.). Esta evidencia sugiere que la portabilidad de datos de salud es, ante todo, un problema de capacidad de implementación nacional y subnacional, y no solamente un problema de diseño regulatorio a nivel supranacional.
6.3 El caso argentino: hacia una historia clínica electrónica única
En Argentina, el marco normativo avanzó en una dirección conceptualmente análoga, aunque con un desarrollo institucional considerablemente más incipiente. La Ley 26.529 de Derechos del Paciente definió a la historia clínica como un documento obligatorio, cronológico, foliado y completo, y estableció el derecho del paciente a acceder a su propia información (Argentina, Ley 26.529). La Ley 25.326 de Protección de Datos Personales clasificó a los datos de salud como datos personales sensibles, sujetos a un régimen de tratamiento más estricto que el de los datos personales en general (Argentina, Ley 25.326). Más recientemente, la Ley 27.706 creó el Programa Federal Único de Informatización y Digitalización de las Historias Clínicas y el Sistema Único de Registro de Historias Clínicas Electrónicas, con el objetivo explícito de garantizar a pacientes y profesionales el acceso a la información clínica relevante desde cualquier punto del territorio nacional, tanto en establecimientos públicos como privados y de la seguridad social (Argentina, Ley 27.706).
A diferencia del EHDS —que cuenta con plazos, organismos y financiamiento explícitos a nivel de toda la Unión Europea, según documenta la propia Comisión Europea— el Sistema Único de Registro argentino depende en gran medida de la articulación entre Nación, provincias y el sector privado, sin un cronograma de implementación igualmente taxativo. La experiencia italiana descrita en la sección anterior sugiere que esa misma tensión entre un mandato regulatorio central y una capacidad de implementación subnacional heterogénea será, probablemente, uno de los principales obstáculos también para el caso argentino.
6.4 La movilidad del dato al cambiar de financiador: de una prepaga a una obra social
Existe un tipo particular de movilidad del paciente que merece un tratamiento propio, distinto del traslado geográfico entre efectores: el cambio de financiador, cuando un beneficiario decide pasar de una empresa de medicina prepaga a una obra social, o entre distintas obras sociales. En Argentina, este derecho —conocido como «opción de cambio»— tiene un desarrollo normativo antiguo y, desde 2023, considerablemente ampliado. El Decreto Nº 504/1998 sistematizó por primera vez el derecho de los beneficiarios del Sistema Nacional del Seguro de Salud a ejercer la opción de cambio entre Agentes del Seguro de Salud, y la Superintendencia de Servicios de Salud (SSSalud) fue actualizando el procedimiento —hoy enteramente digital, a través de la plataforma «Mi SSSalud»— mediante sucesivas resoluciones, entre ellas la Resolución Nº 1216/2020-SSSalud (“Argentina, Decreto 170/2024”). El Decreto de Necesidad y Urgencia 70/2023 amplió significativamente el alcance de ese derecho, al eliminar restricciones previas y habilitar que los beneficiarios puedan optar también por empresas de medicina prepaga que se incorporen al sistema, no solamente entre obras sociales (“Argentina, Decreto 170/2024”).
Sin embargo, un análisis del articulado de la Ley 26.682, que regula específicamente a las empresas de medicina prepaga, muestra que su contenido se concentra casi por completo en los aspectos financieros y contractuales de la afiliación —períodos de carencia, cobertura de enfermedades preexistentes, rescisión del contrato, transferencia de la cartera de afiliados en caso de quiebra de la entidad— sin que se identifique en su texto una disposición específica que regule la transferencia de la historia clínica o de los datos de salud del beneficiario hacia el nuevo financiador (Argentina, Ley 26.682). El procedimiento de opción de cambio administrado por la SSSalud, de manera análoga, regula el circuito por el cual se traspasan los aportes y contribuciones del beneficiario de un agente del seguro a otro, pero no contempla un mecanismo equivalente para el traspaso de la información clínica acumulada durante la afiliación previa. En la práctica, esto significa que la portabilidad regulada en Argentina es, hasta el momento, una portabilidad financiera y administrativa, no una portabilidad clínica: el afiliado que cambia de financiador debe, típicamente, reconstruir su historia clínica en la nueva cobertura a partir de estudios y antecedentes que él mismo gestione, salvo que el nuevo prestador acceda voluntariamente a los registros del anterior.
La comparación con el marco regulatorio de los Estados Unidos resulta ilustrativa de una alternativa institucional posible. Los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS) incorporaron, en su norma final de Interoperabilidad y Acceso del Paciente de 2020 y, de manera más específica, en la norma final de Interoperabilidad y Autorización Previa de 2024, la obligación de que determinados financiadores de salud —planes de Medicare Advantage, programas estatales de Medicaid y CHIP, y aseguradoras que operan en los mercados federales— implementen una interfaz específica, denominada Payer-to-Payer API, que permite transferir electrónicamente los datos clínicos y administrativos de un beneficiario de un financiador a otro cuando ese beneficiario cambia de cobertura o mantiene coberturas concurrentes (“CMS Interoperability and Prior Authorization Final Rule”). Esa transferencia incluye, desde la norma de 2024, la información de autorizaciones previas de los últimos doce meses, con el objetivo explícito de sostener la continuidad de cuidado y evitar la repetición innecesaria de estudios diagnósticos o de tratamientos ya probados ineficaces (“CMS Interoperability and Patient Access Final Rule”).
Financiera vs. clínica: dos portabilidades distintas La normativa argentina de opción de cambio (Decreto 504/98, DNU 70/23, resoluciones SSSalud) resuelve la portabilidad de los aportes y contribuciones del beneficiario, no la de su información clínica. La Ley 26.682 de Medicina Prepaga no contiene, en su articulado, una disposición específica sobre transferencia de historia clínica entre financiadores. El modelo Payer-to-Payer de CMS en Estados Unidos ofrece un contraejemplo: una obligación regulatoria explícita de transferencia electrónica de datos clínicos —no solo administrativos— entre financiadores cuando el paciente cambia de cobertura. Sin un mecanismo equivalente, la carga de reconstruir la historia clínica ante cada cambio de financiador recae, en la práctica, sobre el propio paciente.
7. ¿Quién puede tener acceso a los datos del paciente?
7.1 El consentimiento: promesas y límites prácticos
El consentimiento informado es la piedra angular de casi todos los marcos regulatorios revisados, incluido el EHDS, que reconoce expresamente el derecho del paciente a oponerse al uso secundario de sus datos (European Parliament and Council of the European Union). Sin embargo, el caso analizado en la sección 4.3 muestra con claridad una limitación estructural del consentimiento: ningún consentimiento otorgado en el momento de la recolección del dato puede anticipar razonablemente todos los usos corporativos futuros posibles de ese dato, incluido un escenario de quiebra o cambio de titularidad de la empresa que lo custodia (Jacoby y Cohen; LoTempio et al.).
7.2 Marco comparado: quién puede acceder, y bajo qué condiciones
Marco / jurisdicción
Quién puede acceder y bajo qué condición
EHDS – uso primario
El propio paciente y los profesionales de salud que lo tratan, a través de la infraestructura MyHealth@EU (European Commission; European Parliament).
EHDS – uso secundario
Investigadores, organismos públicos e industria pueden solicitar acceso ante el organismo nacional de acceso a datos, bajo evaluación de la solicitud (European Parliament and Council of the European Union).
Argentina – Ley 25.326
Clasifica al dato de salud como dato sensible; su tratamiento requiere consentimiento del titular salvo excepciones legales (Argentina, Ley 25.326).
Argentina – Ley 26.529 y 27.706
El paciente tiene derecho a acceder a su propia historia clínica; se crea un Sistema Único de Registro de Historias Clínicas Electrónicas (Argentina, Ley 26.529; Argentina, Ley 27.706).
OCDE (marco de referencia internacional)
Recomienda a los países adherentes establecer un marco nacional de gobernanza que habilite el uso de datos personales de salud con fines de interés público bajo salvaguardas explícitas (Organisation for Economic Co-operation and Development, Recommendation).
7.3 Propiedad vs. acceso: la titularidad no resuelta del dato
Todo el análisis anterior de esta sección describe marcos de acceso y control del dato de salud. Pero acceso y control no son lo mismo que propiedad, y esta distinción —insuficientemente explorada hasta ahora en este documento— resulta crítica. Klonoff y colaboradores, en un comentario publicado en el Journal of Translational Medicine, sostienen una conclusión contundente tras revisar el marco legal de Estados Unidos y de la Unión Europea: ninguna legislación específica en Estados Unidos ni en los distintos Estados miembros de la Unión Europea reconoce explícitamente derechos de propiedad sobre el dato médico (Klonoff et al.). Tanto la HIPAA estadounidense como el RGPD europeo garantizan al paciente derechos de acceso, control y oposición, pero ninguno de los dos marcos define quién es, en sentido jurídico pleno, el propietario del dato. Los mismos autores documentan que iniciativas regulatorias recientes y ampliamente citadas como avances en la materia —el Trusted Exchange Framework and Common Agreement (TEFCA) en Estados Unidos y el propio Reglamento del Espacio Europeo de Datos Sanitarios— refuerzan el acceso y el control del paciente sobre sus datos, pero ninguno de los dos establece derechos de propiedad sobre ellos (Klonoff et al.). Esta precisión resulta directamente relevante para la lectura de la sección 6.2 de este documento: el EHDS amplía la portabilidad y el control del paciente sobre su información, pero no resuelve —porque no fue diseñado para resolver— la pregunta de quién es su dueño.
Klonoff y colaboradores identifican cinco actores que reclaman algún tipo de titularidad sobre el dato médico, con fundamentos distintos y parcialmente superpuestos: los propios pacientes, que argumentan que el dato de salud es una característica inseparable de su persona; los médicos y equipos tratantes, que históricamente han sido propietarios del registro físico o electrónico aunque deban garantizar al paciente el acceso a su contenido; los investigadores, que reclaman una propiedad limitada sobre los análisis y hallazgos derivados de los datos que procesan; los organismos de salud pública, que no reclaman propiedad pero sí el derecho a evaluar y usar los datos de los pacientes en beneficio de la población; y las empresas que fabrican los dispositivos que generan los datos —como los sistemas de monitoreo continuo de glucosa u otros dispositivos conectados—, que suelen reclamar la propiedad de los datos generados amparándose en los términos de servicio que el usuario acepta al comenzar a usar el dispositivo, muchas veces sin una explicación clara de cómo se usarán esos datos (Klonoff et al.).
Actor
Tipo de reclamo de propiedad
Fundamento principal
Pacientes
Propiedad plena
El dato de salud es inseparable de la persona; incluye el derecho a controlar, usar, ceder o impedir su uso.
Médicos y equipos tratantes
Propiedad parcial
Históricamente son propietarios del registro físico o electrónico, aunque deben garantizar el acceso del paciente a su contenido.
Investigadores
Propiedad limitada
Inversión de recursos en recolectar, organizar y analizar los datos; derechos de propiedad intelectual sobre los análisis derivados.
Organismos de salud pública
Sin reclamo de propiedad, sí de uso
Beneficio público de usar los datos para intervenciones y registros poblacionales.
Empresas fabricantes de dispositivos
Propiedad
Términos de servicio aceptados por el usuario; inversión en la infraestructura que genera y almacena el dato.
Tabla 2. Reclamos de propiedad sobre el dato médico por parte de cinco actores. Adaptado de Klonoff et al.
La ausencia de reglas claras de propiedad no es un problema meramente teórico: ya ha generado litigios concretos en Estados Unidos. Klonoff y colaboradores describen dos casos ilustrativos. En Dinerstein v. Google, LLC, University of Chicago, and University of Chicago Medical Center, el demandante alegó que los datos médicos compartidos por el hospital con Google para investigación de aprendizaje automático, aunque desidentificados, conservaban suficientes metadatos como para permitir la reidentificación de pacientes individuales, lo que puso en cuestión si el consentimiento originalmente otorgado por los pacientes cubría realmente ese uso (Klonoff et al.). En Particle Health Inc. v. Epic Systems Corporation, una disputa antimonopolio, la empresa demandante —que ofrece una interfaz única para recuperar historias clínicas de múltiples fuentes de datos— acusó a Epic Systems, una gran empresa de bases de datos de salud, de bloquear el intercambio de información en perjuicio de los pacientes, mientras que Epic sostuvo que esas acusaciones carecían de fundamento y que, por el contrario, era la propia demandante quien había violado la normativa de privacidad de la HIPAA (Klonoff et al.). Ambos casos, señalan los autores, subrayan la necesidad de reglas explícitas de propiedad y uso compartido del dato, en ausencia de las cuales estos conflictos quedan libradas a una interpretación judicial caso por caso.
Lo que aporta la distinción propiedad/acceso Ni la HIPAA estadounidense ni el RGPD europeo —ni, por extensión, marcos que se apoyan en ellos, como el EHDS o el TEFCA— establecen derechos de propiedad sobre el dato médico; regulan acceso, control y privacidad (Klonoff et al.).Al menos cinco actores distintos reclaman alguna forma de titularidad sobre el mismo dato, con fundamentos que se superponen y a veces colisionan entre sí (Klonoff et al.).La ambigüedad de la propiedad ya ha derivado en litigios concretos sobre reidentificación de datos desidentificados y sobre bloqueo del intercambio de información entre empresas de salud digital (Klonoff et al.).Un marco propuesto —la Propiedad Colaborativa de Datos de Salud (CHDO), que plantea una titularidad compartida entre pacientes, prestadores, investigadores y desarrolladores de inteligencia artificial— no ha sido adoptado en ninguna jurisdicción hasta la fecha (Klonoff et al.).
Los propios autores advierten, además, que tres frentes volverán cada vez más urgente esta discusión: el reemplazo del consentimiento específico por estudio por un «consentimiento amplio» que autoriza usos futuros no especificados de los datos; la titularidad de los datos desidentificados utilizados para entrenar algoritmos de inteligencia artificial, donde resulta difícil individualizar la contribución de cada paciente; y el gobierno de datos de salud gestionados mediante tecnologías de registro distribuido (blockchain), para las cuales no existe todavía un marco legal global de propiedad (Klonoff et al.). Como recomendación práctica, proponen el desarrollo de plantillas de consentimiento estandarizadas, registros transparentes de acceso a los datos, y la designación de organismos independientes de administración de datos (data stewardship bodies) responsables de supervisar su gobernanza (Klonoff et al.).
7.4 Un caso límite: el dato de salud cuando cambia de dueño corporativo
El caso analizado en la sección 4.3 expone un vacío común a casi todos los marcos regulatorios mencionados: ninguno fue diseñado pensando explícitamente en qué ocurre con el dato de salud cuando la organización que lo custodia deja de existir como tal, por quiebra, fusión o adquisición (Jacoby y Cohen; LoTempio et al.).
8. Qué hacer con los datos: hacia una gobernanza responsable
8.1 Principios orientadores
La propia OCDE identifica ocho mecanismos de gobernanza que los países adherentes deberían implementar, entre ellos la existencia de un marco legislativo de protección de datos, procesos de certificación para el tratamiento de datos con fines de investigación, y buenas prácticas de desidentificación de datos de pacientes (Organisation for Economic Co-operation and Development, Health Data Governance). A partir de ese marco, y de las lecciones de los casos analizados en este documento, pueden sintetizarse los siguientes principios orientadores.
Principios para una gobernanza responsable del dato de salud Transparencia activa sobre quién accedió a los datos de un paciente y con qué propósito, no solo en el momento del consentimiento inicial.Proporcionalidad: limitar el acceso a los datos estrictamente necesarios para el propósito declarado.Reversibilidad efectiva de los mecanismos de oposición al uso secundario, también sobre datos ya en uso.Gobernanza independiente, a través de un organismo que evalúe las solicitudes de acceso sin depender exclusivamente del criterio comercial de quien custodia el dato.Continuidad institucional del dato: prever regulatoriamente qué ocurre con los datos de salud ante escenarios de quiebra, fusión o cambio de titularidad de la institución que los custodia.
8.2 Recomendaciones para clínicas, sanatorios y redes de salud
Para una institución de salud privada, avanzar en gobernanza de datos no requiere esperar a una regulación nacional exhaustiva. Es posible avanzar desde ya en varios frentes: designar una función explícita de gobernanza de datos; mantener un inventario actualizado de qué datos se generan, dónde se almacenan y quién tiene acceso a ellos; revisar los términos de cualquier acuerdo de intercambio de datos con financiadores o terceros, prestando particular atención a qué ocurre con esos datos si la institución cambia de titularidad; y tratar el consentimiento del paciente como una relación continua y no como un trámite administrativo de ingreso.
9. Conclusiones
El dato de salud dejó de ser un subproducto administrativo de la atención para convertirse en uno de los activos más disputados —y menos gobernados— de la economía sanitaria contemporánea. Como muestra el caso analizado en este documento, ningún marco de consentimiento diseñado para el uso ordinario del dato anticipa completamente los escenarios extraordinarios en los que ese dato puede terminar en manos completamente distintas de las originalmente previstas. Para la gestión de clínicas, sanatorios y hospitales privados de la región, construir una gobernanza de datos activa —de manera incremental y con los recursos disponibles— es, cada vez más, una condición de la calidad asistencial y no solamente un requisito de cumplimiento normativo.
Obras citadas
Argentina. Decreto 170/2024. Boletín Oficial de la República Argentina, 21 feb. 2024.
—. Ley 25.326, Protección de los Datos Personales. Boletín Oficial de la República Argentina, 2 nov. 2000.
—. Ley 26.529, Derechos del Paciente en su Relación con los Profesionales e Instituciones de la Salud. Boletín Oficial de la República Argentina, 21 oct. 2009.
—. Ley 26.682, Marco Regulatorio de Medicina Prepaga. Boletín Oficial de la República Argentina, 17 mayo 2011.
—. Ley 27.706, Programa Federal Único de Informatización y Digitalización de las Historias Clínicas de la República Argentina. Boletín Oficial de la República Argentina, 16 mar. 2023.
European Commission. “European Health Data Space Regulation (EHDS).” Public Health, Directorate-General for Health and Food Safety, 2025, health.ec.europa.eu/ehealth-digital-health-and-care/european-health-data-space-regulation-ehds_en.
European Parliament and Council of the European Union. Regulation (EU) 2025/327 on the European Health Data Space. Official Journal of the European Union, 5 mar. 2025.
Forster, Rachel B., et al. “User Journeys in Cross-European Secondary Use of Health Data: Insights Ahead of the European Health Data Space.” European Journal of Public Health, vol. 35, supl. 3, 2025, pp. iii18-iii24, doi:10.1093/eurpub/ckaf096.
Jacoby, Melissa B., and I. Glenn Cohen. “Bankruptcy, Genetic Information, and Privacy — Selling Personal Information.” New England Journal of Medicine, 1 mar. 2025, doi:10.1056/NEJMp2415835.
Jiang, Xiangxiang, et al. “Editorial: From Clinical Trials to Real-World Data Sciences for Value in Health: Access, Utilization, and Quality.” Frontiers in Public Health, vol. 11, 2023, doi:10.3389/fpubh.2023.1215392.
Klonoff, David C., et al. “The Need for Clear Medical Data Ownership Laws.” Journal of Translational Medicine, vol. 24, 2026, art. 5, doi:10.1186/s12967-025-07486-z.
Lee, Woojung, et al. “Use of Real-World Evidence in Economic Assessments of Pharmaceuticals in the United States.” Journal of Managed Care & Specialty Pharmacy, vol. 27, no. 1, 2021, pp. 5-14, doi:10.18553/jmcp.2021.27.1.005.
Li, Wenkai, and Paul Quinn. “The European Health Data Space: An Expanded Right to Data Portability?” Computer Law & Security Review, vol. 52, 2024, art. 105913, doi:10.1016/j.clsr.2023.105913.
LoTempio, Jamie E., et al. “Impact of the 23andMe Bankruptcy on Preserving the Public Benefit of Scientific Data.” Nature Genetics, vol. 57, 2025, pp. 2933-36, doi:10.1038/s41588-025-02423-8.
Murgia, Ylenia, et al. “The Challenges of National Health Data Ecosystems in Feeding the European Health Data Space: The Italian Example.” Frontiers in Medicine, vol. 12, 2025, art. 1644719, doi:10.3389/fmed.2025.1644719.
Organisation for Economic Co-operation and Development. Health Data Governance for the Digital Age. OECD Publishing, 2022, doi:10.1787/68b60796-en.
—. Recommendation of the Council on Health Data Governance. OECD Legal Instruments, OECD/LEGAL/0433, 13 dic. 2016.
—. Use of Real-World Evidence to Support Regulatory Decision-Making for Medical Devices. Guidance for Industry and Food and Drug Administration Staff, Center for Devices and Radiological Health, 18 dic. 2025.
Zisis, Konstantinos, et al. “Real-World Data: A Comprehensive Literature Review on the Barriers, Challenges, and Opportunities Associated with Their Inclusion in the Health Technology Assessment Process.” Journal of Pharmacy & Pharmaceutical Sciences, vol. 27, 2024, doi:10.3389/jpps.2024.12302.
Nota metodológica
Este documento fue elaborado con la asistencia de Claude (Anthropic) como herramienta de redacción y edición, bajo la supervisión científica del Dr. Carlos Alberto Díaz. Todas las fuentes citadas corresponden a artículos de revistas académicas revisadas por pares, informes y recomendaciones de organismos internacionales (OCDE), textos normativos oficiales (Reglamento EHDS, leyes argentinas) y documentación oficial de agencias regulatorias (FDA, Comisión Europea, Parlamento Europeo), citadas en formato MLA. Deliberadamente no se utilizaron fuentes periodísticas.
La variabilidad en la práctica médica (VPM) son las diferencias sistemáticas y no aleatorias en las tasas de utilización de procedimientos clínicos entre poblaciones comparables. El fenómeno fue documentado por primera vez por Allison Glover en 1938 sobre las amigdalectomías británicas, y sistematizado por John Wennberg en Vermont desde 1973, dando origen al Dartmouth Atlas of Health Care y, más tarde, a observatorios equivalentes en España y otros países. No toda variación es un problema: la variación justificada refleja diferencias reales de morbilidad o preferencias informadas del paciente; la variación injustificada —la que preocupa a la gestión sanitaria— refleja incertidumbre, ignorancia profesional, incentivos inadecuados o deficiencias del sistema.
Las causas: población, médico, sistema y método
Las causas de la VPM se organizan en cuatro niveles que operan simultáneamente. Del lado de la población, la carga de enfermedad, el nivel socioeconómico y las preferencias explican una parte —nunca toda— de la variación observada, como demuestra la Ley de Atención Inversa de Tudor Hart. Del lado del médico, la incertidumbre diagnóstica, la ignorancia profesional, los incentivos económicos del pago por prestación y la medicina defensiva son las causas más estudiadas. Del lado del sistema, la Ley de Roemer confirma que la capacidad instalada —camas, quirófanos, equipos— induce su propia demanda con relativa independencia de la morbilidad real. Finalmente, los problemas metodológicos en el registro de los datos pueden generar variación aparente donde no existe variación real.
Variabilidad, calidad y seguridad del paciente
La variabilidad injustificada es, al mismo tiempo, un problema de calidad, de equidad y de eficiencia. La sobreutilización expone al paciente a riesgos sin beneficio adicional; la subutilización priva de atención necesaria a quien podría beneficiarse; la mala utilización —errores, iatrogenia— es directamente dañina. La actualización científica 2023-2026 confirma que la variabilidad injustificada y el cuidado de bajo valor generan más de 760.000 millones de dólares en costos evitables a nivel global, y que solo la combinación de auditoría con retroalimentación, tecnología digital, liderazgo clínico y participación del paciente logra reducciones sostenidas.
Dos manifestaciones con evidencia especialmente sólida
Concentración de cirugías de alta complejidad: desde el trabajo seminal de Luft, Bunker y Enthoven (1979), la relación volumen-resultado está confirmada para esofagectomía y duodenopancreatectomía (reducciones de mortalidad de hasta 53%), es consistente aunque más heterogénea en cirugía cardiovascular, colorrectal y articular, y matizada en tumores cerebrales. La centralización deliberada en centros de referencia, con auditoría transparente de resultados, es una de las estrategias de reducción de variabilidad con mayor evidencia disponible.
Variabilidad temporal (weekend effect): la mortalidad hospitalaria asociada al ingreso de fin de semana, descripta desde 2001, sigue siendo objeto de debate sobre su magnitud real y su causalidad —sesgo de selección por gravedad basal versus menor calidad de la atención disponible—, pero su valor de gestión es independiente de esa controversia: exige verificar si la dotación de personal y la disponibilidad diagnóstica son homogéneas los siete días de la semana.
La falta de evidencia como causa estructural
Solo una fracción minoritaria de las decisiones clínicas —una cifra frecuentemente citada es el 15%— cuenta con respaldo en evidencia de alta calidad. Más de la mitad de las asociaciones evaluadas en revisiones Cochrane con metodología GRADE reciben calificación de certeza muy baja. La brecha entre la evidencia disponible y su traslación a la práctica —estimada en un promedio de 15 a 17 años— es un problema estructural, no transitorio, que exige gestión explícita: investigar donde la incertidumbre es reducible, sintetizar y comunicar con honestidad donde no lo es, e incorporar las preferencias del paciente mediante decisión compartida donde la evidencia no puede determinar por sí sola cuál es la mejor opción.
Factorología, prescripción y hospitalizaciones evitables
La factorología —la tendencia a tratar los factores de riesgo como equivalentes funcionales de la enfermedad— expande progresivamente los umbrales diagnósticos y genera una cadena de sobreutilización que va desde la prescripción preventiva masiva hasta la cascada de estudios adicionales, con un impacto directo sobre el gasto sanitario. La prescripción farmacológica presenta variabilidad propia, agravada por la polifarmacia en pacientes pluripatológicos. Las hospitalizaciones potencialmente evitables y las reinternaciones a 30 días son, a su vez, indicadores sensibles de la calidad del continuo asistencial ambulatorio-hospitalario.
Priorizar: no todos los focos de variabilidad tienen el mismo impacto sobre la calidad y la eficiencia. La priorización debe considerar la frecuencia del procedimiento, la magnitud de la variación y la disponibilidad de evidencia sobre el estándar correcto.
Analizar causas: cada foco de variabilidad priorizado debe ser analizado para identificar su causa dominante (incertidumbre, ignorancia, incentivos, oferta, demanda), porque la estrategia de intervención será diferente según la causa.
Diseñar la intervención: en función del diagnóstico causal, seleccionar la o las herramientas de intervención más apropiadas (guía clínica, auditoría, alerta en HCE, cambio de incentivo, TDC) y diseñar su implementación con la participación de los profesionales involucrados.
Implementar y monitorear: ejecutar la intervención diseñada y medir su impacto sobre los indicadores de variabilidad seleccionados, con seguimiento periódico y ajuste si los resultados no son los esperados.
Institucionalizar: consolidar los cambios logrados integrándolos en los procesos formales de la institución (protocolos, guías, sistemas de información) para que no dependan del esfuerzo individual de los promotores del cambio.
Categoría de factor
Factores específicos
Estrategia de abordaje
Factores del médico
Ansiedad ante la incertidumbre; necesidad de certeza diagnóstica; falta de conocimiento de las probabilidades pre-test
Formación en razonamiento probabilístico; acceso a herramientas de soporte diagnóstico
Factores del paciente
Expectativas de estudios completos; presión activa por más información; experiencia comparativa con otros pacientes
TDC; comunicación de riesgos del sobrediagnóstico; expectativas realistas
Factores sistémicos
Pago por prestación; ausencia de consecuencias por exceso de solicitudes; tiempo de consulta insuficiente
Cambio en el modelo de pago; auditoría de utilización diagnóstica
Factores culturales
Cultura de seguridad defensiva; miedo a litigación; normas profesionales de práctica
Trabajo sobre cultura de calidad; protección legal de la práctica basada en guías
Factores tecnológicos
Disponibilidad inmediata de tecnología de imagen; ausencia de barreras de acceso a estudios complejos
Protocolos de acceso; criterios de derivación basados en evidencia
Factores de la industria
Promoción de tecnologías diagnósticas; expansión de indicaciones; marketing de sensibilidad diagnóstica
Transparencia de conflictos de interés; regulación de la publicidad médica
Cuadro 12.2. Factores que impulsan el exceso de pruebas diagnósticas y estrategias de abordaje (adaptado de BMC Health Services Research y Sharma & Cotton, 2026)
El caso argentino
La fragmentación del sistema de salud argentino en tres subsectores —público, obras sociales y prepago— amplifica la variabilidad: la tasa de cesáreas en el sector privado supera el 60-70%, muy por encima del 10-15% que la OMS asocia con mejores resultados, mientras coexisten zonas de subutilización en el sector público. El multiempleo profesional convierte al médico en agente simultáneo de múltiples financiadores con incentivos distintos, complejizando cualquier estrategia de reducción de variabilidad que no reconozca esta particularidad estructural.
Herramientas de gestión y marco integrador
Las herramientas con mayor evidencia son las guías de práctica clínica y las vías clínicas institucionales, los sistemas de información y benchmarking, la historia clínica electrónica con alertas y dashboards de variación, y el rediseño de los incentivos de pago hacia modelos orientados a la calidad y al valor. El marco integrador propuesto organiza estas herramientas en tres niveles —macro (sistema y financiamiento), meso (institución y servicio) y micro (clínico y profesional)— y asigna a cada causa dominante de variabilidad la estrategia prioritaria correspondiente.
Ética, implementación y conclusión
La reducción de la variabilidad injustificada es, en última instancia, una responsabilidad ética que los gestores no pueden delegar íntegramente en los profesionales individuales: los incentivos, los sistemas de información y los estándares institucionales moldean la conducta clínica. Un programa de gestión de la variabilidad exitoso combina datos confiables, estrategias diferenciadas según la causa dominante, liderazgo clínico activo, participación profesional genuina y una cultura institucional que trata la variación como una oportunidad de aprendizaje y no como una amenaza. El objetivo final no es eliminar toda variación —la medicina de precisión demuestra que parte de ella es deseable— sino asegurar que la que subsista sea justificada, transparente y coherente con la evidencia, las preferencias del paciente y los recursos disponibles del sistema.
Cuadro de indicadores clave citados en este trabajo
Indicador
Magnitud
Fuente / capítulo
Rango de variación en amigdalectomías (Vermont)
8% a 70% entre áreas vecinas
Cap. 1 — Wennberg y Gittelsohn, 1973
Efecto de +10% en camas disponibles sobre ingresos
≈ +4% de ingresos hospitalarios
Cap. 2 — Ley de Roemer
Decisiones clínicas basadas en evidencia de alta calidad
≈ 15%
Cap. 11 — Falta de evidencia científica
Asociaciones Cochrane con certeza de evidencia muy baja (GRADE)
52,3%
Cap. 11 — Falta de evidencia científica
Reducción de mortalidad en esofagectomía, alto vs. bajo volumen
Hasta 53% (OR 0,47)
Cap. 12 — Concentración de cirugías
Mortalidad CABG, bajo vs. alto volumen hospitalario
5,2% vs. 2,1%
Cap. 12 — Concentración de cirugías
Exceso de mortalidad por ingreso de fin de semana (NHS, cifra atribuida)
≈ 6.000 muertes evitables/año (cuestionada)
Cap. 13 — Efecto fin de semana
Costo global evitable por variabilidad y cuidado de bajo valor
> USD 760.000 millones/año
Cap. 6 — Actualización 2023-2026
Tasa de cesárea, sector privado argentino
60% a 70%
Cap. 8 — Sistema de salud argentino
Tasa de cesárea recomendada por la OMS
10% a 15%
Cap. 8 — Sistema de salud argentino
Brecha promedio entre evidencia disponible y práctica clínica
15 a 17 años
Cap. 11 — Falta de evidencia científica
Mensaje central: la variabilidad en la práctica médica no es un defecto pasajero de la medicina sino una condición estructural de un campo que combina alta incertidumbre científica, fuerte autonomía profesional e incentivos económicos heterogéneos. Gestionarla —no eliminarla— con datos, evidencia, liderazgo clínico y participación del paciente es una de las tareas más rentables, en términos de calidad, equidad y eficiencia, que un sistema de salud puede emprender.
Como gestor sanitario, la variabilidad es un factor que ocupa porque se puede generar una pérdida de oportunidad, situación que cuando se insta, pierden todos primero el paciente, su familia, el financiador y proveedor, y al equipo médico.
Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud — Universidad ISALUD
Agosto de 2026
Nota de continuidad Este documento amplía, desde una perspectiva de economía política, el análisis presentado en «La Era de la Desinformación en Salud Pública» (agosto 2026), que revisaba el Insights Report de NEJM Catalyst sobre confianza institucional. Mientras aquel documento se preguntaba cómo se gestiona la desconfianza, este se pregunta algo distinto y complementario: quién obtiene beneficios concretos —económicos, políticos o de poder de mercado— de que la desinformación circule y de que los datos sanitarios permanezcan opacos.
1. Presentación y propósito
La desinformación en salud rara vez es un fenómeno espontáneo o puramente cultural. Detrás de buena parte de los rumores, las dudas fabricadas y los vacíos de información que afectan a los sistemas sanitarios existe, con mucha frecuencia, un interés identificable: alguien vende algo, alguien evita una regulación, alguien gana una elección, alguien negocia un precio a ciegas del otro lado, o alguien retiene una renta que la transparencia pondría en riesgo.
Este documento no repite el diagnóstico ya conocido sobre los efectos de la desinformación en la adherencia clínica o en la confianza institucional. Se propone, en cambio, aplicar una pregunta de economía política elemental —¿cui bono?, ¿a quién beneficia?— a dos fenómenos que suelen analizarse por separado y que en realidad comparten una misma lógica: la desinformación activa (la difusión deliberada de contenido falso o engañoso) y la opacidad pasiva (la retención deliberada de información verdadera). Ambas son, en última instancia, formas de gestionar estratégicamente la asimetría de información en beneficio de quien la controla.
El documento está dirigido a quienes conducen sistemas y organizaciones de salud, y busca ofrecer un marco conceptual —apoyado en la economía de la información y en la evidencia empírica disponible— para identificar dónde conviene mirar cuando la pregunta no es «por qué existe la desinformación» sino «a quién le sirve que exista».
2. Marco conceptual: por qué la asimetría de información genera renta
La economía de la salud dispone, desde hace más de sesenta años, de las herramientas conceptuales necesarias para entender este problema. Kenneth Arrow, en el artículo fundacional de la disciplina publicado en 1963, advirtió que el mercado de la atención médica es, por naturaleza, un mercado de información asimétrica: el médico sabe más que el paciente, el prestador sabe más que el financiador sobre lo que efectivamente hizo, y el asegurador sabe más que el regulador sobre su propia operación. Casi una década después, George Akerlof formalizó el mecanismo general —conocido como el problema de los «limones»— mostrando que cuando una de las partes de una transacción posee información que la otra no tiene, la parte informada extrae una ventaja sistemática y el mercado en su conjunto funciona peor.
Concepto clave Donde hay asimetría de información hay poder y hay renta. La opacidad no es una falla pasajera que se corrige con buena voluntad: es, con frecuencia, el estado deliberadamente sostenido de una relación, porque favorece de manera sistemática a quien está del lado informado de cada transacción.
Este marco permite distinguir dos mecanismos que operan de manera complementaria y que estructuran las secciones siguientes de este documento:
Desinformación activa: introducir en el sistema información falsa o engañosa que altera la decisión del receptor a favor de quien la difunde (un tratamiento no probado, una duda sobre una vacuna segura, una acusación infundada sobre una política pública).
Opacidad pasiva: impedir que información verdadera y ya existente llegue a quien la necesitaría para decidir o para regular (el costo real de un medicamento, el resultado de un ensayo clínico, la tasa de eventos adversos de un prestador).
Ambos mecanismos comparten una misma estructura de incentivos: quien controla la información retiene una ventaja de negociación, de mercado o de poder que la transparencia eliminaría. La pregunta «¿a quién beneficia?» es, en los dos casos, la misma pregunta aplicada a dos técnicas distintas.
3. Los beneficiarios de la desinformación activa en salud
El Foro Económico Mundial, en su Global Risks Report 2026, ubicó a la desinformación entre los principales riesgos globales de corto plazo, señalando que quienes la difunden buscan beneficios financieros, políticos, físicos o socio-psicológicos, y que sus efectos moldean la política pública, el trato hacia comunidades vulnerables y el acceso a necesidades básicas. Esa caracterización general se traduce, en el campo específico de la salud, en al menos cuatro tipos de beneficiario identificables.
3.1. El beneficio comercial directo: vender lo que la ciencia no respalda
La forma más visible de beneficio es también la más simple: la desinformación en salud, a diferencia de buena parte de la desinformación política, suele tener detrás la venta directa de un producto o un servicio. La evidencia académica reciente documenta el caso de personas influyentes sin formación médica que promueven ante millones de seguidores alternativas no probadas a tratamientos con respaldo clínico —por ejemplo, sustitutos de la anticoncepción hormonal—, generando ingresos por publicidad, afiliación comercial o venta directa de suplementos y productos de bienestar.
Los jóvenes, por su exposición desproporcionada a estas plataformas, constituyen la población de mayor riesgo frente a este tipo de desinformación con fines de lucro, lo que convierte a la llamada «industria del bienestar» (wellness) en un beneficiario económico directo y creciente de la erosión de la confianza en la medicina basada en evidencia.
3.2. El beneficio de la duda organizada: la estrategia del tabaco aplicada a la salud
Un segundo tipo de beneficiario no vende un producto alternativo, sino que protege un producto existente retrasando su regulación. El caso mejor documentado es el que Naomi Oreskes y Erik Conway describieron en Merchants of Doubt: la industria tabacalera, ya en la década de 1950, financió investigación paralela y utilizó voceros científicos con apariencia de independencia para sembrar dudas sobre el vínculo entre el tabaco y el cáncer, retrasando durante décadas la regulación que la evidencia ya justificaba.
La duda es nuestro producto, ya que es el mejor medio de competir con el cuerpo de hechos que existe en la mente del público general.— Memorando interno de la empresa tabacalera Brown & Williamson, citado en Merchants of Doubt
Los propios autores documentan que esta estrategia —que denominan la «estrategia del tabaco»— no quedó confinada a esa industria: el mismo repertorio de tácticas (financiar estudios propios, reclutar voceros con apariencia de neutralidad, exigir «más tiempo de estudio» antes de actuar) fue reutilizado en debates posteriores sobre el amianto, la lluvia ácida, los retardantes de llama y el cambio climático. Un modelo formal desarrollado por Weatherall, O’Connor y Bruner (Universidad de California, Irvine) muestra, además, que esta estrategia puede ser efectiva incluso cuando los responsables de política actualizan racionalmente sus creencias frente a toda la evidencia disponible: no hace falta que el público sea crédulo para que la duda organizada funcione, alcanza con financiar selectivamente la investigación y difundir con insistencia sus resultados favorables.
Aplicación al campo de la salud El mismo patrón se reconoce en episodios más recientes de la industria alimentaria (financiamiento de estudios que relativizan el vínculo entre azúcar y obesidad) y de ciertos segmentos de la industria farmacéutica (retraso en la publicación de resultados desfavorables de ensayos clínicos, tratado en la sección 5). El beneficiario no necesita fabricar una mentira explícita: alcanza con financiar y amplificar selectivamente la incertidumbre real que toda ciencia contiene.
3.3. El beneficio de la economía de la atención: las plataformas digitales
Un tercer beneficiario no promueve ningún contenido específico, sino que se beneficia estructuralmente de que circule cualquier contenido capaz de retener la atención, sea verdadero o falso. La evidencia disponible desde la pandemia de COVID-19 mostró que las noticias falsas se comparten con mayor intensidad que las verdaderas —hasta el doble, según estudios citados por la Organización Panamericana de la Salud— debido al componente emocional que las acompaña, y que los algoritmos de personalización, al ajustar los contenidos mostrados al historial de interacción de cada usuario, refuerzan el sesgo de confirmación y la polarización informativa.
Esta dinámica constituye lo que la Organización Mundial de la Salud denominó, desde 2020, una «infodemia»: una sobreabundancia de información —verdadera y falsa mezclada— que dificulta que las personas encuentren fuentes confiables cuando las necesitan. El modelo de negocio de las plataformas, basado en maximizar el tiempo de permanencia y la interacción (engagement) antes que la exactitud del contenido, convierte a los propios sistemas de distribución de información en un beneficiario pasivo pero sistemático de la desinformación en salud, en la medida en que el contenido falso o alarmante genera, en promedio, más interacción que el contenido preciso y matizado.
Un estudio publicado en PMC sobre la economía política del «lucro digital» de los movimientos antivacunas reconstruyó las redes de infraestructura de comunicación de 59 grupos dedicados a difundir desinformación sobre programas de vacunación, mostrando que su capacidad de sostenerse en el tiempo depende de la infraestructura de monetización de las propias plataformas —publicidad programática, membresías, donaciones— y que, por esa razón, algunos organismos de control recomiendan la desmonetización como estrategia específica para reducir este tipo de desinformación, más eficaz en ciertos casos que la moderación de contenidos.
3.4. El beneficio político: la desconfianza institucional como recurso
Un cuarto beneficiario es de naturaleza política antes que comercial. La propia Organización Mundial de la Salud distingue la desinformación (información falsa difundida sin intención de engañar) de la desinformación deliberada o disinformation, que definió como diseñada específicamente para sembrar discordia y desconfianza hacia funcionarios públicos, la comunidad científica y las agencias de salud pública, frecuentemente con fines personales, financieros o políticos, y que puede utilizarse para estigmatizar a minorías y profundizar la polarización social.
La literatura académica reciente documenta que, en determinados contextos políticos, cuestionar la legitimidad misma de conceptos como «desinformación» —presentándolos como herramientas de censura antes que como categorías técnicas— se ha convertido en un objetivo explícito de ciertas agendas de reforma regulatoria, bajo el argumento de la libertad de expresión. Con independencia de la valoración que merezca ese debate —que excede el propósito técnico de este documento—, el punto relevante para la gestión sanitaria es que la desconfianza hacia las agencias de salud pública no es únicamente un efecto colateral no deseado de la política: en ciertos contextos, es un resultado buscado, porque debilita la capacidad regulatoria del Estado sobre industrias o actores a los que esa regulación afecta.
Por qué esto importa para la conducción sanitaria Cuando la desconfianza institucional beneficia a un actor político o económico, ese actor no tiene incentivos para colaborar en su reducción, y una estrategia de comunicación de riesgo diseñada solo para «corregir la información» subestima la naturaleza del problema. El documento previo de esta serie (agosto 2026) describió el desplazamiento de la confianza desde el nivel nacional hacia el subnacional cuando el primero se erosiona; esta sección agrega que ese desplazamiento no siempre es un accidente de la comunicación, sino en ocasiones un resultado deliberadamente perseguido.
4. Síntesis: cuatro lógicas, cuatro beneficiarios
El siguiente cuadro resume los cuatro mecanismos identificados, el tipo de beneficio que persiguen y el actor que típicamente lo obtiene, con un ejemplo documentado en cada caso.
Mecanismo
Beneficio buscado
Beneficiario típico
Ejemplo documentado
Venta directa de alternativas no probadas
Ingresos comerciales inmediatos
Influencers, industria del bienestar
Sustitutos no probados de la anticoncepción hormonal en redes sociales
Estrategia del tabaco (Oreskes y Conway) replicada en otros sectores
Maximización del engagement
Ingresos publicitarios y de monetización
Plataformas digitales y redes de infraestructura de contenido
Viralización 2× de noticias falsas frente a verdaderas (OPS)
Erosión de la confianza institucional
Debilitamiento de la capacidad regulatoria del Estado
Actores políticos e industrias afectadas por regulación
Cuestionamiento de las categorías de desinformación en ciertas agendas de reforma
Elaboración propia sobre la base de World Economic Forum (2026), OMS, OPS, Oreskes & Conway (2010) y literatura citada en la sección 3.
5. La opacidad de los datos sanitarios: ¿a quién le conviene?
Si la desinformación es la introducción activa de contenido falso, la opacidad es su contracara pasiva: la retención deliberada de datos verdaderos que, de hacerse públicos, alterarían el equilibrio de poder en una negociación o en un mercado. A diferencia de la desinformación, la opacidad no requiere mentir; alcanza con no informar, y ese silencio suele estar tan deliberadamente sostenido como cualquier campaña de desinformación activa.
5.1. El caso de los precios de medicamentos
El ejemplo más estudiado de opacidad deliberada en salud es la confidencialidad de los precios reales de los medicamentos que los laboratorios negocian con cada sistema de salud nacional. La industria farmacéutica argumenta habitualmente que sin confidencialidad los precios tenderían a igualarse hacia un valor único, perjudicando el acceso en los países de menores ingresos; sin embargo, un estudio de la Comisión Europea de 2015 concluyó que la confidencialidad no abarata los medicamentos y que, si los Estados miembros compartieran esta información, el costo de los fármacos financiados podría descender de manera significativa.
En mayo de 2019, la Organización Mundial de la Salud aprobó la Resolución WHA72.8, que estableció explícitamente que la transparencia de precios no debilita la posición negociadora de los Estados sino que la refuerza, porque reduce la asimetría informativa entre la administración pública y la industria. La formulación de esa resolución es, en sí misma, la respuesta a la pregunta que da título a este documento:
La opacidad no protege al Estado; protege a quien tiene más información, que son las empresas farmacéuticas, que conocen los precios que cobran en todos los países.— Resolución WHA72.8, Organización Mundial de la Salud (2019)
Mientras las multinacionales conocen el costo real de cada medicamento en todos los mercados donde operan, la opacidad actual obliga a que cada administración pública negocie de manera prácticamente aislada, sin poder comparar el precio que le ofrecen con el que el mismo laboratorio acordó en la jurisdicción vecina. La asimetría no es un efecto no deseado de la negociación: es, en la práctica, su condición de posibilidad para la parte informada.
5.2. El caso de los ensayos clínicos no publicados
Un segundo caso, con implicancias directas sobre la seguridad clínica, es la publicación selectiva de los resultados de ensayos clínicos. La evidencia recopilada por organizaciones especializadas en transparencia farmacéutica muestra que algunas empresas han litigado activamente contra agencias reguladoras —como la Agencia Europea de Medicamentos— para impedir la publicación de informes completos de ensayos clínicos, argumentando razones de confidencialidad comercial o de protección de datos de pacientes, argumento que los propios reguladores han considerado subsanable mediante la eliminación de un número limitado de datos, sin necesidad de ocultar el informe completo.
La asimetría resultante no afecta solo al regulador: la literatura especializada señala que también debilita la eficiencia del mercado de capitales, porque los inversores no pueden evaluar de manera confiable el potencial real de un medicamento en desarrollo si desconocen si existen datos desfavorables no publicados. En este caso, la opacidad beneficia simultáneamente al laboratorio que evita la divulgación de resultados adversos y, en el corto plazo, a los inversores mejor conectados con información privilegiada sobre esos mismos resultados.
5.3. El caso de la interoperabilidad y los datos clínicos
Un tercer nivel de opacidad, más cercano a la operación cotidiana de los sistemas de salud, es la fragmentación deliberada o inercial de los datos clínicos y de costos entre prestadores, aseguradores y reguladores. Como señala un análisis reciente sobre interoperabilidad en salud, el prestador que cobra un precio determinado sabe que el pagador no puede compararlo fácilmente con lo que cobran otros prestadores por el mismo servicio; esa ventaja informativa desaparece exactamente en la medida en que los sistemas se vuelven interoperables.
Concepto claveLa transparencia no es neutral: redistribuye poder. Se lo quita a quien lo tiene por estar del lado informado de una transacción y se lo da a quien, sin esa información, no puede negociar, regular ni decidir en igualdad de condiciones. Por esta razón, la resistencia a la interoperabilidad y a la publicación de datos no debe interpretarse automáticamente como incapacidad técnica: con frecuencia es, para quien la sostiene, una decisión racional.
Esta lectura tiene una implicancia directa para la sección 6 del documento previo de esta serie, que señalaba el déficit de capacidad epidemiológica propia de las provincias argentinas como una debilidad técnica. El marco de este documento agrega una segunda lectura, no excluyente: ese mismo déficit de información, cuando no se corrige, también beneficia sistemáticamente a quien sí dispone de datos propios completos —típicamente, actores privados con mayor capacidad de sistematización que el propio Estado provincial— en cada negociación de precios, cada auditoría de prestación y cada discusión de cobertura.
6. La otra cara: quién paga el costo
Todo beneficio identificado en las secciones anteriores tiene una contracara de costo, que rara vez recae sobre quien obtiene el beneficio. Cuatro actores concentran, de manera desproporcionada, ese costo:
Los pacientes, que toman decisiones de tratamiento sobre la base de información incompleta o falsa, y que en los casos de mayor gravedad —el resurgimiento de enfermedades prevenibles por vacunación, documentado como una de las principales preocupaciones de salud pública para 2026 por especialistas de la UCLA— pagan ese costo con su propia salud.
Los equipos clínicos, que —como documentó el Insights Report de NEJM Catalyst analizado en el documento previo de esta serie— absorben el costo organizacional de mediar entre información contradictoria y la angustia de sus pacientes, con niveles de estrés que el 46% de las organizaciones estadounidenses relevadas calificó de altos.
Los sistemas públicos de salud, que negocian precios de medicamentos y tecnologías sin la información que sí poseen sus contrapartes privadas, y que destinan recursos crecientes a corregir en la etapa de comunicación un problema que se originó, en muchos casos, en un déficit de transparencia o de capacidad de datos previo.
La confianza institucional en su conjunto, que —como advierte el propio informe del Foro Económico Mundial— actúa como un riesgo sistémico capaz de agravar todos los demás riesgos sanitarios y sociales, precisamente porque su erosión beneficia a actores puntuales mientras el costo se distribuye sobre el conjunto del sistema.
7. Relevancia para la conducción sanitaria de las provincias argentinas
El marco de este documento tiene implicancias prácticas y no solo analíticas para un ministerio de salud provincial. En primer lugar, permite distinguir, frente a cada episodio de desinformación, si se trata de un fenómeno espontáneo —abordable con comunicación de riesgo— o de una campaña sostenida por un beneficiario identificable, que requiere, además de comunicación, una respuesta regulatoria o de negociación específica sobre el incentivo económico subyacente.
En segundo lugar, orienta la agenda de transparencia activa de la provincia hacia los puntos donde la opacidad tiene mayor costo de oportunidad: la negociación de precios de medicamentos y tecnología sanitaria de alto costo, la interoperabilidad de los sistemas de información entre subsectores público, de obras sociales y privado, y la publicación sistemática de indicadores de resultados que hoy dependen, en la mayoría de las jurisdicciones, de la buena voluntad de cada prestador para ser reportados.
En tercer lugar, reafirma —desde una lógica distinta a la del documento previo— la prioridad de construir capacidad epidemiológica y de datos propia en cada provincia. No se trata solo de una debilidad técnica a corregir por su valor instrumental para la gestión: mientras esa capacidad no exista, la provincia permanece estructuralmente del lado no informado de cada negociación con actores que sí disponen de sus propios datos completos, con la desventaja de poder de mercado que ese lugar implica.
8. Recomendaciones para la conducción sanitaria
Distinguir, en cada episodio de desinformación relevado, si existe un beneficiario económico o político identificable detrás de su circulación, y no tratar todos los casos como si fueran igualmente espontáneos.
Priorizar la transparencia activa de precios y condiciones de compra de medicamentos y tecnología sanitaria como política de Estado provincial, en línea con la Resolución WHA72.8 de la OMS, en lugar de aceptar la confidencialidad como condición no negociable de la negociación con la industria.
Exigir, en las compras y coberturas provinciales, evidencia de resultados de ensayos clínicos completos y públicos, y no solo la evidencia parcial que cada proveedor decide divulgar.
Invertir en interoperabilidad de los sistemas de información entre prestadores, financiadores y el propio ministerio, entendiendo que esa inversión redistribuye poder de negociación hacia el sector público.
Articular con sociedades científicas y colegios profesionales —identificados en el documento previo de esta serie como la fuente de mayor confianza relativa— para exponer públicamente los casos en que exista evidencia de financiamiento o promoción interesada detrás de una campaña de desinformación específica.
Incorporar la pregunta «¿a quién beneficia?» como paso explícito en el protocolo de respuesta ante episodios de desinformación, junto con el habitual «¿qué información correcta debemos comunicar?».
9. Conclusión
La desinformación en salud y la opacidad de los datos sanitarios comparten una misma estructura económica: ambas son, con enorme frecuencia, decisiones racionales de un actor que obtiene una ventaja de mercado, de negociación o de poder político mientras el costo se distribuye sobre pacientes, equipos clínicos y sistemas públicos que no participan de ese beneficio. Kenneth Arrow lo advirtió en 1963 sobre la asimetría médico-paciente; George Akerlof lo formalizó en 1970 sobre los mercados de información imperfecta; y la evidencia reunida en este documento —desde la industria del bienestar hasta la confidencialidad de los precios de medicamentos— muestra que ese principio general atraviesa, sesenta años después, cada uno de los niveles del sistema de salud.
Para la conducción sanitaria, la conclusión práctica es que la transparencia no es solamente un valor ético para proclamar, sino una herramienta de redistribución de poder que se puede y se debe gestionar de manera activa. Preguntar, ante cada episodio de desinformación o cada negociación opaca, «¿a quién beneficia que esto siga así?» es, probablemente, la pregunta de gestión más simple y eficaz de la que dispone un ministerio de salud para decidir dónde invertir sus recursos regulatorios.
Este es el tercer artículo del clásico enfrentamiento entre la academia y la política, en pocos momentos de este país, las mismas se encontraron, y unieron proyectos con acción. espero que lean los tres en cualquier orden ya que intentan tres ópticas, matices, y resultados.
¿Se complementan, se sinergizan o coexisten en tensión permanente? Un examen de hipótesis, sin posicionamiento partidario, con casos internacionales y argentinos
Dr. Carlos Alberto Díaz
Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud — Universidad ISALUD
Agosto de 2026
1. Presentación y propósito del documento
Este documento examina una pregunta recurrente en la gestión sanitaria: por qué la lógica académica —la de la economía de la salud, la salud pública y la gestión basada en evidencia— y la lógica política de la conducción de un sistema de salud rara vez terminan de complementarse o sinergizar, incluso cuando la misma persona intenta encarnar ambas.
El objetivo no es sostener una tesis única ni evaluar la gestión de ningún gobierno o funcionario en particular, sino someter a análisis un conjunto de hipótesis que circulan habitualmente para explicar esa distancia, contrastándolas con evidencia disponible —casos documentados, estudios de evaluación de políticas, trayectorias de funcionarios— sin emitir juicios de valor sobre partidos políticos, gobiernos o personas.
El documento no toma partido sobre qué signo político gestiona mejor la salud, ni sobre si los perfiles académicos son preferibles a los políticos o viceversa. Cuando menciona funcionarios, gobiernos o países, lo hace con fines descriptivos —como evidencia empírica para evaluar cada hipótesis— y no como valoración de su desempeño.
Esta decisión no responde a falta de compromiso del autor, sino a una doble razón: en primer lugar, porque escribo desde una posición académica y busco evitar sesgos en el análisis; en segundo lugar, porque reconozco y valoro el coraje de quienes asumen la gestión política en los ministerios, con todo lo que ello implica: cada día supone un nuevo contrato, un nuevo problema, una presión corporativa, son muchos los frentes, los equipos técnicos vienen de otras gestiones, los logros rara vez se acumulan, el margen de error es mínimo y los ataques provienen de múltiples frentes e intereses no siempre transparentes.
2. Dos lógicas de acción distintas: la política y la tecnocracia
Antes de examinar hipótesis puntuales, conviene precisar en qué se diferencian estructuralmente ambas lógicas, sin atribuir superioridad a ninguna:
Horizonte temporal: la evaluación académica de una política se mide en períodos de cinco a diez años; el ciclo político se mide en el tiempo que resta hasta la próxima elección o crisis mediática.
Distribución de costos y beneficios: toda reforma sanitaria de fondo tiende a tener perdedores concentrados y visibles en el corto plazo, y beneficiarios difusos y futuros — una asimetría que no depende de la voluntad de quien gestiona, sino de la estructura misma de la reforma.
Restricción presupuestaria compartida: quien conduce un ministerio de salud negocia con Hacienda, con otras jurisdicciones y, en sistemas de coalición, con socios de gobierno — el diagnóstico técnico es el punto de partida de una negociación, no su resultado.
Exposición y rendición de cuentas: el desempeño académico se mide por la solidez del argumento; el desempeño político se mide por la permanencia en el cargo y, en algunos casos documentados más adelante, por la exposición legal o reputacional ante resultados adversos.
Ninguno de estos rasgos implica que un perfil deba prevalecer sobre el otro. Son, simplemente, los parámetros que cualquier hipótesis explicativa debe tener en cuenta. La disciplina que más sistemáticamente ha estudiado esta tensión es la ciencia política y la administración pública, y su marco conceptual ayuda a entender por qué la distancia no es un accidente de personas sino una característica estructural de ambas funciones.
2.1. La ética de la convicción y la ética de la responsabilidad
La formulación clásica de esta tensión es la del sociólogo alemán Max Weber, en su conferencia de 1919 «La política como vocación». Weber distingue dos éticas irreductibles entre sí. La ética de la convicción (Gesinnungsethik) es la del intelectual, el científico o el activista: actúa según principios y no se responsabiliza por las consecuencias imprevistas de su acción, porque su fidelidad es al principio mismo. La ética de la responsabilidad (Verantwortungsethik) es la que Weber exige de quien gobierna: debe sopesar las consecuencias previsibles de sus actos, incluidas las indeseadas, y aceptar el compromiso como parte legítima —no como traición— del oficio de gobernar. Weber describe la política como «una lenta y fuerte perforación de tableros duros», que exige a la vez pasión, sentido de la responsabilidad y mesura (Augenmaß) — una combinación que rara vez coincide con la formación de quien fue entrenado para producir el mejor argumento posible, no para administrar su implementación parcial.
Bajo este marco, buena parte de lo que se percibe como «traición» del académico que llega al gobierno —diluir su propia reforma, negociar con quien antes cuestionaba— no es necesariamente claudicación: puede ser, precisamente, el tránsito obligado de una ética a la otra que el cargo político exige. La dificultad, señalada por el propio Weber, es que ese tránsito tiene un costo personal e intelectual real, y no todos están dispuestos —ni preparados— a pagarlo.
2.2. La estructura de costos y beneficios de la reforma sanitaria
El politólogo James Q. Wilson propuso una tipología influyente para explicar por qué ciertas políticas son políticamente viables y otras no, según cómo se distribuyen sus costos y beneficios entre grupos concentrados (pequeños, identificables, organizados) y grupos difusos (amplios, dispersos, sin capacidad de acción colectiva). De esa combinación surgen cuatro escenarios distintos. En la política mayoritaria, costos y beneficios son ambos difusos —nadie se moviliza especialmente, ni a favor ni en contra—, como ocurre con buena parte de la política macroeconómica general. En la política de grupos de interés, costos y beneficios están ambos concentrados en actores organizados que se enfrentan entre sí —por ejemplo, la puja entre financiadores y prestadores por el valor de un arancel—. En la política de clientela, un beneficio concentrado en un grupo pequeño se financia con un costo difuso repartido entre toda la sociedad —un beneficio sectorial específico que nadie individualmente tiene incentivo a resistir—. Y en la política emprendedora, el patrón se invierte: los costos están concentrados en un grupo pequeño y organizado, mientras los beneficios se reparten de manera difusa entre una población amplia y desorganizada.
La mayoría de las reformas sanitarias estructurales —el cierre o la reconversión de servicios, la reasignación de camas, la revisión de aranceles, la integración de sistemas fragmentados— encajan precisamente en esta última categoría, la más desfavorable desde el punto de vista de la viabilidad política: quienes cargan con el costo (hospitales, especialidades médicas, sindicatos del sector, aseguradoras) tienen mucho más incentivo y capacidad para movilizarse en contra que los beneficiarios difusos —pacientes futuros, contribuyentes— para movilizarse a favor, aun cuando el diagnóstico técnico que sustenta la reforma sea sólido y compartido. Wilson observó que este tipo de política solo avanza cuando aparece un «emprendedor de políticas» dispuesto a asumir el costo político de representar a la mayoría difusa frente a la minoría organizada.
El politólogo John Kingdon completó este cuadro explicando cuándo, y no solo por qué, una reforma de este tipo logra finalmente aprobarse. Kingdon describe tres corrientes que fluyen de manera relativamente independiente: la corriente de los problemas (qué se percibe como un problema que exige atención), la corriente de las políticas (el repertorio de soluciones técnicas ya disponibles, elaboradas de antemano por especialistas), y la corriente política (el clima de opinión, el humor del electorado, los cambios de gobierno). Una reforma técnicamente lista solo se concreta cuando las tres corrientes convergen en una «ventana de oportunidad» —habitualmente breve— abierta por una crisis, un cambio de gestión o un evento mediático. Fuera de esa ventana, la propuesta técnica más sólida permanece archivada, a la espera de una coyuntura política que no depende de su calidad técnica sino de que las tres corrientes coincidan.
2.3. Evitar el reproche antes que buscar el mérito
El politólogo R. Kent Weaver observó que los funcionarios electos suelen estar motivados, en mayor medida de lo que se supone, por evitar el reproche (blame avoidance) antes que por maximizar el reconocimiento de sus logros — porque la evidencia sugiere que el electorado castiga los fracasos visibles con más intensidad de la que premia los éxitos silenciosos. Esto es coherente con la asimetría electoral de la salud discutida en la hipótesis 3.3: si el costo político de un fracaso sanitario supera holgadamente el beneficio político de un éxito, la conducta racional de cualquier gobierno —independientemente de su signo— es minimizar la exposición al primero antes que maximizar la probabilidad del segundo, lo cual empuja hacia el gradualismo y la dilución de reformas de fondo.
2.4. La atención pública tiene un ciclo, no una constante
El economista Anthony Downs describió, ya en los años setenta, un «ciclo de atención a los problemas» (issue-attention cycle): la atención pública sobre un problema social sube abruptamente ante un evento disparador, se mantiene mientras dura el entusiasmo por resolverlo, y luego decae —mucho antes de que el problema esté efectivamente resuelto— a medida que su complejidad y el costo de abordarlo se hacen evidentes. Este patrón es coherente con la hipótesis 3.2: la salud no está ausente de la agenda social de manera constante, sino que la ocupa en picos ligados a eventos puntuales (un brote, un escándalo, una crisis de desabastecimiento), y pierde prioridad en los períodos —más largos— en que el sistema funciona sin sobresaltos, que son también los períodos en que se toman o se posponen las decisiones estructurales.
2.5. Instituciones no mayoritarias: la salida institucional al problema
Frente a estas cuatro tensiones, el politólogo Giandomenico Majone propuso una salida institucional, no personal: delegar ciertas decisiones técnicas en agencias «no mayoritarias» —organismos con mandato legal propio, independencia formal del ciclo electoral y criterios de designación técnicos— precisamente para blindarlas de la lógica de corto plazo, el ciclo de atención mediática y la presión de grupos concentrados. Agencias de evaluación de tecnología sanitaria como el NICE británico o la HAS francesa, o estructuras de servicios de salud con largo recorrido institucional propio como el sistema vasco de Osakidetza —transferido a la administración autonómica desde 1979 y sostenido a través de sucesivos gobiernos—, son ejemplos de esta lógica: no eliminan la tensión entre política y técnica, pero la desplazan desde la biografía de una persona hacia el diseño de una institución, que es, según la evidencia revisada en la sección 3.5 sobre Salud en Todas las Políticas, la variable que con más frecuencia diferencia una síntesis duradera de una que se disuelve con cada cambio de gobierno.
Estos cinco marcos —convicción y responsabilidad, distribución de costos y beneficios, evitación del reproche, ciclo de atención, e instituciones no mayoritarias— no son mutuamente excluyentes: se refuerzan entre sí y, tomados en conjunto, ofrecen una explicación estructural, no anecdótica, de por qué la distancia entre ambas lógicas reaparece en contextos institucionales y políticos tan distintos como los que se revisan en las secciones siguientes.
2.6. La carencia de un sistema técnico de toma de decisiones
A los cinco mecanismos anteriores conviene sumar uno adicional, de naturaleza más práctica que teórica: en la mayoría de los sistemas de salud, y en particular en América Latina, no existe un sistema técnico de toma de decisiones plenamente institucionalizado que reciba el diagnóstico académico y lo traduzca en decisiones vinculantes de manera predecible. La distancia entre política y técnica no solo se explica por incentivos electorales o por la asimetría de costos y beneficios: también se explica por la ausencia, en los hechos, de un engranaje formal donde la evidencia entre y la decisión salga por un procedimiento conocido de antemano.
La propuesta normativa más influyente para diseñar ese engranaje es la de los filósofos Norman Daniels y James Sabin, conocida como «rendición de cuentas por lo razonable» (accountability for reasonableness). El marco exige que toda decisión de priorización en salud cumpla cuatro condiciones para considerarse legítima: que sus fundamentos sean relevantes y aceptables para observadores razonables (relevancia), que la decisión y sus razones sean públicas (publicidad), que exista un mecanismo de apelación y revisión ante nueva evidencia (revisión), y que haya alguna forma de regulación, voluntaria o pública, que garantice el cumplimiento efectivo de las tres condiciones anteriores (cumplimiento). Agencias como el NICE británico satisfacen razonablemente estas cuatro condiciones de manera sistemática; la mayoría de los sistemas de salud de la región no cuentan con un equivalente pleno.
La Argentina ofrece un ejemplo instructivo de esta carencia, no por ausencia total sino por alcance parcial. Desde 2023 funciona la Comisión Nacional de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Excelencia Clínica (CONETEC), un organismo desconcentrado del Ministerio de Salud de la Nación cuyas recomendaciones técnicas son vinculantes —pero únicamente para el propio Ministerio y sus organismos descentralizados y desconcentrados—. Para las obras sociales provinciales, los seguros privados y, sobre todo, para el sistema judicial —que interviene de manera creciente en disputas de cobertura a través de amparos—, las recomendaciones de la CONETEC operan apenas como referencia voluntaria, no como regla vinculante. El resultado es que buena parte de las decisiones de cobertura de mayor impacto individual en la Argentina no se resuelven mediante un procedimiento técnico único y predecible, sino caso por caso, con jueces sin formación específica en evaluación de tecnología sanitaria supliendo, de hecho, la función que un sistema técnico de toma de decisiones debería cumplir de manera sistemática.
Esta carencia agrava, en lugar de sustituir, los cinco mecanismos anteriores: si no existe un procedimiento técnico predecible al cual un ministro pueda remitir una decisión difícil, cada conflicto de asignación de recursos vuelve a plantearse como una negociación política ad hoc, sin el resguardo procedimental que —según Daniels y Sabin— es lo que legitima una decisión de racionamiento incluso ante quienes resultan perjudicados por ella. En los términos de Majone (sección 2.5), un sistema técnico de toma de decisiones bien diseñado no es una institución más entre otras: es, específicamente, el mecanismo que permitiría que la síntesis entre técnica y política no dependa de que cada funcionario la reinvente personalmente en cada conflicto.
2.7. La responsabilidad también recae en la propia disciplina académica
Los seis mecanismos anteriores explican la distancia observándola, sobre todo, desde el lado de la política. El economista de la salud Vicente Ortún Rubio, catedrático emérito de la Universidad Pompeu Fabra y fundador del Centro de Investigación en Economía y Salud (CRES-UPF), junto con Ricard Meneu de Guillerna, propuso en un artículo ya clásico —»Impacto de la economía en la política y gestión sanitaria» (Revista Española de Salud Pública, 2006), retomado y actualizado por los mismos autores en 2022— un argumento complementario que mira hacia el otro lado del espejo: parte de la responsabilidad por la distancia recae en la propia economía de la salud, no solo en quienes gestionan o gobiernan.
Los autores sostienen que el conocimiento de economía que necesita un político, un gestor sanitario o un clínico es, en rigor, limitado; el aporte real de la disciplina pasa sobre todo por «educarles el olfato» —formar un criterio, una intuición entrenada para reconocer buenas y malas políticas— antes que por transmitir técnicas sofisticadas que rara vez se aplican tal cual en la práctica. Y advierten explícitamente contra una lectura cómoda de la distancia entre investigación y política:
«No sería realista, aunque sea usual, imputar las limitaciones en la traslación a la política y la gestión sanitaria meramente a políticos indocumentados, gestores de bandería o clínicos miopes. La responsabilidad última debe recaer en la economía de la salud, por no haber aprendido lo bastante sobre los mecanismos retóricos adecuados para hacer realidad sus propuestas.» — Ortún y Meneu, «Impacto de la economía en la política y gestión sanitaria», 2006/2022
Ortún y Meneu ilustran esta idea con dos casos de traducción exitosa fuera de España: el cirujano Atul Gawande publicó en 2009, en The New Yorker, un artículo sobre por qué la ciudad texana de McAllen era el lugar más caro para atenderse en Estados Unidos; el artículo llegó a ser lectura obligatoria en la Casa Blanca y motivó una reunión del presidente Obama en el Despacho Oval sobre el hallazgo central —que el costo elevado respondía a un sistema que premiaba el uso excesivo de la atención—. Michael Porter, por su parte, cruzó de la facultad de Economía a la de Negocios en Harvard y logró instalar, junto con Teisberg, el concepto de «atención sanitaria basada en el valor», hoy de uso corriente entre gestores de todo el mundo. En ambos casos, según los autores, el impacto no vino de un artículo académico más riguroso, sino de abandonar parte del academicismo para volverse persuasivo.
Los autores cierran con una imagen que complementa, sin sustituir, el argumento institucional de Majone (sección 2.5): tomada de Esther Duflo, distinguen entre la «arquitectura» —el buen diseño institucional— y la «fontanería» —el trabajo, menos noble pero igual de indispensable, de desatascar en la práctica los mecanismos que la corrupción o la inercia burocrática obstruyen—. Una institución bien diseñada en el papel no sostiene por sí sola la síntesis entre técnica y política si nadie se ocupa, además, de que sus mecanismos de coordinación e incentivos funcionen en la realidad de cada lugar.
Un trabajo posterior del propio Ortún, junto con Rosa Urbanos-Garrido —«Equidad en el Sistema Nacional de Salud: ayer, hoy, mañana» (CRES-UPF, Health Policy Papers Collection 2026-7)— retoma esta misma preocupación institucional desde otro ángulo, citando al politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca sobre la incapacidad operativa del Estado como «la enfermedad más visible de la democracia»: los grandes proyectos de reforma —reindustrializar la economía, la transición ecológica, redefinir el Estado de bienestar— tienden a toparse con parlamentos fragmentados, intereses organizados amenazados, inercias administrativas y restricciones presupuestarias, y terminan materializándose en «versiones descafeinadas, aplazadas o recortadas» respecto del planteamiento técnico inicial. Ortún y Urbanos cierran su trabajo con una conclusión que podría servir de síntesis a todo este documento: ninguna mejora en materia de equidad, productividad o cohesión social «será posible sin instituciones capaces de transformar recursos en resultados».
3. Hipótesis en discusión
A continuación, se examinan tres hipótesis que suelen proponerse para explicar la distancia entre ambas lógicas. Para cada una se presenta evidencia a favor, evidencia que la matiza, y una conclusión parcial — sin pretender zanjar el debate, dado que la evidencia disponible es fragmentaria y en algunos casos corresponde a procesos todavía en curso.
3.1. El desajuste entre el tiempo electoral y el tiempo de la transformación sanitaria
A favor: el tiempo político y el tiempo que exige transformar un sistema de salud corren a velocidades distintas. Un mandato electoral se mide en dos, cuatro o, como máximo, ocho años; una reforma estructural —de la red hospitalaria, del modelo de atención primaria, del sistema de información sanitaria— necesita típicamente entre cinco y diez años para mostrar resultados poblacionales. En Estados Unidos, la agencia que administra Medicare y Medicaid (CMS) tuvo, según registros periodísticos especializados, más administradores interinos que confirmados por el Senado desde 1977. En Portugal, un ministro con perfil académico en salud pública ejerció el cargo en dos periodos (2001-2002 y 2005-2008): el primero se interrumpió por la caída del gobierno; en el segundo, la implementación de la reforma de atención primaria fue descripta por el propio protagonista como errática, en buena medida por falta de autonomía sobre su propio presupuesto. En ambos casos, el tiempo que exigía la transformación excedió holgadamente el tiempo político disponible para sostenerla.
Matiz: la duración por sí sola no es la variable decisiva. El ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires ejerce el cargo de forma ininterrumpida desde diciembre de 2019 —más de seis años— y el ministro de Salud de la Provincia de La Pampa lo hace desde diciembre de 2017 —más de ocho años, incluyendo un cambio de gobernador dentro del mismo espacio político—. En ninguno de los dos casos la continuidad depende de una circunstancia excepcional, sino de que el tiempo electoral y el tiempo de gestión quedaron alineados por la continuidad del mismo espacio político. Esto sugiere que el desajuste no es una propiedad fija del calendario, sino del grado en que el ciclo electoral protege o interrumpe el tiempo que la transformación sanitaria necesita.
Conclusión parcial: el desajuste entre ambos tiempos es real y estructural, pero no es insalvable — se salva, cuando se salva, por continuidad política sostenida, no por la extensión formal del mandato ni por el mérito técnico de quien lo ocupa.
3.2. El lugar postergado de la salud en la agenda social
A favor: la salud compite por atención pública con la economía, la seguridad y el empleo, que suelen dominar la agenda mediática y electoral cotidiana, relegándola a un lugar secundario en la discusión pública sostenida.
Matiz: la evidencia de encuestas recientes no muestra que la salud esté ausente de la preocupación pública — al contrario, una parte sustancial de la población y de los propios equipos de salud identifica la desinformación sanitaria y la desconfianza institucional como problemas de primer orden. Lo que sí parece cierto es que la salud tiene una visibilidad discontinua, no postergada de manera uniforme: un sistema que funciona correctamente es invisible en el debate público, y solo irrumpe en la agenda —a veces con centralidad absoluta, como durante una pandemia— cuando falla de manera puntual y noticiable (una guardia colapsada, un desabastecimiento, un brote).
Conclusión parcial: la salud no ocupa un lugar postergado de manera constante, sino intermitente: pasa de la periferia de la agenda al centro absoluto y de vuelta a la periferia, según irrumpa o no un evento noticiable — lo cual desalienta la inversión política continua en capacidades que no producen noticias cuando funcionan bien.
3.3. La salud no rinde electoralmente, pero sus problemas sí
A favor: la ciencia política describe a la salud como un problema con retorno electoral asimétrico. Cuando el sistema funciona, el resultado —menos hospitalizaciones evitables, mejor cobertura— es difuso, lento y difícilmente atribuible a un funcionario puntual: nadie gana una elección por haber sostenido una tasa de vacunación estable. Cuando falla, en cambio, el costo político es inmediato, concentrado y de alta visibilidad. El caso de un funcionario de salud en Estados Unidos que nunca logró ser confirmado por el Senado, por haber sido señalado de promover el racionamiento de servicios a partir de comentarios académicos previos sobre el sistema británico, es un ejemplo de cómo una posición técnica puede convertirse en pasivo electoral. De modo similar, una exministra de salud en Francia fue investigada formalmente, años después de dejar el cargo, por su gestión de las primeras semanas de una emergencia sanitaria. En ambos casos, no fue un logro de salud lo que tuvo consecuencia política, sino un problema.
Matiz: en algunos contextos y coyunturas —particularmente durante emergencias sanitarias agudas— la gestión de salud sí genera visibilidad y rédito político, al menos en el corto plazo, aunque ese rédito puede revertirse rápidamente si la situación se deteriora. La relación entre salud y desempeño electoral no es unidireccional: es fuertemente dependiente del momento y del resultado, no de la política de salud en sí misma.
Conclusión parcial: es más preciso decir que la salud no rinde electoralmente en su faceta de éxito, pero sí lo hace —y con fuerza— en su faceta de fracaso. Esa asimetría entre lo que no premia y lo que sí castiga es, probablemente, el mecanismo individual más potente para explicar por qué la política evita comprometerse con reformas de maduración lenta cuyo beneficio no le será atribuido, mientras que sí invierte esfuerzo en gestionar la percepción de cualquier problema que pueda estallar en su gestión.
3.4. La política no quiere la salud porque gasta mucho y gasta mal
Esta es una de los argumentos más esgrimido por los ministerios de economía y más sensible de todas, y se presenta aquí como pregunta abierta, con evidencia en ambas direcciones, sin adoptar ninguna de las dos como conclusión. La salud gasta mucho y mal, pero si gastara lo justo y bien, igual faltarían recursos, porque en la actualidad hay gente que no se atiende. La equidad de acceso hace a la mejora de la renta intergeneracional.
A favor: la salud es, en la generalidad de los países y provincias, una de las partidas presupuestarias más grandes, y coexiste con ineficiencias documentadas —sobreoferta en algunas áreas, subdotación en otras, fragmentación de sistemas de información— que un observador externo a la gestión sanitaria puede razonablemente describir como gasto elevado y mal asignado. En ese contexto, un gobierno con objetivos de consolidación fiscal podría preferir, en la conducción de la cartera, a alguien que no dispute activamente una porción mayor del presupuesto agregado frente a otras áreas de gobierno, ni cuestione la asignación de recursos entre sectores — una preferencia legítima de cualquier signo político, no exclusiva de uno en particular.
En contra / matiz: la evidencia también muestra el mecanismo inverso: en más de un caso, gobiernos han elegido deliberadamente perfiles académicos o técnicos para el ministerio de salud precisamente porque su autoridad profesional permite legitimar decisiones de contención de costos o reforma estructural —cierre de servicios, reordenamiento hospitalario— que un perfil puramente político tendría más dificultad para sostener frente a la opinión pública o los cuerpos profesionales. La reforma hospitalaria alemana de 2024, que su propio impulsor —un profesor de economía de la salud convertido en ministro— describió como necesaria por la existencia simultánea de camas vacías y hospitales deficitarios, es un ejemplo de un perfil técnico utilizado para dar legitimidad, no para evitar, una discusión de reasignación de recursos.
Conclusión parcial: la evidencia disponible no permite afirmar una dirección única. En algunos casos el perfil técnico parece elegido para que no se cuestionen las prioridades de gasto agregado frente a otras áreas de gobierno; en otros, para legitimar precisamente el cuestionamiento de esas prioridades dentro del propio sector salud. Distinguir un mecanismo del otro requiere evidencia específica de cada caso, no una regla general.
3.5. Por qué en América Latina no cristaliza Salud en Todas las Políticas
La estrategia conocida internacionalmente como Health in All Policies (HiAP) o Salud en Todas las Políticas —incorporar la consideración de impactos en salud en el diseño de políticas de todos los sectores de gobierno, no solo del ministerio de salud— es la que más directamente intentó, de manera explícita, resolver la distancia entre ambas lógicas. Fue adoptada como discurso oficial en América Latina desde la Declaración de Bogotá de 1992 y reafirmada en sucesivos planes de acción de la Organización Panamericana de la Salud, pero su instalación efectiva en la región contrasta con casos como el de Australia, que la sostuvo desde 2008 con una evaluación académica de cinco años (2012-2016) que relevó 144 entrevistas y encuestas a cientos de funcionarios públicos.
En América Latina, en cambio, una revisión de alcance sobre la evidencia científica publicada entre 2011 y 2021 identificó apenas 15 estudios sobre experiencias intersectoriales de salud en toda la región, la mayoría referidos a Brasil, de diseño predominantemente cualitativo y de alcance local — muy lejos de la escala, el financiamiento y el rigor evaluativo del caso australiano. Los propios autores de esa revisión concluyeron que la intersectorialidad en la región no es un problema estrictamente técnico:
«La intersectorialidad no es un tema estrictamente técnico, sino que convergen elementos ideológicos que determinan su alcance y limitaciones.» — Revisión de alcance sobre Salud en Todas las Políticas e intersectorialidad en América Latina y el Caribe, 2011-2021
Esa misma revisión señala la hegemonía del modelo biomédico y las tensiones ideológicas en torno a ciertas prácticas tradicionales de salud como factores que limitan, en los hechos, la colaboración intersectorial más allá de la declaración de intenciones. Un análisis sobre la respuesta a la pandemia en Argentina, Brasil y Chile observó, en el mismo sentido, que los gobiernos de la región han tendido históricamente a desatender la pobreza como determinante social de la salud —pese a reconocerla como tal desde la propia Declaración de Bogotá de 1992— debilitando en la práctica los sistemas de salud, educación y protección social bajo sucesivos programas de austeridad fiscal.
Conclusión parcial: la brecha entre el discurso latinoamericano de Salud en Todas las Políticas —sostenido institucionalmente por la OPS desde hace más de tres décadas— y su instalación efectiva no es, según la evidencia disponible, un problema de desconocimiento técnico del enfoque, sino una combinación de tres factores: una base empírica de implementación todavía escasa y local (15 estudios en una década, concentrados en un solo país), tensiones ideológicas no resueltas sobre qué modelo de salud debe primar en la coordinación intersectorial, y la misma falta de anclaje legal o administrativo que, según la evidencia internacional revisada más abajo, es la variable que explica por qué estas iniciativas no sobreviven al cambio de gobierno.
4. Perfiles académicos en la conducción sanitaria: casos internacionales
Para contrastar las hipótesis anteriores con trayectorias concretas, se resumen a continuación ocho casos de personas con formación académica en economía de la salud, salud pública o medicina académica que ocuparon —o deliberadamente no ocuparon— cargos de conducción política del sistema de salud, en distintos países y niveles de gobierno (nacional y subnacional). La selección no pretende ser representativa de todos los casos existentes, sino ilustrar la variedad de desenlaces documentados.
