Mejoras en la Evaluación del Tratamiento Oncológico en el hospital de día. National Health Service

Abdul-Azeez Usman Muhammed, Shahid Gilani, Rajanee Bhana

https://doi.org/10.1016/j.inhs.2026.100067Obtén derechos y contenidoBajo una licencia Creative Commons

Abstracto

Fondo

La administración oportuna de la terapia sistémica contra el cáncer (TSC) es esencial para obtener resultados oncológicos óptimos (1). La evaluación previa al tratamiento desempeña un papel fundamental para garantizar la idoneidad del paciente para la terapia; sin embargo, las ineficiencias en el flujo de trabajo, los retrasos y las inconsistencias en la programación dentro de los servicios oncológicos de alto volumen del NHS pueden afectar negativamente la atención (2,3). Esta evaluación examinó el proceso de evaluación de la TSC dentro de un centro oncológico del NHS para identificar deficiencias operativas y evaluar el impacto de mejoras específicas en el servicio.

Métodos

Se realizó una evaluación del servicio de dos ciclos, antes y después, en la Sala 202 entre agosto de 2024 y enero de 2025. Se recopilaron datos semanales sobre el volumen de pruebas de detección, su duración, las demoras o cancelaciones, las prescripciones de apoyo y el asesoramiento clínico brindado al personal de enfermería. Las intervenciones implementadas entre ciclos incluyeron la introducción de un proceso estructurado de detección anticipada de dos días, la prescripción temprana de apoyo y la separación de los casos de hematología/inmunología de los casos de oncología de tumores sólidos (4). Se compararon descriptivamente las métricas clave entre los ciclos.

Resultados

El ciclo 1 incluyó 1026 pacientes evaluados con 39 retrasos (3,8%), mientras que el ciclo 2 incluyó 1773 pacientes evaluados con 62 retrasos (3,5%). La proporción de pacientes oncológicos aumentó del 71% al 73%. La duración media de la evaluación aumentó mínimamente (2,22–2,30 min), mientras que el asesoramiento proporcionado a las enfermeras disminuyó del 8% al 6%. Las causas más frecuentes de retraso fueron el ingreso hospitalario y la finalización de los tratamientos.

Palabras clave

Terapia sistémica contra el cáncer (TSCC)

Servicios de oncología

Evaluación del servicio

retrasos en el tratamiento

Introducción

La terapia sistémica contra el cáncer (TSC) es un pilar fundamental del tratamiento de las neoplasias malignas sólidas, cuya seguridad y puntualidad dependen de una evaluación pretratamiento precisa y consistente 

1 , 3. Esta evaluación incluye valoración clínica, revisión de parámetros de laboratorio y coordinación multidisciplinaria. En las unidades oncológicas del NHS con alto volumen de pacientes, pueden producirse retrasos debido a la disponibilidad de personal, a investigaciones tardías o incompletas, o a procesos de triaje deficientes 2 , 

4 .La unidad 202 de oncología terciaria del NHS inició esta evaluación para examinar la variabilidad en la eficiencia de las pruebas de detección e identificar áreas de mejora. Utilizando las directrices nacionales reconocidas como estándares de referencia⁴ 

, el proyecto evaluó los flujos de trabajo de las pruebas de detección previas al tratamiento, implementó cambios operativos específicos y volvió a medir el rendimiento en un segundo ciclo de evaluación.

Métodos

Se llevó a cabo una evaluación de servicio en dos fases (antes y después) en la Sala 202, una sala de oncología de nivel terciario del NHS que administra SACT para un amplio espectro de neoplasias malignas. Este trabajo se realizó como una evaluación de servicio conforme a las directrices establecidas por NICE y los estándares de servicio locales. El propósito fue medir el impacto de las intervenciones operativas dirigidas en los procesos de cribado, la eficiencia del flujo de trabajo y la frecuencia de retrasos en el tratamiento. Para garantizar la reproducibilidad, las variables clave se definieron a priori. La duración del cribado se definió como el tiempo desde el inicio hasta la finalización de la evaluación dirigida por el médico residente por paciente. Las interrupciones de enfermería se definieron como solicitudes no programadas que requerían la intervención del médico residente durante el proceso de cribado. Los retrasos en SACT se definieron como el tratamiento planificado no administrado en la fecha prevista. No se realizaron pruebas estadísticas formales debido a la naturaleza descriptiva de la evaluación. Los resultados se presentaron utilizando estadística descriptiva, incluyendo recuentos, porcentajes y valores medios.

Evaluación

Esta evaluación del servicio se llevó a cabo en la sala 202, una unidad oncológica terciaria del NHS con un alto volumen de pacientes, responsable de administrar terapia sistémica contra el cáncer (TSC) para un amplio espectro de tumores sólidos. El objetivo era evaluar la eficiencia y la coherencia del proceso de cribado previo al tratamiento y determinar si ciertas modificaciones operativas específicas podrían mejorar la administración oportuna del tratamiento.Se empleó un diseño de antes y después durante dos ciclos distintos. El primer ciclo se llevó a cabo entre el 16 de agosto y el 11 de octubre de 2024, durante el cual seis médicos residentes de especialidad (SpR) completaron registros de evaluación diarios que revisaban a todos los pacientes programados para recibir SACT. Estos registros capturaron el número total de pacientes evaluados cada semana, la duración de la evaluación por paciente, el número y la naturaleza de los retrasos o cancelaciones del tratamiento, la distribución de los casos de oncología en comparación con los de hematología, y la frecuencia con la que se requirieron prescripciones de apoyo como suplementos de magnesio, fluidos intravenosos u otros medicamentos. Los registros también documentaron las ocasiones en que el personal de enfermería solicitó aclaraciones o asesoramiento sobre los pacientes que se presentaban para recibir tratamiento.Entre los dos ciclos, se introdujeron varias intervenciones clave para abordar las ineficiencias identificadas en la fase inicial, en consonancia con las recomendaciones nacionales sobre la prestación de servicios de quimioterapia 2 , 4. Se implementó un sistema estructurado de cribado previo de dos días, se alentó a los residentes de especialización a prescribir tratamientos de apoyo con antelación y los casos de hematología/inmunología se revisaron por separado de los pacientes de oncología de tumores sólidos. Estas intervenciones se aplicaron antes de iniciar el segundo ciclo, para reducir la complejidad y minimizar las interrupciones, que se desarrolló del 9 de diciembre de 2024 al 30 de enero de 2025.Los datos se registraron en formatos estructurados de Excel, lo que permitió una evaluación detallada de las tendencias semana a semana y la comparación del rendimiento entre ciclos. Se utilizó un análisis descriptivo para comparar las tendencias, la duración de las pruebas, la frecuencia de los retrasos y las exigencias operativas, y los resultados se interpretaron en el contexto de las normas nacionales 2 , 4 .

Resultados

A lo largo de los dos ciclos, surgieron tendencias claras en el volumen de pacientes, las demandas del flujo de trabajo y los resultados de eficiencia. Durante el primer ciclo, 1026 pacientes se sometieron a cribado, de los cuales el 71% eran casos oncológicos. En el segundo ciclo, el número de pacientes examinados aumentó sustancialmente a 1773, con casos oncológicos que representaban el 73%. Esto refleja los aumentos nacionales documentados en la demanda de quimioterapia 3 , 7 .A pesar del aumento en el número de casos, la duración de la evaluación se mantuvo muy estable. La duración media aumentó solo mínimamente de 2,22 a 2,30 minutos por paciente, manteniéndose dentro del objetivo departamental de menos de tres minutos, en consonancia con los parámetros de eficiencia publicados 6 , 7 .La proporción de retrasos o cancelaciones de SACT se mantuvo similar entre ciclos (3,8 % frente a 3,5 %). Esta estabilidad, a pesar del flujo de pacientes significativamente mayor, sugiere que las intervenciones en el flujo de trabajo tuvieron un efecto positivo, en consonancia con la evidencia de que la detección temprana y el triaje estructurado mejoran el flujo y la seguridad de la quimioterapia 

5 , 

6 .Las causas más comunes de retrasos —ingreso hospitalario, finalización del tratamiento, neutropenia, progresión de la enfermedad y pacientes que no debían recibir tratamiento— reflejan los patrones descritos en los informes de los servicios nacionales de quimioterapia 

7. El intervalo habitual entre la evaluación y el tratamiento era de dos a tres días, aunque algunos casos requerían una revisión más exhaustiva para su aclaración clínica.Un hallazgo operativo importante fue la reducción de las solicitudes de asesoramiento de enfermería del 8 % en el ciclo 1 al 6 % en el ciclo 2. Esto coincide con la evidencia de que una mayor claridad y una toma de decisiones más temprana reducen los cuellos de botella en las unidades de quimioterapia 

5 , 

6. Los comentarios del personal indicaron que la disponibilidad más temprana de recetas de apoyo y decisiones de detección ayudó a mejorar el flujo de trabajo.En general, a pesar del notable aumento en el número de pacientes, el servicio demostró indicadores de eficiencia mejorados o estables, lo que refleja una adaptación exitosa al aumento de la demanda.

Discusión

Esta evaluación demostró una mayor eficiencia en la detección de SACT a pesar del aumento de la carga de trabajo y la complejidad. La estabilidad de las tasas de demora entre ciclos, a pesar de un aumento del 2 % en el volumen de pacientes, sugiere efectos positivos de la detección temprana y la optimización del flujo de trabajo, en consonancia con iniciativas previas de mejora de la calidad 5 , 6. La reducción observada en las tasas de demora fue modesta y debe interpretarse con cautela. La reducción en las solicitudes de asesoramiento de enfermería —del 8 % al 6 %— también refleja una mayor claridad y familiaridad entre el personal.Estos hallazgos coinciden con investigaciones previas que demuestran que la detección proactiva de la quimioterapia mejora el flujo de pacientes y reduce los errores de tratamiento 5 , 6. Las directrices nacionales también enfatizan la evaluación temprana, las vías estructuradas y la mitigación de riesgos como componentes esenciales para la administración segura de la quimioterapia 2 , 4 .Un logro operativo clave fue la separación de los casos de oncología de los de hematología/inmunología, lo que mejoró la coherencia del flujo de trabajo y redujo las interrupciones. La variación estacional, en particular el aumento de las demoras entre las semanas 4 y 5, coincide con los informes de referencia del NHS establecidos 

4 .Un logro operativo clave fue la separación de los casos de oncología de los de hematología/inmunología, lo que mejoró la coherencia del flujo de trabajo y redujo las interrupciones. La variación estacional, en particular el aumento de las demoras entre las semanas 4 y 5, coincide con los informes de referencia del NHS establecidos 

7. Un hallazgo clave fue el mantenimiento de tasas de demora estables a pesar de un aumento sustancial en la carga de trabajo de cribado, lo que sugiere una mayor resiliencia del sistema en lugar de una reducción directa de las demoras. Cuando fue posible, las mejoras operativas se vieron respaldadas por reducciones cuantitativas en las interrupciones y una duración de cribado estable.Si bien no se evaluaron formalmente los resultados clínicos, no se registraron daños a los pacientes y la retroalimentación del personal indicó una mayor fluidez en el flujo de trabajo. En ciclos futuros, se podría incorporar la retroalimentación cualitativa del personal y los pacientes para mejorar el servicio. Si bien es probable que estos hallazgos sean aplicables a unidades oncológicas del NHS con un volumen de pacientes similar, se requiere precaución al extrapolarlos a centros con características demográficas de pacientes o estructuras de servicio diferentes.

Limitaciones

Este estudio presenta varias limitaciones. Se realizó en un solo centro, lo que podría limitar su generalización a otras unidades oncológicas con flujos de trabajo y modelos de personal diferentes. El análisis fue descriptivo y no se realizaron pruebas estadísticas formales. No se evaluaron resultados clínicos como la morbilidad o la supervivencia de los pacientes. Además, no se recopiló sistemáticamente la retroalimentación formal del personal ni de los pacientes, lo que limita la evaluación cualitativa de los cambios en los flujos de trabajo.

Conclusión

Esta evaluación de dos ciclos demostró que la detección temprana estructurada, las modificaciones específicas del flujo de trabajo y la mejora de los procesos de triaje pueden aumentar la eficiencia de la administración de la quimioterapia adyuvante en un centro oncológico de alto volumen del Reino Unido. La formación continua de los médicos residentes, la planificación de la plantilla y la monitorización constante serán esenciales para mantener los logros y satisfacer la demanda futura del servicio.

Tabla 1. Comparación de los ciclos de auditoría.

MétricoCiclo 1Ciclo 2CambiarInterpretación
Pacientes examinados10261773+ 73%Aumento significativo de la carga de trabajo.
Tasa de retraso de SACT3,8%3,5%↓Retrasos proporcionales reducidos
Tiempo medio de detección2,22 minutos2,30 minutos↑Ligero aumento debido al volumen
Interrupciones de la enfermera8%6%↓Mayor autonomía del registrador
Recetas de apoyo5%5%↔Requisito de soporte estable

Tabla 2. Tabla 2 REVISADA .

Motivo del retraso(n, %)Comentario
ingreso hospitalario6 (13,6%)A menudo inevitable pero predecible
Malestar general/deterioro clínico6 (13,6%)Refleja la inestabilidad aguda del paciente.
Neutropenia5 (11,4%)Efecto posterior a la quimioterapia
Tratamiento completado4 (9,1%)Requiere una mejor alineación de la programación.
Fallecido / Fin de vida4 (9,1%)Refleja la trayectoria de la enfermedad
progresión de la enfermedad3 (6,8%)Requiere una reevaluación del tratamiento.
No vence / error de programación3 (6,8%)Ineficiencia potencial del sistema
Pendiente de revisión (clínica/equipo multidisciplinar)3 (6,8%)Retraso relacionado con el proceso

Futuro

Se recomienda un tercer ciclo de evaluación más adelante este año para valorar la sostenibilidad a largo plazo de las intervenciones y explorar la viabilidad de implementar herramientas de detección electrónica en tiempo real. Vincular los datos de retraso con los resultados clínicos también podría proporcionar información valiosa sobre el verdadero coste clínico y operativo de la ineficiencia.

Inteligencia Operativa Clínica: Transformando Hospitales Inteligentes

Emma Aragona ,Fabrizio Bronte a, Cettina Gargano b, Massimiliano Guastella c, Linda Pasta d

Abstracto

Fondo

Los hospitales inteligentes integran cada vez más historias clínicas electrónicas, inteligencia artificial, robótica colaborativa, infraestructuras de Internet de las Cosas, gemelos digitales y sistemas avanzados de apoyo a la toma de decisiones. Sin embargo, estas tecnologías suelen implementarse como componentes especializados, lo que genera una brecha persistente entre la disponibilidad de la información digital y su uso operativo coordinado.

Métodos

Realizamos una revisión conceptual integradora de la literatura publicada entre enero de 2015 y marzo de 2026, complementada con fuentes fundamentales anteriores. La evidencia de la informática de la salud, la inteligencia artificial, la robótica, los gemelos digitales, la ingeniería de sistemas, la ciencia de los flujos de trabajo y la gobernanza de la información se sintetizó mediante análisis temático, análisis comparativo de brechas y desarrollo iterativo de marcos conceptuales.

Resultados

La revisión identificó una limitación organizativa recurrente: las tecnologías existentes representan estados clínicos, generan predicciones, monitorizan eventos o ejecutan tareas específicas, pero no proporcionan una representación autorizada y actualizada continuamente del estado operativo de la prestación de atención. Por lo tanto, definimos la Inteligencia Operativa Clínica como la capacidad organizativa para traducir las decisiones clínicas en una ejecución coordinada entre personas, tecnologías, flujos de trabajo y recursos. Para operacionalizar esta capacidad, proponemos el Registro de Operaciones Clínicas (CORe), un registro operativo autorizado que complementa la Historia Clínica Electrónica al representar prioridades, dependencias, responsabilidades, recursos, estado de ejecución y evidencia de verificación en tiempo real.

Conclusiones

Los hospitales inteligentes deben definirse no solo por las tecnologías que implementan, sino también por su capacidad para coordinar capacidades digitales heterogéneas dentro de una arquitectura operativa unificada. La inteligencia operativa clínica y CORe proporcionan una base conceptual para pasar de una inteligencia tecnológica fragmentada a operaciones hospitalarias coordinadas de forma continua. Se requieren estudios de implementación prospectivos para evaluar la viabilidad, los requisitos de gobernanza, la seguridad y el impacto organizacional.

1. Introducción​

Los hospitales están experimentando una de las transformaciones más profundas de su historia. Los avances en inteligencia artificial (IA), robótica colaborativa, monitorización fisiológica continua, dispositivos de Internet de las Cosas (IoT), gemelos digitales, análisis predictivo, logística autónoma y registros electrónicos de salud (EHR) cada vez más sofisticados están transformando la atención médica en un ecosistema digital interconectado en lugar de una colección de servicios clínicos independientes. 1 , 2 , 3 , 4 , 5 En conjunto, estas innovaciones han dado lugar al paradigma emergente del Hospital Inteligente, en el que los datos, las tecnologías, los profesionales de la salud y los procesos clínicos interactúan continuamente para mejorar los resultados de los pacientes, la eficiencia operativa y la calidad de la atención médica.

Estos avances tecnológicos han cambiado fundamentalmente la forma en que los hospitales generan, analizan y utilizan la información. La inteligencia artificial apoya la predicción clínica y la toma de decisiones, 1 , 2 , 5 , 6 , 7 la robótica automatiza tareas repetitivas y logísticas, 8 , 9 , 10 , 11 , 12 los dispositivos IoT permiten la monitorización continua, 13 , 14 , 15 y los gemelos digitales simulan procesos de atención médica complejos. 16 , 17 Mientras tanto, los EHR se han convertido en el repositorio principal de información del paciente, proporcionando un acceso sin precedentes a datos clínicos longitudinales al tiempo que apoyan flujos de trabajo clínicos cada vez más sofisticados. 3 , 18 , 19 Como resultado, la innovación digital se ha convertido en uno de los principales impulsores de la transformación de la atención médica.

A pesar de estos avances, ha surgido una paradoja fundamental. A medida que los hospitales se vuelven tecnológicamente más sofisticados, también se vuelven organizativamente más complejos. 20 , 21 Cada decisión clínica inicia una red dinámica de actividades interdependientes que involucran a pacientes, médicos, enfermeros, profesionales paramédicos, servicios de apoyo, dispositivos médicos, plataformas de software y tecnologías cada vez más autónomas. Las prioridades clínicas evolucionan continuamente, los recursos siguen siendo limitados, los eventos inesperados exigen una adaptación inmediata y las dependencias entre las actividades de atención médica cambian constantemente. En lugar de reducir la complejidad organizativa, la transformación digital ha desplazado el principal desafío de la disponibilidad de información a la coordinación en tiempo real de procesos de atención médica cada vez más heterogéneos. 22 , 23

Los sistemas de información hospitalaria existentes no fueron diseñados originalmente para abordar este desafío. Las historias clínicas electrónicas proporcionan una representación fidedigna del estado clínico del paciente, mientras que las tecnologías inteligentes individuales automatizan u optimizan funciones específicas. La inteligencia artificial genera predicciones, la robótica ejecuta tareas predefinidas, los sistemas de monitorización detectan cambios fisiológicos y las aplicaciones de flujo de trabajo gestionan procesos seleccionados. Sin embargo, estas tecnologías operan en gran medida como componentes especializados dentro de un ecosistema digital fragmentado, y cada una representa solo una parte limitada del funcionamiento general del hospital. 3 , 22 , 24

En consecuencia, los hospitales inteligentes contemporáneos aún carecen de una representación autorizada del estado operativo de la prestación de atención médica. Actualmente no existe una capa operativa compartida capaz de integrar continuamente las prioridades clínicas, la disponibilidad de recursos, las dependencias del flujo de trabajo, los agentes responsables, las capacidades tecnológicas, el estado de ejecución y las restricciones organizativas en una representación unificada y dinámicamente actualizada de la prestación de atención médica en todo el hospital. 20 , 23 La figura 1 ilustra cómo la convergencia progresiva de las tecnologías digitales, la atención clínica y las operaciones hospitalarias da lugar a un nuevo dominio organizativo que se extiende más allá de las capacidades de los sistemas de información existentes.

Figura 1. De las tecnologías digitales fragmentadas a la inteligencia operativa clínica.

    Esta brecha emergente no es meramente tecnológica, sino fundamentalmente organizativa. Refleja la ausencia de una capacidad organizativa capaz de transformar las decisiones clínicas en una ejecución coordinada en entornos híbridos humano-tecnológicos cada vez más complejos. Si bien se han investigado componentes individuales de esta capacidad en informática de la salud, ingeniería de sistemas, gestión de flujos de trabajo, investigación operativa, salud digital y sistemas sociotécnicos, 21 , 22 , 23 permanecen dispersos en distintas disciplinas y aún no se han integrado en un marco conceptual coherente para los hospitales inteligentes.

    En esta revisión, identificamos esta capacidad faltante y la definimos como Inteligencia Operacional Clínica: la capacidad organizativa mediante la cual las organizaciones de atención médica traducen continuamente las decisiones clínicas en una ejecución operativa coordinada que abarca personas, tecnologías, flujos de trabajo y recursos.

    Para poner en práctica esta capacidad, proponemos el Registro de Operaciones Clínicas (CORe) como marco conceptual para la próxima generación de hospitales inteligentes. A diferencia de la Historia Clínica Electrónica, que representa la condición clínica del paciente, CORe representa el estado operativo de la prestación de atención y las relaciones en constante evolución entre las prioridades clínicas, las tareas, los profesionales, las tecnologías inteligentes, los dispositivos y los recursos organizativos.

    Esta perspectiva representa un cambio fundamental en la conceptualización de los hospitales inteligentes. La siguiente etapa de la transformación digital hospitalaria dependerá menos de la introducción de tecnologías adicionales que de la capacidad de orquestar las tecnologías existentes como componentes de un único ecosistema operativo adaptativo. 21 , 24 , 25 , 26 Dentro de esta perspectiva, la inteligencia artificial, la robótica, los sistemas de monitorización, los dispositivos IoT, los gemelos digitales, las plataformas logísticas y los sistemas de información clínica se convierten en agentes operativos coordinados que contribuyen a una representación común de la prestación de atención, en lugar de funcionar como soluciones digitales aisladas.

    En este contexto, esta revisión tiene tres objetivos: primero, examinar críticamente la evolución y la contribución organizativa de las principales tecnologías de hospitales inteligentes; segundo, identificar las capacidades operativas que aún no están suficientemente representadas; y tercero, desarrollar un marco basado en la evidencia capaz de traducir las capacidades digitales fragmentadas en una prestación de atención médica coordinada.

    2. Métodos​

    2.1 . Enfoque metodológico

    Este estudio se diseñó como una revisión integradora conceptual para examinar la evolución de las tecnologías de hospitales inteligentes e identificar los principios organizativos necesarios para su integración operativa efectiva. Se seleccionó el enfoque de revisión integradora porque permite la síntesis de evidencia empírica, teórica, metodológica y técnica heterogénea, y es particularmente adecuado para el desarrollo de conceptos que trascienden las fronteras disciplinares. 27 , 28 , 29 La pregunta de investigación abarca estudios empíricos, revisiones tecnológicas, estándares, documentos conceptuales y literatura sobre ingeniería de sistemas, por lo que no puede abordarse adecuadamente mediante una revisión de efectividad convencional.

    La revisión integró evidencia de campos complementarios, incluyendo informática de la salud, inteligencia artificial, robótica, salud digital, ingeniería de sistemas, ciencia del flujo de trabajo, gestión de operaciones hospitalarias, ingeniería de factores humanos y teoría organizacional. Este enfoque multidisciplinario se consideró necesario porque los hospitales inteligentes representan sistemas sociotécnicos complejos cuyo funcionamiento no puede comprenderse adecuadamente desde una única perspectiva disciplinaria. 21 , 22 , 30

    2.2 . Estrategia de búsqueda bibliográfica

    Se realizó una búsqueda bibliográfica estructurada para identificar publicaciones que describieran la evolución tecnológica de los hospitales inteligentes y las implicaciones organizativas de la transformación digital en la atención sanitaria. Las búsquedas se realizaron en PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science e IEEE Xplore, abarcando publicaciones desde enero de 2015 hasta marzo de 2026. Se conservaron las publicaciones anteriores más relevantes siempre que representaran contribuciones fundamentales a los registros electrónicos de salud, la ingeniería de sistemas, la teoría organizativa, el flujo de trabajo sanitario o los factores humanos. 19 , 20 , 22

    La estrategia de búsqueda combinó vocabulario controlado (MeSH cuando correspondía), términos de indexación específicos de la base de datos y palabras clave de texto libre. Se aplicaron operadores booleanos (AND/OR), truncamiento y filtros específicos de la base de datos utilizando combinaciones de términos que incluían Hospital Inteligente, Hospital Inteligente, Hospital Digital, Registro Electrónico de Salud, Inteligencia Artificial, Aprendizaje Automático, Soporte para la Toma de Decisiones Clínicas, Robótica Colaborativa, Internet de las Cosas, Gemelo Digital, Flujo de Trabajo de Atención Médica, Operaciones Hospitalarias, Ingeniería de Sistemas, Inteligencia Operacional, Interoperabilidad y Coordinación Clínica. 1 , 2 , 24

    Solo se consideraron publicaciones en inglés. Las fuentes elegibles incluyeron artículos de investigación originales, revisiones sistemáticas, revisiones narrativas, estudios metodológicos, declaraciones de consenso, documentos de posición, informes técnicos, normas internacionales y publicaciones conceptuales clave directamente relevantes para el desarrollo de hospitales inteligentes.

    La estrategia de búsqueda bibliográfica, los criterios de selección de estudios y la organización temática adoptada para la síntesis de la evidencia se resumen en la Tabla 1 .

    Tabla 1. Estrategia de búsqueda bibliográfica, criterios de selección de estudios y síntesis de la evidencia temática.

    ComponenteDescripción
    Diseño de revisiónRevisión integradora conceptual
    Bases de datosPubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, IEEE Xplore
    Período de búsquedaEnero de 2015 – marzo de 2026, con inclusión de publicaciones anteriores fundamentales cuando sean conceptualmente relevantes.
    Términos de búsqueda principalesHospital inteligente; Hospital digital; Historia clínica electrónica; Inteligencia artificial; Aprendizaje automático; Soporte para la toma de decisiones clínicas; Robótica colaborativa; Internet de las cosas; Gemelo digital; Flujo de trabajo sanitario; Operaciones hospitalarias; Ingeniería de sistemas; Inteligencia operativa; Interoperabilidad; Coordinación clínica
    Publicaciones elegiblesEstudios originales, revisiones sistemáticas, revisiones narrativas, artículos metodológicos, declaraciones de consenso, documentos de posición, informes técnicos, normas internacionales, artículos conceptuales de referencia
    IdiomaInglés
    Objetivo principalIdentificar las capacidades tecnológicas, las funciones organizativas, los mecanismos de interoperabilidad, los modelos de coordinación del flujo de trabajo y las deficiencias operativas restantes en los hospitales inteligentes.
    Síntesis de la evidenciaSíntesis temática iterativa seguida de un análisis comparativo de las brechas conceptuales y el desarrollo de un marco conceptual.

    2.3 . Selección de estudios

    Las publicaciones recuperadas se seleccionaron en función de su relevancia conceptual, sin estar restringidas por su diseño metodológico. Dado que el objetivo de la revisión era el desarrollo de teorías y no la estimación de efectos cuantitativos, la elegibilidad se determinó según la contribución de cada fuente a la comprensión de las capacidades tecnológicas, la coordinación del flujo de trabajo, la interoperabilidad, la gobernanza operativa o la inteligencia organizacional.

    Las publicaciones elegibles abordaban las capacidades tecnológicas que respaldan los hospitales inteligentes, los aspectos organizativos de la prestación de atención médica, la gestión del flujo de trabajo clínico, la interoperabilidad entre tecnologías digitales, las operaciones de atención médica, los sistemas sociotécnicos o modelos conceptuales relacionados.

    2.4 . Síntesis de evidencia temática

    Las publicaciones seleccionadas se analizaron según su principal contribución conceptual, más que según el diseño del estudio o el nivel de evidencia. Se realizó una síntesis temática iterativa para identificar funciones organizativas recurrentes, capacidades tecnológicas, desafíos de implementación y lagunas conceptuales en la literatura. 29 , 31

    La bibliografía se organizó en seis grandes áreas temáticas:

    • •Registros electrónicos de salud y sistemas de información hospitalaria;
    • •Inteligencia artificial y sistemas inteligentes de apoyo a la toma de decisiones clínicas;
    • •Robótica colaborativa y tecnologías sanitarias autónomas;
    • •Internet de las cosas y sistemas de detección omnipresentes;
    • •Gemelos digitales y modelado virtual de procesos sanitarios;
    • •Flujo de trabajo en el sector sanitario, ingeniería de sistemas, coordinación operativa e inteligencia organizativa.

    Dentro de cada dominio temático, la revisión examinó las capacidades tecnológicas, las estrategias de implementación, la interoperabilidad, las implicaciones organizativas, las limitaciones reportadas y las perspectivas futuras. Se prestó especial atención a la identificación de funciones que contribuyen a la coordinación operativa de la prestación de atención médica, en lugar de limitarse a respaldar decisiones clínicas aisladas.

    2.5 . Análisis de brechas conceptuales

    Tras la síntesis temática, realizamos un análisis conceptual comparativo para identificar las funciones organizativas representadas de forma consistente en todos los dominios tecnológicos y aquellas funciones que seguían sin abordarse suficientemente.

    En lugar de comparar el rendimiento tecnológico, el análisis examinó si cada dominio tecnológico respaldaba la representación o coordinación de dimensiones organizativas clave necesarias para las operaciones hospitalarias, incluyendo la gestión del flujo de trabajo multidisciplinario, la priorización de las actividades clínicas, la asignación de recursos, la coordinación entre los profesionales sanitarios y los sistemas inteligentes, la actualización operativa continua y la rendición de cuentas organizativa. 21 , 30

    El análisis demostró que, si bien las tecnologías actuales de hospitales inteligentes respaldan cada vez más funciones clínicas y operativas especializadas, ningún dominio por sí solo proporciona una representación integrada y actualizada continuamente del estado operativo de la prestación de atención médica.

    2.6 . Desarrollo del marco de trabajo

    La fase final consistió en el desarrollo de un marco conceptual basado en la evidencia, capaz de operacionalizar la capacidad organizativa identificada durante el análisis de brechas conceptuales.

    El desarrollo del marco siguió un proceso iterativo que integró la evidencia derivada de todos los dominios temáticos con principios de la gestión de operaciones sanitarias, la ciencia del flujo de trabajo, la ingeniería de sistemas sociotécnicos, la gobernanza de la información y la resiliencia organizacional. 20 , 21 , 32

    El marco resultante, denominado Registro de Operaciones Clínicas (CORe), se desarrolló de acuerdo con cuatro principios de diseño complementarios:

    • •

    Representación fidedigna del estado operativo de la prestación de atención médica, que va más allá de la documentación clínica tradicional centrada en el paciente.

    • •Orquestación continua de flujos de trabajo híbridos entre humanos y tecnología, que integran profesionales de la salud, software inteligente, robótica, dispositivos médicos y recursos organizativos.
    • Inteligencia operativa dinámica que permite la actualización continua de prioridades, dependencias del flujo de trabajo, disponibilidad de recursos, estado de ejecución y restricciones organizativas a lo largo de todo el proceso de atención al paciente.
    • •Gobernanza de la información y rendición de cuentas operativa, en consonancia con los principios de la norma ISO 15489-1:2016, que garantice que las actividades operativas se representen como registros organizativos autorizados que faciliten la coordinación y la trazabilidad.

    Dentro de esta arquitectura, la Inteligencia Operacional Clínica se define como la capacidad organizativa mediante la cual los hospitales traducen continuamente las decisiones clínicas en una ejecución operativa coordinada. CORe es el marco a través del cual dicha capacidad puede representarse, gestionarse y operacionalizarse.

    Figura 2. Marco metodológico de la revisión integradora conceptual. La revisión comprendió cuatro fases secuenciales: identificación de la literatura, síntesis de la evidencia temática, análisis de brechas conceptuales y desarrollo del Registro de Operaciones Clínicas (CORe).

    3. Resultados​

    3.1 . Evolución de las tecnologías hospitalarias inteligentes

    En las últimas dos décadas, los hospitales han experimentado una profunda transformación digital impulsada por la introducción progresiva de registros electrónicos de salud (EHR), sistemas de información hospitalaria (HIS), inteligencia artificial (IA), robótica colaborativa, tecnologías de Internet de las cosas (IoT), gemelos digitales y sistemas avanzados de apoyo a la toma de decisiones. Inicialmente desarrolladas como soluciones tecnológicas independientes para abordar necesidades clínicas o administrativas específicas, estas innovaciones han ampliado progresivamente sus capacidades y ahora constituyen la base tecnológica del emergente hospital inteligente. 1 , 2 , 24

    La literatura indica consistentemente que esta evolución ha seguido una trayectoria centrada en la tecnología. Las primeras iniciativas de digitalización se centraron principalmente en reemplazar la documentación en papel con registros electrónicos, mejorar la accesibilidad a la información, reducir los errores de transcripción y apoyar la continuidad de la atención. 18 , 19 Los desarrollos posteriores introdujeron capacidades analíticas cada vez más sofisticadas a través del aprendizaje automático, el análisis predictivo, la visión artificial y, más recientemente, los grandes modelos de lenguaje, lo que permitió un apoyo avanzado a la toma de decisiones clínicas y la automatización de determinadas actividades sanitarias. 1 , 33

    Los avances paralelos también han transformado la automatización hospitalaria. Los robots colaborativos se han expandido progresivamente desde la logística y el transporte de materiales hasta la asistencia a pie de cama, los servicios ambientales y el apoyo a las actividades de enfermería repetitivas. Simultáneamente, las infraestructuras de IoT han permitido la monitorización continua de pacientes, dispositivos médicos, condiciones ambientales y activos hospitalarios, mientras que los gemelos digitales han creado nuevas oportunidades para simular las trayectorias de los pacientes, optimizar la logística hospitalaria y evaluar escenarios organizativos alternativos antes de su implementación. 9 , 16 , 17

    A pesar de estos notables avances, la literatura revisada demuestra que la evolución tecnológica se ha desarrollado principalmente mediante sistemas especializados, cada uno optimizado para funciones específicas, pero rara vez diseñados para coordinar la complejidad general de la prestación de servicios de salud. En consecuencia, los hospitales inteligentes se han convertido en ecosistemas tecnológicamente sofisticados pero parcialmente fragmentados, donde coexisten múltiples plataformas digitales sin una representación unificada capaz de coordinar continuamente a pacientes, profesionales de la salud, sistemas inteligentes, recursos y prioridades clínicas.

    Esta evolución tecnológica se resume en la Tabla 2 , que compara los principales dominios tecnológicos que actualmente dan soporte a los hospitales inteligentes, destacando tanto sus principales contribuciones como sus limitaciones organizativas restantes.

    Tabla 2. Capacidades tecnológicas actuales que dan soporte a los hospitales inteligentes.

    TecnologíaPropósito principalLogros importantesLimitaciones principales
    Registros electrónicos de saludDocumentación clínica e información longitudinal del pacienteRegistros digitales de pacientes, documentación, interoperabilidadRepresentación limitada de la prestación de atención operativa
    Inteligencia artificialApoyo a la toma de decisiones clínicas y predicciónPredicción de riesgos, diagnósticos, asistencia en el flujo de trabajoCoordinación operativa limitada entre sistemas
    Robótica colaborativaEjecución de tareas físicasLogística, asistencia al paciente, automatización de actividades repetitivasIntegración limitada en la toma de decisiones organizacionales
    Internet de las cosasMonitoreo continuoDetección en tiempo real de pacientes, dispositivos y entornos.Generación de eventos fragmentados sin orquestación operativa.
    Gemelos digitalesModelado y simulación de procesosAnálisis de escenarios, optimización de flujos de trabajo, simulación predictivaEjecución y coordinación operativas limitadas en tiempo real

    En conjunto, estos hallazgos indican que el hospital inteligente ha evolucionado hacia un entorno tecnológicamente sofisticado, capaz de generar volúmenes sin precedentes de información clínica y operativa. Sin embargo, la literatura continúa describiendo un ecosistema fragmentado en el que las tecnologías especializadas suelen operar sin una representación compartida de las prioridades operativas, las dependencias y el estado de ejecución.

    3.2 . Capacidades tecnológicas actuales que dan soporte a los hospitales inteligentes

    La literatura revisada demuestra que el hospital inteligente no se define por una sola tecnología, sino por la convergencia de múltiples capacidades digitales que operan en los ámbitos clínico, organizativo y logístico. Si bien estas tecnologías difieren sustancialmente en madurez, propósito e implementación, en conjunto respaldan la transformación digital progresiva de las organizaciones de atención médica. Sin embargo, su integración sigue siendo predominantemente funcional, más que operativa, ya que cada tecnología aborda componentes específicos de la prestación de atención, ofreciendo una coordinación limitada en todo el sistema de salud.

    Los registros electrónicos de salud (REH) siguen siendo la columna vertebral digital de los hospitales modernos. Su principal contribución ha sido la representación digital del historial clínico de los pacientes, los resultados de laboratorio, las pruebas diagnósticas, las prescripciones de medicamentos y la documentación clínica, mejorando así la accesibilidad, la continuidad de la atención y el intercambio de información entre los profesionales sanitarios. 3 , 18 A pesar de su continua evolución funcional, los REH siguen describiendo lo que se sabe clínicamente sobre el paciente, en lugar de cómo se organizan y coordinan dinámicamente las actividades asistenciales.

    La inteligencia artificial se ha expandido considerablemente durante la última década. Los algoritmos de aprendizaje automático, los modelos de aprendizaje profundo, los sistemas de visión artificial y, más recientemente, los grandes modelos de lenguaje han demostrado un potencial significativo en el apoyo al diagnóstico, la modelización predictiva, la interpretación de imágenes, la asistencia en la documentación y el apoyo a la toma de decisiones clínicas. 1 , 33 Sin embargo, la mayoría de las aplicaciones actuales siguen centradas en mejorar las decisiones individuales o automatizar tareas cognitivas aisladas, mientras que su capacidad para coordinar actividades multidisciplinarias en tiempo real sigue siendo limitada.

    La robótica colaborativa representa otro campo tecnológico en rápida evolución. Inicialmente introducidas para automatizar la logística y el transporte de materiales, las plataformas robóticas brindan cada vez más apoyo a la asistencia al paciente, la higiene ambiental, la administración de medicamentos, la telepresencia y las actividades de enfermería repetitivas. En lugar de reemplazar a los profesionales de la salud, los robots colaborativos están asumiendo progresivamente roles complementarios que reducen la carga de trabajo al tiempo que mejoran la estandarización y la confiabilidad de los procedimientos. 13 , 16 Sin embargo, los sistemas robóticos generalmente ejecutan tareas predefinidas y rara vez participan en la planificación operativa dinámica.

    Las tecnologías del Internet de las Cosas han transformado los hospitales en entornos de monitoreo continuo. Los dispositivos médicos conectados, los sensores portátiles, los sistemas de monitoreo ambiental, las infraestructuras de seguimiento de activos y las habitaciones inteligentes generan grandes volúmenes de información en tiempo real sobre pacientes, equipos, condiciones ambientales y actividades clínicas. 9 , 13 Si bien estas tecnologías mejoran sustancialmente el conocimiento de la situación, generan principalmente eventos en lugar de decisiones operativas, lo que requiere mecanismos de coordinación de nivel superior para convertir los datos en flujos de trabajo procesables.

    Los gemelos digitales constituyen una de las tecnologías emergentes más prometedoras para las organizaciones sanitarias. Al crear representaciones virtuales de pacientes, infraestructuras hospitalarias, vías clínicas o procesos organizativos, los gemelos digitales permiten la simulación, el modelado predictivo, la planificación de la capacidad y la optimización de los sistemas sanitarios antes de su implementación operativa. 16 , 17 , 34 Sin embargo, las aplicaciones actuales siguen siendo predominantemente analíticas y orientadas a la simulación, y su transición hacia el uso operativo en tiempo real requiere una atención explícita a la gobernanza, la rendición de cuentas, la calidad de los datos y las salvaguardias éticas y legales.

    Finalmente, los sistemas de gestión de flujos de trabajo, las metodologías de ingeniería de sistemas y los modelos de coordinación operativa proporcionan la base teórica para integrar procesos de atención médica cada vez más complejos. Las metodologías Lean, la ingeniería de sistemas, la ingeniería de factores humanos, la teoría de sistemas sociotécnicos y la gestión de operaciones han contribuido sustancialmente a la comprensión de la atención médica como un sistema adaptativo interconectado en lugar de una colección de actividades clínicas aisladas. 21 , 22 Estas disciplinas enfatizan la coordinación, las dependencias, la asignación de recursos y la priorización dinámica, pero solo han traducido parcialmente estos principios a infraestructuras digitales capaces de coordinar continuamente las actividades hospitalarias.

    En conjunto, estos ámbitos tecnológicos ilustran la notable evolución de los hospitales inteligentes durante la última década. Al mismo tiempo, revelan un patrón organizativo coherente: cada tecnología optimiza eficazmente un componente específico de la prestación de atención médica, pero ninguna ofrece una representación integral del estado operativo de la atención hospitalaria ni coordina continuamente las interacciones entre pacientes, profesionales sanitarios, sistemas inteligentes, recursos y limitaciones organizativas.

    Esta comparación se resume en la Tabla 3 .

    Tabla 3. Comparación entre la historia clínica electrónica y el registro de operaciones clínicas.

    Característica operativaRegistro electrónico de saludRegistro de operaciones clínicas
    Información clínica✓✓
    Historial longitudinal del paciente✓✓
    Órdenes y documentación clínica✓✓
    Gestión de tareas operativas—✓
    Coordinación dinámica del flujo de trabajo—✓
    Priorización en tiempo real—✓
    Asignación de recursos—✓
    Orquestación humano-tecnológica—✓
    Verificación operativa—✓
    Actualización continua de la agenda—✓

    La distinción entre la historia clínica electrónica tradicional y el registro de operaciones clínicas propuesto se ilustra conceptualmente en la figura 4 , que enfatiza la transición de documentar la condición clínica del paciente a representar y coordinar el estado operativo de la prestación de atención.

    Si bien las diferencias resumidas en la Tabla 3 pueden parecer inicialmente incrementales, reflejan un cambio conceptual fundamental. La Historia Clínica Electrónica se diseñó principalmente para documentar información clínica y respaldar la toma de decisiones clínicas. El Registro de Operaciones Clínicas, en cambio, está diseñado para representar y coordinar la ejecución de la atención: qué debe ocurrir, cuándo debe ocurrir, quién o qué es responsable, qué dependencias y recursos están involucrados y si se ha verificado la ejecución.

    Esta observación recurrente en la literatura revisada condujo naturalmente a la identificación de un desafío organizacional más amplio. A pesar de la notable madurez tecnológica alcanzada por los hospitales inteligentes, aún falta en gran medida una capa operativa integrada capaz de coordinar sistemas digitales heterogéneos y actividades humanas. Este hallazgo proporciona la base conceptual para la siguiente sección, en la que se examina con mayor detalle la brecha operativa emergente.

    3.3 . La brecha operativa emergente

    La síntesis temática reveló un patrón consistente en todos los dominios tecnológicos examinados en esta revisión. Si bien los registros electrónicos de salud, la inteligencia artificial, la robótica colaborativa, las infraestructuras del Internet de las cosas (IoT) y los gemelos digitales han ampliado sustancialmente las capacidades digitales de los hospitales, su evolución se ha centrado principalmente en optimizar funciones individuales en lugar de coordinar la complejidad general de la prestación de atención médica. 1 , 2 , 4

    Los registros electrónicos de salud representan eficazmente la condición clínica del paciente y proporcionan la base informativa para la toma de decisiones clínicas. La inteligencia artificial mejora la predicción, la clasificación y el apoyo a la toma de decisiones al extraer conocimiento clínicamente relevante de grandes conjuntos de datos. Los robots colaborativos mejoran la ejecución de actividades físicas repetitivas, mientras que las infraestructuras de IoT monitorean continuamente a los pacientes, los dispositivos médicos y los entornos de atención médica. Los gemelos digitales amplían aún más estas capacidades al permitir el modelado virtual y la simulación predictiva de escenarios clínicos y organizativos. 1 , 16 , 17 , 21 , 33

    A pesar de estos avances, ninguna de estas tecnologías fue diseñada originalmente para proporcionar una representación continua de cómo se presta la atención médica en la práctica. La literatura revisada indica consistentemente que los hospitales siguen dependiendo de fuentes de información fragmentadas, aplicaciones de software independientes, experiencia profesional y procesos de comunicación manuales para coordinar la atención. Las decisiones clínicas generalmente se documentan en historias clínicas electrónicas, mientras que su ejecución aún depende de listas de trabajo separadas, comunicación verbal, notas manuscritas, traspasos de turno y prácticas organizativas desarrolladas localmente. 3 , 18 , 21

    Esta fragmentación se hace aún más evidente a medida que los hospitales adoptan simultáneamente múltiples tecnologías inteligentes. En lugar de funcionar dentro de un entorno operativo unificado, los sistemas de inteligencia artificial, las plataformas robóticas, las infraestructuras de IoT, los sistemas de información clínica y las plataformas de logística hospitalaria suelen operar como ecosistemas digitales independientes. Si bien cada uno aporta información valiosa, rara vez comparten una representación operativa común capaz de integrar continuamente las prioridades de los pacientes, las actividades multidisciplinarias, la disponibilidad de recursos, las capacidades tecnológicas y las limitaciones organizativas. Las iniciativas de interoperabilidad actuales han mejorado sustancialmente el intercambio de información, pero aún no han establecido una capa operativa compartida capaz de coordinar la prestación de atención médica a través de sistemas digitales heterogéneos. 10 , 24 , 35

    En consecuencia, la principal limitación que se desprende de la literatura revisada es organizativa, más que meramente tecnológica. El desafío no radica en la ausencia de información digital, sino en la ausencia de una capa operativa común capaz de transformar información heterogénea en acciones coordinadas, responsables y actualizadas continuamente.

    Esta comparación se resume en la Tabla 4 , que ilustra cómo las tecnologías actuales de hospitales inteligentes respaldan importantes funciones clínicas y tecnológicas, al tiempo que dejan sin abordar varias capacidades operativas fundamentales.

    Tabla 4. Capacidades operativas representadas por las tecnologías actuales de hospitales inteligentes.

    Capacidad operativaHistoria clínica electrónicaAIRobóticaIoTGemelo digital
    Información clínica✓✓—✓✓
    Apoyo a la toma de decisiones clínicas✓✓——✓
    Ejecución de tareas——✓——
    Monitoreo en tiempo real—✓✓✓✓
    Simulación predictiva—✓——✓
    Coordinación del flujo de trabajo—————
    Asignación de recursos—————
    Priorización dinámica—————
    Orquestación humano-tecnológica—————
    Representación del estado operativo de la prestación de cuidados—————

    La ausencia recurrente de estas capacidades operativas sugiere que la siguiente etapa en la evolución de los hospitales inteligentes no debería consistir en introducir tecnologías aisladas adicionales, sino en establecer una capacidad organizativa capaz de integrar la información generada por los sistemas existentes en una representación operativa que se actualice continuamente.

    La figura 5 ilustra conceptualmente esta transición. En lugar de gestionar a los pacientes mediante planes de atención independientes ejecutados por distintos profesionales, el enfoque propuesto integra dinámicamente las prioridades clínicas individuales en una única agenda operativa compartida. En este entorno, pacientes, profesionales sanitarios, software inteligente, sistemas robóticos, servicios de diagnóstico y recursos organizativos interactúan continuamente a través de una representación operativa común, lo que permite actualizar las prioridades en tiempo real según los cambios en el estado del paciente, la disponibilidad de recursos y las limitaciones organizativas.

    Es importante destacar que esta agenda compartida no sustituye la toma de decisiones clínicas. Los profesionales sanitarios siguen tomando decisiones clínicas con el apoyo de las tecnologías digitales existentes. Lo que cambia es la representación operativa mediante la cual esas decisiones se traducen en actividades multidisciplinares coordinadas. Desde esta perspectiva, la coordinación operativa se convierte en un proceso organizativo en constante evolución, en lugar de una secuencia de tareas aisladas gestionadas independientemente por diferentes sistemas o grupos profesionales.

    La evidencia sintetizada a lo largo de esta revisión sugiere, por lo tanto, que la evolución futura de los hospitales inteligentes dependerá menos del desarrollo de tecnologías digitales adicionales que del surgimiento de una capacidad organizativa capaz de integrar las tecnologías existentes en un ecosistema operativo coherente. Esta capacidad se propone aquí como Inteligencia Operativa Clínica, que se presenta en la siguiente sección como el fundamento conceptual del Registro de Operaciones Clínicas (CORe).

    3.4 . Inteligencia Operativa Clínica

    Los resultados de esta revisión indican que la futura evolución de los hospitales inteligentes no debe interpretarse únicamente como la adopción progresiva de tecnologías más sofisticadas. La evidencia apunta, en cambio, a la necesidad de una capacidad organizativa de orden superior que pueda integrar las prioridades clínicas, el trabajo humano, los sistemas inteligentes, las tecnologías físicas y los recursos organizativos en una ejecución coordinada.

    La inteligencia operativa clínica no es un nuevo dispositivo, algoritmo ni sistema de información hospitalaria. Es la capacidad organizativa mediante la cual las organizaciones sanitarias interpretan continuamente las implicaciones operativas de las decisiones clínicas y coordinan su ejecución a través de personas, tecnologías, flujos de trabajo y recursos.

    A diferencia de las infraestructuras digitales convencionales, la Inteligencia Operacional Clínica se centra en el estado operativo de la prestación de atención. Si bien la condición clínica de un paciente puede permanecer estable durante varias horas, el contexto operativo cambia continuamente. Los nuevos ingresos, los procedimientos de emergencia, los resultados de laboratorio, la disponibilidad del personal, las fallas de los equipos, las intervenciones retrasadas, la evolución de las prioridades y las limitaciones organizativas modifican constantemente las actividades hospitalarias. La literatura demuestra consistentemente que las tecnologías existentes generan información valiosa sobre muchos de estos elementos, pero rara vez los integran en una representación operativa unificada capaz de respaldar la coordinación multidisciplinaria continua. 1 , 4 , 33

    Desde una perspectiva organizativa, la Inteligencia Operacional Clínica extiende el concepto de gestión de la información hospitalaria más allá de la documentación clínica. En lugar de preguntarse únicamente «¿Cuál es la condición clínica del paciente?» , también aborda una pregunta operativa complementaria:

    ¿Cómo debería organizarse el hospital, en este momento, para brindar la atención necesaria de manera segura, eficiente y coordinada, utilizando todos los recursos humanos y tecnológicos disponibles?

    Para responder a esta pregunta se requiere una capacidad organizativa que integre continuamente las prioridades clínicas, las dependencias del flujo de trabajo, la disponibilidad de recursos, las responsabilidades operativas, las capacidades tecnológicas y el estado de ejecución en una representación operativa coherente. Por lo tanto, la inteligencia operativa clínica complementa, en lugar de reemplazar, los sistemas de información hospitalaria existentes, al proporcionar la inteligencia organizativa necesaria para coordinar entornos sanitarios híbridos cada vez más complejos.

    Dentro de este marco conceptual, la Inteligencia Operacional Clínica representa la capacidad organizativa faltante identificada en la revisión bibliográfica. En lugar de introducir otra solución tecnológica aislada, proporciona la base conceptual para integrar las tecnologías digitales existentes en un ecosistema operacional coordinado. Esta capacidad se operacionaliza a través del Registro de Operaciones Clínicas (CORe), descrito en la siguiente sección como el marco propuesto para representar, coordinar y actualizar continuamente el estado operacional de la prestación de atención en los hospitales inteligentes de próxima generación.

    3.5 . El Registro de Operaciones Clínicas (CORe): un marco operativo para hospitales inteligentes

    La síntesis conceptual culmina en el Registro de Operaciones Clínicas (CORe), un marco diseñado para operacionalizar la Inteligencia Operativa Clínica en hospitales inteligentes. CORe no reemplaza la Historia Clínica Electrónica ni los sistemas departamentales existentes. Es la capa operativa principal que vincula las decisiones clínicas con su ejecución coordinada.

    El marco se basa en la distinción entre información clínica e información operativa. La información clínica describe el estado de salud del paciente, los diagnósticos, los tratamientos y los resultados, y tradicionalmente se gestiona a través de la historia clínica electrónica (HCE). La información operativa, por el contrario, describe cómo se organizan, coordinan, priorizan, ejecutan, verifican y adaptan continuamente las actividades de atención médica en respuesta a las condiciones clínicas y organizativas cambiantes. Si bien ambas dimensiones son fundamentales para la prestación de atención médica, los sistemas de información hospitalaria actuales representan predominantemente la primera, mientras que brindan un apoyo fragmentado para la segunda. 3 , 18 , 32

    En consecuencia, CORe se define como el registro operativo autorizado de la prestación de atención médica, que representa de forma continua el estado operativo de la atención en relación con los pacientes, los profesionales sanitarios, las tecnologías inteligentes, los recursos organizativos y los flujos de trabajo clínicos.

    A diferencia de los sistemas de documentación convencionales, CORe es inherentemente dinámico, no estático. Su contenido evoluciona continuamente a medida que cambian las prioridades de los pacientes, se dispone de nueva información diagnóstica, se reasignan los recursos, los profesionales sanitarios entran o salen de la actividad clínica o las tecnologías inteligentes generan nuevas recomendaciones. En consecuencia, la representación operativa se mantiene sincronizada con la evolución en tiempo real de la atención sanitaria, en lugar de documentar únicamente los eventos clínicos ya concluidos.

    Como se ilustra en la figura 3 , CORe funciona como la capa operativa central que conecta diversas fuentes de información en todo el ecosistema del Hospital Inteligente. La información clínica proveniente de los registros electrónicos de salud, los sistemas de información de laboratorio, los dispositivos médicos y los servicios de diagnóstico se integra continuamente con la información operativa generada por los profesionales de la salud, los sistemas robóticos colaborativos, las aplicaciones de inteligencia artificial, las infraestructuras de IoT, las plataformas de programación y los recursos organizativos. En lugar de reemplazar estos sistemas, CORe proporciona el contexto operativo compartido a través del cual sus resultados se convierten en componentes coordinados de la prestación de atención médica.

    Figura 3. CORe – Registro de Operaciones Clínicas: Arquitectura general del sistema.

      Las principales entidades operativas representadas en CORe se resumen en la Tabla 5 .

      Tabla 5. Entidades operativas principales representadas en el Registro de Operaciones Clínicas (CORe).

      Dominio operativoInformación operativa representada
      PacientesPrioridad clínica, estado operativo, dependencias de cuidados
      Actividades de cuidadoIntervenciones planificadas, en curso, retrasadas y completadas
      profesionales sanitariosFunciones, competencias, carga de trabajo y disponibilidad
      Inteligencia artificialRecomendaciones, predicciones y resultados de apoyo a la toma de decisiones.
      Robótica colaborativaActividades asignadas, estado operativo y disponibilidad
      Dispositivos médicos e IoTEventos operativos y datos de monitoreo en tiempo real
      Recursos organizativosCamas, habitaciones, equipos, servicios de diagnóstico y logística.
      Flujos de trabajoDependencias de las tareas, secuenciación y coordinación multidisciplinaria
      Verificación y trazabilidadEstado de ejecución, registro de auditoría y evidencia operativa

      Las entidades resumidas en la Tabla 5 definen colectivamente el alcance operativo de CORe. En lugar de representar elementos de datos aislados, capturan las relaciones mediante las cuales se coordina continuamente la prestación de atención médica. Los pacientes están vinculados a las actividades de atención, las actividades se asignan a profesionales de la salud o sistemas inteligentes, los recursos se asignan dinámicamente según las prioridades cambiantes y cada actividad completada contribuye a una representación actualizada del estado operativo de la prestación de atención.

      Esta representación, que se actualiza continuamente, permite a CORe respaldar un proceso de razonamiento constante en el que las prioridades operativas se reevalúan repetidamente a medida que se dispone de nueva información. El concepto subyacente se ilustra en la figura 4 , donde la coordinación operativa surge de la integración continua de las necesidades del paciente, las prioridades clínicas, los recursos disponibles, las dependencias del flujo de trabajo y las limitaciones organizativas.

      Es importante destacar que el proceso de razonamiento ilustrado en la Figura 4 no reemplaza el juicio clínico ni los sistemas de apoyo a la toma de decisiones clínicas existentes. Las decisiones clínicas siguen siendo responsabilidad de los profesionales de la salud y se basan en la práctica basada en la evidencia y en tecnologías digitales especializadas. CORe, en cambio, proporciona la inteligencia operativa necesaria para traducir esas decisiones en una ejecución multidisciplinaria coordinada.

      Figura 4. CORe : Cómo razona.

      Las implicaciones prácticas de este marco se ilustran en la Figura 5 , que muestra la transición de múltiples planes de atención al paciente independientes hacia una agenda operativa compartida que coordina continuamente a los profesionales de la salud, las tecnologías inteligentes, los recursos organizativos y las prioridades clínicas dentro de un único entorno operativo.

      Figura 5. De los planes de atención individualizados a la gestión operativa coordinada.

      Por lo tanto, CORe no debe interpretarse como otro sistema de información hospitalaria. Es la infraestructura operativa mediante la cual los hospitales inteligentes pueden sincronizar la experiencia humana, la inteligencia digital, las tecnologías físicas y los recursos organizativos en torno a prioridades clínicas en constante evolución.

      4. Discusión​

      4.1 . Más allá de los hospitales inteligentes centrados en la tecnología

      Esta revisión conceptual integradora sugiere que la evolución de los hospitales inteligentes se ha interpretado principalmente a través de la introducción progresiva de tecnologías cada vez más sofisticadas. Los registros electrónicos de salud, la inteligencia artificial, la robótica, las infraestructuras de IoT y los gemelos digitales han ampliado la capacidad del hospital para documentar, predecir, monitorizar, simular y automatizar. Sin embargo, la sofisticación tecnológica por sí sola no garantiza una atención coordinada.

      Esta observación no disminuye la importancia de las innovaciones digitales actuales. Más bien, resalta una distinción fundamental entre inteligencia tecnológica e inteligencia organizacional. Los hospitales inteligentes contemporáneos incorporan cada vez más sistemas inteligentes, pero la organización en sí misma a menudo continúa operando a través de flujos de trabajo fragmentados, mecanismos de coordinación descentralizados y múltiples representaciones operativas desconectadas. Por lo tanto, no se debe asumir que la madurez tecnológica por sí sola genera inteligencia organizacional. Esta distinción es coherente con la literatura más amplia sobre organizaciones de alta confiabilidad y sistemas de atención médica resilientes, que enfatiza que el desempeño organizacional depende no solo de la sofisticación tecnológica, sino también de la capacidad de coordinar procesos adaptativos complejos entre actores y recursos heterogéneos. 20 , 23 , 30

      El marco propuesto en esta revisión desplaza el enfoque de la investigación sobre hospitales inteligentes de la inteligencia de las tecnologías individuales a la inteligencia de las operaciones sanitarias. Esta transición representa una evolución conceptual más que una arquitectura tecnológica alternativa. Los sistemas digitales existentes siguen siendo componentes indispensables del ecosistema hospitalario; sin embargo, su valor colectivo depende cada vez más de la capacidad organizativa mediante la cual se coordinan continuamente. Desde esta perspectiva, los futuros hospitales inteligentes podrían caracterizarse menos por la cantidad de tecnologías avanzadas implementadas que por su capacidad para funcionar como un ecosistema operativo coordinado en el que la información clínica, los flujos de trabajo operativos, la experiencia humana y las tecnologías inteligentes interactúan continuamente dentro de un entorno organizativo unificado.

      4.2 . La inteligencia operativa clínica como una capacidad organizativa emergente

      La inteligencia operativa clínica amplía las interpretaciones actuales de la inteligencia digital en la atención médica al introducir una perspectiva explícitamente organizacional. En lugar de representar un componente tecnológico adicional, describe la capacidad de convertir información clínica y operativa distribuida en acciones coordinadas en condiciones cambiantes.

      Esta perspectiva complementa, en lugar de competir con, los avances actuales en inteligencia artificial. Si bien la inteligencia artificial principalmente respalda la predicción, la clasificación, la ejecución de tareas por agentes y la toma de decisiones clínicas, 6 , 7 , 36 la Inteligencia Operacional Clínica aborda un nivel diferente de complejidad organizacional al centrarse en la coordinación de la prestación de atención médica en sí misma. Esta distinción es particularmente relevante porque las mejoras en la calidad de las decisiones no se traducen necesariamente en mejoras en el desempeño operativo. Los retrasos, las interrupciones, las prioridades contrapuestas, la comunicación fragmentada y las limitaciones de recursos suelen surgir de los procesos organizacionales más que de deficiencias en el conocimiento clínico. 21 , 22

      Esta interpretación es coherente con la teoría de sistemas sociotécnicos, la ingeniería de sistemas y la investigación operativa contemporánea en el ámbito de la salud, que describen el desempeño de la atención médica como una propiedad emergente que surge de las interacciones entre personas, tecnologías, flujos de trabajo, estructuras organizativas y prioridades clínicas en constante cambio, en lugar de como el resultado de innovaciones tecnológicas aisladas. 10 , 21 , 22 , 23 Desde esta perspectiva, la evolución futura de los hospitales inteligentes puede depender menos de la adopción de tecnologías digitales adicionales que del fortalecimiento de la capacidad organizativa necesaria para coordinar las ya disponibles.

      4.3 . El registro de operaciones clínicas como infraestructura facilitadora

      La brecha conceptual identificada a lo largo de esta revisión sugiere que las arquitecturas de información hospitalaria actuales siguen centradas principalmente en documentar información clínica y respaldar funciones tecnológicas especializadas. Si bien la interoperabilidad ha mejorado considerablemente el intercambio de información mediante estándares como HL7 FHIR y otros marcos de integración, no ha abordado por completo la necesidad de una representación operativa compartida capaz de coordinar la prestación de atención médica en toda la organización. 18 , 35

      En este contexto, el Registro de Operaciones Clínicas (CORe) debe interpretarse como una infraestructura operativa facilitadora, más que como un sistema de información hospitalaria más. Su principal contribución es proporcionar un contexto operativo compartido y fiable que permita coordinar tecnologías heterogéneas y actividades profesionales.

      Esta perspectiva también tiene importantes implicaciones para la futura evolución de los ecosistemas digitales hospitalarios. Las estrategias actuales de transformación digital se han centrado principalmente en aumentar la disponibilidad de datos y mejorar la interoperabilidad. El marco propuesto aquí sugiere que la siguiente etapa de la transformación digital debería priorizar la interoperabilidad operativa, permitiendo que las tecnologías heterogéneas no solo intercambien información, sino que también contribuyan a una representación actualizada continuamente de las operaciones sanitarias. Dicha evolución podría proporcionar la base organizativa necesaria para hospitales inteligentes más adaptables, resilientes, transparentes y coordinados, donde las decisiones clínicas se traduzcan de forma consistente en acciones multidisciplinares sincronizadas, en lugar de permanecer distribuidas en plataformas digitales desconectadas. 4 , 10 , 24

      4.4 . Posibles implicaciones para los futuros hospitales inteligentes

      Si bien el marco presentado en esta revisión sigue siendo conceptual, sus implicaciones se extienden a múltiples dimensiones de la organización de la atención médica.

      Desde una perspectiva clínica, la gestión operativa coordinada de forma continua puede contribuir a mejorar la adherencia a las vías de atención basadas en la evidencia, reducir las demoras innecesarias, fortalecer la comunicación multidisciplinaria y mejorar la seguridad del paciente. Al proporcionar una representación actualizada de las actividades operativas, la inteligencia operativa clínica puede facilitar la identificación temprana de interrupciones en el flujo de trabajo, mejorar la coordinación durante las transiciones asistenciales y respaldar una ejecución más fiable de intervenciones multidisciplinarias complejas. 10 , 21

      Desde una perspectiva organizativa, la disponibilidad de una representación operativa compartida podría respaldar la asignación dinámica de recursos, el equilibrio de la carga de trabajo, la programación adaptativa, la transparencia operativa y la optimización continua de procesos. Estas capacidades se reconocen cada vez más como características esenciales de las organizaciones sanitarias resilientes que operan en entornos caracterizados por prioridades que cambian rápidamente, disponibilidad variable de recursos y creciente complejidad organizativa. 20 , 30

      Desde una perspectiva tecnológica, la inteligencia operativa clínica puede proporcionar un marco de integración común a través del cual los registros electrónicos de salud, la inteligencia artificial, la robótica colaborativa, las infraestructuras de IoT, los gemelos digitales y los futuros sistemas inteligentes, incluida la IA con agentes, operen dentro de una arquitectura operativa coherente, en lugar de funcionar como soluciones digitales aisladas. Dentro de esta arquitectura, la interoperabilidad se extiende más allá del intercambio de datos para abarcar la coordinación operativa continua, lo que permite que las tecnologías heterogéneas contribuyan colectivamente a la prestación de atención médica en lugar de simplemente respaldar funciones individuales .

      Estas implicaciones siguen siendo hipótesis que requieren validación empírica prospectiva. No obstante, el marco establece una base teórica para estudios de implementación que evalúan la coordinación operativa como una capacidad organizacional diferenciada, en lugar de asumir que la interoperabilidad o la adopción tecnológica por sí solas producirán una ejecución coordinada.

      4.5 . Fortalezas, limitaciones e investigación futura

      Esta revisión presenta varias fortalezas. Integra evidencia de informática de la salud, ingeniería de sistemas, inteligencia artificial, robótica, gobernanza de la información, ciencia de flujos de trabajo y operaciones hospitalarias, abordando así un problema que no puede ser tratado adecuadamente dentro de la literatura de una sola disciplina. Además, distingue claramente entre tecnologías digitales, la Inteligencia Operacional Clínica como capacidad organizacional y CORe como el marco que operacionaliza dicha capacidad.

      Deben reconocerse varias limitaciones. En primer lugar, el marco propuesto es conceptual y aún no ha sido sometido a una validación empírica prospectiva. En segundo lugar, la revisión se diseñó para la integración conceptual más que para la síntesis cuantitativa, por lo que la selección de estudios dependió de su relevancia teórica. En tercer lugar, la terminología en la literatura sobre hospitales inteligentes, gemelos digitales, flujos de trabajo e inteligencia operativa sigue siendo heterogénea. Finalmente, la viabilidad, la gobernanza, la ciberseguridad, las implicaciones de los factores humanos y las consecuencias no deseadas de CORe requieren evaluación en entornos clínicos reales.

      Las investigaciones futuras deberían desarrollar ontologías operativas estandarizadas, modelos de información interoperables, mecanismos de gobernanza y rendición de cuentas, estrategias de implementación y diseños de evaluación prospectiva. Los estudios deberían evaluar no solo el desempeño técnico, sino también la fiabilidad del flujo de trabajo, la carga de trabajo profesional, la seguridad, la equidad, la resiliencia organizacional, la trazabilidad y los resultados para los pacientes.

      5. Conclusiones​

      Esta revisión conceptual integradora sostiene que la próxima generación de hospitales inteligentes dependerá no solo de tecnologías digitales cada vez más sofisticadas, sino también de la capacidad organizativa para coordinar su uso en tiempo real.

      La síntesis temática identificó una brecha recurrente entre la disponibilidad de información digital y su continua integración en la prestación coordinada de servicios de salud. Para superar esta brecha, es necesario ir más allá de los modelos centrados en la tecnología y adoptar una arquitectura operativa que represente las prioridades, las dependencias, las responsabilidades, los recursos y el estado de ejecución en todo el hospital.

      Para abordar este desafío, presentamos la Inteligencia Operacional Clínica como la capacidad organizativa mediante la cual las organizaciones de atención médica traducen las decisiones clínicas en una ejecución operativa coordinada. Partiendo de este concepto, proponemos el Registro de Operaciones Clínicas (CORe) como el marco operativo de referencia que representa el estado en constante evolución de la prestación de atención médica.

      CORe complementa, en lugar de reemplazar, las infraestructuras digitales existentes. Añade la capa operativa necesaria para conectar las decisiones clínicas con una ejecución responsable que involucre a profesionales, software inteligente, robótica, dispositivos médicos y recursos organizativos.

      Si bien se requiere una validación prospectiva en diferentes entornos sanitarios, el marco proporciona una base teórica para la investigación sobre la interoperabilidad operativa, la inteligencia organizacional y la gestión hospitalaria coordinada digitalmente. Los hospitales inteligentes del futuro podrían distinguirse, en última instancia, no solo por las tecnologías que adoptan, sino también por su capacidad para transformar las capacidades digitales fragmentadas en una prestación de atención médica coordinada de forma continua.

      La variabilidad clínica y la evidencia: los aportes de David Eddy y Elliott Fisher

      Por qué gastar más en salud no es sinónimo de curar mejor

      1. Introducción

      Dos preguntas incómodas atraviesan la gestión clínica de cualquier institución de salud: ¿la indicación que estoy dando tiene respaldo suficiente en la evidencia disponible? Y, si toda la evidencia disponible se aplicara sin fisuras, ¿gastaríamos lo mismo que gastamos hoy? David Eddy y Elliott Fisher dedicaron buena parte de su carrera a responder, con datos, cada una de estas preguntas. Sus hallazgos —separados por veinte años y por métodos completamente distintos— convergen en una misma conclusión incómoda: una porción significativa de lo que se hace en medicina no está sostenida por evidencia sólida, y una porción significativa de lo que se gasta en salud no compra mejores resultados.

      2. David Eddy: la brecha entre la práctica clínica y la evidencia

      David Eddy —médico, matemático y una de las figuras fundacionales de la medicina basada en la evidencia— fue quien acuñó el término «evidence-based» y quien, ya en la década de 1980, advirtió sobre una brecha estructural entre lo que la medicina hace y lo que la medicina puede demostrar que funciona. Su definición de la práctica basada en evidencia —el uso consciente, explícito y prudente de la mejor evidencia disponible para decidir sobre el cuidado de cada paciente— sigue siendo, cuatro décadas después, la referencia del campo.

      Eddy sostiene que solo alrededor del 15% de la práctica clínica cuenta con apoyo suficiente en la evidencia científica. Esta cifra varía según el área —hay campos con mayor certidumbre, como ciertos protocolos oncológicos o cardiovasculares con ensayos clínicos robustos, y otros con menor, como buena parte de la cirugía electiva o el uso de estudios complementarios—, pero constituye una advertencia permanente antes que una condena: no significa que el 85% restante de la práctica sea inútil o dañina, sino que su respaldo depende más de la experiencia clínica acumulada, la fisiopatología razonada o la costumbre profesional que de ensayos controlados concluyentes.

      La pregunta que cada indicación debería responder ¿Existe evidencia suficiente que respalde esta indicación clínica? La pregunta se vuelve todavía más urgente cuando, además, existe un incentivo económico asociado a la técnica indicada: un estudio, una cirugía o una internación que además de discutible desde la evidencia, resulta rentable para quien la indica, acumula dos razones —no una— para someterla a revisión.

      El aporte de Eddy no fue solamente diagnosticar el problema, sino proponer un método: guías de práctica clínica explícitas, basadas en el análisis sistemático de la evidencia y en la estimación honesta de resultados, en lugar de basadas en la opinión de expertos o en el consenso de sociedades científicas. Ese método —adoptado luego por el Institute of Medicine y por prácticamente toda la medicina basada en la evidencia posterior— es, en esencia, una respuesta institucional a la brecha que él mismo identificó.

      3. Elliott Fisher y la paradoja del gasto

      Si Eddy mostró que gran parte de la práctica clínica carece de respaldo suficiente, Elliott Fisher —desde el Dartmouth Institute for Health Policy and Clinical Practice— mostró la otra cara del mismo problema: ni siquiera gastar más produce, de manera sistemática, mejores resultados. A través del Dartmouth Atlas of Health Care, Fisher y sus colegas documentaron variaciones regionales enormes en el gasto de Medicare —hasta el doble entre distintas áreas geográficas de Estados Unidos— sin que esas diferencias de gasto se explicaran por diferencias de clima, de necesidad de la población o de disponibilidad tecnológica per se, sino, en buena medida, por decisiones médicas influidas por la oferta local de recursos.

      El hallazgo central de sus estudios de 2003 en Annals of Internal Medicine, replicado luego en numerosos trabajos posteriores, fue que las regiones y los hospitales que más gastan no ofrecen necesariamente mejor atención: simplemente gastan más. En su análisis de cohortes de pacientes con fractura de cadera, cáncer colorrectal e infarto agudo de miocardio, un mayor índice de gasto regional se asoció, según la cohorte, a un riesgo de muerte igual o levemente mayor —nunca a una sobrevida mejor—, a pesar de que los pacientes en regiones de mayor gasto recibían hasta un 60% más de atención.

      Qué reciben las regiones que más gastanQué NO reciben a cambio
      Más días de internación, más consultas con especialistas, más estudios e imágenesMejor calidad técnica de la atención
      Más uso de camas de terapia intensiva y procedimientosMejor función ni mejor sobrevida — en algunos cohortes, riesgo de muerte levemente mayor
      Mayor intensidad de cuidados al final de la vidaMayor satisfacción del paciente ni mejor acceso a atención primaria

      Fisher describió esta situación como «la paradoja de la abundancia»: más consultas, más días de internación, más estudios y más procedimientos no se traducen en mejor comunicación entre médicos, ni en mejor continuidad de cuidados, ni en mayor satisfacción del paciente. Al contrario, sus datos muestran que los sistemas más intensivos en recursos suelen mostrar peor coordinación clínica y peor experiencia percibida por el propio paciente.

      4. Las hospitalizaciones evitables: la continuidad de cuidados

      La segunda mitad del trabajo de Fisher se concentra en una pregunta más aplicada: si gastar más no mejora los resultados, ¿dónde está entonces el margen real de mejora? Su respuesta apunta a un conjunto de condiciones crónicas —insuficiencia cardíaca, EPOC, asma y diabetes— para las cuales una atención ambulatoria oportuna, con buena continuidad de cuidados, acceso a la información clínica y capacidad de atención domiciliaria, puede evitar una proporción importante de las internaciones.

      Este grupo de condiciones corresponde a lo que la literatura internacional denomina «condiciones sensibles a la atención ambulatoria» (ambulatory care–sensitive conditions, ACSC): diagnósticos para los cuales una hospitalización, cuando ocurre, suele ser leída como una señal de falla del sistema ambulatorio antes que como una fatalidad clínica inevitable. Fisher estimó que hasta un 15% de las internaciones son potencialmente evitables por esta vía.

      CondiciónQué evita una atención ambulatoria oportuna
      Insuficiencia cardíacaDescompensaciones que terminan en guardia por falta de control del peso, la dieta y la medicación diurética
      EPOCExacerbaciones que podrían controlarse con detección temprana de síntomas y ajuste de tratamiento inhalatorio
      AsmaCrisis evitables con seguimiento regular, educación del paciente y control ambiental
      DiabetesComplicaciones agudas (hipoglucemias, hiperglucemias) manejables con monitoreo y contacto frecuente con el equipo tratante

      El denominador común de estas cuatro condiciones no es solamente clínico: es organizacional. Ninguna de ellas se resuelve con más tecnología hospitalaria; todas mejoran con mejor seguimiento, mejor acceso a la información del paciente entre niveles de atención y mayor capacidad de intervenir antes de que la descompensación obligue a una guardia.

      5. Qué implica esto para la gestión clínica y sanitaria

      Leídos juntos, Eddy y Fisher describen dos caras de un mismo problema de valor en salud: una parte relevante de lo que se indica no tiene evidencia suficiente que lo respalde, y una parte relevante de lo que se gasta no compra mejores resultados. Ninguno de los dos hallazgos es un llamado al recorte indiscriminado; ambos son un llamado a preguntar, sistemáticamente, si una indicación, un estudio o una internación agregan valor real al paciente.

      Para la gerencia de servicio, esto tiene consecuencias concretas: someter las indicaciones de mayor variabilidad a revisión de evidencia, prestar particular atención cuando existe un incentivo económico asociado a la técnica indicada, y priorizar la continuidad de cuidados de los pacientes con condiciones crónicas como estrategia de reducción de internaciones evitables, antes que como un gesto de buena voluntad asistencial. Es, en definitiva, la misma lógica de la medicina basada en el valor aplicada con nombre y apellido a dos de sus fuentes empíricas más influyentes.

      Conclusión

      Eddy demostró que la práctica clínica descansa, en una proporción considerable, sobre bases de evidencia insuficientes. Fisher demostró que ni siquiera gastar más corrige ese problema: puede, incluso, empeorarlo. Juntos ofrecen el argumento empírico más sólido para que la gestión clínica deje de medir su éxito por el volumen de recursos utilizados y empiece a medirlo por la evidencia que respalda cada indicación y por los resultados que efectivamente logra en el paciente.

      Referencias

      • Eddy DM. Clinical decision making: from theory to practice. JAMA (serie de artículos, 1990). Evidence-Based Medicine Working Group. Evidence-based medicine: a new approach to teaching the practice of medicine. JAMA. 1992;268(17):2420-2425.
      • Fisher ES, Wennberg DE, Stukel TA, Gottlieb DJ, Lucas FL, Pinder EL. The implications of regional variations in Medicare spending. Part 1: the content, quality, and accessibility of care. Ann Intern Med. 2003;138:273-287.
      • Fisher ES, Wennberg DE, Stukel TA, Gottlieb DJ, Lucas FL, Pinder EL. The implications of regional variations in Medicare spending. Part 2: health outcomes and satisfaction with care. Ann Intern Med. 2003;138:288-298.
      • Wennberg JE, Cooper MM (dir.). The Dartmouth Atlas of Health Care. American Hospital Association / The Dartmouth Institute for Health Policy and Clinical Practice.
      • Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ). Prevention Quality Indicators (PQI) — Ambulatory Care Sensitive Conditions (ACSC).

      Este documento fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como herramienta de redacción y edición, bajo supervisión científica del autor.

      Gerentes medios: de funcionarios a socios estratégicos

      La doble transformación que evita la balcanización del hospital. Dedicado a los Directores de hospitales públicos. Es una reseña breve de conceptos y posicionamiento frente a la necesidad del cambio. si la transformación no se produce en los centros de costos no se producirá, en los servicios. Menos jerarquías más hospital centrado en los pacientes.

      Gestores más médicos, médicos más gestores

      El nuevo perfil del jefe de servicio debe sumar a su función asistencial la faceta de gestor, lo que implica transformar los puestos de responsabilidad en jefaturas que asuman el binomio riesgo-beneficio. Esto no significa alejar al gestor del paciente: al contrario, los gestores deben ser más médicos, en el sentido de estar más presentes en el terreno operativo —el Gemba de la atención—, escuchar a los equipos, conocer la demanda contenida, la disponibilidad de insumos y la evidencia científica vigente, y discutir la calidad no como privilegio de quienes pueden pagarla, sino como estándar para todos.

      La macrogestión sanitaria, por más adecuada que resulte su planificación presupuestaria o normativa, no llega al paciente si no se traduce en meso y microgestión. La profesionalización de la gestión necesita reconocimiento, carrera y la construcción de socios estratégicos —universidades, autoridades locales, equipos de salud—. El directivo de una institución de salud debe ser menos funcionario y más gestor.

      De los flujos de órdenes a los flujos de trabajo

      Los jefes de servicio transforman la emisión de órdenes en flujos de trabajo. El flujo de órdenes responde a la priorización de los objetivos estratégicos; el flujo de trabajo, a las metas específicas que contribuyen al cumplimiento de esas metas institucionales.

       Flujo de órdenesFlujo de trabajo
      OrigenGerencia ejecutiva / dirección estratégicaGerencia media / jefatura de servicio
      Responde aLa priorización de los objetivos estratégicos institucionalesLas metas específicas que contribuyen a esos objetivos
      NaturalezaFormulación, norma, indicadorTarea concreta, factible, asignada a un equipo real
      Si no se traduceQueda como un ideal en el papelNunca llega a existir
      La aduana del conocimiento técnico Si las órdenes emitidas desde la gerencia ejecutiva no atraviesan correctamente esa «aduana de la ciencia y el conocimiento técnico» que constituyen las gerencias medias, todo lo formulado en las direcciones se convertirá en un ideal que nunca llega a los pacientes.

      La balcanización evitable

      Convertir el flujo de órdenes en flujo de trabajo alineado con la estrategia no es solo una habilidad técnica del jefe de servicio: es, ante todo, una responsabilidad de conjunto. Un gerente medio puede traducir con destreza las órdenes de la dirección en tareas para su propio equipo y, aun así, hacerlo de un modo que aísla a su servicio del resto de la institución. Por eso la condición decisiva no es solo traducir bien: es traducir sin balcanizar.

      Cuando la visión del hospital no es compartida por las gerencias medias, los flujos de órdenes estratégicas no se convierten en flujos de trabajo operativos alineados entre sí, y se profundiza lo que suele describirse como la «balcanización» de las empresas de salud: servicios que funcionan como feudos aislados, cada uno con su propia interpretación de la estrategia, con lógicas propias desconectadas entre sí y de la institución en su conjunto.

      La condición para no balcanizar Un jefe de servicio convierte órdenes en trabajo alineado con la estrategia —y no en un feudo más— cuando negocia sus prioridades con los servicios vecinos y con los procesos transversales, comparte información con otras jefaturas en lugar de atesorarla, y subordina el objetivo particular de su servicio al objetivo común de la institución cuando ambos entran en tensión.

      Revertir la balcanización mediante gerentes medios que actúen como socios estratégicos —y no como funcionarios que solo transmiten órdenes puertas adentro de su propio servicio— es la única vía sostenible para que la estrategia institucional deje de ser un documento y se convierta en atención efectiva y coordinada.

      Conclusión

      Los flujos de órdenes estratégicas emitidas desde la dirección solo se convierten en flujos de trabajo efectivos cuando los gerentes medios —los jefes de servicio transformados— actúan como socios estratégicos con mística y competencia.

      El recurso humano en salud: la palanca más poderosa de la gerencia

      Contener a los mejores, en una empresa de conocimiento con núcleo operativo profesional requiere retener a los mejores y por más tiempo.

      Una empresa de conocimiento, no una fábrica

      Un jefe de servicio o un gerente médico dirige, en rigor, una empresa de conocimiento. La materia prima no es un insumo estandarizado sino el juicio clínico de profesionales altamente calificados, y el producto final —el cuidado del paciente— se decide en gran medida en la cabecera de la cama, no en el organigrama. Henry Mintzberg describió esta configuración como «burocracia profesional»: una organización con un núcleo operativo autónomo, formado por especialistas que ejercen su criterio antes que seguir instrucciones jerárquicas estrictas. El hospital y el sanatorio son el ejemplo de manual.

      Esa autonomía es, al mismo tiempo, la mayor fortaleza y el mayor desafío de gestión. No se dirige a un profesional universitario del mismo modo que se dirige una línea de producción: se lo convence, se lo forma, se lo evalúa con criterios que reconozca como legítimos y, sobre todo, se lo retiene cuando es bueno.

      El peso económico del capital humano

      La gestión del recurso humano no es solamente una cuestión de clima o de cultura organizacional: es, antes que nada, una cuestión de números. En la mayoría de las instituciones de salud, el personal representa entre el 65% y el 70% del costo total de operación, muy por encima de cualquier otro rubro presupuestario.

      El dato que ordena las prioridades Cuando dos tercios del presupuesto están puestos en las personas, la gestión eficiente del recurso humano deja de ser un tema exclusivo del área de Recursos Humanos y se convierte en una de las palancas más poderosas —quizás la más poderosa— de la gerencia de servicio.

      Esto tiene una consecuencia práctica directa: cualquier estrategia de sostenibilidad financiera de una clínica u hospital que no ponga en el centro la gestión del personal está discutiendo, en el mejor de los casos, un tercio del problema.

      Retener a los mejores: el recurso magnético

      Si el costo del personal es la variable dominante, la rotación no deseada es uno de los riesgos más caros que puede correr una institución: cada salida de un profesional formado implica costos de reemplazo, curva de aprendizaje del nuevo integrante y, muchas veces, una fuga de conocimiento tácito que no figura en ningún balance.

      El modelo Magnet —desarrollado originalmente para enfermería y hoy referencia para la gestión del talento en salud en general— parte precisamente de esa premisa: un hospital «magnético» es aquel capaz de atraer y retener a los mejores profesionales, no por la vía de la compensación económica exclusivamente, sino a través de liderazgo transformacional, empoderamiento estructural y una práctica profesional que el propio equipo reconoce como ejemplar. Contener a los que cumplen y a los que se destacan, en definitiva, no es un gesto de generosidad gerencial: es una decisión económica racional.

      Las cinco palancas de la gestión del recurso humano

      En la práctica cotidiana de un servicio, esa gestión eficiente se juega en cinco terrenos concretos, todos gestionables desde la jefatura de servicio y no solo desde la dirección de Recursos Humanos:

      PalancaQué mueve en la organización
      Clima organizacionalEl ambiente de trabajo condiciona el compromiso, la comunicación entre equipos y, en última instancia, la seguridad del paciente. Un clima tóxico erosiona en meses lo que la formación construyó en años.
      Distribución de tareasAsignar la tarea correcta al profesional correcto —evitando que personal calificado dedique tiempo a actividades de bajo valor agregado— libera capacidad instalada sin agregar un solo recurso nuevo.
      Reducción del ausentismoEl ausentismo no planificado desorganiza los equipos, obliga a cubrir guardias con recursos de menor idoneidad y encarece la operación vía horas extra. Medirlo por servicio es el primer paso para gestionarlo.
      Formación continuaEn una empresa de conocimiento, la actualización profesional no es un beneficio accesorio: es la forma en que la organización mantiene vigente su principal activo productivo.
      Evaluación objetiva del desempeñoSin criterios explícitos y verificables, la evaluación se percibe como arbitraria y pierde su función de desarrollo. Evaluar bien es, también, una forma de cuidar y de retener.

      Ninguna de estas cinco palancas rinde de forma aislada. El clima organizacional deteriorado eleva el ausentismo; el ausentismo mal cubierto sobrecarga la distribución de tareas; la falta de formación continua vuelve subjetiva —y por lo tanto resistida— la evaluación de desempeño. Se trata de un sistema, y como todo sistema, exige mirada integral y sostenida en el tiempo, no intervenciones puntuales frente a la crisis del mes.

      Conclusión

      Gestionar personas en una organización de conocimiento intensivo en mano de obra no es una tarea delegable ni un capítulo aparte de la gestión clínica: es, junto con la calidad asistencial, el núcleo del trabajo del jefe de servicio y del gerente médico. Contener a los mejores, sostener a los que cumplen y construir un recurso humano magnético no es una aspiración cultural sino, antes que nada, la palanca más directa hacia la sostenibilidad de la institución.

      Para profundizar

      • Mintzberg, H. La estructuración de las organizaciones. Ariel — sobre la configuración de «burocracia profesional» aplicada a organizaciones de salud.
      • American Nurses Credentialing Center (ANCC) — Magnet Recognition Program, sobre los componentes de un modelo de atracción y retención de talento en salud.
      • Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) — Recursos Humanos para la Salud, documentos de gobernanza y planificación del personal sanitario en la región.

      El liderazgo del gerente de servicio: cultura de calidad y autoridad legítima

      Entre el compromiso visible y el manejo delicado de los derechos adquiridos

      Un liderazgo que se ve, no que se declara

      El liderazgo del gerente de servicio no se mide por lo que dice en una reunión de comité, sino por el conjunto de comportamientos que, de manera sostenida, estimulan una cultura de gestión de calidad total en su equipo. No es un atributo de carácter ni un estilo personal: es una práctica cotidiana, observable y —por eso mismo— exigible.

      Cuatro comportamientos concentran esa práctica: el compromiso visible con los objetivos del servicio, la presencia regular en las áreas asistenciales, la comunicación efectiva con el equipo y un liderazgo ejemplar que sostiene con la conducta lo que se pide con la palabra.

      ComportamientoQué transmite al equipo
      Compromiso visibleEl equipo no se compromete con lo que el gerente dice, sino con lo que el gerente prioriza con su tiempo y su atención. El compromiso que no se ve, para el equipo, no existe.
      Presencia regular en los serviciosRecorrer los servicios de forma sistemática —no solo ante la crisis— es lo que permite detectar a tiempo un problema de calidad y, al mismo tiempo, lo que legitima al gerente para exigir después.
      Comunicación efectivaExplicar el porqué de una decisión, y no solo el qué, transforma una norma impuesta en una norma comprendida; es la diferencia entre cumplimiento y adhesión.
      Liderazgo ejemplarEl estándar que el gerente exige a otros es, primero, el estándar que exhibe en su propia conducta. La incoherencia entre el discurso y la práctica es el modo más rápido de perder autoridad.

      Estos cuatro comportamientos no son aditivos: se refuerzan o se anulan entre sí. Un gerente con comunicación efectiva pero sin presencia real en el servicio termina comunicando bien decisiones que no conoce de primera mano. La combinación de las cuatro es lo que distingue un liderazgo eficaz de un liderazgo meramente declarado.

      La dimensión administrativa: un territorio delicado

      Junto al liderazgo cultural conviven las responsabilidades administrativas del cargo: el control de horarios, de las concurrencias y del cumplimiento de las normas de trabajo. Es una dimensión distinta, y bastante menos cómoda, porque interpela directamente a los derechos adquiridos de un equipo que, además, suele tener una identidad profesional fuerte y una historia previa en la institución.

      Por qué este territorio exige otra cosa Gestionar horarios, francos, licencias y concurrencias no es un ejercicio administrativo neutro: cada decisión toca la vida cotidiana de una persona y su percepción de equidad respecto de sus pares. Aplicar una norma de manera pareja, sin excepciones que se perciban como favores, es lo que sostiene —o destruye— la legitimidad del gerente en toda otra área de la gestión.

      Por eso este territorio, más que cualquier otro, requiere autoridad con legitimidad técnica y moral. La legitimidad técnica se construye con criterio clínico reconocido por los pares y con decisiones fundamentadas, no arbitrarias. La legitimidad moral se construye con coherencia: aplicar la misma norma un lunes y un viernes, a un residente y a un jefe de equipo.

      Conclusión

      El gerente de servicio ejerce, en simultáneo, dos formas de autoridad que rara vez se enseñan juntas: una autoridad cultural, que se construye con presencia y ejemplo, y una autoridad administrativa, que se ejerce sobre derechos adquiridos y exige por lo tanto legitimidad indiscutida. Confundir una con la otra —pretender autoridad administrativa sin haber construido legitimidad cultural, o viceversa— es, probablemente, el error de conducción más frecuente en la línea media de las instituciones de salud.

      Para profundizar

      • NEJM Catalyst — «The Essential Physician Leader» (2026), sobre las competencias de liderazgo médico exigidas hoy en la conducción de servicios y organizaciones de salud.
      • Gemba walk y ronda gerencial diaria — sobre la presencia regular en los servicios como práctica sistemática de liderazgo, no como visita ocasional.
      • American Nurses Credentialing Center (ANCC) — Magnet Recognition Program, sobre liderazgo transformacional como componente de la retención de talento en salud.

      La organización matricial del hospital: la matriz de Neuhauser

      Del organigrama a los procesos: qué transforma el gerente de servicio

      Una matriz, no una pirámide

      El organigrama tradicional dibuja al hospital como una pirámide. La matriz de Neuhauser lo describe, con más precisión, como lo que efectivamente es: una organización matricial, ad hoc, atravesada por dos lógicas simultáneas que rara vez coinciden en el mismo casillero de un organigrama.

      Por un lado, los jefes de servicio de las distintas especialidades —clínica médica, cirugía, pediatría, ginecología y obstetricia— conducen procesos clínicos específicos, verticales, con objetivos y resultados propios de cada especialidad. Por otro lado, atraviesan horizontalmente toda la organización los procesos transversales de apoyo —radiología, laboratorio, quirófanos, internación— que no pertenecen a ningún servicio en particular porque sirven a todos por igual.

      Servicios clínicos ↓ / Procesos transversales →RadiologíaLaboratorioQuirófanosInternación
      Clínica médica●●●●
      Cirugía●●●●
      Pediatría●●●●
      Ginecología y obstetricia●●●●

      Cada intersección de esa matriz es un punto de coordinación obligada: la cirugía necesita quirófanos y laboratorio tanto como la clínica médica necesita internación y radiología. Ningún servicio es dueño exclusivo de un proceso transversal, y esa es, precisamente, la fuente de casi todas las tensiones de coordinación en un hospital.

      La doble autoridad y su tensión

      Toda organización matricial reparte la autoridad en dos ejes que conviven, y a veces compiten: el jefe de servicio tiene autoridad clínica y de conducción sobre los integrantes de su equipo, mientras que los responsables de los procesos transversales administran un recurso compartido que debe repartirse —muchas veces en tiempo real— entre servicios con demandas simultáneas y prioridades distintas.

      El costo de la matriz La organización matricial gana en enfoque específico y en capacidad de adaptación, pero paga un precio: mayor complejidad de coordinación y un riesgo permanente de duplicación de esfuerzos si nadie asume la traducción entre ambos ejes. Ese riesgo no se resuelve con más jerarquía —el hospital no puede volverse una pirámide— sino con mejor gestión de la interfaz entre servicios y procesos transversales.

      Esa interfaz es, exactamente, el lugar de trabajo del gerente de servicio.

      La función central del gerente de servicio: traducir la orden en trabajo

      La tecnoestructura y la gerencia estratégica del hospital producen protocolos, normas, indicadores y decisiones de asignación de recursos. Ninguno de esos flujos llega por sí solo, ni intacto, hasta la cabecera del paciente: necesita a alguien que lo traduzca en tareas concretas, factibles, para el equipo que efectivamente atiende.

      Esa es la función central del gerente de servicio: transformar los flujos de órdenes que emanan de la tecnoestructura y la gerencia estratégica en flujos de trabajo efectivos que lleguen al núcleo operativo, donde están los pacientes. No es una función administrativa secundaria; es la bisagra que hace que la estrategia del hospital se convierta —o no— en atención real.

      Conclusión

      Entender al hospital como una matriz de Neuhauser, y no como una pirámide, cambia lo que se le exige a un gerente de servicio: no alcanza con conducir bien el eje vertical de su especialidad si no gestiona también, de forma activa, sus intersecciones con los procesos transversales. Y no alcanza con recibir órdenes de la estrategia institucional si no se las traduce en trabajo posible para el equipo que está, todos los días, frente al paciente.

      Para profundizar

      • Neuhauser, D. — descripción de la estructura matricial del hospital, con jefes de servicio conduciendo procesos clínicos verticales y procesos transversales de apoyo atravesando la organización.
      • Mintzberg, H. — La estructuración de las organizaciones, sobre el rol de la línea media conectando ápice estratégico, tecnoestructura y núcleo operativo.
      • Díaz, C. A. — «El hospital, organización matricial», saludbydiaz.com (2021), desarrollo previo sobre autoridad de los jefes de servicio en la organización matricial hospitalaria.

      La paradoja de la asistencia médica para morir

      Autor : Mara Buchbinder , Ph.D.

      N Engl J Med 2026 ; 395 : 417 –  419 DOI: 10.1056/NEJMp2606019 VOL. 395 NÚM. 5

      El apoyo legislativo a la asistencia médica para morir (MAID, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos está creciendo. Tan solo en el último año, tres estados —Delaware, Illinois y Nueva York— legalizaron la práctica, elevando a 14 el número de jurisdicciones que la permiten (13 estados más el Distrito de Columbia). Casi un tercio de la población estadounidense reside ahora en una jurisdicción donde la MAID es legal, lo que permite a los profesionales sanitarios autorizados prescribir medicamentos letales a pacientes terminales, siempre que se cumplan ciertos requisitos reglamentarios (por ejemplo, que el paciente sea adulto con un pronóstico de supervivencia de 6 meses o menos, sea mentalmente competente, pueda autoadministrarse la medicación y, en algunas jurisdicciones, sea residente del estado y haya esperado el período prescrito). Sin embargo, a pesar de este crecimiento significativo, existe una paradoja en el centro de la MAID: cualesquiera que sean las razones para apoyarla, su expansión depende de su rareza.Uno de los principales argumentos éticos que impulsan la legalización de la MAID en Estados Unidos se basa en la suposición de que seguirá siendo un evento poco frecuente. Si funciona correctamente, sostienen sus defensores, se utilizará con poca frecuencia. En las jurisdicciones estadounidenses con la mayor trayectoria en MAID, las tasas de utilización son excepcionalmente bajas. En Oregón, que autorizó la MAID en 1997, se registraron un total de 400 muertes bajo la Ley de Muerte con Dignidad de Oregón (DWDA) en 2025, lo que representa aproximadamente el 1 % del total de muertes en Oregón ese año.<sup> 1 </sup> A pesar del crecimiento constante en la utilización desde 1997, los datos de Oregón han convencido a muchos legisladores de otros estados de que la legalización no conducirá a una pendiente resbaladiza de abuso en la que se coaccione a pacientes vulnerables a utilizar la MAID, una preocupación clave de los opositores.<sup> 2 </sup> El meollo de la paradoja de la utilización de la MAID radica en el hecho de que su popularidad entre los legisladores se basa parcialmente en su impopularidad en la práctica. Dadas estas bajas tasas de utilización, ¿qué nos revela el impulso hacia un mayor acceso a la asistencia médica para morir (MAID) sobre las aspiraciones culturales respecto a la muerte y el morir en Estados Unidos hoy en día? El deseo de un mayor control al final de la vida es fundamental para la búsqueda de la MAID. La MAID permite a los pacientes terminales controlar el momento y las circunstancias de su muerte, así como los síntomas con los que están dispuestos a convivir y el sufrimiento que esperan evitar. Al permitir que los pacientes planifiquen el momento y el lugar de su muerte y quién los acompañará, también se fomenta el control sobre el significado personal de la muerte. Desde esta perspectiva, la muerte se convierte en una experiencia que uno mismo organiza activamente, en lugar de un evento al que se resiste o que simplemente soporta. La eutanasia asistida transforma el proceso de morir y permite a la persona moribunda optar por una muerte digna, que refleje ciertos valores personales, culturales y estéticos. Por lo general, esto implica estar rodeado de seres queridos y objetos significativos, en un lugar de preferencia (a menudo en casa), con un toque ritual (como un brindis final), antes de ingerir una dosis letal de medicación. También suele implicar una muerte más higiénica, acortando el proceso de morir, lo que minimiza la emisión de olores, sonidos y fluidos corporales desagradables que, de otro modo, acompañarían el lento declive de la muerte natural. Planificar la muerte ofrece una forma de mitigar su incertidumbre inherente, dotándola de cierto control personal. El deseo de dicha planificación resalta el valor de la autodeterminación en la sociedad estadounidense. Las leyes de asistencia médica para morir (MAID) abren un camino para que las personas con enfermedades terminales —que deben perder gran parte de su autonomía— puedan recuperar el control sobre el último gran acontecimiento de su vida. En algunos casos, el deseo de evitar el sufrimiento al final de la vida también podría reflejar la secularización de la sociedad estadounidense en la era moderna y la erosión de las creencias culturales que conciben el sufrimiento como fundamentado en un propósito religioso. Este potencial de la MAID para controlar la incertidumbre y limitar el sufrimiento resulta atractivo para muchos estadounidenses , independientemente de su elegibilidad; la MAID puede ser incluso más atractiva en el momento histórico actual, marcado por la abrumadora incertidumbre de la guerra y la inestabilidad política, la inestabilidad económica, el cambio climático y la ansiedad ante la inteligencia artificial.Al mismo tiempo, las implicaciones clínicas de la MAID van más allá de lo que sugieren las estadísticas de utilización. Muchos más pacientes solicitan la MAID a un médico de los que llegan a utilizarla¹ : algunos pacientes que la solicitan no cumplen los requisitos y otros simplemente desean tener la medicación a mano para mayor tranquilidad. Tener la opción de la MAID es valioso en sí mismo, incluso si la medicación no se consume finalmente. El año pasado en Oregón, 637 personas recibieron recetas bajo la DWDA, de las cuales 358 ingirieron la medicación, 100 fallecieron por causas naturales sin ingerirla y en 179 casos se desconoce si la ingirieron o no.¹

      Estudios sobre las interacciones entre médicos y pacientes también han revelado que la asistencia médica para morir (MAID) suele ser un punto de partida para conversaciones más profundas sobre las preocupaciones al final de la vida.⁴ Iniciar una conversación sobre la MAID puede indicar que un paciente está listo para pasar a una etapa diferente del tratamiento, a menudo pasando de una intención curativa a una paliativa. O puede abrir un espacio para que un paciente exprese angustia existencial y temores sobre la muerte. Puede facilitar la búsqueda de formas alternativas de control, como el manejo del dolor o los síntomas, o el rechazo de ciertos tratamientos. En una sociedad en la que hablar de la muerte sigue siendo un tema relativamente tabú, legalizar la MAID abre la puerta a una nueva perspectiva sobre la planificación del final de la vida, una que en última instancia puede beneficiar a muchos más pacientes estadounidenses que solo aquellos que son elegibles para la MAID. Proporciona una justificación cultural para una discusión más profunda sobre un tema profundamente estigmatizado, cambiando el tipo de conversaciones sobre la muerte y el morir que médicos y pacientes podrían tener.Con la legalización de la asistencia médica para morir (MAID) en más jurisdicciones, los médicos que atienden a pacientes gravemente enfermos deben prepararse para estas conversaciones, independientemente de si ejercen en una jurisdicción donde la MAID está autorizada o si aceptarían prescribirla si pudieran hacerlo legalmente. 5 Si bien la defensa de la MAID puede basarse en parte en su uso poco frecuente, su legado cultural va más allá de su autorización legal en jurisdicciones específicas o de su uso por pacientes específicos. Como fenómeno cultural que ha cautivado la imaginación pública, la MAID invita a reflexionar creativamente sobre lo que la demanda de la misma revela acerca de cómo mueren las personas en Estados Unidos hoy en día. Su auge sugiere que muchos estadounidenses desean más oportunidades para planificar su muerte y dotarla de un significado personal. El proceso de planificación, a su vez, puede devolver cierto control sobre un proceso incierto, que inspira temor y, en cierto modo, fundamentalmente desconocido.Esta comprensión cultural puede y debe canalizarse para mejorar la atención al final de la vida de todos los pacientes. La expansión de la asistencia médica para morir (MAID, por sus siglas en inglés) demuestra el valor de contar con una opción al final de la vida que las personas no desean o no necesitan utilizar. Un beneficio inesperado de la legalización de la MAID es su capacidad para ayudar a pacientes y médicos a iniciar nuevas conversaciones sobre lo que más importa a los pacientes en las etapas finales de una enfermedad grave y cómo pueden vivir y morir de manera acorde con esos valores. Puede brindarles a los pacientes la oportunidad de expresar sus mayores esperanzas y temores. Al recordarles a los pacientes terminales que la muerte puede ser una elección, puede interrumpir la lógica de simplemente aceptar el siguiente tratamiento hasta que no queden opciones. Esta es, entonces, otra faceta de la paradoja de la MAID: tiene el potencial de impactar muchas más vidas que aquellas a las que termina.

      La Importancia del Monitoreo en los Paquetes de Beneficios de Salud

      Abha Mehndiratta · Ursula Giedion · Adrian Gheorghe · Martin Sabignoso — Centro para el Desarrollo Global (CGD), julio de 2026

      Preparado para el blog por Dr. Carlos Alberto Díaz

      saludbydiaz.com

      Este resumen fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como apoyo de redacción y edición, bajo supervisión científica del Dr. Carlos Alberto Díaz.

      Definiciones del documento original
      • HBP: la selección de servicios de salud que se ofrecen, con una cierta cobertura de costos y de población.
      • Ciclo de actualización del HBP: el proceso regular de revisión y ajuste del diseño e implementación del paquete —alcance, contenido, población beneficiaria, tarifas, presupuesto y comunicación— para que evolucione junto con las necesidades sanitarias, las prioridades del sistema y los recursos disponibles.
      • Espacio de decisión del HBP: los límites institucionales dentro de los cuales se toman las decisiones de diseño e implementación del paquete, que atraviesan sectores (financiamiento, prestación, diseño de beneficios) y niveles de gobierno (nacional, subnacional, proveedor).
      • Facilitadores directos: herramientas y procesos que apoyan directamente la implementación y el seguimiento del HBP (presupuesto, inscripción, compras, SIS específico del HBP).
      • Facilitadores estructurales: componentes más amplios del sistema de salud —marcos legales, gestión financiera pública, infraestructura, recursos humanos— que condicionan el HBP pero están fuera del control directo de sus equipos de gestión.
      • Guías de práctica clínica: recomendaciones basadas en revisión sistemática de evidencia que responden a la pregunta de “qué hacer” y son usadas por los proveedores; junto con las vías clínicas, forman la base técnica para estructurar y monitorizar el HBP.

      1. RESUMEN EJECUTIVO

      Los Paquetes de Beneficios de Salud (HBP, por su sigla en inglés) definen qué servicios de salud están cubiertos, para quiénes y bajo qué condiciones financieras. Constituyen una herramienta central para avanzar hacia la Cobertura Sanitaria Universal (CSU), pero en la práctica suele existir una brecha entre lo prometido en papel y lo efectivamente prestado. Este documento del Centro para el Desarrollo Global (CGD) sostiene que el Monitoreo del Paquete de Beneficios de Salud (HBPM) es la palanca crítica —y hasta ahora poco utilizada— para cerrar esa brecha: mejora la rendición de cuentas, identifica cuellos de botella y traduce derechos formales en acceso real.

      El marco conceptual propuesto se apoya en consultas de expertos, una revisión de la literatura y de las prácticas nacionales, y una evaluación de las lagunas existentes en las guías sobre diseño y seguimiento de los HBP. A partir de ese trabajo, los autores identifican ocho principios fundamentales que se organizan en tres bloques de construcción mutuamente reforzados:

      • Indicadores: qué se debe medir para reflejar los objetivos del HBP y sus facilitadores directos.
      • Instituciones: quién es responsable de medir, con qué mandato legal, capacidad y financiamiento.
      • Sistemas de Información Sanitaria (SIS): cómo se producen, integran y utilizan los datos.

      El marco va acompañado de una Herramienta de Evaluación de Madurez de la HBPM (HBPM MAT), presentada en un documento de trabajo independiente, que permite a los países identificar brechas y prioridades concretas para fortalecer sus sistemas de monitoreo.

      Idea central del documento • Los principios y bloques de construcción son intencionalmente aspiracionales: reflejan un ideal hacia el que los sistemas de HBPM pueden evolucionar progresivamente, según el contexto y la capacidad de cada país. • El monitoreo sistemático no solo evalúa la implementación: también informa las revisiones del HBP, fortalece la rendición de cuentas, sostiene la mejora continua y asegura que el paquete contribuya efectivamente a la CSU. • Los datos por sí solos no mejoran los sistemas de salud; lo que los mejora son las decisiones que esos datos permiten tomar.

      El documento original se organiza en cinco capítulos, que este resumen sigue de cerca: tras la introducción, el segundo capítulo explica por qué es importante monitorizar los HBP y expone los ocho principios fundamentales; el tercero desarrolla el alcance del monitoreo, el espacio de decisión y el ciclo de actualización del HBP; el cuarto aborda el diseño de indicadores aptos para su propósito; el quinto desarrolla el marco institucional necesario; y el sexto examina el rol de los sistemas de información sanitaria. El análisis se apoya de manera constante en experiencias nacionales concretas —principalmente Chile, Tailandia, Argentina, Estonia, Uruguay y Filipinas— que ilustran distintos grados de madurez en cada uno de los tres pilares.

      2. EL PORQUÉ DE LA HBPM: JUSTIFICACIÓN E IMPORTANCIA

      2.1. Introducción

      El documento está organizado en cinco capítulos. Tras la introducción, el segundo capítulo explica por qué es importante monitorizar los paquetes de beneficios de salud, expone los ocho principios fundamentales que deben guiar el diseño o el fortalecimiento de un sistema de HBPM, y examina cómo el monitoreo puede informar la toma de decisiones a lo largo del ciclo de actualización del HBP. Los capítulos siguientes desarrollan en detalle los tres pilares: indicadores, marco institucional y sistemas de información sanitaria.

      El marco no pretende ser una fórmula única: la posición exacta de cada país dependerá de su contexto y capacidades. Para simplificar el análisis, tampoco aborda los desafíos adicionales que surgen cuando coexisten varios HBP dentro de un mismo sistema de salud.

      2.2. Justificación: cuatro razones para monitorizar el HBP

      Aunque los HBP son ampliamente reconocidos como una herramienta clave para avanzar en la CSU, rara vez se monitorizan de forma sistemática. Los autores identifican cuatro razones de peso para hacerlo:

      • Evaluar si se están alcanzando los objetivos del HBP — el punto de partida de cualquier política que busque cerrar la brecha entre la promesa y la realidad.
      • Aumentar la rendición de cuentas y la confianza pública, ya que un HBP es una promesa que el gobierno hace a la población.
      • Identificar obstáculos, distinguiendo si las deficiencias responden a fallas de diseño (definiciones vagas, tarifas poco realistas) o a desafíos de implementación (escasez de personal, quiebres de la cadena de suministro, sistemas de información débiles).
      • Asegurar apoyo político: los responsables políticos sostienen un proceso de HBP o de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (HTA) solo cuando pueden ver evidencia creíble y medible de que cumple lo prometido.

      La base de evidencia sobre monitoreo de HBP sigue siendo escasa y fragmentada. De la literatura disponible surgen mensajes recurrentes: los países carecen de directrices estructuradas y procesos institucionalizados de seguimiento; donde el monitoreo está más avanzado —como en Chile o Argentina— se apoya en responsabilidades institucionales claras, sistemas de información dedicados y vínculos explícitos entre monitoreo, financiamiento y gestión del desempeño; y una monitorización eficaz exige capacidad gerencial y técnica sostenida, sin la cual los sistemas permanecen parciales o subutilizados.

      El Anexo 1 del documento original sistematiza esta evidencia a partir de una selección intencionada —no una revisión sistemática— de publicaciones sobre monitoreo de HBP, fijación de prioridades y HTA. Solo un número reducido de estudios examina directamente el seguimiento de los paquetes de beneficios, por lo que buena parte de la evidencia se extrae, por analogía, de la literatura sobre priorización y evaluación de tecnologías sanitarias. Trabajos como el de Danforth et al. (2023) documentan la ausencia de guías y estándares para el seguimiento y la evaluación de los paquetes esenciales de servicios en distintos países, reforzando el diagnóstico central del documento: la HBPM sigue siendo una función débilmente institucionalizada a nivel global.

      2.3. Los ocho principios fundamentales de la HBPM

      Estos principios —que no se espera que se cumplan plenamente en la mayoría de los contextos— constituyen la base tanto del marco conceptual como del HBPM MAT, y sirven de referencia para que los países diseñen o refuercen sus propios sistemas.

      PrincipioQué implica
      1. HBP claro y explícitoEl monitoreo depende de un paquete bien definido: qué se cubre, con qué calidad, para quién y bajo qué condiciones financieras.
      2. Guías clínicas como baseAlinear el HBP con guías de práctica clínica basadas en evidencia permite un seguimiento sistemático a lo largo de la vía de atención.
      3. Vínculo con el ciclo de actualizaciónLa evidencia generada debe ser accionable dentro del ciclo de actualización del HBP, no solo medible.
      4. Objetivos y facilitadores directosEl seguimiento debe cubrir tanto los resultados esperados del HBP como los factores operativos que impulsan su desempeño.
      5. Selección estratégica de indicadoresPriorizar indicadores de alto valor para la decisión, evitando mediciones innecesarias.
      6. Monitoreo factible y por fasesComenzar con un alcance manejable según la capacidad existente y escalar progresivamente.
      7. Alineación con la estrategia nacional de SISEvitar sistemas paralelos; construir sobre estándares e infraestructura de información ya existentes.
      8. Institucionalización y gobernanza multinivelMandatos claros, financiamiento sostenible, capacidad de gestión y rendición de cuentas en todos los niveles.

      A partir de estos ocho principios, el marco HBPM se organiza en tres pilares: los indicadores (qué medir, Capítulo 3), las instituciones (quién es responsable de medir, Capítulo 4) y los SIS vinculados al HBP (cómo se producen, gestionan y usan los datos, Capítulo 5).

      3. ALCANCE, ESPACIO DE DECISIÓN Y CICLO DE ACTUALIZACIÓN DEL HBP

      3.1. El alcance de la HBPM

      El HBPM solo es efectivo cuando su alcance está enfocado, es accionable y factible, y está alineado con las palancas que los equipos de HBP realmente pueden influir. El documento distingue entre dos tipos de facilitadores:

      • Facilitadores directos: herramientas y procesos operativos dentro del mandato del equipo de HBP (por ejemplo, definiciones de servicios, tarifas, disponibilidad de insumos) y que pueden ajustarse mediante el diseño y la revisión del paquete.
      • Facilitadores estructurales: fuerza laboral, infraestructura, cadenas de suministro y arreglos más amplios de gobernanza o financiamiento, que moldean el entorno del sistema pero están fuera del control directo de los equipos de HBP.

      La HBPM debería priorizar los facilitadores directos, dejando los estructurales a mecanismos de monitoreo más amplios a nivel de sistema. Esta distinción ayuda a delimitar qué entra dentro del ámbito de responsabilidad de la HBPM.

      CaracterísticaFacilitador directoFacilitador estructural
      DefiniciónHerramientas y procesos que apoyan directamente la implementación y el seguimiento del HBP (presupuesto, inscripción, compras, SIS del HBP).Componentes amplios de política y gobernanza del sistema (marcos legales, gestión financiera pública, infraestructura, recursos humanos).
      EnfoqueOperativo y de proceso.Infraestructura y capacidad a nivel de sistema.
      EjemplosTasas de utilización, tarifas de reembolso, mecanismos de compra, plan de comunicación del HBP.Infraestructura sanitaria, fuerza laboral, cadenas de suministro.
      Horizonte de influenciaCorto y mediano plazo.Mediano y largo plazo.
      ResponsabilidadEquipos de diseño, actualización e implementación del HBP.Departamentos o ministerios del sistema de salud en general.
      Rol en la HBPMDebería ser prioridad del monitoreo.Puede referenciarse, pero se supervisa por mecanismos separados.

      3.2. Monitoreo de la CSU y HBPM: solapamientos y diferencias

      Si los HBP operacionalizan los objetivos de la CSU, ¿por qué se necesita un marco de monitoreo separado? La respuesta radica en el enfoque y la función de cada uno: el monitoreo de la CSU ofrece una visión sistémica y de alto nivel, comparable entre países; el monitoreo del HBP es más específico del contexto y de la operación, y evalúa si los servicios incluidos se prestan a todos los que tienen derecho, con calidad adecuada y sin dificultades económicas, examinando además los factores que condicionan la prestación (presupuestos, tarifas, compras, comunicación de derechos). En síntesis, la HBPM traduce las ambiciones amplias de la CSU en preguntas accionables y específicas de cada país.

      ElementoMonitoreo de la CSUHBPMDiferencia clave
      PropósitoSeguir el progreso nacional y global hacia acceso, calidad y protección financiera.Seguir el progreso del HBP y los factores que permiten alcanzar sus objetivos.La CSU es macro y comparable entre países; el HBPM es nacional y específico del paquete.
      Alcance y enfoqueLa mayoría de los servicios esenciales, sin monitorizar sistemáticamente los facilitadores.Las intervenciones incluidas en el HBP y sus facilitadores directos (presupuesto, costos, compras).La CSU no vincula resultados con las palancas operativas del paquete; el HBPM sí.
      Indicadores y métricasIndicadores agregados, como los ODS 3.8.1 (cobertura de servicios) y 3.8.2 (protección financiera).Indicadores detallados: cobertura efectiva, cumplimiento de guías clínicas, brechas de costos, gasto de bolsillo.La CSU usa métricas de alto nivel; el HBPM incluye indicadores operativos vinculados a los facilitadores.
      Fuentes de datos y SISPrincipalmente encuestas de hogares y estimaciones modeladas, comparables entre países.Datos administrativos en tiempo real, historias clínicas electrónicas, reclamaciones y registros de proveedores.La CSU usa datos periódicos a nivel nacional; el HBPM usa datos operativos en tiempo real.

      3.3. El espacio de decisión informado por la HBPM

      El espacio de decisión de un HBP es el conjunto de decisiones que sus responsables están autorizados a tomar, y por tanto el ámbito en el que el monitoreo puede informar la acción. Opera horizontalmente (financiamiento, prestación de servicios, diseño de beneficios) y verticalmente (desde instituciones nacionales hasta proveedores), lo que exige sistemas de HBPM coherentes entre actores y niveles.

      3.4. El ciclo de actualización del HBP: ocho pasos

      El ciclo de actualización del HBP es el proceso estructurado e iterativo mediante el cual se preparan, toman e implementan las decisiones sobre el paquete. En su núcleo está la necesidad de alinear el HBP con sus objetivos generales, casi siempre vinculados al progreso hacia la CSU; lograr esa alineación exige ir más allá de definir “qué está dentro y qué está fuera”, abordando también las condiciones operativas necesarias para que el paquete se entregue según lo previsto y evolucione con el tiempo.

      La necesidad de un enfoque más amplio y a nivel de sistema para actualizar el HBP fue planteada por primera vez por Glassman et al. (2017), cuyo trabajo desplazó el foco desde una lógica de inclusión/exclusión impulsada principalmente por la Evaluación de Tecnologías Sanitarias hacia un proceso más dinámico que considera el diseño, la implementación, el financiamiento y los mecanismos institucionales necesarios para ajustar el paquete en el tiempo. Sobre esa base, la Autoridad Nacional de Salud de India propuso un ciclo de actualización más operativo (Manual del HBP del programa Ayushman Bharat Pradhan Mantri Jan Arogya Yojana, 2026), que los autores refinan aquí en un ciclo de ocho pasos:

      PasoFase del cicloRol del monitoreo
      1Evaluar si el HBP va en caminoIdentificar brechas frente a los objetivos del HBP y explorar sus posibles causas.
      2Evaluar cobertura poblacional y de serviciosAnalizar patrones de acceso, utilización y equidad.
      3Decidir inclusión/exclusión frente a nueva evidenciaComparar el costo de oportunidad de introducir servicios nuevos frente a cerrar brechas existentes.
      4Revisar tasas de reembolso, tarifas y métodos de pagoProponer estructuras de tarifas que promuevan una provisión eficiente y de calidad.
      5Evaluar impacto fiscal y presupuestarioAsegurar la sostenibilidad financiera del HBP y la alineación con el presupuesto disponible.
      6Deliberar y consultar con las partes interesadasRecomendar actualizaciones basadas en evidencia y en un proceso transparente.
      7Desarrollar el plan de implementaciónEstablecer un marco operativo para la cobertura efectiva, la calidad y la equidad.
      8Establecer el sistema de monitoreoRecopilar los datos críticos que retroalimentarán los ciclos posteriores de actualización.

      Los datos recogidos por la HBPM a lo largo de estos ocho pasos sustentan decisiones fundamentadas en evidencia en cada etapa, asegurando que la información generada esté directamente vinculada a la práctica de gestión del paquete.

      4. INDICADORES APTOS PARA UN HBPM EFECTIVO

      El diseño y uso de indicadores es uno de los tres pilares de un sistema HBPM eficaz, junto con un marco institucional sólido y un SIS bien funcional. Los indicadores se derivan de los objetivos del HBP y deben seleccionarse o diseñarse de forma estratégica, gradual y alineada con el sistema de información existente, no como un ejercicio rutinario de recolección de datos.

      4.1. Definir las preguntas clave que los indicadores deben responder

      En cada etapa del ciclo de actualización, la selección de indicadores debe guiarse por preguntas específicas: ¿pueden las personas que necesitan servicios del HBP acceder a ellos? ¿existen brechas de protección financiera? ¿los patrones de cobertura revelan desigualdad? ¿se presta el servicio con la calidad esperada? Sobre los facilitadores directos: ¿tienen los establecimientos capacidad para prestar los servicios? ¿funcionan de forma fiable los sistemas de reporte? ¿los mecanismos de gobernanza favorecen el uso de los resultados en la toma de decisiones?

      Preguntas orientadoras sobre los objetivos del HBP (Anexo 4 del documento original) • Acceso y cobertura: ¿los servicios prioritarios llegan a las poblaciones objetivo, especialmente a los grupos desfavorecidos? ¿qué proporción de la población objetivo los recibe? ¿hay brechas de cobertura efectiva? • Calidad de la atención: ¿los servicios se prestan conforme a las guías de práctica clínica? ¿hay mejoras medibles en los resultados de calidad? • Protección financiera: ¿el HBP reduce el gasto de bolsillo en servicios cubiertos? ¿disminuyen las barreras financieras de acceso? • Equidad: ¿existen disparidades en acceso, calidad o protección financiera entre grupos poblacionales? ¿cuáles son las tendencias de utilización por región o tipo de centro? • Transversal: ¿qué quejas se han planteado sobre acceso, calidad, gastos de bolsillo o denegación de servicios del HBP?
      Preguntas orientadoras sobre los facilitadores directos (paso 1 del ciclo, a modo de ejemplo) • ¿Los proveedores, instalaciones y ciudadanos entienden qué servicios están cubiertos y cómo acceder a ellos? • ¿Funcionan eficazmente las tarifas de pago y los acuerdos de compra desde la perspectiva de los proveedores de primera línea? • ¿Dónde están las principales brechas de implementación (por región, tipo de instalación o grupo poblacional) y cuáles son sus causas probables?

      4.2. Creación de indicadores basados en las preguntas definidas

      Los indicadores del HBPM deben:

      • estar anclados en un HBP claramente definido, para que el acceso y el desempeño puedan seguirse de forma significativa;
      • alinearse con guías de práctica clínica basadas en evidencia;
      • vincularse explícitamente al ciclo de actualización del HBP, diseñados para informar decisiones concretas; y
      • concentrarse en un conjunto limitado de indicadores estratégicos que sigan tanto los objetivos del HBP (cobertura, calidad, equidad, protección financiera) como sus facilitadores directos (preparación del servicio, compras, inscripción).

      Ejemplos ilustrativos de indicadores por paso del ciclo

      Paso del cicloDominioEjemplo de indicador
      1. Evaluar si el HBP va en caminoObjetivos del HBP% de la población elegible que recibió al menos un servicio cubierto en los últimos 12 meses.
      1. Evaluar si el HBP va en caminoFacilitadores directos% de la población consciente de sus derechos al HBP.
      2. Priorización de temasObjetivos del HBP% de usuarios satisfechos con la disponibilidad y capacidad de respuesta de los servicios cubiertos.
      4. Revisar tarifas y pagosFacilitadores directosReembolso medio como % del costo unitario real.
      5. Evaluar impacto fiscalObjetivos del HBPGasto per cápita en servicios cubiertos por el HBP.
      6. Deliberar y consultarFacilitadores directosNúmero de eventos de consulta formal durante el ciclo de actualización.
      8. Establecer el sistema de monitoreoObjetivos del HBP% de decisiones políticas del HBP en los últimos 12 meses respaldadas por datos de monitoreo.

      Algunos indicadores contribuyen a varios pasos del ciclo simultáneamente. Por ejemplo, la cobertura de intervenciones esenciales dentro de una misma vía clínica (como el porcentaje de pacientes con cáncer de mama que reciben mastectomía o quimioterapia) informa tanto la evaluación de desempeño (paso 1) como las decisiones de priorización (paso 2). De modo similar, el porcentaje de proveedores que reportan pagos retrasados es relevante para revisar mecanismos de pago (paso 4), evaluar la ejecución fiscal (paso 5) y monitorizar cuellos de botella de implementación (paso 8). Se anima a los países a identificar y aprovechar este tipo de indicadores transversales para ganar coherencia y eficiencia a lo largo de todo el ciclo.

      Experiencias nacionales ilustran el valor de esta monitorización intencionada: el Programa Sumar de Argentina rastrea la cobertura efectiva mediante indicadores organizados por etapa de vida, vinculados a servicios prioritarios, y monitoriza además la inscripción poblacional y la puntualidad de los pagos a centros de salud. En Tailandia, la NHSO utilizó indicadores de alcance y resultados de la diálisis peritoneal como evidencia clave para decidir su ampliación dentro del paquete de beneficios del Esquema de Cobertura Universal.

      4.3. Del indicador básico al indicador SMART

      Los indicadores deben ser Específicos, Medibles, Alcanzables, Relevantes y con Plazo definido (SMART). El documento ilustra esta evolución con el ejemplo del control de la diabetes tipo 2: partir de un indicador básico —adultos con diabetes que asisten a clínicas urbanas de atención primaria, con pruebas de HbA1c— y evolucionar hacia un indicador avanzado que integra atención primaria y especializada, datos de historias clínicas electrónicas interoperables y metas más exigentes de cobertura, sostenidas por una revisión trimestral en lugar de anual.

      Principio rector • Partir de un conjunto central y de alto valor de indicadores utilizando los sistemas existentes es una decisión sensata; los indicadores más sofisticados pueden añadirse a medida que crece la capacidad institucional y técnica.

      4.4. Alinear la recogida de datos con la infraestructura de SIS

      Aprovechar las plataformas de información existentes evita crear sistemas paralelos, promueve la sostenibilidad y reduce la carga de reporte. Los indicadores deben recopilarse con terminología y codificación estándar (CIE, SNOMED) que permitan la comparabilidad entre niveles y en el tiempo. Estonia ilustra cómo un ecosistema digital integrado —historias clínicas electrónicas, recetas electrónicas y gestión digital de reclamaciones— permite recopilar rutinariamente datos de utilización, prescripción y desempeño de proveedores. Tailandia, por su parte, combina encuestas nacionales, registros administrativos y registros de enfermedades para monitorizar cobertura poblacional, cobertura de servicios y protección de riesgos financieros.

      Más ejemplos de indicadores del paso 1 (Anexo 5 del documento original) • % de la población elegible inscrita en el HBP. • % de intervenciones completadas cubiertas por el HBP con resolución documentada del tratamiento. • % de altas hospitalarias con documentación completa e instrucciones de seguimiento. • % de pacientes que no reciben pagos de bolsillo por servicios cubiertos por el HBP. • Diferencia en la tasa de cobertura del HBP entre poblaciones rurales y urbanas. • % del personal formado en el alcance del servicio del HBP; número de quejas relacionadas con el HBP presentadas.

      El documento original recuerda que se anima a los países a adaptar estos indicadores a sus propias prioridades nacionales y realidades de implementación, en lugar de adoptarlos de forma literal; su valor está en el tipo de pregunta que ayudan a responder, no en la fórmula exacta de cálculo.

      4.5. De los principios a la evaluación de madurez

      El capítulo permite identificar los elementos esenciales para alcanzar la madurez en la dimensión de indicadores, que se reflejan directamente en el HBPM MAT como declaraciones de madurez 1 a C, cada una acompañada de atributos observables y preguntas de verificación:

      Elementos hacia la madurez de los indicadores • El HBP está definido de forma clara y explícita. • Existe un marco de HBPM formalmente respaldado, con objetivos de seguimiento alineados con el HBP. • Los indicadores del HBPM están alineados con el HBP y vinculados a su ciclo de actualización. • Las definiciones de los indicadores son SMART, estandarizadas y armonizadas con el SIS nacional.

      5. UN MARCO INSTITUCIONAL SÓLIDO PARA QUE LA HBPM FUNCIONE

      El marco institucional puede definirse como el conjunto de reglas, funciones y arreglos organizativos desarrollados para monitorizar un HBP. Provee la plataforma que hace que el seguimiento sea factible y sostenible a lo largo de todo el ciclo de actualización.

      5.1. Visión, propósito y roles

      La primera tarea es definir explícitamente la visión y el propósito de la HBPM —por ejemplo, asegurar que el HBP cumpla sus objetivos de mejora de salud poblacional y protección financiera— mediante normativas oficiales, directrices técnicas o manuales operativos. Sin esta definición, la recolección de datos tiende a convertirse en un ejercicio burocrático de “marcar casillas”, desconectado de la gestión real del HBP, y la confianza en el sistema se erosiona.

      Cuando la visión y el propósito no están claramente definidos y comunicados, el enfoque estratégico del monitoreo se debilita y pueden aparecer consecuencias indeseadas: la información generada deja de mejorar la gestión del HBP y se convierte en un ejercicio de reporte desconectado; conviven sistemas de información fragmentados que recopilan datos según prioridades institucionales distintas, aumentando la carga de reporte y afectando la calidad; el esfuerzo de seguimiento se desplaza hacia las prioridades de donantes o agencias internacionales en lugar de las prioridades nacionales; y se debilita la implicación institucional, en particular de los gobiernos subnacionales y las agencias de financiamiento, que participan menos cuando no reconocen el valor estratégico del monitoreo.

      El documento identifica cinco funciones institucionales clave que deben asignarse con claridad, cada una con actores y responsabilidades específicas:

      FunciónActores típicosResponsabilidad principal
      1. Liderazgo y planificación estratégicaAutoridades sanitarias nacionales; unidades de planificaciónAlinear la HBPM con las prioridades nacionales de salud y la estrategia de SIS; promover institucionalización y sostenibilidad.
      2. Coordinación operativaUnidades de gestión del HBP; departamentos de M&EDesarrollar el marco de indicadores; coordinar la recolección e integración de datos; generar información accionable a lo largo del ciclo.
      3. Producción de datos y gestión de SISDepartamentos de SIS, oficinas de estadística, unidades de TI, establecimientos de saludRecopilar, procesar e informar datos oportunos y de calidad, cumpliendo estándares nacionales.
      4. Monitoreo financiero y análisis económicoAseguradoras de salud, unidades presupuestarias y de economía de la saludMonitorizar flujos financieros; evaluar eficiencia y sostenibilidad; aportar evidencia para decisiones presupuestarias.
      5. Uso de resultados para decisiones y rendición de cuentasGestores del HBP, autoridades nacionales y subnacionales, centros de saludTransformar los hallazgos en mejores decisiones políticas y difundirlos a distintas audiencias.

      El seguimiento de un HBP suele involucrar una amplia gama de instituciones —ministerios de salud, agencias de seguro de salud, autoridades reguladoras, oficinas nacionales de estadística, autoridades subnacionales y proveedores—, cada una de las cuales debe comprender no solo su propia responsabilidad, sino cómo su rol contribuye al sistema de HBPM en su conjunto. El documento recomienda mapear explícitamente a todos los actores relevantes y sus responsabilidades, distinguiendo entre quienes recopilan y reportan datos y quienes los integran, interpretan y transforman en evidencia para la decisión. Este ejercicio cartográfico evita duplicaciones y vacíos institucionales, y asegura que cada función se asigne a instituciones con mandato y capacidad adecuados.