Caso / país
Perfil académico
Desenlace documentado
Alemania — ministro de Salud federal (2021-2025)
Profesor de economía de la salud y epidemiología clínica
Impulsó una reforma hospitalaria estructural; una evaluación de su propia coalición de gobierno señaló que, pese a un diagnóstico técnico acertado, gran parte de lo anunciado no llegó a implementarse
Portugal — ministro de Salud (2001-02 y 2005-08)
Catedrático de salud pública, maestría en Johns Hopkins
Primer mandato interrumpido por caída del gobierno; en el segundo, implementación de reforma de atención primaria descripta como errática por falta de autonomía presupuestaria
Francia — ministra de Salud (2017-2020)
Médica hematóloga, expresidenta de la agencia nacional de evaluación sanitaria
Dejó el cargo durante el inicio de una emergencia sanitaria para una candidatura electoral; fue investigada formalmente años después por su gestión de esas semanas
Estados Unidos — administrador de CMS (2010-2011)
Médico, referente internacional en calidad y seguridad del paciente
Designado por nombramiento de receso ante bloqueo legislativo; renunció sin lograr nunca la confirmación formal del cargo
España — asesor permanente (2000-2018)
Catedrático de economía, expresidente de la asociación internacional de economía de la salud
Nunca ocupó un cargo político; se mantuvo como asesor del ministerio de Sanidad bajo gobiernos de distinto signo durante casi dos décadas
Gestión encabezada por autoridades políticas electas, no por perfiles académicos
El proyecto de un nuevo hospital universitario derivó en sobrecostos documentados de más de cuatro veces el presupuesto original
País Vasco — consejero de Salud (desde 2024)
Médico anestesiólogo, doctor en Medicina, profesor agregado universitario, exjefe de servicio hospitalario
Gestiona dentro de un servicio de salud (Osakidetza) transferido a la administración autonómica desde 1979, con continuidad institucional propia más allá del gobierno de turno
Cataluña — consellera de Salut (desde 2024)
Médica especialista en Medicina del Trabajo, exgerente de un hospital universitario durante 13 años, consultora de reforma sanitaria para organismos multilaterales
Ya había sido propuesta para el cargo en un gobierno anterior por su reconocimiento profesional; asumió con una trayectoria de gestión hospitalaria extensa y sin militancia partidaria previa
Elaboración propia a partir de fuentes periodísticas y académicas citadas en la bibliografía. Los casos se presentan a título descriptivo, sin evaluación de la gestión de ningún gobierno.
El contraste entre el quinto caso —un economista que permaneció cuatro décadas como asesor sin asumir nunca un cargo político— y el sexto —un proyecto conducido por perfiles políticos sin involucramiento académico directo, pero igualmente afectado por sobrecostos severos— sugiere que ni la presencia ni la ausencia de un perfil académico al mando garantizan, por sí solas, un resultado distinto. Los casos séptimo y octavo, en cambio, muestran un patrón distinto: en dos gobiernos subnacionales con sistemas de salud fuertemente institucionalizados y de larga data, la designación de perfiles técnicos de trayectoria hospitalaria o académica no depende de una coyuntura excepcional, sino que parece formar parte de una práctica más establecida de la propia administración autonómica — lo que es consistente con el argumento de la sección 2.5 sobre instituciones no mayoritarias.
4.1. El patrón inverso: un perfil no técnico al frente de la agencia sanitaria más grande del mundo
Un caso reciente permite observar el patrón opuesto al de los siete anteriores. Desde febrero de 2025, la Secretaría de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos —con un presupuesto del orden de 1,7 billones de dólares— está encabezada por un abogado ambientalista, miembro de una familia con larga trayectoria política, sin formación ni ejercicio profesional en medicina o salud pública, y con una posición pública de más de una década de escepticismo hacia la seguridad de las vacunas y hacia las agencias sanitarias que hoy conduce (la FDA y los CDC, entre otras). Su confirmación por el Senado se aprobó por un margen estrecho (52 a 48), con oposición de la totalidad de la oposición y de un solo legislador del oficialismo.
Este caso resulta útil para la discusión, no porque permita evaluar su gestión —que excede el propósito de este documento— sino porque muestra que la tensión entre lógica política y lógica técnica no desaparece cuando quien ocupa el cargo carece deliberadamente de perfil técnico: según registros periodísticos de 2026, el mismo funcionario habría sido presionado desde la conducción política superior para profundizar posiciones críticas hacia las vacunas con mayor énfasis del que él mismo consideraba respaldado por evidencia, en un contexto electoral específico. Si ese registro es correcto, sugiere que la presión de la lógica política de corto plazo sobre la conducción sanitaria no depende de si quien ocupa el cargo tiene o no formación técnica: opera sobre el cargo en sí, y afecta de manera distinta, pero no menor, a quien lo ocupa sin ese perfil.
6. Dos preguntas adicionales: la ausencia de planificación estratégica y la segmentación por capacidad de pago
Las hipótesis de la sección 3 explican por qué la lógica política y la lógica académica no sinergizan en la conducción de un ministerio. Pero hay dos fenómenos más específicos, frecuentemente señalados por quienes gestionan sistemas de salud, que merecen un tratamiento propio porque responden al mismo marco conceptual de la sección 2 aplicado a dos problemas concretos: la escasa planificación estratégica de largo plazo y la persistencia de modelos de atención segmentados según la capacidad económica de las personas.
6.1. Por qué es infrecuente la planificación estratégica de largo plazo
Un plan estratégico sanitario de varios años exige comprometer recursos y prioridades hoy a cambio de resultados que se verán, en el mejor de los casos, en una gestión futura —probablemente no la propia. Esto choca con al menos tres de los mecanismos descriptos en la sección 2: el ciclo de atención pública (Downs) premia lo inaugurable y noticiable, no el ordenamiento de prioridades a diez años; la evitación del reproche (Weaver) desalienta comprometerse públicamente con metas de largo plazo que un sucesor —propio o de otro signo— puede incumplir o abandonar; y la asimetría de costos y beneficios (Wilson) hace que un plan de largo plazo, al no tener un beneficiario concentrado y organizado que lo reclame, compita en desventaja por recursos políticos frente a demandas inmediatas de actores concentrados. A esto se agrega una restricción de gobernanza propia de los sistemas de salud federales o mixtos: quien conduce un ministerio rara vez controla la totalidad de los actores que deberían ordenar un plan estratégico —obras sociales, seguros privados, municipios—, lo que reduce el incentivo a planificar aquello que no se puede ejecutar en su totalidad.
6.2. Por qué no se discute la segmentación por capacidad económica
La segmentación de la atención según la capacidad de pago —un circuito para quienes tienen cobertura de una obra social, otro para quienes pueden pagar una prepaga, y un tercero, habitualmente el de menor resolución relativa, para quienes dependen exclusivamente del subsector público— no es, en la Argentina y en buena parte de América Latina, una falla de diseño no advertida, sino el resultado de un arreglo institucional de larga data en el que las obras sociales, además de administrar cobertura de salud, son una fuente de poder y de recursos para las organizaciones sindicales que las gestionan. Bajo el marco de Wilson, integrar ese sistema tiene beneficios difusos para millones de personas, pero costos concentrados y ciertos para actores organizados —sindicatos, aseguradoras, en ciertos casos las propias provincias que preservan su autonomía sobre el subsector público—, lo que explica por qué rara vez se discute como un problema técnico de arquitectura sanitaria y casi siempre se politiza como una disputa distributiva entre sectores.
6.3. Cuatro países que integraron sistemas de múltiples aseguradoras sin segmentar por capacidad de pago
La segmentación por capacidad económica no es, sin embargo, una consecuencia inevitable de tener múltiples aseguradoras de salud. Países Bajos, Alemania, Suiza y Francia muestran que es posible sostener varios seguros o cajas en competencia —un rasgo que comparten con el modelo argentino de obras sociales y prepagas— sin que el ingreso de la persona determine la calidad o el alcance de la cobertura que recibe.
País
Mecanismo central de integración
Año / proceso de implementación
Países Bajos
Seguro básico único y obligatorio para toda la población, con prima comunitaria (independiente del riesgo), fondo de compensación de riesgo entre aseguradoras y subsidios según ingreso para dos tercios de los hogares
Ley de 2006, precedida por casi veinte años de debate y reforma gradual desde 1987
Alemania
Libre elección de caja de enfermedad (Krankenkasse) desde 1996, con un mecanismo de compensación de estructura de riesgo (Risikostrukturausgleich) que iguala el punto de partida entre cajas, perfeccionado con ajuste por morbilidad en 2009
Principio de solidaridad vigente desde 1883; compensación de riesgo desde 1994, reformada en 2002 y 2009
Suiza
Seguro básico obligatorio para toda la población, con paquete de beneficios idéntico en todo el país, prima comunitaria por cantón y edad, y subsidios cantonales para hogares de ingresos bajos y medios
Ley Federal de Seguro de Enfermedad (LAMal) de 1994, vigente desde 1996
Francia
Cobertura estatutaria única (Assurance Maladie) para toda persona que trabaja o reside de forma estable en el país, independiente de su situación laboral, complementada por seguros privados (mutuelles) para copagos
Proceso iniciado con la Cobertura Universal (CMU) de 1999-2000 y completado por la Protección Universal de Enfermedad (PUMa) en 2016
Elaboración propia a partir de las fuentes citadas en la bibliografía.
El rasgo común a los cuatro casos no es la ausencia de múltiples aseguradoras —los cuatro países las tienen, al igual que la Argentina—, sino la existencia de un piso regulatorio que ninguna aseguradora puede eludir: afiliación obligatoria y universal, un paquete de beneficios básico único definido por el Estado (no por cada asegurador), un mecanismo de compensación de riesgo que impide a las aseguradoras seleccionar a los afiliados más rentables, y subsidios públicos que desacoplan el monto que la persona paga de su capacidad económica real. La multiplicidad de aseguradores, bajo ese piso regulatorio, no produce segmentación por ingreso: produce competencia por calidad y eficiencia dentro de un mismo nivel de cobertura garantizado para todos.
Estos casos también matizan cualquier lectura idealizada: ninguno eliminó por completo la tensión entre sostenibilidad financiera y equidad. En Suiza, las primas subieron durante años a un ritmo mayor que los salarios, y un informe de la OCDE de 2017 registró que alrededor de una quinta parte de la población declaró haber postergado atención médica por motivos de costo. En los Países Bajos, las aseguradoras reportaron pérdidas sostenidas en el seguro básico y la satisfacción pública con la reforma no fue uniformemente alta. En Alemania persiste, para quienes superan cierto nivel de ingreso o son trabajadores independientes, la opción de un seguro privado sustitutivo por fuera del sistema solidario, lo que mantiene un resabio de segmentación que el propio sistema alemán discute desde hace décadas.
El punto más relevante para este documento, sin embargo, no es el resultado final de cada reforma sino el tiempo y el tipo de esfuerzo que exigió: veinte años de debate en los Países Bajos, tres décadas de ajustes sucesivos en Alemania, y diecisiete años de implementación gradual en Francia (de la CMU de 1999 a la PUMa de 2016). En los tres casos, la integración del sistema no fue una decisión de una sola gestión, sino un proceso técnico sostenido durante múltiples gobiernos de signos distintos, protegido —con más o menos éxito— de la discontinuidad que un ministro o un gabinete individual no puede garantizar por sí solo. Es, otra vez, el argumento de Majone desarrollado en la sección 2.5: los procesos de esta escala solo prosperan cuando quedan resguardados en instituciones y reglas que sobreviven al recambio político, no cuando dependen de que cada gestión sucesiva decida voluntariamente continuarlos.
7. El manual de reforma de la OMS y los límites de la racionalidad técnica
Las hipótesis y los casos anteriores describen la distancia entre política y técnica desde la trayectoria de personas concretas. Pero la misma tensión aparece, de manera más abstracta, en los propios documentos que organismos internacionales producen para orientar la reforma de los sistemas de salud. Dos fuentes recientes permiten profundizar esta discusión: el Health Reform Manual: Eight Practical Steps, publicado por la Alianza para la Investigación en Políticas y Sistemas de Salud de la Organización Mundial de la Salud, y una lectura crítica de ese manual realizada por el economista de la salud André Medici. A ellas se suma una discusión conceptual sobre los límites de la tecnocracia en medicina, que permite cerrar el círculo con el marco teórico de la sección 2.
7.1. Los ocho pasos y los cinco controles de mando del manual de la OMS
El Health Reform Manual, desarrollado por Michael R. Reich, Winnie Yip, Paola Abril Campos, Anuska Kalita y Anya Levy Guyer de la Harvard T. H. Chan School of Public Health, y publicado en línea por la Alianza para la Investigación en Políticas y Sistemas de Salud de la OMS, organiza la reforma sanitaria en ocho pasos secuenciales: decidir iniciar el proceso de reforma, crear un equipo de reforma, evaluar el desempeño del sistema y definir sus problemas, diagnosticar las causas de esos problemas, decidir un paquete de reformas, realizar un análisis político y diseñar estrategias políticas, gestionar la implementación para lograr resultados, y evaluar los impactos para generar resiliencia institucional. El manual retoma el modelo de los «controles de mando» (control knobs) propuesto dos décadas antes en Getting Health Reform Right (Roberts et al., 2004): financiamiento, pago, organización, regulación y persuasión, como los cinco mecanismos mediante los cuales un gobierno puede orientar el desempeño de un sistema de salud.
Lo más relevante para esta discusión es que el propio manual rechaza explícitamente un abordaje puramente técnico de la reforma, en términos casi idénticos a los que organiza este documento:
«Considerar la reforma sanitaria únicamente como un proceso técnico es una receta para el fracaso. Reformar mejor la salud requiere prestar igual atención a tres dimensiones: la técnica, la ética y la política.» — Health Reform Manual: Eight Practical Steps, Paso Uno
Esta afirmación, formulada por un equipo de investigadores de salud pública y no por politólogos, es un reconocimiento —desde dentro del propio campo técnico— de la misma tensión que Weber describía como la distancia entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad, y que Majone proponía resolver mediante instituciones no mayoritarias. El manual, en otras palabras, no niega la existencia de la distancia entre ambas lógicas: la incorpora como paso obligatorio de cualquier proceso de reforma.
7.2. La lectura crítica de André Medici: lo que el manual acierta y lo que subestima
André Medici, consultor internacional en economía de la salud y doctor en historia económica, publicó en mayo de 2026 un análisis crítico del manual que permite matizar su alcance real. Medici reconoce que el documento no representa una ruptura teórica —su núcleo conceptual (visión sistémica, objetivos clásicos de desempeño, centralidad de la equidad, incentivos de pago, coordinación estatal) forma parte del pensamiento internacional dominante desde hace décadas—, pero identifica una innovación genuina: la metodología secuencial de ocho pasos y, sobre todo, el reconocimiento explícito de que la viabilidad política es tan importante como la consistencia técnica.
Diagnóstico de Medici El manual está sólidamente respaldado por evidencia en la centralidad de la atención primaria, el efecto de los incentivos de pago sobre el comportamiento de los prestadores, la importancia de la medición del desempeño y los efectos negativos de la fragmentación institucional. Pero presenta, según Medici, tres limitaciones relevantes: un exceso de racionalidad planificadora que subestima la debilidad de la capacidad estatal, la fragmentación burocrática y la inestabilidad política reales de muchos países; una subestimación de la economía política del sector privado —el poder creciente de las corporaciones hospitalarias, la industria farmacéutica y la financiarización de la salud—; y una atención marginal a la revolución digital contemporánea (inteligencia artificial, interoperabilidad, analítica predictiva), pese a que ya son componentes estructurales de la transformación de los sistemas de salud.
Medici agrega una crítica de fondo, coherente con el marco de esta sección: la creencia implícita de que los modelos institucionales pueden transferirse relativamente entre países, cuando la evidencia histórica muestra que los sistemas de salud dependen profundamente de la cultura política, las trayectorias históricas y la capacidad estatal de cada sociedad. Aplicado a Brasil, señala que el SUS encarna casi todos los desafíos del manual: discontinuidad administrativa entre gobiernos, un marco normativo sofisticado, pero con enormes dificultades operacionales de implementación, y la coexistencia fragmentada —nunca resuelta— entre el sistema público, los seguros complementarios y el gasto de bolsillo.
La lectura de Medici confirma, desde la economía de la salud aplicada, lo que este documento sostiene desde la ciencia política: un marco técnicamente sólido no garantiza su propia implementación si subestima la capacidad estatal real, el poder de los actores económicos concentrados y la heterogeneidad de las trayectorias nacionales — precisamente los mecanismos descriptos por Wilson, Weaver y Majone en la sección 2.
7.3. Cuando la lógica técnica se desconecta de la política: los riesgos de la tecnocracia en medicina
Si el manual de la OMS y la crítica de Medici muestran los límites de un marco técnico bien intencionado, la literatura sobre tecnocracia en medicina muestra el extremo opuesto: qué ocurre cuando la lógica técnica se impone sin el contrapeso ético y político que el propio manual reclama. El médico neumonólogo John Travaline, en un artículo publicado en 2019 en The Linacre Quarterly, describe la tecnocracia sanitaria como un sistema de gobierno por la ciencia y la técnica en el que las decisiones clínicas quedan subordinadas a la lógica de indicadores, protocolos y objetivos institucionales antes que al juicio clínico o al vínculo con el paciente.
Travaline —desde un marco explícitamente confesional que excede el propósito de este documento, pero cuyo diagnóstico institucional es transferible a un análisis secular— identifica rasgos concretos de la tecnocracia sanitaria: la subordinación del paciente a los objetivos de la institución, la sobrevaloración de la tecnología y de la métrica por sobre el juicio clínico, y el riesgo de que las guías de práctica basada en evidencia se conviertan, en sus palabras, en «mandatos poco disimulados» que concentran autoridad en cuerpos administrativos alejados de la cabecera del paciente. Cita en este sentido al historiador Jerry Muller y su análisis sobre la «tiranía de las métricas»: sistemas de indicadores públicos que, lejos de mejorar la calidad, pueden inducir comportamientos de aversión al riesgo —por ejemplo, cirujanos que evitan operar a los pacientes más graves para no deteriorar sus estadísticas de mortalidad publicadas.
El punto de conexión con el resto de este documento no es religioso sino estructural: la tecnocracia, en la descripción de Travaline, es precisamente lo que ocurre cuando desaparece el tercer vértice que el manual de la OMS reclama —el análisis ético y político— y sobrevive únicamente el técnico. Un sistema de salud gobernado solo por indicadores, sin negociación política ni deliberación de valores, no es una versión más pura o eficiente de la gestión sanitaria: es, según esta literatura, una forma distinta de falla, tan real como la parálisis por exceso de politización que describen las hipótesis de la sección 3. La distancia entre gestión política y gestión académica de la salud, así, no se resuelve haciendo prevalecer a una sobre la otra, sino sosteniendo las tres dimensiones —técnica, ética y política— que tanto el manual de la OMS como la crítica a la tecnocracia identifican, desde ángulos opuestos, como igualmente indispensables.
8. Síntesis: una distancia con causas concurrentes
Ninguna de las causas concurrentes examinadas explica por sí sola la distancia entre la gestión política y la gestión académica de la salud. Cada una aporta una parte del fenómeno, y su peso relativo varía según el país, la jurisdicción y el momento:
El tiempo disponible importa, pero es una variable dependiente de la continuidad política, no una restricción autónoma.
El retorno electoral de la salud es asimétrico —castiga el fracaso más de lo que premia el éxito— lo cual desalienta la inversión política en reformas de maduración lenta, independientemente del signo de gobierno.
La salud no está ausente de la agenda social, pero su visibilidad es intermitente y reactiva, no sostenida.
La relación entre perfil técnico y disciplina del gasto no tiene una dirección única: la evidencia muestra casos donde el perfil académico contuvo el cuestionamiento de otras prioridades, y casos donde ese mismo perfil fue el que legitimó cuestionarlas dentro del propio sector.
Las experiencias de integrar la salud en toda la política de gobierno muestran que la actividad intersectorial es alcanzable y documentable, pero su continuidad más allá de un cambio de gestión depende del anclaje institucional o legal del enfoque, no de la convicción de quien gobierna en un momento dado.
La ausencia de planificación estratégica y la persistencia de la segmentación por capacidad de pago no son excepciones a este patrón sino su expresión más concreta: los países que lograron integrar sistemas de múltiples aseguradoras sin segmentar por ingreso lo hicieron mediante procesos de una a tres décadas, sostenidos a través de gobiernos de signos distintos y protegidos de la discontinuidad de cualquier gestión individual.
Incluso los propios marcos técnicos internacionales, como el manual de reforma sanitaria de la OMS, reconocen que un abordaje puramente técnico es una receta para el fracaso; y el extremo opuesto —una lógica técnica que se impone sin contrapeso ético ni político, descripta en la literatura sobre tecnocracia sanitaria— constituye una falla igualmente real, no una versión más pura de la buena gestión.
Buena parte de esta distancia se agrava por una carencia práctica: la falta de un sistema técnico de toma de decisiones plenamente institucionalizado —con las condiciones de relevancia, publicidad, revisión y cumplimiento que exige el marco de Daniels y Sabin— que reciba el diagnóstico académico y lo traduzca en decisiones vinculantes y predecibles, en lugar de dejar cada conflicto de asignación de recursos librado a la negociación política ad hoc o, como ocurre parcialmente en la Argentina, a la resolución judicial caso por caso.
La responsabilidad por esta distancia no recae únicamente en la política: Ortún y Meneu sostienen, desde la propia economía de la salud, que buena parte del problema es que la disciplina no siempre aprendió a comunicar sus hallazgos de un modo que resulte persuasivo para quien gobierna, y que la «arquitectura» institucional necesita, además, de una «fontanería» que la haga funcionar en la práctica de cada lugar.
Estas cinco hipótesis, leídas a la luz del marco conceptual de la sección 2, dejan de ser observaciones sueltas y se ordenan en una misma estructura. La asimetría entre costos concentrados y beneficios difusos (Wilson) explica por qué las reformas de fondo encuentran resistencia organizada. La evitación del reproche (Weaver) explica por qué esa resistencia suele bastar para diluir o posponer la reforma, incluso sin que nadie la declare oficialmente abandonada. El ciclo de atención pública (Downs) explica por qué la ventana de oportunidad para sostenerla políticamente es más corta que el tiempo que la reforma necesita para madurar. Y la tensión entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad (Weber) explica por qué quien encarna el diagnóstico técnico original experimenta ese proceso como un desgaste personal, y no únicamente como una negociación técnica más.
Si hay un factor que reaparece, con matices, en casi todos los casos revisados —tanto en las hipótesis como en las ocho trayectorias internacionales y los cinco casos argentinos— es que la variable que más distingue una síntesis duradera de una ruptura recurrente no es el origen de quien ocupa el cargo (académico o político, técnico o no técnico, como muestra el contraste entre los casos de Alemania y Portugal por un lado y el caso estadounidense reciente por el otro), sino el grado en que la función que se busca preservar —una agencia técnica, un enfoque intersectorial, una reforma, un servicio de salud con recorrido institucional propio como el vasco— cuenta con protección institucional capaz de sobrevivir al recambio de gestión y a la coyuntura fiscal o electoral del momento. Es, en los términos de Majone, la diferencia entre confiar la síntesis a la biografía de una persona o confiarla al diseño de una institución.
Volver a las cosas concretas
A la luz de lo estudiado, la convergencia entre política y gestión académica exige desplazar la discusión desde las identidades personales hacia las tareas sustantivas. Los dirigentes políticos deben volver a las políticas: construir horizontes de largo plazo, aun cuando no lleguen a ver el resultado final, y sostener inversiones en redes de atención, digitalización, recursos humanos, modernización tecnológica y prevención.
Volver al método técnico
Los equipos técnicos, por su parte, deben volver a sus normas y a su oficio: buscar evidencia, ofrecer alternativas viables, explicitar costos y beneficios, y construir tableros de indicadores que permitan orientar decisiones, monitorear avances y corregir desvíos.
Reconocer los límites de cada rol
También conviene recordar un principio de prudencia organizacional: en todo ascenso institucional, una persona puede avanzar hasta el punto en que sus competencias dejan de alcanzar y comienza a trastabillar. Por eso, la síntesis entre política y técnica no debería descansar solo en biografías individuales, sino en reglas, equipos e instituciones capaces de sostener lo que ningún actor aislado puede garantizar por sí mismo.
9. Conclusión
Este documento no concluye que la gestión académica sea preferible a la política, ni a la inversa, ni que exista una fórmula única para sinergizarlas. Tampoco concluye que la distancia entre ambas lógicas sea un problema por resolver de una vez, en el sentido de una falla que pueda corregirse con la persona, el diseño institucional o la voluntad política correctos. La lectura que propone, más bien, es que se trata de una tensión estructural entre dos éticas legítimas —la de quien debe tener razón y la de quien debe gobernar aun sin tenerla del todo— que probablemente no se resuelve, sino que se administra mejor o peor según el contexto institucional de cada caso.
La evidencia revisada —marcos teóricos de la ciencia política y la administración pública, estudios de evaluación de políticas de Salud en Todas las Políticas, y las trayectorias documentadas de trece funcionarios y procesos en ocho países y cinco jurisdicciones argentinas, de signos políticos diversos— converge, sin embargo, en una observación con implicancia práctica: en casi todos los casos donde la síntesis entre técnica y política se sostuvo en el tiempo, esa continuidad no dependió de que la persona a cargo lograra, por virtud personal, equilibrar ambas lógicas, sino de que la función crítica —evaluación, vigilancia epidemiológica, planificación de recursos— estuviera resguardada en una institución con reglas y continuidad propias, menos expuesta que un cargo político unipersonal a cada ciclo electoral, cada crisis mediática y cada cambio de gabinete. Esto no es una respuesta a la pregunta «por qué no se unen», que este documento no pretende cerrar, pero sí es la variable que la evidencia disponible señala con mayor insistencia como punto de apoyo para pensar el diseño institucional futuro, más allá de qué signo político o qué perfil profesional ocupe cada cargo en cada momento.
10. Referencias
Weber, M. (1919). La política como vocación (Politik als Beruf). Conferencia pronunciada en la Universidad de Múnich.
Ortún Rubio, V. y Meneu de Guillerna, R. (2006). Impacto de la economía en la política y gestión sanitaria. Revista Española de Salud Pública, 80(5), 491-504.
Ortún Rubio, V. y Meneu de Guillerna, R. (2022). Impacto de la Economía en la Política y Gestión Sanitaria [actualización]. Blog de la Asociación de Economía de la Salud (AES), 1 de junio de 2022.
Ortún-Rubio, V. y Urbanos-Garrido, R. (2026). Equidad en el Sistema Nacional de Salud: ayer, hoy, mañana. Health Policy Papers Collection 2026-7, CRES-UPF.
Kingdon, J. W. (1984). Agendas, Alternatives, and Public Policies. Boston: Little, Brown.
Daniels, N. y Sabin, J. E. (1997). Limits to Health Care: Fair Procedures, Democratic Deliberation, and the Legitimacy Problem for Insurers. Philosophy and Public Affairs, 26(4).
Ministerio de Salud de la Nación Argentina. Decreto 344/2023 y Resolución 2092/2023 — creación y funcionamiento de la Comisión Nacional de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Excelencia Clínica (CONETEC).
Wilson, J. Q. (1980). The Politics of Regulation. Nueva York: Basic Books.
Weaver, R. K. (1986). The Politics of Blame Avoidance. Journal of Public Policy, 6(4).
Downs, A. (1972). Up and Down with Ecology: The Issue-Attention Cycle. The Public Interest, 28.
Majone, G. (1996). Regulating Europe. Londres: Routledge.
Lawless, A. et al. (2018). Developing a Framework for a Program Theory-Based Approach to Evaluating Policy Processes and Outcomes: Health in All Policies in South Australia. International Journal of Health Policy and Management.
Peña, S. (2018). Evaluating Health in All Policies. Comment on the framework for evaluating HiAP in South Australia. International Journal of Health Policy and Management.
Reich, M. R., Yip, W., Campos, P. A., Kalita, A. y Guyer, A. L. (2024). Health Reform Manual: Eight Practical Steps. Ginebra: Alliance for Health Policy and Systems Research, Organización Mundial de la Salud.
Roberts, M. J., Hsiao, W., Berman, P. y Reich, M. R. (2004). Getting Health Reform Right: A Guide to Improving Performance and Equity. Nueva York: Oxford University Press.
Medici, A. (2026). Reformar la Salud: Entre la Tecnocracia y el Poder. Monitor de Saude Blog, 8 de mayo de 2026.
Travaline, J. M. (2019). The Moral Dangers of Technocratic Medicine. The Linacre Quarterly, 86(2-3), 231-238.
Muller, J. Z. (2018). The Tyranny of Metrics. Princeton: Princeton University Press.
Davis-Floyd, R. (2001). The Technocratic, Humanistic, and Holistic Paradigms of Childbirth. International Journal of Gynecology & Obstetrics, 75, S5-S23.
Revisión de alcance sobre Salud en Todas las Políticas e intersectorialidad en América Latina y el Caribe, 2011-2021 (ResearchGate).
Organización Panamericana de la Salud. Acción Intersectorial / Salud en Todas las Políticas — documentación oficial y planes de acción regionales.
Lawless, A. et al. (2018). To what extent can the activities of the South Australian Health in All Policies initiative be linked to population health outcomes using a program theory-based evaluation? BMC Public Health.
Rosenau, P. V. y Lako, C. J. (2008). An Experiment with Regulated Competition and Individual Mandates for Universal Health Care: The New Dutch Health Insurance System. Journal of Health Politics, Policy and Law.
Commonwealth Fund (2008). Universal Mandatory Health Insurance in The Netherlands: A Model for the United States?
Busse, R. (2001). Risk Structure Compensation in Germany’s Statutory Health Insurance. European Journal of Public Health, 11(2).
The Lancet (2017). Statutory Health Insurance in Germany: A Health System Shaped by 135 Years of Solidarity, Self-Governance, and Competition.
Commonwealth Fund (2026). International Health Care System Profiles: Switzerland.
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos / Organización Mundial de la Salud. Health at a Glance (2017), sobre acceso y costos en Suiza.
Caisse Nationale de l’Assurance Maladie / Ministère du Travail et des Solidarités (Francia). Documentación oficial sobre la Protection Universelle Maladie (PUMa), 2016.
Fuentes periodísticas y oficiales sobre los casos internacionales y argentinos mencionados: swissinfo.ch, DW, P4H Network, Washington Post, KFF Health News, Le Généraliste, Deutsche Welle, Infobae, NBC News, Gaceta Médica, ConSalud, New Medical Economics, Wikipedia (ediciones en español, portugués, catalán e inglés), sitios oficiales de los ministerios de Salud de la Nación, la Ciudad de Buenos Aires, la Provincia de Buenos Aires, la Provincia del Chubut, la Provincia de La Pampa, el Gobierno Vasco (Euskadi.eus) y la Generalitat de Catalunya, y HHS.gov.
Este documento fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como herramienta de redacción y edición, bajo la supervisión científica del Dr. Carlos Alberto Díaz.
La dificultad de aunarlas y la búsqueda de puntos de encuentro
Dr. Carlos Alberto Díaz
Este artículo es parte de una serie de tres trabajos que publicará el blog internalizándose en la controversia que los teóricos del sanitarismo, que se protegen en el claustro, se alejan del campo de la política, de las tensiones, de las dificultades, de la incomprensión, de los políticos que buscan votos en la distribución de la riqueza, el salario, el empleo formal, la educación, las obras, la estabilidad monetaria, no en un plan de salud que requiera una década para ver sus resultados, o en cortas cintas de obras, que luego no hay financiamiento, ni trabajadores de salud suficiente. La tecnocracia y la política comparten culpas. Los políticos denostan la teoría. tratan de pasar desapercibidos, no hacer ruido, y los tecnocratas les gusta el discurso, en decir como se pueden hacer las cosas sin nunca haberlas hecho.
1. Introducción
La gestión sanitaria contemporánea convive con dos lógicas que rara vez hablan el mismo idioma. Una, la tecnocrática, busca la mejor solución posible dado un objetivo —equidad, eficiencia, calidad, seguridad del paciente— y confía en que la evidencia, correctamente aplicada, debería primar sobre la preferencia coyuntural. La otra, la política, busca la solución que pueda sostenerse en el tiempo dado un mapa de actores con intereses, recursos y poder de veto desigual. No son enemigas por definición: son racionalidades distintas, con relojes distintos, que compiten por el mismo territorio de decisión.
Este documento no toma partido ni sugiere que una lógica deba subordinarse a la otra. Su propósito es más modesto y, se espera, más útil: describir por qué la tensión entre ambas es estructural y no circunstancial, y proponer puntos de encuentro que ya han demostrado funcionar en distintos sistemas de salud, incluido el argentino.
2. Por qué la tensión es estructural
2.1 Dos racionalidades, dos relojes
Max Weber distinguió tempranamente la racionalidad con arreglo a fines —propia de la administración burocrática, que optimiza medios para alcanzar un objetivo dado— de la racionalidad con arreglo a valores y de la legitimación democrática, que no se pregunta solo «qué funciona» sino «quién decide y con qué autoridad». La primera tiende al largo plazo técnico; la segunda, al corto plazo del ciclo electoral, la paritaria salarial o la crisis mediática del día.
James Q. Wilson, al estudiar las burocracias públicas, mostró que los incentivos de un funcionario técnico (evitar el error demostrable, proteger su reputación profesional) y los de un dirigente político (evitar el costo visible, capitalizar el logro atribuible) empujan en direcciones distintas incluso cuando comparten el mismo objetivo declarado. John Kingdon, con su modelo de «ventanas de oportunidad» (multiple streams), agrega que una reforma técnicamente madura solo se traduce en política pública si coincide en el tiempo con una ventana política abierta —y esa coincidencia es la excepción, no la regla.
R. Kent Weaver aporta una pieza complementaria: buena parte de la conducta política en salud se explica menos por la búsqueda de crédito (credit claiming) que por la evasión de responsabilidad (blame avoidance). Un gestor técnico diseña para optimizar resultados; un dirigente político, con frecuencia, diseña para minimizar la exposición ante un fracaso visible. Anthony Downs y Giandomenico Majone completan el cuadro: Downs señala que la información política circula de modo asimétrico y sesgado hacia lo que refuerza posiciones ya tomadas; Majone distingue la racionalidad instrumental de la política (adecuación de medios a fines) de su racionalidad argumentativa (la necesidad de persuadir, no solo de acertar).
2.2 El vacío de un sistema técnico de decisión
El campo sanitario agrega una dificultad específica que otros sectores de política pública no enfrentan del mismo modo: carece, en la mayoría de los países, de un sistema técnico de decisión plenamente legitimado ex ante. El Banco Central tiene metas de inflación; la política monetaria tiene, al menos formalmente, un ancla técnica que reduce el margen de disputa cotidiana. La salud, en cambio, decide con frecuencia caso por caso, sin una instancia equivalente.
Norman Daniels y James Sabin propusieron, frente a este vacío, el marco de «rendición de cuentas por razonabilidad» (accountability for reasonableness): no exige que la decisión sea técnicamente óptima ni que agrade a todos, sino que el proceso sea público, use razones que cualquier parte razonable podría aceptar como relevantes, y esté sujeto a revisión. En Argentina, la creación de la Comisión Nacional de Evaluación de Tecnologías de Salud (CONETEC) es un intento —parcial y todavía en construcción— de instalar ese sistema técnico de decisión que Daniels y Sabin reclaman como condición de legitimidad.
Ignacio Sánchez-Cuenca describe, en un registro más amplio, la incapacidad operativa del Estado como «la enfermedad más visible de la democracia»: no es que falte voluntad política de reforma, sino que el aparato estatal carece con frecuencia de la capacidad técnica instalada para ejecutarla. Rosa Urbanos-Garrido retoma este diagnóstico aplicado a la equidad en los sistemas nacionales de salud: la brecha entre el objetivo declarado (universalidad, equidad) y el resultado observado se explica en buena medida por esa carencia de capacidad, más que por un conflicto de valores entre lo técnico y lo político.
3. Puntos de encuentro que funcionan en la práctica
Ninguno de los siguientes mecanismos elimina la tensión entre las dos lógicas. Todos comparten una misma estrategia: en lugar de pedirle a una racionalidad que se convierta en la otra, crean un espacio institucional donde ambas pueden operar sin negarse mutuamente.
3.1 Rendición de cuentas por razonabilidad, no solo por resultado
El marco de Daniels y Sabin es, en sí mismo, un punto de encuentro operativo: no le exige al político que acepte el criterio técnico como mandato, sino que el proceso de decisión sea transparente, argumentado y revisable. Esto da al dirigente político legitimidad procedimental —puede mostrar que decidió con criterios explícitos, no de manera arbitraria— y al técnico un lugar institucional estable: su evidencia entra formalmente al expediente de decisión, aun cuando no siempre resulte determinante.
3.2 Separar la evidencia de la decisión de valor
Vicente Ortún, retomando los argumentos de Atul Gawande y Michael Porter, insiste en una distinción que simplifica buena parte del conflicto: la tecnocracia puede y debe reducir la incertidumbre sobre qué intervención funciona mejor; pero cuánta salud estamos dispuestos a financiar, y a quién priorizar cuando los recursos no alcanzan, es una decisión de valores que corresponde a la esfera política. Cuando el gestor técnico pretende decidir también esa segunda pregunta bajo la apariencia de la primera, la política lo percibe —con razón— como una invasión de su terreno. Hacer explícita la frontera entre ambas preguntas convierte al técnico en aliado antes que en rival.
3.3 Horizontes de tiempo compartidos artificialmente
Una reforma técnica bien diseñada rara vez coincide con el calendario político. La solución práctica no es acelerar lo técnico ni ralentizar lo político, sino comprometer indicadores de mediano-largo plazo (4 a 8 años) con puntos de control anuales que permitan al dirigente político mostrar avances visibles —cifras, hitos, inauguraciones— dentro de una trayectoria técnica sostenida. Es el mismo mecanismo, a escala macro, que funciona cuando un jefe de servicio se convierte en gerente: un cuadro de mando con metas intermedias que hace tangible el largo plazo.
3.4 «Educar el olfato» antes que imponer el dato
Ortún y Ricard Meneu proponen una meta más modesta y más realista que la de «tecnificar» al dirigente político: no se trata de que se convierta en epidemiólogo o economista de la salud, sino de que desarrolle criterio —olfato— para distinguir cuándo un argumento técnico es sólido y cuándo es una racionalización interesada de un interés sectorial. Ese criterio se construye con formación conjunta sostenida en el tiempo, exposición reiterada a los mismos marcos analíticos y confianza acumulada entre las partes; no se instala con un informe puntual, por bien fundamentado que esté.
3.5 Agencias con independencia parcial
El modelo del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) británico, y su versión incipiente en la CONETEC argentina, no elimina la política: la desplaza a un nivel distinto. La política decide crear la agencia, definir su mandato y sostenerla presupuestariamente; delega en ella la aplicación técnica caso por caso; y conserva la última palabra en decisiones excepcionales o de alto impacto público. Es un punto intermedio deliberado entre la tecnocracia pura —que carece de legitimidad democrática directa— y la captura política total de cada decisión sanitaria.
3.6 Nombrar el vacío de sistema, no la mala fe del decisor
Buena parte del enfrentamiento cotidiano entre gestores técnicos y dirigentes políticos no es, en rigor, un choque de racionalidades sino la ausencia de cualquier sistema de decisión legitimado que el nivel político termina llenando de manera ad hoc, caso por caso. Nombrar ese vacío institucional —siguiendo a Sánchez-Cuenca y Urbanos-Garrido— en lugar de atribuir el desencuentro a la mala fe o la ignorancia del decisor de turno, es un argumento que ambas partes pueden aceptar sin sentirse acusadas, y que abre la puerta a construir juntas la instancia que falta.
Idea central El objetivo no es que la política se vuelva técnica ni que la técnica se vuelva política, sino construir instancias institucionales —agencias, marcos procedimentales, cuadros de mando compartidos— donde ambas racionalidades puedan operar sin negarse mutuamente.
4. Riesgos de ambos extremos
Conviene señalar que ninguno de los dos extremos es deseable. La tecnocracia sanitaria sin control político democrático corre el riesgo —señalado por autores como Travaline— de convertirse en una forma de gobierno de expertos no electos que decide sobre recursos colectivos sin rendir cuentas ante la ciudadanía. La política sanitaria sin ningún anclaje técnico, por su parte, tiende a la captura por parte de los intereses mejor organizados y a la miopía de horizonte corto, con el costo de oportunidad de decisiones sanitarias postergadas o contradictorias entre sí.
El objetivo de los puntos de encuentro descriptos no es entonces «resolver» la tensión —cosa que ningún sistema de salud ha logrado de manera definitiva— sino gestionarla de forma explícita, con reglas claras sobre qué corresponde a cada racionalidad y con instancias institucionales que sostengan esa distinción en el tiempo, más allá del gestor o el dirigente de turno.
5. Conclusión
La dificultad para aunar la lógica tecnocrática y la lógica política en la gestión sanitaria no se origina en la falta de voluntad de una de las partes, sino en la naturaleza misma de ambas racionalidades: una optimiza medios dado un fin: la otra gestiona la viabilidad de ese fin entre actores con intereses desiguales. Los puntos de encuentro reseñados —rendición de cuentas por razonabilidad, separación entre evidencia y valor, horizontes de tiempo compartidos, formación conjunta sostenida, agencias con independencia parcial y el reconocimiento explícito del vacío de sistema— no eliminan la tensión, pero la convierten en algo gestionable, previsible y menos personalista. Esa es, probablemente, la única forma realista en que la técnica y la política pueden convivir en la gestión de un sistema de salud.
Bibliografía
Daniels N, Sabin JE. Setting Limits Fairly: Learning to Share Resources for Health. Oxford University Press, 2008.
Downs A. Inside Bureaucracy. Little, Brown and Company, 1967.
Kingdon JW. Agendas, Alternatives, and Public Policies. Longman, 2nd ed., 1995.
Majone G. Evidence, Argument, and Persuasion in the Policy Process. Yale University Press, 1989.
Ortún V, Meneu R. «Educar el olfato»: elementos para una política sanitaria basada en la evidencia. Gestión Clínica y Sanitaria, 2006 (con revisión 2022).
Sánchez-Cuenca I. La desfachatez intelectual / La incapacidad operativa del Estado como enfermedad de la democracia. Ediciones varias.
Urbanos-Garrido R. Equidad en el Sistema Nacional de Salud. 2026.
Weaver RK. The Politics of Blame Avoidance. Journal of Public Policy, 1986.
Weber M. Economía y Sociedad. Fondo de Cultura Económica, ed. 1922/1964.
Wilson JQ. Bureaucracy: What Government Agencies Do and Why They Do It. Basic Books, 1989.
World Health Organization. Health Reform Manual: Eight Practical Steps. 2024.
Este documento fue redactado con la asistencia editorial de Claude AI (Anthropic) bajo supervisión científica del Dr. Carlos Alberto Díaz.
Cada vez que un gestor técnico afirma que “la política no escucha a la evidencia”, y cada vez que un dirigente político sostiene que “los técnicos viven en una torre de marfil”, ambos dicen una parte de la verdad. También, sin advertirlo, le piden al otro que deje de ser lo que es.
La lógica tecnocrática busca la mejor solución para un objetivo definido; la lógica política busca una solución capaz de sostenerse entre actores con intereses desiguales. No responden a la misma racionalidad ni van a hacerlo. Sin embargo, necesitan complementarse para que las decisiones sean técnicamente sólidas y políticamente viables.
Esto no es un defecto argentino ni una anomalía de la salud pública: es una tensión estructural. James Q. Wilson lo mostró hace décadas al analizar las burocracias públicas, y John Kingdon agregó una clave decisiva: una reforma técnicamente madura solo se convierte en política pública cuando coincide con una ventana de oportunidad política. Esa coincidencia, más que la regla, suele ser la excepción.
El vacío que termina ocupando la política
La salud, a diferencia de la política monetaria, casi nunca cuenta con un sistema técnico de decisión legitimado de antemano. No existe un equivalente sanitario de la meta de inflación del Banco Central. Ese vacío lo ocupa la política, caso por caso, y allí aparece buena parte de la fricción.
Ignacio Sánchez-Cuenca denomina a este problema “incapacidad operativa del Estado”. Rosa Urbanos-Garrido, por su parte, muestra que esa carencia —más que un simple choque de valores— ayuda a explicar muchas de las brechas de equidad en los sistemas de salud.
Cuatro formas de convivir sin fusionarse
Separar la pregunta técnica de la pregunta de valor: determinar qué funciona mejor es una cuestión técnica; decidir a quién priorizar cuando el recurso no alcanza es una decisión política legítima. Confundir ambas dimensiones es una de las principales fuentes de desconfianza.Rendir cuentas por la razonabilidad del proceso, no solo por el resultado: el marco de Daniels y Sabin no exige que la política adopte sin más el criterio técnico; exige que el proceso de decisión sea transparente, justificable y revisable. Eso puede dar legitimidad a ambas partes.Combinar horizontes largos con hitos cortos: una reforma seria puede tomar entre cuatro y ocho años, mientras que un dirigente político necesita mostrar avances en el corto plazo. Un cuadro de mando con metas intermedias ayuda a reconciliar esos relojes distintos.Delegar en agencias con independencia parcial: el modelo del NICE británico, y su versión incipiente en la CONETEC argentina, no desplaza la decisión política. La devuelve mejor encuadrada, con un paso técnico intermedio institucionalizado. La idea central No se trata de pedirle a la política que se vuelva técnica, ni a la técnica que se vuelva política. Se trata de construir espacios institucionales donde ambas puedan operar sin negarse: agencias, cuadros de mando y procesos transparentes de decisión.
El día que dejemos de esperar que el otro se convierta en nosotros, quizá empecemos a construir los puentes que la gestión sanitaria necesita.
2.1. La ética de la convicción y la ética de la responsabilidad
La formulación clásica de esta tensión es la del sociólogo alemán Max Weber, en su conferencia de 1919 «La política como vocación». Weber distingue dos éticas irreductibles entre sí. La ética de la convicción (Gesinnungsethik) es la del intelectual, el científico o el activista: actúa según principios y no se responsabiliza por las consecuencias imprevistas de su acción, porque su fidelidad es al principio mismo. La ética de la responsabilidad (Verantwortungsethik) es la que Weber exige de quien gobierna: debe sopesar las consecuencias previsibles de sus actos, incluidas las indeseadas, y aceptar el compromiso como parte legítima —no como traición— del oficio de gobernar. Weber describe la política como «una lenta y fuerte perforación de tableros duros», que exige a la vez pasión, sentido de la responsabilidad y mesura (Augenmaß) — una combinación que rara vez coincide con la formación de quien fue entrenado para producir el mejor argumento posible, no para administrar su implementación parcial.
Bajo este marco, buena parte de lo que se percibe como «traición» del académico que llega al gobierno —diluir su propia reforma, negociar con quien antes cuestionaba— no es necesariamente claudicación: puede ser, precisamente, el tránsito obligado de una ética a la otra que el cargo político exige. La dificultad, señalada por el propio Weber, es que ese tránsito tiene un costo personal e intelectual real, y no todos están dispuestos —ni preparados— a pagarlo.
2.2. La estructura de costos y beneficios de la reforma sanitaria
El politólogo James Q. Wilson propuso una tipología influyente para explicar por qué ciertas políticas son políticamente viables y otras no, según cómo se distribuyen sus costos y beneficios entre grupos concentrados (pequeños, identificables, organizados) y grupos difusos (amplios, dispersos, sin capacidad de acción colectiva). De esa combinación surgen cuatro escenarios distintos. En la política mayoritaria, costos y beneficios son ambos difusos —nadie se moviliza especialmente, ni a favor ni en contra—, como ocurre con buena parte de la política macroeconómica general. En la política de grupos de interés, costos y beneficios están ambos concentrados en actores organizados que se enfrentan entre sí —por ejemplo, la puja entre financiadores y prestadores por el valor de un arancel—. En la política de clientela, un beneficio concentrado en un grupo pequeño se financia con un costo difuso repartido entre toda la sociedad —un beneficio sectorial específico que nadie individualmente tiene incentivo a resistir—. Y en la política emprendedora, el patrón se invierte: los costos están concentrados en un grupo pequeño y organizado, mientras los beneficios se reparten de manera difusa entre una población amplia y desorganizada.
La mayoría de las reformas sanitarias estructurales —el cierre o la reconversión de servicios, la reasignación de camas, la revisión de aranceles, la integración de sistemas fragmentados— encajan precisamente en esta última categoría, la más desfavorable desde el punto de vista de la viabilidad política: quienes cargan con el costo (hospitales, especialidades médicas, sindicatos del sector, aseguradoras) tienen mucho más incentivo y capacidad para movilizarse en contra que los beneficiarios difusos —pacientes futuros, contribuyentes— para movilizarse a favor, aun cuando el diagnóstico técnico que sustenta la reforma sea sólido y compartido. Wilson observó que este tipo de política solo avanza cuando aparece un «emprendedor de políticas» dispuesto a asumir el costo político de representar a la mayoría difusa frente a la minoría organizada.
El politólogo John Kingdon completó este cuadro explicando cuándo, y no solo por qué, una reforma de este tipo logra finalmente aprobarse. Kingdon describe tres corrientes que fluyen de manera relativamente independiente: la corriente de los problemas (qué se percibe como un problema que exige atención), la corriente de las políticas (el repertorio de soluciones técnicas ya disponibles, elaboradas de antemano por especialistas), y la corriente política (el clima de opinión, el humor del electorado, los cambios de gobierno). Una reforma técnicamente lista solo se concreta cuando las tres corrientes convergen en una «ventana de oportunidad» —habitualmente breve— abierta por una crisis, un cambio de gestión o un evento mediático. Fuera de esa ventana, la propuesta técnica más sólida permanece archivada, a la espera de una coyuntura política que no depende de su calidad técnica sino de que las tres corrientes coincidan.
2.3. Evitar el reproche antes que buscar el mérito
El politólogo R. Kent Weaver observó que los funcionarios electos suelen estar motivados, en mayor medida de lo que se supone, por evitar el reproche (blame avoidance) antes que por maximizar el reconocimiento de sus logros — porque la evidencia sugiere que el electorado castiga los fracasos visibles con más intensidad de la que premia los éxitos silenciosos. Esto es coherente con la asimetría electoral de la salud discutida en la hipótesis 3.3: si el costo político de un fracaso sanitario supera holgadamente el beneficio político de un éxito, la conducta racional de cualquier gobierno —independientemente de su signo— es minimizar la exposición al primero antes que maximizar la probabilidad del segundo, lo cual empuja hacia el gradualismo y la dilución de reformas de fondo.
2.4. La atención pública tiene un ciclo, no una constante
El economista Anthony Downs describió, ya en los años setenta, un «ciclo de atención a los problemas» (issue-attention cycle): la atención pública sobre un problema social sube abruptamente ante un evento disparador, se mantiene mientras dura el entusiasmo por resolverlo, y luego decae —mucho antes de que el problema esté efectivamente resuelto— a medida que su complejidad y el costo de abordarlo se hacen evidentes. Este patrón es coherente con la hipótesis 3.2: la salud no está ausente de la agenda social de manera constante, sino que la ocupa en picos ligados a eventos puntuales (un brote, un escándalo, una crisis de desabastecimiento), y pierde prioridad en los períodos —más largos— en que el sistema funciona sin sobresaltos, que son también los períodos en que se toman o se posponen las decisiones estructurales.
2.5. Instituciones no mayoritarias: la salida institucional al problema
Frente a estas cuatro tensiones, el politólogo Giandomenico Majone propuso una salida institucional, no personal: delegar ciertas decisiones técnicas en agencias «no mayoritarias» —organismos con mandato legal propio, independencia formal del ciclo electoral y criterios de designación técnicos— precisamente para blindarlas de la lógica de corto plazo, el ciclo de atención mediática y la presión de grupos concentrados. Agencias de evaluación de tecnología sanitaria como el NICE británico o la HAS francesa, o estructuras de servicios de salud con largo recorrido institucional propio como el sistema vasco de Osakidetza —transferido a la administración autonómica desde 1979 y sostenido a través de sucesivos gobiernos—, son ejemplos de esta lógica: no eliminan la tensión entre política y técnica, pero la desplazan desde la biografía de una persona hacia el diseño de una institución, que es, según la evidencia revisada en la sección 3.5 sobre Salud en Todas las Políticas, la variable que con más frecuencia diferencia una síntesis duradera de una que se disuelve con cada cambio de gobierno.
Estos cinco marcos —convicción y responsabilidad, distribución de costos y beneficios, evitación del reproche, ciclo de atención, e instituciones no mayoritarias— no son mutuamente excluyentes: se refuerzan entre sí y, tomados en conjunto, ofrecen una explicación estructural, no anecdótica, de por qué la distancia entre ambas lógicas reaparece en contextos institucionales y políticos tan distintos como los que se revisan en las secciones siguientes.
2.6. La carencia de un sistema técnico de toma de decisiones
A los cinco mecanismos anteriores conviene sumar uno adicional, de naturaleza más práctica que teórica: en la mayoría de los sistemas de salud, y en particular en América Latina, no existe un sistema técnico de toma de decisiones plenamente institucionalizado que reciba el diagnóstico académico y lo traduzca en decisiones vinculantes de manera predecible. La distancia entre política y técnica no solo se explica por incentivos electorales o por la asimetría de costos y beneficios: también se explica por la ausencia, en los hechos, de un engranaje formal donde la evidencia entre y la decisión salga por un procedimiento conocido de antemano.
La propuesta normativa más influyente para diseñar ese engranaje es la de los filósofos Norman Daniels y James Sabin, conocida como «rendición de cuentas por lo razonable» (accountability for reasonableness). El marco exige que toda decisión de priorización en salud cumpla cuatro condiciones para considerarse legítima: que sus fundamentos sean relevantes y aceptables para observadores razonables (relevancia), que la decisión y sus razones sean públicas (publicidad), que exista un mecanismo de apelación y revisión ante nueva evidencia (revisión), y que haya alguna forma de regulación, voluntaria o pública, que garantice el cumplimiento efectivo de las tres condiciones anteriores (cumplimiento). Agencias como el NICE británico satisfacen razonablemente estas cuatro condiciones de manera sistemática; la mayoría de los sistemas de salud de la región no cuentan con un equivalente pleno.
La Argentina ofrece un ejemplo instructivo de esta carencia, no por ausencia total sino por alcance parcial. Desde 2023 funciona la Comisión Nacional de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Excelencia Clínica (CONETEC), un organismo desconcentrado del Ministerio de Salud de la Nación cuyas recomendaciones técnicas son vinculantes —pero únicamente para el propio Ministerio y sus organismos descentralizados y desconcentrados—. Para las obras sociales provinciales, los seguros privados y, sobre todo, para el sistema judicial —que interviene de manera creciente en disputas de cobertura a través de amparos—, las recomendaciones de la CONETEC operan apenas como referencia voluntaria, no como regla vinculante. El resultado es que buena parte de las decisiones de cobertura de mayor impacto individual en la Argentina no se resuelven mediante un procedimiento técnico único y predecible, sino caso por caso, con jueces sin formación específica en evaluación de tecnología sanitaria supliendo, de hecho, la función que un sistema técnico de toma de decisiones debería cumplir de manera sistemática.
Esta carencia agrava, en lugar de sustituir, los cinco mecanismos anteriores: si no existe un procedimiento técnico predecible al cual un ministro pueda remitir una decisión difícil, cada conflicto de asignación de recursos vuelve a plantearse como una negociación política ad hoc, sin el resguardo procedimental que —según Daniels y Sabin— es lo que legitima una decisión de racionamiento incluso ante quienes resultan perjudicados por ella. En los términos de Majone (sección 2.5), un sistema técnico de toma de decisiones bien diseñado no es una institución más entre otras: es, específicamente, el mecanismo que permitiría que la síntesis entre técnica y política no dependa de que cada funcionario la reinvente personalmente en cada conflicto.
2.7. La responsabilidad también recae en la propia disciplina académica
Los seis mecanismos anteriores explican la distancia observándola, sobre todo, desde el lado de la política. El economista de la salud Vicente Ortún Rubio, catedrático emérito de la Universidad Pompeu Fabra y fundador del Centro de Investigación en Economía y Salud (CRES-UPF), junto con Ricard Meneu de Guillerna, propuso en un artículo ya clásico —»Impacto de la economía en la política y gestión sanitaria» (Revista Española de Salud Pública, 2006), retomado y actualizado por los mismos autores en 2022— un argumento complementario que mira hacia el otro lado del espejo: parte de la responsabilidad por la distancia recae en la propia economía de la salud, no solo en quienes gestionan o gobiernan.
Los autores sostienen que el conocimiento de economía que necesita un político, un gestor sanitario o un clínico es, en rigor, limitado; el aporte real de la disciplina pasa sobre todo por «educarles el olfato» —formar un criterio, una intuición entrenada para reconocer buenas y malas políticas— antes que por transmitir técnicas sofisticadas que rara vez se aplican tal cual en la práctica. Y advierten explícitamente contra una lectura cómoda de la distancia entre investigación y política:
«No sería realista, aunque sea usual, imputar las limitaciones en la traslación a la política y la gestión sanitaria meramente a políticos indocumentados, gestores de bandería o clínicos miopes. La responsabilidad última debe recaer en la economía de la salud, por no haber aprendido lo bastante sobre los mecanismos retóricos adecuados para hacer realidad sus propuestas.» — Ortún y Meneu, «Impacto de la economía en la política y gestión sanitaria», 2006/2022
Ortún y Meneu ilustran esta idea con dos casos de traducción exitosa fuera de España: el cirujano Atul Gawande publicó en 2009, en The New Yorker, un artículo sobre por qué la ciudad texana de McAllen era el lugar más caro para atenderse en Estados Unidos; el artículo llegó a ser lectura obligatoria en la Casa Blanca y motivó una reunión del presidente Obama en el Despacho Oval sobre el hallazgo central —que el costo elevado respondía a un sistema que premiaba el uso excesivo de la atención—. Michael Porter, por su parte, cruzó de la facultad de Economía a la de Negocios en Harvard y logró instalar, junto con Teisberg, el concepto de «atención sanitaria basada en el valor», hoy de uso corriente entre gestores de todo el mundo. En ambos casos, según los autores, el impacto no vino de un artículo académico más riguroso, sino de abandonar parte del academicismo para volverse persuasivo.
Los autores cierran con una imagen que complementa, sin sustituir, el argumento institucional de Majone (sección 2.5): tomada de Esther Duflo, distinguen entre la «arquitectura» —el buen diseño institucional— y la «fontanería» —el trabajo, menos noble pero igual de indispensable, de desatascar en la práctica los mecanismos que la corrupción o la inercia burocrática obstruyen—. Una institución bien diseñada en el papel no sostiene por sí sola la síntesis entre técnica y política si nadie se ocupa, además, de que sus mecanismos de coordinación e incentivos funcionen en la realidad de cada lugar.
Un trabajo posterior del propio Ortún, junto con Rosa Urbanos-Garrido —«Equidad en el Sistema Nacional de Salud: ayer, hoy, mañana» (CRES-UPF, Health Policy Papers Collection 2026-7)— retoma esta misma preocupación institucional desde otro ángulo, citando al politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca sobre la incapacidad operativa del Estado como «la enfermedad más visible de la democracia»: los grandes proyectos de reforma —reindustrializar la economía, la transición ecológica, redefinir el Estado de bienestar— tienden a toparse con parlamentos fragmentados, intereses organizados amenazados, inercias administrativas y restricciones presupuestarias, y terminan materializándose en «versiones descafeinadas, aplazadas o recortadas» respecto del planteamiento técnico inicial. Ortún y Urbanos cierran su trabajo con una conclusión que podría servir de síntesis a todo este documento: ninguna mejora en materia de equidad, productividad o cohesión social «será posible sin instituciones capaces de transformar recursos en resultados».
La administración oportuna de la terapia sistémica contra el cáncer (TSC) es esencial para obtener resultados oncológicos óptimos (1). La evaluación previa al tratamiento desempeña un papel fundamental para garantizar la idoneidad del paciente para la terapia; sin embargo, las ineficiencias en el flujo de trabajo, los retrasos y las inconsistencias en la programación dentro de los servicios oncológicos de alto volumen del NHS pueden afectar negativamente la atención (2,3). Esta evaluación examinó el proceso de evaluación de la TSC dentro de un centro oncológico del NHS para identificar deficiencias operativas y evaluar el impacto de mejoras específicas en el servicio.
Métodos
Se realizó una evaluación del servicio de dos ciclos, antes y después, en la Sala 202 entre agosto de 2024 y enero de 2025. Se recopilaron datos semanales sobre el volumen de pruebas de detección, su duración, las demoras o cancelaciones, las prescripciones de apoyo y el asesoramiento clínico brindado al personal de enfermería. Las intervenciones implementadas entre ciclos incluyeron la introducción de un proceso estructurado de detección anticipada de dos días, la prescripción temprana de apoyo y la separación de los casos de hematología/inmunología de los casos de oncología de tumores sólidos (4). Se compararon descriptivamente las métricas clave entre los ciclos.
Resultados
El ciclo 1 incluyó 1026 pacientes evaluados con 39 retrasos (3,8%), mientras que el ciclo 2 incluyó 1773 pacientes evaluados con 62 retrasos (3,5%). La proporción de pacientes oncológicos aumentó del 71% al 73%. La duración media de la evaluación aumentó mínimamente (2,22–2,30 min), mientras que el asesoramiento proporcionado a las enfermeras disminuyó del 8% al 6%. Las causas más frecuentes de retraso fueron el ingreso hospitalario y la finalización de los tratamientos.
Palabras clave
Terapia sistémica contra el cáncer (TSCC)
Servicios de oncología
Evaluación del servicio
retrasos en el tratamiento
Introducción
La terapia sistémica contra el cáncer (TSC) es un pilar fundamental del tratamiento de las neoplasias malignas sólidas, cuya seguridad y puntualidad dependen de una evaluación pretratamiento precisa y consistente
1 , 3. Esta evaluación incluye valoración clínica, revisión de parámetros de laboratorio y coordinación multidisciplinaria. En las unidades oncológicas del NHS con alto volumen de pacientes, pueden producirse retrasos debido a la disponibilidad de personal, a investigaciones tardías o incompletas, o a procesos de triaje deficientes 2 ,
4 .La unidad 202 de oncología terciaria del NHS inició esta evaluación para examinar la variabilidad en la eficiencia de las pruebas de detección e identificar áreas de mejora. Utilizando las directrices nacionales reconocidas como estándares de referencia⁴
, el proyecto evaluó los flujos de trabajo de las pruebas de detección previas al tratamiento, implementó cambios operativos específicos y volvió a medir el rendimiento en un segundo ciclo de evaluación.
Métodos
Se llevó a cabo una evaluación de servicio en dos fases (antes y después) en la Sala 202, una sala de oncología de nivel terciario del NHS que administra SACT para un amplio espectro de neoplasias malignas. Este trabajo se realizó como una evaluación de servicio conforme a las directrices establecidas por NICE y los estándares de servicio locales. El propósito fue medir el impacto de las intervenciones operativas dirigidas en los procesos de cribado, la eficiencia del flujo de trabajo y la frecuencia de retrasos en el tratamiento. Para garantizar la reproducibilidad, las variables clave se definieron a priori. La duración del cribado se definió como el tiempo desde el inicio hasta la finalización de la evaluación dirigida por el médico residente por paciente. Las interrupciones de enfermería se definieron como solicitudes no programadas que requerían la intervención del médico residente durante el proceso de cribado. Los retrasos en SACT se definieron como el tratamiento planificado no administrado en la fecha prevista. No se realizaron pruebas estadísticas formales debido a la naturaleza descriptiva de la evaluación. Los resultados se presentaron utilizando estadística descriptiva, incluyendo recuentos, porcentajes y valores medios.
Evaluación
Esta evaluación del servicio se llevó a cabo en la sala 202, una unidad oncológica terciaria del NHS con un alto volumen de pacientes, responsable de administrar terapia sistémica contra el cáncer (TSC) para un amplio espectro de tumores sólidos. El objetivo era evaluar la eficiencia y la coherencia del proceso de cribado previo al tratamiento y determinar si ciertas modificaciones operativas específicas podrían mejorar la administración oportuna del tratamiento.Se empleó un diseño de antes y después durante dos ciclos distintos. El primer ciclo se llevó a cabo entre el 16 de agosto y el 11 de octubre de 2024, durante el cual seis médicos residentes de especialidad (SpR) completaron registros de evaluación diarios que revisaban a todos los pacientes programados para recibir SACT. Estos registros capturaron el número total de pacientes evaluados cada semana, la duración de la evaluación por paciente, el número y la naturaleza de los retrasos o cancelaciones del tratamiento, la distribución de los casos de oncología en comparación con los de hematología, y la frecuencia con la que se requirieron prescripciones de apoyo como suplementos de magnesio, fluidos intravenosos u otros medicamentos. Los registros también documentaron las ocasiones en que el personal de enfermería solicitó aclaraciones o asesoramiento sobre los pacientes que se presentaban para recibir tratamiento.Entre los dos ciclos, se introdujeron varias intervenciones clave para abordar las ineficiencias identificadas en la fase inicial, en consonancia con las recomendaciones nacionales sobre la prestación de servicios de quimioterapia 2 , 4. Se implementó un sistema estructurado de cribado previo de dos días, se alentó a los residentes de especialización a prescribir tratamientos de apoyo con antelación y los casos de hematología/inmunología se revisaron por separado de los pacientes de oncología de tumores sólidos. Estas intervenciones se aplicaron antes de iniciar el segundo ciclo, para reducir la complejidad y minimizar las interrupciones, que se desarrolló del 9 de diciembre de 2024 al 30 de enero de 2025.Los datos se registraron en formatos estructurados de Excel, lo que permitió una evaluación detallada de las tendencias semana a semana y la comparación del rendimiento entre ciclos. Se utilizó un análisis descriptivo para comparar las tendencias, la duración de las pruebas, la frecuencia de los retrasos y las exigencias operativas, y los resultados se interpretaron en el contexto de las normas nacionales 2 , 4 .
Resultados
A lo largo de los dos ciclos, surgieron tendencias claras en el volumen de pacientes, las demandas del flujo de trabajo y los resultados de eficiencia. Durante el primer ciclo, 1026 pacientes se sometieron a cribado, de los cuales el 71% eran casos oncológicos. En el segundo ciclo, el número de pacientes examinados aumentó sustancialmente a 1773, con casos oncológicos que representaban el 73%. Esto refleja los aumentos nacionales documentados en la demanda de quimioterapia 3 , 7 .A pesar del aumento en el número de casos, la duración de la evaluación se mantuvo muy estable. La duración media aumentó solo mínimamente de 2,22 a 2,30 minutos por paciente, manteniéndose dentro del objetivo departamental de menos de tres minutos, en consonancia con los parámetros de eficiencia publicados 6 , 7 .La proporción de retrasos o cancelaciones de SACT se mantuvo similar entre ciclos (3,8 % frente a 3,5 %). Esta estabilidad, a pesar del flujo de pacientes significativamente mayor, sugiere que las intervenciones en el flujo de trabajo tuvieron un efecto positivo, en consonancia con la evidencia de que la detección temprana y el triaje estructurado mejoran el flujo y la seguridad de la quimioterapia
6 .Las causas más comunes de retrasos —ingreso hospitalario, finalización del tratamiento, neutropenia, progresión de la enfermedad y pacientes que no debían recibir tratamiento— reflejan los patrones descritos en los informes de los servicios nacionales de quimioterapia
7. El intervalo habitual entre la evaluación y el tratamiento era de dos a tres días, aunque algunos casos requerían una revisión más exhaustiva para su aclaración clínica.Un hallazgo operativo importante fue la reducción de las solicitudes de asesoramiento de enfermería del 8 % en el ciclo 1 al 6 % en el ciclo 2. Esto coincide con la evidencia de que una mayor claridad y una toma de decisiones más temprana reducen los cuellos de botella en las unidades de quimioterapia
6. Los comentarios del personal indicaron que la disponibilidad más temprana de recetas de apoyo y decisiones de detección ayudó a mejorar el flujo de trabajo.En general, a pesar del notable aumento en el número de pacientes, el servicio demostró indicadores de eficiencia mejorados o estables, lo que refleja una adaptación exitosa al aumento de la demanda.
Discusión
Esta evaluación demostró una mayor eficiencia en la detección de SACT a pesar del aumento de la carga de trabajo y la complejidad. La estabilidad de las tasas de demora entre ciclos, a pesar de un aumento del 2 % en el volumen de pacientes, sugiere efectos positivos de la detección temprana y la optimización del flujo de trabajo, en consonancia con iniciativas previas de mejora de la calidad 5 , 6. La reducción observada en las tasas de demora fue modesta y debe interpretarse con cautela. La reducción en las solicitudes de asesoramiento de enfermería —del 8 % al 6 %— también refleja una mayor claridad y familiaridad entre el personal.Estos hallazgos coinciden con investigaciones previas que demuestran que la detección proactiva de la quimioterapia mejora el flujo de pacientes y reduce los errores de tratamiento 5 , 6. Las directrices nacionales también enfatizan la evaluación temprana, las vías estructuradas y la mitigación de riesgos como componentes esenciales para la administración segura de la quimioterapia 2 , 4 .Un logro operativo clave fue la separación de los casos de oncología de los de hematología/inmunología, lo que mejoró la coherencia del flujo de trabajo y redujo las interrupciones. La variación estacional, en particular el aumento de las demoras entre las semanas 4 y 5, coincide con los informes de referencia del NHS establecidos
4 .Un logro operativo clave fue la separación de los casos de oncología de los de hematología/inmunología, lo que mejoró la coherencia del flujo de trabajo y redujo las interrupciones. La variación estacional, en particular el aumento de las demoras entre las semanas 4 y 5, coincide con los informes de referencia del NHS establecidos
7.Un hallazgo clave fue el mantenimiento de tasas de demora estables a pesar de un aumento sustancial en la carga de trabajo de cribado, lo que sugiere una mayor resiliencia del sistema en lugar de una reducción directa de las demoras. Cuando fue posible, las mejoras operativas se vieron respaldadas por reducciones cuantitativas en las interrupciones y una duración de cribado estable.Si bien no se evaluaron formalmente los resultados clínicos, no se registraron daños a los pacientes y la retroalimentación del personal indicó una mayor fluidez en el flujo de trabajo. En ciclos futuros, se podría incorporar la retroalimentación cualitativa del personal y los pacientes para mejorar el servicio. Si bien es probable que estos hallazgos sean aplicables a unidades oncológicas del NHS con un volumen de pacientes similar, se requiere precaución al extrapolarlos a centros con características demográficas de pacientes o estructuras de servicio diferentes.
Limitaciones
Este estudio presenta varias limitaciones. Se realizó en un solo centro, lo que podría limitar su generalización a otras unidades oncológicas con flujos de trabajo y modelos de personal diferentes. El análisis fue descriptivo y no se realizaron pruebas estadísticas formales. No se evaluaron resultados clínicos como la morbilidad o la supervivencia de los pacientes. Además, no se recopiló sistemáticamente la retroalimentación formal del personal ni de los pacientes, lo que limita la evaluación cualitativa de los cambios en los flujos de trabajo.
Conclusión
Esta evaluación de dos ciclos demostró que la detección temprana estructurada, las modificaciones específicas del flujo de trabajo y la mejora de los procesos de triaje pueden aumentar la eficiencia de la administración de la quimioterapia adyuvante en un centro oncológico de alto volumen del Reino Unido. La formación continua de los médicos residentes, la planificación de la plantilla y la monitorización constante serán esenciales para mantener los logros y satisfacer la demanda futura del servicio.
Pendiente de revisión (clínica/equipo multidisciplinar)
3 (6,8%)
Retraso relacionado con el proceso
Futuro
Se recomienda un tercer ciclo de evaluación más adelante este año para valorar la sostenibilidad a largo plazo de las intervenciones y explorar la viabilidad de implementar herramientas de detección electrónica en tiempo real. Vincular los datos de retraso con los resultados clínicos también podría proporcionar información valiosa sobre el verdadero coste clínico y operativo de la ineficiencia.
Emma Aragona ,Fabrizio Bronte a, Cettina Gargano b, Massimiliano Guastella c, Linda Pasta d
Abstracto
Fondo
Los hospitales inteligentes integran cada vez más historias clínicas electrónicas, inteligencia artificial, robótica colaborativa, infraestructuras de Internet de las Cosas, gemelos digitales y sistemas avanzados de apoyo a la toma de decisiones. Sin embargo, estas tecnologías suelen implementarse como componentes especializados, lo que genera una brecha persistente entre la disponibilidad de la información digital y su uso operativo coordinado.
Métodos
Realizamos una revisión conceptual integradora de la literatura publicada entre enero de 2015 y marzo de 2026, complementada con fuentes fundamentales anteriores. La evidencia de la informática de la salud, la inteligencia artificial, la robótica, los gemelos digitales, la ingeniería de sistemas, la ciencia de los flujos de trabajo y la gobernanza de la información se sintetizó mediante análisis temático, análisis comparativo de brechas y desarrollo iterativo de marcos conceptuales.
Resultados
La revisión identificó una limitación organizativa recurrente: las tecnologías existentes representan estados clínicos, generan predicciones, monitorizan eventos o ejecutan tareas específicas, pero no proporcionan una representación autorizada y actualizada continuamente del estado operativo de la prestación de atención. Por lo tanto, definimos la Inteligencia Operativa Clínica como la capacidad organizativa para traducir las decisiones clínicas en una ejecución coordinada entre personas, tecnologías, flujos de trabajo y recursos. Para operacionalizar esta capacidad, proponemos el Registro de Operaciones Clínicas (CORe), un registro operativo autorizado que complementa la Historia Clínica Electrónica al representar prioridades, dependencias, responsabilidades, recursos, estado de ejecución y evidencia de verificación en tiempo real.
Conclusiones
Los hospitales inteligentes deben definirse no solo por las tecnologías que implementan, sino también por su capacidad para coordinar capacidades digitales heterogéneas dentro de una arquitectura operativa unificada. La inteligencia operativa clínica y CORe proporcionan una base conceptual para pasar de una inteligencia tecnológica fragmentada a operaciones hospitalarias coordinadas de forma continua. Se requieren estudios de implementación prospectivos para evaluar la viabilidad, los requisitos de gobernanza, la seguridad y el impacto organizacional.
1. Introducción
Los hospitales están experimentando una de las transformaciones más profundas de su historia. Los avances en inteligencia artificial (IA), robótica colaborativa, monitorización fisiológica continua, dispositivos de Internet de las Cosas (IoT), gemelos digitales, análisis predictivo, logística autónoma y registros electrónicos de salud (EHR) cada vez más sofisticados están transformando la atención médica en un ecosistema digital interconectado en lugar de una colección de servicios clínicos independientes. 1 , 2 , 3 , 4 , 5En conjunto, estas innovaciones han dado lugar al paradigma emergente del Hospital Inteligente, en el que los datos, las tecnologías, los profesionales de la salud y los procesos clínicos interactúan continuamente para mejorar los resultados de los pacientes, la eficiencia operativa y la calidad de la atención médica.
Estos avances tecnológicos han cambiado fundamentalmente la forma en que los hospitales generan, analizan y utilizan la información. La inteligencia artificial apoya la predicción clínica y la toma de decisiones, 1 , 2 , 5 , 6 , 7 la robótica automatiza tareas repetitivas y logísticas, 8 , 9 , 10 , 11 , 12 los dispositivos IoT permiten la monitorización continua, 13 , 14 , 15 y los gemelos digitales simulan procesos de atención médica complejos. 16 , 17 Mientras tanto, los EHR se han convertido en el repositorio principal de información del paciente, proporcionando un acceso sin precedentes a datos clínicos longitudinales al tiempo que apoyan flujos de trabajo clínicos cada vez más sofisticados. 3 , 18 , 19 Como resultado, la innovación digital se ha convertido en uno de los principales impulsores de la transformación de la atención médica.
A pesar de estos avances, ha surgido una paradoja fundamental. A medida que los hospitales se vuelven tecnológicamente más sofisticados, también se vuelven organizativamente más complejos. 20 , 21 Cada decisión clínica inicia una red dinámica de actividades interdependientes que involucran a pacientes, médicos, enfermeros, profesionales paramédicos, servicios de apoyo, dispositivos médicos, plataformas de software y tecnologías cada vez más autónomas. Las prioridades clínicas evolucionan continuamente, los recursos siguen siendo limitados, los eventos inesperados exigen una adaptación inmediata y las dependencias entre las actividades de atención médica cambian constantemente. En lugar de reducir la complejidad organizativa, la transformación digital ha desplazado el principal desafío de la disponibilidad de información a la coordinación en tiempo real de procesos de atención médica cada vez más heterogéneos. 22 , 23
Los sistemas de información hospitalaria existentes no fueron diseñados originalmente para abordar este desafío. Las historias clínicas electrónicas proporcionan una representación fidedigna del estado clínico del paciente, mientras que las tecnologías inteligentes individuales automatizan u optimizan funciones específicas. La inteligencia artificial genera predicciones, la robótica ejecuta tareas predefinidas, los sistemas de monitorización detectan cambios fisiológicos y las aplicaciones de flujo de trabajo gestionan procesos seleccionados. Sin embargo, estas tecnologías operan en gran medida como componentes especializados dentro de un ecosistema digital fragmentado, y cada una representa solo una parte limitada del funcionamiento general del hospital. 3 , 22 , 24
En consecuencia, los hospitales inteligentes contemporáneos aún carecen de una representación autorizada del estado operativo de la prestación de atención médica. Actualmente no existe una capa operativa compartida capaz de integrar continuamente las prioridades clínicas, la disponibilidad de recursos, las dependencias del flujo de trabajo, los agentes responsables, las capacidades tecnológicas, el estado de ejecución y las restricciones organizativas en una representación unificada y dinámicamente actualizada de la prestación de atención médica en todo el hospital. 20 , 23 La figura 1 ilustra cómo la convergencia progresiva de las tecnologías digitales, la atención clínica y las operaciones hospitalarias da lugar a un nuevo dominio organizativo que se extiende más allá de las capacidades de los sistemas de información existentes.
Figura 1. De las tecnologías digitales fragmentadas a la inteligencia operativa clínica.
Esta brecha emergente no es meramente tecnológica, sino fundamentalmente organizativa. Refleja la ausencia de una capacidad organizativa capaz de transformar las decisiones clínicas en una ejecución coordinada en entornos híbridos humano-tecnológicos cada vez más complejos. Si bien se han investigado componentes individuales de esta capacidad en informática de la salud, ingeniería de sistemas, gestión de flujos de trabajo, investigación operativa, salud digital y sistemas sociotécnicos, 21 , 22 , 23 permanecen dispersos en distintas disciplinas y aún no se han integrado en un marco conceptual coherente para los hospitales inteligentes.
En esta revisión, identificamos esta capacidad faltante y la definimos como Inteligencia Operacional Clínica: la capacidad organizativa mediante la cual las organizaciones de atención médica traducen continuamente las decisiones clínicas en una ejecución operativa coordinada que abarca personas, tecnologías, flujos de trabajo y recursos.
Para poner en práctica esta capacidad, proponemos el Registro de Operaciones Clínicas (CORe) como marco conceptual para la próxima generación de hospitales inteligentes. A diferencia de la Historia Clínica Electrónica, que representa la condición clínica del paciente, CORe representa el estado operativo de la prestación de atención y las relaciones en constante evolución entre las prioridades clínicas, las tareas, los profesionales, las tecnologías inteligentes, los dispositivos y los recursos organizativos.
Esta perspectiva representa un cambio fundamental en la conceptualización de los hospitales inteligentes. La siguiente etapa de la transformación digital hospitalaria dependerá menos de la introducción de tecnologías adicionales que de la capacidad de orquestar las tecnologías existentes como componentes de un único ecosistema operativo adaptativo. 21 , 24 , 25 , 26 Dentro de esta perspectiva, la inteligencia artificial, la robótica, los sistemas de monitorización, los dispositivos IoT, los gemelos digitales, las plataformas logísticas y los sistemas de información clínica se convierten en agentes operativos coordinados que contribuyen a una representación común de la prestación de atención, en lugar de funcionar como soluciones digitales aisladas.
En este contexto, esta revisión tiene tres objetivos: primero, examinar críticamente la evolución y la contribución organizativa de las principales tecnologías de hospitales inteligentes; segundo, identificar las capacidades operativas que aún no están suficientemente representadas; y tercero, desarrollar un marco basado en la evidencia capaz de traducir las capacidades digitales fragmentadas en una prestación de atención médica coordinada.
2. Métodos
2.1 . Enfoque metodológico
Este estudio se diseñó como una revisión integradora conceptual para examinar la evolución de las tecnologías de hospitales inteligentes e identificar los principios organizativos necesarios para su integración operativa efectiva. Se seleccionó el enfoque de revisión integradora porque permite la síntesis de evidencia empírica, teórica, metodológica y técnica heterogénea, y es particularmente adecuado para el desarrollo de conceptos que trascienden las fronteras disciplinares. 27 , 28 , 29 La pregunta de investigación abarca estudios empíricos, revisiones tecnológicas, estándares, documentos conceptuales y literatura sobre ingeniería de sistemas, por lo que no puede abordarse adecuadamente mediante una revisión de efectividad convencional.
La revisión integró evidencia de campos complementarios, incluyendo informática de la salud, inteligencia artificial, robótica, salud digital, ingeniería de sistemas, ciencia del flujo de trabajo, gestión de operaciones hospitalarias, ingeniería de factores humanos y teoría organizacional. Este enfoque multidisciplinario se consideró necesario porque los hospitales inteligentes representan sistemas sociotécnicos complejos cuyo funcionamiento no puede comprenderse adecuadamente desde una única perspectiva disciplinaria. 21 , 22 , 30
2.2 . Estrategia de búsqueda bibliográfica
Se realizó una búsqueda bibliográfica estructurada para identificar publicaciones que describieran la evolución tecnológica de los hospitales inteligentes y las implicaciones organizativas de la transformación digital en la atención sanitaria. Las búsquedas se realizaron en PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science e IEEE Xplore, abarcando publicaciones desde enero de 2015 hasta marzo de 2026. Se conservaron las publicaciones anteriores más relevantes siempre que representaran contribuciones fundamentales a los registros electrónicos de salud, la ingeniería de sistemas, la teoría organizativa, el flujo de trabajo sanitario o los factores humanos. 19 , 20 , 22
La estrategia de búsqueda combinó vocabulario controlado (MeSH cuando correspondía), términos de indexación específicos de la base de datos y palabras clave de texto libre. Se aplicaron operadores booleanos (AND/OR), truncamiento y filtros específicos de la base de datos utilizando combinaciones de términos que incluían Hospital Inteligente, Hospital Inteligente, Hospital Digital, Registro Electrónico de Salud, Inteligencia Artificial, Aprendizaje Automático, Soporte para la Toma de Decisiones Clínicas, Robótica Colaborativa, Internet de las Cosas, Gemelo Digital, Flujo de Trabajo de Atención Médica, Operaciones Hospitalarias, Ingeniería de Sistemas, Inteligencia Operacional, Interoperabilidad y Coordinación Clínica. 1 , 2 , 24
Solo se consideraron publicaciones en inglés. Las fuentes elegibles incluyeron artículos de investigación originales, revisiones sistemáticas, revisiones narrativas, estudios metodológicos, declaraciones de consenso, documentos de posición, informes técnicos, normas internacionales y publicaciones conceptuales clave directamente relevantes para el desarrollo de hospitales inteligentes.
La estrategia de búsqueda bibliográfica, los criterios de selección de estudios y la organización temática adoptada para la síntesis de la evidencia se resumen en la Tabla 1 .
Tabla 1. Estrategia de búsqueda bibliográfica, criterios de selección de estudios y síntesis de la evidencia temática.
Componente
Descripción
Diseño de revisión
Revisión integradora conceptual
Bases de datos
PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, IEEE Xplore
Período de búsqueda
Enero de 2015 – marzo de 2026, con inclusión de publicaciones anteriores fundamentales cuando sean conceptualmente relevantes.
Términos de búsqueda principales
Hospital inteligente; Hospital digital; Historia clínica electrónica; Inteligencia artificial; Aprendizaje automático; Soporte para la toma de decisiones clínicas; Robótica colaborativa; Internet de las cosas; Gemelo digital; Flujo de trabajo sanitario; Operaciones hospitalarias; Ingeniería de sistemas; Inteligencia operativa; Interoperabilidad; Coordinación clínica
Publicaciones elegibles
Estudios originales, revisiones sistemáticas, revisiones narrativas, artículos metodológicos, declaraciones de consenso, documentos de posición, informes técnicos, normas internacionales, artículos conceptuales de referencia
Idioma
Inglés
Objetivo principal
Identificar las capacidades tecnológicas, las funciones organizativas, los mecanismos de interoperabilidad, los modelos de coordinación del flujo de trabajo y las deficiencias operativas restantes en los hospitales inteligentes.
Síntesis de la evidencia
Síntesis temática iterativa seguida de un análisis comparativo de las brechas conceptuales y el desarrollo de un marco conceptual.
2.3 . Selección de estudios
Las publicaciones recuperadas se seleccionaron en función de su relevancia conceptual, sin estar restringidas por su diseño metodológico. Dado que el objetivo de la revisión era el desarrollo de teorías y no la estimación de efectos cuantitativos, la elegibilidad se determinó según la contribución de cada fuente a la comprensión de las capacidades tecnológicas, la coordinación del flujo de trabajo, la interoperabilidad, la gobernanza operativa o la inteligencia organizacional.
Las publicaciones elegibles abordaban las capacidades tecnológicas que respaldan los hospitales inteligentes, los aspectos organizativos de la prestación de atención médica, la gestión del flujo de trabajo clínico, la interoperabilidad entre tecnologías digitales, las operaciones de atención médica, los sistemas sociotécnicos o modelos conceptuales relacionados.
2.4 . Síntesis de evidencia temática
Las publicaciones seleccionadas se analizaron según su principal contribución conceptual, más que según el diseño del estudio o el nivel de evidencia. Se realizó una síntesis temática iterativa para identificar funciones organizativas recurrentes, capacidades tecnológicas, desafíos de implementación y lagunas conceptuales en la literatura. 29 , 31
La bibliografía se organizó en seis grandes áreas temáticas:
•Registros electrónicos de salud y sistemas de información hospitalaria;
•Inteligencia artificial y sistemas inteligentes de apoyo a la toma de decisiones clínicas;
•Robótica colaborativa y tecnologías sanitarias autónomas;
•Internet de las cosas y sistemas de detección omnipresentes;
•Gemelos digitales y modelado virtual de procesos sanitarios;
•Flujo de trabajo en el sector sanitario, ingeniería de sistemas, coordinación operativa e inteligencia organizativa.
Dentro de cada dominio temático, la revisión examinó las capacidades tecnológicas, las estrategias de implementación, la interoperabilidad, las implicaciones organizativas, las limitaciones reportadas y las perspectivas futuras. Se prestó especial atención a la identificación de funciones que contribuyen a la coordinación operativa de la prestación de atención médica, en lugar de limitarse a respaldar decisiones clínicas aisladas.
2.5 . Análisis de brechas conceptuales
Tras la síntesis temática, realizamos un análisis conceptual comparativo para identificar las funciones organizativas representadas de forma consistente en todos los dominios tecnológicos y aquellas funciones que seguían sin abordarse suficientemente.
En lugar de comparar el rendimiento tecnológico, el análisis examinó si cada dominio tecnológico respaldaba la representación o coordinación de dimensiones organizativas clave necesarias para las operaciones hospitalarias, incluyendo la gestión del flujo de trabajo multidisciplinario, la priorización de las actividades clínicas, la asignación de recursos, la coordinación entre los profesionales sanitarios y los sistemas inteligentes, la actualización operativa continua y la rendición de cuentas organizativa. 21 , 30
El análisis demostró que, si bien las tecnologías actuales de hospitales inteligentes respaldan cada vez más funciones clínicas y operativas especializadas, ningún dominio por sí solo proporciona una representación integrada y actualizada continuamente del estado operativo de la prestación de atención médica.
2.6 . Desarrollo del marco de trabajo
La fase final consistió en el desarrollo de un marco conceptual basado en la evidencia, capaz de operacionalizar la capacidad organizativa identificada durante el análisis de brechas conceptuales.
El desarrollo del marco siguió un proceso iterativo que integró la evidencia derivada de todos los dominios temáticos con principios de la gestión de operaciones sanitarias, la ciencia del flujo de trabajo, la ingeniería de sistemas sociotécnicos, la gobernanza de la información y la resiliencia organizacional. 20 , 21 , 32
El marco resultante, denominado Registro de Operaciones Clínicas (CORe), se desarrolló de acuerdo con cuatro principios de diseño complementarios:
•
Representación fidedigna del estado operativo de la prestación de atención médica, que va más allá de la documentación clínica tradicional centrada en el paciente.
•Orquestación continua de flujos de trabajo híbridos entre humanos y tecnología, que integran profesionales de la salud, software inteligente, robótica, dispositivos médicos y recursos organizativos.
Inteligencia operativa dinámica que permite la actualización continua de prioridades, dependencias del flujo de trabajo, disponibilidad de recursos, estado de ejecución y restricciones organizativas a lo largo de todo el proceso de atención al paciente.
•Gobernanza de la información y rendición de cuentas operativa, en consonancia con los principios de la norma ISO 15489-1:2016, que garantice que las actividades operativas se representen como registros organizativos autorizados que faciliten la coordinación y la trazabilidad.
Dentro de esta arquitectura, la Inteligencia Operacional Clínica se define como la capacidad organizativa mediante la cual los hospitales traducen continuamente las decisiones clínicas en una ejecución operativa coordinada. CORe es el marco a través del cual dicha capacidad puede representarse, gestionarse y operacionalizarse.
Figura 2. Marco metodológico de la revisión integradora conceptual. La revisión comprendió cuatro fases secuenciales: identificación de la literatura, síntesis de la evidencia temática, análisis de brechas conceptuales y desarrollo del Registro de Operaciones Clínicas (CORe).
3. Resultados
3.1 . Evolución de las tecnologías hospitalarias inteligentes
En las últimas dos décadas, los hospitales han experimentado una profunda transformación digital impulsada por la introducción progresiva de registros electrónicos de salud (EHR), sistemas de información hospitalaria (HIS), inteligencia artificial (IA), robótica colaborativa, tecnologías de Internet de las cosas (IoT), gemelos digitales y sistemas avanzados de apoyo a la toma de decisiones. Inicialmente desarrolladas como soluciones tecnológicas independientes para abordar necesidades clínicas o administrativas específicas, estas innovaciones han ampliado progresivamente sus capacidades y ahora constituyen la base tecnológica del emergente hospital inteligente. 1 , 2 , 24
La literatura indica consistentemente que esta evolución ha seguido una trayectoria centrada en la tecnología. Las primeras iniciativas de digitalización se centraron principalmente en reemplazar la documentación en papel con registros electrónicos, mejorar la accesibilidad a la información, reducir los errores de transcripción y apoyar la continuidad de la atención. 18 , 19 Los desarrollos posteriores introdujeron capacidades analíticas cada vez más sofisticadas a través del aprendizaje automático, el análisis predictivo, la visión artificial y, más recientemente, los grandes modelos de lenguaje, lo que permitió un apoyo avanzado a la toma de decisiones clínicas y la automatización de determinadas actividades sanitarias. 1 , 33
Los avances paralelos también han transformado la automatización hospitalaria. Los robots colaborativos se han expandido progresivamente desde la logística y el transporte de materiales hasta la asistencia a pie de cama, los servicios ambientales y el apoyo a las actividades de enfermería repetitivas. Simultáneamente, las infraestructuras de IoT han permitido la monitorización continua de pacientes, dispositivos médicos, condiciones ambientales y activos hospitalarios, mientras que los gemelos digitales han creado nuevas oportunidades para simular las trayectorias de los pacientes, optimizar la logística hospitalaria y evaluar escenarios organizativos alternativos antes de su implementación. 9 , 16 , 17
A pesar de estos notables avances, la literatura revisada demuestra que la evolución tecnológica se ha desarrollado principalmente mediante sistemas especializados, cada uno optimizado para funciones específicas, pero rara vez diseñados para coordinar la complejidad general de la prestación de servicios de salud. En consecuencia, los hospitales inteligentes se han convertido en ecosistemas tecnológicamente sofisticados pero parcialmente fragmentados, donde coexisten múltiples plataformas digitales sin una representación unificada capaz de coordinar continuamente a pacientes, profesionales de la salud, sistemas inteligentes, recursos y prioridades clínicas.
Esta evolución tecnológica se resume en la Tabla 2 , que compara los principales dominios tecnológicos que actualmente dan soporte a los hospitales inteligentes, destacando tanto sus principales contribuciones como sus limitaciones organizativas restantes.
Tabla 2. Capacidades tecnológicas actuales que dan soporte a los hospitales inteligentes.
Tecnología
Propósito principal
Logros importantes
Limitaciones principales
Registros electrónicos de salud
Documentación clínica e información longitudinal del paciente
Registros digitales de pacientes, documentación, interoperabilidad
Representación limitada de la prestación de atención operativa
Inteligencia artificial
Apoyo a la toma de decisiones clínicas y predicción
Predicción de riesgos, diagnósticos, asistencia en el flujo de trabajo
Coordinación operativa limitada entre sistemas
Robótica colaborativa
Ejecución de tareas físicas
Logística, asistencia al paciente, automatización de actividades repetitivas
Integración limitada en la toma de decisiones organizacionales
Internet de las cosas
Monitoreo continuo
Detección en tiempo real de pacientes, dispositivos y entornos.
Generación de eventos fragmentados sin orquestación operativa.
Gemelos digitales
Modelado y simulación de procesos
Análisis de escenarios, optimización de flujos de trabajo, simulación predictiva
Ejecución y coordinación operativas limitadas en tiempo real
En conjunto, estos hallazgos indican que el hospital inteligente ha evolucionado hacia un entorno tecnológicamente sofisticado, capaz de generar volúmenes sin precedentes de información clínica y operativa. Sin embargo, la literatura continúa describiendo un ecosistema fragmentado en el que las tecnologías especializadas suelen operar sin una representación compartida de las prioridades operativas, las dependencias y el estado de ejecución.
3.2 . Capacidades tecnológicas actuales que dan soporte a los hospitales inteligentes
La literatura revisada demuestra que el hospital inteligente no se define por una sola tecnología, sino por la convergencia de múltiples capacidades digitales que operan en los ámbitos clínico, organizativo y logístico. Si bien estas tecnologías difieren sustancialmente en madurez, propósito e implementación, en conjunto respaldan la transformación digital progresiva de las organizaciones de atención médica. Sin embargo, su integración sigue siendo predominantemente funcional, más que operativa, ya que cada tecnología aborda componentes específicos de la prestación de atención, ofreciendo una coordinación limitada en todo el sistema de salud.
Los registros electrónicos de salud (REH) siguen siendo la columna vertebral digital de los hospitales modernos. Su principal contribución ha sido la representación digital del historial clínico de los pacientes, los resultados de laboratorio, las pruebas diagnósticas, las prescripciones de medicamentos y la documentación clínica, mejorando así la accesibilidad, la continuidad de la atención y el intercambio de información entre los profesionales sanitarios. 3 , 18 A pesar de su continua evolución funcional, los REH siguen describiendo lo que se sabe clínicamente sobre el paciente, en lugar de cómo se organizan y coordinan dinámicamente las actividades asistenciales.
La inteligencia artificial se ha expandido considerablemente durante la última década. Los algoritmos de aprendizaje automático, los modelos de aprendizaje profundo, los sistemas de visión artificial y, más recientemente, los grandes modelos de lenguaje han demostrado un potencial significativo en el apoyo al diagnóstico, la modelización predictiva, la interpretación de imágenes, la asistencia en la documentación y el apoyo a la toma de decisiones clínicas. 1 , 33 Sin embargo, la mayoría de las aplicaciones actuales siguen centradas en mejorar las decisiones individuales o automatizar tareas cognitivas aisladas, mientras que su capacidad para coordinar actividades multidisciplinarias en tiempo real sigue siendo limitada.
La robótica colaborativa representa otro campo tecnológico en rápida evolución. Inicialmente introducidas para automatizar la logística y el transporte de materiales, las plataformas robóticas brindan cada vez más apoyo a la asistencia al paciente, la higiene ambiental, la administración de medicamentos, la telepresencia y las actividades de enfermería repetitivas. En lugar de reemplazar a los profesionales de la salud, los robots colaborativos están asumiendo progresivamente roles complementarios que reducen la carga de trabajo al tiempo que mejoran la estandarización y la confiabilidad de los procedimientos. 13 , 16 Sin embargo, los sistemas robóticos generalmente ejecutan tareas predefinidas y rara vez participan en la planificación operativa dinámica.
Las tecnologías del Internet de las Cosas han transformado los hospitales en entornos de monitoreo continuo. Los dispositivos médicos conectados, los sensores portátiles, los sistemas de monitoreo ambiental, las infraestructuras de seguimiento de activos y las habitaciones inteligentes generan grandes volúmenes de información en tiempo real sobre pacientes, equipos, condiciones ambientales y actividades clínicas. 9 , 13 Si bien estas tecnologías mejoran sustancialmente el conocimiento de la situación, generan principalmente eventos en lugar de decisiones operativas, lo que requiere mecanismos de coordinación de nivel superior para convertir los datos en flujos de trabajo procesables.
Los gemelos digitales constituyen una de las tecnologías emergentes más prometedoras para las organizaciones sanitarias. Al crear representaciones virtuales de pacientes, infraestructuras hospitalarias, vías clínicas o procesos organizativos, los gemelos digitales permiten la simulación, el modelado predictivo, la planificación de la capacidad y la optimización de los sistemas sanitarios antes de su implementación operativa. 16 , 17 , 34 Sin embargo, las aplicaciones actuales siguen siendo predominantemente analíticas y orientadas a la simulación, y su transición hacia el uso operativo en tiempo real requiere una atención explícita a la gobernanza, la rendición de cuentas, la calidad de los datos y las salvaguardias éticas y legales.
Finalmente, los sistemas de gestión de flujos de trabajo, las metodologías de ingeniería de sistemas y los modelos de coordinación operativa proporcionan la base teórica para integrar procesos de atención médica cada vez más complejos. Las metodologías Lean, la ingeniería de sistemas, la ingeniería de factores humanos, la teoría de sistemas sociotécnicos y la gestión de operaciones han contribuido sustancialmente a la comprensión de la atención médica como un sistema adaptativo interconectado en lugar de una colección de actividades clínicas aisladas. 21 , 22 Estas disciplinas enfatizan la coordinación, las dependencias, la asignación de recursos y la priorización dinámica, pero solo han traducido parcialmente estos principios a infraestructuras digitales capaces de coordinar continuamente las actividades hospitalarias.
En conjunto, estos ámbitos tecnológicos ilustran la notable evolución de los hospitales inteligentes durante la última década. Al mismo tiempo, revelan un patrón organizativo coherente: cada tecnología optimiza eficazmente un componente específico de la prestación de atención médica, pero ninguna ofrece una representación integral del estado operativo de la atención hospitalaria ni coordina continuamente las interacciones entre pacientes, profesionales sanitarios, sistemas inteligentes, recursos y limitaciones organizativas.
Tabla 3. Comparación entre la historia clínica electrónica y el registro de operaciones clínicas.
Característica operativa
Registro electrónico de salud
Registro de operaciones clínicas
Información clínica
✓
✓
Historial longitudinal del paciente
✓
✓
Órdenes y documentación clínica
✓
✓
Gestión de tareas operativas
—
✓
Coordinación dinámica del flujo de trabajo
—
✓
Priorización en tiempo real
—
✓
Asignación de recursos
—
✓
Orquestación humano-tecnológica
—
✓
Verificación operativa
—
✓
Actualización continua de la agenda
—
✓
La distinción entre la historia clínica electrónica tradicional y el registro de operaciones clínicas propuesto se ilustra conceptualmente en la figura 4 , que enfatiza la transición de documentar la condición clínica del paciente a representar y coordinar el estado operativo de la prestación de atención.
Si bien las diferencias resumidas en la Tabla 3 pueden parecer inicialmente incrementales, reflejan un cambio conceptual fundamental. La Historia Clínica Electrónica se diseñó principalmente para documentar información clínica y respaldar la toma de decisiones clínicas. El Registro de Operaciones Clínicas, en cambio, está diseñado para representar y coordinar la ejecución de la atención: qué debe ocurrir, cuándo debe ocurrir, quién o qué es responsable, qué dependencias y recursos están involucrados y si se ha verificado la ejecución.
Esta observación recurrente en la literatura revisada condujo naturalmente a la identificación de un desafío organizacional más amplio. A pesar de la notable madurez tecnológica alcanzada por los hospitales inteligentes, aún falta en gran medida una capa operativa integrada capaz de coordinar sistemas digitales heterogéneos y actividades humanas. Este hallazgo proporciona la base conceptual para la siguiente sección, en la que se examina con mayor detalle la brecha operativa emergente.
3.3 . La brecha operativa emergente
La síntesis temática reveló un patrón consistente en todos los dominios tecnológicos examinados en esta revisión. Si bien los registros electrónicos de salud, la inteligencia artificial, la robótica colaborativa, las infraestructuras del Internet de las cosas (IoT) y los gemelos digitales han ampliado sustancialmente las capacidades digitales de los hospitales, su evolución se ha centrado principalmente en optimizar funciones individuales en lugar de coordinar la complejidad general de la prestación de atención médica. 1 , 2 , 4
Los registros electrónicos de salud representan eficazmente la condición clínica del paciente y proporcionan la base informativa para la toma de decisiones clínicas. La inteligencia artificial mejora la predicción, la clasificación y el apoyo a la toma de decisiones al extraer conocimiento clínicamente relevante de grandes conjuntos de datos. Los robots colaborativos mejoran la ejecución de actividades físicas repetitivas, mientras que las infraestructuras de IoT monitorean continuamente a los pacientes, los dispositivos médicos y los entornos de atención médica. Los gemelos digitales amplían aún más estas capacidades al permitir el modelado virtual y la simulación predictiva de escenarios clínicos y organizativos. 1 , 16 , 17 , 21 , 33
A pesar de estos avances, ninguna de estas tecnologías fue diseñada originalmente para proporcionar una representación continua de cómo se presta la atención médica en la práctica. La literatura revisada indica consistentemente que los hospitales siguen dependiendo de fuentes de información fragmentadas, aplicaciones de software independientes, experiencia profesional y procesos de comunicación manuales para coordinar la atención. Las decisiones clínicas generalmente se documentan en historias clínicas electrónicas, mientras que su ejecución aún depende de listas de trabajo separadas, comunicación verbal, notas manuscritas, traspasos de turno y prácticas organizativas desarrolladas localmente. 3 , 18 , 21
Esta fragmentación se hace aún más evidente a medida que los hospitales adoptan simultáneamente múltiples tecnologías inteligentes. En lugar de funcionar dentro de un entorno operativo unificado, los sistemas de inteligencia artificial, las plataformas robóticas, las infraestructuras de IoT, los sistemas de información clínica y las plataformas de logística hospitalaria suelen operar como ecosistemas digitales independientes. Si bien cada uno aporta información valiosa, rara vez comparten una representación operativa común capaz de integrar continuamente las prioridades de los pacientes, las actividades multidisciplinarias, la disponibilidad de recursos, las capacidades tecnológicas y las limitaciones organizativas. Las iniciativas de interoperabilidad actuales han mejorado sustancialmente el intercambio de información, pero aún no han establecido una capa operativa compartida capaz de coordinar la prestación de atención médica a través de sistemas digitales heterogéneos. 10 , 24 , 35
En consecuencia, la principal limitación que se desprende de la literatura revisada es organizativa, más que meramente tecnológica. El desafío no radica en la ausencia de información digital, sino en la ausencia de una capa operativa común capaz de transformar información heterogénea en acciones coordinadas, responsables y actualizadas continuamente.
Esta comparación se resume en la Tabla 4 , que ilustra cómo las tecnologías actuales de hospitales inteligentes respaldan importantes funciones clínicas y tecnológicas, al tiempo que dejan sin abordar varias capacidades operativas fundamentales.
Tabla 4. Capacidades operativas representadas por las tecnologías actuales de hospitales inteligentes.
Capacidad operativa
Historia clínica electrónica
AI
Robótica
IoT
Gemelo digital
Información clínica
✓
✓
—
✓
✓
Apoyo a la toma de decisiones clínicas
✓
✓
—
—
✓
Ejecución de tareas
—
—
✓
—
—
Monitoreo en tiempo real
—
✓
✓
✓
✓
Simulación predictiva
—
✓
—
—
✓
Coordinación del flujo de trabajo
—
—
—
—
—
Asignación de recursos
—
—
—
—
—
Priorización dinámica
—
—
—
—
—
Orquestación humano-tecnológica
—
—
—
—
—
Representación del estado operativo de la prestación de cuidados
—
—
—
—
—
La ausencia recurrente de estas capacidades operativas sugiere que la siguiente etapa en la evolución de los hospitales inteligentes no debería consistir en introducir tecnologías aisladas adicionales, sino en establecer una capacidad organizativa capaz de integrar la información generada por los sistemas existentes en una representación operativa que se actualice continuamente.
La figura 5 ilustra conceptualmente esta transición. En lugar de gestionar a los pacientes mediante planes de atención independientes ejecutados por distintos profesionales, el enfoque propuesto integra dinámicamente las prioridades clínicas individuales en una única agenda operativa compartida. En este entorno, pacientes, profesionales sanitarios, software inteligente, sistemas robóticos, servicios de diagnóstico y recursos organizativos interactúan continuamente a través de una representación operativa común, lo que permite actualizar las prioridades en tiempo real según los cambios en el estado del paciente, la disponibilidad de recursos y las limitaciones organizativas.
Es importante destacar que esta agenda compartida no sustituye la toma de decisiones clínicas. Los profesionales sanitarios siguen tomando decisiones clínicas con el apoyo de las tecnologías digitales existentes. Lo que cambia es la representación operativa mediante la cual esas decisiones se traducen en actividades multidisciplinares coordinadas. Desde esta perspectiva, la coordinación operativa se convierte en un proceso organizativo en constante evolución, en lugar de una secuencia de tareas aisladas gestionadas independientemente por diferentes sistemas o grupos profesionales.
La evidencia sintetizada a lo largo de esta revisión sugiere, por lo tanto, que la evolución futura de los hospitales inteligentes dependerá menos del desarrollo de tecnologías digitales adicionales que del surgimiento de una capacidad organizativa capaz de integrar las tecnologías existentes en un ecosistema operativo coherente. Esta capacidad se propone aquí como Inteligencia Operativa Clínica, que se presenta en la siguiente sección como el fundamento conceptual del Registro de Operaciones Clínicas (CORe).
3.4 . Inteligencia Operativa Clínica
Los resultados de esta revisión indican que la futura evolución de los hospitales inteligentes no debe interpretarse únicamente como la adopción progresiva de tecnologías más sofisticadas. La evidencia apunta, en cambio, a la necesidad de una capacidad organizativa de orden superior que pueda integrar las prioridades clínicas, el trabajo humano, los sistemas inteligentes, las tecnologías físicas y los recursos organizativos en una ejecución coordinada.
La inteligencia operativa clínica no es un nuevo dispositivo, algoritmo ni sistema de información hospitalaria. Es la capacidad organizativa mediante la cual las organizaciones sanitarias interpretan continuamente las implicaciones operativas de las decisiones clínicas y coordinan su ejecución a través de personas, tecnologías, flujos de trabajo y recursos.
A diferencia de las infraestructuras digitales convencionales, la Inteligencia Operacional Clínica se centra en el estado operativo de la prestación de atención. Si bien la condición clínica de un paciente puede permanecer estable durante varias horas, el contexto operativo cambia continuamente. Los nuevos ingresos, los procedimientos de emergencia, los resultados de laboratorio, la disponibilidad del personal, las fallas de los equipos, las intervenciones retrasadas, la evolución de las prioridades y las limitaciones organizativas modifican constantemente las actividades hospitalarias. La literatura demuestra consistentemente que las tecnologías existentes generan información valiosa sobre muchos de estos elementos, pero rara vez los integran en una representación operativa unificada capaz de respaldar la coordinación multidisciplinaria continua. 1 , 4 , 33
Desde una perspectiva organizativa, la Inteligencia Operacional Clínica extiende el concepto de gestión de la información hospitalaria más allá de la documentación clínica. En lugar de preguntarse únicamente «¿Cuál es la condición clínica del paciente?» , también aborda una pregunta operativa complementaria:
¿Cómo debería organizarse el hospital, en este momento, para brindar la atención necesaria de manera segura, eficiente y coordinada, utilizando todos los recursos humanos y tecnológicos disponibles?
Para responder a esta pregunta se requiere una capacidad organizativa que integre continuamente las prioridades clínicas, las dependencias del flujo de trabajo, la disponibilidad de recursos, las responsabilidades operativas, las capacidades tecnológicas y el estado de ejecución en una representación operativa coherente. Por lo tanto, la inteligencia operativa clínica complementa, en lugar de reemplazar, los sistemas de información hospitalaria existentes, al proporcionar la inteligencia organizativa necesaria para coordinar entornos sanitarios híbridos cada vez más complejos.
Dentro de este marco conceptual, la Inteligencia Operacional Clínica representa la capacidad organizativa faltante identificada en la revisión bibliográfica. En lugar de introducir otra solución tecnológica aislada, proporciona la base conceptual para integrar las tecnologías digitales existentes en un ecosistema operacional coordinado. Esta capacidad se operacionaliza a través del Registro de Operaciones Clínicas (CORe), descrito en la siguiente sección como el marco propuesto para representar, coordinar y actualizar continuamente el estado operacional de la prestación de atención en los hospitales inteligentes de próxima generación.
3.5 . El Registro de Operaciones Clínicas (CORe): un marco operativo para hospitales inteligentes
La síntesis conceptual culmina en el Registro de Operaciones Clínicas (CORe), un marco diseñado para operacionalizar la Inteligencia Operativa Clínica en hospitales inteligentes. CORe no reemplaza la Historia Clínica Electrónica ni los sistemas departamentales existentes. Es la capa operativa principal que vincula las decisiones clínicas con su ejecución coordinada.
El marco se basa en la distinción entre información clínica e información operativa. La información clínica describe el estado de salud del paciente, los diagnósticos, los tratamientos y los resultados, y tradicionalmente se gestiona a través de la historia clínica electrónica (HCE). La información operativa, por el contrario, describe cómo se organizan, coordinan, priorizan, ejecutan, verifican y adaptan continuamente las actividades de atención médica en respuesta a las condiciones clínicas y organizativas cambiantes. Si bien ambas dimensiones son fundamentales para la prestación de atención médica, los sistemas de información hospitalaria actuales representan predominantemente la primera, mientras que brindan un apoyo fragmentado para la segunda. 3 , 18 , 32
En consecuencia, CORe se define como el registro operativo autorizado de la prestación de atención médica, que representa de forma continua el estado operativo de la atención en relación con los pacientes, los profesionales sanitarios, las tecnologías inteligentes, los recursos organizativos y los flujos de trabajo clínicos.
A diferencia de los sistemas de documentación convencionales, CORe es inherentemente dinámico, no estático. Su contenido evoluciona continuamente a medida que cambian las prioridades de los pacientes, se dispone de nueva información diagnóstica, se reasignan los recursos, los profesionales sanitarios entran o salen de la actividad clínica o las tecnologías inteligentes generan nuevas recomendaciones. En consecuencia, la representación operativa se mantiene sincronizada con la evolución en tiempo real de la atención sanitaria, en lugar de documentar únicamente los eventos clínicos ya concluidos.
Como se ilustra en la figura 3 , CORe funciona como la capa operativa central que conecta diversas fuentes de información en todo el ecosistema del Hospital Inteligente. La información clínica proveniente de los registros electrónicos de salud, los sistemas de información de laboratorio, los dispositivos médicos y los servicios de diagnóstico se integra continuamente con la información operativa generada por los profesionales de la salud, los sistemas robóticos colaborativos, las aplicaciones de inteligencia artificial, las infraestructuras de IoT, las plataformas de programación y los recursos organizativos. En lugar de reemplazar estos sistemas, CORe proporciona el contexto operativo compartido a través del cual sus resultados se convierten en componentes coordinados de la prestación de atención médica.
Figura 3. CORe – Registro de Operaciones Clínicas: Arquitectura general del sistema.
Las principales entidades operativas representadas en CORe se resumen en la Tabla 5 .
Tabla 5. Entidades operativas principales representadas en el Registro de Operaciones Clínicas (CORe).
Dominio operativo
Información operativa representada
Pacientes
Prioridad clínica, estado operativo, dependencias de cuidados
Actividades de cuidado
Intervenciones planificadas, en curso, retrasadas y completadas
profesionales sanitarios
Funciones, competencias, carga de trabajo y disponibilidad
Inteligencia artificial
Recomendaciones, predicciones y resultados de apoyo a la toma de decisiones.
Robótica colaborativa
Actividades asignadas, estado operativo y disponibilidad
Dispositivos médicos e IoT
Eventos operativos y datos de monitoreo en tiempo real
Recursos organizativos
Camas, habitaciones, equipos, servicios de diagnóstico y logística.
Flujos de trabajo
Dependencias de las tareas, secuenciación y coordinación multidisciplinaria
Verificación y trazabilidad
Estado de ejecución, registro de auditoría y evidencia operativa
Las entidades resumidas en la Tabla 5 definen colectivamente el alcance operativo de CORe. En lugar de representar elementos de datos aislados, capturan las relaciones mediante las cuales se coordina continuamente la prestación de atención médica. Los pacientes están vinculados a las actividades de atención, las actividades se asignan a profesionales de la salud o sistemas inteligentes, los recursos se asignan dinámicamente según las prioridades cambiantes y cada actividad completada contribuye a una representación actualizada del estado operativo de la prestación de atención.
Esta representación, que se actualiza continuamente, permite a CORe respaldar un proceso de razonamiento constante en el que las prioridades operativas se reevalúan repetidamente a medida que se dispone de nueva información. El concepto subyacente se ilustra en la figura 4 , donde la coordinación operativa surge de la integración continua de las necesidades del paciente, las prioridades clínicas, los recursos disponibles, las dependencias del flujo de trabajo y las limitaciones organizativas.
Es importante destacar que el proceso de razonamiento ilustrado en la Figura 4 no reemplaza el juicio clínico ni los sistemas de apoyo a la toma de decisiones clínicas existentes. Las decisiones clínicas siguen siendo responsabilidad de los profesionales de la salud y se basan en la práctica basada en la evidencia y en tecnologías digitales especializadas. CORe, en cambio, proporciona la inteligencia operativa necesaria para traducir esas decisiones en una ejecución multidisciplinaria coordinada.
Figura 4. CORe : Cómo razona.
Las implicaciones prácticas de este marco se ilustran en la Figura 5 , que muestra la transición de múltiples planes de atención al paciente independientes hacia una agenda operativa compartida que coordina continuamente a los profesionales de la salud, las tecnologías inteligentes, los recursos organizativos y las prioridades clínicas dentro de un único entorno operativo.
Figura 5. De los planes de atención individualizados a la gestión operativa coordinada.
Por lo tanto, CORe no debe interpretarse como otro sistema de información hospitalaria. Es la infraestructura operativa mediante la cual los hospitales inteligentes pueden sincronizar la experiencia humana, la inteligencia digital, las tecnologías físicas y los recursos organizativos en torno a prioridades clínicas en constante evolución.
4. Discusión
4.1 . Más allá de los hospitales inteligentes centrados en la tecnología
Esta revisión conceptual integradora sugiere que la evolución de los hospitales inteligentes se ha interpretado principalmente a través de la introducción progresiva de tecnologías cada vez más sofisticadas. Los registros electrónicos de salud, la inteligencia artificial, la robótica, las infraestructuras de IoT y los gemelos digitales han ampliado la capacidad del hospital para documentar, predecir, monitorizar, simular y automatizar. Sin embargo, la sofisticación tecnológica por sí sola no garantiza una atención coordinada.
Esta observación no disminuye la importancia de las innovaciones digitales actuales. Más bien, resalta una distinción fundamental entre inteligencia tecnológica e inteligencia organizacional. Los hospitales inteligentes contemporáneos incorporan cada vez más sistemas inteligentes, pero la organización en sí misma a menudo continúa operando a través de flujos de trabajo fragmentados, mecanismos de coordinación descentralizados y múltiples representaciones operativas desconectadas. Por lo tanto, no se debe asumir que la madurez tecnológica por sí sola genera inteligencia organizacional. Esta distinción es coherente con la literatura más amplia sobre organizaciones de alta confiabilidad y sistemas de atención médica resilientes, que enfatiza que el desempeño organizacional depende no solo de la sofisticación tecnológica, sino también de la capacidad de coordinar procesos adaptativos complejos entre actores y recursos heterogéneos. 20 , 23 , 30
El marco propuesto en esta revisión desplaza el enfoque de la investigación sobre hospitales inteligentes de la inteligencia de las tecnologías individuales a la inteligencia de las operaciones sanitarias. Esta transición representa una evolución conceptual más que una arquitectura tecnológica alternativa. Los sistemas digitales existentes siguen siendo componentes indispensables del ecosistema hospitalario; sin embargo, su valor colectivo depende cada vez más de la capacidad organizativa mediante la cual se coordinan continuamente. Desde esta perspectiva, los futuros hospitales inteligentes podrían caracterizarse menos por la cantidad de tecnologías avanzadas implementadas que por su capacidad para funcionar como un ecosistema operativo coordinado en el que la información clínica, los flujos de trabajo operativos, la experiencia humana y las tecnologías inteligentes interactúan continuamente dentro de un entorno organizativo unificado.
4.2 . La inteligencia operativa clínica como una capacidad organizativa emergente
La inteligencia operativa clínica amplía las interpretaciones actuales de la inteligencia digital en la atención médica al introducir una perspectiva explícitamente organizacional. En lugar de representar un componente tecnológico adicional, describe la capacidad de convertir información clínica y operativa distribuida en acciones coordinadas en condiciones cambiantes.
Esta perspectiva complementa, en lugar de competir con, los avances actuales en inteligencia artificial. Si bien la inteligencia artificial principalmente respalda la predicción, la clasificación, la ejecución de tareas por agentes y la toma de decisiones clínicas, 6 , 7 , 36 la Inteligencia Operacional Clínica aborda un nivel diferente de complejidad organizacional al centrarse en la coordinación de la prestación de atención médica en sí misma. Esta distinción es particularmente relevante porque las mejoras en la calidad de las decisiones no se traducen necesariamente en mejoras en el desempeño operativo. Los retrasos, las interrupciones, las prioridades contrapuestas, la comunicación fragmentada y las limitaciones de recursos suelen surgir de los procesos organizacionales más que de deficiencias en el conocimiento clínico. 21 , 22
Esta interpretación es coherente con la teoría de sistemas sociotécnicos, la ingeniería de sistemas y la investigación operativa contemporánea en el ámbito de la salud, que describen el desempeño de la atención médica como una propiedad emergente que surge de las interacciones entre personas, tecnologías, flujos de trabajo, estructuras organizativas y prioridades clínicas en constante cambio, en lugar de como el resultado de innovaciones tecnológicas aisladas. 10 , 21 , 22 , 23 Desde esta perspectiva, la evolución futura de los hospitales inteligentes puede depender menos de la adopción de tecnologías digitales adicionales que del fortalecimiento de la capacidad organizativa necesaria para coordinar las ya disponibles.
4.3 . El registro de operaciones clínicas como infraestructura facilitadora
La brecha conceptual identificada a lo largo de esta revisión sugiere que las arquitecturas de información hospitalaria actuales siguen centradas principalmente en documentar información clínica y respaldar funciones tecnológicas especializadas. Si bien la interoperabilidad ha mejorado considerablemente el intercambio de información mediante estándares como HL7 FHIR y otros marcos de integración, no ha abordado por completo la necesidad de una representación operativa compartida capaz de coordinar la prestación de atención médica en toda la organización. 18 , 35
En este contexto, el Registro de Operaciones Clínicas (CORe) debe interpretarse como una infraestructura operativa facilitadora, más que como un sistema de información hospitalaria más. Su principal contribución es proporcionar un contexto operativo compartido y fiable que permita coordinar tecnologías heterogéneas y actividades profesionales.
Esta perspectiva también tiene importantes implicaciones para la futura evolución de los ecosistemas digitales hospitalarios. Las estrategias actuales de transformación digital se han centrado principalmente en aumentar la disponibilidad de datos y mejorar la interoperabilidad. El marco propuesto aquí sugiere que la siguiente etapa de la transformación digital debería priorizar la interoperabilidad operativa, permitiendo que las tecnologías heterogéneas no solo intercambien información, sino que también contribuyan a una representación actualizada continuamente de las operaciones sanitarias. Dicha evolución podría proporcionar la base organizativa necesaria para hospitales inteligentes más adaptables, resilientes, transparentes y coordinados, donde las decisiones clínicas se traduzcan de forma consistente en acciones multidisciplinares sincronizadas, en lugar de permanecer distribuidas en plataformas digitales desconectadas. 4 , 10 , 24
4.4 . Posibles implicaciones para los futuros hospitales inteligentes
Si bien el marco presentado en esta revisión sigue siendo conceptual, sus implicaciones se extienden a múltiples dimensiones de la organización de la atención médica.
Desde una perspectiva clínica, la gestión operativa coordinada de forma continua puede contribuir a mejorar la adherencia a las vías de atención basadas en la evidencia, reducir las demoras innecesarias, fortalecer la comunicación multidisciplinaria y mejorar la seguridad del paciente. Al proporcionar una representación actualizada de las actividades operativas, la inteligencia operativa clínica puede facilitar la identificación temprana de interrupciones en el flujo de trabajo, mejorar la coordinación durante las transiciones asistenciales y respaldar una ejecución más fiable de intervenciones multidisciplinarias complejas. 10 , 21
Desde una perspectiva organizativa, la disponibilidad de una representación operativa compartida podría respaldar la asignación dinámica de recursos, el equilibrio de la carga de trabajo, la programación adaptativa, la transparencia operativa y la optimización continua de procesos. Estas capacidades se reconocen cada vez más como características esenciales de las organizaciones sanitarias resilientes que operan en entornos caracterizados por prioridades que cambian rápidamente, disponibilidad variable de recursos y creciente complejidad organizativa. 20 , 30
Desde una perspectiva tecnológica, la inteligencia operativa clínica puede proporcionar un marco de integración común a través del cual los registros electrónicos de salud, la inteligencia artificial, la robótica colaborativa, las infraestructuras de IoT, los gemelos digitales y los futuros sistemas inteligentes, incluida la IA con agentes, operen dentro de una arquitectura operativa coherente, en lugar de funcionar como soluciones digitales aisladas. Dentro de esta arquitectura, la interoperabilidad se extiende más allá del intercambio de datos para abarcar la coordinación operativa continua, lo que permite que las tecnologías heterogéneas contribuyan colectivamente a la prestación de atención médica en lugar de simplemente respaldar funciones individuales .
Estas implicaciones siguen siendo hipótesis que requieren validación empírica prospectiva. No obstante, el marco establece una base teórica para estudios de implementación que evalúan la coordinación operativa como una capacidad organizacional diferenciada, en lugar de asumir que la interoperabilidad o la adopción tecnológica por sí solas producirán una ejecución coordinada.
4.5 . Fortalezas, limitaciones e investigación futura
Esta revisión presenta varias fortalezas. Integra evidencia de informática de la salud, ingeniería de sistemas, inteligencia artificial, robótica, gobernanza de la información, ciencia de flujos de trabajo y operaciones hospitalarias, abordando así un problema que no puede ser tratado adecuadamente dentro de la literatura de una sola disciplina. Además, distingue claramente entre tecnologías digitales, la Inteligencia Operacional Clínica como capacidad organizacional y CORe como el marco que operacionaliza dicha capacidad.
Deben reconocerse varias limitaciones. En primer lugar, el marco propuesto es conceptual y aún no ha sido sometido a una validación empírica prospectiva. En segundo lugar, la revisión se diseñó para la integración conceptual más que para la síntesis cuantitativa, por lo que la selección de estudios dependió de su relevancia teórica. En tercer lugar, la terminología en la literatura sobre hospitales inteligentes, gemelos digitales, flujos de trabajo e inteligencia operativa sigue siendo heterogénea. Finalmente, la viabilidad, la gobernanza, la ciberseguridad, las implicaciones de los factores humanos y las consecuencias no deseadas de CORe requieren evaluación en entornos clínicos reales.
Las investigaciones futuras deberían desarrollar ontologías operativas estandarizadas, modelos de información interoperables, mecanismos de gobernanza y rendición de cuentas, estrategias de implementación y diseños de evaluación prospectiva. Los estudios deberían evaluar no solo el desempeño técnico, sino también la fiabilidad del flujo de trabajo, la carga de trabajo profesional, la seguridad, la equidad, la resiliencia organizacional, la trazabilidad y los resultados para los pacientes.
5. Conclusiones
Esta revisión conceptual integradora sostiene que la próxima generación de hospitales inteligentes dependerá no solo de tecnologías digitales cada vez más sofisticadas, sino también de la capacidad organizativa para coordinar su uso en tiempo real.
La síntesis temática identificó una brecha recurrente entre la disponibilidad de información digital y su continua integración en la prestación coordinada de servicios de salud. Para superar esta brecha, es necesario ir más allá de los modelos centrados en la tecnología y adoptar una arquitectura operativa que represente las prioridades, las dependencias, las responsabilidades, los recursos y el estado de ejecución en todo el hospital.
Para abordar este desafío, presentamos la Inteligencia Operacional Clínica como la capacidad organizativa mediante la cual las organizaciones de atención médica traducen las decisiones clínicas en una ejecución operativa coordinada. Partiendo de este concepto, proponemos el Registro de Operaciones Clínicas (CORe) como el marco operativo de referencia que representa el estado en constante evolución de la prestación de atención médica.
CORe complementa, en lugar de reemplazar, las infraestructuras digitales existentes. Añade la capa operativa necesaria para conectar las decisiones clínicas con una ejecución responsable que involucre a profesionales, software inteligente, robótica, dispositivos médicos y recursos organizativos.
Si bien se requiere una validación prospectiva en diferentes entornos sanitarios, el marco proporciona una base teórica para la investigación sobre la interoperabilidad operativa, la inteligencia organizacional y la gestión hospitalaria coordinada digitalmente. Los hospitales inteligentes del futuro podrían distinguirse, en última instancia, no solo por las tecnologías que adoptan, sino también por su capacidad para transformar las capacidades digitales fragmentadas en una prestación de atención médica coordinada de forma continua.
Por qué gastar más en salud no es sinónimo de curar mejor
1. Introducción
Dos preguntas incómodas atraviesan la gestión clínica de cualquier institución de salud: ¿la indicación que estoy dando tiene respaldo suficiente en la evidencia disponible? Y, si toda la evidencia disponible se aplicara sin fisuras, ¿gastaríamos lo mismo que gastamos hoy? David Eddy y Elliott Fisher dedicaron buena parte de su carrera a responder, con datos, cada una de estas preguntas. Sus hallazgos —separados por veinte años y por métodos completamente distintos— convergen en una misma conclusión incómoda: una porción significativa de lo que se hace en medicina no está sostenida por evidencia sólida, y una porción significativa de lo que se gasta en salud no compra mejores resultados.
2. David Eddy: la brecha entre la práctica clínica y la evidencia
David Eddy —médico, matemático y una de las figuras fundacionales de la medicina basada en la evidencia— fue quien acuñó el término «evidence-based» y quien, ya en la década de 1980, advirtió sobre una brecha estructural entre lo que la medicina hace y lo que la medicina puede demostrar que funciona. Su definición de la práctica basada en evidencia —el uso consciente, explícito y prudente de la mejor evidencia disponible para decidir sobre el cuidado de cada paciente— sigue siendo, cuatro décadas después, la referencia del campo.
Eddy sostiene que solo alrededor del 15% de la práctica clínica cuenta con apoyo suficiente en la evidencia científica. Esta cifra varía según el área —hay campos con mayor certidumbre, como ciertos protocolos oncológicos o cardiovasculares con ensayos clínicos robustos, y otros con menor, como buena parte de la cirugía electiva o el uso de estudios complementarios—, pero constituye una advertencia permanente antes que una condena: no significa que el 85% restante de la práctica sea inútil o dañina, sino que su respaldo depende más de la experiencia clínica acumulada, la fisiopatología razonada o la costumbre profesional que de ensayos controlados concluyentes.
La pregunta que cada indicación debería responder ¿Existe evidencia suficiente que respalde esta indicación clínica? La pregunta se vuelve todavía más urgente cuando, además, existe un incentivo económico asociado a la técnica indicada: un estudio, una cirugía o una internación que además de discutible desde la evidencia, resulta rentable para quien la indica, acumula dos razones —no una— para someterla a revisión.
El aporte de Eddy no fue solamente diagnosticar el problema, sino proponer un método: guías de práctica clínica explícitas, basadas en el análisis sistemático de la evidencia y en la estimación honesta de resultados, en lugar de basadas en la opinión de expertos o en el consenso de sociedades científicas. Ese método —adoptado luego por el Institute of Medicine y por prácticamente toda la medicina basada en la evidencia posterior— es, en esencia, una respuesta institucional a la brecha que él mismo identificó.
3. Elliott Fisher y la paradoja del gasto
Si Eddy mostró que gran parte de la práctica clínica carece de respaldo suficiente, Elliott Fisher —desde el Dartmouth Institute for Health Policy and Clinical Practice— mostró la otra cara del mismo problema: ni siquiera gastar más produce, de manera sistemática, mejores resultados. A través del Dartmouth Atlas of Health Care, Fisher y sus colegas documentaron variaciones regionales enormes en el gasto de Medicare —hasta el doble entre distintas áreas geográficas de Estados Unidos— sin que esas diferencias de gasto se explicaran por diferencias de clima, de necesidad de la población o de disponibilidad tecnológica per se, sino, en buena medida, por decisiones médicas influidas por la oferta local de recursos.
El hallazgo central de sus estudios de 2003 en Annals of Internal Medicine, replicado luego en numerosos trabajos posteriores, fue que las regiones y los hospitales que más gastan no ofrecen necesariamente mejor atención: simplemente gastan más. En su análisis de cohortes de pacientes con fractura de cadera, cáncer colorrectal e infarto agudo de miocardio, un mayor índice de gasto regional se asoció, según la cohorte, a un riesgo de muerte igual o levemente mayor —nunca a una sobrevida mejor—, a pesar de que los pacientes en regiones de mayor gasto recibían hasta un 60% más de atención.
Qué reciben las regiones que más gastan
Qué NO reciben a cambio
Más días de internación, más consultas con especialistas, más estudios e imágenes
Mejor calidad técnica de la atención
Más uso de camas de terapia intensiva y procedimientos
Mejor función ni mejor sobrevida — en algunos cohortes, riesgo de muerte levemente mayor
Mayor intensidad de cuidados al final de la vida
Mayor satisfacción del paciente ni mejor acceso a atención primaria
Fisher describió esta situación como «la paradoja de la abundancia»: más consultas, más días de internación, más estudios y más procedimientos no se traducen en mejor comunicación entre médicos, ni en mejor continuidad de cuidados, ni en mayor satisfacción del paciente. Al contrario, sus datos muestran que los sistemas más intensivos en recursos suelen mostrar peor coordinación clínica y peor experiencia percibida por el propio paciente.
4. Las hospitalizaciones evitables: la continuidad de cuidados
La segunda mitad del trabajo de Fisher se concentra en una pregunta más aplicada: si gastar más no mejora los resultados, ¿dónde está entonces el margen real de mejora? Su respuesta apunta a un conjunto de condiciones crónicas —insuficiencia cardíaca, EPOC, asma y diabetes— para las cuales una atención ambulatoria oportuna, con buena continuidad de cuidados, acceso a la información clínica y capacidad de atención domiciliaria, puede evitar una proporción importante de las internaciones.
Este grupo de condiciones corresponde a lo que la literatura internacional denomina «condiciones sensibles a la atención ambulatoria» (ambulatory care–sensitive conditions, ACSC): diagnósticos para los cuales una hospitalización, cuando ocurre, suele ser leída como una señal de falla del sistema ambulatorio antes que como una fatalidad clínica inevitable. Fisher estimó que hasta un 15% de las internaciones son potencialmente evitables por esta vía.
Condición
Qué evita una atención ambulatoria oportuna
Insuficiencia cardíaca
Descompensaciones que terminan en guardia por falta de control del peso, la dieta y la medicación diurética
EPOC
Exacerbaciones que podrían controlarse con detección temprana de síntomas y ajuste de tratamiento inhalatorio
Asma
Crisis evitables con seguimiento regular, educación del paciente y control ambiental
Diabetes
Complicaciones agudas (hipoglucemias, hiperglucemias) manejables con monitoreo y contacto frecuente con el equipo tratante
El denominador común de estas cuatro condiciones no es solamente clínico: es organizacional. Ninguna de ellas se resuelve con más tecnología hospitalaria; todas mejoran con mejor seguimiento, mejor acceso a la información del paciente entre niveles de atención y mayor capacidad de intervenir antes de que la descompensación obligue a una guardia.
5. Qué implica esto para la gestión clínica y sanitaria
Leídos juntos, Eddy y Fisher describen dos caras de un mismo problema de valor en salud: una parte relevante de lo que se indica no tiene evidencia suficiente que lo respalde, y una parte relevante de lo que se gasta no compra mejores resultados. Ninguno de los dos hallazgos es un llamado al recorte indiscriminado; ambos son un llamado a preguntar, sistemáticamente, si una indicación, un estudio o una internación agregan valor real al paciente.
Para la gerencia de servicio, esto tiene consecuencias concretas: someter las indicaciones de mayor variabilidad a revisión de evidencia, prestar particular atención cuando existe un incentivo económico asociado a la técnica indicada, y priorizar la continuidad de cuidados de los pacientes con condiciones crónicas como estrategia de reducción de internaciones evitables, antes que como un gesto de buena voluntad asistencial. Es, en definitiva, la misma lógica de la medicina basada en el valor aplicada con nombre y apellido a dos de sus fuentes empíricas más influyentes.
Conclusión
Eddy demostró que la práctica clínica descansa, en una proporción considerable, sobre bases de evidencia insuficientes. Fisher demostró que ni siquiera gastar más corrige ese problema: puede, incluso, empeorarlo. Juntos ofrecen el argumento empírico más sólido para que la gestión clínica deje de medir su éxito por el volumen de recursos utilizados y empiece a medirlo por la evidencia que respalda cada indicación y por los resultados que efectivamente logra en el paciente.
Referencias
Eddy DM. Clinical decision making: from theory to practice. JAMA (serie de artículos, 1990). Evidence-Based Medicine Working Group. Evidence-based medicine: a new approach to teaching the practice of medicine. JAMA. 1992;268(17):2420-2425.
Fisher ES, Wennberg DE, Stukel TA, Gottlieb DJ, Lucas FL, Pinder EL. The implications of regional variations in Medicare spending. Part 1: the content, quality, and accessibility of care. Ann Intern Med. 2003;138:273-287.
Fisher ES, Wennberg DE, Stukel TA, Gottlieb DJ, Lucas FL, Pinder EL. The implications of regional variations in Medicare spending. Part 2: health outcomes and satisfaction with care. Ann Intern Med. 2003;138:288-298.
Wennberg JE, Cooper MM (dir.). The Dartmouth Atlas of Health Care. American Hospital Association / The Dartmouth Institute for Health Policy and Clinical Practice.
Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ). Prevention Quality Indicators (PQI) — Ambulatory Care Sensitive Conditions (ACSC).
Este documento fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como herramienta de redacción y edición, bajo supervisión científica del autor.
La doble transformación que evita la balcanización del hospital. Dedicado a los Directores de hospitales públicos. Es una reseña breve de conceptos y posicionamiento frente a la necesidad del cambio. si la transformación no se produce en los centros de costos no se producirá, en los servicios. Menos jerarquías más hospital centrado en los pacientes.
Gestores más médicos, médicos más gestores
El nuevo perfil del jefe de servicio debe sumar a su función asistencial la faceta de gestor, lo que implica transformar los puestos de responsabilidad en jefaturas que asuman el binomio riesgo-beneficio. Esto no significa alejar al gestor del paciente: al contrario, los gestores deben ser más médicos, en el sentido de estar más presentes en el terreno operativo —el Gemba de la atención—, escuchar a los equipos, conocer la demanda contenida, la disponibilidad de insumos y la evidencia científica vigente, y discutir la calidad no como privilegio de quienes pueden pagarla, sino como estándar para todos.
La macrogestión sanitaria, por más adecuada que resulte su planificación presupuestaria o normativa, no llega al paciente si no se traduce en meso y microgestión. La profesionalización de la gestión necesita reconocimiento, carrera y la construcción de socios estratégicos —universidades, autoridades locales, equipos de salud—. El directivo de una institución de salud debe ser menos funcionario y más gestor.
De los flujos de órdenes a los flujos de trabajo
Los jefes de servicio transforman la emisión de órdenes en flujos de trabajo. El flujo de órdenes responde a la priorización de los objetivos estratégicos; el flujo de trabajo, a las metas específicas que contribuyen al cumplimiento de esas metas institucionales.
Flujo de órdenes
Flujo de trabajo
Origen
Gerencia ejecutiva / dirección estratégica
Gerencia media / jefatura de servicio
Responde a
La priorización de los objetivos estratégicos institucionales
Las metas específicas que contribuyen a esos objetivos
Naturaleza
Formulación, norma, indicador
Tarea concreta, factible, asignada a un equipo real
Si no se traduce
Queda como un ideal en el papel
Nunca llega a existir
La aduana del conocimiento técnico Si las órdenes emitidas desde la gerencia ejecutiva no atraviesan correctamente esa «aduana de la ciencia y el conocimiento técnico» que constituyen las gerencias medias, todo lo formulado en las direcciones se convertirá en un ideal que nunca llega a los pacientes.
La balcanización evitable
Convertir el flujo de órdenes en flujo de trabajo alineado con la estrategia no es solo una habilidad técnica del jefe de servicio: es, ante todo, una responsabilidad de conjunto. Un gerente medio puede traducir con destreza las órdenes de la dirección en tareas para su propio equipo y, aun así, hacerlo de un modo que aísla a su servicio del resto de la institución. Por eso la condición decisiva no es solo traducir bien: es traducir sin balcanizar.
Cuando la visión del hospital no es compartida por las gerencias medias, los flujos de órdenes estratégicas no se convierten en flujos de trabajo operativos alineados entre sí, y se profundiza lo que suele describirse como la «balcanización» de las empresas de salud: servicios que funcionan como feudos aislados, cada uno con su propia interpretación de la estrategia, con lógicas propias desconectadas entre sí y de la institución en su conjunto.
La condición para no balcanizar Un jefe de servicio convierte órdenes en trabajo alineado con la estrategia —y no en un feudo más— cuando negocia sus prioridades con los servicios vecinos y con los procesos transversales, comparte información con otras jefaturas en lugar de atesorarla, y subordina el objetivo particular de su servicio al objetivo común de la institución cuando ambos entran en tensión.
Revertir la balcanización mediante gerentes medios que actúen como socios estratégicos —y no como funcionarios que solo transmiten órdenes puertas adentro de su propio servicio— es la única vía sostenible para que la estrategia institucional deje de ser un documento y se convierta en atención efectiva y coordinada.
Conclusión
Los flujos de órdenes estratégicas emitidas desde la dirección solo se convierten en flujos de trabajo efectivos cuando los gerentes medios —los jefes de servicio transformados— actúan como socios estratégicos con mística y competencia.
Contener a los mejores, en una empresa de conocimiento con núcleo operativo profesional requiere retener a los mejores y por más tiempo.
Una empresa de conocimiento, no una fábrica
Un jefe de servicio o un gerente médico dirige, en rigor, una empresa de conocimiento. La materia prima no es un insumo estandarizado sino el juicio clínico de profesionales altamente calificados, y el producto final —el cuidado del paciente— se decide en gran medida en la cabecera de la cama, no en el organigrama. Henry Mintzberg describió esta configuración como «burocracia profesional»: una organización con un núcleo operativo autónomo, formado por especialistas que ejercen su criterio antes que seguir instrucciones jerárquicas estrictas. El hospital y el sanatorio son el ejemplo de manual.
Esa autonomía es, al mismo tiempo, la mayor fortaleza y el mayor desafío de gestión. No se dirige a un profesional universitario del mismo modo que se dirige una línea de producción: se lo convence, se lo forma, se lo evalúa con criterios que reconozca como legítimos y, sobre todo, se lo retiene cuando es bueno.
El peso económico del capital humano
La gestión del recurso humano no es solamente una cuestión de clima o de cultura organizacional: es, antes que nada, una cuestión de números. En la mayoría de las instituciones de salud, el personal representa entre el 65% y el 70% del costo total de operación, muy por encima de cualquier otro rubro presupuestario.
El dato que ordena las prioridades Cuando dos tercios del presupuesto están puestos en las personas, la gestión eficiente del recurso humano deja de ser un tema exclusivo del área de Recursos Humanos y se convierte en una de las palancas más poderosas —quizás la más poderosa— de la gerencia de servicio.
Esto tiene una consecuencia práctica directa: cualquier estrategia de sostenibilidad financiera de una clínica u hospital que no ponga en el centro la gestión del personal está discutiendo, en el mejor de los casos, un tercio del problema.
Retener a los mejores: el recurso magnético
Si el costo del personal es la variable dominante, la rotación no deseada es uno de los riesgos más caros que puede correr una institución: cada salida de un profesional formado implica costos de reemplazo, curva de aprendizaje del nuevo integrante y, muchas veces, una fuga de conocimiento tácito que no figura en ningún balance.
El modelo Magnet —desarrollado originalmente para enfermería y hoy referencia para la gestión del talento en salud en general— parte precisamente de esa premisa: un hospital «magnético» es aquel capaz de atraer y retener a los mejores profesionales, no por la vía de la compensación económica exclusivamente, sino a través de liderazgo transformacional, empoderamiento estructural y una práctica profesional que el propio equipo reconoce como ejemplar. Contener a los que cumplen y a los que se destacan, en definitiva, no es un gesto de generosidad gerencial: es una decisión económica racional.
Las cinco palancas de la gestión del recurso humano
En la práctica cotidiana de un servicio, esa gestión eficiente se juega en cinco terrenos concretos, todos gestionables desde la jefatura de servicio y no solo desde la dirección de Recursos Humanos:
Palanca
Qué mueve en la organización
Clima organizacional
El ambiente de trabajo condiciona el compromiso, la comunicación entre equipos y, en última instancia, la seguridad del paciente. Un clima tóxico erosiona en meses lo que la formación construyó en años.
Distribución de tareas
Asignar la tarea correcta al profesional correcto —evitando que personal calificado dedique tiempo a actividades de bajo valor agregado— libera capacidad instalada sin agregar un solo recurso nuevo.
Reducción del ausentismo
El ausentismo no planificado desorganiza los equipos, obliga a cubrir guardias con recursos de menor idoneidad y encarece la operación vía horas extra. Medirlo por servicio es el primer paso para gestionarlo.
Formación continua
En una empresa de conocimiento, la actualización profesional no es un beneficio accesorio: es la forma en que la organización mantiene vigente su principal activo productivo.
Evaluación objetiva del desempeño
Sin criterios explícitos y verificables, la evaluación se percibe como arbitraria y pierde su función de desarrollo. Evaluar bien es, también, una forma de cuidar y de retener.
Ninguna de estas cinco palancas rinde de forma aislada. El clima organizacional deteriorado eleva el ausentismo; el ausentismo mal cubierto sobrecarga la distribución de tareas; la falta de formación continua vuelve subjetiva —y por lo tanto resistida— la evaluación de desempeño. Se trata de un sistema, y como todo sistema, exige mirada integral y sostenida en el tiempo, no intervenciones puntuales frente a la crisis del mes.
Conclusión
Gestionar personas en una organización de conocimiento intensivo en mano de obra no es una tarea delegable ni un capítulo aparte de la gestión clínica: es, junto con la calidad asistencial, el núcleo del trabajo del jefe de servicio y del gerente médico. Contener a los mejores, sostener a los que cumplen y construir un recurso humano magnético no es una aspiración cultural sino, antes que nada, la palanca más directa hacia la sostenibilidad de la institución.
Para profundizar
Mintzberg, H. La estructuración de las organizaciones. Ariel — sobre la configuración de «burocracia profesional» aplicada a organizaciones de salud.
American Nurses Credentialing Center (ANCC) — Magnet Recognition Program, sobre los componentes de un modelo de atracción y retención de talento en salud.
Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) — Recursos Humanos para la Salud, documentos de gobernanza y planificación del personal sanitario en la región.
Entre el compromiso visible y el manejo delicado de los derechos adquiridos
Un liderazgo que se ve, no que se declara
El liderazgo del gerente de servicio no se mide por lo que dice en una reunión de comité, sino por el conjunto de comportamientos que, de manera sostenida, estimulan una cultura de gestión de calidad total en su equipo. No es un atributo de carácter ni un estilo personal: es una práctica cotidiana, observable y —por eso mismo— exigible.
Cuatro comportamientos concentran esa práctica: el compromiso visible con los objetivos del servicio, la presencia regular en las áreas asistenciales, la comunicación efectiva con el equipo y un liderazgo ejemplar que sostiene con la conducta lo que se pide con la palabra.
Comportamiento
Qué transmite al equipo
Compromiso visible
El equipo no se compromete con lo que el gerente dice, sino con lo que el gerente prioriza con su tiempo y su atención. El compromiso que no se ve, para el equipo, no existe.
Presencia regular en los servicios
Recorrer los servicios de forma sistemática —no solo ante la crisis— es lo que permite detectar a tiempo un problema de calidad y, al mismo tiempo, lo que legitima al gerente para exigir después.
Comunicación efectiva
Explicar el porqué de una decisión, y no solo el qué, transforma una norma impuesta en una norma comprendida; es la diferencia entre cumplimiento y adhesión.
Liderazgo ejemplar
El estándar que el gerente exige a otros es, primero, el estándar que exhibe en su propia conducta. La incoherencia entre el discurso y la práctica es el modo más rápido de perder autoridad.
Estos cuatro comportamientos no son aditivos: se refuerzan o se anulan entre sí. Un gerente con comunicación efectiva pero sin presencia real en el servicio termina comunicando bien decisiones que no conoce de primera mano. La combinación de las cuatro es lo que distingue un liderazgo eficaz de un liderazgo meramente declarado.
La dimensión administrativa: un territorio delicado
Junto al liderazgo cultural conviven las responsabilidades administrativas del cargo: el control de horarios, de las concurrencias y del cumplimiento de las normas de trabajo. Es una dimensión distinta, y bastante menos cómoda, porque interpela directamente a los derechos adquiridos de un equipo que, además, suele tener una identidad profesional fuerte y una historia previa en la institución.
Por qué este territorio exige otra cosa Gestionar horarios, francos, licencias y concurrencias no es un ejercicio administrativo neutro: cada decisión toca la vida cotidiana de una persona y su percepción de equidad respecto de sus pares. Aplicar una norma de manera pareja, sin excepciones que se perciban como favores, es lo que sostiene —o destruye— la legitimidad del gerente en toda otra área de la gestión.
Por eso este territorio, más que cualquier otro, requiere autoridad con legitimidad técnica y moral. La legitimidad técnica se construye con criterio clínico reconocido por los pares y con decisiones fundamentadas, no arbitrarias. La legitimidad moral se construye con coherencia: aplicar la misma norma un lunes y un viernes, a un residente y a un jefe de equipo.
Conclusión
El gerente de servicio ejerce, en simultáneo, dos formas de autoridad que rara vez se enseñan juntas: una autoridad cultural, que se construye con presencia y ejemplo, y una autoridad administrativa, que se ejerce sobre derechos adquiridos y exige por lo tanto legitimidad indiscutida. Confundir una con la otra —pretender autoridad administrativa sin haber construido legitimidad cultural, o viceversa— es, probablemente, el error de conducción más frecuente en la línea media de las instituciones de salud.
Para profundizar
NEJM Catalyst — «The Essential Physician Leader» (2026), sobre las competencias de liderazgo médico exigidas hoy en la conducción de servicios y organizaciones de salud.
Gemba walk y ronda gerencial diaria — sobre la presencia regular en los servicios como práctica sistemática de liderazgo, no como visita ocasional.
American Nurses Credentialing Center (ANCC) — Magnet Recognition Program, sobre liderazgo transformacional como componente de la retención de talento en salud.
Del organigrama a los procesos: qué transforma el gerente de servicio
Una matriz, no una pirámide
El organigrama tradicional dibuja al hospital como una pirámide. La matriz de Neuhauser lo describe, con más precisión, como lo que efectivamente es: una organización matricial, ad hoc, atravesada por dos lógicas simultáneas que rara vez coinciden en el mismo casillero de un organigrama.
Por un lado, los jefes de servicio de las distintas especialidades —clínica médica, cirugía, pediatría, ginecología y obstetricia— conducen procesos clínicos específicos, verticales, con objetivos y resultados propios de cada especialidad. Por otro lado, atraviesan horizontalmente toda la organización los procesos transversales de apoyo —radiología, laboratorio, quirófanos, internación— que no pertenecen a ningún servicio en particular porque sirven a todos por igual.
Servicios clínicos ↓ / Procesos transversales →
Radiología
Laboratorio
Quirófanos
Internación
Clínica médica
●
●
●
●
Cirugía
●
●
●
●
Pediatría
●
●
●
●
Ginecología y obstetricia
●
●
●
●
Cada intersección de esa matriz es un punto de coordinación obligada: la cirugía necesita quirófanos y laboratorio tanto como la clínica médica necesita internación y radiología. Ningún servicio es dueño exclusivo de un proceso transversal, y esa es, precisamente, la fuente de casi todas las tensiones de coordinación en un hospital.
La doble autoridad y su tensión
Toda organización matricial reparte la autoridad en dos ejes que conviven, y a veces compiten: el jefe de servicio tiene autoridad clínica y de conducción sobre los integrantes de su equipo, mientras que los responsables de los procesos transversales administran un recurso compartido que debe repartirse —muchas veces en tiempo real— entre servicios con demandas simultáneas y prioridades distintas.
El costo de la matriz La organización matricial gana en enfoque específico y en capacidad de adaptación, pero paga un precio: mayor complejidad de coordinación y un riesgo permanente de duplicación de esfuerzos si nadie asume la traducción entre ambos ejes. Ese riesgo no se resuelve con más jerarquía —el hospital no puede volverse una pirámide— sino con mejor gestión de la interfaz entre servicios y procesos transversales.
Esa interfaz es, exactamente, el lugar de trabajo del gerente de servicio.
La función central del gerente de servicio: traducir la orden en trabajo
La tecnoestructura y la gerencia estratégica del hospital producen protocolos, normas, indicadores y decisiones de asignación de recursos. Ninguno de esos flujos llega por sí solo, ni intacto, hasta la cabecera del paciente: necesita a alguien que lo traduzca en tareas concretas, factibles, para el equipo que efectivamente atiende.
Esa es la función central del gerente de servicio: transformar los flujos de órdenes que emanan de la tecnoestructura y la gerencia estratégica en flujos de trabajo efectivos que lleguen al núcleo operativo, donde están los pacientes. No es una función administrativa secundaria; es la bisagra que hace que la estrategia del hospital se convierta —o no— en atención real.
Conclusión
Entender al hospital como una matriz de Neuhauser, y no como una pirámide, cambia lo que se le exige a un gerente de servicio: no alcanza con conducir bien el eje vertical de su especialidad si no gestiona también, de forma activa, sus intersecciones con los procesos transversales. Y no alcanza con recibir órdenes de la estrategia institucional si no se las traduce en trabajo posible para el equipo que está, todos los días, frente al paciente.
Para profundizar
Neuhauser, D. — descripción de la estructura matricial del hospital, con jefes de servicio conduciendo procesos clínicos verticales y procesos transversales de apoyo atravesando la organización.
Mintzberg, H. — La estructuración de las organizaciones, sobre el rol de la línea media conectando ápice estratégico, tecnoestructura y núcleo operativo.
Díaz, C. A. — «El hospital, organización matricial», saludbydiaz.com (2021), desarrollo previo sobre autoridad de los jefes de servicio en la organización matricial hospitalaria.
N Engl J Med 2026 ; 395 : 417 – 419 DOI: 10.1056/NEJMp2606019 VOL. 395 NÚM. 5
El apoyo legislativo a la asistencia médica para morir (MAID, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos está creciendo. Tan solo en el último año, tres estados —Delaware, Illinois y Nueva York— legalizaron la práctica, elevando a 14 el número de jurisdicciones que la permiten (13 estados más el Distrito de Columbia). Casi un tercio de la población estadounidense reside ahora en una jurisdicción donde la MAID es legal, lo que permite a los profesionales sanitarios autorizados prescribir medicamentos letales a pacientes terminales, siempre que se cumplan ciertos requisitos reglamentarios (por ejemplo, que el paciente sea adulto con un pronóstico de supervivencia de 6 meses o menos, sea mentalmente competente, pueda autoadministrarse la medicación y, en algunas jurisdicciones, sea residente del estado y haya esperado el período prescrito). Sin embargo, a pesar de este crecimiento significativo, existe una paradoja en el centro de la MAID: cualesquiera que sean las razones para apoyarla, su expansión depende de su rareza.Uno de los principales argumentos éticos que impulsan la legalización de la MAID en Estados Unidos se basa en la suposición de que seguirá siendo un evento poco frecuente. Si funciona correctamente, sostienen sus defensores, se utilizará con poca frecuencia. En las jurisdicciones estadounidenses con la mayor trayectoria en MAID, las tasas de utilización son excepcionalmente bajas. En Oregón, que autorizó la MAID en 1997, se registraron un total de 400 muertes bajo la Ley de Muerte con Dignidad de Oregón (DWDA) en 2025, lo que representa aproximadamente el 1 % del total de muertes en Oregón ese año.<sup> 1 </sup> A pesar del crecimiento constante en la utilización desde 1997, los datos de Oregón han convencido a muchos legisladores de otros estados de que la legalización no conducirá a una pendiente resbaladiza de abuso en la que se coaccione a pacientes vulnerables a utilizar la MAID, una preocupación clave de los opositores.<sup> 2 </sup> El meollo de la paradoja de la utilización de la MAID radica en el hecho de que su popularidad entre los legisladores se basa parcialmente en su impopularidad en la práctica. Dadas estas bajas tasas de utilización, ¿qué nos revela el impulso hacia un mayor acceso a la asistencia médica para morir (MAID) sobre las aspiraciones culturales respecto a la muerte y el morir en Estados Unidos hoy en día? El deseo de un mayor control al final de la vida es fundamental para la búsqueda de la MAID. La MAID permite a los pacientes terminales controlar el momento y las circunstancias de su muerte, así como los síntomas con los que están dispuestos a convivir y el sufrimiento que esperan evitar. Al permitir que los pacientes planifiquen el momento y el lugar de su muerte y quién los acompañará, también se fomenta el control sobre el significado personal de la muerte. Desde esta perspectiva, la muerte se convierte en una experiencia que uno mismo organiza activamente, en lugar de un evento al que se resiste o que simplemente soporta. La eutanasia asistida transforma el proceso de morir y permite a la persona moribunda optar por una muerte digna, que refleje ciertos valores personales, culturales y estéticos. Por lo general, esto implica estar rodeado de seres queridos y objetos significativos, en un lugar de preferencia (a menudo en casa), con un toque ritual (como un brindis final), antes de ingerir una dosis letal de medicación. También suele implicar una muerte más higiénica, acortando el proceso de morir, lo que minimiza la emisión de olores, sonidos y fluidos corporales desagradables que, de otro modo, acompañarían el lento declive de la muerte natural. Planificar la muerte ofrece una forma de mitigar su incertidumbre inherente, dotándola de cierto control personal. El deseo de dicha planificación resalta el valor de la autodeterminación en la sociedad estadounidense. Las leyes de asistencia médica para morir (MAID) abren un camino para que las personas con enfermedades terminales —que deben perder gran parte de su autonomía— puedan recuperar el control sobre el último gran acontecimiento de su vida. En algunos casos, el deseo de evitar el sufrimiento al final de la vida también podría reflejar la secularización de la sociedad estadounidense en la era moderna y la erosión de las creencias culturales que conciben el sufrimiento como fundamentado en un propósito religioso. Este potencial de la MAID para controlar la incertidumbre y limitar el sufrimiento resulta atractivo para muchos estadounidenses , independientemente de su elegibilidad; la MAID puede ser incluso más atractiva en el momento histórico actual, marcado por la abrumadora incertidumbre de la guerra y la inestabilidad política, la inestabilidad económica, el cambio climático y la ansiedad ante la inteligencia artificial.Al mismo tiempo, las implicaciones clínicas de la MAID van más allá de lo que sugieren las estadísticas de utilización. Muchos más pacientes solicitan la MAID a un médico de los que llegan a utilizarla¹ : algunos pacientes que la solicitan no cumplen los requisitos y otros simplemente desean tener la medicación a mano para mayor tranquilidad. Tener la opción de la MAID es valioso en sí mismo, incluso si la medicación no se consume finalmente. El año pasado en Oregón, 637 personas recibieron recetas bajo la DWDA, de las cuales 358 ingirieron la medicación, 100 fallecieron por causas naturales sin ingerirla y en 179 casos se desconoce si la ingirieron o no.¹
Estudios sobre las interacciones entre médicos y pacientes también han revelado que la asistencia médica para morir (MAID) suele ser un punto de partida para conversaciones más profundas sobre las preocupaciones al final de la vida.⁴ Iniciar una conversación sobre la MAID puede indicar que un paciente está listo para pasar a una etapa diferente del tratamiento, a menudo pasando de una intención curativa a una paliativa. O puede abrir un espacio para que un paciente exprese angustia existencial y temores sobre la muerte. Puede facilitar la búsqueda de formas alternativas de control, como el manejo del dolor o los síntomas, o el rechazo de ciertos tratamientos. En una sociedad en la que hablar de la muerte sigue siendo un tema relativamente tabú, legalizar la MAID abre la puerta a una nueva perspectiva sobre la planificación del final de la vida, una que en última instancia puede beneficiar a muchos más pacientes estadounidenses que solo aquellos que son elegibles para la MAID. Proporciona una justificación cultural para una discusión más profunda sobre un tema profundamente estigmatizado, cambiando el tipo de conversaciones sobre la muerte y el morir que médicos y pacientes podrían tener.Con la legalización de la asistencia médica para morir (MAID) en más jurisdicciones, los médicos que atienden a pacientes gravemente enfermos deben prepararse para estas conversaciones, independientemente de si ejercen en una jurisdicción donde la MAID está autorizada o si aceptarían prescribirla si pudieran hacerlo legalmente. 5 Si bien la defensa de la MAID puede basarse en parte en su uso poco frecuente, su legado cultural va más allá de su autorización legal en jurisdicciones específicas o de su uso por pacientes específicos. Como fenómeno cultural que ha cautivado la imaginación pública, la MAID invita a reflexionar creativamente sobre lo que la demanda de la misma revela acerca de cómo mueren las personas en Estados Unidos hoy en día. Su auge sugiere que muchos estadounidenses desean más oportunidades para planificar su muerte y dotarla de un significado personal. El proceso de planificación, a su vez, puede devolver cierto control sobre un proceso incierto, que inspira temor y, en cierto modo, fundamentalmente desconocido.Esta comprensión cultural puede y debe canalizarse para mejorar la atención al final de la vida de todos los pacientes. La expansión de la asistencia médica para morir (MAID, por sus siglas en inglés) demuestra el valor de contar con una opción al final de la vida que las personas no desean o no necesitan utilizar. Un beneficio inesperado de la legalización de la MAID es su capacidad para ayudar a pacientes y médicos a iniciar nuevas conversaciones sobre lo que más importa a los pacientes en las etapas finales de una enfermedad grave y cómo pueden vivir y morir de manera acorde con esos valores. Puede brindarles a los pacientes la oportunidad de expresar sus mayores esperanzas y temores. Al recordarles a los pacientes terminales que la muerte puede ser una elección, puede interrumpir la lógica de simplemente aceptar el siguiente tratamiento hasta que no queden opciones. Esta es, entonces, otra faceta de la paradoja de la MAID: tiene el potencial de impactar muchas más vidas que aquellas a las que termina.
Abha Mehndiratta · Ursula Giedion · Adrian Gheorghe · Martin Sabignoso — Centro para el Desarrollo Global (CGD), julio de 2026
Preparado para el blog por Dr. Carlos Alberto Díaz
saludbydiaz.com
Este resumen fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como apoyo de redacción y edición, bajo supervisión científica del Dr. Carlos Alberto Díaz.
Definiciones del documento original • HBP: la selección de servicios de salud que se ofrecen, con una cierta cobertura de costos y de población. • Ciclo de actualización del HBP: el proceso regular de revisión y ajuste del diseño e implementación del paquete —alcance, contenido, población beneficiaria, tarifas, presupuesto y comunicación— para que evolucione junto con las necesidades sanitarias, las prioridades del sistema y los recursos disponibles. • Espacio de decisión del HBP: los límites institucionales dentro de los cuales se toman las decisiones de diseño e implementación del paquete, que atraviesan sectores (financiamiento, prestación, diseño de beneficios) y niveles de gobierno (nacional, subnacional, proveedor). • Facilitadores directos: herramientas y procesos que apoyan directamente la implementación y el seguimiento del HBP (presupuesto, inscripción, compras, SIS específico del HBP). • Facilitadores estructurales: componentes más amplios del sistema de salud —marcos legales, gestión financiera pública, infraestructura, recursos humanos— que condicionan el HBP pero están fuera del control directo de sus equipos de gestión. • Guías de práctica clínica: recomendaciones basadas en revisión sistemática de evidencia que responden a la pregunta de “qué hacer” y son usadas por los proveedores; junto con las vías clínicas, forman la base técnica para estructurar y monitorizar el HBP.
1. RESUMEN EJECUTIVO
Los Paquetes de Beneficios de Salud (HBP, por su sigla en inglés) definen qué servicios de salud están cubiertos, para quiénes y bajo qué condiciones financieras. Constituyen una herramienta central para avanzar hacia la Cobertura Sanitaria Universal (CSU), pero en la práctica suele existir una brecha entre lo prometido en papel y lo efectivamente prestado. Este documento del Centro para el Desarrollo Global (CGD) sostiene que el Monitoreo del Paquete de Beneficios de Salud (HBPM) es la palanca crítica —y hasta ahora poco utilizada— para cerrar esa brecha: mejora la rendición de cuentas, identifica cuellos de botella y traduce derechos formales en acceso real.
El marco conceptual propuesto se apoya en consultas de expertos, una revisión de la literatura y de las prácticas nacionales, y una evaluación de las lagunas existentes en las guías sobre diseño y seguimiento de los HBP. A partir de ese trabajo, los autores identifican ocho principios fundamentales que se organizan en tres bloques de construcción mutuamente reforzados:
Indicadores: qué se debe medir para reflejar los objetivos del HBP y sus facilitadores directos.
Instituciones: quién es responsable de medir, con qué mandato legal, capacidad y financiamiento.
Sistemas de Información Sanitaria (SIS): cómo se producen, integran y utilizan los datos.
El marco va acompañado de una Herramienta de Evaluación de Madurez de la HBPM (HBPM MAT), presentada en un documento de trabajo independiente, que permite a los países identificar brechas y prioridades concretas para fortalecer sus sistemas de monitoreo.
Idea central del documento • Los principios y bloques de construcción son intencionalmente aspiracionales: reflejan un ideal hacia el que los sistemas de HBPM pueden evolucionar progresivamente, según el contexto y la capacidad de cada país. • El monitoreo sistemático no solo evalúa la implementación: también informa las revisiones del HBP, fortalece la rendición de cuentas, sostiene la mejora continua y asegura que el paquete contribuya efectivamente a la CSU. • Los datos por sí solos no mejoran los sistemas de salud; lo que los mejora son las decisiones que esos datos permiten tomar.