      5.2. Marco legal y procesal

      Desarrollar un marco legal y procesal sólido es una piedra angular de la institucionalización de la HBPM: ayuda a establecer el monitoreo como una función formalmente reconocida e institucionalmente legitimada, integrada en los arreglos de gobernanza del sistema de salud. En la práctica, este marco define los mandatos, normas y procedimientos operativos necesarios para implementar la monitorización de forma sistemática, como componente central del ciclo de actualización del HBP. La legislación o política debe reflejar tanto los objetivos del HBP como sus facilitadores directos, especificando las responsabilidades de las instituciones participantes —incluida la obligación de proveedores y aseguradoras de reportar información y la responsabilidad del Ministerio de Salud de publicar informes regulares—. Ejemplos destacados:

      • Chile: la Ley N.º 19.966 (reforma AUGE-GES) obliga al Ministerio de Salud a supervisar el cumplimiento de las Garantías Explícitas de Salud.
      • Filipinas: la Ley de Atención Sanitaria Universal (Ley N.º 11223) coordina a PhilHealth y al Departamento de Salud, con reglamentos que especifican responsabilidades de supervisión.
      • Argentina: el Programa Sumar define su marco de supervisión mediante el Manual Operativo y los acuerdos entre nación y provincias, detallando indicadores, procedimientos y frecuencia de reporte.
      • Tailandia: la Ley de Seguridad Nacional en Salud (2002) asigna a la Junta Nacional de Seguridad Sanitaria la definición y revisión del paquete, y exige a la NHSO supervisar e informar el desempeño del servicio; este mismo marco legal establece formalmente el vínculo entre el monitoreo y el ciclo de actualización del HBP, especificando la frecuencia de las revisiones y los mecanismos para incorporar los hallazgos en la toma de decisiones.

      Sin un mandato legal, la experiencia comparada muestra que la HBPM tiende a volverse una práctica informal y no sistemática, vulnerable a los cambios de gobierno: las responsabilidades institucionales pueden no asumirse plenamente, los reportes se vuelven irregulares y la rendición de cuentas se debilita. El anclaje legal también ayuda a preservar la estabilidad del monitoreo ante interrupciones en el financiamiento externo.

      El marco legal debe además regular la gobernanza de datos, la privacidad y las salvaguardas éticas, definiendo normas de acceso, intercambio, uso y custodia de datos entre instituciones. El Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (GDPR) ilustra cómo los estándares legales pueden permitir un uso responsable de la información para la formulación de políticas, garantizando al mismo tiempo la protección adecuada de los datos personales. Sin estas salvaguardas legales y procedimentales, los sistemas de monitoreo enfrentan riesgos significativos que afectan tanto la disponibilidad como el uso adecuado de la información.

      5.3. Gestión estratégica de los SIS, uso de datos y rendición de cuentas

      Distintos actores requieren distinta información: las autoridades nacionales necesitan informes ejecutivos concisos; los gestores subnacionales, paneles operativos; los proveedores, informes simples y visuales; y los ciudadanos, información en lenguaje claro. Diseñar bien los productos de información es tan importante como producir los datos: los sistemas de monitoreo son más efectivos cuando adaptan el formato de reporte a cada audiencia. La provincia de La Rioja (Argentina) ilustra este punto: su Sistema de Gestión Basada en Resultados integra datos ya recogidos —incluyendo la base de reclamaciones del Programa Sumar y las historias clínicas electrónicas— en paneles de gestión por centro de salud, permitiendo identificar poblaciones prioritarias e implementar estrategias de mejora específicas.

      El marco de gobernanza de los SIS debe garantizar, como mínimo:

      • roles y responsabilidades claramente asignados para todas las funciones de gestión de información en los distintos niveles del sistema de salud;
      • mecanismos de coordinación interinstitucional y multinivel que organicen la interacción regular entre instituciones y niveles de gobierno;
      • mecanismos institucionalizados de retroalimentación que traduzcan los hallazgos de seguimiento en acciones oportunas; y
      • salvaguardas éticas que protejan la confidencialidad de los datos mediante controles de acceso robustos y sistemas seguros de almacenamiento.

      El programa GES de Chile ejemplifica cómo el monitoreo puede activar acciones correctivas y alimentar informes públicos de desempeño, vinculando resultados con decisiones de gestión y escrutinio público. En un sentido inverso, la experiencia de Uruguay —con una de las estrategias de historia clínica electrónica más avanzadas de la región— muestra que la disponibilidad de infraestructura digital no garantiza por sí sola una buena gobernanza del monitoreo del HBP: el seguimiento del paquete (PIAS) aún depende de procesos de recolección separados del sistema de historia clínica electrónica, y el país trabaja actualmente en integrar mejor ambas piezas.

      5.4. Capacidad de gestión y técnica

      La HBPM no puede construirse sin capacidad gerencial y técnica adecuada en todas las instituciones involucradas. Esta capacidad puede desarrollarse de forma gradual (Principio 6): la fase inicial debería centrarse en crear las condiciones institucionales necesarias para monitorizar los objetivos del HBP y sus principales facilitadores, y expandirse progresivamente a medida que la experiencia se acumula. Comprende tres dimensiones complementarias:

      • Capacidad técnica: las competencias necesarias para gestionar los SIS, realizar análisis y producir evidencia fiable que respalde las decisiones.
      • Capacidad de gestión: las habilidades para planificar, coordinar y gestionar el desempeño, asegurando que las actividades de monitoreo se implementen eficazmente en todos los niveles.
      • Capacidad de coordinación institucional: la capacidad de coordinar funciones de monitoreo entre organizaciones y alinearlas con la toma de decisiones del HBP.

      Cuando estas capacidades son débiles, la HBPM no puede institucionalizarse plenamente: los datos suelen malinterpretarse o quedar subutilizados, los gestores tienen menos margen para implementar acciones correctivas y la capacidad del sistema para aprender y adaptarse se vuelve limitada. Tailandia amplió gradualmente su capacidad —pasando de un enfoque inicial de procesamiento de reclamaciones a un sistema integral que cubre utilización, desempeño de proveedores e impacto presupuestario—, apoyándose en inversiones en formación de personal, equipos analíticos especializados y colaboración con universidades. En Argentina, el modelo de financiación basada en resultados del Programa Sumar exigió a provincias y proveedores reportar indicadores estandarizados, lo que llevó a establecer unidades provinciales de supervisión y una estrategia nacional de formación dirigida tanto a gestores locales como a líderes del programa.

      5.5. Financiamiento sostenible, comunicación y apoyo político

      Un requisito fundamental para un sistema de HBPM sólido es la disponibilidad de recursos financieros adecuados y predecibles. Las actividades de monitoreo tienden a debilitarse o discontinuarse cuando dependen de financiamiento temporal o de proyectos externos; un ejemplo común es la interrupción de sistemas de información financiados por donantes una vez que el proyecto externo finaliza. Incluir la HBPM en las asignaciones presupuestarias regulares —abarcando la recolección de datos, el análisis, la difusión, la infraestructura digital y la formación de equipos— ayuda a institucionalizar la supervisión como una función permanente en lugar de un proyecto temporal. Tailandia financia el monitoreo a través del presupuesto operativo regular de la NHSO; Argentina incluyó desde el inicio, en el Programa Sumar, partidas presupuestarias específicas para supervisión, evaluación y auditoría, lo que permitió sostener equipos nacionales y provinciales de seguimiento.

      La comunicación transparente de resultados —a responsables políticos, proveedores, sociedad civil y ciudadanía— es parte integral del marco institucional de la HBPM, no una actividad accesoria. Sin ella, la evidencia de monitoreo difícilmente influye en la toma de decisiones, y la falta de retroalimentación regular debilita tanto la legitimidad del sistema de monitoreo como la credibilidad del propio HBP. Chile publica anualmente, por mandato legal (Ley N.º 19.966, artículo 23), el cumplimiento de las Garantías Explícitas de Salud, desagregado por puntualidad, calidad y desigualdades territoriales; estos informes también se usan para revisar protocolos clínicos y planificar asistencia técnica. Tailandia, por su parte, organiza audiencias públicas anuales en las que la NHSO recoge la opinión de los usuarios e la incorpora a la gestión y actualización del HBP.

      El apoyo político sostenido no ocurre por sí solo: requiere aprovechar oportunidades como cambios de gobierno, reformas o crisis sanitarias para ampliar las capacidades institucionales, y construir un respaldo amplio entre las instituciones y la ciudadanía que use la información de monitoreo, de modo que su valor perdure más allá de una administración concreta. En Tailandia, la NHSO usa los resultados de seguimiento del Esquema de Cobertura Universal para elaborar informes anuales revisados por comités parlamentarios, ayudando a sostener el apoyo político entre gobiernos sucesivos. El sistema AUGE-GES de Chile vincula formalmente los hallazgos de monitoreo con decisiones de alto nivel mediante revisiones periódicas presentadas al Presidente y al Parlamento. En Estonia, los informes regulares sobre desempeño y sostenibilidad financiera del Fondo de Seguro de Salud, junto con paneles públicos, han reforzado la supervisión política y el apoyo ciudadano a las actualizaciones del HBP.

      Estos mecanismos institucionales —mandatos legales, presupuestos dedicados, sistemas transparentes de reporte— son necesarios porque la voluntad política, por sí sola, es inherentemente frágil. Los recortes presupuestarios, las interrupciones en el reporte o la suspensión de procesos de revisión son señales tempranas de alerta que socavan la rendición de cuentas y ponen en riesgo la actualización regular del HBP.

      5.6. De los principios a la evaluación de madurez institucional

      Elementos hacia la madurez institucional (HBPM MAT, Dominio 3: estados 7–10) • Mandatos y responsabilidades claramente definidos para todas las funciones de la HBPM. • Uso sistemático de los resultados de monitoreo a lo largo del ciclo de actualización del HBP. • Recursos financieros adecuados y sostenibles para las funciones de HBPM. • Comunicación transparente de los resultados a los principales interesados.

      6. LOS SISTEMAS DE INFORMACIÓN SANITARIA COMO PILAR DE LA HBPM

      Los SIS no son simples plataformas de recolección de datos: proporcionan la infraestructura que permite transformar la información rutinaria en evidencia para la gestión. En el marco conceptual, los SIS conectan los indicadores (qué medir) con las estructuras institucionales (quién es responsable), haciendo posible capturar, integrar y transformar los datos en decisiones.

      6.1. Alinear la visión estratégica de SIS y HBPM

      Un sistema de monitoreo bien diseñado genera demanda de información de calidad y ayuda a consolidar la dirección estratégica del SIS; a la inversa, sin un SIS fuerte, el monitoreo permanece superficial, y sin una HBPM sólida, las inversiones en SIS pueden no responder a las necesidades reales de la política sanitaria. Estonia y Tailandia ilustran ambos lados de esta relación: Estonia cuenta con una infraestructura digital robusta, pero persisten brechas de interoperabilidad y una integración limitada de los requisitos de HBPM en la gobernanza del sistema, lo que restringe su uso práctico para el monitoreo. En Tailandia, en cambio, el desarrollo del SIS fue deliberadamente moldeado por las necesidades de supervisión del Esquema de Cobertura Universal, lo que permitió integrar información de cobertura, acceso y protección financiera y apoyar revisiones periódicas del HBP. Estas experiencias muestran cómo la alineación estratégica entre SIS y HBPM puede crear un círculo virtuoso, en el que las necesidades de monitoreo impulsan el desarrollo del SIS, y un SIS más fuerte mejora a su vez la gestión del HBP.

      6.2. Evaluar y operacionalizar los SIS existentes

      El primer paso práctico es evaluar la madurez del SIS existente y determinar cómo apoyará el monitoreo del HBP, asegurando que la HBPM forme parte de un ecosistema coherente de información sanitaria en lugar de desarrollarse como una iniciativa paralela. Los pasos principales para esta evaluación son:

      • identificar todas las fuentes relevantes de información para la HBPM, incluyendo registros de centros, bases administrativas de reclamaciones, registros de enfermedades y encuestas de hogares;
      • verificar si las definiciones de los indicadores del HBP son consistentes con los datos disponibles;
      • identificar problemas de calidad de datos, como reportes incompletos, definiciones inconsistentes o retrasos en la presentación;
      • revisar los mecanismos existentes de verificación de datos, incluyendo auditorías, supervisión y triangulación con fuentes independientes; y
      • evaluar si los resultados del seguimiento se usan de forma rutinaria para informar decisiones.

      La integración operativa incluye incorporar indicadores del HBP en plataformas nacionales existentes —como el Sistema de Información Sanitaria de Distrito (DHIS2)— y alinear los sistemas de compra y de gestión de reclamaciones administrativas. Cuando la estrategia nacional de SIS todavía está en desarrollo, el documento recomienda cuatro líneas de acción: diseñar pensando en la integración futura, usando estándares internacionales como CIE, DHIS2, SNOMED y HL7; promover la coordinación intersectorial entre la oficina de estadística, las autoridades de salud digital y los gestores de programas; generar resultados tempranos que demuestren el valor de la HBPM como herramienta de gobernanza; y vincular la HBPM con iniciativas más amplias de gobierno digital y registro civil.

      6.3. Generación de datos y condiciones para una implementación efectiva

      La HBPM debe construirse, siempre que sea posible, sobre la información que el sistema de salud ya genera rutinariamente. La fuente principal son los registros generados durante la prestación del servicio: inscripción, historias clínicas electrónicas, reclamaciones administrativas e informes consolidados de los establecimientos. Según las necesidades de monitoreo, esta información puede complementarse con sistemas de adquisiciones y cadena de suministro, bases de datos de recursos humanos, encuestas de hogares, censos y registros civiles. El objetivo no es crear nuevos sistemas de información, sino aprovechar mejor los existentes; las bases de datos paralelas deben evitarse salvo en situaciones excepcionales.

      Calidad y archivo de los datos

      El seguimiento solo aporta valor si la información utilizada es completa, oportuna y comparable. La calidad de los datos no puede garantizarse con controles al final del proceso: debe integrarse en cada etapa del ciclo de información, mediante definiciones estandarizadas, validaciones automáticas en plataformas digitales, retroalimentación a quienes generan los datos e indicadores específicos de puntualidad y completitud. Los acuerdos de compra de servicios pueden reforzar esta calidad: en el Programa Sumar de Argentina, las transferencias intergubernamentales están condicionadas a la presentación de información luego verificada mediante auditorías externas; en el programa GES de Chile, el desabastecimiento de medicamentos se vincula directamente al seguimiento de garantías legales, incentivando la puntualidad y precisión del reporte.

      El HBPM funciona mejor como un ciclo de información —no como un flujo lineal—: se debe definir qué reporta cada actor, quién lo recibe, cómo se integra y cómo la retroalimentación regresa a quienes generan los datos. La unidad responsable del HBP debe coordinar este proceso, integrando información de distintas fuentes e interpretando los resultados. En sistemas descentralizados, este ciclo es aún más crítico, porque los gobiernos subnacionales no solo reportan información: también la usan para gestionar servicios y mejorar su propio desempeño.

      Condiciones estructurales para un SIS efectivo

      Las condiciones que permiten que un SIS funcione eficazmente incluyen estándares de datos comunes e interoperabilidad (CIE, SNOMED, HL7), integración entre información clínica y administrativa, infraestructura y capacidad técnica adecuadas, y financiamiento sostenible.

      Chile ejemplifica esta integración: el Sistema de Información de Gestión de Garantías de Salud (SIGGES) combina el registro de cada caso —desde la inscripción hasta la prestación y el financiamiento del servicio— con los Informes Estadísticos Mensuales (REM), permitiendo usar la misma información tanto para el seguimiento clínico individual como para evaluar el desempeño del programa GES.

      6.4. El rol de la inteligencia artificial

      La IA puede ampliar las capacidades del SIS para la HBPM de varias maneras: integrando grandes volúmenes de información de distintas fuentes, identificando patrones, anticipando problemas y riesgos, y apoyando la toma de decisiones. También puede mejorar la calidad de los registros clínicos y los procesos de codificación mediante herramientas de reconocimiento de voz y otras aplicaciones que reducen la carga administrativa del personal de salud mientras promueven una captura de datos más completa y estandarizada.

      Sin embargo, su utilidad depende por completo de que el SIS subyacente cuente con datos de calidad, estándares comunes, interoperabilidad entre fuentes de datos y arreglos de gobernanza que definan cómo se generan, comparten y utilizan los datos. La HBPM también puede orientar este proceso, definiendo con precisión qué información se necesita y qué preguntas deben responder los indicadores; esa claridad ayuda a dirigir el desarrollo y la aplicación de herramientas de IA hacia desafíos concretos y relevantes de gestión y política sanitaria. En síntesis, la IA debe entenderse como una capacidad que se apoya en un SIS bien desarrollado y bien gobernado —cuanto más sólidas sean esas bases, mayor será su contribución potencial a la HBPM— y su función es apoyar el juicio humano, no reemplazarlo.

      6.5. Desafíos comunes

      DesafíoRespuesta sugerida
      Evaluación parcial del sistemaEvaluar el SIS en su conjunto, no por componentes aislados.
      Definiciones y estándares desalineadosAdoptar clasificaciones y codificaciones comunes.
      Uso limitado de la informaciónIncorporar los resultados en reuniones de gestión y revisiones del HBP.
      Sistemas paralelosIntegrar la HBPM en los SIS existentes; evitar nuevas bases salvo necesidad estricta.
      Capacidad subnacional limitadaFortalecer infraestructura, formación y capacidad analítica local.
      Gobierno fragmentadoDefinir responsabilidades claras y mecanismos de coordinación permanente.
      Falta de retroalimentaciónOfrecer retorno oportuno mediante paneles, informes o reuniones de revisión.
      Dependencia de financiamiento externoIncorporar gradualmente el SIS al presupuesto sanitario regular.
      Falta de verificación de datosComplementar el reporte rutinario con auditorías y triangulación de fuentes.
      Protección insuficiente de datosEstablecer normas claras de privacidad, acceso y uso.

      La mayoría de los desafíos para fortalecer el SIS de cara a la HBPM no son tecnológicos: se relacionan con la gobernanza, la coordinación interinstitucional, la capacidad técnica, el uso efectivo de la información y la disponibilidad de financiamiento estable.

      6.6. De los principios a la evaluación de madurez de los SIS

      Elementos hacia la madurez de los SIS (HBPM MAT, declaraciones 11 a 13) • El HBPM utiliza estándares, clasificaciones y sistemas de codificación alineados con los estándares nacionales de información sanitaria. • Los SIS promueven el uso sistemático de los datos mediante paneles, mecanismos de retroalimentación y otras herramientas de gestión y revisión del HBP. • Los SIS cuentan con financiamiento sostenible y mecanismos que protegen la privacidad de los datos y garantizan el cumplimiento de principios éticos.

      Herramientas de referencia para evaluar la madurez de los SIS

      El documento original (Anexo 6) reseña un conjunto de metodologías estructuradas que los países pueden utilizar para evaluar sus sistemas de información sanitaria e identificar prioridades de fortalecimiento:

      HerramientaEnfoque
      Kit RHIS de la OMS (2021)Metodología paso a paso para fortalecer el sistema rutinario de información sanitaria como parte del SIS nacional.
      IS4H (OMS/OPS, 2019)Marco para el desarrollo progresivo de los SIS, desde la organización básica de datos hasta la gobernanza e interoperabilidad plenas.
      Kit de evaluación digital en salud (Banco Mundial, 2021)Mide la preparación de un país para la transformación digital de la salud en cuatro áreas clave.
      Kit de interoperabilidad de SIS (MEASURE Evaluation, 2019)Evalúa y fortalece la interoperabilidad mediante talleres estructurados y planes de acción.
      Analítica de rastreadores DHIS2Comprobaciones de integridad, puntualidad y consistencia de los datos rutinarios de salud.
      Marco PRISM (2020)Evalúa determinantes técnicos, conductuales y organizativos del desempeño de los SIS.

      7. EXPERIENCIAS PAÍS DESTACADAS

      A lo largo del documento, los autores recurren de forma recurrente a un conjunto de experiencias nacionales que ilustran distintos grados de madurez en los tres pilares de la HBPM: indicadores, marco institucional y sistemas de información sanitaria. Estas experiencias no se presentan como modelos a replicar mecánicamente —cada país deberá adaptar el marco a su propio contexto y capacidad (Principio 6)—, sino como ilustraciones concretas de cómo los ocho principios fundamentales pueden traducirse en arreglos institucionales, legales y técnicos funcionales. A continuación se sintetizan los casos más citados en el documento original.

      Chile — AUGE-GES • Mandato legal explícito (Ley N.º 19.966) que obliga al Ministerio de Salud a supervisar las Garantías Explícitas de Salud. • Integración de SIGGES (gestión de casos) con los Informes Estadísticos Mensuales (REM) del DEIS. • Publicación anual obligatoria de resultados; los hallazgos activan acciones correctivas y revisiones de protocolos.
      Tailandia — Esquema de Cobertura Universal • Ley de Seguridad Nacional en Salud (2002) que asigna a la NHSO la supervisión formal del paquete. • SIS moldeado deliberadamente por las necesidades de monitoreo, integrando cobertura, acceso y protección financiera. • Financiamiento del monitoreo incluido en el presupuesto operativo regular de la NHSO; audiencias públicas anuales.
      Argentina — Programa Sumar • Marco de supervisión definido en el Manual Operativo y en acuerdos nación-provincias, con indicadores y frecuencias de reporte detallados. • Financiamiento basado en resultados que exige a provincias y proveedores reportar indicadores estandarizados. • Caso de La Rioja: integración de datos de reclamaciones e historias clínicas electrónicas en paneles de gestión por centro de salud (SGRC).
      Estonia — ecosistema digital de salud • Infraestructura digital nacional madura (historias clínicas electrónicas, recetas electrónicas, reclamaciones digitales). • Persisten brechas de interoperabilidad y una integración limitada de los requisitos de HBPM en la gobernanza del sistema.
      Uruguay — desafío de integración • Una de las estrategias de historia clínica electrónica más avanzadas de la región, con intercambio seguro entre proveedores públicos y privados. • El seguimiento del paquete de beneficios (PIAS) todavía depende de procesos de recolección separados del sistema de historia clínica electrónica; el país trabaja actualmente en cerrar esta brecha.
      Filipinas — coordinación interinstitucional • La Ley de Atención Sanitaria Universal (Ley de la República N.º 11223) establece la coordinación formal entre PhilHealth y el Departamento de Salud. • Los reglamentos de aplicación de la ley especifican las responsabilidades de supervisión de cada institución, un requisito previo señalado por el documento para evitar la fragmentación del monitoreo.
      India — origen del ciclo de actualización de ocho pasos • La Autoridad Nacional de Salud propuso, en el Manual del Paquete de Beneficios de Salud del programa Ayushman Bharat Pradhan Mantri Jan Arogya Yojana (2026), un ciclo de actualización operativo del HBP. • Los autores del documento refinan y amplían ese marco original hasta llegar al ciclo de ocho pasos descrito en la Sección 3, que estructura todo el análisis posterior de indicadores, instituciones y SIS.

      Un patrón se repite en las experiencias más maduras: el mandato legal, el financiamiento presupuestario regular y la integración con los sistemas de información ya existentes no son elementos aislados, sino que se refuerzan mutuamente. Los países que combinan los tres —como Tailandia, Chile y Argentina— logran sostener el monitoreo del HBP más allá de los ciclos políticos; donde falta alguno de ellos —como en Estonia o Uruguay, con SIS avanzados pero integración incompleta con la gestión del HBP— el monitoreo tiende a permanecer parcial pese a la solidez tecnológica de base.

      8. CONCLUSIÓN

      Fortalecer la HBPM es esencial para cerrar la brecha persistente entre los compromisos políticos y la prestación real de servicios en el camino hacia la Cobertura Sanitaria Universal. Al fundamentar los sistemas de monitoreo en principios claros, alinearlos con los ciclos de toma de decisiones e integrarlos en estructuras institucionales sólidas y en sistemas de información sanitaria robustos, los países pueden transformar la HBPM de un ejercicio técnico en un instrumento de política estratégica.

      Cuando se implementa eficazmente, la HBPM no solo mejora la rendición de cuentas y la confianza pública, sino que también habilita el aprendizaje continuo, el ajuste adaptativo de las políticas y un compromiso político sostenido. Un sistema de HBPM bien funcional garantiza que los paquetes de beneficios de salud no sean meros documentos aspiracionales, sino marcos vivos que evolucionan con la evidencia y se traducen en una atención equitativa, accesible y de alta calidad para toda la población.

      Mensajes clave para gestores y decisores • Empezar por definir con claridad el HBP y por instalar un conjunto acotado de indicadores estratégicos, antes que perseguir la sofisticación técnica. • Anclar el monitoreo en un mandato legal y en financiamiento presupuestario regular, no en proyectos temporales o financiamiento externo. • Construir sobre los SIS existentes —evitando sistemas paralelos— y usar estándares de codificación comunes desde el diseño inicial. • Tratar la comunicación de resultados como parte integral del sistema, no como una actividad posterior, y usarla para sostener el apoyo político.

      8.1. Hoja de ruta orientativa por pilar

      A modo de síntesis operativa, el documento sugiere un punto de partida realista para países en distintas etapas de madurez, organizado según los tres pilares del marco:

      PilarPunto de partida sugeridoSiguiente nivel de madurez
      IndicadoresUn conjunto reducido de indicadores básicos alineados con los objetivos del HBP y sus facilitadores directos, usando los sistemas de datos ya disponibles.Indicadores SMART más granulares, con desagregación por región y grupo poblacional, y revisión trimestral en lugar de anual.
      InstitucionesMandato legal explícito, una unidad responsable identificada y un procedimiento mínimo de reporte periódico.Mecanismos formales de coordinación multinivel, presupuesto dedicado y vínculo legal entre monitoreo y ciclo de actualización del HBP.
      Sistemas de informaciónUso de los SIS y registros administrativos existentes, evitando la creación de bases de datos paralelas.Interoperabilidad plena entre historias clínicas electrónicas y bases administrativas, con estándares comunes y, eventualmente, apoyo de IA.

      8.2. Referencias seleccionadas

      El documento original incluye una bibliografía extensa de cerca de cincuenta fuentes. A continuación se listan, a modo de referencia rápida, algunas de las citadas con mayor frecuencia en este resumen:

      Autor(es) y añoTema
      Glassman, Giedion y Smith (2017)Marco original sobre diseño de beneficios para la CSU; origen del ciclo de actualización del HBP.
      Danforth et al. (2023)Monitoreo y evaluación de la implementación de paquetes esenciales de servicios de salud.
      Boerma et al. (2014)Marco de monitoreo de la Cobertura Sanitaria Universal a nivel nacional y global.
      Doran (1981)Formulación original de los criterios SMART para objetivos e indicadores.
      Brinkerhoff (2004)Rendición de cuentas en sistemas de salud: claridad conceptual y relevancia política.
      Sabignoso et al. (2014, 2020, 2024)Diseño, financiamiento y evolución del Programa Sumar en Argentina.
      Tangcharoensathien et al. (2018, 2020)Desarrollo del sistema de salud y del paquete de beneficios en Tailandia.
      Witthayapipopsakul et al. (2019)Monitoreo del progreso hacia la CSU en Tailandia.
      Kasekamp et al. (2025)Resumen del sistema de salud de Estonia (Observatorio Europeo OMS).
      Friedmann (2022)Sistema Nacional de Historia Clínica Electrónica de Uruguay (BID).
      OCDE (2018, 2022)Presupuestación por desempeño y evaluación del sistema de salud de Estonia.
      Kantamaturapoj et al. (2020)Marco legal de rendición de cuentas pública en la CSU de Tailandia.

      En conjunto, el marco HBPM propuesto por Mehndiratta, Giedion, Gheorghe y Sabignoso no busca imponer un modelo único, sino ofrecer un lenguaje común y una hoja de ruta compartida para que ministerios de salud, aseguradoras, oficinas de estadística y equipos de gestión de HBP puedan dialogar sobre qué monitorear, quién es responsable y cómo debe fluir la información.

      Su valor como “bien público global” —tal como lo describe el título del documento original— radica precisamente en eso: en poner a disposición de cualquier país, independientemente de su nivel de ingreso o de la madurez de sus sistemas, un marco conceptual probado en la práctica de varios contextos nacionales, que puede adaptarse gradualmente en lugar de adoptarse de una sola vez.

      Los acuerdos de financiación sanitaria en países de altos ingresos

      Síntesis analítica del documento de discusión del Banco Mundial de Reinhard Busse, Jonas Schreyögg y Christian Gericke (2007), con sus lecciones para la gestión de sistemas de salud

      Dr. Carlos Alberto Díaz

      Gerente Médico — Sanatorio Sagrado Corazón (OSECAC)

      Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud — Universidad ISALUD

      Buenos Aires, 2026

      1. Introducción: el documento y su lugar en la literatura de financiamiento de la salud

      En febrero de 2007, el Banco Mundial publicó, dentro de su serie de Documentos de Debate sobre Salud, Nutrición y Población (HNP), un extenso trabajo de Reinhard Busse, Jonas Schreyögg y Christian Gericke titulado “Analysing changes in health financing arrangements in high-income countries: a comprehensive framework approach”. El encargo provino de la Unidad Central de Salud del Banco (HDNHE) y perseguía tres objetivos explícitos: resumir las reformas de financiamiento sanitario introducidas en países de altos ingresos desde 1975, evaluar las principales lecciones de política derivadas de esa experiencia, y extrapolar esas lecciones para países de ingresos bajos y medios. Los tres autores provienen de centros de referencia en gestión de sistemas de salud —la Universidad Tecnológica de Berlín, sede del Centro Colaborador de la Organización Mundial de la Salud para la Investigación y Gestión de Sistemas Sanitarios, la Universidad de Stanford y la Universidad de Adelaida—, lo que explica la orientación marcadamente comparada e institucional del documento.

      El interés de recuperar este trabajo para la Diplomatura no es solamente histórico. Buena parte del vocabulario y de los marcos que hoy se usan para analizar el financiamiento de la salud —incluida la representación tridimensional de la cobertura en amplitud, profundidad y altura que se trabajó en un documento anterior de esta serie— tiene su formulación original, o una de sus formulaciones más influyentes, precisamente en este texto. Revisarlo con algún detalle permite entender de dónde provienen esas categorías y cómo se articulan entre sí a lo largo de todo el circuito del dinero en un sistema de salud: desde que se recauda, hasta que se agrupa y finalmente se utiliza para comprar servicios.

      2. Metodología: veinticinco países, tres funciones de financiamiento

      El estudio define a los “países de altos ingresos” como aquellos con un producto bruto interno per cápita superior a 16.000 dólares estadounidenses en paridad de poder adquisitivo, un umbral que en la práctica incluye a las economías de mercado establecidas de la OCDE (excluidas Turquía, México y los países de Europa Central y del Este) más Singapur: en total, veinticinco países, dieciocho de ellos europeos, dos norteamericanos y cinco de la región Asia-Pacífico. Para el análisis comparado, los autores agrupan a estos países según cuál sea el mecanismo predominante de financiamiento de su sistema de salud, distinguiendo además, dentro de cada grupo, entre países con una participación pública alta (superior al 70 por ciento del gasto) y países con una participación privada relativamente alta (superior al 30 por ciento).

      Mecanismo predominanteCon alta participación públicaCon mayor participación privada
      Financiamiento por impuestosDinamarca, Finlandia, Islandia, Irlanda, Italia, Nueva Zelanda, Noruega, España, Suecia, Reino UnidoAustralia, Canadá, Portugal
      Seguro social de salud (SHI)Bélgica, Francia, Alemania, Japón, Luxemburgo, Países BajosAustria, Corea del Sur, Suiza
      Sistemas mixtos, predominio privado—Grecia, Singapur, Estados Unidos

      Sobre esta base comparativa, el documento organiza su análisis siguiendo un marco conceptual propio que distingue tres grandes funciones del financiamiento de la salud —recaudar ingresos, agrupar fondos y comprar servicios— precedidas por un conjunto de decisiones previas sobre cobertura y derechos a prestaciones, sin las cuales ninguna de esas tres funciones puede diseñarse con sentido. Ese ordenamiento —decisiones de cobertura, recaudación, agrupación, compra— es también la estructura que sigue el resto de este documento.

      Los propios autores explicitan, además, el carácter deliberadamente genérico de este marco: aunque fue construido para sistematizar la experiencia de países de altos ingresos, su vocabulario de funciones —y no de instituciones o de etiquetas nacionales— está pensado para poder aplicarse también a países de ingresos bajos y medios, que es justamente el destinatario final de las lecciones de política que cierran el documento. Esta opción metodológica explica por qué el trabajo evita, de manera consistente, clasificar a los sistemas de salud únicamente por su denominación institucional —“basado en impuestos” o “basado en seguro social”— y prefiere, en cambio, describir qué ocurre efectivamente en cada una de las cuatro funciones, país por país.

      3. Parte I. Decisiones de cobertura y derechos a prestaciones

      3.1 Amplitud, profundidad y altura: el origen de las tres dimensiones

      El punto de partida de todo el marco es una constatación simple: la palabra “cobertura” tiene varios significados posibles, y buena parte de la confusión en el debate de política sanitaria proviene de no distinguirlos. Busse, Schreyögg y Gericke identifican tres dimensiones que determinan, en conjunto, cuánto necesita recaudarse en forma prepaga frente a lo que se deja en manos del gasto de bolsillo: la amplitud, entendida como la extensión de la población cubierta; la profundidad, entendida como el número y el carácter de los servicios cubiertos; y la altura, que especifica hasta qué punto el costo de esos servicios definidos se prepaga o se financia mediante copago. Los autores representan estas tres dimensiones como una caja, cuya aspiración a llenarse por completo —cobertura universal, integral y gratuita en el punto de atención— citan expresamente en los principios fundacionales del Servicio Nacional de Salud británico de 1948.

      Figura 1. Reconstrucción de la “caja” de cobertura tal como se presenta en la Figura 2 del documento original de Busse, Schreyögg y Gericke (2007): amplitud (población), profundidad (servicios) y altura (proporción de costos cubierta).

      El propio texto advierte, además, que estas tres decisiones no son necesariamente anteriores ni independientes del resto del proceso de financiamiento: la forma en que se financia un sistema puede terminar redefiniendo su cobertura poblacional, por ejemplo cuando el derecho a ciertos beneficios queda condicionado al pago previo de una contribución. Por eso el documento dedica su primera parte a revisar, país por país, cómo se resolvieron durante los últimos treinta años estas tres preguntas: quién tiene derecho a la cobertura, qué queda efectivamente incluido, y qué proporción del costo recae sobre el bolsillo del paciente.

      3.2 ¿Quién tiene derecho? Seguro social versus impuestos

      Con la excepción de Estados Unidos, todos los países revisados alcanzaron una cobertura universal o casi universal durante la década de 1990, pero por caminos muy distintos. En los países nórdicos y de Australasia financiados por impuestos, el derecho a los servicios de salud se basa en la residencia y no en la ciudadanía, por lo que la población no cubierta queda reducida, en la práctica, a quienes se encuentran en situación migratoria irregular. En el sur de Europa financiado por impuestos, en cambio, la cobertura universal es un fenómeno más reciente: Italia la alcanzó recién en 1978, al sustituir la solidaridad por categoría profesional por una solidaridad intergeneracional de base ciudadana.

      En los países de seguro social de salud, el derecho suele seguir atado, aunque cada vez de manera más residual, a la condición de aportante o de familiar a cargo de un aportante. Alemania es el ejemplo más elaborado: alrededor de tres cuartas partes de la población tiene seguro obligatorio, una porción queda legalmente excluida por su nivel de ingresos o por ser empleados públicos con reembolso estatal directo, y solo un grupo minoritario de altos ingresos puede optar entre el seguro social y el seguro privado. El resultado es que apenas dos décimas partes de un uno por ciento de la población alemana queda, en los hechos, sin ningún tipo de cobertura. Japón alcanzó la cobertura universal en 1961 mediante la afiliación obligatoria a alguno de sus miles de fondos de enfermedad, y Corea del Sur protagonizó la expansión más veloz de todo el conjunto de países estudiados: pasó de cubrir al 15 por ciento de su población a cubrir al 100 por ciento en apenas diez años, entre 1977 y 1989, apoyándose en copagos inicialmente altos y en un paquete de beneficios todavía acotado.

      3.3 ¿Qué está incluido? Paquetes explícitos e implícitos

      Una diferencia estructural que el documento subraya es que los sistemas financiados por impuestos rara vez cuentan con un paquete de beneficios explícito y detallado, mientras que los sistemas de seguro social —que remuneran a los proveedores mayormente por prestación— suelen necesitar listas de servicios mucho más precisas para poder pagarlas. La consecuencia práctica de la falta de explicitud en los sistemas de tipo NHS es lo que en el Reino Unido se conoció como “prescripción por código postal”: la incorporación de nuevas tecnologías termina dependiendo de decisiones locales que varían de una región a otra, lo cual es percibido como inequitativo. En Estados Unidos, el contraste es todavía mayor: mientras los seguros privados definen paquetes de beneficios muy heterogéneos según el empleador y el costo de la prima, el programa público Medicare mantiene una base de datos de cobertura detallada y de actualización permanente, cuyo cambio más importante en tres décadas fue la incorporación de medicamentos de venta bajo receta a partir de 2006.

      3.4 ¿Cuánto sale del bolsillo?

      Todos los países revisados exigen algún tipo de reparto de costos —copagos, coseguros o franquicias— aunque casi siempre con exenciones para determinados grupos según condición clínica, ingresos o edad. A diferencia de lo que ocurre en muchos países de ingresos bajos y medios, los pagos informales son excepcionales en este grupo de países: la principal excepción señalada es Grecia, donde se estimaba que representaban alrededor del 16 por ciento del gasto sanitario total. Entre 1980 y 2001 el peso del gasto de bolsillo no siguió una tendencia uniforme: aumentó en varios países europeos y descendió en otros, como Irlanda y los Países Bajos, mientras que fuera de Europa Nueva Zelanda registró un fuerte incremento, del 10 al 16 por ciento del gasto total en salud entre 1980 y 1999. Con las excepciones de Estados Unidos, Grecia y Austria, los cargos al usuario se mantuvieron, en general, por debajo del 22 por ciento del gasto sanitario total, y frecuentemente por debajo del 10 por ciento, sin que se observara una tendencia clara hacia su aumento o su disminución según el tipo de sistema.

      El resumen que los propios autores hacen de esta primera parte es elocuente: la voluntad política —expresada en legislación clara, aprobada de una vez o de manera gradual— resulta un factor tan decisivo como el crecimiento económico para explicar por qué unos países alcanzaron la cobertura universal y otros no. El caso que citan como contraejemplo es, precisamente, Estados Unidos: un país de altos ingresos y crecimiento económico sostenido que, sin embargo, no logró ampliar sustancialmente el alcance de su cobertura poblacional a lo largo de los treinta años analizados.

      A modo ilustrativo, la siguiente tabla recoge, para un subconjunto de países europeos, la evolución de la participación del gasto de bolsillo y del seguro médico voluntario dentro del gasto sanitario total entre 1980 y el período 1999-2001, tal como la reconstruye el documento original a partir de fuentes nacionales:

      PaísGasto de bolsillo 1980 / útimo año (%)Observación
      Dinamarca11,4 % → 16,4 %Aumento sostenido de +5,0 puntos porcentuales
      Alemania8,1 % → 11,0 %Aumento de +2,9 puntos, con seguro voluntario relativamente estable
      Irlanda14,3 % → 9,1 %Única baja marcada del grupo (–5,2 puntos)
      Países Bajos7,0 % → 6,3 %Fuerte caída del seguro voluntario, de 24 % a 14 %
      España21,3 % → 22,0 %Nivel entre los más altos de Europa occidental, con leve aumento
      Grecia— → 41,4 %**Incluye una estimación de 16 % de pagos informales

      Fuente: elaboración propia sobre la base de Thomson, Mossialos y Jemiai (2003), citado en Busse, Schreyögg y Gericke (2007).

      4. Parte II. Recaudación de fondos

      4.1 Fuentes y mecanismos de recaudación

      Antes de recaudar, el documento propone razonar en cuatro pasos: cuantificar los recursos necesarios para sostener la cobertura definida, identificar las fuentes posibles de financiamiento, elegir mecanismos de recaudación culturalmente compatibles, y designar organizaciones responsables de recaudar y administrar esos fondos —que no necesariamente coinciden con las organizaciones que luego los agruparán—. Los mecanismos de financiamiento que describe son cinco: los impuestos directos e indirectos; las contribuciones obligatorias al seguro social de salud, generalmente calculadas como porcentaje del salario y compartidas entre empleado y empleador; las primas de seguro voluntario, sea privado o comunitario; las cuentas de ahorro médico, cuyo caso paradigmático es Singapur; y los pagos de bolsillo en el momento de la atención.

      Cada mecanismo genera incentivos distintos. Los impuestos y las contribuciones obligatorias comparten la ventaja de ser administrados públicamente y de alimentar uno o varios fondos mancomunados, lo que les permite cumplir una función redistributiva que ningún mecanismo privado logra replicar por sí solo. El seguro médico privado, las cuentas de ahorro médico y otras formas privadas de recaudación son caracterizadas por los autores, de manera explícita, como modelos que solo pueden funcionar como complemento de la cobertura universal, nunca como su sustituto: no logran, por diseño, mancomunar el riesgo de toda una población.

      Un caso singular: las cuentas de ahorro médico de Singapur 1. Cada trabajador aporta obligatoriamente una parte de su salario a una cuenta personal de ahorro (Medisave), que solo puede usarse para gastos médicos propios o de familiares directos. 2. A diferencia de un seguro, no mancomuna el riesgo entre personas: cada individuo consume, en esencia, sus propios ahorros acumulados. 3. El propio esquema debió complementarse con Medishield (seguro catastrófico) y Medifund (asistencia a indigentes) para cubrir los riesgos que el ahorro individual, por diseño, no puede mancomunar.

      4.2 Organizaciones recaudadoras

      La mayoría de los países de altos ingresos concentra la función recaudadora en un número reducido de organizaciones, a menudo separando, incluso dentro de los sistemas financiados por impuestos, al ministerio de finanzas o tesoro —que efectivamente recauda— del ministerio de salud, que administra y agrupa. El documento remarca que la agenda política, más que criterios técnicos explícitos, suele determinar cómo se distribuyen los recursos entre ambos organismos, con Nueva Zelanda como una de las pocas excepciones que definió criterios de asignación objetivos y transparentes. El resumen de esta parte insiste en un punto que atraviesa todo el trabajo: dado que resulta difícil atribuir resultados sanitarios a un mecanismo de recaudación en particular, los autores se niegan a declarar una “mejor práctica” única entre financiamiento por impuestos y financiamiento por seguro social; ambos son, en su lectura, caminos igualmente válidos hacia la cobertura universal, y la elección entre uno u otro depende sobre todo de la historia institucional y política de cada país.

      5. Parte III. Agrupación de fondos (pooling)

      La agrupación —el pooling— es definida como la acumulación de recursos prepagados destinados a cubrir riesgos financieros que superan la capacidad de pago de una persona o de un grupo pequeño. Es, para los autores, la función más determinante de todo el proceso de financiamiento: es la que efectivamente reduce el riesgo financiero individual al repartirlo entre el conjunto de la población cubierta, y por lo tanto la que más directamente define el alcance real de la protección financiera de un sistema de salud.

      5.1 De la recaudación a la agrupación

      En la mayoría de los países de altos ingresos, recaudación y agrupación se realizan a nivel central o nacional, aunque el documento identifica una tendencia hacia la descentralización de ambas funciones en los sistemas financiados por impuestos: Suecia, España e Italia otorgaron mayor autonomía recaudadora y de agrupación a sus gobiernos regionales, con los consejos de condado suecos financiándose principalmente con impuestos a la renta que ellos mismos recaudan. La tendencia contraria se observa en los sistemas de seguro social de salud, que en las últimas décadas avanzaron hacia una mayor centralización del pooling: Alemania, los Países Bajos, Bélgica y Suiza concentraron la función de agrupación en organismos federales independientes, principalmente para reducir la exposición de los antiguos fondos de enfermedad pequeños y fragmentados a un riesgo financiero excesivo. El caso de Suiza es señalado como particular, porque allí los recursos se agrupan únicamente dentro de cada región de prima, de modo que el mayor gasto per cápita de un cantón rico no se comparte con el de un cantón de menores recursos.

      5.2 De la agrupación a la compra: capitación y ajuste de riesgo

      Una vez agrupados, los recursos deben asignarse a las organizaciones compradoras, ya sea de manera retrospectiva —cubriendo el gasto efectivamente incurrido— o prospectiva, mediante un presupuesto fijado de antemano. El documento describe un movimiento general, aunque no universal, desde la asignación retrospectiva hacia mecanismos de capitación: un valor definido por persona cubierta, ajustado por factores de riesgo que intentan predecir su gasto sanitario esperado. La sofisticación de esos ajustadores de riesgo varía enormemente entre países: en Suiza la capitación se ajusta solamente por edad y sexo, mientras que Suecia y los Países Bajos desarrollaron fórmulas mucho más avanzadas, que incorporan situación laboral, composición del hogar, región de residencia e incluso grupos de costo diagnóstico y farmacéutico. Alemania ilustra la evolución típica de este mecanismo: pasó de un esquema mixto que solo mancomunaba el gasto de los jubilados, a la introducción en 1994 de un ajuste de riesgo por edad, sexo y discapacidad, previo a la apertura de la competencia entre fondos de enfermedad en 1996.

      El resumen de esta parte concluye que, cualquiera sea el arreglo de financiamiento elegido, algún mecanismo de capitación resulta indispensable si el objetivo es redistribuir de manera equitativa los recursos agrupados entre la población; y que cuanto mayor es el poder predictivo de los ajustadores de riesgo utilizados, más equitativa resulta la asignación y más justa la eventual competencia entre organizaciones compradoras.

      La siguiente tabla, elaborada a partir de las Tablas 3 y 4 del documento original, ilustra la enorme variación en la sofisticación de los ajustadores de riesgo utilizados para calcular la capitación en un subconjunto de países:

      PaísSistemaPrincipales ajustadores de riesgo utilizados
      SuizaSHI (por cantón)Edad y sexo únicamente
      AlemaniaSHIEdad, sexo y discapacidad (desde 1994)
      Países BajosSHIEdad, sexo, situación laboral, región y grupos de costo diagnóstico/farmacéutico (desde 2002)
      SueciaFinanciado por impuestosEdad, sexo, estado civil, situación laboral, ocupación, antigüedad de vivienda y alta utilización previa
      InglaterraFinanciado por impuestos (NHS)Edad, mortalidad, morbilidad, desempleo, personas mayores que viven solas, origen étnico
      AustraliaFinanciado por impuestosEdad, sexo, grupo étnico, personas sin hogar, mortalidad, ruralidad

      Fuente: elaboración propia sobre la base de Busse et al. (2004), Rice y Smith (2002) y otras fuentes citadas en Busse, Schreyögg y Gericke (2007).

      6. Parte IV. Compra y remuneración de proveedores

      Comprar significa transferir los recursos ya agrupados hacia los proveedores de servicios, y la manera de remunerarlos moldea de manera directa sus incentivos de comportamiento. Antes de diseñar cualquier sistema de pago, el documento propone aclarar dos cuestiones: la estructura de mercado de las organizaciones compradoras —un comprador único nacional o varios compradores regionales, en competencia o no entre sí— y el papel que se les asigna, ya sea el de un intermediario financiero pasivo o el de un comprador activo con poder efectivo para exigir calidad y eficiencia.

      6.1 Estructura de mercado de los compradores

      La descentralización de la función compradora alcanzó a casi todos los países revisados en las últimas tres décadas, con la notable excepción de sistemas pequeños como Grecia, Islandia, Corea del Sur y Singapur, donde la escala reducida hace menos necesaria la multiplicación de compradores regionales. En los sistemas de seguro social, Alemania y los Países Bajos introdujeron durante los años noventa la competencia entre fondos de enfermedad —hasta entonces asignados por ocupación o zona geográfica—, siguiendo un camino ya iniciado por Bélgica y Suiza; el número de fondos se redujo drásticamente en todos estos países, entre un 21 por ciento en Bélgica y más de un 70 por ciento en Alemania, en un proceso motivado menos por el ahorro administrativo que por la búsqueda de mayor eficiencia asignativa.

      6.2 El rol del comprador: de intermediario pasivo a comprador activo

      Durante los años setenta y ochenta el comprador solía limitarse a reembolsar servicios en nombre de la población; recién en los noventa ganó autonomía de gestión y planificación en la mayoría de los sistemas. El caso más citado es el del Servicio Nacional de Salud británico, que en 1991 separó explícitamente las funciones de comprador y proveedor para crear un “mercado interno”, con autoridades sanitarias distritales y médicos de cabecera que administraban su propio presupuesto (fundholding) para adquirir atención secundaria en nombre de sus pacientes. La evidencia posterior es matizada: la retención de fondos por parte de los médicos de cabecera parece haber reducido tiempos de espera y derivaciones innecesarias, pero también se documentaron mayores costos de transacción, inequidades entre pacientes según qué tipo de comprador los representaba, y en algunos casos deterioro de resultados clínicos. Aunque el gobierno laborista abolió formalmente el mercado interno en 1997, terminó desarrollando su propia versión, primero con las autoridades sanitarias y desde 2003 con los fideicomisos de atención primaria, en los que los médicos de cabecera recuperaron funciones ejecutivas.

      6.3 Remuneración de proveedores: de los presupuestos globales al pago por caso

      Históricamente, los sistemas financiados por impuestos remuneraron a los hospitales mediante presupuestos globales prospectivos que solían reflejar el gasto histórico más que la intensidad real de atención, mientras que los sistemas de seguro social privilegiaron el pago por servicio o por día de internación. El punto de inflexión que el documento identifica es 1983, cuando el programa estadounidense Medicare introdujo el pago por caso mediante Grupos Relacionados de Diagnóstico (DRG): una suma fija por episodio, calculada según el costo medio esperado de cada categoría de paciente. Desde entonces, la gran mayoría de los países de altos ingresos adoptaron alguna variante de pago por caso, generalmente combinada con presupuestos globales: Suecia (1985), Finlandia (1987), Portugal (1989), Canadá y Bélgica (1990 y 1995 respectivamente), Alemania (tarifas por caso desde 1995 y sistema G-DRG desde 2003), Francia (1997), Japón (2003), entre muchos otros. La evidencia sobre sus beneficios es matizada: se documentan ahorros de costos del orden del 10 por ciento en algunos países, pero también riesgos de reducción en la intensidad de la atención y, en episodios de exceso de oferta, aumentos de actividad que obligaron a reintroducir controles centrales de volumen.

      El resumen de esta parte destaca que la evidencia sobre la efectividad de la separación entre comprador y proveedor sigue siendo controvertida: las ganancias de eficiencia técnica conviven con riesgos de deterioro de la calidad y con mayores costos de transacción, y los sistemas de tipo NHS parecen sostener mejor la coordinación de la atención a enfermos crónicos que los sistemas de seguro social, gracias a su estructura jerárquica de control directo sobre los proveedores.

      La siguiente tabla resume el año de introducción de mecanismos de pago por caso de tipo DRG (o su equivalente) en una selección de los países revisados por el documento original:

      PaísAño de introducciónSistema de financiamiento predominante
      Estados Unidos (Medicare)1983Mixto, predominio privado
      Suecia1985Financiado por impuestos
      Finlandia1987Financiado por impuestos
      Portugal1989Financiado por impuestos
      Bélgica1995Seguro social de salud (SHI)
      Alemania1995 (tarifas por caso) / 2003 (sistema G-DRG)Seguro social de salud (SHI)
      Francia1997Seguro social de salud (SHI)
      Países Bajos2003Seguro social de salud (SHI)
      Japón2003 (combinación de procedimientos diagnósticos)Seguro social de salud (SHI)

      Fuente: elaboración propia sobre la base de Langenbrunner y Wiley (2002) y otras fuentes citadas en Busse, Schreyögg y Gericke (2007).

      7. Parte V. Lecciones para países de ingresos bajos y medios

      7.1 Tendencias generales de reforma en países de altos ingresos

      Desde fines de los años setenta, buena parte de la reforma sanitaria en los países de altos ingresos estuvo dominada, al menos en el debate público, por la contención de costos; pero de manera menos visible también avanzaron reformas orientadas a ampliar la cobertura y la equidad. Australia, Portugal, Irlanda, Grecia, España y, de manera especialmente veloz, Corea del Sur introdujeron cobertura obligatoria del cien por ciento de la población entre 1975 y 1989; Bélgica y Francia completaron la cobertura de los últimos grupos aún no asegurados en 1998 y 2000 respectivamente; y varios países ampliaron su cobertura hacia la atención de largo plazo durante los años noventa. En términos organizacionales, el documento identifica un movimiento cruzado: la agrupación de fondos tendió a centralizarse, mientras que la función compradora tendió a descentralizarse, sobre todo en los sistemas financiados por impuestos.

      7.2 Las seis lecciones de política

      A partir de esta revisión de tres décadas de reformas, los autores condensan la experiencia de los países de altos ingresos en seis lecciones dirigidas explícitamente a los países de ingresos bajos y medios, con una advertencia previa: la lección más importante de todas es no implementar ninguna reforma de financiamiento que no contribuya, en última instancia, al objetivo de la cobertura universal.

      Las seis lecciones de Busse, Schreyögg y Gericke (2007) para países en transición 1. Facilitar un crecimiento económico estable: el ingreso per cápita creciente es, para los autores, el primer y más importante factor que acelera la transición hacia la cobertura universal.
      2. Iniciar proyectos piloto de seguro médico voluntario: en Alemania y Japón, el seguro voluntario sirvió como escuela de gestión antes de introducir esquemas obligatorios.
      3. Fomentar la capacidad administrativa: la experiencia de Corea del Sur muestra que contar con administradores de nivel medio bien formados fue clave para expandir el seguro social de salud.
      4. Asegurar el compromiso político para ampliar la cobertura poblacional: la prosperidad económica no basta por sí sola —Alemania y Japón introdujeron el seguro obligatorio siendo todavía países pobres— pero sin una decisión política explícita la ampliación de la cobertura no ocurre de manera espontánea.
      5. Combinar la expansión de la cobertura poblacional con la agrupación de riesgos: los esquemas comunitarios pequeños y fragmentados se vuelven insostenibles a medida que crece la cobertura, por lo que la ampliación poblacional debe ir acompañada de mecanismos de mancomunación de riesgo cada vez más amplios.
      6. Asegurar la evaluación de productos y servicios en cada etapa: aun con presupuestos iniciales muy acotados, solo deberían incorporarse al paquete de beneficios tecnologías de eficacia probada y costo-efectivas, tomando como referencia razonable un umbral cercano a dos veces el PIB per cápita por año de vida ajustado por calidad.

      7.3 Cuadro síntesis: las cuatro funciones del financiamiento sanitario

      A modo de repaso integrador de las Partes I a IV, el siguiente cuadro reúne la pregunta central que organiza cada función, los mecanismos típicos revisados por el documento y la lección de política más directamente asociada a cada una:

      FunciónPregunta centralMecanismos típicos revisadosLección de política asociada
      Decisiones de cobertura¿A quién, qué y cuánto se cubre?Amplitud, profundidad y altura del paquete de beneficiosNo reformar el financiamiento sin objetivo explícito de cobertura universal
      Recaudación¿De dónde sale el dinero?Impuestos, contribuciones SHI, primas voluntarias, cuentas de ahorro, bolsilloLos mecanismos privados son complemento, nunca sustituto, de la cobertura universal
      Agrupación (pooling)¿Cómo se mancomuna el riesgo?Fondos centralizados o descentralizados, capitación ajustada por riesgoLa expansión poblacional exige agrupar riesgos cada vez más amplios
      Compra y remuneración¿Cómo se paga a los proveedores?Presupuestos globales, pago por día, pago por servicio, DRG/pago por casoLa eficiencia técnica debe sopesarse siempre frente a la calidad de la atención

      8. El documento de 2007 como origen del “box” de cobertura

      Vale la pena remarcar, para cerrar el círculo con el trabajo anterior de esta serie, que la Figura 2 del propio documento original de Busse, Schreyögg y Gericke —reproducida conceptualmente en la Figura 1 de este documento— es la formulación primera y más citada de las tres dimensiones de amplitud, profundidad y altura que después reaparecerían, con otro nombre y otro propósito, en el cubo de la Cobertura Universal de Salud del Informe Mundial de la Salud de la Organización Mundial de la Salud de 2010. El propio Busse integró, años más tarde, el extenso equipo de colaboradores de aquel informe, lo que confirma que no se trata de una coincidencia sino de una única línea de trabajo que evolucionó desde un documento de discusión del Banco Mundial orientado a la comparación técnica entre sistemas de altos ingresos, hacia un instrumento de comunicación normativa dirigido a movilizar voluntad política global.

      Leído en conjunto con ese cubo posterior, el documento de 2007 aporta algo que la versión normativa de 2010 no podía ofrecer: el detalle empírico, país por país, de qué combinaciones concretas de amplitud, profundidad y altura efectivamente se ensayaron durante treinta años de reformas, con qué mecanismos de recaudación, agrupación y compra se sostuvieron, y qué resultados —a menudo ambiguos o contradictorios— se observaron en cada caso.

      Esta genealogía también aclara un malentendido frecuente: ni el box de 2007 ni el cubo de 2010 fueron concebidos como un estándar único a replicar, sino como herramientas para ordenar preguntas que cada país —y, dentro de cada país, cada institución de salud— debe responder de acuerdo con su propia historia institucional. El propio documento de 2007 es explícito en este punto: dado que resulta difícil atribuir resultados a un mecanismo de financiamiento en particular, cualquier lectura que busque en él una receta cerrada termina forzando conclusiones que los propios autores se cuidaron de no formular.

      9. Implicancias para la gestión de instituciones de salud en Argentina

      Varias de las categorías que el documento utiliza para describir a los países de seguro social de salud europeos resultan directamente aplicables al sistema argentino, que combina un subsistema de seguridad social fragmentado en un gran número de obras sociales, un subsistema público financiado por impuestos y un subsistema privado de medicina prepaga. La discusión sobre la centralización del pooling frente a la fragmentación en fondos pequeños y expuestos a riesgo financiero —el problema que llevó a Alemania, los Países Bajos, Bélgica y Suiza a concentrar su función de agrupación— es, con matices, la misma discusión que atraviesa el debate sobre un eventual fondo compensador único o mecanismos más robustos de ajuste por riesgo entre obras sociales en la Argentina.

      De modo similar, la experiencia descripta sobre la separación entre comprador y proveedor, y sobre el pasaje de presupuestos globales o pago por día hacia mecanismos de pago por caso de tipo DRG, ofrece antecedentes útiles para instituciones prestadoras que negocian con múltiples financiadores: la evidencia internacional revisada sugiere que estos mecanismos pueden mejorar la eficiencia técnica, pero solo si se acompañan de instrumentos de control de calidad y de volumen que eviten el deterioro de la atención o el aumento no controlado de la actividad. Finalmente, la sexta lección —evaluar sistemáticamente productos y servicios antes de incorporarlos al paquete de beneficios— es enteramente trasladable a cualquier institución o financiador argentino que deba decidir, con recursos siempre acotados, qué tecnologías sanitarias incorporar y con qué prioridad.

      A modo de síntesis operativa, cinco puntos del documento original resultan directamente aplicables a la gestión de clínicas, sanatorios y hospitales privados en la Argentina:

      • Auditar, para cada convenio con un financiador, las tres dimensiones de cobertura (amplitud, profundidad, altura) en lugar de aceptar la cobertura poblacional declarada como dato suficiente.
      • Distinguir con claridad, en cualquier negociación, si el financiador actúa como recaudador, como agrupador de riesgo o como comprador, ya que cada rol admite exigencias distintas.
      • Exigir o construir, cuando sea posible, mecanismos de ajuste de riesgo más sofisticados que la simple edad y sexo, siguiendo el ejemplo de los países que avanzaron hacia capitaciones con mayor poder predictivo.
      • Anticipar que cualquier mecanismo de pago por caso o por desempeño requiere, en paralelo, indicadores de calidad y de volumen que eviten los efectos adversos documentados internacionalmente.
      • Incorporar la evaluación de tecnologías sanitarias como paso previo —y no posterior— a la incorporación de nuevas prestaciones al paquete de beneficios institucional.

      10. Conclusiones

      El documento de Busse, Schreyögg y Gericke (2007) ofrece, casi veinte años después de su publicación, un mapa todavía vigente de las decisiones que estructuran cualquier arreglo de financiamiento de la salud: a quién se cubre, qué se cubre, cuánto de eso se paga, cómo se recauda el dinero, cómo se agrupa para mancomunar el riesgo y cómo finalmente se transfiere a los proveedores.

      Su conclusión más resistida —que no existe una “mejor práctica” única entre financiamiento por impuestos y por seguro social— sigue siendo, probablemente, su aporte más honesto: la evidencia comparada de veinticinco países de altos ingresos no permite decretar un modelo ganador, sino identificar condiciones —crecimiento económico, capacidad administrativa, compromiso político, agrupación de riesgo, evaluación tecnológica— que favorecen la transición hacia la cobertura universal con independencia del mecanismo elegido.

      Esa misma prudencia metodológica es la que conviene sostener al utilizar este documento como referencia para la gestión de instituciones de salud en contextos, como el argentino, que combinan varios de los arreglos institucionales que el propio texto describe por separado.

      Para la gestión concreta de una clínica, un sanatorio o un hospital, el valor último de este documento no está en ninguna de sus conclusiones aisladas, sino en la disciplina de análisis que propone: frente a cualquier cambio en un convenio, en una política pública o en un mecanismo de pago, resulta más productivo preguntar en qué función del financiamiento incide —cobertura, recaudación, agrupación o compra— y qué incentivo concreto genera sobre proveedores y pacientes, que evaluarlo únicamente por su denominación o por la retórica con la que se lo presenta.

      Que valoran los pacientes.

      Iniciativas como la encuesta PaRIS de la OCDE —lanzada en 2017 por mandato de los Ministros de Salud para comparar internacionalmente los resultados que más importan a los pacientes— reflejan este esfuerzo por llenar el vacío de datos estandarizados sobre resultados percibidos, en un contexto donde la mayoría de las métricas de desempeño en salud siguen centradas en insumos y productos (procesos), y no en los resultados finales relevantes para quien recibe la atención.

      La encuesta PaRIS de la OCDE: qué valoran más los pacientes

      La Encuesta de Indicadores Reportados por el Paciente (Patient-Reported Indicator Surveys, PaRIS) es la primera encuesta internacional que releva, de manera estandarizada y comparable entre países, los resultados y la experiencia de atención de personas de 45 años o más que viven con una o más condiciones crónicas, atendidas en el nivel de atención primaria. Impulsada por la OCDE por mandato de los Ministros de Salud desde 2017, con un desarrollo conceptual entre 2017 y 2020 y una encuesta principal realizada en 2023-2024, PaRIS relevó a más de 107.000 pacientes en cerca de 1.800 centros de atención primaria de 19 países, representando a casi 104 millones de usuarios de atención primaria. Sus primeros resultados internacionales se publicaron en el informe «Does Healthcare Deliver?» (OCDE, 2025).

      Un hallazgo central de la encuesta, especialmente relevante para la gestión de clínicas y sanatorios, es que el tiempo es el recurso que los pacientes más valoran: la disponibilidad de turnos con menor espera y, sobre todo, contar con tiempo suficiente durante la consulta con el profesional de atención primaria, se asocia de manera muy marcada con la confianza en el sistema de salud. Según PaRIS, las personas que sienten que su profesional de atención primaria les dedicó el tiempo necesario tienen una probabilidad de confiar en el sistema de salud casi 90% mayor que quienes no tuvieron esa percepción, una diferencia mucho más determinante que la disponibilidad de tecnología o el confort de las instalaciones.

      Qué valoran los pacientesHallazgo de la encuesta PaRIS
      Tiempo con el profesionalSentir que el profesional dedicó el tiempo necesario incrementa en cerca de un 90% la probabilidad de confiar en el sistema de salud.
      Ser tratado como persona, no solo como enfermedadUna proporción significativa de los pacientes con enfermedades crónicas siente que no fue considerado como una persona completa, sino solo a través de su diagnóstico.
      Participación en las decisiones sobre su propio cuidadoBuena parte de los pacientes reporta no haber estado tan involucrado en las decisiones sobre su atención como hubiera deseado.
      Coordinación entre profesionalesLa falta de coordinación entre distintos profesionales y niveles de atención es una de las experiencias adversas más asociadas a la pérdida de confianza en el sistema.
      Ausencia de eventos adversos evitablesHaber sufrido un turno no obtenido a tiempo, un diagnóstico erróneo o tardío, o problemas de comunicación entre profesionales, reduce en 1,6 veces la probabilidad de confiar en el sistema de salud.
      Atención a la salud mental dentro de la atención crónicaAlrededor de un 16% de los pacientes con condiciones crónicas releva también una condición de salud mental, y su combinación se asocia a peor salud física percibida y a menor confianza en la propia capacidad de autogestión.

      Cuadro (síntesis). Qué valoran más los pacientes de 45 años o más con enfermedades crónicas, según la encuesta PaRIS de la OCDE (2023-2024).

      La encuesta organiza sus resultados centrales en diez indicadores —el «PaRIS10″— que combinan cinco medidas de resultado reportadas por el paciente (PROM) y cinco medidas de experiencia reportadas por el paciente (PREM), seleccionadas junto con los propios pacientes, y que abarcan la calidad percibida de la atención, la coordinación entre niveles y profesionales, el grado en que la atención se centra verdaderamente en la persona, y la confianza general en el sistema de salud. El propio informe de la OCDE encuentra una relación consistente entre una mejor experiencia reportada por el paciente y mejores resultados de salud reportados por ese mismo paciente, lo que respalda empíricamente uno de los supuestos centrales de la VBHC desarrollado en la sección 2 de este documento: que la experiencia y el resultado no son dimensiones independientes, sino que se refuerzan mutuamente.

      Para la gestión de una clínica o sanatorio, PaRIS ofrece una lección concreta y de bajo costo de implementación: antes de invertir en tecnología o en infraestructura para mejorar la experiencia del paciente, conviene verificar si el equipo asistencial dispone del tiempo suficiente para sostener una consulta de calidad, si existen mecanismos reales de coordinación entre los distintos profesionales que atienden a un mismo paciente crónico, y si el paciente participa efectivamente en las decisiones sobre su propio cuidado. Estas tres condiciones —tiempo, coordinación y participación— explican, según la evidencia de PaRIS, una proporción mayor de la confianza y de los resultados percibidos por el paciente que buena parte de las inversiones tecnológicas o edilicias en las que las instituciones suelen concentrar su presupuesto.

      Lo que nos dicen los datos de PaRIS

      • Tradicionalmente, el desempeño de los sistemas de salud se ha medido mediante insumos, procesos y resultados. Los datos de PaRIS ponen de manifiesto un cambio crucial en la forma de evaluar los sistemas de salud: se centran en las perspectivas de los propios pacientes, sus resultados de salud y sus experiencias en la atención médica. Estos resultados y experiencias varían según el funcionamiento de los sistemas de salud, lo que revela diferencias sustanciales en el desempeño y sus factores determinantes.
      • Los resultados de PaRIS muestran una relación entre una mejor experiencia de atención por parte de los pacientes y mejores resultados de salud. Esto se observa claramente en Australia, Suiza y Estados Unidos, donde las personas reportan sistemáticamente experiencias de atención positivas y mejores resultados de salud en comparación con el promedio de PaRIS de la OCDE. Patrones similares se aprecian en Canadá, República Checa, Francia y Noruega, donde las personas reportan experiencias mayoritariamente positivas con su atención, junto con resultados de salud relativamente buenos. Sin embargo, esta relación no siempre es constante.
      • Aproximadamente una décima parte de las diferencias en la experiencia de atención médica se atribuyen a factores propios de cada país. En algunos indicadores, como la calidad de la atención percibida y la confianza para el autocuidado, más de una décima parte se debe a diferencias entre países. Esto podría reflejar, por ejemplo, variaciones en las políticas nacionales de salud, la disponibilidad, la accesibilidad y la calidad de los servicios de atención médica, así como otros factores propios de cada país que van más allá del sistema de salud.
      • Los países que invierten más en salud tienen más probabilidades de obtener mejores resultados y experiencias para los pacientes, pero también se pueden lograr buenos resultados con niveles de gasto más bajos. El gasto sanitario per cápita se asocia con mejores resultados y experiencias en los indicadores clave analizados en este capítulo (el “PaRIS10”). Al mismo tiempo, los resultados muestran que es posible obtener buenos resultados con niveles de gasto sanitario más bajos. Por ejemplo, Bélgica, la República Checa y Suiza obtienen las puntuaciones más altas en “Calidad de la experiencia”, pero con niveles de gasto sanitario per cápita muy diferentes. En términos más generales, la República Checa y Eslovenia son dos ejemplos de países que obtienen buenos resultados en la mayoría de los indicadores del PaRIS10, a pesar de tener un gasto sanitario per cápita relativamente bajo.
      • Los resultados de PaRIS ponen de manifiesto la oportunidad de mejorar el desempeño de la atención sanitaria adaptando los cuidados al género, la edad y el nivel socioeconómico de cada persona. Por ejemplo, las personas con menor nivel educativo tienden a tener peor salud y a reportar experiencias menos positivas con su atención médica. Tienen más probabilidades de sufrir peores resultados de salud y de tener una percepción menos positiva de su tratamiento en comparación con quienes tienen mayor nivel educativo. El 87 % de las personas con menor nivel educativo reportaron padecer enfermedades crónicas, frente al 78 % en el grupo con mayor nivel educativo. Las mujeres también tienen más probabilidades de reportar peores resultados y experiencias, a pesar de que suelen vivir más que los hombres.

      2.1. Introducción

      Este capítulo analiza los resultados clave de la Encuesta de Indicadores Reportados por los Pacientes (PaRIS) de la OCDE sobre resultados de salud y experiencias en la atención médica. Compara los resultados de los 19 países participantes para diez indicadores clave (los “PaRIS10”). El capítulo también examina algunos de los factores esenciales que pueden explicar por qué los pacientes tienen más probabilidades de obtener mejores (o peores) resultados y experiencias, incluyendo las interrelaciones entre los indicadores.

      La justificación de la encuesta PaRIS se basa en el mandato de los Ministros de Salud de la OCDE de lograr que los sistemas de salud estén más centrados en las personas (OCDE, 2017[1]) . El desempeño del sistema de salud se ha medido tradicionalmente mediante insumos, procesos y productos, como el gasto en salud, el número de camas hospitalarias, el número de consultas médicas o las tasas de morbilidad y mortalidad. Los datos de PaRIS ponen de manifiesto un cambio crucial en la forma de evaluar el desempeño del sistema de salud: se centran en las perspectivas de los propios pacientes, sus resultados de salud y sus experiencias en la atención sanitaria. Estos resultados y experiencias varían según el funcionamiento de la atención primaria, incluyendo también sus interconexiones con otros niveles de atención, lo que revela diferencias sustanciales en el desempeño.

      La pregunta fundamental que explora la encuesta PaRIS es la siguiente: ¿ hasta qué punto los sistemas de salud logran satisfacer las necesidades de las personas? Para responder a esta pregunta, se utilizan tanto medidas de resultados informados por los pacientes (PROMs) como medidas de experiencia informadas por los pacientes (PREMs). Las PROMs y las PREMs son medidas estandarizadas y validadas que, en conjunto, muestran cómo los pacientes perciben su salud y funcionamiento, así como la atención médica que reciben. PaRIS es una iniciativa colaborativa en la que la OCDE se ha asociado con pacientes, profesionales de la salud, responsables políticos y académicos de todo el mundo.

      En cuanto al alcance del análisis , la encuesta PaRIS se centra exclusivamente en los usuarios de atención primaria. Esto permite una comprensión detallada de las experiencias y los resultados de las personas que tienen experiencia directa con los servicios de atención primaria, un área que a menudo se ha comprendido mal en muchos países hasta la fecha. Se presta especial atención a las personas con enfermedades crónicas, ya que suelen tener peores resultados de salud y constituyen una gran proporción de los usuarios de atención primaria. Otras características destacadas de la encuesta PaRIS se resumen en el recuadro 2.1 , y el capítulo 7 ofrece un análisis exhaustivo de los datos y la metodología utilizados.

      Los resultados generales del PaRIS10 se presentan en la Sección  2.2 . A continuación, en la Sección  2.3 , se analizan los factores que pueden explicar por qué los pacientes experimentan una mejor atención o mejores resultados de salud. En la Sección 2.4 , se presentan hallazgos más específicos para cada uno de los diez indicadores  .

      Cabe señalar que este capítulo tiene como objetivo ofrecer una visión general de los resultados de la encuesta, en lugar de un análisis exhaustivo de sus implicaciones políticas. Dicho análisis se aborda en los capítulos siguientes (del 3 al 6), los cuales, para áreas específicas de interés político, combinan análisis más detallados con hallazgos de la literatura especializada para explorar las implicaciones políticas de los resultados de la encuesta.

      Recuadro 2.1. Características principales de la encuesta PaRIS

      Países participantes

      • Diecinueve países, de los cuales 17 eran miembros de la OCDE: Australia, Bélgica, Canadá, República Checa, Francia, Grecia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, Portugal, Eslovenia, España, Suiza, Estados Unidos y Gales (Reino Unido). Rumania y Arabia Saudita también participaron.

      Marco de muestreo

      • Todos los usuarios de atención primaria mayores de 45 años, en todos los centros de atención primaria de cada país participante. Los pacientes se vinculan a los centros de atención primaria mediante un muestreo anidado, de modo que los resultados y las experiencias de los pacientes puedan relacionarse con las características de dichos centros.
      • Se eligió este rango de edad debido al especial interés en las personas que viven con enfermedades crónicas. Estas personas suelen tener peores resultados de salud y constituyen una gran proporción de los usuarios de atención primaria.
      • Se incluyeron todas las personas mayores de 45 años que habían tenido al menos un contacto con su centro de atención primaria en los seis meses anteriores al momento de la toma de muestras.

      Principios comunes para el análisis de datos

      • Estandarización por edad y sexo. Salvo que se indique explícitamente lo contrario, todos los resultados de este informe están estandarizados por edad y sexo para ajustarlos a los diferentes perfiles demográficos de cada país. Esto ayuda a maximizar la comparabilidad de los resultados entre países.
      • Enfoque para el ajuste de la mezcla de casos. Los resultados se estratifican entre pacientes con y sin afecciones crónicas. Se realizó un análisis de sensibilidad para comparar las estimaciones básicas ajustadas por edad y sexo de cada país con un ajuste más detallado de la mezcla de casos en PROMs y PREMs (véase la Tabla 2.A.1 del Anexo ). Este análisis mostró que no hubo diferencias significativas en la mayoría de los resultados, lo que resalta la solidez del ajuste básico de la mezcla de casos por edad y sexo en el informe. Este enfoque se elige para lograr un equilibrio entre reconocer la importancia de la mezcla de casos y evitar el sobreajuste que podría enmascarar las diferencias de desempeño entre países que son susceptibles de modificación mediante políticas.
      • Intervalos comparativos. Los intervalos comparativos que no se superponen pueden interpretarse como diferencias estadísticamente significativas al nivel de significancia del 5 %. Por ejemplo, permiten comparar estadísticamente el resultado agregado de un país con el promedio PaRIS de la OCDE (que es un promedio no ponderado de los 17 miembros participantes de la OCDE).
      • Componentes de la varianza. Como reflejo del diseño multinivel de la encuesta PaRIS, se analiza hasta qué punto la variación en los resultados puede atribuirse a tres niveles: país, centro de atención primaria y nivel del paciente.

      Algunas estadísticas descriptivas resumidas

      • Los resultados abarcan a 107 011 usuarios de atención primaria (de 45 años o más) y 1816 centros de atención primaria en 19 países.
      • El 82% de los encuestados declaró tener al menos una enfermedad crónica, y el 52% tenía varias enfermedades crónicas (dos o más).
      • El 18% de los encuestados tenía 75 años o más. Poco más de la mitad de la muestra (56%) eran mujeres.
      • El 33% de los encuestados tenía un nivel educativo bajo (educación secundaria básica o inferior), mientras que el 43% tenía un nivel educativo alto (licenciatura universitaria o superior).

      Implementación adaptada de la encuesta para reflejar las circunstancias nacionales.

      • PaRIS implementa medidas estandarizadas reportadas por los pacientes en diferentes sistemas de salud, equilibrando la uniformidad estricta con la flexibilidad. Cada país aporta estructuras y contextos de salud únicos y diferentes capacidades para llevar a cabo una encuesta de pacientes compleja y a gran escala. Por lo tanto, la Secretaría y un consorcio internacional de organizaciones que apoyan los aspectos metodológicos del desarrollo e implementación de la encuesta (el consorcio PaRIS-SUR) trabajaron en colaboración con expertos nacionales responsables de la implementación en sus respectivos países (es decir, los gerentes nacionales de proyectos) caso por caso para determinar la mejor manera de implementar las directrices, asegurando una recopilación de datos óptima adaptada a las circunstancias específicas de cada país (De Boer et al., 2022[2]) .
      • Para mejorar la comparabilidad, el análisis emplea un mecanismo de estandarización para validar las muestras de pacientes y asegurar que la población de pacientes elegibles esté adecuadamente representada por edad y sexo. La solidez de los datos también se evaluó exhaustivamente, por ejemplo, mediante análisis de sensibilidad con correctores adicionales para la mezcla de casos. Persisten algunas diferencias en las muestras entre países debido a variaciones en los sistemas de salud; estas se destacan cuando corresponde y se explican con mayor detalle en el Capítulo 7 (Métodos). Con el tiempo, la OCDE mantiene su compromiso de perfeccionar y armonizar las metodologías para fortalecer aún más la comparabilidad.

      Comparabilidad

      • La muestra PaRIS ha sido validada para que sea lo más representativa posible de la población de pacientes elegibles. Esto se detalla en el Capítulo 7.
      • En Bélgica, la tasa de respuesta relativamente baja (<5%) podría afectar la representatividad de la muestra de pacientes. Suiza incluyó a los pacientes en la muestra mediante un muestreo consecutivo, incluyéndolos a medida que contactaban con el centro de salud hasta alcanzar el tamaño de muestra requerido. Este método implicaba que los pacientes que acudían con mayor frecuencia a su centro de atención primaria tenían una mayor probabilidad de ser incluidos en la muestra. Para evaluar si esto resultaba en una población con un estado de salud mucho más delicado, se realizó un análisis de sensibilidad con las enfermedades crónicas como variables de la mezcla de casos, el cual no reveló diferencias significativas.
      • Canadá no cuenta con un registro nacional de centros de atención primaria en ejercicio y, por lo tanto, se seleccionó una muestra de conveniencia de centros.
      • En Italia y Estados Unidos, los criterios de elegibilidad para la participación de los pacientes difirieron de las directrices. En Italia, la muestra abarcó únicamente tres regiones. El muestreo se limitó a pacientes derivados a especialistas médicos en un entorno de atención ambulatoria en Toscana, Véneto y la Azienda Unità Sanitaria Locale de Bolonia (región de Emilia-Romaña). En Estados Unidos, la muestra es representativa a nivel nacional para personas de 65 años o más, pero faltan datos sobre personas de entre 45 y 65 años. Debido a estas desviaciones en los criterios de elegibilidad, los resultados de Italia y Estados Unidos se han separado del resto de la muestra y deben interpretarse con precaución.
      • Consulte el Anexo 2.A para obtener paneles de control complementarios sobre la muestra completa, las personas sin enfermedades crónicas y las personas de 65 años o más con enfermedades crónicas.

      2.2. El panel de control PaRIS10: ¿cómo se comparan los países en función de los indicadores clave?

      El panel de control PaRIS10 que se presenta en esta sección resume las comparaciones entre los países que conforman el PaRIS10, en lo que respecta a pacientes con enfermedades crónicas. La selección de los indicadores del PaRIS10 se realizó mediante una estrecha consulta con representantes de pacientes, profesionales de atención primaria y académicos.

      Cinco indicadores de resultados se centran en métricas esenciales de salud. Los tres primeros abarcan los ámbitos físico, mental y social de la salud; los dos siguientes son medidas más transversales del bienestar y la salud en general:

      • Salud física : capacidad para realizar actividades físicas cotidianas, grado de dolor y fatiga.
      • Salud mental : percepción de la calidad de vida, estado de ánimo y capacidad de pensamiento, satisfacción con las actividades y relaciones sociales, malestar emocional.
      • Funcionamiento social : grado en que una persona puede llevar a cabo sus actividades y roles sociales habituales.
      • Bienestar : grado en que una persona se siente positiva en cuanto a su estado de ánimo, vitalidad y satisfacción.
      • Salud general : medida global de la salud general.

      Cinco indicadores de experiencia reflejan aspectos clave de la interacción de los pacientes con los servicios de salud. Los tres primeros abarcan diferentes aspectos de la atención sanitaria centrada en la persona; los dos siguientes se refieren a percepciones más amplias sobre la calidad de la atención médica y el grado de confianza en el sistema de salud.

      • Confianza para la autogestión : grado de confianza para gestionar la propia salud y bienestar.
      • Coordinación de la atención por parte de la persona : grado en que una persona experimenta un recorrido fluido y continuo a través de diferentes prácticas y entornos de atención médica.
      • Atención centrada en la persona : grado en que las necesidades de salud de una persona se gestionan de forma integral, garantizando que sus preferencias y necesidades sean fundamentales en la atención recibida.
      • Calidad percibida : medida general de cómo una persona valora la atención que ha recibido en los últimos 12 meses.
      • Confianza en los sistemas de salud : grado de confianza que una persona deposita en el sistema de salud en general.

      Los diez indicadores se basan en instrumentos o directrices reconocidos internacionalmente, en particular PROMIS, el Sistema de Información para la Medición de Resultados Reportados por el Paciente (PROMIS, 2017[3]) , el Índice de Bienestar WHO-5 (Heun et al., 2001[4]) , la Encuesta Internacional de Políticas de Salud del Commonwealth Fund (The Commonwealth Fund, 2017[5]) , las directrices de la OCDE sobre la medición de la confianza (OCDE, 2017[6]) y P3CEQ, el cuestionario de Experiencia de Atención Coordinada Centrada en la Persona (Lloyd et al., 2019[7]) . Todos los indicadores están diseñados para ser aplicables a la población general y a las personas con afecciones de salud específicas.

      La Tabla 2.1 proporciona las especificaciones de cada uno de los diez indicadores, incluyendo la interpretación de los valores y su uso en este informe principal. La Tabla 2.2 presenta los resultados de estos indicadores a nivel nacional en los 19 países participantes. Los capítulos posteriores exploran indicadores específicos con mayor detalle, incluyendo los subcomponentes de algunos de ellos. En Italia, los criterios de elegibilidad para la participación de los pacientes diferían de las directrices, y la muestra solo abarcaba tres regiones. Asimismo, en Estados Unidos, los criterios de elegibilidad implementados para los pacientes (mayores de 65 años) diferían significativamente de las directrices. Debido a estas discrepancias en los criterios de elegibilidad, los resultados de estos países se muestran por separado.

      Tabla 2.1. Los indicadores PaRIS10

      Medidas de experiencia reportadas por el paciente (PREMs)
      Confianza para autogestionarseRespuesta a la pregunta: «¿Qué tan seguro está de que puede manejar su propia salud y bienestar?», las opciones de respuesta van desde nada seguro (0) hasta muy seguro (3).Porcentaje de pacientes que se sienten seguros o muy seguros (en comparación con los que se sienten algo seguros o no se sienten seguros en absoluto).Instrumento de datos: Elemento P3CEQ.
      Coordinación experimentadaRespuesta a cinco preguntas que miden la coordinación de la atención (atención integral, persona de contacto designada, plan de atención general, apoyo para la autogestión, información para la autogestión). Escala de opciones de respuesta de 0 a 3.Puntuación media de los pacientes (en una escala de 0 a 15).Porcentaje de pacientes que reportan una experiencia positiva (puntuación del 50% o más en 5 preguntas, es decir, puntuación en la escala >=7,5), que se muestra en la Tabla 2.2 .Instrumento de recopilación de datos: Componente de coordinación de la atención P3CEQ; los datos están disponibles únicamente para personas con afecciones crónicas.
      Atención centrada en la personaRespuesta a ocho preguntas que miden si la atención está centrada en la persona (se discutió lo que es importante, se involucró en las decisiones, se consideró a la persona en su totalidad, no fue necesario repetir la información, la atención fue coordinada, se brindó apoyo para la autogestión, información para la autogestión y confianza para la autogestión). Escala de opciones de respuesta de 0 a 3.Puntuación media de los pacientes (en una escala de 0 a 24).Porcentaje de pacientes que reportan una experiencia positiva (puntuación del 50% o más en 8 preguntas, es decir, puntuación en la escala >=12), que se muestra en la Tabla 2.2 .Instrumento de recopilación de datos: Componente de atención centrada en la persona del P3CEQ; los datos solo están disponibles para personas con afecciones crónicas.
      Calidad experimentadaRespuesta a la pregunta: “Teniendo en cuenta todos los aspectos relacionados con la atención que ha recibido, en general, ¿cómo califica la atención médica que ha recibido en los últimos 12 meses en su centro de atención primaria?”, las opciones de respuesta van desde mala (1) hasta excelente (5).Porcentaje de pacientes que respondieron bien, muy bien o excelente (en comparación con regular, malo y no estoy seguro).Instrumento de recopilación de datos: Adaptado de la Encuesta Internacional de Políticas de Salud del Commonwealth Fund.
      Confianza en el sistema de saludRespuesta a la pregunta: «¿Hasta qué punto está de acuerdo o en desacuerdo con que se puede confiar en el sistema de salud?», las opciones de respuesta van desde totalmente en desacuerdo (1) hasta totalmente de acuerdo (5).Porcentaje de pacientes que están de acuerdo o muy de acuerdo (en comparación con los que no están ni de acuerdo ni en desacuerdo, están en desacuerdo o muy en desacuerdo).Instrumento de recopilación de datos: Basado en las Directrices de la OCDE sobre la medición de la confianza y similar a las preguntas de determinadas encuestas nacionales.

      Nota: En este capítulo se analiza la proporción (%) de pacientes que dieron una respuesta positiva (resultado o experiencia) para los diez indicadores. Los umbrales para definir una respuesta positiva se eligieron en función de su facilidad de interpretación o de la evidencia disponible en la literatura (por ejemplo, el umbral de bienestar mental deficiente utilizado en el Índice de Bienestar WHO-5). Para los cinco indicadores basados ​​en una medida compuesta, también se analiza la puntuación media de los pacientes. En todos los casos, una puntuación más alta indica mejores resultados.

      Fuente: Cuestionario de pacientes PaRIS de la OCDE.

      Tabla 2.2. El panel de control PaRIS10, 2024Copiar enlace a la Tabla 2.2. El panel de control PaRIS10, 2024Porcentaje de personas que informan resultados o experiencias positivas y puntuaciones promedio, para usuarios de atención primaria mayores de 45 años que viven con una o más afecciones crónicas (resultados estandarizados por edad y sexo).

      Del panel de control de PaRIS10 se pueden extraer las siguientes conclusiones clave:

      • En cuanto a los resultados para los pacientes , Suiza, Estados Unidos y Canadá obtuvieron puntuaciones superiores a la media del índice PaRIS de la OCDE en las cinco medidas de resultados informadas por los pacientes (PROMs), mientras que Italia, Portugal, Rumania, España y Gales obtuvieron puntuaciones cercanas o inferiores a la media del índice PaRIS de la OCDE en cada una de estas medidas de resultados.
      • Si bien la mayoría de los usuarios de atención primaria mayores de 45 años tienen una opinión positiva sobre su salud, un número considerable se muestra menos optimista. En promedio, alrededor de 3 de cada 10 personas consideran que su salud física y general es regular o mala, y una proporción similar presenta un bienestar mental deficiente (según el indicador de bienestar). Las personas tienden a tener una opinión más positiva sobre su salud mental y su funcionamiento social (el 83 % y el 84 % de las personas, respectivamente, se mostraron positivas, en promedio).
      • En lo que respecta a las experiencias de los pacientes , Australia, Bélgica, Suiza y Estados Unidos obtuvieron puntuaciones sistemáticamente superiores a la media del índice PaRIS de la OCDE, mientras que Grecia, Islandia y Gales obtuvieron puntuaciones cercanas o inferiores a esta media en los cinco indicadores PREM.
      • La mayoría de los usuarios de atención primaria —aproximadamente 9 de cada 10 personas— tienen una experiencia general positiva con la atención recibida (indicador de calidad percibida) y consideran que su atención sanitaria está centrada en la persona. Sin embargo, alrededor de 4 de cada 10 personas no se sienten seguras para gestionar su propia salud y bienestar, no experimentaron una buena coordinación de la atención y no confían en el sistema sanitario en general.
      • Mejorar la experiencia del paciente es un objetivo fundamental en sí mismo. Sin embargo, los resultados de PaRIS también muestran que las experiencias positivas del paciente están significativamente asociadas, a nivel individual, con mejores resultados de salud percibidos por el paciente , aunque las correlaciones no siempre son muy altas. En general, los países con mejores experiencias del paciente parecen tener mayor probabilidad de obtener puntuaciones más altas en los resultados de salud. En otras palabras, la evaluación que hacen las personas de la calidad de la atención y la confianza en el sistema sanitario está estrechamente relacionada con su bienestar. Esta asociación es evidente en Suiza y Estados Unidos, donde las personas reportan con mayor frecuencia experiencias de atención positivas y mejores resultados de salud en comparación con el promedio de PaRIS de la OCDE. Patrones similares se observan en Australia, Canadá, República Checa, Francia y Noruega, donde las personas reportan mayoritariamente experiencias positivas con su atención, junto con resultados de salud relativamente buenos.
      • Sin embargo, la relación entre los indicadores no siempre es consistente. En España, por ejemplo, aunque la población reporta experiencias de atención mayoritariamente positivas, aún hay margen de mejora en los resultados de salud reportados por los pacientes en comparación con el promedio del programa PaRIS de la OCDE. En Rumania, las puntuaciones promedio de atención centrada en la persona y coordinación de la atención percibida fueron altas, pero las medidas de resultados reportados por los pacientes fueron comparativamente bajas. Estos hallazgos pueden orientar a los responsables políticos sobre el área de desempeño que más necesita mejorar en su país.

      El análisis de sensibilidad mediante el ajuste de la mezcla de casos del PaRIS10 produjo resultados consistentes y similares (véase el Anexo 2.A para más detalles).

      Partiendo de estas conclusiones generales, la siguiente sección describe con más detalle los resultados de la encuesta para explorar los factores que pueden explicar por qué algunos países tienen mejores resultados y experiencias según lo reportado por los pacientes, al tiempo que examina la importancia de los factores relacionados con la práctica clínica y el nivel del paciente.

      2.3. Factores asociados con mejores resultados de salud y experiencias de atención reportadas por los pacientes.

      2.3.1. Los pacientes que reciben una mejor atención también tienen más probabilidades de reportar mejores resultados de salud.

      El panel de control PaRIS10 mostró una asociación positiva general entre las experiencias y los resultados de los pacientes a nivel nacional. Un análisis más detallado de los datos confirma que los pacientes que reciben una mejor atención médica tienen más probabilidades de reportar mejores resultados de salud, especialmente en términos de salud física, salud mental y bienestar. Por ejemplo, la Figura 2.1 muestra que las personas que consideraron que la atención era altamente centrada en la persona (cuartil superior, con una puntuación igual o superior a 20 sobre 24) tuvieron mejores resultados de salud que las personas que consideraron que la atención era menos centrada en la persona (cuartil inferior, con una puntuación inferior a 13 sobre 24). Un análisis más profundo de estos indicadores revela que involucrar a los pacientes en las decisiones sobre su atención es crucial para aumentar la confianza en su capacidad para gestionar su propia salud (véase el Capítulo 4). Cuando esto sucede, los pacientes también reportan mejores resultados de salud.

      Figura 2.1. Las personas que reciben una atención más centrada en la persona tienen mejor salud física, salud mental y bienestar general.Copiar enlace a la Figura 2.1. Las personas que reciben una atención más centrada en la persona tienen mejor salud física, salud mental y bienestar general.

      En términos más generales, los pacientes que informan favorablemente sobre un indicador tienen más probabilidades de informar favorablemente sobre otros PROMs y PREMs ( Figura 2.2 ). Esto indica una correlación positiva y estadísticamente significativa entre los 10 indicadores, aunque las correlaciones entre los resultados y las experiencias de atención rara vez fueron elevadas.

      La asociación entre la coordinación experimentada y la atención centrada en la persona es la más alta, lo que refleja la superposición natural entre estos indicadores. Las asociaciones entre el bienestar y la salud mental y física también son elevadas. Si bien todas las correlaciones son estadísticamente significativas, no todas las asociaciones son fuertes. Estos resultados sugieren que, aunque los indicadores PaRIS10 están relacionados entre sí, cada uno mide aspectos distintos de los resultados de salud y las experiencias de atención.

      Figura 2.2. Asociaciones estadísticas entre los indicadores PaRIS10Copiar enlace a la Figura 2.2. Asociaciones estadísticas entre los indicadores PaRIS10

      2.3.2. Más de una décima parte de las diferencias en la forma en que las personas experimentan la atención médica pueden atribuirse a factores a nivel de país.

      El panel de control de PaRIS10 mostró que tanto los PROM como los PREM difieren considerablemente entre países. La figura 2.3 muestra qué proporción de la variación en los resultados de los 10 indicadores puede atribuirse a diferencias entre países, entre centros de atención primaria y entre pacientes (según la correlación intraclase: véase el capítulo 7 para una explicación de esta medida en el contexto de PaRIS).

      Si bien las características del paciente (como la edad, el sexo y el nivel socioeconómico) explican la mayor parte de la variación en los resultados, las características del país siguen explicando una gran parte de la variación en los resultados de los cinco PREM y algunos de los PROM. Estos resultados reflejan la importancia de las diferencias entre países en la disponibilidad, accesibilidad y calidad de los servicios de salud, pero también factores que van más allá del sistema de salud. Por ejemplo, el impacto del país en cómo las personas califican la calidad general de la atención es más del doble que el impacto de las prácticas de atención primaria (15 % en comparación con el 7 % de la variación en el indicador de calidad experimentada). Los factores del país también explican una gran parte (16 %) de la variación en los resultados del indicador de confianza para el autocuidado y, en promedio, más de una décima parte de las diferencias entre los cinco PREM. Los factores del país también fueron notables para los PROM sobre salud general (12 %), salud mental (8 %) y funcionamiento social (6 %).

      Para los diez indicadores, los factores a nivel de país fueron más importantes que los factores a nivel de consultorio. Esto implica que el país donde reside un paciente influye más en su valoración de la calidad de la atención que el consultorio al que acude dentro de ese país. Aun así, los resultados muestran diferencias relativamente grandes a nivel de consultorio para el indicador de calidad percibida (7%). Sin embargo, los resultados sugieren que los cambios en las políticas a nivel nacional tienen más probabilidades de generar mejoras significativas en las experiencias y los resultados de los pacientes que los esfuerzos dirigidos a los consultorios de atención primaria individuales. Las siguientes páginas exploran con mayor detalle el impacto de algunos factores específicos a nivel de país, consultorio y paciente.

      Figura 2.3. Variación en los resultados y experiencias de los pacientes atribuida al país, la práctica sanitaria y los niveles de los pacientes (correlaciones intraclase).Copiar enlace a la Figura 2.3. Variación en los resultados y experiencias de los pacientes atribuida al país, la práctica sanitaria y los niveles de los pacientes (correlaciones intraclase).

      2.3.3. Los países que gastan más en salud tienen más probabilidades de obtener mejores resultados y experiencias para los pacientes, pero también se pueden lograr buenos resultados con niveles de gasto más bajos.

      La comparación de los datos de los indicadores PaRIS10 con el gasto en salud proporciona información adicional. Estos resultados muestran que los países que gastan más en salud per cápita tienden a tener mejores resultados y experiencias reportadas por los pacientes en promedio. Por ejemplo, la Figura 2.4 , Panel A, muestra una correlación positiva entre el gasto en salud per cápita (ajustado por poder adquisitivo) y puntuaciones más altas en el indicador de Bienestar. La Figura 2.4 , Panel B, muestra un patrón similar para el indicador de Calidad Experimentada, donde la mayoría de los países que gastaron más (menos) que el promedio de PaRIS de la OCDE obtuvieron puntuaciones más altas (más bajas) para este PREM. Las correlaciones entre los indicadores PaRIS10 y los recursos del sistema de salud, como el número de enfermeras o médicos, muestran resultados en general consistentes.

      Al mismo tiempo, los resultados demuestran que se pueden lograr buenos resultados incluso con niveles más bajos de gasto en salud. Por ejemplo, la República Checa, Bélgica y Suiza obtienen las puntuaciones más altas en Calidad de la atención percibida, a pesar de tener niveles de gasto en salud per cápita significativamente diferentes. De manera similar, Islandia y Eslovenia registran puntuaciones de bienestar superiores al promedio del PaRIS de la OCDE, con un gasto per cápita relativamente bajo.

      Cabe destacar que la República Checa y Eslovenia obtienen buenos resultados en la mayoría de los indicadores de PaRIS10 a pesar de su gasto sanitario relativamente bajo. Los capítulos posteriores analizan las políticas y estrategias que contribuyen a estos excelentes resultados, demostrando que no siempre es necesario un aumento sustancial del gasto sanitario para lograr un alto rendimiento.

      Figura 2.4. Gasto sanitario per cápita, 2024 (o datos más recientes) y bienestar y calidad de vida percibida.Copiar enlace a la Figura 2.4. Gasto sanitario per cápita, 2024 (o datos más recientes) y bienestar y calidad de vida percibida.

      Los análisis de regresión multivariante que incluyen el PIB per cápita y controlan las características principales de los pacientes confirman la correlación positiva con el gasto en salud. Sin embargo, la correlación entre el gasto en salud per cápita de los países y los indicadores PaRIS10 suele ser moderada (menos de 0,5, excepto para la salud física), especialmente para los PREM ( Figura 2.5 ). Es decir, si bien el gasto en salud se asocia con mejores puntuaciones en los indicadores PaRIS10, no garantiza mejores resultados ni experiencias para los pacientes, y es posible obtener resultados comparativamente buenos con niveles más bajos de gasto en salud.

      Figura 2.5. Gasto sanitario per cápita e indicadores PaRIS10, 2024 (o datos más recientes).Copiar enlace a la Figura 2.5. Gasto sanitario per cápita e indicadores PaRIS10, 2024 (o datos más recientes)

      2.3.4. Los países con mayor esperanza de vida no presentan resultados consistentemente mejores según lo informado por los pacientes.

      A diferencia del gasto en salud, no existe una relación clara entre la esperanza de vida y los indicadores PaRIS10. Esto refleja que, si bien las personas viven más tiempo, no siempre gozan de buena salud. La Figura 2.6 muestra, por ejemplo, que varios países conocidos por su alta esperanza de vida también reportan niveles relativamente bajos de salud física y mental, según lo informado por los pacientes. En términos generales, estas cifras no muestran una correlación clara entre la esperanza de vida a los 45 años y la salud física o mental. De hecho, un análisis posterior reveló que todas las correlaciones entre la esperanza de vida (a diferentes edades) y los resultados reportados por los pacientes eran débiles, y ninguna de ellas fue estadísticamente significativa.

      Estos resultados demuestran que la mera supervivencia es una métrica poco precisa para evaluar los resultados de salud. Esto coincide con investigaciones que han constatado que las tasas de supervivencia o mortalidad carecen de la precisión necesaria para informar a los responsables políticos sobre la eficacia de la atención sanitaria para las personas (Slawomirski, van den Berg y Karmakar-Hore, 2018[8]; Abahussin et al., 2019[9]) , y explica por qué las estadísticas oficiales también utilizan datos de morbilidad y mortalidad.

      Figura 2.6. Esperanza de vida a los 45 años y salud física y mental, 2024Copiar enlace a la Figura 2.6. Esperanza de vida a los 45 años y salud física y mental, 2024

      2.3.5. Las características del centro de práctica pueden tener un impacto en las experiencias de los pacientes.

      Una de las características clave del diseño de PaRIS es el potencial para vincular las experiencias de los pacientes con las características de la práctica de atención primaria. Los análisis de regresión exploratorios mostraron cómo algunas características de la práctica se asocian con una o más de las cinco medidas de experiencia reportadas por los pacientes en este capítulo ( Tabla 2.3 ). Entre estas características de la práctica, las siguientes fueron estadísticamente significativas:

      • Pacientes cuyos centros de atención primaria programaron consultas de más de 15 minutos. Esto es particularmente importante para pacientes con dos o más afecciones crónicas, para quienes disponer de suficiente tiempo programado con el profesional sanitario es fundamental para abordar múltiples problemas de salud y atención (véase el Capítulo 3 para un análisis más detallado).
      • Disponibilidad de consultas a distancia (incluye teléfono, video y otras opciones). Este aspecto se analiza con mayor detalle en el Capítulo 4, donde se demuestra que las videoconsultas u otras opciones a distancia se asocian significativamente con una atención más centrada en la persona que las consultas exclusivamente telefónicas.
      • Percepción sobre el grado de preparación del centro para coordinar la atención con otros servicios de salud y asistencia social para pacientes con una o varias afecciones crónicas, según lo informado por los centros de atención primaria.

      Estas características significativas se basan en el análisis de la muestra completa. Estos resultados no siempre se observan en los análisis a nivel de país debido a la limitada variación de ciertas características de las prácticas dentro de algunos países.

      Tabla 2.3. Características del nivel de práctica con un impacto significativo en el análisis de regresión.

      Copiar enlace a la Tabla 2.3. Características a nivel de práctica con un impacto significativo en el análisis de regresión.expandir

      Hora programada para la consulta(más de 15 minutos)Disponibilidad de consulta remotaConsultorio bien preparado para coordinar la atención
      Medidas de experiencia reportadas por el paciente (PREMs)
      Confianza para autogestionarse (% con experiencia favorable)
      Coordinación experimentada (puntuación en la escala de 0 a 15)+++
      Atención centrada en la persona (puntuación en la escala de 0 a 24)+
      Calidad experimentada (% de personas con experiencia favorable)+
      Confianza en los sistemas sanitarios (% de personas con experiencia favorable)+

      Nota: El signo + indica coeficientes positivos y significativos en el análisis de regresión multinivel, controlado por edad, género, educación, número de enfermedades crónicas, gasto sanitario per cápita y PIB per cápita.

      Fuente: Explorador de datos de la OCDE y base de datos PaRIS 2024 de la OCDE.

      2.3.6. Adaptar la atención al género, la edad y la situación socioeconómica de la persona.

      A pesar del impacto que los factores a nivel nacional pueden tener en los resultados y experiencias de los pacientes, son las características individuales de cada paciente las que explican la mayor parte de la variación en los resultados. Estos resultados resaltan la importancia de adaptar la atención médica al género, la edad y el estatus socioeconómico de cada persona ( Tabla 2.4 ). Quizás el resultado más llamativo sea la paradoja de género y salud: las mujeres tienden a vivir más que los hombres, pero reportan consistentemente peores resultados de salud. Las mujeres también reportan peores experiencias de atención médica que los hombres, excepto en el indicador de confianza en el autocuidado, donde los valores son casi idénticos. El Capítulo 5 describe con más detalle las disparidades de género y de otro tipo, y cómo podrían reducirse.

      Existen desigualdades aún mayores entre los grupos socioeconómicos. Parte de esto puede explicarse por el hecho de que las personas con menor nivel educativo tienen más probabilidades de padecer enfermedades crónicas: el 87 % de los usuarios de atención primaria mayores de 45 años, en comparación con el 78 % de los del grupo con mayor nivel educativo. Aun así, los datos de PaRIS muestran que, incluso después de ajustar por el número de enfermedades crónicas, los grupos socialmente desfavorecidos tienen peores resultados (que se analizan con más detalle en el Capítulo 5). Las personas con menor nivel educativo también suelen reportar peores experiencias en la atención médica, excepto en lo que respecta al indicador de Coordinación experimentada.

      Las diferencias por edad son menos evidentes. En cuanto a los resultados de los pacientes, si bien las personas de 75 años o más tienen menos probabilidades que las de 45 a 54 años de reportar un desempeño social y una salud general favorables, tienen más probabilidades de tener una visión positiva de su bienestar y reportar una buena salud mental. Las personas mayores también tienen más probabilidades de reportar experiencias positivas en el sistema de salud, excepto en lo que respecta a la confianza en su autocuidado.

      Tabla 2.4. Los indicadores PaRIS10: diferencias por género, edad y nivel educativo.

      Copiar enlace a la Tabla 2.4. Los indicadores PaRIS10: diferencias por género, edad y nivel educativo.expandir

      Funcionamiento social (% de personas con resultado favorable)84%86%8 6 %79%79%89%
      Bienestar (puntuación en escala de 0 a 100)59.964.258.561.758.564.6
      Salud general (% de personas con resultado favorable)69%72%7 6 %60%60%78%
      Medidas de experiencia reportadas por el paciente (PREMs)
      Confianza para autogestionarse (% con experiencia favorable)61%61%61%57%56%65%
      Coordinación experimentada (puntuación en la escala de 0 a 15)8.08.57.68.68.38.1
      Atención centrada en la persona (puntuación en la escala de 0 a 24)16.416.916.016.916.316.8
      Calidad experimentada (% de personas con experiencia favorable)86%88%83%89%86%88%
      Confianza en los sistemas sanitarios (% de personas con experiencia favorable)58%68%59%66%59%67%
      Porcentaje de encuestados con una o más afecciones crónicas.81%83%71%92%87%78%

      Nota: Valores para la muestra completa, promedio de OECD PaRIS, incluyendo personas sin enfermedades crónicas (excepto para los indicadores de coordinación experimentada y atención centrada en la persona, para los cuales no hay datos disponibles). Las celdas azules indican valores más altos con significación estadística (p<0,05). Consulte la Tabla 2.1 para ver las definiciones de las escalas y los puntos de corte utilizados para cada indicador.

      Fuente: Base de datos PaRIS 2024 de la OCDE.

      2.3.7. Las personas que viven con enfermedades crónicas tienen más probabilidades de tener peores resultados, pero tienen experiencias de atención médica similares.

      Los resultados también muestran el impacto de vivir con enfermedades crónicas en los resultados de los pacientes. Del total de usuarios de atención primaria que participaron en PaRIS, el 82 % vive con enfermedades crónicas. Además, el 52 % de los pacientes presenta múltiples enfermedades crónicas (dos o más). El manejo de estas afecciones es mucho más complejo y requiere más recursos que el tratamiento de una sola enfermedad, lo que ejerce presión sobre los sistemas de salud y los profesionales sanitarios para brindar una atención coordinada y de alta calidad.

      Las personas que viven con enfermedades crónicas generalmente reportan peores resultados que quienes no las padecen, como se observa en los cinco indicadores de resultados reportados por los pacientes (PROMs) en todos los países participantes. De manera similar, en los tres indicadores de resultados reportados por los pacientes (PREMs) que miden las experiencias de atención primaria, las personas con enfermedades crónicas tienen, en promedio, menos probabilidades de reportar experiencias positivas en comparación con quienes no las padecen.

      Sin embargo, las diferencias entre estos grupos suelen ser mínimas, sobre todo en aspectos como la calidad percibida y la confianza en el sistema sanitario. En algunos casos, las personas con enfermedades crónicas reportan experiencias ligeramente más positivas; por ejemplo, en cinco países participantes, tienden a confiar más en su sistema sanitario.

      Los capítulos 3 y 4 profundizan en estos hallazgos, destacando cómo una atención primaria bien diseñada puede mejorar tanto los resultados como las experiencias. Por ejemplo, un análisis más detallado de los datos de PaRIS muestra que las personas con múltiples enfermedades crónicas reportan una mejor coordinación de la atención cuando se someten a una revisión de medicamentos, donde comentan todos sus medicamentos con un profesional de la salud.

      Las figuras 2.7 y 2.8 destacan algunos hallazgos clave, y en la sección 2.3 se presentan resultados más detallados, indicador por indicador, que comparan a las personas con y sin enfermedades crónicas  . Los paneles complementarios del Anexo ofrecen un desglose completo de los resultados por país para las personas sin enfermedades crónicas, así como para todos los usuarios de atención primaria.

      Figura 2.7. La mayoría de los usuarios de atención primaria de 45 años o más viven con una o más enfermedades crónicas.Copiar enlace a la Figura 2.7. La mayoría de los usuarios de atención primaria de 45 años o más viven con una o más afecciones crónicas.
      Figura 2.8. Las personas con enfermedades crónicas reportan peores resultados de salud, pero experiencias de atención médica similares.Copiar enlace a la Figura 2.8. Las personas con enfermedades crónicas reportan peores resultados de salud, pero experiencias de atención médica similares.

      2.4. Análisis descriptivo indicador por indicador

      Copiar enlace a 2.4. Análisis descriptivo indicador por indicador

      2.4.1. Salud física

      Este indicador mide la salud física a partir de las respuestas de una persona a cuatro preguntas sobre función física, dolor y fatiga, utilizando la Escala Global PROMIS. Los gráficos muestran la puntuación de la escala para una persona promedio con características específicas. Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria. Esta puntuación es una métrica T, donde 42 es el punto de corte para considerar una salud física «buena» o mejor (en comparación con una salud «regular» o peor).

      En casi todos los países, una persona promedio con enfermedades crónicas percibió su salud física por encima del umbral de 42 (buena-regular) ( Figura 2.9 ). Estas puntuaciones promedio fueron más altas en Estados Unidos, Suiza, Canadá, Australia, los Países Bajos y Noruega, donde los valores fueron significativamente superiores al promedio de la encuesta PaRIS de la OCDE. Sin embargo, la puntuación promedio en todos los países estuvo por debajo del umbral de 50 (muy buena-buena), lo que probablemente refleja que la encuesta PaRIS solo incluye a personas que utilizan atención primaria y a un grupo de población de mayor edad, en comparación con la población general.

      A pesar de que la persona promedio con enfermedades crónicas suele gozar de buena salud física, en promedio, 3 de cada 10 personas con enfermedades crónicas calificaron su salud física desfavorablemente (por debajo del umbral de 42, considerado bueno-regular) en los países de la OCDE. Esta cifra asciende a 4 de cada 10 personas en Portugal, España y Gales, y a casi 5 de cada 10 en Rumanía. Consulte el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para obtener más detalles.

      En cambio, para la persona promedio sin enfermedades crónicas, su puntuación de salud física superó el umbral de muy buena a buena en 13 de los 19 países. En todos los países, la puntuación promedio en la escala para las personas con enfermedades crónicas fue significativamente menor que para aquellas sin enfermedades crónicas (p<0,05).

      Las personas con un bajo nivel educativo reportaron una salud física mucho peor, lo que refleja en parte la mayor prevalencia de enfermedades crónicas en este grupo. Las mujeres también presentaban peor salud física que los hombres. Las personas de entre 45 y 54 años reportaron una mejor salud física que las mayores de 75 años (véase la Sección  2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado).

      Dentro de cada país, generalmente hay poca variación en la salud física de los pacientes entre los centros de atención primaria, en comparación con otros indicadores de PaRIS10 ( Figura 2.3 ). Sin embargo, las diferencias en los resultados de salud física entre los centros de atención primaria ascendieron a unos 10 puntos (equivalente a una desviación estándar) en Australia, Bélgica, República Checa, Noruega, Arabia Saudita y Gales ( Figura 2.10 ).

      Figura 2.9. Salud física: personas con y sin enfermedades crónicas.Copiar enlace a la Figura 2.9. Salud física: personas con y sin enfermedades crónicas.
      Figura 2.10. Salud física: variación en los resultados entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.10. Salud física: variación en los resultados entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).

      2.4.2. Salud mental

      Este indicador mide la salud mental a partir de las respuestas de una persona a cuatro preguntas sobre calidad de vida, malestar emocional y salud social, utilizando la Escala Global PROMIS. Los gráficos muestran la puntuación de la escala para una persona promedio con características específicas. Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria. Esta puntuación es una métrica T, donde 40 es el punto de corte para considerar una salud mental «buena» o mejor (en comparación con una salud «regular» o peor).

      En todos los países, una persona promedio que vive con enfermedades crónicas percibió que su salud mental estaba por encima del umbral de 40 para considerarse buena o regular ( Figura 2.11 ). Estas puntuaciones promedio fueron más altas en Arabia Saudita, Estados Unidos, Suiza y Canadá, donde los valores fueron significativamente superiores al promedio de la OCDE PaRIS y también superaron el umbral de 48 para considerarse muy buena o buena.

      A pesar de que la mayoría de las personas con enfermedades crónicas suelen tener una buena salud mental, aproximadamente 2 de cada 10 personas que viven con enfermedades crónicas calificaron su salud mental desfavorablemente (por debajo del umbral de 40, que considera bueno o regular), en promedio en los países de la OCDE; consulte el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para obtener más detalles.

      En la mayoría de los países, la puntuación media de salud mental para las personas sin enfermedades crónicas superó el umbral de muy buena-buena (16 de 19). En todos los países, la puntuación media en la escala para las personas con enfermedades crónicas fue significativamente menor que para las personas sin enfermedades crónicas (p<0,05).

      Las personas con un bajo nivel educativo reportaron una salud mental mucho peor, lo que refleja en parte su mayor prevalencia de enfermedades crónicas. Las mujeres también presentaban, en promedio, una peor salud mental que los hombres. Las diferencias por grupo de edad fueron mínimas, con una puntuación promedio en la escala similar para las personas mayores de 75 años y para las de entre 45 y 54 años (véase la Sección  2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado).

      Dentro de cada país, generalmente hay poca variación en la salud mental de los pacientes entre los distintos centros de atención médica, en comparación con otros indicadores de PaRIS10 ( Figura 2.3 ). Las mayores diferencias en los resultados de salud mental entre los centros fueron de aproximadamente 7 puntos, en Australia, Noruega y Gales ( Figura 2.12 ).

      Figura 2.11. Salud mental: personas con y sin enfermedades crónicas.Copiar enlace a la Figura 2.11. Salud mental: personas con y sin enfermedades crónicas.
      Figura 2.12. Salud mental: variación en los resultados entre las distintas prácticas de atención médica (para personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.12. Salud mental: variación en los resultados entre las distintas prácticas de atención médica (para personas con enfermedades crónicas).

      2.4.3. Funcionamiento social

      El indicador de funcionamiento social mide la capacidad de las personas para realizar sus actividades y roles sociales habituales, utilizando un único ítem de la Escala Global PROMIS. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportan resultados positivos (buenos, muy buenos o excelentes, en comparación con regulares o malos). Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria.

      En promedio, en los países de la OCDE, el 83 % de las personas con enfermedades crónicas reportaron resultados positivos en su funcionamiento social, con un rango entre países del 73 % al 93 % ( Figura 2.13 ). Arabia Saudita (93 %), Francia (91 %), Suiza y Estados Unidos (90 %) presentaron el mayor porcentaje de personas con enfermedades crónicas que reportaron resultados positivos.

      En el caso de las personas sin enfermedades crónicas, el 94 % reportó resultados positivos, y al menos 9 de cada 10 valoraron positivamente su funcionamiento social en casi todos los países (17 de 19). En todos los países, este porcentaje de personas que reportaron resultados favorables fue significativamente mayor que el de quienes viven con enfermedades crónicas. Las diferencias entre las personas con y sin enfermedades crónicas fueron, en general, más marcadas en Gales, Portugal, Rumania, Italia y España, países donde relativamente pocas personas con enfermedades crónicas reportaron resultados favorables.

      Las personas con un bajo nivel educativo tienen menos probabilidades de reportar resultados positivos (79%, en comparación con el 89% de quienes tienen un alto nivel educativo). La edad también influye, ya que las personas de 75 años o más tienen menos probabilidades de reportar resultados positivos. En ambos casos, las diferencias reflejan en gran medida la mayor prevalencia de enfermedades crónicas entre las personas mayores y aquellas con un menor nivel educativo. Las diferencias por género fueron mucho menos significativas. Estos resultados ponen de manifiesto la necesidad de políticas que aborden los principales factores de riesgo para la salud y fomenten un envejecimiento saludable, así como la importancia de los determinantes sociales de la salud. Consulte la Sección  2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.

      Dentro de cada país, puede haber una gran variación en el funcionamiento social de los pacientes entre los centros de atención primaria, sobre todo en países con valores generales relativamente bajos ( Figura 2.14 ). Esto es especialmente notable en Gales y Portugal. Algunos centros de atención primaria de estos países obtuvieron resultados mucho mejores que la media del programa PaRIS de la OCDE, a pesar de que las medias nacionales eran las más bajas entre los países participantes. Esta variación puede reflejar desigualdades en salud derivadas de factores socioeconómicos, pero también puede deberse a diferencias en el acceso y la calidad de los servicios de atención social asociados en las proximidades de los centros de atención primaria, por lo que se necesita un análisis más profundo para comprender las causas.

      Figura 2.13. Funcionamiento social: personas con y sin enfermedades crónicas que informan resultados positivos.Copiar enlace a la Figura 2.13. Funcionamiento social: personas con y sin enfermedades crónicas que informan resultados positivos.
      Figura 2.14. Funcionamiento social: variación en los resultados entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.14. Funcionamiento social: variación en los resultados entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).

      2.4.4. Bienestar

      El indicador de bienestar mide el grado de satisfacción personal, vitalidad y bienestar de una persona, según sus respuestas a cinco preguntas que componen el índice de bienestar WHO-5. Los gráficos muestran la puntuación obtenida por una persona promedio con características específicas. Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria.

      Esta puntuación se basa en una escala bruta de 0 a 25 que se ha convertido a una escala de 0 a 100, donde 50 es un punto de corte comúnmente utilizado para una persona con un bienestar mental deficiente.

      En todos los países, la puntuación media de las personas con enfermedades crónicas superó el umbral de deterioro del bienestar mental, según su propia percepción ( Figura 2.15 ). Las puntuaciones medias más altas se registraron en los Países Bajos, Suiza, Estados Unidos, Islandia y Noruega, cuyos valores fueron significativamente superiores a la media del PaRIS de la OCDE.

      Sin embargo, solo en estos y otros cuatro países (Canadá, Eslovenia, Luxemburgo y República Checa) la persona promedio que vive con enfermedades crónicas se sentía positiva respecto a su bienestar más de la mitad del tiempo (una puntuación de 60 o superior). Además, alrededor de 3 de cada 10 personas que viven con enfermedades crónicas informaron tener un bienestar mental deficiente (por debajo del umbral de 50), cifra que aumenta a aproximadamente 4 de cada 10 personas en Gales, Portugal e Italia; consulte el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para obtener más detalles.

      En cambio, la mayoría de las personas sin enfermedades crónicas se sentían bien con su bienestar más de la mitad del tiempo (una puntuación de 60 o más), y su puntuación media en la escala era significativamente superior a la de las personas con enfermedades crónicas (p<0,05), en todos los países.

      Las personas con un bajo nivel educativo reportaron peores puntuaciones de bienestar, lo que refleja en parte su mayor prevalencia de enfermedades crónicas. Las mujeres también reportaron un bienestar promedio menor que los hombres. Las personas mayores de 75 años reportaron un mayor bienestar que las de entre 45 y 54 años. Estos hallazgos, según las características de los pacientes —excepto por las diferencias entre los grupos de edad—, son consistentes con los del indicador de salud mental (véase la Sección  2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado).

      Dentro de cada país, la variación en las puntuaciones de bienestar de los pacientes entre los centros de atención primaria es limitada en comparación con otros indicadores ( Figura 2.3 ). Sin embargo, las diferencias en los resultados entre los centros ascendieron a unos 20 puntos en España y Gales, y a más de 15 puntos en Australia, Bélgica, Francia, Noruega, Portugal y Arabia Saudí ( Figura 2.16 ).

      Figura 2.15. Bienestar: personas con y sin enfermedades crónicas.Copiar enlace a la Figura 2.15. Bienestar: personas con y sin enfermedades crónicas.
      Figura 2.16. Bienestar: variación en los resultados entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.16. Bienestar: variación en los resultados entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).

      2.4.5. Salud general

      Este indicador de salud general proporciona una medida global del estado de salud de una persona, utilizando un único ítem de la Escala Global PROMIS. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportan resultados positivos (buenos, muy buenos o excelentes, en comparación con regulares o malos). Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria.

      En promedio, en los países de la OCDE, el 66 % de las personas con enfermedades crónicas calificaron positivamente su salud general, aunque con una amplia variación entre países, que osciló entre el 39 % y el 93 % ( Figura 2.17 ). Arabia Saudita presentó el mayor porcentaje de personas con enfermedades crónicas que reportaron resultados positivos (93 %), mientras que Canadá y Estados Unidos también registraron más del 80 % de estos encuestados que reportaron resultados positivos.

      Entre las personas sin enfermedades crónicas, el 91 % reportó resultados positivos. En la mayoría de los países (14 de 19), 9 de cada 10 personas sin enfermedades crónicas calificaron su salud general favorablemente. En todos los países, este porcentaje de personas que reportaron resultados favorables fue significativamente mayor que el de quienes viven con enfermedades crónicas. Las diferencias entre las personas con y sin enfermedades crónicas fueron, en general, más marcadas en los países donde relativamente pocas personas con enfermedades crónicas reportaron resultados favorables.

      Las personas con un bajo nivel educativo tienen menos probabilidades de reportar resultados positivos (60%, en comparación con el 78% de quienes tienen un alto nivel educativo). La edad también influye, ya que las personas de 75 años o más tienen menos probabilidades de reportar resultados positivos (60% de los encuestados, en comparación con el 76% de quienes tienen entre 45 y 54 años). En ambos casos, las diferencias reflejan en gran medida la mayor prevalencia de enfermedades crónicas entre las personas mayores y aquellas con un menor nivel educativo. Las diferencias por género fueron mucho menos marcadas. Estos resultados señalan la necesidad de políticas que aborden los principales factores de riesgo para la salud y fomenten un envejecimiento saludable, así como la importancia de los determinantes sociales de la salud. Consulte la Sección  2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.

      Dentro de cada país, puede haber una gran variación en la salud general de los pacientes entre los centros de atención primaria ( Figura 2.18 ). Por ejemplo, si bien los promedios nacionales de salud general en España y Gales fueron notablemente inferiores al promedio de la OCDE PaRIS, algunos centros de atención primaria en estos países obtuvieron resultados superiores a dicho promedio. Las diferencias dentro de cada país superaron los 50 puntos porcentuales en Portugal y España, y alcanzaron los 30 puntos porcentuales o más en todos los países encuestados, excepto en Australia, Canadá, Italia, Rumania y Arabia Saudita.

      Figura 2.17. Salud general: personas con y sin enfermedades crónicas que informan resultados positivos.Copiar enlace a la Figura 2.17. Salud general: personas con y sin enfermedades crónicas que informan resultados positivos.
      Figura 2.18. Salud general: variaciones en los resultados entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.18. Salud general: variaciones en los resultados entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).

      2.4.6. Confianza para autogestionarse

      El indicador «Confianza en la autogestión» mide el grado de seguridad de los encuestados en el manejo de su propia salud y bienestar, basándose en una pregunta del instrumento de datos P3CEQ. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportan experiencias positivas (confiados o muy confiados, en contraposición a algo confiados o nada confiados). Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como la presencia de enfermedades crónicas y su centro de atención primaria.

      En promedio, en los países de la OCDE, solo el 59 % de las personas con enfermedades crónicas manifestaron tener confianza en su capacidad de autogestión ( Figura 2.19 ), con una amplia variación entre países que osciló entre el 24 % y el 92 %. Francia (92 %) presentó el mayor porcentaje de personas con confianza en su capacidad de autogestión para quienes padecen enfermedades crónicas, seguida de los Países Bajos (78 %), Estados Unidos (74 %) y Arabia Saudita (73 %).

      Entre las personas sin enfermedades crónicas, el 70 % manifestó tener confianza en su capacidad para autogestionar su salud. Sin embargo, las diferencias dentro de cada país solo fueron estadísticamente significativas en 8 de los 19 países (Francia, Países Bajos, República Checa, Australia, Canadá, Gales, Noruega y Rumanía).

      Las personas con un nivel educativo bajo tienen menos probabilidades de sentirse seguras para autogestionar su salud (56%, en comparación con el 65% de quienes tienen un nivel educativo alto). Las diferencias por edad fueron ligeramente menos marcadas: las personas de 75 años o más tenían menos probabilidades de manifestar confianza en su autogestión (57% de los encuestados, en comparación con el 61% de quienes tenían entre 45 y 54 años). En ambos casos, las diferencias podrían reflejar, en parte, la mayor prevalencia de enfermedades crónicas entre las personas mayores y aquellas con un nivel educativo más bajo. No se observaron diferencias significativas por género. Consulte la Sección  2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.

      Dentro de cada país, la confianza en la autogestión varía notablemente entre los centros de atención primaria ( Figura 2.20 ), especialmente en Australia, Canadá, Noruega y Gales, con diferencias superiores a 25 puntos porcentuales. Esta variación podría reflejar diferencias en la proporción de personas con enfermedades crónicas que atiende cada centro de atención primaria, así como diferencias en la calidad y el acceso a la atención primaria entre ellos. Un análisis más profundo de este indicador revela que la participación de los pacientes en las decisiones sobre su atención es fundamental para aumentar la confianza en su capacidad para gestionar su propia salud. Consulte el Capítulo 4 para un análisis más detallado de este tema.

      Figura 2.19. Confianza para el autocuidado: personas con y sin enfermedades crónicas que informan experiencias positivas.Copiar enlace a la Figura 2.19. Confianza para el autocuidado: personas con y sin enfermedades crónicas que informan experiencias positivas.
      Figura 2.20. Confianza en el autocuidado: variación en las experiencias entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.20. Confianza para el autocuidado: variación en las experiencias entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).

      2.4.7. Coordinación experimentada

      El indicador de coordinación experimentada se basa en el instrumento de datos P3CEQ. La escala incluye cinco preguntas para medir el grado en que una persona experimenta una experiencia fluida y continua a través de diferentes prácticas y entornos de atención médica. Los gráficos a continuación muestran la puntuación promedio de la escala para personas con enfermedades crónicas en cada país y, dentro de cada país, según su centro de atención primaria. Esta puntuación se basa en una escala que va de 0 a 15. Se muestran dos puntos de corte: un valor de 7,5, equivalente a una puntuación promedio del 50 % o más en las cinco preguntas; y un punto de corte superior de 10, equivalente a una puntuación promedio del 66,6 %. No se dispone de datos para personas sin enfermedades crónicas.

      En 6 de los 19 países, la puntuación media de las personas con enfermedades crónicas fue inferior al valor de corte de 7,5, lo que equivale a que obtuvieron menos del 50 % en las cinco preguntas ( Figura 2.21 ). Además, solo en Suiza y Rumanía esta puntuación media fue superior a 10 (equivalente a una puntuación media del 66,6 %). De hecho, una parte considerable de los encuestados no confiaba en haber experimentado una buena coordinación: en promedio, en los países de la OCDE, alrededor de 4 de cada 10 personas con enfermedades crónicas obtuvieron una puntuación inferior al valor de corte de 7,5 (menos del 50 %) – véase el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para más detalles.

      Las personas con un nivel educativo bajo reportaron, en promedio, experiencias ligeramente mejores con la coordinación, en comparación con aquellas con un nivel educativo alto. Esto contrasta con todos los demás indicadores de PaRIS10, donde las personas con un nivel educativo más alto tenían mayor probabilidad de reportar un resultado positivo. Esto podría reflejar que los sistemas de salud gestionan con éxito la coordinación para las personas con un nivel educativo bajo, aunque también podría deberse a las mayores expectativas de quienes tienen un nivel educativo más alto. Las diferencias por edad y género fueron más marcadas, con las personas mayores y los hombres obteniendo puntuaciones promedio más altas. Consulte la Sección  2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.

      En varios países, existe una amplia variación en la coordinación de la atención entre pacientes, especialmente en Portugal, Arabia Saudita, Suiza y Gales ( Figura 2.22 ). Esta variación apunta a posibles diferencias en la calidad y el acceso a la atención médica en los centros de atención primaria, así como en la atención relacionada en otros entornos sanitarios. Un análisis más profundo de este indicador revela que un mayor uso de la planificación de la atención y la realización de revisiones periódicas de la medicación ofrecen una importante oportunidad para mejorar la coordinación de la atención. Consulte los capítulos 3 y 4 para un análisis más detallado de este tema.

      Figura 2.21. Coordinación experimentada: personas con enfermedades crónicas.Copiar enlace a la Figura 2.21. Coordinación experimentada: personas con enfermedades crónicas.
      Figura 2.22. Coordinación basada en la experiencia: variación en las experiencias entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.22. Coordinación basada en la experiencia: variación en las experiencias entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).

      2.4.8. Atención centrada en la persona

      El indicador de atención centrada en la persona se basa en el instrumento de datos P3CEQ. La escala incluye ocho preguntas para medir el grado en que las necesidades de salud de una persona se gestionan de forma integral, asegurando que sus preferencias y necesidades sean fundamentales en la atención recibida. Los gráficos a continuación muestran la puntuación media de la escala para las personas con enfermedades crónicas en cada país y, dentro de cada país, según su centro de atención primaria. Esta puntuación se basa en una escala de 0 a 24. Se muestran dos puntos de corte: un valor de 12, equivalente a una puntuación media del 50 % o superior en las ocho preguntas; y un punto de corte superior de 16, equivalente a una puntuación media del 66,6 %. No se dispone de datos para personas sin enfermedades crónicas.

      En todos los países, las personas con enfermedades crónicas obtuvieron una puntuación media superior al valor de corte de 12, lo que equivale a obtener al menos un 50 % de aciertos en las ocho preguntas ( Figura 2.23 ). En la mayoría de los países (13 de 19), esta puntuación media también superó el valor de corte superior de 16 (equivalente a una respuesta positiva media en las ocho preguntas). Las puntuaciones más altas se registraron en Suiza, Estados Unidos y Australia.

      En la mayoría de los países, aproximadamente 1 de cada 10 personas con enfermedades crónicas no consideraba haber recibido una atención centrada en la persona (por debajo del umbral de 12, o el 50%). Sin embargo, este porcentaje asciende a casi 4 de cada 10 personas en Gales; consulte el panel de control de PaRIS10 ( Tabla 2.2 ) para obtener más detalles.

      Las personas con un nivel educativo bajo obtienen, en promedio, una puntuación de experiencia ligeramente inferior a la de aquellas con un nivel educativo alto. Se observó una diferencia similar según el género, con los hombres obteniendo, en promedio, una puntuación de experiencia más alta, y según los grupos de edad, con las personas de 75 años o más reportando, en promedio, una puntuación de experiencia más alta. Consulte la Sección  2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.

      Dentro de cada país, puede haber una gran variación en las experiencias de los pacientes con la atención centrada en la persona entre los distintos centros de atención primaria, observándose las mayores diferencias en Portugal y Gales ( Figura 2.24 ). Esta variación apunta a posibles diferencias en la calidad de la atención sanitaria en los centros de atención primaria y, potencialmente, también en la atención relacionada en otros entornos sanitarios. Un análisis más profundo de este indicador subraya la importancia de la continuidad de la información y, en particular, la necesidad de repetirla. Véanse los capítulos 4 y 6 para un análisis más detallado de este tema.

      Figura 2.23. Atención centrada en la persona: personas con enfermedades crónicas.Copiar enlace a la Figura 2.23. Atención centrada en la persona: personas con enfermedades crónicas.
      Figura 2.24. Enfoque centrado en la persona: variación en las experiencias entre los centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.24. Enfoque centrado en la persona: variación en las experiencias en los centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).

      2.4.9. Calidad experimentada

      El indicador de calidad percibida ofrece una medida general de cómo una persona valora la atención recibida en los últimos 12 meses, basándose en una pregunta adaptada de la Encuesta Internacional de Políticas de Salud del Commonwealth Fund. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportaron experiencias positivas (buenas, muy buenas o excelentes, en contraposición a regulares, malas o indecisos). Estos resultados se desglosan aún más según características específicas, como si los encuestados padecen enfermedades crónicas, y según su centro de atención primaria.