El documento original se organiza en cinco capítulos, que este resumen sigue de cerca: tras la introducción, el segundo capítulo explica por qué es importante monitorizar los HBP y expone los ocho principios fundamentales; el tercero desarrolla el alcance del monitoreo, el espacio de decisión y el ciclo de actualización del HBP; el cuarto aborda el diseño de indicadores aptos para su propósito; el quinto desarrolla el marco institucional necesario; y el sexto examina el rol de los sistemas de información sanitaria. El análisis se apoya de manera constante en experiencias nacionales concretas —principalmente Chile, Tailandia, Argentina, Estonia, Uruguay y Filipinas— que ilustran distintos grados de madurez en cada uno de los tres pilares.
2. EL PORQUÉ DE LA HBPM: JUSTIFICACIÓN E IMPORTANCIA
2.1. Introducción
El documento está organizado en cinco capítulos. Tras la introducción, el segundo capítulo explica por qué es importante monitorizar los paquetes de beneficios de salud, expone los ocho principios fundamentales que deben guiar el diseño o el fortalecimiento de un sistema de HBPM, y examina cómo el monitoreo puede informar la toma de decisiones a lo largo del ciclo de actualización del HBP. Los capítulos siguientes desarrollan en detalle los tres pilares: indicadores, marco institucional y sistemas de información sanitaria.
El marco no pretende ser una fórmula única: la posición exacta de cada país dependerá de su contexto y capacidades. Para simplificar el análisis, tampoco aborda los desafíos adicionales que surgen cuando coexisten varios HBP dentro de un mismo sistema de salud.
2.2. Justificación: cuatro razones para monitorizar el HBP
Aunque los HBP son ampliamente reconocidos como una herramienta clave para avanzar en la CSU, rara vez se monitorizan de forma sistemática. Los autores identifican cuatro razones de peso para hacerlo:
Evaluar si se están alcanzando los objetivos del HBP — el punto de partida de cualquier política que busque cerrar la brecha entre la promesa y la realidad.
Aumentar la rendición de cuentas y la confianza pública, ya que un HBP es una promesa que el gobierno hace a la población.
Identificar obstáculos, distinguiendo si las deficiencias responden a fallas de diseño (definiciones vagas, tarifas poco realistas) o a desafíos de implementación (escasez de personal, quiebres de la cadena de suministro, sistemas de información débiles).
Asegurar apoyo político: los responsables políticos sostienen un proceso de HBP o de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (HTA) solo cuando pueden ver evidencia creíble y medible de que cumple lo prometido.
La base de evidencia sobre monitoreo de HBP sigue siendo escasa y fragmentada. De la literatura disponible surgen mensajes recurrentes: los países carecen de directrices estructuradas y procesos institucionalizados de seguimiento; donde el monitoreo está más avanzado —como en Chile o Argentina— se apoya en responsabilidades institucionales claras, sistemas de información dedicados y vínculos explícitos entre monitoreo, financiamiento y gestión del desempeño; y una monitorización eficaz exige capacidad gerencial y técnica sostenida, sin la cual los sistemas permanecen parciales o subutilizados.
El Anexo 1 del documento original sistematiza esta evidencia a partir de una selección intencionada —no una revisión sistemática— de publicaciones sobre monitoreo de HBP, fijación de prioridades y HTA. Solo un número reducido de estudios examina directamente el seguimiento de los paquetes de beneficios, por lo que buena parte de la evidencia se extrae, por analogía, de la literatura sobre priorización y evaluación de tecnologías sanitarias. Trabajos como el de Danforth et al. (2023) documentan la ausencia de guías y estándares para el seguimiento y la evaluación de los paquetes esenciales de servicios en distintos países, reforzando el diagnóstico central del documento: la HBPM sigue siendo una función débilmente institucionalizada a nivel global.
2.3. Los ocho principios fundamentales de la HBPM
Estos principios —que no se espera que se cumplan plenamente en la mayoría de los contextos— constituyen la base tanto del marco conceptual como del HBPM MAT, y sirven de referencia para que los países diseñen o refuercen sus propios sistemas.
Principio
Qué implica
1. HBP claro y explícito
El monitoreo depende de un paquete bien definido: qué se cubre, con qué calidad, para quién y bajo qué condiciones financieras.
2. Guías clínicas como base
Alinear el HBP con guías de práctica clínica basadas en evidencia permite un seguimiento sistemático a lo largo de la vía de atención.
3. Vínculo con el ciclo de actualización
La evidencia generada debe ser accionable dentro del ciclo de actualización del HBP, no solo medible.
4. Objetivos y facilitadores directos
El seguimiento debe cubrir tanto los resultados esperados del HBP como los factores operativos que impulsan su desempeño.
5. Selección estratégica de indicadores
Priorizar indicadores de alto valor para la decisión, evitando mediciones innecesarias.
6. Monitoreo factible y por fases
Comenzar con un alcance manejable según la capacidad existente y escalar progresivamente.
7. Alineación con la estrategia nacional de SIS
Evitar sistemas paralelos; construir sobre estándares e infraestructura de información ya existentes.
8. Institucionalización y gobernanza multinivel
Mandatos claros, financiamiento sostenible, capacidad de gestión y rendición de cuentas en todos los niveles.
A partir de estos ocho principios, el marco HBPM se organiza en tres pilares: los indicadores (qué medir, Capítulo 3), las instituciones (quién es responsable de medir, Capítulo 4) y los SIS vinculados al HBP (cómo se producen, gestionan y usan los datos, Capítulo 5).
3. ALCANCE, ESPACIO DE DECISIÓN Y CICLO DE ACTUALIZACIÓN DEL HBP
3.1. El alcance de la HBPM
El HBPM solo es efectivo cuando su alcance está enfocado, es accionable y factible, y está alineado con las palancas que los equipos de HBP realmente pueden influir. El documento distingue entre dos tipos de facilitadores:
Facilitadores directos: herramientas y procesos operativos dentro del mandato del equipo de HBP (por ejemplo, definiciones de servicios, tarifas, disponibilidad de insumos) y que pueden ajustarse mediante el diseño y la revisión del paquete.
Facilitadores estructurales: fuerza laboral, infraestructura, cadenas de suministro y arreglos más amplios de gobernanza o financiamiento, que moldean el entorno del sistema pero están fuera del control directo de los equipos de HBP.
La HBPM debería priorizar los facilitadores directos, dejando los estructurales a mecanismos de monitoreo más amplios a nivel de sistema. Esta distinción ayuda a delimitar qué entra dentro del ámbito de responsabilidad de la HBPM.
Característica
Facilitador directo
Facilitador estructural
Definición
Herramientas y procesos que apoyan directamente la implementación y el seguimiento del HBP (presupuesto, inscripción, compras, SIS del HBP).
Componentes amplios de política y gobernanza del sistema (marcos legales, gestión financiera pública, infraestructura, recursos humanos).
Enfoque
Operativo y de proceso.
Infraestructura y capacidad a nivel de sistema.
Ejemplos
Tasas de utilización, tarifas de reembolso, mecanismos de compra, plan de comunicación del HBP.
Infraestructura sanitaria, fuerza laboral, cadenas de suministro.
Horizonte de influencia
Corto y mediano plazo.
Mediano y largo plazo.
Responsabilidad
Equipos de diseño, actualización e implementación del HBP.
Departamentos o ministerios del sistema de salud en general.
Rol en la HBPM
Debería ser prioridad del monitoreo.
Puede referenciarse, pero se supervisa por mecanismos separados.
3.2. Monitoreo de la CSU y HBPM: solapamientos y diferencias
Si los HBP operacionalizan los objetivos de la CSU, ¿por qué se necesita un marco de monitoreo separado? La respuesta radica en el enfoque y la función de cada uno: el monitoreo de la CSU ofrece una visión sistémica y de alto nivel, comparable entre países; el monitoreo del HBP es más específico del contexto y de la operación, y evalúa si los servicios incluidos se prestan a todos los que tienen derecho, con calidad adecuada y sin dificultades económicas, examinando además los factores que condicionan la prestación (presupuestos, tarifas, compras, comunicación de derechos). En síntesis, la HBPM traduce las ambiciones amplias de la CSU en preguntas accionables y específicas de cada país.
Elemento
Monitoreo de la CSU
HBPM
Diferencia clave
Propósito
Seguir el progreso nacional y global hacia acceso, calidad y protección financiera.
Seguir el progreso del HBP y los factores que permiten alcanzar sus objetivos.
La CSU es macro y comparable entre países; el HBPM es nacional y específico del paquete.
Alcance y enfoque
La mayoría de los servicios esenciales, sin monitorizar sistemáticamente los facilitadores.
Las intervenciones incluidas en el HBP y sus facilitadores directos (presupuesto, costos, compras).
La CSU no vincula resultados con las palancas operativas del paquete; el HBPM sí.
Indicadores y métricas
Indicadores agregados, como los ODS 3.8.1 (cobertura de servicios) y 3.8.2 (protección financiera).
Indicadores detallados: cobertura efectiva, cumplimiento de guías clínicas, brechas de costos, gasto de bolsillo.
La CSU usa métricas de alto nivel; el HBPM incluye indicadores operativos vinculados a los facilitadores.
Fuentes de datos y SIS
Principalmente encuestas de hogares y estimaciones modeladas, comparables entre países.
Datos administrativos en tiempo real, historias clínicas electrónicas, reclamaciones y registros de proveedores.
La CSU usa datos periódicos a nivel nacional; el HBPM usa datos operativos en tiempo real.
3.3. El espacio de decisión informado por la HBPM
El espacio de decisión de un HBP es el conjunto de decisiones que sus responsables están autorizados a tomar, y por tanto el ámbito en el que el monitoreo puede informar la acción. Opera horizontalmente (financiamiento, prestación de servicios, diseño de beneficios) y verticalmente (desde instituciones nacionales hasta proveedores), lo que exige sistemas de HBPM coherentes entre actores y niveles.
3.4. El ciclo de actualización del HBP: ocho pasos
El ciclo de actualización del HBP es el proceso estructurado e iterativo mediante el cual se preparan, toman e implementan las decisiones sobre el paquete. En su núcleo está la necesidad de alinear el HBP con sus objetivos generales, casi siempre vinculados al progreso hacia la CSU; lograr esa alineación exige ir más allá de definir “qué está dentro y qué está fuera”, abordando también las condiciones operativas necesarias para que el paquete se entregue según lo previsto y evolucione con el tiempo.
La necesidad de un enfoque más amplio y a nivel de sistema para actualizar el HBP fue planteada por primera vez por Glassman et al. (2017), cuyo trabajo desplazó el foco desde una lógica de inclusión/exclusión impulsada principalmente por la Evaluación de Tecnologías Sanitarias hacia un proceso más dinámico que considera el diseño, la implementación, el financiamiento y los mecanismos institucionales necesarios para ajustar el paquete en el tiempo. Sobre esa base, la Autoridad Nacional de Salud de India propuso un ciclo de actualización más operativo (Manual del HBP del programa Ayushman Bharat Pradhan Mantri Jan Arogya Yojana, 2026), que los autores refinan aquí en un ciclo de ocho pasos:
Paso
Fase del ciclo
Rol del monitoreo
1
Evaluar si el HBP va en camino
Identificar brechas frente a los objetivos del HBP y explorar sus posibles causas.
2
Evaluar cobertura poblacional y de servicios
Analizar patrones de acceso, utilización y equidad.
3
Decidir inclusión/exclusión frente a nueva evidencia
Comparar el costo de oportunidad de introducir servicios nuevos frente a cerrar brechas existentes.
4
Revisar tasas de reembolso, tarifas y métodos de pago
Proponer estructuras de tarifas que promuevan una provisión eficiente y de calidad.
5
Evaluar impacto fiscal y presupuestario
Asegurar la sostenibilidad financiera del HBP y la alineación con el presupuesto disponible.
6
Deliberar y consultar con las partes interesadas
Recomendar actualizaciones basadas en evidencia y en un proceso transparente.
7
Desarrollar el plan de implementación
Establecer un marco operativo para la cobertura efectiva, la calidad y la equidad.
8
Establecer el sistema de monitoreo
Recopilar los datos críticos que retroalimentarán los ciclos posteriores de actualización.
Los datos recogidos por la HBPM a lo largo de estos ocho pasos sustentan decisiones fundamentadas en evidencia en cada etapa, asegurando que la información generada esté directamente vinculada a la práctica de gestión del paquete.
4. INDICADORES APTOS PARA UN HBPM EFECTIVO
El diseño y uso de indicadores es uno de los tres pilares de un sistema HBPM eficaz, junto con un marco institucional sólido y un SIS bien funcional. Los indicadores se derivan de los objetivos del HBP y deben seleccionarse o diseñarse de forma estratégica, gradual y alineada con el sistema de información existente, no como un ejercicio rutinario de recolección de datos.
4.1. Definir las preguntas clave que los indicadores deben responder
En cada etapa del ciclo de actualización, la selección de indicadores debe guiarse por preguntas específicas: ¿pueden las personas que necesitan servicios del HBP acceder a ellos? ¿existen brechas de protección financiera? ¿los patrones de cobertura revelan desigualdad? ¿se presta el servicio con la calidad esperada? Sobre los facilitadores directos: ¿tienen los establecimientos capacidad para prestar los servicios? ¿funcionan de forma fiable los sistemas de reporte? ¿los mecanismos de gobernanza favorecen el uso de los resultados en la toma de decisiones?
Preguntas orientadoras sobre los objetivos del HBP (Anexo 4 del documento original) • Acceso y cobertura: ¿los servicios prioritarios llegan a las poblaciones objetivo, especialmente a los grupos desfavorecidos? ¿qué proporción de la población objetivo los recibe? ¿hay brechas de cobertura efectiva? • Calidad de la atención: ¿los servicios se prestan conforme a las guías de práctica clínica? ¿hay mejoras medibles en los resultados de calidad? • Protección financiera: ¿el HBP reduce el gasto de bolsillo en servicios cubiertos? ¿disminuyen las barreras financieras de acceso? • Equidad: ¿existen disparidades en acceso, calidad o protección financiera entre grupos poblacionales? ¿cuáles son las tendencias de utilización por región o tipo de centro? • Transversal: ¿qué quejas se han planteado sobre acceso, calidad, gastos de bolsillo o denegación de servicios del HBP?
Preguntas orientadoras sobre los facilitadores directos (paso 1 del ciclo, a modo de ejemplo) • ¿Los proveedores, instalaciones y ciudadanos entienden qué servicios están cubiertos y cómo acceder a ellos? • ¿Funcionan eficazmente las tarifas de pago y los acuerdos de compra desde la perspectiva de los proveedores de primera línea? • ¿Dónde están las principales brechas de implementación (por región, tipo de instalación o grupo poblacional) y cuáles son sus causas probables?
4.2. Creación de indicadores basados en las preguntas definidas
Los indicadores del HBPM deben:
estar anclados en un HBP claramente definido, para que el acceso y el desempeño puedan seguirse de forma significativa;
alinearse con guías de práctica clínica basadas en evidencia;
vincularse explícitamente al ciclo de actualización del HBP, diseñados para informar decisiones concretas; y
concentrarse en un conjunto limitado de indicadores estratégicos que sigan tanto los objetivos del HBP (cobertura, calidad, equidad, protección financiera) como sus facilitadores directos (preparación del servicio, compras, inscripción).
Ejemplos ilustrativos de indicadores por paso del ciclo
Paso del ciclo
Dominio
Ejemplo de indicador
1. Evaluar si el HBP va en camino
Objetivos del HBP
% de la población elegible que recibió al menos un servicio cubierto en los últimos 12 meses.
1. Evaluar si el HBP va en camino
Facilitadores directos
% de la población consciente de sus derechos al HBP.
2. Priorización de temas
Objetivos del HBP
% de usuarios satisfechos con la disponibilidad y capacidad de respuesta de los servicios cubiertos.
4. Revisar tarifas y pagos
Facilitadores directos
Reembolso medio como % del costo unitario real.
5. Evaluar impacto fiscal
Objetivos del HBP
Gasto per cápita en servicios cubiertos por el HBP.
6. Deliberar y consultar
Facilitadores directos
Número de eventos de consulta formal durante el ciclo de actualización.
8. Establecer el sistema de monitoreo
Objetivos del HBP
% de decisiones políticas del HBP en los últimos 12 meses respaldadas por datos de monitoreo.
Algunos indicadores contribuyen a varios pasos del ciclo simultáneamente. Por ejemplo, la cobertura de intervenciones esenciales dentro de una misma vía clínica (como el porcentaje de pacientes con cáncer de mama que reciben mastectomía o quimioterapia) informa tanto la evaluación de desempeño (paso 1) como las decisiones de priorización (paso 2). De modo similar, el porcentaje de proveedores que reportan pagos retrasados es relevante para revisar mecanismos de pago (paso 4), evaluar la ejecución fiscal (paso 5) y monitorizar cuellos de botella de implementación (paso 8). Se anima a los países a identificar y aprovechar este tipo de indicadores transversales para ganar coherencia y eficiencia a lo largo de todo el ciclo.
Experiencias nacionales ilustran el valor de esta monitorización intencionada: el Programa Sumar de Argentina rastrea la cobertura efectiva mediante indicadores organizados por etapa de vida, vinculados a servicios prioritarios, y monitoriza además la inscripción poblacional y la puntualidad de los pagos a centros de salud. En Tailandia, la NHSO utilizó indicadores de alcance y resultados de la diálisis peritoneal como evidencia clave para decidir su ampliación dentro del paquete de beneficios del Esquema de Cobertura Universal.
4.3. Del indicador básico al indicador SMART
Los indicadores deben ser Específicos, Medibles, Alcanzables, Relevantes y con Plazo definido (SMART). El documento ilustra esta evolución con el ejemplo del control de la diabetes tipo 2: partir de un indicador básico —adultos con diabetes que asisten a clínicas urbanas de atención primaria, con pruebas de HbA1c— y evolucionar hacia un indicador avanzado que integra atención primaria y especializada, datos de historias clínicas electrónicas interoperables y metas más exigentes de cobertura, sostenidas por una revisión trimestral en lugar de anual.
Principio rector • Partir de un conjunto central y de alto valor de indicadores utilizando los sistemas existentes es una decisión sensata; los indicadores más sofisticados pueden añadirse a medida que crece la capacidad institucional y técnica.
4.4. Alinear la recogida de datos con la infraestructura de SIS
Aprovechar las plataformas de información existentes evita crear sistemas paralelos, promueve la sostenibilidad y reduce la carga de reporte. Los indicadores deben recopilarse con terminología y codificación estándar (CIE, SNOMED) que permitan la comparabilidad entre niveles y en el tiempo. Estonia ilustra cómo un ecosistema digital integrado —historias clínicas electrónicas, recetas electrónicas y gestión digital de reclamaciones— permite recopilar rutinariamente datos de utilización, prescripción y desempeño de proveedores. Tailandia, por su parte, combina encuestas nacionales, registros administrativos y registros de enfermedades para monitorizar cobertura poblacional, cobertura de servicios y protección de riesgos financieros.
Más ejemplos de indicadores del paso 1 (Anexo 5 del documento original) • % de la población elegible inscrita en el HBP. • % de intervenciones completadas cubiertas por el HBP con resolución documentada del tratamiento. • % de altas hospitalarias con documentación completa e instrucciones de seguimiento. • % de pacientes que no reciben pagos de bolsillo por servicios cubiertos por el HBP. • Diferencia en la tasa de cobertura del HBP entre poblaciones rurales y urbanas. • % del personal formado en el alcance del servicio del HBP; número de quejas relacionadas con el HBP presentadas.
El documento original recuerda que se anima a los países a adaptar estos indicadores a sus propias prioridades nacionales y realidades de implementación, en lugar de adoptarlos de forma literal; su valor está en el tipo de pregunta que ayudan a responder, no en la fórmula exacta de cálculo.
4.5. De los principios a la evaluación de madurez
El capítulo permite identificar los elementos esenciales para alcanzar la madurez en la dimensión de indicadores, que se reflejan directamente en el HBPM MAT como declaraciones de madurez 1 a C, cada una acompañada de atributos observables y preguntas de verificación:
Elementos hacia la madurez de los indicadores • El HBP está definido de forma clara y explícita. • Existe un marco de HBPM formalmente respaldado, con objetivos de seguimiento alineados con el HBP. • Los indicadores del HBPM están alineados con el HBP y vinculados a su ciclo de actualización. • Las definiciones de los indicadores son SMART, estandarizadas y armonizadas con el SIS nacional.
5. UN MARCO INSTITUCIONAL SÓLIDO PARA QUE LA HBPM FUNCIONE
El marco institucional puede definirse como el conjunto de reglas, funciones y arreglos organizativos desarrollados para monitorizar un HBP. Provee la plataforma que hace que el seguimiento sea factible y sostenible a lo largo de todo el ciclo de actualización.
5.1. Visión, propósito y roles
La primera tarea es definir explícitamente la visión y el propósito de la HBPM —por ejemplo, asegurar que el HBP cumpla sus objetivos de mejora de salud poblacional y protección financiera— mediante normativas oficiales, directrices técnicas o manuales operativos. Sin esta definición, la recolección de datos tiende a convertirse en un ejercicio burocrático de “marcar casillas”, desconectado de la gestión real del HBP, y la confianza en el sistema se erosiona.
Cuando la visión y el propósito no están claramente definidos y comunicados, el enfoque estratégico del monitoreo se debilita y pueden aparecer consecuencias indeseadas: la información generada deja de mejorar la gestión del HBP y se convierte en un ejercicio de reporte desconectado; conviven sistemas de información fragmentados que recopilan datos según prioridades institucionales distintas, aumentando la carga de reporte y afectando la calidad; el esfuerzo de seguimiento se desplaza hacia las prioridades de donantes o agencias internacionales en lugar de las prioridades nacionales; y se debilita la implicación institucional, en particular de los gobiernos subnacionales y las agencias de financiamiento, que participan menos cuando no reconocen el valor estratégico del monitoreo.
El documento identifica cinco funciones institucionales clave que deben asignarse con claridad, cada una con actores y responsabilidades específicas:
Función
Actores típicos
Responsabilidad principal
1. Liderazgo y planificación estratégica
Autoridades sanitarias nacionales; unidades de planificación
Alinear la HBPM con las prioridades nacionales de salud y la estrategia de SIS; promover institucionalización y sostenibilidad.
2. Coordinación operativa
Unidades de gestión del HBP; departamentos de M&E
Desarrollar el marco de indicadores; coordinar la recolección e integración de datos; generar información accionable a lo largo del ciclo.
3. Producción de datos y gestión de SIS
Departamentos de SIS, oficinas de estadística, unidades de TI, establecimientos de salud
Recopilar, procesar e informar datos oportunos y de calidad, cumpliendo estándares nacionales.
4. Monitoreo financiero y análisis económico
Aseguradoras de salud, unidades presupuestarias y de economía de la salud
Monitorizar flujos financieros; evaluar eficiencia y sostenibilidad; aportar evidencia para decisiones presupuestarias.
5. Uso de resultados para decisiones y rendición de cuentas
Gestores del HBP, autoridades nacionales y subnacionales, centros de salud
Transformar los hallazgos en mejores decisiones políticas y difundirlos a distintas audiencias.
El seguimiento de un HBP suele involucrar una amplia gama de instituciones —ministerios de salud, agencias de seguro de salud, autoridades reguladoras, oficinas nacionales de estadística, autoridades subnacionales y proveedores—, cada una de las cuales debe comprender no solo su propia responsabilidad, sino cómo su rol contribuye al sistema de HBPM en su conjunto. El documento recomienda mapear explícitamente a todos los actores relevantes y sus responsabilidades, distinguiendo entre quienes recopilan y reportan datos y quienes los integran, interpretan y transforman en evidencia para la decisión. Este ejercicio cartográfico evita duplicaciones y vacíos institucionales, y asegura que cada función se asigne a instituciones con mandato y capacidad adecuados.
5.2. Marco legal y procesal
Desarrollar un marco legal y procesal sólido es una piedra angular de la institucionalización de la HBPM: ayuda a establecer el monitoreo como una función formalmente reconocida e institucionalmente legitimada, integrada en los arreglos de gobernanza del sistema de salud. En la práctica, este marco define los mandatos, normas y procedimientos operativos necesarios para implementar la monitorización de forma sistemática, como componente central del ciclo de actualización del HBP. La legislación o política debe reflejar tanto los objetivos del HBP como sus facilitadores directos, especificando las responsabilidades de las instituciones participantes —incluida la obligación de proveedores y aseguradoras de reportar información y la responsabilidad del Ministerio de Salud de publicar informes regulares—. Ejemplos destacados:
Chile: la Ley N.º 19.966 (reforma AUGE-GES) obliga al Ministerio de Salud a supervisar el cumplimiento de las Garantías Explícitas de Salud.
Filipinas: la Ley de Atención Sanitaria Universal (Ley N.º 11223) coordina a PhilHealth y al Departamento de Salud, con reglamentos que especifican responsabilidades de supervisión.
Argentina: el Programa Sumar define su marco de supervisión mediante el Manual Operativo y los acuerdos entre nación y provincias, detallando indicadores, procedimientos y frecuencia de reporte.
Tailandia: la Ley de Seguridad Nacional en Salud (2002) asigna a la Junta Nacional de Seguridad Sanitaria la definición y revisión del paquete, y exige a la NHSO supervisar e informar el desempeño del servicio; este mismo marco legal establece formalmente el vínculo entre el monitoreo y el ciclo de actualización del HBP, especificando la frecuencia de las revisiones y los mecanismos para incorporar los hallazgos en la toma de decisiones.
Sin un mandato legal, la experiencia comparada muestra que la HBPM tiende a volverse una práctica informal y no sistemática, vulnerable a los cambios de gobierno: las responsabilidades institucionales pueden no asumirse plenamente, los reportes se vuelven irregulares y la rendición de cuentas se debilita. El anclaje legal también ayuda a preservar la estabilidad del monitoreo ante interrupciones en el financiamiento externo.
El marco legal debe además regular la gobernanza de datos, la privacidad y las salvaguardas éticas, definiendo normas de acceso, intercambio, uso y custodia de datos entre instituciones. El Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (GDPR) ilustra cómo los estándares legales pueden permitir un uso responsable de la información para la formulación de políticas, garantizando al mismo tiempo la protección adecuada de los datos personales. Sin estas salvaguardas legales y procedimentales, los sistemas de monitoreo enfrentan riesgos significativos que afectan tanto la disponibilidad como el uso adecuado de la información.
5.3. Gestión estratégica de los SIS, uso de datos y rendición de cuentas
Distintos actores requieren distinta información: las autoridades nacionales necesitan informes ejecutivos concisos; los gestores subnacionales, paneles operativos; los proveedores, informes simples y visuales; y los ciudadanos, información en lenguaje claro. Diseñar bien los productos de información es tan importante como producir los datos: los sistemas de monitoreo son más efectivos cuando adaptan el formato de reporte a cada audiencia. La provincia de La Rioja (Argentina) ilustra este punto: su Sistema de Gestión Basada en Resultados integra datos ya recogidos —incluyendo la base de reclamaciones del Programa Sumar y las historias clínicas electrónicas— en paneles de gestión por centro de salud, permitiendo identificar poblaciones prioritarias e implementar estrategias de mejora específicas.
El marco de gobernanza de los SIS debe garantizar, como mínimo:
roles y responsabilidades claramente asignados para todas las funciones de gestión de información en los distintos niveles del sistema de salud;
mecanismos de coordinación interinstitucional y multinivel que organicen la interacción regular entre instituciones y niveles de gobierno;
mecanismos institucionalizados de retroalimentación que traduzcan los hallazgos de seguimiento en acciones oportunas; y
salvaguardas éticas que protejan la confidencialidad de los datos mediante controles de acceso robustos y sistemas seguros de almacenamiento.
El programa GES de Chile ejemplifica cómo el monitoreo puede activar acciones correctivas y alimentar informes públicos de desempeño, vinculando resultados con decisiones de gestión y escrutinio público. En un sentido inverso, la experiencia de Uruguay —con una de las estrategias de historia clínica electrónica más avanzadas de la región— muestra que la disponibilidad de infraestructura digital no garantiza por sí sola una buena gobernanza del monitoreo del HBP: el seguimiento del paquete (PIAS) aún depende de procesos de recolección separados del sistema de historia clínica electrónica, y el país trabaja actualmente en integrar mejor ambas piezas.
5.4. Capacidad de gestión y técnica
La HBPM no puede construirse sin capacidad gerencial y técnica adecuada en todas las instituciones involucradas. Esta capacidad puede desarrollarse de forma gradual (Principio 6): la fase inicial debería centrarse en crear las condiciones institucionales necesarias para monitorizar los objetivos del HBP y sus principales facilitadores, y expandirse progresivamente a medida que la experiencia se acumula. Comprende tres dimensiones complementarias:
Capacidad técnica: las competencias necesarias para gestionar los SIS, realizar análisis y producir evidencia fiable que respalde las decisiones.
Capacidad de gestión: las habilidades para planificar, coordinar y gestionar el desempeño, asegurando que las actividades de monitoreo se implementen eficazmente en todos los niveles.
Capacidad de coordinación institucional: la capacidad de coordinar funciones de monitoreo entre organizaciones y alinearlas con la toma de decisiones del HBP.
Cuando estas capacidades son débiles, la HBPM no puede institucionalizarse plenamente: los datos suelen malinterpretarse o quedar subutilizados, los gestores tienen menos margen para implementar acciones correctivas y la capacidad del sistema para aprender y adaptarse se vuelve limitada. Tailandia amplió gradualmente su capacidad —pasando de un enfoque inicial de procesamiento de reclamaciones a un sistema integral que cubre utilización, desempeño de proveedores e impacto presupuestario—, apoyándose en inversiones en formación de personal, equipos analíticos especializados y colaboración con universidades. En Argentina, el modelo de financiación basada en resultados del Programa Sumar exigió a provincias y proveedores reportar indicadores estandarizados, lo que llevó a establecer unidades provinciales de supervisión y una estrategia nacional de formación dirigida tanto a gestores locales como a líderes del programa.
5.5. Financiamiento sostenible, comunicación y apoyo político
Un requisito fundamental para un sistema de HBPM sólido es la disponibilidad de recursos financieros adecuados y predecibles. Las actividades de monitoreo tienden a debilitarse o discontinuarse cuando dependen de financiamiento temporal o de proyectos externos; un ejemplo común es la interrupción de sistemas de información financiados por donantes una vez que el proyecto externo finaliza. Incluir la HBPM en las asignaciones presupuestarias regulares —abarcando la recolección de datos, el análisis, la difusión, la infraestructura digital y la formación de equipos— ayuda a institucionalizar la supervisión como una función permanente en lugar de un proyecto temporal. Tailandia financia el monitoreo a través del presupuesto operativo regular de la NHSO; Argentina incluyó desde el inicio, en el Programa Sumar, partidas presupuestarias específicas para supervisión, evaluación y auditoría, lo que permitió sostener equipos nacionales y provinciales de seguimiento.
La comunicación transparente de resultados —a responsables políticos, proveedores, sociedad civil y ciudadanía— es parte integral del marco institucional de la HBPM, no una actividad accesoria. Sin ella, la evidencia de monitoreo difícilmente influye en la toma de decisiones, y la falta de retroalimentación regular debilita tanto la legitimidad del sistema de monitoreo como la credibilidad del propio HBP. Chile publica anualmente, por mandato legal (Ley N.º 19.966, artículo 23), el cumplimiento de las Garantías Explícitas de Salud, desagregado por puntualidad, calidad y desigualdades territoriales; estos informes también se usan para revisar protocolos clínicos y planificar asistencia técnica. Tailandia, por su parte, organiza audiencias públicas anuales en las que la NHSO recoge la opinión de los usuarios e la incorpora a la gestión y actualización del HBP.
El apoyo político sostenido no ocurre por sí solo: requiere aprovechar oportunidades como cambios de gobierno, reformas o crisis sanitarias para ampliar las capacidades institucionales, y construir un respaldo amplio entre las instituciones y la ciudadanía que use la información de monitoreo, de modo que su valor perdure más allá de una administración concreta. En Tailandia, la NHSO usa los resultados de seguimiento del Esquema de Cobertura Universal para elaborar informes anuales revisados por comités parlamentarios, ayudando a sostener el apoyo político entre gobiernos sucesivos. El sistema AUGE-GES de Chile vincula formalmente los hallazgos de monitoreo con decisiones de alto nivel mediante revisiones periódicas presentadas al Presidente y al Parlamento. En Estonia, los informes regulares sobre desempeño y sostenibilidad financiera del Fondo de Seguro de Salud, junto con paneles públicos, han reforzado la supervisión política y el apoyo ciudadano a las actualizaciones del HBP.
Estos mecanismos institucionales —mandatos legales, presupuestos dedicados, sistemas transparentes de reporte— son necesarios porque la voluntad política, por sí sola, es inherentemente frágil. Los recortes presupuestarios, las interrupciones en el reporte o la suspensión de procesos de revisión son señales tempranas de alerta que socavan la rendición de cuentas y ponen en riesgo la actualización regular del HBP.
5.6. De los principios a la evaluación de madurez institucional
Elementos hacia la madurez institucional (HBPM MAT, Dominio 3: estados 7–10) • Mandatos y responsabilidades claramente definidos para todas las funciones de la HBPM. • Uso sistemático de los resultados de monitoreo a lo largo del ciclo de actualización del HBP. • Recursos financieros adecuados y sostenibles para las funciones de HBPM. • Comunicación transparente de los resultados a los principales interesados.
6. LOS SISTEMAS DE INFORMACIÓN SANITARIA COMO PILAR DE LA HBPM
Los SIS no son simples plataformas de recolección de datos: proporcionan la infraestructura que permite transformar la información rutinaria en evidencia para la gestión. En el marco conceptual, los SIS conectan los indicadores (qué medir) con las estructuras institucionales (quién es responsable), haciendo posible capturar, integrar y transformar los datos en decisiones.
6.1. Alinear la visión estratégica de SIS y HBPM
Un sistema de monitoreo bien diseñado genera demanda de información de calidad y ayuda a consolidar la dirección estratégica del SIS; a la inversa, sin un SIS fuerte, el monitoreo permanece superficial, y sin una HBPM sólida, las inversiones en SIS pueden no responder a las necesidades reales de la política sanitaria. Estonia y Tailandia ilustran ambos lados de esta relación: Estonia cuenta con una infraestructura digital robusta, pero persisten brechas de interoperabilidad y una integración limitada de los requisitos de HBPM en la gobernanza del sistema, lo que restringe su uso práctico para el monitoreo. En Tailandia, en cambio, el desarrollo del SIS fue deliberadamente moldeado por las necesidades de supervisión del Esquema de Cobertura Universal, lo que permitió integrar información de cobertura, acceso y protección financiera y apoyar revisiones periódicas del HBP. Estas experiencias muestran cómo la alineación estratégica entre SIS y HBPM puede crear un círculo virtuoso, en el que las necesidades de monitoreo impulsan el desarrollo del SIS, y un SIS más fuerte mejora a su vez la gestión del HBP.
6.2. Evaluar y operacionalizar los SIS existentes
El primer paso práctico es evaluar la madurez del SIS existente y determinar cómo apoyará el monitoreo del HBP, asegurando que la HBPM forme parte de un ecosistema coherente de información sanitaria en lugar de desarrollarse como una iniciativa paralela. Los pasos principales para esta evaluación son:
identificar todas las fuentes relevantes de información para la HBPM, incluyendo registros de centros, bases administrativas de reclamaciones, registros de enfermedades y encuestas de hogares;
verificar si las definiciones de los indicadores del HBP son consistentes con los datos disponibles;
identificar problemas de calidad de datos, como reportes incompletos, definiciones inconsistentes o retrasos en la presentación;
revisar los mecanismos existentes de verificación de datos, incluyendo auditorías, supervisión y triangulación con fuentes independientes; y
evaluar si los resultados del seguimiento se usan de forma rutinaria para informar decisiones.
La integración operativa incluye incorporar indicadores del HBP en plataformas nacionales existentes —como el Sistema de Información Sanitaria de Distrito (DHIS2)— y alinear los sistemas de compra y de gestión de reclamaciones administrativas. Cuando la estrategia nacional de SIS todavía está en desarrollo, el documento recomienda cuatro líneas de acción: diseñar pensando en la integración futura, usando estándares internacionales como CIE, DHIS2, SNOMED y HL7; promover la coordinación intersectorial entre la oficina de estadística, las autoridades de salud digital y los gestores de programas; generar resultados tempranos que demuestren el valor de la HBPM como herramienta de gobernanza; y vincular la HBPM con iniciativas más amplias de gobierno digital y registro civil.
6.3. Generación de datos y condiciones para una implementación efectiva
La HBPM debe construirse, siempre que sea posible, sobre la información que el sistema de salud ya genera rutinariamente. La fuente principal son los registros generados durante la prestación del servicio: inscripción, historias clínicas electrónicas, reclamaciones administrativas e informes consolidados de los establecimientos. Según las necesidades de monitoreo, esta información puede complementarse con sistemas de adquisiciones y cadena de suministro, bases de datos de recursos humanos, encuestas de hogares, censos y registros civiles. El objetivo no es crear nuevos sistemas de información, sino aprovechar mejor los existentes; las bases de datos paralelas deben evitarse salvo en situaciones excepcionales.
Calidad y archivo de los datos
El seguimiento solo aporta valor si la información utilizada es completa, oportuna y comparable. La calidad de los datos no puede garantizarse con controles al final del proceso: debe integrarse en cada etapa del ciclo de información, mediante definiciones estandarizadas, validaciones automáticas en plataformas digitales, retroalimentación a quienes generan los datos e indicadores específicos de puntualidad y completitud. Los acuerdos de compra de servicios pueden reforzar esta calidad: en el Programa Sumar de Argentina, las transferencias intergubernamentales están condicionadas a la presentación de información luego verificada mediante auditorías externas; en el programa GES de Chile, el desabastecimiento de medicamentos se vincula directamente al seguimiento de garantías legales, incentivando la puntualidad y precisión del reporte.
El HBPM funciona mejor como un ciclo de información —no como un flujo lineal—: se debe definir qué reporta cada actor, quién lo recibe, cómo se integra y cómo la retroalimentación regresa a quienes generan los datos. La unidad responsable del HBP debe coordinar este proceso, integrando información de distintas fuentes e interpretando los resultados. En sistemas descentralizados, este ciclo es aún más crítico, porque los gobiernos subnacionales no solo reportan información: también la usan para gestionar servicios y mejorar su propio desempeño.
Condiciones estructurales para un SIS efectivo
Las condiciones que permiten que un SIS funcione eficazmente incluyen estándares de datos comunes e interoperabilidad (CIE, SNOMED, HL7), integración entre información clínica y administrativa, infraestructura y capacidad técnica adecuadas, y financiamiento sostenible.
Chile ejemplifica esta integración: el Sistema de Información de Gestión de Garantías de Salud (SIGGES) combina el registro de cada caso —desde la inscripción hasta la prestación y el financiamiento del servicio— con los Informes Estadísticos Mensuales (REM), permitiendo usar la misma información tanto para el seguimiento clínico individual como para evaluar el desempeño del programa GES.
6.4. El rol de la inteligencia artificial
La IA puede ampliar las capacidades del SIS para la HBPM de varias maneras: integrando grandes volúmenes de información de distintas fuentes, identificando patrones, anticipando problemas y riesgos, y apoyando la toma de decisiones. También puede mejorar la calidad de los registros clínicos y los procesos de codificación mediante herramientas de reconocimiento de voz y otras aplicaciones que reducen la carga administrativa del personal de salud mientras promueven una captura de datos más completa y estandarizada.
Sin embargo, su utilidad depende por completo de que el SIS subyacente cuente con datos de calidad, estándares comunes, interoperabilidad entre fuentes de datos y arreglos de gobernanza que definan cómo se generan, comparten y utilizan los datos. La HBPM también puede orientar este proceso, definiendo con precisión qué información se necesita y qué preguntas deben responder los indicadores; esa claridad ayuda a dirigir el desarrollo y la aplicación de herramientas de IA hacia desafíos concretos y relevantes de gestión y política sanitaria. En síntesis, la IA debe entenderse como una capacidad que se apoya en un SIS bien desarrollado y bien gobernado —cuanto más sólidas sean esas bases, mayor será su contribución potencial a la HBPM— y su función es apoyar el juicio humano, no reemplazarlo.
6.5. Desafíos comunes
Desafío
Respuesta sugerida
Evaluación parcial del sistema
Evaluar el SIS en su conjunto, no por componentes aislados.
Definiciones y estándares desalineados
Adoptar clasificaciones y codificaciones comunes.
Uso limitado de la información
Incorporar los resultados en reuniones de gestión y revisiones del HBP.
Sistemas paralelos
Integrar la HBPM en los SIS existentes; evitar nuevas bases salvo necesidad estricta.
Capacidad subnacional limitada
Fortalecer infraestructura, formación y capacidad analítica local.
Gobierno fragmentado
Definir responsabilidades claras y mecanismos de coordinación permanente.
Falta de retroalimentación
Ofrecer retorno oportuno mediante paneles, informes o reuniones de revisión.
Dependencia de financiamiento externo
Incorporar gradualmente el SIS al presupuesto sanitario regular.
Falta de verificación de datos
Complementar el reporte rutinario con auditorías y triangulación de fuentes.
Protección insuficiente de datos
Establecer normas claras de privacidad, acceso y uso.
La mayoría de los desafíos para fortalecer el SIS de cara a la HBPM no son tecnológicos: se relacionan con la gobernanza, la coordinación interinstitucional, la capacidad técnica, el uso efectivo de la información y la disponibilidad de financiamiento estable.
6.6. De los principios a la evaluación de madurez de los SIS
Elementos hacia la madurez de los SIS (HBPM MAT, declaraciones 11 a 13) • El HBPM utiliza estándares, clasificaciones y sistemas de codificación alineados con los estándares nacionales de información sanitaria. • Los SIS promueven el uso sistemático de los datos mediante paneles, mecanismos de retroalimentación y otras herramientas de gestión y revisión del HBP. • Los SIS cuentan con financiamiento sostenible y mecanismos que protegen la privacidad de los datos y garantizan el cumplimiento de principios éticos.
Herramientas de referencia para evaluar la madurez de los SIS
El documento original (Anexo 6) reseña un conjunto de metodologías estructuradas que los países pueden utilizar para evaluar sus sistemas de información sanitaria e identificar prioridades de fortalecimiento:
Herramienta
Enfoque
Kit RHIS de la OMS (2021)
Metodología paso a paso para fortalecer el sistema rutinario de información sanitaria como parte del SIS nacional.
IS4H (OMS/OPS, 2019)
Marco para el desarrollo progresivo de los SIS, desde la organización básica de datos hasta la gobernanza e interoperabilidad plenas.
Kit de evaluación digital en salud (Banco Mundial, 2021)
Mide la preparación de un país para la transformación digital de la salud en cuatro áreas clave.
Kit de interoperabilidad de SIS (MEASURE Evaluation, 2019)
Evalúa y fortalece la interoperabilidad mediante talleres estructurados y planes de acción.
Analítica de rastreadores DHIS2
Comprobaciones de integridad, puntualidad y consistencia de los datos rutinarios de salud.
Marco PRISM (2020)
Evalúa determinantes técnicos, conductuales y organizativos del desempeño de los SIS.
7. EXPERIENCIAS PAÍS DESTACADAS
A lo largo del documento, los autores recurren de forma recurrente a un conjunto de experiencias nacionales que ilustran distintos grados de madurez en los tres pilares de la HBPM: indicadores, marco institucional y sistemas de información sanitaria. Estas experiencias no se presentan como modelos a replicar mecánicamente —cada país deberá adaptar el marco a su propio contexto y capacidad (Principio 6)—, sino como ilustraciones concretas de cómo los ocho principios fundamentales pueden traducirse en arreglos institucionales, legales y técnicos funcionales. A continuación se sintetizan los casos más citados en el documento original.
Chile — AUGE-GES • Mandato legal explícito (Ley N.º 19.966) que obliga al Ministerio de Salud a supervisar las Garantías Explícitas de Salud. • Integración de SIGGES (gestión de casos) con los Informes Estadísticos Mensuales (REM) del DEIS. • Publicación anual obligatoria de resultados; los hallazgos activan acciones correctivas y revisiones de protocolos.
Tailandia — Esquema de Cobertura Universal • Ley de Seguridad Nacional en Salud (2002) que asigna a la NHSO la supervisión formal del paquete. • SIS moldeado deliberadamente por las necesidades de monitoreo, integrando cobertura, acceso y protección financiera. • Financiamiento del monitoreo incluido en el presupuesto operativo regular de la NHSO; audiencias públicas anuales.
Argentina — Programa Sumar • Marco de supervisión definido en el Manual Operativo y en acuerdos nación-provincias, con indicadores y frecuencias de reporte detallados. • Financiamiento basado en resultados que exige a provincias y proveedores reportar indicadores estandarizados. • Caso de La Rioja: integración de datos de reclamaciones e historias clínicas electrónicas en paneles de gestión por centro de salud (SGRC).
Estonia — ecosistema digital de salud • Infraestructura digital nacional madura (historias clínicas electrónicas, recetas electrónicas, reclamaciones digitales). • Persisten brechas de interoperabilidad y una integración limitada de los requisitos de HBPM en la gobernanza del sistema.
Uruguay — desafío de integración • Una de las estrategias de historia clínica electrónica más avanzadas de la región, con intercambio seguro entre proveedores públicos y privados. • El seguimiento del paquete de beneficios (PIAS) todavía depende de procesos de recolección separados del sistema de historia clínica electrónica; el país trabaja actualmente en cerrar esta brecha.
Filipinas — coordinación interinstitucional • La Ley de Atención Sanitaria Universal (Ley de la República N.º 11223) establece la coordinación formal entre PhilHealth y el Departamento de Salud. • Los reglamentos de aplicación de la ley especifican las responsabilidades de supervisión de cada institución, un requisito previo señalado por el documento para evitar la fragmentación del monitoreo.
India — origen del ciclo de actualización de ocho pasos • La Autoridad Nacional de Salud propuso, en el Manual del Paquete de Beneficios de Salud del programa Ayushman Bharat Pradhan Mantri Jan Arogya Yojana (2026), un ciclo de actualización operativo del HBP. • Los autores del documento refinan y amplían ese marco original hasta llegar al ciclo de ocho pasos descrito en la Sección 3, que estructura todo el análisis posterior de indicadores, instituciones y SIS.
Un patrón se repite en las experiencias más maduras: el mandato legal, el financiamiento presupuestario regular y la integración con los sistemas de información ya existentes no son elementos aislados, sino que se refuerzan mutuamente. Los países que combinan los tres —como Tailandia, Chile y Argentina— logran sostener el monitoreo del HBP más allá de los ciclos políticos; donde falta alguno de ellos —como en Estonia o Uruguay, con SIS avanzados pero integración incompleta con la gestión del HBP— el monitoreo tiende a permanecer parcial pese a la solidez tecnológica de base.
8. CONCLUSIÓN
Fortalecer la HBPM es esencial para cerrar la brecha persistente entre los compromisos políticos y la prestación real de servicios en el camino hacia la Cobertura Sanitaria Universal. Al fundamentar los sistemas de monitoreo en principios claros, alinearlos con los ciclos de toma de decisiones e integrarlos en estructuras institucionales sólidas y en sistemas de información sanitaria robustos, los países pueden transformar la HBPM de un ejercicio técnico en un instrumento de política estratégica.
Cuando se implementa eficazmente, la HBPM no solo mejora la rendición de cuentas y la confianza pública, sino que también habilita el aprendizaje continuo, el ajuste adaptativo de las políticas y un compromiso político sostenido. Un sistema de HBPM bien funcional garantiza que los paquetes de beneficios de salud no sean meros documentos aspiracionales, sino marcos vivos que evolucionan con la evidencia y se traducen en una atención equitativa, accesible y de alta calidad para toda la población.
Mensajes clave para gestores y decisores • Empezar por definir con claridad el HBP y por instalar un conjunto acotado de indicadores estratégicos, antes que perseguir la sofisticación técnica. • Anclar el monitoreo en un mandato legal y en financiamiento presupuestario regular, no en proyectos temporales o financiamiento externo. • Construir sobre los SIS existentes —evitando sistemas paralelos— y usar estándares de codificación comunes desde el diseño inicial. • Tratar la comunicación de resultados como parte integral del sistema, no como una actividad posterior, y usarla para sostener el apoyo político.
8.1. Hoja de ruta orientativa por pilar
A modo de síntesis operativa, el documento sugiere un punto de partida realista para países en distintas etapas de madurez, organizado según los tres pilares del marco:
Pilar
Punto de partida sugerido
Siguiente nivel de madurez
Indicadores
Un conjunto reducido de indicadores básicos alineados con los objetivos del HBP y sus facilitadores directos, usando los sistemas de datos ya disponibles.
Indicadores SMART más granulares, con desagregación por región y grupo poblacional, y revisión trimestral en lugar de anual.
Instituciones
Mandato legal explícito, una unidad responsable identificada y un procedimiento mínimo de reporte periódico.
Mecanismos formales de coordinación multinivel, presupuesto dedicado y vínculo legal entre monitoreo y ciclo de actualización del HBP.
Sistemas de información
Uso de los SIS y registros administrativos existentes, evitando la creación de bases de datos paralelas.
Interoperabilidad plena entre historias clínicas electrónicas y bases administrativas, con estándares comunes y, eventualmente, apoyo de IA.
8.2. Referencias seleccionadas
El documento original incluye una bibliografía extensa de cerca de cincuenta fuentes. A continuación se listan, a modo de referencia rápida, algunas de las citadas con mayor frecuencia en este resumen:
Autor(es) y año
Tema
Glassman, Giedion y Smith (2017)
Marco original sobre diseño de beneficios para la CSU; origen del ciclo de actualización del HBP.
Danforth et al. (2023)
Monitoreo y evaluación de la implementación de paquetes esenciales de servicios de salud.
Boerma et al. (2014)
Marco de monitoreo de la Cobertura Sanitaria Universal a nivel nacional y global.
Doran (1981)
Formulación original de los criterios SMART para objetivos e indicadores.
Brinkerhoff (2004)
Rendición de cuentas en sistemas de salud: claridad conceptual y relevancia política.
Sabignoso et al. (2014, 2020, 2024)
Diseño, financiamiento y evolución del Programa Sumar en Argentina.
Tangcharoensathien et al. (2018, 2020)
Desarrollo del sistema de salud y del paquete de beneficios en Tailandia.
Witthayapipopsakul et al. (2019)
Monitoreo del progreso hacia la CSU en Tailandia.
Kasekamp et al. (2025)
Resumen del sistema de salud de Estonia (Observatorio Europeo OMS).
Friedmann (2022)
Sistema Nacional de Historia Clínica Electrónica de Uruguay (BID).
OCDE (2018, 2022)
Presupuestación por desempeño y evaluación del sistema de salud de Estonia.
Kantamaturapoj et al. (2020)
Marco legal de rendición de cuentas pública en la CSU de Tailandia.
En conjunto, el marco HBPM propuesto por Mehndiratta, Giedion, Gheorghe y Sabignoso no busca imponer un modelo único, sino ofrecer un lenguaje común y una hoja de ruta compartida para que ministerios de salud, aseguradoras, oficinas de estadística y equipos de gestión de HBP puedan dialogar sobre qué monitorear, quién es responsable y cómo debe fluir la información.
Su valor como “bien público global” —tal como lo describe el título del documento original— radica precisamente en eso: en poner a disposición de cualquier país, independientemente de su nivel de ingreso o de la madurez de sus sistemas, un marco conceptual probado en la práctica de varios contextos nacionales, que puede adaptarse gradualmente en lugar de adoptarse de una sola vez.
Síntesis analítica del documento de discusión del Banco Mundial de Reinhard Busse, Jonas Schreyögg y Christian Gericke (2007), con sus lecciones para la gestión de sistemas de salud
Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud — Universidad ISALUD
Buenos Aires, 2026
1. Introducción: el documento y su lugar en la literatura de financiamiento de la salud
En febrero de 2007, el Banco Mundial publicó, dentro de su serie de Documentos de Debate sobre Salud, Nutrición y Población (HNP), un extenso trabajo de Reinhard Busse, Jonas Schreyögg y Christian Gericke titulado “Analysing changes in health financing arrangements in high-income countries: a comprehensive framework approach”. El encargo provino de la Unidad Central de Salud del Banco (HDNHE) y perseguía tres objetivos explícitos: resumir las reformas de financiamiento sanitario introducidas en países de altos ingresos desde 1975, evaluar las principales lecciones de política derivadas de esa experiencia, y extrapolar esas lecciones para países de ingresos bajos y medios. Los tres autores provienen de centros de referencia en gestión de sistemas de salud —la Universidad Tecnológica de Berlín, sede del Centro Colaborador de la Organización Mundial de la Salud para la Investigación y Gestión de Sistemas Sanitarios, la Universidad de Stanford y la Universidad de Adelaida—, lo que explica la orientación marcadamente comparada e institucional del documento.
El interés de recuperar este trabajo para la Diplomatura no es solamente histórico. Buena parte del vocabulario y de los marcos que hoy se usan para analizar el financiamiento de la salud —incluida la representación tridimensional de la cobertura en amplitud, profundidad y altura que se trabajó en un documento anterior de esta serie— tiene su formulación original, o una de sus formulaciones más influyentes, precisamente en este texto. Revisarlo con algún detalle permite entender de dónde provienen esas categorías y cómo se articulan entre sí a lo largo de todo el circuito del dinero en un sistema de salud: desde que se recauda, hasta que se agrupa y finalmente se utiliza para comprar servicios.
2. Metodología: veinticinco países, tres funciones de financiamiento
El estudio define a los “países de altos ingresos” como aquellos con un producto bruto interno per cápita superior a 16.000 dólares estadounidenses en paridad de poder adquisitivo, un umbral que en la práctica incluye a las economías de mercado establecidas de la OCDE (excluidas Turquía, México y los países de Europa Central y del Este) más Singapur: en total, veinticinco países, dieciocho de ellos europeos, dos norteamericanos y cinco de la región Asia-Pacífico. Para el análisis comparado, los autores agrupan a estos países según cuál sea el mecanismo predominante de financiamiento de su sistema de salud, distinguiendo además, dentro de cada grupo, entre países con una participación pública alta (superior al 70 por ciento del gasto) y países con una participación privada relativamente alta (superior al 30 por ciento).
Mecanismo predominante
Con alta participación pública
Con mayor participación privada
Financiamiento por impuestos
Dinamarca, Finlandia, Islandia, Irlanda, Italia, Nueva Zelanda, Noruega, España, Suecia, Reino Unido
Australia, Canadá, Portugal
Seguro social de salud (SHI)
Bélgica, Francia, Alemania, Japón, Luxemburgo, Países Bajos
Austria, Corea del Sur, Suiza
Sistemas mixtos, predominio privado
—
Grecia, Singapur, Estados Unidos
Sobre esta base comparativa, el documento organiza su análisis siguiendo un marco conceptual propio que distingue tres grandes funciones del financiamiento de la salud —recaudar ingresos, agrupar fondos y comprar servicios— precedidas por un conjunto de decisiones previas sobre cobertura y derechos a prestaciones, sin las cuales ninguna de esas tres funciones puede diseñarse con sentido. Ese ordenamiento —decisiones de cobertura, recaudación, agrupación, compra— es también la estructura que sigue el resto de este documento.
Los propios autores explicitan, además, el carácter deliberadamente genérico de este marco: aunque fue construido para sistematizar la experiencia de países de altos ingresos, su vocabulario de funciones —y no de instituciones o de etiquetas nacionales— está pensado para poder aplicarse también a países de ingresos bajos y medios, que es justamente el destinatario final de las lecciones de política que cierran el documento. Esta opción metodológica explica por qué el trabajo evita, de manera consistente, clasificar a los sistemas de salud únicamente por su denominación institucional —“basado en impuestos” o “basado en seguro social”— y prefiere, en cambio, describir qué ocurre efectivamente en cada una de las cuatro funciones, país por país.
3. Parte I. Decisiones de cobertura y derechos a prestaciones
3.1 Amplitud, profundidad y altura: el origen de las tres dimensiones
El punto de partida de todo el marco es una constatación simple: la palabra “cobertura” tiene varios significados posibles, y buena parte de la confusión en el debate de política sanitaria proviene de no distinguirlos. Busse, Schreyögg y Gericke identifican tres dimensiones que determinan, en conjunto, cuánto necesita recaudarse en forma prepaga frente a lo que se deja en manos del gasto de bolsillo: la amplitud, entendida como la extensión de la población cubierta; la profundidad, entendida como el número y el carácter de los servicios cubiertos; y la altura, que especifica hasta qué punto el costo de esos servicios definidos se prepaga o se financia mediante copago. Los autores representan estas tres dimensiones como una caja, cuya aspiración a llenarse por completo —cobertura universal, integral y gratuita en el punto de atención— citan expresamente en los principios fundacionales del Servicio Nacional de Salud británico de 1948.
Figura 1. Reconstrucción de la “caja” de cobertura tal como se presenta en la Figura 2 del documento original de Busse, Schreyögg y Gericke (2007): amplitud (población), profundidad (servicios) y altura (proporción de costos cubierta).
El propio texto advierte, además, que estas tres decisiones no son necesariamente anteriores ni independientes del resto del proceso de financiamiento: la forma en que se financia un sistema puede terminar redefiniendo su cobertura poblacional, por ejemplo cuando el derecho a ciertos beneficios queda condicionado al pago previo de una contribución. Por eso el documento dedica su primera parte a revisar, país por país, cómo se resolvieron durante los últimos treinta años estas tres preguntas: quién tiene derecho a la cobertura, qué queda efectivamente incluido, y qué proporción del costo recae sobre el bolsillo del paciente.
3.2 ¿Quién tiene derecho? Seguro social versus impuestos
Con la excepción de Estados Unidos, todos los países revisados alcanzaron una cobertura universal o casi universal durante la década de 1990, pero por caminos muy distintos. En los países nórdicos y de Australasia financiados por impuestos, el derecho a los servicios de salud se basa en la residencia y no en la ciudadanía, por lo que la población no cubierta queda reducida, en la práctica, a quienes se encuentran en situación migratoria irregular. En el sur de Europa financiado por impuestos, en cambio, la cobertura universal es un fenómeno más reciente: Italia la alcanzó recién en 1978, al sustituir la solidaridad por categoría profesional por una solidaridad intergeneracional de base ciudadana.
En los países de seguro social de salud, el derecho suele seguir atado, aunque cada vez de manera más residual, a la condición de aportante o de familiar a cargo de un aportante. Alemania es el ejemplo más elaborado: alrededor de tres cuartas partes de la población tiene seguro obligatorio, una porción queda legalmente excluida por su nivel de ingresos o por ser empleados públicos con reembolso estatal directo, y solo un grupo minoritario de altos ingresos puede optar entre el seguro social y el seguro privado. El resultado es que apenas dos décimas partes de un uno por ciento de la población alemana queda, en los hechos, sin ningún tipo de cobertura. Japón alcanzó la cobertura universal en 1961 mediante la afiliación obligatoria a alguno de sus miles de fondos de enfermedad, y Corea del Sur protagonizó la expansión más veloz de todo el conjunto de países estudiados: pasó de cubrir al 15 por ciento de su población a cubrir al 100 por ciento en apenas diez años, entre 1977 y 1989, apoyándose en copagos inicialmente altos y en un paquete de beneficios todavía acotado.
3.3 ¿Qué está incluido? Paquetes explícitos e implícitos
Una diferencia estructural que el documento subraya es que los sistemas financiados por impuestos rara vez cuentan con un paquete de beneficios explícito y detallado, mientras que los sistemas de seguro social —que remuneran a los proveedores mayormente por prestación— suelen necesitar listas de servicios mucho más precisas para poder pagarlas. La consecuencia práctica de la falta de explicitud en los sistemas de tipo NHS es lo que en el Reino Unido se conoció como “prescripción por código postal”: la incorporación de nuevas tecnologías termina dependiendo de decisiones locales que varían de una región a otra, lo cual es percibido como inequitativo. En Estados Unidos, el contraste es todavía mayor: mientras los seguros privados definen paquetes de beneficios muy heterogéneos según el empleador y el costo de la prima, el programa público Medicare mantiene una base de datos de cobertura detallada y de actualización permanente, cuyo cambio más importante en tres décadas fue la incorporación de medicamentos de venta bajo receta a partir de 2006.
3.4 ¿Cuánto sale del bolsillo?
Todos los países revisados exigen algún tipo de reparto de costos —copagos, coseguros o franquicias— aunque casi siempre con exenciones para determinados grupos según condición clínica, ingresos o edad. A diferencia de lo que ocurre en muchos países de ingresos bajos y medios, los pagos informales son excepcionales en este grupo de países: la principal excepción señalada es Grecia, donde se estimaba que representaban alrededor del 16 por ciento del gasto sanitario total. Entre 1980 y 2001 el peso del gasto de bolsillo no siguió una tendencia uniforme: aumentó en varios países europeos y descendió en otros, como Irlanda y los Países Bajos, mientras que fuera de Europa Nueva Zelanda registró un fuerte incremento, del 10 al 16 por ciento del gasto total en salud entre 1980 y 1999. Con las excepciones de Estados Unidos, Grecia y Austria, los cargos al usuario se mantuvieron, en general, por debajo del 22 por ciento del gasto sanitario total, y frecuentemente por debajo del 10 por ciento, sin que se observara una tendencia clara hacia su aumento o su disminución según el tipo de sistema.
El resumen que los propios autores hacen de esta primera parte es elocuente: la voluntad política —expresada en legislación clara, aprobada de una vez o de manera gradual— resulta un factor tan decisivo como el crecimiento económico para explicar por qué unos países alcanzaron la cobertura universal y otros no. El caso que citan como contraejemplo es, precisamente, Estados Unidos: un país de altos ingresos y crecimiento económico sostenido que, sin embargo, no logró ampliar sustancialmente el alcance de su cobertura poblacional a lo largo de los treinta años analizados.
A modo ilustrativo, la siguiente tabla recoge, para un subconjunto de países europeos, la evolución de la participación del gasto de bolsillo y del seguro médico voluntario dentro del gasto sanitario total entre 1980 y el período 1999-2001, tal como la reconstruye el documento original a partir de fuentes nacionales:
País
Gasto de bolsillo 1980 / útimo año (%)
Observación
Dinamarca
11,4 % → 16,4 %
Aumento sostenido de +5,0 puntos porcentuales
Alemania
8,1 % → 11,0 %
Aumento de +2,9 puntos, con seguro voluntario relativamente estable
Irlanda
14,3 % → 9,1 %
Única baja marcada del grupo (–5,2 puntos)
Países Bajos
7,0 % → 6,3 %
Fuerte caída del seguro voluntario, de 24 % a 14 %
España
21,3 % → 22,0 %
Nivel entre los más altos de Europa occidental, con leve aumento
Grecia
— → 41,4 %*
*Incluye una estimación de 16 % de pagos informales
Fuente: elaboración propia sobre la base de Thomson, Mossialos y Jemiai (2003), citado en Busse, Schreyögg y Gericke (2007).
4. Parte II. Recaudación de fondos
4.1 Fuentes y mecanismos de recaudación
Antes de recaudar, el documento propone razonar en cuatro pasos: cuantificar los recursos necesarios para sostener la cobertura definida, identificar las fuentes posibles de financiamiento, elegir mecanismos de recaudación culturalmente compatibles, y designar organizaciones responsables de recaudar y administrar esos fondos —que no necesariamente coinciden con las organizaciones que luego los agruparán—. Los mecanismos de financiamiento que describe son cinco: los impuestos directos e indirectos; las contribuciones obligatorias al seguro social de salud, generalmente calculadas como porcentaje del salario y compartidas entre empleado y empleador; las primas de seguro voluntario, sea privado o comunitario; las cuentas de ahorro médico, cuyo caso paradigmático es Singapur; y los pagos de bolsillo en el momento de la atención.
Cada mecanismo genera incentivos distintos. Los impuestos y las contribuciones obligatorias comparten la ventaja de ser administrados públicamente y de alimentar uno o varios fondos mancomunados, lo que les permite cumplir una función redistributiva que ningún mecanismo privado logra replicar por sí solo. El seguro médico privado, las cuentas de ahorro médico y otras formas privadas de recaudación son caracterizadas por los autores, de manera explícita, como modelos que solo pueden funcionar como complemento de la cobertura universal, nunca como su sustituto: no logran, por diseño, mancomunar el riesgo de toda una población.
Un caso singular: las cuentas de ahorro médico de Singapur 1. Cada trabajador aporta obligatoriamente una parte de su salario a una cuenta personal de ahorro (Medisave), que solo puede usarse para gastos médicos propios o de familiares directos. 2. A diferencia de un seguro, no mancomuna el riesgo entre personas: cada individuo consume, en esencia, sus propios ahorros acumulados. 3. El propio esquema debió complementarse con Medishield (seguro catastrófico) y Medifund (asistencia a indigentes) para cubrir los riesgos que el ahorro individual, por diseño, no puede mancomunar.
4.2 Organizaciones recaudadoras
La mayoría de los países de altos ingresos concentra la función recaudadora en un número reducido de organizaciones, a menudo separando, incluso dentro de los sistemas financiados por impuestos, al ministerio de finanzas o tesoro —que efectivamente recauda— del ministerio de salud, que administra y agrupa. El documento remarca que la agenda política, más que criterios técnicos explícitos, suele determinar cómo se distribuyen los recursos entre ambos organismos, con Nueva Zelanda como una de las pocas excepciones que definió criterios de asignación objetivos y transparentes. El resumen de esta parte insiste en un punto que atraviesa todo el trabajo: dado que resulta difícil atribuir resultados sanitarios a un mecanismo de recaudación en particular, los autores se niegan a declarar una “mejor práctica” única entre financiamiento por impuestos y financiamiento por seguro social; ambos son, en su lectura, caminos igualmente válidos hacia la cobertura universal, y la elección entre uno u otro depende sobre todo de la historia institucional y política de cada país.
5. Parte III. Agrupación de fondos (pooling)
La agrupación —el pooling— es definida como la acumulación de recursos prepagados destinados a cubrir riesgos financieros que superan la capacidad de pago de una persona o de un grupo pequeño. Es, para los autores, la función más determinante de todo el proceso de financiamiento: es la que efectivamente reduce el riesgo financiero individual al repartirlo entre el conjunto de la población cubierta, y por lo tanto la que más directamente define el alcance real de la protección financiera de un sistema de salud.
5.1 De la recaudación a la agrupación
En la mayoría de los países de altos ingresos, recaudación y agrupación se realizan a nivel central o nacional, aunque el documento identifica una tendencia hacia la descentralización de ambas funciones en los sistemas financiados por impuestos: Suecia, España e Italia otorgaron mayor autonomía recaudadora y de agrupación a sus gobiernos regionales, con los consejos de condado suecos financiándose principalmente con impuestos a la renta que ellos mismos recaudan. La tendencia contraria se observa en los sistemas de seguro social de salud, que en las últimas décadas avanzaron hacia una mayor centralización del pooling: Alemania, los Países Bajos, Bélgica y Suiza concentraron la función de agrupación en organismos federales independientes, principalmente para reducir la exposición de los antiguos fondos de enfermedad pequeños y fragmentados a un riesgo financiero excesivo. El caso de Suiza es señalado como particular, porque allí los recursos se agrupan únicamente dentro de cada región de prima, de modo que el mayor gasto per cápita de un cantón rico no se comparte con el de un cantón de menores recursos.
5.2 De la agrupación a la compra: capitación y ajuste de riesgo
Una vez agrupados, los recursos deben asignarse a las organizaciones compradoras, ya sea de manera retrospectiva —cubriendo el gasto efectivamente incurrido— o prospectiva, mediante un presupuesto fijado de antemano. El documento describe un movimiento general, aunque no universal, desde la asignación retrospectiva hacia mecanismos de capitación: un valor definido por persona cubierta, ajustado por factores de riesgo que intentan predecir su gasto sanitario esperado. La sofisticación de esos ajustadores de riesgo varía enormemente entre países: en Suiza la capitación se ajusta solamente por edad y sexo, mientras que Suecia y los Países Bajos desarrollaron fórmulas mucho más avanzadas, que incorporan situación laboral, composición del hogar, región de residencia e incluso grupos de costo diagnóstico y farmacéutico. Alemania ilustra la evolución típica de este mecanismo: pasó de un esquema mixto que solo mancomunaba el gasto de los jubilados, a la introducción en 1994 de un ajuste de riesgo por edad, sexo y discapacidad, previo a la apertura de la competencia entre fondos de enfermedad en 1996.
El resumen de esta parte concluye que, cualquiera sea el arreglo de financiamiento elegido, algún mecanismo de capitación resulta indispensable si el objetivo es redistribuir de manera equitativa los recursos agrupados entre la población; y que cuanto mayor es el poder predictivo de los ajustadores de riesgo utilizados, más equitativa resulta la asignación y más justa la eventual competencia entre organizaciones compradoras.
La siguiente tabla, elaborada a partir de las Tablas 3 y 4 del documento original, ilustra la enorme variación en la sofisticación de los ajustadores de riesgo utilizados para calcular la capitación en un subconjunto de países:
País
Sistema
Principales ajustadores de riesgo utilizados
Suiza
SHI (por cantón)
Edad y sexo únicamente
Alemania
SHI
Edad, sexo y discapacidad (desde 1994)
Países Bajos
SHI
Edad, sexo, situación laboral, región y grupos de costo diagnóstico/farmacéutico (desde 2002)
Suecia
Financiado por impuestos
Edad, sexo, estado civil, situación laboral, ocupación, antigüedad de vivienda y alta utilización previa
Inglaterra
Financiado por impuestos (NHS)
Edad, mortalidad, morbilidad, desempleo, personas mayores que viven solas, origen étnico
Australia
Financiado por impuestos
Edad, sexo, grupo étnico, personas sin hogar, mortalidad, ruralidad
Fuente: elaboración propia sobre la base de Busse et al. (2004), Rice y Smith (2002) y otras fuentes citadas en Busse, Schreyögg y Gericke (2007).
6. Parte IV. Compra y remuneración de proveedores
Comprar significa transferir los recursos ya agrupados hacia los proveedores de servicios, y la manera de remunerarlos moldea de manera directa sus incentivos de comportamiento. Antes de diseñar cualquier sistema de pago, el documento propone aclarar dos cuestiones: la estructura de mercado de las organizaciones compradoras —un comprador único nacional o varios compradores regionales, en competencia o no entre sí— y el papel que se les asigna, ya sea el de un intermediario financiero pasivo o el de un comprador activo con poder efectivo para exigir calidad y eficiencia.
6.1 Estructura de mercado de los compradores
La descentralización de la función compradora alcanzó a casi todos los países revisados en las últimas tres décadas, con la notable excepción de sistemas pequeños como Grecia, Islandia, Corea del Sur y Singapur, donde la escala reducida hace menos necesaria la multiplicación de compradores regionales. En los sistemas de seguro social, Alemania y los Países Bajos introdujeron durante los años noventa la competencia entre fondos de enfermedad —hasta entonces asignados por ocupación o zona geográfica—, siguiendo un camino ya iniciado por Bélgica y Suiza; el número de fondos se redujo drásticamente en todos estos países, entre un 21 por ciento en Bélgica y más de un 70 por ciento en Alemania, en un proceso motivado menos por el ahorro administrativo que por la búsqueda de mayor eficiencia asignativa.
6.2 El rol del comprador: de intermediario pasivo a comprador activo
Durante los años setenta y ochenta el comprador solía limitarse a reembolsar servicios en nombre de la población; recién en los noventa ganó autonomía de gestión y planificación en la mayoría de los sistemas. El caso más citado es el del Servicio Nacional de Salud británico, que en 1991 separó explícitamente las funciones de comprador y proveedor para crear un “mercado interno”, con autoridades sanitarias distritales y médicos de cabecera que administraban su propio presupuesto (fundholding) para adquirir atención secundaria en nombre de sus pacientes. La evidencia posterior es matizada: la retención de fondos por parte de los médicos de cabecera parece haber reducido tiempos de espera y derivaciones innecesarias, pero también se documentaron mayores costos de transacción, inequidades entre pacientes según qué tipo de comprador los representaba, y en algunos casos deterioro de resultados clínicos. Aunque el gobierno laborista abolió formalmente el mercado interno en 1997, terminó desarrollando su propia versión, primero con las autoridades sanitarias y desde 2003 con los fideicomisos de atención primaria, en los que los médicos de cabecera recuperaron funciones ejecutivas.
6.3 Remuneración de proveedores: de los presupuestos globales al pago por caso
Históricamente, los sistemas financiados por impuestos remuneraron a los hospitales mediante presupuestos globales prospectivos que solían reflejar el gasto histórico más que la intensidad real de atención, mientras que los sistemas de seguro social privilegiaron el pago por servicio o por día de internación. El punto de inflexión que el documento identifica es 1983, cuando el programa estadounidense Medicare introdujo el pago por caso mediante Grupos Relacionados de Diagnóstico (DRG): una suma fija por episodio, calculada según el costo medio esperado de cada categoría de paciente. Desde entonces, la gran mayoría de los países de altos ingresos adoptaron alguna variante de pago por caso, generalmente combinada con presupuestos globales: Suecia (1985), Finlandia (1987), Portugal (1989), Canadá y Bélgica (1990 y 1995 respectivamente), Alemania (tarifas por caso desde 1995 y sistema G-DRG desde 2003), Francia (1997), Japón (2003), entre muchos otros. La evidencia sobre sus beneficios es matizada: se documentan ahorros de costos del orden del 10 por ciento en algunos países, pero también riesgos de reducción en la intensidad de la atención y, en episodios de exceso de oferta, aumentos de actividad que obligaron a reintroducir controles centrales de volumen.
El resumen de esta parte destaca que la evidencia sobre la efectividad de la separación entre comprador y proveedor sigue siendo controvertida: las ganancias de eficiencia técnica conviven con riesgos de deterioro de la calidad y con mayores costos de transacción, y los sistemas de tipo NHS parecen sostener mejor la coordinación de la atención a enfermos crónicos que los sistemas de seguro social, gracias a su estructura jerárquica de control directo sobre los proveedores.
La siguiente tabla resume el año de introducción de mecanismos de pago por caso de tipo DRG (o su equivalente) en una selección de los países revisados por el documento original:
País
Año de introducción
Sistema de financiamiento predominante
Estados Unidos (Medicare)
1983
Mixto, predominio privado
Suecia
1985
Financiado por impuestos
Finlandia
1987
Financiado por impuestos
Portugal
1989
Financiado por impuestos
Bélgica
1995
Seguro social de salud (SHI)
Alemania
1995 (tarifas por caso) / 2003 (sistema G-DRG)
Seguro social de salud (SHI)
Francia
1997
Seguro social de salud (SHI)
Países Bajos
2003
Seguro social de salud (SHI)
Japón
2003 (combinación de procedimientos diagnósticos)
Seguro social de salud (SHI)
Fuente: elaboración propia sobre la base de Langenbrunner y Wiley (2002) y otras fuentes citadas en Busse, Schreyögg y Gericke (2007).
7. Parte V. Lecciones para países de ingresos bajos y medios
7.1 Tendencias generales de reforma en países de altos ingresos
Desde fines de los años setenta, buena parte de la reforma sanitaria en los países de altos ingresos estuvo dominada, al menos en el debate público, por la contención de costos; pero de manera menos visible también avanzaron reformas orientadas a ampliar la cobertura y la equidad. Australia, Portugal, Irlanda, Grecia, España y, de manera especialmente veloz, Corea del Sur introdujeron cobertura obligatoria del cien por ciento de la población entre 1975 y 1989; Bélgica y Francia completaron la cobertura de los últimos grupos aún no asegurados en 1998 y 2000 respectivamente; y varios países ampliaron su cobertura hacia la atención de largo plazo durante los años noventa. En términos organizacionales, el documento identifica un movimiento cruzado: la agrupación de fondos tendió a centralizarse, mientras que la función compradora tendió a descentralizarse, sobre todo en los sistemas financiados por impuestos.
7.2 Las seis lecciones de política
A partir de esta revisión de tres décadas de reformas, los autores condensan la experiencia de los países de altos ingresos en seis lecciones dirigidas explícitamente a los países de ingresos bajos y medios, con una advertencia previa: la lección más importante de todas es no implementar ninguna reforma de financiamiento que no contribuya, en última instancia, al objetivo de la cobertura universal.
Las seis lecciones de Busse, Schreyögg y Gericke (2007) para países en transición 1. Facilitar un crecimiento económico estable: el ingreso per cápita creciente es, para los autores, el primer y más importante factor que acelera la transición hacia la cobertura universal. 2. Iniciar proyectos piloto de seguro médico voluntario: en Alemania y Japón, el seguro voluntario sirvió como escuela de gestión antes de introducir esquemas obligatorios. 3. Fomentar la capacidad administrativa: la experiencia de Corea del Sur muestra que contar con administradores de nivel medio bien formados fue clave para expandir el seguro social de salud. 4. Asegurar el compromiso político para ampliar la cobertura poblacional: la prosperidad económica no basta por sí sola —Alemania y Japón introdujeron el seguro obligatorio siendo todavía países pobres— pero sin una decisión política explícita la ampliación de la cobertura no ocurre de manera espontánea. 5. Combinar la expansión de la cobertura poblacional con la agrupación de riesgos: los esquemas comunitarios pequeños y fragmentados se vuelven insostenibles a medida que crece la cobertura, por lo que la ampliación poblacional debe ir acompañada de mecanismos de mancomunación de riesgo cada vez más amplios. 6. Asegurar la evaluación de productos y servicios en cada etapa: aun con presupuestos iniciales muy acotados, solo deberían incorporarse al paquete de beneficios tecnologías de eficacia probada y costo-efectivas, tomando como referencia razonable un umbral cercano a dos veces el PIB per cápita por año de vida ajustado por calidad.
7.3 Cuadro síntesis: las cuatro funciones del financiamiento sanitario
A modo de repaso integrador de las Partes I a IV, el siguiente cuadro reúne la pregunta central que organiza cada función, los mecanismos típicos revisados por el documento y la lección de política más directamente asociada a cada una:
Función
Pregunta central
Mecanismos típicos revisados
Lección de política asociada
Decisiones de cobertura
¿A quién, qué y cuánto se cubre?
Amplitud, profundidad y altura del paquete de beneficios
No reformar el financiamiento sin objetivo explícito de cobertura universal
Recaudación
¿De dónde sale el dinero?
Impuestos, contribuciones SHI, primas voluntarias, cuentas de ahorro, bolsillo
Los mecanismos privados son complemento, nunca sustituto, de la cobertura universal
Agrupación (pooling)
¿Cómo se mancomuna el riesgo?
Fondos centralizados o descentralizados, capitación ajustada por riesgo
La expansión poblacional exige agrupar riesgos cada vez más amplios
Compra y remuneración
¿Cómo se paga a los proveedores?
Presupuestos globales, pago por día, pago por servicio, DRG/pago por caso
La eficiencia técnica debe sopesarse siempre frente a la calidad de la atención
8. El documento de 2007 como origen del “box” de cobertura
Vale la pena remarcar, para cerrar el círculo con el trabajo anterior de esta serie, que la Figura 2 del propio documento original de Busse, Schreyögg y Gericke —reproducida conceptualmente en la Figura 1 de este documento— es la formulación primera y más citada de las tres dimensiones de amplitud, profundidad y altura que después reaparecerían, con otro nombre y otro propósito, en el cubo de la Cobertura Universal de Salud del Informe Mundial de la Salud de la Organización Mundial de la Salud de 2010. El propio Busse integró, años más tarde, el extenso equipo de colaboradores de aquel informe, lo que confirma que no se trata de una coincidencia sino de una única línea de trabajo que evolucionó desde un documento de discusión del Banco Mundial orientado a la comparación técnica entre sistemas de altos ingresos, hacia un instrumento de comunicación normativa dirigido a movilizar voluntad política global.
Leído en conjunto con ese cubo posterior, el documento de 2007 aporta algo que la versión normativa de 2010 no podía ofrecer: el detalle empírico, país por país, de qué combinaciones concretas de amplitud, profundidad y altura efectivamente se ensayaron durante treinta años de reformas, con qué mecanismos de recaudación, agrupación y compra se sostuvieron, y qué resultados —a menudo ambiguos o contradictorios— se observaron en cada caso.
Esta genealogía también aclara un malentendido frecuente: ni el box de 2007 ni el cubo de 2010 fueron concebidos como un estándar único a replicar, sino como herramientas para ordenar preguntas que cada país —y, dentro de cada país, cada institución de salud— debe responder de acuerdo con su propia historia institucional. El propio documento de 2007 es explícito en este punto: dado que resulta difícil atribuir resultados a un mecanismo de financiamiento en particular, cualquier lectura que busque en él una receta cerrada termina forzando conclusiones que los propios autores se cuidaron de no formular.
9. Implicancias para la gestión de instituciones de salud en Argentina
Varias de las categorías que el documento utiliza para describir a los países de seguro social de salud europeos resultan directamente aplicables al sistema argentino, que combina un subsistema de seguridad social fragmentado en un gran número de obras sociales, un subsistema público financiado por impuestos y un subsistema privado de medicina prepaga. La discusión sobre la centralización del pooling frente a la fragmentación en fondos pequeños y expuestos a riesgo financiero —el problema que llevó a Alemania, los Países Bajos, Bélgica y Suiza a concentrar su función de agrupación— es, con matices, la misma discusión que atraviesa el debate sobre un eventual fondo compensador único o mecanismos más robustos de ajuste por riesgo entre obras sociales en la Argentina.
De modo similar, la experiencia descripta sobre la separación entre comprador y proveedor, y sobre el pasaje de presupuestos globales o pago por día hacia mecanismos de pago por caso de tipo DRG, ofrece antecedentes útiles para instituciones prestadoras que negocian con múltiples financiadores: la evidencia internacional revisada sugiere que estos mecanismos pueden mejorar la eficiencia técnica, pero solo si se acompañan de instrumentos de control de calidad y de volumen que eviten el deterioro de la atención o el aumento no controlado de la actividad. Finalmente, la sexta lección —evaluar sistemáticamente productos y servicios antes de incorporarlos al paquete de beneficios— es enteramente trasladable a cualquier institución o financiador argentino que deba decidir, con recursos siempre acotados, qué tecnologías sanitarias incorporar y con qué prioridad.
A modo de síntesis operativa, cinco puntos del documento original resultan directamente aplicables a la gestión de clínicas, sanatorios y hospitales privados en la Argentina:
Auditar, para cada convenio con un financiador, las tres dimensiones de cobertura (amplitud, profundidad, altura) en lugar de aceptar la cobertura poblacional declarada como dato suficiente.
Distinguir con claridad, en cualquier negociación, si el financiador actúa como recaudador, como agrupador de riesgo o como comprador, ya que cada rol admite exigencias distintas.
Exigir o construir, cuando sea posible, mecanismos de ajuste de riesgo más sofisticados que la simple edad y sexo, siguiendo el ejemplo de los países que avanzaron hacia capitaciones con mayor poder predictivo.
Anticipar que cualquier mecanismo de pago por caso o por desempeño requiere, en paralelo, indicadores de calidad y de volumen que eviten los efectos adversos documentados internacionalmente.
Incorporar la evaluación de tecnologías sanitarias como paso previo —y no posterior— a la incorporación de nuevas prestaciones al paquete de beneficios institucional.
10. Conclusiones
El documento de Busse, Schreyögg y Gericke (2007) ofrece, casi veinte años después de su publicación, un mapa todavía vigente de las decisiones que estructuran cualquier arreglo de financiamiento de la salud: a quién se cubre, qué se cubre, cuánto de eso se paga, cómo se recauda el dinero, cómo se agrupa para mancomunar el riesgo y cómo finalmente se transfiere a los proveedores.
Su conclusión más resistida —que no existe una “mejor práctica” única entre financiamiento por impuestos y por seguro social— sigue siendo, probablemente, su aporte más honesto: la evidencia comparada de veinticinco países de altos ingresos no permite decretar un modelo ganador, sino identificar condiciones —crecimiento económico, capacidad administrativa, compromiso político, agrupación de riesgo, evaluación tecnológica— que favorecen la transición hacia la cobertura universal con independencia del mecanismo elegido.
Esa misma prudencia metodológica es la que conviene sostener al utilizar este documento como referencia para la gestión de instituciones de salud en contextos, como el argentino, que combinan varios de los arreglos institucionales que el propio texto describe por separado.
Para la gestión concreta de una clínica, un sanatorio o un hospital, el valor último de este documento no está en ninguna de sus conclusiones aisladas, sino en la disciplina de análisis que propone: frente a cualquier cambio en un convenio, en una política pública o en un mecanismo de pago, resulta más productivo preguntar en qué función del financiamiento incide —cobertura, recaudación, agrupación o compra— y qué incentivo concreto genera sobre proveedores y pacientes, que evaluarlo únicamente por su denominación o por la retórica con la que se lo presenta.
Iniciativas como la encuesta PaRIS de la OCDE —lanzada en 2017 por mandato de los Ministros de Salud para comparar internacionalmente los resultados que más importan a los pacientes— reflejan este esfuerzo por llenar el vacío de datos estandarizados sobre resultados percibidos, en un contexto donde la mayoría de las métricas de desempeño en salud siguen centradas en insumos y productos (procesos), y no en los resultados finales relevantes para quien recibe la atención.
La encuesta PaRIS de la OCDE: qué valoran más los pacientes
La Encuesta de Indicadores Reportados por el Paciente (Patient-Reported Indicator Surveys, PaRIS) es la primera encuesta internacional que releva, de manera estandarizada y comparable entre países, los resultados y la experiencia de atención de personas de 45 años o más que viven con una o más condiciones crónicas, atendidas en el nivel de atención primaria. Impulsada por la OCDE por mandato de los Ministros de Salud desde 2017, con un desarrollo conceptual entre 2017 y 2020 y una encuesta principal realizada en 2023-2024, PaRIS relevó a más de 107.000 pacientes en cerca de 1.800 centros de atención primaria de 19 países, representando a casi 104 millones de usuarios de atención primaria. Sus primeros resultados internacionales se publicaron en el informe «Does Healthcare Deliver?» (OCDE, 2025).
Un hallazgo central de la encuesta, especialmente relevante para la gestión de clínicas y sanatorios, es que el tiempo es el recurso que los pacientes más valoran: la disponibilidad de turnos con menor espera y, sobre todo, contar con tiempo suficiente durante la consulta con el profesional de atención primaria, se asocia de manera muy marcada con la confianza en el sistema de salud. Según PaRIS, las personas que sienten que su profesional de atención primaria les dedicó el tiempo necesario tienen una probabilidad de confiar en el sistema de salud casi 90% mayor que quienes no tuvieron esa percepción, una diferencia mucho más determinante que la disponibilidad de tecnología o el confort de las instalaciones.
Qué valoran los pacientes
Hallazgo de la encuesta PaRIS
Tiempo con el profesional
Sentir que el profesional dedicó el tiempo necesario incrementa en cerca de un 90% la probabilidad de confiar en el sistema de salud.
Ser tratado como persona, no solo como enfermedad
Una proporción significativa de los pacientes con enfermedades crónicas siente que no fue considerado como una persona completa, sino solo a través de su diagnóstico.
Participación en las decisiones sobre su propio cuidado
Buena parte de los pacientes reporta no haber estado tan involucrado en las decisiones sobre su atención como hubiera deseado.
Coordinación entre profesionales
La falta de coordinación entre distintos profesionales y niveles de atención es una de las experiencias adversas más asociadas a la pérdida de confianza en el sistema.
Ausencia de eventos adversos evitables
Haber sufrido un turno no obtenido a tiempo, un diagnóstico erróneo o tardío, o problemas de comunicación entre profesionales, reduce en 1,6 veces la probabilidad de confiar en el sistema de salud.
Atención a la salud mental dentro de la atención crónica
Alrededor de un 16% de los pacientes con condiciones crónicas releva también una condición de salud mental, y su combinación se asocia a peor salud física percibida y a menor confianza en la propia capacidad de autogestión.
Cuadro (síntesis). Qué valoran más los pacientes de 45 años o más con enfermedades crónicas, según la encuesta PaRIS de la OCDE (2023-2024).
La encuesta organiza sus resultados centrales en diez indicadores —el «PaRIS10″— que combinan cinco medidas de resultado reportadas por el paciente (PROM) y cinco medidas de experiencia reportadas por el paciente (PREM), seleccionadas junto con los propios pacientes, y que abarcan la calidad percibida de la atención, la coordinación entre niveles y profesionales, el grado en que la atención se centra verdaderamente en la persona, y la confianza general en el sistema de salud. El propio informe de la OCDE encuentra una relación consistente entre una mejor experiencia reportada por el paciente y mejores resultados de salud reportados por ese mismo paciente, lo que respalda empíricamente uno de los supuestos centrales de la VBHC desarrollado en la sección 2 de este documento: que la experiencia y el resultado no son dimensiones independientes, sino que se refuerzan mutuamente.
Para la gestión de una clínica o sanatorio, PaRIS ofrece una lección concreta y de bajo costo de implementación: antes de invertir en tecnología o en infraestructura para mejorar la experiencia del paciente, conviene verificar si el equipo asistencial dispone del tiempo suficiente para sostener una consulta de calidad, si existen mecanismos reales de coordinación entre los distintos profesionales que atienden a un mismo paciente crónico, y si el paciente participa efectivamente en las decisiones sobre su propio cuidado. Estas tres condiciones —tiempo, coordinación y participación— explican, según la evidencia de PaRIS, una proporción mayor de la confianza y de los resultados percibidos por el paciente que buena parte de las inversiones tecnológicas o edilicias en las que las instituciones suelen concentrar su presupuesto.
Lo que nos dicen los datos de PaRIS
Tradicionalmente, el desempeño de los sistemas de salud se ha medido mediante insumos, procesos y resultados. Los datos de PaRIS ponen de manifiesto un cambio crucial en la forma de evaluar los sistemas de salud: se centran en las perspectivas de los propios pacientes, sus resultados de salud y sus experiencias en la atención médica. Estos resultados y experiencias varían según el funcionamiento de los sistemas de salud, lo que revela diferencias sustanciales en el desempeño y sus factores determinantes.
Los resultados de PaRIS muestran una relación entre una mejor experiencia de atención por parte de los pacientes y mejores resultados de salud. Esto se observa claramente en Australia, Suiza y Estados Unidos, donde las personas reportan sistemáticamente experiencias de atención positivas y mejores resultados de salud en comparación con el promedio de PaRIS de la OCDE. Patrones similares se aprecian en Canadá, República Checa, Francia y Noruega, donde las personas reportan experiencias mayoritariamente positivas con su atención, junto con resultados de salud relativamente buenos. Sin embargo, esta relación no siempre es constante.
Aproximadamente una décima parte de las diferencias en la experiencia de atención médica se atribuyen a factores propios de cada país. En algunos indicadores, como la calidad de la atención percibida y la confianza para el autocuidado, más de una décima parte se debe a diferencias entre países. Esto podría reflejar, por ejemplo, variaciones en las políticas nacionales de salud, la disponibilidad, la accesibilidad y la calidad de los servicios de atención médica, así como otros factores propios de cada país que van más allá del sistema de salud.
Los países que invierten más en salud tienen más probabilidades de obtener mejores resultados y experiencias para los pacientes, pero también se pueden lograr buenos resultados con niveles de gasto más bajos. El gasto sanitario per cápita se asocia con mejores resultados y experiencias en los indicadores clave analizados en este capítulo (el “PaRIS10”). Al mismo tiempo, los resultados muestran que es posible obtener buenos resultados con niveles de gasto sanitario más bajos. Por ejemplo, Bélgica, la República Checa y Suiza obtienen las puntuaciones más altas en “Calidad de la experiencia”, pero con niveles de gasto sanitario per cápita muy diferentes. En términos más generales, la República Checa y Eslovenia son dos ejemplos de países que obtienen buenos resultados en la mayoría de los indicadores del PaRIS10, a pesar de tener un gasto sanitario per cápita relativamente bajo.
Los resultados de PaRIS ponen de manifiesto la oportunidad de mejorar el desempeño de la atención sanitaria adaptando los cuidados al género, la edad y el nivel socioeconómico de cada persona. Por ejemplo, las personas con menor nivel educativo tienden a tener peor salud y a reportar experiencias menos positivas con su atención médica. Tienen más probabilidades de sufrir peores resultados de salud y de tener una percepción menos positiva de su tratamiento en comparación con quienes tienen mayor nivel educativo. El 87 % de las personas con menor nivel educativo reportaron padecer enfermedades crónicas, frente al 78 % en el grupo con mayor nivel educativo. Las mujeres también tienen más probabilidades de reportar peores resultados y experiencias, a pesar de que suelen vivir más que los hombres.
2.1. Introducción
Este capítulo analiza los resultados clave de la Encuesta de Indicadores Reportados por los Pacientes (PaRIS) de la OCDE sobre resultados de salud y experiencias en la atención médica. Compara los resultados de los 19 países participantes para diez indicadores clave (los “PaRIS10”). El capítulo también examina algunos de los factores esenciales que pueden explicar por qué los pacientes tienen más probabilidades de obtener mejores (o peores) resultados y experiencias, incluyendo las interrelaciones entre los indicadores.
La justificación de la encuesta PaRIS se basa en el mandato de los Ministros de Salud de la OCDE de lograr que los sistemas de salud estén más centrados en las personas (OCDE, 2017[1]) . El desempeño del sistema de salud se ha medido tradicionalmente mediante insumos, procesos y productos, como el gasto en salud, el número de camas hospitalarias, el número de consultas médicas o las tasas de morbilidad y mortalidad. Los datos de PaRIS ponen de manifiesto un cambio crucial en la forma de evaluar el desempeño del sistema de salud: se centran en las perspectivas de los propios pacientes, sus resultados de salud y sus experiencias en la atención sanitaria. Estos resultados y experiencias varían según el funcionamiento de la atención primaria, incluyendo también sus interconexiones con otros niveles de atención, lo que revela diferencias sustanciales en el desempeño.
La pregunta fundamental que explora la encuesta PaRIS es la siguiente: ¿ hasta qué punto los sistemas de salud logran satisfacer las necesidades de las personas? Para responder a esta pregunta, se utilizan tanto medidas de resultados informados por los pacientes (PROMs) como medidas de experiencia informadas por los pacientes (PREMs). Las PROMs y las PREMs son medidas estandarizadas y validadas que, en conjunto, muestran cómo los pacientes perciben su salud y funcionamiento, así como la atención médica que reciben. PaRIS es una iniciativa colaborativa en la que la OCDE se ha asociado con pacientes, profesionales de la salud, responsables políticos y académicos de todo el mundo.
En cuanto al alcance del análisis , la encuesta PaRIS se centra exclusivamente en los usuarios de atención primaria. Esto permite una comprensión detallada de las experiencias y los resultados de las personas que tienen experiencia directa con los servicios de atención primaria, un área que a menudo se ha comprendido mal en muchos países hasta la fecha. Se presta especial atención a las personas con enfermedades crónicas, ya que suelen tener peores resultados de salud y constituyen una gran proporción de los usuarios de atención primaria. Otras características destacadas de la encuesta PaRIS se resumen en el recuadro 2.1 , y el capítulo 7 ofrece un análisis exhaustivo de los datos y la metodología utilizados.
Cabe señalar que este capítulo tiene como objetivo ofrecer una visión general de los resultados de la encuesta, en lugar de un análisis exhaustivo de sus implicaciones políticas. Dicho análisis se aborda en los capítulos siguientes (del 3 al 6), los cuales, para áreas específicas de interés político, combinan análisis más detallados con hallazgos de la literatura especializada para explorar las implicaciones políticas de los resultados de la encuesta.
Recuadro 2.1. Características principales de la encuesta PaRIS
Países participantes
Diecinueve países, de los cuales 17 eran miembros de la OCDE: Australia, Bélgica, Canadá, República Checa, Francia, Grecia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Portugal, Eslovenia, España, Suiza, Estados Unidos y Gales (Reino Unido). Rumania y Arabia Saudita también participaron.
Marco de muestreo
Todos los usuarios de atención primaria mayores de 45 años, en todos los centros de atención primaria de cada país participante. Los pacientes se vinculan a los centros de atención primaria mediante un muestreo anidado, de modo que los resultados y las experiencias de los pacientes puedan relacionarse con las características de dichos centros.
Se eligió este rango de edad debido al especial interés en las personas que viven con enfermedades crónicas. Estas personas suelen tener peores resultados de salud y constituyen una gran proporción de los usuarios de atención primaria.
Se incluyeron todas las personas mayores de 45 años que habían tenido al menos un contacto con su centro de atención primaria en los seis meses anteriores al momento de la toma de muestras.
Principios comunes para el análisis de datos
Estandarización por edad y sexo. Salvo que se indique explícitamente lo contrario, todos los resultados de este informe están estandarizados por edad y sexo para ajustarlos a los diferentes perfiles demográficos de cada país. Esto ayuda a maximizar la comparabilidad de los resultados entre países.
Enfoque para el ajuste de la mezcla de casos. Los resultados se estratifican entre pacientes con y sin afecciones crónicas. Se realizó un análisis de sensibilidad para comparar las estimaciones básicas ajustadas por edad y sexo de cada país con un ajuste más detallado de la mezcla de casos en PROMs y PREMs (véase la Tabla 2.A.1 del Anexo ). Este análisis mostró que no hubo diferencias significativas en la mayoría de los resultados, lo que resalta la solidez del ajuste básico de la mezcla de casos por edad y sexo en el informe. Este enfoque se elige para lograr un equilibrio entre reconocer la importancia de la mezcla de casos y evitar el sobreajuste que podría enmascarar las diferencias de desempeño entre países que son susceptibles de modificación mediante políticas.
Intervalos comparativos. Los intervalos comparativos que no se superponen pueden interpretarse como diferencias estadísticamente significativas al nivel de significancia del 5 %. Por ejemplo, permiten comparar estadísticamente el resultado agregado de un país con el promedio PaRIS de la OCDE (que es un promedio no ponderado de los 17 miembros participantes de la OCDE).
Componentes de la varianza. Como reflejo del diseño multinivel de la encuesta PaRIS, se analiza hasta qué punto la variación en los resultados puede atribuirse a tres niveles: país, centro de atención primaria y nivel del paciente.
Algunas estadísticas descriptivas resumidas
Los resultados abarcan a 107 011 usuarios de atención primaria (de 45 años o más) y 1816 centros de atención primaria en 19 países.
El 82% de los encuestados declaró tener al menos una enfermedad crónica, y el 52% tenía varias enfermedades crónicas (dos o más).
El 18% de los encuestados tenía 75 años o más. Poco más de la mitad de la muestra (56%) eran mujeres.
El 33% de los encuestados tenía un nivel educativo bajo (educación secundaria básica o inferior), mientras que el 43% tenía un nivel educativo alto (licenciatura universitaria o superior).
Implementación adaptada de la encuesta para reflejar las circunstancias nacionales.
PaRIS implementa medidas estandarizadas reportadas por los pacientes en diferentes sistemas de salud, equilibrando la uniformidad estricta con la flexibilidad. Cada país aporta estructuras y contextos de salud únicos y diferentes capacidades para llevar a cabo una encuesta de pacientes compleja y a gran escala. Por lo tanto, la Secretaría y un consorcio internacional de organizaciones que apoyan los aspectos metodológicos del desarrollo e implementación de la encuesta (el consorcio PaRIS-SUR) trabajaron en colaboración con expertos nacionales responsables de la implementación en sus respectivos países (es decir, los gerentes nacionales de proyectos) caso por caso para determinar la mejor manera de implementar las directrices, asegurando una recopilación de datos óptima adaptada a las circunstancias específicas de cada país (De Boer et al., 2022[2]) .
Para mejorar la comparabilidad, el análisis emplea un mecanismo de estandarización para validar las muestras de pacientes y asegurar que la población de pacientes elegibles esté adecuadamente representada por edad y sexo. La solidez de los datos también se evaluó exhaustivamente, por ejemplo, mediante análisis de sensibilidad con correctores adicionales para la mezcla de casos. Persisten algunas diferencias en las muestras entre países debido a variaciones en los sistemas de salud; estas se destacan cuando corresponde y se explican con mayor detalle en el Capítulo 7 (Métodos). Con el tiempo, la OCDE mantiene su compromiso de perfeccionar y armonizar las metodologías para fortalecer aún más la comparabilidad.
Comparabilidad
La muestra PaRIS ha sido validada para que sea lo más representativa posible de la población de pacientes elegibles. Esto se detalla en el Capítulo 7.
En Bélgica, la tasa de respuesta relativamente baja (<5%) podría afectar la representatividad de la muestra de pacientes. Suiza incluyó a los pacientes en la muestra mediante un muestreo consecutivo, incluyéndolos a medida que contactaban con el centro de salud hasta alcanzar el tamaño de muestra requerido. Este método implicaba que los pacientes que acudían con mayor frecuencia a su centro de atención primaria tenían una mayor probabilidad de ser incluidos en la muestra. Para evaluar si esto resultaba en una población con un estado de salud mucho más delicado, se realizó un análisis de sensibilidad con las enfermedades crónicas como variables de la mezcla de casos, el cual no reveló diferencias significativas.
Canadá no cuenta con un registro nacional de centros de atención primaria en ejercicio y, por lo tanto, se seleccionó una muestra de conveniencia de centros.
En Italia y Estados Unidos, los criterios de elegibilidad para la participación de los pacientes difirieron de las directrices. En Italia, la muestra abarcó únicamente tres regiones. El muestreo se limitó a pacientes derivados a especialistas médicos en un entorno de atención ambulatoria en Toscana, Véneto y la Azienda Unità Sanitaria Locale de Bolonia (región de Emilia-Romaña). En Estados Unidos, la muestra es representativa a nivel nacional para personas de 65 años o más, pero faltan datos sobre personas de entre 45 y 65 años. Debido a estas desviaciones en los criterios de elegibilidad, los resultados de Italia y Estados Unidos se han separado del resto de la muestra y deben interpretarse con precaución.
Consulte el Anexo 2.A para obtener paneles de control complementarios sobre la muestra completa, las personas sin enfermedades crónicas y las personas de 65 años o más con enfermedades crónicas.
2.2. El panel de control PaRIS10: ¿cómo se comparan los países en función de los indicadores clave?
El panel de control PaRIS10 que se presenta en esta sección resume las comparaciones entre los países que conforman el PaRIS10, en lo que respecta a pacientes con enfermedades crónicas. La selección de los indicadores del PaRIS10 se realizó mediante una estrecha consulta con representantes de pacientes, profesionales de atención primaria y académicos.
Cinco indicadores de resultados se centran en métricas esenciales de salud. Los tres primeros abarcan los ámbitos físico, mental y social de la salud; los dos siguientes son medidas más transversales del bienestar y la salud en general:
Salud física : capacidad para realizar actividades físicas cotidianas, grado de dolor y fatiga.
Salud mental : percepción de la calidad de vida, estado de ánimo y capacidad de pensamiento, satisfacción con las actividades y relaciones sociales, malestar emocional.
Funcionamiento social : grado en que una persona puede llevar a cabo sus actividades y roles sociales habituales.
Bienestar : grado en que una persona se siente positiva en cuanto a su estado de ánimo, vitalidad y satisfacción.
Salud general : medida global de la salud general.
Cinco indicadores de experiencia reflejan aspectos clave de la interacción de los pacientes con los servicios de salud. Los tres primeros abarcan diferentes aspectos de la atención sanitaria centrada en la persona; los dos siguientes se refieren a percepciones más amplias sobre la calidad de la atención médica y el grado de confianza en el sistema de salud.
Confianza para la autogestión : grado de confianza para gestionar la propia salud y bienestar.
Coordinación de la atención por parte de la persona : grado en que una persona experimenta un recorrido fluido y continuo a través de diferentes prácticas y entornos de atención médica.
Atención centrada en la persona : grado en que las necesidades de salud de una persona se gestionan de forma integral, garantizando que sus preferencias y necesidades sean fundamentales en la atención recibida.
Calidad percibida : medida general de cómo una persona valora la atención que ha recibido en los últimos 12 meses.
Confianza en los sistemas de salud : grado de confianza que una persona deposita en el sistema de salud en general.
Los diez indicadores se basan en instrumentos o directrices reconocidos internacionalmente, en particular PROMIS, el Sistema de Información para la Medición de Resultados Reportados por el Paciente (PROMIS, 2017[3]) , el Índice de Bienestar WHO-5 (Heun et al., 2001[4]) , la Encuesta Internacional de Políticas de Salud del Commonwealth Fund (The Commonwealth Fund, 2017[5]) , las directrices de la OCDE sobre la medición de la confianza (OCDE, 2017[6]) y P3CEQ, el cuestionario de Experiencia de Atención Coordinada Centrada en la Persona (Lloyd et al., 2019[7]) . Todos los indicadores están diseñados para ser aplicables a la población general y a las personas con afecciones de salud específicas.
La Tabla 2.1 proporciona las especificaciones de cada uno de los diez indicadores, incluyendo la interpretación de los valores y su uso en este informe principal. La Tabla 2.2 presenta los resultados de estos indicadores a nivel nacional en los 19 países participantes. Los capítulos posteriores exploran indicadores específicos con mayor detalle, incluyendo los subcomponentes de algunos de ellos. En Italia, los criterios de elegibilidad para la participación de los pacientes diferían de las directrices, y la muestra solo abarcaba tres regiones. Asimismo, en Estados Unidos, los criterios de elegibilidad implementados para los pacientes (mayores de 65 años) diferían significativamente de las directrices. Debido a estas discrepancias en los criterios de elegibilidad, los resultados de estos países se muestran por separado.
Tabla 2.1. Los indicadores PaRIS10
Medidas de experiencia reportadas por el paciente (PREMs)
Confianza para autogestionarse
Respuesta a la pregunta: «¿Qué tan seguro está de que puede manejar su propia salud y bienestar?», las opciones de respuesta van desde nada seguro (0) hasta muy seguro (3).Porcentaje de pacientes que se sienten seguros o muy seguros (en comparación con los que se sienten algo seguros o no se sienten seguros en absoluto).Instrumento de datos: Elemento P3CEQ.
Coordinación experimentada
Respuesta a cinco preguntas que miden la coordinación de la atención (atención integral, persona de contacto designada, plan de atención general, apoyo para la autogestión, información para la autogestión). Escala de opciones de respuesta de 0 a 3.Puntuación media de los pacientes (en una escala de 0 a 15).Porcentaje de pacientes que reportan una experiencia positiva (puntuación del 50% o más en 5 preguntas, es decir, puntuación en la escala >=7,5), que se muestra en la Tabla 2.2 .Instrumento de recopilación de datos: Componente de coordinación de la atención P3CEQ; los datos están disponibles únicamente para personas con afecciones crónicas.
Atención centrada en la persona
Respuesta a ocho preguntas que miden si la atención está centrada en la persona (se discutió lo que es importante, se involucró en las decisiones, se consideró a la persona en su totalidad, no fue necesario repetir la información, la atención fue coordinada, se brindó apoyo para la autogestión, información para la autogestión y confianza para la autogestión). Escala de opciones de respuesta de 0 a 3.Puntuación media de los pacientes (en una escala de 0 a 24).Porcentaje de pacientes que reportan una experiencia positiva (puntuación del 50% o más en 8 preguntas, es decir, puntuación en la escala >=12), que se muestra en la Tabla 2.2 .Instrumento de recopilación de datos: Componente de atención centrada en la persona del P3CEQ; los datos solo están disponibles para personas con afecciones crónicas.
Calidad experimentada
Respuesta a la pregunta: “Teniendo en cuenta todos los aspectos relacionados con la atención que ha recibido, en general, ¿cómo califica la atención médica que ha recibido en los últimos 12 meses en su centro de atención primaria?”, las opciones de respuesta van desde mala (1) hasta excelente (5).Porcentaje de pacientes que respondieron bien, muy bien o excelente (en comparación con regular, malo y no estoy seguro).Instrumento de recopilación de datos: Adaptado de la Encuesta Internacional de Políticas de Salud del Commonwealth Fund.
Confianza en el sistema de salud
Respuesta a la pregunta: «¿Hasta qué punto está de acuerdo o en desacuerdo con que se puede confiar en el sistema de salud?», las opciones de respuesta van desde totalmente en desacuerdo (1) hasta totalmente de acuerdo (5).Porcentaje de pacientes que están de acuerdo o muy de acuerdo (en comparación con los que no están ni de acuerdo ni en desacuerdo, están en desacuerdo o muy en desacuerdo).Instrumento de recopilación de datos: Basado en las Directrices de la OCDE sobre la medición de la confianza y similar a las preguntas de determinadas encuestas nacionales.
Nota: En este capítulo se analiza la proporción (%) de pacientes que dieron una respuesta positiva (resultado o experiencia) para los diez indicadores. Los umbrales para definir una respuesta positiva se eligieron en función de su facilidad de interpretación o de la evidencia disponible en la literatura (por ejemplo, el umbral de bienestar mental deficiente utilizado en el Índice de Bienestar WHO-5). Para los cinco indicadores basados en una medida compuesta, también se analiza la puntuación media de los pacientes. En todos los casos, una puntuación más alta indica mejores resultados.
Fuente: Cuestionario de pacientes PaRIS de la OCDE.
Tabla 2.2. El panel de control PaRIS10, 2024Copiar enlace a la Tabla 2.2. El panel de control PaRIS10, 2024Porcentaje de personas que informan resultados o experiencias positivas y puntuaciones promedio, para usuarios de atención primaria mayores de 45 años que viven con una o más afecciones crónicas (resultados estandarizados por edad y sexo).
Del panel de control de PaRIS10 se pueden extraer las siguientes conclusiones clave:
En cuanto a los resultados para los pacientes , Suiza, Estados Unidos y Canadá obtuvieron puntuaciones superiores a la media del índice PaRIS de la OCDE en las cinco medidas de resultados informadas por los pacientes (PROMs), mientras que Italia, Portugal, Rumania, España y Gales obtuvieron puntuaciones cercanas o inferiores a la media del índice PaRIS de la OCDE en cada una de estas medidas de resultados.
Si bien la mayoría de los usuarios de atención primaria mayores de 45 años tienen una opinión positiva sobre su salud, un número considerable se muestra menos optimista. En promedio, alrededor de 3 de cada 10 personas consideran que su salud física y general es regular o mala, y una proporción similar presenta un bienestar mental deficiente (según el indicador de bienestar). Las personas tienden a tener una opinión más positiva sobre su salud mental y su funcionamiento social (el 83 % y el 84 % de las personas, respectivamente, se mostraron positivas, en promedio).
En lo que respecta a las experiencias de los pacientes , Australia, Bélgica, Suiza y Estados Unidos obtuvieron puntuaciones sistemáticamente superiores a la media del índice PaRIS de la OCDE, mientras que Grecia, Islandia y Gales obtuvieron puntuaciones cercanas o inferiores a esta media en los cinco indicadores PREM.
La mayoría de los usuarios de atención primaria —aproximadamente 9 de cada 10 personas— tienen una experiencia general positiva con la atención recibida (indicador de calidad percibida) y consideran que su atención sanitaria está centrada en la persona. Sin embargo, alrededor de 4 de cada 10 personas no se sienten seguras para gestionar su propia salud y bienestar, no experimentaron una buena coordinación de la atención y no confían en el sistema sanitario en general.
Mejorar la experiencia del paciente es un objetivo fundamental en sí mismo. Sin embargo, los resultados de PaRIS también muestran que las experiencias positivas del paciente están significativamente asociadas, a nivel individual, con mejores resultados de salud percibidos por el paciente , aunque las correlaciones no siempre son muy altas. En general, los países con mejores experiencias del paciente parecen tener mayor probabilidad de obtener puntuaciones más altas en los resultados de salud. En otras palabras, la evaluación que hacen las personas de la calidad de la atención y la confianza en el sistema sanitario está estrechamente relacionada con su bienestar. Esta asociación es evidente en Suiza y Estados Unidos, donde las personas reportan con mayor frecuencia experiencias de atención positivas y mejores resultados de salud en comparación con el promedio de PaRIS de la OCDE. Patrones similares se observan en Australia, Canadá, República Checa, Francia y Noruega, donde las personas reportan mayoritariamente experiencias positivas con su atención, junto con resultados de salud relativamente buenos.
Sin embargo, la relación entre los indicadores no siempre es consistente. En España, por ejemplo, aunque la población reporta experiencias de atención mayoritariamente positivas, aún hay margen de mejora en los resultados de salud reportados por los pacientes en comparación con el promedio del programa PaRIS de la OCDE. En Rumania, las puntuaciones promedio de atención centrada en la persona y coordinación de la atención percibida fueron altas, pero las medidas de resultados reportados por los pacientes fueron comparativamente bajas. Estos hallazgos pueden orientar a los responsables políticos sobre el área de desempeño que más necesita mejorar en su país.
El análisis de sensibilidad mediante el ajuste de la mezcla de casos del PaRIS10 produjo resultados consistentes y similares (véase el Anexo 2.A para más detalles).
Partiendo de estas conclusiones generales, la siguiente sección describe con más detalle los resultados de la encuesta para explorar los factores que pueden explicar por qué algunos países tienen mejores resultados y experiencias según lo reportado por los pacientes, al tiempo que examina la importancia de los factores relacionados con la práctica clínica y el nivel del paciente.
2.3. Factores asociados con mejores resultados de salud y experiencias de atención reportadas por los pacientes.
2.3.1. Los pacientes que reciben una mejor atención también tienen más probabilidades de reportar mejores resultados de salud.
El panel de control PaRIS10 mostró una asociación positiva general entre las experiencias y los resultados de los pacientes a nivel nacional. Un análisis más detallado de los datos confirma que los pacientes que reciben una mejor atención médica tienen más probabilidades de reportar mejores resultados de salud, especialmente en términos de salud física, salud mental y bienestar. Por ejemplo, la Figura 2.1 muestra que las personas que consideraron que la atención era altamente centrada en la persona (cuartil superior, con una puntuación igual o superior a 20 sobre 24) tuvieron mejores resultados de salud que las personas que consideraron que la atención era menos centrada en la persona (cuartil inferior, con una puntuación inferior a 13 sobre 24). Un análisis más profundo de estos indicadores revela que involucrar a los pacientes en las decisiones sobre su atención es crucial para aumentar la confianza en su capacidad para gestionar su propia salud (véase el Capítulo 4). Cuando esto sucede, los pacientes también reportan mejores resultados de salud.
En términos más generales, los pacientes que informan favorablemente sobre un indicador tienen más probabilidades de informar favorablemente sobre otros PROMs y PREMs ( Figura 2.2 ). Esto indica una correlación positiva y estadísticamente significativa entre los 10 indicadores, aunque las correlaciones entre los resultados y las experiencias de atención rara vez fueron elevadas.
La asociación entre la coordinación experimentada y la atención centrada en la persona es la más alta, lo que refleja la superposición natural entre estos indicadores. Las asociaciones entre el bienestar y la salud mental y física también son elevadas. Si bien todas las correlaciones son estadísticamente significativas, no todas las asociaciones son fuertes. Estos resultados sugieren que, aunque los indicadores PaRIS10 están relacionados entre sí, cada uno mide aspectos distintos de los resultados de salud y las experiencias de atención.
2.3.2. Más de una décima parte de las diferencias en la forma en que las personas experimentan la atención médica pueden atribuirse a factores a nivel de país.
El panel de control de PaRIS10 mostró que tanto los PROM como los PREM difieren considerablemente entre países. La figura 2.3 muestra qué proporción de la variación en los resultados de los 10 indicadores puede atribuirse a diferencias entre países, entre centros de atención primaria y entre pacientes (según la correlación intraclase: véase el capítulo 7 para una explicación de esta medida en el contexto de PaRIS).
Si bien las características del paciente (como la edad, el sexo y el nivel socioeconómico) explican la mayor parte de la variación en los resultados, las características del país siguen explicando una gran parte de la variación en los resultados de los cinco PREM y algunos de los PROM. Estos resultados reflejan la importancia de las diferencias entre países en la disponibilidad, accesibilidad y calidad de los servicios de salud, pero también factores que van más allá del sistema de salud. Por ejemplo, el impacto del país en cómo las personas califican la calidad general de la atención es más del doble que el impacto de las prácticas de atención primaria (15 % en comparación con el 7 % de la variación en el indicador de calidad experimentada). Los factores del país también explican una gran parte (16 %) de la variación en los resultados del indicador de confianza para el autocuidado y, en promedio, más de una décima parte de las diferencias entre los cinco PREM. Los factores del país también fueron notables para los PROM sobre salud general (12 %), salud mental (8 %) y funcionamiento social (6 %).
Para los diez indicadores, los factores a nivel de país fueron más importantes que los factores a nivel de consultorio. Esto implica que el país donde reside un paciente influye más en su valoración de la calidad de la atención que el consultorio al que acude dentro de ese país. Aun así, los resultados muestran diferencias relativamente grandes a nivel de consultorio para el indicador de calidad percibida (7%). Sin embargo, los resultados sugieren que los cambios en las políticas a nivel nacional tienen más probabilidades de generar mejoras significativas en las experiencias y los resultados de los pacientes que los esfuerzos dirigidos a los consultorios de atención primaria individuales. Las siguientes páginas exploran con mayor detalle el impacto de algunos factores específicos a nivel de país, consultorio y paciente.
2.3.3. Los países que gastan más en salud tienen más probabilidades de obtener mejores resultados y experiencias para los pacientes, pero también se pueden lograr buenos resultados con niveles de gasto más bajos.
La comparación de los datos de los indicadores PaRIS10 con el gasto en salud proporciona información adicional. Estos resultados muestran que los países que gastan más en salud per cápita tienden a tener mejores resultados y experiencias reportadas por los pacientes en promedio. Por ejemplo, la Figura 2.4 , Panel A, muestra una correlación positiva entre el gasto en salud per cápita (ajustado por poder adquisitivo) y puntuaciones más altas en el indicador de Bienestar. La Figura 2.4 , Panel B, muestra un patrón similar para el indicador de Calidad Experimentada, donde la mayoría de los países que gastaron más (menos) que el promedio de PaRIS de la OCDE obtuvieron puntuaciones más altas (más bajas) para este PREM. Las correlaciones entre los indicadores PaRIS10 y los recursos del sistema de salud, como el número de enfermeras o médicos, muestran resultados en general consistentes.
Al mismo tiempo, los resultados demuestran que se pueden lograr buenos resultados incluso con niveles más bajos de gasto en salud. Por ejemplo, la República Checa, Bélgica y Suiza obtienen las puntuaciones más altas en Calidad de la atención percibida, a pesar de tener niveles de gasto en salud per cápita significativamente diferentes. De manera similar, Islandia y Eslovenia registran puntuaciones de bienestar superiores al promedio del PaRIS de la OCDE, con un gasto per cápita relativamente bajo.
Cabe destacar que la República Checa y Eslovenia obtienen buenos resultados en la mayoría de los indicadores de PaRIS10 a pesar de su gasto sanitario relativamente bajo. Los capítulos posteriores analizan las políticas y estrategias que contribuyen a estos excelentes resultados, demostrando que no siempre es necesario un aumento sustancial del gasto sanitario para lograr un alto rendimiento.
Los análisis de regresión multivariante que incluyen el PIB per cápita y controlan las características principales de los pacientes confirman la correlación positiva con el gasto en salud. Sin embargo, la correlación entre el gasto en salud per cápita de los países y los indicadores PaRIS10 suele ser moderada (menos de 0,5, excepto para la salud física), especialmente para los PREM ( Figura 2.5 ). Es decir, si bien el gasto en salud se asocia con mejores puntuaciones en los indicadores PaRIS10, no garantiza mejores resultados ni experiencias para los pacientes, y es posible obtener resultados comparativamente buenos con niveles más bajos de gasto en salud.
2.3.4. Los países con mayor esperanza de vida no presentan resultados consistentemente mejores según lo informado por los pacientes.
A diferencia del gasto en salud, no existe una relación clara entre la esperanza de vida y los indicadores PaRIS10. Esto refleja que, si bien las personas viven más tiempo, no siempre gozan de buena salud. La Figura 2.6 muestra, por ejemplo, que varios países conocidos por su alta esperanza de vida también reportan niveles relativamente bajos de salud física y mental, según lo informado por los pacientes. En términos generales, estas cifras no muestran una correlación clara entre la esperanza de vida a los 45 años y la salud física o mental. De hecho, un análisis posterior reveló que todas las correlaciones entre la esperanza de vida (a diferentes edades) y los resultados reportados por los pacientes eran débiles, y ninguna de ellas fue estadísticamente significativa.
Estos resultados demuestran que la mera supervivencia es una métrica poco precisa para evaluar los resultados de salud. Esto coincide con investigaciones que han constatado que las tasas de supervivencia o mortalidad carecen de la precisión necesaria para informar a los responsables políticos sobre la eficacia de la atención sanitaria para las personas (Slawomirski, van den Berg y Karmakar-Hore, 2018[8]; Abahussin et al., 2019[9]) , y explica por qué las estadísticas oficiales también utilizan datos de morbilidad y mortalidad.
2.3.5. Las características del centro de práctica pueden tener un impacto en las experiencias de los pacientes.
Una de las características clave del diseño de PaRIS es el potencial para vincular las experiencias de los pacientes con las características de la práctica de atención primaria. Los análisis de regresión exploratorios mostraron cómo algunas características de la práctica se asocian con una o más de las cinco medidas de experiencia reportadas por los pacientes en este capítulo ( Tabla 2.3 ). Entre estas características de la práctica, las siguientes fueron estadísticamente significativas:
Pacientes cuyos centros de atención primaria programaron consultas de más de 15 minutos. Esto es particularmente importante para pacientes con dos o más afecciones crónicas, para quienes disponer de suficiente tiempo programado con el profesional sanitario es fundamental para abordar múltiples problemas de salud y atención (véase el Capítulo 3 para un análisis más detallado).
Disponibilidad de consultas a distancia (incluye teléfono, video y otras opciones). Este aspecto se analiza con mayor detalle en el Capítulo 4, donde se demuestra que las videoconsultas u otras opciones a distancia se asocian significativamente con una atención más centrada en la persona que las consultas exclusivamente telefónicas.
Percepción sobre el grado de preparación del centro para coordinar la atención con otros servicios de salud y asistencia social para pacientes con una o varias afecciones crónicas, según lo informado por los centros de atención primaria.
Estas características significativas se basan en el análisis de la muestra completa. Estos resultados no siempre se observan en los análisis a nivel de país debido a la limitada variación de ciertas características de las prácticas dentro de algunos países.
Tabla 2.3. Características del nivel de práctica con un impacto significativo en el análisis de regresión.
Hora programada para la consulta(más de 15 minutos)
Disponibilidad de consulta remota
Consultorio bien preparado para coordinar la atención
Medidas de experiencia reportadas por el paciente (PREMs)
Confianza para autogestionarse (% con experiencia favorable)
Coordinación experimentada (puntuación en la escala de 0 a 15)
+
+
+
Atención centrada en la persona (puntuación en la escala de 0 a 24)
+
Calidad experimentada (% de personas con experiencia favorable)
+
Confianza en los sistemas sanitarios (% de personas con experiencia favorable)
+
Nota: El signo + indica coeficientes positivos y significativos en el análisis de regresión multinivel, controlado por edad, género, educación, número de enfermedades crónicas, gasto sanitario per cápita y PIB per cápita.
Fuente: Explorador de datos de la OCDE y base de datos PaRIS 2024 de la OCDE.
2.3.6. Adaptar la atención al género, la edad y la situación socioeconómica de la persona.
A pesar del impacto que los factores a nivel nacional pueden tener en los resultados y experiencias de los pacientes, son las características individuales de cada paciente las que explican la mayor parte de la variación en los resultados. Estos resultados resaltan la importancia de adaptar la atención médica al género, la edad y el estatus socioeconómico de cada persona ( Tabla 2.4 ). Quizás el resultado más llamativo sea la paradoja de género y salud: las mujeres tienden a vivir más que los hombres, pero reportan consistentemente peores resultados de salud. Las mujeres también reportan peores experiencias de atención médica que los hombres, excepto en el indicador de confianza en el autocuidado, donde los valores son casi idénticos. El Capítulo 5 describe con más detalle las disparidades de género y de otro tipo, y cómo podrían reducirse.
Existen desigualdades aún mayores entre los grupos socioeconómicos. Parte de esto puede explicarse por el hecho de que las personas con menor nivel educativo tienen más probabilidades de padecer enfermedades crónicas: el 87 % de los usuarios de atención primaria mayores de 45 años, en comparación con el 78 % de los del grupo con mayor nivel educativo. Aun así, los datos de PaRIS muestran que, incluso después de ajustar por el número de enfermedades crónicas, los grupos socialmente desfavorecidos tienen peores resultados (que se analizan con más detalle en el Capítulo 5). Las personas con menor nivel educativo también suelen reportar peores experiencias en la atención médica, excepto en lo que respecta al indicador de Coordinación experimentada.
Las diferencias por edad son menos evidentes. En cuanto a los resultados de los pacientes, si bien las personas de 75 años o más tienen menos probabilidades que las de 45 a 54 años de reportar un desempeño social y una salud general favorables, tienen más probabilidades de tener una visión positiva de su bienestar y reportar una buena salud mental. Las personas mayores también tienen más probabilidades de reportar experiencias positivas en el sistema de salud, excepto en lo que respecta a la confianza en su autocuidado.
Tabla 2.4. Los indicadores PaRIS10: diferencias por género, edad y nivel educativo.
Funcionamiento social (% de personas con resultado favorable)
84%
86%
8 6 %
79%
79%
89%
Bienestar (puntuación en escala de 0 a 100)
59.9
64.2
58.5
61.7
58.5
64.6
Salud general (% de personas con resultado favorable)
69%
72%
7 6 %
60%
60%
78%
Medidas de experiencia reportadas por el paciente (PREMs)
Confianza para autogestionarse (% con experiencia favorable)
61%
61%
61%
57%
56%
65%
Coordinación experimentada (puntuación en la escala de 0 a 15)
8.0
8.5
7.6
8.6
8.3
8.1
Atención centrada en la persona (puntuación en la escala de 0 a 24)
16.4
16.9
16.0
16.9
16.3
16.8
Calidad experimentada (% de personas con experiencia favorable)
86%
88%
83%
89%
86%
88%
Confianza en los sistemas sanitarios (% de personas con experiencia favorable)
58%
68%
59%
66%
59%
67%
Porcentaje de encuestados con una o más afecciones crónicas.
81%
83%
71%
92%
87%
78%
Nota: Valores para la muestra completa, promedio de OECD PaRIS, incluyendo personas sin enfermedades crónicas (excepto para los indicadores de coordinación experimentada y atención centrada en la persona, para los cuales no hay datos disponibles). Las celdas azules indican valores más altos con significación estadística (p<0,05). Consulte la Tabla 2.1 para ver las definiciones de las escalas y los puntos de corte utilizados para cada indicador.
Fuente: Base de datos PaRIS 2024 de la OCDE.
2.3.7. Las personas que viven con enfermedades crónicas tienen más probabilidades de tener peores resultados, pero tienen experiencias de atención médica similares.
Los resultados también muestran el impacto de vivir con enfermedades crónicas en los resultados de los pacientes. Del total de usuarios de atención primaria que participaron en PaRIS, el 82 % vive con enfermedades crónicas. Además, el 52 % de los pacientes presenta múltiples enfermedades crónicas (dos o más). El manejo de estas afecciones es mucho más complejo y requiere más recursos que el tratamiento de una sola enfermedad, lo que ejerce presión sobre los sistemas de salud y los profesionales sanitarios para brindar una atención coordinada y de alta calidad.
Las personas que viven con enfermedades crónicas generalmente reportan peores resultados que quienes no las padecen, como se observa en los cinco indicadores de resultados reportados por los pacientes (PROMs) en todos los países participantes. De manera similar, en los tres indicadores de resultados reportados por los pacientes (PREMs) que miden las experiencias de atención primaria, las personas con enfermedades crónicas tienen, en promedio, menos probabilidades de reportar experiencias positivas en comparación con quienes no las padecen.
Sin embargo, las diferencias entre estos grupos suelen ser mínimas, sobre todo en aspectos como la calidad percibida y la confianza en el sistema sanitario. En algunos casos, las personas con enfermedades crónicas reportan experiencias ligeramente más positivas; por ejemplo, en cinco países participantes, tienden a confiar más en su sistema sanitario.
Los capítulos 3 y 4 profundizan en estos hallazgos, destacando cómo una atención primaria bien diseñada puede mejorar tanto los resultados como las experiencias. Por ejemplo, un análisis más detallado de los datos de PaRIS muestra que las personas con múltiples enfermedades crónicas reportan una mejor coordinación de la atención cuando se someten a una revisión de medicamentos, donde comentan todos sus medicamentos con un profesional de la salud.
Las figuras 2.7 y 2.8 destacan algunos hallazgos clave, y en la sección 2.3 se presentan resultados más detallados, indicador por indicador, que comparan a las personas con y sin enfermedades crónicas . Los paneles complementarios del Anexo ofrecen un desglose completo de los resultados por país para las personas sin enfermedades crónicas, así como para todos los usuarios de atención primaria.
Este indicador mide la salud física a partir de las respuestas de una persona a cuatro preguntas sobre función física, dolor y fatiga, utilizando la Escala Global PROMIS. Los gráficos muestran la puntuación de la escala para una persona promedio con características específicas. Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria. Esta puntuación es una métrica T, donde 42 es el punto de corte para considerar una salud física «buena» o mejor (en comparación con una salud «regular» o peor).
En casi todos los países, una persona promedio con enfermedades crónicas percibió su salud física por encima del umbral de 42 (buena-regular) ( Figura 2.9 ). Estas puntuaciones promedio fueron más altas en Estados Unidos, Suiza, Canadá, Australia, los Países Bajos y Noruega, donde los valores fueron significativamente superiores al promedio de la encuesta PaRIS de la OCDE. Sin embargo, la puntuación promedio en todos los países estuvo por debajo del umbral de 50 (muy buena-buena), lo que probablemente refleja que la encuesta PaRIS solo incluye a personas que utilizan atención primaria y a un grupo de población de mayor edad, en comparación con la población general.
A pesar de que la persona promedio con enfermedades crónicas suele gozar de buena salud física, en promedio, 3 de cada 10 personas con enfermedades crónicas calificaron su salud física desfavorablemente (por debajo del umbral de 42, considerado bueno-regular) en los países de la OCDE. Esta cifra asciende a 4 de cada 10 personas en Portugal, España y Gales, y a casi 5 de cada 10 en Rumanía. Consulte el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para obtener más detalles.
En cambio, para la persona promedio sin enfermedades crónicas, su puntuación de salud física superó el umbral de muy buena a buena en 13 de los 19 países. En todos los países, la puntuación promedio en la escala para las personas con enfermedades crónicas fue significativamente menor que para aquellas sin enfermedades crónicas (p<0,05).
Las personas con un bajo nivel educativo reportaron una salud física mucho peor, lo que refleja en parte la mayor prevalencia de enfermedades crónicas en este grupo. Las mujeres también presentaban peor salud física que los hombres. Las personas de entre 45 y 54 años reportaron una mejor salud física que las mayores de 75 años (véase la Sección 2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado).
Dentro de cada país, generalmente hay poca variación en la salud física de los pacientes entre los centros de atención primaria, en comparación con otros indicadores de PaRIS10 ( Figura 2.3 ). Sin embargo, las diferencias en los resultados de salud física entre los centros de atención primaria ascendieron a unos 10 puntos (equivalente a una desviación estándar) en Australia, Bélgica, República Checa, Noruega, Arabia Saudita y Gales ( Figura 2.10 ).
Este indicador mide la salud mental a partir de las respuestas de una persona a cuatro preguntas sobre calidad de vida, malestar emocional y salud social, utilizando la Escala Global PROMIS. Los gráficos muestran la puntuación de la escala para una persona promedio con características específicas. Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria. Esta puntuación es una métrica T, donde 40 es el punto de corte para considerar una salud mental «buena» o mejor (en comparación con una salud «regular» o peor).
En todos los países, una persona promedio que vive con enfermedades crónicas percibió que su salud mental estaba por encima del umbral de 40 para considerarse buena o regular ( Figura 2.11 ). Estas puntuaciones promedio fueron más altas en Arabia Saudita, Estados Unidos, Suiza y Canadá, donde los valores fueron significativamente superiores al promedio de la OCDE PaRIS y también superaron el umbral de 48 para considerarse muy buena o buena.
A pesar de que la mayoría de las personas con enfermedades crónicas suelen tener una buena salud mental, aproximadamente 2 de cada 10 personas que viven con enfermedades crónicas calificaron su salud mental desfavorablemente (por debajo del umbral de 40, que considera bueno o regular), en promedio en los países de la OCDE; consulte el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para obtener más detalles.
En la mayoría de los países, la puntuación media de salud mental para las personas sin enfermedades crónicas superó el umbral de muy buena-buena (16 de 19). En todos los países, la puntuación media en la escala para las personas con enfermedades crónicas fue significativamente menor que para las personas sin enfermedades crónicas (p<0,05).
Las personas con un bajo nivel educativo reportaron una salud mental mucho peor, lo que refleja en parte su mayor prevalencia de enfermedades crónicas. Las mujeres también presentaban, en promedio, una peor salud mental que los hombres. Las diferencias por grupo de edad fueron mínimas, con una puntuación promedio en la escala similar para las personas mayores de 75 años y para las de entre 45 y 54 años (véase la Sección 2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado).
Dentro de cada país, generalmente hay poca variación en la salud mental de los pacientes entre los distintos centros de atención médica, en comparación con otros indicadores de PaRIS10 ( Figura 2.3 ). Las mayores diferencias en los resultados de salud mental entre los centros fueron de aproximadamente 7 puntos, en Australia, Noruega y Gales ( Figura 2.12 ).
El indicador de funcionamiento social mide la capacidad de las personas para realizar sus actividades y roles sociales habituales, utilizando un único ítem de la Escala Global PROMIS. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportan resultados positivos (buenos, muy buenos o excelentes, en comparación con regulares o malos). Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria.
En promedio, en los países de la OCDE, el 83 % de las personas con enfermedades crónicas reportaron resultados positivos en su funcionamiento social, con un rango entre países del 73 % al 93 % ( Figura 2.13 ). Arabia Saudita (93 %), Francia (91 %), Suiza y Estados Unidos (90 %) presentaron el mayor porcentaje de personas con enfermedades crónicas que reportaron resultados positivos.
En el caso de las personas sin enfermedades crónicas, el 94 % reportó resultados positivos, y al menos 9 de cada 10 valoraron positivamente su funcionamiento social en casi todos los países (17 de 19). En todos los países, este porcentaje de personas que reportaron resultados favorables fue significativamente mayor que el de quienes viven con enfermedades crónicas. Las diferencias entre las personas con y sin enfermedades crónicas fueron, en general, más marcadas en Gales, Portugal, Rumania, Italia y España, países donde relativamente pocas personas con enfermedades crónicas reportaron resultados favorables.
Las personas con un bajo nivel educativo tienen menos probabilidades de reportar resultados positivos (79%, en comparación con el 89% de quienes tienen un alto nivel educativo). La edad también influye, ya que las personas de 75 años o más tienen menos probabilidades de reportar resultados positivos. En ambos casos, las diferencias reflejan en gran medida la mayor prevalencia de enfermedades crónicas entre las personas mayores y aquellas con un menor nivel educativo. Las diferencias por género fueron mucho menos significativas. Estos resultados ponen de manifiesto la necesidad de políticas que aborden los principales factores de riesgo para la salud y fomenten un envejecimiento saludable, así como la importancia de los determinantes sociales de la salud. Consulte la Sección 2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.
Dentro de cada país, puede haber una gran variación en el funcionamiento social de los pacientes entre los centros de atención primaria, sobre todo en países con valores generales relativamente bajos ( Figura 2.14 ). Esto es especialmente notable en Gales y Portugal. Algunos centros de atención primaria de estos países obtuvieron resultados mucho mejores que la media del programa PaRIS de la OCDE, a pesar de que las medias nacionales eran las más bajas entre los países participantes. Esta variación puede reflejar desigualdades en salud derivadas de factores socioeconómicos, pero también puede deberse a diferencias en el acceso y la calidad de los servicios de atención social asociados en las proximidades de los centros de atención primaria, por lo que se necesita un análisis más profundo para comprender las causas.
El indicador de bienestar mide el grado de satisfacción personal, vitalidad y bienestar de una persona, según sus respuestas a cinco preguntas que componen el índice de bienestar WHO-5. Los gráficos muestran la puntuación obtenida por una persona promedio con características específicas. Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria.
Esta puntuación se basa en una escala bruta de 0 a 25 que se ha convertido a una escala de 0 a 100, donde 50 es un punto de corte comúnmente utilizado para una persona con un bienestar mental deficiente.
En todos los países, la puntuación media de las personas con enfermedades crónicas superó el umbral de deterioro del bienestar mental, según su propia percepción ( Figura 2.15 ). Las puntuaciones medias más altas se registraron en los Países Bajos, Suiza, Estados Unidos, Islandia y Noruega, cuyos valores fueron significativamente superiores a la media del PaRIS de la OCDE.
Sin embargo, solo en estos y otros cuatro países (Canadá, Eslovenia, Luxemburgo y República Checa) la persona promedio que vive con enfermedades crónicas se sentía positiva respecto a su bienestar más de la mitad del tiempo (una puntuación de 60 o superior). Además, alrededor de 3 de cada 10 personas que viven con enfermedades crónicas informaron tener un bienestar mental deficiente (por debajo del umbral de 50), cifra que aumenta a aproximadamente 4 de cada 10 personas en Gales, Portugal e Italia; consulte el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para obtener más detalles.
En cambio, la mayoría de las personas sin enfermedades crónicas se sentían bien con su bienestar más de la mitad del tiempo (una puntuación de 60 o más), y su puntuación media en la escala era significativamente superior a la de las personas con enfermedades crónicas (p<0,05), en todos los países.
Las personas con un bajo nivel educativo reportaron peores puntuaciones de bienestar, lo que refleja en parte su mayor prevalencia de enfermedades crónicas. Las mujeres también reportaron un bienestar promedio menor que los hombres. Las personas mayores de 75 años reportaron un mayor bienestar que las de entre 45 y 54 años. Estos hallazgos, según las características de los pacientes —excepto por las diferencias entre los grupos de edad—, son consistentes con los del indicador de salud mental (véase la Sección 2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado).
Dentro de cada país, la variación en las puntuaciones de bienestar de los pacientes entre los centros de atención primaria es limitada en comparación con otros indicadores ( Figura 2.3 ). Sin embargo, las diferencias en los resultados entre los centros ascendieron a unos 20 puntos en España y Gales, y a más de 15 puntos en Australia, Bélgica, Francia, Noruega, Portugal y Arabia Saudí ( Figura 2.16 ).
Este indicador de salud general proporciona una medida global del estado de salud de una persona, utilizando un único ítem de la Escala Global PROMIS. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportan resultados positivos (buenos, muy buenos o excelentes, en comparación con regulares o malos). Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria.
En promedio, en los países de la OCDE, el 66 % de las personas con enfermedades crónicas calificaron positivamente su salud general, aunque con una amplia variación entre países, que osciló entre el 39 % y el 93 % ( Figura 2.17 ). Arabia Saudita presentó el mayor porcentaje de personas con enfermedades crónicas que reportaron resultados positivos (93 %), mientras que Canadá y Estados Unidos también registraron más del 80 % de estos encuestados que reportaron resultados positivos.
Entre las personas sin enfermedades crónicas, el 91 % reportó resultados positivos. En la mayoría de los países (14 de 19), 9 de cada 10 personas sin enfermedades crónicas calificaron su salud general favorablemente. En todos los países, este porcentaje de personas que reportaron resultados favorables fue significativamente mayor que el de quienes viven con enfermedades crónicas. Las diferencias entre las personas con y sin enfermedades crónicas fueron, en general, más marcadas en los países donde relativamente pocas personas con enfermedades crónicas reportaron resultados favorables.
Las personas con un bajo nivel educativo tienen menos probabilidades de reportar resultados positivos (60%, en comparación con el 78% de quienes tienen un alto nivel educativo). La edad también influye, ya que las personas de 75 años o más tienen menos probabilidades de reportar resultados positivos (60% de los encuestados, en comparación con el 76% de quienes tienen entre 45 y 54 años). En ambos casos, las diferencias reflejan en gran medida la mayor prevalencia de enfermedades crónicas entre las personas mayores y aquellas con un menor nivel educativo. Las diferencias por género fueron mucho menos marcadas. Estos resultados señalan la necesidad de políticas que aborden los principales factores de riesgo para la salud y fomenten un envejecimiento saludable, así como la importancia de los determinantes sociales de la salud. Consulte la Sección 2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.
Dentro de cada país, puede haber una gran variación en la salud general de los pacientes entre los centros de atención primaria ( Figura 2.18 ). Por ejemplo, si bien los promedios nacionales de salud general en España y Gales fueron notablemente inferiores al promedio de la OCDE PaRIS, algunos centros de atención primaria en estos países obtuvieron resultados superiores a dicho promedio. Las diferencias dentro de cada país superaron los 50 puntos porcentuales en Portugal y España, y alcanzaron los 30 puntos porcentuales o más en todos los países encuestados, excepto en Australia, Canadá, Italia, Rumania y Arabia Saudita.
El indicador «Confianza en la autogestión» mide el grado de seguridad de los encuestados en el manejo de su propia salud y bienestar, basándose en una pregunta del instrumento de datos P3CEQ. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportan experiencias positivas (confiados o muy confiados, en contraposición a algo confiados o nada confiados). Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria.
En promedio, en los países de la OCDE, solo el 59 % de las personas con enfermedades crónicas manifestaron tener confianza en su capacidad de autogestión ( Figura 2.19 ), con una amplia variación entre países que osciló entre el 24 % y el 92 %. Francia (92 %) presentó el mayor porcentaje de personas con confianza en su capacidad de autogestión para quienes padecen enfermedades crónicas, seguida de los Países Bajos (78 %), Estados Unidos (74 %) y Arabia Saudita (73 %).
Entre las personas sin enfermedades crónicas, el 70 % manifestó tener confianza en su capacidad para autogestionar su salud. Sin embargo, las diferencias dentro de cada país solo fueron estadísticamente significativas en 8 de los 19 países (Francia, Países Bajos, República Checa, Australia, Canadá, Gales, Noruega y Rumanía).
Las personas con un nivel educativo bajo tienen menos probabilidades de sentirse seguras para autogestionar su salud (56%, en comparación con el 65% de quienes tienen un nivel educativo alto). Las diferencias por edad fueron ligeramente menos marcadas: las personas de 75 años o más tenían menos probabilidades de manifestar confianza en su autogestión (57% de los encuestados, en comparación con el 61% de quienes tenían entre 45 y 54 años). En ambos casos, las diferencias podrían reflejar, en parte, la mayor prevalencia de enfermedades crónicas entre las personas mayores y aquellas con un nivel educativo más bajo. No se observaron diferencias significativas por género. Consulte la Sección 2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.
Dentro de cada país, la confianza en la autogestión varía notablemente entre los centros de atención primaria ( Figura 2.20 ), especialmente en Australia, Canadá, Noruega y Gales, con diferencias superiores a 25 puntos porcentuales. Esta variación podría reflejar diferencias en la proporción de personas con enfermedades crónicas que atiende cada centro de atención primaria, así como diferencias en la calidad y el acceso a la atención primaria entre ellos. Un análisis más profundo de este indicador revela que la participación de los pacientes en las decisiones sobre su atención es fundamental para aumentar la confianza en su capacidad para gestionar su propia salud. Consulte el Capítulo 4 para un análisis más detallado de este tema.
El indicador de coordinación experimentada se basa en el instrumento de datos P3CEQ. La escala incluye cinco preguntas para medir el grado en que una persona experimenta una experiencia fluida y continua a través de diferentes prácticas y entornos de atención médica. Los gráficos a continuación muestran la puntuación promedio de la escala para personas con enfermedades crónicas en cada país y, dentro de cada país, según su centro de atención primaria. Esta puntuación se basa en una escala que va de 0 a 15. Se muestran dos puntos de corte: un valor de 7,5, equivalente a una puntuación promedio del 50 % o más en las cinco preguntas; y un punto de corte superior de 10, equivalente a una puntuación promedio del 66,6 %. No se dispone de datos para personas sin enfermedades crónicas.
En 6 de los 19 países, la puntuación media de las personas con enfermedades crónicas fue inferior al valor de corte de 7,5, lo que equivale a que obtuvieron menos del 50 % en las cinco preguntas ( Figura 2.21 ). Además, solo en Suiza y Rumanía esta puntuación media fue superior a 10 (equivalente a una puntuación media del 66,6 %). De hecho, una parte considerable de los encuestados no confiaba en haber experimentado una buena coordinación: en promedio, en los países de la OCDE, alrededor de 4 de cada 10 personas con enfermedades crónicas obtuvieron una puntuación inferior al valor de corte de 7,5 (menos del 50 %) – véase el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para más detalles.
Las personas con un nivel educativo bajo reportaron, en promedio, experiencias ligeramente mejores con la coordinación, en comparación con aquellas con un nivel educativo alto. Esto contrasta con todos los demás indicadores de PaRIS10, donde las personas con un nivel educativo más alto tenían mayor probabilidad de reportar un resultado positivo. Esto podría reflejar que los sistemas de salud gestionan con éxito la coordinación para las personas con un nivel educativo bajo, aunque también podría deberse a las mayores expectativas de quienes tienen un nivel educativo más alto. Las diferencias por edad y género fueron más marcadas, con las personas mayores y los hombres obteniendo puntuaciones promedio más altas. Consulte la Sección 2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.
En varios países, existe una amplia variación en la coordinación de la atención entre pacientes, especialmente en Portugal, Arabia Saudita, Suiza y Gales ( Figura 2.22 ). Esta variación apunta a posibles diferencias en la calidad y el acceso a la atención médica en los centros de atención primaria, así como en la atención relacionada en otros entornos sanitarios. Un análisis más profundo de este indicador revela que un mayor uso de la planificación de la atención y la realización de revisiones periódicas de la medicación ofrecen una importante oportunidad para mejorar la coordinación de la atención. Consulte los capítulos 3 y 4 para un análisis más detallado de este tema.
El indicador de atención centrada en la persona se basa en el instrumento de datos P3CEQ. La escala incluye ocho preguntas para medir el grado en que las necesidades de salud de una persona se gestionan de forma integral, asegurando que sus preferencias y necesidades sean fundamentales en la atención recibida. Los gráficos a continuación muestran la puntuación media de la escala para las personas con enfermedades crónicas en cada país y, dentro de cada país, según su centro de atención primaria. Esta puntuación se basa en una escala de 0 a 24. Se muestran dos puntos de corte: un valor de 12, equivalente a una puntuación media del 50 % o superior en las ocho preguntas; y un punto de corte superior de 16, equivalente a una puntuación media del 66,6 %. No se dispone de datos para personas sin enfermedades crónicas.
En todos los países, las personas con enfermedades crónicas obtuvieron una puntuación media superior al valor de corte de 12, lo que equivale a obtener al menos un 50 % de aciertos en las ocho preguntas ( Figura 2.23 ). En la mayoría de los países (13 de 19), esta puntuación media también superó el valor de corte superior de 16 (equivalente a una respuesta positiva media en las ocho preguntas). Las puntuaciones más altas se registraron en Suiza, Estados Unidos y Australia.
En la mayoría de los países, aproximadamente 1 de cada 10 personas con enfermedades crónicas no consideraba haber recibido una atención centrada en la persona (por debajo del umbral de 12, o el 50%). Sin embargo, este porcentaje asciende a casi 4 de cada 10 personas en Gales; consulte el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para obtener más detalles.
Las personas con un nivel educativo bajo obtienen, en promedio, una puntuación de experiencia ligeramente inferior a la de aquellas con un nivel educativo alto. Se observó una diferencia similar según el género, con los hombres obteniendo, en promedio, una puntuación de experiencia más alta, y según los grupos de edad, con las personas de 75 años o más reportando, en promedio, una puntuación de experiencia más alta. Consulte la Sección 2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.
Dentro de cada país, puede haber una gran variación en las experiencias de los pacientes con la atención centrada en la persona entre los distintos centros de atención primaria, observándose las mayores diferencias en Portugal y Gales ( Figura 2.24 ). Esta variación apunta a posibles diferencias en la calidad de la atención sanitaria en los centros de atención primaria y, potencialmente, también en la atención relacionada en otros entornos sanitarios. Un análisis más profundo de este indicador subraya la importancia de la continuidad de la información y, en particular, la necesidad de repetirla. Véanse los capítulos 4 y 6 para un análisis más detallado de este tema.
El indicador de calidad percibida ofrece una medida general de cómo una persona valora la atención recibida en los últimos 12 meses, basándose en una pregunta adaptada de la Encuesta Internacional de Políticas de Salud del Commonwealth Fund. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportaron experiencias positivas (buenas, muy buenas o excelentes, en contraposición a regulares, malas o indecisos). Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como si los encuestados padecen enfermedades crónicas, y según su centro de atención primaria.
En promedio, en los países de la OCDE, el 87 % de las personas que viven con enfermedades crónicas reportaron experiencias positivas, pero con una amplia variación entre países, del 69 % al 97 % ( Figura 2.25 ). Suiza (97 %), la República Checa (96 %) y Bélgica (95 %) registraron el mayor porcentaje de personas que reportaron experiencias positivas en relación con las enfermedades crónicas.
Los resultados fueron muy similares para las personas sin enfermedades crónicas (un promedio del 89 % informó experiencias positivas), sin diferencias estadísticas entre las personas con y sin enfermedades crónicas en todos los países.
Las personas con un nivel educativo bajo tienen una probabilidad ligeramente menor de reportar experiencias positivas (86%, en comparación con el 88% de quienes tienen un nivel educativo alto). Las diferencias por edad fueron más marcadas: las personas de 75 años o más tenían mayor probabilidad de reportar experiencias positivas (89% de los encuestados, en comparación con el 83% de quienes tenían entre 45 y 54 años). Las mujeres tenían una probabilidad ligeramente menor que los hombres de reportar experiencias positivas. Consulte la Sección 2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.
Dentro de cada país, suele haber una gran variación en las experiencias de los pacientes entre los centros de atención primaria ( Figura 2.26 ). De hecho, este es el indicador PaRIS10 donde la variación a nivel de centro es más prominente ( Figura 2.3 ). Las diferencias dentro de cada país entre centros son particularmente notables en Gales y Portugal, con un rango de más de 50 puntos porcentuales entre las estimaciones de los centros. La variación dentro de cada país entre centros también fue relativamente alta en Grecia, España e Islandia, con un rango de más de 30 puntos porcentuales. En todos estos países, los pacientes que utilizaron sus centros con mejor desempeño tuvieron experiencias similares a las de algunos de los países con los valores más altos en general.
Esta variación podría indicar diferencias en la calidad de la atención médica entre los centros de atención primaria, si bien se justifica una investigación más profunda para comprender las posibles causas. De hecho, un análisis exhaustivo de los factores que influyen en la calidad de los sistemas de atención médica ofrece información valiosa, como el tiempo dedicado a la consulta y la duración de la relación con el profesional sanitario (véase el capítulo 3); así como la forma en que los centros gestionan e invierten en su relación con los pacientes y cómo les ayudan a desenvolverse en el sistema (véase el capítulo 4).
El indicador de confianza en el sistema de salud mide el grado de confianza que una persona deposita en su sistema de salud en general, basándose en una pregunta que adopta las directrices de la OCDE para la medición de la confianza. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportan experiencias positivas (de acuerdo o muy de acuerdo en que se puede confiar en el sistema de salud, en comparación con quienes no están de acuerdo ni en desacuerdo, están en desacuerdo o muy en desacuerdo) con características específicas. Estos resultados se desglosan aún más por características específicas, como si los encuestados padecen enfermedades crónicas y por su centro de atención primaria.
En promedio, en los países de la OCDE, el 62 % de los encuestados con enfermedades crónicas afirma confiar en su sistema de salud, aunque con una amplia variación entre países, del 36 % al 89 % ( Figura 2.27 ). España 1 (89 %) presentó la mayor proporción de personas con enfermedades crónicas que confiaban en su sistema de salud, seguida de Arabia Saudita (74 %) y Noruega (73 %). Los resultados fueron muy similares para las personas sin enfermedades crónicas (un promedio del 64 % confiaba en su sistema de salud), sin diferencias estadísticamente significativas entre las personas con y sin enfermedades crónicas en todos los países. Dado que PaRIS solo incluye a las personas que utilizan la atención primaria, es posible que no incluya a aquellas con los niveles más bajos de confianza que se abstienen de utilizar los servicios de salud.
Las personas con un bajo nivel educativo son menos propensas a confiar en su sistema de salud (59%, en comparación con el 67% de quienes tienen un alto nivel educativo). Las diferencias por edad fueron similares: las personas de 75 años o más fueron más propensas a reportar experiencias positivas (66% de los encuestados, en comparación con el 59% de quienes tenían entre 45 y 54 años). Las disparidades de género fueron significativas: las mujeres fueron mucho menos propensas que los hombres a reportar experiencias positivas (58% frente al 68%). Esto pone de manifiesto la necesidad de hacer mayor hincapié en políticas que garanticen que las mujeres se sientan seguras y respetadas en los entornos sanitarios.
En los distintos centros sanitarios de cada país, la confianza en el sistema sanitario suele variar considerablemente ( Figura 2.28 ), con un rango de entre 10 y 20 puntos porcentuales en las estimaciones de la mayoría de los países, y alrededor de 30 puntos porcentuales en Portugal y Gales. Un análisis más profundo de la confianza revela que esta refleja fielmente las experiencias personales, como si una persona ha sufrido eventos adversos, una mala coordinación de la atención o tiempos de espera problemáticos. Véase el Capítulo 6 para un análisis más detallado.
Lo que nos dicen los datos de PaRIS sobre las personas que viven con múltiples enfermedades crónicas.
Si bien las políticas de salud, la investigación, la formación profesional y las guías clínicas se han centrado tradicionalmente en enfermedades individuales, los resultados de PaRIS destacan que la multimorbilidad —personas que viven con dos o más afecciones crónicas— representa un desafío enorme para la atención médica, especialmente en la atención primaria. A medida que las personas viven más tiempo, es probable que cada vez más vivan con (múltiples) afecciones crónicas. Más de la mitad (54 %) de los adultos en PaRIS viven con al menos dos afecciones crónicas, y aproximadamente tres de cada diez (29 %) con tres o más. La multimorbilidad es ahora la norma, no la excepción, y se ha convertido en la principal labor de muchos profesionales de atención primaria. El manejo de estas afecciones es mucho más complejo y requiere más recursos que el tratamiento de una sola enfermedad, lo que ejerce presión sobre los sistemas de salud y los profesionales sanitarios para brindar una atención de alta calidad, coordinada y centrada en la persona. Estos hallazgos resaltan la necesidad de un cambio de enfoques específicos para cada enfermedad a una atención más centrada en la persona.
Vivir con múltiples enfermedades crónicas suele implicar tomar numerosos medicamentos, lo que genera importantes desafíos y riesgos para los pacientes. Cuantas más enfermedades padezca una persona, más complejo y arriesgado será su régimen farmacológico. Esto aumenta la probabilidad de incidentes relacionados con la seguridad de los medicamentos y dificulta el autocontrol. Entre las personas con múltiples enfermedades crónicas en PaRIS, más del 65 % toma al menos tres medicamentos diferentes de forma regular o continua, y más del 30 % toma cuatro o más. Estos hallazgos ponen de manifiesto la necesidad urgente de una atención más segura y coordinada para las personas que manejan múltiples enfermedades, así como de una mejor colaboración entre pacientes y profesionales sanitarios como médicos de familia, farmacéuticos, enfermeros y otros especialistas.
Las personas que viven con múltiples enfermedades crónicas tienen una menor calidad de vida . Los datos de PaRIS muestran que, en todos los países, las personas con dos enfermedades crónicas reportan peor salud física y mental, y un menor porcentaje reporta un buen funcionamiento social en comparación con las personas con una sola enfermedad crónica. Las personas con tres o más enfermedades crónicas tienen una salud aún peor y un menor porcentaje reporta una buena vida social. Si bien existen grandes diferencias en la forma en que las personas reportan su vida social en relación con el número de enfermedades crónicas, estas diferencias no se observan en la salud física y mental.
La salud mental es un factor crítico en el manejo de múltiples enfermedades crónicas, y su impacto en la vida social de las personas requiere mayor atención. Quienes padecen tanto una enfermedad mental como otra enfermedad crónica reportan peor salud física. Este patrón se observa en distintos países. Sin embargo, las personas con múltiples enfermedades crónicas tienen más probabilidades de reportar un buen funcionamiento social si no padecen una enfermedad mental, en comparación con quienes sí la padecen. Esta diferencia subraya la importancia de integrar la atención de la salud mental y el apoyo social en el manejo de enfermedades crónicas en la atención primaria. Al abordar la salud física y mental de forma conjunta y coordinar la atención social, los sistemas de salud pueden gestionar a los pacientes con múltiples enfermedades crónicas de manera más eficaz y mejorar los resultados generales.
Una atención primaria bien diseñada tiene el potencial de mejorar la salud y la calidad de vida de las personas con múltiples enfermedades crónicas. La atención primaria desempeña un papel crucial en la gestión de la atención de las personas con enfermedades crónicas, lo que la convierte en un entorno natural para implementar estrategias e intervenciones que mejoren la coordinación de la atención, como las revisiones de la medicación y el apoyo al autocuidado. Los resultados de PaRIS muestran que las personas con múltiples enfermedades crónicas experimentan una mejor coordinación de la atención cuando han tenido una revisión de la medicación, lo que significa que han hablado con un profesional de la salud sobre todos los medicamentos que toman. Esta relación es aún más prominente entre las personas con tres o más enfermedades crónicas. Alrededor del 70 % de las personas con múltiples enfermedades crónicas informan que tuvieron una revisión de la medicación durante el último año. Esto varía ampliamente entre países, desde más del 85 % en Suiza, Estados Unidos y República Checa hasta menos del 50 % en Islandia y Eslovenia.
Las personas con múltiples enfermedades crónicas suelen tener necesidades más complejas que pueden no ser atendidas completamente en sistemas de salud diseñados para enfermedades individuales, donde las limitaciones de tiempo y los modelos de atención fragmentados pueden limitar la capacidad de brindar una atención integral y centrada en la persona . Los resultados de PaRIS destacan que programar más de 15 minutos para consultas regulares o de seguimiento con profesionales de atención primaria y tener una relación de más de cinco años con el mismo proveedor de atención mejoró significativamente las probabilidades de experimentar una mejor calidad de atención, en un 21 % y un 30 %, respectivamente. Estos resultados subrayan la importancia de brindar a las personas con multimorbilidad el tiempo suficiente para abordar sus inquietudes y garantizar una atención integral.
Origen de conductas distópicas y no funcionales que afectan la calidad de atención, la medicina basada enel valor, la seguridad del paciente y el acceso oportuno al tratamiento
Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor titular Universidad ISALUD. Gerente Médico Sanatorio Sagrado Corazón. Hospital Universitario. Dr. Tobías Franzetti. Residente de Gestión del Sanatorio Sagrado Corazón. Hospital Universitario.
Resumen ejecutivo
Los hospitales son organizaciones intensivas en conocimiento, en las que el valor para el paciente depende tanto de la competencia técnica de los profesionales como de la capacidad institucional para hacer circular la información en el momento y el lugar en que se la necesita. Este trabajo describe dos fenómenos organizacionales que erosionan esa circulación: los silos de información, entendidos como depósitos de conocimiento que no fluyen hacia quienes deben decidir con él, y las aduanas del conocimiento, entendidas como barreras discrecionales que ciertos sectores erigen para controlar el acceso del paciente y de su información.
Ambos fenómenos no son anecdóticos ni atribuibles exclusivamente a la voluntad individual de quienes los sostienen: son subproductos previsibles de estructuras matriciales, de sistemas de incentivos mal alineados y de una gobernanza de la información débil. Su persistencia tiene consecuencias medibles sobre la calidad asistencial, sobre la posibilidad de construir una medicina basada en el valor, sobre la seguridad del paciente y sobre la oportunidad con la que se accede a un tratamiento adecuado. El documento cierra con un conjunto de herramientas de gestión —controles de oposición, niveles de autorización, límites operativos e indicadores— orientadas a transformar estas conductas informales en procesos observables y gestionables.
El hospital como empresa del conocimiento
Los hospitales son organizaciones basadas en el conocimiento. Intercambian con los pacientes bienes de confianza mediante contratos incompletos, en los que intervienen profesionales con competencias definidas por su especialidad, formación y experiencia. A diferencia de un bien de consumo estandarizado, el paciente no puede verificar de antemano ni la calidad ni el contenido exacto de lo que va a recibir, y en muchos casos tampoco puede evaluarlo con precisión una vez recibido. Esa asimetría de información es la razón de ser de la regulación profesional, de la certificación y de la confianza depositada en la institución.
Para brindar estos servicios, los profesionales requieren información, logística, cuidados, espacios adecuados y elementos de apoyo a lo largo de un recorrido matricial dentro del hospital. Ese recorrido matricial —el paciente atraviesa simultáneamente varias líneas de servicio— es la fuente estructural de la complejidad hospitalaria, y también la razón por la que la coordinación entre áreas es una función crítica de gestión y no un aspecto secundario de la operación diaria.
En este sentido, el hospital puede entenderse como cuatro empresas integradas en una sola:
Empresa de gestión clínica: administra los recursos de diagnóstico y tratamiento, y concentra la responsabilidad medicolegal sobre las decisiones asistenciales.
Empresa de producción industrial: procesa información y logística para los pacientes desde los servicios de apoyo (laboratorio, imágenes, farmacia, esterilización, alimentación), con lógicas de escala y estandarización propias de una planta productiva.
Empresa hotelera: permite la permanencia del paciente dentro del hospital en condiciones de confort, seguridad y hotelería adecuadas mientras dura su proceso asistencial.
Empresa de enseñanza e investigación: renueva la materia prima del conocimiento, forma a las nuevas generaciones de profesionales y sostiene la actualización de las prácticas.
Cada una de estas cuatro empresas tiene su propia cultura, sus propios indicadores de desempeño y, con frecuencia, su propio sistema de información. La falta de integración entre ellas —más que la mala voluntad de sus integrantes— es el terreno fértil en el que crecen los silos y las aduanas que se describen a continuación.
Los recorridos del paciente y la vía clínica
Los pacientes recorren el hospital siguiendo trayectos o «viajes» en busca de valor. Estos recorridos se organizan en redes matriciales, cuyo mapeo se expresa en las guías clínicas. Cada guía describe, en teoría, la secuencia esperable de decisiones diagnósticas y terapéuticas para una condición determinada; en la práctica, esa secuencia solo se cumple si la información necesaria está disponible en cada punto de decisión.
El médico, al conocer al paciente y la guía clínica correspondiente, diseña una vía clínica: una trayectoria concreta, adaptada a ese paciente en particular, que articula estudios, interconsultas, procedimientos y cuidados en una secuencia temporal. Sin embargo, esa vía puede presentar dificultades en la provisión y circulación del conocimiento, porque una parte importante de la información queda almacenada en los silos de los servicios de apoyo.