      En promedio, en los países de la OCDE, el 87 % de las personas que viven con enfermedades crónicas reportaron experiencias positivas, pero con una amplia variación entre países, del 69 % al 97 % ( Figura 2.25 ). Suiza (97 %), la República Checa (96 %) y Bélgica (95 %) registraron el mayor porcentaje de personas que reportaron experiencias positivas en relación con las enfermedades crónicas.

      Los resultados fueron muy similares para las personas sin enfermedades crónicas (un promedio del 89 % informó experiencias positivas), sin diferencias estadísticas entre las personas con y sin enfermedades crónicas en todos los países.

      Las personas con un nivel educativo bajo tienen una probabilidad ligeramente menor de reportar experiencias positivas (86%, en comparación con el 88% de quienes tienen un nivel educativo alto). Las diferencias por edad fueron más marcadas: las personas de 75 años o más tenían mayor probabilidad de reportar experiencias positivas (89% de los encuestados, en comparación con el 83% de quienes tenían entre 45 y 54 años). Las mujeres tenían una probabilidad ligeramente menor que los hombres de reportar experiencias positivas. Consulte la Sección  2.3 y el Capítulo 5 para un análisis más detallado.

      Dentro de cada país, suele haber una gran variación en las experiencias de los pacientes entre los centros de atención primaria ( Figura 2.26 ). De hecho, este es el indicador PaRIS10 donde la variación a nivel de centro es más prominente ( Figura 2.3 ). Las diferencias dentro de cada país entre centros son particularmente notables en Gales y Portugal, con un rango de más de 50 puntos porcentuales entre las estimaciones de los centros. La variación dentro de cada país entre centros también fue relativamente alta en Grecia, España e Islandia, con un rango de más de 30 puntos porcentuales. En todos estos países, los pacientes que utilizaron sus centros con mejor desempeño tuvieron experiencias similares a las de algunos de los países con los valores más altos en general.

      Esta variación podría indicar diferencias en la calidad de la atención médica entre los centros de atención primaria, si bien se justifica una investigación más profunda para comprender las posibles causas. De hecho, un análisis exhaustivo de los factores que influyen en la calidad de los sistemas de atención médica ofrece información valiosa, como el tiempo dedicado a la consulta y la duración de la relación con el profesional sanitario (véase el capítulo 3); así como la forma en que los centros gestionan e invierten en su relación con los pacientes y cómo les ayudan a desenvolverse en el sistema (véase el capítulo 4).

      Figura 2.25. Calidad percibida: personas con y sin enfermedades crónicas que informan experiencias positivas.Copiar enlace a la Figura 2.25. Calidad experimentada: personas con y sin enfermedades crónicas que informan experiencias positivas.
      Figura 2.26. Calidad percibida: variación en las experiencias entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.26. Calidad percibida: variación en las experiencias entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).

      2.4.10. Confianza en el sistema de salud

      El indicador de confianza en el sistema de salud mide el grado de confianza que una persona deposita en su sistema de salud en general, basándose en una pregunta que adopta las directrices de la OCDE para la medición de la confianza. Los gráficos a continuación muestran el porcentaje de encuestados que reportan experiencias positivas (de acuerdo o muy de acuerdo en que se puede confiar en el sistema de salud, en comparación con quienes no están de acuerdo ni en desacuerdo, están en desacuerdo o muy en desacuerdo) con características específicas. Estos resultados se desglosan aún más por características específicas, como si los encuestados padecen enfermedades crónicas y por su centro de atención primaria.

      En promedio, en los países de la OCDE, el 62 % de los encuestados con enfermedades crónicas afirma confiar en su sistema de salud, aunque con una amplia variación entre países, del 36 % al 89 % ( Figura 2.27 ). España 1 (89 %) presentó la mayor proporción de personas con enfermedades crónicas que confiaban en su sistema de salud, seguida de Arabia Saudita (74 %) y Noruega (73 %). Los resultados fueron muy similares para las personas sin enfermedades crónicas (un promedio del 64 % confiaba en su sistema de salud), sin diferencias estadísticamente significativas entre las personas con y sin enfermedades crónicas en todos los países. Dado que PaRIS solo incluye a las personas que utilizan la atención primaria, es posible que no incluya a aquellas con los niveles más bajos de confianza que se abstienen de utilizar los servicios de salud.

      Las personas con un bajo nivel educativo son menos propensas a confiar en su sistema de salud (59%, en comparación con el 67% de quienes tienen un alto nivel educativo). Las diferencias por edad fueron similares: las personas de 75 años o más fueron más propensas a reportar experiencias positivas (66% de los encuestados, en comparación con el 59% de quienes tenían entre 45 y 54 años). Las disparidades de género fueron significativas: las mujeres fueron mucho menos propensas que los hombres a reportar experiencias positivas (58% frente al 68%). Esto pone de manifiesto la necesidad de hacer mayor hincapié en políticas que garanticen que las mujeres se sientan seguras y respetadas en los entornos sanitarios.

      En los distintos centros sanitarios de cada país, la confianza en el sistema sanitario suele variar considerablemente ( Figura 2.28 ), con un rango de entre 10 y 20 puntos porcentuales en las estimaciones de la mayoría de los países, y alrededor de 30 puntos porcentuales en Portugal y Gales. Un análisis más profundo de la confianza revela que esta refleja fielmente las experiencias personales, como si una persona ha sufrido eventos adversos, una mala coordinación de la atención o tiempos de espera problemáticos. Véase el Capítulo 6 para un análisis más detallado.

      Figura 2.27. Confianza en el sistema de salud: personas con y sin enfermedades crónicas que reportan experiencias positivas.Copiar enlace a la Figura 2.27. Confianza en el sistema de salud: personas con y sin enfermedades crónicas que informan experiencias positivas.
      Figura 2.28. Confianza en el sistema de salud: variación en las experiencias entre los centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).Copiar enlace a la Figura 2.28. Confianza en el sistema de salud: variación en las experiencias entre centros de atención primaria (personas con enfermedades crónicas).

      Lo que nos dicen los datos de PaRIS sobre las personas que viven con múltiples enfermedades crónicas.

      • Si bien las políticas de salud, la investigación, la formación profesional y las guías clínicas se han centrado tradicionalmente en enfermedades individuales, los resultados de PaRIS destacan que la multimorbilidad —personas que viven con dos o más afecciones crónicas— representa un desafío enorme para la atención médica, especialmente en la atención primaria. A medida que las personas viven más tiempo, es probable que cada vez más vivan con (múltiples) afecciones crónicas. Más de la mitad (54 %) de los adultos en PaRIS viven con al menos dos afecciones crónicas, y aproximadamente tres de cada diez (29 %) con tres o más. La multimorbilidad es ahora la norma, no la excepción, y se ha convertido en la principal labor de muchos profesionales de atención primaria. El manejo de estas afecciones es mucho más complejo y requiere más recursos que el tratamiento de una sola enfermedad, lo que ejerce presión sobre los sistemas de salud y los profesionales sanitarios para brindar una atención de alta calidad, coordinada y centrada en la persona. Estos hallazgos resaltan la necesidad de un cambio de enfoques específicos para cada enfermedad a una atención más centrada en la persona.
      • Vivir con múltiples enfermedades crónicas suele implicar tomar numerosos medicamentos, lo que genera importantes desafíos y riesgos para los pacientes. Cuantas más enfermedades padezca una persona, más complejo y arriesgado será su régimen farmacológico. Esto aumenta la probabilidad de incidentes relacionados con la seguridad de los medicamentos y dificulta el autocontrol. Entre las personas con múltiples enfermedades crónicas en PaRIS, más del 65 % toma al menos tres medicamentos diferentes de forma regular o continua, y más del 30 % toma cuatro o más. Estos hallazgos ponen de manifiesto la necesidad urgente de una atención más segura y coordinada para las personas que manejan múltiples enfermedades, así como de una mejor colaboración entre pacientes y profesionales sanitarios como médicos de familia, farmacéuticos, enfermeros y otros especialistas.
      • Las personas que viven con múltiples enfermedades crónicas tienen una menor calidad de vida . Los datos de PaRIS muestran que, en todos los países, las personas con dos enfermedades crónicas reportan peor salud física y mental, y un menor porcentaje reporta un buen funcionamiento social en comparación con las personas con una sola enfermedad crónica. Las personas con tres o más enfermedades crónicas tienen una salud aún peor y un menor porcentaje reporta una buena vida social. Si bien existen grandes diferencias en la forma en que las personas reportan su vida social en relación con el número de enfermedades crónicas, estas diferencias no se observan en la salud física y mental.
      • La salud mental es un factor crítico en el manejo de múltiples enfermedades crónicas, y su impacto en la vida social de las personas requiere mayor atención. Quienes padecen tanto una enfermedad mental como otra enfermedad crónica reportan peor salud física. Este patrón se observa en distintos países. Sin embargo, las personas con múltiples enfermedades crónicas tienen más probabilidades de reportar un buen funcionamiento social si no padecen una enfermedad mental, en comparación con quienes sí la padecen. Esta diferencia subraya la importancia de integrar la atención de la salud mental y el apoyo social en el manejo de enfermedades crónicas en la atención primaria. Al abordar la salud física y mental de forma conjunta y coordinar la atención social, los sistemas de salud pueden gestionar a los pacientes con múltiples enfermedades crónicas de manera más eficaz y mejorar los resultados generales.
      • Una atención primaria bien diseñada tiene el potencial de mejorar la salud y la calidad de vida de las personas con múltiples enfermedades crónicas. La atención primaria desempeña un papel crucial en la gestión de la atención de las personas con enfermedades crónicas, lo que la convierte en un entorno natural para implementar estrategias e intervenciones que mejoren la coordinación de la atención, como las revisiones de la medicación y el apoyo al autocuidado. Los resultados de PaRIS muestran que las personas con múltiples enfermedades crónicas experimentan una mejor coordinación de la atención cuando han tenido una revisión de la medicación, lo que significa que han hablado con un profesional de la salud sobre todos los medicamentos que toman. Esta relación es aún más prominente entre las personas con tres o más enfermedades crónicas. Alrededor del 70 % de las personas con múltiples enfermedades crónicas informan que tuvieron una revisión de la medicación durante el último año. Esto varía ampliamente entre países, desde más del 85 % en Suiza, Estados Unidos y República Checa hasta menos del 50 % en Islandia y Eslovenia.
      • Las personas con múltiples enfermedades crónicas suelen tener necesidades más complejas que pueden no ser atendidas completamente en sistemas de salud diseñados para enfermedades individuales, donde las limitaciones de tiempo y los modelos de atención fragmentados pueden limitar la capacidad de brindar una atención integral y centrada en la persona . Los resultados de PaRIS destacan que programar más de 15 minutos para consultas regulares o de seguimiento con profesionales de atención primaria y tener una relación de más de cinco años con el mismo proveedor de atención mejoró significativamente las probabilidades de experimentar una mejor calidad de atención, en un 21 % y un 30 %, respectivamente. Estos resultados subrayan la importancia de brindar a las personas con multimorbilidad el tiempo suficiente para abordar sus inquietudes y garantizar una atención integral.

      Los silos de información y las aduanas del conocimiento en los hospitales

      Origen de conductas distópicas y no funcionales que afectan la calidad de atención, la medicina basada en el valor, la seguridad del paciente y el acceso oportuno al tratamiento

      Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor titular Universidad ISALUD. Gerente Médico Sanatorio Sagrado Corazón. Hospital Universitario. Dr. Tobías Franzetti. Residente de Gestión del Sanatorio Sagrado Corazón. Hospital Universitario.

      Resumen ejecutivo

      Los hospitales son organizaciones intensivas en conocimiento, en las que el valor para el paciente depende tanto de la competencia técnica de los profesionales como de la capacidad institucional para hacer circular la información en el momento y el lugar en que se la necesita. Este trabajo describe dos fenómenos organizacionales que erosionan esa circulación: los silos de información, entendidos como depósitos de conocimiento que no fluyen hacia quienes deben decidir con él, y las aduanas del conocimiento, entendidas como barreras discrecionales que ciertos sectores erigen para controlar el acceso del paciente y de su información.

      Ambos fenómenos no son anecdóticos ni atribuibles exclusivamente a la voluntad individual de quienes los sostienen: son subproductos previsibles de estructuras matriciales, de sistemas de incentivos mal alineados y de una gobernanza de la información débil. Su persistencia tiene consecuencias medibles sobre la calidad asistencial, sobre la posibilidad de construir una medicina basada en el valor, sobre la seguridad del paciente y sobre la oportunidad con la que se accede a un tratamiento adecuado. El documento cierra con un conjunto de herramientas de gestión —controles de oposición, niveles de autorización, límites operativos e indicadores— orientadas a transformar estas conductas informales en procesos observables y gestionables.

      El hospital como empresa del conocimiento

      Los hospitales son organizaciones basadas en el conocimiento. Intercambian con los pacientes bienes de confianza mediante contratos incompletos, en los que intervienen profesionales con competencias definidas por su especialidad, formación y experiencia. A diferencia de un bien de consumo estandarizado, el paciente no puede verificar de antemano ni la calidad ni el contenido exacto de lo que va a recibir, y en muchos casos tampoco puede evaluarlo con precisión una vez recibido. Esa asimetría de información es la razón de ser de la regulación profesional, de la certificación y de la confianza depositada en la institución.

      Para brindar estos servicios, los profesionales requieren información, logística, cuidados, espacios adecuados y elementos de apoyo a lo largo de un recorrido matricial dentro del hospital. Ese recorrido matricial —el paciente atraviesa simultáneamente varias líneas de servicio— es la fuente estructural de la complejidad hospitalaria, y también la razón por la que la coordinación entre áreas es una función crítica de gestión y no un aspecto secundario de la operación diaria.

      En este sentido, el hospital puede entenderse como cuatro empresas integradas en una sola:

      • Empresa de gestión clínica: administra los recursos de diagnóstico y tratamiento, y concentra la responsabilidad medicolegal sobre las decisiones asistenciales.
      • Empresa de producción industrial: procesa información y logística para los pacientes desde los servicios de apoyo (laboratorio, imágenes, farmacia, esterilización, alimentación), con lógicas de escala y estandarización propias de una planta productiva.
      • Empresa hotelera: permite la permanencia del paciente dentro del hospital en condiciones de confort, seguridad y hotelería adecuadas mientras dura su proceso asistencial.
      • Empresa de enseñanza e investigación: renueva la materia prima del conocimiento, forma a las nuevas generaciones de profesionales y sostiene la actualización de las prácticas.

      Cada una de estas cuatro empresas tiene su propia cultura, sus propios indicadores de desempeño y, con frecuencia, su propio sistema de información. La falta de integración entre ellas —más que la mala voluntad de sus integrantes— es el terreno fértil en el que crecen los silos y las aduanas que se describen a continuación.

      Los recorridos del paciente y la vía clínica

      Los pacientes recorren el hospital siguiendo trayectos o «viajes» en busca de valor. Estos recorridos se organizan en redes matriciales, cuyo mapeo se expresa en las guías clínicas. Cada guía describe, en teoría, la secuencia esperable de decisiones diagnósticas y terapéuticas para una condición determinada; en la práctica, esa secuencia solo se cumple si la información necesaria está disponible en cada punto de decisión.

      El médico, al conocer al paciente y la guía clínica correspondiente, diseña una vía clínica: una trayectoria concreta, adaptada a ese paciente en particular, que articula estudios, interconsultas, procedimientos y cuidados en una secuencia temporal. Sin embargo, esa vía puede presentar dificultades en la provisión y circulación del conocimiento, porque una parte importante de la información queda almacenada en los silos de los servicios de apoyo.

      La vía clínica funciona, en la práctica, como un contrato implícito entre servicios: cada área se compromete a producir y entregar cierta información en cierto plazo para que la siguiente pueda decidir. Cuando ese contrato implícito se incumple de manera sistemática —no por un caso aislado sino como patrón recurrente—, la vía clínica deja de ser una herramienta de coordinación y se convierte en una ficción documental que no describe lo que realmente ocurre con el paciente.

      La vía clínica es tan buena como la información que logra reunir en el momento en que el médico necesita decidir.

      Los silos del conocimiento

      Los silos del conocimiento aparecen cuando la información no circula oportunamente hacia los sistemas o equipos que la necesitan. Por ejemplo, cuando un informe no se incorpora al PACS, a la historia clínica o al parte correspondiente. El silo no es, en general, un acto deliberado de ocultamiento; es con más frecuencia el resultado de sistemas que no conversan entre sí, de cargas de trabajo que postergan la carga administrativa de un resultado, o de circuitos de aprobación que agregan pasos innecesarios entre la producción del dato y su disponibilidad.

      Estos silos suelen encontrarse en áreas como:

      • Imágenes.
      • Ecografía y ecocardiografía.
      • Tomografía y resonancia.
      • Endoscopía.
      • Bacteriología.
      • Anatomía patológica.

      La logística y la velocidad de entrega de esa información son condiciones centrales para producir salud. Cuando el conocimiento queda retenido o demora en llegar, se afecta la continuidad del proceso asistencial: el médico tratante debe decidir con información incompleta, repetir estudios ya realizados, o mantener al paciente en observación mientras espera un resultado que técnicamente ya existe pero que no ha llegado a destino.

      El costo de un silo rara vez se percibe en el servicio donde se origina, porque quien retiene la información no suele experimentar la demora que provoca. El costo se traslada aguas abajo del proceso asistencial: lo paga la guardia que no puede definir una internación, la unidad crítica que no puede dar de alta una cama, o el paciente que permanece internado un día más de lo necesario. Esta disociación entre quien genera el problema y quien sufre sus consecuencias es, precisamente, lo que permite que los silos persistan sin corrección espontánea.

      Figura 1. Los silos de información: cada servicio de apoyo produce conocimiento que no siempre se integra a tiempo a la historia clínica común.

      Las aduanas del conocimiento

      Las aduanas del conocimiento son espacios dentro de la organización que funcionan como barreras de acceso. En ellas, ciertos sectores establecen criterios rígidos, muchas veces defensivos, que dificultan la circulación del paciente y del conocimiento necesario para su atención. A diferencia del silo, que es pasivo, la aduana es activa: alguien decide, explícita o implícitamente, imponer una condición adicional antes de aceptar al paciente o de compartir la información.

      Estas barreras se expresan en situaciones como las siguientes:

      • «Antes de subirlo, pásalo por el tomógrafo».
      • «La guardia no tiene que ser una receptoría».
      • «Este paciente no tiene criterio de UTI».
      • «Este paciente no es cardiológico; puede estar en piso».
      • «Si lo aceptó la guardia, que se haga cargo».
      • «Tengo un paciente en un pasillo de un hospital público, ¿me lo podés recibir?». «No».

      Las aduanas suelen ubicarse en puntos críticos del recorrido asistencial:

      • Entre el exterior y la guardia.
      • Entre la guardia y las unidades críticas.
      • Entre la guardia, los pacientes quirúrgicos y el quirófano.

      Estas fronteras internas comparten una lógica común: cada sector protege su propia capacidad instalada —camas, turnos, tiempo profesional— frente a una demanda que percibe como externa y, por lo tanto, no prioritaria. Esa lógica es comprensible desde la perspectiva individual del servicio, pero resulta disfuncional desde la perspectiva del sistema, porque traslada el costo de la protección de un sector hacia el paciente que espera del otro lado de la aduana, y hacia la red en su conjunto.

      Figura 2. Las aduanas del conocimiento: barreras discrecionales en los puntos críticos del recorrido asistencial.

      Consecuencias distópicas: calidad, valor, seguridad y acceso oportuno

      Los silos y las aduanas no son solo ineficiencias administrativas: producen efectos concretos y documentables sobre cuatro dimensiones centrales de la gestión clínica.

      Impacto sobre la calidad de atención

      La calidad asistencial depende, en gran medida, de que la decisión correcta se tome con la información correcta en el momento correcto. Cuando un informe de anatomía patológica o de bacteriología queda retenido en un silo, el médico tratante puede verse forzado a decidir con datos parciales, a ampliar el espectro de una cobertura antibiótica de manera empírica más allá de lo necesario, o a postergar una definición terapéutica que ya podría haberse tomado. Cada una de estas situaciones representa una desviación respecto de la mejor práctica disponible, no por falta de conocimiento médico, sino por falta de acceso oportuno a un conocimiento que la organización ya posee.

      Impacto sobre la medicina basada en el valor

      La medicina basada en el valor propone maximizar los resultados de salud relevantes para el paciente por unidad de recurso invertido. Los silos y las aduanas atentan directamente contra esa ecuación: encarecen el proceso sin mejorar el resultado. Un estudio repetido porque el original no fue localizado, una internación prolongada porque un pase quedó denegado en una aduana, o una interconsulta que no llega a destino, consumen recursos sin aportar valor terapéutico adicional. Desde la perspectiva de un financiador o de un contrato de riesgo compartido, estos costos son exactamente el tipo de desperdicio que la transición hacia modelos de pago por valor busca eliminar.

      Impacto sobre la seguridad del paciente

      La seguridad del paciente es, en buena medida, una función de la calidad y de la continuidad de la información clínica. La literatura sobre eventos adversos identifica de manera reiterada a las fallas de comunicación y de transferencia de información entre servicios como una de las causas raíz más frecuentes de error clínico. Un resultado crítico de laboratorio que no se comunica a tiempo, una alergia registrada en un sistema pero no visible en otro, o un paciente que permanece en un pasillo de guardia por rechazo de una unidad crítica, son situaciones en las que el silo o la aduana dejan de ser un problema de eficiencia y se convierten en un problema de seguridad.

      Impacto sobre el acceso oportuno al tratamiento

      Finalmente, estas conductas pueden demorar directamente el acceso del paciente a un tratamiento adecuado. Cada aduana atravesada implica, como mínimo, el tiempo de una negociación entre servicios; cada silo implica el tiempo de búsqueda o de repetición de un estudio. En patologías tiempo-dependientes —síndromes coronarios agudos, sepsis, accidentes cerebrovasculares, politraumatismos— esa demora acumulada puede ser la diferencia entre un tratamiento oportuno y uno tardío, con consecuencias sobre la morbimortalidad que son perfectamente evitables desde el punto de vista organizacional.

      Cuatro dimensiones afectadas • Calidad de atención: decisiones tomadas con información incompleta. • Medicina basada en el valor: costo adicional sin resultado adicional. • Seguridad del paciente: pérdida de continuidad informativa entre servicios. • Acceso oportuno al tratamiento: demoras evitables en patologías tiempo-dependientes.

      El rol de la gestión

      Quien gestiona debe estar atento a estos comportamientos oportunistas, porque pueden impedir que la organización responda de manera adecuada a las necesidades de los pacientes y de la red. La falta de compromiso de los actores institucionales con las demandas de la red deteriora la continuidad asistencial, debilita la cooperación interna y reduce la capacidad del hospital para producir valor en salud.

      La gestión no puede limitarse a exhortar a la buena voluntad de los equipos: debe rediseñar los incentivos y los circuitos de decisión de modo que la conducta cooperativa sea la opción más simple, y la conducta oportunista quede expuesta y sea corregida. Esto requiere, en primer lugar, hacer visibles estos comportamientos —muchas veces invisibles porque ocurren en llamadas telefónicas informales o en pases de guardia no documentados— y, en segundo lugar, dotar a la organización de reglas explícitas que reemplacen la discrecionalidad de cada actor.

      Soluciones y herramientas de gestión

      Para reducir los silos de información y las aduanas del conocimiento, la gestión debe hacer visibles estos comportamientos, establecer controles adecuados y ordenar los circuitos de decisión.

      Las principales líneas de acción son:

      • Promover el conocimiento entre los equipos: facilitar que los distintos sectores se conozcan, comprendan sus responsabilidades y trabajen con mayor coordinación, mediante rondas conjuntas, comités de admisión-alta y espacios de revisión de casos entre servicios.
      • Establecer controles de oposición: evitar que las decisiones queden concentradas en un solo actor o servicio, especialmente cuando pueden afectar el recorrido del paciente, incorporando una segunda instancia de revisión ante rechazos de pase o de internación.
      • Definir niveles de autorización: ordenar quién puede aceptar, rechazar o demorar un pase, una internación, un estudio o una derivación, dejando claro que un rechazo no puede depender del criterio informal de un único profesional de guardia.
      • Poner límites y topes operativos: prevenir el uso oportunista de los recursos y reducir decisiones tomadas como «free rider», por ejemplo fijando tiempos máximos de respuesta ante una interconsulta o una solicitud de pase.
      • Medir con indicadores de gestión: observar cómo se utilizan los recursos y detectar demoras, rechazos o bloqueos injustificados, convirtiendo la percepción cualitativa de los equipos en evidencia cuantitativa para la dirección médica.

      Ninguna de estas líneas de acción funciona de manera aislada. Los controles de oposición y los niveles de autorización necesitan indicadores que permitan verificar su cumplimiento; los indicadores, a su vez, solo tienen efecto correctivo si existe una instancia de gestión con autoridad para actuar sobre sus resultados. La ronda gerencial diaria y los comités de gestión de camas son los espacios naturales donde esta información debería revisarse de manera sistemática.

      Indicadores para el seguimiento

      Entre los indicadores que conviene monitorear se incluyen los siguientes:

      IndicadorQué mideAlerta de gestión
      Tiempo entre el pedido de pase y su realizaciónVelocidad de circulación del paciente entre serviciosTiempos que se alargan de manera sostenida por servicio
      Tiempo de permanencia de los pacientes en guardiaCongestión de la puerta de entrada al hospitalPermanencias prolongadas sin definición clínica
      Demoras en la aceptación de pacientes derivados desde la emergencia internaFuncionamiento de las aduanas entre guardia y unidades críticasRechazos reiterados desde un mismo servicio receptor
      Tiempo de entrega de biopsias, cultivos e informesSilos en servicios de apoyo diagnósticoInformes que no llegan a la historia clínica en el plazo esperado
      Demoras en la rehabilitación de camas vacíasEficiencia del circuito de alta-limpieza-nueva admisiónCamas vacías no disponibles por demoras administrativas
      Identificación del actor o servicio que rechaza al pacienteTrazabilidad de las aduanas internasConcentración de rechazos en un mismo sector
      Cantidad de pacientes que se retiran de la guardia sin ser atendidosConsecuencia extrema de la congestión y las demorasAumento sostenido del indicador
      Cantidad de altas voluntariasPérdida de confianza del paciente en el proceso asistencialIncremento asociado a demoras percibidas

      Estos instrumentos permiten transformar conductas informales en procesos observables, comparables y gestionables. De ese modo, la organización puede mejorar la continuidad asistencial, reducir demoras y orientar sus recursos hacia la producción efectiva de valor en salud.

      Conclusión

      Los silos de información y las aduanas del conocimiento son, ante todo, un problema de diseño organizacional: surgen cuando la estructura matricial del hospital no está acompañada de sistemas de información integrados, de reglas explícitas de decisión y de indicadores que hagan visible el comportamiento de cada sector. Su persistencia no responde a la mala fe de los profesionales involucrados, sino a incentivos que premian la protección del propio servicio por encima de la continuidad del proceso asistencial en su conjunto.

      Corregirlos requiere una gestión activa, con autoridad para establecer controles de oposición, niveles de autorización y límites operativos, y con la disciplina de medir de manera sistemática los puntos del recorrido del paciente donde el conocimiento se retiene o el acceso se restringe. Solo así es posible convertir al hospital en lo que su naturaleza exige que sea: una empresa de conocimiento capaz de hacerlo circular con la misma eficacia con la que produce diagnósticos y tratamientos.

      Documento elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como herramienta de redacción y edición, bajo supervisión científica de Carlos Alberto Díaz.

      EL MÉDICO COMO LÍDER ESENCIAL

      Del lecho del paciente a la conducción de las instituciones de salud

      Dr. Carlos Alberto Díaz

      Gerente Médico, Sanatorio Sagrado Corazón (OSECAC) |

      Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud, Universidad ISALUD

      Un actor cada vez más central

      Durante décadas, la conducción de clínicas y hospitales se pensó como un asunto de administradores formados en gestión, ajenos a la práctica clínica. La evidencia reciente invita a revisar esa premisa. Un editorial publicado en NEJM Catalyst Innovations in Care Delivery (agosto de 2026) reafirma algo que quienes gestionamos instituciones sanitarias desde la práctica médica sabemos por experiencia directa: el médico líder combina el conocimiento clínico esencial con la capacidad de innovar dentro de los sistemas de salud, y esa combinación es hoy indispensable.

      El editorial presenta un panorama amplio de roles que ejercen los médicos líderes en la actualidad, y da un lugar central a un estudio que merece nuestra atención: «From Bedside to the C-Suite: A National Survey on the Evolving Role of Physician Leaders in U.S. Hospitals», desarrollado por Shlomit Schaal y su equipo, principalmente desde Houston Methodist. Sus hallazgos ofrecen un espejo útil para pensar la profesionalización de la dirección médica en nuestro propio medio.

      Lo que muestra la encuesta nacional

      El estudio releva las tensiones cotidianas de quienes ocupan roles de liderazgo médico en hospitales de Estados Unidos. El desafío que aparece en primer lugar, de manera casi unánime, es la dificultad de equilibrar las responsabilidades clínicas con las de gestión. A ese desafío le siguen, en orden de relevancia, la escasez de personal, las restricciones presupuestarias, los problemas de comunicación interdepartamental y la planificación estratégica.

      Los cinco desafíos más citados por los médicos líderes encuestados 1. Equilibrar la práctica clínica con la responsabilidad de gestión 2. Escasez de personal 3. Restricciones presupuestarias 4. Comunicación interdepartamental 5. Planificación estratégica

      Este orden no es casual. Describe con precisión la experiencia de quien dirige un servicio o una institución sin abandonar el contacto con el paciente: la agenda clínica y la agenda de gestión compiten por el mismo tiempo, y esa tensión —lejos de resolverse con más experiencia— suele acompañar toda la carrera del médico líder.

      La competencia que más pesa no es la que se certifica

      El hallazgo más provocador del estudio es también el más relevante para quienes formamos a futuros directores de clínicas y hospitales: las habilidades de liderazgo más valoradas tienen poco que ver con credenciales o programas formales de entrenamiento. La inteligencia emocional y las capacidades de comunicación aparecen, en la percepción de los propios médicos líderes, como las cualificaciones más importantes para ejercer el rol.

      Y esas habilidades, según la misma encuesta, se adquieren fundamentalmente en el terreno: mediante la experiencia directa en el puesto, con la mentoría de colegas con más recorrido y a través de redes de pares que funcionan como espacio de consulta y contención frente a decisiones difíciles.

      DimensiónHallazgo del estudio
      Competencia más valoradaInteligencia emocional y comunicación, por encima de credenciales formales
      Vía principal de formaciónExperiencia en el puesto (on-the-job)
      Soportes claveMentoría y redes de pares
      Mayor tensión percibidaBalance entre rol clínico y responsabilidad de gestión

      Qué nos dice esto sobre la formación de directores médicos

      Este hallazgo confirma una intuición que sostenemos desde la Diplomatura en Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados y desde la Especialización en Economía y Gestión de la Salud: la formación técnica en administración, finanzas o normativa es necesaria pero no suficiente. El médico que asume un rol de conducción necesita, además, un espacio deliberado para desarrollar habilidades vinculares —escucha, negociación, manejo de conflictos, comunicación en contextos de incertidumbre— y necesita hacerlo acompañado, no en soledad.

      La mentoría y las redes de pares no son un complemento decorativo de los programas de formación en gestión sanitaria: son, según esta evidencia, uno de los mecanismos principales por los que efectivamente se construye un líder médico capaz de sostener la doble exigencia clínica y directiva.

      Una agenda para nuestras instituciones

      Trasladado a la realidad de clínicas y sanatorios privados de nuestra región, el mensaje habilita al menos tres líneas de acción concretas para quienes formamos y acompañamos a médicos con responsabilidades de conducción:

      • Diseñar trayectorias de desarrollo que combinen contenidos de gestión con espacios sostenidos de mentoría entre pares, y no solo instancias puntuales de capacitación.
      • Reconocer institucionalmente el tiempo que exige la función directiva, en lugar de asumirla como una tarea adicional sobre una agenda clínica ya completa.
      • Incorporar de manera explícita el desarrollo de habilidades de comunicación e inteligencia emocional en los programas de formación directiva, con el mismo peso que se otorga a los contenidos técnicos de gestión.

      El médico líder esencial no es una figura excepcional ni un perfil raro de encontrar: es, cada vez más, la condición necesaria para que una institución de salud pueda innovar sin perder de vista al paciente que la justifica. Formarlo bien —y sostenerlo en el tiempo— es una de las inversiones más rentables que puede hacer un sistema de salud.

      Fuente: Prewitt E, Seth Mohta N, Gordon L, Lee TH. «The Essential Physician Leader». NEJM Catalyst Innovations in Care Delivery, Vol. 7 No. 8, agosto 2026. DOI: 10.1056/CAT.26.0409; y Schaal S, et al. «From Bedside to the C-Suite: A National Survey on the Evolving Role of Physician Leaders in U.S. Hospitals».

      Este artículo fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como apoyo de redacción y edición, bajo supervisión científica del autor.

      El copiloto que no debe pilotear solo: la IA en la gestión clínica y la paradoja de la automatización

      Dr. Carlos Alberto Díaz | saludbydiaz.com

      La inteligencia artificial ya no golpea la puerta de la clínica: está sentada en la cabina de mando, ayudando a redactar historias clínicas, sugiriendo diagnósticos diferenciales y proponiendo planes terapéuticos con una fluidez cada vez más convincente. Un reciente artículo de perspectiva publicado en The New England Journal of Medicine (Abdulnour et al., julio de 2026) plantea una advertencia que interpela directamente a quienes gestionamos instituciones de salud: cuanto más capaz parece un copiloto de IA, más tienden los profesionales a delegarle tareas, y en ese proceso erosionan las mismas competencias que necesitarían para detectar cuándo la máquina se equivoca.

      Los autores llaman a esto la ‘paradoja de la automatización‘: un riesgo humano que se suma a las limitaciones propias de estos sistemas, como las confabulaciones (respuestas fluidas pero falsas), la vulnerabilidad a la desinformación y la tendencia a la complacencia con el criterio del usuario. Para navegar ese filo, proponen adaptar a la clínica un marco ya validado en otro entorno de alto riesgo: el Crew Resource Management (CRM) de la aviación.

      La trampa de la fluidez

      El artículo ilustra el problema con el caso de un residente que evalúa a un paciente con disnea progresiva. Ante la sospecha de insuficiencia cardíaca descompensada, le pide a la IA que revise su razonamiento; el sistema confirma el diagnóstico y sugiere el tratamiento estándar. El residente, conforme con esa validación, no advierte que la herramienta pasó por alto un dato clínico relevante que él mismo había recogido. Recién cuando un médico de mayor experiencia, alerta a las limitaciones de la IA, revisa el caso con ojo crítico, se detecta el hallazgo omitido y se corrige el rumbo diagnóstico.

      El episodio no es una falla aislada de la tecnología: es la consecuencia de un patrón. La confianza ciega conduce al razonamiento delegado; el razonamiento delegado erosiona la habilidad clínica con el tiempo; y esa erosión —los autores hablan de ‘desaprendizaje’, ‘nunca aprendizaje’ en quienes se forman ya con IA, y ‘aprendizaje deficiente’— vuelve al profesional cada vez más dependiente y, paradójicamente, más expuesto a los errores del propio sistema que lo asiste.

      Cinco competencias del clínico-piloto

      El CRM se desarrolló para preservar la coordinación, la vigilancia y el desempeño en cabinas de alto riesgo, y ya cuenta con validación como marco de entrenamiento en salud. Aplicado a la relación clínico-IA, exige un requisito previo ineludible: ‘volar solo’, es decir, sostener la capacidad de razonar de forma independiente antes de apoyarse en la herramienta, porque sin ese punto de referencia interno no hay manera de juzgar si la respuesta de la IA es correcta. Sobre esa base se apoyan cinco competencias concretas.

      CompetenciaTraducción a la práctica clínica
      1. Conciencia situacionalMonitorear la incertidumbre en tiempo real y reconocer cuándo se cruzan los límites del propio conocimiento clínico.
      2. ComunicaciónFormular consultas precisas a la IA y verificar que la respuesta obtenida responda realmente a la pregunta clínica planteada.
      3. Gestión de tareasDecidir qué tareas retener, cuáles delegar y con qué grado de vigilancia, según el riesgo clínico involucrado.
      4. Verificación cruzadaContrastar las recomendaciones de la IA con evidencia independiente y estar dispuesto a descartarlas cuando corresponda.
      5. Toma de decisiones colectivaRazonar de forma independiente antes de consultar a la IA, y usarla luego para refinar o desafiar el propio razonamiento.

      Qué significa esto para la gestión sanitaria

      Para quienes dirigimos clínicas, sanatorios y hospitales, el valor de este marco no es solo pedagógico. Convertir el uso de IA en una práctica visible, discutible y evaluable —en lugar de una caja negra individual entre el profesional y la pantalla— es también una cuestión de gobernanza clínica y de gestión de riesgo asistencial. Algunas líneas de acción concretas que se desprenden del artículo:

      • Incorporar la ‘calibración de la confianza en la IA’ como competencia formal dentro de los programas de residencia y de educación médica continua, con instrumentos de evaluación que midan si el profesional detecta confabulaciones u omisiones.
      • Diseñar simulaciones en las que, deliberadamente, la IA entregue información incorrecta, y medir la capacidad del equipo de capturar ese error antes de que llegue al paciente.
      • Establecer que descartar una recomendación de la IA es un acto clínico legítimo y documentable, no una anomalía a justificar.
      • Diferenciar, según la tarea y el riesgo, entre un enfoque ‘centauro’ (división estratégica de tareas y evaluación cuidadosa en contextos de alto riesgo o herramientas no validadas) y uno ‘cyborg’ (integración más estrecha en tareas de bajo riesgo con herramientas ya validadas).
      • Hacer de la supervisión clínica un espacio explícito para observar cómo se formulan las consultas a la IA, cómo se evalúan sus respuestas y cómo se toma la decisión de aceptar o rechazar su sugerencia.

      Perspectiva a futuro

      La discusión que instala este artículo va a profundizarse a medida que los sistemas de IA se integren en los registros clínicos electrónicos, los sistemas de soporte de decisión y la escritura automatizada de historias clínicas dentro de nuestras instituciones. El riesgo de desaprendizaje no es hipotético: ya se documentan estudios de automatización en el razonamiento diagnóstico asistido por modelos de lenguaje. La pregunta que cada institución debiera hacerse no es si va a incorporar estas herramientas —eso ya está ocurriendo— sino con qué gobernanza, qué entrenamiento y qué indicadores de calidad va a acompañar esa incorporación.

      En ese sentido, el planteo de fondo de los autores es alentador: si la IA se diseña para señalar su propia incertidumbre y declarar sus límites, en lugar de responder siempre con la misma fluidez segura, puede aliviar la carga cognitiva del profesional en vez de competir con su vigilancia. Esa es, probablemente, la variable que más debiera pesar cuando una institución evalúa qué herramientas de IA clínica incorporar: no solo su exactitud promedio, sino su honestidad frente a la duda.

      Idea central para la gestión • El copiloto de IA no reemplaza el criterio clínico: lo pone a prueba. • La calidad asistencial del futuro incluirá, como competencia formal, saber cuándo confiar en la IA, cuándo verificarla y cuándo descartarla. • La gobernanza de la IA clínica empieza por hacer visibles y evaluables estas interacciones, no por prohibirlas ni por automatizarlas sin control.

      Referencia

      Abdulnour RE, Akbarialiabad H, Haghighi A, Leachman SA. Crew Resource Management — Navigating AI’s Automation Paradox. N Engl J Med. Publicado el 22 de julio de 2026. DOI: 10.1056/NEJMp2600938.

      Este artículo fue elaborado con asistencia de Claude AI (Anthropic) como herramienta de redacción y edición, bajo supervisión científica del autor.

      Calidad, procesos y Lean en salud: lo que dos casos internacionales nos enseñan

      Una guía compacta sobre calidad asistencial, mejora de procesos y gestión Lean, con dos casos reales y los factores humanos que sostienen cualquier mejora — Dr. Carlos Alberto Díaz

      ¿Por qué hablar de esto otra vez? Porque la calidad asistencial dejó de ser un atributo implícito de la buena práctica médica para convertirse en algo que se diseña, se mide y se mejora de manera deliberada. Y porque dos publicaciones recientes —una sobre la fusión de dos hospitales canadienses, otra sobre cultura organizacional en un hospital universitario danés— ofrecen algo poco frecuente: evidencia concreta, con nombre y apellido, de cómo se hace (o se malogra) una mejora real.

      Este artículo compila, en formato breve, las ideas centrales de un documento más extenso que preparé para la Diplomatura en Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de CONFECLISA/ISALUD. Va con gráficos, porque algunas ideas se entienden mejor mirándolas que leyéndolas, y con la promesa de que en diez minutos de lectura se lleva algo aplicable el lunes a la mañana.

      El recorrido tiene un hilo conductor: la calidad y la eficiencia no se logran solo con mejores protocolos o mejor tecnología. Se logran cuando el diseño técnico de los procesos se combina con una lectura honesta de la cultura organizacional y con un liderazgo que sostiene el cambio más allá del entusiasmo inicial.

      De la inspección a la mejora continua

      Durante décadas, la calidad en salud se gestionó mirando hacia atrás: se inspeccionaban casos aislados, se auditaba el cumplimiento de normas, y se buscaba responsables cuando algo salía mal. La mirada contemporánea —heredera de la gestión de calidad total de la industria— desplaza el eje: la mayoría de los errores en salud son producto de sistemas mal diseñados, no de fallas individuales. Por eso la pregunta útil no es «quién se equivocó», sino «qué parte del proceso permitió que el error ocurriera».

      Avedis Donabedian ya lo había anticipado con su tríada clásica: estructura, proceso y resultado. Una estructura adecuada —camas, equipos, personal calificado— no garantiza procesos correctos, y procesos correctos no garantizan por sí solos los resultados esperados. Cada dimensión necesita su propia medición. Dos décadas más tarde, el Institute of Medicine sumó seis objetivos que toda organización de salud debería perseguir a la vez: seguridad, efectividad, orientación al paciente, oportunidad, eficiencia y equidad.

      Dimensión IOMEn una frase
      SeguridadEvitar daños derivados de la atención que debía ayudar
      EfectividadBasarse en la evidencia científica disponible
      Centrada en el pacienteRespetar sus preferencias y valores
      OportunidadReducir esperas perjudiciales
      EficienciaEvitar el desperdicio de recursos
      EquidadNo variar la calidad según las características del paciente

      Ese desplazamiento —de la inspección retrospectiva a la mejora continua de procesos— es el que le abrió la puerta, dentro del hospital, a dos herramientas que vienen de la industria: la gestión por procesos y la metodología Lean.

      Lean en salud: una filosofía, no una caja de herramientas

      Lean nació en el Sistema de Producción Toyota, en un Japón de posguerra que no podía competir por escala y tuvo que aprender a producir exactamente lo necesario, sin desperdicio. Trasladado a la salud, no es un conjunto de pizarrones y tarjetas de colores: es una disciplina de gestión que se sostiene en cinco principios que se repiten en ciclo.

      El ciclo de los cinco principios Lean aplicados a un proceso asistencial.

      Aplicados, por ejemplo, a un circuito de cirugía ambulatoria: especificar el valor es preguntarle al paciente qué le importa realmente (una cirugía segura, información clara, un alta a horario) y qué es puramente administrativo; mapear el flujo es dibujar ese circuito completo y marcar cada espera; generar flujo es unificar pasos que hoy están separados sin necesidad; establecer el pull es programar quirófanos según la demanda real, no según una capacidad fija; y buscar la perfección es revisar el proceso una y otra vez, con indicadores simples y visibles para el propio equipo.

      Los ocho desperdicios que hay que aprender a ver

      La tradición Lean nombra ocho tipos de desperdicio (muda). Ponerles nombre ayuda a que un equipo deje de pensar «así son las cosas acá» y empiece a verlos como algo corregible:

      DesperdicioCómo se ve en el hospital
      SobreproducciónPedir estudios de rutina no indicados por la condición clínica
      EsperasPacientes con alta clínica indicada que esperan el alta administrativa
      TransporteHistorias clínicas en papel trasladadas entre sedes
      SobreprocesamientoTranscribir a mano datos que ya están cargados en otro sistema
      InventarioInsumos vencidos por sobreabastecimiento
      MovimientosEnfermería recorriendo distancias largas por mala distribución edilicia
      ReprocesosRepetir un estudio por una solicitud mal cargada
      Talento subutilizadoEnfermeras haciendo tareas administrativas en vez de clínicas

      Un glosario de bolsillo

      TérminoQué significa
      GembaEl lugar real donde ocurre el trabajo; una recorrida Gemba es observarlo en persona, no leer un informe
      KaizenMejora continua e incremental, sostenida en el tiempo
      Value Stream MappingEl mapa completo de un proceso, con sus tiempos y sus esperas
      5SClasificar, ordenar, limpiar, estandarizar y sostener el puesto de trabajo
      Una advertencia frecuente Copiar las herramientas Lean (un tablero, una jornada de 5S) sin sostener la filosofía que les da sentido produce mejoras que se diluyen a los pocos meses. Lean exige disciplina metodológica sostenida, no un evento único de lanzamiento. 

      Señales de que un proceso necesita una intervención

      No hace falta un diagnóstico sofisticado para saber por dónde empezar. Estas señales, todas frecuentes en la práctica diaria, suelen anticipar un buen candidato para una intervención Lean:

      Señal de alertaQué suele indicar
      «Así son las cosas acá»Un desperdicio naturalizado que nadie cuestiona
      Un mismo dato se carga dos o más vecesSistemas no interoperables (sobreprocesamiento)
      Quejas repetidas de pacientes por esperasFalta de flujo o de nivelación de la demanda (heijunka)
      El personal calificado hace tareas administrativasTalento humano subutilizado
      Nadie mide el proceso de manera sistemáticaAusencia de indicadores para sostener la mejora

      ¿Lean o Six Sigma?

      Es común confundirlos. Lean se ocupa de la velocidad y el flujo: eliminar pasos que no agregan valor y esperas evitables. Six Sigma se ocupa de la variabilidad: reducir la dispersión de un resultado mediante análisis estadístico riguroso. Un proceso puede ser rápido pero variable, o estable pero lento; los programas de calidad más maduros combinan ambos enfoques.

       LeanSix Sigma
      Pregunta central¿Dónde hay desperdicio y esperas?¿Dónde hay variabilidad no deseada?
      Herramienta típicaValue stream mapping, Gemba walkAnálisis estadístico, ciclo DMAIC
      EjemploReducir pasos de un circuito de altaReducir la dispersión de tiempos de espera en quimioterapia

      Lo que Lean no es

      Mito frecuenteEn realidad
      «Es despedir personal para ahorrar»Es reasignar el talento humano a tareas de mayor valor clínico
      «Se resuelve con un tablero visual»El tablero es un síntoma de la disciplina, no la disciplina en sí misma
      «Es un proyecto con fecha de cierre»Es un ciclo continuo de Kaizen que no termina nunca
      «Lo aplica solo el área de calidad»Requiere involucrar al personal de primera línea que hace el trabajo

      Caso real: cuando dos hospitales se fusionan

      En abril de 2024, la University Health Network (UHN) de Toronto —más de 27.000 trabajadores— se fusionó con el West Park Healthcare Centre, un centro de rehabilitación de 1.300 trabajadores. Los equipos de Salud Ocupacional de ambas instituciones tuvieron que convertirse en uno solo, con estructuras, bases de datos, plataformas tecnológicas y procesos completamente distintos. El caso, publicado en Healthcare Management Forum, documenta cómo lo hicieron.

      Vale la pena detenerse en este caso porque muestra, con un nivel de detalle poco frecuente, cómo se traducen los principios Lean abstractos de la sección anterior en decisiones operativas concretas durante uno de los escenarios más exigentes que puede enfrentar un equipo directivo: una integración organizacional bajo presión de tiempo.

      El equipo de proyecto no improvisó: relevó los datos mediante auditorías, entrevistas y recorridas Gemba; mapeó los procesos clave con talleres de value stream mapping; y comparó sistemáticamente las diferencias entre ambas organizaciones antes de tocar nada. Definió cuatro frentes de trabajo —estructura organizacional, bases de datos, plataformas tecnológicas y procesos operativos— y los trabajó como un mismo proyecto, no como iniciativas sueltas.

      PeríodoHito
      Abril 2024Fusión formal entre ambas instituciones
      Junio 2024Inicio del relevamiento: auditorías, entrevistas, Gemba walks
      Dic. 2024Rediseño del proceso de reporte de ausentismo
      Oct. 2024 – Ene. 2025Programa de capacitación del personal
      Marzo 2025Incorporación plena al sistema de guardias unificado

      En bases de datos, evaluaron cuatro alternativas —desde una simple réplica de formularios hasta una integración completa en una plataforma compartida— y eligieron la más completa pese a requerir entre seis y doce meses, porque era la única que sostenía el crecimiento futuro sin duplicar sistemas. En tecnología, migraron todo a una plataforma única (Microsoft 365), reemplazando el mosaico de aplicaciones sueltas que usaba uno de los dos hospitales. Y en procesos operativos, redefinieron el alcance de la clínica: sacaron de Salud Ocupacional las tareas de nómina y dispensa de medicamentos de venta libre, y concentraron su actividad en incidentes laborales, exposiciones y control de brotes.

      El resultado, entre otros: se eliminó la necesidad de renovar dos contratos temporarios, se redujo la carga administrativa manual, y el personal de enfermería recuperó tiempo para tareas clínicas al delegar el seguimiento rutinario de ausentismo en un proveedor externo. Nada de esto fue mágico ni rápido: el proyecto llevó ocho meses, con una capacitación que se extendió otros cuatro más.

      Tres procesos clínicos se rediseñaron a fondo. Así se ven, en limpio, el antes y el después:

      ProcesoAntesDespués
      Ausentismo por enfermedadSeguimiento diario por enfermería, con llamados de controlAviso único; seguimiento delegado; autodeclaración electrónica de regreso
      Incorporación de personalSeguimiento manual; inmunizaciones por correo electrónicoSeguimiento administrativo bajo supervisión de enfermería; formulario web único
      Alcance de la clínicaIncluía nómina y dispensa de medicamentos de venta libreConcentrada en incidentes laborales, exposiciones y brotes
      Preguntas para llevar a una reunión de equipo ¿Qué pasaría si avanzáramos con la tecnología antes de resolver la estructura organizacional? ¿Por qué conviene, muchas veces, elegir la solución más lenta pero más completa por sobre la más rápida? ¿Qué cambiaría en este caso si la fusión involucrara servicios de mayor complejidad clínica? 
      La idea que vale la pena llevarse Ningún proceso de fusión o integración organizacional se resuelve dominio por dominio de manera aislada. La estructura, las bases de datos, la tecnología y los procesos avanzan como un mismo proyecto, con relevamiento y capacitación planificados desde el inicio. 

      La cultura organizacional también se gestiona

      El segundo caso, publicado en Quality Management Journal, estudió seis unidades clínicas de un hospital universitario danés para entender por qué una misma estrategia de mejora de la calidad funciona en un servicio y fracasa en el de al lado. La respuesta que encontraron: la cultura organizacional de cada unidad.

      El Marco de Valores en Competencia (CVF), desarrollado por Cameron y Quinn, distingue cuatro tipos culturales que conviven, con distinta intensidad, en cualquier institución:

      El Marco de Valores en Competencia: cuatro arquetipos culturales.

      ArquetipoLo que valoraRiesgo en exceso
      ClanColaboración, cohesión, desarrollo del personalEndogamia, falta de exigencia externa
      AdhocraciaInnovación, riesgo calculadoInestabilidad operativa
      MercadoResultados, cumplimiento de metasDesatención del clima de equipo
      JerarquíaEstabilidad, procedimientos, controlRigidez frente a cambios necesarios

      Las unidades de cultura Clan —colaborativas, orientadas al equipo— lograron que el personal se apropiara del cambio porque participó desde el diseño. Las de cultura Mercado —orientadas a resultados— arrancaron con fuerza pero corrieron el riesgo de perder impulso apenas aparecieron los primeros obstáculos. Las de Jerarquía privilegiaron el cumplimiento normativo por sobre el aprendizaje adaptativo; las de Adhocracia aportaron innovación, pero con menor capacidad de sostener la implementación en el tiempo.

      La conclusión práctica es incómoda pero útil: no existe una única receta de gestión del cambio. La estrategia correcta depende de diagnosticar primero qué tipo de cultura predomina en cada servicio, y recién después decidir cuánta participación, qué velocidad y qué estilo de comunicación conviene usar.

      El estudio siguió tres fases —iniciación, ejecución y evaluación— y encontró un patrón consistente:

      FaseJerarquía / MercadoClan / Adhocracia
      IniciaciónObjetivos claros, planificación descendenteConstrucción colectiva, participación temprana
      EjecuciónLiderazgo fuerte, riesgo de perder impulsoColaboración, responsabilidades distribuidas
      EvaluaciónSupervisión formal, foco en cumplimientoRetroalimentación continua, integrada a la rutina
      Cómo diagnosticar tu propia unidad Observá cómo se toman las decisiones cotidianas (¿consenso, protocolo, indicadores o ensayo y error?), qué se reconoce informalmente, y cómo reacciona el equipo ante un error. La combinación de esas señales indica, en pocos minutos, qué arquetipo predomina antes de diseñar cualquier intervención. 

      Cinco lecciones para quien facilita el cambio

      • Involucrar a representantes del propio personal en la comunicación, en lugar de que todo mensaje venga de la conducción.
      • Elegir, al inicio, uno o dos objetivos de bajo riesgo y alta visibilidad que generen una primera evidencia de éxito.
      • Sostener presencia de liderazgo visible durante toda la implementación, no solo en el lanzamiento.
      • Convertir la evaluación en una conversación periódica del propio equipo, no en una auditoría externa de cierre.
      • Incluir deliberadamente las voces críticas en cualquier evaluación: suelen señalar lo que una mirada complaciente pasa por alto.

      Todo junto: qué aporta cada pieza

      Antes de pasar a los factores humanos, vale la pena ordenar cómo se articulan las piezas que veníamos viendo:

      PiezaQué aporta
      Marco de calidad (Donabedian, IOM)Define qué dimensiones hay que medir y mejorar
      Gestión LeanAporta el instrumental técnico para eliminar desperdicio y generar flujo
      Caso UHN–West ParkIlustra la integración conjunta de estructura, sistemas y procesos
      Marco de Valores en CompetenciaExplica por qué una misma estrategia rinde distinto según la unidad
      Factores humanosExplica qué sostiene —o erosiona— cualquier mejora técnica en el tiempo

      Nueve factores humanos que sostienen —o hunden— cualquier mejora

      Ni el mejor mapeo Lean ni el diagnóstico cultural más preciso alcanzan si no están sostenidos por un conjunto de factores humanos. Estos son los nueve que, a partir de ambos casos, ordeno como la contracara ineludible de cualquier programa técnico de calidad:

      Los nueve factores humanos de la calidad asistencial.

      Factor humanoRiesgo si se descuida
      Compromiso y pertenenciaResistencia pasiva y reversión del cambio apenas decae la supervisión
      Liderazgo visible y sostenidoPérdida de impulso y de legitimidad del proyecto
      Cultura organizacional reconocidaEstrategias mal calibradas que chocan con la lógica de la unidad
      Comunicación clara y bidireccionalMalentendidos y duplicación de tareas
      Trabajo en equipo interdisciplinarioFragmentación de la experiencia del paciente
      Formación adaptada al rolHerramientas percibidas como abstractas y ajenas al trabajo diario
      Motivación y tiempo liberadoAgotamiento del equipo y postergación de las tareas de mejora
      Seguridad psicológicaSubregistro de incidentes y pérdida de aprendizaje organizacional
      Trato humano en la atenciónCalidad técnica correcta pero baja calidad percibida
      Mini-caso: un evento Kaizen de tres días en Admisión Un sanatorio detecta que los pacientes esperan 47 minutos, en promedio, antes de subir a la habitación. El equipo organiza un evento Kaizen de tres días: día uno, recorrida Gemba y mapeo del flujo actual; día dos, identificación de desperdicios (doble carga de datos, esperas por disponibilidad de cama) y diseño de un nuevo flujo; día tres, prueba piloto y ajustes. A los treinta días, se revisa si la mejora se sostuvo, y no solo durante la semana del evento. 

      ¿Y en las clínicas y sanatorios argentinos?

      El sistema danés es público y el canadiense mixto; nuestro sistema de clínicas y sanatorios privados es otra cosa. Pero las lógicas que describen ambos casos son igual de válidas acá. Las fusiones, absorciones y unificaciones de servicios entre prestadores de un mismo grupo son moneda corriente en Argentina, y la secuencia relevamiento–mapeo–brechas del caso canadiense es una hoja de ruta perfectamente replicable, más allá de la escala o el régimen de propiedad de la institución.

      Y la lección cultural del caso danés es, si se quiere, todavía más directa: un servicio de enfermería con fuerte identidad de equipo se va a comportar como una unidad Clan en Buenos Aires igual que en Esbjerg, y un área de facturación orientada a metas numéricas va a tender al arquetipo Mercado en cualquier país. La utilidad práctica del CVF para un director médico argentino no está en replicar el estudio danés, sino en usar sus cuatro categorías como una lente rápida antes de diseñar cualquier programa de calidad —evitando el error, tan frecuente, de aplicarle el mismo librito de implementación a todos los servicios de la institución por igual.

      Esto importa especialmente en un contexto de restricción de recursos como el que atraviesa buena parte del sistema de salud argentino: cuando no sobra presupuesto para el ensayo y error, diagnosticar bien antes de intervenir —el proceso, pero también la cultura que lo rodea— deja de ser un lujo metodológico y se convierte en la diferencia entre una mejora que se sostiene y un proyecto más que queda archivado a los seis meses.

      Para cerrar

      La calidad asistencial, la mejora de procesos y la gestión Lean son un cuerpo de conocimiento técnico maduro. Pero los dos casos que compilé en este artículo muestran algo que la literatura técnica a veces subestima: la eficacia de esas herramientas está mediada por la gobernanza del cambio, la participación del personal y la cultura de cada unidad. Para quien dirige una clínica, un sanatorio o un hospital, la lección es doble: diseñar con rigor técnico, y leer con la misma seriedad el terreno humano y cultural donde ese diseño va a implementarse.

      Rúbrica rápida de autoevaluación

      Antes de lanzar tu próxima iniciativa, calificá tu proyecto actual de 1 (incipiente) a 4 (consolidado) en estas cinco dimensiones:

      Dimensión1. Incipiente4. Consolidada
      Diagnóstico inicialSin relevamiento formalRelevamiento y gap analysis periódicos
      Participación del personalDiseñado sin consultaCo-diseño y evaluación participativa
      LiderazgoSin patrocinio visiblePresencia sostenida durante todo el proyecto
      Cultura organizacionalNo se consideróEstrategia calibrada según el tipo cultural
      SostenibilidadTermina con el lanzamientoInstitucionalizada como práctica habitual

      Antes de lanzar tu próxima iniciativa de mejora, valen además tres preguntas simples:

      • ¿Relevamos el proceso actual con el mismo rigor con que vamos a exigir el resultado final?
      • ¿Sabemos qué tipo de cultura predomina en la unidad donde vamos a intervenir?
      • ¿Tenemos previsto sostener el liderazgo y la capacitación más allá del evento de lanzamiento?

      Si la respuesta a alguna de las tres es «no estoy seguro», ese es exactamente el punto por donde conviene empezar.

      Referencias: Kestenberg et al. (2026), Healthcare Management Forum; Sloth et al. (2026), Quality Management Journal; Cameron y Quinn (2006); Donabedian (1988); Womack y Jones (2003).

      Este artículo compila un documento académico más extenso, preparado para la Diplomatura en Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de CONFECLISA/ISALUD, que desarrolla con mayor profundidad cada uno de estos puntos, incluyendo ejercicios de aplicación y una rúbrica completa de autoevaluación.

      Amor y muerte

      Tristan Jones , MD.

      Publicado el 18 de julio de 2026

      N Engl J Med 2026 ; 395 : 321 – 323  DOI: 10.1056/NEJMp2516818

      VOL. 395 NÚM. 4

      Es diciembre, estoy en mi último año de residencia y ya quiero dejar las unidades de cuidados intensivos (UCI). Estoy harta de los análisis de gases en sangre. Estoy harta de realizar procedimientos para los que no tengo experiencia. Estoy harta de los días sin sol que se convierten en semanas. Pero, sobre todo, estoy harta de la muerte. Recientemente he completado un mes en la UCI cardíaca y otro en la UCI pediátrica, y ahora estoy terminando un mes en la UCI médica.

      Me familiaricé con la muerte, en toda su permanencia, cuando recorría estos pasillos como interno. En aquel entonces, en la primavera de 2020, atendía interminables filas de pacientes intubados. Entablé vínculos con las familias durante días y semanas, pero una vez que un paciente fallecía, sabía que apenas volvería a saber nada de él. Se firmaban los papeles, el cuerpo era trasladado rápidamente y el buen interno pasaba al siguiente paciente. Cualquier relación con el paciente, cualquier muestra de compasión especial, se desechaba como un estetoscopio desechable. En algún rincón de mi mente, se abría un vacío. Pero los vacíos, como las camas vacías y las listas de espera, suelen llenarse con el monótono torrente de la residencia.

      Esta vez, en la UCI, las causas de las enfermedades son más diversas, pero la muerte parece igual de frecuente. Presencié el lento fracaso del trasplante de médula ósea de un joven padre. La enfermera imprimió la tira de telemetría para que su hijo pudiera conservar un recuerdo de su último latido. Escuché a un hombre de veintitantos años con enfermedad pulmonar intersticial rogarle a su madre, que había estado velando a su lado durante días, que se fuera a casa a descansar. En su último acto de amor, pidió quitarse la mascarilla para evitar que ella presenciara su último sufrimiento. Y respondí a la última petición de una anciana, mientras sus pulmones se llenaban de líquido, de respirar aire fresco antes de morir. Aunque el hospital moderno está equipado para proporcionar muchas comodidades, el aire fresco no es una de ellas. Como un pobre sustituto, le ofrecí el inminente amanecer. Motivada, se incorporó mirando hacia el este y se sentó junto a su hijo, observando en silencio antes de quedarse dormida plácidamente. Estas fueron solo algunas de las muchas muertes, y cada una me deja con esa pequeña sensación de vacío. Temo no recordar a los pacientes que he perdido, y me temo que es demasiado insensible intentar llevar la cuenta.

      Como era de esperar, mi asignación para las vacaciones es la UCI médica. Turno de noche. Igual que el mes de turnos de día que acabo de terminar, pero quizás con algunos códigos más y exámenes de muerte. ¡Qué suerte tengo!

      En Nochebuena, una de las nuevas pacientes es Cassie, una mujer de 29 años ingresada por urgencias con la piel amarillenta-bronceada y niveles de lactato de dos dígitos. Entre respiraciones entrecortadas y con voz temblorosa, cuenta su historia. Le diagnosticaron cáncer de pulmón metastásico en octubre. Tardó varias semanas en acceder a la atención médica y otras tantas en la estadificación. Su seguro médico le ha dificultado encontrar médicos y tiene problemas para encontrar quién cuide de sus hijos.

      Cuando acudió a la consulta de oncología para hablar sobre la quimioterapia, descubrió que estaba embarazada, por lo que le dijeron que debía interrumpir el embarazo o posponer el tratamiento. No está claro qué se habló, si es que se habló alguna, sobre la viabilidad del embarazo, y mucho menos sobre su propia esperanza de vida. No puedo imaginar los pensamientos que le invadieron.

      ¿Qué creencias y expectativas personales la guiaron? ¿Qué sentimientos de amor y culpa la impulsaron? Lo único que sé es que no la culpo por su posterior indecisión; ya han pasado cuatro semanas desde esa consulta y aún no ha visto a un obstetra. Su hígado y riñones están fallando, necesitamos su consentimiento y un trasplante de órganos urgentemente, y estamos lidiando con la complicación del embarazo.

      Ahora, el nivel de β-hCG es bajo, en el rango de la adolescencia, y no ha variado en un mes. Han pasado algunos años desde que presenté mis exámenes Step, pero una búsqueda en PubMed confirma mi sospecha: un porcentaje considerable de cánceres de pulmón de células pequeñas pueden causar elevaciones leves de β-hCG. Una consulta rápida con ginecología nos tranquiliza: la paciente no está embarazada y el tratamiento puede continuar sin pruebas invasivas. Le transmito esta información a Cassie con delicadeza. Aunque está sorprendida, su expresión de dolor se transforma en alivio. Parece liberarse de la culpa. Ahora está más decidida; le gustaría comenzar la quimioterapia durante este ingreso.

      A continuación, llamo a su contacto de emergencia, su novio, Dion. Lleva días insistiendo en que busque atención médica. Aun así, parece algo sorprendido cuando le digo que es hora de emprender el viaje de dos horas hasta nuestro hospital; Cassie podría no reaccionar al amanecer. Cuando llega, justo antes del cambio de turno, revisamos el estado de Cassie. Me cuenta sobre su vida juntos, cómo se conocieron hace años, cómo ella ya tenía tres hijos pequeños, cómo él se ha convertido en su padrastro en todos los sentidos, excepto en el oficial. Solo tiene una pregunta: ¿Hay alguien que pueda oficiar una boda?

      Regreso por la noche del día de Navidad. La pareja ha elegido un capellán. La secretaria de la unidad ha preparado unas sencillas decoraciones de papel. Dos amigos de la pareja esperan en la habitación. Justo antes de medianoche, después de que los demás pacientes se hayan acostado, una docena de empleados se abren paso entre la máquina de diálisis, los soportes de suero y el calentador externo que rodea la cama de Cassie. Dion, a la cabecera, le toma la mano durante toda la ceremonia.

      Es la sexta y última boda a la que asisto ese año, y resulta sorprendentemente rutinaria. El capellán, con su marcado acento, comienza reconociendo nuestro papel como congregación de testigos. Luego lee el pasaje bíblico seleccionado (el Libro del Génesis). El sermón es una disertación hermenéutica inesperada sobre la creación de Eva a partir de la costilla de Adán, una interpretación lingüísticamente débil, en el mejor de los casos. Me pregunto hasta qué punto Cassie podrá servir a su nuevo esposo, como sugiere el predicador.
      ¿Es esto realmente relevante? ¿Acaso no se sabe leer el ambiente? Pero Cassie, entre adormiladas, sonríe radiante. Dion parece flotar. Durante esta breve ceremonia no se menciona la condición de Cassie. Por un instante, dejamos de lado la realidad que impregna la sala y simplemente presenciamos el amor de dos personas.

      La enfermera toca la música de salida elegida por Dion, y el personal sale en fila.

      Te juro que eres un ángel.

      Enviado a este mundo

      ¿Qué hice bien para merecerte, chica?

      Podría quedarme aquí para siempre.

      Estaría bien si nunca…

      Tuve que salir de esta habitación 1

      El día después de Navidad, llego para el relevo y me entero de que Cassie ha fallecido esa tarde. Fue mi esposa durante apenas 15 horas. No sé qué fue de Dion ni si consiguió la tutela de sus hijastros. Solo sé que él y Cassie se querían. El escritor Stephen Bergman (más conocido como Samuel Shem) describe el privilegio de la medicina como el de ser testigo de los dos grandes temas de la literatura humana: el amor y la muerte. Cuando la muerte es tan prominente, es fácil pasar por alto el amor. Sin embargo, ninguna otra profesión ofrece tal cercanía a ambos. «Qué afortunados somos», escribe .

      La formación médica, a diferencia de la muerte, no es eterna. Al final de la semana, termino mi último turno en la UCI. Ya no temo olvidar a los pacientes que he perdido, porque otras cosas también son eternas. El amor por la pareja. El amor por los hijastros. El amor de una madre. Un amor que llena los vacíos.

      Por qué el “hospital” debe cambiar

      Dr. Carlos Alberto Díaz.

      Los hospitales del futuro deben adaptarse a la evolución de las necesidades de la población, los nuevos modelos de atención, la innovación tecnológica, el diseño y las normas de planificación. Esta perspectiva multidisciplinaria explora cómo los hospitales pueden abordar estos desafíos, al tiempo que enfatiza su papel dentro de los sistemas de salud y de asistencia social más amplios (Sebire et al., 2025a; 2025b).

      Factores convergentes impulsan esta transformación: las lecciones de la pandemia de COVID-19, el envejecimiento demográfico, la transición epidemiológica hacia enfermedades crónicas no transmisibles, la escasez y reconfiguración del personal de salud, y el crecimiento exponencial de los datos clínicos. No aprovechar las oportunidades corre el riesgo de comprometer la capacidad futura de los sistemas de salud para satisfacer la demanda y responder a las emergencias.

      FactorCambio que impulsa en el hospital
      Transición epidemiológica y envejecimientoDesplaza el eje del episodio agudo hacia la trayectoria crónica y la multimorbilidad.
      Innovación tecnológicaRobótica, endoluminal, biológicos y medicina de precisión: mejores resultados, mayor costo unitario.
      Costos y financiamientoEmpuja hacia modernización selectiva y esquemas de inversión alternativos al reemplazo total.
      Transferencia de riesgo financiador-prestadorConvierte la eficiencia y la calidad en condición de sostenibilidad financiera.
      Exigencias legales y regulatoriasCódigos constructivos y digitalización administrativa encarecen estructuralmente cualquier obra.
      Resistencia antimicrobianaAntibióticos de última línea más caros y rediseño de infraestructura de aislamiento.
      Recursos humanos: disponibilidad y costoEscasez estructural, recambio generacional y encarecimiento de la dotación.
      Interoperabilidad y gobernanza del dato clínicoExige estándares comunes e integración de la información entre niveles de atención.
      Salud mental y bienestar de la fuerza laboralEl burnout erosiona la calidad asistencial y multiplica el costo de rotación.
      Equidad de accesoLa brecha rural-urbana condiciona el diseño de la red y la disponibilidad de especialistas.

      Transición epidemiológica y envejecimiento demográfico

      La transición epidemiológica redefine la lógica misma de la organización asistencial. El hospital, pensado originalmente para el episodio agudo, debe reorganizarse para acompañar trayectorias de enfermedad crónica y pacientes con multimorbilidad, lo que incrementa la complejidad y el costo promedio por egreso y obliga a integrar la estructura de agudos con niveles ambulatorios y domiciliarios que absorban la carga estable.

      El envejecimiento poblacional agrava esta presión desde un doble ángulo: por un lado, incrementa la proporción de pacientes con múltiples condiciones crónicas simultáneas, lo que eleva los recursos requeridos por admisión y por consulta; por otro, desplaza el financiamiento hospitalario hacia esquemas de cobertura pública con menor reembolso relativo, lo que combina mayor demanda con menor ingreso marginal por prestación. La dinámica de «más pacientes, pacientes más complejos» descripta por la American Hospital Association (2026) sintetiza este fenómeno: el hospital debe hacer más, para pacientes más complejos, con un financiamiento que no siempre acompaña ese incremento de complejidad.

      Innovación tecnológica: imagenología, robótica, endoluminal, medicamentos biológicos y medicina de precisión

      La innovación tecnológica opera en dos frentes simultáneos. Por un lado, la imagenología, la robótica quirúrgica y las plataformas endoluminales —ambas en franca expansión de mercado y adopción— reducen estadías, complicaciones y tiempos de recuperación, y desplazan procedimientos antes reservados a la internación hacia esquemas ambulatorios y centros distribuidos de menor escala (MedTech Dive, 2026; The Business Research Company, 2026).

      Por otro lado, el avance de los biológicos y la medicina de precisión modifica la estructura del gasto farmacéutico hospitalario, con una migración sostenida hacia oncología de precisión, inhibidores de checkpoint y conjugados anticuerpo-fármaco, cuyo costo unitario crece más rápido que el volumen de pacientes tratados (PharmExec, 2026; Scarpelli, 2026). Los biosimilares aparecen como principal mecanismo de mitigación, aunque persiste el riesgo de una brecha de competencia a medida que numerosos biológicos originales pierdan su exclusividad en la próxima década (AJMC, 2026).

      A esto se suma una tendencia de descentralización que atraviesa toda la innovación tecnológica: los fabricantes de robots quirúrgicos y de plataformas endoluminales orientan cada vez más su estrategia comercial hacia centros de cirugía ambulatoria y hospitales de menor escala que aún no cuentan con programa propio, mediante equipos más compactos, portátiles y de instalación más rápida (MedTech Dive, 2026; Noah Medical, 2025). En paralelo, la medicina de precisión exige capacidad diagnóstica molecular —secuenciación, biomarcadores— disponible en red y no solo en el centro de referencia, y una farmacia clínica especializada en gestionar terapias de altísimo costo unitario y bajo volumen. El resultado es un hospital que necesita menos infraestructura de internación de agudos pero más capacidad diagnóstica y logística distribuida en toda la red asistencial.

      Aumento de costos y restricciones de financiamiento

      El aumento sostenido de los costos y las dificultades de financiamiento empujan a los hospitales hacia una modernización selectiva —renovación dirigida, esquemas modulares, traslado de la baja complejidad a dispositivos ambulatorios y comunitarios— en lugar de la expansión o el reemplazo total de infraestructura (Healthcare Facilities Today, 2025).

      Esta modernización selectiva se instrumenta cada vez más a través de planes de capital de largo plazo —hojas de ruta de diez a quince años que priorizan proyectos de retorno rápido antes que las inversiones de mayor horizonte—, complementados con contratos de desempeño energético y esquemas público-privados que reducen la carga de capital propio (Healthcare Facilities Today, 2025). A la presión de la obra civil se suma un nuevo centro de costo no clínico pero indispensable: solo en concepto de ciberseguridad, los hospitales en EE.UU. destinaron sumas del orden de los USD 30.000 millones en 2025 para proteger sistemas, datos y continuidad operativa (American Hospital Association, 2026), un gasto que compite por el mismo presupuesto de capital que la renovación edilicia o la incorporación tecnológica clínica.

      Transferencia de riesgo: los contratos entre financiadores y prestadores

      A la presión de costos se suma la transferencia de riesgo desde los financiadores hacia los prestadores mediante contratos de pago modulado, por desempeño, pago agrupado o riesgo compartido: bajo estos esquemas, la eficiencia y la calidad prestacional dejan de ser objetivos declarativos de gestión para convertirse en condición de sostenibilidad financiera del propio prestador, que asume total o parcialmente la diferencia entre el costo real de la atención y el monto pactado (EY-Parthenon, 2026; Fierce Healthcare, 2025). La evidencia disponible matiza, sin embargo, el optimismo sobre estos modelos: los esquemas de riesgo no garantizan por sí solos una reducción de la atención de bajo valor, y exigen capacidades reales de gestión clínica —coordinación, estratificación de riesgo, seguimiento longitudinal— para traducirse en resultados (Schwartz et al., 2025).

      El pago agrupado es el ejemplo más claro del cambio de incentivos: en un reemplazo de cadera o rodilla, un único pago cubre desde la consulta prequirúrgica hasta la rehabilitación postoperatoria a noventa días, de modo que si el prestador entrega la atención por debajo de ese monto conserva la diferencia, y si sus costos lo superan, absorbe la pérdida (RiverAxe, 2026). Modelos obligatorios recientes profundizan esta lógica: el programa TEAM de los Centros de Medicare y Medicaid Services extiende el riesgo compartido a la atención quirúrgica episódica, con un período inicial de riesgo unilateral que da paso, hacia fines de 2026, a un esquema de riesgo bilateral pleno (Milliman, 2026). Para el hospital, tratar estos programas como un mero requisito de documentación administrativa es la estrategia perdedora; tratarlos como una palanca de rediseño clínico y de alianzas de red es lo que permite mejorar márgenes y resultados de manera simultánea.

      Exigencias legales y regulatorias

      Las exigencias legales y regulatorias agregan una capa de cumplimiento normativo que encarece de manera estructural cualquier obra nueva, remodelación o actualización tecnológica.

      La digitalización regulatoria tiene su propio cronograma de exigencia: los procesos de autorización previa, todavía en buena medida manuales y basados en papel, deben migrar hacia interfaces programáticas estandarizadas (API FHIR) con plazos de cumplimiento que se escalonan entre 2025 y 2027 (HealthEdge, 2025), lo que constituye en sí mismo un proyecto de inversión tecnológica no clínica. A esto se suma el costo regulatorio-legal por exposición a litigios: se estima que los costos asociados a la mala praxis representan cerca del 2,4% de todo el gasto sanitario —unos USD 135.000 millones en 2025 solamente en Estados Unidos—, con un efecto adicional sobre la práctica de medicina defensiva y sobre el encarecimiento de las primas de seguro (American Hospital Association, 2026).

      Resistencia antimicrobiana: bacterias multirresistentes

      La emergencia de bacterias multirresistentes constituye otro factor de presión creciente sobre el gasto y el diseño hospitalario. La resistencia antimicrobiana incrementa de forma significativa el costo por episodio de internación —a nivel global, la carga hospitalaria atribuible a la resistencia antibacteriana asciende a un valor medio estimado de USD 693.000 millones anuales (estudio de modelización OMS/BMJ, 2025)— y obliga a incorporar antibióticos de última línea, de precio considerablemente más elevado que los tratamientos convencionales, al tiempo que exige fortalecer los programas de uso racional de antimicrobianos y revisar el diseño arquitectónico —aislamiento, presión negativa, circulación diferenciada— como requisito y no como complemento opcional.

      El grueso de esta carga se concentra en un grupo relativamente acotado de patógenos —los llamados ESKAPE (Enterococcus faecium, Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumannii, Pseudomonas aeruginosa y especies de Enterobacter)—, responsables de las principales infecciones intrahospitalarias graves: neumonía, infecciones del sitio quirúrgico, bacteriemias y sepsis (Rudrapal y Estrada-García, 2026). Se estima que las infecciones resistentes a múltiples fármacos causan más de 1,2 millones de muertes atribuibles por año a nivel mundial, con la tuberculosis multirresistente como el cuadro de mayor costo hospitalario por caso —de USD 3.000 en contextos de bajos ingresos hasta USD 41.000 en países de altos ingresos— (estudio de modelización OMS/BMJ, 2025). El mismo estudio calcula que las vacunas bacterianas en desarrollo podrían evitar entre un 30% y un 40% de esos costos hospitalarios y de productividad laboral, lo que sitúa a la prevención —y no solo al antibiótico de rescate— como parte integral de la estrategia hospitalaria frente a la resistencia.

      Recursos humanos en salud: disponibilidad y costo

      La disponibilidad y el costo del recurso humano en salud configuran un factor transversal a todos los anteriores. La escasez estructural de personal de enfermería y médico, agravada por el recambio generacional y la desigual distribución territorial entre zonas urbanas y rurales, coexiste con un encarecimiento sostenido de la dotación —producto de la dependencia de personal temporario y de los costos asociados a la rotación—, lo que empuja a los sistemas hospitalarios hacia estrategias de retención, redistribución de funciones y tercerización de tareas no clínicas (Health Catalyst, 2025; TNAA, 2025; Locum Tenens, 2025).

      El recambio generacional agrava el problema en ambos extremos de la pirámide profesional: mientras una parte significativa de la fuerza de enfermería y de la médica se acerca al retiro en los próximos años, el ingreso de nuevos profesionales no logra compensar ese egreso, en parte por restricciones de capacidad formativa —cupos limitados en las escuelas de enfermería por falta de docentes y de recursos— y no solo por falta de interés vocacional (TNAA, 2025). El correlato salarial es directo: los costos de dotación crecieron de forma sostenida en los últimos años, con salarios ofrecidos a personal de enfermería que para conseguir estabilizar planteles debe ser por encima del convenio, y la complejidad de pacientes exige que los enfermeros se hagan cargo de menos pacientes, por su complejidad y la carga de trabajo, los denominados costos laborales que en argentina son del 47}% del salario, lo que refleja tanto la escasez de oferta como la competencia entre instituciones por captar y retener al personal disponible (American Hospital Association, 2026).

      Interoperabilidad y gobernanza del dato clínico

      El crecimiento exponencial de los datos clínicos no se resuelve solo con más almacenamiento: exige que la información viaje con el paciente entre niveles de atención, bajo estándares comunes de intercambio como HL7 FHIR. Distintos países de la región están avanzando en esta dirección mediante mecanismos nacionales de interoperabilidad de la historia clínica electrónica, que buscan evitar la repetición de estudios y antecedentes cada vez que el paciente cambia de institución o de nivel de complejidad. Para el hospital, esto implica una inversión sostenida en infraestructura de integración e interoperabilidad —no solo en el sistema propio— y una gobernanza clara sobre calidad, seguridad y confidencialidad del dato compartido.

      El caso de Colombia ilustra el tipo de exigencia regulatoria que se está generalizando: la Resolución 1888 de 2025 adoptó el Resumen Digital de Atención en Salud como documento electrónico obligatorio bajo el estándar FHIR, con un cronograma de implementación progresivo según el tipo de prestador y con la exigencia de conservar, en paralelo, la custodia de la historia clínica completa en cada institución (Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, 2025-2026). Este tipo de mandato traslada la interoperabilidad de ser una decisión estratégica optativa a una obligación normativa con fecha de vencimiento, lo que obliga a los hospitales a planificarla con la misma prioridad presupuestaria que una obra edilicia o la incorporación de equipamiento crítico.

      Salud mental y bienestar de la fuerza laboral

      El burnout del personal de salud dejó de ser un problema individual para convertirse en un factor estructural de la transformación hospitalaria. Los relevamientos más recientes ubican la prevalencia de agotamiento entre el personal de salud muy por encima de la de otros sectores, con impacto directo sobre la calidad asistencial: se ha documentado una asociación entre mayor burnout de enfermería y mayores tasas de mortalidad hospitalaria, además de más errores de medicación y caídas. El fenómeno también tiene un correlato económico considerable, con costos de rotación por médico que pueden superar el medio millón de dólares y con el agotamiento como una de las principales causas de abandono de la profesión. Esto obliga a incorporar el bienestar de la fuerza laboral como una dimensión explícita del diseño organizacional del hospital del futuro, y no como una iniciativa accesoria de recursos humanos.

      Parte de la carga administrativa es identificable y, por lo tanto, reducible por diseño: se estima que la sobrecarga de tareas administrativas explica alrededor de una cuarta parte de la variación del puntaje de burnout médico, y que por cada hora de atención directa al paciente los médicos destinan otras dos horas a tareas de registro en la historia clínica electrónica (StatPearls/NCBI, 2026). Más de la mitad del personal de salud en relevamientos recientes declara intención de cambiar de empleo en el corto plazo (RGER, 2026), lo que retroalimenta directamente la escasez de recursos humanos descripta en la sección anterior: el burnout no es solo una consecuencia de la falta de personal, sino también una de sus causas.

      Equidad de acceso

      La brecha entre la disponibilidad de especialistas en zonas urbanas y rurales condiciona de manera directa el diseño de la red asistencial: la escasez proyectada de médicos en áreas no metropolitanas es sustancialmente mayor que en los centros urbanos, lo que erosiona el acceso oportuno a la atención especializada en las regiones menos densamente pobladas. El hospital del futuro debe, por lo tanto, pensarse como un nodo dentro de una red territorial —articulado con telemedicina, centros de referencia y mecanismos de derivación— y no como una unidad autosuficiente, si se pretende sostener la equidad de acceso frente a una distribución del recurso humano y tecnológico estructuralmente desigual.

      Frente al riesgo de cierre de servicios en zonas de baja escala, algunos sistemas de salud están instrumentando figuras intermedias como el hospital rural de emergencias, que concentra recursos en la atención de urgencia esencial en lugar de sostener una oferta de internación general que ya no resulta viable, junto con programas específicos de transformación y financiamiento rural (McDermott Will & Emery, 2026).

      La combinación de telemedicina, monitoreo remoto y atención domiciliaria —hospital-at-home— aparece como la vía más consistente para extender el alcance de la especialización sin replicar infraestructura de agudos en cada punto de la red, siempre que se resuelvan antes las barreras de conectividad y de financiamiento que hoy limitan su escalabilidad en los territorios de menor densidad poblacional.

      El hospital del pasado al presente

      Históricamente, el diseño de los hospitales se ha mantenido estático, con cambios incrementales o respuestas a las crisis como máximo, carente de estrategias a largo plazo y produciendo diseños obsoletos con salas, laboratorios y quirófanos que funcionan de forma independiente. En la Argentina y en gran parte de Latinoamérica esta descripción sigue siendo parcialmente vigente: muchos hospitales tienen tecnología de última generación, pero no han modificado sus procesos ni sus flujos de información, siendo «viejos» con equipamiento moderno.

      La digitalización en el sistema de salud comenzó hace dos décadas de forma desordenada y lenta: primero con la historia clínica digital inconexa, luego con los equipos de imágenes de alta tecnología, después con la trazabilidad de medicamentos, la receta electrónica, las autorizaciones en línea y la teleconsulta durante la pandemia. Ahora estamos frente al desafío de relacionar todos estos equipos y tecnologías en los modernos hospitales para ver dónde están los pacientes, qué necesitan, cuáles son sus resultados; el funcionamiento del edificio inteligente; los domicilios protegidos de los pacientes más complejos; la seguridad; y los objetivos estratégicos acordados.

      El hospital como Hub del sistema de salud

      El hospital del futuro no será el centro del sistema sino un Hub dentro del sistema de salud, interactuando fuertemente con otros establecimientos y dispositivos, con identificación de la necesidad expresada de los ciudadanos. Gran parte de la atención de rutina se descargará fuera de las instituciones, pero los hospitales, por varias décadas, seguirán teniendo un papel crucial para atender a pacientes cada vez más enfermos y con patologías que muchas de ellas eran previamente mortales.

      Los hospitales adoptarán nuevos roles centrados en la prevención de enfermedades, los cuidados intensivos y las necesidades quirúrgicas de alto rendimiento. El concepto de Point of Care se ha extendido dentro y fuera de las paredes de los establecimientos sanitarios y, gracias a los servicios remotos y de telesalud, ahora incluye a los propios pacientes, estén donde estén.

      El Hospital Smart, Verde, Líquido y Cognitivo El hospital del futuro será Smart (inteligente, con procesos interoperables y manejo de datos), Verde (sostenible, con emisiones netas cero), Líquido (sin fronteras rígidas, extendido al hogar y la comunidad) y Cognitivo (una organización que aprende, procesa información y se adapta continuamente). Estas cuatro dimensiones son complementarias y deben desarrollarse en forma simultánea. (Díaz CA, ISALUD 2025)

      Rol fisiológico de las hormonas incretinas GLP1 GIP en el sistema nervioso central

      Sistema de recompensa, sueño, humor y neuromodulación

      Dr. Carlos Alberto Díaz

      saludbydiaz.com

      Fuente principal analizada Tudosie AC, Marín LM, Popa SG, Golli AL. Glucagon-like peptide-1 and dual GIP/GLP-1 receptor agonists in the brain: exploring their growing role and safety in neuropsychiatry. International Journal of Molecular Sciences. 2026;27(8):3628.
      Este trabajo reorganiza, sintetiza y contextualiza la evidencia de esa revisión en función de cuatro ejes de interés para la práctica clínica y la gestión sanitaria: recompensa, sueño, humor y neuromodulación general.

      1. Introducción: de la homeostasis glucémica a la neurofarmacología

      Durante más de dos décadas, el polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa (GIP) y el péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) fueron estudiados casi exclusivamente como mediadores del efecto incretina: hormonas intestinales liberadas tras la ingesta que potencian la secreción de insulina y regulan la glucemia posprandial. Ese marco conceptual, útil para el desarrollo de los agonistas del receptor de GLP-1 (GLP-1RA) y de los coagonistas duales GIP/GLP-1, resulta hoy insuficiente para describir el alcance real de estas moléculas.

      La evidencia acumulada en la última década muestra que los receptores de GLP-1 (GLP-1R) y de GIP (GIPR) se expresan de manera amplia y funcionalmente relevante en el sistema nervioso central (SNC), en regiones que exceden largamente los centros hipotalámicos de control del apetito. Esto reposiciona a las incretinas —y a los fármacos que imitan su acción— como agentes neurofarmacológicos con capacidad de modular el circuito de recompensa, los ritmos de sueño y vigilia, el estado de ánimo y la transmisión sináptica en sentido amplio.

      El objetivo de este trabajo es ordenar esa evidencia alrededor de cuatro preguntas que resultan especialmente relevantes para quienes gestionan servicios de salud y programas de prescripción de estos fármacos a gran escala: ¿qué rol cumplen las incretinas en los circuitos de recompensa y en las conductas adictivas?; ¿qué relación guardan con la arquitectura del sueño y con los trastornos respiratorios asociados a la obesidad?; ¿qué efecto tienen sobre el humor, y qué tan sólida es la señal de riesgo neuropsiquiátrico detectada en farmacovigilancia?; y, de manera más general, ¿a través de qué mecanismos de neuromodulación se explican estas acciones?

      2. Fundamentos fisiológicos: síntesis, receptores y distribución central

      El GIP y el GLP-1 se sintetizan en células enteroendocrinas K y L del intestino, respectivamente, y se liberan al torrente sanguíneo tras la absorción de macronutrientes. El GLP-1, en particular, deriva del procesamiento postraduccional del proglucagón por acción de la prohormona convertasa 1/3 en las células L del íleon distal y el colon, con una secreción bifásica: un primer pico rápido mediado por vías neuroendocrinas y un segundo pico más tardío por contacto directo de los nutrientes con las células L.

      Lo distintivo desde la perspectiva neuropsiquiátrica es que el GLP-1 no proviene únicamente del intestino: existe una población de neuronas preproglucagón en el núcleo del tracto solitario (NTS), en el tronco encefálico, que sintetiza GLP-1 de manera local y lo proyecta directamente hacia estructuras cerebrales implicadas en el balance energético y en la recompensa. Esta fuente central, independiente de la periférica, es la que sostiene buena parte de los efectos neuromoduladores que se describen en las secciones siguientes.

      El GLP-1R pertenece a la familia de receptores acoplados a proteína G de clase B y señaliza principalmente a través de la subunidad Gαs, elevando el AMPc intracelular y activando en paralelo a la proteína quinasa A (PKA) y a Epac2. La intensidad y la duración de esa señal dependen del reclutamiento de β-arrestina: un menor reclutamiento sostiene la señalización de membrana y prolonga los efectos insulinotrópicos, mientras que la vía mediada por β-arrestina activa además cascadas de MAPK (ERK, c-Src) relevantes para la supervivencia celular y la expresión génica a largo plazo. Este matiz —conocido como sesgo de señalización— explica por qué distintos agonistas, con perfiles conformacionales diferentes, no son intercambiables en términos de eficacia y perfil de efectos adversos.

      Distribución anatómica de los receptores

      El mapeo de GLP-1R en el SNC muestra una distribución mucho más amplia que la esperable para un simple regulador de la saciedad:

      • Hipotálamo: núcleos arcuato, paraventricular, dorsomedial y área lateral, centrales en el control del apetito.
      • Tronco encefálico: núcleo del tracto solitario, área postrema y núcleo motor dorsal del vago, vinculados a funciones autonómicas y viscerales.
      • Estructuras mesolímbicas: área tegmental ventral (VTA), núcleo accumbens (NAc), amígdala e hipocampo, es decir, el corazón anatómico del sistema de recompensa y de la regulación emocional.
      • Regiones corticales, núcleo caudado-putamen y globo pálido, asociados a función cognitiva y control motor.
      • Médula espinal, en particular en neuronas preganglionares simpáticas.

      Esta distribución debe interpretarse con cautela metodológica: existen diferencias documentadas entre roedores y especies de orden superior en la densidad y el patrón de expresión de estos receptores, lo que limita la extrapolación directa de los modelos preclínicos a la clínica humana.

      3. El sistema de recompensa: del intestino al núcleo accumbens

      3.1. El circuito mesocorticolímbico

      El circuito de recompensa mesocorticolímbico —VTA, NAc, amígdala e hipocampo— concentra una proporción significativa de los GLP-1R centrales. En este circuito, la señalización de GLP-1 actúa como un verdadero regulador de ganancia de la actividad dopaminérgica: atenúa los picos de liberación fásica de dopamina asociados a estímulos altamente gratificantes (en particular alimentos muy apetecibles) sin abolir el tono dopaminérgico basal. El resultado neto es una reducción de la relevancia motivacional de esos estímulos, más que una supresión generalizada del sistema de recompensa.

      A nivel sináptico, la activación del GLP-1R en el VTA incrementa la transmisión glutamatérgica de tipo AMPA/kainato sobre las neuronas dopaminérgicas y modula la actividad de interneuronas locales, lo que reduce la prominencia de las señales condicionadas asociadas a la recompensa. En el NAc, un mecanismo comparable —mediado predominantemente por control glutamatérgico más que por inhibición dopaminérgica directa— incide sobre las neuronas espinosas medianas que expresan el receptor D1, con efectos sobre los procesos de deseo (craving) y de recaída.

      Idea clave La señalización de GLP-1 no elimina la recompensa: la recalibra. Atenúa la hiperrespuesta dopaminérgica a estímulos muy salientes (comida ultraprocesada, alcohol, otras sustancias) preservando la función basal del circuito.

      3.2. El eje intestino-cerebro y la vía vagal

      La comunicación entre el intestino y el circuito de recompensa está mediada en gran medida por aferencias vagales que convergen en el NTS, donde residen las neuronas productoras de GLP-1 de origen central. Desde allí, proyecciones glutamatérgicas alcanzan el VTA y el NAc, articulando así una vía continua entre la señal metabólica periférica y el procesamiento central de la recompensa. La integridad de esta vía vagal es condición necesaria para que el efecto regulador se exprese: su interrupción experimental anula buena parte de la modulación observada. Existe además variabilidad interindividual en el tono vagal —evaluable, entre otras formas, mediante la variabilidad de la frecuencia cardíaca— que podría explicar diferencias en la respuesta clínica a estos fármacos.

      3.3. Implicancias en medicina de las adicciones

      Estos hallazgos sustentan una línea de investigación creciente sobre el uso de GLP-1RA en trastornos por consumo de sustancias. La semaglutida, por ejemplo, ha mostrado reducir el consumo de alcohol en modelos animales mediante alteraciones en la neurotransmisión GABAérgica central. La hipótesis de trabajo es que, al atenuar la hipersensibilización del circuito de recompensa, estos agentes podrían constituirse en una herramienta complementaria en el abordaje de conductas adictivas, un área que la propia revisión analizada señala como prioritaria para la investigación futura.

      4. Sueño, ritmo respiratorio y su interacción con la adicción

      Un hallazgo menos difundido, pero clínicamente relevante para la gestión de servicios de salud, es la expresión de GLP-1R en centros troncoencefálicos que gobiernan la ritmogénesis respiratoria: el NTS, el locus coeruleus y el complejo pre-Bötzinger. Estudios preclínicos muestran que la activación de estos receptores estabiliza los patrones respiratorios y mejora el impulso ventilatorio, en particular modulando las respuestas quimiosensoriales del núcleo retrotrapezoidal.

      Esta acción tiene una lectura clínica directa: la obesidad y la apnea obstructiva del sueño coexisten con frecuencia, y ambas condiciones se asocian a su vez con trastornos por consumo de sustancias como el alcoholismo y la dependencia de opioides. El mapeo de GLP-1R en los centros respiratorios medulares y pontinos respalda mecanísticamente los beneficios observados en la función pulmonar y en la mortalidad asociada a la fisiopatología respiratoria de la obesidad.

      A esto se suma una relación bidireccional bien documentada entre sueño y adicción: el consumo de sustancias altera la arquitectura del sueño, y los trastornos del sueño, a su vez, predisponen a la recaída y empeoran los resultados del tratamiento. La convergencia de estos tres elementos —modulación respiratoria, apnea del sueño y adicción— posiciona a los agonistas del receptor de GLP-1 como candidatos de interés para abordar trastornos del sueño vinculados al consumo de sustancias, aunque se trata todavía de un campo con desarrollo clínico incipiente.

      5. Humor y riesgo neuropsiquiátrico

      5.1. Mecanismos de modulación del ánimo

      Más allá de la dopamina, los GLP-1R modulan de manera relevante el sistema serotoninérgico, un mediador central del procesamiento emocional en la amígdala y el hipocampo. Su activación en neuronas serotoninérgicas incrementa el recambio del neurotransmisor, con un efecto ansiolítico descrito en modelos preclínicos. Un mecanismo indirecto adicional pasa por el eje triptófano-quinurenina: en estados de inflamación asociada a la obesidad, la enzima IDO-1 se sobreexpresa y desvía el triptófano hacia la vía de la quinurenina en detrimento de la síntesis de serotonina; al reducir la carga inflamatoria sistémica, los agonistas de GLP-1 y GIP podrían restablecer parcialmente ese equilibrio.

      En paralelo, estos fármacos inciden sobre la neurotransmisión GABAérgica y glutamatérgica, sistemas cuya disfunción se asocia tanto a cuadros depresivos como a deterioro cognitivo. También se ha descrito un aumento del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), relevante porque su déficit se considera un precursor habitual de la sintomatología depresiva. Los agonistas duales GIP/GLP-1 podrían tener aquí una ventaja teórica, dado que la señalización de GIP contribuye de manera independiente a la plasticidad sináptica hipocampal.

      5.2. La señal de riesgo neuropsiquiátrico: qué dice la evidencia

      El punto más sensible para la práctica clínica es la relación entre estos fármacos y el riesgo de depresión o ideación suicida. Los ensayos clínicos controlados de gran escala (programas SCALE y STEP, entre otros) reportan de manera consistente una incidencia baja (menor al 1%) de depresión e ideación suicida, comparable a la del placebo. Un estudio de cohorte en condiciones de vida real sobre más de 240.000 pacientes encontró, incluso, un riesgo menor de ideación suicida con semaglutida frente a otros fármacos antiobesidad no incretínicos. Tanto la FDA como la Agencia Europea de Medicamentos concluyeron, tras revisar la evidencia de farmacovigilancia disponible, que no hay sustento para una relación causal.

      Sin embargo, los sistemas de notificación espontánea de eventos adversos (FAERS en Estados Unidos, EudraVigilance en Europa) sí muestran una señal estadística que no puede ignorarse: análisis de desproporcionalidad identifican categorías de eventos psiquiátricos —nerviosismo, atracones, vómitos autoinducidos, ideación e intentos de suicidio— con razones de notificación elevadas para determinadas moléculas, en particular liraglutida y semaglutida. Una proporción relevante de esos reportes involucra pacientes con uso concomitante de psicofármacos, lo que sugiere que la vulnerabilidad psiquiátrica preexistente podría explicar buena parte de la señal, sin que ello descarte por completo un efecto directo del fármaco en subgrupos específicos.

      Punto de atención para la gestión clínica La discrepancia entre los ensayos controlados (señal ausente) y la farmacovigilancia del mundo real (señal presente pero no causal confirmada) recomienda un monitoreo activo del estado de ánimo durante el primer mes de tratamiento, en especial en pacientes con antecedentes psiquiátricos.La ficha técnica estadounidense de liraglutida incluye advertencia específica sobre depresión e ideación suicida; el equivalente europeo, no. Esta asimetría regulatoria es un dato relevante para protocolos institucionales de prescripción y consentimiento informado.

      6. Neuromodulación integrada: hacia un modelo unificado

      Los cuatro ejes descritos —recompensa, sueño, humor y neurotransmisión general— no son compartimentos independientes, sino expresiones distintas de un mismo fenómeno: la integración central de una señal metabólica periférica dentro de circuitos neuronales que gobiernan el comportamiento motivado, el estado de alerta y el procesamiento afectivo. El sustrato común es la amplia distribución de GLP-1R (y, en menor medida, GIPR) en estructuras que comparten conectividad —NTS, VTA, NAc, amígdala, hipocampo, corteza prefrontal— y que utilizan como moneda común la modulación de dopamina, serotonina, GABA y glutamato.

      Esta misma amplitud de acción es la que sustenta el interés en el potencial neuroprotector de estos fármacos frente a la enfermedad de Parkinson y la enfermedad de Alzheimer, mediante la mejora de la señalización insulínica cerebral, la reducción de la neuroinflamación y el apoyo a la neuroplasticidad. La evidencia clínica en este terreno es todavía heterogénea —un ensayo de fase 3 con exenatida no mostró beneficio significativo frente a placebo en enfermedad de Parkinson, mientras que el ensayo LIXIPARK con lixisenatida sí mostró una modesta ralentización de la progresión motora— lo que subraya que la traducción de la neuroprotección preclínica a resultados clínicos definitivos sigue siendo un desafío abierto.

      7. Consideraciones para la práctica y la gestión clínica

      • Incorporar el tamizaje sistemático del estado de ánimo (por ejemplo, con una escala breve validada) al inicio y durante el primer mes de tratamiento con GLP-1RA, en especial en pacientes con antecedentes psiquiátricos o bajo psicofármacos concomitantes.
      • Considerar la coexistencia frecuente de obesidad, apnea obstructiva del sueño y trastornos por consumo de sustancias como un fenotipo clínico donde estos fármacos podrían aportar un beneficio que excede el control glucémico y ponderal.
      • Diferenciar, al informar a los equipos asistenciales, entre la evidencia de ensayos controlados (tranquilizadora) y la señal de farmacovigilancia (presente, no causal, pero clínicamente accionable en términos de seguimiento).
      • Anticipar, en la planificación de programas asistenciales, un uso creciente de estos fármacos con indicaciones que exceden la diabetes y la obesidad, lo que exige protocolos de seguimiento neuropsiquiátrico y no solo metabólico.

      8. Conclusiones

      El GLP-1 y los agonistas duales GIP/GLP-1 dejaron de ser, desde el punto de vista fisiológico, simples reguladores de la glucemia posprandial. La evidencia revisada muestra una participación activa y anatómicamente sustentada en la modulación del sistema de recompensa, en la estabilización de los ritmos respiratorios con impacto potencial sobre el sueño, y en la regulación del estado de ánimo a través de múltiples sistemas de neurotransmisores.

      El desafío que se abre para la práctica clínica y la gestión sanitaria es doble: por un lado, capitalizar este potencial neuromodulador —en particular en medicina de las adicciones y en neuroprotección— y, por otro, sostener un monitoreo activo del riesgo neuropsiquiátrico individual, sin que la ausencia de causalidad demostrada a nivel poblacional se traduzca en desatención del caso clínico particular.

      Referencia

      Tudosie AC, Marín LM, Popa SG, Golli AL. Glucagon-like peptide-1 and dual GIP/GLP-1 receptor agonists in the brain: exploring their growing role and safety in neuropsychiatry. International Journal of Molecular Sciences. 2026;27(8):3628. https://doi.org/10.3390/ijms27083628

      Documento elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como apoyo de redacción y edición, bajo supervisión científica del Dr. Carlos Alberto Díaz.

      Fin de época: el sistema de salud argentino se está vaciando

      Editorial — Dr. Carlos Alberto Díaz | Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud, Universidad ISALUD

      Hay momentos en la vida de las instituciones en que el diagnóstico ya no alcanza. Se puede seguir describiendo el deterioro con la precisión de un informe técnico, se pueden alinear cifras, comparar sistemas, citar la literatura, y aun así quedarse corto frente a lo que realmente está pasando: esta no es una crisis más del sistema de salud argentino. Es el cierre de una época. La época del aseguramiento social solidario, la del «todos cubiertos, todos iguales», se está terminando ante nuestros ojos, en silencio, sin que nadie la haya decretado, sin que nadie se haga cargo.

      Quienes trabajamos en el interior del sistema —en la gestión, en la clínica, en la provisión, en la prestación, en la auditoría, en las redes, en la docencia— lo sentimos en el cuerpo antes que en los números. Se vacía en una letanía dolorosa y generadora de muertes evitables. No de un día para el otro, sino con la lentitud de lo que se drena por una fisura que nadie quiere ver. Y como en todo fin de época, hay ganadores y hay perdedores. Conviene decirlo sin eufemismos, empezando por quienes más tienen que perder: los pacientes. Tengo la sensación de la parabola de la rana hervida. No podremos salvarnos.

      Los pacientes primero?: ¿la salud como privilegio de cartera?

      La verdad incómoda que este editorial no va a esquivar es la siguiente: hoy, en la Argentina, tener un prepago —o una obra social de las que todavía funcionan como tales— es tener acceso a un buen servicio de salud. No tenerlo es entrar en una fila. Esa fila tiene nombre: lista de espera visible y oculta. Y esa lista de espera tiene consecuencias clínicas concretas, no administrativas: más infartos que llegan tarde al balón, más accidentes cerebrovasculares sin ventana terapéutica, más insuficiencias renales que debieron prevenirse, más cirugías que se posponen hasta que el paciente empeora. El sistema no lo va a anunciar en un comunicado. Simplemente va a ocurrir, prestación por prestación, turno por turno. Y la respuesta institucional frente a eso, hay que decirlo también, va a ser la de siempre: nada. Ninguna épica, ninguna reforma de fondo, solo la administración silenciosa de la escasez.

      La pregunta que el sistema evita Si el acceso a un buen resultado clínico depende cada vez más de la cobertura que uno puede pagarse, ¿en qué sentido seguimos llamando «sistema de salud» a lo que en los hechos ya funciona como un mercado segmentado por capacidad de pago?

      Un archipiélago sin timón: fragmentación y federalismo sanitario

      El sistema argentino nunca fue uno solo. Es, y siempre fue, un archipiélago: subsector público, subsector privado, obras sociales nacionales, obras sociales provinciales, PAMI, cada uno con su lógica de financiamiento, su padrón, sus reglas. Ya en 2011, el informe conjunto del PNUD, la OPS/OMS y la CEPAL sobre la trayectoria de largo plazo del sistema de salud argentino identificaba esta fragmentación como el obstáculo estructural central, distinguiendo tres planos que se superponen: la fragmentación de derechos, la regulatoria y la territorial (PNUD, OPS/OMS y CEPAL, 2011). Más de una década después, la propia CEPAL y la OPS siguen señalando la subfinanciación crónica y la segmentación como los rasgos que persisten en los sistemas de salud de la región, la Argentina incluida (CEPAL y OPS, 2024).

      El federalismo sanitario, que en el papel debería ser una fortaleza — por la adaptación local, cercanía con la comunidad—, en la práctica es un obstáculo casi insalvable para cualquier intento de uniformizar cobertura, calidad o acceso. Veinticuatro jurisdicciones, veinticuatro sistemas de salud de facto. A esto se suma una segunda fragmentación, interna a cada subsector: apenas un puñado de obras sociales concentra una porción desproporcionada de los aportes del sistema, mientras la mayoría opera con escalas demasiado pequeñas para sostener economías de escala (Díaz, 2026a). Cuando el managed care de las obras sociales empieza a ceder —y está cediendo—, no hay una red de contención nacional que absorba la caída. Cada jurisdicción cae a su manera, y a su propia velocidad. En el interior la situación es cada vez más compleja. En el interior, la mayoría de las clínicas están cortando los servicios por falta de pago, de las obras sociales y el Pami. Estos pacientes van al hospital. El hospital factura. Pero ese crédito por prestaciones en general no se puede cobrar. El endeudamiento crece. Se producen dificultades en el acceso de los pacientes sin cobertura formal.

      La ecuación que no cierra: salarios, empleo y recaudación

      La seguridad social argentina se financia con aportes y contribuciones sobre el salario formal, exactamente el esquema que el propio Estado documenta en sus estudios sobre financiamiento de los subsistemas de seguridad social (ANSES, Observatorio de la Seguridad Social, s.f.). Es una ecuación que dependía de dos variables que hoy están en baja: el salario real y el empleo registrado. La Argentina, además, financia esa cobertura con una cuña fiscal laboral que se ubica por encima de la mayoría de los países de la OCDE, lo que encarece la creación de empleo formal justo cuando más se lo necesita para sostener la recaudación (OCDE, 2025). Cuando salario real y empleo formal caen, la recaudación de las obras sociales cae con ellos, mientras el costo del programa médico obligatorio —lo que hay que cubrir por ley— no baja al mismo ritmo. El resultado es aritmética pura: la recaudación queda por debajo del costo de la cobertura que se debe garantizar. Y esa diferencia no desaparece, se traslada. Se traslada al bolsillo del afiliado, que paga cada vez más de su salud aun estando «cubierto». Y se traslada, cuando el bolsillo ya no alcanza, al sector público, que recibe pacientes derivados desde un sistema que se supone solidario, sin recibir a cambio el financiamiento que esa derivación implica.

      El presupuesto público, mientras tanto, no es un colchón infinito: depende de la recaudación fiscal, que cae en la misma proporción en que cae la actividad económica. El círculo se cierra sobre sí mismo: menos empleo formal, menos aportes, menos recaudación fiscal, menos presupuesto público, más gasto de bolsillo, más pacientes sin cobertura efectiva. Cada eslabón empuja al siguiente hacia abajo.

      Hay un capítulo dentro de esta ecuación que merece mención aparte, porque agrava por sí solo el desfinanciamiento de las obras sociales: la incorporación obligatoria de los monotributistas al sistema. El aporte que un monotributista destina a su cobertura de salud ronda hoy los 19.750 pesos, apenas el veintidós por ciento de lo que cuesta financiar el Programa Médico Obligatorio. La propia Confederación General del Trabajo lo ha planteado en estos términos en su diagnóstico sobre la situación de las obras sociales, señalando que el aporte de los monotributistas es varias veces inferior al costo real del PMO y que, además, quienes ingresan por esta vía suelen presentar una carga de enfermedad igual o mayor a la de los afiliados que aportan por relación de dependencia (CGT, 2026). El resultado no es un detalle contable: cada monotributista que se suma al padrón sin que su aporte cubra el costo de su propia cobertura empuja hacia abajo la cápita media del conjunto de la obra social, obligándola a financiar esa diferencia con lo que aportan los afiliados formales. Es, en los hechos, otra forma en que la solidaridad del sistema se transforma en subsidio cruzado no reconocido, silencioso y creciente.

      PAMI: el síntoma más visible de un mal estructural

      El PAMI no es una anomalía aislada: es el síntoma más visible de un mal estructural, porque concentra en un solo organismo todas las tensiones del resto del sistema. Déficit crónico, dificultad creciente para sostener prestaciones, una población beneficiaria que envejece y demanda más justo cuando el financiamiento demanda menos. No hay indicios de que esa tensión se resuelva sola, ni de que exista hoy una decisión política de resolverla de fondo.

      El mercado de medicamentos: la negociación que no tenemos

      A esta ecuación financiera ya insostenible se le suma un factor que la agrava sistemáticamente: el costo de los medicamentos. Cada vez se usan más fármacos, y los que sustituyen a los anteriores son, sistemáticamente, más costosos. El estándar internacional de veinte años de protección de patente (ADPIC/TRIPS) ya es, de por sí, un plazo largo frente a la necesidad de acceso; en la práctica argentina, además, el tiempo efectivo de exclusividad se ha extendido en los últimos años en lugar de acortarse (CAEME, 2024), postergando el ingreso de genéricos que aliviarían la presión sobre el gasto.

      Y cuando la Argentina intenta correr ese límite, aunque sea un poco, la respuesta de los intereses comerciales globales —con Estados Unidos a la cabeza— no es la negociación: es la presión. Los criterios de patentabilidad relativamente restrictivos que el país adoptó para limitar extensiones monopólicas abusivas y favorecer el acceso a genéricos están hoy bajo una presión internacional creciente para alinearse con estándares más favorables a las corporaciones multinacionales (Fundación Soberanía Sanitaria, 2026). El acuerdo comercial reciente entre la Argentina y Estados Unidos exige, entre otras cosas, extender los plazos de exclusividad de datos y habilitar prórrogas adicionales sobre los veinte años estándar de patente, lo que retrasa aún más el acceso a genéricos y sostiene precios altos (Asociación Acceso Justo al Medicamento, 2026; Díaz, 2026b). Se recupera la posición ganada y se vuelve a presionar. No tenemos, hoy, poder de negociación real frente a esa dinámica. Y sin ese poder, cada actualización del vademécum es, en los hechos, una transferencia de recursos desde un sistema que ya no tiene margen hacia una industria que no está dispuesta a cederlo.

      Buenos resultados, mal gastados: la ineficiencia como enfermedad crónica

      Conviene ser justos en el diagnóstico: la salud en la Argentina, en términos absolutos, es buena. El problema no es la ausencia de capacidad técnica ni de recursos humanos formados. El problema es que los resultados que obtenemos son sistemáticamente inferiores a los que el gasto debería producir. Se gasta más de lo que se obtiene. Esto no es una particularidad local: la Organización Mundial de la Salud estima, de manera global, que entre el veinte y el cuarenta por ciento del gasto sanitario se desaprovecha por ineficiencia, concentrado en recursos humanos mal asignados, uso irracional de medicamentos y fallas operativas en los servicios (OMS, 2010). Hay sectores del sistema argentino que se ubican en el extremo superior de ese rango, con más del treinta por ciento de ineficiencia (Díaz, 2025), un número que no es un margen de error contable sino una fuga estructural de recursos que, si se corrigiera, cambiaría por completo la conversación sobre financiamiento.

      No una crisis, sino varias, a la vez

      Es un error de diagnóstico —y un error político— hablar de «la» crisis del sistema de salud argentino, en singular. No hay una sola crisis: hay varias, simultáneas, que involucran a instituciones distintas y que rara vez se miran en conjunto. La ANMAT y su capacidad regulatoria. La evaluación de tecnología sanitaria, todavía incipiente frente a la velocidad de la innovación. Los laboratorios, entre la presión de precios y la de patentes. Las sociedades científicas, que deberían fijar estándares y muchas veces llegan tarde. La logística de insumos, con dificultades reales para distribuir recursos y mantener operativos a los efectores en todo el territorio. Cada una de estas crisis, por separado, sería gestionable. Juntas, y sin coordinación entre los ministerios y organismos que las administran, son la razón por la que ninguna reforma parcial alcanza.

      Un endeudamiento de veinte años que nadie quiere pagar

      Los efectores del sistema —hospitales, clínicas, sanatorios— arrastran un endeudamiento que en muchos casos supera las dos décadas. No es un problema de coyuntura: es estructural, y regularizarlo exigiría una reestructuración profunda de la matriz de costos que el sistema, tal como está financiado hoy, no tiene con qué costear. Las propias entidades que agrupan a estos efectores —CADIME, ADECRA+CEDIM y CONFECLISA, reunidas en CONAES— vienen advirtiendo desde hace años sobre esta situación, señalando que sus ingresos dependen de aranceles cristalizados y de condiciones financieras que les son impuestas, sin que sean ellas mismas formadoras de precios ni intermediarias económicas (CONAES, 2026). La solución obvia —que de ahora en más los efectores paguen puntualmente todas sus obligaciones impositivas y no generen deuda nueva hacia adelante— es correcta como principio y casi inaplicable como política, si no se resuelve primero la brecha entre lo que el sistema recauda y lo que el sistema necesita gastar para funcionar sin acumular pasivos.

      Hacia una concentración caníbal

      Si nada de esto se corrige, el destino más probable del sistema no es el colapso súbito, sino algo más lento y en cierto modo más preocupante: una concentración caníbal. Las obras sociales tal como las conocimos —con historia, identidad, arraigo sectorial— van a desaparecer, absorbidas unas por otras o simplemente vaciadas de afiliados y de sentido, sin que existan estructuras institucionales, empresas o figuras jurídicas preparadas para sustituirlas. Y cuando eso ocurra, los afiliados de las obras sociales que desaparezcan no van a tener adónde ir, porque no hay planificado ningún mecanismo de reasignación. La cobertura no se transforma: simplemente deja de estar, para quien no pueda pagarla por otra vía.

      El cambio cultural, antes que el cambio normativo

      La prestación pública puede mejorar. De eso no tengo dudas. Pero no va a mejorar solo con presupuesto, ni solo con una nueva ley, ni con un decreto que reordene competencias entre la Nación y las provincias. Lo primero que hay que aceptar —y esta es, quizás, la frase más difícil de todo este editorial— es que se necesita un cambio. No un ajuste, no una reforma cosmética, no una readecuación de aranceles: un cambio cultural en la forma en que el sistema entiende su propia función. Mientras sigamos discutiendo el financiamiento sin discutir el modelo de atención, la eficiencia sin discutir la gobernanza, y la cobertura sin discutir qué estamos dispuestos a garantizar como sociedad, vamos a seguir gestionando la agonía de una época en lugar de construir la que viene.

      La salud, en la Argentina, se está vaciando de contenidos, de espíritu, de vocación. No porque falten profesionales dispuestos a ejercerla con vocación —los hay, y son mayoría—, sino porque el sistema que los rodea ya no les ofrece el marco institucional, financiero y regulatorio para que esa vocación se traduzca en resultados. Ese es, en definitiva, el verdadero fin de época: no el de una obra social o un prestador en particular, sino el de una forma de entender la salud como derecho garantizado que, sin una decisión política y social explícita de sostenerla, se convierte silenciosamente en un privilegio de cartera.

      El aviso ya está dado. Lo que sigue depende de si, como sistema, aceptamos que hace falta cambiar, o si preferimos seguir administrando, prestación por prestación, la desaparición de lo que alguna vez quisimos construir.

      Referencias

      Asociación Acceso Justo al Medicamento. (2026). El acuerdo de Trump con Argentina marca un nuevo mínimo en el comercio favorable a las grandes farmacéuticas. https://accesojustomedicamento.org

      Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEME). (2024). Propiedad intelectual: la normativa argentina comparada con otros países. https://www.caeme.org.ar

      Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y Organización Panamericana de la Salud (OPS). (2024). CEPAL y OPS llaman a priorizar la inversión en salud para reducir la desigualdad y alcanzar los ODS en América Latina y el Caribe. https://www.cepal.org

      CONAES (CADIME, ADECRA+CEDIM y CONFECLISA). (2026). Declaración: Es imposible sostener el funcionamiento de las instituciones en el contexto económico actual, no pudiendo garantizar la continuidad de las prestaciones. https://cadime.com.ar

      Confederación General del Trabajo (CGT). (2026). Diagnóstico sobre la situación de las obras sociales (citado en Infobae, 13 de abril de 2026). https://www.infobae.com

      Díaz, C. A. (2025). Indicadores clave para evaluar el desempeño hospitalario. saludbydiaz.com.

      Díaz, C. A. (2026a). Obras sociales en Argentina: fragmentación, solidaridad y rol del Estado en contextos de mercado. saludbydiaz.com.

      Díaz, C. A. (2026b). Impacto del acuerdo comercial Argentina-Estados Unidos en la industria farmacéutica. saludbydiaz.com.

      Fundación Soberanía Sanitaria. (2026). El Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) y su impacto en la innovación y el acceso a la salud. https://soberaniasanitaria.org.ar

      Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). (2025). Fortaleciendo los incentivos de formalización en Argentina: ampliar la protección social y combatir la informalidad en América Latina. https://www.oecd.org

      Organización Mundial de la Salud (OMS). (2010). Informe sobre la salud en el mundo: la financiación de los sistemas de salud, el camino hacia la cobertura universal. Ginebra: OMS.

      PNUD, OPS/OMS y CEPAL. (2011). El sistema de salud argentino y su trayectoria de largo plazo: logros alcanzados y desafíos futuros. Serie Aportes para el Desarrollo Humano en Argentina, N.º 6.

      Superintendencia de Servicios de Salud / ANSES, Observatorio de la Seguridad Social. (s.f.). Fuentes de financiamiento de los subsistemas de la seguridad social. https://www.anses.gob.ar

      Racismo, Etnicismo y clasismo en la Argentina:

      un mismo dispositivo con matices regionales

      Dr. Carlos Alberto Díaz

      1. Una pregunta mal planteada

      Es habitual escuchar, incluso en ámbitos académicos, que en la Argentina no hay racismo, que hay conductas racistas aisladas, que algunas personas son racistas, entonces suponemos que porque algunos que ven solo futbol en los mundiales, vinculan inconexamente conductas aisladas con racismo. Otros dicen que somos clasistas, más que racistas. Somos racistas sociales –a diferencia de otros países de la región– la discriminación se explica más por la clase social que por la etnia: que el prejuicio hacia el pobre pesa más que el prejuicio hacia el indígena, el afrodescendiente o el migrante limítrofe. La literatura sociológica y antropológica más consolidada sobre el tema, sin embargo, sugiere que esa forma de plantear la cuestión invierte los términos del problema. No se trata de dos fenómenos que compiten por explicar la discriminación, sino de un único dispositivo histórico en el que la clase social funciona, en la Argentina, como el lenguaje a través del cual se nombra –y al mismo tiempo se niega– la etnia y la raza.

      Cuatro autores resultan centrales para entender este mecanismo: Alejandro Grimson, quien documentó la existencia de un «racismo sin razas» montado sobre la desetnicización de las clases populares; Mario Margulis y Marcelo Urresti, quienes acuñaron la noción de «racialización de las relaciones de clase» a partir de un extenso trabajo empírico en Buenos Aires; y Rita Segato, que aportó el marco teórico más ambicioso al analizar la «no-blancura» latinoamericana y la dificultad estructural para «nombrar la raza».

      2. Grimson: la oscilación entre la negación y el reconocimiento

      Alejandro Grimson describió una paradoja que cualquier observador de la vida cotidiana argentina puede reconocer: la misma persona puede sostener, en una misma conversación, que vive en un país blanco y sin racismo, y minutos después quejarse de que la ciudad «está llena de negros de mierda». Esta oscilación no es una contradicción accidental, sino el núcleo mismo de lo que el autor denomina el racismo a la argentina: un racismo que se pretende invisible y que, precisamente por negarse a sí mismo, se vuelve más difícil de combatir que uno que se declara abiertamente.

      En Argentina no sólo hay racismo, sino que se trata de una variante muy especial: es virulento y se pretende invisible. La primera de las expresiones racistas es «no hay negros».  (Grimson, Mitomanías argentinas)

      El mecanismo que reconstruye Grimson tiene una genealogía precisa. Durante la primera mitad del siglo XX, el relato oficial construyó a la Argentina como un enclave europeo –«los argentinos descendemos de los barcos»– negando simultáneamente la herencia indígena y afrodescendiente. Pero cuando, en los años treinta, la industrialización sustitutiva de importaciones desplazó masivamente a trabajadores desde las provincias y desde el campo hacia los centros urbanos, esa negación no pudo sostenerse sin una válvula de escape: la categoría «cabecita negra». Este término, aplicado a los seguidores del primer peronismo, no describía necesariamente rasgos fenotípicos africanos o indígenas, sino que operaba una fusión entre distinción cultural y distinción de clase: era negro quien era pobre, provinciano y peronista, independientemente de su color de piel real.

      Desetnicización Proceso mediante el cual la nación se construyó como antagonista de las identidades étnicas de origen: para acceder a la ciudadanía plena, indígenas, afrodescendientes e inmigrantes de países limítrofes debían disolver su especificidad en categorías de clase («obrero», «vulgo», «cabecita negra»). El resultado es que la etnicidad quedó, durante buena parte del siglo XX, convertida en un idioma político prohibido o desalentado, mientras la clase absorbía su lugar como principal grilla de lectura social.

      Grimson agrega un segundo mecanismo, complementario al anterior: la atribución de extranjería. Frente a los pueblos originarios, en particular el mapuche, la prensa reactivó desde los años noventa la vieja noción de «araucanización», que presenta a comunidades preexistentes al Estado nacional como «invasoras» provenientes de Chile. Frente a los inmigrantes regionales, el mismo recurso retórico de la «invasión» se aplicó a bolivianos, paraguayos y peruanos durante el brote de cólera de 1992 y en sucesivas coberturas mediáticas de la «inseguridad». En ambos casos, la extranjería cumple la misma función que la clase: desplaza el problema racial hacia un terreno aparentemente neutral –el origen nacional, la documentación, la legalidad– sin necesidad de nombrar jamás el color de piel.

      3. Margulis y Urresti: la racialización de las relaciones de clase

      Si Grimson aporta la genealogía histórica y los mecanismos discursivos, Mario Margulis y Marcelo Urresti –compiladores de La segregación negada. Cultura y discriminación social (1998), obra de referencia obligada sobre el tema– ofrecen el concepto que permite entender por qué separar clasismo de racismo es, en el caso argentino, un ejercicio artificial. Su categoría central, la racialización de las relaciones de clase, sostiene que la desigualdad social no se percibe en Buenos Aires como una diferencia abstracta de ingresos o de posición ocupacional, sino que se lee directamente sobre el cuerpo: el color de piel, los rasgos faciales, la textura del cabello, la vestimenta y el modo de hablar funcionan como marcadores que permiten ubicar a una persona en la jerarquía social antes de cualquier intercambio verbal.

      Positivismo, biologismo y darwinismo social fueron los modelos ideológicos sobre los cuales se constituyó un mapa simbólico que sigue influyendo en los fenómenos discriminatorios del presente; el mismo mapa que pesa sobre nuestros «negros» actuales, que son los «cabecitas negras», los «bolitas», aquellos que provienen de la migración interior, limítrofe y latinoamericana, y portan en el cuerpo las señales de su origen mestizo.  (Margulis y Urresti, La segregación negada, 1998)

      El aporte metodológico de Margulis y Urresti –retomado luego en trabajos como el de Rauschenberg y Seccia sobre la disposición democrática en la Ciudad de Buenos Aires– consiste en mostrar empíricamente que xenofobia y clasismo covarían: no son actitudes independientes que un mismo individuo pueda sostener por separado, sino dos caras de una misma disposición ideológica. Cuando la construcción social de un grupo discriminado se vuelve más concreta –del «pobre» en abstracto al «cartonero», de este al «villero», de este al «boliviano» o al «chino»– la intensidad del rechazo aumenta. Esta escala revela que el prejuicio de clase se intensifica precisamente cuando se le agrega un componente étnico o nacional, lo cual sugiere que ambos operan como un mismo continuo y no como magnitudes que se puedan sumar o restar entre sí.

      Racialización de las relaciones de clase
      Proceso por el cual una desigualdad de origen económico y social se traduce en un código de lectura corporal y fenotípico: «ser pobre» se vuelve legible en la apariencia física, y la apariencia física asociada a la pobreza –tez oscura, rasgos indígenas o mestizos, acento regional– pasa a funcionar como estigma racial aun cuando el sistema de clasificación social evite nombrar explícitamente la raza.

      4. Segato: la no-blancura y la dificultad de nombrar la raza

      El aporte de Rita Segato, desarrollado en «Los cauces profundos de la raza latinoamericana: una relectura del mestizaje» (2010), traslada la discusión a un plano continental y ofrece la clave teórica que permite entender por qué el clasismo funciona tan eficazmente como sustituto del racismo en el discurso público argentino. Para Segato, la raza latinoamericana no puede definirse en términos positivos –no hay un fenotipo estable, unívoco, que la identifique– sino que se constituye como una categoría negativa: la no-blancura. El continente, sostiene la autora, tiene una dificultad estructural para hablar del color de piel y de los rasgos físicos de sus propias mayorías; lo que aflora en el discurso social no es la afirmación de una identidad racial, sino su elusión permanente.

      Al continente le cuesta hablar del color de la piel y de los trazos físicos de sus mayorías; lo que aflora es la no-blancura, los sujetos se describen sin etnicidad, sin historia, sin cultura, la raza se muestra esquiva, se evade de ser nombrada.  (Segato, 2010)

      Segato define la raza, en este marco, como el resultado de una «lectura contextualmente informada de la marca en el cuerpo de la posición que se ocupó en la historia»: no es una esencia biológica, sino una inscripción que la historia colonial y las relaciones de dominación dejan sobre determinados cuerpos, y que luego se reactiva cada vez que esos cuerpos ocupan posiciones subordinadas en la estructura social. De ahí su célebre fórmula, retomada por sociólogos que han estudiado la estratificación argentina: las posiciones en la estructura social «tienen rostro». Cuando alguien describe a un cartonero, a un habitante de una villa o a un trabajador informal, no está describiendo únicamente un lugar en la escala de ingresos, sino también –aunque no lo diga– un fenotipo esperado.

      La consecuencia práctica de esta lectura es directa: si la raza en América Latina se define por default, por elusión, entonces cualquier discurso que sustituya «raza» por «clase» no está evitando el problema racial, sino ejecutando exactamente el mecanismo mediante el cual ese problema se reproduce sin ser nombrado.

      Segato insiste en que «nombrar la raza» constituye, en sí mismo, una estrategia de lucha y de descolonización: mientras el vocabulario público disponible sea el de la pobreza, el mérito o la marginalidad, la dimensión racial seguirá operando por debajo del radar, protegida precisamente por su aparente ausencia.

      5. Matices regionales: el mismo racismo, distinto rostro según el territorio

      La evidencia empírica disponible –en particular el Mapa Nacional de la Discriminación elaborado por el Inadi (2014)– permite matizar el argumento anterior y mostrar que el peso relativo de clase y raza no es uniforme en todo el territorio argentino, lo cual respalda la tesis de Grimson, Margulis-Urresti y Segato desde un ángulo distinto: el racismo argentino es «móvil y cambiante», en palabras de Sergio Caggiano, y se reacomoda según la composición social y étnica de cada región.

      • Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA): en esta región, el Inadi encontró que la nacionalidad y el color de piel –no el nivel socioeconómico– son los primeros componentes del llamado «racismo estructural», por encima incluso de la pobreza. Es la región donde el argumento «es clasismo, no racismo» resulta menos sostenible frente a los datos.
      • Resto del país (regiones no metropolitanas): en la mayoría de las provincias, el nivel socioeconómico sí aparece como el componente principal de la discriminación medida, lo que podría alimentar superficialmente la lectura clasista. Sin embargo, esto no contradice a Margulis y Urresti: significa que, fuera del AMBA, la racialización de clase opera con menor mediación explícita de la nacionalidad, pero no que desaparezca el componente racial.
      • Norte argentino (Noreste y Noroeste): son las regiones donde la adhesión a ideas como «las comunidades indígenas deberían integrarse más a la cultura general» alcanza los valores más altos (54,3 % en el Noreste, 48 % en el Noroeste), y también donde la percepción general de discriminación es más elevada. Aquí el racismo se dirige de manera más directa y explícita hacia los pueblos originarios, con menor necesidad de la mediación de clase que describe Grimson para el AMBA.
      • Patagonia: región con niveles de percepción de discriminación también elevados, y escenario específico del mecanismo de «extranjerización» que Grimson describe para el pueblo mapuche a través de la reactivación mediática de la idea de ºraucanización», que presenta a comunidades originarias del propio territorio argentino como una amenaza foránea.

      Este mosaico regional es coherente con la tesis de Sergio Caggiano según la cual el racismo argentino no tiene un único objeto, sino que se desplaza entre grupos específicos (indígenas, migrantes limítrofes, afrodescendientes) y la «negritud popular» genérica, adaptando su vocabulario –«cabecita negra», «bolita», «indiada», «negro villero»– a la composición demográfica y a la coyuntura política de cada territorio. Que en unas regiones se exprese predominantemente como discriminación socioeconómica y en otras como discriminación étnica o nacional no indica dos fenómenos distintos, sino un mismo dispositivo que adopta la superficie disponible en cada contexto.

      6. La encuesta de Rauschenberg y Seccia: cómo se cruzan xenofobia y clasismo

      El aporte de Nicholas Rauschenberg y Oriana Seccia (UBA/Conicet) es el único de los trabajos reunidos aquí que ofrece una medición cuantitativa directa de la covariación entre xenofobia y clasismo. Los autores retomaron una encuesta sobre disposición democrática/antidemocrática realizada en 2013 en la Ciudad de Buenos Aires (muestreo aleatorio simple, 701 casos), diseñada originalmente para medir tres dimensiones –autoritarismo, des-solidarización (justicia social) y normalización (política)– y construyeron a partir de sus ítems una dimensión adicional, no prevista en el diseño original: la dimensión discriminación, compuesta por dos variables, xenofobia y clasismo.