La vía clínica funciona, en la práctica, como un contrato implícito entre servicios: cada área se compromete a producir y entregar cierta información en cierto plazo para que la siguiente pueda decidir. Cuando ese contrato implícito se incumple de manera sistemática —no por un caso aislado sino como patrón recurrente—, la vía clínica deja de ser una herramienta de coordinación y se convierte en una ficción documental que no describe lo que realmente ocurre con el paciente.
La vía clínica es tan buena como la información que logra reunir en el momento en que el médico necesita decidir.
Los silos del conocimiento
Los silos del conocimiento aparecen cuando la información no circula oportunamente hacia los sistemas o equipos que la necesitan. Por ejemplo, cuando un informe no se incorpora al PACS, a la historia clínica o al parte correspondiente. El silo no es, en general, un acto deliberado de ocultamiento; es con más frecuencia el resultado de sistemas que no conversan entre sí, de cargas de trabajo que postergan la carga administrativa de un resultado, o de circuitos de aprobación que agregan pasos innecesarios entre la producción del dato y su disponibilidad.
Estos silos suelen encontrarse en áreas como:
Imágenes.
Ecografía y ecocardiografía.
Tomografía y resonancia.
Endoscopía.
Bacteriología.
Anatomía patológica.
La logística y la velocidad de entrega de esa información son condiciones centrales para producir salud. Cuando el conocimiento queda retenido o demora en llegar, se afecta la continuidad del proceso asistencial: el médico tratante debe decidir con información incompleta, repetir estudios ya realizados, o mantener al paciente en observación mientras espera un resultado que técnicamente ya existe pero que no ha llegado a destino.
El costo de un silo rara vez se percibe en el servicio donde se origina, porque quien retiene la información no suele experimentar la demora que provoca. El costo se traslada aguas abajo del proceso asistencial: lo paga la guardia que no puede definir una internación, la unidad crítica que no puede dar de alta una cama, o el paciente que permanece internado un día más de lo necesario. Esta disociación entre quien genera el problema y quien sufre sus consecuencias es, precisamente, lo que permite que los silos persistan sin corrección espontánea.
Figura 1. Los silos de información: cada servicio de apoyo produce conocimiento que no siempre se integra a tiempo a la historia clínica común.
Las aduanas del conocimiento
Las aduanas del conocimiento son espacios dentro de la organización que funcionan como barreras de acceso. En ellas, ciertos sectores establecen criterios rígidos, muchas veces defensivos, que dificultan la circulación del paciente y del conocimiento necesario para su atención. A diferencia del silo, que es pasivo, la aduana es activa: alguien decide, explícita o implícitamente, imponer una condición adicional antes de aceptar al paciente o de compartir la información.
Estas barreras se expresan en situaciones como las siguientes:
«Antes de subirlo, pásalo por el tomógrafo».
«La guardia no tiene que ser una receptoría».
«Este paciente no tiene criterio de UTI».
«Este paciente no es cardiológico; puede estar en piso».
«Si lo aceptó la guardia, que se haga cargo».
«Tengo un paciente en un pasillo de un hospital público, ¿me lo podés recibir?». «No».
Las aduanas suelen ubicarse en puntos críticos del recorrido asistencial:
Entre el exterior y la guardia.
Entre la guardia y las unidades críticas.
Entre la guardia, los pacientes quirúrgicos y el quirófano.
Estas fronteras internas comparten una lógica común: cada sector protege su propia capacidad instalada —camas, turnos, tiempo profesional— frente a una demanda que percibe como externa y, por lo tanto, no prioritaria. Esa lógica es comprensible desde la perspectiva individual del servicio, pero resulta disfuncional desde la perspectiva del sistema, porque traslada el costo de la protección de un sector hacia el paciente que espera del otro lado de la aduana, y hacia la red en su conjunto.
Figura 2. Las aduanas del conocimiento: barreras discrecionales en los puntos críticos del recorrido asistencial.
Consecuencias distópicas: calidad, valor, seguridad y acceso oportuno
Los silos y las aduanas no son solo ineficiencias administrativas: producen efectos concretos y documentables sobre cuatro dimensiones centrales de la gestión clínica.
Impacto sobre la calidad de atención
La calidad asistencial depende, en gran medida, de que la decisión correcta se tome con la información correcta en el momento correcto. Cuando un informe de anatomía patológica o de bacteriología queda retenido en un silo, el médico tratante puede verse forzado a decidir con datos parciales, a ampliar el espectro de una cobertura antibiótica de manera empírica más allá de lo necesario, o a postergar una definición terapéutica que ya podría haberse tomado. Cada una de estas situaciones representa una desviación respecto de la mejor práctica disponible, no por falta de conocimiento médico, sino por falta de acceso oportuno a un conocimiento que la organización ya posee.
Impacto sobre la medicina basada en el valor
La medicina basada en el valor propone maximizar los resultados de salud relevantes para el paciente por unidad de recurso invertido. Los silos y las aduanas atentan directamente contra esa ecuación: encarecen el proceso sin mejorar el resultado. Un estudio repetido porque el original no fue localizado, una internación prolongada porque un pase quedó denegado en una aduana, o una interconsulta que no llega a destino, consumen recursos sin aportar valor terapéutico adicional. Desde la perspectiva de un financiador o de un contrato de riesgo compartido, estos costos son exactamente el tipo de desperdicio que la transición hacia modelos de pago por valor busca eliminar.
Impacto sobre la seguridad del paciente
La seguridad del paciente es, en buena medida, una función de la calidad y de la continuidad de la información clínica. La literatura sobre eventos adversos identifica de manera reiterada a las fallas de comunicación y de transferencia de información entre servicios como una de las causas raíz más frecuentes de error clínico. Un resultado crítico de laboratorio que no se comunica a tiempo, una alergia registrada en un sistema pero no visible en otro, o un paciente que permanece en un pasillo de guardia por rechazo de una unidad crítica, son situaciones en las que el silo o la aduana dejan de ser un problema de eficiencia y se convierten en un problema de seguridad.
Impacto sobre el acceso oportuno al tratamiento
Finalmente, estas conductas pueden demorar directamente el acceso del paciente a un tratamiento adecuado. Cada aduana atravesada implica, como mínimo, el tiempo de una negociación entre servicios; cada silo implica el tiempo de búsqueda o de repetición de un estudio. En patologías tiempo-dependientes —síndromes coronarios agudos, sepsis, accidentes cerebrovasculares, politraumatismos— esa demora acumulada puede ser la diferencia entre un tratamiento oportuno y uno tardío, con consecuencias sobre la morbimortalidad que son perfectamente evitables desde el punto de vista organizacional.
Cuatro dimensiones afectadas • Calidad de atención: decisiones tomadas con información incompleta. • Medicina basada en el valor: costo adicional sin resultado adicional. • Seguridad del paciente: pérdida de continuidad informativa entre servicios. • Acceso oportuno al tratamiento: demoras evitables en patologías tiempo-dependientes.
El rol de la gestión
Quien gestiona debe estar atento a estos comportamientos oportunistas, porque pueden impedir que la organización responda de manera adecuada a las necesidades de los pacientes y de la red. La falta de compromiso de los actores institucionales con las demandas de la red deteriora la continuidad asistencial, debilita la cooperación interna y reduce la capacidad del hospital para producir valor en salud.
La gestión no puede limitarse a exhortar a la buena voluntad de los equipos: debe rediseñar los incentivos y los circuitos de decisión de modo que la conducta cooperativa sea la opción más simple, y la conducta oportunista quede expuesta y sea corregida. Esto requiere, en primer lugar, hacer visibles estos comportamientos —muchas veces invisibles porque ocurren en llamadas telefónicas informales o en pases de guardia no documentados— y, en segundo lugar, dotar a la organización de reglas explícitas que reemplacen la discrecionalidad de cada actor.
Soluciones y herramientas de gestión
Para reducir los silos de información y las aduanas del conocimiento, la gestión debe hacer visibles estos comportamientos, establecer controles adecuados y ordenar los circuitos de decisión.
Las principales líneas de acción son:
Promover el conocimiento entre los equipos: facilitar que los distintos sectores se conozcan, comprendan sus responsabilidades y trabajen con mayor coordinación, mediante rondas conjuntas, comités de admisión-alta y espacios de revisión de casos entre servicios.
Establecer controles de oposición: evitar que las decisiones queden concentradas en un solo actor o servicio, especialmente cuando pueden afectar el recorrido del paciente, incorporando una segunda instancia de revisión ante rechazos de pase o de internación.
Definir niveles de autorización: ordenar quién puede aceptar, rechazar o demorar un pase, una internación, un estudio o una derivación, dejando claro que un rechazo no puede depender del criterio informal de un único profesional de guardia.
Poner límites y topes operativos: prevenir el uso oportunista de los recursos y reducir decisiones tomadas como «free rider», por ejemplo fijando tiempos máximos de respuesta ante una interconsulta o una solicitud de pase.
Medir con indicadores de gestión: observar cómo se utilizan los recursos y detectar demoras, rechazos o bloqueos injustificados, convirtiendo la percepción cualitativa de los equipos en evidencia cuantitativa para la dirección médica.
Ninguna de estas líneas de acción funciona de manera aislada. Los controles de oposición y los niveles de autorización necesitan indicadores que permitan verificar su cumplimiento; los indicadores, a su vez, solo tienen efecto correctivo si existe una instancia de gestión con autoridad para actuar sobre sus resultados. La ronda gerencial diaria y los comités de gestión de camas son los espacios naturales donde esta información debería revisarse de manera sistemática.
Indicadores para el seguimiento
Entre los indicadores que conviene monitorear se incluyen los siguientes:
Indicador
Qué mide
Alerta de gestión
Tiempo entre el pedido de pase y su realización
Velocidad de circulación del paciente entre servicios
Tiempos que se alargan de manera sostenida por servicio
Tiempo de permanencia de los pacientes en guardia
Congestión de la puerta de entrada al hospital
Permanencias prolongadas sin definición clínica
Demoras en la aceptación de pacientes derivados desde la emergencia interna
Funcionamiento de las aduanas entre guardia y unidades críticas
Rechazos reiterados desde un mismo servicio receptor
Tiempo de entrega de biopsias, cultivos e informes
Silos en servicios de apoyo diagnóstico
Informes que no llegan a la historia clínica en el plazo esperado
Demoras en la rehabilitación de camas vacías
Eficiencia del circuito de alta-limpieza-nueva admisión
Camas vacías no disponibles por demoras administrativas
Identificación del actor o servicio que rechaza al paciente
Trazabilidad de las aduanas internas
Concentración de rechazos en un mismo sector
Cantidad de pacientes que se retiran de la guardia sin ser atendidos
Consecuencia extrema de la congestión y las demoras
Aumento sostenido del indicador
Cantidad de altas voluntarias
Pérdida de confianza del paciente en el proceso asistencial
Incremento asociado a demoras percibidas
Estos instrumentos permiten transformar conductas informales en procesos observables, comparables y gestionables. De ese modo, la organización puede mejorar la continuidad asistencial, reducir demoras y orientar sus recursos hacia la producción efectiva de valor en salud.
Conclusión
Los silos de información y las aduanas del conocimiento son, ante todo, un problema de diseño organizacional: surgen cuando la estructura matricial del hospital no está acompañada de sistemas de información integrados, de reglas explícitas de decisión y de indicadores que hagan visible el comportamiento de cada sector. Su persistencia no responde a la mala fe de los profesionales involucrados, sino a incentivos que premian la protección del propio servicio por encima de la continuidad del proceso asistencial en su conjunto.
Corregirlos requiere una gestión activa, con autoridad para establecer controles de oposición, niveles de autorización y límites operativos, y con la disciplina de medir de manera sistemática los puntos del recorrido del paciente donde el conocimiento se retiene o el acceso se restringe. Solo así es posible convertir al hospital en lo que su naturaleza exige que sea: una empresa de conocimiento capaz de hacerlo circular con la misma eficacia con la que produce diagnósticos y tratamientos.
Documento elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como herramienta de redacción y edición, bajo supervisión científica de Carlos Alberto Díaz.
Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud, Universidad ISALUD
Un actor cada vez más central
Durante décadas, la conducción de clínicas y hospitales se pensó como un asunto de administradores formados en gestión, ajenos a la práctica clínica. La evidencia reciente invita a revisar esa premisa. Un editorial publicado en NEJM Catalyst Innovations in Care Delivery (agosto de 2026) reafirma algo que quienes gestionamos instituciones sanitarias desde la práctica médica sabemos por experiencia directa: el médico líder combina el conocimiento clínico esencial con la capacidad de innovar dentro de los sistemas de salud, y esa combinación es hoy indispensable.
El editorial presenta un panorama amplio de roles que ejercen los médicos líderes en la actualidad, y da un lugar central a un estudio que merece nuestra atención: «From Bedside to the C-Suite: A National Survey on the Evolving Role of Physician Leaders in U.S. Hospitals», desarrollado por Shlomit Schaal y su equipo, principalmente desde Houston Methodist. Sus hallazgos ofrecen un espejo útil para pensar la profesionalización de la dirección médica en nuestro propio medio.
Lo que muestra la encuesta nacional
El estudio releva las tensiones cotidianas de quienes ocupan roles de liderazgo médico en hospitales de Estados Unidos. El desafío que aparece en primer lugar, de manera casi unánime, es la dificultad de equilibrar las responsabilidades clínicas con las de gestión. A ese desafío le siguen, en orden de relevancia, la escasez de personal, las restricciones presupuestarias, los problemas de comunicación interdepartamental y la planificación estratégica.
Los cinco desafíos más citados por los médicos líderes encuestados 1. Equilibrar la práctica clínica con la responsabilidad de gestión 2. Escasez de personal 3. Restricciones presupuestarias 4. Comunicación interdepartamental 5. Planificación estratégica
Este orden no es casual. Describe con precisión la experiencia de quien dirige un servicio o una institución sin abandonar el contacto con el paciente: la agenda clínica y la agenda de gestión compiten por el mismo tiempo, y esa tensión —lejos de resolverse con más experiencia— suele acompañar toda la carrera del médico líder.
La competencia que más pesa no es la que se certifica
El hallazgo más provocador del estudio es también el más relevante para quienes formamos a futuros directores de clínicas y hospitales: las habilidades de liderazgo más valoradas tienen poco que ver con credenciales o programas formales de entrenamiento. La inteligencia emocional y las capacidades de comunicación aparecen, en la percepción de los propios médicos líderes, como las cualificaciones más importantes para ejercer el rol.
Y esas habilidades, según la misma encuesta, se adquieren fundamentalmente en el terreno: mediante la experiencia directa en el puesto, con la mentoría de colegas con más recorrido y a través de redes de pares que funcionan como espacio de consulta y contención frente a decisiones difíciles.
Dimensión
Hallazgo del estudio
Competencia más valorada
Inteligencia emocional y comunicación, por encima de credenciales formales
Vía principal de formación
Experiencia en el puesto (on-the-job)
Soportes clave
Mentoría y redes de pares
Mayor tensión percibida
Balance entre rol clínico y responsabilidad de gestión
Qué nos dice esto sobre la formación de directores médicos
Este hallazgo confirma una intuición que sostenemos desde la Diplomatura en Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados y desde la Especialización en Economía y Gestión de la Salud: la formación técnica en administración, finanzas o normativa es necesaria pero no suficiente. El médico que asume un rol de conducción necesita, además, un espacio deliberado para desarrollar habilidades vinculares —escucha, negociación, manejo de conflictos, comunicación en contextos de incertidumbre— y necesita hacerlo acompañado, no en soledad.
La mentoría y las redes de pares no son un complemento decorativo de los programas de formación en gestión sanitaria: son, según esta evidencia, uno de los mecanismos principales por los que efectivamente se construye un líder médico capaz de sostener la doble exigencia clínica y directiva.
Una agenda para nuestras instituciones
Trasladado a la realidad de clínicas y sanatorios privados de nuestra región, el mensaje habilita al menos tres líneas de acción concretas para quienes formamos y acompañamos a médicos con responsabilidades de conducción:
Diseñar trayectorias de desarrollo que combinen contenidos de gestión con espacios sostenidos de mentoría entre pares, y no solo instancias puntuales de capacitación.
Reconocer institucionalmente el tiempo que exige la función directiva, en lugar de asumirla como una tarea adicional sobre una agenda clínica ya completa.
Incorporar de manera explícita el desarrollo de habilidades de comunicación e inteligencia emocional en los programas de formación directiva, con el mismo peso que se otorga a los contenidos técnicos de gestión.
El médico líder esencial no es una figura excepcional ni un perfil raro de encontrar: es, cada vez más, la condición necesaria para que una institución de salud pueda innovar sin perder de vista al paciente que la justifica. Formarlo bien —y sostenerlo en el tiempo— es una de las inversiones más rentables que puede hacer un sistema de salud.
Fuente: Prewitt E, Seth Mohta N, Gordon L, Lee TH. «The Essential Physician Leader». NEJM Catalyst Innovations in Care Delivery, Vol. 7 No. 8, agosto 2026.DOI: 10.1056/CAT.26.0409; y Schaal S, et al. «From Bedside to the C-Suite: A National Survey on the Evolving Role of Physician Leaders in U.S. Hospitals».
Este artículo fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como apoyo de redacción y edición, bajo supervisión científica del autor.
La inteligencia artificial ya no golpea la puerta de la clínica: está sentada en la cabina de mando, ayudando a redactar historias clínicas, sugiriendo diagnósticos diferenciales y proponiendo planes terapéuticos con una fluidez cada vez más convincente. Un reciente artículo de perspectiva publicado en The New England Journal of Medicine (Abdulnour et al., julio de 2026) plantea una advertencia que interpela directamente a quienes gestionamos instituciones de salud: cuanto más capaz parece un copiloto de IA, más tienden los profesionales a delegarle tareas, y en ese proceso erosionan las mismas competencias que necesitarían para detectar cuándo la máquina se equivoca.
Los autores llaman a esto la ‘paradoja de la automatización‘: un riesgo humano que se suma a las limitaciones propias de estos sistemas, como las confabulaciones (respuestas fluidas pero falsas), la vulnerabilidad a la desinformación y la tendencia a la complacencia con el criterio del usuario. Para navegar ese filo, proponen adaptar a la clínica un marco ya validado en otro entorno de alto riesgo: el Crew Resource Management (CRM) de la aviación.
La trampa de la fluidez
El artículo ilustra el problema con el caso de un residente que evalúa a un paciente con disnea progresiva. Ante la sospecha de insuficiencia cardíaca descompensada, le pide a la IA que revise su razonamiento; el sistema confirma el diagnóstico y sugiere el tratamiento estándar. El residente, conforme con esa validación, no advierte que la herramienta pasó por alto un dato clínico relevante que él mismo había recogido. Recién cuando un médico de mayor experiencia, alerta a las limitaciones de la IA, revisa el caso con ojo crítico, se detecta el hallazgo omitido y se corrige el rumbo diagnóstico.
El episodio no es una falla aislada de la tecnología: es la consecuencia de un patrón. La confianza ciega conduce al razonamiento delegado; el razonamiento delegado erosiona la habilidad clínica con el tiempo; y esa erosión —los autores hablan de ‘desaprendizaje’, ‘nunca aprendizaje’ en quienes se forman ya con IA, y ‘aprendizaje deficiente’— vuelve al profesional cada vez más dependiente y, paradójicamente, más expuesto a los errores del propio sistema que lo asiste.
Cinco competencias del clínico-piloto
El CRM se desarrolló para preservar la coordinación, la vigilancia y el desempeño en cabinas de alto riesgo, y ya cuenta con validación como marco de entrenamiento en salud. Aplicado a la relación clínico-IA, exige un requisito previo ineludible: ‘volar solo’, es decir, sostener la capacidad de razonar de forma independiente antes de apoyarse en la herramienta, porque sin ese punto de referencia interno no hay manera de juzgar si la respuesta de la IA es correcta. Sobre esa base se apoyan cinco competencias concretas.
Competencia
Traducción a la práctica clínica
1. Conciencia situacional
Monitorear la incertidumbre en tiempo real y reconocer cuándo se cruzan los límites del propio conocimiento clínico.
2. Comunicación
Formular consultas precisas a la IA y verificar que la respuesta obtenida responda realmente a la pregunta clínica planteada.
3. Gestión de tareas
Decidir qué tareas retener, cuáles delegar y con qué grado de vigilancia, según el riesgo clínico involucrado.
4. Verificación cruzada
Contrastar las recomendaciones de la IA con evidencia independiente y estar dispuesto a descartarlas cuando corresponda.
5. Toma de decisiones colectiva
Razonar de forma independiente antes de consultar a la IA, y usarla luego para refinar o desafiar el propio razonamiento.
Qué significa esto para la gestión sanitaria
Para quienes dirigimos clínicas, sanatorios y hospitales, el valor de este marco no es solo pedagógico. Convertir el uso de IA en una práctica visible, discutible y evaluable —en lugar de una caja negra individual entre el profesional y la pantalla— es también una cuestión de gobernanza clínica y de gestión de riesgo asistencial. Algunas líneas de acción concretas que se desprenden del artículo:
Incorporar la ‘calibración de la confianza en la IA’ como competencia formal dentro de los programas de residencia y de educación médica continua, con instrumentos de evaluación que midan si el profesional detecta confabulaciones u omisiones.
Diseñar simulaciones en las que, deliberadamente, la IA entregue información incorrecta, y medir la capacidad del equipo de capturar ese error antes de que llegue al paciente.
Establecer que descartar una recomendación de la IA es un acto clínico legítimo y documentable, no una anomalía a justificar.
Diferenciar, según la tarea y el riesgo, entre un enfoque ‘centauro’ (división estratégica de tareas y evaluación cuidadosa en contextos de alto riesgo o herramientas no validadas) y uno ‘cyborg’ (integración más estrecha en tareas de bajo riesgo con herramientas ya validadas).
Hacer de la supervisión clínica un espacio explícito para observar cómo se formulan las consultas a la IA, cómo se evalúan sus respuestas y cómo se toma la decisión de aceptar o rechazar su sugerencia.
Perspectiva a futuro
La discusión que instala este artículo va a profundizarse a medida que los sistemas de IA se integren en los registros clínicos electrónicos, los sistemas de soporte de decisión y la escritura automatizada de historias clínicas dentro de nuestras instituciones. El riesgo de desaprendizaje no es hipotético: ya se documentan estudios de automatización en el razonamiento diagnóstico asistido por modelos de lenguaje. La pregunta que cada institución debiera hacerse no es si va a incorporar estas herramientas —eso ya está ocurriendo— sino con qué gobernanza, qué entrenamiento y qué indicadores de calidad va a acompañar esa incorporación.
En ese sentido, el planteo de fondo de los autores es alentador: si la IA se diseña para señalar su propia incertidumbre y declarar sus límites, en lugar de responder siempre con la misma fluidez segura, puede aliviar la carga cognitiva del profesional en vez de competir con su vigilancia. Esa es, probablemente, la variable que más debiera pesar cuando una institución evalúa qué herramientas de IA clínica incorporar: no solo su exactitud promedio, sino su honestidad frente a la duda.
Idea central para la gestión • El copiloto de IA no reemplaza el criterio clínico: lo pone a prueba. • La calidad asistencial del futuro incluirá, como competencia formal, saber cuándo confiar en la IA, cuándo verificarla y cuándo descartarla. • La gobernanza de la IA clínica empieza por hacer visibles y evaluables estas interacciones, no por prohibirlas ni por automatizarlas sin control.
Referencia
Abdulnour RE, Akbarialiabad H, Haghighi A, Leachman SA. Crew Resource Management — Navigating AI’s Automation Paradox. N Engl J Med. Publicado el 22 de julio de 2026. DOI: 10.1056/NEJMp2600938.
Este artículo fue elaborado con asistencia de Claude AI (Anthropic) como herramienta de redacción y edición, bajo supervisión científica del autor.
Una guía compacta sobre calidad asistencial, mejora de procesos y gestión Lean, con dos casos reales y los factores humanos que sostienen cualquier mejora — Dr. Carlos Alberto Díaz
¿Por qué hablar de esto otra vez? Porque la calidad asistencial dejó de ser un atributo implícito de la buena práctica médica para convertirse en algo que se diseña, se mide y se mejora de manera deliberada. Y porque dos publicaciones recientes —una sobre la fusión de dos hospitales canadienses, otra sobre cultura organizacional en un hospital universitario danés— ofrecen algo poco frecuente: evidencia concreta, con nombre y apellido, de cómo se hace (o se malogra) una mejora real.
Este artículo compila, en formato breve, las ideas centrales de un documento más extenso que preparé para la Diplomatura en Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de CONFECLISA/ISALUD. Va con gráficos, porque algunas ideas se entienden mejor mirándolas que leyéndolas, y con la promesa de que en diez minutos de lectura se lleva algo aplicable el lunes a la mañana.
El recorrido tiene un hilo conductor: la calidad y la eficiencia no se logran solo con mejores protocolos o mejor tecnología. Se logran cuando el diseño técnico de los procesos se combina con una lectura honesta de la cultura organizacional y con un liderazgo que sostiene el cambio más allá del entusiasmo inicial.
De la inspección a la mejora continua
Durante décadas, la calidad en salud se gestionó mirando hacia atrás: se inspeccionaban casos aislados, se auditaba el cumplimiento de normas, y se buscaba responsables cuando algo salía mal. La mirada contemporánea —heredera de la gestión de calidad total de la industria— desplaza el eje: la mayoría de los errores en salud son producto de sistemas mal diseñados, no de fallas individuales. Por eso la pregunta útil no es «quién se equivocó», sino «qué parte del proceso permitió que el error ocurriera».
Avedis Donabedian ya lo había anticipado con su tríada clásica: estructura, proceso y resultado. Una estructura adecuada —camas, equipos, personal calificado— no garantiza procesos correctos, y procesos correctos no garantizan por sí solos los resultados esperados. Cada dimensión necesita su propia medición. Dos décadas más tarde, el Institute of Medicine sumó seis objetivos que toda organización de salud debería perseguir a la vez: seguridad, efectividad, orientación al paciente, oportunidad, eficiencia y equidad.
Dimensión IOM
En una frase
Seguridad
Evitar daños derivados de la atención que debía ayudar
Efectividad
Basarse en la evidencia científica disponible
Centrada en el paciente
Respetar sus preferencias y valores
Oportunidad
Reducir esperas perjudiciales
Eficiencia
Evitar el desperdicio de recursos
Equidad
No variar la calidad según las características del paciente
Ese desplazamiento —de la inspección retrospectiva a la mejora continua de procesos— es el que le abrió la puerta, dentro del hospital, a dos herramientas que vienen de la industria: la gestión por procesos y la metodología Lean.
Lean en salud: una filosofía, no una caja de herramientas
Lean nació en el Sistema de Producción Toyota, en un Japón de posguerra que no podía competir por escala y tuvo que aprender a producir exactamente lo necesario, sin desperdicio. Trasladado a la salud, no es un conjunto de pizarrones y tarjetas de colores: es una disciplina de gestión que se sostiene en cinco principios que se repiten en ciclo.
El ciclo de los cinco principios Lean aplicados a un proceso asistencial.
Aplicados, por ejemplo, a un circuito de cirugía ambulatoria: especificar el valor es preguntarle al paciente qué le importa realmente (una cirugía segura, información clara, un alta a horario) y qué es puramente administrativo; mapear el flujo es dibujar ese circuito completo y marcar cada espera; generar flujo es unificar pasos que hoy están separados sin necesidad; establecer el pull es programar quirófanos según la demanda real, no según una capacidad fija; y buscar la perfección es revisar el proceso una y otra vez, con indicadores simples y visibles para el propio equipo.
Los ocho desperdicios que hay que aprender a ver
La tradición Lean nombra ocho tipos de desperdicio (muda). Ponerles nombre ayuda a que un equipo deje de pensar «así son las cosas acá» y empiece a verlos como algo corregible:
Desperdicio
Cómo se ve en el hospital
Sobreproducción
Pedir estudios de rutina no indicados por la condición clínica
Esperas
Pacientes con alta clínica indicada que esperan el alta administrativa
Transporte
Historias clínicas en papel trasladadas entre sedes
Sobreprocesamiento
Transcribir a mano datos que ya están cargados en otro sistema
Inventario
Insumos vencidos por sobreabastecimiento
Movimientos
Enfermería recorriendo distancias largas por mala distribución edilicia
Reprocesos
Repetir un estudio por una solicitud mal cargada
Talento subutilizado
Enfermeras haciendo tareas administrativas en vez de clínicas
Un glosario de bolsillo
Término
Qué significa
Gemba
El lugar real donde ocurre el trabajo; una recorrida Gemba es observarlo en persona, no leer un informe
Kaizen
Mejora continua e incremental, sostenida en el tiempo
Value Stream Mapping
El mapa completo de un proceso, con sus tiempos y sus esperas
5S
Clasificar, ordenar, limpiar, estandarizar y sostener el puesto de trabajo
Una advertencia frecuente Copiar las herramientas Lean (un tablero, una jornada de 5S) sin sostener la filosofía que les da sentido produce mejoras que se diluyen a los pocos meses. Lean exige disciplina metodológica sostenida, no un evento único de lanzamiento.
Señales de que un proceso necesita una intervención
No hace falta un diagnóstico sofisticado para saber por dónde empezar. Estas señales, todas frecuentes en la práctica diaria, suelen anticipar un buen candidato para una intervención Lean:
Señal de alerta
Qué suele indicar
«Así son las cosas acá»
Un desperdicio naturalizado que nadie cuestiona
Un mismo dato se carga dos o más veces
Sistemas no interoperables (sobreprocesamiento)
Quejas repetidas de pacientes por esperas
Falta de flujo o de nivelación de la demanda (heijunka)
El personal calificado hace tareas administrativas
Talento humano subutilizado
Nadie mide el proceso de manera sistemática
Ausencia de indicadores para sostener la mejora
¿Lean o Six Sigma?
Es común confundirlos. Lean se ocupa de la velocidad y el flujo: eliminar pasos que no agregan valor y esperas evitables. Six Sigma se ocupa de la variabilidad: reducir la dispersión de un resultado mediante análisis estadístico riguroso. Un proceso puede ser rápido pero variable, o estable pero lento; los programas de calidad más maduros combinan ambos enfoques.
Lean
Six Sigma
Pregunta central
¿Dónde hay desperdicio y esperas?
¿Dónde hay variabilidad no deseada?
Herramienta típica
Value stream mapping, Gemba walk
Análisis estadístico, ciclo DMAIC
Ejemplo
Reducir pasos de un circuito de alta
Reducir la dispersión de tiempos de espera en quimioterapia
Lo que Lean no es
Mito frecuente
En realidad
«Es despedir personal para ahorrar»
Es reasignar el talento humano a tareas de mayor valor clínico
«Se resuelve con un tablero visual»
El tablero es un síntoma de la disciplina, no la disciplina en sí misma
«Es un proyecto con fecha de cierre»
Es un ciclo continuo de Kaizen que no termina nunca
«Lo aplica solo el área de calidad»
Requiere involucrar al personal de primera línea que hace el trabajo
Caso real: cuando dos hospitales se fusionan
En abril de 2024, la University Health Network (UHN) de Toronto —más de 27.000 trabajadores— se fusionó con el West Park Healthcare Centre, un centro de rehabilitación de 1.300 trabajadores. Los equipos de Salud Ocupacional de ambas instituciones tuvieron que convertirse en uno solo, con estructuras, bases de datos, plataformas tecnológicas y procesos completamente distintos. El caso, publicado en Healthcare Management Forum, documenta cómo lo hicieron.
Vale la pena detenerse en este caso porque muestra, con un nivel de detalle poco frecuente, cómo se traducen los principios Lean abstractos de la sección anterior en decisiones operativas concretas durante uno de los escenarios más exigentes que puede enfrentar un equipo directivo: una integración organizacional bajo presión de tiempo.
El equipo de proyecto no improvisó: relevó los datos mediante auditorías, entrevistas y recorridas Gemba; mapeó los procesos clave con talleres de value stream mapping; y comparó sistemáticamente las diferencias entre ambas organizaciones antes de tocar nada. Definió cuatro frentes de trabajo —estructura organizacional, bases de datos, plataformas tecnológicas y procesos operativos— y los trabajó como un mismo proyecto, no como iniciativas sueltas.
Período
Hito
Abril 2024
Fusión formal entre ambas instituciones
Junio 2024
Inicio del relevamiento: auditorías, entrevistas, Gemba walks
Dic. 2024
Rediseño del proceso de reporte de ausentismo
Oct. 2024 – Ene. 2025
Programa de capacitación del personal
Marzo 2025
Incorporación plena al sistema de guardias unificado
En bases de datos, evaluaron cuatro alternativas —desde una simple réplica de formularios hasta una integración completa en una plataforma compartida— y eligieron la más completa pese a requerir entre seis y doce meses, porque era la única que sostenía el crecimiento futuro sin duplicar sistemas. En tecnología, migraron todo a una plataforma única (Microsoft 365), reemplazando el mosaico de aplicaciones sueltas que usaba uno de los dos hospitales. Y en procesos operativos, redefinieron el alcance de la clínica: sacaron de Salud Ocupacional las tareas de nómina y dispensa de medicamentos de venta libre, y concentraron su actividad en incidentes laborales, exposiciones y control de brotes.
El resultado, entre otros: se eliminó la necesidad de renovar dos contratos temporarios, se redujo la carga administrativa manual, y el personal de enfermería recuperó tiempo para tareas clínicas al delegar el seguimiento rutinario de ausentismo en un proveedor externo. Nada de esto fue mágico ni rápido: el proyecto llevó ocho meses, con una capacitación que se extendió otros cuatro más.
Tres procesos clínicos se rediseñaron a fondo. Así se ven, en limpio, el antes y el después:
Proceso
Antes
Después
Ausentismo por enfermedad
Seguimiento diario por enfermería, con llamados de control
Aviso único; seguimiento delegado; autodeclaración electrónica de regreso
Incorporación de personal
Seguimiento manual; inmunizaciones por correo electrónico
Seguimiento administrativo bajo supervisión de enfermería; formulario web único
Alcance de la clínica
Incluía nómina y dispensa de medicamentos de venta libre
Concentrada en incidentes laborales, exposiciones y brotes
Preguntas para llevar a una reunión de equipo ¿Qué pasaría si avanzáramos con la tecnología antes de resolver la estructura organizacional? ¿Por qué conviene, muchas veces, elegir la solución más lenta pero más completa por sobre la más rápida? ¿Qué cambiaría en este caso si la fusión involucrara servicios de mayor complejidad clínica?
La idea que vale la pena llevarse Ningún proceso de fusión o integración organizacional se resuelve dominio por dominio de manera aislada. La estructura, las bases de datos, la tecnología y los procesos avanzan como un mismo proyecto, con relevamiento y capacitación planificados desde el inicio.
La cultura organizacional también se gestiona
El segundo caso, publicado en Quality Management Journal, estudió seis unidades clínicas de un hospital universitario danés para entender por qué una misma estrategia de mejora de la calidad funciona en un servicio y fracasa en el de al lado. La respuesta que encontraron: la cultura organizacional de cada unidad.
El Marco de Valores en Competencia (CVF), desarrollado por Cameron y Quinn, distingue cuatro tipos culturales que conviven, con distinta intensidad, en cualquier institución:
El Marco de Valores en Competencia: cuatro arquetipos culturales.
Arquetipo
Lo que valora
Riesgo en exceso
Clan
Colaboración, cohesión, desarrollo del personal
Endogamia, falta de exigencia externa
Adhocracia
Innovación, riesgo calculado
Inestabilidad operativa
Mercado
Resultados, cumplimiento de metas
Desatención del clima de equipo
Jerarquía
Estabilidad, procedimientos, control
Rigidez frente a cambios necesarios
Las unidades de cultura Clan —colaborativas, orientadas al equipo— lograron que el personal se apropiara del cambio porque participó desde el diseño. Las de cultura Mercado —orientadas a resultados— arrancaron con fuerza pero corrieron el riesgo de perder impulso apenas aparecieron los primeros obstáculos. Las de Jerarquía privilegiaron el cumplimiento normativo por sobre el aprendizaje adaptativo; las de Adhocracia aportaron innovación, pero con menor capacidad de sostener la implementación en el tiempo.
La conclusión práctica es incómoda pero útil: no existe una única receta de gestión del cambio. La estrategia correcta depende de diagnosticar primero qué tipo de cultura predomina en cada servicio, y recién después decidir cuánta participación, qué velocidad y qué estilo de comunicación conviene usar.
El estudio siguió tres fases —iniciación, ejecución y evaluación— y encontró un patrón consistente:
Fase
Jerarquía / Mercado
Clan / Adhocracia
Iniciación
Objetivos claros, planificación descendente
Construcción colectiva, participación temprana
Ejecución
Liderazgo fuerte, riesgo de perder impulso
Colaboración, responsabilidades distribuidas
Evaluación
Supervisión formal, foco en cumplimiento
Retroalimentación continua, integrada a la rutina
Cómo diagnosticar tu propia unidad Observá cómo se toman las decisiones cotidianas (¿consenso, protocolo, indicadores o ensayo y error?), qué se reconoce informalmente, y cómo reacciona el equipo ante un error. La combinación de esas señales indica, en pocos minutos, qué arquetipo predomina antes de diseñar cualquier intervención.
Cinco lecciones para quien facilita el cambio
Involucrar a representantes del propio personal en la comunicación, en lugar de que todo mensaje venga de la conducción.
Elegir, al inicio, uno o dos objetivos de bajo riesgo y alta visibilidad que generen una primera evidencia de éxito.
Sostener presencia de liderazgo visible durante toda la implementación, no solo en el lanzamiento.
Convertir la evaluación en una conversación periódica del propio equipo, no en una auditoría externa de cierre.
Incluir deliberadamente las voces críticas en cualquier evaluación: suelen señalar lo que una mirada complaciente pasa por alto.
Todo junto: qué aporta cada pieza
Antes de pasar a los factores humanos, vale la pena ordenar cómo se articulan las piezas que veníamos viendo:
Pieza
Qué aporta
Marco de calidad (Donabedian, IOM)
Define qué dimensiones hay que medir y mejorar
Gestión Lean
Aporta el instrumental técnico para eliminar desperdicio y generar flujo
Caso UHN–West Park
Ilustra la integración conjunta de estructura, sistemas y procesos
Marco de Valores en Competencia
Explica por qué una misma estrategia rinde distinto según la unidad
Factores humanos
Explica qué sostiene —o erosiona— cualquier mejora técnica en el tiempo
Nueve factores humanos que sostienen —o hunden— cualquier mejora
Ni el mejor mapeo Lean ni el diagnóstico cultural más preciso alcanzan si no están sostenidos por un conjunto de factores humanos. Estos son los nueve que, a partir de ambos casos, ordeno como la contracara ineludible de cualquier programa técnico de calidad:
Los nueve factores humanos de la calidad asistencial.
Factor humano
Riesgo si se descuida
Compromiso y pertenencia
Resistencia pasiva y reversión del cambio apenas decae la supervisión
Liderazgo visible y sostenido
Pérdida de impulso y de legitimidad del proyecto
Cultura organizacional reconocida
Estrategias mal calibradas que chocan con la lógica de la unidad
Comunicación clara y bidireccional
Malentendidos y duplicación de tareas
Trabajo en equipo interdisciplinario
Fragmentación de la experiencia del paciente
Formación adaptada al rol
Herramientas percibidas como abstractas y ajenas al trabajo diario
Motivación y tiempo liberado
Agotamiento del equipo y postergación de las tareas de mejora
Seguridad psicológica
Subregistro de incidentes y pérdida de aprendizaje organizacional
Trato humano en la atención
Calidad técnica correcta pero baja calidad percibida
Mini-caso: un evento Kaizen de tres días en Admisión Un sanatorio detecta que los pacientes esperan 47 minutos, en promedio, antes de subir a la habitación. El equipo organiza un evento Kaizen de tres días: día uno, recorrida Gemba y mapeo del flujo actual; día dos, identificación de desperdicios (doble carga de datos, esperas por disponibilidad de cama) y diseño de un nuevo flujo; día tres, prueba piloto y ajustes. A los treinta días, se revisa si la mejora se sostuvo, y no solo durante la semana del evento.
¿Y en las clínicas y sanatorios argentinos?
El sistema danés es público y el canadiense mixto; nuestro sistema de clínicas y sanatorios privados es otra cosa. Pero las lógicas que describen ambos casos son igual de válidas acá. Las fusiones, absorciones y unificaciones de servicios entre prestadores de un mismo grupo son moneda corriente en Argentina, y la secuencia relevamiento–mapeo–brechas del caso canadiense es una hoja de ruta perfectamente replicable, más allá de la escala o el régimen de propiedad de la institución.
Y la lección cultural del caso danés es, si se quiere, todavía más directa: un servicio de enfermería con fuerte identidad de equipo se va a comportar como una unidad Clan en Buenos Aires igual que en Esbjerg, y un área de facturación orientada a metas numéricas va a tender al arquetipo Mercado en cualquier país. La utilidad práctica del CVF para un director médico argentino no está en replicar el estudio danés, sino en usar sus cuatro categorías como una lente rápida antes de diseñar cualquier programa de calidad —evitando el error, tan frecuente, de aplicarle el mismo librito de implementación a todos los servicios de la institución por igual.
Esto importa especialmente en un contexto de restricción de recursos como el que atraviesa buena parte del sistema de salud argentino: cuando no sobra presupuesto para el ensayo y error, diagnosticar bien antes de intervenir —el proceso, pero también la cultura que lo rodea— deja de ser un lujo metodológico y se convierte en la diferencia entre una mejora que se sostiene y un proyecto más que queda archivado a los seis meses.
Para cerrar
La calidad asistencial, la mejora de procesos y la gestión Lean son un cuerpo de conocimiento técnico maduro. Pero los dos casos que compilé en este artículo muestran algo que la literatura técnica a veces subestima: la eficacia de esas herramientas está mediada por la gobernanza del cambio, la participación del personal y la cultura de cada unidad. Para quien dirige una clínica, un sanatorio o un hospital, la lección es doble: diseñar con rigor técnico, y leer con la misma seriedad el terreno humano y cultural donde ese diseño va a implementarse.
Rúbrica rápida de autoevaluación
Antes de lanzar tu próxima iniciativa, calificá tu proyecto actual de 1 (incipiente) a 4 (consolidado) en estas cinco dimensiones:
Dimensión
1. Incipiente
4. Consolidada
Diagnóstico inicial
Sin relevamiento formal
Relevamiento y gap analysis periódicos
Participación del personal
Diseñado sin consulta
Co-diseño y evaluación participativa
Liderazgo
Sin patrocinio visible
Presencia sostenida durante todo el proyecto
Cultura organizacional
No se consideró
Estrategia calibrada según el tipo cultural
Sostenibilidad
Termina con el lanzamiento
Institucionalizada como práctica habitual
Antes de lanzar tu próxima iniciativa de mejora, valen además tres preguntas simples:
¿Relevamos el proceso actual con el mismo rigor con que vamos a exigir el resultado final?
¿Sabemos qué tipo de cultura predomina en la unidad donde vamos a intervenir?
¿Tenemos previsto sostener el liderazgo y la capacitación más allá del evento de lanzamiento?
Si la respuesta a alguna de las tres es «no estoy seguro», ese es exactamente el punto por donde conviene empezar.
Referencias: Kestenberg et al. (2026), Healthcare Management Forum; Sloth et al. (2026), Quality Management Journal; Cameron y Quinn (2006); Donabedian (1988); Womack y Jones (2003).
Este artículo compila un documento académico más extenso, preparado para la Diplomatura en Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de CONFECLISA/ISALUD, que desarrolla con mayor profundidad cada uno de estos puntos, incluyendo ejercicios de aplicación y una rúbrica completa de autoevaluación.
Es diciembre, estoy en mi último año de residencia y ya quiero dejar las unidades de cuidados intensivos (UCI). Estoy harta de los análisis de gases en sangre. Estoy harta de realizar procedimientos para los que no tengo experiencia. Estoy harta de los días sin sol que se convierten en semanas. Pero, sobre todo, estoy harta de la muerte. Recientemente he completado un mes en la UCI cardíaca y otro en la UCI pediátrica, y ahora estoy terminando un mes en la UCI médica.
Me familiaricé con la muerte, en toda su permanencia, cuando recorría estos pasillos como interno. En aquel entonces, en la primavera de 2020, atendía interminables filas de pacientes intubados. Entablé vínculos con las familias durante días y semanas, pero una vez que un paciente fallecía, sabía que apenas volvería a saber nada de él. Se firmaban los papeles, el cuerpo era trasladado rápidamente y el buen interno pasaba al siguiente paciente. Cualquier relación con el paciente, cualquier muestra de compasión especial, se desechaba como un estetoscopio desechable. En algún rincón de mi mente, se abría un vacío. Pero los vacíos, como las camas vacías y las listas de espera, suelen llenarse con el monótono torrente de la residencia.
Esta vez, en la UCI, las causas de las enfermedades son más diversas, pero la muerte parece igual de frecuente. Presencié el lento fracaso del trasplante de médula ósea de un joven padre. La enfermera imprimió la tira de telemetría para que su hijo pudiera conservar un recuerdo de su último latido. Escuché a un hombre de veintitantos años con enfermedad pulmonar intersticial rogarle a su madre, que había estado velando a su lado durante días, que se fuera a casa a descansar. En su último acto de amor, pidió quitarse la mascarilla para evitar que ella presenciara su último sufrimiento. Y respondí a la última petición de una anciana, mientras sus pulmones se llenaban de líquido, de respirar aire fresco antes de morir. Aunque el hospital moderno está equipado para proporcionar muchas comodidades, el aire fresco no es una de ellas. Como un pobre sustituto, le ofrecí el inminente amanecer. Motivada, se incorporó mirando hacia el este y se sentó junto a su hijo, observando en silencio antes de quedarse dormida plácidamente. Estas fueron solo algunas de las muchas muertes, y cada una me deja con esa pequeña sensación de vacío. Temo no recordar a los pacientes que he perdido, y me temo que es demasiado insensible intentar llevar la cuenta.
Como era de esperar, mi asignación para las vacaciones es la UCI médica. Turno de noche. Igual que el mes de turnos de día que acabo de terminar, pero quizás con algunos códigos más y exámenes de muerte. ¡Qué suerte tengo!
En Nochebuena, una de las nuevas pacientes es Cassie, una mujer de 29 años ingresada por urgencias con la piel amarillenta-bronceada y niveles de lactato de dos dígitos. Entre respiraciones entrecortadas y con voz temblorosa, cuenta su historia. Le diagnosticaron cáncer de pulmón metastásico en octubre. Tardó varias semanas en acceder a la atención médica y otras tantas en la estadificación. Su seguro médico le ha dificultado encontrar médicos y tiene problemas para encontrar quién cuide de sus hijos.
Cuando acudió a la consulta de oncología para hablar sobre la quimioterapia, descubrió que estaba embarazada, por lo que le dijeron que debía interrumpir el embarazo o posponer el tratamiento. No está claro qué se habló, si es que se habló alguna, sobre la viabilidad del embarazo, y mucho menos sobre su propia esperanza de vida. No puedo imaginar los pensamientos que le invadieron.
¿Qué creencias y expectativas personales la guiaron? ¿Qué sentimientos de amor y culpa la impulsaron? Lo único que sé es que no la culpo por su posterior indecisión; ya han pasado cuatro semanas desde esa consulta y aún no ha visto a un obstetra. Su hígado y riñones están fallando, necesitamos su consentimiento y un trasplante de órganos urgentemente, y estamos lidiando con la complicación del embarazo.
Ahora, el nivel de β-hCG es bajo, en el rango de la adolescencia, y no ha variado en un mes. Han pasado algunos años desde que presenté mis exámenes Step, pero una búsqueda en PubMed confirma mi sospecha: un porcentaje considerable de cánceres de pulmón de células pequeñas pueden causar elevaciones leves de β-hCG. Una consulta rápida con ginecología nos tranquiliza: la paciente no está embarazada y el tratamiento puede continuar sin pruebas invasivas. Le transmito esta información a Cassie con delicadeza. Aunque está sorprendida, su expresión de dolor se transforma en alivio. Parece liberarse de la culpa. Ahora está más decidida; le gustaría comenzar la quimioterapia durante este ingreso.
A continuación, llamo a su contacto de emergencia, su novio, Dion. Lleva días insistiendo en que busque atención médica. Aun así, parece algo sorprendido cuando le digo que es hora de emprender el viaje de dos horas hasta nuestro hospital; Cassie podría no reaccionar al amanecer. Cuando llega, justo antes del cambio de turno, revisamos el estado de Cassie. Me cuenta sobre su vida juntos, cómo se conocieron hace años, cómo ella ya tenía tres hijos pequeños, cómo él se ha convertido en su padrastro en todos los sentidos, excepto en el oficial. Solo tiene una pregunta: ¿Hay alguien que pueda oficiar una boda?
Regreso por la noche del día de Navidad. La pareja ha elegido un capellán. La secretaria de la unidad ha preparado unas sencillas decoraciones de papel. Dos amigos de la pareja esperan en la habitación. Justo antes de medianoche, después de que los demás pacientes se hayan acostado, una docena de empleados se abren paso entre la máquina de diálisis, los soportes de suero y el calentador externo que rodea la cama de Cassie. Dion, a la cabecera, le toma la mano durante toda la ceremonia.
Es la sexta y última boda a la que asisto ese año, y resulta sorprendentemente rutinaria. El capellán, con su marcado acento, comienza reconociendo nuestro papel como congregación de testigos. Luego lee el pasaje bíblico seleccionado (el Libro del Génesis). El sermón es una disertación hermenéutica inesperada sobre la creación de Eva a partir de la costilla de Adán, una interpretación lingüísticamente débil, en el mejor de los casos. Me pregunto hasta qué punto Cassie podrá servir a su nuevo esposo, como sugiere el predicador. ¿Es esto realmente relevante? ¿Acaso no se sabe leer el ambiente? Pero Cassie, entre adormiladas, sonríe radiante. Dion parece flotar. Durante esta breve ceremonia no se menciona la condición de Cassie. Por un instante, dejamos de lado la realidad que impregna la sala y simplemente presenciamos el amor de dos personas.
La enfermera toca la música de salida elegida por Dion, y el personal sale en fila.
El día después de Navidad, llego para el relevo y me entero de que Cassie ha fallecido esa tarde. Fue mi esposa durante apenas 15 horas. No sé qué fue de Dion ni si consiguió la tutela de sus hijastros. Solo sé que él y Cassie se querían. El escritor Stephen Bergman (más conocido como Samuel Shem) describe el privilegio de la medicina como el de ser testigo de los dos grandes temas de la literatura humana: el amor y la muerte. Cuando la muerte es tan prominente, es fácil pasar por alto el amor. Sin embargo, ninguna otra profesión ofrece tal cercanía a ambos. «Qué afortunados somos», escribe .
La formación médica, a diferencia de la muerte, no es eterna. Al final de la semana, termino mi último turno en la UCI. Ya no temo olvidar a los pacientes que he perdido, porque otras cosas también son eternas. El amor por la pareja. El amor por los hijastros. El amor de una madre. Un amor que llena los vacíos.
Los hospitales del futuro deben adaptarse a la evolución de las necesidades de la población, los nuevos modelos de atención, la innovación tecnológica, el diseño y las normas de planificación. Esta perspectiva multidisciplinaria explora cómo los hospitales pueden abordar estos desafíos, al tiempo que enfatiza su papel dentro de los sistemas de salud y de asistencia social más amplios (Sebire et al., 2025a; 2025b).
Factores convergentes impulsan esta transformación: las lecciones de la pandemia de COVID-19, el envejecimiento demográfico, la transición epidemiológica hacia enfermedades crónicas no transmisibles, la escasez y reconfiguración del personal de salud, y el crecimiento exponencial de los datos clínicos. No aprovechar las oportunidades corre el riesgo de comprometer la capacidad futura de los sistemas de salud para satisfacer la demanda y responder a las emergencias.
Factor
Cambio que impulsa en el hospital
Transición epidemiológica y envejecimiento
Desplaza el eje del episodio agudo hacia la trayectoria crónica y la multimorbilidad.
Innovación tecnológica
Robótica, endoluminal, biológicos y medicina de precisión: mejores resultados, mayor costo unitario.
Costos y financiamiento
Empuja hacia modernización selectiva y esquemas de inversión alternativos al reemplazo total.
Transferencia de riesgo financiador-prestador
Convierte la eficiencia y la calidad en condición de sostenibilidad financiera.
Exigencias legales y regulatorias
Códigos constructivos y digitalización administrativa encarecen estructuralmente cualquier obra.
Resistencia antimicrobiana
Antibióticos de última línea más caros y rediseño de infraestructura de aislamiento.
Recursos humanos: disponibilidad y costo
Escasez estructural, recambio generacional y encarecimiento de la dotación.
Interoperabilidad y gobernanza del dato clínico
Exige estándares comunes e integración de la información entre niveles de atención.
Salud mental y bienestar de la fuerza laboral
El burnout erosiona la calidad asistencial y multiplica el costo de rotación.
Equidad de acceso
La brecha rural-urbana condiciona el diseño de la red y la disponibilidad de especialistas.
Transición epidemiológica y envejecimiento demográfico
La transición epidemiológica redefine la lógica misma de la organización asistencial. El hospital, pensado originalmente para el episodio agudo, debe reorganizarse para acompañar trayectorias de enfermedad crónica y pacientes con multimorbilidad, lo que incrementa la complejidad y el costo promedio por egreso y obliga a integrar la estructura de agudos con niveles ambulatorios y domiciliarios que absorban la carga estable.
El envejecimiento poblacional agrava esta presión desde un doble ángulo: por un lado, incrementa la proporción de pacientes con múltiples condiciones crónicas simultáneas, lo que eleva los recursos requeridos por admisión y por consulta; por otro, desplaza el financiamiento hospitalario hacia esquemas de cobertura pública con menor reembolso relativo, lo que combina mayor demanda con menor ingreso marginal por prestación. La dinámica de «más pacientes, pacientes más complejos» descripta por la American Hospital Association (2026) sintetiza este fenómeno: el hospital debe hacer más, para pacientes más complejos, con un financiamiento que no siempre acompaña ese incremento de complejidad.
Innovación tecnológica: imagenología, robótica, endoluminal, medicamentos biológicos y medicina de precisión
La innovación tecnológica opera en dos frentes simultáneos. Por un lado, la imagenología, la robótica quirúrgica y las plataformas endoluminales —ambas en franca expansión de mercado y adopción— reducen estadías, complicaciones y tiempos de recuperación, y desplazan procedimientos antes reservados a la internación hacia esquemas ambulatorios y centros distribuidos de menor escala (MedTech Dive, 2026; The Business Research Company, 2026).
Por otro lado, el avance de los biológicos y la medicina de precisión modifica la estructura del gasto farmacéutico hospitalario, con una migración sostenida hacia oncología de precisión, inhibidores de checkpoint y conjugados anticuerpo-fármaco, cuyo costo unitario crece más rápido que el volumen de pacientes tratados (PharmExec, 2026; Scarpelli, 2026). Los biosimilares aparecen como principal mecanismo de mitigación, aunque persiste el riesgo de una brecha de competencia a medida que numerosos biológicos originales pierdan su exclusividad en la próxima década (AJMC, 2026).
A esto se suma una tendencia de descentralización que atraviesa toda la innovación tecnológica: los fabricantes de robots quirúrgicos y de plataformas endoluminales orientan cada vez más su estrategia comercial hacia centros de cirugía ambulatoria y hospitales de menor escala que aún no cuentan con programa propio, mediante equipos más compactos, portátiles y de instalación más rápida (MedTech Dive, 2026; Noah Medical, 2025). En paralelo, la medicina de precisión exige capacidad diagnóstica molecular —secuenciación, biomarcadores— disponible en red y no solo en el centro de referencia, y una farmacia clínica especializada en gestionar terapias de altísimo costo unitario y bajo volumen. El resultado es un hospital que necesita menos infraestructura de internación de agudos pero más capacidad diagnóstica y logística distribuida en toda la red asistencial.
Aumento de costos y restricciones de financiamiento
El aumento sostenido de los costos y las dificultades de financiamiento empujan a los hospitales hacia una modernización selectiva —renovación dirigida, esquemas modulares, traslado de la baja complejidad a dispositivos ambulatorios y comunitarios— en lugar de la expansión o el reemplazo total de infraestructura (Healthcare Facilities Today, 2025).
Esta modernización selectiva se instrumenta cada vez más a través de planes de capital de largo plazo —hojas de ruta de diez a quince años que priorizan proyectos de retorno rápido antes que las inversiones de mayor horizonte—, complementados con contratos de desempeño energético y esquemas público-privados que reducen la carga de capital propio (Healthcare Facilities Today, 2025). A la presión de la obra civil se suma un nuevo centro de costo no clínico pero indispensable: solo en concepto de ciberseguridad, los hospitales en EE.UU. destinaron sumas del orden de los USD 30.000 millones en 2025 para proteger sistemas, datos y continuidad operativa (American Hospital Association, 2026), un gasto que compite por el mismo presupuesto de capital que la renovación edilicia o la incorporación tecnológica clínica.
Transferencia de riesgo: los contratos entre financiadores y prestadores
A la presión de costos se suma la transferencia de riesgo desde los financiadores hacia los prestadores mediante contratos de pago modulado, por desempeño, pago agrupado o riesgo compartido: bajo estos esquemas, la eficiencia y la calidad prestacional dejan de ser objetivos declarativos de gestión para convertirse en condición de sostenibilidad financiera del propio prestador, que asume total o parcialmente la diferencia entre el costo real de la atención y el monto pactado (EY-Parthenon, 2026; Fierce Healthcare, 2025). La evidencia disponible matiza, sin embargo, el optimismo sobre estos modelos: los esquemas de riesgo no garantizan por sí solos una reducción de la atención de bajo valor, y exigen capacidades reales de gestión clínica —coordinación, estratificación de riesgo, seguimiento longitudinal— para traducirse en resultados (Schwartz et al., 2025).
El pago agrupado es el ejemplo más claro del cambio de incentivos: en un reemplazo de cadera o rodilla, un único pago cubre desde la consulta prequirúrgica hasta la rehabilitación postoperatoria a noventa días, de modo que si el prestador entrega la atención por debajo de ese monto conserva la diferencia, y si sus costos lo superan, absorbe la pérdida (RiverAxe, 2026). Modelos obligatorios recientes profundizan esta lógica: el programa TEAM de los Centros de Medicare y Medicaid Services extiende el riesgo compartido a la atención quirúrgica episódica, con un período inicial de riesgo unilateral que da paso, hacia fines de 2026, a un esquema de riesgo bilateral pleno (Milliman, 2026). Para el hospital, tratar estos programas como un mero requisito de documentación administrativa es la estrategia perdedora; tratarlos como una palanca de rediseño clínico y de alianzas de red es lo que permite mejorar márgenes y resultados de manera simultánea.
Exigencias legales y regulatorias
Las exigencias legales y regulatorias agregan una capa de cumplimiento normativo que encarece de manera estructural cualquier obra nueva, remodelación o actualización tecnológica.
La digitalización regulatoria tiene su propio cronograma de exigencia: los procesos de autorización previa, todavía en buena medida manuales y basados en papel, deben migrar hacia interfaces programáticas estandarizadas (API FHIR) con plazos de cumplimiento que se escalonan entre 2025 y 2027 (HealthEdge, 2025), lo que constituye en sí mismo un proyecto de inversión tecnológica no clínica. A esto se suma el costo regulatorio-legal por exposición a litigios: se estima que los costos asociados a la mala praxis representan cerca del 2,4% de todo el gasto sanitario —unos USD 135.000 millones en 2025 solamente en Estados Unidos—, con un efecto adicional sobre la práctica de medicina defensiva y sobre el encarecimiento de las primas de seguro (American Hospital Association, 2026).
La emergencia de bacterias multirresistentes constituye otro factor de presión creciente sobre el gasto y el diseño hospitalario. La resistencia antimicrobiana incrementa de forma significativa el costo por episodio de internación —a nivel global, la carga hospitalaria atribuible a la resistencia antibacteriana asciende a un valor medio estimado de USD 693.000 millones anuales (estudio de modelización OMS/BMJ, 2025)— y obliga a incorporar antibióticos de última línea, de precio considerablemente más elevado que los tratamientos convencionales, al tiempo que exige fortalecer los programas de uso racional de antimicrobianos y revisar el diseño arquitectónico —aislamiento, presión negativa, circulación diferenciada— como requisito y no como complemento opcional.
El grueso de esta carga se concentra en un grupo relativamente acotado de patógenos —los llamados ESKAPE (Enterococcus faecium, Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumannii, Pseudomonas aeruginosa y especies de Enterobacter)—, responsables de las principales infecciones intrahospitalarias graves: neumonía, infecciones del sitio quirúrgico, bacteriemias y sepsis (Rudrapal y Estrada-García, 2026). Se estima que las infecciones resistentes a múltiples fármacos causan más de 1,2 millones de muertes atribuibles por año a nivel mundial, con la tuberculosis multirresistente como el cuadro de mayor costo hospitalario por caso —de USD 3.000 en contextos de bajos ingresos hasta USD 41.000 en países de altos ingresos— (estudio de modelización OMS/BMJ, 2025). El mismo estudio calcula que las vacunas bacterianas en desarrollo podrían evitar entre un 30% y un 40% de esos costos hospitalarios y de productividad laboral, lo que sitúa a la prevención —y no solo al antibiótico de rescate— como parte integral de la estrategia hospitalaria frente a la resistencia.
Recursos humanos en salud: disponibilidad y costo
La disponibilidad y el costo del recurso humano en salud configuran un factor transversal a todos los anteriores. La escasez estructural de personal de enfermería y médico, agravada por el recambio generacional y la desigual distribución territorial entre zonas urbanas y rurales, coexiste con un encarecimiento sostenido de la dotación —producto de la dependencia de personal temporario y de los costos asociados a la rotación—, lo que empuja a los sistemas hospitalarios hacia estrategias de retención, redistribución de funciones y tercerización de tareas no clínicas (Health Catalyst, 2025; TNAA, 2025; Locum Tenens, 2025).
El recambio generacional agrava el problema en ambos extremos de la pirámide profesional: mientras una parte significativa de la fuerza de enfermería y de la médica se acerca al retiro en los próximos años, el ingreso de nuevos profesionales no logra compensar ese egreso, en parte por restricciones de capacidad formativa —cupos limitados en las escuelas de enfermería por falta de docentes y de recursos— y no solo por falta de interés vocacional (TNAA, 2025). El correlato salarial es directo: los costos de dotación crecieron de forma sostenida en los últimos años, con salarios ofrecidos a personal de enfermería que para conseguir estabilizar planteles debe ser por encima del convenio, y la complejidad de pacientes exige que los enfermeros se hagan cargo de menos pacientes, por su complejidad y la carga de trabajo, los denominados costos laborales que en argentina son del 47}% del salario, lo que refleja tanto la escasez de oferta como la competencia entre instituciones por captar y retener al personal disponible (American Hospital Association, 2026).
Interoperabilidad y gobernanza del dato clínico
El crecimiento exponencial de los datos clínicos no se resuelve solo con más almacenamiento: exige que la información viaje con el paciente entre niveles de atención, bajo estándares comunes de intercambio como HL7 FHIR. Distintos países de la región están avanzando en esta dirección mediante mecanismos nacionales de interoperabilidad de la historia clínica electrónica, que buscan evitar la repetición de estudios y antecedentes cada vez que el paciente cambia de institución o de nivel de complejidad. Para el hospital, esto implica una inversión sostenida en infraestructura de integración e interoperabilidad —no solo en el sistema propio— y una gobernanza clara sobre calidad, seguridad y confidencialidad del dato compartido.
El caso de Colombia ilustra el tipo de exigencia regulatoria que se está generalizando: la Resolución 1888 de 2025 adoptó el Resumen Digital de Atención en Salud como documento electrónico obligatorio bajo el estándar FHIR, con un cronograma de implementación progresivo según el tipo de prestador y con la exigencia de conservar, en paralelo, la custodia de la historia clínica completa en cada institución (Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, 2025-2026). Este tipo de mandato traslada la interoperabilidad de ser una decisión estratégica optativa a una obligación normativa con fecha de vencimiento, lo que obliga a los hospitales a planificarla con la misma prioridad presupuestaria que una obra edilicia o la incorporación de equipamiento crítico.
Salud mental y bienestar de la fuerza laboral
El burnout del personal de salud dejó de ser un problema individual para convertirse en un factor estructural de la transformación hospitalaria. Los relevamientos más recientes ubican la prevalencia de agotamiento entre el personal de salud muy por encima de la de otros sectores, con impacto directo sobre la calidad asistencial: se ha documentado una asociación entre mayor burnout de enfermería y mayores tasas de mortalidad hospitalaria, además de más errores de medicación y caídas. El fenómeno también tiene un correlato económico considerable, con costos de rotación por médico que pueden superar el medio millón de dólares y con el agotamiento como una de las principales causas de abandono de la profesión. Esto obliga a incorporar el bienestar de la fuerza laboral como una dimensión explícita del diseño organizacional del hospital del futuro, y no como una iniciativa accesoria de recursos humanos.
Parte de la carga administrativa es identificable y, por lo tanto, reducible por diseño: se estima que la sobrecarga de tareas administrativas explica alrededor de una cuarta parte de la variación del puntaje de burnout médico, y que por cada hora de atención directa al paciente los médicos destinan otras dos horas a tareas de registro en la historia clínica electrónica (StatPearls/NCBI, 2026). Más de la mitad del personal de salud en relevamientos recientes declara intención de cambiar de empleo en el corto plazo (RGER, 2026), lo que retroalimenta directamente la escasez de recursos humanos descripta en la sección anterior: el burnout no es solo una consecuencia de la falta de personal, sino también una de sus causas.
Equidad de acceso
La brecha entre la disponibilidad de especialistas en zonas urbanas y rurales condiciona de manera directa el diseño de la red asistencial: la escasez proyectada de médicos en áreas no metropolitanas es sustancialmente mayor que en los centros urbanos, lo que erosiona el acceso oportuno a la atención especializada en las regiones menos densamente pobladas. El hospital del futuro debe, por lo tanto, pensarse como un nodo dentro de una red territorial —articulado con telemedicina, centros de referencia y mecanismos de derivación— y no como una unidad autosuficiente, si se pretende sostener la equidad de acceso frente a una distribución del recurso humano y tecnológico estructuralmente desigual.
Frente al riesgo de cierre de servicios en zonas de baja escala, algunos sistemas de salud están instrumentando figuras intermedias como el hospital rural de emergencias, que concentra recursos en la atención de urgencia esencial en lugar de sostener una oferta de internación general que ya no resulta viable, junto con programas específicos de transformación y financiamiento rural (McDermott Will & Emery, 2026).
La combinación de telemedicina, monitoreo remoto y atención domiciliaria —hospital-at-home— aparece como la vía más consistente para extender el alcance de la especialización sin replicar infraestructura de agudos en cada punto de la red, siempre que se resuelvan antes las barreras de conectividad y de financiamiento que hoy limitan su escalabilidad en los territorios de menor densidad poblacional.
El hospital del pasado al presente
Históricamente, el diseño de los hospitales se ha mantenido estático, con cambios incrementales o respuestas a las crisis como máximo, carente de estrategias a largo plazo y produciendo diseños obsoletos con salas, laboratorios y quirófanos que funcionan de forma independiente. En la Argentina y en gran parte de Latinoamérica esta descripción sigue siendo parcialmente vigente: muchos hospitales tienen tecnología de última generación, pero no han modificado sus procesos ni sus flujos de información, siendo «viejos» con equipamiento moderno.
La digitalización en el sistema de salud comenzó hace dos décadas de forma desordenada y lenta: primero con la historia clínica digital inconexa, luego con los equipos de imágenes de alta tecnología, después con la trazabilidad de medicamentos, la receta electrónica, las autorizaciones en línea y la teleconsulta durante la pandemia. Ahora estamos frente al desafío de relacionar todos estos equipos y tecnologías en los modernos hospitales para ver dónde están los pacientes, qué necesitan, cuáles son sus resultados; el funcionamiento del edificio inteligente; los domicilios protegidos de los pacientes más complejos; la seguridad; y los objetivos estratégicos acordados.
El hospital como Hub del sistema de salud
El hospital del futuro no será el centro del sistema sino un Hub dentro del sistema de salud, interactuando fuertemente con otros establecimientos y dispositivos, con identificación de la necesidad expresada de los ciudadanos. Gran parte de la atención de rutina se descargará fuera de las instituciones, pero los hospitales, por varias décadas, seguirán teniendo un papel crucial para atender a pacientes cada vez más enfermos y con patologías que muchas de ellas eran previamente mortales.
Los hospitales adoptarán nuevos roles centrados en la prevención de enfermedades, los cuidados intensivos y las necesidades quirúrgicas de alto rendimiento. El concepto de Point of Care se ha extendido dentro y fuera de las paredes de los establecimientos sanitarios y, gracias a los servicios remotos y de telesalud, ahora incluye a los propios pacientes, estén donde estén.
El Hospital Smart, Verde, Líquido y Cognitivo El hospital del futuro será Smart (inteligente, con procesos interoperables y manejo de datos), Verde (sostenible, con emisiones netas cero), Líquido (sin fronteras rígidas, extendido al hogar y la comunidad) y Cognitivo (una organización que aprende, procesa información y se adapta continuamente). Estas cuatro dimensiones son complementarias y deben desarrollarse en forma simultánea. (Díaz CA, ISALUD 2025)
Sistema de recompensa, sueño, humor y neuromodulación
Dr. Carlos Alberto Díaz
saludbydiaz.com
Fuente principal analizada Tudosie AC, Marín LM, Popa SG, Golli AL. Glucagon-like peptide-1 and dual GIP/GLP-1 receptor agonists in the brain: exploring their growing role and safety in neuropsychiatry. International Journal of Molecular Sciences. 2026;27(8):3628. Este trabajo reorganiza, sintetiza y contextualiza la evidencia de esa revisión en función de cuatro ejes de interés para la práctica clínica y la gestión sanitaria: recompensa, sueño, humor y neuromodulación general.
1. Introducción: de la homeostasis glucémica a la neurofarmacología
Durante más de dos décadas, el polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa (GIP) y el péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) fueron estudiados casi exclusivamente como mediadores del efecto incretina: hormonas intestinales liberadas tras la ingesta que potencian la secreción de insulina y regulan la glucemia posprandial. Ese marco conceptual, útil para el desarrollo de los agonistas del receptor de GLP-1 (GLP-1RA) y de los coagonistas duales GIP/GLP-1, resulta hoy insuficiente para describir el alcance real de estas moléculas.
La evidencia acumulada en la última década muestra que los receptores de GLP-1 (GLP-1R) y de GIP (GIPR) se expresan de manera amplia y funcionalmente relevante en el sistema nervioso central (SNC), en regiones que exceden largamente los centros hipotalámicos de control del apetito. Esto reposiciona a las incretinas —y a los fármacos que imitan su acción— como agentes neurofarmacológicos con capacidad de modular el circuito de recompensa, los ritmos de sueño y vigilia, el estado de ánimo y la transmisión sináptica en sentido amplio.
El objetivo de este trabajo es ordenar esa evidencia alrededor de cuatro preguntas que resultan especialmente relevantes para quienes gestionan servicios de salud y programas de prescripción de estos fármacos a gran escala: ¿qué rol cumplen las incretinas en los circuitos de recompensa y en las conductas adictivas?; ¿qué relación guardan con la arquitectura del sueño y con los trastornos respiratorios asociados a la obesidad?; ¿qué efecto tienen sobre el humor, y qué tan sólida es la señal de riesgo neuropsiquiátrico detectada en farmacovigilancia?; y, de manera más general, ¿a través de qué mecanismos de neuromodulación se explican estas acciones?
2. Fundamentos fisiológicos: síntesis, receptores y distribución central
El GIP y el GLP-1 se sintetizan en células enteroendocrinas K y L del intestino, respectivamente, y se liberan al torrente sanguíneo tras la absorción de macronutrientes. El GLP-1, en particular, deriva del procesamiento postraduccional del proglucagón por acción de la prohormona convertasa 1/3 en las células L del íleon distal y el colon, con una secreción bifásica: un primer pico rápido mediado por vías neuroendocrinas y un segundo pico más tardío por contacto directo de los nutrientes con las células L.
Lo distintivo desde la perspectiva neuropsiquiátrica es que el GLP-1 no proviene únicamente del intestino: existe una población de neuronas preproglucagón en el núcleo del tracto solitario (NTS), en el tronco encefálico, que sintetiza GLP-1 de manera local y lo proyecta directamente hacia estructuras cerebrales implicadas en el balance energético y en la recompensa. Esta fuente central, independiente de la periférica, es la que sostiene buena parte de los efectos neuromoduladores que se describen en las secciones siguientes.
El GLP-1R pertenece a la familia de receptores acoplados a proteína G de clase B y señaliza principalmente a través de la subunidad Gαs, elevando el AMPc intracelular y activando en paralelo a la proteína quinasa A (PKA) y a Epac2. La intensidad y la duración de esa señal dependen del reclutamiento de β-arrestina: un menor reclutamiento sostiene la señalización de membrana y prolonga los efectos insulinotrópicos, mientras que la vía mediada por β-arrestina activa además cascadas de MAPK (ERK, c-Src) relevantes para la supervivencia celular y la expresión génica a largo plazo. Este matiz —conocido como sesgo de señalización— explica por qué distintos agonistas, con perfiles conformacionales diferentes, no son intercambiables en términos de eficacia y perfil de efectos adversos.
Distribución anatómica de los receptores
El mapeo de GLP-1R en el SNC muestra una distribución mucho más amplia que la esperable para un simple regulador de la saciedad:
Hipotálamo: núcleos arcuato, paraventricular, dorsomedial y área lateral, centrales en el control del apetito.
Tronco encefálico: núcleo del tracto solitario, área postrema y núcleo motor dorsal del vago, vinculados a funciones autonómicas y viscerales.
Estructuras mesolímbicas: área tegmental ventral (VTA), núcleo accumbens (NAc), amígdala e hipocampo, es decir, el corazón anatómico del sistema de recompensa y de la regulación emocional.
Regiones corticales, núcleo caudado-putamen y globo pálido, asociados a función cognitiva y control motor.
Médula espinal, en particular en neuronas preganglionares simpáticas.
Esta distribución debe interpretarse con cautela metodológica: existen diferencias documentadas entre roedores y especies de orden superior en la densidad y el patrón de expresión de estos receptores, lo que limita la extrapolación directa de los modelos preclínicos a la clínica humana.
3. El sistema de recompensa: del intestino al núcleo accumbens
3.1. El circuito mesocorticolímbico
El circuito de recompensa mesocorticolímbico —VTA, NAc, amígdala e hipocampo— concentra una proporción significativa de los GLP-1R centrales. En este circuito, la señalización de GLP-1 actúa como un verdadero regulador de ganancia de la actividad dopaminérgica: atenúa los picos de liberación fásica de dopamina asociados a estímulos altamente gratificantes (en particular alimentos muy apetecibles) sin abolir el tono dopaminérgico basal. El resultado neto es una reducción de la relevancia motivacional de esos estímulos, más que una supresión generalizada del sistema de recompensa.
A nivel sináptico, la activación del GLP-1R en el VTA incrementa la transmisión glutamatérgica de tipo AMPA/kainato sobre las neuronas dopaminérgicas y modula la actividad de interneuronas locales, lo que reduce la prominencia de las señales condicionadas asociadas a la recompensa. En el NAc, un mecanismo comparable —mediado predominantemente por control glutamatérgico más que por inhibición dopaminérgica directa— incide sobre las neuronas espinosas medianas que expresan el receptor D1, con efectos sobre los procesos de deseo (craving) y de recaída.
Idea clave La señalización de GLP-1 no elimina la recompensa: la recalibra. Atenúa la hiperrespuesta dopaminérgica a estímulos muy salientes (comida ultraprocesada, alcohol, otras sustancias) preservando la función basal del circuito.
3.2. El eje intestino-cerebro y la vía vagal
La comunicación entre el intestino y el circuito de recompensa está mediada en gran medida por aferencias vagales que convergen en el NTS, donde residen las neuronas productoras de GLP-1 de origen central. Desde allí, proyecciones glutamatérgicas alcanzan el VTA y el NAc, articulando así una vía continua entre la señal metabólica periférica y el procesamiento central de la recompensa. La integridad de esta vía vagal es condición necesaria para que el efecto regulador se exprese: su interrupción experimental anula buena parte de la modulación observada. Existe además variabilidad interindividual en el tono vagal —evaluable, entre otras formas, mediante la variabilidad de la frecuencia cardíaca— que podría explicar diferencias en la respuesta clínica a estos fármacos.
3.3. Implicancias en medicina de las adicciones
Estos hallazgos sustentan una línea de investigación creciente sobre el uso de GLP-1RA en trastornos por consumo de sustancias. La semaglutida, por ejemplo, ha mostrado reducir el consumo de alcohol en modelos animales mediante alteraciones en la neurotransmisión GABAérgica central. La hipótesis de trabajo es que, al atenuar la hipersensibilización del circuito de recompensa, estos agentes podrían constituirse en una herramienta complementaria en el abordaje de conductas adictivas, un área que la propia revisión analizada señala como prioritaria para la investigación futura.
4. Sueño, ritmo respiratorio y su interacción con la adicción
Un hallazgo menos difundido, pero clínicamente relevante para la gestión de servicios de salud, es la expresión de GLP-1R en centros troncoencefálicos que gobiernan la ritmogénesis respiratoria: el NTS, el locus coeruleus y el complejo pre-Bötzinger. Estudios preclínicos muestran que la activación de estos receptores estabiliza los patrones respiratorios y mejora el impulso ventilatorio, en particular modulando las respuestas quimiosensoriales del núcleo retrotrapezoidal.
Esta acción tiene una lectura clínica directa: la obesidad y la apnea obstructiva del sueño coexisten con frecuencia, y ambas condiciones se asocian a su vez con trastornos por consumo de sustancias como el alcoholismo y la dependencia de opioides. El mapeo de GLP-1R en los centros respiratorios medulares y pontinos respalda mecanísticamente los beneficios observados en la función pulmonar y en la mortalidad asociada a la fisiopatología respiratoria de la obesidad.
A esto se suma una relación bidireccional bien documentada entre sueño y adicción: el consumo de sustancias altera la arquitectura del sueño, y los trastornos del sueño, a su vez, predisponen a la recaída y empeoran los resultados del tratamiento. La convergencia de estos tres elementos —modulación respiratoria, apnea del sueño y adicción— posiciona a los agonistas del receptor de GLP-1 como candidatos de interés para abordar trastornos del sueño vinculados al consumo de sustancias, aunque se trata todavía de un campo con desarrollo clínico incipiente.
5. Humor y riesgo neuropsiquiátrico
5.1. Mecanismos de modulación del ánimo
Más allá de la dopamina, los GLP-1R modulan de manera relevante el sistema serotoninérgico, un mediador central del procesamiento emocional en la amígdala y el hipocampo. Su activación en neuronas serotoninérgicas incrementa el recambio del neurotransmisor, con un efecto ansiolítico descrito en modelos preclínicos. Un mecanismo indirecto adicional pasa por el eje triptófano-quinurenina: en estados de inflamación asociada a la obesidad, la enzima IDO-1 se sobreexpresa y desvía el triptófano hacia la vía de la quinurenina en detrimento de la síntesis de serotonina; al reducir la carga inflamatoria sistémica, los agonistas de GLP-1 y GIP podrían restablecer parcialmente ese equilibrio.
En paralelo, estos fármacos inciden sobre la neurotransmisión GABAérgica y glutamatérgica, sistemas cuya disfunción se asocia tanto a cuadros depresivos como a deterioro cognitivo. También se ha descrito un aumento del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), relevante porque su déficit se considera un precursor habitual de la sintomatología depresiva. Los agonistas duales GIP/GLP-1 podrían tener aquí una ventaja teórica, dado que la señalización de GIP contribuye de manera independiente a la plasticidad sináptica hipocampal.
5.2. La señal de riesgo neuropsiquiátrico: qué dice la evidencia
El punto más sensible para la práctica clínica es la relación entre estos fármacos y el riesgo de depresión o ideación suicida. Los ensayos clínicos controlados de gran escala (programas SCALE y STEP, entre otros) reportan de manera consistente una incidencia baja (menor al 1%) de depresión e ideación suicida, comparable a la del placebo. Un estudio de cohorte en condiciones de vida real sobre más de 240.000 pacientes encontró, incluso, un riesgo menor de ideación suicida con semaglutida frente a otros fármacos antiobesidad no incretínicos. Tanto la FDA como la Agencia Europea de Medicamentos concluyeron, tras revisar la evidencia de farmacovigilancia disponible, que no hay sustento para una relación causal.
Sin embargo, los sistemas de notificación espontánea de eventos adversos (FAERS en Estados Unidos, EudraVigilance en Europa) sí muestran una señal estadística que no puede ignorarse: análisis de desproporcionalidad identifican categorías de eventos psiquiátricos —nerviosismo, atracones, vómitos autoinducidos, ideación e intentos de suicidio— con razones de notificación elevadas para determinadas moléculas, en particular liraglutida y semaglutida. Una proporción relevante de esos reportes involucra pacientes con uso concomitante de psicofármacos, lo que sugiere que la vulnerabilidad psiquiátrica preexistente podría explicar buena parte de la señal, sin que ello descarte por completo un efecto directo del fármaco en subgrupos específicos.
Punto de atención para la gestión clínica La discrepancia entre los ensayos controlados (señal ausente) y la farmacovigilancia del mundo real (señal presente pero no causal confirmada) recomienda un monitoreo activo del estado de ánimo durante el primer mes de tratamiento, en especial en pacientes con antecedentes psiquiátricos.La ficha técnica estadounidense de liraglutida incluye advertencia específica sobre depresión e ideación suicida; el equivalente europeo, no. Esta asimetría regulatoria es un dato relevante para protocolos institucionales de prescripción y consentimiento informado.
6. Neuromodulación integrada: hacia un modelo unificado
Los cuatro ejes descritos —recompensa, sueño, humor y neurotransmisión general— no son compartimentos independientes, sino expresiones distintas de un mismo fenómeno: la integración central de una señal metabólica periférica dentro de circuitos neuronales que gobiernan el comportamiento motivado, el estado de alerta y el procesamiento afectivo. El sustrato común es la amplia distribución de GLP-1R (y, en menor medida, GIPR) en estructuras que comparten conectividad —NTS, VTA, NAc, amígdala, hipocampo, corteza prefrontal— y que utilizan como moneda común la modulación de dopamina, serotonina, GABA y glutamato.
Esta misma amplitud de acción es la que sustenta el interés en el potencial neuroprotector de estos fármacos frente a la enfermedad de Parkinson y la enfermedad de Alzheimer, mediante la mejora de la señalización insulínica cerebral, la reducción de la neuroinflamación y el apoyo a la neuroplasticidad. La evidencia clínica en este terreno es todavía heterogénea —un ensayo de fase 3 con exenatida no mostró beneficio significativo frente a placebo en enfermedad de Parkinson, mientras que el ensayo LIXIPARK con lixisenatida sí mostró una modesta ralentización de la progresión motora— lo que subraya que la traducción de la neuroprotección preclínica a resultados clínicos definitivos sigue siendo un desafío abierto.
7. Consideraciones para la práctica y la gestión clínica
Incorporar el tamizaje sistemático del estado de ánimo (por ejemplo, con una escala breve validada) al inicio y durante el primer mes de tratamiento con GLP-1RA, en especial en pacientes con antecedentes psiquiátricos o bajo psicofármacos concomitantes.
Considerar la coexistencia frecuente de obesidad, apnea obstructiva del sueño y trastornos por consumo de sustancias como un fenotipo clínico donde estos fármacos podrían aportar un beneficio que excede el control glucémico y ponderal.
Diferenciar, al informar a los equipos asistenciales, entre la evidencia de ensayos controlados (tranquilizadora) y la señal de farmacovigilancia (presente, no causal, pero clínicamente accionable en términos de seguimiento).
Anticipar, en la planificación de programas asistenciales, un uso creciente de estos fármacos con indicaciones que exceden la diabetes y la obesidad, lo que exige protocolos de seguimiento neuropsiquiátrico y no solo metabólico.
8. Conclusiones
El GLP-1 y los agonistas duales GIP/GLP-1 dejaron de ser, desde el punto de vista fisiológico, simples reguladores de la glucemia posprandial. La evidencia revisada muestra una participación activa y anatómicamente sustentada en la modulación del sistema de recompensa, en la estabilización de los ritmos respiratorios con impacto potencial sobre el sueño, y en la regulación del estado de ánimo a través de múltiples sistemas de neurotransmisores.
El desafío que se abre para la práctica clínica y la gestión sanitaria es doble: por un lado, capitalizar este potencial neuromodulador —en particular en medicina de las adicciones y en neuroprotección— y, por otro, sostener un monitoreo activo del riesgo neuropsiquiátrico individual, sin que la ausencia de causalidad demostrada a nivel poblacional se traduzca en desatención del caso clínico particular.
Referencia
Tudosie AC, Marín LM, Popa SG, Golli AL.Glucagon-like peptide-1 and dual GIP/GLP-1 receptor agonists in the brain: exploring their growing role and safety in neuropsychiatry.International Journal of Molecular Sciences. 2026;27(8):3628. https://doi.org/10.3390/ijms27083628
Documento elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como apoyo de redacción y edición, bajo supervisión científica del Dr. Carlos Alberto Díaz.
Editorial — Dr. Carlos Alberto Díaz | Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud, Universidad ISALUD
Hay momentos en la vida de las instituciones en que el diagnóstico ya no alcanza. Se puede seguir describiendo el deterioro con la precisión de un informe técnico, se pueden alinear cifras, comparar sistemas, citar la literatura, y aun así quedarse corto frente a lo que realmente está pasando: esta no es una crisis más del sistema de salud argentino. Es el cierre de una época. La época del aseguramiento social solidario, la del «todos cubiertos, todos iguales», se está terminando ante nuestros ojos, en silencio, sin que nadie la haya decretado, sin que nadie se haga cargo.
Quienes trabajamos en el interior del sistema —en la gestión, en la clínica, en la provisión, en la prestación, en la auditoría, en las redes, en la docencia— lo sentimos en el cuerpo antes que en los números. Se vacía en una letanía dolorosa y generadora de muertes evitables. No de un día para el otro, sino con la lentitud de lo que se drena por una fisura que nadie quiere ver. Y como en todo fin de época, hay ganadores y hay perdedores. Conviene decirlo sin eufemismos, empezando por quienes más tienen que perder: los pacientes. Tengo la sensación de la parabola de la rana hervida. No podremos salvarnos.
Los pacientes primero?: ¿la salud como privilegio de cartera?
La verdad incómoda que este editorial no va a esquivar es la siguiente: hoy, en la Argentina, tener un prepago —o una obra social de las que todavía funcionan como tales— es tener acceso a un buen servicio de salud. No tenerlo es entrar en una fila. Esa fila tiene nombre: lista de espera visible y oculta. Y esa lista de espera tiene consecuencias clínicas concretas, no administrativas: más infartos que llegan tarde al balón, más accidentes cerebrovasculares sin ventana terapéutica, más insuficiencias renales que debieron prevenirse, más cirugías que se posponen hasta que el paciente empeora. El sistema no lo va a anunciar en un comunicado. Simplemente va a ocurrir, prestación por prestación, turno por turno. Y la respuesta institucional frente a eso, hay que decirlo también, va a ser la de siempre: nada. Ninguna épica, ninguna reforma de fondo, solo la administración silenciosa de la escasez.
La pregunta que el sistema evita Si el acceso a un buen resultado clínico depende cada vez más de la cobertura que uno puede pagarse, ¿en qué sentido seguimos llamando «sistema de salud» a lo que en los hechos ya funciona como un mercado segmentado por capacidad de pago?
Un archipiélago sin timón: fragmentación y federalismo sanitario
El sistema argentino nunca fue uno solo. Es, y siempre fue, un archipiélago: subsector público, subsector privado, obras sociales nacionales, obras sociales provinciales, PAMI, cada uno con su lógica de financiamiento, su padrón, sus reglas. Ya en 2011, el informe conjunto del PNUD, la OPS/OMS y la CEPAL sobre la trayectoria de largo plazo del sistema de salud argentino identificaba esta fragmentación como el obstáculo estructural central, distinguiendo tres planos que se superponen: la fragmentación de derechos, la regulatoria y la territorial (PNUD, OPS/OMS y CEPAL, 2011). Más de una década después, la propia CEPAL y la OPS siguen señalando la subfinanciación crónica y la segmentación como los rasgos que persisten en los sistemas de salud de la región, la Argentina incluida (CEPAL y OPS, 2024).
El federalismo sanitario, que en el papel debería ser una fortaleza — por la adaptación local, cercanía con la comunidad—, en la práctica es un obstáculo casi insalvable para cualquier intento de uniformizar cobertura, calidad o acceso. Veinticuatro jurisdicciones, veinticuatro sistemas de salud de facto. A esto se suma una segunda fragmentación, interna a cada subsector: apenas un puñado de obras sociales concentra una porción desproporcionada de los aportes del sistema, mientras la mayoría opera con escalas demasiado pequeñas para sostener economías de escala (Díaz, 2026a). Cuando el managed care de las obras sociales empieza a ceder —y está cediendo—, no hay una red de contención nacional que absorba la caída. Cada jurisdicción cae a su manera, y a su propia velocidad. En el interior la situación es cada vez más compleja. En el interior, la mayoría de las clínicas están cortando los servicios por falta de pago, de las obras sociales y el Pami. Estos pacientes van al hospital. El hospital factura. Pero ese crédito por prestaciones en general no se puede cobrar. El endeudamiento crece. Se producen dificultades en el acceso de los pacientes sin cobertura formal.
La ecuación que no cierra: salarios, empleo y recaudación
La seguridad social argentina se financia con aportes y contribuciones sobre el salario formal, exactamente el esquema que el propio Estado documenta en sus estudios sobre financiamiento de los subsistemas de seguridad social (ANSES, Observatorio de la Seguridad Social, s.f.). Es una ecuación que dependía de dos variables que hoy están en baja: el salario real y el empleo registrado. La Argentina, además, financia esa cobertura con una cuña fiscal laboral que se ubica por encima de la mayoría de los países de la OCDE, lo que encarece la creación de empleo formal justo cuando más se lo necesita para sostener la recaudación (OCDE, 2025). Cuando salario real y empleo formal caen, la recaudación de las obras sociales cae con ellos, mientras el costo del programa médico obligatorio —lo que hay que cubrir por ley— no baja al mismo ritmo. El resultado es aritmética pura: la recaudación queda por debajo del costo de la cobertura que se debe garantizar. Y esa diferencia no desaparece, se traslada. Se traslada al bolsillo del afiliado, que paga cada vez más de su salud aun estando «cubierto». Y se traslada, cuando el bolsillo ya no alcanza, al sector público, que recibe pacientes derivados desde un sistema que se supone solidario, sin recibir a cambio el financiamiento que esa derivación implica.
El presupuesto público, mientras tanto, no es un colchón infinito: depende de la recaudación fiscal, que cae en la misma proporción en que cae la actividad económica. El círculo se cierra sobre sí mismo: menos empleo formal, menos aportes, menos recaudación fiscal, menos presupuesto público, más gasto de bolsillo, más pacientes sin cobertura efectiva. Cada eslabón empuja al siguiente hacia abajo.
Hay un capítulo dentro de esta ecuación que merece mención aparte, porque agrava por sí solo el desfinanciamiento de las obras sociales: la incorporación obligatoria de los monotributistas al sistema. El aporte que un monotributista destina a su cobertura de salud ronda hoy los 19.750 pesos, apenas el veintidós por ciento de lo que cuesta financiar el Programa Médico Obligatorio. La propia Confederación General del Trabajo lo ha planteado en estos términos en su diagnóstico sobre la situación de las obras sociales, señalando que el aporte de los monotributistas es varias veces inferior al costo real del PMO y que, además, quienes ingresan por esta vía suelen presentar una carga de enfermedad igual o mayor a la de los afiliados que aportan por relación de dependencia (CGT, 2026). El resultado no es un detalle contable: cada monotributista que se suma al padrón sin que su aporte cubra el costo de su propia cobertura empuja hacia abajo la cápita media del conjunto de la obra social, obligándola a financiar esa diferencia con lo que aportan los afiliados formales. Es, en los hechos, otra forma en que la solidaridad del sistema se transforma en subsidio cruzado no reconocido, silencioso y creciente.
PAMI: el síntoma más visible de un mal estructural
El PAMI no es una anomalía aislada: es el síntoma más visible de un mal estructural, porque concentra en un solo organismo todas las tensiones del resto del sistema. Déficit crónico, dificultad creciente para sostener prestaciones, una población beneficiaria que envejece y demanda más justo cuando el financiamiento demanda menos. No hay indicios de que esa tensión se resuelva sola, ni de que exista hoy una decisión política de resolverla de fondo.
El mercado de medicamentos: la negociación que no tenemos
A esta ecuación financiera ya insostenible se le suma un factor que la agrava sistemáticamente: el costo de los medicamentos. Cada vez se usan más fármacos, y los que sustituyen a los anteriores son, sistemáticamente, más costosos. El estándar internacional de veinte años de protección de patente (ADPIC/TRIPS) ya es, de por sí, un plazo largo frente a la necesidad de acceso; en la práctica argentina, además, el tiempo efectivo de exclusividad se ha extendido en los últimos años en lugar de acortarse (CAEME, 2024), postergando el ingreso de genéricos que aliviarían la presión sobre el gasto.
Y cuando la Argentina intenta correr ese límite, aunque sea un poco, la respuesta de los intereses comerciales globales —con Estados Unidos a la cabeza— no es la negociación: es la presión. Los criterios de patentabilidad relativamente restrictivos que el país adoptó para limitar extensiones monopólicas abusivas y favorecer el acceso a genéricos están hoy bajo una presión internacional creciente para alinearse con estándares más favorables a las corporaciones multinacionales (Fundación Soberanía Sanitaria, 2026). El acuerdo comercial reciente entre la Argentina y Estados Unidos exige, entre otras cosas, extender los plazos de exclusividad de datos y habilitar prórrogas adicionales sobre los veinte años estándar de patente, lo que retrasa aún más el acceso a genéricos y sostiene precios altos (Asociación Acceso Justo al Medicamento, 2026; Díaz, 2026b). Se recupera la posición ganada y se vuelve a presionar. No tenemos, hoy, poder de negociación real frente a esa dinámica. Y sin ese poder, cada actualización del vademécum es, en los hechos, una transferencia de recursos desde un sistema que ya no tiene margen hacia una industria que no está dispuesta a cederlo.
Buenos resultados, mal gastados: la ineficiencia como enfermedad crónica
Conviene ser justos en el diagnóstico: la salud en la Argentina, en términos absolutos, es buena. El problema no es la ausencia de capacidad técnica ni de recursos humanos formados. El problema es que los resultados que obtenemos son sistemáticamente inferiores a los que el gasto debería producir. Se gasta más de lo que se obtiene. Esto no es una particularidad local: la Organización Mundial de la Salud estima, de manera global, que entre el veinte y el cuarenta por ciento del gasto sanitario se desaprovecha por ineficiencia, concentrado en recursos humanos mal asignados, uso irracional de medicamentos y fallas operativas en los servicios (OMS, 2010). Hay sectores del sistema argentino que se ubican en el extremo superior de ese rango, con más del treinta por ciento de ineficiencia (Díaz, 2025), un número que no es un margen de error contable sino una fuga estructural de recursos que, si se corrigiera, cambiaría por completo la conversación sobre financiamiento.
No una crisis, sino varias, a la vez
Es un error de diagnóstico —y un error político— hablar de «la» crisis del sistema de salud argentino, en singular. No hay una sola crisis: hay varias, simultáneas, que involucran a instituciones distintas y que rara vez se miran en conjunto. La ANMAT y su capacidad regulatoria. La evaluación de tecnología sanitaria, todavía incipiente frente a la velocidad de la innovación. Los laboratorios, entre la presión de precios y la de patentes. Las sociedades científicas, que deberían fijar estándares y muchas veces llegan tarde. La logística de insumos, con dificultades reales para distribuir recursos y mantener operativos a los efectores en todo el territorio. Cada una de estas crisis, por separado, sería gestionable. Juntas, y sin coordinación entre los ministerios y organismos que las administran, son la razón por la que ninguna reforma parcial alcanza.
Un endeudamiento de veinte años que nadie quiere pagar
Los efectores del sistema —hospitales, clínicas, sanatorios— arrastran un endeudamiento que en muchos casos supera las dos décadas. No es un problema de coyuntura: es estructural, y regularizarlo exigiría una reestructuración profunda de la matriz de costos que el sistema, tal como está financiado hoy, no tiene con qué costear. Las propias entidades que agrupan a estos efectores —CADIME, ADECRA+CEDIM y CONFECLISA, reunidas en CONAES— vienen advirtiendo desde hace años sobre esta situación, señalando que sus ingresos dependen de aranceles cristalizados y de condiciones financieras que les son impuestas, sin que sean ellas mismas formadoras de precios ni intermediarias económicas (CONAES, 2026). La solución obvia —que de ahora en más los efectores paguen puntualmente todas sus obligaciones impositivas y no generen deuda nueva hacia adelante— es correcta como principio y casi inaplicable como política, si no se resuelve primero la brecha entre lo que el sistema recauda y lo que el sistema necesita gastar para funcionar sin acumular pasivos.
Hacia una concentración caníbal
Si nada de esto se corrige, el destino más probable del sistema no es el colapso súbito, sino algo más lento y en cierto modo más preocupante: una concentración caníbal. Las obras sociales tal como las conocimos —con historia, identidad, arraigo sectorial— van a desaparecer, absorbidas unas por otras o simplemente vaciadas de afiliados y de sentido, sin que existan estructuras institucionales, empresas o figuras jurídicas preparadas para sustituirlas. Y cuando eso ocurra, los afiliados de las obras sociales que desaparezcan no van a tener adónde ir, porque no hay planificado ningún mecanismo de reasignación. La cobertura no se transforma: simplemente deja de estar, para quien no pueda pagarla por otra vía.
El cambio cultural, antes que el cambio normativo
La prestación pública puede mejorar. De eso no tengo dudas. Pero no va a mejorar solo con presupuesto, ni solo con una nueva ley, ni con un decreto que reordene competencias entre la Nación y las provincias. Lo primero que hay que aceptar —y esta es, quizás, la frase más difícil de todo este editorial— es que se necesita un cambio. No un ajuste, no una reforma cosmética, no una readecuación de aranceles: un cambio cultural en la forma en que el sistema entiende su propia función. Mientras sigamos discutiendo el financiamiento sin discutir el modelo de atención, la eficiencia sin discutir la gobernanza, y la cobertura sin discutir qué estamos dispuestos a garantizar como sociedad, vamos a seguir gestionando la agonía de una época en lugar de construir la que viene.
La salud, en la Argentina, se está vaciando de contenidos, de espíritu, de vocación. No porque falten profesionales dispuestos a ejercerla con vocación —los hay, y son mayoría—, sino porque el sistema que los rodea ya no les ofrece el marco institucional, financiero y regulatorio para que esa vocación se traduzca en resultados. Ese es, en definitiva, el verdadero fin de época: no el de una obra social o un prestador en particular, sino el de una forma de entender la salud como derecho garantizado que, sin una decisión política y social explícita de sostenerla, se convierte silenciosamente en un privilegio de cartera.
El aviso ya está dado. Lo que sigue depende de si, como sistema, aceptamos que hace falta cambiar, o si preferimos seguir administrando, prestación por prestación, la desaparición de lo que alguna vez quisimos construir.
Referencias
Asociación Acceso Justo al Medicamento. (2026). El acuerdo de Trump con Argentina marca un nuevo mínimo en el comercio favorable a las grandes farmacéuticas. https://accesojustomedicamento.org
Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEME). (2024). Propiedad intelectual: la normativa argentina comparada con otros países. https://www.caeme.org.ar
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y Organización Panamericana de la Salud (OPS). (2024). CEPAL y OPS llaman a priorizar la inversión en salud para reducir la desigualdad y alcanzar los ODS en América Latina y el Caribe. https://www.cepal.org
CONAES (CADIME, ADECRA+CEDIM y CONFECLISA). (2026). Declaración: Es imposible sostener el funcionamiento de las instituciones en el contexto económico actual, no pudiendo garantizar la continuidad de las prestaciones. https://cadime.com.ar
Confederación General del Trabajo (CGT). (2026). Diagnóstico sobre la situación de las obras sociales (citado en Infobae, 13 de abril de 2026). https://www.infobae.com
Díaz, C. A. (2025). Indicadores clave para evaluar el desempeño hospitalario. saludbydiaz.com.
Díaz, C. A. (2026a). Obras sociales en Argentina: fragmentación, solidaridad y rol del Estado en contextos de mercado. saludbydiaz.com.
Díaz, C. A. (2026b). Impacto del acuerdo comercial Argentina-Estados Unidos en la industria farmacéutica. saludbydiaz.com.
Fundación Soberanía Sanitaria. (2026). El Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) y su impacto en la innovación y el acceso a la salud. https://soberaniasanitaria.org.ar
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). (2025). Fortaleciendo los incentivos de formalización en Argentina: ampliar la protección social y combatir la informalidad en América Latina. https://www.oecd.org
Organización Mundial de la Salud (OMS). (2010). Informe sobre la salud en el mundo: la financiación de los sistemas de salud, el camino hacia la cobertura universal. Ginebra: OMS.
PNUD, OPS/OMS y CEPAL. (2011). El sistema de salud argentino y su trayectoria de largo plazo: logros alcanzados y desafíos futuros. Serie Aportes para el Desarrollo Humano en Argentina, N.º 6.
Superintendencia de Servicios de Salud / ANSES, Observatorio de la Seguridad Social. (s.f.). Fuentes de financiamiento de los subsistemas de la seguridad social. https://www.anses.gob.ar
Es habitual escuchar, incluso en ámbitos académicos, que en la Argentina no hay racismo, que hay conductas racistas aisladas, que algunas personas son racistas, entonces suponemos que porque algunos que ven solo futbol en los mundiales, vinculan inconexamente conductas aisladas con racismo. Otros dicen que somos clasistas, más que racistas. Somos racistas sociales –a diferencia de otros países de la región– la discriminación se explica más por la clase social que por la etnia:que el prejuicio hacia el pobre pesa más que el prejuicio hacia el indígena, el afrodescendiente o el migrante limítrofe. La literatura sociológica y antropológica más consolidada sobre el tema, sin embargo, sugiere que esa forma de plantear la cuestión invierte los términos del problema. No se trata de dos fenómenos que compiten por explicar la discriminación, sino de un único dispositivo histórico en el que la clase social funciona, en la Argentina, como el lenguaje a través del cual se nombra –y al mismo tiempo se niega– la etnia y la raza.
Cuatro autores resultan centrales para entender este mecanismo: Alejandro Grimson, quien documentó la existencia de un «racismo sin razas» montado sobre la desetnicización de las clases populares; Mario Margulis y Marcelo Urresti, quienes acuñaron la noción de «racialización de las relaciones de clase» a partir de un extenso trabajo empírico en Buenos Aires; y Rita Segato, que aportó el marco teórico más ambicioso al analizar la «no-blancura» latinoamericana y la dificultad estructural para «nombrar la raza».
2. Grimson: la oscilación entre la negación y el reconocimiento
Alejandro Grimson describió una paradoja que cualquier observador de la vida cotidiana argentina puede reconocer: la misma persona puede sostener, en una misma conversación, que vive en un país blanco y sin racismo, y minutos después quejarse de que la ciudad «está llena de negros de mierda». Esta oscilación no es una contradicción accidental, sino el núcleo mismo de lo que el autor denomina el racismo a la argentina: un racismo que se pretende invisible y que, precisamente por negarse a sí mismo, se vuelve más difícil de combatir que uno que se declara abiertamente.
En Argentina no sólo hay racismo, sino que se trata de una variante muy especial: es virulento y se pretende invisible. La primera de las expresiones racistas es «no hay negros». (Grimson, Mitomanías argentinas)
El mecanismo que reconstruye Grimson tiene una genealogía precisa. Durante la primera mitad del siglo XX, el relato oficial construyó a la Argentina como un enclave europeo –«los argentinos descendemos de los barcos»– negando simultáneamente la herencia indígena y afrodescendiente. Pero cuando, en los años treinta, la industrialización sustitutiva de importaciones desplazó masivamente a trabajadores desde las provincias y desde el campo hacia los centros urbanos, esa negación no pudo sostenerse sin una válvula de escape: la categoría «cabecita negra». Este término, aplicado a los seguidores del primer peronismo, no describía necesariamente rasgos fenotípicos africanos o indígenas, sino que operaba una fusión entre distinción cultural y distinción de clase: era negro quien era pobre, provinciano y peronista, independientemente de su color de piel real.
DesetnicizaciónProceso mediante el cual la nación se construyó como antagonista de las identidades étnicas de origen: para acceder a la ciudadanía plena, indígenas, afrodescendientes e inmigrantes de países limítrofes debían disolver su especificidad en categorías de clase («obrero», «vulgo», «cabecita negra»). El resultado es que la etnicidad quedó, durante buena parte del siglo XX, convertida en un idioma político prohibido o desalentado, mientras la clase absorbía su lugar como principal grilla de lectura social.
Grimson agrega un segundo mecanismo, complementario al anterior: la atribución de extranjería. Frente a los pueblos originarios, en particular el mapuche, la prensa reactivó desde los años noventa la vieja noción de «araucanización», que presenta a comunidades preexistentes al Estado nacional como «invasoras» provenientes de Chile. Frente a los inmigrantes regionales, el mismo recurso retórico de la «invasión» se aplicó a bolivianos, paraguayos y peruanos durante el brote de cólera de 1992 y en sucesivas coberturas mediáticas de la «inseguridad». En ambos casos, la extranjería cumple la misma función que la clase: desplaza el problema racial hacia un terreno aparentemente neutral –el origen nacional, la documentación, la legalidad– sin necesidad de nombrar jamás el color de piel.
3. Margulis y Urresti: la racialización de las relaciones de clase
Si Grimson aporta la genealogía histórica y los mecanismos discursivos, Mario Margulis y Marcelo Urresti –compiladores de La segregación negada. Cultura y discriminación social (1998), obra de referencia obligada sobre el tema– ofrecen el concepto que permite entender por qué separar clasismo de racismo es, en el caso argentino, un ejercicio artificial. Su categoría central, la racialización de las relaciones de clase, sostiene que la desigualdad social no se percibe en Buenos Aires como una diferencia abstracta de ingresos o de posición ocupacional, sino que se lee directamente sobre el cuerpo: el color de piel, los rasgos faciales, la textura del cabello, la vestimenta y el modo de hablar funcionan como marcadores que permiten ubicar a una persona en la jerarquía social antes de cualquier intercambio verbal.
Positivismo, biologismo y darwinismo social fueron los modelos ideológicos sobre los cuales se constituyó un mapa simbólico que sigue influyendo en los fenómenos discriminatorios del presente; el mismo mapa que pesa sobre nuestros «negros» actuales, que son los «cabecitas negras», los «bolitas», aquellos que provienen de la migración interior, limítrofe y latinoamericana, y portan en el cuerpo las señales de su origen mestizo. (Margulis y Urresti, La segregación negada, 1998)
El aporte metodológico de Margulis y Urresti –retomado luego en trabajos como el de Rauschenberg y Seccia sobre la disposición democrática en la Ciudad de Buenos Aires– consiste en mostrar empíricamente que xenofobia y clasismo covarían: no son actitudes independientes que un mismo individuo pueda sostener por separado, sino dos caras de una misma disposición ideológica. Cuando la construcción social de un grupo discriminado se vuelve más concreta –del «pobre» en abstracto al «cartonero», de este al «villero», de este al «boliviano» o al «chino»– la intensidad del rechazo aumenta. Esta escala revela que el prejuicio de clase se intensifica precisamente cuando se le agrega un componente étnico o nacional, lo cual sugiere que ambos operan como un mismo continuo y no como magnitudes que se puedan sumar o restar entre sí.
Racialización de las relaciones de clase Proceso por el cual una desigualdad de origen económico y social se traduce en un código de lectura corporal y fenotípico: «ser pobre» se vuelve legible en la apariencia física, y la apariencia física asociada a la pobreza –tez oscura, rasgos indígenas o mestizos, acento regional– pasa a funcionar como estigma racial aun cuando el sistema de clasificación social evite nombrar explícitamente la raza.
4. Segato: la no-blancura y la dificultad de nombrar la raza
El aporte de Rita Segato, desarrollado en «Los cauces profundos de la raza latinoamericana: una relectura del mestizaje» (2010), traslada la discusión a un plano continental y ofrece la clave teórica que permite entender por qué el clasismo funciona tan eficazmente como sustituto del racismo en el discurso público argentino. Para Segato, la raza latinoamericana no puede definirse en términos positivos –no hay un fenotipo estable, unívoco, que la identifique– sino que se constituye como una categoría negativa: la no-blancura. El continente, sostiene la autora, tiene una dificultad estructural para hablar del color de piel y de los rasgos físicos de sus propias mayorías; lo que aflora en el discurso social no es la afirmación de una identidad racial, sino su elusión permanente.
Al continente le cuesta hablar del color de la piel y de los trazos físicos de sus mayorías; lo que aflora es la no-blancura, los sujetos se describen sin etnicidad, sin historia, sin cultura, la raza se muestra esquiva, se evade de ser nombrada. (Segato, 2010)
Segato define la raza, en este marco, como el resultado de una «lectura contextualmente informada de la marca en el cuerpo de la posición que se ocupó en la historia»: no es una esencia biológica, sino una inscripción que la historia colonial y las relaciones de dominación dejan sobre determinados cuerpos, y que luego se reactiva cada vez que esos cuerpos ocupan posiciones subordinadas en la estructura social. De ahí su célebre fórmula, retomada por sociólogos que han estudiado la estratificación argentina: las posiciones en la estructura social «tienen rostro». Cuando alguien describe a un cartonero, a un habitante de una villa o a un trabajador informal, no está describiendo únicamente un lugar en la escala de ingresos, sino también –aunque no lo diga– un fenotipo esperado.
La consecuencia práctica de esta lectura es directa: si la raza en América Latina se define por default, por elusión, entonces cualquier discurso que sustituya «raza» por «clase» no está evitando el problema racial, sino ejecutando exactamente el mecanismo mediante el cual ese problema se reproduce sin ser nombrado.
Segato insiste en que «nombrar la raza» constituye, en sí mismo, una estrategia de lucha y de descolonización: mientras el vocabulario público disponible sea el de la pobreza, el mérito o la marginalidad, la dimensión racial seguirá operando por debajo del radar, protegida precisamente por su aparente ausencia.
5. Matices regionales: el mismo racismo, distinto rostro según el territorio
La evidencia empírica disponible –en particular el Mapa Nacional de la Discriminación elaborado por el Inadi (2014)– permite matizar el argumento anterior y mostrar que el peso relativo de clase y raza no es uniforme en todo el territorio argentino, lo cual respalda la tesis de Grimson, Margulis-Urresti y Segato desde un ángulo distinto: el racismo argentino es «móvil y cambiante», en palabras de Sergio Caggiano, y se reacomoda según la composición social y étnica de cada región.
Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA): en esta región, el Inadi encontró que la nacionalidad y el color de piel –no el nivel socioeconómico– son los primeros componentes del llamado «racismo estructural», por encima incluso de la pobreza. Es la región donde el argumento «es clasismo, no racismo» resulta menos sostenible frente a los datos.
Resto del país (regiones no metropolitanas): en la mayoría de las provincias, el nivel socioeconómico sí aparece como el componente principal de la discriminación medida, lo que podría alimentar superficialmente la lectura clasista. Sin embargo, esto no contradice a Margulis y Urresti: significa que, fuera del AMBA, la racialización de clase opera con menor mediación explícita de la nacionalidad, pero no que desaparezca el componente racial.
Norte argentino (Noreste y Noroeste): son las regiones donde la adhesión a ideas como «las comunidades indígenas deberían integrarse más a la cultura general» alcanza los valores más altos (54,3 % en el Noreste, 48 % en el Noroeste), y también donde la percepción general de discriminación es más elevada. Aquí el racismo se dirige de manera más directa y explícita hacia los pueblos originarios, con menor necesidad de la mediación de clase que describe Grimson para el AMBA.
Patagonia: región con niveles de percepción de discriminación también elevados, y escenario específico del mecanismo de «extranjerización» que Grimson describe para el pueblo mapuche a través de la reactivación mediática de la idea de ºraucanización», que presenta a comunidades originarias del propio territorio argentino como una amenaza foránea.
Este mosaico regional es coherente con la tesis de Sergio Caggiano según la cual el racismo argentino no tiene un único objeto, sino que se desplaza entre grupos específicos (indígenas, migrantes limítrofes, afrodescendientes) y la «negritud popular» genérica, adaptando su vocabulario –«cabecita negra», «bolita», «indiada», «negro villero»– a la composición demográfica y a la coyuntura política de cada territorio. Que en unas regiones se exprese predominantemente como discriminación socioeconómica y en otras como discriminación étnica o nacional no indica dos fenómenos distintos, sino un mismo dispositivo que adopta la superficie disponible en cada contexto.
6. La encuesta de Rauschenberg y Seccia: cómo se cruzan xenofobia y clasismo
El aporte de Nicholas Rauschenberg y Oriana Seccia (UBA/Conicet) es el único de los trabajos reunidos aquí que ofrece una medición cuantitativa directa de la covariación entre xenofobia y clasismo. Los autores retomaron una encuesta sobre disposición democrática/antidemocrática realizada en 2013 en la Ciudad de Buenos Aires (muestreo aleatorio simple, 701 casos), diseñada originalmente para medir tres dimensiones –autoritarismo, des-solidarización (justicia social) y normalización (política)– y construyeron a partir de sus ítems una dimensión adicional, no prevista en el diseño original: la dimensión discriminación, compuesta por dos variables, xenofobia y clasismo.
La variable xenofobia se midió con tres ítems (el derecho al voto de extranjeros residentes, la venta callejera de «productos típicos» por colectividades migrantes, y la sospecha sobre las prácticas comerciales de los comercios chinos). La variable clasismo se midió con cuatro ítems (las diferencias de ingreso como motor del desarrollo, la represión policial a cartoneros, el uso de la fuerza contra nuevos asentamientos y villas miseria, y el rechazo a los planes de asistencia social). Cada variable se resumió en un índice de cuatro categorías, y ambos índices se combinaron en un índice final de Sujeto Discriminador.
El primer hallazgo relevante es que la xenofobia midió sistemáticamente más alto que el clasismo: un 65,8 % de la muestra resultó xenófoba (sumando indiferentes), contra un 50,4 % clasista. El ítem más discriminatorio de toda la encuesta no fue uno de clase, sino el referido a los comercios chinos: un 60,4 % de los encuestados consideró que estas actividades comerciales, ampliamente consumidas por la población, son «sospechosas» y ameritan controles diferenciales. Este dato, por sí solo, ya cuestiona la premisa de que el prejuicio de clase predomina sobre el étnico o nacional en el AMBA.
El cruce de variables (Cuadro 4 del estudio)Al combinar los índices de Sujeto Xenófobo y Sujeto Clasista, los autores encontraron la siguiente distribución: 24,8 % de los encuestados no son ni clasistas ni xenófobos; 9,3 % son clasistas pero no xenófobos; 25 % son xenófobos pero no clasistas; y 40,8 % son clasistas y xenófobos a la vez. La conclusión metodológica es contundente: casi no existe un «clasismo puro» desacoplado de la xenofobia (apenas 9,3 % de los casos), mientras que la xenofobia sin componente clasista es casi tres veces más frecuente (25 %). Además, la xenofobia «presiona» hacia arriba la medición del clasismo: entre quienes son «muy xenófobos», el 46,5 % es también «muy clasista», mientras que entre los «muy no-xenófobos», sólo el 10,7 % alcanza ese nivel de clasismo.
Rauschenberg y Seccia interpretan este patrón a partir de una distinción conceptual entre tres modalidades de racismo que atraviesan sus datos: el racismo de clase (el migrante o el pobre son excluidos por pertenecer a capas bajas), el racismo cultural (la exclusión se justifica por una supuesta incompatibilidad de costumbres, como en el caso de los comercios chinos o la venta callejera) y el racismo sin razas o racismo simbólico, que «casi cínicamente» reconoce la igualdad formal de derechos mientras niega, en la práctica, que las políticas de acción afirmativa o de asistencia social sean necesarias para hacerla efectiva.
Este tercer tipo explica por qué el ítem sobre planes sociales registró el rechazo más alto entre todos los de la variable clasismo (48,5 %): no se trata solo de una objeción económica, sino de una descalificación política e identitaria –los «planes» están asociados en el imaginario porteño al peronismo y a los sectores populares racializados– que vuelve a mostrar la imposibilidad de aislar la clase de sus connotaciones étnicas y raciales.
El estudio, en síntesis, aporta la confirmación estadística más directa de la tesis que este artículo viene sosteniendo: xenofobia y clasismo no son actitudes independientes que un mismo individuo pueda sostener por separado, sino un mismo síndrome ideológico que se intensifica cuando ambos componentes coinciden en un mismo objeto social.
7. Caggiano: distintos objetos de un mismo racismo
El trabajo de Sergio Caggiano (CIS-Conicet/IDES), publicado en Tabula Rasa en 2023, es el que ofrece la síntesis histórica y teórica más ambiciosa entre los reunidos aquí, porque explícitamente busca tender puentes entre campos de estudio que suelen permanecer separados: los estudios sobre pueblos indígenas, los estudios migratorios y los estudios afro. Caggiano parte de dos conceptos que funcionan como llave de lectura de todo el fenómeno: el racismo por apariencia y el racismo de negación.
El racismo por apariencia, sostiene el autor, se configura en la Argentina en las coordenadas del color de piel y el fenotipo, pero también de una cantidad de rasgos visibles –gestos, vestuario, accesorios, cuidado corporal– que se aprenden a leer como indicadores de posición social. Esta «incertidumbre fenotípica», señala Caggiano retomando a autores colombianos como Losonczy y de la Cadena, es lo que permite que la clase social funcione como sustituto permanente de la raza: si el fenotipo nunca es un dato unívoco, cualquier marcador social –la vestimenta, el barrio, el trabajo– puede ocupar su lugar sin que el sistema de clasificación necesite nombrar jamás el color de piel de manera explícita.
El racismo de negación, por su parte, es la modalidad que resulta de haber sustraído la dimensión racial del campo de lo políticamente discutible desde la consolidación del Estado nación moderno (1880-1930). Caggiano reconstruye una genealogía en dos momentos clave. El primero es el propio proceso de blanqueamiento demográfico y estadístico de esos años: la Campaña del Desierto, la caída poblacional afrodescendiente, la inmigración europea masiva y –decisivo– la supresión de las preguntas sobre raza y color en los censos, que produjo lo que el autor llama, siguiendo a Hilda Otero, una «desaparición estadística» de indígenas y afrodescendientes.
La afirmación corriente en Argentina según la cual no hay racismo porque no hay razas busca significar que «(ya) no hay negros» o «(ya) no hay indios». Este tipo de afirmaciones […] no vuelve inexistentes a negros e indios, sino que los convierte en una existencia negada. (Caggiano, Tabula Rasa, 2023)
El segundo momento clave, y el más relevante para el argumento de este artículo, es el que Caggiano sitúa a mediados del siglo XX, con la manifestación peronista del 17 de octubre de 1945 como hito fundacional: es entonces cuando la «Argentina no blanca», silenciada hasta entonces, irrumpe visualmente en la escena pública a través de la clase trabajadora migrante desde las provincias. Es en ese momento que se acuñan los términos «descamisados» y «cabecita negra», y que –tesis central del autor– se produce un segundo «crisol», paralelo y opuesto al crisol de razas blancas oficial, en el que se funden «otros cuerpos y voces» bajo un lenguaje que ya no es racial sino de clase y de adscripción política: «negro peronista», y más adelante «negro piquetero».
A partir de esta genealogía, Caggiano analiza las operaciones racistas desplegadas por la prensa hegemónica durante las dos últimas oleadas neoliberales (1989-2001 y 2015-2019) e identifica tres patrones comunes a indígenas, migrantes regionales y afrodescendientes: la atribución de extranjería (la «invasión silenciosa», la araucanización del pueblo mapuche, la atribución del brote de cólera de 1992 a comunidades indígenas del Chaco y a migrantes bolivianos); la construcción de un espacio simbólico de infralegalidad (usurpación de tierras, «ilegalidad» migratoria, talleres textiles «clandestinos»); y la consagración desigual de la legitimidad de la palabra, por la cual las voces de los grupos discriminados aparecen siempre contrastadas con «expertos» o «vecinos» presuntamente blancos y de clase media, mientras las voces oficiales se funden con la del propio medio de prensa.
El aporte distintivo de Caggiano: el segundo señalamiento Más allá de sistematizar los mecanismos comunes de discriminación contra grupos específicos, Caggiano formula un segundo señalamiento, menos obvio: no alcanza con advertir los trazos compartidos entre el racismo contra indígenas, migrantes y afrodescendientes; es necesario además comprender los vínculos entre ese racismo contra grupos específicos y el racismo que recae sobre la negritud popular genérica –la masa trabajadora heterogénea, de piel a veces blanca, que es igualmente racializada a través del lenguaje de clase–. Su ejemplo más elocuente es una viñeta cómica publicada en Clarín en 2007, donde un personaje habitualmente representado como blanco aparece, en una tira sobre el 9 de julio, con la piel pintada de negro para representar a un «pibe chorro»: la sustitución del color de piel por la marginalidad social se vuelve, en ese descuido gráfico, literal.
La conclusión de Caggiano es la que mejor resume, en términos programáticos, todo lo expuesto hasta aquí: «bolita» o «boliviano» puede usarse como insulto contra alguien sin relación alguna con Bolivia; «negro» puede aplicarse a trabajadores o piqueteros de cualquier color de piel; «indio» designa cualquier conducta considerada no civilizada. Se trata, sostiene el autor, de un mismo racismo «móvil y cambiante» que reinventa a sus excluidos según el ciclo político y la coyuntura demográfica, y que por eso mismo exige ser estudiado y combatido de manera articulada, y no como una colección de prejuicios sectoriales independientes.
8. Rivera Vélez y Maluf: el Estado entre el reconocimiento simbólico y la interculturalidad pendiente
El trabajo de Fredy Rivera Vélez y Norma Alejandra Maluf, publicado en Cuadernos del Cendes en 2017, aporta una perspectiva complementaria a las anteriores: en lugar de analizar el discurso social o mediático, se concentra en el discurso y los documentos institucionales producidos por el Estado argentino –fundamentalmente el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi)– durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2004-2015). Su pregunta de partida es directa: tras siglos de negación, ¿existe hoy un reconocimiento estatal del racismo argentino y, de existir, qué estrategias efectivas se desplegaron para reducirlo?
La hipótesis central de los autores es que el discurso estatal de ese período se inscribe en un enfoque multicultural que se limita a reconocer la existencia de las diferencias, sin llegar a una perspectiva propiamente intercultural que trascienda la tolerancia y promueva la igualdad efectiva entre los grupos. Es una distinción conceptual clave: el multiculturalismo puede convivir perfectamente con la desigualdad estructural –basta con «tolerar» la existencia de otras culturas– mientras que la interculturalidad exigiría una redistribución real del poder y de los recursos entre esos grupos y la sociedad mayoritaria.
El artículo documenta con detalle cómo, a partir de los compromisos asumidos en la Conferencia Mundial contra el Racismo de Durban (2001), el Estado argentino incorporó por primera vez el concepto de racismo en su política institucional, sobre todo a través del Mapa de la Discriminación (2014) y de un Plan Nacional contra la Discriminación (2005) inscripto en el marco de los derechos humanos. Sin embargo, Rivera Vélez y Maluf identifican una contradicción recurrente en el propio proceso de institucionalización: al colocar al racismo en un plano de igualdad con otras muchas formas de discriminación –de género, de orientación sexual, por discapacidad, por edad–, la propia arquitectura institucional contribuyó, según su lectura, a diluir su lugar relativo en la agenda pública durante buena parte del período estudiado.
Podríamos preguntarnos si el hecho de que –a través de documentos y planes de acción– la institución haya ubicado en un plano de igualdad al racismo con otras formas de discriminación habría contribuido en parte a su invisibilización durante los años en los que su tratamiento no fue prioritario en las políticas públicas. (Rivera Vélez y Maluf, 2017)
Un segundo hallazgo relevante del artículo es de orden organizacional: los autores muestran, a partir de entrevistas a funcionarias del Inadi, que las áreas temáticas creadas inicialmente para dar participación directa a representantes de cada colectividad discriminada –comunidades afro, migrantes, comunidades religiosas– terminaron desarticulándose y siendo reemplazadas por una lógica de representatividad abstracta y weberiana, que privilegia la gestión institucional por sobre la representación concreta de cada grupo. La perspectiva de derechos humanos, sostienen los autores retomando a Žižek, funcionó entonces como una «plataforma simbólica» que contuvo las particularidades de los participantes, pero al costo de convertir la diversidad reivindicada en una fórmula más bien formal y universalista, alejada de la representación efectiva de cada colectivo.
El aporte más original de Rivera Vélez y Maluf para el argumento de este artículo aparece en la sección que titulan «el racismo es nuestra mirada»: documentan cómo las propias campañas de sensibilización del Inadi buscaron desplazar el eje de la discriminación desde la persona discriminada hacia quien discrimina –un giro metodológico deliberado, inspirado en el hallazgo de que el racismo hacia los afrodescendientes en Estados Unidos se explica menos por características reales del grupo discriminado que por la necesidad del grupo discriminador de obtener «honor» a partir de su descalificación–. Este giro es compatible con la tesis de Segato sobre la raza como marca inscripta por quien mira, y con la de Caggiano sobre el racismo por apariencia como sistema de clasificación que se aprende a ver: el racismo, en esta lectura, no reside en atributos del grupo estigmatizado sino en la mirada clasificatoria de la sociedad que lo produce.
Finalmente, los autores señalan un límite estructural que atraviesa todo el período analizado: los derechos humanos, en tanto lenguaje universalista, chocan con las demandas de reconocimiento de la diferencia colectiva que exige una perspectiva intercultural. Citando a Boaventura de Sousa Santos, sostienen que los derechos humanos son «incompletos» como estrategia contra el racismo porque no logran articular la parte –el individuo con derechos formales iguales– con el todo –los pueblos y colectivos con derechos y garantías de efectividad diferenciadas–. De ahí su conclusión, formulada como interrogante abierto: la interculturalidad efectiva «no es posible […] sin los actores», es decir, sin la incorporación real de los sujetos diversos en los procesos de decisión, y no solo en su enunciación simbólica.
9. El clasismo como mecanismo de negación del racismo
Los tres autores convergen en un punto que merece ser subrayado como conclusión analítica: en la Argentina, decir «es clasismo, no racismo» no es necesariamente una descripción neutral de la realidad, sino que puede ser, sin que quien lo enuncia lo advierta, una instancia más de lo que la literatura llama racismo de negación. Grimson documenta la fórmula coloquial que sintetiza este mecanismo: «no me refiero a negro de piel, sino a negro de alma». Esta frase pretende desactivar la acusación de racismo trasladando el insulto al terreno de la conducta o de la posición social, pero conserva intacta –y de hecho reactiva– la asociación entre pobreza, comportamiento incivilizado y rasgos corporales no blancos que la sostiene.
Racismo de negaciónModalidad de racismo que opera «por debajo del lenguaje institucionalizado» y se sostiene mediante la afirmación reiterada de la propia inexistencia («no hay racismo porque no hay razas»). No vuelve inexistentes a los grupos racializados: los convierte en una existencia negada, cuya prueba paradójica es que la propia negación necesita reactivarse constantemente frente a la evidencia contraria («este país está lleno de negros»).
Segato aporta el fundamento teórico de por qué este desplazamiento resulta tan eficaz: si la raza latinoamericana se define por la dificultad de nombrarla, entonces cualquier vocabulario alternativo –el de la clase, el mérito, la legalidad migratoria– no compite con el vocabulario racial sino que ocupa exactamente el vacío que este deja disponible. Margulis y Urresti muestran, con datos, que ese desplazamiento no diluye el prejuicio sino que lo intensifica cuando se combina con marcadores étnicos o nacionales concretos. Y Caggiano añade la dimensión histórica: el propio Estado argentino, incluso cuando reconoce oficialmente el racismo –a través del Inadi o de los planes nacionales contra la discriminación posteriores a la Conferencia de Durban de 2001– tiende a subordinarlo a otras agendas y a diluirlo dentro de un concepto más amplio de discriminación, lo cual reproduce en el propio aparato estatal la misma dificultad para nombrar la raza que describe Segato.
La implicancia práctica de este análisis, relevante también para quienes gestionan servicios de salud y programas sociales dirigidos a poblaciones vulnerables, es que las intervenciones diseñadas exclusivamente en clave socioeconómica –focalización por nivel de ingresos, por ejemplo– pueden dejar sin abordar el componente específicamente racial o étnico de la exclusión, en particular en el AMBA, donde el propio Inadi documenta que la nacionalidad y el color de piel superan a la pobreza como primer factor de discriminación estructural.
10. Conclusión
La pregunta de si en la Argentina hay «más clasismo que racismo» presupone que se trata de magnitudes separables y, por lo tanto, comparables. La evidencia reunida en este artículo sugiere lo contrario en, al menos, cuatro planos distintos. En el plano teórico, Grimson, Margulis y Urresti, y Segato muestran que la clase social ha sido, a lo largo del siglo XX y hasta el presente, el vocabulario a través del cual la sociedad argentina nombra –y simultáneamente niega– su propia dimensión racial. En el plano empírico, la encuesta de Rauschenberg y Seccia confirma con datos que el clasismo desacoplado de la xenofobia es residual (apenas 9,3 % de los casos relevados en la Ciudad de Buenos Aires), mientras que la combinación de ambos es, con mucho, el patrón dominante (40,8 %). En el plano histórico y mediático, Caggiano muestra que ese mismo dispositivo se reactiva cíclicamente contra distintos objetos –grupos étnicos específicos y la negritud popular genérica– según la coyuntura política y demográfica. Y en el plano institucional, Rivera Vélez y Maluf documentan que incluso el Estado, cuando reconoce oficialmente el racismo, tiende a hacerlo en clave multicultural y simbólica, sin resolver la tensión hacia una interculturalidad efectiva.
Los matices regionales no contradicen esta convergencia, sino que la enriquecen: muestran que el mismo dispositivo se expresa con mayor densidad étnica explícita en el AMBA y en las regiones con alta población indígena, y con mayor mediación de clase en el resto del país, sin que ello implique la ausencia del componente racial en ningún caso. Reconocer esta articulación –y no la falsa disyuntiva entre clase y raza– es el punto de partida necesario para cualquier política pública, incluidas las de salud y protección social, que aspire a superar, y no simplemente a administrar, la discriminación estructural argentina.
Referencias citadas
Caggiano, S. (2023). Racismo a la argentina: imaginarios en tensión en una sociedad blanca llena de negros. Tabula Rasa, 47, 135-159.
Grimson, A. (2006). Nuevas xenofobias, nuevas políticas étnicas en la Argentina. En A. Grimson & E. Jelin (comps.), Migraciones regionales hacia la Argentina. Diferencia, desigualdad y derechos. Buenos Aires: Prometeo.
Grimson, A. Mitomanías argentinas: racismo y diversidad en la identidad nacional.
Inadi (2014). Mapa Nacional de la Discriminación. Buenos Aires: Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.
Margulis, M. & Urresti, M. (eds.) (1998). La segregación negada. Cultura y discriminación social. Buenos Aires: Biblos.
Rauschenberg, N. & Seccia, O. Dimensión discriminación: xenofobia y clasismo en la ciudad de Buenos Aires. Notas sobre una encuesta acerca de la disposición democrática. Seminarios SMS, UNLP, ISSN 2362-4094.
Rivera Vélez, F. & Maluf, N. A. (2017). Después de la negación: el Estado argentino frente al racismo y la discriminación. Cuadernos del Cendes, 34(95), 155-182.
Segato, R. L. (2010). Los cauces profundos de la raza latinoamericana: una relectura del mestizaje. Crítica y Emancipación, 2(3), 11-44.
La ronda gerencial diaria y el Gemba walk suelen presentarse como técnicas de control: dispositivos para relevar indicadores, detectar desvíos y ordenar la actividad cotidiana de un hospital, un sanatorio o una clínica. Esa lectura es correcta pero incompleta. Ambas prácticas alcanzan su sentido pleno cuando se las encuadra dentro de un modelo de liderazgo que no separa la eficiencia operativa del cuidado de las personas que sostienen esa operación: el liderazgo compasivo (West, 2021).
La gestión cotidiana de una institución de salud exige, al mismo tiempo, dos movimientos aparentemente opuestos. Por un lado, un movimiento hacia los números: ocupación de camas, cumplimiento del programa quirúrgico, tiempos de espera, eventos adversos, ausentismo. Por otro lado, un movimiento hacia las personas: el enfermero que sostuvo dos turnos consecutivos, el equipo de guardia que trabajó sin el insumo que necesitaba, el médico que debió comunicar una mala noticia sin el tiempo ni el espacio adecuados. Un director que solo hace el primer movimiento gestiona un tablero; un director que hace ambos gestiona una institución.
Este artículo se propone mostrar por qué el Gemba, en particular, no es solo una herramienta de mejora de procesos importada del pensamiento Lean, sino una práctica que —bien ejecutada— constituye un acto de liderazgo compasivo en el sentido más preciso del término, y por qué esa distinción tiene consecuencias prácticas para quienes dirigen instituciones de salud. Para sostener este argumento, se recorren en las secciones siguientes el sentido de la ronda gerencial diaria, el origen y los principios del Gemba walk, el marco conceptual del liderazgo compasivo desarrollado por Michael West, la correspondencia específica entre ambos modelos, los riesgos de una aplicación desvirtuada del Gemba, y las implicancias prácticas para la dirección médica.
Vale una aclaración inicial: encuadrar al Gemba dentro del liderazgo compasivo no significa suavizar sus exigencias ni convertirlo en una instancia meramente afectiva. Se trata, por el contrario, de precisar sus condiciones de éxito. La literatura sobre mejora continua coincide en que la mayoría de las recorridas Gemba fracasan no por falta de método, sino por falta de un vínculo de confianza previo entre quien observa y quien es observado; y ese vínculo de confianza es exactamente lo que el marco del liderazgo compasivo permite construir de manera deliberada y sostenida en el tiempo, en lugar de dejarlo librado a la sensibilidad individual de cada directivo.
LA RONDA GERENCIAL DIARIA: UNA RUTINA DE CUIDADO DEL SISTEMA
Este artículo toma como base un trabajo previo en el que desarrollamos en detalle el dispositivo de la ronda gerencial diaria: una revisión estructurada, breve y recurrente, que el director médico debe recorrer sistemáticamente —idealmente en un horario fijo de la mañana— para anticipar problemas, priorizar recursos y sostener la seguridad del paciente (Díaz, 2026). Ese trabajo organiza diecisiete dimensiones de gestión cotidiana en tres grandes bloques, que se resumen en la siguiente tabla.
Bloque
Dimensiones que agrupa
Flujo asistencial
Ingresos del día, programación de la actividad asistencial, programación quirúrgica, pacientes retenidos en guardia, derivaciones solicitadas, demoras operativas de quirófano y guardia, y confirmación del plan quirúrgico.
Seguridad y calidad
Complicaciones no esperadas, eventos adversos, quejas de pacientes y familiares, servicios con funcionamiento deficiente, pacientes que se retiran sin ser atendidos, y altas voluntarias.
Recursos y soporte
Insumos faltantes, ausencias de personal, inconvenientes administrativos, servicios complementarios de apoyo (laboratorio, imágenes, farmacia, hemoterapia, logística) e infraestructura.
A estos tres bloques, el trabajo base agrega de manera transversal la vigilancia del deterioro clínico mediante el score NEWS, y tres instancias que dan sostén y continuidad a lo relevado en la ronda: el Gemba walk diario, una estructura de reuniones de seguimiento para evitar la repetición de problemas, y una metodología de evaluación de los eventos adversos (Díaz, 2026). El presente artículo parte precisamente de esa tercera instancia —el Gemba walk diario, ya incorporado como práctica en el trabajo base— para profundizar su fundamento conceptual y mostrar por qué, bien practicado, no es solo un complemento operativo de la ronda gerencial sino una expresión concreta de liderazgo compasivo.
Ese ordenamiento de diecisiete dimensiones, sin embargo, corre el riesgo de quedar reducido a una contabilidad de desvíos si no se sostiene con una presencia real de la dirección en el lugar donde el trabajo efectivamente ocurre. Un reporte puede informar que la guardia tuvo doce pacientes retenidos en espera de cama, pero no puede transmitir la tensión de un pasillo saturado, ni el modo en que el personal de enfermería reorganizó sus prioridades para sostener la seguridad de esos pacientes con los recursos disponibles. Es en ese punto donde la ronda gerencial y el Gemba walk se articulan: el tablero de indicadores dice qué está pasando; el Gemba permite entender por qué está pasando y qué se siente trabajar en esas condiciones.
Sostener ambos instrumentos de manera simultánea —la lectura cuantitativa de la ronda y la observación cualitativa del Gemba— es lo que distingue a una dirección médica que administra información de una dirección médica que efectivamente gestiona una institución compleja, hecha de procesos pero también, y sobre todo, de personas.
Idea central Un tablero de indicadores completo no reemplaza la observación directa del trabajo real; ambos instrumentos —la ronda y el Gemba, ya integrados en el trabajo base— se necesitan mutuamente para sostener una gestión cotidiana informada y humana.
EL GEMBA WALK: IR AL LUGAR DONDE OCURRE EL TRABAJO
«Gemba» es una palabra japonesa que designa «el lugar real», el sitio donde se genera el valor. El concepto proviene del sistema de producción Toyota y de la tradición del pensamiento Lean, que sostiene que ningún informe de gestión reemplaza la observación directa del proceso en el terreno (Ohno, 1988). Trasladado a la salud, el Gemba son las salas de internación, los consultorios, el quirófano, la guardia y los servicios de apoyo diagnóstico y terapéutico: el lugar donde la promesa asistencial se cumple o se incumple.
Guías recientes de mejora continua aplicadas a sistemas de salud, como la producida por la Improvement Cymru Academy del NHS de Gales, insisten en tres principios que deben sostener toda recorrida Gemba: ir y ver el proceso tal como ocurre, preguntar por qué para comprender la cadena de valor, y respetar a las personas, evitando que la recorrida se convierta en una «ronda de jefe» orientada a señalar culpables (Improvement Cymru Academy, 2023). Este último principio —el respeto por las personas— es, como se desarrolla más abajo, la bisagra que conecta al Gemba con el liderazgo compasivo.
Un artículo de referencia sobre la práctica del Gemba walk agrega, en la misma línea, que la observación en el terreno es la vía más directa para detectar los problemas de sistema que W. Edwards Deming atribuía a la enorme mayoría de las fallas organizacionales, muy por encima de los errores atribuibles a las personas que ejecutan el trabajo (Jansson, 2025; Deming, 1982). El mismo artículo subraya que el Gemba bien practicado se diferencia de la simple «gestión por recorridos» informal en que tiene un foco definido, se prepara con antelación, y —sobre todo— se cierra con un ciclo de devolución al equipo: comunicar lo observado, explicar qué se va a cambiar y por qué, para que la recorrida no se viva como una vigilancia sin consecuencias sino como una instancia de aprendizaje compartido.
Ese cierre del ciclo es, precisamente, el punto donde con mayor frecuencia fracasan las prácticas de Gemba: se observa, se conversa, y luego nada cambia porque no existe un sistema que conecte lo visto con lo hecho (Jansson, 2025). La ausencia de ese cierre no es un detalle metodológico menor: es, como se argumenta en la sección siguiente, la falla que más rápidamente erosiona la confianza que el liderazgo compasivo busca construir.
EL LIDERAZGO COMPASIVO: MARCO CONCEPTUAL
El concepto de liderazgo compasivo fue sistematizado por Michael West, profesor de psicología del trabajo y las organizaciones y senior fellow del King’s Fund, a partir de investigaciones sobre cultura, seguridad clínica y bienestar del personal en el sistema de salud británico. West define la compasión en el liderazgo no como un rasgo de personalidad ni como un estilo blando o permisivo, sino como una secuencia de comportamientos concretos y observables: atender, comprender, empatizar y actuar (West & Chowla, 2017).
Esta definición conductual es deliberada: distingue al liderazgo compasivo de una idea difusa de «buen trato» y lo convierte en una competencia que se puede describir, entrenar y evaluar en la práctica cotidiana de la gestión. Desde 2016, este marco pasó a integrar la estrategia nacional de desarrollo de liderazgo del NHS en Inglaterra, y luego se adoptó también en Escocia, Irlanda del Norte y Gales, lo que da cuenta de una validación institucional sostenida y no de una propuesta aislada.
Comportamiento
Descripción
Atender
Prestar atención genuina al personal, escuchar sin juzgar y estar realmente presente en el encuentro con los equipos.
Comprender
Construir, mediante el diálogo, una comprensión compartida de los desafíos, las cargas y las condiciones reales de trabajo.
Empatizar
Reconocer el costo emocional del trabajo asistencial y las tensiones que enfrenta cada equipo.
Actuar
Tomar decisiones concretas que remuevan los obstáculos identificados, cerrando el ciclo entre lo escuchado y lo hecho.
Estas ideas no son solo conceptuales: un estudio cualitativo a gran escala sobre cultura y comportamiento en el sistema de salud inglés encontró que la calidad y la seguridad de la atención dependen, en gran medida, del modo en que los líderes tratan a sus equipos (Dixon-Woods et al., 2014), y una revisión posterior del King’s Fund mostró que el liderazgo compasivo se asocia con mayor innovación clínica y mejores resultados asistenciales (West, Eckert, Collins & Chowla, 2017). Un informe posterior sobre el bienestar de enfermeras y parteras en el Reino Unido reforzó esta asociación entre el trato compasivo hacia el personal y la calidad del cuidado que ese personal puede sostener con los pacientes (West et al., 2020).
El liderazgo compasivo se distingue, además, de la imagen tradicional del líder heroico e infalible que toma decisiones en soledad y que suele idealizarse en buena parte de la literatura de management (Kellerman, 2007). Frente a esa figura, West y sus colegas describen un liderazgo distribuido, donde la responsabilidad de sostener condiciones de trabajo dignas no recae en un único director sino en cada jefe de servicio, cada supervisor y cada coordinador que interactúa a diario con los equipos. En ese sentido, el Gemba walk —al poder ser practicado por líderes de distintos niveles y no solo por la dirección médica— es también un vehículo natural para distribuir el liderazgo compasivo a lo largo de toda la organización.
POR QUÉ EL GEMBA SE ENCUADRA EN EL LIDERAZGO COMPASIVO
La correspondencia entre ambos marcos no es forzada: se verifica comportamiento por comportamiento, paso por paso, entre el protocolo del Gemba walk y los cuatro comportamientos del liderazgo compasivo descriptos por West.
Principio del Gemba
Comportamiento del liderazgo compasivo
Ir y ver
Corresponde al comportamiento de Atender: observar de primera mano, sin intermediarios, es la forma más literal de prestar atención plena a un equipo y a su trabajo.
Preguntar por qué
Corresponde al comportamiento de Comprender: reconstruir junto con el equipo la cadena de valor y las razones detrás de cada práctica, en lugar de asumir explicaciones desde el escritorio.
Respetar a las personas
Corresponde al comportamiento de Empatizar: reconocer las condiciones, muchas veces adversas, en las que el equipo sostiene la atención, sin convertir la recorrida en una evaluación de desempeño individual.
Cerrar el ciclo
Corresponde al comportamiento de Actuar: devolver al equipo lo observado, explicar los cambios que se van a implementar y por qué, sin dejar la recorrida en una conversación sin consecuencias.
Existe además un sustrato común entre ambos marcos: la seguridad psicológica. Amy Edmondson definió este concepto como la creencia compartida, dentro de un equipo, de que es seguro exponer errores, dudas o desacuerdos sin temor a la humillación o al castigo (Edmondson, 1999). Un Gemba walk que respeta el principio de no juzgar a las personas construye, recorrida tras recorrida, esa seguridad psicológica; y esa misma seguridad psicológica es, para West, la condición de base sobre la que se sostiene cualquier ejercicio de liderazgo compasivo en salud.
Punto de atención El Gemba mal practicado —como auditoría encubierta, con foco en las personas y no en el proceso— erosiona exactamente la seguridad psicológica que el liderazgo compasivo busca construir. La diferencia entre un Gemba punitivo y un Gemba compasivo no está en la técnica, sino en la intención y en el comportamiento de quien lo conduce.
RIESGOS DE UN GEMBA MAL PRACTICADO
Precisamente porque la correspondencia entre el Gemba y el liderazgo compasivo depende del comportamiento de quien lo conduce y no de la técnica en sí misma, es necesario nombrar los riesgos de una aplicación desvirtuada. El primero es el Gemba convertido en auditoría encubierta: una recorrida que, bajo la apariencia de observación participativa, en realidad busca detectar incumplimientos individuales para sancionarlos. Esta versión no solo incumple el principio de respeto a las personas; produce el efecto opuesto al buscado, porque los equipos aprenden rápidamente a ocultar información ante la próxima visita del director.
El segundo riesgo es la compasión performativa: escuchar al equipo, mostrar empatía en el momento de la recorrida, y no traducir nada de lo escuchado en una acción concreta. Este patrón, señalado tanto en la literatura sobre Gemba (Jansson, 2025) como en la literatura sobre liderazgo compasivo (West & Chowla, 2017), es quizás el más dañino de los dos, porque no solo no mejora la situación sino que erosiona la confianza depositada en la escucha inicial: el equipo aprende que hablar no tiene consecuencias, lo que desalienta la participación en futuras instancias.
El tercer riesgo es la inconsistencia: practicar el Gemba de manera esporádica, sin sostenerlo en el tiempo ni integrarlo a la rutina de gestión. Una recorrida aislada, por bien intencionada que sea, no alcanza a construir la confianza acumulativa que sí genera una práctica sostenida y previsible en su compromiso, aunque variable en su horario y en su foco de observación.
Un cuarto riesgo, menos evidente que los anteriores, es la confusión entre compasión y ausencia de exigencia. El liderazgo compasivo no propone renunciar a los estándares de calidad ni a la rendición de cuentas: propone alcanzarlos por una vía distinta a la del temor. West es explícito en señalar que la compasión y la exigencia no son incompatibles; lo que cambia es el mecanismo por el cual se sostiene el estándar: no el miedo a la sanción, sino el compromiso genuino de un equipo que se siente escuchado, comprendido y acompañado por su conducción. Confundir el Gemba compasivo con un Gemba condescendiente es, en ese sentido, tan desvirtuado como confundirlo con una auditoría encubierta.
Estos cuatro riesgos —la auditoría encubierta, la compasión performativa, la inconsistencia y la confusión con la ausencia de exigencia— no son hipotéticos: son, en la experiencia de quienes gestionan instituciones de salud, las formas más frecuentes en que una buena intención inicial termina por vaciar de contenido tanto al Gemba walk como al propio concepto de liderazgo compasivo. Nombrarlos de manera explícita, como parte del marco conceptual y no como una advertencia accesoria, es lo que permite a un director médico distinguir cuándo está practicando Gemba compasivo y cuándo está, sin proponérselo, reproduciendo alguno de estos patrones.
IMPLICANCIAS PARA LA GESTIÓN DIARIA DE HOSPITALES, SANATORIOS Y CLÍNICAS
Para la dirección médica de una institución de salud, integrar la ronda gerencial diaria con un Gemba walk conducido bajo los cuatro comportamientos del liderazgo compasivo tiene consecuencias prácticas concretas:
Los indicadores de la ronda gerencial ganan contexto: un desvío en la programación quirúrgica o en los tiempos de guardia se entiende mejor cuando el director ha estado, recientemente, en el lugar donde ese desvío se produce.
La cultura de reporte de eventos adversos se fortalece: si el personal experimenta al director como alguien que atiende, comprende y empatiza en el Gemba, es más probable que reporte tempranamente los problemas de sistema, en lugar de ocultarlos por temor a la sanción.
El costo humano de liderar se distribuye mejor: un liderazgo que solo controla indicadores termina, con frecuencia, en una gestión reactiva y desgastante tanto para quien dirige como para los equipos; el componente compasivo del Gemba es también una forma de sostenibilidad para la propia función directiva.
La mejora continua se vuelve colaborativa y no impuesta: al cerrar el ciclo del Gemba con acciones concretas y explicadas, el equipo deja de vivir el cambio como una decisión externa y pasa a percibirlo como un proceso del que fue parte.
El liderazgo se distribuye: al poder practicarse en distintos niveles de la organización —jefes de servicio, supervisores, coordinadores—, el Gemba compasivo multiplica los puntos de contacto entre la conducción y los equipos, en lugar de concentrarlos exclusivamente en la dirección médica.
Estas implicancias no reemplazan las dimensiones operativas ya descriptas de la ronda gerencial diaria, sino que las completan: un director médico puede tener el tablero de indicadores mejor diseñado de la institución y, aun así, no comprender por qué esos indicadores se mueven como se mueven, si no sostiene una presencia regular, respetuosa y comprometida en el lugar donde el trabajo real ocurre.
Un ejemplo simple ilustra la diferencia. Ante una demora recurrente en el inicio de la primera cirugía del día, un director que solo mira el indicador puede limitarse a exigir puntualidad al equipo de quirófano. Un director que además practica el Gemba con los comportamientos descriptos puede descubrir, observando y preguntando por qué, que la demora se origina en un circuito de traslado del paciente que depende de un sector con el que nunca había conversado directamente, y que ese equipo lleva meses señalando el problema sin que nadie, hasta ese momento, hubiera actuado en consecuencia. La diferencia entre ambas respuestas no es de buena voluntad, sino de método: solo la segunda incorpora, de manera sistemática, la observación directa y el cierre del ciclo que el liderazgo compasivo exige.
CONCLUSIÓN
La ronda gerencial diaria ordena la información; el Gemba walk, cuando se practica bajo los principios del liderazgo compasivo, ordena la relación entre quien dirige y quienes sostienen la atención cada día. Ambas dimensiones —la técnica y la humana— son inseparables en la gestión cotidiana de un hospital, un sanatorio o una clínica. Encuadrar al Gemba dentro del liderazgo compasivo no es una decoración conceptual: es reconocer que la observación del trabajo real solo produce mejora sostenida cuando se hace atendiendo, comprendiendo, empatizando y actuando, y que ese mismo recorrido —bien hecho— es, en sí mismo, una forma de cuidar a quienes cuidan.
Para la dirección médica de instituciones de salud, la propuesta que se desprende de este recorrido conceptual es concreta: sostener la ronda gerencial diaria como dispositivo de información, y sostener el Gemba walk, con la misma regularidad y el mismo compromiso, como dispositivo de vínculo. Ninguno de los dos reemplaza al otro; ambos, combinados y sostenidos en el tiempo, son la expresión cotidiana de un liderazgo que entiende que la calidad de la atención al paciente y el cuidado del equipo que la sostiene no son dos agendas distintas, sino la misma agenda vista desde dos lugares.
REFERENCIAS
Deming, W. E. (1982). Out of the Crisis. Cambridge, MA: MIT Press.
Díaz, C. A. (2026). La ronda gerencial diaria del director médico: ordenamiento y control de la actividad asistencial cotidiana. saludbydiaz.com.
Dixon-Woods, M., Baker, R., Charles, K., Dawson, J., Jerzembek, G., Martin, G., … & West, M. (2014). Culture and behaviour in the English National Health Service: overview of lessons from a large qualitative study. BMJ Quality & Safety, 23(2), 106-115.
Edmondson, A. (1999). Psychological safety and learning behavior in work teams. Administrative Science Quarterly, 44(2), 350-383.
Improvement Cymru Academy (2023). Gemba: Toolkit Guide. NHS Wales.
Jansson, K. (2025). Recorridos Gemba: qué hacen mal los líderes y cómo solucionarlo. KaiNexus.
Kellerman, B. (2007). ¿Por qué mal liderazgo? Harvard Business Review.
Ohno, T. (1988). Toyota Production System: Beyond Large-Scale Production. Portland, OR: Productivity Press.
West, M. (2021). Compassionate Leadership: Sustaining Wisdom, Humanity and Presence in Health and Social Care. Swirl Enterprises.
West, M., & Chowla, R. (2017). Compassionate leadership for compassionate health care. En P. Gilbert (Ed.), Compassion: Concepts, Research and Applications (pp. 237-257). Londres: Routledge.
West, M., Eckert, R., Collins, B., & Chowla, R. (2017). Caring to Change: How Compassionate Leadership Can Stimulate Innovation in Health Care. Londres: The King’s Fund.
West, M., et al. (2020). The Courage of Compassion: Supporting Nurses and Midwives to Deliver High-Quality Care. Londres: The King’s Fund.
El 2 de mayo de 2026, se notificaron casos de enfermedad respiratoria grave en el crucero MV Hondius . Este barco, con pasajeros y tripulación de 23 países a bordo, había viajado desde el extremo sur de Sudamérica hasta las Islas Canarias para realizar avistamientos de naturaleza. Para el 13 de mayo, se habían atribuido un total de 13 casos y 3 muertes a la especie andina del hantavirus (virus andino).¹ La Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos de salud pública participaron y “evaluaron el riesgo que este evento representaba para la población mundial como bajo” .²
Los investigadores plantearon la hipótesis de que el primer caso, un hombre holandés que había estado observando aves en Chile y Argentina antes de abordar el barco, contrajo el virus en tierra y luego desarrolló síntomas y falleció a bordo. La transmisión de persona a persona provocó infecciones en su esposa y otros pasajeros. Dado el largo período de incubación del virus Andes (hasta 42 días), se sigue haciendo seguimiento a muchos contactos, incluyendo 16 personas en una unidad de biocontención en Nebraska. No hay evidencia de transmisión por roedores más allá del primer caso.
Este brote y la exagerada respuesta de los medios de comunicación ilustran la importancia de revitalizar el liderazgo de Estados Unidos en materia de enfermedades infecciosas a nivel mundial y la responsabilidad de los expertos de proporcionar orientación basada en datos.
¿Qué es el hantavirus?
El hantavirus es una zoonosis rara de distribución mundial que generalmente se produce cuando los humanos se exponen a la orina, las heces o la saliva de ratones y otros roedores.⁴ En el caso del virus Andes, la exposición se produce a través de la rata arrocera pigmea de cola larga ( Oligoryzomys longicaudatus ). En Estados Unidos, desde que se implementó la notificación obligatoria en 1995, se notifican aproximadamente 30 casos al año, principalmente infecciones por el virus Sin Nombre en el suroeste. Los casos en humanos suelen ocurrir después de realizar trabajos agrícolas, limpiar edificios o vivir en entornos con infestación de ratones.³ Solo la especie de hantavirus del virus Andes, que se encuentra exclusivamente en Sudamérica, es capaz de transmitirse de persona a persona por contacto cercano.
Todos los hantavirus provocan una enfermedad febril con fatiga, fiebre, mialgias y otros síntomas inespecíficos que a veces progresa a fiebre hemorrágica o síndromes renales o pulmonares con altas tasas de mortalidad. Actualmente no existe tratamiento más allá de los cuidados paliativos.
Prevención y contención
La prevención primaria de la infección por hantavirus en la comunidad se centra en evitar el contacto con roedores y sus excrementos. En entornos sanitarios, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. actualizaron recientemente las directrices para pacientes con el virus Andes³, recomendando el uso de precauciones completas, incluyendo habitaciones con presión de aire negativa, batas, guantes, protección ocular y un respirador N95 o similar. Es probable que estas precauciones sean excesivas, pero razonables dada la rareza del virus Andes y la limitada información sobre su transmisión. El virus Andes se ha cultivado a partir de la saliva de personas infectadas⁵ y parece propagarse principalmente a través de gotitas y contacto cercano.⁶ , ⁷ Se ha producido transmisión nosocomial.⁷
¿Cómo deben gestionarse los incidentes de salud pública como el hantavirus en el MV Hondius ?
La gestión de brotes sigue los protocolos establecidos en salud pública, y este proceso parece haberse seguido adecuadamente en el MV Hondius . Cuando se identifica un brote, el enfoque estándar es identificar, aislar e informar.⁸ Posteriormente, se pueden realizar evaluaciones específicas de los casos de enfermedad y determinar qué constituye una exposición y realizar el seguimiento .
La cuarentena, del italiano quaranta giorni (que significa 40 días), formó parte de la respuesta del siglo XIV a la peste ( Yersinia pestis ), que obligaba a los barcos a esperar antes de desembarcar si había personas enfermas a bordo. Actualmente, la mayoría de los brotes se pueden controlar con una combinación de cuarentena y vigilancia de los síntomas. Los agentes menos transmisibles, como el virus de los Andes, generalmente se pueden controlar con cuarentena domiciliaria y vigilancia de los síntomas, lo cual sigue siendo prudente y evita algunos de los inconvenientes observados con la COVID-19.
¿Por qué la alarma?
Para algunos, el hantavirus trajo a la memoria el caso del crucero Diamond Princess , donde más de 700 personas contrajeron COVID-19 en febrero de 2020, marcando el inicio de una pandemia mundial. Sin embargo, como lo describen la OMS y la mayoría de los expertos, el hantavirus en el MV Hondius fue muy diferente. El riesgo de un brote más extenso era bajo en comparación con otros virus; los casos se detectaron precozmente, en una población mayoritariamente controlada que podía ser rastreada y monitoreada de cerca y, lo más importante, con un virus de potencial de propagación limitado.
Sin embargo, la alarma y el miedo fueron factores importantes en la respuesta. Los medios de comunicación y algunos expertos generaron preocupación al insinuar que el hantavirus representaba un riesgo para la población estadounidense promedio, lo cual no era cierto. Esto pudo haber influido en las políticas. Estados Unidos exigió la cuarentena obligatoria para algunas personas expuestas, mientras que Canadá permitió la cuarentena domiciliaria y el monitoreo.
¿Es el hantavirus un indicador de la capacidad de respuesta ante una pandemia?
Este pequeño brote en un crucero requirió una importante intervención de expertos de la OMS. Ocurrió tras la retirada de Estados Unidos de la OMS y la consiguiente reducción de fondos para la infraestructura mundial de salud pública. Si bien este evento se gestionó adecuadamente, los recursos de la OMS podrían resultar insuficientes para gestionar futuros brotes. Los CDC de Estados Unidos, las universidades y otras instituciones son líderes mundiales en epidemiología y salud global, y deberían desempeñar un papel fundamental en la respuesta ante brotes epidémicos.
La gran atención y el frenético ciclo informativo que ha generado este brote deberían recordar a las autoridades sanitarias la necesidad de una comunicación frecuente, clara y objetiva. La coordinación entre los gobiernos y los sistemas de transporte, incluidos los cruceros, es compleja pero imprescindible. En definitiva, los medios de comunicación y el público siguen buscando la experiencia de personas e instituciones, a pesar de que la confianza en ambas se haya debilitado durante la pandemia de COVID-19. Los expertos deben honrar esa confianza con recomendaciones objetivas, basadas en datos y presentadas con sensibilidad a las preocupaciones de la población.
La contención de la propagación del virus de los Andes no es un indicador de preparación para una pandemia. No todos los virus letales pueden causar una pandemia. Este brote probablemente habría terminado independientemente de la habilidad con la que se manejó debido a la baja tasa de transmisión del virus de los Andes. El mayor brote conocido del virus de los Andes involucró a 3 personas enfermas en eventos sociales concurridos y terminó después de que ocurrieron 34 casos, con solo el autoaislamiento de las personas expuestas. 9
Amenazas crecientes
El riesgo de pandemias aumenta con la creciente interacción entre los seres humanos y la naturaleza, las interconexiones globales, el colapso social, las guerras, la disminución de la confianza y la inversión en salud pública, y la fragmentación de la colaboración internacional. Además, la reducción de la investigación sobre posibles patógenos pandémicos y las contramedidas necesarias para la preparación disminuye nuestra capacidad de respuesta.
Para contrastar este pequeño brote de hantavirus con otro brote que se está intensificando, se han notificado más de 500 casos confirmados y 100 muertes por la enfermedad del virus del Ébola (EVE) en la República Democrática del Congo y países vecinos. La EVE ha causado grandes brotes, como el de 2014 con más de 28 000 casos y transmisión limitada fuera de África, incluyendo casos en Estados Unidos. Ni el hantavirus ni la EVE se han considerado pandemias, definidas como la propagación mundial de un patógeno con transmisión sostenida. Con las intervenciones de control de infecciones, el R0 , o número reproductivo básico, fue inferior a 1 para el virus de los Andes y alrededor de 2 para el Ébola en el brote de 2014. Ambos R0 son mucho más bajos que los de la COVID-19 (R0 , 5-15) o el sarampión (R0 , 12-18).
La magnitud y el mayor riesgo de transmisión han llevado a la OMS, con razón, a declarar este brote de ébola como una emergencia sanitaria. Sin embargo, el brote del virus de los Andes, que terminó con 13 casos, atrajo igual o mayor atención por parte de los medios de comunicación, a pesar de representar un riesgo mucho menor que el de la enfermedad por el virus del Ébola para la población de los países afectados, así como la posibilidad de contagios entre viajeros.
Conclusiones
El caso del hantavirus en el MV Hondius nos recuerda que vivimos en un mundo con riesgos crecientes de pandemias reales. El interés público sostenido y la participación en las amenazas de enfermedades infecciosas emergentes son alentadores; sin embargo, es imperativo que los medios de comunicación interpreten con cautela la evidencia científica. Necesitamos expertos en salud pública, instituciones y medios de comunicación capaces de informar, educar y orientar a la población tanto sobre enfermedades infecciosas raras y de bajo riesgo pandémico, como el hantavirus, como sobre patógenos más graves, como el ébola.
Gavin H. Harris , MD Anabel Sinchi , MD , James Lawler , MD y Maria Frank , MD.
15 de julio de 2026 DOI: 10.1056/NEJMra2606651
Resumen
El virus Andes (VAND) es el único ortohantavirus con transmisión documentada entre humanos. Resumimos la epidemiología y las características clínicas de la infección por VAND y revisamos las mejores prácticas en su manejo clínico, basándonos en las guías de consenso de expertos publicadas, la experiencia de campo y los ensayos clínicos. Asimismo, evaluamos los tratamientos disponibles y en investigación (incluido el uso de agentes antivirales), analizamos las terapias emergentes con anticuerpos monoclonales y describimos las perspectivas para el desarrollo de vacunas. Finalmente, abordamos importantes medidas de prevención y control de la infección.
El virus Andes (ANDV) pertenece a la especie Orthohantavirus andesense y es el único ortohantavirus con transmisión documentada de persona a persona. Los ortohantavirus son virus de ARN monocatenario, de sentido negativo y trisegmentados.<sup> 1 </sup> Los roedores son el principal reservorio natural, aunque el virus también se ha encontrado en otros pequeños mamíferos, como topos y musarañas. Al igual que otros ortohantavirus en el hemisferio occidental, la infección por ANDV puede causar el síndrome pulmonar por hantavirus (anteriormente conocido como síndrome cardiopulmonar por hantavirus), que se asocia con una alta tasa de letalidad (del 25 al 40%). La supervivencia depende de factores del huésped y del virus; la identificación temprana del síndrome pulmonar por hantavirus, seguida del inicio de una atención de soporte óptima, se ha asociado con mejores resultados en casos graves. <sup>1-7</sup> Esta revisión resume la epidemiología, las características clínicas, el diagnóstico, las consideraciones para la prevención de la infección y las terapias emergentes para la infección por ANDV.