      La variable xenofobia se midió con tres ítems (el derecho al voto de extranjeros residentes, la venta callejera de «productos típicos» por colectividades migrantes, y la sospecha sobre las prácticas comerciales de los comercios chinos). La variable clasismo se midió con cuatro ítems (las diferencias de ingreso como motor del desarrollo, la represión policial a cartoneros, el uso de la fuerza contra nuevos asentamientos y villas miseria, y el rechazo a los planes de asistencia social). Cada variable se resumió en un índice de cuatro categorías, y ambos índices se combinaron en un índice final de Sujeto Discriminador.

      El primer hallazgo relevante es que la xenofobia midió sistemáticamente más alto que el clasismo: un 65,8 % de la muestra resultó xenófoba (sumando indiferentes), contra un 50,4 % clasista. El ítem más discriminatorio de toda la encuesta no fue uno de clase, sino el referido a los comercios chinos: un 60,4 % de los encuestados consideró que estas actividades comerciales, ampliamente consumidas por la población, son «sospechosas» y ameritan controles diferenciales. Este dato, por sí solo, ya cuestiona la premisa de que el prejuicio de clase predomina sobre el étnico o nacional en el AMBA.

      El cruce de variables (Cuadro 4 del estudio) Al combinar los índices de Sujeto Xenófobo y Sujeto Clasista, los autores encontraron la siguiente distribución: 24,8 % de los encuestados no son ni clasistas ni xenófobos; 9,3 % son clasistas pero no xenófobos; 25 % son xenófobos pero no clasistas; y 40,8 % son clasistas y xenófobos a la vez. La conclusión metodológica es contundente: casi no existe un «clasismo puro» desacoplado de la xenofobia (apenas 9,3 % de los casos), mientras que la xenofobia sin componente clasista es casi tres veces más frecuente (25 %). Además, la xenofobia «presiona» hacia arriba la medición del clasismo: entre quienes son «muy xenófobos», el 46,5 % es también «muy clasista», mientras que entre los «muy no-xenófobos», sólo el 10,7 % alcanza ese nivel de clasismo.

      Rauschenberg y Seccia interpretan este patrón a partir de una distinción conceptual entre tres modalidades de racismo que atraviesan sus datos: el racismo de clase (el migrante o el pobre son excluidos por pertenecer a capas bajas), el racismo cultural (la exclusión se justifica por una supuesta incompatibilidad de costumbres, como en el caso de los comercios chinos o la venta callejera) y el racismo sin razas o racismo simbólico, que «casi cínicamente» reconoce la igualdad formal de derechos mientras niega, en la práctica, que las políticas de acción afirmativa o de asistencia social sean necesarias para hacerla efectiva.

      Este tercer tipo explica por qué el ítem sobre planes sociales registró el rechazo más alto entre todos los de la variable clasismo (48,5 %): no se trata solo de una objeción económica, sino de una descalificación política e identitaria –los «planes» están asociados en el imaginario porteño al peronismo y a los sectores populares racializados– que vuelve a mostrar la imposibilidad de aislar la clase de sus connotaciones étnicas y raciales.

      El estudio, en síntesis, aporta la confirmación estadística más directa de la tesis que este artículo viene sosteniendo: xenofobia y clasismo no son actitudes independientes que un mismo individuo pueda sostener por separado, sino un mismo síndrome ideológico que se intensifica cuando ambos componentes coinciden en un mismo objeto social.

      7. Caggiano: distintos objetos de un mismo racismo

      El trabajo de Sergio Caggiano (CIS-Conicet/IDES), publicado en Tabula Rasa en 2023, es el que ofrece la síntesis histórica y teórica más ambiciosa entre los reunidos aquí, porque explícitamente busca tender puentes entre campos de estudio que suelen permanecer separados: los estudios sobre pueblos indígenas, los estudios migratorios y los estudios afro. Caggiano parte de dos conceptos que funcionan como llave de lectura de todo el fenómeno: el racismo por apariencia y el racismo de negación.

      El racismo por apariencia, sostiene el autor, se configura en la Argentina en las coordenadas del color de piel y el fenotipo, pero también de una cantidad de rasgos visibles –gestos, vestuario, accesorios, cuidado corporal– que se aprenden a leer como indicadores de posición social. Esta «incertidumbre fenotípica», señala Caggiano retomando a autores colombianos como Losonczy y de la Cadena, es lo que permite que la clase social funcione como sustituto permanente de la raza: si el fenotipo nunca es un dato unívoco, cualquier marcador social –la vestimenta, el barrio, el trabajo– puede ocupar su lugar sin que el sistema de clasificación necesite nombrar jamás el color de piel de manera explícita.

      El racismo de negación, por su parte, es la modalidad que resulta de haber sustraído la dimensión racial del campo de lo políticamente discutible desde la consolidación del Estado nación moderno (1880-1930). Caggiano reconstruye una genealogía en dos momentos clave. El primero es el propio proceso de blanqueamiento demográfico y estadístico de esos años: la Campaña del Desierto, la caída poblacional afrodescendiente, la inmigración europea masiva y –decisivo– la supresión de las preguntas sobre raza y color en los censos, que produjo lo que el autor llama, siguiendo a Hilda Otero, una «desaparición estadística» de indígenas y afrodescendientes.

      La afirmación corriente en Argentina según la cual no hay racismo porque no hay razas busca significar que «(ya) no hay negros» o «(ya) no hay indios». Este tipo de afirmaciones […] no vuelve inexistentes a negros e indios, sino que los convierte en una existencia negada.  (Caggiano, Tabula Rasa, 2023)

      El segundo momento clave, y el más relevante para el argumento de este artículo, es el que Caggiano sitúa a mediados del siglo XX, con la manifestación peronista del 17 de octubre de 1945 como hito fundacional: es entonces cuando la «Argentina no blanca», silenciada hasta entonces, irrumpe visualmente en la escena pública a través de la clase trabajadora migrante desde las provincias. Es en ese momento que se acuñan los términos «descamisados» y «cabecita negra», y que –tesis central del autor– se produce un segundo «crisol», paralelo y opuesto al crisol de razas blancas oficial, en el que se funden «otros cuerpos y voces» bajo un lenguaje que ya no es racial sino de clase y de adscripción política: «negro peronista», y más adelante «negro piquetero».

      A partir de esta genealogía, Caggiano analiza las operaciones racistas desplegadas por la prensa hegemónica durante las dos últimas oleadas neoliberales (1989-2001 y 2015-2019) e identifica tres patrones comunes a indígenas, migrantes regionales y afrodescendientes: la atribución de extranjería (la «invasión silenciosa», la araucanización del pueblo mapuche, la atribución del brote de cólera de 1992 a comunidades indígenas del Chaco y a migrantes bolivianos); la construcción de un espacio simbólico de infralegalidad (usurpación de tierras, «ilegalidad» migratoria, talleres textiles «clandestinos»); y la consagración desigual de la legitimidad de la palabra, por la cual las voces de los grupos discriminados aparecen siempre contrastadas con «expertos» o «vecinos» presuntamente blancos y de clase media, mientras las voces oficiales se funden con la del propio medio de prensa.

      El aporte distintivo de Caggiano: el segundo señalamiento Más allá de sistematizar los mecanismos comunes de discriminación contra grupos específicos, Caggiano formula un segundo señalamiento, menos obvio: no alcanza con advertir los trazos compartidos entre el racismo contra indígenas, migrantes y afrodescendientes; es necesario además comprender los vínculos entre ese racismo contra grupos específicos y el racismo que recae sobre la negritud popular genérica –la masa trabajadora heterogénea, de piel a veces blanca, que es igualmente racializada a través del lenguaje de clase–. Su ejemplo más elocuente es una viñeta cómica publicada en Clarín en 2007, donde un personaje habitualmente representado como blanco aparece, en una tira sobre el 9 de julio, con la piel pintada de negro para representar a un «pibe chorro»: la sustitución del color de piel por la marginalidad social se vuelve, en ese descuido gráfico, literal.

      La conclusión de Caggiano es la que mejor resume, en términos programáticos, todo lo expuesto hasta aquí: «bolita» o «boliviano» puede usarse como insulto contra alguien sin relación alguna con Bolivia; «negro» puede aplicarse a trabajadores o piqueteros de cualquier color de piel; «indio» designa cualquier conducta considerada no civilizada. Se trata, sostiene el autor, de un mismo racismo «móvil y cambiante» que reinventa a sus excluidos según el ciclo político y la coyuntura demográfica, y que por eso mismo exige ser estudiado y combatido de manera articulada, y no como una colección de prejuicios sectoriales independientes.

      8. Rivera Vélez y Maluf: el Estado entre el reconocimiento simbólico y la interculturalidad pendiente

      El trabajo de Fredy Rivera Vélez y Norma Alejandra Maluf, publicado en Cuadernos del Cendes en 2017, aporta una perspectiva complementaria a las anteriores: en lugar de analizar el discurso social o mediático, se concentra en el discurso y los documentos institucionales producidos por el Estado argentino –fundamentalmente el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi)– durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2004-2015). Su pregunta de partida es directa: tras siglos de negación, ¿existe hoy un reconocimiento estatal del racismo argentino y, de existir, qué estrategias efectivas se desplegaron para reducirlo?

      La hipótesis central de los autores es que el discurso estatal de ese período se inscribe en un enfoque multicultural que se limita a reconocer la existencia de las diferencias, sin llegar a una perspectiva propiamente intercultural que trascienda la tolerancia y promueva la igualdad efectiva entre los grupos. Es una distinción conceptual clave: el multiculturalismo puede convivir perfectamente con la desigualdad estructural –basta con «tolerar» la existencia de otras culturas– mientras que la interculturalidad exigiría una redistribución real del poder y de los recursos entre esos grupos y la sociedad mayoritaria.

      El artículo documenta con detalle cómo, a partir de los compromisos asumidos en la Conferencia Mundial contra el Racismo de Durban (2001), el Estado argentino incorporó por primera vez el concepto de racismo en su política institucional, sobre todo a través del Mapa de la Discriminación (2014) y de un Plan Nacional contra la Discriminación (2005) inscripto en el marco de los derechos humanos. Sin embargo, Rivera Vélez y Maluf identifican una contradicción recurrente en el propio proceso de institucionalización: al colocar al racismo en un plano de igualdad con otras muchas formas de discriminación –de género, de orientación sexual, por discapacidad, por edad–, la propia arquitectura institucional contribuyó, según su lectura, a diluir su lugar relativo en la agenda pública durante buena parte del período estudiado.

      Podríamos preguntarnos si el hecho de que –a través de documentos y planes de acción– la institución haya ubicado en un plano de igualdad al racismo con otras formas de discriminación habría contribuido en parte a su invisibilización durante los años en los que su tratamiento no fue prioritario en las políticas públicas.  (Rivera Vélez y Maluf, 2017)

      Un segundo hallazgo relevante del artículo es de orden organizacional: los autores muestran, a partir de entrevistas a funcionarias del Inadi, que las áreas temáticas creadas inicialmente para dar participación directa a representantes de cada colectividad discriminada –comunidades afro, migrantes, comunidades religiosas– terminaron desarticulándose y siendo reemplazadas por una lógica de representatividad abstracta y weberiana, que privilegia la gestión institucional por sobre la representación concreta de cada grupo. La perspectiva de derechos humanos, sostienen los autores retomando a Žižek, funcionó entonces como una «plataforma simbólica» que contuvo las particularidades de los participantes, pero al costo de convertir la diversidad reivindicada en una fórmula más bien formal y universalista, alejada de la representación efectiva de cada colectivo.

      El aporte más original de Rivera Vélez y Maluf para el argumento de este artículo aparece en la sección que titulan «el racismo es nuestra mirada»: documentan cómo las propias campañas de sensibilización del Inadi buscaron desplazar el eje de la discriminación desde la persona discriminada hacia quien discrimina –un giro metodológico deliberado, inspirado en el hallazgo de que el racismo hacia los afrodescendientes en Estados Unidos se explica menos por características reales del grupo discriminado que por la necesidad del grupo discriminador de obtener «honor» a partir de su descalificación–. Este giro es compatible con la tesis de Segato sobre la raza como marca inscripta por quien mira, y con la de Caggiano sobre el racismo por apariencia como sistema de clasificación que se aprende a ver: el racismo, en esta lectura, no reside en atributos del grupo estigmatizado sino en la mirada clasificatoria de la sociedad que lo produce.

      Finalmente, los autores señalan un límite estructural que atraviesa todo el período analizado: los derechos humanos, en tanto lenguaje universalista, chocan con las demandas de reconocimiento de la diferencia colectiva que exige una perspectiva intercultural. Citando a Boaventura de Sousa Santos, sostienen que los derechos humanos son «incompletos» como estrategia contra el racismo porque no logran articular la parte –el individuo con derechos formales iguales– con el todo –los pueblos y colectivos con derechos y garantías de efectividad diferenciadas–. De ahí su conclusión, formulada como interrogante abierto: la interculturalidad efectiva «no es posible […] sin los actores», es decir, sin la incorporación real de los sujetos diversos en los procesos de decisión, y no solo en su enunciación simbólica.

      9. El clasismo como mecanismo de negación del racismo

      Los tres autores convergen en un punto que merece ser subrayado como conclusión analítica: en la Argentina, decir «es clasismo, no racismo» no es necesariamente una descripción neutral de la realidad, sino que puede ser, sin que quien lo enuncia lo advierta, una instancia más de lo que la literatura llama racismo de negación. Grimson documenta la fórmula coloquial que sintetiza este mecanismo: «no me refiero a negro de piel, sino a negro de alma». Esta frase pretende desactivar la acusación de racismo trasladando el insulto al terreno de la conducta o de la posición social, pero conserva intacta –y de hecho reactiva– la asociación entre pobreza, comportamiento incivilizado y rasgos corporales no blancos que la sostiene.

      Racismo de negación Modalidad de racismo que opera «por debajo del lenguaje institucionalizado» y se sostiene mediante la afirmación reiterada de la propia inexistencia («no hay racismo porque no hay razas»). No vuelve inexistentes a los grupos racializados: los convierte en una existencia negada, cuya prueba paradójica es que la propia negación necesita reactivarse constantemente frente a la evidencia contraria («este país está lleno de negros»).

      Segato aporta el fundamento teórico de por qué este desplazamiento resulta tan eficaz: si la raza latinoamericana se define por la dificultad de nombrarla, entonces cualquier vocabulario alternativo –el de la clase, el mérito, la legalidad migratoria– no compite con el vocabulario racial sino que ocupa exactamente el vacío que este deja disponible. Margulis y Urresti muestran, con datos, que ese desplazamiento no diluye el prejuicio sino que lo intensifica cuando se combina con marcadores étnicos o nacionales concretos. Y Caggiano añade la dimensión histórica: el propio Estado argentino, incluso cuando reconoce oficialmente el racismo –a través del Inadi o de los planes nacionales contra la discriminación posteriores a la Conferencia de Durban de 2001– tiende a subordinarlo a otras agendas y a diluirlo dentro de un concepto más amplio de discriminación, lo cual reproduce en el propio aparato estatal la misma dificultad para nombrar la raza que describe Segato.

      La implicancia práctica de este análisis, relevante también para quienes gestionan servicios de salud y programas sociales dirigidos a poblaciones vulnerables, es que las intervenciones diseñadas exclusivamente en clave socioeconómica –focalización por nivel de ingresos, por ejemplo– pueden dejar sin abordar el componente específicamente racial o étnico de la exclusión, en particular en el AMBA, donde el propio Inadi documenta que la nacionalidad y el color de piel superan a la pobreza como primer factor de discriminación estructural.

      10. Conclusión

      La pregunta de si en la Argentina hay «más clasismo que racismo» presupone que se trata de magnitudes separables y, por lo tanto, comparables. La evidencia reunida en este artículo sugiere lo contrario en, al menos, cuatro planos distintos. En el plano teórico, Grimson, Margulis y Urresti, y Segato muestran que la clase social ha sido, a lo largo del siglo XX y hasta el presente, el vocabulario a través del cual la sociedad argentina nombra –y simultáneamente niega– su propia dimensión racial. En el plano empírico, la encuesta de Rauschenberg y Seccia confirma con datos que el clasismo desacoplado de la xenofobia es residual (apenas 9,3 % de los casos relevados en la Ciudad de Buenos Aires), mientras que la combinación de ambos es, con mucho, el patrón dominante (40,8 %). En el plano histórico y mediático, Caggiano muestra que ese mismo dispositivo se reactiva cíclicamente contra distintos objetos –grupos étnicos específicos y la negritud popular genérica– según la coyuntura política y demográfica. Y en el plano institucional, Rivera Vélez y Maluf documentan que incluso el Estado, cuando reconoce oficialmente el racismo, tiende a hacerlo en clave multicultural y simbólica, sin resolver la tensión hacia una interculturalidad efectiva.

      Los matices regionales no contradicen esta convergencia, sino que la enriquecen: muestran que el mismo dispositivo se expresa con mayor densidad étnica explícita en el AMBA y en las regiones con alta población indígena, y con mayor mediación de clase en el resto del país, sin que ello implique la ausencia del componente racial en ningún caso. Reconocer esta articulación –y no la falsa disyuntiva entre clase y raza– es el punto de partida necesario para cualquier política pública, incluidas las de salud y protección social, que aspire a superar, y no simplemente a administrar, la discriminación estructural argentina.

      Referencias citadas

      Caggiano, S. (2023). Racismo a la argentina: imaginarios en tensión en una sociedad blanca llena de negros. Tabula Rasa, 47, 135-159.

      Grimson, A. (2006). Nuevas xenofobias, nuevas políticas étnicas en la Argentina. En A. Grimson & E. Jelin (comps.), Migraciones regionales hacia la Argentina. Diferencia, desigualdad y derechos. Buenos Aires: Prometeo.

      Grimson, A. Mitomanías argentinas: racismo y diversidad en la identidad nacional.

      Inadi (2014). Mapa Nacional de la Discriminación. Buenos Aires: Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.

      Margulis, M. & Urresti, M. (eds.) (1998). La segregación negada. Cultura y discriminación social. Buenos Aires: Biblos.

      Rauschenberg, N. & Seccia, O. Dimensión discriminación: xenofobia y clasismo en la ciudad de Buenos Aires. Notas sobre una encuesta acerca de la disposición democrática. Seminarios SMS, UNLP, ISSN 2362-4094.

      Rivera Vélez, F. & Maluf, N. A. (2017). Después de la negación: el Estado argentino frente al racismo y la discriminación. Cuadernos del Cendes, 34(95), 155-182.

      Segato, R. L. (2010). Los cauces profundos de la raza latinoamericana: una relectura del mestizaje. Crítica y Emancipación, 2(3), 11-44.

      Ronda Gerencial del Director Médico y Gemba Walk: Un Enfoque Integral

      INTRODUCCIÓN

      La ronda gerencial diaria y el Gemba walk suelen presentarse como técnicas de control: dispositivos para relevar indicadores, detectar desvíos y ordenar la actividad cotidiana de un hospital, un sanatorio o una clínica. Esa lectura es correcta pero incompleta. Ambas prácticas alcanzan su sentido pleno cuando se las encuadra dentro de un modelo de liderazgo que no separa la eficiencia operativa del cuidado de las personas que sostienen esa operación: el liderazgo compasivo (West, 2021).

      La gestión cotidiana de una institución de salud exige, al mismo tiempo, dos movimientos aparentemente opuestos. Por un lado, un movimiento hacia los números: ocupación de camas, cumplimiento del programa quirúrgico, tiempos de espera, eventos adversos, ausentismo. Por otro lado, un movimiento hacia las personas: el enfermero que sostuvo dos turnos consecutivos, el equipo de guardia que trabajó sin el insumo que necesitaba, el médico que debió comunicar una mala noticia sin el tiempo ni el espacio adecuados. Un director que solo hace el primer movimiento gestiona un tablero; un director que hace ambos gestiona una institución.

      Este artículo se propone mostrar por qué el Gemba, en particular, no es solo una herramienta de mejora de procesos importada del pensamiento Lean, sino una práctica que —bien ejecutada— constituye un acto de liderazgo compasivo en el sentido más preciso del término, y por qué esa distinción tiene consecuencias prácticas para quienes dirigen instituciones de salud. Para sostener este argumento, se recorren en las secciones siguientes el sentido de la ronda gerencial diaria, el origen y los principios del Gemba walk, el marco conceptual del liderazgo compasivo desarrollado por Michael West, la correspondencia específica entre ambos modelos, los riesgos de una aplicación desvirtuada del Gemba, y las implicancias prácticas para la dirección médica.

      Vale una aclaración inicial: encuadrar al Gemba dentro del liderazgo compasivo no significa suavizar sus exigencias ni convertirlo en una instancia meramente afectiva. Se trata, por el contrario, de precisar sus condiciones de éxito. La literatura sobre mejora continua coincide en que la mayoría de las recorridas Gemba fracasan no por falta de método, sino por falta de un vínculo de confianza previo entre quien observa y quien es observado; y ese vínculo de confianza es exactamente lo que el marco del liderazgo compasivo permite construir de manera deliberada y sostenida en el tiempo, en lugar de dejarlo librado a la sensibilidad individual de cada directivo.

      LA RONDA GERENCIAL DIARIA: UNA RUTINA DE CUIDADO DEL SISTEMA

      Este artículo toma como base un trabajo previo en el que desarrollamos en detalle el dispositivo de la ronda gerencial diaria: una revisión estructurada, breve y recurrente, que el director médico debe recorrer sistemáticamente —idealmente en un horario fijo de la mañana— para anticipar problemas, priorizar recursos y sostener la seguridad del paciente (Díaz, 2026). Ese trabajo organiza diecisiete dimensiones de gestión cotidiana en tres grandes bloques, que se resumen en la siguiente tabla.

      BloqueDimensiones que agrupa
      Flujo asistencialIngresos del día, programación de la actividad asistencial, programación quirúrgica, pacientes retenidos en guardia, derivaciones solicitadas, demoras operativas de quirófano y guardia, y confirmación del plan quirúrgico.
      Seguridad y calidadComplicaciones no esperadas, eventos adversos, quejas de pacientes y familiares, servicios con funcionamiento deficiente, pacientes que se retiran sin ser atendidos, y altas voluntarias.
      Recursos y soporteInsumos faltantes, ausencias de personal, inconvenientes administrativos, servicios complementarios de apoyo (laboratorio, imágenes, farmacia, hemoterapia, logística) e infraestructura.

      A estos tres bloques, el trabajo base agrega de manera transversal la vigilancia del deterioro clínico mediante el score NEWS, y tres instancias que dan sostén y continuidad a lo relevado en la ronda: el Gemba walk diario, una estructura de reuniones de seguimiento para evitar la repetición de problemas, y una metodología de evaluación de los eventos adversos (Díaz, 2026). El presente artículo parte precisamente de esa tercera instancia —el Gemba walk diario, ya incorporado como práctica en el trabajo base— para profundizar su fundamento conceptual y mostrar por qué, bien practicado, no es solo un complemento operativo de la ronda gerencial sino una expresión concreta de liderazgo compasivo.

      Ese ordenamiento de diecisiete dimensiones, sin embargo, corre el riesgo de quedar reducido a una contabilidad de desvíos si no se sostiene con una presencia real de la dirección en el lugar donde el trabajo efectivamente ocurre. Un reporte puede informar que la guardia tuvo doce pacientes retenidos en espera de cama, pero no puede transmitir la tensión de un pasillo saturado, ni el modo en que el personal de enfermería reorganizó sus prioridades para sostener la seguridad de esos pacientes con los recursos disponibles. Es en ese punto donde la ronda gerencial y el Gemba walk se articulan: el tablero de indicadores dice qué está pasando; el Gemba permite entender por qué está pasando y qué se siente trabajar en esas condiciones.

      Sostener ambos instrumentos de manera simultánea —la lectura cuantitativa de la ronda y la observación cualitativa del Gemba— es lo que distingue a una dirección médica que administra información de una dirección médica que efectivamente gestiona una institución compleja, hecha de procesos pero también, y sobre todo, de personas.

      Idea central Un tablero de indicadores completo no reemplaza la observación directa del trabajo real; ambos instrumentos —la ronda y el Gemba, ya integrados en el trabajo base— se necesitan mutuamente para sostener una gestión cotidiana informada y humana.

      EL GEMBA WALK: IR AL LUGAR DONDE OCURRE EL TRABAJO

      «Gemba» es una palabra japonesa que designa «el lugar real», el sitio donde se genera el valor. El concepto proviene del sistema de producción Toyota y de la tradición del pensamiento Lean, que sostiene que ningún informe de gestión reemplaza la observación directa del proceso en el terreno (Ohno, 1988). Trasladado a la salud, el Gemba son las salas de internación, los consultorios, el quirófano, la guardia y los servicios de apoyo diagnóstico y terapéutico: el lugar donde la promesa asistencial se cumple o se incumple.

      Guías recientes de mejora continua aplicadas a sistemas de salud, como la producida por la Improvement Cymru Academy del NHS de Gales, insisten en tres principios que deben sostener toda recorrida Gemba: ir y ver el proceso tal como ocurre, preguntar por qué para comprender la cadena de valor, y respetar a las personas, evitando que la recorrida se convierta en una «ronda de jefe» orientada a señalar culpables (Improvement Cymru Academy, 2023). Este último principio —el respeto por las personas— es, como se desarrolla más abajo, la bisagra que conecta al Gemba con el liderazgo compasivo.

      Un artículo de referencia sobre la práctica del Gemba walk agrega, en la misma línea, que la observación en el terreno es la vía más directa para detectar los problemas de sistema que W. Edwards Deming atribuía a la enorme mayoría de las fallas organizacionales, muy por encima de los errores atribuibles a las personas que ejecutan el trabajo (Jansson, 2025; Deming, 1982). El mismo artículo subraya que el Gemba bien practicado se diferencia de la simple «gestión por recorridos» informal en que tiene un foco definido, se prepara con antelación, y —sobre todo— se cierra con un ciclo de devolución al equipo: comunicar lo observado, explicar qué se va a cambiar y por qué, para que la recorrida no se viva como una vigilancia sin consecuencias sino como una instancia de aprendizaje compartido.

      Ese cierre del ciclo es, precisamente, el punto donde con mayor frecuencia fracasan las prácticas de Gemba: se observa, se conversa, y luego nada cambia porque no existe un sistema que conecte lo visto con lo hecho (Jansson, 2025). La ausencia de ese cierre no es un detalle metodológico menor: es, como se argumenta en la sección siguiente, la falla que más rápidamente erosiona la confianza que el liderazgo compasivo busca construir.

      EL LIDERAZGO COMPASIVO: MARCO CONCEPTUAL

      El concepto de liderazgo compasivo fue sistematizado por Michael West, profesor de psicología del trabajo y las organizaciones y senior fellow del King’s Fund, a partir de investigaciones sobre cultura, seguridad clínica y bienestar del personal en el sistema de salud británico. West define la compasión en el liderazgo no como un rasgo de personalidad ni como un estilo blando o permisivo, sino como una secuencia de comportamientos concretos y observables: atender, comprender, empatizar y actuar (West & Chowla, 2017).

      Esta definición conductual es deliberada: distingue al liderazgo compasivo de una idea difusa de «buen trato» y lo convierte en una competencia que se puede describir, entrenar y evaluar en la práctica cotidiana de la gestión. Desde 2016, este marco pasó a integrar la estrategia nacional de desarrollo de liderazgo del NHS en Inglaterra, y luego se adoptó también en Escocia, Irlanda del Norte y Gales, lo que da cuenta de una validación institucional sostenida y no de una propuesta aislada.

      ComportamientoDescripción
      AtenderPrestar atención genuina al personal, escuchar sin juzgar y estar realmente presente en el encuentro con los equipos.
      ComprenderConstruir, mediante el diálogo, una comprensión compartida de los desafíos, las cargas y las condiciones reales de trabajo.
      EmpatizarReconocer el costo emocional del trabajo asistencial y las tensiones que enfrenta cada equipo.
      ActuarTomar decisiones concretas que remuevan los obstáculos identificados, cerrando el ciclo entre lo escuchado y lo hecho.

      Estas ideas no son solo conceptuales: un estudio cualitativo a gran escala sobre cultura y comportamiento en el sistema de salud inglés encontró que la calidad y la seguridad de la atención dependen, en gran medida, del modo en que los líderes tratan a sus equipos (Dixon-Woods et al., 2014), y una revisión posterior del King’s Fund mostró que el liderazgo compasivo se asocia con mayor innovación clínica y mejores resultados asistenciales (West, Eckert, Collins & Chowla, 2017). Un informe posterior sobre el bienestar de enfermeras y parteras en el Reino Unido reforzó esta asociación entre el trato compasivo hacia el personal y la calidad del cuidado que ese personal puede sostener con los pacientes (West et al., 2020).

      El liderazgo compasivo se distingue, además, de la imagen tradicional del líder heroico e infalible que toma decisiones en soledad y que suele idealizarse en buena parte de la literatura de management (Kellerman, 2007). Frente a esa figura, West y sus colegas describen un liderazgo distribuido, donde la responsabilidad de sostener condiciones de trabajo dignas no recae en un único director sino en cada jefe de servicio, cada supervisor y cada coordinador que interactúa a diario con los equipos. En ese sentido, el Gemba walk —al poder ser practicado por líderes de distintos niveles y no solo por la dirección médica— es también un vehículo natural para distribuir el liderazgo compasivo a lo largo de toda la organización.

      POR QUÉ EL GEMBA SE ENCUADRA EN EL LIDERAZGO COMPASIVO

      La correspondencia entre ambos marcos no es forzada: se verifica comportamiento por comportamiento, paso por paso, entre el protocolo del Gemba walk y los cuatro comportamientos del liderazgo compasivo descriptos por West.

      Principio del GembaComportamiento del liderazgo compasivo
      Ir y verCorresponde al comportamiento de Atender: observar de primera mano, sin intermediarios, es la forma más literal de prestar atención plena a un equipo y a su trabajo.
      Preguntar por quéCorresponde al comportamiento de Comprender: reconstruir junto con el equipo la cadena de valor y las razones detrás de cada práctica, en lugar de asumir explicaciones desde el escritorio.
      Respetar a las personasCorresponde al comportamiento de Empatizar: reconocer las condiciones, muchas veces adversas, en las que el equipo sostiene la atención, sin convertir la recorrida en una evaluación de desempeño individual.
      Cerrar el cicloCorresponde al comportamiento de Actuar: devolver al equipo lo observado, explicar los cambios que se van a implementar y por qué, sin dejar la recorrida en una conversación sin consecuencias.

      Existe además un sustrato común entre ambos marcos: la seguridad psicológica. Amy Edmondson definió este concepto como la creencia compartida, dentro de un equipo, de que es seguro exponer errores, dudas o desacuerdos sin temor a la humillación o al castigo (Edmondson, 1999). Un Gemba walk que respeta el principio de no juzgar a las personas construye, recorrida tras recorrida, esa seguridad psicológica; y esa misma seguridad psicológica es, para West, la condición de base sobre la que se sostiene cualquier ejercicio de liderazgo compasivo en salud.

      Punto de atención El Gemba mal practicado —como auditoría encubierta, con foco en las personas y no en el proceso— erosiona exactamente la seguridad psicológica que el liderazgo compasivo busca construir. La diferencia entre un Gemba punitivo y un Gemba compasivo no está en la técnica, sino en la intención y en el comportamiento de quien lo conduce.

      RIESGOS DE UN GEMBA MAL PRACTICADO

      Precisamente porque la correspondencia entre el Gemba y el liderazgo compasivo depende del comportamiento de quien lo conduce y no de la técnica en sí misma, es necesario nombrar los riesgos de una aplicación desvirtuada. El primero es el Gemba convertido en auditoría encubierta: una recorrida que, bajo la apariencia de observación participativa, en realidad busca detectar incumplimientos individuales para sancionarlos. Esta versión no solo incumple el principio de respeto a las personas; produce el efecto opuesto al buscado, porque los equipos aprenden rápidamente a ocultar información ante la próxima visita del director.

      El segundo riesgo es la compasión performativa: escuchar al equipo, mostrar empatía en el momento de la recorrida, y no traducir nada de lo escuchado en una acción concreta. Este patrón, señalado tanto en la literatura sobre Gemba (Jansson, 2025) como en la literatura sobre liderazgo compasivo (West & Chowla, 2017), es quizás el más dañino de los dos, porque no solo no mejora la situación sino que erosiona la confianza depositada en la escucha inicial: el equipo aprende que hablar no tiene consecuencias, lo que desalienta la participación en futuras instancias.

      El tercer riesgo es la inconsistencia: practicar el Gemba de manera esporádica, sin sostenerlo en el tiempo ni integrarlo a la rutina de gestión. Una recorrida aislada, por bien intencionada que sea, no alcanza a construir la confianza acumulativa que sí genera una práctica sostenida y previsible en su compromiso, aunque variable en su horario y en su foco de observación.

      Un cuarto riesgo, menos evidente que los anteriores, es la confusión entre compasión y ausencia de exigencia. El liderazgo compasivo no propone renunciar a los estándares de calidad ni a la rendición de cuentas: propone alcanzarlos por una vía distinta a la del temor. West es explícito en señalar que la compasión y la exigencia no son incompatibles; lo que cambia es el mecanismo por el cual se sostiene el estándar: no el miedo a la sanción, sino el compromiso genuino de un equipo que se siente escuchado, comprendido y acompañado por su conducción. Confundir el Gemba compasivo con un Gemba condescendiente es, en ese sentido, tan desvirtuado como confundirlo con una auditoría encubierta.

      Estos cuatro riesgos —la auditoría encubierta, la compasión performativa, la inconsistencia y la confusión con la ausencia de exigencia— no son hipotéticos: son, en la experiencia de quienes gestionan instituciones de salud, las formas más frecuentes en que una buena intención inicial termina por vaciar de contenido tanto al Gemba walk como al propio concepto de liderazgo compasivo. Nombrarlos de manera explícita, como parte del marco conceptual y no como una advertencia accesoria, es lo que permite a un director médico distinguir cuándo está practicando Gemba compasivo y cuándo está, sin proponérselo, reproduciendo alguno de estos patrones.

      IMPLICANCIAS PARA LA GESTIÓN DIARIA DE HOSPITALES, SANATORIOS Y CLÍNICAS

      Para la dirección médica de una institución de salud, integrar la ronda gerencial diaria con un Gemba walk conducido bajo los cuatro comportamientos del liderazgo compasivo tiene consecuencias prácticas concretas:

      • Los indicadores de la ronda gerencial ganan contexto: un desvío en la programación quirúrgica o en los tiempos de guardia se entiende mejor cuando el director ha estado, recientemente, en el lugar donde ese desvío se produce.
      • La cultura de reporte de eventos adversos se fortalece: si el personal experimenta al director como alguien que atiende, comprende y empatiza en el Gemba, es más probable que reporte tempranamente los problemas de sistema, en lugar de ocultarlos por temor a la sanción.
      • El costo humano de liderar se distribuye mejor: un liderazgo que solo controla indicadores termina, con frecuencia, en una gestión reactiva y desgastante tanto para quien dirige como para los equipos; el componente compasivo del Gemba es también una forma de sostenibilidad para la propia función directiva.
      • La mejora continua se vuelve colaborativa y no impuesta: al cerrar el ciclo del Gemba con acciones concretas y explicadas, el equipo deja de vivir el cambio como una decisión externa y pasa a percibirlo como un proceso del que fue parte.
      • El liderazgo se distribuye: al poder practicarse en distintos niveles de la organización —jefes de servicio, supervisores, coordinadores—, el Gemba compasivo multiplica los puntos de contacto entre la conducción y los equipos, en lugar de concentrarlos exclusivamente en la dirección médica.

      Estas implicancias no reemplazan las dimensiones operativas ya descriptas de la ronda gerencial diaria, sino que las completan: un director médico puede tener el tablero de indicadores mejor diseñado de la institución y, aun así, no comprender por qué esos indicadores se mueven como se mueven, si no sostiene una presencia regular, respetuosa y comprometida en el lugar donde el trabajo real ocurre.

      Un ejemplo simple ilustra la diferencia. Ante una demora recurrente en el inicio de la primera cirugía del día, un director que solo mira el indicador puede limitarse a exigir puntualidad al equipo de quirófano. Un director que además practica el Gemba con los comportamientos descriptos puede descubrir, observando y preguntando por qué, que la demora se origina en un circuito de traslado del paciente que depende de un sector con el que nunca había conversado directamente, y que ese equipo lleva meses señalando el problema sin que nadie, hasta ese momento, hubiera actuado en consecuencia. La diferencia entre ambas respuestas no es de buena voluntad, sino de método: solo la segunda incorpora, de manera sistemática, la observación directa y el cierre del ciclo que el liderazgo compasivo exige.

      CONCLUSIÓN

      La ronda gerencial diaria ordena la información; el Gemba walk, cuando se practica bajo los principios del liderazgo compasivo, ordena la relación entre quien dirige y quienes sostienen la atención cada día. Ambas dimensiones —la técnica y la humana— son inseparables en la gestión cotidiana de un hospital, un sanatorio o una clínica. Encuadrar al Gemba dentro del liderazgo compasivo no es una decoración conceptual: es reconocer que la observación del trabajo real solo produce mejora sostenida cuando se hace atendiendo, comprendiendo, empatizando y actuando, y que ese mismo recorrido —bien hecho— es, en sí mismo, una forma de cuidar a quienes cuidan.

      Para la dirección médica de instituciones de salud, la propuesta que se desprende de este recorrido conceptual es concreta: sostener la ronda gerencial diaria como dispositivo de información, y sostener el Gemba walk, con la misma regularidad y el mismo compromiso, como dispositivo de vínculo. Ninguno de los dos reemplaza al otro; ambos, combinados y sostenidos en el tiempo, son la expresión cotidiana de un liderazgo que entiende que la calidad de la atención al paciente y el cuidado del equipo que la sostiene no son dos agendas distintas, sino la misma agenda vista desde dos lugares.

      REFERENCIAS

      Deming, W. E. (1982). Out of the Crisis. Cambridge, MA: MIT Press.

      Díaz, C. A. (2026). La ronda gerencial diaria del director médico: ordenamiento y control de la actividad asistencial cotidiana. saludbydiaz.com.

      Dixon-Woods, M., Baker, R., Charles, K., Dawson, J., Jerzembek, G., Martin, G., … & West, M. (2014). Culture and behaviour in the English National Health Service: overview of lessons from a large qualitative study. BMJ Quality & Safety, 23(2), 106-115.

      Edmondson, A. (1999). Psychological safety and learning behavior in work teams. Administrative Science Quarterly, 44(2), 350-383.

      Improvement Cymru Academy (2023). Gemba: Toolkit Guide. NHS Wales.

      Jansson, K. (2025). Recorridos Gemba: qué hacen mal los líderes y cómo solucionarlo. KaiNexus.

      Kellerman, B. (2007). ¿Por qué mal liderazgo? Harvard Business Review.

      Ohno, T. (1988). Toyota Production System: Beyond Large-Scale Production. Portland, OR: Productivity Press.

      West, M. (2021). Compassionate Leadership: Sustaining Wisdom, Humanity and Presence in Health and Social Care. Swirl Enterprises.

      West, M., & Chowla, R. (2017). Compassionate leadership for compassionate health care. En P. Gilbert (Ed.), Compassion: Concepts, Research and Applications (pp. 237-257). Londres: Routledge.

      West, M., Eckert, R., Collins, B., & Chowla, R. (2017). Caring to Change: How Compassionate Leadership Can Stimulate Innovation in Health Care. Londres: The King’s Fund.

      West, M., et al. (2020). The Courage of Compassion: Supporting Nurses and Midwives to Deliver High-Quality Care. Londres: The King’s Fund.

      Hantavirus en un crucero por la naturaleza y el riesgo de una pandemia

      Daniel J. Morgan, 1,2Tara N. Palmore, 3Jennie H. Kwon, DO, MSCI4

      JAMA Medicina Interna

      Publicado en línea: 9 de julio  de 2026

      doi: 10.1001/jamainternmed.2026.3600

      El 2 de mayo de 2026, se notificaron casos de enfermedad respiratoria grave en el crucero MV Hondius . Este barco, con pasajeros y tripulación de 23 países a bordo, había viajado desde el extremo sur de Sudamérica hasta las Islas Canarias para realizar avistamientos de naturaleza. Para el 13 de mayo, se habían atribuido un total de 13 casos y 3 muertes a la especie andina del hantavirus (virus andino).¹ La Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos de salud pública participaron y “evaluaron el riesgo que este evento representaba para la población mundial como bajo” .²

      Los investigadores plantearon la hipótesis de que el primer caso, un hombre holandés que había estado observando aves en Chile y Argentina antes de abordar el barco, contrajo el virus en tierra y luego desarrolló síntomas y falleció a bordo. La transmisión de persona a persona provocó infecciones en su esposa y otros pasajeros. Dado el largo período de incubación del virus Andes (hasta 42 días), se sigue haciendo seguimiento a muchos contactos, incluyendo 16 personas en una unidad de biocontención en Nebraska. No hay evidencia de transmisión por roedores más allá del primer caso.

      Este brote y la exagerada respuesta de los medios de comunicación ilustran la importancia de revitalizar el liderazgo de Estados Unidos en materia de enfermedades infecciosas a nivel mundial y la responsabilidad de los expertos de proporcionar orientación basada en datos.

      ¿Qué es el hantavirus?

      El hantavirus es una zoonosis rara de distribución mundial que generalmente se produce cuando los humanos se exponen a la orina, las heces o la saliva de ratones y otros roedores.⁴ En el caso del virus Andes, la exposición se produce a través de la rata arrocera pigmea de cola larga ( Oligoryzomys longicaudatus ). En Estados Unidos, desde que se implementó la notificación obligatoria en 1995, se notifican aproximadamente 30 casos al año, principalmente infecciones por el virus Sin Nombre en el suroeste. Los casos en humanos suelen ocurrir después de realizar trabajos agrícolas, limpiar edificios o vivir en entornos con infestación de ratones.³ Solo la especie de hantavirus del virus Andes, que se encuentra exclusivamente en Sudamérica, es capaz de transmitirse de persona a persona por contacto cercano.

      Todos los hantavirus provocan una enfermedad febril con fatiga, fiebre, mialgias y otros síntomas inespecíficos que a veces progresa a fiebre hemorrágica o síndromes renales o pulmonares con altas tasas de mortalidad. Actualmente no existe tratamiento más allá de los cuidados paliativos.

      Prevención y contención

      La prevención primaria de la infección por hantavirus en la comunidad se centra en evitar el contacto con roedores y sus excrementos. En entornos sanitarios, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. actualizaron recientemente las directrices para pacientes con el virus Andes³, recomendando el uso de precauciones completas, incluyendo habitaciones con presión de aire negativa, batas, guantes, protección ocular y un respirador N95 o similar. Es probable que estas precauciones sean excesivas, pero razonables dada la rareza del virus Andes y la limitada información sobre su transmisión. El virus Andes se ha cultivado a partir de la saliva de personas infectadas⁵ y parece propagarse principalmente a través de gotitas y contacto cercano.⁶ , ⁷ Se ha producido transmisión nosocomial.⁷

      ¿Cómo deben gestionarse los incidentes de salud pública como el hantavirus en el MV Hondius ?

      La gestión de brotes sigue los protocolos establecidos en salud pública, y este proceso parece haberse seguido adecuadamente en el MV Hondius . Cuando se identifica un brote, el enfoque estándar es identificar, aislar e informar.⁸ Posteriormente, se pueden realizar evaluaciones específicas de los casos de enfermedad y determinar qué constituye una exposición y realizar el seguimiento .

      La cuarentena, del italiano quaranta giorni (que significa 40 días), formó parte de la respuesta del siglo XIV a la peste ( Yersinia pestis ), que obligaba a los barcos a esperar antes de desembarcar si había personas enfermas a bordo. Actualmente, la mayoría de los brotes se pueden controlar con una combinación de cuarentena y vigilancia de los síntomas. Los agentes menos transmisibles, como el virus de los Andes, generalmente se pueden controlar con cuarentena domiciliaria y vigilancia de los síntomas, lo cual sigue siendo prudente y evita algunos de los inconvenientes observados con la COVID-19.

      ¿Por qué la alarma?

      Para algunos, el hantavirus trajo a la memoria el caso del crucero Diamond Princess , donde más de 700 personas contrajeron COVID-19 en febrero de 2020, marcando el inicio de una pandemia mundial. Sin embargo, como lo describen la OMS y la mayoría de los expertos, el hantavirus en el MV Hondius fue muy diferente. El riesgo de un brote más extenso era bajo en comparación con otros virus; los casos se detectaron precozmente, en una población mayoritariamente controlada que podía ser rastreada y monitoreada de cerca y, lo más importante, con un virus de potencial de propagación limitado.

      Sin embargo, la alarma y el miedo fueron factores importantes en la respuesta. Los medios de comunicación y algunos expertos generaron preocupación al insinuar que el hantavirus representaba un riesgo para la población estadounidense promedio, lo cual no era cierto. Esto pudo haber influido en las políticas. Estados Unidos exigió la cuarentena obligatoria para algunas personas expuestas, mientras que Canadá permitió la cuarentena domiciliaria y el monitoreo.

      ¿Es el hantavirus un indicador de la capacidad de respuesta ante una pandemia?

      Este pequeño brote en un crucero requirió una importante intervención de expertos de la OMS. Ocurrió tras la retirada de Estados Unidos de la OMS y la consiguiente reducción de fondos para la infraestructura mundial de salud pública. Si bien este evento se gestionó adecuadamente, los recursos de la OMS podrían resultar insuficientes para gestionar futuros brotes. Los CDC de Estados Unidos, las universidades y otras instituciones son líderes mundiales en epidemiología y salud global, y deberían desempeñar un papel fundamental en la respuesta ante brotes epidémicos.

      La gran atención y el frenético ciclo informativo que ha generado este brote deberían recordar a las autoridades sanitarias la necesidad de una comunicación frecuente, clara y objetiva. La coordinación entre los gobiernos y los sistemas de transporte, incluidos los cruceros, es compleja pero imprescindible. En definitiva, los medios de comunicación y el público siguen buscando la experiencia de personas e instituciones, a pesar de que la confianza en ambas se haya debilitado durante la pandemia de COVID-19. Los expertos deben honrar esa confianza con recomendaciones objetivas, basadas en datos y presentadas con sensibilidad a las preocupaciones de la población.

      La contención de la propagación del virus de los Andes no es un indicador de preparación para una pandemia. No todos los virus letales pueden causar una pandemia. Este brote probablemente habría terminado independientemente de la habilidad con la que se manejó debido a la baja tasa de transmisión del virus de los Andes. El mayor brote conocido del virus de los Andes involucró a 3 personas enfermas en eventos sociales concurridos y terminó después de que ocurrieron 34 casos, con solo el autoaislamiento de las personas expuestas. 9

      Amenazas crecientes

      El riesgo de pandemias aumenta con la creciente interacción entre los seres humanos y la naturaleza, las interconexiones globales, el colapso social, las guerras, la disminución de la confianza y la inversión en salud pública, y la fragmentación de la colaboración internacional. Además, la reducción de la investigación sobre posibles patógenos pandémicos y las contramedidas necesarias para la preparación disminuye nuestra capacidad de respuesta.

      Para contrastar este pequeño brote de hantavirus con otro brote que se está intensificando, se han notificado más de 500 casos confirmados y 100 muertes por la enfermedad del virus del Ébola (EVE) en la República Democrática del Congo y países vecinos. La EVE ha causado grandes brotes, como el de 2014 con más de 28 000 casos y transmisión limitada fuera de África, incluyendo casos en Estados Unidos. Ni el hantavirus ni la EVE se han considerado pandemias, definidas como la propagación mundial de un patógeno con transmisión sostenida. Con las intervenciones de control de infecciones, el R0 , o número reproductivo básico, fue inferior a 1 para el virus de los Andes y alrededor de 2 para el Ébola en el brote de 2014. Ambos R0 son mucho más bajos que los de la COVID-19 (R0 , 5-15) o el sarampión (R0 , 12-18).

      La magnitud y el mayor riesgo de transmisión han llevado a la OMS, con razón, a declarar este brote de ébola como una emergencia sanitaria. Sin embargo, el brote del virus de los Andes, que terminó con 13 casos, atrajo igual o mayor atención por parte de los medios de comunicación, a pesar de representar un riesgo mucho menor que el de la enfermedad por el virus del Ébola para la población de los países afectados, así como la posibilidad de contagios entre viajeros.

      Conclusiones

      El caso del hantavirus en el MV Hondius nos recuerda que vivimos en un mundo con riesgos crecientes de pandemias reales. El interés público sostenido y la participación en las amenazas de enfermedades infecciosas emergentes son alentadores; sin embargo, es imperativo que los medios de comunicación interpreten con cautela la evidencia científica. Necesitamos expertos en salud pública, instituciones y medios de comunicación capaces de informar, educar y orientar a la población tanto sobre enfermedades infecciosas raras y de bajo riesgo pandémico, como el hantavirus, como sobre patógenos más graves, como el ébola.

      Virus de los Andes (un tipo de Hantavirus): una revisión clínica

      Gavin H. Harris , MD Anabel Sinchi , MD , James Lawler , MD y Maria Frank , MD. 

      15 de julio de 2026 DOI: 10.1056/NEJMra2606651

      Resumen

      El virus Andes (VAND) es el único ortohantavirus con transmisión documentada entre humanos. Resumimos la epidemiología y las características clínicas de la infección por VAND y revisamos las mejores prácticas en su manejo clínico, basándonos en las guías de consenso de expertos publicadas, la experiencia de campo y los ensayos clínicos. Asimismo, evaluamos los tratamientos disponibles y en investigación (incluido el uso de agentes antivirales), analizamos las terapias emergentes con anticuerpos monoclonales y describimos las perspectivas para el desarrollo de vacunas. Finalmente, abordamos importantes medidas de prevención y control de la infección.

      El virus Andes (ANDV) pertenece a la especie Orthohantavirus andesense y es el único ortohantavirus con transmisión documentada de persona a persona. Los ortohantavirus son virus de ARN monocatenario, de sentido negativo y trisegmentados.<sup> 1 </sup> Los roedores son el principal reservorio natural, aunque el virus también se ha encontrado en otros pequeños mamíferos, como topos y musarañas. Al igual que otros ortohantavirus en el hemisferio occidental, la infección por ANDV puede causar el síndrome pulmonar por hantavirus (anteriormente conocido como síndrome cardiopulmonar por hantavirus), que se asocia con una alta tasa de letalidad (del 25 al 40%). La supervivencia depende de factores del huésped y del virus; la identificación temprana del síndrome pulmonar por hantavirus, seguida del inicio de una atención de soporte óptima, se ha asociado con mejores resultados en casos graves. <sup>1-7</sup> Esta revisión resume la epidemiología, las características clínicas, el diagnóstico, las consideraciones para la prevención de la infección y las terapias emergentes para la infección por ANDV.

      Epidemiología

      Los primeros casos conocidos de infección por ANDV en humanos se documentaron en Argentina y Chile en 1995, tras lo cual el síndrome pulmonar por hantavirus se reconoció como una zoonosis endémica en el Cono Sur de Sudamérica. 7-9 Los casos de infección humana se agrupan en áreas focales donde el ANDV es hiperendémico, pero la mayoría de los casos de síndrome pulmonar por hantavirus en Argentina y Chile parecen ser causados ​​por otros ortohantavirus. 1,7,10–13 La infección humana ocurre principalmente por inhalación de excrementos de roedores en aerosol o por contacto directo con materiales contaminados ( Figura 1 ). Los casos se han asociado tradicionalmente con la exposición a viviendas o estructuras rurales infestadas de roedores, vertederos, basureros o espacios mal ventilados donde puede ocurrir la aerosolización de polvo contaminado. Las vías menos comunes de infección humana incluyen la inoculación durante mordeduras de roedores y la transmisión de persona a persona. 

      Virus de los Andes

      •El virus de los Andes (ANDV) es el único ortohantavirus con transmisión demostrada de persona a persona y tiene un período de incubación prolongado de hasta 6 a 8 semanas.

      •El virus ANDV causa el síndrome pulmonar por hantavirus, una enfermedad con una alta tasa de letalidad (del 25 al 40%) que progresa rápidamente desde una enfermedad febril hasta una insuficiencia respiratoria grave y shock en cuestión de horas o días.

      •Los médicos deben mantener un alto índice de sospecha de ANDV en cualquier paciente que presente fiebre y una enfermedad respiratoria grave de rápida progresión junto con antecedentes relevantes de viajes o exposición; las señales de diagnóstico tempranas incluyen leucocitosis marcada, trombocitopenia y la presencia de inmunoblastos.

      •Actualmente no existe ninguna terapia antiviral dirigida ni vacuna autorizada; el tratamiento se centra en la detección temprana y en cuidados intensivos de apoyo intensivos.

      •Las medidas estrictas de prevención y control de infecciones son esenciales para reducir el riesgo de transmisión e incluyen el aislamiento inmediato, el uso de equipos de protección personal adecuados y la notificación urgente a las autoridades de salud pública.Las observaciones de brotes de infección por ANDV en hogares y hospitales han implicado el contacto prolongado o extenso con una persona infectada con ANDV como factor de riesgo para la transmisión de persona a persona. 3 La transmisión de persona a persona de ANDV se ha documentado tanto en Argentina (en particular el brote de Epuyén en 2018 y 2019) como en Chile (brotes en hogares y hospitales). La transmisión humana también se ha vinculado al genotipo relacionado de Buenos Aires (HU39694), pero el efecto de las diferentes variantes en la transmisión no está claro. 3,4 

      Sin embargo, se cree que la transmisión de persona a persona es generalmente poco común y se asocia con la exposición en el hogar, el contacto íntimo, el cuidado sin el equipo de protección personal (EPP) adecuado y la exposición prolongada en entornos mal ventilados o concurridos. No existe evidencia que respalde una transmisión comunitaria eficiente de ANDV. 3–7,12

      Ferres et al. monitorearon 476 contactos de 76 pacientes índice con infección por ANDV confirmada en Chile durante 5 semanas y observaron una tasa de infección secundaria de aproximadamente 3%, siendo el riesgo más alto identificado la pareja sexual. 15 De los 16 pacientes en su informe que tuvieron infección secundaria por ANDV, se informó que 6 tenían ARN viral detectable en sangre periférica antes del inicio de los síntomas; el ARN viral se detectó en algunos pacientes hasta 2 semanas antes de la aparición de los síntomas. En un informe separado de Ferres et al., las muestras obtenidas de sangre y surcos gingivales después del inicio de los síntomas dieron positivo para ARN de ANDV en la mayoría de los pacientes.  Las muestras de saliva, nasofaringe y orina fueron positivas en una minoría de pacientes, con algunas pruebas positivas hasta 3 semanas después del inicio de los síntomas.Quizás el grupo de casos humanos mejor analizado ocurrió en Epuyén, Argentina, durante 2018 y 2019. La investigación de dicho grupo mediante técnicas de genética molecular reveló tres eventos de superpropagación distintos que involucraron transmisión de persona a persona, algunos de los cuales ocurrieron en entornos sociales con contacto casual durante un corto período de tiempo. Además, el riesgo de transmisión pareció ser mayor durante los primeros 1 a 2 días de síntomas en los pacientes índice. No se documentó ninguna infección en trabajadores de la salud durante ese brote, a pesar de 82 exposiciones y un cumplimiento inconsistente de las prácticas recomendadas de prevención y control de infecciones. 3

      Patogénesis

      Después de la inhalación, ANDV infecta el epitelio respiratorio y las células endoteliales. 9,12,14 El aumento de la permeabilidad vascular pulmonar debido a la disfunción endotelial es el sello distintivo del síndrome pulmonar por hantavirus y se asocia con altas cargas virales y mediadores inflamatorios desregulados, como el factor de necrosis tumoral, la interleucina-6 y el interferón-γ. 2,9,12 Los estudios patológicos muestran una necrosis celular pulmonar mínima a pesar del marcado edema alveolar e intersticial y hemoconcentración con considerable infiltración de células inflamatorias. 2,9,12 Una vez que se pierde la integridad de la barrera endotelial, el volumen intravascular disminuye, un factor que es un importante contribuyente a la hipotensión, el shock y la hipoxemia.

      Características clínicas

      La insuficiencia respiratoria grave o de rápida progresión en una persona previamente sana con una exposición epidemiológica relevante debe generar sospecha clínica de infección por ANDV. La evolución clínica del síndrome pulmonar por hantavirus —la forma más grave de la enfermedad causada por la infección por ANDV— se muestra en la Figura 2. El síndrome pulmonar por hantavirus tiene varias fases y comienza con un período de incubación potencialmente prolongado (rango: 1 a 6 semanas; mediana: 2 a 3 semanas). 15-19 Los síntomas generalmente comienzan con un pródromo febril que puede durar de 1 a 7 días. El pródromo suele asociarse con cefalea y mialgias intensas y carece de características respiratorias prominentes. A medida que la enfermedad progresa, se desarrolla un síndrome de dificultad respiratoria aguda franco junto con choque circulatorio; el colapso cardiorrespiratorio y la muerte pueden ocurrir en 24 a 48 horas sin una atención de soporte agresiva optimizada para el síndrome pulmonar por hantavirus. La tasa de letalidad varía entre el 20 y el 40 %. 15-20 La trombocitopenia rápidamente progresiva y el aumento del porcentaje de inmunoblastos (>10%) son marcadores de laboratorio tempranos que sugieren síndrome pulmonar por hantavirus. Los signos de mal pronóstico para los pacientes que necesitan cuidados intensivos incluyen un nivel alto de lactato (>4,0 mmol por litro), un índice cardíaco bajo (<2,2 litros por minuto por metro cuadrado de superficie corporal) y un empeoramiento de la hemoconcentración. También se ha sugerido la proteinuria como factor pronóstico de peores resultados. 20 Los pacientes que sobreviven a la fase de convalecencia a menudo muestran una mejoría rápida con diuresis espontánea. 16,17 La recuperación completa entre los sobrevivientes ocurre de 2 a 3 semanas después de la resolución de la fase cardiopulmonar de la infección. 16–19,21Figura 2

      Pruebas de diagnóstico

      Durante la fase prodrómica de la enfermedad, se debe sospechar ANDV en pacientes con trombocitopenia, leucocitosis marcada e inmunoblastos circulantes, solos o en combinación, y una exposición compatible con las características epidemiológicas de la transmisión de ANDV. La hemoconcentración es un hallazgo común en las etapas posteriores de la enfermedad. 16 Los médicos deben notificar a los funcionarios de salud pública sobre los casos sospechosos para coordinar la realización de pruebas de ortohantavirus. Los síntomas tempranos de la infección por ANDV se superponen con los de muchas enfermedades tropicales y estacionales, y los diagnósticos diferenciales deben incluir influenza, infección por betacoronavirus, infección por legionela, infección por micoplasma, fiebre Q, leptospirosis, malaria grave, rickettsiosis y dengue.Un diagnóstico definitivo de infección por ANDV se basa en pruebas moleculares y serológicas, que generalmente se realizan en laboratorios de referencia designados. Debido a que la viremia es más alta durante la última parte de la fase prodrómica y la parte temprana de la fase cardiopulmonar, el ensayo de reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa puede detectar ARN de ANDV en muestras de sangre total tan pronto como 2 semanas antes del inicio de los síntomas y es más sensible en la primera semana de la enfermedad. 15–19,21 Los ensayos inmunoenzimáticos y los ensayos de inmunofluorescencia para IgM e IgG específicas de ANDV (contra la proteína de la nucleocápside) tienen alta sensibilidad y especificidad y son herramientas de diagnóstico fundamentales, especialmente en regiones donde ANDV es endémico. La IgM generalmente aparece durante la primera semana de la enfermedad y puede persistir durante semanas. En la Tabla 1 se resumen 15 criterios de vigilancia de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Un diagnóstico definitivo de infección por ANDV también debe considerar la posibilidad de exposición a una persona con infección por ANDV sospechada o confirmada.

      Gestión

      Actualmente no existen vacunas autorizadas ni terapias dirigidas para el síndrome pulmonar por hantavirus asociado al ANDV, y ningún fármaco o terapia inmunomoduladora específica cuenta con evidencia suficiente para respaldar su uso rutinario. La evidencia publicada sobre terapias específicas para la infección por ANDV consiste en dos ensayos controlados aleatorizados —uno que evaluó la ribavirina y otro que evaluó la metilprednisolona— con resultados negativos, un estudio abierto no aleatorizado de plasma de convalecientes y varios informes de casos pequeños y series de casos de agentes más recientes. Por lo tanto, dado que el síndrome pulmonar por hantavirus puede progresar rápidamente en cuestión de horas o días, el reconocimiento temprano y la atención de apoyo inmediata en una unidad de cuidados intensivos (UCI) son esenciales para la supervivencia. De hecho, la única intervención con una recomendación positiva clara es la atención de apoyo avanzada, que incluye enfoques juiciosos y a menudo restrictivos para el manejo de líquidos, monitorización y evaluación cardiovascular precisas y el uso de agentes vasoactivos. Se recomienda un manejo juicioso de líquidos porque una reposición demasiado agresiva puede exacerbar el edema pulmonar. 16,17 En pacientes seleccionados, la oxigenación por membrana extracorpórea venoarterial (ECMO) temprana se ha asociado con una alta supervivencia en series de casos. 20,21,23–26 No hay evidencia sobre la ECMO venovenosa. 16,20,25–27 La intubación puede precipitar un colapso hemodinámico debido a una disfunción diastólica profunda y una función miocárdica suprimida. 16,17Con base en un ensayo controlado aleatorizado de metilprednisolona e informes anecdóticos sobre el manejo de infecciones por hantavirus no ANDV, no se han recomendado los glucocorticoides. 16,28,29 En un ensayo chileno de metilprednisolona intravenosa en dosis altas en pacientes con síndrome pulmonar por hantavirus asociado a ANDV, los glucocorticoides no produjeron un beneficio clínico significativo ni una diferencia en la mortalidad en comparación con el placebo (intervalo de confianza del 95 %, 0,32 a 1,39). 30 Las guías de 2007 incluyen explícitamente los glucocorticoides entre los agentes contraindicados en pacientes con exposición al hantavirus. 30,31

      Ribavirina

      La ribavirina es un análogo de nucleósido que se ha utilizado en el tratamiento de muchas infecciones virales, incluyendo la fiebre de Lassa, la hepatitis C, la infección por el virus sincitial respiratorio y el sarampión, y ha mostrado actividad antiviral contra el ANDV. 32 La ribavirina produjo una inhibición dosis-dependiente de la replicación viral in vitro y la prevención del síndrome pulmonar por hantavirus en modelos animales cuando se administró tempranamente y como profilaxis postexposición. 30 Sin embargo, ningún ensayo clínico de alta calidad de ribavirina ha demostrado eficacia en humanos con infección por ANDV o síndrome pulmonar por hantavirus. 33-35 El ensayo metodológicamente más riguroso —un ensayo doble ciego controlado con placebo de ribavirina intravenosa en el síndrome pulmonar por hantavirus norteamericano (causado por el virus Sin Nombre)— no mostró diferencias significativas en la supervivencia o la necesidad de ECMO entre la ribavirina y el placebo y se terminó prematuramente por futilidad. 36 Algunas series de casos pequeñas en Argentina han sugerido que la administración temprana de ribavirina durante la fase prodrómica de la infección por ANDV puede estar asociada con una progresión reducida a la fase cardiopulmonar. Estos hallazgos preliminares subrayan la necesidad de realizar ensayos clínicos controlados. 36,37

      Otros agentes terapéuticos y en fase de investigación

      Otras terapias en investigación para el tratamiento de la infección por ANDV incluyen plasma de convalecientes, anticuerpos monoclonales, favipiravir, baloxavir, molnupiravir, enfoques de interferencia de ARN y terapias dirigidas al huésped. Los anticuerpos monoclonales (JL16 y MIB22) que se dirigen a las glicoproteínas de ANDV mostraron resultados prometedores en modelos de hámster, y el favipiravir (un inhibidor de la ARN polimerasa) produjo una reducción clínicamente significativa de la carga viral y un aumento de la supervivencia en pruebas preclínicas. 8,38–45 Un ensayo no aleatorizado sugirió que el plasma de convalecientes redujo la mortalidad en casi un 50 % en comparación con los casos de control. 38Hasta la fecha, no se han iniciado ni completado ensayos clínicos que evalúen la eficacia o seguridad de anticuerpos monoclonales, plasma inmune o agentes de molécula pequeña para la infección por ANDV o el síndrome pulmonar por hantavirus en humanos.<sup> 45 </sup> Todos los candidatos terapéuticos avanzados permanecen en etapas preclínicas o de investigación temprana. Se necesitan urgentemente estudios adicionales, incluidos ensayos controlados y aleatorizados de estos agentes.

      Vacunas y profilaxis postexposición

      En el primer ensayo de una vacuna contra el síndrome pulmonar por hantavirus en humanos que ha mostrado resultados prometedores (un ensayo de fase 1), una vacuna intramuscular de ADN contra el ANDV fue segura y generó respuestas robustas de anticuerpos neutralizantes en voluntarios sanos que se mantuvieron durante más de 330 días.⁹ 

      Otras plataformas de vacunas (vacunas de virus inactivados y vacunas de vectores virales) permanecen en desarrollo preclínico. Algunos expertos recomiendan la ribavirina para la profilaxis postexposición al ANDV, pero esta recomendación no se basa en evidencia sólida.⁴⁶

      Prácticas de prevención y control de infecciones

      La prevención primaria de la infección por ANDV implica la eliminación de la exposición a los vectores roedores y sus excrementos, así como el uso de medidas de higiene ambiental y EPP para reducir el riesgo. 4 Las áreas infestadas de roedores deben limpiarse con desinfectantes a base de lejía por personal que utilice EPP, incluidos respiradores N95 (o de nivel superior) y protección ocular, en condiciones bien ventiladas. 47 Dado el riesgo de transmisión de persona a persona, las medidas de prevención y control de infecciones son fundamentales para la atención de pacientes con infección por ANDV. 4 Los CDC recomiendan la admisión de pacientes en una habitación de aislamiento para infecciones transmitidas por el aire y el uso de bata, guantes, protección ocular y un respirador N95 o de alto nivel. 47 Aunque la mayoría de los eventos de transmisión de persona a persona reconocidos ocurren después de un contacto cercano o prolongado y la transmisión asociada a la atención médica parece ser poco común, los eventos de superpropagación y la incertidumbre sobre el momento y la vía de infecciosidad respaldan un enfoque escalonado, basado en el riesgo, para la prevención y el control de infecciones. En Chile, se recomiendan precauciones contra la transmisión por gotitas durante la atención rutinaria de casos sospechosos o confirmados, reservándose las precauciones contra la transmisión aérea (p. ej., el uso de respiradores N95 o de mascarilla con filtro de nivel 2 [FFP2]) para procedimientos que generan aerosoles. 48 En Argentina, la guía nacional actual recomienda el aislamiento respiratorio, incluyendo el aislamiento de los pacientes en una habitación individual, el uso de respiradores N95 o FFP2 dentro de la habitación, el uso de EPI adicionales para prevenir la exposición a secreciones o fluidos, y el uso de respiradores N100 o FFP3 durante procedimientos invasivos de las vías respiratorias. 49,50 Es importante señalar que se ha documentado la transmisión nosocomial del ANDV, pero sigue siendo poco común, y que la mayoría de los eventos de transmisión de persona a persona han ocurrido entre contactos cercanos o convivientes. 4,6,15,50,51

      Conclusiones

      El ANDV es un patógeno emergente importante capaz de causar una enfermedad de rápida progresión y alta mortalidad. Los médicos deben mantener un alto índice de sospecha en cualquier paciente que presente fiebre y una enfermedad respiratoria grave y de rápida progresión, y que haya estado expuesto al virus o tenga antecedentes de viaje a una región donde el ANDV es endémico. La aparición rápida de leucocitosis, un aumento del porcentaje de inmunoblastos y la trombocitopenia son importantes indicios tempranos. Es fundamental notificar a las autoridades de salud pública para coordinar las pruebas y el aislamiento de los casos sospechosos y confirmados. La piedra angular del tratamiento sigue siendo principalmente de soporte e incluye atención inmediata y adecuada con soporte circulatorio en la UCI para el síndrome pulmonar por hantavirus; el soporte circulatorio puede incluir ECMO venoarterial. Se están desarrollando contramedidas médicas experimentales que solo deben administrarse en entornos de investigación. Las medidas de prevención y control de infecciones son cruciales para reducir la transmisión comunitaria y persistente de la enfermedad.

      Cambios en la Prevalencia de Infecciones Asociadas al cuidado de la salud: Análisis 2015-2023

      Fuente: Chea N, Li R, Eure T, et al. N Engl J Med 2026;395:255-266. DOI: 10.1056/NEJMoa2510881


      1. Introducción y antecedentes

      La vigilancia de infecciones asociadas a la atención sanitaria (IAAS) constituye una prioridad histórica para los sistemas de salud pública de Estados Unidos. Antes de la pandemia de COVID-19, los hospitales habían logrado reducir progresivamente la incidencia de infecciones monitorizadas por la National Healthcare Safety Network (NHSN) de los CDC, incluyendo las infecciones del torrente sanguíneo asociadas a catéteres centrales, las infecciones urinarias asociadas a catéter y las infecciones por Clostridioides difficile de origen hospitalario.

      La pandemia revirtió gran parte de estos avances, probablemente por la alteración de las prácticas asistenciales y de control de infecciones, sumada al aumento de la gravedad clínica de los pacientes hospitalizados durante ese período. A partir de 2022 algunas tasas comenzaron a descender nuevamente, y para 2023 varias ya se ubicaban por debajo de los niveles prepandémicos.

      Para complementar la vigilancia dirigida del NHSN, los CDC realizan encuestas periódicas de prevalencia puntual que permiten estimar la carga nacional y describir el conjunto de IAAS que ocurren en todo el hospital, no solo las asociadas a dispositivos. Las encuestas previas (2011 y 2015) habían mostrado una prevalencia de 1 de cada 25 pacientes y 1 de cada 31 pacientes, respectivamente. El estudio de 2023 repite esta metodología para evaluar la evolución de la prevalencia y actualizar la estimación de carga nacional.

      2. Objetivos

      Evaluar los cambios en la prevalencia de IAAS entre 2015 y 2023 en hospitales estadounidenses, y estimar la carga nacional de estas infecciones para el año 2023.

      3. Métodos

      Diseño y muestra. Diez centros del Emerging Infections Program (EIP) —California, Colorado, Connecticut, Georgia, Maryland, Minnesota, Nuevo México, Nueva York, Oregón y Tennessee— reclutaron hasta 25 hospitales cada uno, priorizando aquellos que ya habían participado en 2015. Cada institución seleccionó un día de encuesta entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre de 2023, incluyendo hasta 100 pacientes en hospitales de 400 camas o más, y 75 pacientes (o todos los elegibles) en el resto.

      Recolección de datos. Personal capacitado del EIP revisó historias clínicas seleccionadas al azar para identificar IAAS según las definiciones vigentes de la NHSN, registrando también variables demográficas, clínicas y el uso de antimicrobianos.

      Diferencia metodológica clave respecto de 2015: en 2023 se revisaron los registros de todos los pacientes encuestados, mientras que en 2015 solo se revisaban las historias de quienes cumplían un criterio de cribado (haber recibido antimicrobianos sin justificación documentada). Este cambio metodológico maximizó la detección de casos en 2023, lo cual constituye un elemento relevante al interpretar la reducción observada.

      Análisis estadístico. Se utilizó SAS 9.4 para estadística descriptiva y modelos de regresión log-binomial multivariable, y R para la conversión de prevalencia a incidencia y la estimación de carga (métodos de Rhame-Sudderth y de Grenander), escalando los resultados con datos de la National Inpatient Sample (NIS) 2022.

      4. Resultados principales

      Indicador20152023
      Hospitales participantes199218
      Pacientes encuestados12.29913.653
      Pacientes con ≥1 IAAS394 (3,2%)355 (2,6%)
      Hospitales universitarios88 (44,2%)131 (60,1%)

      En los 151 hospitales que participaron en ambas encuestas, la prevalencia bajó de 3,3% a 2,8%. Tras ajustar por factores del paciente y del hospital en el modelo multivariable, los pacientes de 2023 presentaron un 27% menos de probabilidad de tener una IAAS respecto de 2015 (razón de riesgos 0,73; IC 95%: 0,63-0,85).

      Tipos de infección con mayor descenso:

      • Infección por C. difficile: 0,54% → 0,22%
      • Infección del torrente sanguíneo asociada a catéter central: 0,30% → 0,16%
      • Infección urinaria asociada a catéter: 0,20% → 0,09%

      Patrón que se mantiene estable:

      • Neumonía, infección de sitio quirúrgico e infección gastrointestinal siguen siendo las IAAS más frecuentes.
      • Aproximadamente el 60% de las IAAS no están vinculadas a un dispositivo o procedimiento (60,2% en 2015; 61,3% en 2023).
      • Más del 60% de las neumonías no se asocian a ventilación mecánica (64,5% en 2015; 65,7% en 2023).
      • La infección de sitio quirúrgico se mantuvo prácticamente sin cambios.

      Patógenos. Staphylococcus aureus, Escherichia coli y C. difficile continúan siendo los patógenos más frecuentes, representando en conjunto el 51% de las IAAS con patógeno identificado. Notablemente, C. difficile pasó de ser el patógeno más común en 2015 (15,5% de las IAAS) a un rol más marginal en 2023 (7,7%). De las infecciones por S. aureus, el 46% correspondió a cepas resistentes a meticilina. El SARS-CoV-2 no se identificó como patógeno causal de ninguna IAAS.

      . Resultados: la curva de prevalencia y su lectura económica

      Indicador20152023Variación
      Pacientes con ≥1 IAAS3,2%2,6%↓ ~19% en prevalencia bruta
      Riesgo ajustado (mismos 151 hospitales)referenciaRR 0,73↓ 27% de riesgo ajustado
      Infección por C. difficile0,54%0,22%↓ ~59%
      Bacteriemia asociada a catéter central0,30%0,16%↓ ~47%
      ITU asociada a catéter0,20%0,09%↓ ~55%
      Carga nacional estimada (EE. UU., 2023)687.200 (2015)518.000↓ ~25%

      Cada uno de estos descensos tiene traducción directa en días-cama evitados, consumo de antimicrobianos de segunda línea evitado y menor exposición a eventos adversos asociados (insuficiencia renal por nefrotoxicidad, sobreinfecciones, reingresos). Las infecciones asociadas a dispositivo (catéter central, catéter urinario) muestran las mayores reducciones relativas — es justamente el segmento donde los programas de bundles de inserción y mantenimiento de catéteres tienen mayor evidencia de costo-efectividad, y donde la inversión en protocolos estandarizados de enfermería suele mostrar el retorno más claro.

      El dato que más interesa al gestor: pese a esta mejora, más del 60% de las IAAS no están asociadas a un dispositivo o procedimiento, y se estima que más del 75% de estas infecciones no serían captadas por las especificaciones del Hospital Inpatient Quality Reporting Program de CMS. Esto es clave para cualquier sanatorio o financiador que diseñe sus tableros de calidad basándose solo en indicadores de vigilancia dirigida (NHSN clásico): estaría midiendo, en el mejor de los casos, una cuarta parte del problema real. Neumonía no asociada a ventilador, infección gastrointestinal e infección de sitio quirúrgico —que no cuentan con definiciones de vigilancia estandarizadas y de fácil extracción automática de la historia clínica electrónica— concentran la mayor parte de la carga no capturada.

      4. Implicancias para el diseño de programas de control de infecciones y costos

      a) Los programas centrados solo en dispositivos rinden decrecientemente. Las tasas asociadas a catéter ya vienen bajando de forma sostenida desde 2016 (con la interrupción pandémica ya superada). El margen de mejora remanente en catéteres es menor que el que existe en el resto de las IAAS no relacionadas a dispositivo — que es donde no hay aún protocolos de medición estandarizados ni, por ende, programas de gestión maduros.

      b) Neumonía no asociada a ventilador: la oportunidad de costo-beneficio más clara y menos explotada. Sigue siendo la IAAS más frecuente (más del 60% de las neumonías no están vinculadas a ventilación mecánica, un patrón estable desde 2011). Un estudio reciente citado en la discusión mostró que un paquete de medidas de bajo costo — higiene bucal sistemática, tamizaje y manejo de disfagia, movilización temprana, desprescripción de inhibidores de bomba de protones sin indicación, y kinesiología respiratoria — redujo su incidencia en 31%. Es una intervención de bajo costo de implementación (no requiere tecnología ni insumos costosos) con impacto potencial alto en días de estadía evitados, lo que la vuelve especialmente atractiva para presupuestos ajustados de sanatorios privados.

      c) Infección de sitio quirúrgico: costo estable, sin mejora. No mostró cambios entre 2015 y 2023, algo consistente con los reportes nacionales del NHSN 2021-2023. Esto sugiere que, a diferencia de las infecciones de catéter, las estrategias preventivas quirúrgicas actuales (profilaxis antibiótica, técnica, guías perioperatorias) ya alcanzaron una meseta y requerirían innovación adicional (bundles perioperatorios más agresivos, gestión de comorbilidades prequirúrgicas) para seguir bajando.

      d) C. difficile: la reducción más marcada, con una salvedad metodológica para el gestor de calidad. Buena parte de la caída se explica por el cambio hacia algoritmos diagnósticos de dos pasos (NAAT + inmunoensayo enzimático confirmatorio), que son más específicos pero pueden subdetectar casos clínicamente relevantes. Un comité de control de infecciones que compare sus propias tasas interanuales de C. difficile debería verificar si hubo cambios en el algoritmo diagnóstico del laboratorio antes de atribuir la mejora exclusivamente a la práctica clínica.

      Estimación de carga nacional 2023. Mediante el método de Rhame-Sudderth se estimaron 471.555 pacientes con al menos una IAAS (IC 95%: 354.723-636.247) y 518.000 infecciones totales (IC 95%: 494.500-542.000) en hospitales de EE. UU. Esta cifra es inferior a las estimaciones previas (687.200 en 2015 y 721.800 en 2011), pero continúa representando una carga sanitaria muy significativa.

      5. Discusión

      Los autores identifican tres elementos que sostienen la validez de la reducción observada, pese al cambio metodológico:

      1. La revisión de todas las historias clínicas en 2023 (en lugar de solo las cribadas) tendería a aumentar, no disminuir, la detección de casos.
      2. Al comparar exclusivamente las categorías de infección con definiciones equivalentes entre ambos años, la reducción se mantiene.
      3. Los pacientes de 2023 eran de mayor edad y con estadías más prolongadas —factores que típicamente elevan el riesgo de IAAS— y aun así la prevalencia fue menor.

      La caída en infecciones por C. difficile se explica en parte por la adopción de algoritmos diagnósticos de dos pasos (NAAT seguido de inmunoensayo enzimático), que aumentan la especificidad diagnóstica pero también podrían subestimar casos clínicamente relevantes, junto con un uso más racional de las pruebas y mejoras en la gestión de antimicrobianos.

      La reducción en infecciones asociadas a catéteres centrales y urinarios es consistente con las tendencias ya documentadas por el NHSN desde 2016, con una interrupción durante la pandemia y recuperación posterior en 2022-2023.

      La persistencia de la neumonía como IAAS más frecuente —mayormente no asociada a ventilación mecánica— señala una brecha relevante: no existe aún una definición de vigilancia estandarizada y fácilmente extraíble de la historia clínica electrónica para este tipo de neumonía, lo que dificulta medir el impacto de intervenciones preventivas (higiene bucal, manejo de disfagia, movilización temprana, suspensión de inhibidores de bomba de protones no indicados, kinesiología respiratoria), pese a que un estudio reciente mostró una reducción del 31% con este tipo de paquete de medidas.

      La infección de sitio quirúrgico permanece como un desafío no resuelto, posiblemente influida por el retraso de cirugías electivas durante la pandemia y el aumento de la complejidad de los procedimientos realizados posteriormente.

      Un dato de relevancia para la gestión sanitaria: más del 60% de las IAAS detectadas no están asociadas a dispositivo o procedimiento, y se estima que más del 75% de ellas no habrían sido captadas por las especificaciones del programa de reporte de calidad hospitalaria de CMS —lo que sugiere un punto ciego relevante en los sistemas de reporte de calidad basados solo en indicadores asociados a dispositivos.

      6. Limitaciones

      • Los resultados podrían no ser representativos del conjunto de hospitales de EE. UU.
      • Los cambios en las definiciones NHSN a lo largo del tiempo dificultan atribuir la totalidad de la mejora a una mejor prevención de infecciones.
      • No se realizó ajuste por comparaciones múltiples.
      • El método de Rhame-Sudderth asume inclusión de infecciones curadas y activas, condición no siempre verificable en encuestas transversales.

      7. Conclusiones

      La prevalencia de IAAS en hospitales de EE. UU. disminuyó de 1 de cada 31 pacientes (2015) a 1 de cada 38 pacientes (2023), con una reducción del 27% en el riesgo ajustado. No obstante, la carga nacional estimada continúa superando las 500.000 infecciones anuales. Los autores destacan que la mayoría de las IAAS no están vinculadas a dispositivos ni procedimientos, por lo que los avances futuros en prevención requerirán estrategias específicas dirigidas a este grupo heterogéneo de infecciones —particularmente neumonía no asociada a ventilador e infección de sitio quirúrgico— más allá de las intervenciones clásicas centradas en catéteres y ventiladores.

      Equidad 2.0

      El termino equidad no tiene una definición univoca. Se emplea más de lo que se practica, se pregona más de lo que se ejecuta. En nombre de la equidad se hacen muchas cosas que no sirven para nada. En particular en Argentina del fin de época de la seguridad social, con un sistema que no cubre puesto que no tiene la suficiente cantidad de recursos ni de gestión. La gestión no cubre la falta de recursos. Los recursos deben dimensionarse y planificarse. El PAMI, esta con serios problemas económicos. Sin obras sociales que tengan prestadores todos van a un hospital que esta en crisis, entonces recopilé algunas definiciones del Universalismo dirigido, en la era de la medicina basada en el valor.

      ¿Qué es el Universalismo Dirigido?

      «Este es un enfoque que apoya las necesidades de cada persona mientras nos recuerda que todos formamos parte del mismo tejido social. El universalismo dirigido rechaza un universal general que probablemente sea indiferente a la realidad de que diferentes grupos están situados de manera distinta en relación con las instituciones y recursos de la sociedad. También rechaza la afirmación de igualdad formal que trataría a todas las personas por igual, como forma de negar la diferencia.» Powell J. 2016

      Segmentar dentro del universalismo significa estrablecer objetivos universales y medios o procesos específicos.

      • Universal, pero que refleja cómo las personas están en situaciones diferentes
      • Inclusivo, pero dirigido a quienes están más marginados

      El universalismo dirigido dirige la atención a las vías que enfrentan diferentes grupos y sugiere cambios estructurales para facilitar esas trayectorias.

      1. Articular un objetivo concreto basado en una comprensión y análisis sólidos del problema en cuestión.
      2. Evalúa la diferencia entre la población general y el objetivo universal.
      3. Evalúa la divergencia de ciertas geografías y segmentos poblacionales respecto al objetivo.
      4. Evalúa las barreras para alcanzar el objetivo de cada grupo o región.
      5. Elabora procesos dirigidos a cada grupo para alcanzar un objetivo universal.
      • Los niños experimentan diferentes niveles de interacción parental según la capacidad de sus padres para tomar una baja no remunerada
      • Los niños tienen acceso diferente a la atención sanitaria según su situación familiar
      • El acceso a la educación y la calidad de la educación varían para los niños según su estatus socioeconómico

      ¿Qué es la equidad?

      Al comprometernos a priorizar la equidad, primero abordamos el problema de las interpretaciones inconsistentes de lo que significa la equidad. Entre las muchas definiciones alternativas, cada una con sus propias virtudes, la que nos ha resultado más útil proviene de la organización de investigación y defensa Urban Strategies Council : La equidad es la justicia y la imparcialidad logradas mediante la evaluación sistemática de las disparidades en oportunidades, resultados y representación, y la corrección de dichas disparidades a través de acciones específicas.⁴ Esta definición responde a las necesidades de muchos grupos y poblaciones diferentes que funcionan diariamente bajo limitaciones estructurales que durante generaciones han restringido su capacidad de prosperar, lo que resulta en una marginación y opresión severas y acumulativas, independientemente de dónde vivan en el mundo. Solo cuando los esfuerzos de impacto colectivo se tomen el tiempo para comprender quiénes han sido marginados, por qué y cómo experimentan la marginación, y, después de dicha investigación, tomen medidas específicas para crear políticas, prácticas e instituciones que aborden las inequidades actuales e históricas, estas comunidades podrán liberarse para alcanzar su máximo potencial.

      Poniendo la equidad en el centro del impacto colectivo.

      John Kania , Junious Williams , Paul Schmitz , 
      Sheri Brady , Mark Kramer y Jennifer Splansky Juster .

      Cinco estrategias para priorizar la equidad

      Afortunadamente, muchos esfuerzos de impacto colectivo en todo el mundo ya han avanzado en la priorización de la equidad. Al estudiar los esfuerzos de impacto colectivo centrados en la equidad en diferentes regiones y problemáticas, observamos que cinco estrategias en particular se perfilan como fundamentales para lograr la equidad:

      1. Fundamentar el trabajo en datos y contexto, y orientar el análisis hacia soluciones.
      2. Centrarse en el cambio de sistemas, además de en los programas y servicios.
      3. Cambiar el equilibrio de poder dentro de la colaboración.
      4. Escuchar a la comunidad y actuar en consecuencia.
      5.  Fomentar el liderazgo equitativo y la rendición de cuentas.

      Ninguna de estas estrategias es nueva, pero siguen requiriendo comprensión y compromiso para tener éxito. En conjunto, constituyen la base de un enfoque integral que prioriza la equidad en el impacto colectivo. Analicémoslas una por una.

      Estrategia n.° 1: Fundamentar el trabajo en datos y contexto, y enfocar las soluciones. | Fundamentar el trabajo en datos y contexto apropiados requiere que los participantes en la iniciativa de impacto colectivo desarrollen una comprensión nueva y compartida de la terminología, la historia, los datos y las historias personales. Muchas narrativas ampliamente aceptadas, pero falsas y dañinas en nuestra sociedad, son utilizadas por quienes ostentan el poder —intencionadamente o no— para ocultar el racismo estructural. Mucho antes de analizar datos o proponer soluciones, los participantes deben crear un lenguaje común de definiciones consensuadas sobre raza y equidad. 7

      Además, los participantes deben compartir una comprensión más precisa de los orígenes y la naturaleza de las desigualdades existentes. Esta comprensión debe incluir la distinción entre racismo estructural y culpabilización personal, así como el desarrollo de la empatía más allá de los sentimientos individuales de culpa entre los privilegiados o la vergüenza entre las personas marginadas. Un trabajo eficaz en pro de la equidad antirracista casi siempre comienza con una comprensión más profunda de la historia.

      Esta estrategia se refleja en el trabajo de Zea Malawa , doctora en medicina, pediatra afroamericana y madre, quien lidera Expecting Justice, la organización que impulsa una iniciativa de impacto colectivo centrada en mejorar la salud infantil y materna entre las familias afroamericanas e isleñas del Pacífico en San Francisco. A pesar de la riqueza de la ciudad, uno de cada siete bebés afroamericanos nace prematuramente, el doble que los bebés blancos. Desde su creación, Expecting Justice ha orientado todos sus esfuerzos a abordar las desigualdades raciales como la causa fundamental de las disparidades en los resultados al nacer.

      “Siempre intento pensar en cómo podríamos hacer que el antirracismo parezca irresistible”, dice Malawa. Su equipo comienza asegurándose de que todos los participantes comprendan el contexto histórico de los datos. “La gente puede reconocer que otros son pobres y que su salud se ve afectada por esa pobreza, pero la mayoría de las veces no pueden explicar el motivo”, explica. “Y al no poder explicarlo, surgen prejuicios culturales profundamente racistas”.

      Para replantear el tema, Malawa destaca momentos cruciales de la historia estadounidense, desde la época de la esclavitud en Estados Unidos hasta las formas modernas de opresión que han negado a las personas negras la oportunidad de participar equitativamente en el progreso económico estadounidense.⁸ Por ejemplo, el respaldo deliberado del gobierno a las prácticas de discriminación hipotecaria en la financiación de la compra de viviendas después de la Segunda Guerra Mundial es la razón por la que las personas de color fueron segregadas en barrios empobrecidos y se les negó el acceso a la propiedad de la vivienda, quedando así excluidas de la principal fuente de riqueza intergeneracional para las familias blancas de clase media. Malawa muestra mapas de discriminación hipotecaria de hace décadas que trazan con precisión los contornos de los barrios de bajos ingresos actuales.

      Malawa ofrece ayuda adicional a los líderes de la iniciativa Expecting Justice que no tienen mucha experiencia directa con la comunidad a la que sirve, para que comprendan mejor las causas de la inequidad. Por ejemplo, elaboró ​​cuatro escenarios diferentes que ilustran las barreras estructurales que enfrentan las mujeres al dar a luz, abarcando desde la marginación racial hasta el privilegio racial. Posteriormente, involucró a los miembros del comité directivo en el desarrollo de un «mapa de comprensión» para la futura madre en cada escenario, destacando cómo aumentan los obstáculos y desafíos para las madres pertenecientes a grupos racialmente marginados.

      Las narrativas falsas no solo perviven en la historia, sino también en los datos que recopilamos hoy. Estamos acostumbrados a describir los problemas de la sociedad con datos agregados: la tasa nacional de desempleo, las tasas de graduación de la escuela secundaria, el número de personas que viven por debajo del umbral de pobreza o el porcentaje de mortalidad neonatal. Sin embargo, los datos agregados ocultan variaciones según características como la raza y la etnia, el género, la edad, la orientación sexual, los niveles de ingresos y la ubicación geográfica. A menos que se desagregen los datos, no podemos comprender realmente los problemas, desarrollar soluciones adecuadas ni documentar el progreso.

      Por ejemplo, fuimos testigos del daño que puede surgir de la falta de desagregación de datos y la falta de soluciones específicas durante la pandemia de COVID-19, cuando muchas jurisdicciones no recopilaban ni informaban las tasas de infección ni los datos de pruebas por raza y etnia, y posteriormente se enteraron de tasas de enfermedad dispares y posiblemente prevenibles. 9

      La mera obtención de datos desagregados puede suponer un reto, ya que a menudo no se recopilan con la especificidad suficiente; por ejemplo, los datos recopilados para personas de origen asiático no especifican su nacionalidad. La falta de datos desagregados con precisión oculta muchos problemas y puede dar lugar a programas y políticas ineficaces. Un cambio sistémico importante que puede surgir de los esfuerzos de impacto colectivo es la promoción ante los organismos públicos, los investigadores y otros responsables de conjuntos de datos administrativos para que mejoren la precisión de sus prácticas de recopilación y presentación de datos, con el fin de facilitar análisis más equitativos y soluciones más específicas.

      Los datos desagregados son esenciales, pero no suficientes. Centrar la equidad en el trabajo de impacto colectivo requiere una comprensión más holística de la experiencia de vida de las poblaciones marginadas, la cual solo puede lograrse mediante entrevistas, encuestas, grupos focales, historias personales y una participación auténtica. Con demasiada frecuencia, los conjuntos de datos, en particular los que son exclusivamente cuantitativos, no logran capturar el contexto importante que solo conocen las personas más afectadas y sus allegados, y los grupos que interpretan los datos a menudo no incluyen a quienes tienen experiencia vivida al darles sentido. Para abordar este problema, muchos esfuerzos de impacto colectivo comienzan con «recorridos de datos», en los que todos los participantes, incluidos los líderes de las organizaciones y los residentes con experiencia vivida de los problemas, revisan datos visuales fáciles de entender y, juntos, analizan, interpretan y crean un significado compartido sobre lo que dicen los datos.

      Expecting Justice ha convertido la contextualización adecuada de los datos en un principio fundamental de su trabajo. La mayoría de su comité directivo está compuesto por líderes blancos de agencias gubernamentales y otras grandes organizaciones, muchos de los cuales tienen un contacto directo limitado con madres y familias, pero también incluye a varias madres negras e isleñas del Pacífico. El equipo central reconoció la necesidad de dar mayor relevancia a la experiencia de estas madres como datos esenciales y dedicó varios meses a generar confianza y establecer relaciones con el grupo para crear un espacio donde pudieran compartir sus historias como parte del trabajo del comité directivo para contextualizar el tema del parto prematuro.

      El mero hecho de buscar y escuchar las historias del grupo afectado puede sentar las bases para generar confianza con los actores clave de la comunidad. El uso activo de estas historias también puede servir para identificar y centrar la narrativa del cambio en la comunidad. Este paso puede orientar las conversaciones sobre soluciones, pasando de respuestas programáticas convencionales a soluciones sistémicas más enfocadas en lograr una mayor equidad.

      Una vez que los esfuerzos de impacto colectivo hayan obtenido suficiente información del contexto histórico y de los datos cuantitativos y cualitativos desagregados que describen la experiencia de quienes son marginados, los participantes deben dirigir las estrategias de manera diferenciada a los subgrupos para lograr mejores resultados comunitarios. El enfoque de universalismo dirigido de John A. Powell, del Instituto de Alteridad y Pertenencia de la UC Berkeley, demuestra una forma de operacionalizar la equidad racial mediante la focalización de las intervenciones en subgrupos. «La justicia no se promueve tratando a quienes se encuentran en una situación diferente como si fueran iguales», dice Powell. «Una estrategia universal dirigida es aquella que incluye las necesidades tanto de los grupos dominantes como de los marginados, pero presta especial atención a la situación del grupo marginado».  10

      El universalismo focalizado sostiene que nuestro objetivo no debe ser solo reducir las disparidades, sino también mejorar los resultados para todos. Si solo el 50 % de los niños blancos leen al nivel correspondiente a su edad y el 30 % de los niños negros lo hacen, cerrar la disparidad aún deja al 50 % de los niños por debajo de ese nivel. Podemos tener un objetivo universal para nuestra comunidad, como la competencia lectora, pero necesitamos comprender las diferentes barreras que enfrentan los diversos subgrupos y adaptar nuestras estrategias y recursos para abordar esas barreras específicas. No focalizar las intervenciones probablemente mantendrá, e incluso exacerbará, las disparidades existentes.

      Estrategia n.° 2: Centrarse en el cambio sistémico, además de los programas y servicios. | Los resultados y soluciones equitativos que abordan las causas profundas de los problemas sociales a nivel comunitario, regional o nacional no se pueden lograr programa por programa. Requieren cambios más profundos en los sistemas, estructuras, políticas y culturas públicas y privadas que producen sistemáticamente, y a menudo fueron diseñadas para producir, resultados racistas o inequitativos.

      El cambio sistémico es un concepto frecuentemente discutido pero poco comprendido. Un marco que ha demostrado ser útil para muchos profesionales del impacto colectivo consiste en considerar los cambios sistémicos en tres niveles de explicitud. 11 El primero es el nivel de cambio estructural: cambios en las políticas, las prácticas y los flujos de recursos. Este nivel es explícito, ya que las personas involucradas en el sistema pueden identificar fácilmente estas condiciones. El segundo es el nivel de cambio relacional, específicamente, las relaciones y conexiones, y las dinámicas de poder entre personas u organizaciones. Este nivel tiende a ser semiexplícito, ya que a veces las personas pueden ver estas dinámicas y otras veces ocurren fuera de la vista de algunos actores del sistema. El tercer nivel de cambio sistémico es el cambio transformador: los modelos mentales, las cosmovisiones y las narrativas que subyacen a nuestra comprensión de los problemas sociales. Este nivel suele ser implícito en el esfuerzo, pero tiene el mayor poder para guiar el comportamiento individual y sistémico a largo plazo.

      Al emprender proyectos de cambio sistémico, muchas personas y organizaciones invierten la mayor parte de su tiempo y recursos en intentar modificar las condiciones en el primer nivel. Si bien estas soluciones estructurales son importantes, cambiar la estructura sin modificar las relaciones, las dinámicas de poder y los modelos mentales puede conducir a soluciones irrelevantes, ineficaces, irresponsables e insostenibles. Esta tendencia se acentúa especialmente si las soluciones se desarrollaron en un contexto donde los grupos marginados carecían de voz y poder. Por lo tanto, los esfuerzos de impacto colectivo deben trabajar simultáneamente en los tres niveles del cambio sistémico para lograr una transformación más profunda y sostenible.

      Si bien el trabajo de cambio sistémico es esencial para lograr la equidad, el progreso suele ser a largo plazo y no visible para los miembros de la comunidad que enfrentan dificultades hoy. Las intervenciones que mejoran los programas y servicios satisfacen las necesidades de las personas en el presente y, a menudo, mantienen a los residentes y miembros de la comunidad activos en los esfuerzos de colaboración, ya que su impacto es más tangible y relevante para la vida cotidiana de las personas. El trabajo programático también puede servir de base para los cambios estructurales, sistémicos y de políticas necesarios para lograr resultados más amplios. La mayoría de los esfuerzos de impacto colectivo de alta capacidad trabajan tanto a nivel programático como sistémico, priorizando la equidad. Expecting Justice es un ejemplo de ello.

      En sus iniciativas programáticas, Expecting Justice trabaja para fortalecer y ampliar los programas existentes con el fin de satisfacer las necesidades más urgentes de las madres negras e isleñas del Pacífico en San Francisco. Por ejemplo, Expecting Justice gestionó fondos para apoyar y ampliar los servicios de SisterWeb, una red comunitaria de doulas en San Francisco. Las investigaciones demuestran que la atención de las doulas contribuye a mejorar los resultados del parto , especialmente para las mujeres de color de bajos ingresos, y la ampliación de este programa tiene el potencial de beneficiar de inmediato a los padres en San Francisco.

      En sus esfuerzos sistémicos, Expecting Justice participa en los tres niveles del cambio sistémico. A nivel estructural, Expecting Justice está lanzando el Proyecto Nacimiento Abundante, un programa piloto para brindar ingresos suplementarios sin restricciones durante el embarazo y durante seis meses después del parto a madres negras e isleñas del Pacífico en San Francisco. Este ingreso garantizado para las madres durante el embarazo es el primero de su tipo en los Estados Unidos, allanando el camino para un programa de ingreso básico más amplio financiado por el estado en California , y sus impactos serán estudiados para futuras implicaciones políticas para San Francisco y más allá . A nivel relacional del cambio sistémico, Expecting Justice ha generado confianza entre los proveedores y los miembros de la comunidad y ha redistribuido el poder en la toma de decisiones. Por ejemplo, las madres con experiencia vivida tienen la última palabra en el comité directivo antes de cualquier votación. Y a nivel transformador del cambio sistémico, Expecting Justice ha trabajado para eliminar los modelos mentales racistas y los sesgos conscientes o inconscientes de la supremacía blanca en los sistemas de atención médica y servicios sociales de San Francisco. Al replantear el problema y desglosar los datos, la organización está cambiando los modelos mentales sobre por qué se producen los partos prematuros y concienciando sobre las causas fundamentales, estructurales, institucionales e interpersonales de racismo, que subyacen a estos partos.

      A medida que los esfuerzos de impacto colectivo buscan transformar los sistemas, también deben adaptar la medición, la evaluación y el aprendizaje para monitorear y aprender de los cambios en estos sistemas, además de los cambios en los resultados individuales. Tomemos, por ejemplo, el Foro de Jóvenes con Oportunidades del Instituto Aspen, que apoya los esfuerzos de impacto colectivo en todo Estados Unidos para mejorar los resultados de los jóvenes que están desconectados del trabajo y la escuela. Este foro monitorea no solo los resultados agregados de los jóvenes (por ejemplo, obtener un diploma de escuela secundaria o equivalente, inscribirse en la educación postsecundaria, conseguir empleo), sino también los cambios en los sistemas (por ejemplo, evidencia de cambios en el poder comunitario, revisiones de narrativas, mejores trayectorias, cambios en las políticas públicas, cambios en la financiación). Las medidas de cambio sistémico identifican si los sistemas que perpetúan los problemas están cambiando para apoyar mejor la equidad para la población objetivo. A menudo, los datos cualitativos proporcionan mediciones más significativas del cambio sistémico que las medidas cuantitativas, porque la información cualitativa ayuda a comprender la compleja dinámica inherente a los sistemas y también proporciona información sobre por qué ocurren los cambios en el sistema.

      Con demasiada frecuencia, nos centramos en la diversidad para cambiar quién se sienta a la mesa sin modificar la dinámica subyacente de las decisiones que se toman en ella, mediante el cambio de la cultura y el poder.

      Estrategia n.° 3: Redistribuir el poder dentro de la colaboración. | Las políticas públicas, las normas y la asignación de recursos suelen estar controladas por individuos que no representan a las poblaciones afectadas por sus decisiones. Lograr resultados equitativos y un cambio sistémico requiere transferir el poder a los afectados.

      Consideremos un esfuerzo de impacto colectivo en la remota localidad de Bourke, a 800 kilómetros (500 millas) al noroeste de Sídney, Australia. En 2017, las tasas de delincuencia y encarcelamiento de la población aborigen se encontraban entre las más altas del país. La gestión de los problemas en esta pequeña localidad, donde conviven miembros de 21 grupos aborígenes diferentes, se ve complejizada por su historia de desplazamiento forzado y reasentamiento durante el colonialismo blanco. Ante la preocupación de los residentes por el hecho de que otros actores del sistema tuvieran más información y poder, el esfuerzo de impacto colectivo comenzó utilizando datos para entablar conversaciones significativas entre residentes y proveedores de servicios, con el fin de generar confianza y establecer una visión compartida. Posteriormente, los líderes indígenas colaboraron con organizaciones estatales y filantrópicas para crear el Proyecto de Reinversión en Justicia de Maranguka , cuyo objetivo es redirigir fondos del sistema de justicia penal hacia iniciativas preventivas, de reinserción y de desarrollo comunitario que aborden las causas profundas de la delincuencia.

      Si bien la iniciativa ha involucrado a todas las partes con poder de decisión sobre la infancia, el trabajo está guiado por el consejo tribal que representa a los 21 grupos aborígenes. Las instituciones gubernamentales, en lugar de liderar como lo han hecho tradicionalmente desde la colonización, ahora siguen el ejemplo de la comunidad. Equipos liderados por la comunidad aborigen trabajan en colaboración con los proveedores de servicios y se aseguran de que todos los niños sean atendidos. Este traspaso de poder a la comunidad ha dado lugar a mejores resultados, con reducciones sustanciales en los delitos graves y un aumento en los apoyos que ayudan a los niños a prosperar, como tener una relación positiva con un adulto. Donde antes los miembros de la comunidad tenían poca influencia en la toma de decisiones, ahora ayudan a establecer las prioridades comunitarias, influyen en la distribución de los recursos públicos y privados y exigen responsabilidad a los programas y sistemas.

      Muchas personas se sienten más cómodas hablando de diversidad e inclusión que de poder, pero sin abordar el poder, los esfuerzos que resaltan la diversidad apenas rozan la superficie. Frontline Solutions, una consultora propiedad de personas negras que presta servicios a los sectores filantrópico y sin fines de lucro, define el poder como “la capacidad o autoridad para influir en otros, decidir quién tendrá acceso a los recursos y definir la realidad o ejercer control sobre uno mismo o sobre los demás”. Algunos ostentan el poder como resultado de cargos formales, otros en virtud del control de recursos financieros, otros a través de la influencia de sus relaciones. Quienes controlan los recursos y establecen políticas —líderes gubernamentales, filántropos, líderes empresariales y líderes de grandes instituciones, como hospitales y universidades— tienen mayor poder no solo en la sociedad, sino también, a menudo, en la gobernanza de impacto colectivo.

      Involucrar a estos líderes en el proceso de impacto colectivo es fundamental para su eficacia: pueden generar cambios a gran escala, influir en la narrativa y aportar los recursos necesarios, pero a menudo están alejados de las poblaciones a las que afectan sus decisiones. En Estados Unidos y gran parte del mundo occidental, quienes ostentan el poder suelen ser hombres blancos. Con demasiada frecuencia, nos centramos en la diversidad para cambiar quién participa en la toma de decisiones sin modificar la dinámica subyacente de las decisiones, transformando la cultura y el poder. Para obtener resultados equitativos se requieren mesas de toma de decisiones más equitativas.

      El poder también existe en las comunidades donde los individuos tienen relaciones e influencia que brindan el conocimiento, la confianza y la credibilidad esenciales para el éxito del impacto colectivo. Demasiados esfuerzos iniciales de impacto colectivo reflejaban una toma de decisiones vertical, agrupando a líderes institucionales que tenían menos conexión, conocimiento auténtico o credibilidad con los socios y miembros de la comunidad. Muchos enfrentaron resistencia comunitaria, no lograron alinear a los socios necesarios y no alcanzaron los resultados esperados, aprendiendo por las malas que la experiencia vivida y el conocimiento del contexto eran necesarios para fundamentar mejor las decisiones. Que tanto los líderes institucionales como los comunitarios compartan el poder en la toma de decisiones es fundamental para alinear recursos, socios y comunidades e impulsar cambios programáticos y sistémicos. Sin embargo, a menudo surgen dos problemas cuando los grupos de toma de decisiones se vuelven más diversos. Primero, los líderes de impacto colectivo no desarrollan ni fomentan una cultura inclusiva, por lo que aquellos con más poder institucional o recursos dominan o reciben deferencia. Segundo, aquellos con poder institucional o recursos se resisten a procesos más inclusivos que son menos eficientes e implican conversaciones o desacuerdos incómodos, por lo que abandonan la mesa o delegan su rol a otros con menos influencia.

      En nuestra experiencia, la redistribución del poder en una colaboración requiere atención e intención explícitas. Los líderes deben coincidir en la importancia de practicar la equidad para lograr resultados equitativos y deben estar dispuestos a modificar sus procesos de toma de decisiones y ceder parte de su poder. Sin embargo, deben definir claramente el propósito de la participación comunitaria: por qué es necesaria para sus objetivos programáticos y de cambio sistémico. De lo contrario, el compromiso disminuye y los miembros de la comunidad perciben una menor determinación.

      Muchos observadores creen que los cambios de poder solo se producen como resultado de grandes y dramáticos acontecimientos. Sin embargo, el cambio también puede surgir de numerosos eventos pequeños —datos e historias recién compartidos, relaciones que se desarrollan, la experiencia directa del problema— que provocan un cambio de mentalidad y de actitud. Con el tiempo, el poder puede desplazarse hacia la equidad de maneras antes inimaginables. El personal de Backbone y los miembros del comité directivo pueden fomentar la creación de relaciones y la empatía entre los miembros organizando comidas con pequeños grupos de participantes diversos para que conozcan sus antecedentes, motivaciones y compromiso con la iniciativa. El personal de Backbone también puede organizar reuniones en espacios comunitarios; reunirse alrededor de mesas pequeñas, en lugar de grandes mesas de juntas, para estimular el diálogo; y facilitar una cultura transparente y justa que identifique y negocie las dinámicas incómodas y genere confianza entre los miembros. Todos estos pasos pueden parecer pequeños, pero pueden generar resultados sorprendentes y poderosos.

      La experiência de la Red Colaborativa de Jackson en el cambio de poder en un condado relativamente conservador de Michigan resulta instructiva. Monica Moser, la directora ejecutiva blanca de la Fundación Comunitaria de Jackson, explica que la red comenzó con datos: «Las disparidades raciales eran impactantes y evidentes, y también recopilamos las historias de los residentes para ilustrar las barreras que las generan». En 2020, para cambiar la dinámica de poder y fomentar una participación más inclusiva, la red reorganizó su trabajo para abordar las causas profundas de las desigualdades, aumentando sustancialmente la diversidad de su comité directivo y creando oportunidades de liderazgo dentro del comité para participantes que representan tanto a la comunidad como a las organizaciones líderes. Las relaciones y la confianza han sido ingredientes esenciales para el cambio, pero su desarrollo requirió tiempo.

      “Ahora tenemos relaciones sólidas con líderes comunitarios que antes no teníamos”, dice Moser. “No nos limitamos a entrevistar con empatía a los residentes con experiencia directa, sino que los involucramos para que nos ayudaran a diseñar soluciones y a evaluar su eficacia. Fueron testigos de su influencia”.

      Estrategia n.° 4: Escuchar a la comunidad y actuar con ella. | Al analizar con honestidad las raíces de los desafíos que enfrentan muchas comunidades, descubrimos que debemos pasar de trabajar en las comunidades a trabajar con ellas y apoyar el trabajo que realizan. Si reconocemos, por ejemplo, la dificultad de llegar a 12 000 mujeres en edad fértil en seis códigos postales con grandes disparidades en los resultados del parto, comprenderemos que quienes ya tienen una relación con esas mujeres y gozan de su confianza son esenciales para lograr los resultados deseados. Familias, amigos, vecinos y grupos que ya operan en la comunidad poseen el conocimiento, las habilidades y la experiencia esenciales para generar un cambio equitativo.

      Escuchar a la comunidad requiere confianza y participación; no se logra con un grupo focal puntual ni una encuesta rápida. Requiere conocer a nuestros beneficiarios y nuestra cercanía a ellos. La escucha suele ser más continua y orgánica cuando el equipo central y el equipo directivo incluyen personas que comparten los antecedentes de los beneficiarios, viven en los barrios atendidos y tienen experiencia directa con los problemas que se abordan. Si los miembros del equipo central, el comité directivo y los grupos de trabajo no incluyen esta diversidad de perspectivas comunitarias, deberían colaborar con socios que tengan la confianza necesaria para aportar una variedad de puntos de vista comunitarios. Después de todo, nadie puede ser la voz de una comunidad, por lo que es fundamental escuchar diversas voces.

      Sin embargo, un cambio más transformador y equitativo se produce cuando actuamos con la comunidad, reconociendo y potenciando a las personas y el poder que contiene. Este enfoque requiere que veamos a las comunidades y a sus residentes como activos, en lugar de problemas que deben resolverse. 13 Reconoce el talento y el compromiso de los residentes, la importancia de las relaciones locales y el valor de las instituciones dirigidas por miembros de la comunidad como pilares del cambio. Rechazando los enfoques de «salvación blanca» externos, estos esfuerzos basados ​​en los activos se preguntan: ¿Qué problemas quieren resolver las comunidades? ¿Qué poder ya poseen? ¿Qué soluciones están creando que podamos apoyar? Empezamos a reconocer, por ejemplo, que la mujer que visita a las madres jóvenes del barrio forma parte de la salud pública y que el comerciante que asesora a los jóvenes de la zona participa en el desarrollo juvenil. La cuestión no es quién presta servicios o trabaja en una comunidad, sino en quién confían sus miembros.

      Hope Starts Here (HSH), una iniciativa de colaboración para la primera infancia en Detroit, ejemplifica la importancia de escuchar y fortalecer las relaciones de confianza con la comunidad. Desde su creación, HSH se ha centrado en la capacidad de las familias y las organizaciones para desenvolverse en el sistema de atención a la primera infancia. HSH ha desarrollado una infraestructura para la participación de los padres que incluye líderes para cada uno de los objetivos estratégicos de la iniciativa, siete coordinadores de extensión comunitaria (residentes en el distrito donde trabajan) y un equipo de especialistas que trabajan directamente en cada distrito. A través de estos especialistas, los padres reciben capacitación sobre el desarrollo cerebral infantil para que puedan influir en las políticas estatales, abogar por experiencias de calidad en la primera infancia para sus hijos y adoptar las mejores prácticas para aplicar en casa.

      “La comunidad es quien realmente lidera y da forma a este trabajo”, afirma Camarrah Morgan, coconordinadora de la participación de la comunidad afroamericana. “Sabemos cómo desenvolvernos en el sistema y cómo obtener recursos para que, cuando se agote la financiación de HSH, siga existiendo un mecanismo para defender nuestros derechos y los de nuestros hijos”.

      Estrategia n.° 5: Fomentar el liderazgo y la rendición de cuentas en materia de equidad. | Nuestro enfoque aquí se centra en el liderazgo y la rendición de cuentas que priorizan la equidad en el trabajo, impulsando las estrategias analizadas en este artículo. Este liderazgo no debe estar centralizado, sino distribuido a lo largo de todo el esfuerzo de impacto colectivo, incluyendo al personal clave y a las partes interesadas, como los miembros del comité directivo, los presidentes de los grupos de trabajo, los financiadores, las organizaciones asociadas y la comunidad en general.

      ¿Qué significa para la organización principal liderar con un enfoque en la equidad? En primer lugar, significa contar con un equipo central que refleje la diversidad de la población a la que sirve. Para muchas iniciativas, esto requerirá modificar o ampliar el equipo central y, posiblemente, que sus miembros actuales den mayor cabida a diferentes perspectivas, especialmente a las de las personas con experiencia vivida, o que los financiadores apoyen la ampliación del equipo para que refleje mejor a la comunidad.

      Si bien muchos profesionales del impacto colectivo conciben al coordinador como un intermediario imparcial, este no puede ni debe ser neutral a la hora de destacar la importancia de la equidad en el trabajo del grupo. Igualmente importante, los demás líderes de la iniciativa deben adoptar un enfoque inquebrantable en la equidad.

      Este compromiso implica exigir responsabilidades a quienes ocupan puestos de poder —en su mayoría líderes blancos— por los avances logrados en su labor personal y organizacional en materia de equidad. Más allá de replantear el problema para reconocer cómo el racismo estructural, organizacional e interpersonal, u otras formas de opresión, han contribuido al mismo, los líderes deben realizar una profunda introspección personal para comprender su propia contribución al statu quo.

      La responsabilidad personal puede adoptar muchas formas. Para los líderes blancos, puede significar pronunciarse públicamente contra el racismo, incluso cuando parezca arriesgado. También puede implicar reconocer públicamente el racismo propio o de su organización en el pasado y el daño causado. Asimismo, significa exigir responsabilidad a otros líderes para que actúen en favor de la erradicación del racismo.

      Desde el punto de vista estructural, mantener la rendición de cuentas en el liderazgo de equidad puede ser difícil porque el impacto colectivo se basa en un enfoque no jerárquico. El comité directivo y la estructura principal, por ejemplo, no tienen autoridad formal sobre quienes participan en el trabajo. En consecuencia, solo los pares y las expectativas compartidas del grupo pueden garantizar la rendición de cuentas. En Jackson, Michigan, por ejemplo, Moser reprendió en una ocasión a uno de los mayores donantes de la fundación por una declaración racista que hizo públicamente. Su junta directiva, que había estado profundizando su comprensión de la equidad racial, la respaldó a pesar del riesgo de perder los fondos. «Esto sentó un precedente y demostró que vamos en serio», afirma Moser.

      Expecting Justice ha integrado la rendición de cuentas entre pares en su labor de impacto colectivo de diversas maneras. La iniciativa utiliza grupos de afinidad racial, o grupos de discusión, para crear un foro donde los participantes de color puedan debatir temas juntos, y donde los participantes blancos puedan apoyarse mutuamente en su trabajo personal relacionado con la equidad racial. La iniciativa también promueve el uso de «compañeros de rendición de cuentas», es decir, encontrar un socio de confianza con quien los participantes puedan compartir su dedicación personal y sus avances en los compromisos de equidad racial. Finalmente, honrar la experiencia de las madres con vivencias propias en el grupo, dándoles la última palabra en el comité directivo antes de que se tome una decisión, es un poderoso recordatorio de que la rendición de cuentas ante las madres y sus bebés es el propósito fundamental de Expecting Justice.

      Nuestra Estrella Polar

      El impacto colectivo nunca ha sido un marco rígido que garantice el éxito. Es un enfoque que debe adaptarse a las circunstancias de cada comunidad y problemática. En la última década, el entusiasmo por este concepto ha sido constante. Más importante aún, miles de personas que trabajan en diferentes contextos alrededor del mundo han aprendido y perfeccionado este enfoque. De las muchas lecciones aprendidas por los profesionales, la más importante, sin duda, es la necesidad de priorizar la equidad en el trabajo.

      Agradecemos a los numerosos socios y grupos que nos han ayudado a aprender y a profundizar en la importancia fundamental de la equidad, y esperamos que muchos más utilicen las cinco estrategias aquí descritas con la urgencia que requieren. Sin una atención decidida a estas y otras estrategias de equidad sobre el terreno, el impacto colectivo corre el riesgo de reforzar, en lugar de eliminar, las desigualdades que subyacen a los desafíos que buscamos resolver. Si alcanzar la equidad y la justicia es nuestra meta, debemos comenzar con el objetivo en mente.

      El modelo Hub and Spoke en la transferencia de conocimiento

      Lecciones de los ecosistemas de innovación universidad-empresa y su lectura para las redes de salud

      Dr. Carlos Alberto Díaz

      saludbydiaz.com

      Quienes trabajamos en el diseño de redes sanitarias venimos utilizando desde hace tiempo la lógica de “centro y ramificaciones” (hub and spoke) para organizar la derivación de pacientes, la complejidad tecnológica y los servicios compartidos entre efectores. Un estudio publicado recientemente en The Journal of Technology Transfer permite mirar ese mismo esquema organizativo desde otro ángulo: el de la transferencia de conocimiento entre universidades y empresas dentro de ecosistemas de innovación. El trabajo, firmado por Compagnucci, Spigarelli, Perugini, Iacobucci y Cobis, analizó once ecosistemas industriales italianos financiados por el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (NRRP), cada uno organizado alrededor de un nodo central universitario y una serie de nodos satélite.

      Lo interesante para la gestión sanitaria no es el objeto de estudio en sí —la política de innovación tecnológica italiana— sino la evidencia empírica que aporta sobre cómo se gobierna, se financia y se sostiene en el tiempo una arquitectura de centro y ramificaciones cuando el propósito central es que el conocimiento circule entre nodos con intereses, capacidades y ritmos distintos. Esa es, exactamente, la tensión que enfrentan las redes de salud integradas.

      1. El modelo de centro y ramificaciones en los ecosistemas de innovación

      Los once ecosistemas relevados comparten una estructura simple en apariencia: un nodo central (hub) y entre cinco y diez nodos periféricos (spokes). Sin embargo, la flexibilidad de la normativa nacional para su constitución generó una heterogeneidad considerable tanto en el tamaño como en la organización interna de cada centro. A diferencia de los antecedentes internacionales del modelo H&S, donde el nodo central suele ser una única gran empresa, en el caso italiano los centros están integrados por varias instituciones —universidades, organismos públicos de investigación y actores privados—, mientras que los nodos satélite se organizan como asociaciones con un socio líder, casi siempre una universidad.

      La gestión del centro tiende a ser deliberadamente reducida: un coordinador científico, un director general o gestor de programa y, como mucho, dos o tres colaboradores junior. Algunos centros, no obstante, decidieron invertir más recursos en una estructura interna más amplia para vincularse con actores externos y sostener los sistemas de planificación financiera y control. Esta diferencia —entre un centro “liviano” y uno con capacidad administrativa propia— es la primera decisión de diseño que el estudio pone en foco, y también la primera pregunta que cualquier red de salud regional debería hacerse antes de definir el tamaño de su nodo coordinador.

      Idea clave El tamaño y la complejidad del centro coordinador no son un dato menor de diseño organizacional: condicionan tanto la capacidad de orquestación de la red como el riesgo de burocratizar procesos que, en los nodos periféricos, deben mantenerse ágiles.

      2. Tres formas de aplicación según la escala geográfica

      El estudio identifica tres variantes del modelo, cada una asociada a condiciones de contexto distintas:

      Ecosistemas urbanos o metropolitanos

      Funcionan bien cuando existe alta densidad de agentes innovadores, un tejido empresarial maduro y servicios de incubación disponibles, generalmente alrededor de una temática de innovación muy específica. El caso citado es MUSA, en Milán, orientado a la sostenibilidad urbana.

      Ecosistemas de base regional

      Con una universidad líder en el centro, muestran mayor participación de distintos actores en la gobernanza y suelen concentrarse en uno o pocos dominios de especialización. El ejemplo de RAISE (Liguria) ilustra el caso de una única universidad al frente junto a dos institutos públicos de investigación; el de Roma Technopole muestra el riesgo opuesto, cuando varias universidades conviven en el mismo nodo regional y la gobernanza puede saturarse o dispersar la agenda de innovación.

      Ecosistemas interregionales

      Operan sobre áreas geográficas heterogéneas y suelen adoptarse cuando no existe un ecosistema previo consolidado. Casos como iNEST, VITALITY y NODES muestran que aquí el modelo H&S resulta particularmente útil para ordenar una complejidad organizativa alta, aunque a costa de una especialización temática menos definida.

      3. Tres modelos de gestión de la transferencia de conocimiento

      Más allá de la escala geográfica, el aporte más transferible del estudio para la gestión de redes es la tipología de modelos de transferencia de conocimiento que encontraron entre los nodos periféricos.

      ModeloLógica de funcionamientoCuándo convieneRiesgo principal
      CentralizadoUn nodo de “servicio” único gestiona la transferencia de conocimiento en nombre de todo el ecosistema (formación, aceleración de spin-offs, propiedad intelectual).Cuando existe un actor con madurez reconocida en la materia, o una fuerte identidad científica común (p. ej. ciencias de la vida, como en el caso del Ecosistema de Salud de Toscana).Mayores costos de coordinación y duplicación si no se planifica con precisión.
      DescentralizadoCada actor diseña y ejecuta de forma autónoma sus propias acciones de transferencia (patentes, licencias, llegada al mercado).Cuando participan pocas universidades, cada una con oficinas de vinculación ya consolidadas y una especialización muy definida.Fragmentación de procesos y pérdida de sinergias entre instituciones.
      HíbridoUn primer nivel común, gestionado por un nodo de servicio, convive con un segundo nivel donde cada nodo actúa con autonomía sobre su propia especialización.Ecosistemas incipientes, con pocos nodos y capacidades de transferencia dispares entre sí.Requiere un esfuerzo explícito de coordinación entre ambos niveles.

      En los tres modelos, un hallazgo se repite: la transferencia de conocimiento la ejecutan los nodos periféricos, nunca el centro. El centro coordina, asigna y hace seguimiento; el conocimiento se produce y circula en la periferia. Esa distinción de roles —coordinación arriba, ejecución abajo— es, otra vez, un principio directamente aplicable al diseño de redes asistenciales.

      4. Qué mostró la evidencia de campo

      • Alrededor del 80% de los responsables de los centros se declaró satisfecho o muy satisfecho con el modelo H&S como forma de organizar la colaboración universidad-empresa.
      • Dos tercios de los referentes de los nodos periféricos manifestaron el mismo nivel de conformidad, una proporción algo menor que la de los centros, lo que sugiere que el costo administrativo del modelo se percibe con más intensidad en la periferia que en la coordinación.
      • La principal crítica no fue al diseño en red en sí, sino al aumento de la carga burocrática y a la rigidez de los plazos de la política pública que financia el esquema: entre abril de 2022 y junio de 2026, un período considerado corto para procesos de maduración tecnológica, en particular en ciencias médicas y biotecnología.
      • Frente a ese límite temporal, algunos ecosistemas —como SAMOTHRACE y RAISE— optaron por no perseguir el desarrollo de tecnología nueva desde cero, sino por acelerar prototipos y tecnologías ya existentes en su región, evaluando su nivel de madurez tecnológica y sus posibilidades comerciales antes de asignar recursos.

      5. Lectura para el diseño y la gestión de redes de salud

      Ninguno de los hallazgos anteriores es exclusivo de la política de innovación industrial. Tres ideas resultan directamente transferibles al diseño de redes sanitarias integradas por niveles de complejidad:

      El tamaño del centro coordinador debe decidirse, no heredarse

      Así como algunos ecosistemas optaron por un centro liviano y otros por uno con capacidad administrativa propia, una red de salud regional necesita definir explícitamente cuánta estructura de coordinación central es necesaria para sostener la planificación, el control de gestión y la relación con los efectores periféricos, sin que esa estructura termine compitiendo con la autonomía clínica y operativa de los nodos.

      El modelo de “nodo de servicio” es aplicable a funciones compartidas de salud

      La distinción entre transferencia de conocimiento centralizada, descentralizada e híbrida encuentra un paralelo directo en cómo se organizan servicios compartidos dentro de una red asistencial —laboratorio central, diagnóstico por imágenes, farmacia, capacitación continua o sistemas de información—. El estudio sugiere que el modelo centralizado conviene cuando existe una identidad técnica fuerte y consolidada; el descentralizado, cuando los efectores ya cuentan con capacidad instalada propia; y el híbrido, cuando la red recién se está formando y las capacidades entre nodos son todavía dispares.

      La sostenibilidad post-financiamiento es el punto ciego más repetido

      La principal limitación estructural que señalan los propios gestores italianos es qué ocurre cuando termina el financiamiento público que dio origen a la red. Esa misma pregunta es central en cualquier proyecto de red de salud financiado con fondos de un programa o de cooperación internacional: el diseño de gobernanza debe anticipar, desde el inicio, cómo se sostiene la coordinación una vez que el impulso inicial de recursos se agota.

      Para llevar a la práctica Al dimensionar o rediseñar una red de salud, conviene explicitar tres decisiones que este estudio ayuda a nombrar: (1) el tamaño y la función real del nodo coordinador; (2) el modelo de gestión —centralizado, descentralizado o híbrido— para cada función compartida de la red, que no tiene por qué ser el mismo para todas; y (3) el mecanismo de sostenibilidad de la coordinación una vez finalizado el financiamiento que dio origen al esquema.

      Conclusión

      El valor de este estudio para la gestión sanitaria no está en sus recomendaciones de política de innovación tecnológica, sino en la evidencia sistemática que aporta sobre un dilema que las redes de salud enfrentan constantemente: cómo equilibrar coordinación central y autonomía periférica sin sacrificar ni la cohesión de la red ni la agilidad de sus nodos. La experiencia de once ecosistemas de innovación, con sus aciertos y sus tensiones administrativas, ofrece un espejo útil para quienes diseñan y gestionan redes de servicios de salud en Argentina.

      Referencia del estudio comentado

      Compagnucci, L., Spigarelli, F., Perugini, F., Iacobucci, D. & Cobis, F. (2026). ¿Es relevante el modelo de centro y ramificaciones para la colaboración entre universidades e industria en los ecosistemas de innovación? The Journal of Technology Transfer, 51, 243–274. https://doi.org/10.1007/s10961-025-10234-6

      Este artículo fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como apoyo en la redacción y edición, bajo la supervisión científica del Dr. Carlos Alberto Díaz.

      TRANSICIÓN ASISTENCIAL, LONGITUDINALIDAD Y VINCULACIÓN EN LA RED

      La colaboración funcional bidireccional entre el hospital y los centros periféricos

      El modelo hub and spoke descripto en los capítulos anteriores define una estructura de red: qué nodo concentra qué recurso, y bajo qué protocolo se derivan y contrarrefieren los pacientes entre ellos. Pero una estructura correctamente diseñada no garantiza, por sí sola, que la red funcione para las personas que la transitan. Lo que sostiene a un paciente a lo largo del tiempo —y no solo durante un episodio puntual— son tres procesos que atraviesan toda la estructura: la transición asistencial entre niveles, la longitudinalidad del cuidado y la vinculación efectiva entre el paciente y los dispositivos de la red. Este desarrollo amplía esos tres conceptos y examina la naturaleza real de la relación entre el hub y el spoke.

      1. Transición asistencial: un concepto más amplio que el alta

      La transición asistencial no se agota en el alta hospitalaria: es cualquier punto de la red donde el paciente cambia de responsable clínico. Ocurre en la derivación del spoke al hub, en la contrarreferencia de vuelta, en el pase a un dispositivo intermedio, en el cambio de médico de cabecera o en el egreso de un programa de seguimiento. Cada una de estas transiciones es, estadísticamente, un punto de fuga de información y de responsabilidad: la evidencia en seguridad del paciente muestra que la mayoría de los eventos adversos evitables no ocurren dentro de un nivel de atención, sino en el pasaje entre dos niveles. Una red madura no gestiona «el alta» como un evento aislado: gestiona todas las transiciones con el mismo estándar — información estructurada, responsable identificado en cada extremo y una ventana de tiempo definida para confirmar que la transición fue efectivamente recibida del otro lado.

      2. Longitudinalidad y vinculación con la red

      La longitudinalidad es la relación sostenida entre una persona y un mismo responsable clínico a lo largo del tiempo, más allá de cuántos episodios agudos o niveles de atención intervengan en el medio. Por diseño, no puede sostenerla el hub —que ve al paciente por episodio— sino el spoke, que es el único nodo con la posición y la información para decir, por ejemplo, que un paciente hipertenso hace ocho meses que no se controla, antes de que eso derive en una descompensación evitable.

      Estar en el área de influencia de un centro no equivale a estar vinculado a él. La vinculación real requiere tres condiciones: asignación explícita de un profesional o equipo de referencia identificado por nombre; trazabilidad bidireccional de la información entre spoke y hub en cada derivación y contrarreferencia; y corresponsabilidad de dispositivo, de modo que un paso por un centro intermedio (media estancia, rehabilitación) no reemplace el vínculo con el spoke, sino que lo sostenga temporalmente y lo devuelva con información al finalizar.

      3. La relación hub-spoke: colaboración funcional bidireccional

      El error más frecuente al diseñar una red es leer la relación hub-spoke como una pirámide jerárquica: el hub decide y enseña, el spoke ejecuta y deriva. Esa lectura es funcionalmente incorrecta. Cuando el modelo funciona, el intercambio de valor corre en ambos sentidos, y el hub mejora su propio desempeño aprendiendo de los patrones que los spokes identifican en la comunidad — información epidemiológica que el hub, absorbido por su propia demanda hospitalaria, no puede generar por sí mismo.

      Figura 1. Colaboración funcional bidireccional entre el hub y el spoke.

      El hub aporta al spokeEl spoke aporta al hub
      Soporte técnico y consulta especializadaAcceso territorial y conocimiento del terreno
      Formación continua y actualización clínicaSeguimiento longitudinal de pacientes crónicos
      Recepción de derivaciones complejasRetroalimentación sobre necesidades locales
      Tecnología y recursos de alta complejidadDetección temprana de patrones epidemiológicos

      Un ejemplo concreto ilustra ese último punto: un spoke que detecta un aumento inusual de consultas por un mismo cuadro clínico en un barrio determinado está generando información epidemiológica que el hub, encerrado en su propia demanda hospitalaria, no puede generar por sí mismo. Si ese flujo de información no está institucionalizado —si depende de que un médico se lo comente informalmente a un colega— la red pierde una de sus fuentes de inteligencia más valiosas.

      4. Resistencia cultural: prevenirla y gestionarla

      Si la relación se percibe como jerárquica —aunque el diseño formal diga lo contrario—, es esperable que directores y médicos de los spokes sientan pérdida de autonomía o de estatus por ser «periferia» de un sistema más amplio. Ignorar esta dimensión es, probablemente, la causa más frecuente de que un modelo de red bien diseñado en el papel termine funcionando como un hospital con sucursales que no colaboran entre sí.

      Riesgo percibido en el spokeEstrategia de gestión activa
      Pérdida de autonomía clínicaGobernanza compartida: los spokes participan en el diseño de los protocolos, no solo los reciben
      Pérdida de estatus profesionalReconocimiento explícito del conocimiento territorial como activo tan valioso como la tecnología del hub
      Métricas que solo miden derivaciónIndicadores que valoran también la resolución local, no únicamente el volumen derivado
      Formación unidireccionalAteneos y rondas conjuntas donde el hub también aprende de los patrones detectados en el spoke

      5. Traslados y capacidad de filtro real

      Dos condiciones operativas sostienen todo lo anterior. Primero, el sistema de traslados debe funcionar en la práctica y no solo en el protocolo: sin ambulancia disponible y tiempos de respuesta reales, la promesa de derivación erosiona la confianza que se busca construir. Segundo, el spoke necesita capacidad de filtro real —recursos diagnósticos mínimos y respaldo protocolar— para decidir con criterio qué resuelve localmente y qué deriva; sin esa capacidad resolutiva, todo termina derivándose por defecto y el hub se satura de casos que el territorio podría haber resuelto.

      6. El spoke como solución estratégica de gestión

      Un spoke bien diseñado no es solo un punto de atención primaria: es una pieza de control de gestión de toda la red.

      • Coordina la logística de transferencia del paciente, en lugar de que esa decisión recaiga de forma desordenada sobre el hub o sobre el propio paciente.
      • Actúa como catalizador de acceso a los hospitales de mayor complejidad de la provincia, al filtrar y priorizar quién efectivamente necesita ese recurso escaso.
      • Eficientiza el gasto de la red: cada consulta resuelta en el spoke es una consulta que no ocupa innecesariamente un recurso de alto costo.
      • Ejerce control de costos de forma distribuida, en el punto de origen de la demanda — donde ese control es más eficiente y menos costoso de aplicar.
      Idea central Invertir en fortalecer spokes no es «gastar en la periferia para aliviar al hub»: es la decisión de gestión más costo-efectiva de una red de salud, porque actúa sobre el volumen de demanda antes de que se convierta en gasto de alta complejidad.

      En definitiva, la solidez de una red hub and spoke no se mide por la sofisticación de su hospital de referencia, sino por la calidad del vínculo longitudinal que sus spokes logran sostener con cada paciente a lo largo del tiempo. La estructura organiza los recursos; la vinculación, la longitudinalidad y una relación hub-spoke genuinamente bidireccional son las que determinan si esa estructura efectivamente cuida a las personas.

      CORREDORES SANITARIOS EN LA RED DIGITAL DE SALUD

      Dr. Carlos Alberto Díaz. Profesor Titular Universidad ISALUD.

      Rutas críticas para patologías tiempo-dependientes y para patologías curables con ventana de oportunidad

      1. Qué es un corredor sanitario

      Los corredores sanitarios —también llamados rutas críticas o clinical pathways de red— son la respuesta organizacional a un problema que el modelo hub and spoke genérico, descripto en el capítulo anterior, no resuelve por sí solo: existen patologías donde el tiempo hasta el tratamiento correcto es, en sí mismo, el determinante principal del resultado clínico, y donde un circuito de derivación convencional —evaluación, decisión, turno, traslado— resulta demasiado lento o demasiado inespecífico para servir.

      Un corredor sanitario es un circuito predefinido, protocolizado y de activación automática, que conecta directamente al punto de primer contacto del paciente —un centro periférico, una ambulancia, una guardia de baja complejidad— con el centro de referencia específico para esa patología, sin transitar las instancias de evaluación y derivación habituales de la red. La diferencia conceptual con la derivación genérica no es de velocidad, sino de naturaleza: en la derivación convencional, alguien evalúa y decide en el momento; en el corredor, la decisión ya está tomada de antemano en el protocolo, y lo que se activa en cada caso es exclusivamente su ejecución.

      Nota conceptual Un corredor sanitario no es «una derivación más rápida»: es una vía distinta, diseñada de antemano, que se activa con un criterio clínico simple y conocido por todos los actores de la red — el paciente no espera una decisión, la decisión ya fue tomada al diseñar el corredor.

      2. Dos lógicas de corredor, según la naturaleza del tiempo

      Conviene distinguir dos lógicas de diseño, porque exigen arquitecturas de corredor distintas y, sobre todo, porque se gestionan con indicadores diferentes.

      2.1 Patologías tiempo-dependientes: el reloj corre desde el síntoma

      Accidente cerebrovascular, infarto agudo de miocardio, sepsis, trauma grave, gran quemado. En este grupo, el valor del corredor está en minimizar el tiempo puerta-tratamiento, entendiendo que cada minuto de demora tiene un correlato directo en la magnitud del daño o en la probabilidad de supervivencia.

      Los componentes de diseño característicos de este tipo de corredor son:

      • Activación en el lugar del primer contacto, no en el hospital receptor: la ambulancia o el centro periférico activa el protocolo antes de que el paciente llegue, no cuando llega.
      • Preaviso al centro receptor (código ACV, código infarto, código trauma) para que el equipo esté disponible —quirófano, hemodinamia, tomógrafo— antes del ingreso físico del paciente.
      • Bypass de instancias intermedias: el paciente no pasa primero por guardia general para luego derivarse; ingresa directo al recurso crítico.
      • Indicadores de minutos, no de tasas: tiempo puerta-aguja, puerta-balón, puerta-tomógrafo, en lugar de las tasas de derivación que gobiernan la red en su circuito general.
      • Concentración deliberada en pocos centros de la red —no todos los hospitales deberían ser receptores de estos corredores— para sostener volumen, entrenamiento del equipo y disponibilidad de 24 horas del recurso crítico, aplicando la misma lógica de escala que justifica el rol del hub, pero de forma más selectiva todavía.

      Figura 1. Corredor sanitario para patologías tiempo-dependientes.

      2.2 Patologías curables con ventana de oportunidad clínica

      Un segundo grupo de patologías no exige una respuesta de minutos, sino evitar que el paciente se pierda en el circuito ordinario de la red mientras la ventana terapéutica se cierra: muchos cánceres detectables y tratables en etapa temprana, ciertas enfermedades autoinmunes con ventana de respuesta al tratamiento, y en general cualquier patología donde el enemigo no es el traslado físico sino la demora diagnóstica acumulada entre la sospecha clínica y el inicio efectivo del tratamiento.

      El diseño de corredor para este grupo se apoya en otros tres componentes:

      • Turno protegido: un cupo reservado en la agenda de estudios complejos que no compite con la lista de espera programada general.
      • Fast-track diagnóstico: estudios de alta relevancia (biopsia, anatomía patológica, imágenes) con plazo máximo garantizado por protocolo, no sujetos a la cola común de la especialidad.
      • Responsable nominal del caso (case manager): una persona o rol que sigue al paciente a través de todo el corredor —desde la sospecha hasta el inicio de tratamiento— para que nadie se pierda en la transición entre estudio, diagnóstico y tratamiento.

      Figura 2. Corredor sanitario para patologías curables con ventana de oportunidad.

      3. Corredores por tipo de patología

      3.1 Oncohematológicas

      Requieren, en rigor, dos corredores articulados: uno de diagnóstico rápido (sospecha clínica → estudio histológico o citológico → confirmación) y otro de tratamiento (acceso a quimioterapia, radioterapia y decisión de comité de tumores). El punto crítico casi nunca es el traslado físico del paciente, sino el tiempo que transcurre entre la sospecha clínica en el spoke y el inicio efectivo del tratamiento en el hub: cada eslabón intermedio sin protocolo definido agrega semanas de demora evitable. Estos corredores requieren, además, un comité multidisciplinario centralizado —oncología, hematología, cirugía, anatomía patológica— que ningún centro periférico está en condiciones de replicar y que por definición concentra la decisión terapéutica.

      3.2 Trasplantes

      Es el corredor más regulado de la red, porque a la complejidad clínica se suma un componente logístico crítico: ablación del órgano, tiempo de isquemia fría, compatibilidad inmunológica. Su diseño requiere una red de procuración con activación inmediata, transporte de órganos coordinado —en ocasiones aéreo—, una lista de espera gestionada por autoridad sanitaria regional o nacional, y un seguimiento post-trasplante sostenido de por vida. En la práctica, este corredor combina ambos niveles de la red: el hub concentra el procedimiento y el manejo del rechazo agudo, mientras que el spoke sostiene el control ambulatorio, la inmunosupresión crónica y la detección temprana de complicaciones.

      3.3 Inmunológicas

      Las enfermedades autoinmunes graves y las inmunodeficiencias configuran un corredor menos urgente en términos de minutos, pero crítico en términos de continuidad: el riesgo no es la demora de un día, sino la discontinuidad del seguimiento especializado. El diseño se asemeja más a un programa de gestión de crónicos de alta complejidad que a un código de emergencia: turnos protegidos con el especialista de referencia, acceso ágil a medicación biológica de alto costo, y un circuito explícito de qué hacer ante un brote o una complicación, para evitar que el paciente termine en una guardia general sin el expertise necesario para resolverlo.

      3.4 Quemados

      Combina ambas lógicas de corredor descriptas en la sección 2. Es tiempo-dependiente en la fase aguda —reanimación, manejo de la vía aérea, criterios estandarizados de derivación a centro de quemados según superficie corporal y profundidad de la lesión, que cualquier spoke debería poder aplicar sin dudar— y es de ventana de oportunidad en la fase reconstructiva —injertos, cirugía plástica, rehabilitación funcional—, etapa que exige continuidad de tratamiento en un centro de referencia concentrado, dado que muy pocos establecimientos de una red alcanzan la escala necesaria para sostener una unidad de quemados de calidad.

      4. Requisitos comunes a todo corredor sanitario

      Más allá de la patología específica, los cuatro corredores descriptos comparten tres condiciones de base, que representan la expresión más exigente de los requisitos generales del modelo hub and spoke:

      • Protocolo conocido de antemano por todos los nodos de la red: la activación de un corredor no puede depender de que un profesional individual recuerde cómo derivar correctamente un caso poco frecuente.
      • Historia clínica electrónica interoperable entre niveles: en estos corredores no hay tiempo disponible para reconstruir la historia clínica del paciente en cada transición, como sí podría tolerarse —aunque de forma subóptima— en un circuito de derivación ordinario.
      • Concentración deliberada del recurso crítico en pocos centros de la red: es la aplicación más extrema del principio de escala que sostiene el rol del hub. Intentar que todos los hospitales de la red tengan unidad de quemados, servicio de trasplante o comité oncológico propio no distribuye la calidad; la dispersa y la degrada en todos los puntos a la vez.

      5. Gobernanza y medición de los corredores

      Diseñar un corredor sanitario no garantiza que funcione: como cualquier circuito de red, requiere gobernanza explícita y medición sistemática, o corre el riesgo de degradar en una declaración de intenciones sin correlato operativo.

      Dimensión de gobernanzaPregunta que debe responder la red
      Titularidad del protocolo¿Quién es responsable de mantenerlo actualizado y de auditar su cumplimiento?
      Activación¿Qué criterio clínico dispara el corredor, y quién está autorizado a activarlo en el punto de contacto?
      Indicadores de proceso¿Se mide el tiempo puerta-tratamiento (o el plazo diagnóstico) de cada caso, no solo de forma agregada?
      Retroalimentación al spoke¿El centro periférico que activó el corredor recibe información sobre el resultado del caso derivado?
      Revisión periódica¿Con qué frecuencia se revisan los protocolos a la luz de nueva evidencia o de desvíos detectados?

      La ausencia de retroalimentación es, en la práctica, uno de los puntos donde más frecuentemente se erosionan estos corredores: si el spoke que activó el protocolo nunca sabe qué ocurrió con el paciente derivado, pierde el incentivo y el conocimiento clínico para activarlo correctamente la próxima vez. La contrarreferencia, en un corredor sanitario, cumple entonces una función doble: clínica —sostener la continuidad del paciente— y organizacional —sostener la confianza del spoke en el circuito mismo.

      6. Cierre del capítulo

      En síntesis, los corredores sanitarios son la evidencia de que un modelo de red integrada no se sostiene únicamente con la lógica general de derivación y contrarreferencia descripta para el hub and spoke: para un conjunto acotado de patologías, donde el tiempo o la ventana terapéutica son el determinante central del resultado, la red necesita diseñar de antemano vías específicas, con protocolos propios, indicadores propios y una historia clínica electrónica que las sostenga en tiempo real.

      EL FÚTBOL Y SU NARRATIVA TRIUNFALISTA

      La alegría prestada: ¿por qué el triunfo de dieciséis personas se vive como el triunfo de un pueblo entero? Que pasa con la derrota ¿es tan compartida como la victoria?

      El domingo 19 de julio de 2026 se juega en el MetLife Stadium la final del Mundial 2026. Mientras estas líneas se escriben, algunas entradas de reventa superan largamente los diez mil dólares por persona, y las categorías de “hospitality” de la propia FIFA parten de quince mil dólares y llegan a cincuenta y siete mil. Ese contraste -entre un festejo que se presenta como patrimonio de todo un pueblo y un acceso físico al espectáculo reservado a quienes pueden pagar el precio de un automóvil por noventa minutos de juego- es el punto de partida de este ensayo. Nos preguntamos por qué la victoria de un equipo se experimenta como una victoria colectiva, qué función cumple esa alegría prestada frente a las frustraciones que la vida cotidiana no resuelve, y qué revela el precio de la entrada sobre quién participa realmente de ese triunfo y quién solo lo mira desde afuera como el 99,9% de los argentinos.

      1. Un triunfo que no jugamos: los mecanismos de la apropiación colectiva

      Ningún espectador metió un gol, ni entrenó, ni viajó con el plantel. Sin embargo, cuando la selección gana, decimos “ganamos” con la misma naturalidad con la que decimos que perdimos si el equipo pierde. Esta apropiación no es un accidente del lenguaje: está documentada como un mecanismo psicológico específico el BIRGing.

      1.1 La gloria prestada tiene nombre: BIRGing

      El psicólogo social Robert Cialdini describió en 1976 el fenómeno conocido como BIRGing (“basking in reflected glory”, o “regodearse en la gloria ajena”). En sus experimentos originales con estudiantes universitarios, comprobó que después de una victoria del equipo de fútbol americano de la universidad, los alumnos usaban más ropa con los colores institucionales y hablaban del resultado en primera persona del plural (“ganamos”); después de una derrota, la identificación pública caía de forma notoria y el relato pasaba a la tercera persona (“perdieron”). Estudios posteriores mostraron que el fenómeno tiene correlato fisiológico: la testosterona de los hinchas varones sube cuando su equipo gana y baja cuando pierde, como si el cuerpo no distinguiera del todo entre la propia actuación y la ajena.

      Lo importante para nuestro argumento es que el mecanismo funciona en un solo sentido: nos apropiamos del triunfo, pero nos desligamos del fracaso. Esa asimetría es la materia prima de la narrativa triunfalista: el relato colectivo se activa exactamente cuando conviene, y se apaga cuando no.

      1.2 Una identidad construida, no dada: la tradición inventada

      El historiador Eric Hobsbawm, junto con Terence Ranger, mostró en su obra sobre la invención de la tradición que buena parte de lo que hoy sentimos como una identidad nacional “de toda la vida” fue en realidad construida deliberadamente en un período histórico acotado, generalmente entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. El deporte de masas, y el fútbol en particular, fue uno de los instrumentos centrales de esa construcción: los Estados-nación modernos necesitaban rituales compartidos, y la final de copa o el partido de la selección cumplieron esa función tanto en Europa como, más tarde, en cualquier país que adoptara el modelo de nación moderna.

      Esto explica por qué el fenómeno no es exclusivo de ningún país: no es que el fútbol conecte de manera espontánea con el sentimiento de pertenencia, sino que fue construido históricamente para operar así. Un estudio sobre la cobertura del Mundial 2022 en diarios keniatas confirma que el mecanismo se repite con el mismo patrón lingüístico en contextos culturales muy distintos: los titulares que informan un hecho conviven con titulares “connotativos” que insinúan destino colectivo, redención o gloria antes de que el partido siquiera se juegue, y el vocabulario usado para describir a los jugadores victoriosos (genio, elegido) se vuelve vocabulario de reproche moral cuando el resultado es adverso.

      Idea clave La narrativa triunfalista no aparece porque el pueblo sea ingenuo. Aparece porque existe un mecanismo psicológico real (la apropiación asimétrica del resultado) montado sobre una infraestructura cultural construida durante más de un siglo (el deporte como ritual de identidad nacional) y reforzado, partido a partido, por el lenguaje periodístico.

      2. La alegría que anestesia: consuelo real para una frustración real

      Existe una lectura habitual y algo perezosa que reduce todo esto a la frase “el fútbol es el opio del pueblo”, entendida como que el espectáculo droga a las masas para que no piensen. Vale la pena revisar esa metáfora con más cuidado, porque el sentido original es más útil que la caricatura en la que se convirtió.

      2.1 Lo que significaba “opio” en el siglo XIX

      Cuando Karl Marx escribió, en 1843-44, que la religión es el opio del pueblo, el opio no era la sustancia estigmatizada que asociamos hoy con el narcotráfico. Era, bajo la forma del láudano (opio disuelto en alcohol), el analgésico de venta libre más común de la época: se recetaba para el insomnio, la tos, los cólicos, la disentería y hasta como calmante infantil, y lo consumían por igual la aristocracia europea y los obreros de las ciudades industriales. La imagen del opio como vicio criminal y racializado recién se consolida hacia fines del siglo XIX. La cita completa de Marx lo aclara: la religión es “el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón”. No se trata de un engaño que embrutece, sino de un alivio real frente a un dolor real, que sin embargo deja intacta la causa de ese dolor.

      Trasladado al fútbol, el argumento se vuelve más preciso: el partido no es un narcótico ilegal que corrompe la conciencia; es un analgésico social de acceso amplio -como el láudano del siglo XIX- que calma, por unas horas, una frustración estructural (un proyecto personal postergado, un salario que no alcanza, una movilidad social que no llega) sin resolverla. La trampa no está en sentir alivio; está en que ese alivio se ofrece en lugar de la solución.

      2.2 Pan y circo, actualizado

      La fórmula romana panem et circenses, acuñada por el poeta Juvenal, describe algo similar desde el poder: proveer alimento y espectáculo para mantener tranquila a una población y desviar su atención de las causas de su malestar. La diferencia con el fútbol contemporáneo es que el “circo” ya no depende principalmente del Estado, sino de un negocio global de derechos de televisación y patrocinios que necesita, para funcionar, una audiencia emocionalmente entregada. La narrativa de unidad nacional no es solo una herramienta política: es también, cada vez más, una estrategia comercial. Que se expresa en cada segundo de publicidad en las televisoras.

      2.3 La mirada desde adentro: Galeano

      Conviene matizar esta lectura con la de Eduardo Galeano, que escribe desde el amor al juego y no desde el desprecio hacia quien lo consume. Su argumento en El fútbol a sol y sombra es que el propio deporte fue el que perdió su gratuidad original al convertirse en industria: lo que no es rentable, en el fútbol profesional, se vuelve inútil. Esto agrega un matiz importante: la narrativa triunfalista no es solo una imposición desde arriba (Estados, FIFA, medios); es también una consecuencia de que el juego mismo fue transformado en espectáculo de masas, y ese espectáculo necesita el relato de gloria para sostener su modelo de negocio.

      3. El precio de estar ahí: qué compran los quince mil dólares

      Si la narrativa insiste en que el triunfo pertenece a todo un pueblo, la puerta de entrada al estadio dice otra cosa. La final del Mundial 2026 en el MetLife Stadium ilustra la brecha con una claridad poco frecuente.

      Modalidad de entradaPrecio aproximado (reventa, julio 2026)
      Reventa más económica (StubHub, Ticketmaster)US$ 7.000 – 8.000
      Hospitality FIFA, categoría de entradaUS$ 15.000 – 17.000
      Hospitality FIFA, categoría intermediaUS$ 29.000
      Hospitality FIFA, categoría premiumUS$ 57.000
      Reventa de mayor valor registradahasta US$ 230.000

      A esto se suma que, por primera vez en la historia del torneo, la FIFA aplicó un sistema de precios dinámicos para la venta oficial, y que el organismo se queda con una comisión de aproximadamente el 30% de cada operación en su propio mercado de reventa. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, reconoció públicamente que la reventa es legal en Estados Unidos y que, dado que las entradas se agotan, es previsible que se revendan a precios todavía más altos: una forma de admitir, sin decirlo con esas palabras, que el negocio se beneficia de la escasez artificial que generan sus propios mecanismos de venta.

      3.1 Lo que el precio revela

      • El acceso físico al ritual que se presenta como de “todo el pueblo” está, en los hechos, reservado a quien puede pagar entre siete y doscientos treinta mil dólares por noventa minutos de juego más el alojamiento, el traslado y la comida en la ciudad sede.
      • La categoría “hospitality” no vende solamente una ubicación: vende la posibilidad de mostrarse presente, de ser visto asistiendo. Es la versión física y más cara del mismo mecanismo de BIRGing descrito antes -la proximidad al triunfo como forma de estatus social- llevada a su expresión más literal y más excluyente.
      • La discusión pública sobre el precio de las entradas convive, casi sin fricción, con la narrativa de unidad nacional. Los mismos medios que celebran “el triunfo del pueblo” informan, en la nota de al lado, que ese pueblo no puede pagar la entrada para presenciarlo.
      Idea clave La brecha entre el relato (“es el triunfo de todos”) y el acceso real (“solo puede estar quien paga miles de dólares”) no es una contradicción que la narrativa triunfalista ignore por descuido: es, precisamente, lo que la narrativa necesita ocultar para seguir funcionando como consuelo colectivo. Si la mayoría asumiera con claridad que del triunfo participa activamente una minoría con capacidad de pago, la alegría prestada perdería buena parte de su eficacia como anestesia social.

      4. Conclusión: la economía política de una alegría compartida

      El fútbol no necesita ser desenmascarado como una mentira ni defendido como una experiencia inocente; ambas posturas simplifican de más. Lo que este ensayo propone es una lectura en capas: existe un mecanismo psicológico real por el cual cualquier persona se apropia del triunfo ajeno (Cialdini); existe una infraestructura cultural construida deliberadamente durante más de un siglo para que ese mecanismo se monte sobre la identidad nacional (Hobsbawm); existe un lenguaje periodístico que renueva ese relato partido a partido (el estudio sobre la cobertura del Mundial 2022); existe una función de alivio genuino frente a frustraciones reales, en el sentido más fiel -y menos caricaturesco- de la metáfora del opio (Marx, correctamente entendido); y existe, finalmente, un negocio que monetiza ese alivio de manera cada vez más literal, cobrando por el privilegio de estar físicamente cerca del momento en que la alegría se produce.

      La alegría de ganar una copa no resuelve el proyecto personal postergado ni la necesidad económica insatisfecha. Los tapa, por un rato, con un consuelo que millones comparten gratis desde una pantalla y que unos pocos miles compran, muy caro, para vivirlo en primera fila. Entender esa distancia -entre quien festeja desde su casa y quien paga quince mil dólares por estar en la tribuna- es entender, en definitiva, de qué está hecho realmente el triunfo de un pueblo.

      disclaimer: Nota sobre responsabilidad científica

      Este documento fue elaborado con la asistencia de Claude AI (Anthropic) como herramienta de investigación, redacción y edición, bajo la dirección, curaduría y responsabilidad intelectual del autor. Las fuentes citadas (Cialdini, 1976; Hobsbawm y Ranger, 1983; Marx, 1843-44; Galeano; Seme y Ong’onda, 2023; y prensa especializada sobre el Mundial 2026) deben verificarse en sus versiones originales para cualquier uso académico formal.

      Dr. Carlos Alberto Díaz

      Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud, ISALUD

      Seguridad de Medicamentos en Adultos Mayores Tras Alta Hospitalaria

      Zhangyan He*, Rumeng Mao#

      Departamento de Endocrinología y Nutrición Clínica, Primer Hospital Popular de la ciudad de Jingzhou, Jingzhou, China

      Él, Z.Y. y Mao,R.M. (2026) Seguridad de los medicamentos tras el alta hospitalaria en adultos mayores con enfermedades crónicas en China: factores de riesgo y estrategias de manejo. Revista de Biociencias y Medicinas, 14, 114-124. https://doi.org/10.4236/jbm.2026.142010

      Resumen

      Con el envejecimiento acelerado de la población, la seguridad de la medicación oral entre pacientes mayores con enfermedades crónicas tras el alta hospitalaria se ha convertido en un gran desafío de salud pública. El deterioro fisiológico relacionado con la edad, la polifarmacia y la escasa alfabetización en salud—junto con una orientación profesional insuficiente y un apoyo social insuficiente—exponen colectivamente a esta población a un mayor riesgo de errores farmacológicos, interacciones fármaco-fármaco y una mala adherencia. Esta revisión sintetiza evidencias recientes sobre factores de riesgo y estrategias emergentes de gestión. A nivel de paciente, se han introducido protocolos estandarizados de enfermería y modelos de gestión estratificados (por ejemplo, clasificación de riesgo rojo-amarillo-verde) para mejorar la adherencia. A nivel institucional, la colaboración multidisci  se ha aprovechado para optimizar la prescripción y el asesoramiento sobre medicación. A nivel social, se están promoviendo modelos de atención basados en la comunidad y apoyados por la familia para reforzar la continuidad en la gestión de la medicación. Sin embargo, los efectos heterogéneos de las intervenciones estandarizadas, las lagunas en los servicios de atención primaria y la limitada capacidad tecnológica siguen dificultando la implementación en el mundo real. Fortalecer los servicios dirigidos por farmacéuticos a nivel de atención primaria, establecer una red integrada de coordinación «hogar-comunidad-hospital» y reforzar el apoyo político pueden ayudar a cerrar las brechas en la práctica actual y proporcionar una base basada en la evidencia para el manejo longitudinal de adultos mayores con enfermedades crónicas.

      1.  Introducción

      El envejecimiento de la población global está progresando rápidamente. Según las proyecciones de Organización Mundial de Salud, se espera que el número de personas de 60 años o más aumente de aproximadamente 1.100 millones en 2023 a unos 1.400 millones para 2030, y aún más a unos 2.100 millones para 2050, reflejando un cambio des-mográfico sin precedentes que afecta a los sistemas de salud a nivel mundial [1]–[3]. China representa un contexto de envejecimiento inactivo y alta carga en el que la seguridad de los medicamentos tras el alta es cada vez más reconocida como una prioridad nacional. La evidencia epidemiológica reciente indica que aproximadamente 180 millones de adultos mayores en China viven con enfermedades crónicas, y casi el 75% presenta al menos una comorbilidad [4]. La farmacoterapia sigue siendo la piedra angular del manejo a largo plazo de enfermedades crónicas; sin embargo, una vez dados de alta del hospitalamiento, los pacientes mayores pierden la supervisión clínica estructurada, lo que resulta en una adherencia subóptima y una alta frecuencia de errores de medicación. Debido a la naturaleza multifactorial de las enfermedades crónicas en la edad adulta, la readmisión no planificada es común en esta población, con tasas reportadas que se acercan al 32% [5], lo que representa una gran carga para la salud pública. La farmacoterapia post-alta constituye la fase más vulnerable del envejecimiento humano por enfermedad crónica porque la supervisión clínica se vuelve intermitente y la complejidad del régimen sigue siendo alta, lo que convierte la seguridad de los medicamentos en un factor clave para las relecturas evitables y la recurrencia de la enfermedad.

      La medicación oral es fundamental para el control de enfermedades en poblaciones geriátricas, pero el deterioro fisiológico relacionado con la edad, la polifarmacia y el deterioro cognitivo en combinación elevan el riesgo relacionado con la medicación muy por encima del de los adultos jóvenes. Por ejemplo, la administración simultánea de anticoagulantes y antiinflamatorios no esteroideos puede precipitar hemorragias gastrointestinales, mientras que muchos pacientes mayores carecen de la capacidad para reconocer o responder adecuadamente a tales riesgos [6]. Además, la competencia limitada del cuidador, la insuficiente orientación profesional y la fragmentación del seguimiento comunitario agravan las vulnerabilidades en el uso de medicamentos tras el alta.

      Por ello, la evaluación sistemática de los riesgos de medicación oral tras el alta en adultos mayores, junto con el desarrollo de intervenciones efectivas de gestión de la seguridad, es esencial para proteger a los pacientes de daños evitables y mejorar la calidad de los servicios clínicos de enfermería. Esta revisión delimita los principales factores de daño prevenible por medicamentos entre adultos mayores tras el alta en China, sintetiza estrategias emergentes de gestión a nivel de pacientes, instituciones y comunidades, y destaca las direcciones futuras para optimizar los modelos de medicación-envejecimiento de la persona en sistemas sanitarios envejecidos.

      2.  Riesgos de seguridad tras el alta con medicamentos orales en adultos mayores con enfermedades crónicas

      2.1.  Factores relacionados con el paciente

      2.1.1.  Declive fisiológico

      Deterioro sustancial relacionado con la edad en la función sensorial y fisiológica en-

      aumenta el riesgo de errores de medicación en personas mayores. La disminución de la agudeza visual puede llevar a una mala interpretación de las etiquetas de los medicamentos, mientras que la discapacidad auditiva puede dificultar una comprensión precisa de las instrucciones del médico. El metabolismo hepático y la claridad renal también disminuyen con la edad; Los estudios indican reducciones asociadas a la edad en el flujo sanguíneo hepático y la función hepatocelular, lo que resulta en una capacidad de biotransfor-mation y desintoxicación deteriorada [7]. En consecuencia, los medicamentos pueden accumu-tarde en el cuerpo, prolongar la exposición sistémica y potenciar la toxicidad específica de órganos [8]. Además, las tabletas o formulaciones en cápsulas sobredimensionadas suponen un riesgo de asfixia o de aspi-ratio. Algunos pacientes, debido a la disfagia, pueden aplastar las pastillas recubiertas con recubrimiento entérico, alterando así los mecanismos de liberación controlada y causando lesiones mucosas gastrointestinales.

      2.1.2.  Polifarmacia

      La polifarmacia es común entre los adultos mayores y está fuertemente asociada con daños relacionados con la medicación. Una encuesta transversal a pacientes hospitalizados de > 65 años encontró una media de 7,51 comorbilidades por individuo y una carga de medicación que oscilaba entre 4 y 18 agentes [9]. La probabilidad de reacciones adversas a los medicamentos aumenta con el número de medicamentos concurrentes, pasando de aproximadamente el 4,2% en personas que toman cinco agentes al 7,4% en quienes toman entre seis y diez agentes [10]. La fragmentación de prescripción entre especialidades, junto con el uso simultáneo de medicamentos tradicionales chinos y occidentales, también puede conducir a duplicaciones terapéuticas o interacciones medicamento-fármaco no deseadas.

      2.1.3.  Conocimientos limitados sobre la salud y medicación

      La insuficiente alfabetización en la medicación está ampliamente documentada entre adultos mayores en todo el mundo [11]. Más del 60% de los adultos mayores reporta un conocimiento limitado de las características de la medicación, los mecanismos terapéuticos o las condiciones adecuadas de almacenamiento [12] [13]. Algunos pueden ingerir medicamentos con té o leche, o no cumplir con los requisitos de almacenamiento controlados por temperatura. La alfabetización en medicamentos está potencialmente asociada con el nivel educativo (P < 0,01) [14]; las personas con niveles educativos más bajos tienen mayor dificultad para interpretar los folletos de medicamentos y son menos capaces de administrar correctamente los medicamentos.

      2.1.4.  Mala adherencia a la medicación

      El deterioro cognitivo y el deterioro de la memoria contribuyen directamente a dosis olvidadas, un momento incorrecto y una sobredosis accidental. Aproximadamente el 72,7% de los adultos mayores considera que olvidar la medicación es «normal», y se ha reportado no adherencia intermitente en el 44,1% de esta población [15] [16]. Algunos abandonan la terapia una vez que los síntomas mejoran, mientras que otros muestran reticencia al uso prolongado de medicación. Solo una minoría mantiene la adhesión según el consejo médico.

      2.1.5.  Factores económicos y relacionados con el estilo de vida

      El tratamiento de enfermedades crónicas es a largo plazo y costoso. Las limitaciones económicas pueden llevar a las familias a reducir las dosis, sustituir medicamentos más baratos o interrumpir la terapia por completo [17]. Además, fumar, consumir alcohol y otras formas de vida poco saludables-

      Los comportamientos de estilo pueden disminuir la efectividad terapéutica o ejercer toxicidad sinérgica cuando se combinan con medicamentos, comprometiendo aún más los resultados del tratamiento.

      2.2.  Factores del sistema sanitario

      • Deficiencias en el asesoramiento de alta y en los procesos clínicos Los riesgos de seguridad relacionados con la medicación tras el alta suelen atribuirse a fallos del sistema sanitario. En el estudio de Setter et al., aproximadamente el 54,3% de los errores de medicación tras el alta se asociaron a causas a nivel de proveedor [18]. En muchos hospitales, las recetas de alta no especifican los calendarios de dosificación, el momento o precauciones especiales, lo que lleva a los pacientes a malinterpretar las instrucciones o ajustar los regímenes de forma independiente. La ausencia de listas estandarizadas de medicación, explicaciones pictóricas o resúmenes de dosificación simplificados perjudica aún más la capacidad de los adultos mayores para ejecutar regímenes complejos con precisión.

      2.2.2.  Colaboración Multidisciplinar Fragmentada

      La débil coordinación entre médicos, enfermeros y farmacéuticos contribuye a una gestión inconsistente de la medicación. Las modificaciones en los planes de tratamiento no se comunican de forma consistente al personal de asesoramiento medicativo, y los modelos multidisciplinarios en equipo (MDT) siguen siendo poco comunes en los hospitales de primaria. La falta de interoperabilidad entre los sistemas de historias clínicas electrónicas (EHR) impide el intercambio oportuno de datos de medicación entre hospitales y clínicas comunitarias, aumentando la probabilidad de duplicación terapéutica o inconsistencias en la dosificación.

      2.2.3.  Soporte digital limitado y informatización retrasada

      Las herramientas tecnológicas que podrían apoyar la seguridad de los medicamentos tras el alta siguen infrautilizadas. Las cajas de pastillas inteligentes, las aplicaciones de recordatorio de medicación y las plataformas de asesoramiento en tiempo real no se integran rutinariamente en los flujos de trabajo clínicos, dejando a los adultos mayores con acceso insuficiente a apoyo guiado con medicación. También faltan sistemas de vigilancia digital y análisis predictivo. Aunque la rebúsqueda colaborativa del Instituto Tecnológico de Massachusetts ha demostrado modelos de aprendizaje ma-chine capaces de predecir interacciones fármaco-fármaco [19], tales sistemas no se han desplegado ampliamente en la práctica hospitalaria rutinaria.

      2.3.  Factores de apoyo social

      2.3.1.  Capacidad insuficiente de los cuidadores

      El apoyo familiar es un determinante fundamental de la idoneidad de la medicación entre los adultos mayores. Los estudios que comparan a personas mayores que viven solas y con su familia indican que la implicación familiar mejora sustancialmente la gestión de la medicación y facilita el autocuidado [20]. Sin embargo, los cuidadores frecuentemente carecen de competencia en el almacenamiento de medicamentos, la preparación de la dosis o el reconocimiento de reacciones adversas. Las limitaciones de tiempo y la supervisión limitada pueden llevar a un seguimiento inconsistente de los horarios o cantidades de dosificación, aumentando así las desviaciones de medicación.

      2.3.2.  Carencias en los recursos comunitarios y los servicios farmacéuticos

      Varias deficiencias a nivel comunitario socavan aún más la seguridad de los medicamentos:

      1)Apoyo limitado de farmacias comunitarias: La disponibilidad de farmacias formadas por sonel sigue siendo baja en muchas regiones, y la competencia profesional en la evaluación clínica de medicamentos y prácticas de dispensación es insuficiente [21], lo que resulta en una capacidad insuficiente para proporcionar revisión de regímenes o asistencia dosificada.

      2) Falta de edad-Estructuras de apoyo amigables: Las farmacias comunitarias rara vez ofrecen materiales en letra grande, instrucciones de audio o dispositivos para mejorar la accesibilidad. Las sesiones educativas sobre la seguridad de los medicamentos geriátricos son poco frecuentes, lo que limita la difusión de datos en salud. La evidencia sugiere que reforzar el asesoramiento con medicación en entornos de comunicación mejora sustancialmente la comprensión y la adherencia a la enfermedad entre adultos mayores [22].

      2.3.3.  Factores socioculturales y medioambientales

      El comportamiento de la medicación en adultos mayores también está influenciado por desmedidas sociales a nivel macro: 1) Creencias tradicionales y desinformación: Algunas personas recurren a remedios populares o «sustitutos alimenticios», o combinan preparados herbales chinos con fármacos occidentales, introduciendo interacciones entre fármacos y hierbas. Otros dependen de la publicidad comercial o de la comercialización no solicitada de medicamentos y la compra de medicamentos por cuenta propia sin supervisión [7]. Las preocupaciones sobre el estigma pueden llevar a los pacientes a ocultar el uso de medicaciones a los familiares, lo que socava la supervisión. 2) Diferencias regionales en el acceso: existen marcadas brechas entre zonas urbanas y rurales en la densidad de farmacias y la disponibilidad de servicios. En regiones remotas, los viajes de larga distancia para renovar medicamentos aumentan la probabilidad de interrupción del tratamiento. Aunque las iniciativas metropolitanas —como el modelo de «farmacéutico familiar contratado» de Shanghái— han demostrado eficiencia, la replicación en las regiones central y occidental está limitada por limitaciones de recursos. En conjunto, estos factores de riesgo entrelazados amplifican los eventos adversos prevenibles con medicamentos y aumentan la probabilidad de rehospitalización no planificada entre los adultos mayores tras el alta. La Tabla 1 ofrece una visión general de los dominios clave de riesgo y sus correspondientes estrategias de gestión multinivel y de los actores responsables, sirviendo como marco para los enfoques de intervención discutidos en el

      3.  Estrategias de manejo para la medicación oral tras el alta en adultos mayores con enfermedades crónicas

      3.1.  Intervenciones a nivel de paciente

      3.1.1.  Protocolos estandarizados de enfermerí

      Los procedimientos de enfermería estandarizados pueden mejorar la seguridad de los medicamentos al mejorar la comprensión y la adherencia de los pacientes.

      Se ha informado que un modelo educativo estructurado «3-2-1», desarrollado y aplicado en la práctica institucional de enfermería, mejora la comprensión y adherencia a la medicación entre los adultos mayores hospitalizados. Se ha propuesto este modelo, que consiste: en tres sesiones de refuerzo por etapas durante la hospitalización (dentro de las 24 horas posteriores al ingreso, 72 horas antes del alta y el día del alta) [23]

      [24]; Dos dominios fundamentales de enseñanza: mecanismos de acción de los fármacos (por ejemplo, la instrucción

      Tabla 1. Riesgos clave de medicación tras el alta y estrategias de manejo multinivel en adultos mayores.

      que los inhibidores de la α-glucosidasa deben tomarse con el primer bocado de una comida), y respuestas de emergencia para hipoglucemia; y un kit de herramientas para atención domiciliaria que incluye una lista de medicación, registros de monitorización de glucosa y información de contacto de emergencia. La evidencia sugiere que los protocolos estandarizados de enfermería aumentan la satisfacción y la adherencia del paciente, al tiempo que reducen las reacciones adversas a medicamentos entre adultos mayores [25].

      3.1.2.  Gestión estratificada por riesgo («Rojo-Amarillo-Verde»)

      El modelo de estratificación Rojo-Amarillo-Verde descrito aquí representa un marco de gestión de riesgos implementado localmente, comúnmente adoptado en la práctica geriátrica  hospitalaria [26].Durante  la hospitalización se puede implementar un modelo de manejo estratificado para adaptar el asesoramiento medicado según las características de riesgo:Rojo (alto riesgo): deterioro de la memoria combinado con polifarmacia; los pacientes reciben ≥ 30 minutos de coaching individual, incluyendo simulación basada en escenarios. Amarillo (riesgo moderado): dependencia parcial de los cuidadores; la educación se centra en el momento de la medicación, las interacciones dieta-fármaco (por ejemplo, acarbosa con el primer bocado ), los efectos adversos y las contraindicaciones, impartida en parte a través de plataformas educativas de vídeo corto (por ejemplo, TikTok/Douyin). Verde (bajo riesgo): capaz de autogestión; Los pacientes reciben listas de verificación ilustradas de medicación complementadas con educación en vídeo corto.El personal de enfermería debería recibir una formación específica para desarrollar un consejo individualizado-

      Planes de Seling, reducir la ansiedad asociada a regímenes complejos y superar la reresistencia a la farmacoterapia a largo plazo. Se anima a los cuidadores a participar activamente en la supervisión de la medicación y a establecer rutinas de monitorización familiares.

      3.1.3.  Educación para la salud amiga de la edad

      Las estrategias educativas adaptadas a la edad pueden reducir las barreras cognitivas y operativas al uso de medicamentos. Las cestas de clasificación de pastillas minimizan las dosis perdidas o duplicadas. Las intervenciones en vídeo corto—incluidas versiones en dialecto—y las ayudas físicas como simuladores de caja medi-cation bajan los umbrales de aprendizaje. Para pacientes con discapacidad visual o alfabetización limitada, las cajas de búnkeras compartimentadas (mañana-mediodía-noche) y las señales gráficas de tiempo (por ejemplo, sol para la mañana, luna para la noche) simplifican las rutinas de dosificación y mejoran el reconocimiento de los horarios de administración. Las señales visuales y los gráficos intuitivos mejoran la comprensión y facilitan comportamientos correctos de consumo de medicación.

      3.1.4.  Tecnologías digitales y de asistencia

      Las herramientas digitales que incorporan inteligencia artificial y tecnologías móviles de salud pueden apoyar la adherencia a la medicación. Las aplicaciones con alertas temporizadas y de eventos anormales permiten a los pacientes—o a sus cuidadores—programar recordatorios y reforzar comportamientos de autogestión sostenidos [27].Las  cajas inteligentes de medicamentos vinculadas a aplicaciones de mo-bile pueden ofrecer: 1) dosificación por voz indicada: alertas automáticas a intervalos programados para evitar dosis perdidas o incorrectas; 2) Monitorización remota: los cuidadores pueden revisar los registros de dosificación (por ejemplo, si se abrió una caja de pastilleras) y recibir notificaciones automáticas por texto o WeChat si se omiten dosis; 3) Re-sponse de emergencia: una activación pulsada prolongada activa el contacto con una atención de emergencia designada-dador; 4) Registro fotográfico: los frascos de medicamentos, recetas o estructuras pueden almacenarse tomando fotografías, evitando la introducción manual de datos.

      Optimizar el diseño adaptado a la edad—interfaces simplificadas, fuentes ampliadas y salida de voz—reduce la brecha digital. En módulos específicos de enfermedades, los equipos de atención continua multidisciplinar en línea compuestos por médicos especialistas, terapeutas de rehabilitación, psicólogos y enfermeros pueden ofrecer orientación individualizada en tiempo real. La evidencia muestra que las plataformas de aplicaciones móviles pueden demostrar significativamente el bienestar psicológico, la adherencia a la medicación y la satisfacción en la enfermería entre adultos mayores con enfermedades crónicas [28].

      3.2.  Estrategias de coordinación a nivel institucional

      3.2.1.  Colaboración en Equipos Multidisciplinares (MDT)

      La coordinación eficaz entre profesionales es fundamental para reducir las desactivaciones de medicación tras el alta. Las recomendaciones nacionales en China han enfatizado  la creación de equipos de gestión de comorbilidades que integren médicos, farmacéuticos clínicos y personal de enfermería para optimizar las vías de atención y ofrecer intervenciones individualizadas. En un modelo basado en la MDT, las enfermeras actúan como el coordinador central que vincula múltiples disciplinas a través de una red estructurada de «evaluación-intervención-seguimiento». Los farmacéuticos lideran los procesos de revisión de medicamentos para identificar-

      Neutralizar las interacciones medicamentosas, optimizar la adecuación terapéutica; los médicos simplifican regímenes complejos y ajustan las indicaciones clínicas; y las enfermeras proporcionan educación sobre medicación, desarrollan herramientas visuales de educación para pacientes y realizan seguimientos programados. La evidencia demuestra que una participación reforzada en el manejo de la medicación en la MDT reduce significativamente las discrepancias y eventos adversos de medicamentos tras el alta [29] [30].

      Dado el frecuente uso concomitante de la Medicina Tradicional China y los medicamentos occidentales entre adultos mayores, la revisión de medicamentos liderada por farmacéuticos dentro del marco de la MDT debería abordar explícitamente las posibles interacciones fármaco-hierba. Este proceso incluye la conciliación sistemática de medicamentos recetados, productos de venta libre y preparados herbales, así como asesoramiento al paciente para desalentar combinaciones de fármacos no verificadas, que pueden interferir con el metabolismo de fármacos, la eficacia de los anticoagulantes o el control glucémico.

      3.2.2.  Fortalecimiento de la capacidad de atención primaria

      Los sistemas de atención primaria deberían adoptar un modelo basado en el médico de familia para estratificar el manejo de enfermedades crónicas y mejorar la continuidad de la atención. Las recomendaciones de políticas nacionales y de expertos en China han destacado el papel de los servicios de médicos de familia contratados combinados con plataformas híbridas de formación online-offline para demostrar la competencia entre los clínicos de atención primaria, complementados con apoyo terciario en hospitales. Es esencial ampliar las funciones de los farmacéuticos comunitarios, incluyendo evaluaciones de medicamentos en casa, organización individualizada de la dosis y asesoramiento sobre los requisitos de almacenamiento, con mecanismos de reembolso que cubran servicios específicos dirigidos por farmacéuticos, como la conciliación de medicamentos tras el alta, evaluaciones de medicación en visitas domiciliarias, organización individualizada de la dosis, educación de los cuidadores y seguimiento de la adherencia a la medicación. El desarrollo de plataformas regionales de información sanitaria que permitan la interoperabilidad entre los datos de prescripción hospitalaria y comunitaria reduciría aún más la duplicación terapéutica y los errores de dosificación.

      3.3.  Medidas de apoyo a nivel social

      3.3.1.  Programas de Empoderamiento de Cuidadores

      Los cursos comunitarios periódicos pueden utilizarse para formar a pacientes y cuidadores familiares en competencias prácticas, incluyendo almacenamiento de medicamentos (por ejemplo, refrigeración de la insulina), organización de la dosis (por ejemplo, evitar triturar comprimidos de liberación prolongada) y reconocimiento temprano de reacciones adversas como erupciones cutáneas o síntomas de hipoglucemia [31]. Estos modelos de empoderamiento del cuidador ayudan a compensar las limitaciones cognitivas o funcionales en adultos mayores y a mejorar la supervisión doméstica.

      3.3.2.  Educación pública y defensa cultural

      Las campañas educativas a nivel poblacional —incluyendo la difusión de vídeos cortos y programas de radio comunitaria— pueden reforzar la concienciación sobre prácticas seguras de medicación. Los manuales de medicación geriátrica distribuidos gratuitamente pueden facilitar el autoenvejecimiento, mientras que las iniciativas públicas destinadas a reducir el estigma hacia los psicotrópicos

      Los medicamentos fomentan una comunicación abierta sobre las necesidades de la medicación y el apoyo a la herencia.Estas intervenciones multinivel se dirigen directamente a barreras previamente identificadas —incluyendo la carga cognitiva, la complejidad del régimen, la supervisión limitada y el acceso insuficiente a apoyo profesional— y pueden mitigar conjuntamente el daño prevenible por medicación entre adultos mayores tras el alta hospitalaria.

      4.  Resumen

      La seguridad de la medicación oral tras el alta en adultos mayores con enfermedades crónicas es un desafío multifactorial moldeado por la vulnerabilidad fisiológica, las tensiones del sistema sanitario y el apoyo social limitado. Las barreras relacionadas con los pacientes, las deficiencias institucionales y las carencias en los recursos a nivel comunitario y familiar constituyen en conjunto los principales factores que impulsan el riesgo de la medicación. Las estrategias actuales de gestión enfatizan la educación individualizada, la colaboración multidisciplinar y el uso de tecnologías digitales o asistenciales; sin embargo, los efectos heterogéneos de las intervenciones estandarizadas y la insuficiente difusión tecnológica siguen limitando la implementación a gran escala.

      El trabajo futuro debería priorizar una red integrada de coordinación «hogar-comunidad-hospital», apoyada por una capacidad reforzada de atención primaria y mecanismos de seguro médico, para establecer un ecosistema de seguridad medicativa de ciclo completo. Clínicamente, mejorar la participación de enfermeros, médicos de atención primaria y farmacéuticos clínicos en la conciliación de medicación, simplificación de régimentas, asesoramiento estratificado por riesgo y seguimiento sostenido puede reducir los daños prevenibles y las readmisiones no planificadas. Desde una perspectiva política, alinear el reembolso con los servicios dirigidos por farmacéuticos, ampliar la gestión de medicamentos basada en la comunidad y mejorar la interoperabilidad interinstitucional de la información sanitaria será esencial para una adopción escalable a nivel poblacional. En resumen, las intervenciones multinivel y multisectorial proporcionan una vía para mitigar sistematicamente el riesgo relacionado con la medicación y apoyar el objetivo más amplio de un envejecimiento saludable en adultos mayores con enfermedades crónicas.

      Resultados del Ensayo LatAm-FINGERS sobre Deterioro Cognitivo Un estudio realizado desde Argentina.

      1. Crivelli L, Suemoto C, Sosa A et al.Multidomain lifestyle intervention for the prevention of cognitive decline in at-risk older adults in Latin America (LatAm-FINGERS): a single-blind, multicentre, randomised controlled trialThe Lancet, 2026; 0

      Latinoamérica enfrenta una alta carga de demencia, con una prevalencia creciente de factores asociados al deterioro cognitivo. Las intervenciones multidominio en el estilo de vida podrían retrasar dicho deterioro, pero las poblaciones latinoamericanas siguen estando subrepresentadas en los ensayos de prevención de la demencia. Nuestro objetivo fue investigar la viabilidad de una intervención sistemática multidominio en el estilo de vida, adaptada culturalmente, y analizar sus efectos sobre la función cognitiva global en adultos mayores en riesgo (de 60 a 77 años).

      https://www.instagram.com/reels/DaTpPD6u60t

      Métodos

      La Iniciativa LatAm-FINGERS para el Cambio Cognitivo (en adelante, LatAm-FINGERS) fue un ensayo clínico aleatorizado, multicéntrico y simple ciego realizado en 11 países latinoamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, México, Perú y Uruguay). Individuos de 60 a 77 años con alto riesgo de demencia (factores de riesgo cardiovascular, envejecimiento y puntuación de riesgo de demencia ≥6) y rendimiento cognitivo subóptimo fueron asignados aleatoriamente (1:1) a recibir una intervención sistemática de estilo de vida de 2 años (grupo SLI) o una intervención flexible de estilo de vida (grupo FLI). La aleatorización se estratificó por centro de estudio para garantizar el equilibrio y se implementó utilizando bloques permutados de ocho. Los participantes y el personal de intervención no estaban cegados a la asignación de grupo, pero las personas que evaluaron los resultados sí lo estuvieron durante todo el ensayo. El grupo SLI proporcionó intervenciones de estilo de vida multidominio estructuradas con apoyo y seguimiento supervisados; el grupo FLI ofreció asesoramiento sobre salud. Los resultados primarios fueron la viabilidad del ensayo (evaluada mediante medidas RE-AIM seleccionadas: Alcance, Implementación y Mantenimiento) y los efectos de la intervención en las trayectorias cognitivas globales compuestas a lo largo de 2 años (cambio en la puntuación cognitiva global compuesta a lo largo de 2 años). Este ensayo está registrado en ClinicalTrials.gov ( NCT06492967 ) y ya ha finalizado.

      Recomendaciones

      Los participantes fueron inscritos entre el 27 de octubre de 2021 y el 7 de julio de 2023; el último participante completó el seguimiento el 7 de noviembre de 2025. Entre los 1719 evaluados, 1065 participantes incluidos en la muestra analítica fueron asignados aleatoriamente al grupo SLI (n=539) o al grupo FLI (n=526). La edad media fue de 67,5 años (DE 4,7), 795 (75%) de los 1065 participantes eran mujeres y 270 (25%) eran hombres. La raza y etnia autoinformadas fueron: 624 (59%) mestizos, 288 (27%) blancos, 72 (7%) mulatos, 25 (2%) mixtos u otros, 18 (2%) negros, 14 (1%) indígenas y 24 (2%) no informaron raza ni etnia. 877 (82,3%) de 1065 completaron el seguimiento de 2 años. La efectividad del reclutamiento (Alcance) fue del 62,0%; la adherencia media al grupo SLI (Implementación) fue del 71,6% durante todo el ensayo; y las frecuencias de datos completos de resultados cognitivos (Mantenimiento) fueron del 87,9% a los 6 meses, 85,3% a los 12 meses, 81,4% a los 18 meses y 84,8% a los 24 meses en el grupo SLI en comparación con el 86,3% a los 6 meses, 78,9% a los 12 meses, 73,4% a los 18 meses y 79,8% a los 24 meses en el grupo FLI. Los abandonos fueron mayores en el grupo FLI que en el grupo SLI (20,2% frente a 15,2%; p=0,042). Las puntuaciones compuestas cognitivas globales aumentaron con el tiempo en ambos grupos, con un cambio anual medio de 0,31 DE (IC del 95 %: 0,28–0,34) por año en el grupo SLI y 0,20 DE (0,17–0,23) por año en el grupo FLI (diferencia media entre grupos de 0,11 DE por año [0,06–0,15; p<0,0001]). En total, se notificaron 478 eventos adversos (412 en el grupo SLI y 66 en el grupo FLI). Los eventos adversos más comunes fueron síntomas musculoesqueléticos (113 [21 %] en el grupo SLI, 13 [2 %] en el grupo FLI), infecciones de las vías respiratorias superiores (50 [9 %] en el grupo SLI, uno [<1 %] en el grupo FLI) e infección por COVID-19 (31 [6 %] eventos en el grupo SLI). Se produjeron eventos adversos graves en 50 (9%) participantes del grupo SLI y en 24 (5%) participantes del grupo FLI; ninguno estuvo relacionado con la intervención. Hubo ocho fallecimientos (tres en el grupo SLI y cinco en el grupo FLI), ninguno relacionado con la intervención.

      Interpretación

      Una intervención de estilo de vida multidominio adaptada culturalmente resultó viable en toda Latinoamérica y produjo mayores mejoras cognitivas que una intervención flexible de asesoramiento en salud en adultos mayores con riesgo de deterioro cognitivo. Estos hallazgos amplían la evidencia sobre las intervenciones de estilo de vida multidominio a poblaciones históricamente subrepresentadas en la investigación sobre demencia, lo que respalda su viabilidad y escalabilidad como estrategias para reducir el riesgo de deterioro cognitivo en medio de la creciente carga de demencia en países de ingresos bajos y medios.

      «Inmunización» con nirsevimab para prevenir hospitalizaciones pediátricas por VRS.

      Federica Attaianese, Doctora en Medicina1Giulia Carreras, MSc, PhD2Sandra Trapani,

        JAMA PediatrPublicado en línea: 13 de abril de 2026

        2026;180;(7):783-791. doi:10.1001/jamapediatrics.2026.0657

        resumen de los beneficios clínicos y económicos del nirsevimab:

        El nirsevimab presenta beneficios clínicos importantes porque ayuda a prevenir las infecciones graves por virus sincitial respiratorio (VSR), especialmente en lactantes y niños pequeños. Al ofrecer protección estacional con una sola dosis, reduce el riesgo de enfermedad respiratoria severa y disminuye la necesidad de hospitalización. En el estudio, la inmunización se asoció con una reducción de las hospitalizaciones por VSR en la mayoría de los centros pediátricos evaluados.

        Desde el punto de vista clínico, su principal beneficio es evitar internaciones, cuadros graves de bronquiolitis, neumonía u otras infecciones respiratorias bajas asociadas al VSR. Esto también reduce la presión sobre las guardias, salas de internación y unidades de cuidados intensivos pediátricos durante los meses de mayor circulación viral.

        En cuanto a los beneficios económicos, el estudio mostró que el uso de nirsevimab fue costo-efectivo en la mayoría de los centros. Al prevenir hospitalizaciones, se redujeron los costos médicos directos asociados a la atención hospitalaria, los tratamientos, los procedimientos diagnósticos y el uso de recursos sanitarios. En varios centros, los costos incrementales fueron negativos, lo que significa que la estrategia no solo fue eficaz, sino que también generó ahorro para el sistema de salud.

        Un punto clave es que los beneficios clínicos y económicos fueron mayores cuando la inmunización se implementó de forma temprana, antes del pico estacional del VSR, y con criterios amplios de elegibilidad. Por el contrario, las campañas tardías o limitadas a pocos niños redujeron el impacto preventivo y la rentabilidad.

        En síntesis, el nirsevimab aporta un doble beneficio: protege la salud infantil al disminuir hospitalizaciones por VSR y favorece la sostenibilidad del sistema sanitario al reducir costos evitables. Por eso, su implementación temprana, amplia y coordinada resulta fundamental para maximizar su impacto.

        Puntos clave

        Pregunta:   ¿Cuál es la relación coste-eficacia real de la vacunación con nirsevimab para prevenir las hospitalizaciones pediátricas relacionadas con el virus sincitial respiratorio (VSR)?

        Resultados   En esta evaluación económica multicéntrica que incluyó 5924 hospitalizaciones relacionadas con el VRS en 19 hospitales pediátricos de Italia, la inmunización con nirsevimab fue eficaz y rentable en la mayoría de los centros, con costes incrementales negativos. En 2 centros donde la campaña se inició más tarde y se limitó a recién nacidos, la inmunización fue menos rentable, con costes más elevados en relación con las hospitalizaciones evitadas.

        Significado:   Estos hallazgos sugieren que el nirsevimab fue una estrategia de prevención del VRS que permitió ahorrar costes, lo que subraya la importancia de una implementación amplia y oportuna.Abstracto

        Importancia:   El virus sincitial respiratorio (VSR) es la principal causa de infecciones de las vías respiratorias inferiores en lactantes y niños pequeños, lo que supone una carga considerable para los sistemas sanitarios. Nirsevimab, un anticuerpo monoclonal de acción prolongada, ha demostrado una alta eficacia en ensayos clínicos, y estudios de modelización sugieren que podría ser rentable; sin embargo, la evidencia en la práctica clínica sobre su rentabilidad en entornos sanitarios europeos sigue siendo limitada.

        Objetivo   : Evaluar la rentabilidad en la práctica clínica de la vacunación con nirsevimab para prevenir las hospitalizaciones pediátricas debidas al virus sincitial respiratorio (VSR).

        Diseño, entorno y participantes   Este análisis multicéntrico, observacional y de costo-efectividad en condiciones reales se llevó a cabo entre el 1 de octubre de 2022 y el 31 de marzo de 2025. Los datos previos a la campaña se modelaron utilizando modelos de regresión de Poisson para estimar las hospitalizaciones esperadas en ausencia de inmunización. Los datos se recopilaron de 19 hospitales pediátricos distribuidos en 11 regiones italianas, desde el norte hasta el sur. Se incluyeron todas las hospitalizaciones pediátricas con diagnósticos de alta específicos para el VRS según la Clasificación Internacional de Enfermedades, Novena Revisión, Modificación Clínica, registrados en los hospitales participantes entre el 1 de octubre de 2022 y el 31 de marzo de 2025.

        Se llevaron a cabo   campañas regionales de vacunación con nirsevimab, con fechas de inicio y criterios de elegibilidad variables, entre octubre de 2024 y enero de 2025.

        Resultados y medidas principales:   La efectividad, expresada como hospitalizaciones evitadas (ΔE), y los costos incrementales (ΔC) se estimaron desde la perspectiva del Servicio Nacional de Salud italiano. Se calcularon los índices de costo-efectividad (RCE = ΔC/ΔE) para cada centro.

        Resultados   Durante la temporada 2024-2025, se registraron 5924 hospitalizaciones relacionadas con el VRS en niños de 18 años o menos en 19 centros. Los ingresos observados fueron consistentemente inferiores a las predicciones contrafactuales basadas en modelos en la mayoría de los centros. La inmunización evitó entre 6 y 151 ingresos por centro, lo que corresponde a una tasa de 83 y 1162 por cada 100 000 niños. Los costos incrementales fueron negativos en la mayoría de los centros, lo que indica ahorros de costos que oscilan entre -10 924 € (12 562,60 USD) y -266 954 € (306 997,10 USD) por centro. Los índices de costo-efectividad correspondientes fueron negativos (−1071 € [1231,65 US$] y −1682 € [(1934,30 US$]), lo que refleja una intervención que generó ahorros. En 2 centros con inicio tardío y criterios de elegibilidad restringidos, la inmunización se asoció con costos más altos en relación con el número de hospitalizaciones evitadas, con costos incrementales de 19 715 € (22 672,25 US$) y 81 454 € (93 672,10 US$). Los análisis de sensibilidad confirmaron la solidez de los resultados.

        Conclusiones y relevancia:   Los resultados de esta evaluación económica multicéntrica italiana en condiciones reales sugieren que la inmunización con nirsevimab fue clínicamente eficaz y generó ahorros desde la perspectiva del sistema de salud. El momento de la vacunación y los criterios de elegibilidad influyeron notablemente en la rentabilidad, lo que subraya la importancia de implementar estrategias de vacunación tempranas y a gran escala para maximizar los beneficios clínicos y económicos.

        Introducción

        El virus sincitial respiratorio (VSR) es la principal causa de infecciones del tracto respiratorio inferior en lactantes y niños pequeños, y una de las principales causas de hospitalizaciones pediátricas en Europa y en todo el mundo. 1 , 2 La carga clínica y económica del VSR es considerable, con hospitalizaciones, ingresos en cuidados intensivos y secuelas a largo plazo, como sibilancias recurrentes, que ejercen una presión significativa sobre los sistemas de salud. 3-6 Hasta hace poco , las opciones preventivas se limitaban a palivizumab, restringido a lactantes de alto riesgo debido a su coste y viabilidad. 7 

        Nirsevimab, un anticuerpo monoclonal de acción prolongada, ha demostrado una alta eficacia en ensayos clínicos y efectividad en estudios de implementación en la práctica clínica real, ofreciendo una protección estacional de dosis única para todos los lactantes. 8-17 

        Varias evaluaciones económicas basadas en modelos sugieren que nirsevimab puede ser rentable o generar ahorros. 18-24 Sin embargo, estos análisis pueden no reflejar completamente la práctica clínica habitual, y los resultados económicos proyectados pueden diferir tras la implementación. 25 , 26 Esta distinción es particularmente relevante para las estrategias de prevención del VRS, donde la carga de hospitalización y el momento de las campañas de inmunización varían entre países. 27 Hasta la fecha, la evidencia de costo-efectividad en el mundo real para nirsevimab basada en los resultados de hospitalización observados en estrategias de implementación heterogéneas sigue siendo limitada en Europa, particularmente a escala multicéntrica o nacional. 28 Este estudio tuvo como objetivo evaluar la costo-efectividad en el mundo real de nirsevimab en la prevención de hospitalizaciones asociadas al VRS en 19 hospitales pediátricos italianos, proporcionando evidencia multicéntrica para informar las estrategias de inmunización.MétodosDiseño y contexto del estudio

        Realizamos un análisis multicéntrico, observacional y de costo-efectividad en 19 hospitales pediátricos italianos ( Tabla 1 ). El estudio combinó una evaluación epidemiológica de las hospitalizaciones asociadas al VRS con un análisis económico que comparó los costos y la efectividad de la inmunización con nirsevimab frente a un escenario contrafactual sin inmunización. El estudio se basó exclusivamente en datos administrativos hospitalarios completamente anonimizados y agregados. No se accedió a información clínica individual ni a identificadores de pacientes. De acuerdo con las regulaciones nacionales 29 y los estándares éticos internacionales, 30 no se requirió ni el consentimiento informado individual ni la aprobación formal del comité de ética. Este estudio siguió las directrices de presentación de informes STROBE (Fortalecimiento de la presentación de informes de estudios observacionales en epidemiología ) y CHEERS (Estándares consolidados de presentación de informes de evaluación económica en salud ) (Tablas electrónicas 1 y 2 en el Suplemento 1 ).Tabla 1. Características de las campañas regionales de inmunización contra el virus sincitial respiratorio (VSR) en 19 centros pediátricos italianos 

        Características de las campañas regionales de inmunización contra el virus respiratorio sincitial (VRS) en 19 centros pediátricos italianos.

        GrupoÁrea geográficaRegiónCentroFecha objetivo de la campaña (nacidos después de)Fecha de inicio de la campaña
        1NoroestePiamonteTurín, Alessandria01/01/202401/11/2024
        1NoroesteLombardíaBrescia, Milán
        1NordesteVénetoPadua
        1IslasSiciliaMessina
        1CentroToscanaFlorencia, Pisa01/04/202401/11/2024
        1NordesteFriuli Venecia JuliaTrieste
        1SurApuliaBari01/07/202401/11/2024
        1SurCampaniaNápoles, Salerno, Caserta, Avellino01/08/202401/11/2024
        2NordesteEmilia RomañaBolonia01/09/202401/10/2024
        3NoroesteLiguriaGénova01/07/202401/12/2024
        3CentroMarcheAncona01/10/202401/12/2024
        4SurAbruzzoChieti, Pescara01/01/202501/01/2025

        Durante la temporada 2024-2025, Italia implementó su primera campaña de vacunación contra el nirsevimab mediante un enfoque coordinado regionalmente. Cada región definió sus propios criterios de elegibilidad y fecha de inicio, lo que generó una considerable heterogeneidad en todo el país. Algunas regiones ofrecieron la vacunación únicamente a los bebés nacidos durante la temporada del VRS, mientras que otras implementaron campañas de vacunación de recuperación que también incluyeron a los bebés nacidos a principios del mismo año, con fechas límite de nacimiento que oscilaron entre enero y septiembre de 2024. Las campañas comenzaron entre octubre de 2024 y enero de 2025.Población de estudio y fuentes de datos

        Las hospitalizaciones relacionadas con el VRS se identificaron a partir de los registros de alta hospitalaria utilizando los códigos de la Clasificación Internacional de Enfermedades, Novena Revisión, Modificación Clínica ( CIE-9-CM ): bronquiolitis aguda por VRS (466.11), infección por VRS (079.6) y neumonía por VRS (480.1). 4 , 5 Se utilizaron códigos CIE-9-CM específicos para el VRS para garantizar la especificidad diagnóstica entre los centros. En los centros participantes, el diagnóstico etiológico de las infecciones respiratorias se apoya de forma rutinaria en ensayos basados ​​en la reacción en cadena de la polimerasa; sin embargo, no se accedió a los resultados de laboratorio a nivel individual ni se vincularon. Los datos se recopilaron entre el 1 de octubre de 2022 y el 31 de marzo de 2025, lo que garantiza al menos 2 temporadas completas previas a la campaña. El período que se superpone a la pandemia de COVID-19 se excluyó debido a la circulación atípicamente baja del VRS, que podría distorsionar las estimaciones de referencia. 4 , 5 Se incluyeron todos los pacientes menores de 18 años para capturar la carga pediátrica completa y evaluar los efectos a nivel poblacional. El tamaño de la población residente se extrajo de la base de datos del Instituto Nacional de Estadística (ISTAT).

        Los costos se evaluaron desde la perspectiva del Servicio Nacional de Salud italiano. Los costos médicos directos incluyeron lo siguiente:

        1. Costes unitarios por hospitalización, derivados de las tarifas regionales de los Grupos Relacionados con el Diagnóstico (GRD), que representan las tasas de reembolso estandarizadas utilizadas por el Servicio Nacional de Salud italiano para la atención hospitalaria y proporcionan estimaciones agrupadas de los costes de hospitalización, incluidos los procedimientos diagnósticos, los tratamientos y el uso de recursos hospitalarios.
        2. El costo del programa de inmunización, inicialmente disponible a nivel regional y asignado proporcionalmente a cada centro según el tamaño de la población residente elegible en la provincia correspondiente al 1 de enero de 2025. El costo unitario de adquisición de nirsevimab fue de 230 € (264,50 US$) por dosis durante la temporada 2024-2025.

        Análisis estadístico

        Los datos consistieron en recuentos mensuales de hospitalizaciones, agregados por centro, año y mes, para cada código de diagnóstico ICD-9-CM . Para fines analíticos, los centros participantes se categorizaron en 4 grupos según el momento de inicio de la campaña de nirsevimab (grupo 1, octubre de 2024; grupo 2, noviembre de 2024; grupo 3, diciembre de 2024; y grupo 4, enero de 2025) ( Tabla 1 ). Para cada grupo y categoría de diagnóstico de VRS, se ajustaron modelos de regresión de Poisson al número de hospitalizaciones durante el período previo a la campaña. Estos modelos se utilizaron para estimar el número esperado de hospitalizaciones en ausencia de inmunización. Los modelos se ajustaron por tiempo calendario para capturar patrones estacionales utilizando una serie de Fourier (términos seno y coseno con periodicidad anual) y por centro para controlar las diferencias en las prácticas de admisión, áreas de influencia o características de la población. Para tener en cuenta las diferencias en el tamaño de la población en riesgo entre los centros y a lo largo del tiempo, los modelos incluyeron un término de compensación definido como el logaritmo de la población residente de 0 a 18 años. El resultado principal fue la efectividad de la inmunización, definida como el número de hospitalizaciones evitadas durante la temporada 2024-2025, calculada como la diferencia entre las predicciones de admisión contrafactuales basadas en el modelo, que representan los valores esperados en ausencia de inmunización, y las admisiones observadas (ΔE).Evaluación económica

        Los costos incrementales (ΔC) se definieron como la diferencia entre los escenarios de inmunización y no inmunización. La razón de costo-efectividad (RCE) se calculó para cada centro y región como ΔC dividido por ΔE. Una RCE negativa indica que la inmunización es dominante: ahorra costos y previene hospitalizaciones. Para cuantificar la incertidumbre estadística, se utilizaron 1000 remuestreos bootstrap de las predicciones del modelo de Poisson y se estimaron las estimaciones puntuales y los intervalos de incertidumbre (II) del 95 % utilizando la RCE mediana y los percentiles 2,5 y 97,5 de la distribución empírica resultante.Análisis de sensibilidad

        Se exploró la robustez mediante análisis de sensibilidad deterministas, variando parámetros en los costos unitarios de hospitalización y del programa de inmunización, así como en el número estimado de hospitalizaciones evitadas. Se consideraron seis escenarios: (1) un aumento del 20 % en los costos de hospitalización e inmunización, (2) una disminución del 20 % en ambos costos, (3) una disminución del 40 % en los costos de inmunización, (4) una reducción del 20 % en las hospitalizaciones en ausencia de inmunización, (5) un aumento del 20 % en las hospitalizaciones en ausencia de inmunización y (6) una combinación de costos más altos (hospitalización e inmunización) y una reducción del 20 % en las hospitalizaciones en ausencia de inmunización. Esto permitió evaluar la estabilidad de la relación costo-efectividad bajo variaciones plausibles en supuestos epidemiológicos y económicos con una amplia distribución geográfica.

        Como análisis de sensibilidad metodológica adicional, se ajustaron nuevamente los modelos de Poisson utilizando interceptos aleatorios a nivel de centro en lugar de indicadores fijos de centro, lo que permitió la agrupación parcial entre centros. Los resultados de este análisis se compararon con la especificación principal de efectos fijos para evaluar la robustez del número estimado de hospitalizaciones evitadas.ResultadosHospitalizaciones evitadas (Eficacia)

        Entre el 1 de octubre de 2022 y el 31 de marzo de 2025, se registraron un total de 5924 hospitalizaciones relacionadas con el VRS en los 19 centros participantes en niños de 18 años o menos (Figura electrónica en el Suplemento 1 ). Durante la temporada 2024-2025, los ingresos observados fueron consistentemente inferiores a las predicciones contrafactuales basadas en modelos en la mayoría de los centros, como se ilustra en la Figura 1 . El número estimado de hospitalizaciones evitadas (ΔE) osciló entre 6 (IC del 95 %, -4 a 18) con una tasa de 83 por 100 000 (IC del 95 %, -55 a 258) en Caserta (Campania, Sur) y 151 (IC del 95 %, 129-176) con una tasa de 1162 por 100 000 (IC del 95 %, 995-1358) en Turín (Piamonte, Noroeste) ( Tabla 2 ). Se observaron grandes reducciones en centros como Florencia (Toscana, Centro) con 117 (IC del 95 %, 96-142; 1966 por 100 000, IC del 95 %, 1605-2377) hospitalizaciones evitadas, Nápoles (Campania, Sur; 110, IC del 95 %, 71-154; 481 por 100 000, IC del 95 %, 309-675), Ancona (Marche, Centro; 75; IC del 95 %, 55-102; 2927 por 100 000, IC del 95 %, 2171-3992). Las estimaciones de efectividad mostraron mayor incertidumbre en Génova (Liguria, Noroeste; 497 por 100 000, IC del 95 %, -256 a 1516) y Caserta ( Tabla 2 ). Por el contrario, ΔE fue negativo en Chieti (Abruzzo, Centro; -12, IC del 95 %, -23 a 6; -556 por 100 000, IC del 95 %, -1087 a 275) y Pescara (Abruzzo, Centro; -47, IC del 95 %, -64 a -22; -2573 por 100 000, IC del 95 %, -3494 a -1209), lo que indica más admisiones de las esperadas en ausencia de inmunización ( Tabla 2 ). Excluyendo los centros con inicio tardío de la campaña, los ingresos evitados correspondieron aproximadamente al 20% al 150% del número medio de hospitalizaciones relacionadas con el VRS registradas en temporadas de invierno anteriores (Tabla electrónica 3 en el Suplemento 1 ).Figura 1. Gráfico de líneas y de dispersión que muestra las tendencias en las hospitalizaciones relacionadas con el virus sincitial respiratorio (VSR) por categoría diagnóstica y grupo de inmunización.

        Ver en grandeDescargar

        Gráficos de series temporales de tres paneles que muestran el número de hospitalizaciones por VRS por grupo.(Se abre en una pestaña nueva)

        Recuentos mensuales de hospitalizaciones por bronquiolitis aguda por VRS (A), infección por VRS (B) y neumonía por VRS (C) en 19 centros pediátricos italianos, de octubre de 2022 a marzo de 2025. Las líneas continuas representan predicciones contrafactuales basadas en modelos en ausencia de inmunización, con áreas sombreadas que indican intervalos de confianza del 95 %. Los puntos representan admisiones observadas. Los grupos reflejan el momento y la elegibilidad de las estrategias de inmunización regionales, como se muestra en la Tabla 1. Jan indica enero.Tabla 2. Hospitalizaciones evitadas, costos incrementales de hospitalización e índices de costo-efectividad por centro 

        Hospitalizaciones evitadas, costos incrementales de hospitalización y ratios de costo-efectividad por centro(Se abre en una pestaña nueva)

        CentrosSe evitaron las hospitalizaciones bCostos de hospitalización evitados cCER, € por hospitalización evitada c
        ContarTasa
        Nápoles110 (71 a 154)481 (309 a 675)−182 871 (−262 014 a −113 140)−1516 (−1544 a −1479)
        Salerno30 (de 18 a 45 años)409 (241 a 613)−53 862 (−80 575 a −31 963)−1616 (−1636 a −1591)
        Caserta6 (−4 a 18)83 (−55 a 258)−10924 (−32 853 a 6363)−1071 (−1341 a 247)
        Avellino11 (de 6 a 19)461 (246 a 762)−20 754 (−33 687 a −11 486)−1692 (−1703 a −1679)
        Trieste30 (de 23 a 40)2233 (1672 a 2946)−53 050 (−69 903 a −39 773)−1710 (−1712 a −1708)
        Chieti−12 (−23 a 6)−556 (−1087 a 275)19 715 (−12 154 a 39 869)−1717 (−1754 a −1626)
        Pescara−47 (−64 a −22)−2573 (−3494 a −1209)81 454 (36 168 a 111 754)−1734 (−1747 a −1715)
        Bolonia52 (20 a 123)791 (304 a 1859)−89 044 (−218 933 a −32 044)−1635 (−1680 a −1592)
        Messina63 (51 a 77)1732 (1400 a 2129)−109 581 (−134 895 a −88 462)−1685 (−1689 a −1680)
        Bari61 (48 a 78)775 (605 a 980)−110 222 (−139 099 a −86 358)−1672 (−1679 a −1664)
        Ancona75 (55 a 102)2927 (2171 a 3992)−127 937 (−176 406 a −93 954)−1704 (−1712 a −1696)
        Turín151 (129 a 176)1162 (995 a 1358)−266 954 (−312 156 a −228 295)−1682 (−1687 a −1678)
        Alessandria39 (de 26 a 54)1830 (1224 a 2544)−61 986 (−88 468 a −39 533)−1534 (−1564 a −1499)
        Padua54 (39 a 71)941 (680 a 1249)−89 208 (−120 185 a −62 989)−1553 (−1576 a −1528)
        Génova23 (−12 a 71)497 (−256 a 1516)−39 205 (−125 169 a 23 838)−1569 (−1649 a −1305)
        Florencia117 (96 a 142)1966 (1605 a 2377)−200 756 (−243 731 a −163 042)−1660 (−1666 a −1653)
        Pisa8 (2 a 17)325 (92 a 641)−14 671 (−29 004 a −4102)−1458 (−1529 a −1324)
        Milán59 (37 a 86)275 (173 a 397)−109 130 (−156 773 a −69 412)−1451 (−1491 a −1402)
        Brescia45 (de 28 a 64 años)534 (332 a 772)−78 085 (−113 317 a −48 234)−1553 (−1579 a −1518)

        Rentabilidad

        Los costos incrementales por hospitalizaciones (ΔC) fueron negativos en la mayoría de los centros, lo que confirma el ahorro de costos. Los costos incrementales fueron negativos en la mayoría de los centros, lo que indica un ahorro de costos que oscila entre -10 924 € (12 562,60 US$) y -266 954 € (306 997,10 US$) por centro. Por ejemplo, la intervención generó ahorros netos de 266 954 € (306 997,10 US$; IC del 95 %, de 228 295 € [262 539,25 US$] a 312 156 € [358 979,40 US$]) en Turín, 200 756 € (230 869,40 US$; IC del 95 %, de 163 042 € [187 498,30 US$] a 243 731 € [280 290,65 US$]) en Florencia, y 182 871 € (210 301,65 US$; IC del 95 %, de 262 014 € [301 316,10 US$] a 113 140 € [130 111,00 US$]) en Nápoles ( Tabla 2 Los CER correspondientes fueron de −€1682 (US$1934,30), −€1660 (US$1909,00) y −€1516 (US$1743,40) por hospitalización evitada, respectivamente. En casi todos los centros, los CER fueron negativos debido a las hospitalizaciones evitadas positivas y los costos evitados negativos, lo que refleja los ahorros por hospitalización evitada en lugar de los costos ( Tabla 2 y Figura 2 ). Solo Chieti (€19 715 [US $22 672,25]; 95% UI, −€12 154 [US $13 977,10] a €39 869 [US $45 849,35]) y Pescara (€81 454 [US $93 672,10]; 95% UI, €36 168 [US $41 593,20] a €11 754 [US $13 517,10]) mostraron costos incrementales positivos combinados con ΔE negativo, lo que indica que la inmunización estuvo dominada por el escenario contrafactual ( Tabla 2 y Figura 2 ). Se observó una mayor incertidumbre en las estimaciones de CER en Caserta (−€1071 [US $1231,65]; 95% UI, −€1341 [US $1542,15] a €247 [US $284,05]) y Génova (−€1569 [US $1804,35]; 95% UI, −€1649 [US $1896,35] a −€1305 [US $1500,75]) ( Tabla 2 y Figura 2 ).

        Figura 2. Gráfico de estimación puntual que muestra las razones de costo-efectividad (RCE) de la inmunización con nirsevimab por centro.

        Gráfico de bosque de CER por centro con estimaciones puntuales y barras de incertidumbre horizontales.

        Los valores son estimaciones puntuales con intervalos de incertidumbre del 95 %. Los CER negativos indican ahorros por hospitalización evitada; en Chieti y Pescara, los resultados fueron dominados a pesar de los valores formalmente negativos del CER.

        Se calcularon las curvas de aceptabilidad de costo-efectividad (CEAC) para cada centro (datos no mostrados). En la mayoría de los centros, las CEAC fueron planas en 1, lo que indica que el programa de vacunación fue consistentemente rentable y efectivo, con una probabilidad de ser costo-efectivo del 100 % en todos los umbrales de disposición a pagar. Se observaron excepciones en los centros de Chieti y Pescara, donde los costos incrementales fueron positivos, mientras que el número de hospitalizaciones evitadas fue negativo. En estos casos, las CEAC fueron planas en 0, lo que refleja que la intervención fue dominada (es decir, más costosa y menos efectiva) y, por lo tanto, tuvo una probabilidad de 0 de ser costo-efectivo.Variabilidad regional

        Se observó una marcada variabilidad en las hospitalizaciones evitadas y los costos de hospitalización evitados mediante inspección visual cuando se consideraron los centros según las estrategias de inmunización regionales bajo las cuales operaban ( Tabla 2 y Figura 2 ). Los centros en regiones que iniciaron campañas tempranamente con criterios de elegibilidad amplios (p. ej., Piamonte, Toscana) mostraron consistentemente CER negativos, lo que refleja ahorros de costos por hospitalización evitada ( Tabla 1 y Tabla 2 ). Por el contrario, los centros en regiones con elegibilidad más restrictiva, a pesar de comenzar en noviembre (p. ej., Campania, Apulia), mostraron ahorros menos consistentes ( Tabla 1 y Tabla 2 ). En Abruzzo, donde la campaña comenzó recién en enero de 2025 y se restringió a los bebés nacidos después de esa fecha, los CER fueron desfavorables, con la inmunización dominada por el escenario contrafactual ( Tabla 1 y Tabla 2 ).Análisis de sensibilidad

        Los resultados se mantuvieron robustos en todos los análisis de sensibilidad ( Figura 3 y Tabla electrónica 4 en el Suplemento 1 ). Cuando los costos de hospitalización e inmunización variaron en ±20%, o cuando se utilizaron límites optimistas y pesimistas de ΔE, nirsevimab siguió siendo rentable en la mayoría de los centros. El efecto fue consistente en todos los escenarios, asumiendo reducciones o aumentos en las hospitalizaciones esperadas. Sin embargo, la incertidumbre persistió en Caserta, y los resultados en Chieti y Pescara siguieron siendo dominantes ( Figura 3 y Tabla electrónica 4 en el Suplemento 1 ). En los análisis de sensibilidad utilizando modelos de Poisson con interceptos aleatorios a nivel de centro, la dirección y magnitud generales de la reducción estimada en las hospitalizaciones fueron consistentes con el análisis principal. Sin embargo, las estimaciones específicas de cada centro mostraron una mayor variabilidad, particularmente para los centros con poblaciones más pequeñas o series temporales más cortas, lo que refleja la contracción y redistribución esperadas de los efectos bajo la especificación de efectos aleatorios. Dado el número limitado de centros y nuestro enfoque en las estimaciones específicas de cada centro, el modelo de efectos fijos se mantuvo como el análisis principal (Tabla electrónica 5 en el Suplemento 1 ).

        Figura 3. Mapa de calor del análisis de sensibilidad

        Mapa de calor de CER por centro en seis escenarios.

        Los escenarios son los siguientes: (1) +20% de costos de hospitalización e inmunización, (2) −20% de costos de hospitalización e inmunización, (3) −40% de costos de inmunización, (4) reducción del 20% en las hospitalizaciones esperadas sin inmunización, (5) aumento del 20% en las hospitalizaciones esperadas sin inmunización y (6) escenario combinado con mayores costos de inmunización y una reducción del 20% en las hospitalizaciones esperadas sin inmunización.DiscusiónPrincipales hallazgos

        Este estudio multicéntrico proporciona, hasta donde sabemos, la primera evidencia en la práctica clínica real sobre la rentabilidad de la vacunación con nirsevimab en Europa. En 19 centros pediátricos italianos, la vacunación se asoció con reducciones sustanciales en las hospitalizaciones relacionadas con el VRS, y en la mayoría de los centros la intervención fue dominante, lo que se tradujo en una mayor eficacia y menores costes. Solo Chieti y Pescara mostraron resultados dominantes, probablemente debido al inicio tardío de la campaña y a la limitada población elegible.Resultados de la CER y estrategias de inmunización

        Aunque nuestros análisis se realizaron a nivel de centro, las estrategias de inmunización se determinaron regionalmente, por lo que los resultados observados en cada centro reflejan el enfoque adoptado en su región. Los centros ubicados en regiones que iniciaron campañas en noviembre de 2024 con criterios de elegibilidad amplios mostraron CER consistentemente favorables, con ahorros por hospitalización evitada. Por el contrario, cuando la elegibilidad se limitó a los bebés nacidos después de julio o agosto de 2024, a pesar de comenzar al mismo tiempo, se logró una protección más reducida y ahorros de costos menos consistentes. Los centros en regiones que lanzaron la campaña de inmunización en octubre con un límite en septiembre mostraron resultados dominantes, pero con una gran incertidumbre. Los centros donde las campañas comenzaron en diciembre mostraron resultados más heterogéneos, con estimaciones puntuales favorables pero mayor incertidumbre, lo que probablemente refleja la menor oportunidad de protección, ya que parte del pico de la epidemia ya había ocurrido. Finalmente, los centros donde la campaña comenzó en enero de 2025 y se restringió a los bebés nacidos posteriormente mostraron resultados dominantes, con mayores costos y un exceso de hospitalizaciones con la inmunización (ΔE negativo), en lugar de simplemente menos hospitalizaciones evitadas. Estos hallazgos sugieren que, si bien el tamaño de la población objetivo elegible influye en el impacto absoluto, el momento de inicio de la campaña fue el principal determinante de la rentabilidad.Comparación con otros estudios

        Nuestros hallazgos son consistentes con estudios de modelización italianos e internacionales previos, y proporcionan, hasta donde sabemos, la primera validación multicéntrica en condiciones reales. Durante el período de estudio, la vacunación materna contra el VRS no se implementó en Italia, y ninguna región había introducido programas de inmunización materna; por lo tanto, los efectos observados reflejan el impacto de la inmunización infantil con nirsevimab únicamente. En Italia, Marcellusi et al. 3 y Bini et al. 18 estimaron que la inmunización infantil universal con nirsevimab sería rentable a un precio económicamente justificable de 267 € (307,05 US$) a 400 € (460,00 US$) por dosis. Nuestro análisis, realizado con el costo de adquisición observado de 230 € (264,50 US$), muestra que la intervención no solo fue rentable, sino dominante en la mayoría de los centros, lo que confirma y refuerza esas proyecciones. Polistena et al. 21 sugirieron además que combinar la vacunación materna con la inmunización infantil podría mejorar la eficiencia, un enfoque que justifica su evaluación en futuros entornos reales. Estudios internacionales también respaldan el potencial clínico y económico de nirsevimab. En Canadá, Shoukat et al. 22 informaron estimaciones favorables de costo-efectividad para estrategias con nirsevimab en lactantes, correspondientes a un costo de aproximadamente CAD$290 (US$211.55) por dosis. De manera similar, Zeevat et al. 20 informaron un umbral de €220 (US$253.00) por dosis en poblaciones pediátricas en los Países Bajos. Nuestros hallazgos, obtenidos a un costo de €230 (US$264.50) por dosis, están estrechamente alineados con estas estimaciones. Por el contrario, los análisis de EE. UU. encontraron una costo-efectividad menos favorable a precios de lista más altos, a menudo favoreciendo la vacunación materna. 19 , 31 Estas evaluaciones basadas en EE. UU. informaron una costo-efectividad menos favorable principalmente debido a los mayores costos de hospitalización y precios de los medicamentos. En conjunto, estas comparaciones ponen de manifiesto que el valor económico de nirsevimab depende de los precios locales y del momento de su implementación, pero la evidencia apunta en la misma dirección: la intervención es altamente efectiva y, como sugieren los resultados de nuestro estudio, ya supone un ahorro de costes en la práctica.Fortalezas y limitaciones

        Entre las fortalezas de nuestro estudio se incluyen su diseño multicéntrico, el uso de datos administrativos de hospitalización en una amplia distribución geográfica y un riguroso modelado estadístico que consideró la estacionalidad y la incertidumbre. Es importante destacar que el análisis se basó en datos observados, lo que proporciona una validación en el mundo real de estudios de modelado previos. La mayoría de los hospitales participantes eran centros pediátricos de tercer nivel. Según los datos de población provinciales del ISTAT, los centros participantes se encuentran en provincias que representan aproximadamente el 35 % de la población pediátrica italiana. Es probable que esta cifra sea conservadora, dado que las hospitalizaciones pediátricas por VRS están altamente centralizadas.

        Además, conviene reconocer algunas limitaciones. El estudio se basó en los códigos de alta de la CIE-9-CM como indicador indirecto de la infección por VRS, y la identificación de casos se restringió a códigos de diagnóstico específicos para VRS para priorizar la especificidad sobre la sensibilidad. Si bien los códigos específicos para VRS se asignan generalmente en la práctica clínica rutinaria con base en pruebas virológicas, no se dispuso de resultados de laboratorio individuales para su validación a nivel del paciente, lo que dio lugar a una clasificación errónea y a estimaciones de efecto conservadoras. Otras limitaciones incluyen el uso de datos del mundo real susceptibles a sesgos de información, el uso de tarifas regionales y la asignación proporcional de los costos del programa que pueden no haber capturado todas las variaciones locales, y la restricción del análisis a los costos médicos directos, sin considerar las consecuencias indirectas. Estudios previos han demostrado que la pérdida de productividad de los padres durante la hospitalización infantil puede ser sustancial, y la infección por VRS en la primera infancia se ha relacionado con secuelas a largo plazo, como sibilancias recurrentes y asma, con los costos de atención médica asociados. 19 , 32 , 33 Excluir estos factores puede subestimar el valor económico de la inmunización con nirsevimab. Además, incluimos a todos los niños de 18 años o menos para evaluar el impacto en todo el hospital de una estrategia dirigida a lactantes; los análisis estratificados por edad no fueron factibles porque solo se disponía de datos administrativos agregados, lo que limitaba la comparabilidad con estudios restringidos a lactantes. Finalmente, dada la estructura de series temporales de los datos, no se puede excluir por completo la autocorrelación temporal residual. Sin embargo, el tiempo calendario se modeló explícitamente utilizando términos estacionales flexibles (series de Fourier), capturando el fuerte patrón cíclico anual de las hospitalizaciones por VRS. En este contexto, la regresión de Poisson fue muy adecuada para datos de recuento observados en múltiples centros, permitiendo un ajuste sencillo para el tamaño de la población, los efectos específicos del centro y la estacionalidad durante un período de observación relativamente corto.Conclusiones

        Los resultados de esta evaluación económica de las hospitalizaciones relacionadas con el VRS en 19 hospitales pediátricos de Italia sugieren que la inmunización con nirsevimab resultó rentable y clínicamente eficaz cuando las campañas se iniciaron antes de la temporada epidémica. La implementación tardía o los criterios de elegibilidad restrictivos redujeron sustancialmente los beneficios, lo que subraya la necesidad de estrategias tempranas y coordinadas. Al costo de adquisición observado, nirsevimab fue la opción dominante en la mayoría de los entornos, lo que respalda su inclusión en los programas nacionales de inmunización. Si bien nuestro estudio no evaluó la vacunación materna, futuras investigaciones deberían analizar el posible beneficio adicional de las estrategias integradas, particularmente en entornos donde la implementación tardía o los criterios de elegibilidad restrictivos reducen el impacto de la inmunización infantil por sí sola.

        Cuando la relación coste-eficacia trasciende fronteras: el ejemplo de Nirsevimab.

        Lisa A. Prosser, PhD1,2; David W. Hutton, PhD1

        La evidencia del mundo real se utiliza cada vez más para la política de inmunización y las decisiones sobre la asignación de recursos, y en este número de JAMA Pediatrics , Attaianese et al.<sup> 1</sup> demuestran la alta rentabilidad económica potencial de la inmunización con nirsevimab para prevenir el virus sincitial respiratorio (VSR) en una amplia gama de condiciones en Italia. Utilizando modelos de regresión de Poisson basados ​​en datos de dos temporadas de hospitales que representan áreas de influencia diferentes, estiman las infecciones por VSR que habrían ocurrido en la temporada de VSR de 2024 a 2025 y las comparan con las infecciones reales observadas. Aunque existe una incertidumbre inherente al comparar una estimación basada en un modelo con las infecciones observadas, Attaianese et al.<sup> 1 </sup> concluyen que nirsevimab genera ahorros de costos, y el estudio sirve como ejemplo del valor de la inmunización para prevenir enfermedades, salvar vidas y ahorrar dinero. Más allá de sus hallazgos específicos del país, este estudio <sup>1 </sup> subraya la influencia crítica de las características del sistema de salud en la rentabilidad económica de la misma intervención en diferentes países.

        Se han realizado evaluaciones económicas de nirsevimab en muchos países, con una relación coste-efectividad que varía desde dominante (ahorro de costes) hasta no ser rentable (cocientes coste-efectividad incrementales que superan los umbrales específicos de cada país).² Es difícil comparar directamente los análisis de coste-efectividad entre países debido a las características del entorno sanitario: tanto los patrones de práctica como los costes asociados a los servicios sanitarios varían sustancialmente entre países, y estas diferencias suelen generar variaciones significativas en los resultados de las evaluaciones económicas. En los análisis de inmunización con nirsevimab, el coste de una dosis y el coste de las hospitalizaciones se perfilan como dos factores clave que explican las diferencias entre los estudios. Por ejemplo, el coste unitario por dosis fue de 230 € (266,96 USD) frente a 445 USD en un estudio estadounidense, ³ lo que representa un sobreprecio del 60 % en Estados Unidos. Otros factores, como los costes del sistema sanitario, pueden variar entre países. Las hospitalizaciones tienden a ser más prolongadas en Italia, pero con costes más bajos en comparación con Estados Unidos. 4. Unos costes de hospitalización más elevados, como los de EE. UU., darían lugar a ratios de coste-efectividad más favorables porque la carga de enfermedad que se evita es mayor, mientras que un coste por dosis más elevado daría lugar a resultados menos favorables.

        Lo que resulta particularmente notable de este estudio¹ es que podría representar un enfoque conservador para evaluar la rentabilidad, al tiempo que demuestra ahorros de costos. El análisis utiliza una perspectiva limitada del sistema de salud, incluye únicamente la utilización de servicios de salud en el ámbito hospitalario y se centra en la hospitalización como medida del beneficio para la salud. Cada uno de estos elementos de diseño limita el análisis a solo una parte de los beneficios generales para la salud que podrían atribuirse a un programa de inmunización con nirsevimab. Ampliar el análisis a una perspectiva social incluiría una definición mucho más amplia del uso de recursos y los posibles beneficios para la salud, y se recomienda generalmente para la evaluación de programas de inmunización en Estados Unidos, Canadá y otros países.⁵ , ⁶

        Los costos que van más allá del sistema de salud podrían incluir costos adicionales relacionados con la inmunización con nirsevimab, así como aquellos asociados con la enfermedad por VRS. Por ejemplo, estos podrían incluir costos médicos directos que recaen sobre la familia al cuidar a un niño enfermo en casa o en el hospital, y costos no médicos asociados con las secuelas a largo plazo después de una hospitalización por VRS. La inclusión de estas categorías adicionales de costos médicos y no médicos directos probablemente haría que la inmunización con nirsevimab fuera más rentable.

        Es importante destacar que un análisis desde la perspectiva social también incluiría los costos de tiempo, como el tiempo que los padres dedican a la vacunación y el tiempo que los cuidadores informales dedican al cuidado de un niño enfermo antes, durante y después de una hospitalización. Los costos del cuidado familiar, o efectos indirectos en la familia, representan un componente importante de la carga de enfermedad y son especialmente relevantes en el contexto de la salud infantil. 7 Para las intervenciones de salud infantil, los efectos indirectos en la familia representan un componente de valor sustancial, aunque a menudo subestimado. Además del tiempo dedicado al cuidado, los padres y otros miembros de la familia pueden experimentar pérdidas en la calidad de vida como resultado de tener un niño enfermo en la familia. 8 Si bien incorporar los costos del tiempo de los padres para la vacunación en sí (lo que aumenta el costo de la intervención) atenuaría la rentabilidad, esto casi con certeza se vería compensado por los beneficios adicionales del tiempo ahorrado y la mejora de la calidad de vida para los padres y cuidadores. En la mayoría de los casos, la inclusión de los efectos indirectos en la familia representa un área clave de valor para una intervención infantil.

        Centrarse exclusivamente en los resultados hospitalarios (hospitalizaciones por VRS, secuelas a largo plazo y hospitalizaciones por eventos adversos asociados a nirsevimab) también omite los impactos más amplios de la enfermedad por VRS que ocurren fuera del ámbito hospitalario. Renunciar al uso de años de vida ajustados por calidad (AVAC) como criterio de valoración de salud no permite una evaluación completa de los beneficios, como las muertes evitadas o la prevención de enfermedades sintomáticas fuera del ámbito hospitalario. Del mismo modo, un análisis centrado en la hospitalización también excluirá los eventos adversos asociados a la intervención que ocurren fuera del ámbito hospitalario. Si bien la inclusión de eventos adversos menos graves atenuaría la rentabilidad, lo más habitual es que la incorporación de una definición más amplia mediante AVAC produzca estimaciones más favorables de la rentabilidad.

        En resumen, si bien es difícil realizar comparaciones directas de evaluaciones económicas entre países, el estudio de Attaianese et al.<sup> 1</sup> ofrece un ejemplo de un programa de inmunización potencialmente rentable basado en evidencia del mundo real. Con un mayor escrutinio de los programas de inmunización, este análisis proporciona evidencia empírica de que nirsevimab puede prevenir hospitalizaciones y reducir los costos netos en un contexto nacional específico. El costo de la inmunización suele ser un factor determinante en los resultados de costo-efectividad. A medida que se introducen nuevas inmunizaciones con un costo por dosis más elevado, este estudio destaca que incluso una inmunización considerada costosa (por ejemplo, 230 € [266,96 USD] por dosis) puede ser rentable o generar ahorros. Sería valioso realizar estudios adicionales para validar estas conclusiones en Italia, así como evaluar la costo-efectividad real de diversas intervenciones de inmunización en contextos específicos de cada país.

        Nota sobre el uso de evidencia del mundo real para evaluar resultados económicos. Un enfoque basado en evidencia del mundo real tiene la ventaja de demostrar a los responsables de la toma de decisiones el impacto directo atribuible de una intervención en una población definida. Las desventajas de este enfoque son similares a las de los análisis de costo-efectividad basados ​​en ensayos, ya que los datos de entrada y los resultados se limitan a un horizonte temporal analítico mucho más corto que los análisis basados ​​en modelos. Los análisis basados ​​en evidencia del mundo real deben adherirse a las recomendaciones para los análisis basados ​​en ensayos para proporcionar suficiente detalle que permita la comparación con otros análisis (por ejemplo, un apéndice técnico detallado que describa el modelo de regresión, estadísticas descriptivas del conjunto de datos de entrada y resultados desagregados). De manera similar a los análisis basados ​​en ensayos, la inclusión de análisis de incertidumbre que vayan más allá de los datos del ensayo es esencial. Por ejemplo, en el estudio de Attaianese et al., ¹ realizar análisis de incertidumbre que reflejen datos conocidos a largo plazo sobre la probabilidad de hospitalización por VRS más allá de los 2 años incluidos en el período de estudio fortalecería la confianza en que el análisis refleja con precisión el riesgo de VRS en la población objetivo.

        A medida que los responsables de la toma de decisiones en materia de salud se enfrentan cada vez más a presupuestos limitados y recursos contrapuestos, la selección de la perspectiva analítica adecuada para los programas de inmunización infantil tiene implicaciones políticas. Si bien el estudio 1 de Attaianese et al. demuestra la rentabilidad económica utilizando una perspectiva más limitada del sistema de salud, el uso de una perspectiva más restringida puede conllevar el riesgo de pasar por alto áreas esenciales de valor. En particular, la omisión de los efectos indirectos en la familia y las consecuencias más allá del sector salud, como la productividad y la educación, puede resultar en una subestimación de estos importantes programas de salud pública. Para captar el valor total de la inmunización y otros programas de prevención, se requieren marcos analíticos que reflejen los beneficios sociales para la salud y el bienestar de los niños y sus familias, más allá de la reducción de la morbilidad y la mortalidad.

        Revisión sistemática: Eficacia, perfil de seguridad y rentabilidad de nirsevimab frente a palivizumab para la prevención del VRS en niños menores de 24 meses.

        Văduva, A.; Dinulescu, A.; Drăgănescu, A.C.; Man, S.C.; Pleșca, D.A. Systematic Review: Efficacy, Safety Profile, and Cost-Effectiveness of Nirsevimab Versus Palivizumab for RSV Prevention in Children Under 24 Months. Children 2026, 13, 331. https://doi.org/10.3390/children13030331

        4.1. Eficacia e impacto clínico

        El palivizumab ha demostrado una eficacia constante en la reducción de las hospitalizaciones relacionadas con el VRS, con reducciones del riesgo relativo de aproximadamente el 45-55% en poblaciones pediátricas de alto riesgo en ensayos clínicos fundamentales y estudios de la vida real. Estos efectos han sido respaldados consistentemente por múltiples revisiones sistemáticas y metaanálisis que demuestran el papel establecido del palivizumab en la profilaxis dirigida del VRS. Sin embargo, la evidencia actual indica que el palivizumab no reduce significativamente la mortalidad, la duración de las estancias hospitalarias ni otros resultados clínicos adversos más allá de la prevención de la hospitalización. Existe una limitación general en el alcance de este efecto preventivo, como la falta de evidencia suficiente para respaldar el uso rutinario de palivizumab en afecciones de alto riesgo, como la fibrosis quística, lo que requiere más investigación en poblaciones con comorbilidades más allá de la prematuridad, la cardiopatía congénita o la enfermedad pulmonar crónica. Existen desafíos logísticos asociados con la necesidad de inyecciones mensuales durante toda la temporada del VRS. Existe una limitación general en el alcance de la eficacia clínica de palivizumab, como la falta de efecto en la gran mayoría de la carga de enfermedad por VRS, especialmente en lactantes sanos a término [ 

        11 , 

        74 , 

        75 , 

        76 ]. Nirsevimab ha demostrado un alto nivel de eficacia relativa en la prevención de infecciones del tracto respiratorio inferior y hospitalizaciones asociadas al VRS, con reducciones de riesgo que van del 70 al 80% en ensayos clínicos aleatorizados y estudios del mundo real. Es importante destacar que nirsevimab ha demostrado un alto nivel de protección en una amplia gama de lactantes, como lactantes sanos a término y prematuros tardíos, durante su primera temporada de VRS. La evidencia de grandes ensayos pragmáticos y estudios poblacionales de Europa y América del Norte indica que estos beneficios clínicos se traducen en una eficacia del mundo real a gran escala, con reducciones sustanciales en los ingresos hospitalarios, la utilización de la UCI y las visitas al servicio de urgencias [ 

        25 , 

        43 , 

        77 , 

        78 , 

        79 ].

        4.2. Perfil de seguridad

        Tanto palivizumab como nirsevimab demuestran perfiles de seguridad favorables, consistentes con sus mecanismos como agentes inmunoprofilácticos pasivos. Más de 25 años de experiencia clínica y una extensa vigilancia posterior a la comercialización que abarca millones de dosis administradas en todo el mundo son particularmente ventajosos para palivizumab. Alrededor del 2-3% de los receptores experimentan eventos adversos notificados, que son predominantemente leves e incluyen reacciones en el lugar de la inyección, fiebre y erupción cutánea. Si bien las reacciones anafilácticas son extremadamente raras (menos del 0,1%), se han notificado eventos adversos graves con tasas similares a las del placebo en ensayos clínicos controlados [ 

        15 , 

        47 , 

        48 , 

        49 , 

        50 , 

        51 ]. Los estudios de seguridad a largo plazo que evalúan la administración repetida en temporadas no han demostrado un aumento en las reacciones adversas con la exposición repetida, lo que respalda la tolerabilidad de palivizumab durante múltiples temporadas de VRS [ 

        52 , 

        53 ].El perfil de seguridad de nirsevimab se ha establecido mediante ensayos clínicos con más de 4000 lactantes y programas de vigilancia en la práctica clínica habitual en varios países. Los ensayos MELODY y HARMONIE informaron tasas de eventos adversos comparables o inferiores a las del placebo, con eventos adversos graves en el 6,8 % de los receptores de nirsevimab frente al 7,3 % de los receptores de placebo [ 

        32 , 

        41 ]. En la vigilancia posterior a la comercialización llevada a cabo en varios países como España, Luxemburgo, Australia Occidental e Italia, no se han establecido nuevos problemas de seguridad para nirsevimab. Además, la mayoría de los eventos adversos han sido leves y transitorios [ 

        55 , 

        56 , 

        57 , 

        58 ]. Los datos comparativos del ensayo MEDLEY indican además que nirsevimab presenta un perfil de seguridad y tolerabilidad similar al de palivizumab en lactantes de alto riesgo, incluidos aquellos con cardiopatía congénita o enfermedad pulmonar crónica. Estos resultados respaldan el uso de nirsevimab no solo en bebés sanos a término y prematuros, sino también en poblaciones vulnerables tradicionalmente dirigidas a la profilaxis con palivizumab [ 

        54 ].

        4.3. Rentabilidad

        La evaluación económica de la inmunoprofilaxis del VRS revela una heterogeneidad sustancial entre los sistemas de salud, las poblaciones objetivo y los enfoques metodológicos. Generalmente, se considera que palivizumab es rentable en grupos de alto riesgo definidos con precisión, particularmente en entornos con tasas elevadas de hospitalización por VRS o altos costos de hospitalización. Sin embargo, muchos análisis reportan índices de costo-efectividad incrementales (ICER) muy altos que superan los umbrales de disposición a pagar comúnmente aceptados cuando la profilaxis se extiende a poblaciones infantiles más amplias. Esta heterogeneidad refleja en gran medida el alto costo de adquisición de palivizumab, la necesidad de múltiples dosis mensuales y las reducciones absolutas relativamente modestas en las hospitalizaciones entre los lactantes de menor riesgo [ 

        80 , 

        81 , 

        82 , 

        83 , 

        84 ]. En contraste, las evaluaciones de costo-efectividad de nirsevimab sugieren un perfil económico más favorable, aunque los resultados siguen siendo altamente sensibles al precio, las estrategias de implementación y las condiciones epidemiológicas locales.Estudios realizados en Europa, Canadá y Asia indican que el nirsevimab puede ser rentable cuando se dirige a lactantes de alto riesgo o prematuros, o cuando se administra estacionalmente en consonancia con el pico de circulación del VRS. Los programas universales de inmunización infantil pueden proporcionar una reducción significativa en la utilización de servicios sanitarios relacionados con el VRS. Sin embargo, su rentabilidad depende de que los precios de adquisición se mantengan por debajo de ciertos niveles para no superar los límites de la disposición a pagar. En general, la evidencia sugiere que el nirsevimab tiene el potencial de mejorar la eficiencia económica de la prevención del VRS en comparación con el palivizumab, al reducir la necesidad de dosis repetidas, proteger a las poblaciones infantiles responsables de la mayoría de las hospitalizaciones por VRS y facilitar programas de salud pública escalables. No obstante, aún existen incertidumbres relacionadas con los precios a largo plazo, la duración de la protección mediada por anticuerpos y los efectos indirectos sobre la transmisión del VRS. Se sugiere que la evaluación económica debe continuar con la disponibilidad de datos del mundo real [ 

        85 , 

        86 , 

        87 ]. El palivizumab se ha utilizado para la profilaxis del VRS en lactantes con afecciones de alto riesgo bien definidas (por ejemplo, prematuridad extrema, enfermedad pulmonar crónica o cardiopatía congénita grave) que requieren múltiples dosis durante la temporada del VRS. En cambio, el nirsevimab ofrece indicaciones más amplias y se recomienda para casi todos los lactantes que están a punto de entrar en su primera temporada de VRS debido a su larga semivida y a la comodidad de una protección con una sola dosis.

        4.4. La vacunación materna contra el VRS como estrategia preventiva alternativa.

        La vacunación materna contra el VRS ha surgido como una estrategia preventiva adicional destinada a proteger a los lactantes durante el período posnatal temprano a través de la transferencia transplacentaria de anticuerpos [ 

        84 ]. En el ensayo de fase 3 que evaluó la vacuna contra el virus sincitial respiratorio prefusión F (VSRpreF), la inmunización durante el final del embarazo se asoció con una reducción aproximada del 81,8 % en la enfermedad grave del tracto respiratorio inferior asociada al VRS entre los lactantes durante los primeros 90 días de vida, con evidencia de disminución de la protección posteriormente [ 

        88 ]. Esta ventana temprana de protección representa una ventaja significativa, particularmente para los lactantes nacidos antes de que se puedan iniciar los programas de profilaxis posnatal.Sin embargo, varias limitaciones importantes afectan la aplicabilidad en el mundo real de la vacunación materna. La duración de la protección es limitada: los niveles de anticuerpos transferidos transplacentarios disminuyen durante los primeros meses de vida, y la protección después de los 90-180 días disminuye sustancialmente, dejando a los lactantes desprotegidos durante la última parte de la temporada del VRS [ 

        88 , 

        89 ]. La vacunación contra el VRS debe realizarse dentro de un período gestacional específico (32-36 semanas) para permitir una transferencia adecuada de anticuerpos antes del parto, lo que crea desafíos logísticos en la atención prenatal de rutina. La aceptación de la vacuna materna está sujeta a las mismas reticencias y barreras de acceso que afectan a otras intervenciones prenatales, y la cobertura en programas del mundo real puede no alcanzar las condiciones de los ensayos [ 

        90 ].Los datos disponibles sugieren que nirsevimab ofrece una mayor duración de protección dentro de una sola temporada de VRS y puede administrarse independientemente del estado de vacunación materna, lo que hace que las dos estrategias sean potencialmente complementarias en lugar de mutuamente excluyentes [ 

        91 ]. Un gran estudio de cohorte basado en la población realizado en Francia (Jabagi et al., 2025), que inscribió a más de 42 000 lactantes, encontró que nirsevimab se asoció con un riesgo 26 % menor de hospitalización relacionada con el VRS en comparación con la vacunación materna RSVpreF (aHR 0,74; IC del 95 % 0,61–0,88), con reducciones adicionales en las tasas de ingreso en la UCI y la necesidad de soporte ventilatorio [ 

        92 ]. Un estudio de vigilancia multicéntrico en los Estados Unidos (Moline et al., 2025) informó una efectividad contra la hospitalización asociada al VRS del 81 % para nirsevimab y del 70 % para la vacunación materna en siete centros pediátricos, con tasas generales de hospitalización que disminuyeron hasta en un 51 % en comparación con las temporadas previas a la intervención. Estos hallazgos sugieren que, si bien ambas estrategias confieren una protección significativa, nirsevimab puede ofrecer una cobertura más amplia y consistente durante toda la temporada del VRS [ 

        93 ].Ambas estrategias no son necesariamente excluyentes: dado que la vacunación materna ofrece protección desde el nacimiento, mientras que el nirsevimab se administra después del parto, un enfoque combinado podría brindar la cobertura más completa en entornos donde ambas estén disponibles y sean asequibles. Sin embargo, la rentabilidad y la viabilidad de estas estrategias combinadas requieren una evaluación más exhaustiva antes de poder formular recomendaciones generales.

        4.5. Cumplimiento y aceptación de la vacuna por parte de los padres

        La efectividad de los programas de inmunización contra el VRS está influenciada no solo por la eficacia clínica y la rentabilidad, sino también por la aceptación de los padres y la adopción en la práctica. Por ejemplo, la necesidad de administrar palivizumab mensualmente durante toda la temporada del VRS (generalmente cinco dosis) representa un desafío considerable y se ha asociado con una adherencia subóptima. De hecho, varios estudios informan que solo entre el 22 % y el 44,5 % de los lactantes elegibles reciben el ciclo completo de profilaxis recomendado [ 94 , 95 ]. En contraste, la aceptación reportada de nirsevimab ha sido mayor, aunque variable según el contexto, oscilando entre el 91,6 % en Francia, el 60 % en Canadá y el 57 % en Austria [ 37 , 96 , 97 ].La reticencia a la vacunación sigue siendo una barrera potencial para la implementación exitosa de estrategias de prevención del VRS, especialmente en áreas donde hay falta de información sobre anticuerpos monoclonales u otras medidas introducidas recientemente. La evidencia indica consistentemente que las recomendaciones de los profesionales de la salud son los predictores más fuertes de la aceptación de los padres. Todo esto resalta la necesidad de educación y comunicación efectiva. En los últimos años, y especialmente después de la pandemia de COVID-19, la desinformación y la reticencia a la vacunación han aumentado, lo que ha llevado a brotes de enfermedades prevenibles por vacunación, como el sarampión y la tos ferina, en diferentes áreas del mundo [ 98 , 99 , 100 , 101 , 102 , 103 , 104 , 105 ]. Otro buen ejemplo es la tasa subóptima de vacunación estacional contra la influenza reportada en niños [ 106 , 107 , 108 ]. Un programa real debe incluir el monitoreo de la aceptación de la vacuna, las razones del rechazo y la atención a las preocupaciones de los padres.

        4.6. Limitaciones y futuras líneas de investigación

        Nuestra revisión sistemática presenta varias limitaciones. La ausencia de ensayos clínicos comparativos directos entre nirsevimab y palivizumab obligó a recurrir a comparaciones indirectas de estudios realizados en distintas poblaciones y periodos de tiempo. La heterogeneidad en el diseño de los estudios, las definiciones y las poblaciones limita la capacidad de llegar a conclusiones definitivas sobre su eficacia relativa. Los análisis de costo-efectividad dependen en gran medida del contexto y siguen siendo sensibles a las suposiciones relacionadas con los resultados a largo plazo, la duración de la protección y los posibles beneficios indirectos. Además, la mayor parte de la evidencia disponible sobre nirsevimab proviene de entornos de altos ingresos, mientras que la evidencia de países de ingresos bajos y medios sigue siendo limitada. Las evaluaciones económicas de palivizumab y nirsevimab se realizaron en distintos países, en diferentes periodos de tiempo (2006-2025), utilizando distintas monedas y distintas poblaciones objetivo. No se aplicó conversión de moneda ni ajuste por inflación, ya que hacerlo requeriría especificar un año de referencia y supuestos sobre el tipo de cambio que no están presentes en las publicaciones originales, lo que introduciría incertidumbre adicional. En consecuencia, los datos de rentabilidad de nirsevimab y palivizumab se presentan por separado y de forma descriptiva, y las comparaciones entre estudios deben interpretarse con precaución.En futuras investigaciones se deben abordar las siguientes áreas. Se necesitan estudios de seguimiento a largo plazo para determinar si la prevención del VRS durante la infancia influye en los resultados respiratorios posteriores, incluido el desarrollo de asma y sibilancias recurrentes. La integración óptima de las estrategias de vacunación materna con la inmunoprofilaxis infantil requiere una mayor investigación mediante estudios de efectividad comparativa. La evaluación del impacto económico de la infección por VRS debe ampliarse para incluir consideraciones sociales, incluido el impacto en la productividad de los padres. Los estudios de efectividad en la práctica clínica real realizados en diversas regiones geográficas y sistemas de salud serán esenciales para comprender mejor el impacto de nirsevimab en diferentes condiciones epidemiológicas de la infección por VRS. La importancia de la vigilancia posterior a la comercialización es fundamental, en particular con respecto a los efectos secundarios poco frecuentes que pueden no ser evidentes en los ensayos clínicos.Recientemente, el 9 de junio de 2025, la FDA aprobó clesrovimab, otro anticuerpo monoclonal de acción prolongada para la profilaxis del VRS, lo que representa una opción prometedora adicional para las estrategias de prevención del VRS [ 109 ]. Datos recientes de ensayos clínicos indican que clesrovimab proporciona una protección sustancial contra la infección del tracto respiratorio inferior asociada al VRS y la hospitalización en lactantes, con un perfil de seguridad favorable y sin señales de seguridad importantes notificadas en comparación con placebo [ 110 , 111 ].

        Nirsevimab representa un avance prometedor en la prevención del VRS en lactantes y niños pequeños, con un perfil favorable de eficacia y seguridad y una pauta de administración de dosis única que ofrece ventajas prácticas sobre palivizumab en términos de viabilidad programática y cobertura poblacional. En los estudios incluidos en esta revisión, nirsevimab demostró estimaciones de eficacia más elevadas en ensayos clínicos fundamentales con lactantes sanos a término y prematuros tardíos, una población para la que palivizumab no está indicado de forma rutinaria, y los datos del mundo real de varios países respaldan estos hallazgos en la práctica clínica.
        Sin embargo, es importante tener en cuenta algunas precauciones. Actualmente no existen ensayos clínicos comparativos directos entre nirsevimab y palivizumab, y la naturaleza indirecta de las comparaciones disponibles limita la solidez de las conclusiones que se pueden extraer. La relación coste-efectividad de nirsevimab es muy sensible al precio de adquisición, la población objetivo, el contexto del sistema sanitario y los umbrales de disposición a pagar, y no está establecida de forma uniforme en todos los entornos. Palivizumab mantiene un papel bien establecido en poblaciones de alto riesgo, en particular en bebés prematuros y en personas con cardiopatías congénitas o enfermedades pulmonares crónicas, donde décadas de experiencia clínica y un sólido historial de seguridad respaldan su uso continuado, especialmente en entornos donde la disponibilidad o la asequibilidad de nirsevimab siguen siendo limitadas.
        La evidencia acumulada respalda una evaluación más exhaustiva de las estrategias basadas en nirsevimab para la prevención más amplia del VRS, incluidos los programas de inmunización infantil universal, siempre que los precios y las condiciones del sistema de salud lo permitan. El desarrollo de recomendaciones específicas para cada contexto y que tengan en cuenta el precio será fundamental para convertir el potencial de nirsevimab en un impacto equitativo en la salud pública. En última instancia, la elección entre las estrategias de profilaxis del VRS disponibles debe guiarse por la epidemiología local, los recursos sanitarios y la mejor evidencia disponible en el momento de la toma de decisiones.

        LOS DRES. KNOCK DEL SIGLO XXI:

        Factorología y medicalización universal

        Dr. Carlos Alberto Díaz

        saludbydiaz.com

        De la ficción al diagnóstico social

        Un siglo después de Jules Romains, la lógica de Knock no solo sobrevivió: se sofisticó. Ya no necesita un pueblo ni un posadero-enfermero; tiene checkeos ejecutivos, wearables, campañas de “detección temprana” y algoritmos que convierten cualquier variable biológica en un factor de riesgo accionable. La factorología —la multiplicación de factores de riesgo como categoría médica autónoma, desprendida muchas veces de la enfermedad real que dicen anunciar— es el instrumento técnico que actualiza aquella máxima de que “toda persona sana es un enfermo que se ignora”. Hoy no hace falta ignorarlo: un estudio de laboratorio, una app o un dispositivo se encargan de recordárselo todos los días.

        Lo notable del fenómeno contemporáneo es su escala. Knock necesitaba convencer a un pueblo entero mediante charlas y visitas domiciliarias; los sistemas de salud actuales cuentan con guías de práctica clínica, sociedades científicas, industria farmacéutica y de dispositivos, medios masivos y algoritmos de estratificación de riesgo que operan simultáneamente sobre poblaciones enteras.

        La factorología ya no es la estrategia comercial de un médico aislado: es una arquitectura institucional distribuida entre múltiples actores con incentivos convergentes hacia la ampliación constante del universo de “pacientes en riesgo” o sea todos.

        Los mecanismos técnicos de la factorología actual

        A diferencia del Knock original, que operaba con sugestión y autoridad personal, la factorología contemporánea se apoya en instrumentos que parecen objetivos y por eso son más difíciles de cuestionar:

        • El corrimiento progresivo de los puntos de corte de normalidad (colesterol, presión arterial, glucemia, densidad ósea), que convierte en “altera” a poblaciones que antes se consideraban sanas, sin que necesariamente cambie el riesgo absoluto de eventos clínicos.
        • La proliferación de estudios de tamizaje sin evaluación rigurosa de daño neto (sobrediagnóstico, falsos positivos, cascadas de estudios complementarios, ansiedad iatrogénica).
        • La medicina de precisión y los wearables de autocontrol, que generan flujos continuos de datos biométricos y convierten la variabilidad fisiológica normal en motivo de consulta.
        • Los incentivos económicos de la oferta —privada y también pública cuando se financia por prestación— que premian la generación de demanda antes que la resolución costo-efectiva del problema de salud.

        Un fenómeno que atraviesa las clases, pero de modo distinto

        Lo que esta factorología logra no es homogéneo. Afecta a toda la sociedad, pero con lógicas diferenciadas:

        • En las clases media-alta y alta, el mecanismo opera por exceso: sobrediagnóstico, sobretratamiento, medicina defensiva y de consumo. Se multiplican estudios, segundas opiniones, suplementos y prácticas preventivas de dudoso sustento en evidencia, muchas veces impulsadas por una oferta privada que necesita generar demanda propia —el viejo problema de la inducción de demanda por el oferente, ahora con marketing de wellness.
        • En la clase media-baja, el mismo discurso se traduce en ansiedad sanitaria sin siempre tener el acceso económico para sostenerla: gasto de bolsillo creciente, medicalización de la vida cotidiana (estrés, sueño, rendimiento) y una relación con el sistema de salud mediada por el miedo antes que por la necesidad clínica objetiva.
        • Los sectores más postergados, en cambio, quedan fuera de esta maquinaria de captación temprana. No reciben el mismo bombardeo preventivo ni el mismo acceso a la detección oportuna. Su ingreso al sistema suele producirse tarde, cuando la enfermedad ya está avanzada, complicada y con menor margen terapéutico.
        La paradoja central La factorología sobra donde hay recursos para consumirla y falta donde haría verdadera diferencia clínica. 
        Estrato socialManifestación de la factorologíaConsecuencia dominante
        Clases alta y media-altaSobrediagnóstico y sobretratamiento; medicina de consumo y chequeos ejecutivosGasto elevado sin beneficio clínico proporcional; iatrogenia por exceso
        Clase media-bajaAnsiedad sanitaria; medicalización de la vida cotidianaGasto de bolsillo creciente sin mejora equivalente en resultados
        Sectores postergadosExclusión de la captación preventiva tempranaIngreso tardío, enfermedad avanzada, peor pronóstico

        El costo sistémico

        Esta distribución desigual no es solo una injusticia epidemiológica; es también una fuente de ineficiencia y de insustentabilidad financiera para los sistemas de salud. Los recursos se concentran en la prevención cuaternaria de los que menos la necesitan, mientras la atención de los que llegan tarde exige internaciones más prolongadas, tecnología de mayor complejidad y peores resultados en salud por unidad de gasto. El sistema termina pagando dos veces: por medicalizar al sano y por curar tarde al enfermo real.

        A esto se suma un costo menos visible pero igualmente relevante: el desgaste de la confianza social en la medicina preventiva. Cuando la población percibe que buena parte de la actividad de tamizaje y de “factores de riesgo” responde a lógicas comerciales o defensivas más que a evidencia sólida de beneficio, se erosiona la adherencia a las intervenciones preventivas que sí tienen respaldo —vacunación, control de hipertensión severa, detección de cáncer con protocolos validados— y aumenta el escepticismo generalizado frente al sistema de salud.

        El desafío para la gestión sanitaria

        Frente a esto, la respuesta no puede ser el rechazo ingenuo de la prevención, sino la construcción de criterios de valor clínico: distinguir factor de riesgo de enfermedad, jerarquizar la evidencia sobre el beneficio neto de cada intervención preventiva, y —sobre todo— reorientar deliberadamente los recursos de detección temprana hacia quienes hoy llegan tarde y complicados.

        • Incorporar el concepto de prevención cuaternaria como criterio explícito de calidad asistencial, con indicadores de sobrediagnóstico y sobretratamiento evitable.
        • Priorizar la asignación de recursos de tamizaje según carga de enfermedad real y equidad de acceso, no según capacidad de pago o demanda espontánea.
        • Formar a los equipos de salud en lectura crítica de la evidencia sobre factores de riesgo, para diferenciar asociación estadística de beneficio clínico demostrado.
        • Diseñar estrategias activas de búsqueda y captación temprana específicamente dirigidas a los sectores que hoy ingresan tarde al sistema.

        La medicina del triunfo de Knock no será derrotada con menos ciencia, sino con más criterio: gestionar la salud con equidad, no solo con algoritmos de riesgo.

        El contexto internacional: un problema que trasciende fronteras

        Organismos como la OCDE y la OMS vienen documentando hace más de una década el crecimiento sostenido del gasto en salud sin una correlación equivalente en resultados poblacionales, un patrón que coincide con la expansión de los umbrales diagnósticos y de las guías de tamizaje en enfermedades cardiovasculares, metabólicas y oncológicas. El fenómeno no es exclusivo de los sistemas de salud latinoamericanos: en Estados Unidos se lo ha descripto bajo el término “disease mongering” (invención o exageración de enfermedades para ampliar mercados), y en Europa ha motivado iniciativas como “Choosing Wisely”, orientadas a identificar y reducir prácticas de bajo valor clínico.

        En el contexto argentino, con un sistema fragmentado entre subsector público, obras sociales y prepagas, esta dinámica adquiere un matiz adicional: la competencia entre financiadores privados por captar afiliados de bajo riesgo puede reforzar los incentivos a la sobreoferta de estudios preventivos en los segmentos de mayor poder adquisitivo, mientras el subsector público —con menores recursos relativos— concentra a la población que llega tarde y con mayor complejidad. Comprender esta dinámica es central para cualquier estrategia de cobertura universal de salud que aspire a ser, a la vez, clínicamente racional y socialmente equitativa.

        Reflexión final

        Jules Romains escribió su comedia como una advertencia sobre los límites entre educar en salud y fabricar enfermos. Un siglo más tarde, esa advertencia no ha perdido vigencia: se ha vuelto más urgente, porque la escala del fenómeno ya no se mide en un pueblo sino en sistemas de salud completos, con presupuestos que crecen sin que la salud poblacional mejore en la misma proporción.

        El verdadero triunfo de la medicina no puede medirse por la cantidad de personas etiquetadas como “en riesgo”, sino por su capacidad de identificar y tratar oportunamente a quien realmente lo necesita —sin importar su clase social— y de resistir la tentación, tan antigua como el propio Knock, de convertir la salud de todos en la enfermedad de todos.

        Todos estamos enfermos de algo

        Dr. Carlos Alberto Díaz

        Lamento deciros, que todos estamos enfermos de algo, o sino pre-enfermos, en tal caso, si ello no ocurriese, es que están insuficiente estudiados, el paradigma de aquella pieza de teatro, el Dr. Knock o el triunfo de la medicina, un siglo después que Jules Romand publicara esta pieza, existen los Doctores Knock de la actualidad que medicalizan la vida a los pacientes, y los convierten en enfermos, en consumidores de los sistemas de salud, esto me llevó a escribir el siguiente posteo:

        LOS DRES. KNOCK DEL SIGLO XXI:

        Factorología y medicalización universal

        saludbydiaz.com

        De la ficción al diagnóstico social

        Un siglo después de Jules Romains, la lógica de Knock no solo sobrevivió: se sofisticó. Ya no necesita un pueblo ni un posadero-enfermero; tiene checkeos ejecutivos, wearables, campañas de “detección temprana” y algoritmos que convierten cualquier variable biológica en un factor de riesgo accionable. La factorología —la multiplicación de factores de riesgo como categoría médica autónoma, desprendida muchas veces de la enfermedad real que dicen anunciar— es el instrumento técnico que actualiza aquella máxima de que “toda persona sana es un enfermo que se ignora”. Hoy no hace falta ignorarlo: un estudio de laboratorio, una app o un dispositivo se encargan de recordárselo todos los días.

        Un fenómeno que atraviesa las clases, pero de modo distinto

        Lo que esta factorología logra no es homogéneo. Afecta a toda la sociedad, pero con lógicas diferenciadas:

        • En las clases media-alta y alta, el mecanismo opera por exceso: sobrediagnóstico, sobretratamiento, medicina defensiva y de consumo. Se multiplican estudios, segundas opiniones, suplementos y prácticas preventivas de dudoso sustento en evidencia, muchas veces impulsadas por una oferta privada que necesita generar demanda propia —el viejo problema de la inducción de demanda por el oferente, ahora con marketing de wellness.
        • En la clase media-baja, el mismo discurso se traduce en ansiedad sanitaria sin siempre tener el acceso económico para sostenerla: gasto de bolsillo creciente, medicalización de la vida cotidiana (estrés, sueño, rendimiento) y una relación con el sistema de salud mediada por el miedo antes que por la necesidad clínica objetiva.
        • Los sectores más postergados, en cambio, quedan fuera de esta maquinaria de captación temprana. No reciben el mismo bombardeo preventivo ni el mismo acceso a la detección oportuna. Su ingreso al sistema suele producirse tarde, cuando la enfermedad ya está avanzada, complicada y con menor margen terapéutico.
        La paradoja central La factorología sobra donde hay recursos para consumirla y falta donde haría verdadera diferencia clínica.

        El costo sistémico

        Esta distribución desigual no es solo una injusticia epidemiológica; es también una fuente de ineficiencia y de insustentabilidad financiera para los sistemas de salud. Los recursos se concentran en la prevención cuaternaria de los que menos la necesitan, mientras la atención de los que llegan tarde exige internaciones más prolongadas, tecnología de mayor complejidad y peores resultados en salud por unidad de gasto. El sistema termina pagando dos veces: por medicalizar al sano y por curar tarde al enfermo real.

        El desafío para la gestión sanitaria

        Frente a esto, la respuesta no puede ser el rechazo ingenuo de la prevención, sino la construcción de criterios de valor clínico: distinguir factor de riesgo de enfermedad, jerarquizar la evidencia sobre el beneficio neto de cada intervención preventiva, y —sobre todo— reorientar deliberadamente los recursos de detección temprana hacia quienes hoy llegan tarde y complicados. La medicina del triunfo de Knock no será derrotada con menos ciencia, sino con más criterio: gestionar la salud con equidad, no solo con algoritmos de riesgo.

        Consumo de Bebidas y Alimentos con AZUCAR desde la Infancia hasta la Adultez y Riesgo de Hipertensión Arterial

        Un Estudio de Cohorte Prospectivo (GUTS, 1996–2021)

        Nguyen M, AlEssa HB, Glenn AJ, Tobias DK, Chavarro JE, Willett WC, Hu FB, Hanley AJ, Birken CS, Sievenpiper JL, Malik VS. Circulation. 2026;154:00–00.

        Mensaje Central
        • El consumo de fructosa total, considerado como nutriente aislado, no se asoció con hipertensión arterial.
        • Sin embargo, las bebidas azucaradas (SSB) y los jugos de fruta —como matrices líquidas de fructosa— sí se asociaron con mayor riesgo de hipertensión, mientras que la fruta entera no.
        • Reemplazar 1 porción/día de SSB por fruta entera, leche o agua se asoció con 22%, 13% y 9% menos riesgo de hipertensión, respectivamente.
        • El hallazgo respalda las políticas de salud pública que priorizan la fuente alimentaria completa por sobre el nutriente aislado, desde la infancia.

        1. Introducción y Contexto

        La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo para la carga global de enfermedad, y contribuye de manera sustancial a la morbimortalidad cardiovascular. Se estima que afecta a más de 1.000 millones de personas en el mundo y se vincula con aproximadamente 9,4 millones de muertes anuales. Su prevalencia ha aumentado marcadamente también en poblaciones más jóvenes, incluidos niños y adolescentes, lo que ha puesto de relieve la importancia de la detección y prevención tempranas.