Epidemiología
Los primeros casos conocidos de infección por ANDV en humanos se documentaron en Argentina y Chile en 1995, tras lo cual el síndrome pulmonar por hantavirus se reconoció como una zoonosis endémica en el Cono Sur de Sudamérica.7-9 Los casos de infección humana se agrupan en áreas focales donde el ANDV es hiperendémico, pero la mayoría de los casos de síndrome pulmonar por hantavirus en Argentina y Chile parecen ser causados por otros ortohantavirus. 1,7,10–13 La infección humana ocurre principalmente por inhalación de excrementos de roedores en aerosol o por contacto directo con materiales contaminados ( Figura 1 ). Los casos se han asociado tradicionalmente con la exposición a viviendas o estructuras rurales infestadas de roedores, vertederos, basureros o espacios mal ventilados donde puede ocurrir la aerosolización de polvo contaminado. Las vías menos comunes de infección humana incluyen la inoculación durante mordeduras de roedores y la transmisión de persona a persona.
Virus de los Andes
•El virus de los Andes (ANDV) es el único ortohantavirus con transmisión demostrada de persona a persona y tiene un período de incubación prolongado de hasta 6 a 8 semanas.
•El virus ANDV causa el síndrome pulmonar por hantavirus, una enfermedad con una alta tasa de letalidad (del 25 al 40%) que progresa rápidamente desde una enfermedad febril hasta una insuficiencia respiratoria grave y shock en cuestión de horas o días.
•Los médicos deben mantener un alto índice de sospecha de ANDV en cualquier paciente que presente fiebre y una enfermedad respiratoria grave de rápida progresión junto con antecedentes relevantes de viajes o exposición; las señales de diagnóstico tempranas incluyen leucocitosis marcada, trombocitopenia y la presencia de inmunoblastos.
•Actualmente no existe ninguna terapia antiviral dirigida ni vacuna autorizada; el tratamiento se centra en la detección temprana y en cuidados intensivos de apoyo intensivos.
•Las medidas estrictas de prevención y control de infecciones son esenciales para reducir el riesgo de transmisión e incluyen el aislamiento inmediato, el uso de equipos de protección personal adecuados y la notificación urgente a las autoridades de salud pública.Las observaciones de brotes de infección por ANDV en hogares y hospitales han implicado el contacto prolongado o extenso con una persona infectada con ANDV como factor de riesgo para la transmisión de persona a persona. 3 La transmisión de persona a persona de ANDV se ha documentado tanto en Argentina (en particular el brote de Epuyén en 2018 y 2019) como en Chile (brotes en hogares y hospitales). La transmisión humana también se ha vinculado al genotipo relacionado de Buenos Aires (HU39694), pero el efecto de las diferentes variantes en la transmisión no está claro. 3,4
Sin embargo, se cree que la transmisión de persona a persona es generalmente poco común y se asocia con la exposición en el hogar, el contacto íntimo, el cuidado sin el equipo de protección personal (EPP) adecuado y la exposición prolongada en entornos mal ventilados o concurridos. No existe evidencia que respalde una transmisión comunitaria eficiente de ANDV. 3–7,12
Ferres et al. monitorearon 476 contactos de 76 pacientes índice con infección por ANDV confirmada en Chile durante 5 semanas y observaron una tasa de infección secundaria de aproximadamente 3%, siendo el riesgo más alto identificado la pareja sexual. 15 De los 16 pacientes en su informe que tuvieron infección secundaria por ANDV, se informó que 6 tenían ARN viral detectable en sangre periférica antes del inicio de los síntomas; el ARN viral se detectó en algunos pacientes hasta 2 semanas antes de la aparición de los síntomas. En un informe separado de Ferres et al., las muestras obtenidas de sangre y surcos gingivales después del inicio de los síntomas dieron positivo para ARN de ANDV en la mayoría de los pacientes. Las muestras de saliva, nasofaringe y orina fueron positivas en una minoría de pacientes, con algunas pruebas positivas hasta 3 semanas después del inicio de los síntomas.Quizás el grupo de casos humanos mejor analizado ocurrió en Epuyén, Argentina, durante 2018 y 2019. La investigación de dicho grupo mediante técnicas de genética molecular reveló tres eventos de superpropagación distintos que involucraron transmisión de persona a persona, algunos de los cuales ocurrieron en entornos sociales con contacto casual durante un corto período de tiempo. Además, el riesgo de transmisión pareció ser mayor durante los primeros 1 a 2 días de síntomas en los pacientes índice. No se documentó ninguna infección en trabajadores de la salud durante ese brote, a pesar de 82 exposiciones y un cumplimiento inconsistente de las prácticas recomendadas de prevención y control de infecciones. 3
Patogénesis
Después de la inhalación, ANDV infecta el epitelio respiratorio y las células endoteliales. 9,12,14 El aumento de la permeabilidad vascular pulmonar debido a la disfunción endotelial es el sello distintivo del síndrome pulmonar por hantavirus y se asocia con altas cargas virales y mediadores inflamatorios desregulados, como el factor de necrosis tumoral, la interleucina-6 y el interferón-γ. 2,9,12 Los estudios patológicos muestran una necrosis celular pulmonar mínima a pesar del marcado edema alveolar e intersticial y hemoconcentración con considerable infiltración de células inflamatorias. 2,9,12 Una vez que se pierde la integridad de la barrera endotelial, el volumen intravascular disminuye, un factor que es un importante contribuyente a la hipotensión, el shock y la hipoxemia.
Características clínicas
La insuficiencia respiratoria grave o de rápida progresión en una persona previamente sana con una exposición epidemiológica relevante debe generar sospecha clínica de infección por ANDV. La evolución clínica del síndrome pulmonar por hantavirus —la forma más grave de la enfermedad causada por la infección por ANDV— se muestra en la Figura 2. El síndrome pulmonar por hantavirus tiene varias fases y comienza con un período de incubación potencialmente prolongado (rango: 1 a 6 semanas; mediana: 2 a 3 semanas). 15-19 Los síntomas generalmente comienzan con un pródromo febril que puede durar de 1 a 7 días. El pródromo suele asociarse con cefalea y mialgias intensas y carece de características respiratorias prominentes. A medida que la enfermedad progresa, se desarrolla un síndrome de dificultad respiratoria aguda franco junto con choque circulatorio; el colapso cardiorrespiratorio y la muerte pueden ocurrir en 24 a 48 horas sin una atención de soporte agresiva optimizada para el síndrome pulmonar por hantavirus. La tasa de letalidad varía entre el 20 y el 40 %. 15-20 La trombocitopenia rápidamente progresiva y el aumento del porcentaje de inmunoblastos (>10%) son marcadores de laboratorio tempranos que sugieren síndrome pulmonar por hantavirus. Los signos de mal pronóstico para los pacientes que necesitan cuidados intensivos incluyen un nivel alto de lactato (>4,0 mmol por litro), un índice cardíaco bajo (<2,2 litros por minuto por metro cuadrado de superficie corporal) y un empeoramiento de la hemoconcentración. También se ha sugerido la proteinuria como factor pronóstico de peores resultados. 20 Los pacientes que sobreviven a la fase de convalecencia a menudo muestran una mejoría rápida con diuresis espontánea. 16,17 La recuperación completa entre los sobrevivientes ocurre de 2 a 3 semanas después de la resolución de la fase cardiopulmonar de la infección. 16–19,21Figura 2
Pruebas de diagnóstico
Durante la fase prodrómica de la enfermedad, se debe sospechar ANDV en pacientes con trombocitopenia, leucocitosis marcada e inmunoblastos circulantes, solos o en combinación, y una exposición compatible con las características epidemiológicas de la transmisión de ANDV. La hemoconcentración es un hallazgo común en las etapas posteriores de la enfermedad. 16 Los médicos deben notificar a los funcionarios de salud pública sobre los casos sospechosos para coordinar la realización de pruebas de ortohantavirus. Los síntomas tempranos de la infección por ANDV se superponen con los de muchas enfermedades tropicales y estacionales, y los diagnósticos diferenciales deben incluir influenza, infección por betacoronavirus, infección por legionela, infección por micoplasma, fiebre Q, leptospirosis, malaria grave, rickettsiosis y dengue.Un diagnóstico definitivo de infección por ANDV se basa en pruebas moleculares y serológicas, que generalmente se realizan en laboratorios de referencia designados. Debido a que la viremia es más alta durante la última parte de la fase prodrómica y la parte temprana de la fase cardiopulmonar, el ensayo de reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa puede detectar ARN de ANDV en muestras de sangre total tan pronto como 2 semanas antes del inicio de los síntomas y es más sensible en la primera semana de la enfermedad. 15–19,21 Los ensayos inmunoenzimáticos y los ensayos de inmunofluorescencia para IgM e IgG específicas de ANDV (contra la proteína de la nucleocápside) tienen alta sensibilidad y especificidad y son herramientas de diagnóstico fundamentales, especialmente en regiones donde ANDV es endémico. La IgM generalmente aparece durante la primera semana de la enfermedad y puede persistir durante semanas. En la Tabla 1 se resumen 15 criterios de vigilancia de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Un diagnóstico definitivo de infección por ANDV también debe considerar la posibilidad de exposición a una persona con infección por ANDV sospechada o confirmada.
Gestión
Actualmente no existen vacunas autorizadas ni terapias dirigidas para el síndrome pulmonar por hantavirus asociado al ANDV, y ningún fármaco o terapia inmunomoduladora específica cuenta con evidencia suficiente para respaldar su uso rutinario. La evidencia publicada sobre terapias específicas para la infección por ANDV consiste en dos ensayos controlados aleatorizados —uno que evaluó la ribavirina y otro que evaluó la metilprednisolona— con resultados negativos, un estudio abierto no aleatorizado de plasma de convalecientes y varios informes de casos pequeños y series de casos de agentes más recientes. Por lo tanto, dado que el síndrome pulmonar por hantavirus puede progresar rápidamente en cuestión de horas o días, el reconocimiento temprano y la atención de apoyo inmediata en una unidad de cuidados intensivos (UCI) son esenciales para la supervivencia. De hecho, la única intervención con una recomendación positiva clara es la atención de apoyo avanzada, que incluye enfoques juiciosos y a menudo restrictivos para el manejo de líquidos, monitorización y evaluación cardiovascular precisas y el uso de agentes vasoactivos. Se recomienda un manejo juicioso de líquidos porque una reposición demasiado agresiva puede exacerbar el edema pulmonar. 16,17 En pacientes seleccionados, la oxigenación por membrana extracorpórea venoarterial (ECMO) temprana se ha asociado con una alta supervivencia en series de casos. 20,21,23–26 No hay evidencia sobre la ECMO venovenosa. 16,20,25–27 La intubación puede precipitar un colapso hemodinámico debido a una disfunción diastólica profunda y una función miocárdica suprimida. 16,17Con base en un ensayo controlado aleatorizado de metilprednisolona e informes anecdóticos sobre el manejo de infecciones por hantavirus no ANDV, no se han recomendado los glucocorticoides. 16,28,29 En un ensayo chileno de metilprednisolona intravenosa en dosis altas en pacientes con síndrome pulmonar por hantavirus asociado a ANDV, los glucocorticoides no produjeron un beneficio clínico significativo ni una diferencia en la mortalidad en comparación con el placebo (intervalo de confianza del 95 %, 0,32 a 1,39). 30 Las guías de 2007 incluyen explícitamente los glucocorticoides entre los agentes contraindicados en pacientes con exposición al hantavirus. 30,31
Ribavirina
La ribavirina es un análogo de nucleósido que se ha utilizado en el tratamiento de muchas infecciones virales, incluyendo la fiebre de Lassa, la hepatitis C, la infección por el virus sincitial respiratorio y el sarampión, y ha mostrado actividad antiviral contra el ANDV. 32 La ribavirina produjo una inhibición dosis-dependiente de la replicación viral in vitro y la prevención del síndrome pulmonar por hantavirus en modelos animales cuando se administró tempranamente y como profilaxis postexposición. 30 Sin embargo, ningún ensayo clínico de alta calidad de ribavirina ha demostrado eficacia en humanos con infección por ANDV o síndrome pulmonar por hantavirus. 33-35 El ensayo metodológicamente más riguroso —un ensayo doble ciego controlado con placebo de ribavirina intravenosa en el síndrome pulmonar por hantavirus norteamericano (causado por el virus Sin Nombre)— no mostró diferencias significativas en la supervivencia o la necesidad de ECMO entre la ribavirina y el placebo y se terminó prematuramente por futilidad. 36 Algunas series de casos pequeñas en Argentina han sugerido que la administración temprana de ribavirina durante la fase prodrómica de la infección por ANDV puede estar asociada con una progresión reducida a la fase cardiopulmonar. Estos hallazgos preliminares subrayan la necesidad de realizar ensayos clínicos controlados. 36,37
Otros agentes terapéuticos y en fase de investigación
Otras terapias en investigación para el tratamiento de la infección por ANDV incluyen plasma de convalecientes, anticuerpos monoclonales, favipiravir, baloxavir, molnupiravir, enfoques de interferencia de ARN y terapias dirigidas al huésped. Los anticuerpos monoclonales (JL16 y MIB22) que se dirigen a las glicoproteínas de ANDV mostraron resultados prometedores en modelos de hámster, y el favipiravir (un inhibidor de la ARN polimerasa) produjo una reducción clínicamente significativa de la carga viral y un aumento de la supervivencia en pruebas preclínicas. 8,38–45 Un ensayo no aleatorizado sugirió que el plasma de convalecientes redujo la mortalidad en casi un 50 % en comparación con los casos de control. 38Hasta la fecha, no se han iniciado ni completado ensayos clínicos que evalúen la eficacia o seguridad de anticuerpos monoclonales, plasma inmune o agentes de molécula pequeña para la infección por ANDV o el síndrome pulmonar por hantavirus en humanos.<sup> 45 </sup> Todos los candidatos terapéuticos avanzados permanecen en etapas preclínicas o de investigación temprana. Se necesitan urgentemente estudios adicionales, incluidos ensayos controlados y aleatorizados de estos agentes.
Vacunas y profilaxis postexposición
En el primer ensayo de una vacuna contra el síndrome pulmonar por hantavirus en humanos que ha mostrado resultados prometedores (un ensayo de fase 1), una vacuna intramuscular de ADN contra el ANDV fue segura y generó respuestas robustas de anticuerpos neutralizantes en voluntarios sanos que se mantuvieron durante más de 330 días.⁹
Otras plataformas de vacunas (vacunas de virus inactivados y vacunas de vectores virales) permanecen en desarrollo preclínico. Algunos expertos recomiendan la ribavirina para la profilaxis postexposición al ANDV, pero esta recomendación no se basa en evidencia sólida.⁴⁶
Prácticas de prevención y control de infecciones
La prevención primaria de la infección por ANDV implica la eliminación de la exposición a los vectores roedores y sus excrementos, así como el uso de medidas de higiene ambiental y EPP para reducir el riesgo. 4 Las áreas infestadas de roedores deben limpiarse con desinfectantes a base de lejía por personal que utilice EPP, incluidos respiradores N95 (o de nivel superior) y protección ocular, en condiciones bien ventiladas. 47 Dado el riesgo de transmisión de persona a persona, las medidas de prevención y control de infecciones son fundamentales para la atención de pacientes con infección por ANDV. 4 Los CDC recomiendan la admisión de pacientes en una habitación de aislamiento para infecciones transmitidas por el aire y el uso de bata, guantes, protección ocular y un respirador N95 o de alto nivel. 47 Aunque la mayoría de los eventos de transmisión de persona a persona reconocidos ocurren después de un contacto cercano o prolongado y la transmisión asociada a la atención médica parece ser poco común, los eventos de superpropagación y la incertidumbre sobre el momento y la vía de infecciosidad respaldan un enfoque escalonado, basado en el riesgo, para la prevención y el control de infecciones. En Chile, se recomiendan precauciones contra la transmisión por gotitas durante la atención rutinaria de casos sospechosos o confirmados, reservándose las precauciones contra la transmisión aérea (p. ej., el uso de respiradores N95 o de mascarilla con filtro de nivel 2 [FFP2]) para procedimientos que generan aerosoles. 48 En Argentina, la guía nacional actual recomienda el aislamiento respiratorio, incluyendo el aislamiento de los pacientes en una habitación individual, el uso de respiradores N95 o FFP2 dentro de la habitación, el uso de EPI adicionales para prevenir la exposición a secreciones o fluidos, y el uso de respiradores N100 o FFP3 durante procedimientos invasivos de las vías respiratorias. 49,50 Es importante señalar que se ha documentado la transmisión nosocomial del ANDV, pero sigue siendo poco común, y que la mayoría de los eventos de transmisión de persona a persona han ocurrido entre contactos cercanos o convivientes. 4,6,15,50,51
Conclusiones
El ANDV es un patógeno emergente importante capaz de causar una enfermedad de rápida progresión y alta mortalidad. Los médicos deben mantener un alto índice de sospecha en cualquier paciente que presente fiebre y una enfermedad respiratoria grave y de rápida progresión, y que haya estado expuesto al virus o tenga antecedentes de viaje a una región donde el ANDV es endémico. La aparición rápida de leucocitosis, un aumento del porcentaje de inmunoblastos y la trombocitopenia son importantes indicios tempranos. Es fundamental notificar a las autoridades de salud pública para coordinar las pruebas y el aislamiento de los casos sospechosos y confirmados. La piedra angular del tratamiento sigue siendo principalmente de soporte e incluye atención inmediata y adecuada con soporte circulatorio en la UCI para el síndrome pulmonar por hantavirus; el soporte circulatorio puede incluir ECMO venoarterial. Se están desarrollando contramedidas médicas experimentales que solo deben administrarse en entornos de investigación. Las medidas de prevención y control de infecciones son cruciales para reducir la transmisión comunitaria y persistente de la enfermedad.
Fuente: Chea N, Li R, Eure T, et al. N Engl J Med 2026;395:255-266. DOI: 10.1056/NEJMoa2510881
1. Introducción y antecedentes
La vigilancia de infecciones asociadas a la atención sanitaria (IAAS) constituye una prioridad histórica para los sistemas de salud pública de Estados Unidos. Antes de la pandemia de COVID-19, los hospitales habían logrado reducir progresivamente la incidencia de infecciones monitorizadas por la National Healthcare Safety Network (NHSN) de los CDC, incluyendo las infecciones del torrente sanguíneo asociadas a catéteres centrales, las infecciones urinarias asociadas a catéter y las infecciones por Clostridioides difficile de origen hospitalario.
La pandemia revirtió gran parte de estos avances, probablemente por la alteración de las prácticas asistenciales y de control de infecciones, sumada al aumento de la gravedad clínica de los pacientes hospitalizados durante ese período. A partir de 2022 algunas tasas comenzaron a descender nuevamente, y para 2023 varias ya se ubicaban por debajo de los niveles prepandémicos.
Para complementar la vigilancia dirigida del NHSN, los CDC realizan encuestas periódicas de prevalencia puntual que permiten estimar la carga nacional y describir el conjunto de IAAS que ocurren en todo el hospital, no solo las asociadas a dispositivos. Las encuestas previas (2011 y 2015) habían mostrado una prevalencia de 1 de cada 25 pacientes y 1 de cada 31 pacientes, respectivamente. El estudio de 2023 repite esta metodología para evaluar la evolución de la prevalencia y actualizar la estimación de carga nacional.
2. Objetivos
Evaluar los cambios en la prevalencia de IAAS entre 2015 y 2023 en hospitales estadounidenses, y estimar la carga nacional de estas infecciones para el año 2023.
3. Métodos
Diseño y muestra. Diez centros del Emerging Infections Program (EIP) —California, Colorado, Connecticut, Georgia, Maryland, Minnesota, Nuevo México, Nueva York, Oregón y Tennessee— reclutaron hasta 25 hospitales cada uno, priorizando aquellos que ya habían participado en 2015. Cada institución seleccionó un día de encuesta entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre de 2023, incluyendo hasta 100 pacientes en hospitales de 400 camas o más, y 75 pacientes (o todos los elegibles) en el resto.
Recolección de datos. Personal capacitado del EIP revisó historias clínicas seleccionadas al azar para identificar IAAS según las definiciones vigentes de la NHSN, registrando también variables demográficas, clínicas y el uso de antimicrobianos.
Diferencia metodológica clave respecto de 2015: en 2023 se revisaron los registros de todos los pacientes encuestados, mientras que en 2015 solo se revisaban las historias de quienes cumplían un criterio de cribado (haber recibido antimicrobianos sin justificación documentada). Este cambio metodológico maximizó la detección de casos en 2023, lo cual constituye un elemento relevante al interpretar la reducción observada.
Análisis estadístico. Se utilizó SAS 9.4 para estadística descriptiva y modelos de regresión log-binomial multivariable, y R para la conversión de prevalencia a incidencia y la estimación de carga (métodos de Rhame-Sudderth y de Grenander), escalando los resultados con datos de la National Inpatient Sample (NIS) 2022.
4. Resultados principales
Indicador
2015
2023
Hospitales participantes
199
218
Pacientes encuestados
12.299
13.653
Pacientes con ≥1 IAAS
394 (3,2%)
355 (2,6%)
Hospitales universitarios
88 (44,2%)
131 (60,1%)
En los 151 hospitales que participaron en ambas encuestas, la prevalencia bajó de 3,3% a 2,8%. Tras ajustar por factores del paciente y del hospital en el modelo multivariable, los pacientes de 2023 presentaron un 27% menos de probabilidad de tener una IAAS respecto de 2015 (razón de riesgos 0,73; IC 95%: 0,63-0,85).
Tipos de infección con mayor descenso:
Infección por C. difficile: 0,54% → 0,22%
Infección del torrente sanguíneo asociada a catéter central: 0,30% → 0,16%
Infección urinaria asociada a catéter: 0,20% → 0,09%
Patrón que se mantiene estable:
Neumonía, infección de sitio quirúrgico e infección gastrointestinal siguen siendo las IAAS más frecuentes.
Aproximadamente el 60% de las IAAS no están vinculadas a un dispositivo o procedimiento (60,2% en 2015; 61,3% en 2023).
Más del 60% de las neumonías no se asocian a ventilación mecánica (64,5% en 2015; 65,7% en 2023).
La infección de sitio quirúrgico se mantuvo prácticamente sin cambios.
Patógenos.Staphylococcus aureus, Escherichia coli y C. difficile continúan siendo los patógenos más frecuentes, representando en conjunto el 51% de las IAAS con patógeno identificado. Notablemente, C. difficile pasó de ser el patógeno más común en 2015 (15,5% de las IAAS) a un rol más marginal en 2023 (7,7%). De las infecciones por S. aureus, el 46% correspondió a cepas resistentes a meticilina. El SARS-CoV-2 no se identificó como patógeno causal de ninguna IAAS.
. Resultados: la curva de prevalencia y su lectura económica
Indicador
2015
2023
Variación
Pacientes con ≥1 IAAS
3,2%
2,6%
↓ ~19% en prevalencia bruta
Riesgo ajustado (mismos 151 hospitales)
referencia
RR 0,73
↓ 27% de riesgo ajustado
Infección por C. difficile
0,54%
0,22%
↓ ~59%
Bacteriemia asociada a catéter central
0,30%
0,16%
↓ ~47%
ITU asociada a catéter
0,20%
0,09%
↓ ~55%
Carga nacional estimada (EE. UU., 2023)
687.200 (2015)
518.000
↓ ~25%
Cada uno de estos descensos tiene traducción directa en días-cama evitados, consumo de antimicrobianos de segunda línea evitado y menor exposición a eventos adversos asociados (insuficiencia renal por nefrotoxicidad, sobreinfecciones, reingresos). Las infecciones asociadas a dispositivo (catéter central, catéter urinario) muestran las mayores reducciones relativas — es justamente el segmento donde los programas de bundles de inserción y mantenimiento de catéteres tienen mayor evidencia de costo-efectividad, y donde la inversión en protocolos estandarizados de enfermería suele mostrar el retorno más claro.
El dato que más interesa al gestor: pese a esta mejora, más del 60% de las IAAS no están asociadas a un dispositivo o procedimiento, y se estima que más del 75% de estas infecciones no serían captadas por las especificaciones del Hospital Inpatient Quality Reporting Program de CMS. Esto es clave para cualquier sanatorio o financiador que diseñe sus tableros de calidad basándose solo en indicadores de vigilancia dirigida (NHSN clásico): estaría midiendo, en el mejor de los casos, una cuarta parte del problema real. Neumonía no asociada a ventilador, infección gastrointestinal e infección de sitio quirúrgico —que no cuentan con definiciones de vigilancia estandarizadas y de fácil extracción automática de la historia clínica electrónica— concentran la mayor parte de la carga no capturada.
4. Implicancias para el diseño de programas de control de infecciones y costos
a) Los programas centrados solo en dispositivos rinden decrecientemente. Las tasas asociadas a catéter ya vienen bajando de forma sostenida desde 2016 (con la interrupción pandémica ya superada). El margen de mejora remanente en catéteres es menor que el que existe en el resto de las IAAS no relacionadas a dispositivo — que es donde no hay aún protocolos de medición estandarizados ni, por ende, programas de gestión maduros.
b) Neumonía no asociada a ventilador: la oportunidad de costo-beneficio más clara y menos explotada. Sigue siendo la IAAS más frecuente (más del 60% de las neumonías no están vinculadas a ventilación mecánica, un patrón estable desde 2011). Un estudio reciente citado en la discusión mostró que un paquete de medidas de bajo costo — higiene bucal sistemática, tamizaje y manejo de disfagia, movilización temprana, desprescripción de inhibidores de bomba de protones sin indicación, y kinesiología respiratoria — redujo su incidencia en 31%. Es una intervención de bajo costo de implementación (no requiere tecnología ni insumos costosos) con impacto potencial alto en días de estadía evitados, lo que la vuelve especialmente atractiva para presupuestos ajustados de sanatorios privados.
c) Infección de sitio quirúrgico: costo estable, sin mejora. No mostró cambios entre 2015 y 2023, algo consistente con los reportes nacionales del NHSN 2021-2023. Esto sugiere que, a diferencia de las infecciones de catéter, las estrategias preventivas quirúrgicas actuales (profilaxis antibiótica, técnica, guías perioperatorias) ya alcanzaron una meseta y requerirían innovación adicional (bundles perioperatorios más agresivos, gestión de comorbilidades prequirúrgicas) para seguir bajando.
d) C. difficile: la reducción más marcada, con una salvedad metodológica para el gestor de calidad. Buena parte de la caída se explica por el cambio hacia algoritmos diagnósticos de dos pasos (NAAT + inmunoensayo enzimático confirmatorio), que son más específicos pero pueden subdetectar casos clínicamente relevantes. Un comité de control de infecciones que compare sus propias tasas interanuales de C. difficile debería verificar si hubo cambios en el algoritmo diagnóstico del laboratorio antes de atribuir la mejora exclusivamente a la práctica clínica.
Estimación de carga nacional 2023. Mediante el método de Rhame-Sudderth se estimaron 471.555 pacientes con al menos una IAAS (IC 95%: 354.723-636.247) y 518.000 infecciones totales (IC 95%: 494.500-542.000) en hospitales de EE. UU. Esta cifra es inferior a las estimaciones previas (687.200 en 2015 y 721.800 en 2011), pero continúa representando una carga sanitaria muy significativa.
5. Discusión
Los autores identifican tres elementos que sostienen la validez de la reducción observada, pese al cambio metodológico:
La revisión de todas las historias clínicas en 2023 (en lugar de solo las cribadas) tendería a aumentar, no disminuir, la detección de casos.
Al comparar exclusivamente las categorías de infección con definiciones equivalentes entre ambos años, la reducción se mantiene.
Los pacientes de 2023 eran de mayor edad y con estadías más prolongadas —factores que típicamente elevan el riesgo de IAAS— y aun así la prevalencia fue menor.
La caída en infecciones por C. difficile se explica en parte por la adopción de algoritmos diagnósticos de dos pasos (NAAT seguido de inmunoensayo enzimático), que aumentan la especificidad diagnóstica pero también podrían subestimar casos clínicamente relevantes, junto con un uso más racional de las pruebas y mejoras en la gestión de antimicrobianos.
La reducción en infecciones asociadas a catéteres centrales y urinarios es consistente con las tendencias ya documentadas por el NHSN desde 2016, con una interrupción durante la pandemia y recuperación posterior en 2022-2023.
La persistencia de la neumonía como IAAS más frecuente —mayormente no asociada a ventilación mecánica— señala una brecha relevante: no existe aún una definición de vigilancia estandarizada y fácilmente extraíble de la historia clínica electrónica para este tipo de neumonía, lo que dificulta medir el impacto de intervenciones preventivas (higiene bucal, manejo de disfagia, movilización temprana, suspensión de inhibidores de bomba de protones no indicados, kinesiología respiratoria), pese a que un estudio reciente mostró una reducción del 31% con este tipo de paquete de medidas.
La infección de sitio quirúrgico permanece como un desafío no resuelto, posiblemente influida por el retraso de cirugías electivas durante la pandemia y el aumento de la complejidad de los procedimientos realizados posteriormente.
Un dato de relevancia para la gestión sanitaria: más del 60% de las IAAS detectadas no están asociadas a dispositivo o procedimiento, y se estima que más del 75% de ellas no habrían sido captadas por las especificaciones del programa de reporte de calidad hospitalaria de CMS —lo que sugiere un punto ciego relevante en los sistemas de reporte de calidad basados solo en indicadores asociados a dispositivos.
6. Limitaciones
Los resultados podrían no ser representativos del conjunto de hospitales de EE. UU.
Los cambios en las definiciones NHSN a lo largo del tiempo dificultan atribuir la totalidad de la mejora a una mejor prevención de infecciones.
No se realizó ajuste por comparaciones múltiples.
El método de Rhame-Sudderth asume inclusión de infecciones curadas y activas, condición no siempre verificable en encuestas transversales.
7. Conclusiones
La prevalencia de IAAS en hospitales de EE. UU. disminuyó de 1 de cada 31 pacientes (2015) a 1 de cada 38 pacientes (2023), con una reducción del 27% en el riesgo ajustado. No obstante, la carga nacional estimada continúa superando las 500.000 infecciones anuales. Los autores destacan que la mayoría de las IAAS no están vinculadas a dispositivos ni procedimientos, por lo que los avances futuros en prevención requerirán estrategias específicas dirigidas a este grupo heterogéneo de infecciones —particularmente neumonía no asociada a ventilador e infección de sitio quirúrgico— más allá de las intervenciones clásicas centradas en catéteres y ventiladores.
El termino equidad no tiene una definición univoca. Se emplea más de lo que se practica, se pregona más de lo que se ejecuta. En nombre de la equidad se hacen muchas cosas que no sirven para nada. En particular en Argentina del fin de época de la seguridad social, con un sistema que no cubre puesto que no tiene la suficiente cantidad de recursos ni de gestión. La gestión no cubre la falta de recursos. Los recursos deben dimensionarse y planificarse. El PAMI, esta con serios problemas económicos. Sin obras sociales que tengan prestadores todos van a un hospital que esta en crisis, entonces recopilé algunas definiciones del Universalismo dirigido, en la era de la medicina basada en el valor.
¿Quées el Universalismo Dirigido?
«Este es un enfoque que apoya las necesidades de cada persona mientras nos recuerda que todos formamos parte del mismo tejido social. El universalismo dirigido rechaza un universal general que probablemente sea indiferente a la realidad de que diferentes grupos están situados de manera distinta en relación con las instituciones y recursos de la sociedad. También rechaza la afirmación de igualdad formal que trataría a todas las personas por igual, como forma de negar la diferencia.» Powell J. 2016
Segmentar dentro del universalismo significa estrablecer objetivos universales y medios o procesos específicos.
Universal, pero que refleja cómo las personas están en situaciones diferentes
Inclusivo, pero dirigido a quienes están más marginados
El universalismo dirigido dirige la atención a las vías que enfrentan diferentes grupos y sugiere cambios estructurales para facilitar esas trayectorias.
Articular un objetivo concreto basado en una comprensión y análisis sólidos del problema en cuestión.
Evalúa la diferencia entre la población general y el objetivo universal.
Evalúa la divergencia de ciertas geografías y segmentos poblacionales respecto al objetivo.
Evalúa las barreras para alcanzar el objetivo de cada grupo o región.
Elabora procesos dirigidos a cada grupo para alcanzar un objetivo universal.
Los niños experimentan diferentes niveles de interacción parental según la capacidad de sus padres para tomar una baja no remunerada
Los niños tienen acceso diferente a la atención sanitaria según su situación familiar
El acceso a la educación y la calidad de la educación varían para los niños según su estatus socioeconómico
¿Qué es la equidad?
Al comprometernos a priorizar la equidad, primero abordamos el problema de las interpretaciones inconsistentes de lo que significa la equidad. Entre las muchas definiciones alternativas, cada una con sus propias virtudes, la que nos ha resultado más útil proviene de la organización de investigación y defensa Urban Strategies Council : La equidad es la justicia y la imparcialidad logradas mediante la evaluación sistemática de las disparidades en oportunidades, resultados y representación, y la corrección de dichas disparidades a través de acciones específicas.⁴Esta definición responde a las necesidades de muchos grupos y poblaciones diferentes que funcionan diariamente bajo limitaciones estructurales que durante generaciones han restringido su capacidad de prosperar, lo que resulta en una marginación y opresión severas y acumulativas, independientemente de dónde vivan en el mundo. Solo cuando los esfuerzos de impacto colectivo se tomen el tiempo para comprender quiénes han sido marginados, por qué y cómo experimentan la marginación, y, después de dicha investigación, tomen medidas específicas para crear políticas, prácticas e instituciones que aborden las inequidades actuales e históricas, estas comunidades podrán liberarse para alcanzar su máximo potencial.
Poniendo la equidad en el centro del impacto colectivo.
Afortunadamente, muchos esfuerzos de impacto colectivo en todo el mundo ya han avanzado en la priorización de la equidad. Al estudiar los esfuerzos de impacto colectivo centrados en la equidad en diferentes regiones y problemáticas, observamos que cinco estrategias en particular se perfilan como fundamentales para lograr la equidad:
Fundamentar el trabajo en datos y contexto, y orientar el análisis hacia soluciones.
Centrarse en el cambio de sistemas, además de en los programas y servicios.
Cambiar el equilibrio de poder dentro de la colaboración.
Escuchar a la comunidad y actuar en consecuencia.
Fomentar el liderazgo equitativo y la rendición de cuentas.
Ninguna de estas estrategias es nueva, pero siguen requiriendo comprensión y compromiso para tener éxito. En conjunto, constituyen la base de un enfoque integral que prioriza la equidad en el impacto colectivo. Analicémoslas una por una.
Estrategia n.° 1: Fundamentar el trabajo en datos y contexto, y enfocar las soluciones. | Fundamentar el trabajo en datos y contexto apropiados requiere que los participantes en la iniciativa de impacto colectivo desarrollen una comprensión nueva y compartida de la terminología, la historia, los datos y las historias personales. Muchas narrativas ampliamente aceptadas, pero falsas y dañinas en nuestra sociedad, son utilizadas por quienes ostentan el poder —intencionadamente o no— para ocultar el racismo estructural. Mucho antes de analizar datos o proponer soluciones, los participantes deben crear un lenguaje común de definiciones consensuadas sobre raza y equidad. 7
Además, los participantes deben compartir una comprensión más precisa de los orígenes y la naturaleza de las desigualdades existentes. Esta comprensión debe incluir la distinción entre racismo estructural y culpabilización personal, así como el desarrollo de la empatía más allá de los sentimientos individuales de culpa entre los privilegiados o la vergüenza entre las personas marginadas. Un trabajo eficaz en pro de la equidad antirracista casi siempre comienza con una comprensión más profunda de la historia.
Esta estrategia se refleja en el trabajo de Zea Malawa , doctora en medicina, pediatra afroamericana y madre, quien lidera Expecting Justice, la organización que impulsa una iniciativa de impacto colectivo centrada en mejorar la salud infantil y materna entre las familias afroamericanas e isleñas del Pacífico en San Francisco. A pesar de la riqueza de la ciudad, uno de cada siete bebés afroamericanos nace prematuramente, el doble que los bebés blancos. Desde su creación, Expecting Justice ha orientado todos sus esfuerzos a abordar las desigualdades raciales como la causa fundamental de las disparidades en los resultados al nacer.
“Siempre intento pensar en cómo podríamos hacer que el antirracismo parezca irresistible”, dice Malawa. Su equipo comienza asegurándose de que todos los participantes comprendan el contexto histórico de los datos. “La gente puede reconocer que otros son pobres y que su salud se ve afectada por esa pobreza, pero la mayoría de las veces no pueden explicar el motivo”, explica. “Y al no poder explicarlo, surgen prejuicios culturales profundamente racistas”.
Para replantear el tema, Malawa destaca momentos cruciales de la historia estadounidense, desde la época de la esclavitud en Estados Unidos hasta las formas modernas de opresión que han negado a las personas negras la oportunidad de participar equitativamente en el progreso económico estadounidense.⁸ Por ejemplo, el respaldo deliberado del gobierno a las prácticas de discriminación hipotecaria en la financiación de la compra de viviendas después de la Segunda Guerra Mundial es la razón por la que las personas de color fueron segregadas en barrios empobrecidos y se les negó el acceso a la propiedad de la vivienda, quedando así excluidas de la principal fuente de riqueza intergeneracional para las familias blancas de clase media. Malawa muestra mapas de discriminación hipotecaria de hace décadas que trazan con precisión los contornos de los barrios de bajos ingresos actuales.
Malawa ofrece ayuda adicional a los líderes de la iniciativa Expecting Justice que no tienen mucha experiencia directa con la comunidad a la que sirve, para que comprendan mejor las causas de la inequidad. Por ejemplo, elaboró cuatro escenarios diferentes que ilustran las barreras estructurales que enfrentan las mujeres al dar a luz, abarcando desde la marginación racial hasta el privilegio racial. Posteriormente, involucró a los miembros del comité directivo en el desarrollo de un «mapa de comprensión» para la futura madre en cada escenario, destacando cómo aumentan los obstáculos y desafíos para las madres pertenecientes a grupos racialmente marginados.
Las narrativas falsas no solo perviven en la historia, sino también en los datos que recopilamos hoy. Estamos acostumbrados a describir los problemas de la sociedad con datos agregados: la tasa nacional de desempleo, las tasas de graduación de la escuela secundaria, el número de personas que viven por debajo del umbral de pobreza o el porcentaje de mortalidad neonatal. Sin embargo, los datos agregados ocultan variaciones según características como la raza y la etnia, el género, la edad, la orientación sexual, los niveles de ingresos y la ubicación geográfica. A menos que se desagregen los datos, no podemos comprender realmente los problemas, desarrollar soluciones adecuadas ni documentar el progreso.
Por ejemplo, fuimos testigos del daño que puede surgir de la falta de desagregación de datos y la falta de soluciones específicas durante la pandemia de COVID-19, cuando muchas jurisdicciones no recopilaban ni informaban las tasas de infección ni los datos de pruebas por raza y etnia, y posteriormente se enteraron de tasas de enfermedad dispares y posiblemente prevenibles. 9
La mera obtención de datos desagregados puede suponer un reto, ya que a menudo no se recopilan con la especificidad suficiente; por ejemplo, los datos recopilados para personas de origen asiático no especifican su nacionalidad. La falta de datos desagregados con precisión oculta muchos problemas y puede dar lugar a programas y políticas ineficaces. Un cambio sistémico importante que puede surgir de los esfuerzos de impacto colectivo es la promoción ante los organismos públicos, los investigadores y otros responsables de conjuntos de datos administrativos para que mejoren la precisión de sus prácticas de recopilación y presentación de datos, con el fin de facilitar análisis más equitativos y soluciones más específicas.
Los datos desagregados son esenciales, pero no suficientes. Centrar la equidad en el trabajo de impacto colectivo requiere una comprensión más holística de la experiencia de vida de las poblaciones marginadas, la cual solo puede lograrse mediante entrevistas, encuestas, grupos focales, historias personales y una participación auténtica. Con demasiada frecuencia, los conjuntos de datos, en particular los que son exclusivamente cuantitativos, no logran capturar el contexto importante que solo conocen las personas más afectadas y sus allegados, y los grupos que interpretan los datos a menudo no incluyen a quienes tienen experiencia vivida al darles sentido. Para abordar este problema, muchos esfuerzos de impacto colectivo comienzan con «recorridos de datos», en los que todos los participantes, incluidos los líderes de las organizaciones y los residentes con experiencia vivida de los problemas, revisan datos visuales fáciles de entender y, juntos, analizan, interpretan y crean un significado compartido sobre lo que dicen los datos.
Expecting Justice ha convertido la contextualización adecuada de los datos en un principio fundamental de su trabajo. La mayoría de su comité directivo está compuesto por líderes blancos de agencias gubernamentales y otras grandes organizaciones, muchos de los cuales tienen un contacto directo limitado con madres y familias, pero también incluye a varias madres negras e isleñas del Pacífico. El equipo central reconoció la necesidad de dar mayor relevancia a la experiencia de estas madres como datos esenciales y dedicó varios meses a generar confianza y establecer relaciones con el grupo para crear un espacio donde pudieran compartir sus historias como parte del trabajo del comité directivo para contextualizar el tema del parto prematuro.
El mero hecho de buscar y escuchar las historias del grupo afectado puede sentar las bases para generar confianza con los actores clave de la comunidad. El uso activo de estas historias también puede servir para identificar y centrar la narrativa del cambio en la comunidad. Este paso puede orientar las conversaciones sobre soluciones, pasando de respuestas programáticas convencionales a soluciones sistémicas más enfocadas en lograr una mayor equidad.
Una vez que los esfuerzos de impacto colectivo hayan obtenido suficiente información del contexto histórico y de los datos cuantitativos y cualitativos desagregados que describen la experiencia de quienes son marginados, los participantes deben dirigir las estrategias de manera diferenciada a los subgrupos para lograr mejores resultados comunitarios. El enfoque de universalismo dirigido de John A. Powell, del Instituto de Alteridad y Pertenencia de la UC Berkeley, demuestra una forma de operacionalizar la equidad racial mediante la focalización de las intervenciones en subgrupos. «La justicia no se promueve tratando a quienes se encuentran en una situación diferente como si fueran iguales», dice Powell. «Una estrategia universal dirigida es aquella que incluye las necesidades tanto de los grupos dominantes como de los marginados, pero presta especial atención a la situación del grupo marginado». 10
El universalismo focalizado sostiene que nuestro objetivo no debe ser solo reducir las disparidades, sino también mejorar los resultados para todos. Si solo el 50 % de los niños blancos leen al nivel correspondiente a su edad y el 30 % de los niños negros lo hacen, cerrar la disparidad aún deja al 50 % de los niños por debajo de ese nivel. Podemos tener un objetivo universal para nuestra comunidad, como la competencia lectora, pero necesitamos comprender las diferentes barreras que enfrentan los diversos subgrupos y adaptar nuestras estrategias y recursos para abordar esas barreras específicas. No focalizar las intervenciones probablemente mantendrá, e incluso exacerbará, las disparidades existentes.
Estrategia n.° 2: Centrarse en el cambio sistémico, además de los programas y servicios. | Los resultados y soluciones equitativos que abordan las causas profundas de los problemas sociales a nivel comunitario, regional o nacional no se pueden lograr programa por programa. Requieren cambios más profundos en los sistemas, estructuras, políticas y culturas públicas y privadas que producen sistemáticamente, y a menudo fueron diseñadas para producir, resultados racistas o inequitativos.
El cambio sistémico es un concepto frecuentemente discutido pero poco comprendido. Un marco que ha demostrado ser útil para muchos profesionales del impacto colectivo consiste en considerar los cambios sistémicos en tres niveles de explicitud. 11El primero es el nivel de cambio estructural: cambios en las políticas, las prácticas y los flujos de recursos. Este nivel es explícito, ya que las personas involucradas en el sistema pueden identificar fácilmente estas condiciones. El segundo es el nivel de cambio relacional, específicamente, las relaciones y conexiones, y las dinámicas de poder entre personas u organizaciones. Este nivel tiende a ser semiexplícito, ya que a veces las personas pueden ver estas dinámicas y otras veces ocurren fuera de la vista de algunos actores del sistema. El tercer nivel de cambio sistémico es el cambio transformador: los modelos mentales, las cosmovisiones y las narrativas que subyacen a nuestra comprensión de los problemas sociales. Este nivel suele ser implícito en el esfuerzo, pero tiene el mayor poder para guiar el comportamiento individual y sistémico a largo plazo.
Al emprender proyectos de cambio sistémico, muchas personas y organizaciones invierten la mayor parte de su tiempo y recursos en intentar modificar las condiciones en el primer nivel. Si bien estas soluciones estructurales son importantes, cambiar la estructura sin modificar las relaciones, las dinámicas de poder y los modelos mentales puede conducir a soluciones irrelevantes, ineficaces, irresponsables e insostenibles. Esta tendencia se acentúa especialmente si las soluciones se desarrollaron en un contexto donde los grupos marginados carecían de voz y poder. Por lo tanto, los esfuerzos de impacto colectivo deben trabajar simultáneamente en los tres niveles del cambio sistémico para lograr una transformación más profunda y sostenible.
Si bien el trabajo de cambio sistémico es esencial para lograr la equidad, el progreso suele ser a largo plazo y no visible para los miembros de la comunidad que enfrentan dificultades hoy. Las intervenciones que mejoran los programas y servicios satisfacen las necesidades de las personas en el presente y, a menudo, mantienen a los residentes y miembros de la comunidad activos en los esfuerzos de colaboración, ya que su impacto es más tangible y relevante para la vida cotidiana de las personas. El trabajo programático también puede servir de base para los cambios estructurales, sistémicos y de políticas necesarios para lograr resultados más amplios. La mayoría de los esfuerzos de impacto colectivo de alta capacidad trabajan tanto a nivel programático como sistémico, priorizando la equidad. Expecting Justice es un ejemplo de ello.
En sus iniciativas programáticas, Expecting Justice trabaja para fortalecer y ampliar los programas existentes con el fin de satisfacer las necesidades más urgentes de las madres negras e isleñas del Pacífico en San Francisco. Por ejemplo, Expecting Justice gestionó fondos para apoyar y ampliar los servicios de SisterWeb, una red comunitaria de doulas en San Francisco. Las investigaciones demuestran que la atención de las doulas contribuye a mejorar los resultados del parto , especialmente para las mujeres de color de bajos ingresos, y la ampliación de este programa tiene el potencial de beneficiar de inmediato a los padres en San Francisco.
En sus esfuerzos sistémicos, Expecting Justice participa en los tres niveles del cambio sistémico. A nivel estructural, Expecting Justice está lanzando el Proyecto Nacimiento Abundante, un programa piloto para brindar ingresos suplementarios sin restricciones durante el embarazo y durante seis meses después del parto a madres negras e isleñas del Pacífico en San Francisco. Este ingreso garantizado para las madres durante el embarazo es el primero de su tipo en los Estados Unidos, allanando el camino para un programa de ingreso básico más amplio financiado por el estado en California , y sus impactos serán estudiados para futuras implicaciones políticas para San Francisco y más allá . A nivel relacional del cambio sistémico, Expecting Justice ha generado confianza entre los proveedores y los miembros de la comunidad y ha redistribuido el poder en la toma de decisiones. Por ejemplo, las madres con experiencia vivida tienen la última palabra en el comité directivo antes de cualquier votación. Y a nivel transformador del cambio sistémico, Expecting Justice ha trabajado para eliminar los modelos mentales racistas y los sesgos conscientes o inconscientes de la supremacía blanca en los sistemas de atención médica y servicios sociales de San Francisco. Al replantear el problema y desglosar los datos, la organización está cambiando los modelos mentales sobre por qué se producen los partos prematuros y concienciando sobre las causas fundamentales, estructurales, institucionales e interpersonales de racismo, que subyacen a estos partos.
A medida que los esfuerzos de impacto colectivo buscan transformar los sistemas, también deben adaptar la medición, la evaluación y el aprendizaje para monitorear y aprender de los cambios en estos sistemas, además de los cambios en los resultados individuales. Tomemos, por ejemplo, el Foro de Jóvenes con Oportunidades del Instituto Aspen, que apoya los esfuerzos de impacto colectivo en todo Estados Unidos para mejorar los resultados de los jóvenes que están desconectados del trabajo y la escuela. Este foro monitorea no solo los resultados agregados de los jóvenes (por ejemplo, obtener un diploma de escuela secundaria o equivalente, inscribirse en la educación postsecundaria, conseguir empleo), sino también los cambios en los sistemas (por ejemplo, evidencia de cambios en el poder comunitario, revisiones de narrativas, mejores trayectorias, cambios en las políticas públicas, cambios en la financiación). Las medidas de cambio sistémico identifican si los sistemas que perpetúan los problemas están cambiando para apoyar mejor la equidad para la población objetivo. A menudo, los datos cualitativos proporcionan mediciones más significativas del cambio sistémico que las medidas cuantitativas, porque la información cualitativa ayuda a comprender la compleja dinámica inherente a los sistemas y también proporciona información sobre por qué ocurren los cambios en el sistema.
Con demasiada frecuencia, nos centramos en la diversidad para cambiar quién se sienta a la mesa sin modificar la dinámica subyacente de las decisiones que se toman en ella, mediante el cambio de la cultura y el poder.
Estrategia n.° 3: Redistribuir el poder dentro de la colaboración. | Las políticas públicas, las normas y la asignación de recursos suelen estar controladas por individuos que no representan a las poblaciones afectadas por sus decisiones. Lograr resultados equitativos y un cambio sistémico requiere transferir el poder a los afectados.
Consideremos un esfuerzo de impacto colectivo en la remota localidad de Bourke, a 800 kilómetros (500 millas) al noroeste de Sídney, Australia. En 2017, las tasas de delincuencia y encarcelamiento de la población aborigen se encontraban entre las más altas del país. La gestión de los problemas en esta pequeña localidad, donde conviven miembros de 21 grupos aborígenes diferentes, se ve complejizada por su historia de desplazamiento forzado y reasentamiento durante el colonialismo blanco. Ante la preocupación de los residentes por el hecho de que otros actores del sistema tuvieran más información y poder, el esfuerzo de impacto colectivo comenzó utilizando datos para entablar conversaciones significativas entre residentes y proveedores de servicios, con el fin de generar confianza y establecer una visión compartida. Posteriormente, los líderes indígenas colaboraron con organizaciones estatales y filantrópicas para crear el Proyecto de Reinversión en Justicia de Maranguka , cuyo objetivo es redirigir fondos del sistema de justicia penal hacia iniciativas preventivas, de reinserción y de desarrollo comunitario que aborden las causas profundas de la delincuencia.
Si bien la iniciativa ha involucrado a todas las partes con poder de decisión sobre la infancia, el trabajo está guiado por el consejo tribal que representa a los 21 grupos aborígenes. Las instituciones gubernamentales, en lugar de liderar como lo han hecho tradicionalmente desde la colonización, ahora siguen el ejemplo de la comunidad. Equipos liderados por la comunidad aborigen trabajan en colaboración con los proveedores de servicios y se aseguran de que todos los niños sean atendidos. Este traspaso de poder a la comunidad ha dado lugar a mejores resultados, con reducciones sustanciales en los delitos graves y un aumento en los apoyos que ayudan a los niños a prosperar, como tener una relación positiva con un adulto. Donde antes los miembros de la comunidad tenían poca influencia en la toma de decisiones, ahora ayudan a establecer las prioridades comunitarias, influyen en la distribución de los recursos públicos y privados y exigen responsabilidad a los programas y sistemas.
Muchas personas se sienten más cómodas hablando de diversidad e inclusión que de poder, pero sin abordar el poder, los esfuerzos que resaltan la diversidad apenas rozan la superficie. Frontline Solutions, una consultora propiedad de personas negras que presta servicios a los sectores filantrópico y sin fines de lucro, define el poder como “la capacidad o autoridad para influir en otros, decidir quién tendrá acceso a los recursos y definir la realidad o ejercer control sobre uno mismo o sobre los demás”. Algunos ostentan el poder como resultado de cargos formales, otros en virtud del control de recursos financieros, otros a través de la influencia de sus relaciones. Quienes controlan los recursos y establecen políticas —líderes gubernamentales, filántropos, líderes empresariales y líderes de grandes instituciones, como hospitales y universidades— tienen mayor poder no solo en la sociedad, sino también, a menudo, en la gobernanza de impacto colectivo.
Involucrar a estos líderes en el proceso de impacto colectivo es fundamental para su eficacia: pueden generar cambios a gran escala, influir en la narrativa y aportar los recursos necesarios, pero a menudo están alejados de las poblaciones a las que afectan sus decisiones. En Estados Unidos y gran parte del mundo occidental, quienes ostentan el poder suelen ser hombres blancos. Con demasiada frecuencia, nos centramos en la diversidad para cambiar quién participa en la toma de decisiones sin modificar la dinámica subyacente de las decisiones, transformando la cultura y el poder. Para obtener resultados equitativos se requieren mesas de toma de decisiones más equitativas.
El poder también existe en las comunidades donde los individuos tienen relaciones e influencia que brindan el conocimiento, la confianza y la credibilidad esenciales para el éxito del impacto colectivo. Demasiados esfuerzos iniciales de impacto colectivo reflejaban una toma de decisiones vertical, agrupando a líderes institucionales que tenían menos conexión, conocimiento auténtico o credibilidad con los socios y miembros de la comunidad. Muchos enfrentaron resistencia comunitaria, no lograron alinear a los socios necesarios y no alcanzaron los resultados esperados, aprendiendo por las malas que la experiencia vivida y el conocimiento del contexto eran necesarios para fundamentar mejor las decisiones. Que tanto los líderes institucionales como los comunitarios compartan el poder en la toma de decisiones es fundamental para alinear recursos, socios y comunidades e impulsar cambios programáticos y sistémicos. Sin embargo, a menudo surgen dos problemas cuando los grupos de toma de decisiones se vuelven más diversos. Primero, los líderes de impacto colectivo no desarrollan ni fomentan una cultura inclusiva, por lo que aquellos con más poder institucional o recursos dominan o reciben deferencia. Segundo, aquellos con poder institucional o recursos se resisten a procesos más inclusivos que son menos eficientes e implican conversaciones o desacuerdos incómodos, por lo que abandonan la mesa o delegan su rol a otros con menos influencia.
En nuestra experiencia, la redistribución del poder en una colaboración requiere atención e intención explícitas. Los líderes deben coincidir en la importancia de practicar la equidad para lograr resultados equitativos y deben estar dispuestos a modificar sus procesos de toma de decisiones y ceder parte de su poder. Sin embargo, deben definir claramente el propósito de la participación comunitaria: por qué es necesaria para sus objetivos programáticos y de cambio sistémico. De lo contrario, el compromiso disminuye y los miembros de la comunidad perciben una menor determinación.
Muchos observadores creen que los cambios de poder solo se producen como resultado de grandes y dramáticos acontecimientos. Sin embargo, el cambio también puede surgir de numerosos eventos pequeños —datos e historias recién compartidos, relaciones que se desarrollan, la experiencia directa del problema— que provocan un cambio de mentalidad y de actitud. Con el tiempo, el poder puede desplazarse hacia la equidad de maneras antes inimaginables. El personal de Backbone y los miembros del comité directivo pueden fomentar la creación de relaciones y la empatía entre los miembros organizando comidas con pequeños grupos de participantes diversos para que conozcan sus antecedentes, motivaciones y compromiso con la iniciativa. El personal de Backbone también puede organizar reuniones en espacios comunitarios; reunirse alrededor de mesas pequeñas, en lugar de grandes mesas de juntas, para estimular el diálogo; y facilitar una cultura transparente y justa que identifique y negocie las dinámicas incómodas y genere confianza entre los miembros. Todos estos pasos pueden parecer pequeños, pero pueden generar resultados sorprendentes y poderosos.
La experiência de la Red Colaborativa de Jackson en el cambio de poder en un condado relativamente conservador de Michigan resulta instructiva. Monica Moser, la directora ejecutiva blanca de la Fundación Comunitaria de Jackson, explica que la red comenzó con datos: «Las disparidades raciales eran impactantes y evidentes, y también recopilamos las historias de los residentes para ilustrar las barreras que las generan». En 2020, para cambiar la dinámica de poder y fomentar una participación más inclusiva, la red reorganizó su trabajo para abordar las causas profundas de las desigualdades, aumentando sustancialmente la diversidad de su comité directivo y creando oportunidades de liderazgo dentro del comité para participantes que representan tanto a la comunidad como a las organizaciones líderes. Las relaciones y la confianza han sido ingredientes esenciales para el cambio, pero su desarrollo requirió tiempo.
“Ahora tenemos relaciones sólidas con líderes comunitarios que antes no teníamos”, dice Moser. “No nos limitamos a entrevistar con empatía a los residentes con experiencia directa, sino que los involucramos para que nos ayudaran a diseñar soluciones y a evaluar su eficacia. Fueron testigos de su influencia”.
Estrategia n.° 4: Escuchar a la comunidad y actuar con ella. | Al analizar con honestidad las raíces de los desafíos que enfrentan muchas comunidades, descubrimos que debemos pasar de trabajar en las comunidades a trabajar con ellas y apoyar el trabajo que realizan. Si reconocemos, por ejemplo, la dificultad de llegar a 12 000 mujeres en edad fértil en seis códigos postales con grandes disparidades en los resultados del parto, comprenderemos que quienes ya tienen una relación con esas mujeres y gozan de su confianza son esenciales para lograr los resultados deseados. Familias, amigos, vecinos y grupos que ya operan en la comunidad poseen el conocimiento, las habilidades y la experiencia esenciales para generar un cambio equitativo.
Escuchar a la comunidad requiere confianza y participación; no se logra con un grupo focal puntual ni una encuesta rápida. Requiere conocer a nuestros beneficiarios y nuestra cercanía a ellos. La escucha suele ser más continua y orgánica cuando el equipo central y el equipo directivo incluyen personas que comparten los antecedentes de los beneficiarios, viven en los barrios atendidos y tienen experiencia directa con los problemas que se abordan. Si los miembros del equipo central, el comité directivo y los grupos de trabajo no incluyen esta diversidad de perspectivas comunitarias, deberían colaborar con socios que tengan la confianza necesaria para aportar una variedad de puntos de vista comunitarios. Después de todo, nadie puede ser la voz de una comunidad, por lo que es fundamental escuchar diversas voces.
Sin embargo, un cambio más transformador y equitativo se produce cuando actuamos con la comunidad, reconociendo y potenciando a las personas y el poder que contiene. Este enfoque requiere que veamos a las comunidades y a sus residentes como activos, en lugar de problemas que deben resolverse. 13 Reconoce el talento y el compromiso de los residentes, la importancia de las relaciones locales y el valor de las instituciones dirigidas por miembros de la comunidad como pilares del cambio. Rechazando los enfoques de «salvación blanca» externos, estos esfuerzos basados en los activos se preguntan: ¿Qué problemas quieren resolver las comunidades? ¿Qué poder ya poseen? ¿Qué soluciones están creando que podamos apoyar? Empezamos a reconocer, por ejemplo, que la mujer que visita a las madres jóvenes del barrio forma parte de la salud pública y que el comerciante que asesora a los jóvenes de la zona participa en el desarrollo juvenil. La cuestión no es quién presta servicios o trabaja en una comunidad, sino en quién confían sus miembros.
Hope Starts Here (HSH), una iniciativa de colaboración para la primera infancia en Detroit, ejemplifica la importancia de escuchar y fortalecer las relaciones de confianza con la comunidad. Desde su creación, HSH se ha centrado en la capacidad de las familias y las organizaciones para desenvolverse en el sistema de atención a la primera infancia. HSH ha desarrollado una infraestructura para la participación de los padres que incluye líderes para cada uno de los objetivos estratégicos de la iniciativa, siete coordinadores de extensión comunitaria (residentes en el distrito donde trabajan) y un equipo de especialistas que trabajan directamente en cada distrito. A través de estos especialistas, los padres reciben capacitación sobre el desarrollo cerebral infantil para que puedan influir en las políticas estatales, abogar por experiencias de calidad en la primera infancia para sus hijos y adoptar las mejores prácticas para aplicar en casa.
“La comunidad es quien realmente lidera y da forma a este trabajo”, afirma Camarrah Morgan, coconordinadora de la participación de la comunidad afroamericana. “Sabemos cómo desenvolvernos en el sistema y cómo obtener recursos para que, cuando se agote la financiación de HSH, siga existiendo un mecanismo para defender nuestros derechos y los de nuestros hijos”.
Estrategia n.° 5: Fomentar el liderazgo y la rendición de cuentas en materia de equidad. | Nuestro enfoque aquí se centra en el liderazgo y la rendición de cuentas que priorizan la equidad en el trabajo, impulsando las estrategias analizadas en este artículo. Este liderazgo no debe estar centralizado, sino distribuido a lo largo de todo el esfuerzo de impacto colectivo, incluyendo al personal clave y a las partes interesadas, como los miembros del comité directivo, los presidentes de los grupos de trabajo, los financiadores, las organizaciones asociadas y la comunidad en general.
¿Qué significa para la organización principal liderar con un enfoque en la equidad? En primer lugar, significa contar con un equipo central que refleje la diversidad de la población a la que sirve. Para muchas iniciativas, esto requerirá modificar o ampliar el equipo central y, posiblemente, que sus miembros actuales den mayor cabida a diferentes perspectivas, especialmente a las de las personas con experiencia vivida, o que los financiadores apoyen la ampliación del equipo para que refleje mejor a la comunidad.
Si bien muchos profesionales del impacto colectivo conciben al coordinador como un intermediario imparcial, este no puede ni debe ser neutral a la hora de destacar la importancia de la equidad en el trabajo del grupo. Igualmente importante, los demás líderes de la iniciativa deben adoptar un enfoque inquebrantable en la equidad.
Este compromiso implica exigir responsabilidades a quienes ocupan puestos de poder —en su mayoría líderes blancos— por los avances logrados en su labor personal y organizacional en materia de equidad. Más allá de replantear el problema para reconocer cómo el racismo estructural, organizacional e interpersonal, u otras formas de opresión, han contribuido al mismo, los líderes deben realizar una profunda introspección personal para comprender su propia contribución al statu quo.
La responsabilidad personal puede adoptar muchas formas. Para los líderes blancos, puede significar pronunciarse públicamente contra el racismo, incluso cuando parezca arriesgado. También puede implicar reconocer públicamente el racismo propio o de su organización en el pasado y el daño causado. Asimismo, significa exigir responsabilidad a otros líderes para que actúen en favor de la erradicación del racismo.
Desde el punto de vista estructural, mantener la rendición de cuentas en el liderazgo de equidad puede ser difícil porque el impacto colectivo se basa en un enfoque no jerárquico. El comité directivo y la estructura principal, por ejemplo, no tienen autoridad formal sobre quienes participan en el trabajo. En consecuencia, solo los pares y las expectativas compartidas del grupo pueden garantizar la rendición de cuentas. En Jackson, Michigan, por ejemplo, Moser reprendió en una ocasión a uno de los mayores donantes de la fundación por una declaración racista que hizo públicamente. Su junta directiva, que había estado profundizando su comprensión de la equidad racial, la respaldó a pesar del riesgo de perder los fondos. «Esto sentó un precedente y demostró que vamos en serio», afirma Moser.
Expecting Justice ha integrado la rendición de cuentas entre pares en su labor de impacto colectivo de diversas maneras. La iniciativa utiliza grupos de afinidad racial, o grupos de discusión, para crear un foro donde los participantes de color puedan debatir temas juntos, y donde los participantes blancos puedan apoyarse mutuamente en su trabajo personal relacionado con la equidad racial. La iniciativa también promueve el uso de «compañeros de rendición de cuentas», es decir, encontrar un socio de confianza con quien los participantes puedan compartir su dedicación personal y sus avances en los compromisos de equidad racial. Finalmente, honrar la experiencia de las madres con vivencias propias en el grupo, dándoles la última palabra en el comité directivo antes de que se tome una decisión, es un poderoso recordatorio de que la rendición de cuentas ante las madres y sus bebés es el propósito fundamental de Expecting Justice.
Nuestra Estrella Polar
El impacto colectivo nunca ha sido un marco rígido que garantice el éxito. Es un enfoque que debe adaptarse a las circunstancias de cada comunidad y problemática. En la última década, el entusiasmo por este concepto ha sido constante. Más importante aún, miles de personas que trabajan en diferentes contextos alrededor del mundo han aprendido y perfeccionado este enfoque. De las muchas lecciones aprendidas por los profesionales, la más importante, sin duda, es la necesidad de priorizar la equidad en el trabajo.
Agradecemos a los numerosos socios y grupos que nos han ayudado a aprender y a profundizar en la importancia fundamental de la equidad, y esperamos que muchos más utilicen las cinco estrategias aquí descritas con la urgencia que requieren. Sin una atención decidida a estas y otras estrategias de equidad sobre el terreno, el impacto colectivo corre el riesgo de reforzar, en lugar de eliminar, las desigualdades que subyacen a los desafíos que buscamos resolver. Si alcanzar la equidad y la justicia es nuestra meta, debemos comenzar con el objetivo en mente.
Lecciones de los ecosistemas de innovación universidad-empresa y su lectura para las redes de salud
Dr. Carlos Alberto Díaz
saludbydiaz.com
Quienes trabajamos en el diseño de redes sanitarias venimos utilizando desde hace tiempo la lógica de “centro y ramificaciones” (hub and spoke) para organizar la derivación de pacientes, la complejidad tecnológica y los servicios compartidos entre efectores. Un estudio publicado recientemente en The Journal of Technology Transfer permite mirar ese mismo esquema organizativo desde otro ángulo: el de la transferencia de conocimiento entre universidades y empresas dentro de ecosistemas de innovación. El trabajo, firmado por Compagnucci, Spigarelli, Perugini, Iacobucci y Cobis, analizó once ecosistemas industriales italianos financiados por el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (NRRP), cada uno organizado alrededor de un nodo central universitario y una serie de nodos satélite.
Lo interesante para la gestión sanitaria no es el objeto de estudio en sí —la política de innovación tecnológica italiana— sino la evidencia empírica que aporta sobre cómo se gobierna, se financia y se sostiene en el tiempo una arquitectura de centro y ramificaciones cuando el propósito central es que el conocimiento circule entre nodos con intereses, capacidades y ritmos distintos. Esa es, exactamente, la tensión que enfrentan las redes de salud integradas.
1. El modelo de centro y ramificaciones en los ecosistemas de innovación
Los once ecosistemas relevados comparten una estructura simple en apariencia: un nodo central (hub) y entre cinco y diez nodos periféricos (spokes). Sin embargo, la flexibilidad de la normativa nacional para su constitución generó una heterogeneidad considerable tanto en el tamaño como en la organización interna de cada centro. A diferencia de los antecedentes internacionales del modelo H&S, donde el nodo central suele ser una única gran empresa, en el caso italiano los centros están integrados por varias instituciones —universidades, organismos públicos de investigación y actores privados—, mientras que los nodos satélite se organizan como asociaciones con un socio líder, casi siempre una universidad.
La gestión del centro tiende a ser deliberadamente reducida: un coordinador científico, un director general o gestor de programa y, como mucho, dos o tres colaboradores junior. Algunos centros, no obstante, decidieron invertir más recursos en una estructura interna más amplia para vincularse con actores externos y sostener los sistemas de planificación financiera y control. Esta diferencia —entre un centro “liviano” y uno con capacidad administrativa propia— es la primera decisión de diseño que el estudio pone en foco, y también la primera pregunta que cualquier red de salud regional debería hacerse antes de definir el tamaño de su nodo coordinador.
Idea clave El tamaño y la complejidad del centro coordinador no son un dato menor de diseño organizacional: condicionan tanto la capacidad de orquestación de la red como el riesgo de burocratizar procesos que, en los nodos periféricos, deben mantenerse ágiles.
2. Tres formas de aplicación según la escala geográfica
El estudio identifica tres variantes del modelo, cada una asociada a condiciones de contexto distintas:
Ecosistemas urbanos o metropolitanos
Funcionan bien cuando existe alta densidad de agentes innovadores, un tejido empresarial maduro y servicios de incubación disponibles, generalmente alrededor de una temática de innovación muy específica. El caso citado es MUSA, en Milán, orientado a la sostenibilidad urbana.
Ecosistemas de base regional
Con una universidad líder en el centro, muestran mayor participación de distintos actores en la gobernanza y suelen concentrarse en uno o pocos dominios de especialización. El ejemplo de RAISE (Liguria) ilustra el caso de una única universidad al frente junto a dos institutos públicos de investigación; el de Roma Technopole muestra el riesgo opuesto, cuando varias universidades conviven en el mismo nodo regional y la gobernanza puede saturarse o dispersar la agenda de innovación.
Ecosistemas interregionales
Operan sobre áreas geográficas heterogéneas y suelen adoptarse cuando no existe un ecosistema previo consolidado. Casos como iNEST, VITALITY y NODES muestran que aquí el modelo H&S resulta particularmente útil para ordenar una complejidad organizativa alta, aunque a costa de una especialización temática menos definida.
3. Tres modelos de gestión de la transferencia de conocimiento
Más allá de la escala geográfica, el aporte más transferible del estudio para la gestión de redes es la tipología de modelos de transferencia de conocimiento que encontraron entre los nodos periféricos.
Modelo
Lógica de funcionamiento
Cuándo conviene
Riesgo principal
Centralizado
Un nodo de “servicio” único gestiona la transferencia de conocimiento en nombre de todo el ecosistema (formación, aceleración de spin-offs, propiedad intelectual).
Cuando existe un actor con madurez reconocida en la materia, o una fuerte identidad científica común (p. ej. ciencias de la vida, como en el caso del Ecosistema de Salud de Toscana).
Mayores costos de coordinación y duplicación si no se planifica con precisión.
Descentralizado
Cada actor diseña y ejecuta de forma autónoma sus propias acciones de transferencia (patentes, licencias, llegada al mercado).
Cuando participan pocas universidades, cada una con oficinas de vinculación ya consolidadas y una especialización muy definida.
Fragmentación de procesos y pérdida de sinergias entre instituciones.
Híbrido
Un primer nivel común, gestionado por un nodo de servicio, convive con un segundo nivel donde cada nodo actúa con autonomía sobre su propia especialización.
Ecosistemas incipientes, con pocos nodos y capacidades de transferencia dispares entre sí.
Requiere un esfuerzo explícito de coordinación entre ambos niveles.
En los tres modelos, un hallazgo se repite: la transferencia de conocimiento la ejecutan los nodos periféricos, nunca el centro. El centro coordina, asigna y hace seguimiento; el conocimiento se produce y circula en la periferia. Esa distinción de roles —coordinación arriba, ejecución abajo— es, otra vez, un principio directamente aplicable al diseño de redes asistenciales.
4. Qué mostró la evidencia de campo
Alrededor del 80% de los responsables de los centros se declaró satisfecho o muy satisfecho con el modelo H&S como forma de organizar la colaboración universidad-empresa.
Dos tercios de los referentes de los nodos periféricos manifestaron el mismo nivel de conformidad, una proporción algo menor que la de los centros, lo que sugiere que el costo administrativo del modelo se percibe con más intensidad en la periferia que en la coordinación.
La principal crítica no fue al diseño en red en sí, sino al aumento de la carga burocrática y a la rigidez de los plazos de la política pública que financia el esquema: entre abril de 2022 y junio de 2026, un período considerado corto para procesos de maduración tecnológica, en particular en ciencias médicas y biotecnología.
Frente a ese límite temporal, algunos ecosistemas —como SAMOTHRACE y RAISE— optaron por no perseguir el desarrollo de tecnología nueva desde cero, sino por acelerar prototipos y tecnologías ya existentes en su región, evaluando su nivel de madurez tecnológica y sus posibilidades comerciales antes de asignar recursos.
5. Lectura para el diseño y la gestión de redes de salud
Ninguno de los hallazgos anteriores es exclusivo de la política de innovación industrial. Tres ideas resultan directamente transferibles al diseño de redes sanitarias integradas por niveles de complejidad:
El tamaño del centro coordinador debe decidirse, no heredarse
Así como algunos ecosistemas optaron por un centro liviano y otros por uno con capacidad administrativa propia, una red de salud regional necesita definir explícitamente cuánta estructura de coordinación central es necesaria para sostener la planificación, el control de gestión y la relación con los efectores periféricos, sin que esa estructura termine compitiendo con la autonomía clínica y operativa de los nodos.
El modelo de “nodo de servicio” es aplicable a funciones compartidas de salud
La distinción entre transferencia de conocimiento centralizada, descentralizada e híbrida encuentra un paralelo directo en cómo se organizan servicios compartidos dentro de una red asistencial —laboratorio central, diagnóstico por imágenes, farmacia, capacitación continua o sistemas de información—. El estudio sugiere que el modelo centralizado conviene cuando existe una identidad técnica fuerte y consolidada; el descentralizado, cuando los efectores ya cuentan con capacidad instalada propia; y el híbrido, cuando la red recién se está formando y las capacidades entre nodos son todavía dispares.
La sostenibilidad post-financiamiento es el punto ciego más repetido
La principal limitación estructural que señalan los propios gestores italianos es qué ocurre cuando termina el financiamiento público que dio origen a la red. Esa misma pregunta es central en cualquier proyecto de red de salud financiado con fondos de un programa o de cooperación internacional: el diseño de gobernanza debe anticipar, desde el inicio, cómo se sostiene la coordinación una vez que el impulso inicial de recursos se agota.
Para llevar a la práctica Al dimensionar o rediseñar una red de salud, conviene explicitar tres decisiones que este estudio ayuda a nombrar: (1) el tamaño y la función real del nodo coordinador; (2) el modelo de gestión —centralizado, descentralizado o híbrido— para cada función compartida de la red, que no tiene por qué ser el mismo para todas; y (3) el mecanismo de sostenibilidad de la coordinación una vez finalizado el financiamiento que dio origen al esquema.
Conclusión
El valor de este estudio para la gestión sanitaria no está en sus recomendaciones de política de innovación tecnológica, sino en la evidencia sistemática que aporta sobre un dilema que las redes de salud enfrentan constantemente: cómo equilibrar coordinación central y autonomía periférica sin sacrificar ni la cohesión de la red ni la agilidad de sus nodos. La experiencia de once ecosistemas de innovación, con sus aciertos y sus tensiones administrativas, ofrece un espejo útil para quienes diseñan y gestionan redes de servicios de salud en Argentina.
Referencia del estudio comentado
Compagnucci, L., Spigarelli, F., Perugini, F., Iacobucci, D. & Cobis, F. (2026). ¿Es relevante el modelo de centro y ramificaciones para la colaboración entre universidades e industria en los ecosistemas de innovación? The Journal of Technology Transfer, 51, 243–274. https://doi.org/10.1007/s10961-025-10234-6
Este artículo fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como apoyo en la redacción y edición, bajo la supervisión científica del Dr. Carlos Alberto Díaz.
La colaboración funcional bidireccional entre el hospital y los centros periféricos
El modelo hub and spoke descripto en los capítulos anteriores define una estructura de red: qué nodo concentra qué recurso, y bajo qué protocolo se derivan y contrarrefieren los pacientes entre ellos. Pero una estructura correctamente diseñada no garantiza, por sí sola, que la red funcione para las personas que la transitan. Lo que sostiene a un paciente a lo largo del tiempo —y no solo durante un episodio puntual— son tres procesos que atraviesan toda la estructura: la transición asistencial entre niveles, la longitudinalidad del cuidado y la vinculación efectiva entre el paciente y los dispositivos de la red. Este desarrollo amplía esos tres conceptos y examina la naturaleza real de la relación entre el hub y el spoke.
1. Transición asistencial: un concepto más amplio que el alta
La transición asistencial no se agota en el alta hospitalaria: es cualquier punto de la red donde el paciente cambia de responsable clínico. Ocurre en la derivación del spoke al hub, en la contrarreferencia de vuelta, en el pase a un dispositivo intermedio, en el cambio de médico de cabecera o en el egreso de un programa de seguimiento. Cada una de estas transiciones es, estadísticamente, un punto de fuga de información y de responsabilidad: la evidencia en seguridad del paciente muestra que la mayoría de los eventos adversos evitables no ocurren dentro de un nivel de atención, sino en el pasaje entre dos niveles. Una red madura no gestiona «el alta» como un evento aislado: gestiona todas las transiciones con el mismo estándar — información estructurada, responsable identificado en cada extremo y una ventana de tiempo definida para confirmar que la transición fue efectivamente recibida del otro lado.
2. Longitudinalidad y vinculación con la red
La longitudinalidad es la relación sostenida entre una persona y un mismo responsable clínico a lo largo del tiempo, más allá de cuántos episodios agudos o niveles de atención intervengan en el medio. Por diseño, no puede sostenerla el hub —que ve al paciente por episodio— sino el spoke, que es el único nodo con la posición y la información para decir, por ejemplo, que un paciente hipertenso hace ocho meses que no se controla, antes de que eso derive en una descompensación evitable.
Estar en el área de influencia de un centro no equivale a estar vinculado a él. La vinculación real requiere tres condiciones: asignación explícita de un profesional o equipo de referencia identificado por nombre; trazabilidad bidireccional de la información entre spoke y hub en cada derivación y contrarreferencia; y corresponsabilidad de dispositivo, de modo que un paso por un centro intermedio (media estancia, rehabilitación) no reemplace el vínculo con el spoke, sino que lo sostenga temporalmente y lo devuelva con información al finalizar.
3. La relación hub-spoke: colaboración funcional bidireccional
El error más frecuente al diseñar una red es leer la relación hub-spoke como una pirámide jerárquica: el hub decide y enseña, el spoke ejecuta y deriva. Esa lectura es funcionalmente incorrecta. Cuando el modelo funciona, el intercambio de valor corre en ambos sentidos, y el hub mejora su propio desempeño aprendiendo de los patrones que los spokes identifican en la comunidad — información epidemiológica que el hub, absorbido por su propia demanda hospitalaria, no puede generar por sí mismo.
Figura 1. Colaboración funcional bidireccional entre el hub y el spoke.
El hub aporta al spoke
El spoke aporta al hub
Soporte técnico y consulta especializada
Acceso territorial y conocimiento del terreno
Formación continua y actualización clínica
Seguimiento longitudinal de pacientes crónicos
Recepción de derivaciones complejas
Retroalimentación sobre necesidades locales
Tecnología y recursos de alta complejidad
Detección temprana de patrones epidemiológicos
Un ejemplo concreto ilustra ese último punto: un spoke que detecta un aumento inusual de consultas por un mismo cuadro clínico en un barrio determinado está generando información epidemiológica que el hub, encerrado en su propia demanda hospitalaria, no puede generar por sí mismo. Si ese flujo de información no está institucionalizado —si depende de que un médico se lo comente informalmente a un colega— la red pierde una de sus fuentes de inteligencia más valiosas.
4. Resistencia cultural: prevenirla y gestionarla
Si la relación se percibe como jerárquica —aunque el diseño formal diga lo contrario—, es esperable que directores y médicos de los spokes sientan pérdida de autonomía o de estatus por ser «periferia» de un sistema más amplio. Ignorar esta dimensión es, probablemente, la causa más frecuente de que un modelo de red bien diseñado en el papel termine funcionando como un hospital con sucursales que no colaboran entre sí.
Riesgo percibido en el spoke
Estrategia de gestión activa
Pérdida de autonomía clínica
Gobernanza compartida: los spokes participan en el diseño de los protocolos, no solo los reciben
Pérdida de estatus profesional
Reconocimiento explícito del conocimiento territorial como activo tan valioso como la tecnología del hub
Métricas que solo miden derivación
Indicadores que valoran también la resolución local, no únicamente el volumen derivado
Formación unidireccional
Ateneos y rondas conjuntas donde el hub también aprende de los patrones detectados en el spoke
5. Traslados y capacidad de filtro real
Dos condiciones operativas sostienen todo lo anterior. Primero, el sistema de traslados debe funcionar en la práctica y no solo en el protocolo: sin ambulancia disponible y tiempos de respuesta reales, la promesa de derivación erosiona la confianza que se busca construir. Segundo, el spoke necesita capacidad de filtro real —recursos diagnósticos mínimos y respaldo protocolar— para decidir con criterio qué resuelve localmente y qué deriva; sin esa capacidad resolutiva, todo termina derivándose por defecto y el hub se satura de casos que el territorio podría haber resuelto.
6. El spoke como solución estratégica de gestión
Un spoke bien diseñado no es solo un punto de atención primaria: es una pieza de control de gestión de toda la red.
Coordina la logística de transferencia del paciente, en lugar de que esa decisión recaiga de forma desordenada sobre el hub o sobre el propio paciente.
Actúa como catalizador de acceso a los hospitales de mayor complejidad de la provincia, al filtrar y priorizar quién efectivamente necesita ese recurso escaso.
Eficientiza el gasto de la red: cada consulta resuelta en el spoke es una consulta que no ocupa innecesariamente un recurso de alto costo.
Ejerce control de costos de forma distribuida, en el punto de origen de la demanda — donde ese control es más eficiente y menos costoso de aplicar.
Idea centralInvertir en fortalecer spokes no es «gastar en la periferia para aliviar al hub»: es la decisión de gestión más costo-efectiva de una red de salud, porque actúa sobre el volumen de demanda antes de que se convierta en gasto de alta complejidad.
En definitiva, la solidez de una red hub and spoke no se mide por la sofisticación de su hospital de referencia, sino por la calidad del vínculo longitudinal que sus spokes logran sostener con cada paciente a lo largo del tiempo. La estructura organiza los recursos; la vinculación, la longitudinalidad y una relación hub-spoke genuinamente bidireccional son las que determinan si esa estructura efectivamente cuida a las personas.
Gestión y Economía de la Salud
Producir información, conocimiento y discusión sobre gestión sanitaria y economía de la salud