        La hipertensión suele coexistir con obesidad, diabetes tipo 2 y dislipidemia, factores que en conjunto elevan de forma significativa el riesgo cardiovascular. No obstante, se trata de una condición ampliamente modificable a través de factores de estilo de vida, en particular mediante la mejora de la calidad de la dieta y la reducción del consumo de azúcares. Las etapas de la niñez y la adolescencia constituyen ventanas críticas para moldear la salud cardiometabólica a largo plazo.

        El sobreconsumo de azúcares ha sido implicado como impulsor de la enfermedad cardiometabólica, con especial atención a la fructosa por su respuesta metabólica particular en el hígado. Sin embargo, el estudio parte de una premisa central: la fuente alimentaria completa importa tanto como el nutriente en sí, porque diferentes matrices alimentarias pueden modificar la absorción y la biodisponibilidad del azúcar. Esto es consistente con el giro observado en las guías internacionales, que se han desplazado desde recomendaciones basadas en nutrientes aislados hacia recomendaciones basadas en patrones alimentarios y alimentos concretos.

        En este marco, las bebidas azucaradas (SSB, por sus siglas en inglés) representan una fuente mayor de fructosa y han sido consistentemente vinculadas a resultados adversos de salud. Los jugos de fruta, en cambio, contienen altas cantidades de azúcares libres y fructosa —similares a las de las SSB— pero conservan muchas vitaminas y minerales presentes en la fruta original; sin embargo, carecen de la fibra dietética. La fruta entera, por su parte, aporta fibra y polifenoles que podrían proteger de forma independiente frente a la enfermedad cardiovascular. La evidencia sobre jugo de fruta e hipertensión ha sido mixta, y las guías dietéticas internacionales al respecto siguen siendo inconsistentes.

        La literatura existente sobre fuentes de fructosa e hipertensión se ha concentrado mayormente en ensayos de corto plazo o en poblaciones adultas, con escasos estudios que evalúen patrones de consumo a largo plazo a través de etapas críticas de la vida. Este estudio buscó examinar la asociación entre la ingesta diaria de fructosa total y sus principales fuentes alimentarias y de bebidas —SSB, jugo de fruta y fruta entera— con el riesgo de hipertensión, en una cohorte prospectiva de gran tamaño, siguiendo a los participantes desde la infancia hasta la adultez.

        Esta pregunta de investigación tiene una relevancia particular para la planificación sanitaria, dado que las intervenciones de prevención primaria de enfermedad cardiovascular tienden a concentrar sus esfuerzos y recursos en la población adulta, cuando la evidencia acumulada indica que los patrones de consumo se instalan mucho antes, durante la niñez y la adolescencia, y tienden a persistir con el paso de los años. Comprender cuál de las fuentes alimentarias de fructosa concentra el mayor riesgo permite orientar de forma más eficiente las políticas de etiquetado, regulación y educación alimentaria, en lugar de aplicar mensajes indiferenciados de «reducir el azúcar» que no distinguen entre matrices alimentarias con perfiles de riesgo claramente distintos.

        2. Métodos

        2.1 Población y diseño del estudio

        El análisis se realizó en GUTS (Growing Up Today Study), una cohorte prospectiva en curso que reclutó a los hijos de participantes del Nurses’ Health Study II (NHS II). La primera fase de reclutamiento (GUTS I) se inició en 1996 e incluyó 16.875 niños de Estados Unidos de entre 9 y 14 años de edad al momento basal. La segunda fase (GUTS II) se inició en 2004 e incluyó 10.918 niños de entre 9 y 16 años. En 2013, ambas cohortes se fusionaron para el seguimiento continuo, que se extendió hasta 2021 (edad media al reclutamiento, 12 años; edad media al final del seguimiento, 36 años).

        Se excluyeron los individuos con hipertensión al momento basal, aquellos con datos dietéticos basales faltantes y quienes reportaron valores de energía total implausibles (menos de 500 o más de 5.000 kcal/día). Tras las exclusiones, la muestra analítica final incluyó 25.749 participantes (55% mujeres, 96% de raza blanca no hispana).

        2.2 Evaluación de la dieta

        La dieta se evaluó mediante un cuestionario de frecuencia alimentaria (FFQ) semicuantitativo de 132 ítems, validado, administrado anualmente entre 1996 y 1998, y luego en 2001, 2004, 2006, 2008, 2011 y 2015. Las SSB se definieron como gaseosas, bebidas de fruta (con azúcar añadida) y bebidas deportivas. Los jugos de fruta se definieron como jugo de naranja, de manzana y otros jugos 100% de fruta. La fruta entera incluyó manzanas, naranjas, bananas, mangos, uvas, peras, melones, frutillas y duraznos. Los equivalentes de fructosa total (TFE) se calcularon sumando la fructosa monosacárido y la fructosa proveniente de la sacarosa en todos los ítems del FFQ que contenían fructosa.

        2.3 Evaluación de hipertensión y covariables

        La hipertensión se determinó por autorreporte en los cuestionarios de 2010 a 2021, preguntando si el participante había sido diagnosticado alguna vez por un profesional de la salud, con indicación del año de diagnóstico. Estudios previos han demostrado una alta validez del autorreporte de hipertensión en esta cohorte. Se recolectó información sobre antropometría (incluido el IMC autorreportado, de validez comprobada), actividad física, tiempo de pantalla, sueño, tabaquismo, uso de multivitamínicos y otros factores dietéticos relevantes (carnes rojas y procesadas, frutas, verduras y granos enteros).

        2.4 Análisis estadístico

        Se utilizaron modelos de regresión de riesgos proporcionales de Cox para estimar los hazard ratios (HR) e intervalos de confianza del 95% (IC 95%) de la asociación entre TFE, SSB, jugo de fruta y fruta entera (promedios acumulativos) y el riesgo de hipertensión incidente, ajustando por factores dietéticos y de estilo de vida. Se evaluó el supuesto de riesgos proporcionales sin evidencia de violación para ninguna exposición. Se realizaron análisis de dosis-respuesta mediante splines cúbicos restringidos y análisis de sustitución, contrastando 1 porción/día de SSB o de jugo de fruta por una porción equivalente de fruta entera, leche o agua.

        3. Resultados Principales

        Durante hasta 25 años de seguimiento, 1.625 participantes (6,3%) reportaron un diagnóstico de hipertensión. La edad mediana al momento del diagnóstico fue 36 años (rango intercuartílico, 32–38 años). Al inicio, los participantes tenían una edad media de 12±1,86 años y un IMC medio de 19,6±3,73 kg/m²; al final del seguimiento, la edad media fue 36±1,66 años. La cohorte fue 55% mujeres y 96% de raza blanca no hispana.

        3.0 Características basales según nivel de consumo

        El análisis descriptivo basal reveló un patrón consistente y clínicamente relevante: quienes tenían mayor consumo de SSB y de TFE presentaron, en promedio, mayor IMC, mientras que quienes consumían más jugo de fruta y fruta entera tendieron a tener menor IMC y mayor probabilidad de usar multivitamínicos. Asimismo, mayor consumo de SSB, jugo de fruta y fruta entera se asoció con mayor ingesta energética total y mayor actividad física, un patrón esperable dado que las necesidades energéticas también aumentan con el crecimiento y la actividad.

        Variable basal (ajustada por edad)SSB más bajo (<3/sem)SSB más alto (≥2/d)
        IMC (kg/m2)19,7 ± 3,919,8 ± 3,9
        Actividad fisica (MET/sem)92,7 ± 66,1119,2 ± 77,9
        Energia total (kcal/d)1805 ± 5962622 ± 731
        Fumador actual (%)813
        Uso de multivitaminico (%)4341

        Tabla 2. Comparacion de caracteristicas basales entre categorias extremas de consumo de SSB (Tabla 1 original, GUTS).

        3.1 Fructosa total (TFE)

        En los modelos multivariables ajustados por estilo de vida y factores dietéticos, la ingesta total de fructosa no se asoció con el riesgo de hipertensión. Al comparar el quintil más alto de ingesta (>81 g/día) con el más bajo, el HR fue 1,07 (IC 95%, 0,92–1,25). El análisis de dosis-respuesta no mostró una desviación significativa de la linealidad.

        3.2 Bebidas azucaradas (SSB)

        La ingesta más alta de SSB (≥2 porciones/día) se asoció significativamente con un mayor riesgo de hipertensión frente al grupo de referencia (<3 porciones/semana): HR 1,52 (IC 95%, 1,27–1,83). Cada incremento de 1 porción/día de SSB se asoció con un 14% más de riesgo (HR 1,14; IC 95%, 1,07–1,22). Al analizar subtipos, tanto las gaseosas (HR 1,23) como las bebidas deportivas (HR 1,36) se asociaron significativamente con mayor riesgo, mientras que las bebidas de fruta punch no mostraron asociación.

        Gráfico 2 (elaboración propia a partir de los datos del estudio). Relación dosis-respuesta entre categorías de consumo de SSB y hazard ratio de hipertensión.

        3.3 Jugo de fruta

        La ingesta más alta de jugo de fruta (≥1,5 porciones/día) se asoció con mayor riesgo de hipertensión frente al grupo de referencia (<1 porción/semana): HR 1,35 (IC 95%, 1,06–1,71). El análisis de dosis-respuesta sugirió un patrón en forma de J, con una tendencia hacia menor riesgo en ingestas bajas y mayor riesgo en ingestas altas. Al examinar subtipos, el jugo de naranja se asoció con un 20% más de riesgo por porción diaria, mientras que el jugo de manzana y otros jugos no mostraron asociación significativa.

        3.4 Fruta entera

        La ingesta más alta de fruta entera (≥1,5 porciones/día) no se asoció con el riesgo de hipertensión (HR 0,79; IC 95%, 0,59–1,06), aunque se observó una tendencia hacia un efecto protector que no alcanzó significación estadística. No se hallaron diferencias entre frutas templadas y tropicales.

        Exposición (categoría más alta vs. referencia)HRIC 95%P tendencia
        Fructosa total (TFE), Q5 vs Q11,070,92 – 1,25<0,001
        Bebidas azucaradas (SSB), ≥2/d vs <3/sem1,521,27 – 1,83<0,001
        Jugo de fruta, ≥1,5/d vs <1/sem1,351,06 – 1,710,018
        Fruta entera, ≥1,5/d vs <1/sem0,790,59 – 1,060,08

        Tabla 1. Riesgo de hipertensión según fuente de fructosa (modelo multivariable 2, ajustado por IMC). Fuente: adaptado de Nguyen et al., Circulation, 2026.

        Gráfico 1 (elaboración propia a partir de los datos del estudio). Hazard ratios e IC 95% para hipertensión según fuente de fructosa, categoría más alta vs. referencia.

        3.5 Análisis de sustitución

        El estudio realizó análisis de sustitución de 1 porción/día, con hallazgos de relevancia directa para la práctica clínica y la formulación de recomendaciones alimentarias:

        Sustituciones asociadas con menor riesgo de hipertensión • Reemplazar 1 SSB/día por fruta entera → 22% menos riesgo (HR 0,78; IC 95%, 0,69–0,89) • Reemplazar 1 SSB/día por leche → 13% menos riesgo (HR 0,87; IC 95%, 0,80–0,95) • Reemplazar 1 SSB/día por agua → 9% menos riesgo (HR 0,91; IC 95%, 0,85–0,97) • Reemplazar 1 jugo de fruta/día por fruta entera → 19% menos riesgo (HR 0,81; IC 95%, 0,68–0,97) • No se observó beneficio al reemplazar SSB por jugo de fruta, ni al reemplazar jugo de fruta por leche o agua.

        Gráfico 3 (elaboración propia a partir de los datos del estudio). Reducción porcentual del riesgo de hipertensión al sustituir 1 porción/día de SSB o jugo de fruta por otras opciones.

        3.6 Análisis estratificados y de sensibilidad

        Los análisis por subgrupos según edad (<25 vs. ≥25 años), sexo, grupo étnico, IMC, actividad física y uso de multivitamínico resultaron mayormente consistentes con los hallazgos principales, sin evidencia de modificación relevante del efecto. Una excepción destacable fue la estratificación por actividad física en relación con la fructosa total: quienes se ubicaban por debajo de la mediana de actividad física mostraron un riesgo levemente mayor asociado a TFE (HR 1,07; IC 95%, 1,00–1,14), frente a quienes estaban por encima de la mediana (HR 0,95; IC 95%, 0,85–1,05; P de interacción = 0,01). En las demás exposiciones (SSB, jugo de fruta, fruta entera) no se observó modificación significativa del efecto por actividad física.

        En los análisis de sensibilidad, que evaluaron la ingesta basal (representativa de la niñez/adolescencia), la actualización simple del consumo más reciente, y la incorporación del IMC basal como covariable adicional, los resultados se mantuvieron ampliamente consistentes con el análisis principal, lo que refuerza la solidez de las asociaciones encontradas frente a distintas formas de modelar la exposición dietética a lo largo del tiempo.

        4. Discusión e Interpretación

        El hallazgo central del estudio —la disociación entre fructosa total y riesgo de hipertensión, frente a la asociación clara con SSB y jugo de fruta— refuerza la necesidad de considerar la fuente alimentaria completa y no el nutriente de forma aislada. Este patrón es consistente con estudios previos del NHS y del Health Professionals Follow-up Study (HPFS), que encontraron que la fructosa proveniente de azúcar añadida y jugo se asociaba con mayor riesgo de enfermedad coronaria en la adultez media, mientras que la fructosa de fruta entera no. Un estudio en el UK Biobank encontró un patrón similar: la fructosa proveniente de bebidas se asoció positivamente con hipertensión, mientras que la fructosa de fuentes sólidas se asoció inversamente.

        4.1 Mecanismos biológicos propuestos

        Los autores proponen varios mecanismos que explicarían las asociaciones diferenciales observadas. La ingesta excesiva de fructosa, en particular desde fuentes líquidas, se metaboliza en el hígado y puede aumentar la producción de ácido úrico, lo que se ha vinculado con disfunción endotelial y elevación de la presión arterial. Además, el exceso de fructosa promueve la lipogénesis de novo hepática, incrementando la producción de triglicéridos y lipoproteínas de muy baja densidad, contribuyendo a la dislipidemia y a la acumulación de grasa ectópica.

        Un mecanismo adicional, común a SSB y jugo de fruta como fuentes líquidas, es su menor capacidad de saciar en comparación con los alimentos sólidos, lo que puede generar una compensación incompleta de energía en comidas posteriores y favorecer el aumento de peso —factor de riesgo bien establecido para la hipertensión. Los autores señalan, a modo de ejemplo, que un vaso de 240 ml de jugo de naranja equivale a aproximadamente 3 naranjas enteras, una cantidad muy superior a la que normalmente se consumiría en una sola sesión si se tratara de fruta entera.

        4.2 El caso particular del jugo de fruta

        La evidencia sobre jugo de fruta y riesgo cardiometabólico ha sido históricamente mixta. En este estudio, la curva de dosis-respuesta sugirió un patrón en forma de J: en dosis bajas a moderadas, el potencial beneficio de vitaminas, minerales y polifenoles podría contrarrestar los efectos metabólicos adversos del exceso de fructosa y energía, mientras que en dosis altas predominaría el daño. Llama la atención que, al desagregar por subtipo, solo el jugo de naranja mostró asociación significativa; los autores plantean como hipótesis una posible mala clasificación de bebidas de sabor naranja con azúcar añadida (más cercanas en su perfil a una SSB) que podrían haber sido reportadas como jugo de naranja durante la infancia, sesgando la asociación.

        4.3 Rol de las bebidas deportivas

        Un hallazgo que merece atención específica es la asociación significativa entre bebidas deportivas y mayor riesgo de hipertensión (36% de aumento por porción diaria), dado que estos productos suelen comercializarse bajo una imagen de promoción de la salud y el rendimiento físico. Este estudio representa una de las evaluaciones prospectivas de mayor escala sobre bebidas deportivas e hipertensión hasta la fecha, y sugiere que su contenido de azúcares y sodio podría contribuir al riesgo mediante exceso energético, retención de sodio y alteración del balance de fluidos.

        4.4 Concordancia con la evidencia sistemática previa

        Los hallazgos son consistentes con revisiones sistemáticas y metaanálisis previos en niños y adultos. Un metaanálisis de estudios observacionales en niños encontró que el alto consumo de SSB se asoció con una presión sistólica 1,67 mmHg más alta y un 36% más de riesgo de hipertensión, sin diferencia significativa en la presión diastólica; sin embargo, la mayoría de esos estudios eran transversales o de seguimiento corto, sin capacidad de evaluar el riesgo a largo plazo hasta la adultez. Un metaanálisis de estudios de cohorte en adultos encontró, además, una asociación lineal significativa entre SSB e hipertensión, y un patrón dosis-dependiente para el jugo de fruta, con asociaciones protectoras en niveles de consumo moderados y perjudiciales en niveles altos — coincidente con el patrón en forma de J observado en este estudio.

        Un análisis previo utilizando solo la cohorte GUTS I había mostrado resultados ampliamente consistentes; el presente estudio amplía ese trabajo al incrementar el tamaño muestral y el tiempo de seguimiento, y al incorporar por primera vez los análisis de dosis-respuesta y de sustitución, lo que aporta una comprensión más completa y clínicamente aplicable de la relación entre el consumo de bebidas y el riesgo de hipertensión.

        En cuanto a la fruta entera, la evidencia disponible —incluyendo estudios del Women’s Health Initiative y metaanálisis de cohortes prospectivas— ha vinculado consistentemente su consumo con un menor riesgo de hipertensión y enfermedad cardiometabólica, respaldando su rol central en patrones alimentarios saludables como la dieta mediterránea y el patrón DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension). En este estudio, la tendencia hacia un efecto protector no alcanzó significación estadística, posiblemente por el rango relativamente acotado de consumo de fruta entera en la cohorte.

        5. Fortalezas y Limitaciones

        Fortalezas del estudio • Duración prolongada del seguimiento (hasta 25 años), desde la niñez hasta la adultez temprana-media. • Tamaño muestral amplio (n=25.749) y mediciones dietéticas repetidas mediante FFQ validado. • Análisis de dosis-respuesta y de sustitución, que aportan directrices prácticas y accionables. • Ausencia de violación del supuesto de riesgos proporcionales en todos los modelos.
        Limitaciones a considerar • Diseño observacional: no puede descartarse confusión residual pese al ajuste extenso por covariables. • Hipertensión e IMC autorreportados (aunque con validez previamente demostrada en esta cohorte). • Posible sesgo de clasificación errónea en el FFQ y en la distinción entre jugo de naranja y bebidas de sabor naranja. • Población predominantemente blanca no hispana (96%), lo que limita la generalización a poblaciones diversas. • El uso de «última observación arrastrada» (last observation carried forward) para datos faltantes puede introducir sesgo si el patrón de pérdida de datos no es aleatorio.

        6. Implicancias Clínicas y de Salud Pública

        Desde la perspectiva de la gestión sanitaria y la salud pública, este estudio aporta evidencia longitudinal robusta para sustentar políticas y guías clínicas que limiten el consumo de bebidas azucaradas y jugo de fruta desde la infancia, como estrategia de prevención primaria de hipertensión arterial a largo plazo.

        ¿Qué hay de nuevo? • En una cohorte prospectiva de gran tamaño, una mayor ingesta de bebidas azucaradas y jugo de fruta se asoció con mayor riesgo de hipertensión, mientras que la fructosa total y la fruta entera no. • Sustituir bebidas azucaradas por leche, agua o fruta entera, y sustituir jugo de fruta por fruta entera, se asoció con menor riesgo de hipertensión. • Al seguir a los participantes desde la niñez hasta la adultez, el estudio evidencia que los patrones alimentarios tempranos se asocian con el riesgo de hipertensión a largo plazo.
        Implicancias clínicas • Respaldo a guías clínicas y políticas públicas que limiten el sobreconsumo de bebidas azucaradas y jugo de fruta. • Agua, leche y fruta entera constituyen alternativas adecuadas a promover activamente en estrategias de prevención de hipertensión desde edades tempranas. • Las recomendaciones alimentarias deberían enfatizar la reducción de fuentes líquidas de azúcares libres, promoviendo la fruta entera por sobre su forma de jugo.

        7. Conclusiones

        Este estudio de cohorte prospectivo, que sigue a los participantes desde la infancia hasta la adultez durante hasta 25 años, aporta evidencia de que el alto consumo de bebidas azucaradas y de jugo de fruta se asocia con mayor riesgo de hipertensión arterial, mientras que la fructosa total —considerada como nutriente aislado— y la fruta entera no muestran dicha asociación. Reemplazar bebidas azucaradas por fruta entera, agua o leche, y reemplazar jugo de fruta por fruta entera, podría contribuir a reducir el riesgo de hipertensión. Ante la creciente prevalencia global de hipertensión, estos hallazgos respaldan guías alimentarias que prioricen el consumo de fruta entera y limiten el aporte de azúcares libres provenientes de bebidas azucaradas y jugo de fruta desde edades tempranas de la vida.

        8. Consideraciones para la Práctica Clínica y la Gestión Sanitaria

        Desde una perspectiva de gestión clínica y de salud poblacional, los hallazgos de este estudio ofrecen puntos de apoyo concretos para el diseño de intervenciones y mensajes de educación alimentaria dirigidos a familias, escuelas y servicios de pediatría y medicina general. A diferencia de recomendaciones genéricas de «reducir el azúcar», la evidencia aquí resumida permite jerarquizar intervenciones según su impacto esperado sobre el riesgo cardiovascular de largo plazo.

        Recomendaciones prácticas derivadas del estudio
        • Priorizar la reducción de bebidas azucaradas (gaseosas y bebidas deportivas en particular) por sobre otras fuentes de azúcar, dado su mayor peso en el riesgo de hipertensión.
        • No asumir que el jugo de fruta 100% es una alternativa saludable equivalente a la fruta entera; su consumo frecuente y en altas dosis se comporta metabólicamente de forma similar a una SSB.
        • Promover activamente el agua como bebida de elección y la leche como alternativa nutricionalmente valiosa frente a SSB.
        • Incorporar mensajes específicos sobre bebidas deportivas en programas escolares y deportivos juveniles, dado que su percepción como producto «saludable» puede favorecer un consumo elevado y sostenido.
        • Considerar estos hallazgos en el diseño de políticas fiscales o regulatorias sobre bebidas azucaradas, dado que el estudio aporta evidencia de dosis-respuesta lineal y de beneficio cuantificable ante la sustitución.

        Es importante señalar que, tratándose de un estudio observacional, estas recomendaciones deben interpretarse como una línea de evidencia adicional —consistente con múltiples cohortes y metaanálisis previos— más que como prueba causal definitiva. No obstante, la coherencia biológica (vía ácido úrico, lipogénesis de novo y ganancia de peso), la consistencia con otras cohortes (NHS, HPFS, UK Biobank) y la solidez del diseño longitudinal de GUTS —que sigue a los mismos individuos desde la niñez hasta la adultez— fortalecen la plausibilidad de una relación causal entre el consumo temprano de bebidas azucaradas y jugo de fruta y el desarrollo de hipertensión en la vida adulta.

        9. Síntesis Final

        En conjunto, la evidencia presentada en este estudio de la cohorte GUTS reposiciona el debate sobre fructosa e hipertensión: el problema no es la fructosa como nutriente aislado, sino la matriz alimentaria a través de la cual se consume. Las bebidas azucaradas y el jugo de fruta —ambas fuentes líquidas, de baja saciedad y sin fibra— se asocian con mayor riesgo de hipertensión, mientras que la fruta entera, con su matriz de fibra y fitoquímicos intacta, no muestra dicho riesgo e incluso sugiere una tendencia protectora. Este mensaje es directamente aplicable a la práctica clínica, a la educación alimentaria y al diseño de políticas públicas orientadas a la prevención cardiometabólica desde la infancia.

        Referencia completa: Nguyen M, AlEssa HB, Glenn AJ, Tobias DK, Chavarro JE, Willett WC, Hu FB, Hanley AJ, Birken CS, Sievenpiper JL, Malik VS. Consumption of Fructose-Containing Food and Beverage Sources in Childhood Through to Adulthood and Risk of Hypertension: A Prospective Cohort Study. Circulation. 2026;154:00–00. DOI: 10.1161/CIRCULATIONAHA.125.077666.

        Cuidando a una América que envejece: la inminente crisis del personal de atención a largo plazo

        Autores : Andrew R. Olenski , Ph.D. https://orcid.org/0000-0002-7461-0536y David C. Grabowski , Ph.D. Información del autor y afiliaciones

        Publicado el 4 de julio de 2026

        N Engl J Med 2026 ; 395 : 107 – 110

        DOI: 10.1056/NEJMp2604122

        Nota del blog: Hacia 2040, la humanidad enfrentará una escasez estructural de personal de salud. La OMS estima un déficit cercano a 11 millones de profesionales, especialmente en enfermería y medicina. En países extensos como Argentina, además de formar más profesionales, será clave planificar su distribución territorial y orientar la elección de especialidades según las necesidades sanitarias, no solo según las expectativas de rentabilidad.

        También será necesario adecuar los tiempos de formación a la rapidez con que evolucionan los conocimientos y actualizar los planes de estudio. En las disciplinas clínicas, por ejemplo, la ecografía debería incorporarse como una herramienta central de la semiología. Asimismo, quienes se formen en especialidades quirúrgicas deberán estar preparados para atender pacientes con patologías crónicas.

        VOL. 395 NÚM. 2 Copyright © 2026

        Transformación demográfica y pregunta central

        La población estadounidense atravesará una transformación demográfica profunda en las próximas décadas. Según proyecciones de la Oficina del Censo, la población de 85 años o más se duplicará: pasará de alrededor de 6 millones de personas en 2026 a más de 12 millones en 2040. En el mismo período, la población en edad laboral apenas variará.

        Este desequilibrio plantea una pregunta urgente: ¿quién cuidará a una población cada vez más envejecida?

        Una fuerza laboral ya insuficiente

        La fuerza laboral de atención a largo plazo —integrada por enfermeros, auxiliares de enfermería y cuidadores que trabajan tanto en instituciones como en domicilios— cuenta actualmente con unas 3 millones de personas. Aun así, ya no alcanza para cubrir las necesidades existentes. Las residencias de ancianos suelen operar con dotaciones por debajo de los estándares clínicos y registran tasas de rotación anual superiores al 100 %, con consecuencias negativas para los residentes.

        La contratación y la retención de personal se ven dificultadas por una combinación de bajos salarios, condiciones de trabajo físicamente exigentes y una elevada carga emocional. A esto se suma la sobredemanda crónica de los programas de atención domiciliaria y comunitaria, que en la mayoría de los estados mantienen listas de espera de meses o incluso años.

        La pandemia de COVID-19 agravó la situación: provocó un éxodo de trabajadores nacidos en Estados Unidos del sector de cuidados a largo plazo, del cual el sistema aún no se ha recuperado.

        Para dimensionar los desequilibrios actuales y futuros, se utilizaron datos del censo de EE. UU. para comparar la demanda y la oferta proyectadas de trabajadores de atención a largo plazo hasta 2040. La estimación mantiene constante la intensidad de la atención —es decir, la proporción de trabajadores por persona de 85 años o más— en su máximo nivel prepandémico.

        • Estados Unidos necesitaría 3,4 millones de trabajadores adicionales en el sector para 2040.
        • Con las tasas actuales de empleo y las tendencias migratorias proyectadas, se incorporarían menos de 100 000 trabajadores.
        • El resultado sería una escasez aproximada de 3,3 millones de trabajadores.
        • Incluso en un escenario optimista —con recuperación del empleo prepandémico y mayor inmigración— la brecha seguiría siendo de unos 2,9 millones de trabajadores, una cifra similar al tamaño de toda la fuerza laboral actual del sector.

        Estimación de la demanda y la oferta de trabajadores de atención a largo plazo, 2010-2040.

        Opciones de política pública frente a la escasez

        Las posibles respuestas de política pública pueden agruparse en tres grandes líneas: reducir la demanda mediante innovación, aumentar la oferta a través de la inmigración y mejorar salarios y condiciones laborales para atraer y retener trabajadores. Sin embargo, la política federal actual se está alejando de estas tres direcciones.

        1. Reducir la demanda mediante innovación

        La innovación podría disminuir la intensidad de los cuidados que requieren los adultos mayores. Avances en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, en la prevención y el manejo de enfermedades crónicas, y en tecnologías de asistencia podrían reducir la cantidad de trabajadores necesarios por cada persona mayor.

        No obstante, el ritmo de estos avances y su impacto real todavía son inciertos. Además, la administración federal ha recortado la financiación de investigaciones que podrían respaldarlos. En 2025, el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento otorgó un 62 % menos de nuevas subvenciones para investigación que el año anterior, lo que implicó una reducción de más de 265 millones de dólares en fondos para estudios sobre envejecimiento. El presupuesto de 2026 propuso nuevos recortes en esta área.

        2. Aumentar la oferta mediante inmigración

        Otra vía para enfrentar la escasez consiste en ampliar la oferta de trabajadores, especialmente mediante una mayor inmigración. Los trabajadores nacidos en el extranjero representan alrededor del 29 % de la fuerza laboral de atención a largo plazo en Estados Unidos.

        La evidencia disponible indica que mayores niveles de inmigración se asocian con mejores ratios de personal en residencias de ancianos y con beneficios para la salud dentro y fuera de estos entornos. Durante la pandemia de COVID-19, mientras muchos trabajadores nacidos en Estados Unidos abandonaron el sector, numerosos trabajadores nacidos en el extranjero continuaron prestando servicios esenciales.

        Sin embargo, esta estrategia también enfrenta límites. Los cambios recientes en la política migratoria —demoras o suspensiones en el procesamiento de visas, eliminación de protecciones frente a redadas en centros de salud, reducción del reasentamiento de refugiados y mayor control migratorio— han generado efectos disuasorios que alcanzan incluso a trabajadores con estatus legal.

        Administradores de residencias de ancianos han informado ausencias de empleados por temor a controles migratorios. Además, estudios sobre el programa Comunidades Seguras encontraron que una aplicación más estricta de la ley migratoria redujo el número de trabajadores de atención domiciliaria en las áreas afectadas y aumentó las tasas de institucionalización entre adultos mayores.

        Otros países han creado vías específicas para atraer trabajadores internacionales de cuidado. Canadá, por ejemplo, cuenta con un programa piloto de inmigración para cuidadores a domicilio que ofrece un camino hacia la residencia permanente. Japón, por su parte, incluye una categoría para cuidadores dentro de su programa de visas para trabajadores calificados específicos.

        En Estados Unidos, la Ley bipartidista de Resiliencia de la Fuerza Laboral de Salud permitiría recuperar hasta 40 000 visas no utilizadas para trabajadores de la salud. Aunque sería un avance, no está específicamente orientada a la atención a largo plazo y queda muy lejos de la escala necesaria para cubrir la escasez proyectada.

        3. Mejorar salarios y condiciones laborales

        Una tercera estrategia sería atraer y retener más trabajadores, incluidos trabajadores nacidos en Estados Unidos, mediante mejores salarios, capacitación y condiciones laborales. En 2024 se observó un leve repunte del empleo en el sector, la primera señal de recuperación tras la caída provocada por la pandemia.

        Sin embargo, volver a los niveles de empleo previos a la pandemia no sería suficiente. La población de adultos mayores crecerá con mucha más rapidez que la población en edad laboral, lo que ampliará la brecha entre necesidades de cuidado y disponibilidad de trabajadores.

        Cerrar la brecha sin aumentar la inmigración implicaría trasladar trabajadores desde otros sectores, como el comercio minorista, el almacenamiento o la restauración. Esa reasignación tendría costos de oportunidad, ya que esos sectores también contribuyen a la base impositiva que financia la atención a largo plazo.

        Para inducir ese movimiento sería necesario aumentar los salarios relativos y fortalecer la capacitación del personal actual. Aunque estas medidas son deseables, elevarían el gasto per cápita en atención a largo plazo al mismo ritmo que los costos impulsados por el envejecimiento poblacional, lo que aumentaría la presión fiscal sobre los financiadores.

        Como la atención a largo plazo se financia en gran medida con fondos públicos, cualquier aumento salarial requeriría mayores tasas de reembolso. Sin embargo, la política actual se orienta en sentido contrario. La ley One Big Beautiful Bill, firmada en julio de 2025, reducirá el gasto federal en Medicaid en aproximadamente 1 billón de dólares durante la próxima década, según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso.

        Dado que Medicaid es el principal financiador de la atención a largo plazo, estos recortes probablemente se traduzcan en salarios más bajos, menor contratación y mayor rotación de personal, precisamente cuando el sector necesita expandirse.

        Conclusión: una brecha que seguirá creciendo

        Estados Unidos enfrenta una escasez proyectada de más de 3 millones de trabajadores de atención a largo plazo para 2040. Para responder a este desafío se necesitan avances simultáneos en tres frentes: innovación, inmigración y mejores condiciones laborales.

        La política federal actual, sin embargo, se mueve en la dirección opuesta: reduce la financiación de la investigación, endurece la aplicación de normas migratorias que afectan a trabajadores esenciales y recorta Medicaid, el principal financiador del sistema.

        Sin cambios de política, la brecha seguirá ampliándose. El resultado probable será menos disponibilidad de camas, menor acceso a la atención domiciliaria y una calidad de cuidado insuficiente para una población adulta mayor cada vez más numerosa.

        EVALUACIÓN DE LA RESPUESTA HOSPITALARIA A LOS EVENTOS DE SEGURIDAD DEL PACIENTE

        Síntesis integral de la tesis doctoral de Hassan Assem Mohamed Mahmoud (Capítulos 1 a 5) University of Ottawa, Escuela de Epidemiología y Salud Pública, Facultad de Medicina (2026)

        Síntesis y adaptación al español: Dr. Carlos Alberto Díaz

        Gerente Médico, Sanatorio Sagrado Corazón (OSECAC) — Universidad ISALUD

        Índice

        • Presentación
        • Capítulo 1 — Introducción y marco conceptual
        •      1.1 El problema de la seguridad del paciente
        •      1.2 Las cuatro etapas de un sistema de aprendizaje de seguridad del paciente
        •      1.3 Evolución histórica de los sistemas de reporte
        •      1.4 Impacto económico y comparación internacional
        •      1.5 Herramientas de evaluación de un SASP
        •      1.6 El marco conceptual: el Patient Safety Incident Management Toolkit (PSIMT)
        •      1.7 Brechas de conocimiento identificadas
        •      1.7bis Los marcos alternativos considerados y descartados
        •      1.8 Objetivos de la tesis
        • Capítulo 2 — Barreras y facilitadores: revisión sistemática y metasíntesis
        •      2.1 Objetivo y metodología
        •      2.2 Resultados de la búsqueda
        •      2.3 Seis temas y dieciséis subtemas
        •      2.3bis Evaluación de la calidad metodológica de los estudios primarios
        •      2.4 Discusión y aporte central del capítulo
        • Capítulo 3 — Desarrollo de una encuesta de autoevaluación del SASP
        •      3.1 Objetivo y fundamento
        •      3.2 Metodología en tres pasos
        •      3.3 Resultados: de 68 factores a 47 preguntas validadas
        •      3.4 Consistencia interna (alfa de Cronbach) y análisis de ítem eliminado
        •      3.5 Discusión, fortalezas y limitaciones
        • Capítulo 4 — Encuesta a líderes de calidad sobre la capacidad de su SASP
        •      4.1 Objetivo y diseño del estudio
        •      4.2 Características de la muestra
        •      4.3 Resultados principales
        •      4.4 Comparación de los tres enfoques analíticos
        •      4.4bis Fortalezas y limitaciones reconocidas por el autor
        •      4.5 Discusión
        • Capítulo 5 — Discusión general de la tesis
        •      5.1 Síntesis metodológica de los tres estudios
        •      5.2 Hacia una comprensión integrada de los hallazgos
        •      5.3 Desafíos metodológicos en la medición de un SASP
        •      5.4 Consideraciones psicométricas y validación futura del instrumento
        •      5.5 Perspectivas de actores excluidos del estudio
        •      5.6 Recomendaciones prácticas y agenda de investigación futura
        •      5.7 Fortalezas y limitaciones generales de la tesis
        • Conclusiones generales de la síntesis
        • Síntesis final: la importancia y las dificultades del reporte de eventos de seguridad
        • Referencia principal

        Resumen ejecutivo

        La tesis doctoral de Hassan Assem Mohamed Mahmoud (University of Ottawa, 2026), titulada “Evaluating Hospitals’ Responses to Patient Safety Events”, aborda una pregunta central para la gestión de calidad hospitalaria: por qué los sistemas de aprendizaje de seguridad del paciente (SASP), pese a dos décadas de desarrollo institucional desde la publicación de “To Err is Human”, no han logrado traducirse de manera consistente en una reducción sostenida de los eventos adversos evitables.

        A través de tres estudios articulados —una revisión sistemática cualitativa y metasíntesis (Capítulo 2), el desarrollo y la validación preliminar de un instrumento de autoevaluación (Capítulo 3) y una encuesta transversal a ejecutivos de calidad y seguridad de hospitales de Ontario (Capítulo 4)—, Mahmoud demuestra que la atención institucional y académica se concentra de manera desproporcionada en la etapa de reporte de incidentes (45,3% de los factores identificados en la revisión sistemática), en detrimento de las etapas de análisis, seguimiento y retroalimentación, que son las que efectivamente traducen el reporte en aprendizaje organizacional. La encuesta del Capítulo 4 confirma esta hipótesis empíricamente: el 83% de los hospitales evaluados calificó su propio SASP como subóptimo, con los peores resultados en los dominios de “cierre del círculo” (97%) y “seguimiento” (80%).

        Entre los hallazgos más críticos se destacan la ausencia de estructuras de reconocimiento e incentivo del liderazgo hacia quienes reportan (83% de respuestas subóptimas), la insuficiencia del reentrenamiento periódico (77%) y la falta de retroalimentación a los reportantes (87%). El Capítulo 5, de discusión general, integra estos tres estudios y advierte que la medición de un SASP enfrenta desafíos metodológicos de fondo —su naturaleza multidimensional, la ausencia de un patrón de referencia externo (“gold standard”) y la fuerte dependencia de percepciones subjetivas del personal—, además de aportar un hallazgo metodológico de alcance general: el modo en que se clasifica la categoría de respuesta intermedia (“parcialmente de acuerdo”) en una encuesta Likert puede alterar sustancialmente las conclusiones sobre el desempeño de un sistema organizacional.

        Presentación

        El presente documento sintetiza de manera integral la tesis doctoral “Evaluating Hospitals’ Responses to Patient Safety Events” (Evaluación de la respuesta hospitalaria a los eventos de seguridad del paciente), presentada por Hassan Assem Mohamed Mahmoud para optar al grado de Doctor en Epidemiología en la University of Ottawa, bajo la supervisión del Dr. Alan J. Forster. La tesis de Mahmoud aborda un problema central de la gestión sanitaria contemporánea: por qué, más de dos décadas después de la publicación de “To Err is Human”, los sistemas de aprendizaje de seguridad del paciente (SASP, del inglés Patient Safety Learning Systems o PSLS) no han logrado reducir de manera consistente la ocurrencia de eventos adversos evitables en los hospitales.

        La estructura de la tesis de Mahmoud sigue el formato de “tesis por artículos” habilitado por la normativa de posgrado de la University of Ottawa, con cinco capítulos que esta síntesis recorre en su totalidad y en su orden original. El Capítulo 1 desarrolla el marco conceptual y la justificación general; el Capítulo 2 presenta la primera investigación —una revisión sistemática y metasíntesis cualitativa sobre barreras y facilitadores— publicada en BMJ Open Quality; el Capítulo 3 describe el desarrollo y la validación preliminar de un instrumento de autoevaluación del SASP, también publicado en BMJ Open Quality; el Capítulo 4 reporta la tercera investigación, una encuesta transversal aplicada a referentes de calidad y seguridad de hospitales generales de Ontario, Canadá, que utiliza el instrumento desarrollado en el Capítulo 3; y el Capítulo 5 constituye la discusión general de la tesis, en la que Mahmoud integra los tres estudios, analiza los desafíos metodológicos de medir un SASP y formula recomendaciones prácticas y una agenda de investigación futura.

        Para quienes trabajamos en gestión hospitalaria y en la formación de gestores sanitarios en el contexto argentino y latinoamericano, la tesis de Hassan Mahmoud resulta especialmente relevante, ya que sistematiza de manera rigurosa los factores organizacionales que condicionan la eficacia de los sistemas de reporte y aprendizaje de incidentes, un área en la que buena parte de las instituciones de nuestro sistema fragmentado de obras sociales, prepagas y efectores públicos aún presenta desarrollos heterogéneos.

        Nota metodológica Esta síntesis fue elaborada a partir de la lectura íntegra de los cinco capítulos del documento de tesis (225 páginas), preservando la terminología técnica original y traduciendo al español los hallazgos, tablas y conclusiones más relevantes para la práctica de gestión de calidad y seguridad del paciente. Se incluye, al cierre, una síntesis final propia sobre la importancia y las dificultades del reporte de eventos de seguridad, elaborada a partir del conjunto de los hallazgos de la tesis.

        Capítulo 1 — Introducción y marco conceptual

        1.1 El problema de la seguridad del paciente

        Mahmoud define la seguridad del paciente como la prevención de errores y eventos adversos asociados a la atención médica, e involucra la coordinación de esfuerzos para minimizar riesgos, asegurar prácticas adecuadas y promover una cultura de seguridad en las instituciones. Los eventos adversos son daños no intencionales causados por el manejo médico —y no por la enfermedad de base— que prolongan la internación, provocan discapacidad al momento del alta, o ambas cosas.

        La tesis de Mahmoud recopila evidencia consistente sobre la magnitud del problema: entre el 3% y el 17% de los pacientes hospitalizados sufre algún evento adverso, y entre el 35% y el 50% de esos eventos serían evitables. En Canadá, esto equivale a unos 185.000 casos anuales sobre 2,5 millones de pacientes internados, de los cuales 70.000 serían prevenibles, con un costo estimado superior a los mil millones de dólares canadienses en 2010. Sin embargo, solo entre el 1% y el 10% de los eventos adversos llegan a reportarse, por lo que la magnitud real del problema sería considerablemente mayor a la documentada.

        Frente a esta situación, el informe “To Err is Human: Building a Safer Health System” del Institute of Medicine (2000) marcó un punto de inflexión al recomendar la creación de sistemas de aprendizaje de seguridad del paciente (SASP), definidos por el Canadian Patient Safety Institute (CPSI) como mecanismos destinados a “capturar preocupaciones, riesgos e incidentes de seguridad del paciente, y a disparar acciones, facilitar la comunicación, la respuesta, el aprendizaje y la mejora”. No obstante, veinticinco años después, el potencial transformador de estos sistemas continúa sin materializarse plenamente, debido —según plantea Mahmoud— a debilidades persistentes en su implementación y evaluación.

        1.2 Las cuatro etapas de un sistema de aprendizaje de seguridad del paciente

        Mahmoud describe cuatro etapas secuenciales que estructuran cualquier SASP:

        • Reporte estructurado (detección): descubrimiento del incidente y su registro formal, habitualmente mediante formularios con casilleros y espacio de texto libre.
        • Recopilación y análisis: consolidación de los datos reportados junto con investigaciones adicionales para identificar los factores contribuyentes.
        • Aprendizaje: incorporación de la información generada para producir cambios en la comprensión o en la práctica clínica y organizacional.
        • Retroalimentación (“cierre del círculo”): comunicación de resultados que comienza durante las etapas de análisis y aprendizaje, y que resulta clave para sostener la confianza de quienes reportan.

        Sistemas como el Advanced Incident Management System (AIMS) de Australia, el sistema de reporte del CPSI en Canadá y el Patient Safety Organization Program de la Agency for Healthcare Research and Quality (AHRQ) en Estados Unidos comparten esta estructura, más allá de sus diferencias operativas.

        1.3 Evolución histórica de los sistemas de reporte

        La tesis reconstruye tres grandes períodos. Entre 2000 y 2010, la publicación de “To Err is Human” impulsó la creación de sistemas nacionales de reporte —como el NRLS británico y el sistema del CPSI, ambos de 2003—, que funcionaron inicialmente como repositorios pasivos de datos, sin mecanismos de retroalimentación, en un contexto de fuerte subreporte (entre 1% y 10% de los incidentes). Entre 2010 y 2020 se produjo un giro hacia el aprendizaje y la cultura organizacional, impulsado por marcos internacionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por legislación como la Patient Safety and Quality Improvement Act estadounidense de 2005, que habilitó espacios de reporte confidencial legalmente protegidos. Desde 2020, la pandemia de COVID-19 puso a prueba la resiliencia de estos sistemas, obligando a adaptaciones rápidas, y consolidó una tendencia hacia el uso de inteligencia artificial para la gestión proactiva de riesgos y hacia una “cultura justa” que interpreta los errores como oportunidades de aprendizaje antes que como fallas individuales.

        1.4 Impacto económico y comparación internacional

        Uno de los aportes más útiles de este capítulo para la gestión sanitaria latinoamericana es la sistematización del impacto económico de los eventos adversos y de los sistemas de reporte en distintos países:

        País / regiónHallazgo principal
        CanadáPrevenir el 1% de los eventos adversos ahorraría aproximadamente 100 millones de dólares canadienses anuales.
        Estados UnidosLa Patient Safety and Quality Improvement Act (2005) y los indicadores de la AHRQ se asociaron a una reducción del 21% en condiciones adquiridas en el hospital (2010–2015), con un ahorro estimado de 28.000 millones de dólares.
        Unión EuropeaLos eventos adversos representaron cerca de 21.000 millones de euros en costos directos en 2014 (1,5% del gasto sanitario total de la UE).
        Reino UnidoEl National Reporting and Learning System (NRLS), vigente desde 2003, fue reemplazado por el sistema Learn from Patient Safety Events (LFPSE) entre 2022 y 2023 para mejorar la centralización y el análisis en tiempo real.
        Contexto internacional / OMSLos errores de medicación cuestan por sí solos unos 42.000 millones de dólares anuales a nivel global (casi el 1% del gasto sanitario mundial).

        Mahmoud destaca que, si bien los países de altos ingresos han logrado reducciones significativas en la incidencia de eventos adversos, persisten limitaciones estructurales —subreporte, restricción de recursos y culturas de seguridad débiles— en los países de ingresos bajos y medios, lo que refuerza la necesidad de estrategias de implementación contextualizadas.

        1.5 Herramientas de evaluación de un SASP

        El desarrollo de un instrumento de encuesta válido y confiable requiere abordar tres dimensiones: la confiabilidad (consistencia interna, mediante el alfa de Cronbach; estabilidad test-retest; y concordancia entre evaluadores), la validez (de contenido, de constructo, de criterio y aparente) y la estandarización (redacción uniforme, escalas de respuesta homogéneas y capacidad de comparación entre instituciones).

        La tesis revisa dos instrumentos existentes: la herramienta de autoevaluación desarrollada por la OMS en 2020 (organizada en seis componentes: entorno para el reporte, reglas y contenido del reporte, análisis e investigación, gobernanza, acción y aprendizaje, y participación de pacientes y familias) y el Hospital Survey on Patient Safety Culture (HSOPSC) de la AHRQ, ampliamente utilizado pero no específico para SASP y con riesgo de fatiga del respondente por su extensión.

        1.6 El marco conceptual: el Patient Safety Incident Management Toolkit (PSIMT)

        Mahmoud fundamenta toda su tesis en el Patient Safety Incident Management Toolkit (PSIMT), desarrollado por el CPSI en 2012 y revisado en 2017 a partir de un llamado nacional a la acción que convocó a más de cincuenta organizaciones sanitarias canadienses. El PSIMT se estructura en tres grandes componentes: la gestión del incidente propiamente dicha (preparación, respuesta inmediata, análisis, seguimiento y cierre del ciclo de retroalimentación), la gestión de la seguridad del paciente (anticipación y monitoreo de riesgos futuros) y los factores sistémicos (legislación, políticas, cultura, personas, procesos y recursos).

        La elección de este marco por sobre otros modelos ampliamente conocidos —el modelo de Organización de Alta Confiabilidad (HRO), el modelo del “queso suizo” de Reason, el Theoretical Domains Framework (TDF) y el Consolidated Framework for Implementation Research (CFIR)— se justifica por su carácter integral: mientras esos modelos abordan aspectos parciales (confiabilidad operativa, teoría del error humano, determinantes conductuales o contextos de implementación), el PSIMT cubre de manera explícita las cuatro fases del ciclo de aprendizaje de seguridad, desde la prevención hasta el cierre del círculo de retroalimentación.

        1.7 Brechas de conocimiento identificadas

        • Persistencia de tasas elevadas de eventos adversos a pesar de la implementación de SASP, debido al subreporte y a la dificultad de traducir los incidentes reportados en cambios de política y de procedimiento.
        • Ausencia de instrumentos estandarizados de evaluación, lo que impide comparar el desempeño de los SASP entre instituciones y limita el desarrollo de políticas basadas en evidencia comparativa.
        • Subrepresentación de determinados grupos de interés —pacientes, familias y personal de primera línea— en el diseño y la evaluación de estos sistemas.
        • Predominio de estudios realizados en países de altos ingresos, lo que limita la validez transcultural de buena parte de la evidencia disponible.

        1.7bis Los marcos alternativos considerados y descartados

        Antes de adoptar el PSIMT como marco rector, Mahmoud revisa explícitamente cinco modelos alternativos frecuentemente citados en la literatura de seguridad del paciente, precisando por qué ninguno de ellos resultaba suficiente para los fines de su tesis. El modelo de Organización de Alta Confiabilidad (High Reliability Organization, HRO) se concentra en la confiabilidad operativa y en la minimización de la variabilidad de los procesos, pero no ofrece un abordaje estructurado de la gestión de incidentes una vez que estos ya ocurrieron. El modelo del “queso suizo” de Reason y el modelo de error humano, también de Reason, aportan una teoría explicativa potente sobre cómo se producen los accidentes en sistemas complejos, pero carecen de un enfoque práctico y estructurado para gestionar la respuesta institucional ante un incidente ya ocurrido. El Theoretical Domains Framework (TDF) resulta útil para comprender las barreras y los facilitadores del cambio de comportamiento a nivel individual y organizacional, pero no incluye un foco directo sobre el reporte, el análisis y el aprendizaje sistémico. Finalmente, el Consolidated Framework for Implementation Research (CFIR) está diseñado para evaluar contextos de implementación y orientar estrategias de intervención, por lo que resulta más apropiado para estudiar procesos de implementación en general que para la gestión específica de incidentes de seguridad del paciente y el aprendizaje derivado de ellos.

        Frente a estas alternativas, el PSIMT ofrece —según argumenta Mahmoud— cuatro ventajas decisivas: un enfoque integral que abarca la totalidad del ciclo del SASP (desde la prevención hasta el cierre del círculo de retroalimentación); una probada adaptabilidad a diversos entornos asistenciales, desde grandes hospitales universitarios hasta clínicas pequeñas y centros de cuidados prolongados; una coherencia explícita con los principios de comunicación, cultura de seguridad y prevención del error que comparten los marcos internacionales de referencia de la OMS y del Institute of Medicine; y evidencia empírica preliminar de que las instituciones que aplican el PSIMT reducen sus tasas de errores médicos, complicaciones quirúrgicas e infecciones nosocomiales, con el consiguiente beneficio económico derivado de la prevención de dichos eventos.

        1.8 Objetivos de la tesis

        A partir de estas brechas, Mahmoud define tres objetivos que estructuran el resto del documento:

        • Objetivo 1: describir las barreras y los facilitadores percibidos que afectan al SASP en los hospitales (abordado en el Capítulo 2, mediante revisión sistemática y metasíntesis).
        • Objetivo 2: desarrollar un instrumento de encuesta para evaluar el abordaje organizacional del aprendizaje a partir de eventos de seguridad autorreportados (Capítulo 3, no incluido en esta síntesis).
        • Objetivo 3: evaluar las prácticas del SASP según lo descrito por ejecutivos de hospitales generales dentro de un sistema de salud de financiamiento público (Capítulo 4).

        Capítulo 2 — Barreras y facilitadores: revisión sistemática y metasíntesis

        2.1 Objetivo y metodología

        Este capítulo reproduce el primer estudio empírico de la tesis de Mahmoud, publicado en BMJ Open Quality (2023) con el título “Barriers and facilitators to improving patient safety learning systems: a systematic review of qualitative studies and meta-synthesis”. El objetivo fue sintetizar, mediante una revisión sistemática de estudios cualitativos y una metasíntesis, las barreras y los facilitadores percibidos por el personal hospitalario y los médicos en relación con el reporte, el análisis, el aprendizaje y la retroalimentación dentro de los SASP.

        La búsqueda, diseñada con el apoyo de una bibliotecaria especializada de la University of Ottawa, se realizó en MEDLINE (Ovid), EMBASE (Ovid), CINAHL, Scopus y Web of Science, complementada con búsquedas manuales en Google Scholar, literatura gris, el CPSI y la OMS. El protocolo fue registrado a priori en PROSPERO (CRD42021220504) y siguió la metodología de la Joanna Briggs Institute (JBI) para revisiones cualitativas, con evaluación de calidad metodológica mediante la lista de verificación del Critical Appraisal Skills Programme (CASP).

        Se incluyeron estudios cualitativos (fenomenológicos, etnográficos, de teoría fundamentada y estudios de caso) publicados en inglés que abordaran las barreras y/o los facilitadores percibidos para el uso de un SASP en hospitales, sin restricciones demográficas ni geográficas. Se excluyeron los estudios centrados en un incidente específico, en la efectividad cuantitativa del sistema, o en las tendencias de reporte.

        2.2 Resultados de la búsqueda

        De 3.507 registros identificados el 1 de febrero de 2021, y tras eliminar 1.032 duplicados, se examinaron 2.475 títulos y resúmenes. Luego de la evaluación de 123 textos completos, se incluyeron finalmente 22 estudios primarios, ninguno de los cuales fue excluido tras la evaluación de calidad metodológica. Estos estudios incluyeron 781 profesionales de la salud —359 enfermeros, 190 médicos, 49 farmacéuticos, 42 gestores de calidad y seguridad y 5 profesionales de otras disciplinas— provenientes de trece países, entre ellos Inglaterra, Australia, Canadá, Estados Unidos, Brasil, Irán, los Países Bajos, los Emiratos Árabes Unidos, Suecia, Turquía, Qatar y Corea del Sur.

        2.3 Seis temas y dieciséis subtemas

        A partir del marco del PSIMT, Mahmoud y su equipo extrajeron 375 factores (barreras y facilitadores) de los 22 estudios, organizados en seis grandes temas. El tema “respuesta inmediata” concentró el 45,3% de los factores citados, seguido por “factores previos al incidente” (35,7%). Los temas vinculados a la preparación del análisis, el proceso de análisis, el seguimiento y el cierre del círculo recibieron, en conjunto, una atención mucho menor (menos del 20% de las citas), lo cual constituye uno de los hallazgos centrales de la revisión.

        Tema (según el PSIMT)N.º de factores% del total
        Antes del incidente (capacitación, liderazgo, cultura justa, recursos)13435,7%
        Respuesta inmediata (reporte, cuidado del reportante, confidencialidad)17045,3%
        Preparación para el análisis123,2%
        Proceso de análisis123,2%
        Seguimiento (implementación de recomendaciones)164,3%
        Cierre del círculo (retroalimentación interna y externa)318,3%

        Antes del incidente

        Dentro de este tema, la falta de capacitación —tanto de quienes reportan como de quienes gestionan— fue la barrera más citada (34,3% de las respuestas del tema). También se identificaron como barreras la falta de rendición de cuentas, la ausencia de definiciones y políticas claras, la comunicación deficiente y las respuestas negativas de los líderes ante el reporte de incidentes. Entre los facilitadores se destacan la capacitación continua, los incentivos institucionales, el rol ejemplarizador de los líderes y la construcción de una cultura justa y no punitiva que equilibre responsabilidad individual y rendición de cuentas organizacional.

        Respuesta inmediata

        Este fue el tema más citado en la literatura revisada. Bajo la categoría “facilidad de uso”, las barreras más frecuentes fueron los sistemas y formularios complejos que solicitan datos innecesarios, la duplicación de trabajo entre las historias clínicas y el SASP, y la carga adicional de tiempo que implica reportar. Bajo “influencias internas y externas” se documentó el temor de los profesionales jóvenes a reportar errores de sus superiores, la percepción de que reportar no trae beneficio personal y la normalización de los errores como parte de la rutina diaria. La confidencialidad y el miedo al reproche o a la acción legal fueron señalados de manera recurrente como barreras estructurales, mientras que el reporte anónimo a organismos independientes se identificó como uno de los facilitadores más consistentes en la literatura internacional.

        Preparación del análisis, proceso de análisis y seguimiento

        Estas tres etapas recibieron una atención marginal en los estudios primarios (apenas 40 de los 375 factores extraídos, en conjunto). Las barreras identificadas incluyen la dificultad para conformar equipos de análisis representativos en organizaciones complejas, la falta de compromiso del personal de primera línea por temor a perder reputación, y recomendaciones de mejora poco tangibles o en conflicto con otras agendas de cambio institucional. El facilitador más consistente fue la conformación de equipos multidisciplinarios con participación equitativa y el uso de metodologías de análisis estructuradas.

        Cierre del círculo (retroalimentación)

        Este tema, con 31 citas (8,3% del total), giró íntegramente en torno a la retroalimentación interna y externa. La ausencia o insuficiencia de mecanismos de retroalimentación fue señalada como una de las causas principales de erosión de la confianza en el sistema. Entre los facilitadores se destacan la retroalimentación individual y grupal sobre las acciones tomadas, la transparencia en el intercambio de datos y la calibración del tipo y del momento de la retroalimentación según la gravedad del incidente.

        2.3bis Evaluación de la calidad metodológica de los estudios primarios

        Mahmoud y su equipo aplicaron la lista de verificación CASP a los 22 estudios incluidos, con el propósito explícito de describir la robustez y validez global de los hallazgos —y no de excluir estudios por su calidad metodológica—, decisión coherente con la naturaleza de la metasíntesis cualitativa, en la que incluso investigaciones con diseños relativamente débiles pueden aportar temas relevantes que no surgen en estudios metodológicamente más sólidos. Todos los estudios describieron con claridad sus objetivos de investigación, su metodología cualitativa y su diseño; sin embargo, ocho de los veintidós no clarificaron adecuadamente la relación entre los investigadores y los participantes, lo que introduce un riesgo de sesgo relacional en la interpretación de los datos. Once de los veintidós estudios presentaron, además, riesgo de sesgo de selección o de muestreo no representativo —por ejemplo, al incluir exclusivamente médicos residentes con poca experiencia, o al no describir con precisión la técnica de muestreo utilizada—, y dos estudios no reportaron cómo se determinó o alcanzó la saturación de los datos. Pese a estas limitaciones puntuales, la consistencia de los hallazgos a través de estudios realizados en contextos geográficos y económicos muy diversos —desde Inglaterra y Canadá hasta Irán, Qatar y Brasil— refuerza la validez transcultural de las conclusiones generales de la revisión.

        2.4 Discusión y aporte central del capítulo

        La discusión de Mahmoud subraya una asimetría estructural: la enorme mayoría de la literatura sobre SASP se concentra en la etapa de reporte, mientras que las etapas posteriores —análisis, seguimiento y cierre del círculo— que son, precisamente, las que producen mejoras reales en la seguridad del paciente, permanecen relativamente desatendidas tanto en la investigación como, presumiblemente, en la práctica de los sistemas de salud. Esta conclusión resulta coherente con revisiones previas, como la de Health Quality Ontario (2017) y con los hallazgos de Vrbnjak et al., quienes ya habían señalado la necesidad de una cultura de aprendizaje no punitiva.

        Entre las fortalezas del estudio, Mahmoud destaca que se trata de la revisión más amplia publicada sobre el tema hasta la fecha (22 estudios primarios, 781 participantes, trece países de contextos económicos diversos). Entre las limitaciones, señala que más de la mitad de los estudios primarios utilizó muestras no representativas de la población de trabajadores de la salud (solo médicos o solo enfermeros) y que la revisión refleja percepciones del personal, no efectos cuantificables sobre los resultados clínicos.

        Conclusión del Capítulo 2 (tesis de Mahmoud) “La mayoría de los estudios sobre la efectividad de los SASP se concentra en los aspectos previos al incidente y en la respuesta inmediata. Los temas relacionados con la investigación, el seguimiento y el cierre del círculo han recibido menos atención, y es probable que los sistemas de salud hayan dedicado menos tiempo a considerarlos. Dado que son estas etapas las que conducen a mejoras en la seguridad, no sorprende que los SASP no hayan alcanzado el éxito deseado.”

        Capítulo 3 — Desarrollo de una encuesta de autoevaluación del SASP

        3.1 Objetivo y fundamento

        El segundo estudio de la tesis de Mahmoud, publicado en BMJ Open Quality (2024) bajo el título “Development of a survey to support assessment of safety learning systems”, aborda directamente una de las brechas identificadas en el Capítulo 1: la ausencia de instrumentos estandarizados, validados y basados en evidencia para que las propias instituciones autoevalúen su SASP. Mahmoud parte de la premisa de que muchos hospitales y organismos de acreditación ya exigen la implementación de un SASP, pero que la falta de estándares explícitos conduce a una implementación inconsistente entre instituciones, generando incertidumbre sobre su rol real y su impacto efectivo.

        El fundamento directo de este capítulo es la revisión sistemática del Capítulo 2, de la cual se extrajeron 68 factores asociados al desempeño de un SASP. Estos factores fueron organizados según los mismos dominios y subdominios del Patient Safety and Incident Management Toolkit (PSIMT) utilizados en la revisión, y reformulados en forma de preguntas (ítems) de encuesta.

        3.2 Metodología en tres pasos

        • Paso 1 — Generación de ítems candidatos: los 68 factores de la revisión sistemática se tradujeron en enunciados de encuesta, agrupando mediante un proceso iterativo aquellas preguntas que evaluaban aspectos similares del sistema, hasta reducir el número inicial de 68 a 47 preguntas, calificadas mediante una escala Likert de cinco puntos (muy en desacuerdo a muy de acuerdo).
        • Paso 2 — Validación por expertos metodológicos (pre-testing): tres investigadores en servicios de salud que habían participado en la revisión sistemática evaluaron de forma independiente la claridad y la relevancia de cada pregunta, calificándolas como “no”, “incierto”, “sí, con modificación” o “sí, tal como está”. Si dos o más evaluadores calificaban un ítem como “no”, la pregunta se eliminaba del borrador.
        • Paso 3 — Prueba en una muestra representativa (sensibilidad clínica y consistencia interna): el cuestionario final se puso a prueba mediante LimeSurvey entre los 56 empleados de The Ottawa Hospital con un rol en la gestión de eventos de seguridad del paciente, evaluando tanto la claridad y necesidad percibida de cada ítem como la consistencia interna del instrumento completo.

        3.3 Resultados: de 68 factores a 47 preguntas validadas

        En el Paso 2, los tres investigadores coincidieron en que la totalidad de los ítems del cuestionario eran relevantes. La evaluación de claridad derivó en la modificación de 15 preguntas (cuatro calificadas como “inciertas” por dos revisores, y once calificadas como “sí, con modificación” por uno o más), la eliminación de dos preguntas y la incorporación de dos preguntas nuevas. Los revisores determinaron, además, que las 47 preguntas resultaban apropiadas para ser respondidas por gerentes y líderes de calidad y seguridad, mientras que el personal de primera línea solo podría responder 30 de ellas, ya que 17 preguntas abordaban aspectos específicamente gerenciales del SASP.

        En el Paso 3, de los 56 empleados invitados, se recibieron 20 respuestas completas (36%), 19 respuestas incompletas (34%, excluidas del análisis) y 17 personas no participaron (30%). Los respondentes incluyeron médicos (55%), enfermeros (15%), ingenieros (10%), farmacéuticos (5%), fisioterapeutas (5%) y coordinadores de calidad (10%), con una experiencia promedio de 4,35 años en roles de calidad y seguridad. Ninguna pregunta superó el umbral del 20% de respuestas negativas en materia de claridad o necesidad, por lo que las 47 preguntas fueron consideradas claras y necesarias y se mantuvieron sin cambios adicionales. Las dos preguntas con menor puntaje de claridad fueron la referida a la duplicación del reporte del mismo incidente por distintas vías y la referida a la existencia de un enfoque de comunicación definido para compartir el aprendizaje externamente; las dos preguntas con menor puntaje de necesidad fueron las referidas a la composición representativa de los equipos de análisis y a la existencia de un enfoque de comunicación definido para compartir el aprendizaje internamente.

        3.4 Consistencia interna (alfa de Cronbach) y análisis de ítem eliminado

        La consistencia interna del instrumento completo, calculada mediante el coeficiente alfa de Cronbach sobre las respuestas de los 20 participantes, fue de 0,94, un valor que indica una fiabilidad excelente. A nivel de dominio, los coeficientes fueron: 0,77 para “antes del incidente”, 0,77 para “respuesta inmediata”, 0,61 para “preparación del análisis”, 0,92 para “seguimiento” y 0,88 para “cierre del círculo”; para el dominio “proceso de análisis”, que contaba con solo dos ítems, se utilizó el coeficiente de Spearman-Brown, que arrojó un valor de 0,89.

        Adenda metodológica post-publicación de la tesis (análisis de alfa por ítem eliminado) Un valor de alfa de Cronbach tan elevado (0,94) puede indicar tanto una fiabilidad excelente como una posible redundancia entre ítems que miden aspectos muy similares del mismo constructo. Mahmoud incorporó a la tesis, como adenda posterior a la publicación del artículo, un análisis de “ítem eliminado”, en el cual cada una de las 47 preguntas se removió sucesivamente del cálculo para observar el efecto sobre el alfa global. Los valores resultantes oscilaron entre 0,919 y 0,946, sin que la eliminación de ningún ítem individual alterara sustancialmente la fiabilidad del instrumento. Esta estabilidad sugiere que la elevada fiabilidad del cuestionario no depende de ningún ítem en particular, sino de fuertes correlaciones entre la totalidad de las preguntas —un patrón consistente con cierto grado de solapamiento conceptual entre dominios estrechamente relacionados, como “seguimiento” y “cierre del círculo”—. El autor concluye que, pese a ello, deben conservarse los 47 ítems en esta etapa de desarrollo del instrumento, y recomienda que estudios futuros apliquen análisis factorial exploratorio y confirmatorio para distinguir con mayor precisión la redundancia real del solapamiento conceptual legítimo entre dominios.

        3.5 Discusión, fortalezas y limitaciones

        Mahmoud compara su instrumento con dos antecedentes relevantes: la herramienta de autoevaluación de 44 ítems desarrollada por la OMS en 2020 —con la cual comparte escalas de calificación y ejes temáticos similares (cultura de seguridad, apoyo del liderazgo, capacitación, análisis e investigación, cultura libre de culpa, disponibilidad de recursos, retroalimentación y difusión interna y externa del aprendizaje)— y un cuestionario de 21 preguntas desarrollado para evaluar el conocimiento y la experiencia de médicos recién graduados sobre seguridad del paciente y reporte de incidentes. A diferencia de ambos antecedentes, el instrumento de Mahmoud incorpora una evaluación más detallada del rol gerencial y del proceso de análisis, y fue desarrollado a partir de una revisión sistemática que incluyó 22 estudios primarios de trece países, lo que —según argumenta el autor— favorece su generalización.

        Entre las limitaciones reconocidas, la tasa de respuesta en la prueba de consistencia interna fue baja (36%), y el dominio “preparación del análisis” obtuvo el alfa de Cronbach más bajo (0,61), explicable en parte por contar con solo seis preguntas. Todos los participantes que evaluaron el SASP del hospital eran expertos en calidad y seguridad, con el consiguiente riesgo de que su preocupación por la reputación institucional introdujera cierto sesgo en sus respuestas; sin embargo, Mahmoud sostiene que la generalización del instrumento no debería verse afectada, dado que las preguntas se basan en una revisión sistemática de alcance internacional. El autor concluye que el instrumento es válido y confiable en esta etapa preliminar, y que su aplicación en una muestra más amplia y diversa de hospitales —tarea que se emprende en el Capítulo 4— es el paso necesario para profundizar su validación psicométrica.

        Capítulo 4 — Encuesta a líderes de calidad sobre la capacidad de su SASP

        4.1 Objetivo y diseño del estudio

        El tercer estudio de la tesis de Mahmoud —en preparación para su publicación en una revista revisada por pares al momento de la defensa de la tesis— aplicó el instrumento desarrollado en el Capítulo 3 para evaluar, mediante una encuesta transversal descriptiva, las prácticas del SASP percibidas por ejecutivos de calidad y seguridad (Q&S) en hospitales generales de Ontario, Canadá, un sistema de salud de financiamiento público que atiende a unos 14 millones de personas.

        El estudio se realizó entre marzo y abril de 2024 mediante un cuestionario en línea (SurveyMonkey), reportado siguiendo la lista de verificación CHERRIES (Checklist for Reporting Results of Internet E-Surveys). Se incluyeron los 42 hospitales de Ontario con más de 100 camas totales y más de 10 camas de terapia intensiva, bajo el supuesto de que las instituciones de mayor complejidad tendrían sistemas de SASP más consolidados y personal de Q&S capacitado para responder con precisión.

        El cuestionario constaba de 4 ítems demográficos y 47 ítems distribuidos en seis dominios —correspondientes a los mismos seis temas del PSIMT utilizados en el Capítulo 2—, calificados mediante una escala Likert de cinco puntos (con la excepción de un ítem dicotómico). Un aporte metodológico distintivo de este capítulo es la comparación de tres enfoques analíticos alternativos para el tratamiento de la categoría intermedia “parcialmente de acuerdo”:

        • Enfoque primario (conservador): “parcialmente de acuerdo” se agrupa con las respuestas subóptimas (en desacuerdo / muy en desacuerdo).
        • Enfoque secundario: “parcialmente de acuerdo” se agrupa con las respuestas favorables (de acuerdo / muy de acuerdo).
        • Enfoque terciario: cálculo del porcentaje neto positivo (% de acuerdo menos % en desacuerdo), excluyendo la categoría intermedia.

        Los resultados se examinaron, además, en dos puntos de corte (25% y 40% de respuestas subóptimas) para evaluar la sensibilidad de las conclusiones a la elección metodológica.

        4.2 Características de la muestra

        Respondieron 30 de los 42 hospitales invitados (tasa de respuesta del 71%), con 35 cuestionarios recibidos (33 completos y 2 incompletos, sin exclusión por datos faltantes). Los participantes ocupaban cargos directivos o de gestión en calidad y seguridad, con una experiencia promedio de 14,33 años en el rol (rango: 4 a 29 años).

        Característican%
        Profesión — Enfermería1346,4%
        Profesión — Medicina517,9%
        Profesión — Otra (técnicos, administradores, epidemiólogos, etc.)1035,7%
        Hospital de tipo universitario / docente620%
        Hospital no universitario2480%
        Hospitales con menos de 300 camas1136,7%
        Hospitales con 300 a 600 camas1136,7%
        Hospitales con más de 600 camas826,7%

        4.3 Resultados principales

        Con el enfoque analítico primario (el más conservador y orientado a la mejora), el 83% de los hospitales obtuvo una evaluación global subóptima de su SASP en el umbral del 25%; con el umbral más exigente del 40%, ese porcentaje descendió al 53%. Los dominios con mayor proporción de respuestas subóptimas fueron “cerrar el círculo” (97% de los hospitales, en el umbral del 25%) y “seguimiento” (80%), mientras que el dominio combinado de “preparación y proceso de análisis” presentó el mejor desempeño relativo (60% de hospitales con calificación subóptima).

        Dominio (PSIMT)% de hospitales con evaluación subóptima (corte 25%)% de hospitales con evaluación subóptima (corte 40%)
        Cierre del círculo (retroalimentación)96,7%63,3%
        Seguimiento (implementación de recomendaciones)80,0%n/d
        Antes del incidente73,3%n/d
        Preparación y proceso de análisis60,0%n/d
        Respuesta inmediata63,3%26,7%
        Evaluación global del SASP83,3%53,3%

        Ítems más críticos identificados

        • Ausencia de estructuras de reconocimiento e incentivos por parte del liderazgo hospitalario para el reporte de eventos de seguridad: 83% de respuestas subóptimas (el ítem peor calificado de toda la encuesta).
        • Insuficiencia del reentrenamiento periódico sobre el SASP: 77% de respuestas subóptimas.
        • Duplicación del trabajo de reporte (registrar el mismo incidente por varias vías): 80% de respuestas subóptimas.
        • Falta de retroalimentación a quienes reportan eventos: 87% de respuestas subóptimas, el segundo ítem más crítico de la encuesta.
        • Ausencia de comunicación regular entre la alta dirección y el personal de primera línea sobre los resultados del aprendizaje organizacional: 80% de respuestas subóptimas.
        • Falta de un enfoque de comunicación definido para compartir el aprendizaje externamente con otras instituciones: 73% de respuestas subóptimas.

        Detalle de los ítems con mayor proporción de respuestas subóptimas (enfoque primario, corte 25%)

        Ítem de la encuesta (dominio)% subóptimo
        Q45. El personal recibe retroalimentación sobre los eventos reportados (cierre del círculo)86,7%
        Q13. El liderazgo hospitalario ofrece recompensas e incentivos para el reporte (antes del incidente)83,3%
        Q19. Debo reportar el mismo incidente por distintas vías (respuesta inmediata)80,0%
        Q46. Hay comunicación regular entre la alta dirección y el personal de primera línea (cierre del círculo)80,0%
        Q6. Debería ser mi responsabilidad reentrenarme periódicamente en el SASP (antes del incidente)76,7%
        Q49. La dirección tiene un enfoque definido para compartir el aprendizaje externamente (cierre del círculo)73,3%
        Q27. Dispongo de opciones alternativas de reporte, p. ej. telefónico (respuesta inmediata)73,3%
        Q9. El plan de capacitación del SASP está bien desarrollado y monitoreado (antes del incidente)60,0%
        Q17. El SASP está integrado en el trabajo cotidiano (antes del incidente)60,0%
        Q14. El sistema de reporte evita la culpabilización injusta de las personas (antes del incidente)56,7%
        Q20. Reportar incidentes nunca ha generado problemas con mis colegas (respuesta inmediata)56,7%
        Q18. La dirección asigna recursos suficientes para reportar, analizar e investigar (antes del incidente)53,3%
        Q24. El hospital exige reportar a un organismo independiente para evitar la culpabilización (respuesta inmediata)53,3%
        Q40. La implementación de recomendaciones está bien monitoreada (seguimiento)50,0%
        Q43. La dirección evalúa el cumplimiento mediante métodos informales, p. ej. controles del oficial de riesgo (seguimiento)50,0%
        Q28. Los formularios de revisión de incidentes son autoexplicativos y eficientes en tiempo (respuesta inmediata)50,0%
        Q31. El hospital cuenta con un listado de incidentes priorizados a reportar (respuesta inmediata)50,0%
        Q33. La dirección garantiza la participación del personal de primera línea en el equipo investigador (preparación del análisis)50,0%
        Q37. El personal y la dirección son competentes para investigar incidentes (preparación del análisis)50,0%

        Esta tabla, elaborada a partir de los datos reportados en el Capítulo 4 de la tesis de Mahmoud, permite apreciar que, de los diecinueve ítems con mayor proporción de respuestas subóptimas, doce corresponden a los dominios de “cierre del círculo” y “antes del incidente”, lo que refuerza la conclusión de que el liderazgo, el reconocimiento y la retroalimentación constituyen los tres ejes más críticos para la mejora de un SASP en la práctica hospitalaria cotidiana.

        4.4 Comparación de los tres enfoques analíticos

        Uno de los hallazgos metodológicos más relevantes de este capítulo es que el tratamiento de la categoría “parcialmente de acuerdo” resultó ser el factor con mayor influencia sobre las conclusiones del estudio, por encima incluso del umbral de corte elegido. Con el enfoque primario (categoría intermedia como subóptima), se identificaron 33 ítems subóptimos en el umbral del 25%; al reclasificar la misma categoría como favorable (enfoque secundario), ese número se redujo a solo 11 ítems compartidos en el mismo umbral. El enfoque terciario (porcentaje neto positivo) arrojó resultados más cercanos al enfoque primario que al secundario, y solo seis ítems de toda la encuesta mostraron un porcentaje neto positivo negativo (es decir, más respuestas desfavorables que favorables en términos netos).

        Mahmoud argumenta que, dado que los SASP están destinados a identificar brechas en los procesos de aprendizaje organizacional —y no a producir una evaluación de satisfacción—, el enfoque primario (conservador) resulta el más apropiado para este tipo de instrumento, ya que reduce el riesgo de que se pasen por alto debilidades importantes cuando quienes responden evalúan a su propia institución.

        4.4bis Fortalezas y limitaciones reconocidas por el autor

        Mahmoud identifica como principal fortaleza del estudio el criterio de selección de los hospitales participantes: al incluir únicamente instituciones con más de 100 camas y más de 10 camas de terapia intensiva —todas pertenecientes a un sistema de salud reconocido internacionalmente por su compromiso con la seguridad del paciente—, cabía esperar que estas instituciones contaran con sistemas de aprendizaje de seguridad relativamente consolidados. En ese sentido, las debilidades identificadas resultan particularmente alarmantes en comparación con lo que podría encontrarse en sistemas menos desarrollados. La tasa de respuesta del 71%, la experiencia promedio de quince años de los participantes y el cumplimiento estricto de la lista de verificación CHERRIES refuerzan la validez metodológica del estudio.

        Entre las limitaciones, el autor reconoce que tratarse de datos autorreportados introduce un riesgo de sesgo de deseabilidad social y de memoria, atenuado —aunque no eliminado— por el énfasis puesto en la confidencialidad y el anonimato de las respuestas. El estudio no incluyó hospitales pequeños ni instituciones fuera de la provincia de Ontario, lo que si bien permitió controlar variaciones regulatorias, de financiamiento y culturales, limita la generalización de los hallazgos a hospitales más pequeños o remotos. Además, se incluyó un único respondente por hospital —siempre un ejecutivo de calidad y seguridad—, lo que garantizó respuestas informadas pero pudo restringir la diversidad de perspectivas; la inclusión de personal de primera línea, pacientes o familiares podría haber ofrecido una visión más integral, a costa de una eventual pérdida de precisión en la evaluación técnica del sistema. Finalmente, el análisis inferencial fue de carácter exploratorio, limitado por el tamaño muestral y por la falta de representación de múltiples disciplinas dentro de cada hospital, por lo que Mahmoud recomienda que futuros estudios repliquen este diseño con muestras más amplias y diversas.

        4.5 Discusión

        Los hallazgos de este capítulo son consistentes con estudios canadienses previos que identificaron el apoyo insuficiente del liderazgo, las limitaciones de recursos y los mecanismos débiles de retroalimentación como barreras clave para la efectividad de un SASP. En comparación con datos de la OCDE de 2020–2021 (33% de sistemas de retroalimentación calificados como subóptimos), el dominio “cerrar el círculo” de esta encuesta mostró una proporción sensiblemente mayor de respuestas subóptimas, lo que sugiere que la brecha en materia de retroalimentación podría ser más profunda de lo que reflejan los promedios internacionales.

        Al comparar con datos canadienses de hace dos décadas, Mahmoud observa una leve mejora en algunos factores culturales —el temor a la culpabilización descendió del 72% al 57%— pero un empeoramiento en la percepción de adecuación de recursos, que pasó del 28% al 53% de respuestas subóptimas, lo que indica que el problema de los recursos para el reporte, análisis e investigación de incidentes se habría agravado con el tiempo, incluso en hospitales de un sistema de salud reconocido internacionalmente por su compromiso con la seguridad del paciente.

        Conclusión del Capítulo 4 (tesis de Mahmoud) “Este estudio demuestra que la efectividad de un SASP depende no solo de su estructura, sino también de cómo se mide e interpreta su desempeño. Aunque existen políticas y marcos para el aprendizaje de seguridad del paciente, el reporte de los líderes fue significativamente subóptimo, particularmente en los dominios de apoyo del liderazgo, capacitación, asignación de recursos y mecanismos de retroalimentación.”

        Capítulo 5 — Discusión general de la tesis

        5.1 Síntesis metodológica de los tres estudios

        El Capítulo 5 constituye el capítulo de discusión general de la tesis de Mahmoud, en el que el autor integra los hallazgos de los tres estudios empíricos (Capítulos 2, 3 y 4) a la luz del objetivo central de la tesis: desarrollar una herramienta de evaluación de los SASP basada en evidencia actualizada, capaz de orientar a responsables de política sanitaria, prestadores e investigadores en el fortalecimiento de estos sistemas. Mahmoud recuerda que el primer estudio (Capítulo 2) extrajo 375 factores de 22 estudios primarios, organizados en seis temas y dieciséis subtemas según el PSIMT, con “respuesta inmediata” como el tema más citado. El segundo estudio (Capítulo 3) redujo, mediante un proceso iterativo, 68 ítems derivados de la revisión sistemática a 47 preguntas finales —con reducciones específicas de 21 a 14 ítems en “antes del incidente”, de 19 a 13 en “respuesta inmediata”, de 10 a 6 en “preparación del análisis” y de 10 a 8 en “cierre del círculo”—, alcanzando un alfa de Cronbach global de 0,94. El tercer estudio (Capítulo 4) aplicó dicho instrumento a 30 hospitales de Ontario, encontrando que el 67% de las 47 preguntas (33 de 47) recibió una calificación subóptima según el enfoque analítico primario, con “cierre del círculo” (97%) y “seguimiento” (80%) como los dominios peor evaluados.

        5.2 Hacia una comprensión integrada de los hallazgos

        Mahmoud dedica una sección específica a integrar los hallazgos del primer estudio (evidencia global, obtenida por revisión sistemática) y del tercer estudio (evidencia local, obtenida por encuesta en Ontario), señalando que ambos abordan las barreras y los facilitadores del SASP desde perspectivas complementarias: una prioriza los factores según su frecuencia de aparición en la literatura internacional, mientras que la otra los prioriza según la experiencia directa de líderes de calidad y seguridad en un contexto específico. De esta integración emergen cuatro temas convergentes: (1) la capacitación insuficiente como barrera persistente para el reporte efectivo, tanto en la literatura global como en la percepción de los líderes de Ontario; (2) la falta de apoyo del liderazgo, expresada en la ausencia de incentivos, reconocimiento y protección frente a respuestas punitivas; (3) la dificultad para instalar una cultura justa y no punitiva, en la que el reporte de incidentes continúa asociándose a la culpabilización individual antes que al aprendizaje sistémico; y (4) la insuficiencia de recursos —de personal, tiempo, infraestructura y soporte tecnológico— que condiciona el reporte, el análisis y el seguimiento de los incidentes.

        El autor destaca, además, que ambos estudios coinciden en señalar un déficit estructural en el análisis de los incidentes reportados y en el seguimiento de las recomendaciones derivadas de dicho análisis. La revisión sistemática había encontrado escasa evidencia sobre estas etapas —“preparación del análisis”, “proceso de análisis” y “seguimiento”—, y Mahmoud advierte que esta escasez de estudios sobre esas etapas probablemente refleja la escasa atención que las propias instituciones les dedican en la práctica, un círculo en el que la falta de investigación y la falta de implementación se retroalimentan mutuamente. La OMS, citada por Mahmoud, ha subrayado que un sistema de reporte de incidentes solo resulta efectivo si conduce a acciones correctivas reales; sin su implementación, estos sistemas fracasan en lograr una reducción sostenible del riesgo.

        5.3 Desafíos metodológicos en la medición de un SASP

        Una de las secciones más sustanciales del Capítulo 5 aborda por qué medir la efectividad de un SASP continúa siendo metodológicamente complejo. A diferencia de los resultados clínicos, que a menudo pueden medirse de manera directa y objetiva, la efectividad de un SASP depende de múltiples dominios interrelacionados —accesibilidad del reporte, apoyo del liderazgo, procesos de retroalimentación, capacitación, aprendizaje organizacional, confidencialidad y cultura de seguridad—, muchos de los cuales son constructos inherentemente subjetivos que dependen de percepciones del personal difíciles de observar o cuantificar mediante un único indicador. Mahmoud señala, además, la ausencia de un patrón de referencia externo (“gold standard”) universalmente aceptado para evaluar un SASP, lo cual introduce una variación considerable en cómo las distintas organizaciones definen, implementan y evalúan sus propias actividades de aprendizaje de seguridad.

        El autor distingue, asimismo, entre medir la seguridad del paciente en sí misma y medir los sistemas diseñados para sostener el aprendizaje de seguridad del paciente: aunque el objetivo final de un SASP es reducir el daño al paciente, los resultados clínicos están determinados por numerosos factores externos que exceden ampliamente al sistema de reporte. Es posible, advierte Mahmoud, que una institución exhiba mecanismos de reporte y aprendizaje robustos y, al mismo tiempo, enfrente problemas de seguridad persistentes a nivel sistémico. Esto exige metodologías de evaluación que consideren la capacidad de aprendizaje organizacional, los marcos de gobernanza y el funcionamiento del sistema, junto con —y no en reemplazo de— los indicadores convencionales de seguridad clínica. La cultura de seguridad y el aprendizaje organizacional plantean, por su parte, un desafío adicional, ya que están fuertemente influidos por el contexto institucional, el rol profesional, las prácticas de liderazgo y la dinámica interpersonal, con lo cual las percepciones de culpa, equidad, apertura y seguridad psicológica pueden diferir sustancialmente entre departamentos y grupos profesionales, dificultando su medición estandarizada.

        5.4 Consideraciones psicométricas y validación futura del instrumento

        Mahmoud dedica una revisión pormenorizada a las distintas formas de validez y confiabilidad que debería reunir el instrumento desarrollado en el Capítulo 3 antes de su aplicación a gran escala. La validez aparente (“face validity”) fue establecida mediante la revisión iterativa de expertos en calidad y seguridad, lo que sugiere que las preguntas resultaron comprensibles y contextualmente apropiadas para el público objetivo, aunque se trata de una medida subjetiva que no aporta evidencia empírica de exactitud. La validez de contenido fue abordada parcialmente mediante el mapeo sistemático de los ítems a los seis dominios del PSIMT, aunque el número relativamente reducido de expertos y de participantes —todos de un único sistema de salud— limita la generalización de los hallazgos. La validez de criterio resulta particularmente difícil de establecer para instrumentos de SASP, dado que no existe actualmente un patrón externo universalmente aceptado contra el cual comparar los resultados; incluso indicadores externos como la tasa de eventos adversos o las encuestas de cultura de seguridad pueden estar influidos por múltiples factores organizacionales y clínicos que limitan su idoneidad como comparadores de referencia.

        La validez de constructo fue respaldada preliminarmente por la elevada consistencia interna del instrumento (alfa de Cronbach = 0,94), aunque —como ya se discutió en el Capítulo 3— un valor tan alto también puede indicar solapamiento o redundancia entre dominios estrechamente relacionados. Mahmoud recomienda que estudios futuros apliquen análisis factorial exploratorio y confirmatorio en muestras más amplias y diversas, evalúen la confiabilidad test-retest re-administrando la encuesta a los mismos participantes después de dos a cuatro semanas, examinen la confiabilidad entre evaluadores comparando las calificaciones de distintos respondentes dentro de una misma institución (por ejemplo, líderes de calidad frente a personal de primera línea), y estudien la confiabilidad longitudinal del instrumento en el tiempo, incluyendo su sensibilidad para detectar cambios luego de intervenciones de mejora.

        5.5 Perspectivas de actores excluidos del estudio

        Mahmoud reflexiona explícitamente sobre las limitaciones derivadas de haber excluido de sus estudios a los pacientes, a las familias y a los hospitales de menor tamaño. Concentrar la investigación en hospitales grandes, generales y de alta complejidad, con infraestructuras de SASP relativamente maduras, fortalece la validez interna del estudio, ya que estas instituciones cuentan con equipos de calidad y seguridad experimentados, plataformas electrónicas de reporte integradas y protocolos estandarizados que favorecen la fiabilidad y la comparabilidad de los hallazgos. Sin embargo, el autor reconoce que los hospitales pequeños y rurales enfrentan con frecuencia barreras distintas —limitaciones de personal, de tecnología y de recursos de capacitación— que condicionan de manera diferencial la implementación de un SASP, por lo que omitir estos entornos puede sobreestimar el desempeño general del sistema y subrepresentar los desafíos de escalabilidad y equidad en el aprendizaje de seguridad.

        De modo similar, no incorporar la perspectiva de pacientes y familias implica dejar fuera un conocimiento experiencial crucial, capaz de revelar brechas de comunicación, barreras culturales y oportunidades de aprendizaje perdidas a partir de eventos dañinos que las propias instituciones no siempre logran identificar desde su mirada interna. La exclusión de organismos coordinadores de nivel superior —como la Ontario Surgical Quality Improvement Network (ONSQIN)— permitió a Mahmoud concentrarse específicamente en la implementación del SASP a nivel hospitalario, aunque también restringe la posibilidad de obtener información sobre el aprendizaje entre hospitales, los esfuerzos de comparación entre instituciones (benchmarking) y la integración de políticas relacionadas.

        5.6 Recomendaciones prácticas y agenda de investigación futura

        A partir del conjunto de hallazgos, Mahmoud organiza sus recomendaciones prácticas en dos grandes ejes. El primero corresponde a la infraestructura organizacional y de gobernanza: un SASP efectivo debe ir más allá del reporte sistemático, garantizando accesibilidad (facilidad de uso), integralidad (captura de todo tipo de eventos), carácter no punitivo (que fomente el reporte honesto), retroalimentación oportuna e integración del aprendizaje a nivel de todo el sistema. El apoyo del liderazgo emerge como un factor organizacional que afecta simultáneamente múltiples dominios —cultura de reporte, comunicación, asignación de recursos, participación del personal y seguimiento de recomendaciones—, lo que dificulta su operacionalización como un constructo único, pero refuerza la necesidad de contar con indicadores de gobernanza medibles: políticas formales de reporte, estructuras de rendición de cuentas, participación del liderazgo en la revisión de la seguridad y existencia de mecanismos de retroalimentación.

        El segundo eje corresponde al aprendizaje organizacional y los procesos de retroalimentación: la debilidad percibida de los mecanismos de retroalimentación y seguimiento en los tres estudios refuerza la necesidad de evaluar no solo si los incidentes se reportan, sino también si las organizaciones demuestran evidencia de análisis, comunicación, implementación de recomendaciones y aprendizaje organizacional efectivo tras los eventos reportados. La capacitación continua, la cultura de seguridad —incluyendo el componente de “cultura justa”, que distingue la rendición de cuentas de la culpabilización— y la transparencia en la comunicación emergen como dimensiones organizacionales medibles y prioritarias para el futuro desarrollo de marcos de evaluación de los SASP.

        En cuanto a la agenda de investigación futura, Mahmoud subraya la necesidad de avanzar hacia enfoques de medición estandarizados y empíricamente validados, señalando que una revisión de alcance reciente evidenció una heterogeneidad sustancial entre los instrumentos de evaluación de SASP existentes y una comparabilidad limitada entre distintos entornos asistenciales. Propone, además, expandir la validación psicométrica del instrumento desarrollado en el Capítulo 3 (validez de constructo, confiabilidad entre evaluadores, confiabilidad test-retest y capacidad de respuesta longitudinal) en muestras más amplias y diversas; extender la evaluación de los SASP a hospitales pequeños, rurales y otros entornos subrepresentados; explorar cómo los propios pacientes y familias pueden contribuir a la evaluación del SASP y al aprendizaje organizacional; profundizar en las etapas menos exploradas del sistema —análisis del incidente, implementación de recomendaciones, monitoreo de acciones correctivas y difusión de las lecciones aprendidas—; e identificar estructuras de gobernanza y liderazgo medibles asociadas a un mejor desempeño del SASP, más allá de discusiones genéricas sobre la importancia del liderazgo. El autor cita, como ejemplo canadiense de referencia, la Ontario Surgical Quality Improvement Network (ONSQIN), que sin constituir un SASP integral demuestra el valor potencial de la recopilación estandarizada de datos, la comparación entre instituciones y la retroalimentación longitudinal continua para sostener el aprendizaje organizacional.

        5.7 Fortalezas y limitaciones generales de la tesis

        Entre las fortalezas generales de la tesis, Mahmoud destaca haber aportado un marco conceptual basado en evidencia sobre los dominios que influyen en la efectividad de un SASP, un instrumento estandarizado preliminar de autoevaluación organizacional y un examen empírico de las consideraciones metodológicas relacionadas con la puntuación, la interpretación y la identificación de brechas del sistema. La revisión sistemática inicial abarcó una amplia variedad de entornos asistenciales, departamentos clínicos y contextos geográficos, y el enfoque exclusivo en estudios cualitativos aportó una comprensión rica y profunda que permitió estructurar el desarrollo del instrumento de encuesta. La posterior aplicación de dicho instrumento en un entorno real —hospitales consolidados de Ontario— permitió identificar tanto fortalezas como brechas concretas en las prácticas actuales de SASP, con una tasa de respuesta adecuada, la inclusión de profesionales experimentados en calidad y seguridad, y la adhesión a estándares de reporte de buenas prácticas como la lista CHERRIES.

        Entre las limitaciones, Mahmoud reconoce que, en el primer estudio, la relación entre investigadores y participantes estuvo mal definida en muchos de los estudios incluidos, lo que podría haber introducido sesgo en la recolección e interpretación de los datos, y que algunos estudios presentaron sesgo de selección por muestreo no aleatorio. En el segundo estudio, el instrumento fue sometido únicamente a una validación preliminar, sin evaluación de su estabilidad temporal (confiabilidad test-retest), lo que exige validaciones adicionales antes de su aplicación amplia. En el tercer estudio, la muestra se limitó exclusivamente a expertos de calidad y seguridad —decisión deliberada para lograr una evaluación más precisa del sistema, aunque con el costo potencial de reducir la generalización de los hallazgos—, y no se relevaron las diferencias en estilo de gestión entre departamentos, que podrían haber influido en las respuestas. El autor destaca, finalmente, que la tesis mantuvo un alto grado de coherencia con los objetivos originalmente propuestos, con ajustes menores en el diseño de los Capítulos 3 y 4 —el paso de un estudio de caso único a un instrumento de encuesta generalizable, y el cambio del grupo de participantes objetivo de referentes ministeriales a líderes de calidad y seguridad a nivel hospitalario— que responden a decisiones metodológicas deliberadas y no a desviaciones respecto del diseño original.

        Conclusión del Capítulo 5 (tesis de Mahmoud) “Los tres estudios, en conjunto, ofrecen una comprensión integral de los factores que dan forma a los sistemas de aprendizaje de seguridad del paciente. Colectivamente, subrayan la necesidad de una mayor capacitación, apoyo del liderazgo, herramientas de reporte confidenciales y fáciles de usar, y mecanismos de retroalimentación efectivos para mejorar el SASP. […] Los hallazgos destacan la complejidad de medir los SASP y demuestran que el aprendizaje organizacional, los procesos de retroalimentación, las estructuras de gobernanza y los enfoques analíticos influyen todos en cómo se interpreta el desempeño de un SASP.”

        Conclusiones generales de la síntesis

        Síntesis integrada de los tres capítulos

        Leídos en conjunto, los cinco capítulos de la tesis de Hassan Assem Mohamed Mahmoud construyen un argumento coherente y de una solidez metodológica poco frecuente en la literatura sobre seguridad del paciente.

        El Capítulo 1 establece que, pese a dos décadas de inversión institucional en sistemas de reporte, la persistencia de tasas elevadas de eventos adversos evitables obedece menos a la ausencia de sistemas formales que a fallas en su implementación efectiva y a la carencia de instrumentos estandarizados de evaluación.

        El Capítulo 2 confirma empíricamente, mediante la mayor revisión sistemática cualitativa publicada hasta la fecha sobre el tema (22 estudios, 781 participantes, trece países), que el conocimiento acumulado y la atención institucional se concentran de manera desproporcionada en la etapa de reporte (45,3% de los factores identificados), en desmedro de las etapas de análisis, seguimiento y retroalimentación, que son precisamente las que traducen el reporte en aprendizaje organizacional real.

        El Capítulo 3 traduce esa evidencia en un instrumento de autoevaluación de 47 ítems, con una consistencia interna excelente (alfa de Cronbach = 0,94), que provee a las instituciones una herramienta concreta para medir su propio SASP.

        El Capítulo 4 aporta la evidencia empírica que confirma la hipótesis central de la tesis en el terreno: incluso en un sistema de salud público reconocido internacionalmente por su compromiso con la seguridad del paciente, el 83% de los hospitales evaluó su propio SASP como subóptimo, con los peores resultados concentrados exactamente en los dominios que la revisión sistemática del Capítulo 2 había identificado como los más desatendidos —el seguimiento de recomendaciones y el cierre del círculo de retroalimentación—.

        El Capítulo 5, finalmente, integra los tres estudios y advierte que la propia medición de un SASP enfrenta límites metodológicos de fondo, en particular la ausencia de un patrón de referencia externo y la naturaleza subjetiva y multidimensional de buena parte de sus constructos centrales.

        Aportes metodológicos distintivos

        • La adopción explícita del Patient Safety Incident Management Toolkit (PSIMT) como marco conceptual unificador de los tres estudios, lo que permite comparar de manera directa los hallazgos cualitativos de la revisión sistemática con los resultados cuantitativos de la encuesta a ejecutivos.
        • El desarrollo y la validación preliminar de un instrumento de encuesta específico para SASP —ausente hasta entonces en la literatura— que integra rigor psicométrico (confiabilidad, validez y estandarización) con aplicabilidad práctica para hospitales y sistemas de salud.
        • La demostración empírica de que el tratamiento analítico de la categoría de respuesta intermedia (“parcialmente de acuerdo”) constituye una decisión metodológica con impacto sustantivo sobre las conclusiones de cualquier encuesta de cultura o de sistemas de seguridad, un hallazgo con implicancias que exceden el campo específico de los SASP y resultan relevantes para el diseño de cualquier encuesta institucional basada en escalas Likert.

        Implicancias para la gestión hospitalaria en el contexto argentino y latinoamericano

        Aunque la tesis de Mahmoud fue desarrollada íntegramente en el sistema de salud público de Ontario, Canadá, sus conclusiones resultan directamente transferibles al análisis de la gestión de calidad y seguridad del paciente en el sistema de salud argentino, caracterizado por la fragmentación entre obras sociales, entidades de medicina prepaga, el PAMI y los efectores públicos provinciales y municipales. Varias observaciones resultan particularmente pertinentes para la planificación de programas de gestión de calidad en instituciones como las que integran OSECAC y otras obras sociales sindicales:

        • La ausencia de estructuras de incentivo y reconocimiento del liderazgo hacia quienes reportan eventos de seguridad —identificada como el hallazgo más crítico de la encuesta del Capítulo 4— constituye una barrera de bajo costo de abordaje y de alto impacto potencial, replicable en cualquier estructura de gobierno clínico, incluidos los comités de seguridad del paciente de instituciones sanatoriales.
        • La brecha sistemática entre la atención dedicada al reporte de incidentes y la dedicada al análisis, seguimiento y retroalimentación sugiere que los programas de calidad de instituciones privadas y de la seguridad social deberían reorientar sus indicadores de gestión —hoy frecuentemente centrados en la tasa de reporte— hacia indicadores de cierre de ciclo: porcentaje de recomendaciones implementadas, tiempo de retroalimentación al reportante y frecuencia de comunicación entre la dirección médica y el personal asistencial.
        • La metodología de encuesta desarrollada y validada por Mahmoud —de dominio público en su formulación conceptual, aunque su instrumento específico requeriría adaptación cultural y lingüística— ofrece una base sólida para el diseño de auditorías internas de sistemas de reporte en instituciones de salud argentinas, en línea con los marcos de acreditación de calidad ya utilizados en el sector (ITAES, normas ISO aplicadas a servicios de salud).
        • La recomendación central de la tesis de Hassan Mahmoud —priorizar el cierre del círculo de retroalimentación y el seguimiento de recomendaciones por sobre el mero incremento de la tasa de reporte— resulta directamente aplicable como lineamiento estratégico para los comités de gestión de riesgo y seguridad del paciente de sanatorios y hospitales de nuestro medio, especialmente en el marco de programas de acreditación y de gestión de la calidad asistencial.

        Agenda de investigación futura sugerida por la tesis

        Mahmoud plantea explícitamente, al cierre de su Capítulo 4, varias líneas de investigación futura que resultan igualmente aplicables al contexto de gestión sanitaria de nuestro medio. En primer lugar, sugiere que los hallazgos de su encuesta transversal sirvan de base para estudios de intervención que evalúen la efectividad de estrategias específicas dirigidas a las brechas de mayor prioridad —capacitación continua, incentivos de liderazgo y cierre del círculo de retroalimentación— antes que la mera reiteración de estudios descriptivos adicionales. En segundo lugar, propone extender la aplicación del instrumento desarrollado en el Capítulo 3 a hospitales más pequeños, centros de atención comunitaria y establecimientos de cuidados prolongados, para determinar si las brechas identificadas en hospitales de alta complejidad se replican, se atenúan o se agravan en instituciones de menor escala, una pregunta de investigación directamente trasladable a la heterogeneidad de establecimientos que integran el sistema de salud argentino, desde sanatorios de alta complejidad hasta clínicas de menor porte de las obras sociales provinciales.

        En tercer lugar, el autor destaca la necesidad de estudios mixtos o cualitativos de seguimiento que profundicen en las razones subyacentes por las cuales ciertas áreas —la disponibilidad de recursos, la cultura de reporte— continúan percibiéndose como problemáticas pese a los años de inversión institucional en sistemas formales de gestión de la calidad. Comprender estas barreras en mayor profundidad permitiría diseñar intervenciones más específicas y mejor adaptadas a cada contexto organizacional, en lugar de recomendaciones genéricas de aplicación uniforme. Por último, Mahmoud subraya el valor potencial de su hallazgo metodológico sobre el tratamiento analítico de la categoría “parcialmente de acuerdo” para el diseño de futuras encuestas de cultura de seguridad y de clima organizacional en el sector salud, un aporte que trasciende ampliamente el objeto específico de su tesis y que resulta de utilidad directa para cualquier equipo de gestión que diseñe instrumentos de autoevaluación institucional basados en escalas Likert, incluyendo los programas de diplomatura y de especialización en gestión de instituciones sanitarias que se dictan en nuestro medio.

        Palabras finales

        La tesis doctoral de Hassan Assem Mohamed Mahmoud constituye, en su conjunto, un aporte relevante a la comprensión de por qué los sistemas de aprendizaje de seguridad del paciente no siempre logran su objetivo declarado de reducir el daño evitable, y ofrece tanto un diagnóstico basado en evidencia cualitativa internacional como un instrumento de medición aplicable para que las instituciones de salud —más allá de su ubicación geográfica o su modelo de financiamiento— puedan identificar sus propias brechas de implementación. Su lectura resulta de particular utilidad para quienes, desde la gestión médica y la docencia en economía y gestión de la salud, buscamos fortalecer la cultura de seguridad del paciente en las instituciones sanatoriales del sistema de salud argentino.

        Síntesis final: la importancia y las dificultades del reporte de eventos de seguridad

        Por qué reportar importa

        Si hay un hilo conductor que atraviesa la totalidad de la tesis de Hassan Assem Mohamed Mahmoud, es que el reporte de eventos de seguridad no es un fin en sí mismo, sino el primer eslabón —necesario pero radicalmente insuficiente— de un ciclo de aprendizaje organizacional. El reporte importa porque es la única vía por la cual una institución puede volver visible aquello que, de otro modo, permanecería oculto en la experiencia individual de quien presenció o protagonizó un error. Sin reporte no hay dato; sin dato no hay análisis; sin análisis no hay recomendación; y sin recomendación implementada y comunicada, no hay aprendizaje ni prevención de la recurrencia del mismo error.

        La tesis de Mahmoud documenta, con una solidez empírica poco frecuente, que esta cadena se rompe sistemáticamente en algún punto —casi siempre después del reporte— en la inmensa mayoría de las instituciones estudiadas, tanto en la literatura internacional (Capítulo 2) como en los hospitales de Ontario (Capítulo 4).

        El valor del reporte, además, excede lo estrictamente técnico: reportar un incidente es, en sí mismo, un acto de confianza institucional. Un profesional que reporta apuesta a que la organización responderá con justicia, con confidencialidad y con una acción concreta, en lugar de con sanción, exposición o indiferencia. Cuando esa apuesta se sostiene en el tiempo —cuando el círculo efectivamente se cierra—, el reporte deja de ser percibido como un riesgo personal y se convierte en un hábito profesional protector, tanto para el paciente como para quien reporta. La evidencia económica reunida en el Capítulo 1 de la tesis —desde el ahorro estimado de 100 millones de dólares canadienses por cada 1% de eventos adversos prevenidos, hasta los 28.000 millones de dólares ahorrados en Estados Unidos entre 2010 y 2015— demuestra, además, que esta confianza institucional tiene un correlato económico directo y cuantificable, lo cual la convierte en una inversión de gestión y no en un gasto administrativo.

        Las dificultades: por qué reportar (bien) es tan difícil

        La tesis de Mahmoud permite ordenar las dificultades del reporte en tres niveles, que se refuerzan mutuamente.

        Dificultades individuales y culturales

        En el nivel más básico, reportar un incidente enfrenta al profesional de la salud con el temor a la culpabilización, la pérdida de reputación, el conflicto con colegas o superiores, y la percepción —documentada en trece países distintos en el Capítulo 2— de que el reporte no trae ningún beneficio personal tangible. La revisión sistemática de Mahmoud muestra que este temor no es un rasgo individual sino un patrón cultural extendido: en jerarquías profesionales tradicionales, los profesionales más jóvenes temen reportar errores de sus superiores, y persiste la norma implícita de que ciertos errores “forman parte del trabajo diario” y no ameritan ser documentados. La encuesta del Capítulo 4 confirma que, incluso dos décadas después de “To Err is Human”, el 57% de los líderes de calidad y seguridad de hospitales de Ontario continúa percibiendo que sus sistemas de reporte no logran prevenir la culpabilización injusta de quienes reportan.

        Dificultades organizacionales y de recursos

        En un segundo nivel, incluso cuando la voluntad de reportar existe, las organizaciones frecuentemente carecen de los recursos —tiempo protegido, personal capacitado, sistemas electrónicos ágiles— necesarios para que el reporte se traduzca en un análisis riguroso. La tesis documenta la paradoja de la duplicación: en el 80% de los hospitales de Ontario relevados, el personal debe reportar el mismo incidente por múltiples vías (historia clínica, sistema de enfermería, departamento de seguridad), lo que multiplica la carga de trabajo sin multiplicar el valor informativo obtenido. A esto se suma la dificultad, señalada tanto en la revisión sistemática como en el Capítulo 5, de conformar equipos de análisis verdaderamente multidisciplinarios y representativos, en particular en organizaciones complejas donde el personal de primera línea se muestra reacio a participar en investigaciones de incidentes por temor a perder reputación.

        Dificultades de cierre del ciclo y de medición

        El tercer nivel de dificultad —y el que la tesis de Mahmoud señala como el más crítico y menos estudiado— es el del cierre del ciclo: transformar el análisis en recomendaciones concretas, implementarlas de manera efectiva, monitorear su cumplimiento y comunicar los resultados a quienes reportaron el incidente originalmente. Es precisamente en esta etapa donde la encuesta del Capítulo 4 encontró las peores calificaciones de toda la tesis: 87% de respuestas subóptimas en la retroalimentación a los reportantes, 83% en el reconocimiento del liderazgo hacia quienes reportan, y 80% en la comunicación regular entre la alta dirección y el personal asistencial. A esta dificultad práctica se suma una dificultad metodológica de fondo, discutida extensamente en el Capítulo 5: no existe un patrón de referencia externo (“gold standard”) para medir si un sistema de aprendizaje de seguridad realmente funciona, y hasta la forma en que se clasifica una simple respuesta “parcialmente de acuerdo” en una encuesta puede modificar sustancialmente si una institución se percibe a sí misma como exitosa o como deficiente en esta materia.

        Idea central de cierre La tesis de Hassan Assem Mohamed Mahmoud sostiene, en definitiva, que el reporte de incidentes es condición necesaria pero no suficiente para la seguridad del paciente: su importancia real no reside en la cantidad de eventos reportados, sino en la capacidad efectiva de la institución para analizarlos, aprender de ellos, implementar cambios tangibles y comunicar ese aprendizaje de vuelta a quienes lo hicieron posible. Mientras las instituciones sigan midiendo el éxito de su sistema de seguridad por cuánto se reporta, y no por cuánto se transforma en mejora concreta, la brecha entre reportar y aprender —documentada de manera consistente en los cinco capítulos de esta tesis— seguirá siendo la principal explicación de por qué, más de dos décadas después de “To Err is Human”, los eventos adversos evitables continúan ocurriendo con una frecuencia inaceptablemente alta.

        Una lectura desde la gestión hospitalaria argentina

        Para la gestión de calidad y seguridad del paciente en instituciones como las que integran el sistema de obras sociales y la medicina prepaga en la Argentina, la enseñanza más directa de la tesis de Mahmoud es que ningún indicador de “tasa de reporte”, por sí solo, permite afirmar que un sistema de seguridad del paciente funciona. Un comité de seguridad del paciente que solo mide cuántos incidentes se reportan por mes, sin medir en paralelo cuántas recomendaciones se implementaron, en cuánto tiempo se retroalimentó a quien reportó, y con qué frecuencia la dirección médica comunicó los resultados de ese aprendizaje al personal asistencial, corre el riesgo de confundir actividad administrativa con mejora real de la seguridad. La dificultad no es, entonces, lograr que el personal reporte más —aunque el subreporte también constituye un problema real en nuestro medio—, sino garantizar que cada incidente reportado efectivamente complete su ciclo hasta el cierre del círculo de retroalimentación.

        Responsabilidad científica: la presente síntesis fue elaborada por el Dr. Carlos Alberto Díaz a partir de la lectura del documento original de tesis de Hassan Assem Mohamed Mahmoud (University of Ottawa, 2026). Toda interpretación, traducción y adaptación al contexto sanitario argentino es responsabilidad exclusiva del autor de esta síntesis; las citas textuales de conclusiones se han identificado como tales.

        Referencia principal

        Mahmoud, H. A. (2026). Evaluating Hospitals’ Responses to Patient Safety Events [Tesis doctoral, University of Ottawa]. School of Epidemiology and Public Health, Faculty of Medicine.

        Artículos derivados de la tesis citados en esta síntesis

        • Mahmoud HA, Thavorn K, Mulpuru S, McIsaac D, Abdelrazek MA, Mahmoud AA, Forster AJ. Barriers and facilitators to improving patient safety learning systems: a systematic review of qualitative studies and meta-synthesis. BMJ Open Qual 2023;12:e002134.
        • Mahmoud HA, Mulpuru S, Thavorn K, Forster AJ. Development of a survey to support assessment of safety learning systems. BMJ Open Qual 2024;13:e002738.
        • Mahmoud HA, Mulpuru S, Thavorn K, Forster AJ. Quality leaders’ survey of their patient safety learning system capability [manuscrito en preparación].

        Cáncer de Cuello Uterino: Estrategias de Eliminación 2030

        Dr. Carlos Alberto Díaz

        Gerente Médico, Sanatorio Sagrado Corazón (OSECAC) · Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud, Universidad ISALUD

        En síntesis En 2022 se diagnosticaron más de 662.000 casos de cáncer de cuello uterino en el mundo y se registraron más de 348.000 muertes; casi el 94 % de estas ocurrieron en países de ingresos bajos y medios-bajos. La OMS impulsa desde 2020 una estrategia mundial de eliminación basada en tres pilares con metas 90-70-90 para 2030.El cáncer de cuello uterino es, en princípio, la primera neoplasia que la humanidad se propone eliminar como problema de salud pública. l desafío ya no es tecnológico sino de ejecución: financiamiento sostenible, equidad de acceso y fortalecimiento de los sistemas de salud.

        1. Introducción: por qué este cáncer se puede eliminar

        El cáncer de cuello uterino ocupa un lugar singular en la oncología: se conoce con precisión su causa —la infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH)— y se dispone de herramientas de probada eficacia para prevenirlo, detectarlo y tratarlo en todas las etapas de su historia natural. Esa combinación de conocimiento causal e intervenciones costo-efectivas llevó a la OMS a lanzar en 2020 la primera estrategia mundial orientada a eliminar un tipo de cáncer como problema de salud pública.

        El acceso a la vacunación contra el VPH y al cribado cervical sigue siendo profundamente desigual, tanto entre países como dentro de ellos. La mayoría de las mujeres en países de ingresos bajos y medios-bajos —y también poblaciones desatendidas dentro de países de altos ingresos— tienen acceso limitado a estas intervenciones, mientras concentran la mayor carga de la enfermedad y la menor probabilidad de acceder a tratamiento oportuno.

        La meta de eliminación se define como una incidencia inferior a 4 casos por 100.000 mujeres en todos los países, sostenida en el tiempo. Para llegar a ese umbral, la OMS estableció las metas intermedias «90-70-90» que deben alcanzarse para 2030.

        PilarMeta 2030 (OMS)Indicador clave
        1. Vacunación VPH90 % de las niñas completamente vacunadas antes de los 15 añosCobertura de esquema (1 o 2 dosis) en cohortes adolescentes
        2. Cribado70 % de las mujeres examinadas con prueba de alto rendimiento antes de los 35 años, y nuevamente antes de los 45Cobertura con prueba primaria de VPH-ADN
        3. Tratamiento90 % de las mujeres con lesión precancerosa o cáncer invasivo reciben tratamiento oportuno90 % precáncer tratado + 90 % cáncer invasivo manejado

        Un modelo matemático que sustenta esta estrategia proyecta que, de cumplirse las metas 90-70-90, la incidencia mediana de cáncer de cuello uterino podría reducirse un 42 % para 2045 y un 97 % para 2120 en 78 países de ingresos bajos y medianos, evitando más de 74 millones de casos nuevos y más de 62 millones de muertes hacia fin de siglo.

        Se trata, además, de la primera vez que la comunidad internacional se propone eliminar formalmente un tipo de cáncer: 194 Estados Miembros de la OMS adoptaron la resolución que respalda esta estrategia en la Asamblea Mundial de la Salud de 2020. Esa unanimidad política contrasta, sin embargo, con la heterogeneidad de puntos de partida: países con sistemas de salud consolidados y programas de cribado organizado desde hace décadas conviven, en el mismo marco normativo, con países donde la vacunación recién comienza a implementarse y el acceso a tratamiento oncológico especializado es prácticamente inexistente. Comprender esa heterogeneidad —y no solo la meta agregada del 90-70-90— es indispensable para cualquier gestor de salud que deba priorizar recursos.

        2. La infección por VPH y su historia natural

        El VPH es una infección de transmisión sexual tan frecuente que, en ausencia de vacunación, la mayoría de las personas la adquiere en algún momento de su vida; se estima que más del 80 % de las personas en Estados Unidos se infectan antes de los 45 años. Existen más de 200 genotipos, de los cuales ocho (VPH16, 18, 31, 33, 35, 45, 52 y 58) concentran la fracción etiológica atribuible al cáncer de cuello uterino, siendo el VPH16 el más frecuente en los tumores.

        En la enorme mayoría de los casos, la infección cervical por VPH es transitoria y asintomática: el sistema inmunitario la elimina sin dejar secuelas. En una proporción menor, la infección persiste y puede dar lugar a una lesión intraepitelial de bajo grado, que en general también remite espontáneamente. Solo cuando la infección oncogénica persiste y el ADN viral se integra al genoma celular puede desarrollarse una lesión de alto grado (HSIL) y, en una fracción de los casos no tratados, progresar a cáncer invasivo. Este trayecto —de infección transitoria a lesión precancerosa y eventual cáncer— es lo que habilita intervenir en tres momentos distintos: antes de la exposición (vacunación), en la fase de lesión precancerosa (cribado y tratamiento) y en la enfermedad invasiva (tratamiento oncológico).

        Esta historia natural explica también por qué el cáncer de cuello uterino es, entre los tumores sólidos, uno de los mejor caracterizados desde el punto de vista de la prevención: el intervalo entre la infección incidente y el eventual cáncer invasivo suele extenderse durante años o incluso décadas, lo que abre una ventana amplia para la detección y el tratamiento de la lesión precursora antes de que se vuelva invasiva. Es precisamente esa ventana temporal la que sustenta la lógica de programas de cribado con intervalos de varios años cuando se utiliza la prueba de VPH, en lugar de controles anuales, y la que explica por qué la vacunación en la preadolescencia —muchos años antes de la exposición sexual esperable— sigue siendo la intervención más costo-efectiva del conjunto.

        Figura 1. Prevalencia relativa de los genotipos oncogénicos del VPH en el cáncer de cuello uterino (adaptado de IARC, Manual de prevención del cáncer, vol. 18).

        3. Los tres pilares del control del cáncer de cuello uterino

        Figura 2. Estrategias de la OMS para la eliminación del cáncer de cuello uterino según los tres pilares del continuo de prevención-atención.

        Ninguna intervención aislada puede eliminar el cáncer de cuello uterino: la OMS es explícita en que se requiere avanzar simultáneamente en los tres pilares. La vacunación en preadolescentes actúa mucho antes de la edad típica de aparición del cáncer, por lo que su efecto sobre la mortalidad es lento —se estima en varias décadas—, mientras que el cribado y el tratamiento reducen la carga de enfermedad en las cohortes ya expuestas al virus en el corto y mediano plazo. La combinación de los tres frentes, con ampliación de los servicios de tratamiento oncológico desde 2023, se proyecta que reduciría la mortalidad global un 34,2 % para 2030 respecto de las tasas de 2020.

        Para calibrar el impacto esperado de cada combinación de intervenciones, la OMS encargó al Consorcio de Modelización para la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino (CCEMC) —integrado por tres grupos de modelización independientes (Policy1-Cervix, Harvard y HPV-ADVISE)— la simulación de distintos escenarios de ampliación en 78 países de ingresos bajos y medianos. El uso de tres modelos independientes, en lugar de uno solo, buscó garantizar que las conclusiones no dependieran de los supuestos particulares de un único enfoque metodológico, y todos coincidieron en que la combinación de los tres pilares —y no cualquiera de ellos por separado— es la que permite alcanzar el umbral de eliminación en plazos razonables.

        Figura 4. Mortalidad por cáncer de cuello uterino estandarizada por edad proyectada en 78 países de ingresos bajos y medianos bajo distintos escenarios de vacunación y cribado (Canfell et al., 2020, The Lancet).

        3.1 Primer pilar: vacunación contra el VPH

        El vínculo causal entre VPH y cáncer de cuello uterino, establecido por Harald zur Hausen en 1981, permitió el desarrollo de vacunas profilácticas basadas en partículas similares a virus, aprobadas por primera vez en 2006. Las vacunas de primera generación (bivalente y tetravalente) protegen contra los genotipos responsables de aproximadamente el 70 % de los cánceres cervicales; la vacuna nonavalente de segunda generación amplía esa protección a genotipos responsables de hasta el 90 % de los casos. A noviembre de 2025 existían cinco vacunas profilácticas contra el VPH precalificadas por la OMS, y la evidencia de seguimiento muestra protección sostenida durante al menos una década, incluso con esquemas de una sola dosis.

        La brecha de implementación entre países sigue siendo el principal obstáculo: mientras el 80 % de los países de altos ingresos incorporó la vacunación nacional dentro de los diez años posteriores al desarrollo de la vacuna, apenas el 49 % de los países de ingresos bajos y medianos lo había hecho para 2019. La cobertura mundial con esquema de una dosis alcanzó el 31 % en 2024, con avances impulsados por Gavi y por la transición hacia esquemas de dosis única, que reduce costos y complejidad logística. La reticencia a la vacunación —por desconfianza en instituciones o por asociar la vacuna a una infección de transmisión sexual— continúa frenando la expansión en algunos entornos, con impactos demográficos medibles a largo plazo: en Japón, la reticencia pública sostenida hacia el programa nacional se proyecta que causará más de 5.000 muertes por cáncer de cuello uterino prevenibles a lo largo de la vida de las cohortes afectadas.

        La infección por VPH también causa cáncer en varones —ano, pene y orofaringe—, y la vacunación masculina protege contra hasta el 95 % del cáncer anal y el 84 % de los cánceres de pene asociados al virus. Casi un tercio de los programas nacionales de inmunización ya incorporan a los varones, aunque la mayoría de estos esquemas de doble sexo se concentra en países de altos ingresos; la evaluación de su costo-efectividad debe además ponderar el beneficio de protección colectiva adicional en entornos donde la cobertura femenina todavía es baja.

        Figura 3. Cobertura mundial de vacunación contra el VPH en mujeres de 15 años, 2018 (arriba) y 2024 (abajo). Fuente: OMS, 2025.

        3.2 Segundo pilar: cribado cervical

        El cribado organizado con citología redujo históricamente, a la mitad, la incidencia de cáncer de cuello uterino en los países que lograron alta cobertura (Australia, por ejemplo, pasó de 14 a 7 casos nuevos por 100.000 mujeres en los primeros diez años de su programa nacional, iniciado en 1991). En las últimas dos décadas, la evidencia —incluido un metaanálisis Cochrane y ensayos aleatorizados europeos y canadienses— demostró que la prueba de VPH-ADN tiene mayor sensibilidad que la citología para detectar lesiones precancerosas (89,9 % frente a 72,9 %) y permite intervalos de cribado más largos, dado que un resultado negativo predice bajo riesgo durante al menos seis años. Por ello la OMS recomienda hoy la prueba primaria de VPH como método de cribado preferido en todos los entornos, y Australia fue uno de los primeros países en adoptarla como estrategia nacional en 2017.

        El cribado con citología exige infraestructura de laboratorio y citopatólogos capacitados, requisitos que históricamente limitaron su expansión en países de ingresos bajos y medianos. La prueba de VPH-ADN, combinada con el auto-muestreo, reduce esa barrera al no depender de la lectura microscópica y permitir que la propia mujer recolecte la muestra, incluso en zonas remotas. Sin la ampliación del cribado, el impacto de la vacunación sobre la mortalidad tardaría décadas en manifestarse; el cribado es, por eso, el instrumento que acelera la reducción de mortalidad en las cohortes no vacunadas.

        Figura 5. Porcentaje de mujeres que alguna vez recibieron una prueba de detección de cáncer de cuello uterino, por región (adaptado de Bruni et al., 2022).

        3.3 Tercer pilar: tratamiento del precáncer y del cáncer invasivo

        El tercer pilar exige que al menos el 90 % de las personas diagnosticadas con precáncer o cáncer invasivo reciba tratamiento oportuno, incluido el acceso a alivio del dolor y cuidados paliativos. El cáncer de cuello uterino sigue siendo la cuarta causa de muerte oncológica en mujeres a nivel mundial, por lo que este pilar es el que produce el impacto más rápido sobre la mortalidad: un modelo del Consorcio de Modelización para la Eliminación (CCEMC) estimó que, de los 300.000 fallecimientos evitables proyectados para 2030 en 78 países de ingresos bajos y medianos, la mayor parte del beneficio de corto plazo proviene precisamente de un mejor acceso a los servicios de tratamiento oncológico.

        Para el tratamiento del precáncer, el estándar en entornos de altos ingresos es la escisión electroquirúrgica con asa (LEEP), con más del 90 % de éxito en la eliminación de lesiones CIN3, pero que requiere un profesional entrenado, electricidad y anestesia. La crioterapia —una técnica ablativa sin necesidad de electricidad, con 85 % de éxito— y, más recientemente, la ablación térmica portátil (recomendada por la OMS desde 2019) amplían las opciones para entornos de bajos recursos, aunque solo son aplicables cuando la lesión es completamente visible y no compromete el endocérvix, lo que excluye a buena parte de las mujeres posmenopáusicas y mayores de 50 años, que igual requieren derivación quirúrgica.

        El manejo del cáncer invasivo requiere una red de atención integrada: cirugía especializada, radioterapia (incluida braquiterapia), quimioterapia, manejo del dolor y cuidados paliativos, con guías clínicas y sistemas de derivación que eviten la pérdida de seguimiento. La brecha de acceso a radioterapia es crítica: se estima que deberían recibirla el 71 % de las mujeres diagnosticadas en países de altos ingresos y el 80 % en países de ingresos bajos y medianos, pero en 2015, 36 países de bajos ingresos carecían por completo de capacidad de radioterapia. A esto se suman barreras no clínicas —estigma social, baja alfabetización en salud, toxicidad financiera y abandono familiar— que retrasan el acceso al tratamiento, especialmente en enfermedad avanzada. La evidencia muestra además un alto retorno de la inversión en atención oncológica integrada (incluyendo soporte psicosocial y cuidados paliativos), lo que la posiciona como una inversión prioritaria y no como un componente accesorio.

        Figura 6. Enfoque estratificado de manejo básico, esencial y avanzado del cáncer de cuello uterino invasivo, según disponibilidad de recursos.

        4. Innovación en la implementación: el modelo EPICC

        La región del Indo-Pacífico concentra una cuarta parte de la carga mundial de cáncer de cuello uterino. Allí opera desde 2024 la Alianza para la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino en el Indo-Pacífico (EPICC), financiada por el gobierno australiano y la Fundación Minderoo y liderada por la Universidad de Sídney, que articula a múltiples socios técnicos para trabajar simultáneamente los tres pilares con un enfoque de sostenibilidad. Es una extensión de un programa previo centrado en el desarrollo de capacidades en zonas remotas de Papúa Nueva Guinea y Vanuatu.

        Un desarrollo especialmente relevante para entornos de bajos recursos y comunidades remotas es el modelo de detección y tratamiento en el punto de atención mediante muestras autorecolectadas: en Papúa Nueva Guinea, la prueba Xpert VPH aplicada sobre auto-muestreo demostró una sensibilidad del 90 %, especificidad del 89 % y un valor predictivo negativo del 99 % para la detección de precáncer cervical, con evaluaciones económicas que confirman su costo-efectividad y su potencial de impacto poblacional al reducir drásticamente la pérdida de seguimiento tras un resultado positivo — uno de los mayores problemas operativos del cribado en zonas de difícil acceso.

        5. De la estrategia a la implementación: los casos de referencia

        La Región del Pacífico Occidental de la OMS aprobó en 2023 un marco estratégico regional 2023-2030 que recomienda, entre otras acciones, aprovechar la filantropía y las alianzas público-privadas, priorizar esquemas de dosis única y monitorear activamente el discurso público para contrarrestar la desinformación. En 2023, 17 de los 34 países de la región contaban ya con programa nacional de vacunación, con coberturas que iban del 1 % al 98 %, y con Islas Cook, Fiyi y Singapur alcanzando la meta del 90 % con una sola dosis.

        Australia constituye el caso de referencia más citado: en 2023 lanzó un plan nacional con horizonte 2035 para lograr la eliminación, con un enfoque explícito en equidad hacia comunidades aborígenes e isleñas del Estrecho de Torres, población LGBTQIA+, personas en zonas rurales y remotas, y personas con discapacidad. La proyección de eliminación hacia 2035 en Australia y hacia 2038-2046 en Estados Unidos ilustra que los países de altos ingresos, con sistemas de salud consolidados en los tres pilares, alcanzarán la meta antes que el resto del mundo — lo que profundiza, en el corto plazo, la brecha de equidad global si no se sostiene la inversión en los países de ingresos bajos y medianos.

        Figura 7. Metas 2030 de la OMS (celeste) comparadas con las metas más ambiciosas fijadas por Australia (azul oscuro) para la eliminación del cáncer de cuello uterino.

        Para apoyar la planificación país por país, en 2025 se lanzó en el Observatorio Mundial del Cáncer una Herramienta de Planificación de la Eliminación, de acceso público, que permite adaptar las tres intervenciones al contexto local y estimar vidas salvadas, momento probable de eliminación y retorno de la inversión — un insumo directamente aplicable a la planificación de políticas de salud en la región latinoamericana.

        Un rasgo común a los marcos regionales y nacionales revisados es que ninguno se limita a fijar la meta 90-70-90 como número abstracto: todos definen acciones intermedias de implementación adaptadas a la disponibilidad de infraestructura y de recursos humanos. Esto incluye, por ejemplo, priorizar como grupo inicial de vacunación a las mujeres jóvenes cuando la cobertura aún es baja, recomendar esquemas de una sola dosis para maximizar el número de niñas alcanzadas con el presupuesto disponible, y monitorear activamente el discurso público y mediático sobre la vacunación para que los equipos de salud puedan anticipar y responder a la desinformación antes de que erosione la cobertura lograda. Esta lógica de implementación adaptativa —y no solo de fijación de metas— es, quizás, la lección más transferible de la experiencia internacional para cualquier país que recién comienza a estructurar su propio plan de eliminación.

        6. Mirada regional: Argentina y América Latina

        La Organización Panamericana de la Salud impulsa en la región un marco propio para alinear a los países con las metas 90-70-90, y mantiene un tablero interactivo de seguimiento por país con indicadores de vacunación, cribado y tratamiento. Argentina incorporó la vacuna contra el VPH al Calendario Nacional de Vacunación en 2011 para niñas de 11 años, ampliándolo luego a varones, y sostiene un Programa Nacional de Prevención de Cáncer Cérvico-Uterino que impulsa la transición hacia la prueba de VPH como método de tamizaje primario en el sistema público — en línea con la recomendación internacional descripta en este documento.

        El desafío regional replica, a escala menor, la tensión global entre los tres pilares: la vacunación tiene cobertura relativamente consolidada en el sistema público, pero persisten brechas de acceso al tamizaje con prueba de VPH y a la continuidad del tratamiento entre subsectores (público, seguridad social y privado), con heterogeneidad entre provincias. La fragmentación del sistema de salud argentino —multiplicidad de financiadores y prestadores— es, en sí misma, una barrera adicional para sostener el seguimiento longitudinal de mujeres con resultado positivo, un punto crítico que este artículo identifica como determinante del éxito del segundo pilar en cualquier país.

        Para la gestión hospitalaria y de instituciones de salud en Argentina, el marco de los tres pilares ofrece una estructura útil de autodiagnóstico institucional: ¿la institución participa activamente de la vacunación en su área de influencia?, ¿ofrece o deriva de forma efectiva la prueba primaria de VPH?, ¿tiene una red de derivación sin fisuras hacia colposcopia, tratamiento ablativo o quirúrgico y, si corresponde, radioterapia? Estas preguntas trasladan la estrategia global a una herramienta de gestión aplicable en el nivel de cada sanatorio, obra social o prepaga.

        7. La actualidad: entre el compromiso político y la ejecución

        A mediados de 2026, el balance global muestra un patrón consistente: la vacunación es el pilar más avanzado pero aún por debajo de la meta; el cribado es el eslabón más débil, con apenas una minoría de mujeres examinadas alguna vez con una prueba de alto rendimiento; y el tratamiento continúa limitado por la escasez de patología y de radioterapia en buena parte del mundo. La incidencia en África (aproximadamente 26 por 100.000 mujeres) sextuplica la de Norteamérica (6,4 por 100.000), frente a un umbral de eliminación de 4 por 100.000 — una brecha que persiste tanto entre países como al interior de ellos.

        En la 79ª Asamblea Mundial de la Salud (2026), ministros de salud de distintas regiones coincidieron en que la ciencia está establecida y las herramientas existen, pero que el progreso ahora exige rendición de cuentas y sistemas de salud capaces de ejecutar lo comprometido. La adopción del Día Mundial de Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino (17 de noviembre, resolución WHA 78.8) busca justamente instalar una instancia anual de revisión de avances. De no acelerarse la implementación, las proyecciones estiman que las muertes anuales podrían superar las 410.000 hacia 2030, lo que ha motivado el llamado a financiar plenamente a Gavi para vacunar 120 millones de niñas adicionales entre 2026 y 2030.

        En ese mismo foro, distintos países ilustraron con ejemplos concretos por dónde pasa hoy la brecha entre compromiso y ejecución. Brasil destacó avances en cobertura de vacunación mediante estrategias de aplicación escolar y de alcance a comunidades remotas e indígenas, junto con pilotos de auto-muestreo y cribado basado en VPH. Ghana subrayó la necesidad de integrar cribado y tratamiento dentro de la atención primaria y de extender los servicios más allá de los centros urbanos, señalando brechas en diagnóstico, capacidad de tratamiento, recursos humanos y financiamiento. Liberia describió uno de los cuellos de botella más claros del sistema: pese a haber capacitado a más de mil trabajadores de salud en inspección visual con ácido acético para el cribado, la capacidad de tratamiento limitada implica que, en la práctica, «se cribado, pero no se puede cribado-y-tratar».

        En el plano europeo, un informe de enero de 2026 del Observatorio Europeo de Sistemas y Políticas de Salud destacó que casi todos los países de la Región Europea de la OMS ofrecen ya vacunación contra el VPH a adolescentes mujeres, y muchos la extienden a varones, con reducciones de hasta 90 % en infecciones de alto riesgo y hasta 70 % en el riesgo de precáncer en cohortes con alta cobertura de vacunación. Aun así, la región registra más de 67.000 diagnósticos y más de 32.000 muertes anuales por esta causa, lo que confirma que incluso en sistemas de salud consolidados la eliminación no está garantizada sin sostener los tres pilares de manera simultánea.

        Este panorama deja una enseñanza central para cualquier gestor sanitario que analice el problema desde la economía de la salud: la curva de aprendizaje de la eliminación no es lineal ni homogénea entre países, y el orden de prioridades óptimo —qué pilar reforzar primero, con qué tecnología y con qué financiamiento— depende del punto de partida de cada sistema. No existe una receta única aplicable por igual a un país con programa de cribado organizado desde hace treinta años y a otro que recién introduce la vacunación; la función de cualquier marco de planificación, nacional o institucional, es precisamente traducir la meta global 90-70-90 en una secuencia de inversión realista para el contexto propio.

        Implicancias para la gestión sanitaria La vacunación por sí sola no reduce la mortalidad en el corto plazo: sin cribado y tratamiento simultáneos, el impacto se demora medio siglo.El cuello de botella actual no es tecnológico sino de sistemas: laboratorio, patología, radioterapia y seguimiento de casos positivos.Los países de ingresos bajos y medianos concentran el 94 % de las muertes pero enfrentan las mayores barreras de acceso a los tres pilares.El auto-muestreo y la prueba primaria de VPH-ADN son las innovaciones con mayor potencial de equidad para acelerar el cribado.La planificación país por país (como la Herramienta de Planificación de la Eliminación de la OMS) permite adaptar metas y financiamiento al contexto local.

        7.1 La brecha en una tabla

        IndicadorPaíses de altos ingresosPaíses de ingresos bajos y medianos
        Programa nacional de vacunación VPH implementado80 % en < 10 años desde el desarrollo de la vacuna49 % para 2019
        Mujeres alguna vez tamizadasMayoría con programas organizados de larga dataMinoría; frecuentemente sin programa organizado
        Acceso a radioterapia (cuando indicada)71 % de quienes la necesitan la reciben36 países de bajos ingresos sin capacidad alguna en 2015
        Incidencia estandarizada por edad (aprox.)6,4 / 100.000 (Norteamérica)26 / 100.000 (África)
        Horizonte proyectado de eliminaciónAustralia: 2035 · EE. UU.: 2038-2046Variable; sujeto a financiamiento sostenido

        8. Financiamiento sostenible: la condición de posibilidad

        Ninguno de los tres pilares se sostiene sin financiamiento predecible y de largo plazo. La reducción del precio de la vacuna contra el VPH lograda a través de Gavi fue decisiva para ampliar el acceso en países de ingresos bajos y medianos, pero el financiamiento de Gavi opera por ciclos de reposición de fondos que exponen a los programas nacionales a discontinuidades si los compromisos de los donantes no se renuevan a tiempo. La transición hacia esquemas de una sola dosis reduce el costo por niña vacunada y simplifica la logística, pero no elimina la necesidad de una línea presupuestaria sostenida año a año dentro de los programas nacionales de inmunización.

        En el cribado, el costo marginal de introducir la prueba de VPH-ADN suele ser mayor al de la citología tradicional, aunque los modelos de costo-efectividad muestran que, al permitir intervalos más largos entre controles, el costo total del programa a lo largo del tiempo puede ser menor. Esa ecuación solo se cumple si el sistema de salud logra un seguimiento efectivo de los resultados positivos —de lo contrario, el ahorro teórico del intervalo extendido se pierde en la pérdida de seguimiento y en diagnósticos tardíos, que son más costosos de tratar—. En el tercer pilar, la inversión en radioterapia y en formación de recursos humanos especializados (ginecología oncológica, radioterapia, patología) tiene tiempos de maduración de varios años, lo que exige planificación de mediano plazo y no solo financiamiento de proyectos puntuales.

        Para los gestores de instituciones de salud, esto significa que la sostenibilidad financiera de un programa de eliminación no puede evaluarse pilar por pilar de forma aislada, sino como una cadena: el retorno de la inversión en vacunación y cribado depende de que exista, aguas abajo, capacidad instalada de tratamiento; y la inversión en tratamiento rinde mayores frutos poblacionales cuando aguas arriba existe cribado organizado que detecta la enfermedad en estadios tempranos. Es un argumento adicional para integrar la planificación de los tres pilares dentro de una misma línea de gestión institucional, en lugar de tratarlos como programas independientes con presupuestos desconectados entre sí.

        9. Tecnologías emergentes y agenda futura

        El desarrollo tecnológico seguirá siendo un factor habilitante, más que un cuello de botella, para la eliminación. En el pilar de vacunación, la consolidación de esquemas de una sola dosis y el eventual ingreso de nuevos fabricantes al mercado deberían aliviar las tensiones de abastecimiento global que en los últimos años retrasaron la adquisición oportuna de vacunas en varios países. En el pilar de cribado, el auto-muestreo asociado a pruebas de VPH-ADN en el punto de atención —validado en entornos tan diversos como Papúa Nueva Guinea, Sudáfrica, India y zonas rurales de China— es la innovación con mayor potencial de equidad, porque desplaza la barrera de acceso desde la infraestructura de laboratorio hacia la simple disponibilidad del test y la organización del sistema de derivación.

        En el pilar de tratamiento, la ablación térmica portátil amplía el rango de entornos donde puede tratarse el precáncer sin depender de electricidad estable ni de gas refrigerante, aunque —como se señaló— no reemplaza la necesidad de capacidad quirúrgica y de radioterapia para la enfermedad más avanzada o menos accesible visualmente. La Herramienta de Planificación de la Eliminación del Observatorio Mundial del Cáncer, de acceso público desde 2025, permite a los equipos de gestión traducir estas opciones tecnológicas en escenarios de inversión concretos, estimando el momento probable de eliminación y el retorno de la inversión bajo distintos supuestos de cobertura — un insumo que puede incorporarse directamente a la planificación estratégica de instituciones y sistemas de salud en la región.

        10. Recomendaciones para la gestión institucional

        A partir de la evidencia revisada, pueden derivarse recomendaciones concretas para directores médicos, gerentes de instituciones de salud y responsables de programas de prevención:

        • Auditar la cadena de derivación: verificar que toda mujer con un resultado positivo en la prueba de VPH tenga una vía clara y monitoreada hacia colposcopia y tratamiento, con responsables identificados en cada paso.
        • Priorizar la prueba primaria de VPH-ADN sobre la citología exclusiva allí donde la infraestructura lo permita, dado su mayor valor predictivo negativo y la posibilidad de espaciar los controles.
        • Evaluar el auto-muestreo como estrategia de captación para poblaciones con baja adherencia al control ginecológico convencional, en particular en zonas rurales o de difícil acceso.
        • Incorporar indicadores de los tres pilares (cobertura de vacunación en el área de influencia, tasa de tamizaje, tiempo entre resultado positivo y tratamiento) en los tableros de gestión institucional, no solo en los reportes epidemiológicos nacionales.
        • Sostener la oferta de vacunación contra el VPH como una prioridad de calendario, comunicando activamente su seguridad y beneficio para contrarrestar la reticencia a la vacunación.
        • Planificar la inversión en capacidad de tratamiento (colposcopia, procedimientos ablativos, articulación con centros de radioterapia) en simultáneo con la ampliación del cribado, para no generar cuellos de botella entre detección y tratamiento.

        11. Conclusión

        El cáncer de cuello uterino podría convertirse en la primera neoplasia eliminada por la humanidad como problema de salud pública, gracias a una combinación única de conocimiento causal e intervenciones costo-efectivas. La estrategia 90-70-90 de la OMS ofrece una hoja de ruta clara y modelada matemáticamente; lo que resta es sostener el financiamiento, cerrar la brecha de implementación entre países de altos y bajos ingresos, y fortalecer los sistemas de salud para que la vacunación, el cribado y el tratamiento avancen de manera simultánea y equitativa. Para los sistemas de salud de la región, el desafío es traducir este marco global en programas nacionales concretos, con metas, financiamiento y monitoreo propios.

        Seis años después de adoptada la estrategia, la evidencia de 2026 confirma que el problema ya no es la falta de herramientas: es la capacidad de los sistemas de salud para sostener, en simultáneo y a lo largo del tiempo, tres cadenas de valor distintas —inmunización, tamizaje poblacional y red oncológica— sin que ninguna de ellas actúe como cuello de botella de las otras dos. Esa es, en definitiva, la tarea de gestión sanitaria que este documento busca poner en primer plano: no alcanza con adherir políticamente a la meta de eliminación; hace falta la arquitectura institucional, el financiamiento sostenido y el monitoreo continuo que la conviertan en resultados sanitarios concretos y sostenibles.

        Estrategias para Eliminar el Cáncer de Cuello Uterino

        Michaela T. Hall a ⁎, Amelia Hyatt b, Megan A. Smith a , Julie Torode c , Telma Costa a, Diep ThiNgoc Nguyen a, Timothy Balshaw, Paul Grogan, Kim Sweeny d, Carmen Auste e, Claire Nightingale f, MeiLing Yap g ,David Hawkes h , Andrew Vallely i , Monica Molano j , Sanchia Aranda k , Edward Trimble l , LisaJ. Whop m , Marion Saville n , Deborah Bateson o …Karen Canfell

        1. Introducción​

        Una gran cantidad de evidencia ha establecido la infección por el virus del papiloma humano (VPH) como el agente causal del cáncer de cuello uterino y una alta proporción de cánceres de vulva, vagina, pene, ano y orofaringe ( Bansal et al., 2016 ). Los cánceres relacionados con el VPH representan un problema de salud pública mundial sustancial, dado que las infecciones por VPH, en ausencia de vacunación, han estado entre las infecciones sexuales más comunes en todo el mundo ( de Sanjose et al., 2007 ), con una estimación que sugiere que sin la vacunación contra el VPH más del 80 % de las personas en los Estados Unidos adquirieron una infección antes de los 45 años ( Chesson et al., 2014 ). En 2022, hubo aproximadamente 662.301 nuevos casos de cáncer de cuello uterino y 348.874 muertes por cáncer de cuello uterino en todo el mundo ( Ferlay J et al., 2024 ).

        Muchas mujeres, especialmente en países de altos ingresos, ahora tienen acceso a métodos seguros y eficaces para la prevención primaria y secundaria del cáncer de cuello uterino, incluyendo la vacunación profiláctica contra el VPH y el cribado cervical y el tratamiento de lesiones precancerosas ( Bruni et al., 2021 , 2022 ). Un ejemplo de un entorno que ha implementado con éxito la vacunación contra el VPH, las pruebas primarias de VPH y el tratamiento de lesiones precancerosas de cuello uterino es Australia. En 2023, Australia lanzó un plan nacional y una visión para lograr la eliminación del cáncer de cuello uterino para 2035, con recomendaciones estratégicas para garantizar que abordar la inequidad sea fundamental en el enfoque ( Departamento de Salud del Gobierno de Australia, 2023 ). El plan estratégico prioriza los programas diseñados en colaboración con la comunidad que sean inclusivos y culturalmente seguros para todos los grupos de mujeres y personas con cuello uterino, incluidas las personas aborígenes e isleñas del Estrecho de Torres, la comunidad lesbiana, gay, bisexual, transgénero, queer, intersexual y asexual (LGBGTQIA+) y las personas de entornos cultural y lingüísticamente diversos, las que viven en zonas rurales y remotas y las personas con discapacidad.

        El acceso a estas herramientas esenciales para la prevención del cáncer de cuello uterino, la vacunación contra el VPH y el cribado, se distribuye de forma desigual tanto entre países como dentro de ellos, y la mayoría de las mujeres en países de ingresos bajos y medios-bajos (PIBM), e incluso algunas poblaciones desatendidas dentro de los países de ingresos altos (PIA), tienen un acceso limitado a estas intervenciones ( Bruni et al., 2021 , 2022 ). Además, a pesar de que los PIBM soportan la mayor carga de cáncer de cuello uterino a nivel mundial, las mujeres que viven en estos países tienen una probabilidad significativamente menor de tener acceso al tratamiento reconocido como mejor práctica para el cáncer de cuello uterino ( Horton y Gauvreau, 2015 ). En 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó un plan estratégico para acelerar la eliminación del cáncer de cuello uterino como problema de salud pública ( Organización Mundial de la Salud, 2020a ).

        El esfuerzo de eliminación se sustenta en tres pilares principales que son la base de las metas establecidas para el año 2030 para todos los países. Las metas “90-70-90” para 2030 son: vacunar al 90 % de las niñas contra el VPH antes de los 15 años, alcanzar una cobertura del 70 % de mujeres con una prueba de detección de cáncer de cuello uterino de alta precisión (actualmente el VPH es el método de detección primaria recomendado) antes de los 35 años y nuevamente antes de los 45 años, y ampliar el acceso al tratamiento para mujeres con precáncer de cuello uterino detectado y cáncer de cuello uterino invasivo diagnosticado al 90 % ( 
        Organización Mundial de la Salud, 2020a ). En 2021, la OMS lanzó directrices revisadas para la detección de cáncer de cuello uterino y el tratamiento del precáncer para mujeres en la población general y mujeres que viven con el VIH, recomendando la prueba primaria del VPH para todos los entornos ( 
        Organización Mundial de la Salud, 2021 ). Posteriormente, y basándose en el desarrollo de un marco por parte de la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2019 ), las diversas regiones de la OMS han establecido marcos para ayudar a los países a planificar el logro de las metas 90-70-90 de la OMS para 2030. Por ejemplo, el Marco Estratégico de la Oficina Regional del Pacífico Occidental de la OMS (WPRO) para la Prevención y el Control Integrales del Cáncer Cervical en la Región del Pacífico Occidental 2023-2030 fue aprobado en octubre de 2023 en la Reunión Regional del Pacífico Occidental de la OMS ( Organización Mundial de la Salud, 2023a , 
        Organización Mundial de la Salud, 2023b ). Para apoyar a los países en la planificación, la Herramienta de Planificación de la Eliminación, lanzada en el Observatorio Mundial del Cáncer en 2025, es una herramienta en línea de acceso público que permite a los países crear estrategias de control del cáncer cervical que adaptan las intervenciones de detección, vacunación y tratamiento a sus contextos específicos, y proporciona información clave sobre las vidas salvadas previstas, el momento de la eliminación y el retorno de la inversión (ROI) ( Ervik, M et al., 2025 ).

        2. Infección por VPH e historia natural .

        El VPH es una infección de transmisión sexual que, en ausencia de vacunación profiláctica a nivel poblacional, infecta a la mayoría de las personas en algún momento de su vida ( Bosch et al., 1996 ; Castellsague y Munoz, 2003 ; Kjaer et al., 2001 ). El VPH es un virus de ADN que infecta las células escamosas ( Doorbar, 2006 ; Mcmurray et al., 2001 ), con más de 200 genotipos individuales clasificados hasta la fecha ( Ganesan et al., 2006 ; Sellors y Sankaranarayanan, 2003 ; Organización Mundial de la Salud, 2024a ). Si bien la mayoría de los genotipos del VPH son benignos, ocho tipos (VPH16, VPH18, VPH31, VPH33, VPH35, VPH45, VPH52 y VPH58) tienen una fracción etiológica atribuible superior al 1 % en el cáncer de cuello uterino ( Fig. 1 ). ( Bouvard et al., 2021 ; Serrano et al., 2018 )

        Figura 1. Prevalencia relativa de los genotipos del VPH, obtenida del manual de prevención del cáncer de la IARC: volumen 18 ( Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, 2022 ).

        El VPH está presente en prácticamente todos los casos de cáncer de cuello uterino y en una gran proporción de cánceres anales, de pene, vaginales, vulvares y orofaríngeos ( Ao et al., 2021 ; Diorio y Giuliano, 2016 ; Giuliano et al., 2008 , 2011 ; Kreimer et al., 2013 ; Li et al., 2023 ; Lin et al., 2018 ; Poynten et al., 2021 ; Schiller y Lowy, 2012 ; Vani et al., 2023 ; Zhang et al., 2018 ), siendo el VPH16 la infección más común presente en el cáncer ( Diorio y Giuliano, 2016 ; Lin et al., 2018 ; Vani et al., 2023 ).En casi todos los casos de infección cervical por VPH, la infección es asintomática, no produce cambios celulares y es eliminada por el sistema inmunitario ( Ault, 2006 ; Doorbar et al., 2015 ; Ljubojevic y Skerlev, 2014 ; Loo y Tang, 2014 ). En algunos casos, una infección productiva por VPH se asocia con una lesión intraepitelial escamosa de bajo grado (LIEBG), y la mayoría de estas infecciones y/o lesiones se resuelven o remiten espontáneamente ( Ljubojevic y Skerlev, 2014 ; Loo y Tang, 2014 ). En algunos casos, una infección oncogénica por VPH persistirá, dando lugar a una infección transformadora, donde el ADN viral se encuentra en forma episomal e integrada. El ADN viral se replica junto con el ADN celular en las células basales, causando cambios celulares neoplásicos y el desarrollo de una lesión intraepitelial escamosa de alto grado (HSIL) ( Ljubojevic y Skerlev, 2014 ; Loo y Tang, 2014 ). Entre las mujeres con estos cambios celulares de alto grado, la progresión a cáncer de cuello uterino invasivo es improbable, y solo una proporción de las lesiones no tratadas están destinadas a progresar a cáncer de cuello uterino invasivo ( Ault, 2006 ; Ljubojevic y Skerlev, 2014 ; Loo y Tang, 2014 ; McCredie et al., 2008 ). La vía de la historia natural del VPH, incluyendo la progresión y la regresión/eliminación de la enfermedad, se ilustra esquemáticamente en la Fig. 2 .

        Figura 2

        Las infecciones incidentes por VPH generalmente alcanzan su punto máximo unos pocos años después de la primera relación sexual, con una prevalencia de CIN3 que alcanza su punto máximo unos 5 a 15 años después, y los cánceres invasivos en las décadas posteriores ( Schiffman et al., 2011 ). Hay dos clasificaciones principales de cáncer de cuello uterino que difieren en términos de origen, prevalencia y apariencia: carcinoma de células escamosas, que representa la mayoría de los casos de cáncer de cuello uterino y típicamente se forma en la zona de transformación, y adenocarcinoma, que es menos común y ocurre más arriba en el canal cervical, lo que hace que sea más difícil de detectar y tratar ( Brotherton et al., 2017 ; Schiffman y Castle, 2003 ). En poblaciones sin vacunación contra el VPH16/18, el VPH16 es responsable de más de la mitad de todos los casos de carcinoma de células escamosas del cuello uterino, mientras que el cáncer asociado al VPH18 tiene más probabilidades de resultar en adenocarcinoma que en carcinoma de células escamosas ( Clifford et al., 2003 ; de Sanjose et al., 2010 ).A pesar de la baja probabilidad a nivel individual de que una infección por VPH resulte en cáncer, la alta prevalencia mundial del VPH que subyace a los cánceres asociados al VPH plantea un problema de salud pública sustancial a nivel poblacional. A nivel mundial, se estima que el 11,7 % de las mujeres sin cambios celulares detectables o lesiones cervicales eran positivas para el VPH antes de la vacunación, aunque esto varía según la región geográfica, siendo las mujeres en África subsahariana y Europa del Este las que tienen las cargas más altas de VPH, con un 24,0 % y un 21,4 % estimados como portadores de una infección, respectivamente ( Bruni et al., 2010 ). La carga del cáncer de cuello uterino está sesgada hacia los países de ingresos bajos y medianos debido a la histórica falta de acceso a un cribado cervical eficaz. Las tasas estandarizadas por edad de incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino en países con un bajo Índice de Desarrollo Humano se han estimado recientemente en 2,3 y 3,3 veces más altas, respectivamente, que los promedios mundiales ( GLOBOCAN, 2022 ). Esta disparidad se ve exacerbada por la distribución global desigual del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que es un factor de riesgo sustancial para el precáncer y el cáncer de cuello uterino. La presencia de una infección por VIH aumenta el riesgo de detección de VPH (RR agrupado 2,64), precáncer de cuello uterino (RR agrupado 3,73 para lesiones de bajo grado y 1,32 para lesiones de alto grado) y cáncer de cuello uterino (RR 6,01) al tiempo que disminuye las tasas de eliminación del VPH (HR agrupado 0,72) ( Liu et al., 2018 ; Stelzle et al., 2021 ). Aproximadamente el 5,8 % de los diagnósticos mundiales de cáncer de cuello uterino se dan en mujeres que viven con VIH; sin embargo, este efecto es más pronunciado en la región africana de la OMS donde, dada la alta carga regional del VIH, más del 25 % de los casos de cáncer de cuello uterino ocurren en mujeres con VIH ( Stelzle et al., 2021 ). La infección por VIH y VPH tiene una relación sinérgica, con una incidencia de VIH demostrablemente mayor entre aquellos con una infección por VPH (RRpooled 1,91) ( Looker et al., 2018 ).

        3. Los tres pilares del control del cáncer de cuello uterino

        3.1 . Antecedentes de los tres pilares

        Durante las últimas décadas, se han logrado avances importantes en la comprensión, prevención, diagnóstico y tratamiento del cáncer de cuello uterino. La identificación de la infección por VPH como un importante agente carcinogénico ( Bosch et al., 1995 ; Ho et al., 1998 ; zur Hausen et al., 1981 ) fue seguida por la caracterización exhaustiva de diferentes genotipos de VPH ( de Villiers et al., 2004 ) y el eventual desarrollo y despliegue a gran escala de vacunas profilácticas contra el VPH para prevenir la infección por VPH y la enfermedad subsiguiente ( Arbyn et al., 2018b ; Lei et al., 2020 ).La comprensión emergente de la historia natural del VPH ha llevado además a innovaciones en el cribado cervical, que puede detectar lesiones precancerosas cervicales, lo que permite ofrecer la oportunidad de ofrecer un tratamiento que prevenga el cáncer de cuello uterino, y el cribado también puede resultar en una detección más temprana del cáncer de cuello uterino invasivo. Históricamente, la prueba de Papanicolaou (Pap), o citología cervical, se utilizaba para el cribado cervical ( Papanicolaou y Traut, 1997 ); sin embargo, la evidencia que demuestra la sensibilidad superior y el valor predictivo negativo de la prueba del VPH en comparación con la citología ( Ronco et al., 2014 ) ha hecho que la prueba primaria del VPH reemplace cada vez más a la citología como prueba de cribado primaria en muchos países ( Aitken et al., 2019 ; Hall et al., 2018 ). En 2021, la OMS recomendó la prueba del VPH como prueba primaria de cribado cervical para mujeres en la población general y mujeres que viven con el VIH ( Organización Mundial de la Salud, 2021 ). También se ha demostrado que la detección primaria del VPH es más rentable que la citología ( Lew et al., 2016 , 2017 ; Simms et al., 2023 ).También están avanzando los enfoques de tratamiento tras la detección de lesiones precancerosas cervicales y enfermedad invasiva. Por ejemplo, los métodos emergentes de ablación térmica permiten tratar a las mujeres de forma práctica en el punto de atención tras la detección del VPH (con o sin clasificación, según lo recomendado por la OMS). Cuando procede, esto posibilita la realización de pruebas de VPH el mismo día en el punto de atención, seguidas del tratamiento inmediato de las mujeres en riesgo, lo que ha demostrado ser un enfoque muy aceptable, eficaz y rentable en entornos con alta prevalencia ( Hall et al., 2023 ; Nguyen et al., 2022 ; Simms et al., 2023 ).Para el cáncer de cuello uterino invasivo, la radioterapia de intensidad modulada guiada por resonancia magnética y la braquiterapia adaptativa han mejorado el control de la enfermedad y reducido las complicaciones ( Pötter et al., 2018 ). Además, se están realizando investigaciones activas sobre el tratamiento con anticuerpos monoclonales e inmunoterapia como complemento de la quimioterapia clásica basada en cisplatino ( Colombo et al., 2021 ; Long et al., 2005 ), y se presta mayor atención a los cuidados de apoyo y a la supervivencia como elementos centrales de los planes de tratamiento.No obstante, a pesar de estos avances en la prevención, detección y tratamiento del cáncer de cuello uterino, este sigue siendo un importante problema de salud pública a nivel mundial ( Organización Mundial de la Salud, 2018 ). En muchos entornos con recursos limitados, el acceso a la vacunación contra el VPH y a las pruebas de detección del cáncer de cuello uterino es restringido ( Dorji et al., 2021 ). En 2020, se estimó que las muertes por cáncer de cuello uterino en mujeres fueron responsables de más de 200 000 nuevos huérfanos maternos; esto se asocia con una mayor tasa de mortalidad infantil y un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad en la edad adulta para los niños supervivientes ( 

        Guida et al., 2022 ).La OMS definió una estrategia mundial para la eliminación del cáncer de cuello uterino mediante tres pilares de acción y sus objetivos correspondientes, que deben alcanzarse para 2030 ( 

        Organización Mundial de la Salud, 2020a ), de la siguiente manera:

        • •El 90 % de las niñas están completamente vacunadas contra el VPH a los 15 años;
        • •El 70 % de las mujeres se someten a una prueba de detección de alto rendimiento (actualmente solo la prueba primaria del VPH cumple los requisitos) antes de los 35 años, y de nuevo antes de los 45 años;
        • •El 90 % de las mujeres con lesiones precancerosas reciben tratamiento y el 90 % de las mujeres con cáncer invasivo reciben un tratamiento y una atención adecuados.

        La iniciativa de eliminación exige que los gobiernos y otras partes interesadas unan esfuerzos para implementar la estrategia integral para lograr un control equitativo del cáncer de cuello uterino ( Fig. 3 ).

        Figura 3

        Al definir los tres pilares del control del cáncer de cuello uterino, la OMS encargó un modelo integral para comprender el impacto de cada intervención, y de las intervenciones combinadas, en la puntualidad de la eliminación en los países de ingresos bajos y medianos. El Consorcio de Modelización para la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino de la OMS (CCEMC) estaba compuesto por tres grupos que aprovecharon modelos previamente desarrollados y validados, Policy1-Cervix ( Lew et al., 2017 ; Simms et al. , 2019 ; Smith et al., 2008 ), Harvard ( Burger et al., 2018 ; Campos et al., 2014 ) y HPV-ADVISE ( Brisson et al., 2013 ; van de Velde et al., 2012 ), que se utilizaron para simular varios escenarios de ampliación de intervenciones en 78 países de ingresos bajos y medianos. Los hallazgos demostraron que el logro de las metas de 2030 para la estrategia de eliminación del cáncer de cuello uterino 90-70-90 de la OMS tendrá un gran impacto en las tasas de incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino a nivel mundial, así como en los casos y las muertes ( Brisson et al., 2020 ; Canfell et al., 2020 ). Dado que la vacunación contra el VPH en la preadolescencia se realiza mucho antes de la edad típica de inicio del cáncer de cuello uterino, la vacunación contra el VPH por sí sola tiene una capacidad limitada para reducir las muertes por cáncer de cuello uterino a corto plazo, aunque se prevé que reduzca sustancialmente la carga del cáncer de cuello uterino en un plazo de medio siglo a medida que las cohortes vacunadas maduren ( Brisson et al., 2020 ). Sin embargo, se espera que la vacunación combinada con la prueba primaria del VPH y el tratamiento precanceroso, y con la ampliación de los servicios de tratamiento del cáncer a partir de 2023, dé como resultado una reducción del 34,2 % en la mortalidad por cáncer de cuello uterino para 2030 en comparación con las tasas de 2020 ( Canfell et al., 2020 ). Por lo tanto, lograr la eliminación requiere un compromiso global, entendiendo que se necesitan los tres conjuntos de intervenciones y que “ninguna intervención por sí sola puede eliminar el cáncer de cuello uterino”. ( Organización Mundial de la Salud, 2020a ).

        3.2 . Primer pilar: vacunación contra el VPH

        En 1981, Harald zur Hausen publicó un artículo innovador que establecía el vínculo causal entre la infección por VPH y el cáncer de cuello uterino, lo que transformó radicalmente nuestra comprensión de la patogénesis del cáncer de cuello uterino ( zur Hausen et al., 1981 ). Las contribuciones clave al desarrollo de las vacunas contra el VPH fueron realizadas por Ian Frazer y Jian Zhou en la Universidad de Queensland y por Doug Lowy y John Schiller en el Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos, con las primeras vacunas autorizadas y aprobadas para su uso en Australia y los Estados Unidos de América en 2006. ( Registro Australiano de Productos Terapéuticos (ARTG), 2006 ; Canfell, 2017 ; Markowitz y Schiller, 2021 ; Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, 2023 ) Las vacunas contra el VPH de primera generación protegen contra dos tipos (VPH16 y VPH18), responsables de aproximadamente el 70 % de los cánceres de cuello uterino, o cuatro tipos que también protegen contra las verrugas genitales mediante la inclusión del VPH6 y el VPH11 ( Garland et al., 2009 ). Desde entonces se ha desarrollado una vacuna de segunda generación contra el VPH de amplio espectro que protege contra nueve tipos de VPH (VPH6, VPH11, VPH16, VPH18, VPH31, VPH33, VPH45, VPH52 y VPH58) responsables de hasta el 90 % de los cánceres de cuello uterino ( Joura et al., 2015 ). Las vacunas iniciales y posteriores contra el VPH se basan en una investigación pionera sobre la construcción sintética de partículas similares a virus (VLP) que inducen respuestas inmunitarias tanto de células B como de células T Akhatova et al., 2022 ; Markowitz y Schiller, 2021 ). A noviembre de 2025, había cinco tipos de vacunas profilácticas contra el VPH que habían sido preaprobadas por la OMS ( Organización Mundial de la Salud, 2025a ).Cervarix es una vacuna bivalente que protege contra la infección por VPH16 y VPH18, los genotipos responsables de un estimado del 50 % de los precánceres cervicales de alto grado y el 70 % de los cánceres cervicales a nivel mundial, y se descubrió que prevenía el 100 % de los casos incidentes de CIN2+ asociados al VPH16/18 en el ensayo de vacunas aleatorizado doble ciego de Costa Rica de 2004/2005, en el que se inscribieron 7466 mujeres de 18 a 25 años ( Porras et al., 2020 ). Gardasil es una vacuna tetravalente contra el VPH que protege adicionalmente contra el VPH6 y el VPH11, que causan verrugas genitales, y una versión posterior de la vacuna (Gardasil9) protege contra el VPH6, VPH11, VPH16, VPH18, VPH31, VPH33, VPH45, VPH52 y VPH58, los genotipos implicados en aproximadamente el 90 % de los casos mundiales de cáncer de cuello uterino, así como en las verrugas genitales ( Markowitz y Schiller, 2021 ; Patel et al., 2018 ). Se ha comprobado que estas versiones de la vacuna son igualmente eficaces para proteger contra la infección por los tipos de VPH incluidos en la vacuna, induciendo lo que ahora se denomina «inmunidad esterilizante» contra los genotipos de VPH objetivo ( Schiller y Lowy, 2018 ). Los ensayos de eficacia de la vacuna también han evaluado la evidencia disponible de protección cruzada parcial contra los tipos de VPH incidentes no incluidos en la vacuna administrada. Cabe destacar que se descubrió que la vacuna bivalente Cervarix induce un grado de protección cruzada contra el VPH31, VPH33 y VPH45 que se mantuvo estable durante 11 años de seguimiento ( Lehtinen et al., 2012 ; Markowitz y Schiller, 2021 ). Dado que las vacunas contra el VPH han estado disponibles durante menos de dos décadas, es imposible determinar si confieren protección de por vida contra la enfermedad persistente relacionada con el VPH. Sin embargo, múltiples estudios que evalúan la inmunogenicidad y el riesgo de enfermedad en poblaciones vacunadas han demostrado una protección duradera durante al menos diez años después de la vacunación contra el VPH, incluso en casos donde solo se administró una dosis ( Hoes et al., 2022 ; Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, 2023 ; Sauvageau et al., 2025 ).Se sabe que la infección por VPH causa varios otros cánceres tanto en hombres como en mujeres y está implicada en el 4,5 % de todos los casos incidentes de cáncer, incluidos los cánceres de ano, orofaringe, vulva, vagina y pene ( Serrano et al., 2018 ). La vacunación contra el VPH podría proteger contra hasta el 95 % del cáncer anal, el 84 % de los cánceres de pene y el 90 % de los cánceres orofaríngeos. Hasta el 80 % de todos los cánceres relacionados con el VPH a nivel mundial son cáncer de cuello uterino ( de Martel et al., 2017 ; Serrano et al., 2018 ), y aunque el resto de estos ocurren en países de ingresos bajos y medianos, algunos estudios han encontrado que la vacunación contra el VPH en hombres no fue rentable a los precios de lista iniciales en algunos entornos de altos ingresos ( Burger et al., 2014 ; Chesson et al., 2011 ; Smith et al., 2011 ). Sin embargo, estas conclusiones no abordan el matiz que rodea la igualdad en el acceso a la atención médica preventiva y los beneficios de prevenir la incidencia de verrugas anogenitales, neoplasia intraepitelial anal (AIN) y cánceres anales, de pene y orofaríngeos en hombres ( Harder et al., 2018 ; Naidoo et al., 2024 ). La evaluación continua de la rentabilidad de la vacunación masculina deberá tener en cuenta estos claros beneficios entre los hombres, particularmente aquellos con mayor riesgo de cánceres por VPH, además del potencial de protección colectiva adicional en entornos que logran una baja cobertura entre las mujeres y estrategias de precios de vacunas asequibles ( Lintertová et al., 2021 ). Casi un tercio de los programas nacionales de inmunización contra el VPH se han ampliado para incorporar a los hombres, con el 79 % de los programas de vacunación para ambos sexos implementados en países de altos ingresos, y el resto en países de ingresos medios-altos.Tras el desarrollo de la vacuna contra el VPH, muchos países han comenzado a implementar la vacunación sistemática contra el VPH en adolescentes. Un análisis de 2021 realizado por Bruni et al. subraya las desigualdades en el acceso a la vacuna contra el VPH; el 80 % de los países de altos ingresos habían implementado programas nacionales de vacunación contra el VPH en menos de 10 años después del desarrollo de la vacuna, pero solo el 49 % de los países de ingresos bajos y medianos (PIBM) habían implementado programas nacionales de vacunación para 2019 ( Fig. 4 ) ( Bruni et al., 2021 ). Apoyar la implementación de la vacuna contra el VPH en los PIBM es imperativo debido a los excepcionales beneficios a largo plazo demostrados de la vacunación contra el VPH en los países de altos ingresos; con reducciones en la prevalencia del VPH, la enfermedad cervical y las verrugas genitales observadas en cohortes vacunadas ( Drolet et al., 2019 ; Patel et al., 2018 ). En la Región del Pacífico Occidental de la OMS, por ejemplo, en 2023 la OMS informó que 17 de 34 países contaban con un programa nacional de vacunación contra el VPH, con una cobertura de la primera dosis que oscilaba entre el 1 % y el 98 %, y las Islas Cook, Fiji y Singapur alcanzaron el objetivo de 90 % con una sola dosis ( Organización Mundial de la Salud, 2023a , Organización Mundial de la Salud, 2023b ). La cobertura de vacunación contra el VPH está aumentando rápidamente a nivel mundial ( Fig. 4 ), y la cobertura mundial del programa de vacunación contra el VPH con una sola dosis alcanzó el 31 % en 2024 ( 

        Organización Mundial de la Salud, 2025b ).

        Figura 4

        La reticencia a la vacunación, donde las personas rechazan vacunarse a sí mismas o a sus hijos, ha interrumpido los programas de vacunación contra el VPH existentes en algunos entornos y ha frenado su expansión en otros. Esta reticencia puede deberse al temor público a los efectos secundarios adversos, a la desconfianza en los organismos gubernamentales y las compañías farmacéuticas, o, en algunos casos, a la creencia de que una vacuna contra una infección de transmisión sexual como el VPH puede y debe evitarse ( Shin et al., 2023 ; Tsui et al., 2023 ). En la región del Pacífico Occidental, Japón ha experimentado un alto grado de reticencia pública hacia el programa nacional de vacunación contra el VPH, que se prevé que posteriormente cause más de 5000 muertes por cáncer de cuello uterino prevenibles a lo largo de la vida de las cohortes afectadas ( Simms et al., 2020 ). Sin embargo, el mismo análisis estimó que la mayoría de estas muertes aún podrían evitarse si se restableciera la cobertura y se proporcionara vacunación de recuperación a las cohortes afectadas. En 2021, el gobierno japonés anunció la reanudación de una recomendación activa para la vacunación contra el VPH ( Haruyama et al., 2022 ).Las disparidades en la implementación global de la vacunación contra el VPH se han debido principalmente a las barreras para la implementación en los países de ingresos bajos y medianos, incluyendo infraestructura y recursos humanos, financiamiento, mecanismos de entrega de vacunas y prioridades de salud contrapuestas ( Wigle et al., 2013 ). Para muchos países, la implementación de un programa nacional de inmunización contra el VPH requeriría más que solo la adquisición de dosis, implicaría grandes inversiones en infraestructura y sistemas de salud para permitir el transporte y almacenamiento en frío de la vacuna y la ampliación de la fuerza laboral para permitir la entrega de la vacuna ( Wigle et al., 2013 ), todo antes de considerar el costo unitario de la vacuna contra el VPH. Para los países de ingresos altos, el costo unitario de las dosis de la vacuna contra el VPH está determinado por las fuerzas del mercado y la negociación con los desarrolladores. Sin embargo, para algunos países de bajos ingresos, la alianza de vacunas Gavi subsidia sustancialmente el costo por dosis de la vacuna a US$4.50 (Gavi, la alianza de vacunas, 2020); En 2023, la cobertura de vacunación contra el VPH en mujeres de países de bajos ingresos a los 15 años era del 20 % ( Organización Mundial de la Salud, 2023a , Organización Mundial de la Salud, 2023b ). Se prevé que la oferta mundial de vacunas contra el VPH satisfaga la demanda para 2025, gracias al aumento de la producción por parte de los fabricantes actuales (en particular Merck), la entrada de nuevos proveedores de vacunas (Cecolin, Walrinvax) en el mercado y las estrategias para mitigar la escasez, como la administración de esquemas de vacunación de una sola dosis y el aplazamiento de la implementación de programas de vacunación para cohortes de diferentes edades o para ambos sexos ( Garland et al., 2020 ).La evidencia actual de Kenia ( Barnabas et al., 2022 ), Tanzania ( Watson-Jones et al., 2022 ), India ( Basu et al., 2021 ) y Costa Rica ( Kreimer, AR, 2025 ) demuestra la no inferioridad de una dosis única de cualquier vacuna contra el VPH en comparación con los esquemas recomendados de dos o tres dosis, y los estudios observacionales indican que esta protección dura más de 10 años ( Basu et al., 2021 ). En diciembre de 2022, la OMS publicó un documento de posición que recomienda un esquema de 1 o 2 dosis de la vacuna contra el VPH para mujeres de hasta 20 años. ( Organización Mundial de la Salud, 2022 ). A noviembre de 2025, 83 países a nivel mundial habían adoptado un esquema de vacunación contra el VPH de dosis única ( Centro Internacional de Acceso a las Vacunas (IVAC), Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, 2025 ). Sin embargo, existen algunos casos en los que la eficacia de la vacuna contra el VPH se reduce, como en las personas ya infectadas con el virus y en los adultos mayores, ya que la eficacia de la vacuna disminuye con la edad y la infección actual o previa ( Rostami Varnousfaderani et al., 2025 ). Persisten las preocupaciones sobre la eficacia de la vacuna en personas inmunocomprometidas, incluidas aquellas con VIH, y como resultado, actualmente se sigue recomendando que las poblaciones inmunocomprometidas reciban múltiples dosis de la vacuna ( de Sisto y Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización, 2025; Organización Mundial de la Salud, 2022 ).Diversos estudios de modelización han intentado cuantificar el impacto de la implementación de programas de vacunación contra el VPH con alta cobertura en el plazo previsto para la eliminación del cáncer de cuello uterino a nivel mundial y en diversos entornos ( Brisson et al., 2020 ; Hall et al., 2019 ; Simms et al., 2019 ). En promedio, en los países de ingresos bajos y medianos, se espera que alcanzar los objetivos de la OMS para la cobertura de vacunación contra el VPH, solo en mujeres, reduzca la tasa de incidencia promedio de cáncer de cuello uterino de 19,8 en 2020 a 2,1 por cada 100.000 mujeres para el año 2120 en dichos países ( Brisson et al., 2020 ), definiéndose la eliminación como una tasa de incidencia estandarizada por edad (según la población femenina mundial de 2015) inferior a 4 casos por cada 100.000 mujeres al año. Sin embargo, en muchos países de ingresos bajos y medianos, especialmente aquellos con una alta prevalencia de VIH, no se prevé que la vacunación contra el VPH por sí sola logre la eliminación del cáncer de cuello uterino a corto y mediano plazo ( Brisson et al., 2020 ). El principal beneficio en mortalidad de la vacunación contra el VPH por sí sola no se materializaría hasta dentro de treinta a cincuenta años, a medida que envejecen las cohortes vacunadas; por lo tanto, para lograr la eliminación del cáncer de cuello uterino en todas las regiones y acelerar los beneficios en mortalidad del largo plazo al corto plazo, será necesario que los países implementen programas de detección de cáncer de cuello uterino que alcancen al menos el 70 % de la población elegible dos veces en la vida ( Fig. 5 ). ( Canfell et al., 2020 )

        Figura 5

        3.3 . Segundo pilar: cribado cervical

        George Papanicolaou documentó por primera vez un método eficaz de detección del cáncer de cuello uterino en 1943, que consistía en recolectar células cervicales y analizarlas en un portaobjetos para detectar células precancerosas ( Papanicolaou y Traut, 1943 ). Este método se conoció ampliamente como la prueba de Papanicolaou o citología cervical. En las décadas siguientes, algunos profesionales y servicios comenzaron a ofrecer citología cervical a las mujeres de forma oportunista. Finalmente, muchos países de altos ingresos establecieron programas nacionales de detección organizados que incluían medidas de control de calidad y seguimiento para las mujeres con resultados anormales en las pruebas. Los países que lograron una alta cobertura experimentaron reducciones significativas en las tasas de incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino. Por ejemplo, Australia introdujo un Programa Nacional de Detección de Cáncer de Cuello Uterino (PNDC) organizado con pruebas de citología cervical bienales en 1991. Durante los siguientes 10 años, las tasas de incidencia de cáncer de cuello uterino disminuyeron de 14 por cada 100 000 mujeres a 7 casos nuevos por cada 100 000 mujeres ( Smith et al., 2016 ). Otros países de altos ingresos implementaron pruebas rutinarias de citología cervical con reducciones similares en las tasas de cáncer de cuello uterino en los años posteriores a la introducción del cribado poblacional.En las últimas dos décadas, la evidencia ha demostrado que la prueba del VPH es más sensible que la citología cervical para detectar lesiones precancerosas cervicales. Una revisión Cochrane encontró que la prueba del VPH tiene una sensibilidad del 89,9 % para la detección de CIN2+, en comparación con el 72,9 % para la citología en base líquida ( Koliopoulos et al., 2017 ). La misma revisión encontró que la especificidad transversal de la prueba del VPH es menor que la de la citología, pero esto está relacionado con un beneficio clave de la prueba del VPH, ya que una prueba de infección por VPH es predictiva no solo de enfermedad de alto grado actual, sino también del riesgo futuro de precáncer y cáncer. Las evaluaciones modeladas han encontrado desde entonces que la prueba primaria del VPH a intervalos más largos, comenzando a los 25 años o más tarde, es más efectiva y más rentable que el cribado frecuente basado en citología en muchos entornos ( Kitchener et al., 2014 ; Lew et al., 2016 , 2017 ). En la práctica, cualquier pérdida en la especificidad de la prueba primaria podría, por lo tanto, manejarse a través de tres características programáticas: primero, comenzando el cribado a una edad apropiada (30 años o más, o 25 años para poblaciones vacunadas); segundo, utilizando pruebas de VPH clínicamente validadas con un umbral apropiado para la detección de una prueba positiva; y finalmente, a través de la introducción de un triaje efectivo para mujeres positivas para VPH ( Canfell, 2018 ). Los estudios longitudinales revelaron que las mujeres que dan negativo en la prueba de VPH tienen un riesgo menor de CIN3+ durante al menos seis años después de una prueba negativa en comparación con las mujeres que dan negativo en la citología después de solo dos años ( Dillner et al., 2008 ). Este hallazgo abrió la posibilidad de utilizar intervalos más largos para la prueba de VPH dentro de un programa de cribado, lo que podría mitigar el aumento esperado en las derivaciones a colposcopia ( Ronco et al., 2014 ). En apoyo de esto, un análisis conjunto de cuatro ensayos controlados aleatorios europeos importantes (Swedescreen, POBASCAM, ARTISTIC y NTCC) demostró que la detección primaria con pruebas de VPH es más eficaz para reducir la incidencia de cáncer de cuello uterino en comparación con la detección con citología ( Ronco et al., 2014 ) y un ensayo canadiense (HPV FOCAL) demostró una detección más temprana de lesiones de alto grado en programas de detección primaria de VPH ( Ogilvie et al., 2018 ).Basándose en esta evidencia, y como ejemplo de un país de altos ingresos, el Comité Asesor de Servicios Médicos de Australia encargó en 2014 una revisión de la evidencia y una evaluación modelada para evaluar los posibles impactos de cambiar el cribado bienal con citología cervical por una serie de métodos de cribado alternativos, incluyendo la citología en base líquida, la prueba primaria del VPH y la prueba combinada de VPH y citología (Jie Bin Lew et al., 2013 ). La evaluación modelada concluyó que cambiar a la prueba primaria del VPH cada cinco años era más eficaz y menos costoso que el programa existente ( Lew et al., 2017 ). Como resultado, en 2017, Australia se convirtió en uno de los primeros países en cambiar de la citología primaria a la prueba primaria del VPH.La necesidad de contar con sistemas de salud sólidos para respaldar los programas de cribado cervical basados ​​en citología ha provocado que, históricamente, el cribado en países de ingresos bajos y medianos ( Fig. 6 ). El cribado primario con citología requiere infraestructura de laboratorio con citopatólogos bien capacitados y sistemas eficaces de control y garantía de calidad. El análisis de una muestra adecuadamente recolectada requiere citopatólogos capacitados y un laboratorio. En entornos remotos, es probable que las muestras requieran tiempo de desplazamiento adicional hasta un laboratorio adecuado y pueden resultar costosas. Para muchos países de ingresos bajos y medianos, estas barreras fueron un impedimento para la introducción del cribado cervical con citología.

        Figura 6

        Debido a esta histórica falta de acceso, las tasas de incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino estandarizadas por edad son sustancialmente más altas en los países de ingresos bajos y medianos ( Fig. 7 ). ( Ferlay et al., 2020 ) Durante algún tiempo, la inspección visual con ácido acético (VIA) o la inspección visual con yodo de Lugol (VILI) parecían prometedoras como pruebas de detección de cáncer de cuello uterino asequibles para los países de ingresos bajos y medianos ( Fokom-Domgue et al., 2015 ). En 2013, la OMS publicó recomendaciones de detección de cáncer de cuello uterino que incluían la recomendación de usar VIA como prueba primaria en entornos con acceso limitado a recursos, mientras que se mantenían las pruebas de VPH o citología para entornos con recursos suficientes para usar estas pruebas ( Organización Mundial de la Salud, 2013 ). En 2014, un gran ensayo controlado aleatorizado de base comunitaria en India (1998-2011), que informó sobre las tasas de incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino después de cuatro rondas de detección de VIA durante 12 años ( Shastri et al., 2014 ), no encontró una reducción significativa en la incidencia de cáncer de cuello uterino en el grupo de VIA, pero informó una reducción de la mortalidad del 31 % (RR = 0,69; IC del 95 % = 0,54 a 0,88) ( Shastri et al., 2014 ). En 2009, otro ensayo controlado aleatorizado evaluó el impacto de una sola ronda de pruebas de VPH, VIA y citología en la incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino en el distrito de Osmanabad, India ( Sankaranarayanan et al., 2009 ). Incluyó a más de 30 000 mujeres en el grupo de detección de VIA y encontró que las mujeres a las que se les ofreció la prueba VIA no tuvieron una reducción significativa en la incidencia o mortalidad después de una ronda de detección (cuatro años de seguimiento después del evento de detección). Un análisis más reciente encontró que en estudios que realizaron verificación histológica de la enfermedad, VIA tuvo una sensibilidad mucho menor para detectar CIN2+ del 56 % (IC del 95 %: 45,4–66,1 %) ( Kelly et al., 2022 ). La publicación de 2022 del Manual de cribado cervical de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) sintetizó la evidencia actualizada sobre las tecnologías de cribado primario, concluyendo que la prueba del VPH es una modalidad de cribado más eficaz en comparación con la citología y VIA ( Bouvard et al., 2021 ).

        Figura 7

        En los últimos años, la evidencia sobre los beneficios de las pruebas de VPH ha seguido aumentando. Algunas tecnologías de pruebas de VPH pueden procesarse en el punto de recolección, y los resultados pueden estar disponibles en pocas horas, lo que significa que las mujeres pueden recibir los resultados de la prueba el mismo día, reduciendo la pérdida de seguimiento, especialmente para las mujeres en áreas remotas. Además, se ha informado que las pruebas de VPH basadas en PCR autoadministradas y validadas clínicamente tienen una sensibilidad y especificidad similares para CIN2/3+ en comparación con las pruebas de VPH recolectadas por el médico ( Organización Mundial de la Salud, 2021 ). Se ha demostrado que las pruebas de VPH en muestras autoadministradas tomadas por la mujer usando un hisopo (o dispositivo equivalente) insertado en la vagina tienen una mayor aceptabilidad que las muestras recolectadas por el médico en algunos entornos ( Arbyn et al., 2018a ), lo que permite a las mujeres la opción de recolectar la muestra ellas mismas y reduce el estigma, la vergüenza y la ansiedad en torno a la detección. Los modelos económicos han demostrado que las pruebas primarias de VPH autoadministradas podrían ser eficaces y rentables en Malasia ( Keane et al., 2021 ), Uganda ( Spencer et al., 2022 ) y Papúa Nueva Guinea ( Nguyen et al., 2022 ; Vallely et al., 2022 ), y también en 78 países de ingresos bajos y medianos ( Organización Mundial de la Salud, 2021 ). En 2021, la OMS actualizó sus directrices de detección del cáncer de cuello uterino, que ahora recomiendan el uso de la detección molecular del VPH como prueba de detección primaria en lugar de la inspección visual con ácido acético o la citología en los enfoques de detección y tratamiento entre la población general de mujeres de 30 a 49 años y mujeres que viven con el VIH de 25 a 49 años, utilizando muestras autoadministradas o recolectadas por un médico ( Organización Mundial de la Salud, 2021 ). Existe una gran cantidad de pruebas de VPH en el mercado (con un estimado de más de 200 pruebas disponibles), pero para 2024, menos de 20 pruebas de VPH habían sido validadas clínicamente como prueba de detección primaria para la detección del VPH ( Arbyn et al., 2021 ; Poljak et al., 2024 ; Unitaid, 2019 ). La OMS desarrolló el Perfil de Producto Objetivo del VPH en 2024, que aborda los requisitos mínimos y las características preferidas de las pruebas de VPH en una variedad de dominios, incluidos los genotipos detectados, la sensibilidad y especificidad clínicas, el tiempo para los resultados de la prueba en el caso de la atención en el punto de atención y una variedad de otras características de calidad y rendimiento ( Organización Mundial de la Salud, 2024a ).La clasificación adecuada de las mujeres con resultado positivo para VPH puede reducir el número de tratamientos precancerosos y derivaciones para seguimiento. Las directrices actualizadas de la OMS sobre cribado cervical ofrecen diversas opciones para el manejo de las mujeres con resultado positivo para VPH en países de ingresos bajos y medianos, incluyendo el tratamiento inmediato de todas ellas («cribado y tratamiento») o la clasificación de las mujeres con resultado positivo para VPH mediante citología, inspección visual con ácido acético (VIA), genotipificación de VPH16/18 o colposcopia («cribado, clasificación y tratamiento»). Los países pueden considerar qué método se adapta mejor a su contexto, teniendo en cuenta que algunas opciones de clasificación pueden resultar en una mayor pérdida de seguimiento, especialmente si este no puede realizarse el mismo día, por ejemplo, tras la clasificación citológica.Una de las características clave de los programas de cribado exitosos es contar con buenos registros para la vigilancia y el seguimiento. Los sistemas de registro permiten a los profesionales sanitarios hacer un seguimiento del historial de cribado de cada paciente, incluyendo los resultados de las pruebas, las recomendaciones de seguimiento y los resultados del tratamiento. Esto garantiza que las mujeres reciban una atención oportuna y adecuada según sus necesidades específicas y facilita la intervención temprana en caso de resultados anormales. Además, los sistemas de registro proporcionan datos valiosos para evaluar el impacto general de los programas de cribado e informan a los responsables políticos para la mejora continua y la optimización de las estrategias de cribado.Se están desarrollando nuevas tecnologías que proporcionarán más opciones para la detección, el triaje y el tratamiento precanceroso del cuello uterino. La prueba de ARNm del VPH, con recolección solo por parte de un profesional (no auto-recolección), ha sido recomendada por la OMS como una opción aceptable para la detección en mujeres de la población general ( Organización Mundial de la Salud, 2021 ). Esta recomendación se basa en una extensa revisión sistemática y metaanálisis que encontró que la prueba de ARN del VPH recolectada por un profesional tiene una sensibilidad transversal similar y una mayor sensibilidad longitudinal para CIN2+ en comparación con la prueba de ADN del VPH ( Arbyn et al., 2022 ). Las nuevas tecnologías de triaje, como la citología de doble tinción, están mostrando resultados prometedores en entornos de altos ingresos ( Wentzensen et al., 2015 ) y han sido incluidas como opciones para el triaje después de una prueba positiva de VPH por la OMS ( Organización Mundial de la Salud, 2024b ). La evaluación visual automatizada (AVE) implica el uso de aprendizaje automático para interpretar imágenes para ayudar a los trabajadores de la salud en países de ingresos bajos y medianos ( Xue et al., 2022 ), lo que potencialmente mejora la precisión de la inspección visual para identificar enfermedades o la elegibilidad para la ablación. Sin embargo, la variabilidad en la calidad de la imagen, ya sea debido al entorno físico como la iluminación o el desenfoque de la imagen o debido a factores del paciente, significa que la utilidad en el mundo real de los métodos visuales automatizados sigue siendo desconocida ( Xue et al., 2022 ). El consorcio HPV Automated Visual Evaluation (PAVE) ha publicado hallazgos iniciales alentadores de un enfoque que combina la prueba primaria de VPH con el triaje que implica la genotipificación para cuatro grupos de riesgo de cáncer de cuello uterino en combinación con la evaluación visual cervical automatizada. Se encontró que la estrategia de detección PAVE proporciona una estratificación de riesgo precisa para CIN3+ ( Befano et al., 2025 ). Finalmente, las vacunas terapéuticas contra el VPH tienen el potencial de revolucionar la prevención del cáncer de cuello uterino. Tradicionalmente, las vacunas han sido más fáciles de administrar que la detección cervical; Ofrecer vacunas terapéuticas contra el VPH a mujeres con enfermedad relacionada con el VPH confirmada sería una opción más simple y menos invasiva, y podría ser más fácil de implementar como alternativa a los cambios estructurales necesarios para brindar la vía completa de atención para la detección del cáncer de cuello uterino y el tratamiento de lesiones precancerosas. Debido a la conveniencia de dicha vacuna, la OMS y la Fundación Gates desarrollaron un conjunto de Características de Desempeño del Producto para guiar el desarrollo de vacunas terapéuticas contra el VPH para un uso seguro y eficaz a nivel mundial, particularmente en países de ingresos bajos y medianos ( Prudden et al., 2022 ). Hasta ahora, las vacunas terapéuticas contra el VPH existentes son menos eficaces para tratar lesiones precancerosas que las técnicas ablativas o de escisión existentes ( Trimble et al., 2015 ).El cribado cervical es un pilar fundamental de la agenda de eliminación. El impacto del cribado cervical en la incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino invasivo puede observarse en pocos años, mientras que el impacto de la vacunación contra el VPH tardará décadas en manifestarse debido al retraso que supone la maduración de las cohortes vacunadas en la adolescencia hasta convertirse en mujeres adultas con riesgo de padecer cáncer de cuello uterino. La OMS ha identificado el cribado y el tratamiento cervical como las mejores opciones en el control del cáncer ( Organización Mundial de la Salud, 2017 ). En definitiva, se ha demostrado que la implementación exitosa de la estrategia de eliminación de la OMS es rentable ( Organización Mundial de la Salud, 2020a ) y evitará más de 62 millones de muertes en países de ingresos bajos y medianos durante el próximo siglo.

        3.4 . Tercer pilar: tratamiento del precáncer y cáncer de cuello uterino.

        El tercer pilar de la estrategia de eliminación del cáncer de cuello uterino de la OMS prioriza la provisión adecuada de tratamiento tanto para el precáncer de cuello uterino como para el cáncer invasivo y el acceso al alivio del dolor y a los cuidados paliativos para un mínimo del 90 % de las personas diagnosticadas con la enfermedad ( Organización Mundial de la Salud, 2020b ). Dado que la mortalidad por cáncer de cuello uterino sigue siendo la cuarta causa más común de muerte relacionada con el cáncer en mujeres a nivel mundial ( Arbyn et al., 2020 ), el tratamiento integral de la enfermedad en etapa temprana y localmente avanzada diagnosticada a través de programas de detección nuevos y ampliados es imperativo para mejorar la mortalidad ( Canfell et al., 2020 ). Además, el manejo de los síntomas y las necesidades de cuidados paliativos de las mujeres con enfermedad avanzada sigue siendo una prioridad ( Krakauer et al., 2021 ). Sin embargo, en muchos países de ingresos bajos y medianos, los servicios de tratamiento para el precáncer y el cáncer de cuello uterino y los cuidados paliativos a menudo son limitados o inexistentes.En entornos de altos ingresos, el tratamiento estándar para el precáncer cervical es el procedimiento de escisión electroquirúrgica con asa (LEEP), que tiene más del 90 % de éxito en la eliminación de CIN3 ( Martin-Hirsch et al., 2010 ). Sin embargo, el LEEP requiere un clínico experimentado, electricidad y anestesia, lo que limita su disponibilidad en países de ingresos bajos y medianos ( Martin-Hirsch et al., 2010 ). La crioterapia es una técnica ablativa que no requiere electricidad ni anestesia, puede ser realizada por diversos profesionales de la salud, incluyendo enfermeras, y ha demostrado tener una tasa de éxito del 85 % en el tratamiento de CIN3 ( Sauvaget et al., 2013 ; Wentzensen et al., 2021 ). Sin embargo, se requiere gas refrigerante, cuyo rellenado puede ser costoso, y los contenedores son pesados ​​y voluminosos, lo que dificulta su uso a gran escala en países de ingresos bajos y medianos. La ablación térmica es otra terapia ablativa que es portátil y ligera, lo que la hace más prometedora como opción de tratamiento en países de ingresos bajos y medianos. En 2019, la OMS publicó directrices para el uso de la ablación térmica en lesiones precancerosas ( Organización Mundial de la Salud, 2019 ). Si bien las técnicas de ablación aumentan la viabilidad del tratamiento del precáncer en países de ingresos bajos y medianos, solo son efectivas en mujeres con lesiones precancerosas completamente visibles, que no se extienden al endocérvix y donde la zona de transformación se puede visualizar por completo, lo que limita su aplicabilidad a mujeres posmenopáusicas y mayores de 50 años. Por lo tanto, aún se requiere derivación para tratamiento quirúrgico a un subgrupo de la población examinada que no cumple los requisitos para la ablación.Mejorar el acceso a servicios de tratamiento oncológico eficaces ofrece la oportunidad de lograr un impacto a corto plazo, en las próximas dos décadas, en términos de mejora de la mortalidad y la calidad de vida ( Canfell et al., 2020 ; Ward et al., 2020 ). Un modelo del CCEMC reveló que, para 2030, las tasas de mortalidad por cáncer de cuello uterino podrían reducirse en un 34,2 % en 78 países de ingresos bajos y medianos, y se salvarían 300 000 vidas para ese mismo año, si se alcanzan los objetivos de ampliación del triple pilar, y que la mayor parte de este impacto inicial a corto plazo proviene de un mejor acceso a los servicios de tratamiento oncológico. Es probable que se obtengan beneficios adicionales, ya que estos servicios tendrán efectos indirectos en el tratamiento de otros cánceres y enfermedades en estos entornos. Para apoyar a los países en la ampliación de las actividades en el marco de este pilar, la OMS ha publicado un marco para fortalecer y ampliar los servicios para el manejo del cáncer de cuello uterino invasivo ( Organización Mundial de la Salud, 2020c ). Al igual que ocurre con la prevención primaria y secundaria del cáncer, el tratamiento del cáncer de cuello uterino es un campo en constante evolución ( Gorin et al., 2017 ; Monk et al., 2022 ).El manejo del cáncer de cuello uterino invasivo se asocia con un conjunto de intervenciones basadas en la evidencia y la integración de servicios de salud, personal, infraestructura y guías clínicas para apoyar el diagnóstico y la estadificación del cáncer y los tratamientos que incluyen cirugía, medicamentos, radioterapia, braquiterapia, manejo del dolor y cuidados paliativos ( Chuang et al., 2016 ; Connor et al., 2021 ; Sullivan et al., 2015 ; Organización Mundial de la Salud, 2021 ). Mantener redes de derivación sólidas entre todos los aspectos del espectro de atención oncológica es necesario para garantizar el manejo oportuno de los pacientes, reducir la pérdida de seguimiento y adaptar el tratamiento a la etapa de la enfermedad, la preservación de la fertilidad y las comorbilidades ( Chuang et al., 2016 ; Gorin et al., 2017 ; Organización Mundial de la Salud, 2021 ). A menudo existe capacidad quirúrgica básica, sin embargo, el tratamiento del cáncer de cuello uterino requiere capacidad quirúrgica altamente especializada ( Sullivan et al., 2015 ). La radioterapia, incluida la braquiterapia ( Zubizarreta et al., 2015 ), es un componente crítico y rentable del tratamiento del cáncer de cuello uterino, pero su acceso es limitado o inexistente en muchos países de ingresos bajos y medianos. Se estima que el 71 % de las personas diagnosticadas con cáncer de cuello uterino en países de ingresos altos ( Barton et al., 2014 ) y el 80 % en países de ingresos bajos y medianos ( Abu Awwad et al., 2024 ) deberían recibir radioterapia a lo largo de su vida, según las recomendaciones de las guías clínicas. Mejorar el acceso a la radioterapia beneficiará sustancialmente la supervivencia de las personas con cáncer de cuello uterino a nivel mundial; sin embargo, en 2015, 36 países de bajos ingresos aún carecían de capacidad para realizar radioterapia ( Abdel-Wahab et al., 2013 ; Canfell et al., 2020 ; Enwerem-Bromson y Abdel-Wahab, 2015 ; Ward et al., 2020 ). Además, la evaluación de la adopción de fármacos ha demostrado una adquisición insuficiente de medicamentos oncológicos para el alivio de los síntomas o el dolor, incluidos los que figuran en la lista de medicamentos esenciales de la OMS ( Abu-Odah et al., 2020 ). La provisión de un manejo integral del dolor y cuidados paliativos es un imperativo moral para reducir el sufrimiento y mejorar la calidad de vida ( Krakauer et al., 2021 ), al igual que la importancia de abordar los impactos psicosociales, ambientales y económicos ( Enwerem-Bromson y Abdel-Wahab, 2015 ; Krakauer et al., 2021 ).En muchos países de ingresos bajos y medianos, la presentación con enfermedad en etapa avanzada es común, al igual que los retrasos en el acceso al tratamiento debido a exclusiones estructurales, discriminación, baja alfabetización en salud, estigma social, mala salud mental, toxicidad financiera y abandono familiar ( Dereje et al., 2020 ; Ginsburg, 2013 ; Perehudoff et al., 2020 ; Sengayi-Muchengeti et al., 2020 ). El desarrollo de una fuerza laboral de enfermería y especializaciones de salud afines en paralelo con la formación de especialistas médicos ayuda a aliviar la carga de los médicos especialistas que a menudo trabajan solos, particularmente en países de ingresos bajos y medianos, y aporta un enfoque de equipo a la atención del paciente y la familia ( Gorin et al., 2017 ). La atención oncológica integrada que incluye la atención de apoyo oncológico y los cuidados paliativos ( Fig. 8 ) a veces se considera un «deseable tener» en lugar de una necesidad, a pesar de las mejoras demostradas en los resultados de los pacientes y la eficiencia del sistema de salud ( Gorin et al., 2017 ; Hyatt et al., 2022 ). Estudios económicos recientes en países de altos ingresos demuestran el alto retorno de la inversión de la atención oncológica integrada. Para los sistemas de salud emergentes, la inversión en atención oncológica integrada como eje central del desarrollo de capacidades contribuirá a garantizar una buena relación calidad-precio en entornos con recursos limitados ( Fig. 8 ). ( Hyatt et al., 2022 )

        Figura 8

        En países con poblaciones migrantes diversas y cultural y lingüísticamente diversas, y/o con una historia de colonización, marginación o conflictos entre diferentes grupos étnicos, pueden existir barreras discriminatorias para el acceso a la atención médica ( Marlow et al., 2015 ; Perehudoff et al., 2020 ). Muchas personas experimentan interseccionalidad a través de múltiples identidades socioculturales, lo que aumenta acumulativamente la discriminación y las barreras de acceso ( Stenzel et al., 2022 ). El codiseño de modelos de prestación de atención con representación diversa, al tiempo que se adoptan paradigmas de resiliencia, experiencia y liderazgo dentro de comunidades diversas será fundamental para lograr un acceso equitativo a la atención médica y mejores resultados ( Whop et al., 2021 ). El acceso a la atención médica centrado en el paciente no solo es necesario para el desempeño del sistema de salud ( Levesque et al., 2013 ), sino que también es imperativo para lograr la eliminación del cáncer de cuello uterino.En todos los contextos, la agenda de eliminación representa una oportunidad para priorizar la implementación y la ampliación del control del cáncer, mejorar la equidad y el acceso, y eliminar la atención de bajo valor. Reconociendo que cada país será único en términos de capacidad de recursos, tipo y disponibilidad de prestación de servicios de control del cáncer, personal sanitario cualificado y tratamiento del cáncer de cuello uterino, las siguientes recomendaciones de la Sociedad Americana de Oncología Clínica, resumidas en la Figura 9 , abarcan servicios básicos y avanzados a lo largo del continuo asistencial ( Chuang et al., 2016 ). Dada la complejidad y el coste de ampliar el tratamiento, se propone un enfoque estratificado para entornos con recursos limitados, desde el tratamiento básico hasta el tratamiento esencial y avanzado del cáncer de cuello uterino y la atención paliativa.

        Figura 9

        Es importante destacar que el fortalecimiento de los sistemas y servicios de salud, conforme al tercer pilar de la estrategia de la OMS para la eliminación del cáncer de cuello uterino, es factible; sin embargo, se requiere un enfoque integral. Al adoptar una perspectiva más amplia que la del «sistema de salud», que incluya factores y actores políticos, sociales, ambientales y económicos, se puede lograr una mejor comprensión contextual de las barreras y los facilitadores relevantes para la eliminación del cáncer de cuello uterino. Específicamente, el desarrollo de políticas, la financiación y la integración de las actividades programáticas clave deben evaluarse en función de la capacidad de cada país, con el fin de apoyar, desarrollar y fortalecer el sistema de salud de manera planificada y sistemática. El fortalecimiento de los sistemas para el control del cáncer requerirá enfoques coordinados, longitudinales y a nivel sistémico.

        4. Financiamiento para la eliminación del cáncer de cuello uterino: rentabilidad, retorno de la inversión y mecanismos de financiamiento sostenible.

        Se ha demostrado que invertir en los objetivos 90-70-90 para la eliminación del cáncer de cuello uterino en 78 países de ingresos bajos y medianos (PIBM) está asociado con beneficios tanto económicos como de salud. Las estimaciones del modelo indicaron que si los objetivos 90-70-90 de la OMS se lograran para 2030 en 78 PIBM, un total de 250 000 mujeres adicionales permanecerían productivas en la fuerza laboral. Como resultado, las vidas salvadas contribuirían directamente con US$0,7 mil millones en beneficios económicos a través de una mayor participación en la fuerza laboral y US$27,3 mil millones a través de beneficios socioeconómicos indirectos, superando la inversión requerida de US$10,5 mil millones ( Organización Mundial de la Salud, 2020a ). Se estima que por cada dólar invertido en la estrategia de triple intervención para la eliminación del cáncer de cuello uterino en 78 PIBM, se obtendrían US$3,20 como beneficios económicos y US$26 como beneficios económicos y sociales combinados hasta 2050 ( Organización Mundial de la Salud, 2020a ).Como ejemplo de esto a nivel de un solo país, las evaluaciones modeladas encontraron que si el país de ingresos medios de Vietnam puede lograr los objetivos 90-70-90 de la OMS para 2030, para finales de siglo, se devolverían US$6,5 a la economía como beneficios económicos y US$12,4 como beneficios económicos y sociales combinados por cada dólar invertido en la triple intervención ( Nguyen et al., 2023 ). Un estudio de la inversión mundial en salud y bienestar de adolescentes para el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) (incluida la vacunación contra el VPH) encontró ROI de US$22,5, US$12,8; US$14 para beneficios económicos y sociales para países de ingresos bajos, medios bajos y medios altos, respectivamente; y un promedio de US$17,0 en 75 países de ingresos bajos y medios por cada dólar invertido ( Sheehan et al., 2017 ).La herramienta de planificación para la eliminación del cáncer de cuello uterino ( www.gco.iarc.who.int/ept ), lanzada en 2025 por la Universidad de Sídney y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, permite a los países crear estrategias eficaces y sostenibles para el control del cáncer de cuello uterino, adaptadas específicamente a sus necesidades demográficas y sanitarias particulares ( Ervik, M et al., 2025 ). Esta herramienta ayuda a los responsables políticos a planificar, presupuestar y adaptar sus programas de cáncer de cuello uterino en función de los tres pilares de la estrategia de la OMS para la eliminación de esta enfermedad, proporcionando predicciones sobre vidas salvadas, plazos de eliminación y retorno de la inversión para las estrategias de interés. Además, será una herramienta clave para apoyar a los países en sus esfuerzos por conseguir compromisos gubernamentales y financiación mixta sostenible para sus programas.A pesar de los numerosos análisis de costo-efectividad y estudios de retorno de la inversión que demuestran que la estrategia de eliminación global es rentable y probablemente genere beneficios sustanciales para la economía y la sociedad, los gobiernos de los países deben identificar mecanismos de financiamiento sostenibles que sean viables para ellos. Algunos países de ingresos bajos y medianos tienen sistemas de financiamiento descentralizados, lo que puede generar una financiación fragmentada para la atención médica en general y, en particular, para el control del cáncer de cuello uterino ( ThinkWell, 2022 ). Además, la prevención y el control del cáncer de cuello uterino requieren una estrategia integral con una estrecha colaboración entre los organismos gubernamentales responsables de la planificación, el presupuesto y la coordinación de la vacunación contra el VPH, el cribado cervical y el tratamiento de las lesiones precancerosas y el cáncer.La financiación sostenible para la eliminación del cáncer de cuello uterino requerirá que los gobiernos garanticen que el sector salud sea una prioridad dentro de las estrategias generales de crecimiento económico. Según la base de datos del Banco Mundial de 2019, los países de ingresos bajos, medios-bajos y medios-altos gastan el 4,87 %, el 3,71 % y el 5,33 % del PIB en gastos de salud, respectivamente, en comparación con el 12,53 % de los países de altos ingresos ( Banco Mundial y Organización Mundial de la Salud, 2022 ). Si bien muchos países han ampliado su gasto en salud para cubrir más servicios para problemas de salud emergentes, esto puede resultar en umbrales de tarifas demasiado bajos con altos gastos de bolsillo, particularmente para el tratamiento y la atención del cáncer, que para algunos pacientes pueden implicar transferencias al extranjero ( Iragorri et al., 2021 ). Existen enormes desafíos logísticos y financieros para que los países de ingresos bajos y medianos integren los servicios donde sea posible para producir un flujo de pacientes asequible, eficiente y fluido entre los servicios preventivos, de tratamiento y de atención.Los modelos sostenibles de financiación mixta para la eliminación del cáncer de cuello uterino pueden combinar flujos de financiación pública, privada y filantrópica, diversificando las fuentes de financiación, lo que puede desempeñar un papel importante en los servicios de atención médica ( McPake y Hanson, 2016 ). Movilizar al sector privado para que contribuya a la prevención y el control del cáncer de cuello uterino, y a la atención médica en general, maximizaría los beneficios para las mujeres, reduciría los costos y mejoraría la calidad de la atención ( Holden et al., 2015 ). Además, la experiencia de la movilización social durante la pandemia de COVID-19 en algunos países implica que esta estrategia puede aplicarse al control del cáncer de cuello uterino. Organizaciones internacionales como la OMS, Gavi, IARC, DIRA, UICC y otras partes interesadas involucradas en la implementación de la eliminación del cáncer de cuello uterino también tienen un papel clave en la coordinación en torno a los precios y suministros de vacunas, los precios de las pruebas de detección, los suministros de radioterapia y equipos relacionados, y los precios de los medicamentos de quimioterapia. Las alianzas regionales pueden apoyar la ampliación de los servicios de control del cáncer, reducir las ineficiencias programáticas y mejorar la capacidad nacional y el funcionamiento del sistema de salud ( Hyatt et al., 2023 ). La planificación nacional para el control del cáncer, que abarque todos los aspectos del continuo de atención oncológica, será necesaria para que los países implementen y amplíen los programas, el personal sanitario y la infraestructura del sistema de salud para alcanzar los objetivos de eliminación del cáncer de cuello uterino ( Romero et al., 2018 ). También es importante señalar que, incluso con la implementación de una vacunación y detección óptimas, seguirá existiendo la necesidad de servicios de tratamiento para el cáncer de cuello uterino. En el caso de la radioterapia, se ha demostrado un retorno de la inversión incluso en el contexto de la ampliación de la prevención primaria y secundaria ( Rodin et al., 2019 ).

        5. Eliminación del cáncer de cuello uterino: el ejemplo australiano

        El Programa Nacional de Detección del Cáncer de Cuello Uterino (NCSP, por sus siglas en inglés), que inicialmente incluía citología cervical bienal, se estableció en 1991, y en 2007 se implementó un programa de vacunación contra el VPH financiado con fondos públicos en las escuelas. Australia fue el primer país del mundo en documentar el impacto de la vacunación contra el VPH, incluyendo las verrugas genitales, las infecciones por VPH y las anomalías cervicales de alto grado ( Brotherton et al., 2011 ; Fairley et al., 2009 ; Tabrizi et al., 2012 ). El NCSP redujo la incidencia de cáncer de cuello uterino en aproximadamente un 50 % en la primera década, seguida de una estabilización de las tasas alrededor de 2002/2004 ( Smith y Canfell, 2016 ). En diciembre de 2017, el NCSP pasó a realizar pruebas de detección primaria de VPH cada 5 años, y la combinación de este cambio y la vacunación contra el VPH ha puesto a Australia en camino de lograr la eliminación del cáncer de cuello uterino a nivel nacional para 2028-2032 ( Hall et al., 2018 , 2019 ). Sin embargo, la incidencia de cáncer de cuello uterino en mujeres aborígenes e isleñas del Estrecho de Torres es casi el doble de la tasa nacional ( Brotherton et al., 2025 ) y también es mayor en mujeres nacidas en Filipinas, el Pacífico, Aotearoa Nueva Zelanda, y aumenta con la creciente lejanía de la residencia y la desventaja socioeconómica ( Australian Institute of Health Welfare, 2022 ; Department of Health and Human Services, 2015 ; Kerr et al., 2022 ; NHMRC Centre of Research Excellence in Cervical Cancer Control, 2022 ; Whop et al., 2016 ; Yuill et al., 2024 ). Estas inequidades reflejan diferencias en el acceso y la confianza en las pruebas de detección de cáncer de cuello uterino ( Dasgupta et al., 2018 ; Departamento de Salud y Servicios Humanos, 2015 ; Kerr et al., 2022 ; Centro de Excelencia en Investigación del NHMRC para el Control del Cáncer de Cuello Uterino, 2022 ; Whop et al., 2016 ). Los datos sugieren que otros grupos, por ejemplo, las personas de género y sexualmente diversas o las personas con discapacidad, tienen menos acceso a las pruebas de detección regulares y, por lo tanto, tasas potencialmente más altas de cáncer de cuello uterino, pero no se dispone de datos sobre el cáncer ( Curmi et al., 2016 ; Departamento de Salud y Servicios Humanos, 2015 ; Kerr et al., 2022 ; Leonard et al., 2012).). También existen diferencias documentadas en el acceso al tratamiento del cáncer, como una menor proporción de pacientes tratados dentro de los 30 días entre los pacientes del sistema público en comparación con los que utilizan la atención médica privada y tasas más bajas de tratamiento óptimo en mujeres indígenas que en mujeres no indígenas en Queensland, y también tasas más altas de mortalidad entre las mujeres aborígenes e isleñas del Estrecho de Torres, las que viven en áreas más remotas y el Territorio del Norte, y un gradiente claro según el estatus socioeconómico a nivel de área ( NHMRC Centre of Research Excellence in Cervical Cancer Control, 2022 ; Queensland Government, 2017 ; Whop et al., 2017 ). Por lo tanto, a medida que Australia desarrollaba una estrategia nacional para la eliminación del cáncer de cuello uterino, una cuestión clave era cómo lograr la eliminación de manera equitativa.La estrategia mundial de la OMS ya establece objetivos para 2030 en materia de vacunación contra el VPH en niñas, cribado en mujeres adultas y tratamiento de las personas diagnosticadas con la enfermedad, así como principios clave, entre los que se incluyen el fortalecimiento de los sistemas de salud, las alianzas y la colaboración multisectorial, la promoción y la comunicación, y el seguimiento y la evaluación. Era necesaria una estrategia nacional para traducir la estrategia mundial de alto nivel en prioridades y acciones estratégicas específicas y pertinentes a los problemas y al contexto de Australia ( Centro Australiano para la Prevención del Cáncer Cervical, 2023 ). Fundamentalmente, la estrategia australiana debía abordar las desigualdades existentes, y para ello, era necesaria una amplia consulta con las comunidades afectadas por estas desigualdades, a fin de desarrollar acciones concretas diseñadas conjuntamente.Las estructuras de gobernanza para el desarrollo de la estrategia nacional ( Fig. 10 ) incluyeron a personas de comunidades afectadas por desigualdades en los grupos de mayor jerarquía, como mujeres aborígenes e isleñas del Estrecho de Torres, mujeres de grupos cultural y lingüísticamente diversos, personas LGBTQIA+, personas con discapacidad y residentes de zonas rurales y remotas. Además, se creó un subgrupo asesor de equidad para garantizar que esta fuera un elemento central en el trabajo especializado realizado dentro de los tres pilares.

        Figura 10

        La primera etapa del proceso de consulta, llevada a cabo para fundamentar la estrategia detallada, incluyó talleres específicos y consultas técnicas con poblaciones prioritarias ( Unidad de Evaluación y Ciencia de la Implementación de la Universidad de Melbourne, 2022 ). Los comentarios de estas consultas enfatizaron la necesidad crítica de un acceso equitativo, inclusivo, seguro y apropiado a la atención para todas las poblaciones, y además de un tema general de equidad, los principales temas transversales identificados fueron:

        • 1.Comunicación, alianzas y promoción
        • 2.Mayor acceso, seguridad cultural e inclusión.
        • 3.Desarrollo de la fuerza laboral
        • 4.Datos, seguimiento y evaluación.

        La estrategia nacional que surgió de estas consultas incluyó 10 prioridades estratégicas ( Tabla 1 ), cada una con acciones subyacentes ( Centro Australiano para la Prevención del Cáncer Cervical, 2023 ). Las prioridades y acciones estratégicas de la estrategia nacional identifican oportunidades para hacer las cosas de manera diferente a como se hacían en el pasado; por ejemplo, establecer una vía para que las enfermeras y los médicos generales se capaciten para realizar colposcopias (en lugar de depender de los ginecólogos), y para que una gama más amplia de proveedores de atención médica se acrediten para realizar y recibir reembolsos por las pruebas de detección, para ampliar el acceso y aumentar la flexibilidad ( Centro Australiano para la Prevención del Cáncer Cervical, 2023 ). Se destacan los modelos de atención liderados por la comunidad, incluidos los enfoques innovadores que permiten el acceso universal a la auto-recolección. La estrategia identifica oportunidades para hacer las cosas mejor, como información más personalizada sobre el diagnóstico de cáncer de una persona y una hoja de ruta para la atención oncológica coordinada, o hacer cosas que funcionen de manera más consistente, por ejemplo, ofrecer oportunidades de vacunación de recuperación en las escuelas.

        Tabla 1. Prioridades estratégicas en la estrategia nacional de Australia para la eliminación del cáncer de cuello uterino.

        Disponibilidad oportuna de datos sobre la incidencia del cáncer 1Garantizar que Australia tenga acceso a datos oportunos y precisos sobre la incidencia y la mortalidad por cáncer de cuello uterino.
        Vacunación 2 Optimizar la implementación de los programas de vacunación contra el VPH en las escuelas de todas las jurisdicciones para maximizar la equidad y lograr una alta cobertura. 3 Optimizar el alcance y la financiación de los programas complementarios de vacunación contra el VPH fuera del ámbito escolar para lograr la equidad en la prestación de servicios para todos, incluidas las poblaciones prioritarias y las de alto riesgo médico (programas de recuperación). 4 Desarrollar un método que permita la presentación de informes anuales sobre la cobertura de vacunación contra el VPH para poblaciones prioritarias y con alto riesgo médico, con el fin de supervisar la equidad en la inmunización.
        Detección precoz y tratamiento del cáncer 5Promover la realización de pruebas de detección de cáncer de cuello uterino de forma regular entre el público y, estratégicamente, entre los grupos con menor acceso a dichas pruebas. 6Incrementar el acceso a las pruebas de detección, la colposcopia y el seguimiento ampliando quién puede ofrecer estos servicios, así como dónde y cómo se ofrecen, para mejorar el alcance y la utilización. 7 Recopilar, utilizar y divulgar datos para facilitar y supervisar la equidad en el acceso a los servicios de detección del cáncer de cuello uterino y al tratamiento de afecciones precancerosas.
        Tratamiento 8 Garantizar que las comunidades y los pacientes tengan acceso equitativo a información de calidad sobre los síntomas del cáncer de cuello uterino y que cada paciente con cáncer reciba información personalizada sobre su diagnóstico, el tratamiento previsto y la vía de atención óptima planificada. 9 Desarrollar e implementar una hoja de ruta de atención coordinada, con comunidades de práctica, para optimizar la prestación de una atención segura y de calidad a todos los pacientes. 10 Impulsar mejoras en el manejo del cáncer de cuello uterino mediante un marco de recopilación de datos que respalde el monitoreo sistemático y la mejora de la calidad de la atención, en consonancia con el Plan Australiano contra el Cáncer.

        La estrategia también destaca la mejora en la recopilación y el acceso a los datos, y el monitoreo es un componente crítico para su éxito. Los informes anuales sobre el progreso de Australia hacia la eliminación del cáncer de cuello uterino se iniciaron en 2021 ( NHMRC Centre of Research Excellence in Cervical Cancer Control, 2022 ). Si bien se proporciona un resumen a nivel nacional, los informes se centran en desglosar los resultados para el desempeño en relación con las metas de la OMS y otros indicadores relacionados (ver ejemplo en la Fig. 11 ). Sin embargo, los datos existentes aún no respaldan la presentación de informes para algunas poblaciones prioritarias, y la estrategia nacional incluye la mejora de los datos a través de la vinculación de datos y la generación de información provisional como acciones estratégicas clave ( NHMRC Centre of Research Excellence in Cervical Cancer Control, 2022 ).

        Figura 11

        Dado el historial de éxito de Australia en los programas de prevención y control del cáncer de cuello uterino, y que está ampliando programas ya establecidos, la estrategia también ha fijado objetivos más ambiciosos para la detección y el tratamiento, así como la inclusión de todos los adolescentes en el objetivo de vacunación contra el VPH ( Fig. 12 ).

        Figura 12

        Incluso en un país de altos ingresos como Australia, con programas bien establecidos, un desempeño nacional comparable a los objetivos de la OMS y encaminado hacia la eliminación a corto plazo, el proceso de elaboración de una estrategia nacional ha sido invaluable. La inequidad dentro del país en la carga del cáncer de cuello uterino no es exclusiva de Australia; se observa en muchos países, reflejando un acceso desigual a los servicios de detección y tratamiento. En Australia, la elaboración de una estrategia nacional ha brindado una oportunidad para la participación y una mayor aceptación de las partes interesadas locales. La identificación de acciones específicas mejorará la planificación y la coordinación de esfuerzos, facilitará la promoción y la rendición de cuentas, y encaminará a Australia no solo hacia la eliminación, sino hacia la eliminación equitativa del cáncer de cuello uterino.

        6. La Alianza para la Eliminación del Cáncer Cervical en el Indo-Pacífico (EPICC )

        La región del Indo-Pacífico concentra una cuarta parte de la carga mundial de cáncer de cuello uterino. La Alianza para la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino en el Indo-Pacífico (EPICC) es una importante iniciativa lanzada en 2024, financiada por el Gobierno australiano y la Fundación Minderoo. Liderada por la Universidad de Sídney, reúne a socios clave como el Centro Australiano para la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, el Instituto Kirby, Family Planning Australia, el Centro Nacional de Investigación y Vigilancia de Inmunizaciones (Australia) y UNITAID para apoyar los esfuerzos de eliminación del cáncer de cuello uterino en toda la región del Indo-Pacífico. EPICC es la mayor iniciativa de su tipo, que trabaja en los tres pilares de la eliminación para lograr una implementación sostenible, aprovechando la experiencia multidisciplinaria y de múltiples partes interesadas para acelerar la estrategia global de la OMS para la eliminación del cáncer de cuello uterino.En muchos países de ingresos bajos y medianos de la región del Indo-Pacífico, el cáncer de cuello uterino representa una importante carga de mortalidad, que afecta no solo a mujeres de todas las edades, sino también a familias y comunidades enteras. La iniciativa EPICC es una extensión del programa Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino en el Pacífico Occidental, financiado por la Fundación Minderoo, que inicialmente se centró en el desarrollo de capacidades en las Tierras Altas Occidentales de Papúa Nueva Guinea y Vanuatu, y que desde entonces se ha extendido a varios países.En las últimas dos décadas, Denny ( Denny et al., 2005 ), Sankaranarayanan ( Sankaranarayanan et al., 2009 ) y Qiao ( Qiao et al., 2013 ) han realizado trabajos fundamentales en países de ingresos bajos y medianos para demostrar la utilidad y la aceptabilidad de las pruebas de VPH. Basándose en ensayos de campo previos en Sudáfrica, India y en la experiencia de detección de VPH con muestras autoadministradas cerca del punto de atención en la China rural, un trabajo más reciente del Instituto de Investigación Médica de Papúa Nueva Guinea (PNGIMR) y la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), a través de ensayos de campo de un modelo integrado de detección y tratamiento de ADN del VPH en el punto de atención, demostró que la prueba Xpert VPH en el punto de atención de muestras autoadministradas tiene una alta sensibilidad (90 %), especificidad (89 %), valor predictivo positivo (35 %) y valor predictivo negativo (99 %) para la detección y el tratamiento del precáncer cervical; y que este es un modelo muy rentable y aceptable, adecuado para su implementación rutinaria a gran escala en centros de atención primaria de salud en Papúa Nueva Guinea ( Valley et al., 2022 ). Las pruebas en el punto de atención son especialmente relevantes en entornos como Papúa Nueva Guinea, con sus numerosas comunidades remotas, donde la probabilidad de pérdida de seguimiento tras un resultado positivo en la prueba primaria del VPH es alta. Estos hallazgos fueron respaldados por una evaluación modelada que concluyó que la detección y el tratamiento del VPH mediante automuestreo en el punto de atención son muy rentables y tendrían un impacto significativo a nivel poblacional si se implementaran a gran escala en Papúa Nueva Guinea ( Nguyen et al., 2022 ).

        7. Discusión​

        Si se implementa con éxito, se estima que la estrategia de eliminación 90-70-90 de la OMS salvará más de 62 millones de vidas en 78 países de ingresos bajos y medianos durante el próximo siglo. Esta es la primera vez que el mundo intenta eliminar un cáncer, y este esfuerzo solo es posible gracias al conocimiento del VPH como causante del cáncer de cuello uterino, combinado con nuestra comprensión única de la carcinogénesis cervical y las intervenciones comprobadas para interrumpir la historia natural: vacunación contra el VPH, cribado cervical y tratamiento para el precáncer y el cáncer detectados. Muchos países de altos ingresos han implementado programas de cribado cervical, vacunación contra el VPH y sistemas de salud bien desarrollados para facilitar el acceso al tratamiento del precáncer y el cáncer, lo que probablemente resultará en una eliminación más temprana; por ejemplo, se predijo que Australia eliminaría el cáncer de cuello uterino para 2035 ( Hall et al., 2019 ) y Estados Unidos entre 2038 y 2046 ( Burger et al., 2020 ).La vacunación contra el VPH es el pilar fundamental del control del cáncer de cuello uterino y constituye un método seguro, eficaz y rentable de prevención primaria. En entornos con programas de vacunación contra el VPH de reciente implementación, los beneficios no se observarán hasta que las cohortes vacunadas alcancen los grupos de edad de alto riesgo de cáncer de cuello uterino. Por lo tanto, el cribado cervical acelera la eliminación del cáncer de cuello uterino al reducir las tasas de esta enfermedad en las cohortes no vacunadas a corto y mediano plazo ( Canfell et al., 2020 ).Existen diversos factores que pueden afectar la capacidad para alcanzar el objetivo de la OMS de lograr una cobertura de vacunación contra el VPH del 90 % en niñas elegibles para 2030. En muchos países de ingresos bajos y medianos, incluso cuando el apoyo de Gavi reduce el costo de la dosis de la vacuna, otros costos y barreras logísticas impiden su implementación y ampliación. En entornos que han superado estas barreras, la reciente escasez mundial de vacunas contra el VPH ha impedido su adquisición oportuna; sin embargo, los desafíos en el suministro mundial de vacunas podrían mitigarse a medida que nuevos fabricantes ingresen al mercado, los fabricantes existentes aumenten la producción y los países consideren la transición a esquemas de una sola dosis en lugar de dos o tres dosis.En la Región del Pacífico Occidental de la OMS, el marco para la eliminación del cáncer de cuello uterino recomienda una serie de acciones provisionales para fortalecer la capacidad donde más se necesita; tales como aprovechar la financiación y las herramientas de promoción, incluyendo la filantropía y las alianzas público-privadas, recomendar programas de dosis única para aumentar la cobertura y la disponibilidad, priorizar a las mujeres jóvenes como grupo inicial y, fundamentalmente, monitorear la implementación del programa, incluyendo el discurso público y los medios de comunicación, como un medio para capacitar a los profesionales de la salud y a los responsables políticos para abordar la desinformación que puede generar reticencia a la vacunación ( Organización Mundial de la Salud, 2023a , Organización Mundial de la Salud, 2023b ). Para ayudar a los países a combatir la reticencia a la vacunación, el Grupo Asesor Estratégico de Expertos en Inmunización (SAGE) de la OMS ha publicado un conjunto de conclusiones y recomendaciones para abordar este problema a nivel nacional. (Organización Mundial de la Salud (OMS), Grupo Asesor Estratégico de Expertos en Inmunización ( SAGE), 2015 ).Si bien lograr altas tasas de vacunación contra el VPH ahora es fundamental para reducir la incidencia del cáncer de cuello uterino en los próximos 50 años, se necesita una acción simultánea en los tres frentes: vacunación, cribado cervical y tratamiento, para tener un impacto significativo en la carga de mortalidad por cáncer de cuello uterino a corto plazo ( Canfell et al., 2020 ). Los países deben buscar implementar y ampliar programas de cribado equitativos con la prueba del VPH como piedra angular, y aspirar a alcanzar la meta de la OMS de realizar el cribado al 70 % de las mujeres al menos una vez antes de los 35 años, y nuevamente antes de los 45. Este será el principal impulsor para reducir la incidencia y la mortalidad por cáncer de cuello uterino en los próximos 10 a 40 años ( Canfell et al., 2020 ). A medida que se establecen los servicios de cribado, existe la obligación ética de ofrecer tratamiento para la enfermedad detectada mediante el cribado. Dado que el cribado permite la detección temprana tanto de lesiones precancerosas como de cáncer, el tratamiento adecuado minimizará aún más la carga de mortalidad por cáncer de cuello uterino a corto, mediano y largo plazo ( Canfell et al., 2020 ). Por ello, la OMS recomienda ampliar simultáneamente los tres pilares por igual, hasta alcanzar sus respectivos objetivos del 90 % de cobertura de vacunación, el 70 % de participación en los programas de cribado y el 90 % de las mujeres con precáncer o cáncer detectado que reciban el tratamiento adecuado para 2030.De cara al futuro, la mejora y el desarrollo tecnológico desempeñan un papel fundamental para facilitar la eliminación del cáncer de cuello uterino. Por ejemplo, en muchas poblaciones de países de ingresos bajos y medianos y en zonas de difícil acceso, existe la posibilidad de mejorar los métodos de clasificación de mujeres con resultado positivo para el VPH y de facilitar la auto-recolección de muestras para mujeres y comunidades. No obstante, las herramientas disponibles actualmente son muy eficaces. La vacunación contra el VPH con una sola dosis y las pruebas de detección del VPH con acceso a tratamientos en el punto de atención y oportunidades de auto-recolección son elementos clave en muchas comunidades. Para impulsar la eliminación del cáncer de cuello uterino a nivel mundial, se necesita una mayor inversión para apoyar la ampliación de los tres pilares del control de esta enfermedad. Esto incluye la planificación de la adquisición asequible de vacunas y pruebas de VPH, el establecimiento de la infraestructura necesaria para la detección precoz del cáncer y el acceso a servicios esenciales de tratamiento precanceroso y oncológico.

        HORMONAS PEPTÍDICAS EN LA REGULACIÓN DEL APETITO: UNA RED COMPLEJA

        Síntesis de la evidencia sobre péptidos reguladores del apetito, el eje intestino-cerebro y las estrategias terapéuticas emergentes

        1. Introducción

        El apetito es el impulso fisiológico que lleva a consumir alimentos y está gobernado por una red integradora compleja que procesa señales del entorno externo, del tracto gastrointestinal, del tejido adiposo y del sistema nervioso central. Esta síntesis organiza la evidencia en dos niveles interconectados: el sistema regulador central (hipotálamo, núcleo del tracto solitario y nervio vago) y el sistema periférico (hormonas derivadas del intestino, el páncreas y el tejido adiposo).

        Los péptidos —cadenas cortas de entre 2 y 50 aminoácidos— actúan como moléculas señalizadoras entre el intestino, el tejido adiposo y el cerebro. Su función depende estrechamente de su estructura molecular (composición de aminoácidos, longitud y conformación secundaria), lo que define la relación estructura-actividad: pequeños cambios en la secuencia pueden alterar de forma significativa la afinidad por el receptor, la estabilidad biológica y la resistencia a la degradación enzimática. Esta fragilidad estructural explica por qué buena parte del desarrollo terapéutico actual se centra en la ingeniería de péptidos (modificaciones que prolongan la vida media y mejoran la biodisponibilidad).

        Idea central El apetito no depende de un único centro de control, sino de una red distribuida y redundante en la que señales periféricas (hormonales) y centrales (neuronales) convergen —principalmente en el hipotálamo— para determinar el balance entre hambre y saciedad.

        2. Regulación central y periférica del apetito

        2.1. El núcleo arqueado y las dos poblaciones neuronales clave

        El hipotálamo es el centro principal de la regulación del apetito. Dentro de él, el núcleo arqueado (ARC) actúa como sensor de nutrientes y hormonas circulantes gracias a su ubicación junto al tercer ventrículo. El ARC contiene dos poblaciones neuronales con efectos opuestos:

        • Neuronas NPY/AgRP (orexigénicas): se activan en balance energético negativo y estimulan la ingesta. El NPY sostiene el hambre de forma prolongada, mientras que el AgRP —al antagonizar el receptor de melanocortina-4 (MC4R)— bloquea la señal de saciedad de la α-MSH.
        • Neuronas POMC/CART (anorexigénicas): se activan con suficiencia energética y en respuesta a leptina e insulina. El POMC se escinde en α-MSH, que activa el MC4R para promover saciedad y gasto energético.

        Otros núcleos hipotalámicos modulan esta señal: el paraventricular (PVN) integra ambas vías y libera CRH/TRH; el hipotálamo lateral (LH) promueve la conducta de búsqueda de alimento vía orexina y MCH; y el núcleo ventromedial (VMN) se asocia principalmente con la saciedad.

        2.2. Señalización periférica: hormonas orexigénicas y anorexigénicas

        La grelina es la principal hormona orexigénica periférica: secretada por el estómago durante el ayuno, requiere acilación (enzima GOAT) para cruzar la barrera hematoencefálica y activar las neuronas NPY/AgRP vía receptor GHSR. Sus niveles aumentan antes de las comidas y caen tras la ingesta.

        En sentido opuesto, un conjunto de hormonas anorexigénicas —leptina, insulina, GLP-1, PYY, CCK, oxintomodulina y amilina— se liberan de forma posprandial o en proporción a las reservas de energía, y convergen en los circuitos hipotalámicos y del tronco encefálico para inhibir la ingesta.

        Tabla 1. Hormonas peptídicas anorexigénicas en la regulación del apetito

        PéptidoOrigenReceptor / vía centralMecanismo y efectoRelevancia clínica
        Leptina (167 aa)Tejido adiposoLepR — activa POMC/CART; inhibe NPY/AgRP en el ARCReduce la ingesta y aumenta el gasto energéticoLa sobrenutrición crónica genera resistencia a la leptina
        Insulina (51 aa)Células β pancreáticasReceptor de insulina — activa neuronas ARCInhibe NPY/AgRP y estimula POMC; cruza la BHE y reduce el apetitoSeñalización central alterada en obesidad y diabetes tipo 2
        Péptido YY (36 aa)Íleon y colon (células L)Receptor Y2 — inhibe NPY en el ARCSuprime el apetito en el período posprandialRespuesta reducida en la obesidad
        GLP-1 (7-36) (31 aa)Intestino delgado (células L)Receptor de GLP-1 — vía NTS e hipotálamoEnlentece el vaciamiento gástrico; potencia la secreción de insulina (efecto incretina); suprime el apetitoBase de los agonistas GLP-1 (p. ej. semaglutida) en obesidad y diabetes
        CCK (8 aa)Duodeno y yeyunoReceptor CCK-A — aferente vagal → NTS → hipotálamoInterrumpe tempranamente la comida y reduce su tamañoSeñal de saciedad a corto plazo
        Oxintomodulina (37 aa)Células L intestinalesReceptores de GLP-1 y de glucagónDisminuye la ingesta; puede aumentar el gasto energéticoCandidato a agonista dual
        Amilina (37 aa)Células β pancreáticasReceptores de amilina/calcitonina — tronco encefálico e hipotálamoCosecretada con insulina; enlentece el vaciamiento gástrico y promueve saciedadLos análogos (pramlintida) ya se usan clínicamente

        2.3. Integración de señales centrales y periféricas

        El comportamiento alimentario no surge de interruptores aislados de hambre/saciedad, sino de la interacción continua de estas señales dentro del ARC. La leptina y la insulina actúan mediante vías intracelulares distintas —JAK2-STAT3 y PI3K-Akt/MAPK respectivamente— para modular la excitabilidad y la plasticidad sináptica de las neuronas hipotalámicas; su alteración es la base molecular de la resistencia central a la leptina/insulina en la obesidad.

        La evidencia reciente matiza el modelo clásico de «balanza» orexigénica/anorexigénica centrada solo en el ARC: este núcleo se comporta como una red heterogénea de subtipos neuronales, y regiones vecinas —núcleo tubular, zona incerta, área preóptica medial— también contribuyen, integrando señales metabólicas con información sensorial y ambiental. A nivel neuroquímico, estudios con manipulación optogenética y quimiogenética (DREADD) muestran que el NPY es necesario para sostener el hambre en el intervalo entre la búsqueda de alimento y su consumo, mientras que el AgRP media un efecto orexigénico más tardío pero prolongado, actuando vía MC4R.

        3. Eje intestino-cerebro y vías de señalización

        3.1. Señalización aferente vagal e integración en el tronco encefálico

        La vía más rápida de comunicación intestino-cerebro es la aferencia vagal: las células enteroendocrinas liberan CCK, GLP-1 y PYY tras la ingestión de nutrientes, activando terminales vagales que llegan en minutos al núcleo del tracto solitario (NTS). Desde allí, el NTS retransmite la señal a los núcleos hipotalámicos (ARC, PVN), permitiendo que señales periféricas modulen el apetito sin necesidad de atravesar la barrera hematoencefálica. Complementariamente, células gliales y vasculares en los órganos circunventriculares (eminencia media, área postrema) regulan el acceso cerebral a nutrientes ajustando el flujo sanguíneo local.

        3.2. Bucles hormonales de retroalimentación a corto y largo plazo

        La saciedad a corto plazo (GLP-1, PYY, CCK) opera comida a comida, mientras que el balance energético a largo plazo depende de leptina e insulina, que informan sobre las reservas de energía totales. En la obesidad, la resistencia hipotalámica a leptina e insulina atenúa la señal anorexigénica, y la respuesta a las hormonas intestinales posprandiales también puede reducirse —lo que perpetúa la sobrealimentación pese a reservas energéticas adecuadas o excesivas.

        3.3. Microbiota intestinal como capa adicional de regulación

        La microbiota intestinal influye en la liberación de hormonas peptídicas: la fermentación de fibra dietética produce ácidos grasos de cadena corta (SCFA), que estimulan a las células enteroendocrinas a liberar GLP-1 y PYY. En obesidad y diabetes tipo 2 se observa menor abundancia de taxones beneficiosos (Akkermansia muciniphila, Bifidobacterium) y alteración en la proporción Firmicutes/Bacteroidetes, asociadas a menor liberación posprandial de GLP-1/PYY. La disbiosis, además, puede generar inflamación sistémica de bajo grado (vía lipopolisacárido) que interfiere con la regulación hipotalámica del apetito.

        Implicación terapéutica Los agonistas del receptor GLP-1 funcionan, en esencia, potenciando el propio sistema de saciedad intestino-cerebro del organismo. Por eso la variabilidad en la respuesta clínica a estos fármacos depende, en parte, de qué tan bien estén integradas —en cada paciente— las piezas hormonales y neuronales de esta red.

        4. Modulación terapéutica de las vías reguladoras del apetito

        La comprensión de esta red ha desplazado el foco terapéutico de la simple supresión del apetito hacia la modulación dirigida de la señalización intestino-cerebro, la integración hipotalámica, la alimentación por recompensa y el control metabólico coordinado.

        4.1. Inducción de saciedad y amplificación de señales posprandiales

        Los agonistas del receptor GLP-1 (liraglutida, semaglutida) reducen la ingesta mediante mecanismos periféricos (enlentecimiento del vaciado gástrico, señalización vagal) y centrales (modulación hipotalámica y de circuitos de recompensa), además de mejorar el control glucémico al aumentar la secreción de insulina dependiente de glucosa y suprimir el glucagón, con bajo riesgo de hipoglucemia.

        Los agonistas duales de incretina (tirzepatida, GLP-1+GIP) amplían esta estrategia activando dos vías simultáneamente: en el ensayo SURMOUNT-5, la tirzepatida logró mayor pérdida de peso que la semaglutida, con mejoras superiores en calidad de vida relacionada con la función física. Las terapias basadas en amilina (pramlintida, cagrilintida) ofrecen una vía adicional: combinadas con semaglutida (CagriSema), producen mayor pérdida de peso que cualquiera de los dos componentes por separado, aunque la reducción de HbA1c no supera a la de la semaglutida sola.

        4.2. Supresión de la vía orexigénica y plasticidad de circuitos

        Bloquear la señal orexigénica ha resultado más difícil que potenciar la saciedad. Los antagonistas del receptor de grelina ([D-Lys3]-GHRP-6, JMV2959, PF-05190457) y las vacunas anti-grelina (CYT009-GhrQb) muestran efectos supresores solo modestos, probablemente porque el bloqueo de una única señal orexigénica permite que otras vías compensen en paralelo. La evidencia de plasticidad de circuitos refuerza esta idea: el ayuno activa un subconjunto neuronal PVH-TRH/PACAP que amplifica de forma duradera la señal de las neuronas AgRP, sugiriendo que la supresión sostenida del apetito requiere abordar esta adaptación de circuito y no solo el nivel hormonal de grelina.

        La modulación de la vía melanocortina, aguas abajo de POMC-α-MSH-MC4R, ofrece otra estrategia: el agonista MC4R setmelanotida reduce la hiperfagia en síndromes genéticos de obesidad ligados a defectos en esta vía (deficiencia de LEPR o POMC).

        4.3. Alimentación por recompensa y terapias multiobjetivo

        El apetito también responde a circuitos de recompensa independientes de la necesidad metabólica: las neuronas dopaminérgicas del área tegmental ventral (VTA) codifican la palatabilidad de los alimentos. La semaglutida suprime inicialmente esta actividad dopaminérgica durante la alimentación, pero el efecto se atenúa con tratamiento repetido, lo que sugiere que los circuitos de recompensa pueden adaptarse y oponerse parcialmente al agonismo GLP-1 —de ahí el interés en combinar el aumento de señalización intestino-cerebro con la modulación de la vía de recompensa.

        En esta línea, los agonistas triples de GLP-1/GIP/glucagón (retatrutida) combinan reducción del apetito, control glucémico y efectos sobre metabolismo lipídico y gasto energético, con reducciones sustanciales de peso corporal en ensayos de fase 2.

        Tabla 2. Estrategias terapéuticas basadas en péptidos para la regulación del apetito

        Clase de terapiaAgentes de ejemploMecanismo principalBeneficio clínicoLimitaciones clave
        Inducción de saciedadLiraglutida, semaglutidaVaciamiento gástrico retrasado; señalización de saciedad central (agonismo GLP-1)Pérdida de peso; mejora del control glucémico; beneficio cardiovascularEfectos gastrointestinales; respuesta variable; seguridad a largo plazo en evaluación
        Activación/control metabólico dualTirzepatidaCoagonismo GLP-1 + receptor GIPMayor pérdida de peso y mejor calidad de vida que la monoterapia GLP-1Datos de seguridad a largo plazo aún en desarrollo
        Mejora de la saciedadPramlintida, cagrilintidaAnálogos de amilina; enlentecimiento del vaciado gástricoReducción del tamaño de las comidas; beneficio aditivo con terapia GLP-1Eficacia limitada como monoterapia
        Supresión de la vía orexigénica de la grelina[D-Lys3]-GHRP-6, JMV2959, PF-05190457, CYT009-GhrQbAntagonismo de grelina/GHSRSupresión teórica del apetitoDuración limitada; compensación por otros circuitos
        Restauración de la señalización melanocortinaSetmelanotidaActúa aguas abajo de POMC/α-MSH sobre MC4RReducción de la hiperfagia en síndromes de obesidad genética seleccionadosEficacia limitada a defectos de vía definidos
        Modulación integrada intestino-hormonalTerapias combinadas/multiagonistas (GLP-1+amilina; GLP-1/GIP/glucagón)Imita múltiples señales postprandiales y metabólicasMejora potencial de la eficacia globalCosto, tolerabilidad y complejidad del tratamiento

        4.4. Desafíos traslacionales

        La regulación del apetito es biológicamente adaptativa, lo que plantea límites concretos a estas terapias: las respuestas compensatorias centrales pueden reaparecer con el tiempo, en especial en personas con resistencia previa a leptina o insulina, y los estudios muestran recuperación sustancial de peso tras suspender el tratamiento. El análisis de composición corporal añade otra preocupación: la pérdida de peso asociada a incretinas puede incluir una reducción significativa de masa magra, relevante en adultos mayores o en riesgo de sarcopenia. A esto se suman los efectos adversos gastrointestinales —causa frecuente de discontinuación— y preocupaciones menos comunes como enfermedad de la vesícula biliar o vaciamiento gástrico retrasado, que exigen selección cuidadosa de pacientes y titulación de dosis.

        5. Perspectivas futuras

        Los límites de las terapias basadas en incretinas empujan la investigación hacia nuevos objetivos más allá de las hormonas clásicas del apetito: el eje GDF15-GFRAL, los receptores de ácidos biliares (FXR y TGR5) y las señales derivadas del tejido adiposo. En paralelo, se desarrollan combinaciones racionales —incretinas con análogos de amilina u otros moduladores metabólicos— pensadas para adaptarse a la redundancia biológica del sistema y reducir las adaptaciones compensatorias que limitan la monoterapia. El perfilado multiómico y las nuevas tecnologías de administración de fármacos podrían habilitar, a mediano plazo, un tratamiento más personalizado según el fenotipo neuroendocrino y metabólico de cada paciente.

        6. Conclusiones

        La regulación del apetito se comprende mejor como una red compleja que como un simple interruptor de encendido/apagado. Hormonas peptídicas del intestino, el tejido adiposo y el páncreas convergen en el hipotálamo y en el circuito de recompensa, integrando las necesidades energéticas internas con factores externos —entorno, estrés, hábitos alimentarios—. La desregulación de este sistema, ya sea por alteración hormonal, pérdida de sensibilidad neuronal o dominancia de las vías de recompensa, contribuye a la obesidad.

        El conocimiento de esta red ha permitido mejores terapias basadas en péptidos —particularmente los fármacos con base en incretinas y los nuevos enfoques multiagonistas—, pero la redundancia biológica, la resistencia hormonal y la variabilidad interindividual explican por qué ningún tratamiento resulta universalmente eficaz. Las intervenciones más prometedoras son las que actúan sobre múltiples nodos de la red a la vez: sostener la comunicación intestino-cerebro y la señalización vagal, preservar la estabilidad de la microbiota intestinal, reforzar la estabilidad de los circuitos neuronales que interpretan las señales metabólicas, y abordar también la dimensión de recompensa de la alimentación.

        Fuente principal

        Abdollahi, S.; Adam, H.; Al Musaimi, O. Hormonas peptídicas en la regulación del apetito: una red compleja. Pharmaceuticals 2026, 19, 989.

        Responsabilidad científica

        Este documento fue elaborado por el Dr. Carlos Alberto Díaz con fines académicos y de divulgación científica para saludbydiaz.com. Constituye una síntesis del artículo original —excluyendo el acápite metodológico de la revisión de alcance— y no reemplaza el juicio clínico individual ni constituye una recomendación terapéutica. Cualquier decisión de prescripción debe basarse en la evaluación del paciente y en las guías clínicas vigentes.

        GLP-1 Y GIP EN EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL

        GLP-1 Y GIP EN EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL

        Distribución de receptores, modulación de neurotransmisores y mecanismos de interacción neuronal

        Introducción:

        El péptido similar al glucagón-1 (GLP-1) y los agonistas duales del receptor GIP/GLP-1, desarrollados originalmente para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 y la obesidad, se reconocen hoy como agentes neuro farmacológicos de acción central. Más allá del control glucémico periférico, estas moléculas atraviesan la barrera hematoencefálica y modulan de forma directa circuitos neuronales implicados en el balance energético, la recompensa, la cognición y la regulación emocional.

        El GLP-1 no solo circula como hormona periférica liberada por las células L intestinales: también se sintetiza dentro del sistema nervioso central (SNC) por neuronas que expresan pre-proglucagón en el núcleo del tracto solitario (NTS), las cuales proyectan hacia múltiples regiones cerebrales vinculadas al apetito y a la recompensa. Esta doble fuente —periférica y central— es clave para entender por qué estos fármacos tienen efectos que exceden ampliamente la homeostasis de la glucosa.

        Idea central El GLP-1R es un receptor acoplado a proteína G de clase B (Gαs/cAMP) ampliamente distribuido en el cerebro. Su activación no solo regula el apetito: modula directamente la liberación de dopamina, serotonina, GABA y glutamato, funcionando como un verdadero integrador entre la señal metabólica periférica y la actividad neuronal central.

        2. Distribución de los receptores de GLP-1/GIP en el sistema nervioso central

        Los receptores GLP-1 (GLP-1R) se expresan de forma amplia en circuitos que integran el balance energético, la regulación autonómica y las respuestas conductuales. Su distribución anatómica sigue las vías de proyección de las neuronas de pre-proglucagón que se originan en el NTS.

        2.1. Principales regiones y su función

        • Núcleos hipotalámicos (arcuato, paraventricular, dorsomedial, lateral): regulación del apetito y homeostasis energética.
        • Tronco encefálico (NTS, área postrema, núcleo motor dorsal del vago, locus coeruleus, complejo pre-Bötzinger): saciedad, función autonómica y ritmogénesis respiratoria.
        • Estructuras mesolímbicas (área tegmental ventral —VTA—, núcleo accumbens —NAc—, amígdala, hipocampo): procesamiento de la recompensa y regulación emocional.
        • Regiones corticales superiores, hipocampo, caudado-putamen y globo pálido: procesamiento cognitivo y regulación del comportamiento.
        • Médula espinal: neuronas preganglionares simpáticas, con el GLP-1 proveniente del tronco encefálico como ligando endógeno primario.

        Un aspecto relevante para la interpretación de la evidencia preclínica es que existen variaciones interespecie en la distribución y los patrones de expresión de los receptores GLP-1 entre roedores y especies de orden superior, por lo que la extrapolación directa de modelos animales a humanos requiere cautela.

        Tabla 1. Distribución regional de los receptores GLP-1/GIP en el sistema nervioso central y su rol funcional predominante

        Región / estructuraNúcleos o sitios principalesRol funcional predominante
        HipotálamoArcuato (ARC), paraventricular (PVN), dorsomedial (DMH), área lateralControl del apetito y balance energético
        Tronco encefálicoNTS, área postrema, núcleo motor dorsal del vago, locus coeruleus, pre-BötzingerSaciedad, función autonómica, ritmogénesis respiratoria
        Sistema mesolímbicoVTA, núcleo accumbens, amígdala, hipocampoProcesamiento de la recompensa, regulación emocional
        Corteza y ganglios basalesCorteza prefrontal (infralímbica), caudado-putamen, globo pálidoCognición, control ejecutivo, regulación conductual
        Médula espinalNeuronas preganglionares simpáticasRegulación autonómica simpática

        Nota metodológica: tabla elaborada por Dr. Carlos Alberto Díaz a partir de la síntesis descriptiva de la distribución regional de receptores GLP-1/GIP reportada en la literatura revisada (Tudosie et al., 2026).

        Las señales hormonales y neuronales del intestino subyacen a una variedad de sensaciones relacionadas con el control de la ingestión de alimentos. Varias señales hormonales intestinales convergen en el área postrema (AP) y el núcleo del tracto solitario (NTS) en el tronco encefálico, donde diferentes poblaciones neuronales (representadas por distintos colores) subestán a las náuseas y a la supresión de la ingesta de alimentos. Las neuronas GIPR positivas en la PA son predominantemente GABA-érgicas e inhiben otras vías, como las náuseas inducidas por GLP-1. La caracterización adicional de los neurocircuitos en la AP y NTS, así como de los núcleos en el hipotálamo (no mostrado), la regulación subyacente de la ingesta de alimentos, es un área de intenso enfoque científico. Alcaino, C., Reimann, F. and Gribble, F.M. (2025), Incretin hormones and obesity. J Physiol, 603: 7645-7659. https://doi.org/10.1113/JP286293

        3. Modulación de la secreción de neurotransmisores por GLP-1/GIP

        Uno de los hallazgos centrales de la evidencia reciente es que los receptores GLP-1 modulan la liberación de neurotransmisores inducida por despolarización en la corteza y el hipocampo, incluyendo GABA, glutamato, serotonina y dopamina. Esta capacidad moduladora es la base fisiológica que conecta la señalización metabólica con los resultados neuropsiquiátricos.

        El efecto clínico de esta modulación es específico de la región y dependiente de la dosis: en áreas de regulación emocional (amígdala, hipotálamo, ínsula), la activación excesiva o prolongada del receptor se ha asociado con efectos adversos neuropsiquiátricos, incluyendo empeoramiento de depresión, ansiedad y apatía.

        3.1. Sistema dopaminérgico

        En el núcleo accumbens, la activación del receptor actúa como un verdadero reóstato de la señalización dopaminérgica: atenúa la liberación fásica de dopamina asociada a la recompensa sin abolir el tono dopaminérgico basal. Esto reduce el refuerzo relacionado con la comida y disminuye la gratificación obtenida de los alimentos apetecibles.

        3.2. Sistema serotoninérgico

        Los receptores GLP-1 expresados en neuronas serotoninérgicas aumentan el recambio (turnover) de este neurotransmisor en amígdala e hipocampo, lo que se vincula con una reducción de conductas de tipo ansioso. Adicionalmente, al suprimir citoquinas sistémicas, los agonistas de GLP-1/GIP pueden inhibir la enzima IDO-1, restaurando el equilibrio triptófano-quinurenina y favoreciendo la producción endógena de serotonina.

        3.3. GABA y glutamato

        En la corteza prefrontal (particularmente en la región infralímbica), la activación del GLP-1R incrementa el tono GABAérgico y la señalización postsináptica inhibitoria, con relevancia potencial para el control ejecutivo y para trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer. En paralelo, se ha demostrado que estos agonistas aumentan la liberación de glutamato en sinapsis específicas —como las fibras paralelas cerebelosas y las células de Purkinje— mediante señalización dependiente de PKA.

        3.4. Factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF)

        La neuroplasticidad mediada por BDNF es un mecanismo clave para mitigar la apoptosis neuronal. La exendina-4 ha mostrado capacidad de estimular neurogénesis y proliferación neuronal, y los agonistas duales de GLP-1/GIP —al expresarse densamente los receptores de GIP en el hipocampo— podrían inducir una regulación positiva sinérgica del BDNF, ofreciendo mayor protección frente a la atrofia neuronal que la monoterapia con GLP-1.

        Tabla 2. Efectos centrales de los agonistas del receptor GLP-1/GIP sobre los principales sistemas de neurotransmisores

        Sistema de neurotransmisoresEfecto central mediado por agonistas GLP-1/GIPResultado funcional
        DopaminérgicoModulación de la señalización dopaminérgica en circuitos mesolímbicos de recompensaReducción del refuerzo relacionado con la comida; menor gratificación alimentaria
        SerotoninérgicoAumento del tono serotoninérgicoRegulación del ánimo; potencial mejora de conductas depresivas
        Glutamato y GABAModulación de la neurotransmisión excitatoria (glutamatérgica) e inhibitoria (GABAérgica)Restauración de la plasticidad sináptica; posible mejora cognitiva (memoria/aprendizaje)
        Factores neurotróficosRegulación positiva de la expresión de BDNFNeurogénesis, proliferación neuronal, protección frente a atrofia y síntomas depresivos

        4. Mecanismos sinápticos en los circuitos de recompensa y en el eje intestino-cerebro

        4.1. Circuitos mesocorticolímbicos (VTA y NAc)

        En el área tegmental ventral (VTA), la estimulación del receptor GLP-1 potencia la entrada glutamatérgica de tipo AMPA/kainato hacia las neuronas dopaminérgicas, alterando la excitabilidad neuronal y reduciendo la relevancia de las señales condicionadas a la recompensa. En el núcleo accumbens, la activación del receptor aumenta la liberación presináptica de glutamato y atenúa la reinstauración del comportamiento de búsqueda de recompensa inducida por señales —un mecanismo con implicancias directas para la medicina de las adicciones.

        4.2. Eje intestino-cerebro y modulación vagal

        Las señales que se originan en el intestino llegan al cerebro principalmente a través de vías aferentes vagales, que transmiten información sensorial hacia el NTS. Desde allí, proyecciones glutamatérgicas se extienden hacia el VTA y el NAc, vinculando funcionalmente las señales metabólicas periféricas con los circuitos dopaminérgicos de recompensa. Cuando la señalización vagal se interrumpe, este efecto regulador se pierde, lo que subraya el papel esencial de una comunicación intestino-cerebro intacta.

        Relevancia clínica Estos mecanismos sinápticos —modulación glutamatérgica/GABAérgica en VTA y NAc, e integración vagal en el NTS— constituyen la base mecanicista que sustenta el interés creciente por los agonistas de GLP-1/GIP en el campo de las adicciones y de los trastornos de la conducta alimentaria de tipo hedónico.

        5. Integración farmacológica: de la molécula al efecto central

        El impacto terapéutico de estos agonistas sobre el estado de ánimo y el comportamiento depende de su capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica (BHE). A nivel celular, esta activación dispara vías intracelulares —cAMP y PI3K— que modulan la transmisión de dopamina y serotonina, además de regular la plasticidad sináptica. La eficacia del componente GIP en los agonistas duales parece depender de su interacción con el receptor GLP-1, integrando ambas señales para la regulación central del apetito, la recompensa y la cognición.

        Tabla 3. Características farmacocinéticas y clínicas de los agonistas del receptor GLP-1 y de los agonistas duales GIP/GLP-1

        TipoAgenteNombre comercialSemividaVía y frecuencia
        GLP-1RAAlbiglutidaTanzeum5 díasSubcutánea, semanal (30/50 mg)
        GLP-1RADulaglutidaTrulicity5 díasSubcutánea, semanal (0,75/1,5 mg)
        GLP-1RAExenatida IRByetta2,4 hSubcutánea, 2 veces/día (5/10 µg)
        GLP-1RAExenatida ERBydureon2 semanasSubcutánea, semanal (2 mg)
        GLP-1RALiraglutidaVictoza13 hSubcutánea, diaria (0,6/1,2/1,8 mg)
        GLP-1RALixisenatidaLyxumia/Adlyxin2,8 hSubcutánea, diaria (10/20 µg)
        GLP-1RASemaglutidaOzempic / Wegovy / Rybelsus145–168 h (153–161 h oral)Subcutánea semanal o comprimido oral diario
        Dual GIP/GLP-1RATirzepatidaMounjaro116,7 hSubcutánea, semanal (2,5 a 15 mg)

        6. Acciones neuroprotectoras en la neurodegeneración

        Más allá de la modulación de neurotransmisores, los agonistas de GLP-1/GIP mejoran la señalización de insulina cerebral, la función mitocondrial y suprimen la neuroinflamación, lo que protege neuronas dopaminérgicas en la enfermedad de Parkinson y reduce la acumulación de β-amiloide en la enfermedad de Alzheimer. Los agonistas duales, al activar simultáneamente GLP-1R y GIPR, amplifican las cascadas cAMP/PKA/CREB y PI3K-Akt, potenciando la expresión de factores neurotróficos como BDNF y GDNF.

        Tabla 4. Mecanismos y beneficios terapéuticos de los agonistas de GLP-1/GIP en la neuroprotección

        Blanco patológicoMecanismo de acciónBeneficio terapéutico
        Señalización de insulinaActivación de la vía PI3K-Akt; restauración de la sensibilidad del receptor de insulinaRestaura el transporte neuronal de glucosa; mejora la supervivencia celular y la transmisión sináptica
        NeuroinflamaciónReducción de la activación astrocitaria (GFAP) y microglial (Iba-1)Disminuye la gliosis crónica y la liberación de citoquinas proinflamatorias (IL-6, TNF-α)
        Agregación proteicaPromoción de la autofagia (activación de Beclin-1); reducción de la actividad de GSK-3βEliminación de placas de β-amiloide (Alzheimer) y agregados de α-sinucleína (Parkinson)
        Estrés oxidativoInhibición de vías mediadas por JNK; mejora de la función mitocondrialPrevención de la apoptosis neuronal y protección de neuronas dopaminérgicas

        7. Consideraciones de seguridad neuropsiquiátrica

        Los grandes ensayos aleatorizados (programas SCALE y STEP) reportan de manera consistente que la depresión y la ideación suicida son eventos raros (menos del 1%), con incidencias comparables al placebo. Estudios de cohorte en condiciones reales, incluyendo el de Wang et al. sobre más de 240.000 pacientes, no encontraron un aumento del riesgo de ideación suicida con semaglutida frente a otros fármacos antiobesidad.

        Sin embargo, los datos de farmacovigilancia posterior a la comercialización —FAERS y EudraVigilance— sí han identificado señales de desproporcionalidad para ciertos eventos psiquiátricos (ansiedad, nerviosismo, insomnio, depresión), predominantemente en pacientes con comorbilidades psiquiátricas preexistentes o bajo tratamiento psicotrópico concomitante. Tanto la FDA como la EMA concluyeron, tras revisar la evidencia disponible, que no existe una asociación causal consistente. Aun así, se recomienda monitorear el estado de ánimo durante el primer mes de tratamiento.

        8. Conclusiones

        El GLP-1 y los agonistas duales GIP/GLP-1 constituyen un cambio de paradigma: de reguladores metabólicos puros a agentes neurofarmacológicos multimodales. Su capacidad de modular simultáneamente los sistemas dopaminérgico, serotoninérgico, GABAérgico y glutamatérgico —junto con su acción neurotrófica y neuroprotectora— los posiciona como una herramienta traslacional relevante en la intersección entre los trastornos metabólicos y los neuropsiquiátricos.

        Para la práctica clínica y de gestión, esto implica dos consideraciones: primero, que la prescripción de estos agentes en pacientes con antecedentes psiquiátricos requiere seguimiento activo del estado de ánimo; segundo, que la investigación futura en neuroimagen longitudinal y en medicina de las adicciones podría ampliar sustancialmente sus indicaciones más allá del control glucémico y del descenso de peso.

        Fuente principal

        Tudosie, A.C.; Marin, L.-M.; Popa, S.G.; Golli, A.L. Glucagon-like Peptide-1 and Dual GIP/GLP-1 Receptor Agonists in Brain: Exploring the Expanding Role and Safety in Neuropsychiatry. Int. J. Mol. Sci. 2026, 27(8), 3628.

        Responsabilidad científica

        Este documento fue elaborado por el Dr. Carlos Alberto Díaz con fines académicos y de divulgación científica para saludbydiaz.com. La información aquí presentada sintetiza y traduce evidencia científica publicada, y no reemplaza el juicio clínico individual ni constituye una recomendación terapéutica. Cualquier decisión de prescripción debe basarse en la evaluación del paciente y en las guías clínicas vigentes.

        Haciendo que la FDA vuelva a ser grande

        nota del blog. La Food and Drug Administration (FDA) es la agencia regulatoria de Estados Unidos responsable de proteger la salud pública mediante la supervisión de medicamentos, dispositivos médicos, vacunas, productos biológicos y alimentos. Su relevancia para la seguridad del paciente es central en varios ejes:

        1. Evaluación previa a la comercialización (pre-market)

        • Exige evidencia de eficacia y seguridad basada en ensayos clínicos antes de autorizar un medicamento o dispositivo.
        • Establece las categorías regulatorias para dispositivos médicos (Clase I, II, III) según el riesgo asociado.

        cualquier medicamento o dispositivo aprobado por la FDA puede pedir la autorización de ANMAT, es un respaldo prácticamente automático. Por ello, su evolución, su debilitamiento nos afectará claramente, por ello tomo este trabajo crítico a la administración actual, que ve que debe reinstalar algunas de sus capacidades.

        Scott Gottlieb, 

        La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) atraviesa un período de incertidumbre que ha generado inquietud tanto en el ámbito científico como en el público en general. Tras un año de confusión en el que miles de empleados fueron despedidos o forzados a renunciar, la agencia ha visto mermada su capacidad y experiencia acumulada, elementos críticos para su funcionamiento óptimo. Debido a la oleada de bajas, parece que algunas áreas de la FDA han retrocedido casi dos décadas, lo que pone en riesgo la seguridad y eficacia de los productos regulados. Un ejemplo preocupante es el Centro de Excelencia Oncológica de la agencia, el grupo de revisión médica que evalúa las nuevas terapias contra el cáncer; este ha visto partir a cerca de la mitad de su personal de revisión clínica desde enero de 2025, de una plantilla inicial de alrededor de 100 personas. La reducción de personal no solo limita la capacidad de la FDA para realizar evaluaciones exhaustivas, sino que también puede provocar demoras en la aprobación de tratamientos vitales, afectando directamente a pacientes que dependen de nuevas terapias para combatir el cáncer y otras enfermedades graves. A medida que la FDA enfrenta estos desafíos internos, la confianza pública en su autoridad reguladora se ve amenazada, lo que podría tener repercusiones a largo plazo en el sistema de salud y el desarrollo de nuevas innovaciones médicas.

        La administración Trump está descubriendo ahora que la FDA ha tenido dificultades para realizar funciones básicas, desde la logística de inspección hasta la revisión de productos, lo cual ha afectado gravemente la confianza pública en sus procesos regulatorios. Estos problemas no solo han generado preocupaciones entre los consumidores, sino que también han impactado en la industria farmacéutica y de alimentos, creando una sensación de incertidumbre que podría complicar el desarrollo y la comercialización de nuevos tratamientos y productos. Algunos de los nuevos líderes del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. han reconocido estos desafíos y han comenzado a cambiar de rumbo, implementando nuevas políticas que buscan modernizar y agilizar las operaciones de la agencia. Durante el último mes, la FDA ha visto cómo varios de sus líderes políticos abandonaban o eran destituidos como parte de una reestructuración, incluido el propio comisionado de la FDA. Estas salidas crean una oportunidad para que el Departamento de Salud y Servicios Humanos reconsidere cómo se gobierna la FDA, qué tipo de liderazgo necesita, y reflexione sobre las lecciones aprendidas a partir de la experiencia reciente. Además, es fundamental evaluar dónde se encuentra el límite entre el poder político y el criterio científico, garantizando que la agencia pueda operar con independencia y de manera eficiente en la protección de la salud pública. La población espera que este cambio de liderazgo no solo aborde los problemas inmediatos, sino que también siente las bases para una FDA más robusta y efectiva en el futuro.

        Un estándar fundamental que debería restablecerse, lo que ayudaría a que la FDA recuperara una posición sólida, es el liderazgo de los centros de productos médicos de la FDA por parte de expertos científicos y clínicos experimentados. Durante el último año, se ha arraigado la creencia de que la forma más segura de controlar la agenda política de la FDA es nombrar a personas con cargos políticos en estos puestos. Este enfoque confunde autoridad con eficacia. 4

        Los centros de revisión de productos médicos funcionan mejor cuando sus decisiones regulatorias fundamentales están guiadas por personas con un profundo conocimiento de la ciencia, las tradiciones y la mecánica operativa de la agencia: líderes cuya credibilidad no reside en su poder político, sino en su amplia experiencia técnica y la confianza del personal profesional. En ocasiones, las administraciones presidenciales de ambos partidos políticos han creído que los directores de centro designados políticamente les otorgarían mayor control, pero ocurre todo lo contrario. Un comisionado de la FDA que impulsa una política innovadora (por ejemplo, reformas para la aprobación acelerada, un nuevo estándar para la formulación magistral o un marco de riesgo-beneficio más flexible) necesita líderes científicos cuyo criterio técnico sea intachable.

        Una reforma respaldada por expertos con décadas de experiencia y credibilidad en su campo tiene peso tanto dentro de la FDA como ante instituciones externas (incluidos el Congreso, los tribunales y la industria) que supervisan la labor de la agencia. La misma reforma, impulsada únicamente por funcionarios designados políticamente, se percibe como ideología y encuentra resistencia. El funcionamiento técnico es el mismo. Una nueva política no entra en vigor solo porque el comisionado de la FDA la anuncie. Entra en vigor a través de documentos operativos internos ( Buenas Prácticas de Revisión y manuales de procedimientos) que indican a los revisores cómo aplicar la nueva estrategia a las solicitudes que se presentan ante la agencia.

        Poner a personas designadas políticamente al frente de los centros de productos médicos confunde dos cosas que no deberían confundirse. Se supone que la política debe aplicar el criterio político para determinar qué áreas terapéuticas necesitan más atención, cuán flexible debe ser el estándar de la FDA para un nuevo campo tecnológico (como la inteligencia artificial) y cuánta incertidumbre regulatoria está dispuesta a tolerar la sociedad para ampliar el acceso de los pacientes. Estas son decisiones políticas que los funcionarios electos y sus designados deben influir, ya que la salud pública y el bienestar de la población dependen en gran medida de su capacidad para balancear eficacia y seguridad. Es fundamental que estas decisiones se tomen con un enfoque basado en la evidencia, considerando no solo las necesidades actuales, sino también las tendencias futuras en tratamiento y tecnología. Cuando dirigí la FDA, hicimos un esfuerzo concertado para agilizar la revisión de medicamentos genéricos complejos y elaboramos nuevas políticas relacionadas con los medicamentos opioides para garantizar que se evaluaran exhaustivamente en cuanto a su potencial de desvío y uso ilícito. Ambos esfuerzos se alinearon directamente con los objetivos políticos de la primera administración Trump de reducir los costos de los medicamentos mediante la competencia de genéricos y enfrentar la epidemia de opioides, pero también resaltaron la importancia de mantener la integridad científica y administrativa del proceso regulatorio, evitando que la política se entrometa en decisiones que deberían ser fundamentadas en la salud pública y el bienestar social. Además, la colaboración entre científicos, reguladores y legisladores debe ser genuina, buscando no solo mejores resultados en términos de acceso y costos, sino también preservando la confianza del público en las instituciones que tienen la responsabilidad de proteger la salud de la población.

        Sin embargo, estas políticas se implementaron de acuerdo con la estructura de la FDA, diseñada para lograr resultados. Se publicaron borradores de documentos de orientación; se solicitaron comentarios de patrocinadores, médicos, grupos de pacientes y otras partes interesadas; los borradores se revisaron en función de las opiniones recibidas; y finalmente se elaboraron los documentos definitivos. El personal de carrera de la FDA lideró el trabajo. Las políticas resultantes reflejaban la experiencia práctica de los propios revisores de la FDA, no solo lo que los funcionarios designados políticamente deseaban plasmar en papel. Los documentos de orientación y las regulaciones publicadas se diseñaron para perdurar a pesar de los cambios de administración presidencial y ser válidos ante los tribunales en caso de impugnación.

        Durante el último año, algunas áreas de la agencia han continuado operando de esta manera, en particular el Programa de Alimentos para Consumo Humano de la FDA, bajo el liderazgo de Kyle Diamantas, un funcionario designado políticamente. Diamantas colaboró ​​estrechamente con el personal de carrera de la FDA para implementar nuevas políticas alimentarias, fomentando el apoyo interno, involucrando a las partes interesadas y plasmando los cambios en documentos de orientación y reglamentos diseñados para perdurar. Su gestión demuestra que los líderes designados políticamente que poseen experiencia legal y regulatoria, así como disciplina institucional, pueden dirigir un centro con eficacia, pero principalmente en áreas como la regulación de alimentos y tabaco, que están intrínsecamente ligadas a presiones y consideraciones políticas más amplias. Actualmente, Diamantas se desempeña como comisionado interino de la FDA.

        En la revisión de productos médicos, la implementación de nuevas políticas depende de decisiones fundamentalmente científicas. Por lo tanto, las circunstancias son diferentes. En los centros de medicamentos y productos biológicos, incluido el Centro de Evaluación e Investigación de Productos Biológicos dirigido por Vinay Prasad, la FDA ha operado con directores designados políticamente que se apartaron de estas normas. Tradicionalmente, el comisionado de la FDA, bajo la dirección del presidente, establece reglas generales. Los centros de revisión médica aplican esas reglas a productos individuales. Si se pierde esa distinción, cada acción se percibe como una decisión política en lugar de una regulatoria. Esta percepción perjudica la legitimidad de la FDA. Paradójicamente, también perjudica los objetivos políticos, ya que una vez que las decisiones parecen ser políticas, encuentran oposición de una manera que las decisiones regulatorias no lo hacen.

        Todas las agencias reguladoras de medicamentos avanzados del mundo estructuran su revisión científica bajo el liderazgo de expertos de carrera, con una supervisión política que se sitúa por encima de esa base. Esta convergencia no es casual. La credibilidad internacional de una agencia —y la disposición de los reguladores extranjeros a confiar en sus decisiones— depende de su capacidad para funcionar como una institución científica basada en la evidencia y la experiencia técnica, en lugar de como un instrumento de las prioridades políticas de una administración en particular. Politizar estos centros conlleva el riesgo de que Estados Unidos pierda su posición como regulador global de referencia, justo cuando China se prepara para reemplazar el papel internacional de la FDA.

        Los periodos de mayor credibilidad —y de mayor éxito administrativo y legislativo en la modernización de las prácticas de la FDA— han coincidido con un liderazgo sólido y profesional en los centros, junto con comisionados eficaces. La estructura histórica de la FDA funciona porque otorga a los líderes políticos la máxima influencia sobre las políticas, al mantenerlos al margen de las decisiones sobre productos individuales. Intentar tomar el control de los centros de revisión médica no aumenta el poder de los líderes políticos; por el contrario, destruye la estructura que permite a la FDA lograr las reformas que más anhelan.

        Cooperación ANMAT–FDA: convergencia regulatoria y reliance inteligente

        En Buenos Aires, el ministro de Salud, Mario Lugones, recibió a una delegación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), encabezada por Mark Abdoo, comisionado asociado para Estrategia y Política Global, para abrir una mesa de trabajo conjunta orientada a definir un plan de acción concreto para 2027 y 2028.

        Durante el encuentro, participaron autoridades de la ANMAT y equipos técnicos de la FDA, que analizaron alternativas para “fortalecer la colaboración técnica entre ambas autoridades regulatorias” y avanzar en la “convergencia de estándares científicos y regulatorios”.

        Uno de los ejes de la conversación fue la incorporación de mecanismos de reliance inteligente, herramientas que permiten a ANMAT aprovechar evaluaciones técnicas realizadas por agencias de referencia internacional —como la propia FDA— para optimizar plazos sin modificar los estándares de seguridad, calidad y eficacia.

        Las partes coincidieron además en la necesidad de profundizar la cooperación bilateral y regional en el contexto internacional actual, con el objetivo de fortalecer capacidades regulatorias y promover una mayor integración entre los sistemas de salud.

        La visión de Mario Lugones y el rol del Gobierno nacional

        Lugones sintetizó el alcance del acordado plan de trabajo en una publicación en X, donde subrayó que “Argentina y Estados Unidos fortalecen la cooperación sanitaria”, y vinculó la iniciativa con el acceso seguro a tecnologías médicas: “Que los argentinos accedan a medicamentos y dispositivos médicos seguros, eficaces y de calidad requiere controles modernos y estándares claros”. Según el ministro, la ANMAT y la FDA “consolidaron un plan de trabajo para 2027 y 2028, orientado a fortalecer la cooperación técnica entre ambas agencias”.

        En el mismo mensaje, Lugones destacó el impulso político detrás de la iniciativa: “Este acuerdo, propiciado por el presidente Javier Milei como parte del vínculo estratégico de la Argentina con Estados Unidos, permitirá incorporar herramientas de un organismo de referencia internacional para mejorar los tiempos de evaluación, fortalecer los controles y sostener estándares de seguridad y calidad cada vez más exigentes para los productos que llegan a la población”.

        Esa lectura coloca la agenda ANMAT–FDA dentro de la estrategia geopolítica del gobierno, que busca anclar la modernización regulatoria en alianzas con agencias líderes.

        Convenio con B’nai B’rith: donaciones con trazabilidad para hospitales públicos

        El segundo movimiento relevante fue la firma de un convenio marco de cooperación y donación entre el Ministerio de Salud y B’nai B’rith Argentina, organización humanitaria de la comunidad judía con casi 100 años de trabajo social en el país. El acuerdo apunta a “fortalecer la recepción, administración y distribución de medicamentos, insumos médicos, equipamiento hospitalario y otros bienes sanitarios” en establecimientos públicos de todo el territorio nacional.

        Con este esquema, B’nai B’rith asume la gestión y obtención de donaciones —provenientes de instituciones y empresas nacionales e internacionales— y la coordinación de su entrega al ministerio. La cartera sanitaria, por su parte, se compromete a evaluar la aceptación de esos bienes, definir su destino y garantizar su distribución en hospitales públicos, centros de atención primaria y otros efectores, priorizando aquellos con “mayores necesidades sanitarias”.

        El convenio incorpora mecanismos de control sobre calidad, trazabilidad y destino de las donaciones, estableciendo que los bienes deberán conservar condiciones adecuadas de preservación y quedarán sujetos a procedimientos de seguimiento para verificar su “utilización exclusiva con fines asistenciales”.

        La iniciativa fue impulsada por el presidente Milei y contó con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto y de la DAIA, consolidando un marco institucional para canalizar donaciones de la sociedad civil hacia el sistema de salud bajo criterios sanitarios y de control.

        El mensaje político y sanitario detrás del acuerdo con B’nai B’rith

        En otra publicación en X, Lugones describió a B’nai B’rith como una “organización con casi 100 años de trabajo social y comunitario en la Argentina”, y explicó el propósito del convenio: “Por eso firmamos un convenio para fortalecer el trabajo conjunto a través de la donación de medicamentos, insumos médicos y equipamiento destinados a hospitales públicos, centros de atención primaria y establecimientos gratuitos”.

        El ministro agregó que “este acuerdo se alcanzó gracias al impulso y el acompañamiento del Presidente”, y agradeció a las autoridades de B’nai B’rith “por la confianza y por sostener una tarea solidaria de tantos años”, así como a la DAIA “por su acompañamiento y por hacer posible este acuerdo”.

        Lugones cerró su mensaje con una definición sobre el vínculo con la sociedad civil: “Cuando trabajamos con seriedad junto a la sociedad civil, los esfuerzos se ordenan, los recursos llegan y las acciones tienen un impacto concreto en la vida de los argentinos”.

        En un país donde la presión sobre el sistema público de salud es creciente y la modernización regulatoria es clave para atraer inversión farmacéutica y garantizar calidad en insumos y tecnologías, la combinación de una agenda técnica con la FDA y un canal institucionalizado de donaciones con B’nai B’rith y la comunidad judía refuerza el rol del Ministerio de Salud como articulador entre regulación, acceso y cooperación internacional dentro del mercado sanitario argentino.

        Estrategias mundiales para la eliminación del cáncer de cuello uterino: balance 2026 y agenda pendiente

        Dr. Carlos Alberto Díaz

        Gerente Médico, Sanatorio Sagrado Corazón · Director, Especialización en Economía y Gestión de la Salud, Universidad ISALUD

        Presentación

        La eliminación del cáncer de cuello uterino como problema de salud pública es, hoy, uno de los objetivos sanitarios globales con mayor solidez científica y mayor rezago de implementación. Este documento de opinión sintetiza la evidencia y las perspectivas publicadas recientemente por dos grupos de referencia internacional —Arroyo Mühr y Dillner (eClinicalMedicine, 2026) y Hall et al. (Molecular Aspects of Medicine, 2025)— y las articula con una lectura orientada a la gestión sanitaria y a la realidad de los sistemas de salud de América Latina, y en particular de la Argentina.

        El propósito no es reproducir esas publicaciones sino, a partir de ellas, ofrecer una interpretación editorial: qué estamos haciendo bien a escala global, dónde persisten las brechas entre países de altos ingresos (PAI) y países de ingresos bajos y medianos (PIBM), y qué decisiones de gestión y de política sanitaria deberían priorizarse en nuestra región en el corto plazo.

        1. El punto de partida: una meta alcanzable con una carga inaceptable

        En 2022 se registraron a nivel mundial más de 660.000 casos nuevos de cáncer de cuello uterino y casi 349.000 muertes por esta causa, con una concentración abrumadora —cercana al 94 %— en países de ingresos bajos y medios-bajos. Se trata de una enfermedad que combina dos características poco frecuentes en oncología: una causa necesaria y bien identificada (la infección persistente por el virus del papiloma humano, VPH) y un conjunto de intervenciones probadas capaces de interrumpir su historia natural en cualquiera de sus etapas: vacunación profiláctica, detección precoz basada en pruebas de VPH y tratamiento oportuno de las lesiones precancerosas y del cáncer invasivo.

        Por esta razón, en 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó un llamamiento inédito: la eliminación mundial de un cáncer. La Estrategia Mundial de la OMS de 2020 tradujo ese llamamiento en tres metas cuantitativas para 2030, conocidas como «90-70-90», que continúan siendo el marco de referencia de todos los países.

        PilarMeta OMS 2030Situación aproximadaComentario
        Vacunación contra el VPH (≥1 dosis antes de los 15 años)90 %15-20 % a nivel mundialAlta heterogeneidad según país e ingreso
        Cribado de alto rendimiento (VPH) a los 35 y 45 años70 %< 20 %Aún conviven programas basados en citología, de menor rendimiento
        Tratamiento de la enfermedad cervical detectada90 %Datos limitadosAcceso restringido en países de ingresos bajos y medianos

        Tabla 1. Metas «90-70-90» de la OMS para 2030 y estado aproximado de avance.

        El dato que más debería inquietarnos como gestores sanitarios no es la distancia entre lo logrado y la meta, sino su asimetría: la vacunación avanza razonablemente en varios países, pero la detección precoz basada en VPH —el pilar con mayor efecto sobre la mortalidad en el corto y mediano plazo— es, con diferencia, el más rezagado a escala global.

        2. Vacunación contra el VPH: de la escasez a la era del suministro

        Uno de los cambios más relevantes de los últimos años es el pasaje desde una situación de escasez de vacunas contra el VPH hacia lo que ambas publicaciones describen como una «era de suministro ampliado». Esto obedece a la confluencia de tres fenómenos: la ampliación de la capacidad de fabricación de los productores establecidos, el ingreso de nuevos fabricantes —incluida la producción local de vacunas bivalentes, tetravalentes y nonavalentes en países como China, India y Brasil— y, sobre todo, la adopción creciente de esquemas de una y dos dosis en reemplazo del esquema clásico de tres dosis.

        Concepto clave: la evidencia detrás de la dosis única La actualización de la evidencia científica, incluidos estudios observacionales y ensayos aleatorizados de gran escala como el estudio ESCUDDO en Costa Rica, respalda que una sola dosis de vacuna contra el VPH induce una inmunidad robusta y duradera en personas de 9 a 20 años. La OMS ya recomienda esquemas de una o dos dosis en ese grupo etario, lo que multiplica la cantidad de personas que pueden vacunarse con el mismo volumen de dosis disponibles.

        Este viraje no es meramente técnico: tiene implicancias directas de costo-efectividad y de planificación presupuestaria para los ministerios de salud de la región, ya que reduce drásticamente el costo logístico por persona protegida y simplifica el seguimiento de cohortes.

        2.1 Más allá del 90 % en niñas: vacunación sin distinción de género y vacunación de recuperación

        A medida que un número creciente de países se acerca a la meta de 90 % de cobertura en niñas, la discusión se desplaza hacia estrategias de uso ampliado de la vacuna. Dos de ellas concentran la evidencia más sólida: la vacunación sin distinción de género (incorporando a varones) y la vacunación de recuperación («catch-up») en cohortes que quedaron fuera de los programas regulares.

        • La incorporación de varones acelera la eliminación al reducir la transmisión y adelantar el umbral de inmunidad de rebaño; las estimaciones disponibles sugieren que la extinción del tipo VPH-16 requiere coberturas del 90 % o más si solo se vacuna a niñas, pero puede lograrse con coberturas de 70-80 % si se vacunan ambos sexos.
        • La vacunación y la detección concomitantes —ofrecer la prueba de VPH a mujeres adultas en el mismo contacto en que se vacuna a adolescentes de su núcleo familiar— es una estrategia operativa de bajo costo con potencial de ampliar la cobertura de ambos pilares simultáneamente.

        Un obstáculo de gestión, más administrativo que clínico, es la falta de un indicador armonizado de «vacunación completa»: la coexistencia de esquemas de una y dos dosis dificulta las comparaciones internacionales. Adoptar formalmente «una dosis antes de los 15 años» como indicador estándar simplificaría el monitoreo global y regional.

        3. Cribado: el pilar más rezagado y el de mayor potencial de impacto inmediato

        Las mujeres con una prueba de VPH negativa tienen un riesgo de cáncer cervical considerablemente menor que aquellas con citología negativa, del orden de una séptima parte. En poblaciones donde ambos métodos coexisten, quienes se someten únicamente a citología presentan un riesgo de cáncer similar al de las mujeres sin ningún cribado, lo que equivale, en la práctica, a un falso sentido de protección. La OMS recomendó el cribado basado en VPH como estrategia preferida desde 2014, pero su implementación mundial continúa siendo lenta, incluso en países de altos ingresos donde la citología conserva una legitimidad histórica que ya no se corresponde con la evidencia disponible.

        3.1 Auto-toma de muestras: la palanca de equidad más subutilizada

        La auto-toma de muestras para la prueba de VPH tiene una precisión equivalente a la muestra tomada por personal de salud, es altamente aceptada por las mujeres y ofrece una protección similar contra el cáncer invasivo. Su potencial para superar barreras logísticas, culturales y de recursos humanos —especialmente en zonas rurales y en poblaciones con acceso limitado a profesionales capacitados en toma ginecológica de muestras— la convierte en la estrategia individual con mayor impacto potencial sobre la equidad del cribado en América Latina.

        3.2 Simplificar el objetivo analítico: el perfil de producto objetivo de la OMS

        Otro avance metodológico relevante es el perfil de producto objetivo (TPP) de la OMS para pruebas de detección de VPH, que restringe la detección a los ocho genotipos de mayor riesgo oncogénico (16, 18, 31, 33, 35, 45, 52 y 58). Esta simplificación mejora la especificidad de las pruebas, reduce la necesidad de estrategias de triaje adicional y abarata la fabricación, sin pérdida clínicamente relevante de sensibilidad.

        Barrera identificadaEstrategia propuestaEfecto esperado
        Costo de las pruebas de VPHCompras públicas centralizadas / producción local validada por HPV LabNetReducción de costo unitario y mayor autosuficiencia regional
        Acceso limitado por infraestructura sanitariaAuto-toma de muestrasMayor cobertura, especialmente en zonas rurales y dispersas
        Baja especificidad de pruebas ampliasRestringir el cribado a los 8 genotipos del TPP-OMSMenos sobretratamiento y menor necesidad de triaje
        Ausencia de registros confiablesFortalecimiento de registros de cáncer y cribado (IARC/GICR)Monitoreo en tiempo real y asignación eficiente de recursos

        Tabla 2. Barreras al cribado de alto rendimiento y estrategias de aceleración propuestas en la literatura reciente.

        4. Tratamiento: el eslabón menos visible de la cadena de eliminación

        El tercer pilar —tratamiento oportuno de las lesiones precancerosas y del cáncer invasivo— es también el que dispone de menos datos comparables a escala global, lo que en sí mismo constituye un problema de gestión de la información sanitaria. La obligación ética de tratar lo que se detecta es ineludible: ampliar el cribado sin garantizar la capacidad resolutiva de tratamiento (ablación térmica, escisión electroquirúrgica, oncología ginecológica de referencia) puede generar frustración, pérdida de confianza en los programas y, en el peor de los casos, diagnósticos sin consecuencia terapéutica. En los países de ingresos bajos y medianos, las opciones de tratamiento simplificadas, como la ablación térmica ambulatoria, resultan clínica y operativamente decisivas para cerrar esta brecha sin requerir infraestructura quirúrgica compleja.

        5. La brecha entre países de altos ingresos y países de ingresos bajos y medianos: una paradoja instructiva

        Un hallazgo particularmente útil para la gestión sanitaria regional es que las barreras no se distribuyen de manera uniforme entre PAI y PIBM, sino que tienden a ser específicas de cada grupo:

        • En los países de altos ingresos, los obstáculos suelen ser: historia de programas de cribado citológico de bajo rendimiento, implementación lenta de la transición al cribado por VPH, infraestructura de muestreo costosa (personal sanitario en lugar de auto-toma) y sistemas de validación de pruebas complejos y onerosos.
        • En los países de ingresos bajos y medianos, en cambio, existe con frecuencia un historial sólido de programas de vacunación exitosos y de alto impacto en salud pública, lo que sugiere que, una vez resuelto el acceso a las vacunas, estos países tienden a priorizar bien su uso.

        Esta asimetría es alentadora: sugiere que buena parte del rezago no depende de la voluntad política ni de la capacidad de ejecución de los países de menores ingresos, sino de decisiones de diseño de programa —muchas veces heredadas— que sí pueden corregirse con relativa rapidez si existe financiamiento y respaldo técnico adecuados.

        Ejemplos de liderazgo citados en la literatura Ruanda: pionero mundial en cobertura de vacunación contra el VPH, demostrando que la eliminación es factible en contextos de recursos limitados cuando existe compromiso político sostenido. Australia: primer país en proyectar la eliminación del cáncer de cuello uterino como problema de salud pública (estimación para 2035), con un plan nacional que coloca la equidad —pueblos aborígenes e isleños del Estrecho de Torres, comunidad LGBTQIA+, población rural y remota— en el centro de la estrategia. Costa Rica: sede del ensayo ESCUDDO, referencia mundial en la evidencia sobre vacunación con dosis única. Estados Unidos: proyecciones de eliminación entre 2038 y 2046, más tardías que Australia pese a ser un país de altos ingresos, lo que confirma que el nivel de ingreso por sí solo no garantiza rapidez si persisten barreras de implementación.

        6. Financiamiento, gobernanza y monitoreo: la infraestructura invisible de la eliminación

        Ninguno de los avances descritos es sostenible sin una arquitectura de financiamiento y gobernanza adecuada. Gavi, la Alianza para las Vacunas, ha sido determinante en abaratar y garantizar el suministro de vacunas contra el VPH a países de bajos ingresos. En la región de las Américas, el Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) cumple una función equivalente mediante mecanismos de compra conjunta, permitiendo a los países acceder a precios más bajos y a un suministro más predecible.

        En paralelo, el monitoreo confiable sigue siendo una asignatura pendiente estructural: según estimaciones de la Iniciativa Global para el Desarrollo de Registros de Cáncer de la IARC, solo alrededor de un tercio de los países del mundo cuenta con registros poblacionales de cáncer de calidad suficiente, y esta carencia es más crítica precisamente donde la carga de enfermedad es mayor. Sin datos confiables no es posible evaluar tendencias de incidencia, medir el efecto real de los programas ni identificar a las poblaciones que quedan sistemáticamente fuera de las intervenciones. Fortalecer los registros nacionales de cáncer y de cribado, junto con soluciones de salud digital y cooperación internacional (IARC, OMS, GICR), debería ser tan prioritario como la ampliación del acceso a vacunas y pruebas.

        Un hito simbólico reciente, aunque no menor, es la resolución de la Asamblea Mundial de la Salud que instituyó el Día Mundial de la Eliminación del Cáncer Cervical en el calendario oficial de la OMS. Los hitos simbólicos no reemplazan la ejecución, pero sostienen la agenda política y mediática necesaria para evitar que la prioridad se diluya frente a otras urgencias sanitarias.

        7. Opinión: lo que esta evidencia significa para la gestión sanitaria en América Latina

        Desde la gestión hospitalaria y la economía de la salud, creo que la lectura más relevante de esta evidencia para nuestra región no pasa por la disponibilidad de nuevas tecnologías —que ya existen y son eficaces— sino por decisiones de diseño de programa que están al alcance de los sistemas de salud locales, con inversión moderada y retorno sanitario y económico elevado.

        En primer lugar, la migración definitiva del cribado citológico al cribado por VPH, incluyendo la incorporación decidida de la auto-toma de muestras, es la intervención de mayor costo-efectividad disponible hoy en la región, particularmente en sistemas fragmentados como el argentino, donde la obra social, la medicina prepaga y el subsector público conviven con distintos niveles de acceso a tecnología diagnóstica. La auto-toma no es solo una conveniencia operativa: es una herramienta de equidad que reduce la dependencia de turnos ginecológicos escasos y de infraestructura de consultorio.

        En segundo lugar, la adopción de esquemas de dosis única de vacunación contra el VPH —ya respaldada por la OMS y por evidencia de ensayos aleatorizados realizados en la propia región— debería acelerarse en los calendarios nacionales de inmunización, liberando recursos que hoy se destinan a segundas y terceras dosis hacia la ampliación de cobertura, incluida la vacunación de varones y las campañas de recuperación en cohortes rezagadas.

        En tercer lugar, la fragmentación de los sistemas de información sanitaria —un problema que excede al cáncer de cuello uterino y que atraviesa buena parte de la gestión clínica en la región— sigue siendo el obstáculo más silencioso para medir el progreso real hacia las metas 90-70-90. Sin registros de cáncer y de cribado interoperables, cualquier estrategia de eliminación corre el riesgo de convertirse en un objetivo declarativo antes que en una meta gestionada con indicadores verificables.

        Finalmente, y en línea con el argumento de que un retraso de cinco años en esta materia equivale, en términos de mortalidad evitable, a una crisis sanitaria de la magnitud de la pandemia de COVID-19, sostengo que la eliminación del cáncer de cuello uterino debería tratarse en la agenda de gestión sanitaria latinoamericana con la misma urgencia política y la misma disciplina de monitoreo que se aplicó, en su momento, a la respuesta pandémica: metas explícitas, tableros de indicadores públicos y rendición de cuentas periódica por parte de las autoridades sanitarias.

        8. Conclusiones

        • La eliminación mundial del cáncer de cuello uterino es, con la evidencia y las tecnologías actuales, una meta técnicamente alcanzable; lo que falta es velocidad y disciplina de implementación, no nuevas herramientas.
        • La vacunación avanza de manera más pareja que el cribado; este último —en particular el cribado basado en VPH con auto-toma de muestras— concentra el mayor potencial de impacto inmediato sobre la mortalidad.
        • Las barreras difieren entre países de altos ingresos y países de ingresos bajos y medianos, lo que abre oportunidades de aprendizaje cruzado antes que una relación lineal entre ingreso y velocidad de eliminación.
        • El fortalecimiento de registros de cáncer y sistemas de monitoreo en tiempo real es tan urgente como el acceso a vacunas y pruebas, y constituye la principal debilidad estructural en los países de ingresos bajos y medianos.
        • Para América Latina, las prioridades de gestión más costo-efectivas en el corto plazo son: transición completa al cribado por VPH con auto-toma, adopción de esquemas de dosis única, y desarrollo de sistemas de información interoperables para medir el avance hacia las metas 90-70-90.

        Referencias bibliográficas

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        Nota de responsabilidad científica

        Este documento fue elaborado como una síntesis editorial de opinión a partir de fuentes científicas. La organización, integración y redacción del contenido contó con la asistencia de Claude (Anthropic). La responsabilidad final sobre la interpretación, las opiniones vertidas y la exactitud del contenido corresponde al Dr. Carlos Alberto Díaz.

        Nuevas Terapias para la Obesidad: Poliagonistas en 2026

        Una nueva era en la farmacoterapia de la obesidad: mecanismos, evidencia clínica y desafíos para la gestión sanitaria

        1. Introducción y magnitud del problema

        La obesidad constituye uno de los principales problemas de salud pública a nivel global, tanto en países desarrollados como en América Latina, debido a su alta y creciente prevalencia, sus efectos adversos sobre la función cardiometabólica, su relación causal con enfermedades crónicas graves (diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, ciertos cánceres, enfermedad hepática grasa) y las consecuencias económicas derivadas del incremento de los costes sanitarios y la pérdida de productividad laboral.

        La principal vía terapéutica para la obesidad continúa siendo el balance energético negativo: consumir menos energía de la que se gasta, con el fin de disminuir la masa grasa y el peso corporal, seguido de una fase de mantenimiento con una dieta eucalórica. Una pérdida de peso moderada del 5 % ya mejora múltiples variables clínicas cardiometabólicas y la sensibilidad a la insulina en distintos órganos, y los resultados mejoran progresivamente con pérdidas de peso de entre el 5 % y el 15 %.

        💡 Concepto clave La modificación del estilo de vida centrada en la reducción de la ingesta energética sigue siendo la piedra angular del tratamiento de la obesidad, pero su sostenibilidad a largo plazo es limitada. Esto subraya la necesidad histórica de una farmacoterapia eficaz y seleccionable según el perfil de riesgo de cada paciente.

        Este módulo tiene como objetivo analizar, desde una perspectiva clínica y de gestión sanitaria, el desarrollo de los agonistas poligénicos (poliagonistas) de los receptores de GLP-1, GIP y glucagón — la familia de fármacos que en los últimos cinco años ha transformado el paradigma terapéutico de la obesidad — e integrar la evidencia más reciente disponible hasta mediados de 2026, incluyendo los resultados de fase 3 de retatrutida, survodutide y CagriSema.

        2. Breve historia de la farmacoterapia de la obesidad

        El primer medicamento aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) para la pérdida de peso fue la desoxiefedrina (metanfetamina), en 1947. Desde entonces, la FDA aprobó 17 medicamentos adicionales, pero muchos fueron retirados por efectos adversos, varios solo fueron autorizados para uso a corto plazo (menos de 12 semanas) y, hasta la irrupción de los agonistas de GLP-1, apenas 5 estaban disponibles para el tratamiento a largo plazo en los Estados Unidos.

        Tradicionalmente, tanto los fármacos aprobados individualmente como las combinaciones para la obesidad lograban pérdidas de peso moderadas pero clínicamente relevantes: entre el 3 % y el 9 % por encima del placebo, en aproximadamente un año de tratamiento. Este techo terapéutico se mantuvo prácticamente inalterado durante más de seis décadas.

        3. La primera generación de alta eficacia: semaglutida

        En 2021 se inauguró una nueva era en la farmacoterapia de la obesidad con la aprobación por la FDA de la semaglutida, un agonista del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1R) en dosis alta, que demostró una pérdida de peso de aproximadamente el 12 % neta del placebo en personas con obesidad a las 68 semanas de tratamiento (estudio STEP 1).

        El reconocimiento de la potencia de los agonistas del GLP-1R para inducir pérdida de peso impulsó el rápido desarrollo de moléculas que combinan el agonismo de GLP-1R con el agonismo de otros receptores metabólicos —GIP y glucagón (GCGR), principalmente— con el objetivo de potenciar la eficacia sobre el peso y otros resultados metabólicos.

        4. Fundamento fisiológico del poliagonismo: GLP-1, GIP y glucagón

        Los efectos independientes de GLP-1, GIP y glucagón (GCG) sobre el balance energético y la función metabólica se han determinado principalmente en estudios en modelos de roedores, aunque con creciente validación en humanos.

        GLP-1

        El GLP-1 disminuye la ingesta de alimentos al actuar sobre su receptor (GLP-1R) en el hipotálamo y el tronco encefálico, y mejora el control glucémico al enlentecer el vaciamiento gástrico, aumentar la secreción de insulina estimulada por glucosa, suprimir la secreción de glucagón y aumentar la masa de células β.

        GIP

        No está del todo claro si el agonismo del receptor de GIP (GIPR) mejora por sí mismo la pérdida de peso: el GIP no afecta directamente la ingesta de alimentos ni el gasto energético, los antagonistas de GIPR inducen pérdida de peso en ratones y primates no humanos, y la tirzepatida no provoca pérdida de peso en ratones obesos con deleción de Glp1r. El agonismo de GIPR sí podría aportar beneficios metabólicos adicionales: mejora de la secreción de insulina estimulada por glucosa, aumento del flujo sanguíneo del tejido adiposo posprandial y del almacenamiento de triglicéridos, y atenuación de la pérdida ósea inducida por la pérdida de peso (menor resorción ósea, mayor actividad osteoblástica).

        Glucagón (GCGR)

        El agonismo del receptor de glucagón podría mejorar la pérdida de peso al disminuir la ingesta de alimentos —efecto demostrado en roedores y mediado por el nervio vago hepático— y, en modelos animales, aumenta el gasto energético principalmente al activar el tejido adiposo pardo. Sin embargo, es improbable que esto se traduzca en un aumento relevante del gasto energético en humanos: si bien la infusión aguda de glucagón lo incrementa transitoriamente, una infusión de 72 horas no modificó el gasto energético de sueño, basal ni de 24 horas. En cambio, el glucagón sí tiene efectos hepáticos potentes: estimula la producción hepática de glucosa (potencialmente contrarrestada por el beneficio de la pérdida de peso), disminuye el contenido de triglicéridos intrahepáticos (por mayor lipólisis, oxidación de ácidos grasos y cetogénesis, y menor lipogénesis de novo) y reduce el colesterol LDL plasmático (por mayor actividad del receptor hepático de LDL).

        Figura 1. Efecto de los medicamentos para la obesidad sobre el peso corporal en personas con obesidad sin diabetes, expresado como pérdida de peso neta de placebo en ensayos controlados aleatorizados (análisis ITT-LOCF o por régimen de tratamiento).

        Figura 2. Efectos multiorgánicos del agonismo de los receptores de GLP-1 (flechas azules), GIP (flechas naranjas) y glucagón (flechas rojas).

        5. Agonismo dual GLP-1/GIP: tirzepatida

        El potencial del poliagonismo se demostró con la extraordinaria pérdida de peso lograda por la tirzepatida, agonista dual de los receptores GLP-1R/GIPR. En el ensayo controlado aleatorizado SURMOUNT-1, el tratamiento con tirzepatida 15 mg subcutáneos/semana produjo una pérdida de peso del 18 % neta de placebo (21 % de pérdida total) a las 72 semanas en personas con obesidad, y el 40 % de los participantes tratados con la dosis más alta lograron una reducción del 25 % o más del peso corporal.

        El uso de tirzepatida requiere un período inicial de escalada de dosis para atenuar los efectos adversos gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarrea) típicamente asociados a los agonistas de GLP-1R, que si bien ocurren con frecuencia, rara vez motivan la interrupción del tratamiento.

        6. Agonismo dual GLP-1/glucagón: survodutide

        Survodutide (BI 456906) es un agonista dual del receptor de glucagón y del receptor de GLP-1, desarrollado por Boehringer Ingelheim, que representa una hipótesis mecanística distinta: prescindir del agonismo de GIP y combinar GLP-1 con glucagón, apostando a los efectos hepáticos y de gasto energético de este último.

        El programa de fase 3 SYNCHRONIZE incluyó dos ensayos pivotales: SYNCHRONIZE-1, en adultos con sobrepeso u obesidad sin diabetes tipo 2, y SYNCHRONIZE-2, en adultos con obesidad y diabetes tipo 2. Los resultados de SYNCHRONIZE-1, presentados en las Sesiones Científicas 2026 de la American Diabetes Association y publicados simultáneamente en The New England Journal of Medicine, mostraron una pérdida de peso sostenida de hasta el 16,6 % en promedio a las 76 semanas (estimando de eficacia), frente al 3,2 % con placebo, y hasta el 85,1 % de los participantes tratados lograron una reducción de peso corporal igual o mayor al 5 %.

        En el sub-estudio SYNCHRONIZE-MASLD, orientado a pacientes con hígado graso metabólico (MASLD) y obesidad, seis de cada diez participantes tratados alcanzaron la normalización de la grasa hepática a las 48 semanas, lo que refuerza la hipótesis de que el componente glucagón aporta beneficios hepáticos específicos, independientes de la pérdida de peso global.

        7. Triple agonismo GLP-1/GIP/glucagón: retatrutida

        Retatrutida (LY3437943) es el primer triple agonista GIP/GLP-1/glucagón en alcanzar desarrollo clínico avanzado. En su ensayo de fase 2 en personas con obesidad, la dosis de 12 mg produjo una pérdida de peso del 24,2 % a las 48 semanas, sin evidencia de meseta (plateau) hacia el final del período de observación, y con reducciones de grasa hepática de hasta el 82-86 % en participantes con esteatosis hepática asociada.

        En mayo de 2026, Eli Lilly anunció los resultados del ensayo pivotal de fase 3 TRIUMPH-1, realizado en 2.339 adultos con obesidad o sobrepeso y al menos una comorbilidad asociada, sin diabetes. A las 80 semanas, la dosis de 12 mg produjo una pérdida de peso promedio del 28,3 % (31,9 kg), y el 45,3 % de los participantes en esa dosis alcanzaron una reducción de peso igual o mayor al 30 % —un umbral históricamente asociado a la cirugía bariátrica—. En el sub-grupo que continuó tratamiento hasta la semana 104, la pérdida de peso llegó al 30,3 %.

        El perfil de seguridad fue en general consistente con el de otras terapias basadas en incretinas, con predominio de eventos gastrointestinales (náuseas 42,4 %, vómitos 25,3 %, diarrea 32,0 % en la dosis de 12 mg) y una tasa de discontinución por eventos adversos del 11,3 % en esa dosis. Un hallazgo distintivo fue la aparición de disestesias (hormigueo cutáneo) en el 12,5 % de los participantes con dosis alta, un efecto adverso menos característico de los agonistas duales previos.

        El programa TRIUMPH incluye además TRIUMPH-4 (obesidad con artrosis de rodilla, con resultados positivos en diciembre de 2025) y ensayos en curso en diabetes tipo 2 (TRANSCEND) y enfermedad cardiovascular establecida (TRIUMPH-3), además de un estudio dedicado de resultados cardiovasculares (TRIUMPH-Outcomes) cuyos resultados no estarán disponibles al momento de una eventual aprobación inicial. La presentación de una solicitud regulatoria (NDA) ante la FDA se espera hacia fines de 2026, con una aprobación no anterior a 2027-2028.

        8. Combinaciones incretina-amilina: CagriSema

        Un enfoque complementario al poliagonismo de receptores de incretinas es la combinación de un agonista de GLP-1R con un análogo de amilina de acción prolongada. CagriSema es la combinación en dosis fija de semaglutida 2,4 mg y cagrilintida 2,4 mg (análogo de amilina), desarrollada por Novo Nordisk.

        El programa de fase 3 REDEFINE incluyó los ensayos REDEFINE 1 (adultos con sobrepeso u obesidad sin diabetes) y REDEFINE 2 (adultos con obesidad y diabetes tipo 2), ambos de 68 semanas de duración, con resultados presentados en las Sesiones Científicas 2025 de la American Diabetes Association y publicados en The New England Journal of Medicine. En REDEFINE 1, la pérdida de peso promedio con CagriSema fue del 20,4 % bajo el estimador de política de tratamiento (22,7 % bajo el estimador de producto del ensayo, es decir, en quienes adhirieron completamente al tratamiento), frente al 14,9 % con semaglutida sola, 11,5 % con cagrilintida sola y 3 % con placebo. El 60 % de los participantes tratados con CagriSema alcanzó una pérdida de peso igual o mayor al 20 %, y el 23 % perdió un 30 % o más de su peso corporal.

        Estos resultados sugieren que el mecanismo de la amilina —relacionado con la saciedad y la regulación del vaciamiento gástrico, con acción complementaria a la del GLP-1 sobre circuitos cerebrales de regulación hedónica y homeostática del apetito— aporta un beneficio aditivo clínicamente relevante por sobre la monoterapia con semaglutida. Novo Nordisk presentó en diciembre de 2025 una solicitud de aprobación (NDA) ante la FDA para CagriSema en el manejo de peso, con una decisión regulatoria esperada hacia fines de 2026.

        9. Cuadro comparativo de eficacia

        La siguiente tabla resume, con fines pedagógicos, los resultados de eficacia de los principales agentes discutidos en este módulo. Los valores corresponden a la dosis más alta evaluada en cada ensayo pivotal y no deben interpretarse como comparaciones directas entre estudios, dado que difieren en diseño, población y duración.

        FármacoMecanismoEnsayo (fase)Pérdida de peso (dosis más alta)Duración
        Semaglutida 2,4 mgAgonista GLP-1RSTEP 1 (3)≈12 % neta de placebo68 semanas
        Tirzepatida 15 mgAgonista dual GLP-1R/GIPRSURMOUNT-1 (3)≈18 % neta de placebo (21 % total)72 semanas
        Survodutide 6,0 mgAgonista dual GLP-1R/GCGRSYNCHRONIZE-1 (3)16,6 % (estim. de eficacia)76 semanas
        CagriSema 2,4/2,4 mgGLP-1R + análogo de amilinaREDEFINE 1 (3)20,4-22,7 % según estimador68 semanas
        Retatrutida 12 mgTriple agonista GIP/GLP-1R/GCGRTRIUMPH-1 (3)28,3 % (30,3 % a 104 semanas)80 semanas

        Nota: los datos de retatrutida (TRIUMPH-1) y survodutide (SYNCHRONIZE-1) corresponden a comunicaciones de 2026 y deben considerarse resultados preliminares/topline hasta la publicación completa de los estudios; los de CagriSema (REDEFINE 1) y tirzepatida (SURMOUNT-1) cuentan ya con publicación completa revisada por pares.

        10. Seguridad, tolerabilidad y preguntas abiertas

        El perfil de seguridad de toda la clase de poliagonistas está dominado por eventos gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarrea), generalmente de intensidad leve a moderada, transitorios y manejables mediante escalada gradual de dosis. Las tasas de discontinución por eventos adversos, si bien no despreciables, se han mantenido en general por debajo del 15 % en los ensayos de fase 3.

        Composición corporal y masa magra

        Una pregunta central, y aún parcialmente abierta, es la proporción de la pérdida de peso atribuible a masa grasa frente a masa magra (muscular). Con pérdidas de peso que en retatrutida superan el 28-30 %, la preservación de la masa muscular y de la densidad ósea se vuelve clínicamente relevante, en particular en poblaciones de mayor edad o con sarcopenia basal. Este aspecto es objeto de reporte secundario en los estudios en curso y debe ser monitoreado activamente en la práctica clínica.

        Reganancia de peso al suspender el tratamiento

        La evidencia disponible con agonistas de GLP-1 (extensiones de STEP 1 y STEP 4) indica una reganancia sustancial de peso tras la discontinuación del tratamiento, lo que refuerza la noción de que la obesidad debe abordarse como una enfermedad crónica que requiere, en la mayoría de los casos, tratamiento farmacológico sostenido en el tiempo —de forma análoga a la hipertensión arterial o la diabetes—.

        Resultados cardiovasculares

        Semaglutida ya cuenta con evidencia de reducción de eventos cardiovasculares mayores en población con enfermedad cardiovascular establecida (ensayo SELECT). Para los poliagonistas más recientes, los estudios de resultados cardiovasculares dedicados (por ejemplo, TRIUMPH-Outcomes para retatrutida) están en curso y sus resultados —esperables recién dentro de 3 a 4 años— serán determinantes para el posicionamiento definitivo de estos fármacos en el algoritmo terapéutico.

        💡 Punto de discusión para la cátedra ¿Qué implicancias tiene para los sistemas de salud latinoamericanos la ausencia de datos de resultados duros (eventos cardiovasculares, mortalidad, calidad de vida a largo plazo) al momento de una eventual aprobación regulatoria basada en un desenlace subrogado como el peso corporal?

        11. Implicancias para la gestión y la economía de la salud

        Desde la perspectiva de la gestión sanitaria, la llegada de fármacos con eficacia comparable a la cirugía bariátrica plantea desafíos estructurales para los financiadores (obras sociales, prepagas y aseguradoras) y para los prestadores en la región.

        • Costo y sostenibilidad financiera: se trata de tratamientos crónicos, de alto costo por paciente/año, dirigidos a una población numerosa (la obesidad afecta a una proporción creciente de la población adulta), lo que genera un impacto presupuestario potencialmente disruptivo si la cobertura se universaliza sin criterios de priorización clínica.
        • Criterios de acceso y priorización: la definición de umbrales de indicación (IMC, comorbilidades asociadas, fracaso previo de modificación del estilo de vida) resulta clave para equilibrar equidad de acceso y sostenibilidad del sistema.
        • Continuidad del tratamiento: dado el fenómeno de reganancia de peso al discontinuar el tratamiento, los modelos de cobertura deben contemplar la cronicidad del abordaje, con las implicancias presupuestarias de sostener el beneficio en el tiempo.
        • Impacto en otras líneas de gasto: una reducción sostenida de peso podría, a mediano plazo, disminuir la incidencia de diabetes tipo 2, eventos cardiovasculares, cirugía bariátrica y ciertas complicaciones osteoarticulares, con el consiguiente ahorro potencial que debe ser modelizado con horizontes temporales realistas (5-10 años) y no solo a partir del costo inicial del fármaco.
        • Gestión clínica integrada: la incorporación de estos tratamientos requiere programas estructurados de seguimiento nutricional, control de eventos adversos, monitoreo de composición corporal y trabajo interdisciplinario, lo que impone requisitos organizacionales a las instituciones prestadoras.

        La discusión sobre financiamiento de la obesidad como enfermedad crónica se inscribe, en la región, en el debate más amplio sobre los roles diferenciales de obras sociales, prepagas y seguros privados en la cobertura de tratamientos de alto costo, y sobre los mecanismos de priorización explícita que permitan sostener el acceso equitativo sin comprometer la solvencia de los sistemas de salud.

        12. Perspectivas futuras y conclusiones

        El desarrollo de poliagonistas de GLP-1R, GIPR y GCGR —y de combinaciones incretina-amilina como CagriSema— marca una nueva era en la farmacoterapia de la obesidad. La magnitud de la pérdida de peso lograda por retatrutida en su programa de fase 3 (hasta 28-30 %) constituye un avance que aproxima los resultados farmacológicos a los de la cirugía bariátrica, y es probable que sea bien recibido por pacientes, médicos y —con matices— por los financiadores del sistema de salud.

        Dado que la farmacoterapia eficaz de la obesidad requerirá, en la mayoría de los casos, tratamiento a largo plazo —si no de por vida—, resulta central profundizar en: la adherencia y eficacia sostenida en el tiempo; los efectos sobre comorbilidades de la obesidad, en particular los resultados cardiovasculares; la seguridad a largo plazo, incluyendo los posibles efectos adversos sobre la masa muscular y la salud ósea; y el costo de la terapia con poliagonistas, con sus implicancias para el acceso equitativo en los sistemas de salud de la región.

        Una mayor comprensión de los mecanismos responsables de los efectos clínicos y metabólicos de los poliagonistas, del balance óptimo de agonismo receptorial necesario para maximizar beneficios y minimizar riesgos, y de la heterogeneidad de respuesta entre pacientes y poblaciones, será fundamental para orientar tanto el desarrollo de nuevos fármacos como su incorporación racional a la práctica clínica y a los esquemas de cobertura en América Latina.

        13. Referencias bibliográficas

        Malik IO, Petersen MC, Klein S. GLP-1, GIP, and glucagon receptor poly-agonists: a new era in obesity pharmacotherapy. Obesity (Silver Spring). 2022. PMCID: PMC9420816.

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        Jastreboff AM, Aronne LJ, Ahmad NN, et al. Tirzepatide once weekly for the treatment of obesity (SURMOUNT-1). N Engl J Med. 2022;387:205-216.

        Jastreboff AM, et al. Triple-hormone-receptor agonist retatrutide for obesity — a phase 2 trial. N Engl J Med. 2023;389:514-526.

        Rosenstock J, et al. Retatrutide, a GIP, GLP-1 and glucagon receptor agonist, for people with type 2 diabetes: phase 2 trial. Lancet. 2023;402(10401):529-544.

        Loomba R, et al. Triple hormone receptor agonist retatrutide for metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease: a randomized phase 2a trial. Nat Med. 2024;30:2037-2048.

        Eli Lilly and Company. Lilly’s triple agonist, retatrutide, delivered powerful weight loss in pivotal Phase 3 obesity trial (TRIUMPH-1). Comunicado de prensa, 21 de mayo de 2026.

        le Roux CW, et al. Survodutide for treatment of obesity: baseline characteristics of participants in SYNCHRONIZE-1. Diabetes Obes Metab. 2026;28(1):337-346.

        Wharton S, et al. Baseline characteristics in the SYNCHRONIZE-2 randomized phase 3 trial of survodutide. Diabetes Obes Metab. 2026;28(2):1490-1498.

        Boehringer Ingelheim. Survodutide achieved significant weight loss of 16.6% in Phase III trial SYNCHRONIZE-1. Comunicado de prensa, abril de 2026; datos completos presentados en ADA 2026 Scientific Sessions y publicados en NEJM.

        Garvey WT, et al. (REDEFINE 1). Coadministered cagrilintide and semaglutide in adults with overweight or obesity. N Engl J Med. 2025.

        Lingvay I, et al. (REDEFINE 2). Cagrilintide-semaglutide in adults with overweight or obesity and type 2 diabetes. N Engl J Med. 2025.

        Lincoff AM, et al. Semaglutide and cardiovascular outcomes in obesity without diabetes (SELECT). N Engl J Med. 2023;389:2221-2232.

        Análisis de Sistemas de Seguros de Salud en Argentina

        Estoy analizando para mis lectores sistemas de seguros de salud en Argentina que se lanzaron sin muchas explicaciones, lo que ha generado cierta incertidumbre entre los potenciales usuarios. Es fundamental que nos detengamos a reflexionar sobre cómo será el reacomodamiento de este nuevo actor en el sistema de salud argentino, así como la forma en que lo recibirán los usuarios. A medida que evaluamos este contexto, también es crucial considerar cuáles serán los argumentos de marketing que se emplearán para atraer a los jóvenes sanos y empleados, un segmento que tradicionalmente no ha mostrado un gran interés en los planes de salud. Es probable que las personas, que son muy conservadoras en cuestiones de salud, interpreten esta oferta de manera distinta, por lo que las compañías prepagas deberán adaptar sus estrategias. Si las comunicaciones no son efectivas y no logran conectar con los usuarios, los prepagos enfrentarán dificultades significativas para incorporar a sus nuevos beneficiarios, lo que podría afectar su sostenibilidad en el mercado. Creo que es importante observar esto detenidamente, ya que el éxito de estos sistemas depende no solo de su estructura, sino también de la confianza que logren generar en una población que valora profundamente la seguridad en la atención médica.

        1.  Introducción y marco conceptual

        Los tres sistemas analizados en este trabajo — Suiza, Países Bajos y Singapur — comparten un rasgo que los distingue de los modelos tipo Servicio Nacional de Salud (financiamiento fiscal directo, como Reino Unido o Canadá) y de los modelos de seguridad social clásica bismarckiana (aportes patronales-obreros a fondos únicos, como Alemania en su rama GKV): en los tres casos, el aseguramiento de salud se organiza mediante la compra, obligatoria o cuasi-obligatoria, de un instrumento de seguro por parte del individuo, con participación relevante de administradores no estatales (privados en Suiza y Países Bajos; un fondo público único con lógica actuarial individual en Singapur).

        El objetivo de este trabajo es comparar los tres modelos en sus dimensiones estructurales — mandato, suscripción de riesgo, mecanismo de pago, compensación entre aseguradores, techos de cobertura y redes de contención — para identificar qué combinaciones de diseño institucional logran conciliar competencia o eficiencia con equidad y acceso universal, y qué lecciones son trasladables a la discusión sobre prepagas y seguros de salud en Argentina desarrollada en trabajos previos de esta serie.

        2.  Suiza: el seguro privado obligatorio sin empleador

        Desde 1994, todo residente en Suiza debe comprar por ley federal un seguro de salud básico, regulado por la Ley Federal de Seguro de Enfermedad (LAMal en francés e italiano, KVG en alemán), que cubre un catálogo prestacional único y uniforme en todo el país.

        2.1  Suscripción y no discriminación

        Los aseguradores están obligados a ofrecer el seguro básico a cualquier persona, sin poder establecer condiciones relacionadas con edad, sexo o estado de salud. Si bien el nivel de la prima puede variar entre compañías, dentro de una misma aseguradora debe ser idéntico para todos los asegurados del mismo grupo etario y región geográfica, independientemente de sexo o estado de salud. Esta regla de no discriminación no rige para el seguro complementario, de naturaleza privada y con primas ajustadas por riesgo.

        2.2  Estructura de costo compartido

        El asegurado paga parte del costo del tratamiento mediante un deducible anual (franquicia) que el propio asegurado elige, entre CHF 300 y un máximo de CHF 2.500 para un adulto (con la prima ajustada en consecuencia), y un coseguro del 10% sobre el excedente del deducible hasta un tope anual de CHF 700.

        2.3  Presión de costos reciente

        Las primas subieron 8,7% en 2024, 6% en 2025 y 4,4% en 2026, llegando a un promedio nacional de CHF 393,30 mensuales — el incremento más moderado en cuatro años, aunque el nivel de reservas de los aseguradores (cerca de CHF 7.800 millones en 2025) contribuyó a moderar el último aumento. El costo varía enormemente según el cantón de residencia: la prima básica de un adulto en 2026 ronda los CHF 562 mensuales en Ginebra y cerca de CHF 317 en Zug.

        2.4  Corrección distributiva y compensación de riesgo

        Dado que la prima es plana dentro de cada categoría etaria y no se ajusta por ingreso, el sistema corrige la regresividad mediante subsidios cantonales: para familias de ingresos bajos y medios, los cantones deben reducir en al menos 80% las primas de los hijos y en al menos 50% las de jóvenes en formación. A nivel de aseguradores, un esquema de compensación de riesgo redistribuye fondos entre compañías según el perfil de riesgo de sus carteras, neutralizando el incentivo a seleccionar población sana.

        3.  Países Bajos: competencia gestionada con compensación de riesgo sofisticada

        La reforma de 2006 (Zorgverzekeringswet, Zvw) fusionó los sistemas público y privado previos en un modelo único de «competencia gestionada», con seguro básico obligatorio para todos los residentes y prohibición explícita de discriminación por parte de los aseguradores.

        3.1  Obligatoriedad y no discriminación

        La ley obliga a todo residente a contratar seguro, salvo excepciones específicas (por ejemplo personal militar), y obliga a los aseguradores a aceptar a todos los solicitantes y proveer los servicios de salud esenciales. Las primas no pueden estar relacionadas con el estado de salud ni con la edad del asegurado, lo cual constituye una diferencia relevante frente a Singapur, como se verá más adelante.

        3.2  Financiamiento tripartito

        A diferencia de Suiza, en Países Bajos el financiamiento de la atención de corto plazo combina tres fuentes: 50% aportado por empleadores, 45% por el propio asegurado (a través de la prima nominal más una contribución relacionada con el ingreso) y 5% por el gobierno, principalmente para cubrir a menores de edad.

        3.3  Costo compartido y prima de referencia

        Existe un deducible obligatorio (eigen risico) de €385 en 2026, ampliable voluntariamente hasta €885, del cual están exceptuados los servicios de médico de cabecera y la atención obstétrica. La prima nominal promedio de la cobertura básica en 2026 es de €159,30 mensuales, con una variación de aproximadamente 10% entre los distintos aseguradores que compiten por el mismo paquete básico.

        3.4  El corazón técnico del sistema: la compensación de riesgo

        El elemento más sofisticado del modelo neerlandés es su fondo de compensación de riesgo: los aseguradores reciben pagos de capitación ajustados según las características de riesgo de su cartera

        —edad, sexo, consumo farmacéutico y grupos de diagnóstico mayores— financiados mediante contribuciones relacionadas con el ingreso que se centralizan en el fondo. El objetivo explícito es que mantener una cartera de asegurados sana y joven deje de ser la única vía de rentabilidad para un asegurador, permitiendo que personas mayores o enfermas sean, en teoría, un riesgo igualmente rentable de asegurar.

        Cuadro de texto: Idea clave
La paradoja neerlandesa: la reforma de 2006 se presentó como introducción del mercado en la salud, pero terminó fortaleciendo el poder regulatorio estatal, ya que es el gobierno —no los aseguradores— quien define la cobertura del paquete estándar y el rango de las primas permitidas.

        4.  Singapur: MediShield Life dentro de una arquitectura de cuatro capas

        El caso singapurense exige una lectura distinta: MediShield Life no es, por sí solo, el eje del financiamiento de la salud, sino la capa intermedia de un sistema compuesto por subsidios directos, ahorro obligatorio, seguro catastrófico y una red de contención final. Encasillarlo simplemente como «seguro de salud» —equivalente a los casos suizo y neerlandés— sería una simplificación que oculta su lógica de diseño.

        4.1  Las cuatro capas del sistema

        • Subsidios gubernamentales directos en el punto de atención en instituciones públicas, según clase de sala y estatus de residencia.
          • MediSave (1984): plan de ahorro obligatorio en el que los trabajadores contribuyen entre 8% y 10,5% de su salario mensual, con aportes adicionales ocasionales del Estado.
          • MediShield Life (2015, sucesor de MediShield de 1990): seguro de salud básico administrado por el CPF Board que cubre grandes facturas hospitalarias y tratamientos ambulatorios costosos, como diálisis y quimioterapia.
          • MediFund (1993): red de contención final para quien no puede cubrir el saldo remanente tras subsidios, MediShield Life y MediSave.

        4.2  Cobertura automática y sin discriminación por salud

        Todos los ciudadanos y residentes permanentes quedan cubiertos automáticamente por MediShield Life desde el nacimiento o desde la obtención de ese estatus, sin necesidad de solicitud, incluyendo a quienes tienen condiciones preexistentes graves.

        4.3  La diferencia estructural: prima por edad y pago con ahorro

        A diferencia de Suiza y Países Bajos, las primas de MediShield Life sí varían según banda etaria específica, aunque no según el estado de salud. Y a diferencia de ambos casos europeos, el mecanismo de pago no es el ingreso corriente sino el ahorro previamente acumulado: las primas se deducen automáticamente de la cuenta MediSave del asegurado, y si el saldo no alcanza, se puede aportar en efectivo o recurrir al MediSave de un familiar.

        4.4  Un seguro con techo, que empuja al complemento privado

        El diseño de beneficios de MediShield Life está calibrado para el tratamiento subsidiado en salas de clase B2/C de hospitales públicos; quien opta por salas A/B1 o un hospital privado sigue cubierto, pero el pago cubre una proporción menor de la factura. Esta característica explica por qué se estima que el 70% de los singapurenses adquirió un Plan Integrado (Integrated Shield Plan) que combina MediShield Life con un componente de seguro privado adicional — el complemento no es una opción marginal, como en Europa, sino la norma de facto.

        4.5  Una crítica interna relevante

        Vale la pena registrar una advertencia planteada por comentaristas del propio sistema de salud singapurense: el saldo típico acumulado en una cuenta MediSave puede resultar insuficiente para cubrir varios años de tratamiento en una condición catastrófica, y si esos fondos se destinan a pagar directamente facturas médicas, puede no quedar saldo disponible para pagar las primas de MediShield Life en el período de vida en que más se necesita cobertura.

        5.  Cuadro comparativo integral

        DimensiónSuiza (LAMal/KVG)Países Bajos (Zvw)Singapur (MediShield Life)
        Año de reforma clave1994 (obligatoriedad universal)2006 (Zvw, competencia gestionada)1990 MediShield; 2015 MediShield Life
        Mandato individualSí, estrictoSí, estrictoAutomático, sin trámite
        Naturaleza del aseguradorPrivado, sin fines de lucro en básicoPrivado, mayoritariamente sin fines de lucroFondo público único (CPF Board)
        Ajuste de prima por edadLimitado (3 categorías amplias)NoSí, por banda etaria específica
        Ajuste de prima por salud/sexoNoNoNo
        Mecanismo de pago de primaIngreso corriente/bolsilloIngreso corriente + aporte salarial (50% empleador)Ahorro obligatorio previo (MediSave)
        Compensación de riesgo entre aseguradoresSíSí, muy sofisticada (edad, sexo, diagnóstico)No aplica (asegurador único)
        Techo de coberturaSin techo explícito en plan básicoSin techo explícito en plan básicoCon techo: pagos acotados a sala subsidiada
        Rol del ahorro individual obligatorioNo existeNo existeCentral (MediSave)
        Complemento privado típicoSeguro suplementario (LCA) opcionalSeguro complementario opcionalIntegrated Shield Plan, usado por ~70% de la población
        Red de contención finalSubsidios cantonales a la primaZorgtoeslag (subsidio de renta)MediFund

        Nota: cuadro de síntesis a fines pedagógicos; cada sistema contiene matices regulatorios adicionales que exceden el alcance de esta comparación.

        6.  Análisis crítico: tres respuestas a un mismo problema

        Los tres países enfrentan el mismo desafío técnico —evitar la selección de riesgo por parte de los aseguradores y, al mismo tiempo, sostener la solvencia del sistema frente al envejecimiento poblacional y la inflación médica— pero lo resuelven con arquitecturas de incentivos claramente distintas.

        6.1  Suiza y Países Bajos: neutralizar el incentivo del asegurador

        Ambos países permiten múltiples aseguradores privados en competencia, y neutralizan el riesgo de selección adversa mediante dos herramientas combinadas: la prohibición legal de discriminar por salud o edad al fijar la prima, y un fondo de compensación de riesgo que transfiere recursos hacia los aseguradores con carteras de mayor riesgo. La diferencia entre ambos es de sofisticación técnica: el modelo neerlandés ajusta la compensación por variables clínicas (diagnóstico, consumo farmacéutico), mientras que el suizo trabaja con categorías etarias y regionales más amplias.

        6.2  Singapur: trasladar el riesgo financiero al individuo mediante ahorro

        Singapur evita el problema de la selección de riesgo de una manera distinta: al no haber competencia de aseguradores privados en el nivel básico —MediShield Life es un fondo público único—, no existe el incentivo de descreme que sí debe neutralizarse en Suiza y Países Bajos. En cambio, el sistema traslada una parte sustancial del riesgo financiero al individuo a través del ahorro obligatorio (MediSave), lo cual reduce la exposición fiscal del Estado pero concentra el riesgo de insuficiencia de fondos exactamente en el momento del ciclo de vida —vejez y enfermedad catastrófica— en que la necesidad de cobertura es mayor.

        6.3  El lugar del seguro complementario privado

        En los tres países existe un mercado de seguro privado complementario, pero su función es distinta: en Suiza y Países Bajos es una mejora de confort y libre elección sobre una cobertura básica ya integral; en Singapur, dado el techo estructural de MediShield Life en la cobertura de salas no subsidiadas, el plan integrado privado funciona como una extensión casi necesaria para quien no acepta la atención en salas B2/C, alcanzando a siete de cada diez residentes.

        7.  Lecciones para la discusión argentina

        • La compensación de riesgo entre aseguradores —ausente en el debate regulatorio argentino entre obras sociales, prepagas y compañías de seguros— es la herramienta técnica central que permite a Suiza y Países Bajos sostener competencia privada sin sacrificar equidad; su ausencia en Argentina ayuda a explicar el fenómeno de descreme hacia las prepagas de mayores ingresos descripto en trabajos previos de esta serie.
        • La prohibición estricta de discriminar por salud o edad en la prima básica, combinada con subsidios de renta focalizados (cantonales en Suiza, zorgtoeslag en Países Bajos), separa el problema de la equidad de acceso del problema de la sostenibilidad actuarial — dos problemas que en el debate argentino tienden a mezclarse.
        • El caso de Singapur advierte sobre los límites de trasladar el riesgo financiero al ahorro individual: un esquema de MediSave sin capa de seguro catastrófico robusta puede dejar desprotegida a la población justo en el tramo de mayor necesidad, una lección pertinente para cualquier propuesta de cuentas de ahorro médico en la región.
        • Ningún país logra evitar completamente el mercado de seguro complementario privado; el diseño de política pública relevante no es prohibirlo, sino asegurar que la cobertura básica — obligatoria y no discriminatoria— sea suficientemente integral para que el complemento sea una mejora de confort y no una condición de acceso a la atención adecuada.

        8.  Conclusión

        Suiza, Países Bajos y Singapur demuestran que no existe una única forma de organizar el seguro de salud como eje del financiamiento sanitario. Suiza y Países Bajos comparten una misma familia de diseño —aseguradores privados en competencia regulada, con compensación de riesgo como pieza técnica central— mientras que Singapur construye una arquitectura de capas donde el seguro catastrófico convive con el ahorro obligatorio y una red de contención estatal, evitando la competencia de aseguradores en el nivel básico. Para la discusión sobre financiamiento de salud en Argentina, la lección más transferible no es la copia de un modelo específico, sino el principio común a los tres casos: la sostenibilidad de un sistema de seguro de salud multiactor depende menos de la existencia de competencia que de los mecanismos técnicos —compensación de riesgo, prohibición de discriminación, subsidios focalizados— que impiden que esa competencia se traduzca en selección de riesgo.

        9.  Referencias

        Commonwealth Fund. International Health Care System Profiles: Singapore. 2026.

        Enthoven AC, van de Ven WPMM. Going Dutch — managed-competition health insurance in the Netherlands. New England Journal of Medicine. 2007;357(24):2421-2423.

        Federal Office of Public Health (FOPH/BAG), Suiza. Health insurance premium costs: FAQs and useful links. 2026. Ministry of Health, Singapur. MediShield Life. Actualizado 2026.

        P4H Network. Netherlands’ Health Insurance Act (Zorgverzekeringswet). 2025.

        van der Schors W, Varkevisser M. Small steps, big change: forging a public-private health insurance system in the Netherlands. Social Science & Medicine. ScienceDirect, 2020.

        Wikipedia contributors. Healthcare in Switzerland; Healthcare in the Netherlands. Consultado julio 2026 (usado solo como referencia orientativa, no como fuente primaria académica).

        Seguros de Salud en Argentina: Lo Que Debes Saber

        Dr. Carlos Alberto Díaz

        En las últimas semanas surgió la autorización de la superintendencia de servicios de salud para comercializar los seguros de salud con cobertura prestacional. De este anuncio nos surgen las intrigas, las dudas y suponer que puede ocurrir. Es prematuro abrir una crítica o comentarios o dar respuestas en el ámbito académico.

        Primero debo decir que un paciente cuando firma un contrato de cobertura de salud en Argentina, rara vez sabe bajo que lógica jurídica y financiera esta comprando protección para su salud. Puede tratarse de una obra social, una prepaga, o una póliza de una compañía de seguros, y aunque los tres pometen “cubrir la salud” responden a marcos regulatorios, modelos de negocio y filosofías de riesgo profundamente diferentes. Esta confusión no es inocente: tiene consecuencias sobre el acceso, la calidad y el gasto de bolsillo en cada persona o familia. Esto se agrava en un contexto como el que transcurre de inflación médica que corre por delante de la capacidad de financiamiento y de pago para una buena parte de la población.

        Es una cuestión de dos lógicas y un mismo mercado:

        Las prepagas se consolidaron en argentina bajo una lógica de gestión integrada, administra riesgo, y al mismo tiempo, organiza o controla la red de prestadores que va a atender a su afiliado. Muchas prepagas son de hecho, dueñas de sanatorios, clínicas o hospitales privadas, mantiene también contratos de largo plazo con ellos. Un modelo que compite con las obras sociales con una cartilla más amplia y lugares de interior de un nivel que generan una percepción superior. También combina proveedor con prestador, asegurador y proveedor en un mismo techo, con todas las tensiones que eso implica: quien paga la prestación también decide cuánta prestación autoriza.

        El seguro de salud, en cambio, proviene de la tradición actuarial pura del seguro patrimonial: mancomuna riesgo, cobra una prima ajustada a ese riesgo, y responde ante el siniestro con un reintegro o un pago dentro de una suma asegurada. No gestiona sanatorios ni médicos como regla general; gestiona pólizas. Es el mismo principio que asegura un auto o una vivienda, aplicado al cuerpo humano — con todo lo que esa analogía tiene de virtud técnica y de límite ético.
        Conviene no perder de vista que ambos modelos comparten un mismo problema de fondo, heredado de toda la teoría del seguro: el riesgo moral y la selección adversa. La diferencia no está en si estos fenómenos existen — existen en los tres esquemas, incluida la obra social — sino en qué herramientas usa cada uno para mitigarlos: la prepaga recurre a la auditoría médica y la gestión de cartilla; el seguro, a la suscripción actuarial, los cuestionarios de salud y los períodos de carencia.


        Breve genealogía: de la mutualidad al negocio financiero
        Es útil recordar de dónde viene cada figura para entender por qué compiten hoy en el mismo terreno sin hablar el mismo idioma regulatorio. Las obras sociales argentinas surgieron de la tradición mutualista y sindical de mediados del siglo XX, con aportes obligatorios ligados al salario y una vocación explícitamente solidaria. Las prepagas emergieron después, en los años setenta y ochenta, como respuesta de sectores medios y altos que buscaban una atención más ágil que la de las obras sociales sindicales, construyendo paulatinamente su propia red sanatorial.
        Las compañías de seguros llegaron a la salud desde otro lugar: el ramo de accidentes personales y de vida, ampliado luego hacia el reintegro de gastos médicos y, más recientemente, hacia pólizas de salud de alta cobertura para segmentos ejecutivos y corporativos. No construyeron sanatorios ni cartillas propias como estrategia central; construyeron capacidad técnica de suscripción de riesgo, reservas y reaseguro. Esa diferencia de origen explica por qué hoy, cuando ambas figuras convergen comercialmente, siguen respondiendo a dos supervisores, dos culturas regulatorias y
        dos vocabularios de cobertura distintos.

        La prepaga: fortaleza en la gestión, debilidad en el techo regulatorio difuso
        La ventaja de la prepaga es la integración: cuando gestiona bien, puede coordinar la atención, invertir en prevención porque capitaliza el ahorro futuro, y ofrecer al paciente una experiencia relativamente fluida entre el consultorio y la internación. La Ley 26.682 la obliga a cubrir como piso el Programa Médico Obligatorio, sin techo prestacional explícito — una diferencia de fondo frente al seguro tradicional.
        Pero esa misma integración es su vulnerabilidad estructural: al ser juez y parte, el incentivo económico de contener costos puede chocar con el interés clínico del paciente, y la judicialización creciente de autorizaciones y prácticas de alto costo es la evidencia más visible de esa tensión no resuelta. A esto se suma la presión regulatoria sobre el valor de la cuota, que en varios períodos recientes generó un desfasaje entre el aumento autorizado y la inflación en insumos médicos, tecnología y honorarios — desfasaje que termina trasladándose, tarde o temprano, a la calidad prestacional o a la rentabilidad de los prestadores de la red.

        El seguro de salud: transparencia actuarial, protección acotada
        La compañía de seguros ofrece algo que la prepaga rara vez explicita con la misma claridad: una suma asegurada. El paciente sabe, en teoría, hasta dónde llega su cobertura. Esa transparencia actuarial es una virtud técnica — pero es también su límite más severo, porque un evento catastrófico (una terapia intensiva prolongada, un tratamiento oncológico de alto costo) puede superar la suma contratada y dejar al asegurado exactamente en el lugar del que el seguro debía protegerlo.
        Además, al operar mayormente bajo modelo de reintegro, traslada al paciente una carga financiera inicial y una carga administrativa de gestión de comprobantes que la prepaga, integrada con su cartilla, le ahorra. Este rasgo no es menor desde la perspectiva de la equidad: quien no dispone de liquidez inmediata para adelantar una internación de alta complejidad encuentra en el reintegro una barrera de acceso que el modelo de cartilla cerrada, con todos sus defectos, no le impone de la misma manera.
        Idea central
        La prepaga vende gestión integrada con techo difuso; el seguro de salud vende transparencia actuarial con techo explícito.

        Ninguna de las dos es superior en abstracto: son dos respuestas distintas a la misma pregunta — quién asume el riesgo residual cuando el costo de la enfermedad supera lo previsto.
        La zona gris regulatoria

        Lo que hace este debate urgente para la gestión sanitaria argentina es que la frontera entre ambos modelos se está diluyendo. Compañías de seguros arman cartillas de prestadores convenidos y compiten cara a cara con prepagas de primera línea en el segmento corporativo, mientras que persisten dos supervisores distintos — la Superintendencia de Servicios de Salud para las prepagas y la Superintendencia de Seguros de la Nación para las aseguradoras — con exigencias de cobertura mínima, transparencia de exclusiones y solvencia técnica que no están armonizadas
        entre sí.
        Esta asimetría regulatoria no es un detalle técnico: es la razón por la cual dos productos que el consumidor percibe como intercambiables tienen, en los hechos, coberturas de preexistencias, topes y obligaciones de cartilla completamente distintos. Un mismo folleto comercial puede hablar de «cobertura total» en ambos casos, cuando en uno hay un piso legal sin techo prestacional y en el otro un techo cuantitativo explícito por evento y por año.

        La mirada internacional: lecciones para no reinventar la rueda
        Otros sistemas ya atravesaron esta discusión y ofrecen puntos de referencia útiles. Chile, con las Isapres, unificó bajo un solo marco regulatorio a aseguradoras privadas que en la práctica funcionan como híbrido entre seguro y gestión de cartilla, aunque no sin las tensiones propias de la judicialización por tablas de factores de riesgo. Colombia, con las EPS, optó por un regulador único para todo agente que administre el aseguramiento en salud, independientemente de si su origen es mutual, cooperativo o comercial. Estados Unidos, en el otro extremo, mantiene aseguradoras
        privadas bajo regulación estatal y federal superpuesta, con la Affordable Care Act imponiendo pisos de cobertura y prohibiendo la exclusión por preexistencias — una intervención regulatoria directa sobre lo que antes era terreno actuarial puro.
        El denominador común de estas experiencias es que, tarde o temprano, el regulador tiende a intervenir sobre la lógica de suscripción de riesgo pura cuando la sociedad decide que el acceso a la salud no puede depender enteramente del cálculo actuarial individual. Argentina, con su tríada de obra social, prepaga y seguro bajo dos supervisores distintos, todavía no ha dado ese paso de
        armonización explícita.

        Lo que esto exige al paciente — y al gestor

        Conclusión editorial
        El paciente argentino navega hoy un sistema donde tres lógicas de aseguramiento conviven sin una gramática común. La prepaga gestiona; el seguro transfiere riesgo con transparencia acotada; la obra social solidariza. Mientras el regulador no unifique el lenguaje de las coberturas mínimas, exclusiones y topes entre estos tres mundos, la responsabilidad de entender la letra chica seguirá recayendo, injustamente, sobre quien menos herramientas tiene para leerla: el paciente en el momento en que más necesita protección.
        La tarea pendiente no es elegir un ganador entre modelos de negocio, sino construir un piso común de derechos del asegurado — cobertura mínima, transparencia de exclusiones, límites a la selección de riesgo — que sea exigible sea cual sea el nombre que la póliza lleve en su carátula.
        Hasta que eso ocurra, la gestión sanitaria seguirá teniendo, entre sus tareas silenciosas, la de traducir para el paciente lo que el mercado todavía no logra decir con una sola voz.

        Tratamiento quirúrgico versus no quirúrgico de la apendicitis

        Autores : Katerina Lin , MD , Theodore N. Pappas , MD , Dimitrios P. Moris , MD, Ph.D. y David R. Flum , MD, MPH.

        Un hombre con apendicitisKaterina Lin, Doctora en Medicina

        Un hombre de 28 años, previamente sano, acude al servicio de urgencias con dolor abdominal agudo, náuseas y disminución del apetito. Sus constantes vitales son normales. La exploración física revela sensibilidad en la parte inferior derecha del abdomen sin rebote. Los análisis de laboratorio muestran un recuento de leucocitos de 12 000 por milímetro cúbico. La tomografía computarizada abdominal con contraste muestra dilatación apendicular y engrosamiento de la pared con infiltración de la grasa periapendicular. No se observa apendicolito, absceso ni perforación. Se diagnostica apendicitis aguda no complicada.Usted es el médico tratante del paciente y debe presentarle las opciones de apendicectomía o tratamiento conservador con antibióticos y seguimiento médico riguroso. Usted conversa con él sobre sus preferencias de atención y se entera de que desea evitar una recurrencia de la apendicitis y la necesidad de regresar al hospital. Expresa ciertas reservas sobre la cirugía. Le gustaría irse a casa lo antes posible, ya que cuida a su madre enferma y teme perder su trabajo si falta más días. Comprende las posibles ventajas y riesgos de ambos enfoques, quirúrgico y conservador, para tratar la apendicitis, pero señala que se siente muy abrumado al tener que decidir cuál es el mejor enfoque. Quiere saber qué recomienda usted. Debe considerar ambas opciones y decidir si recomendar el tratamiento quirúrgico o conservador para este paciente.

        Opciones de tratamiento

        ¿Cuál de los siguientes enfoques recomendaría para este paciente? Fundamente su elección en la literatura, su propia experiencia, las guías publicadas y otra información relevante.1.Recomendar tratamiento quirúrgico.2.

        Recomendar tratamiento no quirúrgico.

        Para facilitar su decisión, solicitamos a expertos en la materia que resumieran la evidencia a favor de cada opción. Cada opción fue asignada a un experto por los editores, en lugar de ser elegida por el experto. Teniendo en cuenta su conocimiento del tema y los argumentos de los expertos, ¿qué enfoque elegiría?

        Opción 1

        Recomendar gestión operativaTheodore N. Pappas, Doctor en MedicinaDimitrios P. Moris, Doctor en Medicina, Doctor en Filosofía.

        Durante más de un siglo, la apendicectomía ha sido el tratamiento de elección para la apendicitis aguda no complicada, y es el enfoque que recomendamos para este hombre sano de 28 años. Si bien en las últimas décadas ha aumentado el interés por el tratamiento no quirúrgico de la apendicitis no complicada, y los ensayos controlados aleatorizados han demostrado que los antibióticos por sí solos pueden ser eficaces, ¹ múltiples consideraciones impiden que sea el mejor enfoque para este paciente.La opción de tratamiento antibiótico inicial conlleva un mayor riesgo de recurrencia de apendicitis (con recurrencia, según análisis histopatológico, reportada en el 38% de los pacientes a los 10 años²  , lo cual este paciente desea evitar. La recurrencia es más que una simple molestia. Puede resultar en visitas repetidas a urgencias y más ausencias imprevistas de la escuela o el trabajo, lo cual entra en conflicto con los objetivos del paciente. También puede llevar a la realización de pruebas de imagen adicionales y a una mayor exposición a antibióticos. Se podría argumentar que el paciente no tiene apendicolito y que, por lo tanto, su riesgo de recurrencia es menor. Sin embargo, ningún ensayo ha realizado un seguimiento de los pacientes durante el tiempo suficiente para definir el verdadero riesgo de recurrencia a lo largo de toda su vida³, 

        lo cual es una consideración importante al asesorar a una persona joven en los Estados Unidos cuya esperanza de vida restante puede incluir cinco décadas más. Además, la falta de atención definitiva y la necesidad de una vigilancia constante ante los síntomas de recurrencia pueden acarrear cargas psicológicas continuas; factores que pueden ser difíciles de evaluar en los ensayos clínicos, pero que son relevantes para los adultos jóvenes que buscan certeza y volver a la normalidad.En contraste, las apendicectomías laparoscópicas en pacientes sanos se encuentran entre las operaciones abdominales de urgencia más seguras que se realizan actualmente en Estados Unidos. La mortalidad perioperatoria es mínima, las complicaciones mayores ocurren en el 2% de los casos, 

        ⁴ y la mayoría de los pacientes reciben el alta el mismo día o después de una noche de hospitalización. La recuperación suele ser rápida y el paciente puede retomar sus actividades habituales y su trabajo generalmente en cuestión de días, un plazo que coincide con su deseo de regresar pronto a casa para trabajar y cuidar a su madre enferma. Si bien tanto la apendicectomía como el tratamiento no quirúrgico con antibióticos están respaldados por la evidencia y son seguros a corto plazo, los beneficios y los riesgos difieren sustancialmente según la población de pacientes. Si este paciente fuera mayor o tuviera comorbilidades importantes, por ejemplo, podría ser razonable optar por el tratamiento no quirúrgico para evitar un mayor riesgo quirúrgico.³Observamos que el paciente expresa ciertas reservas respecto a la cirugía. Esta reticencia podría deberse a la preocupación por arrepentirse si se sometiera a la intervención. Al recomendar un tratamiento a pacientes como el descrito, les explicaríamos que, entre quienes se someten a una apendicectomía, la mayoría (del 75 al 100 %) no se arrepienten de la cirugía.<sup> 5</sup> Incluso si optara por un tratamiento conservador inicial, le recomendaríamos una apendicectomía ambulatoria electiva futura para reducir al máximo la probabilidad de recurrencia.<sup> 6</sup> En general, para este hombre sano de 28 años, la balanza se inclina claramente hacia el tratamiento quirúrgico definitivo, que resuelve el problema y minimiza el riesgo de recurrencia. Dada su edad, el excelente perfil de seguridad de la apendicectomía laparoscópica y la incertidumbre en torno al riesgo de recurrencia a lo largo de la vida tras el tratamiento antibiótico únicamente, recomendamos sin dudarlo el tratamiento quirúrgico para este paciente.

        Opción 2

        Recomendar tratamiento no quirúrgico David R. Flum, Doctor en Medicina, Máster en Salud Pública

        La apendicitis aguda debe considerarse ahora una afección que depende de las preferencias del paciente. El término «dependiente de las preferencias» se refiere a afecciones en las que el valor de la intervención depende de la valoración individual del paciente sobre la relación entre beneficios y riesgos (por ejemplo, cirugía de próstata frente a radioterapia o terapia conservadora de mama frente a mastectomía). Para la mayoría de los pacientes con apendicitis, la decisión entre apendicectomía y antibióticos es precisamente eso: depende de la valoración del paciente sobre la relación entre beneficios y riesgos. Este paciente desea irse a casa lo antes posible y teme perder su trabajo si falta. También prefiere evitar una apendicitis recurrente. Recomiendo el tratamiento con antibióticos como primera opción.Varios ensayos controlados aleatorios han mostrado resultados mixtos, favoreciendo en diversos aspectos los antibióticos o la apendicectomía (Tabla 1). 8 Algunos pacientes priorizarán evitar la cirugía (del 59 al 75 % de los pacientes que toman antibióticos han evitado la cirugía en el seguimiento de 90 días), evitar la hospitalización (aproximadamente el 50 % de los pacientes que toman antibióticos evitan la hospitalización en su primer contacto) y un regreso más rápido al trabajo y al cuidado (5,3 días de trabajo perdidos, en promedio, con antibióticos frente a 8,7 con apendicectomía) sobre el beneficio de “una sola vez” de la apendicectomía. 1 Estos pacientes pueden dar menor prioridad al riesgo de recurrencia con el enfoque de antibióticos como primera opción.El riesgo de recurrencia —otra preocupación de este paciente— es difícil de cuantificar porque no existe una definición estándar de recurrencia. Aunque el 46 % de los pacientes del ensayo CODA (Comparison of Outcomes of Antibiotic Drugs and Appendectomy) que recibieron terapia antibiótica inicial en lugar de cirugía se sometieron a apendicectomía en un plazo de 2 años, ⁷ este porcentaje incluía un 20 % que se sometió a cirugía en los 30 días siguientes, lo que algunos consideran un fracaso del tratamiento antibiótico para el episodio índice de apendicitis en lugar de una recurrencia. Entre los pacientes del ensayo CODA que no se sometieron a apendicectomía en los 30 días siguientes, el 28,6 % se sometió a apendicectomía al año siguiente⁹ ; entre estos pacientes, el 83 % tenía una indicación clínica aguda sugestiva de apendicitis recurrente.⁷ 

        En un estudio de seguimiento realizado en Finlandia, aunque la incidencia acumulada de apendicectomía fue del 44,3 % a los 10 años, la incidencia de apendicectomía con apendicitis confirmada histopatológicamente fue solo del 37,8 % 

        .²Al asesorar a pacientes con afecciones que dependen de sus preferencias, se espera que los médicos proporcionen información con el formato y el detalle adecuados para satisfacer las necesidades de los pacientes y que formulen preguntas para conocer sus preferencias y prioridades. Las herramientas de apoyo a la toma de decisiones pueden ser útiles para esto, y una herramienta de apoyo a la toma de decisiones sobre las opciones de tratamiento para la apendicitis (AppyOrNot.org) ha sido utilizada por miles de pacientes en todo el mundo. 

        10Para el paciente del caso clínico, primero le ofrecería la herramienta de apoyo a la toma de decisiones AppyOrNot y revisaría sus prioridades, que podrían ser salir del hospital lo antes posible y reincorporarse rápidamente al trabajo y al cuidado de familiares. Un enfoque que priorice los antibióticos se alinearía con dos de sus tres objetivos. Su deseo de evitar la recurrencia de la apendicitis obviamente favorece una apendicectomía inmediata, pero la mayoría de las personas no la padecen. Para ayudar a este hombre a conciliar prioridades contrapuestas, hablaría con él sobre si considera demasiado alto el riesgo de una apendicectomía (3 entre 10) en los próximos 90 días o el riesgo a largo plazo de recurrencia de la apendicitis (descrito anteriormente). No todos los pacientes consideran que ese riesgo sea demasiado alto. 

        11La prioridad que el paciente le da a un regreso más rápido al trabajo sugiere que las consideraciones financieras influyen en la elección del tratamiento. Hasta el 44% de los adultos en Estados Unidos reportan dificultades para costear los gastos de atención médica. 

        12 Más de 26 millones de estadounidenses no tienen seguro médico, y el grupo de personas sin seguro que crece más rápidamente son los adultos en edad laboral, 

        13 quienes presentan la mayor incidencia de apendicitis entre los adultos. Incluso entre los pacientes con seguro, muchos siguen estando insuficientemente asegurados debido a planes con deducibles altos que no brindan cobertura hasta que el paciente a veces ha pagado miles de dólares de su bolsillo. Con la posibilidad de evitar facturas médicas relacionadas con la hospitalización y la apendicectomía, y de permitir un regreso más rápido al trabajo, la estrategia de antibióticos como primera opción puede ser la preferida por muchos pacientes con preocupaciones financieras.Los pacientes que probablemente no se beneficien de una herramienta de apoyo a la toma de decisiones incluyen aquellos para quienes uno de los tratamientos no es una opción razonable; ejemplos de ello son aquellos con flemón grave (para el cual generalmente se recomiendan antibióticos intravenosos para evitar lo que probablemente se convertiría en un procedimiento quirúrgico más extenso) y aquellos con peritonitis generalizada, quienes se benefician de una apendicectomía urgente. Las personas con inmunosupresión, embarazo o afecciones coexistentes graves han sido excluidas de los ensayos controlados aleatorizados y pueden tener un mayor riesgo tanto si se someten a cirugía como si reciben antibióticos. La falta de información sobre la efectividad comparativa en estos grupos limita cualquier tipo de recomendación basada en la evidencia. Es importante señalar que incluso para aquellos con evidencia radiográfica de un apendicolito o perforación, la apendicitis aún debe considerarse una condición que depende de las preferencias. El apendicolito se asocia con una apendicitis más complicada y una mayor tasa de apendicectomía posterior (con un 41 % sometido a apendicectomía dentro de los 90 días), 

        1 pero este nivel de riesgo puede ser aceptable para algunos pacientes. En un amplio ensayo controlado aleatorizado, la evidencia radiográfica de perforación (excluyendo abscesos, aire libre o más de una cantidad mínima de líquido libre) no conllevó un mayor riesgo de apendicectomía.

        Las afecciones sensibles a las preferencias exigen que los médicos se centren en cómo sus pacientes priorizan el riesgo y el resultado, incluso si la priorización del paciente no coincide con la del médico. Considerar la apendicitis aguda dentro de este marco ayuda a garantizar que la toma de decisiones se ajuste lo mejor posible a los valores del paciente. Para este paciente, en quien dos de las tres prioridades indicadas favorecen los antibióticos, recomendaría ese enfoque.

        APENDICITIS AGUDA: ¿CIRUGÍA O ANTIBIÓTICOS?

        La evidencia científica que está cambiando el manejo de la apendicitis no complicada

        Dr. Carlos Alberto Díaz

        saludbydiaz.com

        Introducción

        Durante más de un siglo, el diagnóstico de apendicitis aguda implicó una consecuencia prácticamente automática: la cirugía. La apendicectomía se instaló como el tratamiento estándar e indiscutido, al punto que en Estados Unidos, hasta hace apenas una década, más del 95% de los pacientes con apendicitis eran operados, incluso cuando la evidencia sobre alternativas no quirúrgicas venía acumulándose desde hacía más de 60 años, sin lograr modificar la práctica clínica dominante.

        En los últimos quince años, sin embargo, una serie de ensayos clínicos aleatorizados de gran escala y sus correspondientes metaanálisis han puesto a prueba, con rigor metodológico creciente, una pregunta que hasta hace poco resultaba casi herética para la tradición quirúrgica: ¿es necesario operar toda apendicitis aguda no complicada, o el tratamiento antibiótico constituye una alternativa segura y eficaz? Esta nota repasa la evidencia disponible y sus implicancias para la práctica clínica.

        El giro paradigmático: de la certeza quirúrgica a la medicina basada en evidencia

        El cuestionamiento del dogma quirúrgico no surgió de una intuición clínica aislada, sino de una línea sostenida de investigación que fue madurando en calidad metodológica: desde los primeros ensayos europeos de la década de 2000 y 2010, pasando por el ensayo finlandés APPAC, hasta llegar al ensayo estadounidense CODA (2020), el más grande realizado hasta la fecha, y a un metaanálisis de datos individuales de pacientes publicado en 2025 en The Lancet Gastroenterology & Hepatology, que representa el estándar de evidencia más alto disponible sobre este tema.

        Los ensayos clínicos fundamentales

        APPAC (Finlandia, 2015) — El punto de partida

        El ensayo APPAC (Appendicitis Acuta), realizado en seis hospitales finlandeses, comparó apendectomía abierta contra un esquema antibiótico (ertapenem intravenoso 1 g/día por 3 días, seguido de levofloxacina oral 500 mg/día y metronidazol 500 mg tres veces al día durante 7 días) en 530 pacientes adultos de entre 18 y 60 años con apendicitis aguda no complicada confirmada por tomografía computada. En su publicación original en JAMA, el tratamiento antibiótico no alcanzó el criterio preespecificado de no inferioridad frente a la cirugía, un resultado que en su momento generó cautela. No obstante, el seguimiento posterior mostró un dato clínicamente relevante: la gran mayoría de los pacientes tratados con antibióticos evitaron la cirugía, y las recurrencias, cuando ocurrieron, se concentraron mayormente en el primer año.

        CODA (Estados Unidos, 2020) — El ensayo pragmático de mayor escala

        El ensayo CODA (Comparison of Outcomes of antibiotic Drugs and Appendectomy), financiado por el Patient-Centered Outcomes Research Institute, es hasta hoy el estudio más grande sobre este tema: 1.552 participantes adultos con apendicitis aguda —incluyendo, a diferencia de APPAC, a pacientes con apendicolito— fueron aleatorizados a apendectomía o a antibióticos de primera línea. Los resultados, publicados en NEJM, mostraron que el tratamiento antibiótico fue no inferior a la cirugía según una medida general de estado de salud a 30 días, con tasas similares de eventos de seguridad. En el grupo antibióticos, cerca de 3 de cada 10 pacientes terminaron requiriendo apendectomía dentro de los primeros 90 días. Un hallazgo pragmático relevante: el promedio de días laborales perdidos fue considerablemente menor en el grupo antibióticos (5,26 días) que en el grupo quirúrgico (8,73 días), y no se registraron muertes en ninguno de los dos brazos.

        Seguimiento a largo plazo: la pregunta de la recurrencia

        Los datos de seguimiento extendido de ambos ensayos son cruciales para la toma de decisiones clínicas real. En CODA, a los 90 días el 29% de los pacientes tratados con antibióticos había requerido apendectomía (41% en presencia de apendicolito, versus 25% sin él); hacia el cuarto año de seguimiento, esa cifra acumulada ascendió a aproximadamente el 40-50%, aunque persiste debate metodológico sobre cuántas de esas cirugías correspondieron a indicación aguda genuina versus decisión electiva del paciente. En APPAC, el seguimiento publicado en 2026 —a diez años de la aleatorización original— se focalizó específicamente en la tasa de recurrencia tardía de apendicitis y en la apendectomía diferida entre quienes habían sido asignados a antibióticos, consolidando la mirada de que el tratamiento antibiótico no es un evento único, sino una estrategia con una probabilidad no despreciable, aunque minoritaria, de requerir cirugía diferida.

        Dato clínico clave Entre el 30% y el 40% de los pacientes tratados inicialmente con antibióticos requieren apendicectomía dentro del primer año, proporción que se eleva gradualmente en el seguimiento a más largo plazo. Esto no invalida la estrategia antibiótica, pero exige comunicarla al paciente como una alternativa con probabilidad relevante de cirugía diferida, no como una cura definitiva garantizada.

        La evidencia agregada: metaanálisis

        El metaanálisis de Herrod, Kwok y Lobo, publicado en BJS Open en 2022, incluyó ocho ensayos clínicos aleatorizados con 3.203 participantes adultos (1.613 en el brazo antibióticos y 1.590 en apendicectomía), comparando complicaciones, eficacia del tratamiento, reinternaciones y duración de la estadía hospitalaria, y consolidó la seguridad relativa del abordaje no quirúrgico en población seleccionada.

        El estudio de mayor jerarquía metodológica disponible es el metaanálisis de datos individuales de pacientes (individual patient data meta-analysis) publicado en enero de 2025 en The Lancet Gastroenterology & Hepatology, que reanalizó la información paciente por paciente de los principales ensayos con definiciones de resultado uniformes. Su conclusión central: el tratamiento antibiótico en adultos con apendicitis aguda confirmada por imágenes constituye una alternativa segura a la cirugía, y permite que aproximadamente dos tercios de los pacientes eviten la apendicectomía durante el primer año. Sin embargo, en el subgrupo con apendicolito, el tratamiento antibiótico inicial se asoció a mayor riesgo de complicaciones respecto de la apendicectomía, confirmando lo observado previamente en CODA.

        El apendicolito: el factor que más condiciona la decisión

        Si hay un hallazgo que se repite con notable consistencia a través de todos los ensayos y metaanálisis, es el papel del apendicolito (un depósito calcificado dentro del apéndice) como marcador de mayor riesgo bajo manejo no quirúrgico. En el subanálisis de CODA, de 414 participantes con apendicolito se observaron muchas más complicaciones en el grupo antibióticos que en el grupo quirúrgico (20% versus 3,6%), y un 61% de los pacientes con apendicolito presentó perforación, frente a un 24% en los pacientes sin ese hallazgo. Este dato tiene una implicancia práctica directa: la presencia de apendicolito en la imagen diagnóstica debería inclinar fuertemente la decisión hacia la cirugía, y su ausencia es, en cambio, uno de los criterios de selección más sólidos para ofrecer tratamiento antibiótico.

        ¿Y en pediatría?

        La evidencia en población pediátrica es más reciente pero está expandiéndose rápidamente. En 2025 se publicó en The Lancet un ensayo internacional, multicéntrico, abierto y de no inferioridad que comparó apendicectomía contra antibióticos en apendicitis aguda no complicada en niños. En paralelo, el Journal of Pediatric Surgery publicó ese mismo año un metaanálisis actualizado de ensayos aleatorizados orientado específicamente a responder si la terapia antibiótica puede reemplazar a la cirugía en apendicitis aguda no complicada pediátrica, incorporando también evidencia de seguimiento a cinco años de ensayos piloto previos. La tendencia general en niños replica la de los adultos: seguridad aceptable del manejo no quirúrgico en casos seleccionados, con tasas de eventual apendectomía que varían según el diseño del estudio.

        Implicancias para la práctica clínica

        La síntesis de esta evidencia permite establecer algunos principios orientadores para la toma de decisiones compartida con el paciente:

        • El tratamiento antibiótico no es superior a la cirugía, pero constituye una alternativa segura y razonable en apendicitis aguda no complicada, sin apendicolito, en pacientes bien seleccionados.
        • La ausencia de apendicolito en la imagen diagnóstica es, hasta la fecha, el criterio de selección más sólido para ofrecer manejo antibiótico.
        • Debe comunicarse con claridad al paciente que existe una probabilidad de entre el 30% y el 40% de requerir apendectomía dentro del primer año bajo la estrategia antibiótica, cifra que continúa incrementándose modesta pero sostenidamente en los años siguientes.
        • El tratamiento antibiótico como primera línea ya es reconocido formalmente por el American College of Surgeons sobre la base de esta evidencia, lo cual tiene implicancias para guías locales y para la actualización de protocolos institucionales.
        • Los costos totales del tratamiento antibiótico son menores en el corto plazo, aunque la sostenibilidad de ese ahorro en el largo plazo, considerando recurrencias y cirugías diferidas, es todavía un área de incertidumbre económica relevante para la gestión sanitaria.
        • La decisión debe enmarcarse en un proceso de decisión compartida (shared decision-making), incorporando las preferencias del paciente respecto de evitar la cirugía versus minimizar el riesgo de recurrencia o retratamiento.

        Conclusión

        La apendicitis aguda no complicada dejó de ser, desde el punto de vista de la evidencia, una indicación quirúrgica automática. Los grandes ensayos aleatorizados —APPAC y CODA— junto con el metaanálisis de datos individuales de pacientes de 2025, configuran hoy un cuerpo de evidencia sólido que habilita al tratamiento antibiótico como alternativa de primera línea en un subgrupo bien definido de pacientes: aquellos sin apendicolito, con apendicitis no complicada confirmada por imágenes, y con preferencia informada por evitar la cirugía. Al mismo tiempo, la persistencia de una tasa relevante de fracaso del tratamiento antibiótico y el riesgo claramente incrementado en presencia de apendicolito recuerdan que esta no es una decisión binaria simple, sino un ejercicio de estratificación de riesgo y decisión compartida que la gestión clínica y los protocolos institucionales deberían empezar a incorporar formalmente.

        Bibliografía

        1. Salminen P, Paajanen H, Rautio T, et al. Antibiotic Therapy vs Appendectomy for Treatment of Uncomplicated Acute Appendicitis: The APPAC Randomized Clinical Trial. JAMA. 2015;313(23):2340-2348.

        2. Flum DR, Davidson GH, Monsell SE, et al.; CODA Collaborative. A Randomized Trial Comparing Antibiotics with Appendectomy for Appendicitis. N Engl J Med. 2020;383(20):1907-1919.

        3. Davidson GH, Flum DR, Monsell SE, et al.; CODA Collaborative. Antibiotics versus Appendectomy for Acute Appendicitis — Longer-Term Outcomes. N Engl J Med. 2021;385(25):2395-2397.

        4. Herrod PJJ, Kwok AT, Lobo DN. Randomized clinical trials comparing antibiotic therapy with appendicectomy for uncomplicated acute appendicitis: meta-analysis. BJS Open. 2022;6(4):zrac100.

        5. Scheijmans JCG, Haijanen J, Flum DR, et al. Antibiotic treatment versus appendicectomy for acute appendicitis in adults: an individual patient data meta-analysis. Lancet Gastroenterol Hepatol. 2025;10(3):222-233.

        6. Sippola S, Haijanen J, Grönroos J, et al. Antibiotic Therapy for Uncomplicated Acute Appendicitis: Ten-Year Follow-Up of the APPAC Randomized Clinical Trial. JAMA. 2026 (Mar 24);335(12).

        7. St Peter SD, Noel-MacDonnell JR, Hall NJ, et al. Appendicectomy versus antibiotics for acute uncomplicated appendicitis in children: an open-label, international, multicentre, randomised, non-inferiority trial. Lancet. 2025.

        8. Brucchi F, Filisetti C, Luconi E, et al. Non-operative management of uncomplicated appendicitis in children, why not? A meta-analysis of randomized controlled trials. World J Emerg Surg. 2025;20(1):25.

        9. Sippola S, et al. Cost analysis of antibiotic therapy versus appendectomy for treatment of uncomplicated acute appendicitis: 5-year results of the APPAC randomized clinical trial.

        Nota sobre la elaboración de este artículo Este artículo fue elaborado por el Dr. Carlos Alberto Díaz con colaboración de Claude (Anthropic) para la búsqueda bibliográfica y la edición y síntesis del contenido. La responsabilidad final sobre el contenido científico, su interpretación y su aplicación clínica corresponde exclusivamente al autor.

        El futuro de la medicina facilitada por la IA Acceso abierto

        Eric J. Topol

        La contribución más significativa de la IA a la medicina hasta la fecha reside en su capacidad para producir interpretaciones más precisas y completas de imágenes médicas, validadas mediante ensayos clínicos aleatorizados. A continuación, se presenta la oportunidad de abordar el deterioro progresivo de la relación médico-paciente a lo largo de varias décadas y la crisis global de agotamiento profesional entre los médicos. Al reducir el trabajo administrativo de datos y otorgar mayor autonomía a los pacientes, la IA tiene el potencial de humanizar la medicina y la atención sanitaria. Liberar a los médicos del constante uso de pantallas podría recuperar su presencia durante las consultas y fomentar la empatía y la confianza. Además, la capacidad de la IA para recopilar y contextualizar un conjunto completo de datos de pacientes puede abrir nuevas oportunidades para la prevención de enfermedades importantes relacionadas con la edad, prolongando significativamente la esperanza de vida saludable. Apesar de este enorme potencial, la implementación de la IA médica se enfrenta a importantes desafíos, como la mitigación de sesgos, la garantía de la privacidad y la seguridad de los datos, y el establecimiento de marcos regulatorios y de reembolso adecuados.

        Los pioneros y líderes en el campo de la inteligencia artificial han destacado sistemáticamente los avances en medicina y atención sanitaria como su impacto más sustancial e inequívocamente positivo.

        Como dijo Geoffrey Hinton: «Siempre pongo la medicina como ejemplo de todo lo bueno que puede hacer, porque casi todo lo que hará allí será bueno».¹ 

        De manera similar, hablando sobre el fin de las enfermedades, Demis Hassabis dijo: «Creo que está a nuestro alcance. Quizás en la próxima década, no veo por qué no».² 

        Luego está Dario Amodei, quien cree que la IA curará la mayoría de los cánceres, prevendrá el Alzheimer y duplicará la esperanza de vida humana, y Sam Altman, quien predijo que «veremos enfermedades curadas a un ritmo sin precedentes gracias a la IA». 3 

        Y está Mustafa Suleyman, quien dijo: “Una de las aplicaciones que más me entusiasma es esta búsqueda de la superinteligencia médica. Creo que es bastante evidente que en los próximos dos años vamos a construir modelos que serán mejores que la gran mayoría de los médicos expertos en cualquier disciplina a la hora de diagnosticar”. 4

        Si bien estas declaraciones son alentadoras, los detalles sobre cómo la IA puede y transformará la medicina aún no están claros. Este ensayo pretende abordar estas lagunas y ofrecer una perspectiva futurista sobre cómo la IA puede lograr mejoras profundas en la práctica médica y en los resultados de salud de los pacientes, al mejorar la precisión diagnóstica, humanizar la relación médico-paciente y prevenir enfermedades.

        La comunidad médica tiende a minimizar sus errores. Sin embargo, un importante informe de investigadores de Johns Hopkins estima que casi ochocientos mil estadounidenses al año sufren discapacidad permanente o fallecen debido a errores médicos de diagnóstico significativos.⁵ Y esto sin contar los errores en el tratamiento, que representan otro grave problema. Con el uso común del término «medicina de precisión», no se reconoce que, si se comete el mismo error repetidamente, de una manera perversa, resulta muy preciso. Necesitamos urgentemente promover la precisión diagnóstica en medicina.

        Hoy estamos logrando avances significativos, especialmente en lo que respecta a la interpretación de imágenes médicas. El mayor ensayo aleatorizado en IA médica comparó a radiólogos que utilizaban IA con radiólogos que no la utilizaban en una muestra de más de cien mil mujeres sometidas a mamografía.⁶ Los radiólogos que trabajaban con el apoyo de la IA detectaron aproximadamente un 30 % más de casos de cáncer de mama y un 25 % más de tumores invasivos que los radiólogos que no la utilizaban. De manera similar, en cuarenta ensayos aleatorizados en gastroenterología, la colonoscopia con apoyo de visión artificial (en comparación con la colonoscopia sin visión artificial) aumentó la detección general de adenomas y pólipos en más de un 20 % .⁷

        Más allá de estos ensayos aleatorios, existe evidencia que respalda una mayor precisión en todo tipo de imágenes médicas, incluyendo rayos X, ultrasonido, tomografía por emisión de positrones (PET), tomografía computarizada (TC) y resonancia magnética (RM). El siguiente paso es automatizar completamente el proceso inicial de revisión de imágenes, con sistemas de IA capaces no solo de analizar características específicas, sino también de sintetizar información para producir informes completos que puedan ser revisados ​​por médicos supervisores. Recientemente, los investigadores lograron precisamente eso en una de las áreas más complejas de la imagen médica: la ecocardiografía. El movimiento del corazón y la necesidad de adquirir e interpretar múltiples vistas, no solo de imágenes estáticas sino también de videos de ultrasonido, crean un entorno complejo y rico en datos para desarrollar un modelo de IA fundamental. Entrenado con más de doce millones de videos ecocardiográficos e informes de texto emparejados en veintitrés puntos de referencia de la estructura y función cardíacas, el modelo EchoPrime alcanzó un rendimiento de vanguardia en la interpretación de características y diagnósticos cardíacos. 8 Se está trabajando para hacer lo mismo con todas las exploraciones médicas, con el potencial de mejorar la precisión del diagnóstico y optimizar los flujos de trabajo.

        Esto nos lleva al concepto de visión sobrehumana. La interpretación convencional de imágenes médicas —responder a una pregunta específica— podría quedar obsoleta. Por ejemplo: ¿Muestra una radiografía de tórax neumonía? Con la visión artificial, ahora podemos detectar información incrustada en las radiografías de tórax sobre la presencia de diabetes tipo 2, el riesgo de aterosclerosis en los próximos diez años, la puntuación de calcio en las arterias coronarias, la fracción de eyección y la osteoporosis. Lo mismo ocurre con las mamografías, que pueden detectar con precisión el riesgo de enfermedad cardíaca, o con las tomografías computarizadas de tórax , que detectan cáncer de páncreas. Esta interpretación “oportunista” de imágenes médicas refleja el poder de los ojos digitales para “ver” cosas que los médicos expertos no pueden.

        La visión sobrehumana no se limita a las exploraciones radiológicas. Quizás el ejemplo más extraordinario sea la imagen de la retina, ya sea una fotografía o una tomografía de coherencia óptica (OCT). Diversos estudios, y más recientemente modelos fundamentales de IA, que utilizan conjuntos de datos vastos y diversos para una amplia gama de tareas, han demostrado lo extraordinariamente informativa que puede ser la retina. La interpretación de imágenes retinianas mediante IA puede informarnos sobre la presión arterial, el control de la glucosa y el riesgo de enfermedades cardíacas, renales, hepáticas y de la vesícula biliar de un paciente. Las imágenes son una ventana al riesgo futuro de padecer Alzheimer y Parkinson en personas asintomáticas. En la retina, la IA también puede detectar la probabilidad de aterosclerosis subclínica (sin síntomas, sin estrechamientos que limiten el flujo sanguíneo) de las arterias coronarias y daño cerebral silencioso, así como el riesgo de accidente cerebrovascular.

        El electrocardiograma de 12 derivaciones mencionado anteriormente también permite obtener información mediante IA que antes no era posible solo con imágenes. Esta información incluye la determinación de la edad y el sexo del paciente; la presencia de anemia, diabetes o enfermedad renal; la fracción de eyección del ventrículo izquierdo; la presión de llenado del corazón; la predicción de fibrilación auricular; y el riesgo de accidente cerebrovascular. Asimismo, con IA, una muestra histológica de un tejido canceroso sospechoso puede determinar las mutaciones genómicas que impulsan el tumor, su grado de malignidad, el sitio de origen y el pronóstico del paciente. Las posibilidades de todo lo que se codifica en diferentes tipos de imágenes médicas parecen ilimitadas y, sin duda, no se habían previsto antes del advenimiento del aprendizaje profundo y la IA generativa. Aún se desconoce si toda esta información pasará de las publicaciones científicas a la práctica médica, y cuándo lo hará, y requerirá una mayor validación, pero es justo decir que no dejaremos pasar tantos datos gracias al poder de la visión sobrehumana de la IA.

        La IA está logrando grandes avances hacia imágenes diagnósticas más precisas y completas, pero sus contribuciones para promover la precisión van mucho más allá. Los modelos de lenguaje grandes especialmente adaptados han demostrado la capacidad de sintetizar de forma concisa y precisa todos los datos de un paciente, que pueden ser bastante extensos y provenir de múltiples fuentes. 11 El rendimiento mejorado de la IA se extiende a una mejor comunicación con el paciente y planes de manejo. En un estudio que involucró 150 escenarios de casos y actores de pacientes, la IA demostró un rendimiento superior al de los médicos especialistas en treinta de treinta y dos tareas. 12 Si bien ese estudio no es representativo del mundo real de la práctica médica, desde entonces se ha realizado un ensayo aleatorio en centros médicos reales de cuatro continentes que confirma las ventajas de usar la IA para la atención oftalmológica con respecto al diagnóstico de siete enfermedades oculares importantes y el manejo del paciente. 13 Los beneficios clínicos de la IA tampoco se limitan a los países de altos ingresos: un ensayo aleatorio de atención primaria en quince clínicas en Nairobi que involucró casi cuarenta mil visitas de pacientes mostró que el uso por parte de los médicos de una herramienta de consulta de IA redujo los errores de diagnóstico y tratamiento. Se han obtenido resultados similares en muchas otras tareas médicas, como el diagnóstico de tuberculosis, cáncer infantil, retinopatía diabética y cardiopatía reumática en países de ingresos bajos y medios. 14

        Durante varias décadas, se ha producido una erosión constante de la relación médico-paciente, en parte debido al tiempo muy limitado asignado a las consultas clínicas y las rondas hospitalarias. El negocio de la medicina y la presión por la productividad clínica han dejado a los médicos con la sensación de que no pueden brindar una atención adecuada a los pacientes, la razón principal por la que eligieron esta profesión. Un encuentro típico entre médico y paciente hoy en día dura solo unos minutos, con poco o ningún contacto visual; los requisitos legales y éticos de las notas de evolución empujan a los médicos de la cabecera del paciente al teclado mientras cumplen con sus responsabilidades administrativas. Los pacientes perciben la falta de presencia del médico, lo que a su vez genera una falta de confianza, atención y preocupación. Lo que fue un vínculo humano íntimo hace décadas se ha convertido en un encuentro distante, desprovisto de compasión, a menudo con un examen físico y una imposición de manos muy limitados. En mi libro de 2019, Medicina Profunda, escribí que existía el potencial de la IA para fomentar la humanidad en la medicina. 15 Muchos encuentran esta idea contraintuitiva: ¿Cómo podría la tecnología hacer que la medicina sea más humana de nuevo?

        La liberación del teclado podría mejorar notablemente las visitas de los médicos con los pacientes. Con el uso de asistentes de IA que sintetizan notas con muchas funciones posteriores, los médicos pueden redirigir su atención al paciente, recuperando la comunicación cara a cara. Al mismo tiempo, las conversaciones ambientales pueden producir excelentes notas con enlaces de audio para que el paciente las consulte después de la cita. Además, el asistente de IA puede programar análisis de laboratorio, citas de seguimiento y escáneres; realizar preautorizaciones con las compañías de seguros y enviar recetas; realizar codificación y facturación; e incluso recordar a los pacientes después de la visita si están dando seguimiento a las acciones planificadas, como medirse la presión arterial o salir a caminar. De esta manera, el uso administrativo de la IA es humanista. La automatización es un paso importante para aliviar a los médicos de su carga administrativa de datos y permitirles concentrarse más plenamente en sus pacientes. Ya se ha demostrado que estos sistemas ahorran tiempo a los médicos y reducen el agotamiento, una crisis global entre los trabajadores de la salud. 16 La adopción de esta tecnología ha sido notablemente rápida; En poco tiempo, la toma de notas automatizada y el soporte de IA para tareas administrativas que consumen mucho tiempo serán la norma.

        Y los pacientes están ganando poder. Incluso antes de la IA generativa, los diagnósticos algorítmicos estaban cambiando la forma en que los pacientes controlan su salud, permitiéndoles medir ritmos cardíacos anormales con un reloj inteligente, detectar retinopatía diabética en supermercados, detectar infecciones del tracto urinario con un kit de venta libre y clasificar erupciones o lesiones cutáneas con una aplicación.<sup> 17</sup> Ahora, los pacientes utilizan chatbots de IA para realizar diagnósticos (algunos de los cuales habían pasado desapercibidos para los médicos y las pruebas diagnósticas), obtener primeras y segundas opiniones, ingresar sus datos de laboratorio, obtener consejos para un tratamiento óptimo o prepararse para una visita al médico.<sup> 18</sup> Esta tendencia se reflejó en un reciente artículo del New York Times titulado «Empático, disponible, económico: cuando la IA ofrece lo que los médicos no». <sup> 19</sup>

        No había considerado que la empatía pudiera ser facilitada por máquinas. Pero en una revisión sistemática de quince estudios que comparaban la percepción de empatía por parte de los pacientes, todos menos dos mostraron que los pacientes reportaron mayores niveles de empatía en sus conversaciones de texto con chatbots basados ​​en IA que en sus comunicaciones de texto con médicos. 20 Si bien la IA no es empática, su capacidad para fomentar un sentido de empatía a través del lenguaje apropiado es significativa, ya que la percepción de empatía promueve mejores resultados para el paciente. En el futuro, esta capacidad probablemente llevará a que la IA capacite a los médicos para ser mejores comunicadores, más empáticos. Yendo más allá, pensemos en cómo la revisión por IA de la nota automatizada del médico podría conducir a preguntas productivas: «¿Por qué interrumpió a la Sra. Jones después de nueve segundos? ¿Por qué no le dio la oportunidad de expresar sus verdaderas preocupaciones?». Si bien esto ciertamente no se concibió como un rol para la IA y muchos médicos se irritarán ante la idea, no sería sorprendente que dicha capacitación se convierta en parte de un requisito anual para la licencia para el ejercicio de la medicina. Para que los médicos puedan aprovechar los beneficios de la mayor precisión de la IA, reconocer sus inconvenientes y fomentar la confianza con los pacientes, será necesario un entrenamiento específico en el uso de estos nuevos sistemas.

        Mejorar la relación médico-paciente requiere tiempo; es el punto de partida para una conversación más profunda y un examen físico minucioso. Sin embargo, la IA también ofrece la posibilidad de que los administradores de atención médica utilicen la tecnología para aumentar la productividad y la rentabilidad: en lugar de dedicar más tiempo a interacciones significativas entre médico y paciente, estas herramientas podrían simplemente permitir que los médicos atiendan a más pacientes en menos tiempo. Este enfoque sería destructivo y anularía la oportunidad de que la IA ayude a restaurar la humanidad esencial en la atención médica. Para contrarrestar este riesgo, he hecho un llamado a la solidaridad entre los médicos para que se opongan a los administradores. 21 Los médicos deberían usar su poder de negociación para aumentar el tiempo asignado a las consultas ambulatorias presenciales, reservando este valioso encuentro para asuntos importantes y aprovechando los servicios alternativos para pacientes, incluidos los chatbots de IA, la telemedicina y los asesores virtuales, cuando sea apropiado. 22

        El cáncer, las enfermedades cardiovasculares y los trastornos neurodegenerativos son las tres principales enfermedades relacionadas con la edad. En conjunto, y con una aparición generalmente después de los sesenta años, son las principales causas de la disminución de la esperanza de vida saludable. Además de su creciente incidencia con la edad, comparten dos características importantes: 1) un largo período de incubación de aproximadamente dos décadas antes de que se manifiesten los síntomas y 2) una desregulación del sistema inmunitario y una pérdida de protección, con la consiguiente inflamación. Los términos «inmunosenescencia» e «inflamación asociada al envejecimiento» se utilizan para describir esta última.

        La prevención primaria es un enfoque de tratamiento que consiste en tomar medidas preventivas para anticipar y abordar el riesgo de una persona y detener una enfermedad antes de que se presente. Aunque se habla con frecuencia de ella, la prevención primaria de las tres principales enfermedades relacionadas con la edad es poco común en la práctica médica. El cribado masivo de cáncer se realiza con mamografía, colonoscopia y antígeno prostático específico, pero estas pruebas, en el mejor de los casos, se utilizan para la detección, no para la prevención del cáncer. Una vez que se detecta el cáncer mediante una exploración, ya existen miles de millones de células cancerosas y una mayor probabilidad de que se haya diseminado por el cuerpo. Sin embargo, ahora existen métodos, a través de la genómica, para saber quién tiene riesgo de padecer cáncer, incluyendo puntuaciones de riesgo poligénico y secuenciación del genoma completo. Además, nuestro sistema inmunitario intacto es esencial para prevenir la aparición del cáncer y solo recientemente hemos encontrado maneras de determinar la salud y la funcionalidad de nuestra respuesta inmunitaria. Hasta ahora, sorprendentemente, no existía ninguna prueba clínica para evaluar la salud de nuestro sistema inmunitario. Pero el reciente avance de los relojes orgánicos —un panel de proteínas sanguíneas que registra el ritmo de envejecimiento de cada órgano del cuerpo y de nuestro sistema inmunitario— ofrece una vía prometedora. 23

        Si bien en las últimas dos décadas se ha producido una marcada reducción de los infartos, aún se registran más de ochocientos mil al año en Estados Unidos que no se previenen. Recientemente, la atención se ha centrado en identificar a los pacientes vulnerables con placa aterosclerótica inflamada, mucho antes de que ocurra un evento potencialmente catastrófico. 24

        Para la enfermedad de Alzheimer, la innovadora prueba de sangre conocida como p-tau217 ahora puede detectar el riesgo de esta afección muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas de deterioro cognitivo leve.<sup> 25 </sup> El riesgo de Alzheimer también aumenta en personas con antecedentes familiares, una o dos copias del alelo APOE4 y una puntuación de riesgo poligénico alta. Los biomarcadores cerebrales como el p-tau217, al igual que el colesterol LDL para las enfermedades cardíacas, cumplen una doble función: definir el riesgo y medir los cambios derivados de las modificaciones del estilo de vida y los medicamentos.

        Con un amplio margen de tiempo para identificar a individuos de alto riesgo para cada una de estas enfermedades relacionadas con la edad, la oportunidad de lograr la prevención primaria nunca ha sido tan realista y alcanzable. Pero requiere tener el «conjunto completo» de datos de los pacientes, incluidos los registros médicos electrónicos, factores de estilo de vida, laboratorios, imágenes, escaneo de retina, genómica, proteínas (relojes orgánicos), biomarcadores sanguíneos relevantes, exposiciones ambientales y datos de sensores portátiles. Hemos aprendido que, si bien los médicos y los pacientes suelen descartar las pruebas de laboratorio dentro del rango normal como poco importantes, la IA puede detectar tendencias significativas y contextualizar estos resultados con los registros médicos. 26 La IA también puede extraer datos importantes de las propias notas, tanto componentes estructurados como no estructurados, como para detectar un alto riesgo de cáncer de páncreas muchos años antes de que se pudiera realizar este diagnóstico difícil y mortal. 27 He revisado las capacidades oportunistas de los escaneos médicos y las imágenes de retina para predecir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas. Además, los modelos de IA ahora pueden diferenciar entre mamografías “normales”, reclasificando algunas como indicativas de un alto riesgo de cáncer de mama en los próximos cinco años. 28

        En conjunto, estas capas de datos configuran una IA multimodal para determinar el riesgo individual de padecer una o más de las principales enfermedades relacionadas con la edad y para evaluar si dicho riesgo se ha reducido mediante intervenciones. Estas intervenciones incluyen no solo factores de un estilo de vida saludable, como una dieta antiinflamatoria, ejercicio regular y un buen descanso, sino también tratamientos farmacológicos. El campo del descubrimiento de fármacos mediante IA ha captado gran atención, con decenas de empresas activas en este sector, algunas asociadas con las principales farmacéuticas. Solemos pensar en los fármacos únicamente como tratamientos para los síntomas y la enfermedad, pero en los próximos años se observará un cambio hacia la medicación preventiva. Quizás la acción pluripotente de la familia de fármacos del péptido similar al glucagón (GLP-1), cuyos beneficios se han extendido desde el tratamiento de la diabetes y la obesidad hasta la prevención de trastornos cardíacos, renales, hepáticos y adicciones (en cierta medida independientemente de la pérdida de peso), se considere el punto de inflexión para los fármacos preventivos. Si bien la optimización del estilo de vida siempre se considerará fundamental y de bajo coste, es evidente que se necesitarán más medidas para lograr la prevención de las tres principales enfermedades relacionadas con la edad.

        A las nuevas capacidades para predecir enfermedades se suma la publicación del primer modelo de salud a gran escala, conocido como Delphi-2M. 29 Investigadores construyeron y validaron Delphi-2M a partir de registros médicos electrónicos y datos de estilo de vida de cuatrocientos mil participantes del Biobanco del Reino Unido y casi dos millones de personas en Dinamarca. Al tokenizar los datos históricos de cada individuo, el modelo, basado en GPT-2, un precursor de la IA generativa temprana con parámetros relativamente bajos, fue capaz de predecir enfermedades en los próximos veinte años (tanto la enfermedad o el evento de salud como el momento en que ocurrirían ) con un nivel de precisión sorprendente. El rendimiento de la predicción aumentó cuando se introdujeron las puntuaciones de riesgo poligénico como una capa adicional de datos. En el futuro, se validarán modelos de salud a gran escala más avanzados con el conjunto completo de datos descrito anteriormente, lo que llevará la capacidad predictiva a niveles de precisión aún mayores.

        También existe un potencial considerable para que un recurso de gemelos digitales prediga enfermedades. 30 Anteriormente, el científico informático e inversor Kai-Fu Lee y yo imaginamos un recurso de datos global con miles de millones de individuos y sus conjuntos completos de datos médicos y de salud, junto con todos los datos recopilados durante un período de seguimiento prolongado. Con un conjunto de datos de este tipo, cuya privacidad y seguridad deben protegerse mediante aprendizaje federado y cifrado, tendríamos la capacidad de utilizar el análisis del vecino más cercano para encontrar gemelos digitales para cualquier individuo. Este análisis de datos complementaría la IA multimodal de los individuos y los grandes modelos de salud como otro medio para pronosticar eventos de salud y riesgo de enfermedad con el mayor nivel de precisión, lo que permitiría la prevención primaria. Aún no existe tal recurso, pero el potencial para promover la longevidad saludable humana es demasiado grande como para ignorarlo, y probablemente sea inevitable. El enorme beneficio económico de reducir la carga de estas enfermedades relacionadas con la edad, junto con el marcado envejecimiento de la población estadounidense, hace que la inversión en estas herramientas y recursos de IA y el ideal de la prevención primaria sean excepcionalmente atractivos.

        Si bien la IA tiene un enorme potencial para promover la precisión médica, el humanismo y la prevención en el futuro, no faltan desafíos. En este momento, los grandes modelos de lenguaje no están preparados para un uso médico generalizado, con deficiencias notables determinadas por pruebas de estrés y parámetros médicos representativos. 31 He mencionado la importancia de la privacidad y la seguridad de los datos, algo con lo que no tenemos un buen historial hasta la fecha. Pero un cambio hacia que las personas sean propietarias de sus propios datos médicos en una plataforma segura, que también podría incorporar datos de sensores y genómica que actualmente no forman parte de nuestros registros médicos electrónicos, podría conducir a una mejora. En cuanto a los sesgos culturales intrínsecos de estos y otros insumos, debemos analizarlos a fondo para evitar su propagación. He argumentado que la IA puede reducir las inequidades en salud, pero lo cierto es que, sin iniciativas deliberadas que prioricen la equidad, es probable que los sistemas de IA las exacerben. Por supuesto, los errores médicos inducidos por la IA también son una preocupación, especialmente cuando existe una conexión directa entre los sistemas de IA generativa y los pacientes con una supervisión clínica insuficiente. Debemos liderar un esfuerzo dedicado a analizar y perfeccionar cualquier modelo orientado al paciente antes de hacerlo público. Hasta la fecha, no contamos con datos objetivos sobre el impacto del acceso directo del paciente en términos de beneficios y perjuicios; esto debe recopilarse y monitorearse de forma continua. También existen riesgos y problemas significativos con un enfoque de supervisión regulatoria permisiva que se ha basado principalmente en autorizaciones poco exigentes en lugar de aprobaciones formales para las aplicaciones de algoritmos de IA. Los estándares de reembolso para la IA en los mercados de atención médica no se han adaptado al progreso alcanzado: los incentivos de las partes interesadas siguen desalineados, lo que contribuye al estancamiento y al retraso en la adopción de tecnologías útiles. Debemos actuar y desarrollar las recomendaciones que tenemos sobre la mejor manera de proceder. 32 Y lo más importante de todo, necesitamos establecer confianza en la comunidad médica y el público, lo cual surge de la transparencia y de una investigación médica convincente para identificar beneficios y perjuicios. Gran parte de la investigación actual sobre IA médica permanece compartimentada, sin que se implemente en la práctica médica. Es necesario cerrar esa enorme brecha entre la investigación y la práctica.

        El impacto futuro de la IA médica será transformador, especialmente si aborda y, finalmente, supera los numerosos obstáculos y desafíos que se avecinan. Creo que la prevención de enfermedades relacionadas con la edad, y por ende, la prolongación significativa de la esperanza de vida saludable, será la contribución más importante de la IA en la medicina en las próximas décadas.

        A medida que la inteligencia artificial se vuelve multimodal, las aplicaciones médicas se multiplican.

        Las máquinas no tienen ojos, pero no lo sabrías si siguieras la evolución de los modelos de aprendizaje profundo para la interpretación precisa de imágenes médicas , como radiografías, tomografías computarizadas (TC) y resonancias magnéticas (RM), preparaciones histológicas y fotografías de retina. En los últimos años, se ha publicado una gran cantidad de estudios que han demostrado de forma consistente el gran potencial de los «ojos artificiales», no solo en comparación con los expertos médicos, sino también para detectar características en imágenes médicas que no son fácilmente discernibles para los humanos. Por ejemplo, una exploración de retina contiene información valiosa que las personas no pueden ver, pero las máquinas sí, lo que permite comprender múltiples aspectos de la fisiología humana, como la presión arterial, el control de la glucosa , el riesgo de padecer Parkinson, Alzheimer , enfermedades renales y hepatobiliares , y la probabilidad de sufrir ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares . Como cardiólogo, jamás habría imaginado que la interpretación automática de un electrocardiograma proporcionaría información sobre la edad, el sexo , la anemia , el riesgo de desarrollar diabetes o arritmias , la función cardíaca y las valvulopatías , así como afecciones renales o tiroideas . Del mismo modo, la aplicación del aprendizaje profundo a una muestra histológica de tejido tumoral también puede ofrecer información sobre el lugar de origen, las mutaciones impulsoras, las variantes genómicas estructurales y el pronóstico. Si bien estas capacidades de visión artificial para la interpretación de imágenes médicas pueden parecer impresionantes, anticipan un terreno potencialmente mucho más amplio para la inteligencia artificial (IA) en la transformación de la medicina. El gran cambio que se avecina reside en la capacidad de trascender las tareas unimodales y limitadas a las imágenes, y ampliar las capacidades de las máquinas para incluir texto y voz, abarcando todos los modos de entrada y sentando las bases para una IA multimodal.

        Aunque la mayor parte del progreso en la interpretación de imágenes se atribuye al aprendizaje supervisado, que requiere entradas completamente anotadas y datos de referencia, un requisito fundamental para avanzar hacia la IA multimodal fue el uso de formas de aprendizaje auto-supervisado y no supervisado . Esto evitó la laboriosa necesidad de anotación de datos que no sería posible con la enorme escala de entradas, como se observa en los grandes modelos de lenguaje (LLM, también conocidos como IA generativa). Pero no se trataba solo de la diferencia en los tipos de aprendizaje o las entradas masivas lo que se necesitaba para lograr LLM como ChatGPT. Esto requirió una nueva arquitectura de modelo conocida como transformadores, introducida por 

        Vaswani y sus colegas en 2017 , para ir más allá de las redes neuronales recurrentes que dependen de la retroalimentación de un paso de tiempo al siguiente (como cada palabra en una oración), para abarcar todos los datos (por ejemplo, todas las palabras en la oración). El progreso de estos LLM finalmente condujo a GPT-4, que es multimodal y, por lo tanto, capaz de trabajar con todas las formas de datos, incluidos texto, audio, voz e imágenes. Esto no fue una hazaña menor. 

        Para GPT-4 , se requirieron más de un billón de parámetros del modelo (el número de conexiones entre neuronas), más de 24 000 unidades de procesamiento gráfico, más de 10²⁴ operaciones de coma flotante por segundo de rendimiento informático, 45 gigabytes de datos de entrenamiento y aprendizaje autosupervisado. Cabe destacar que los datos de entrada para GPT-4 y otros modelos base importantes actuales, como Bard, LLaMa y PALM-2, se obtuvieron de Wikipedia, Internet y decenas de miles de libros . No se utilizaron datos médicos específicos para el entrenamiento; esto requiere un ajuste fino supervisado , que se está investigando intensamente para muchos de los casos de uso que describo a continuación.Ahora que los modelos de aprendizaje automático (MLA) son multimodales y ya no se limitan a la entrada y salida de texto, su nombre debería considerarse inapropiado, al igual que el de «IA generativa», ya que estos modelos realizan y destacan en muchas otras funciones además de la generación, como la edición de texto. La dificultad para nombrar con precisión estos modelos refleja su amplia funcionalidad, un concepto que se acentúa aún más al considerar sus casos de uso en medicina. Y cualquier modelo que estemos evaluando hoy representa un trabajo en progreso, con mejoras sustanciales por venir, como la capacidad de proporcionar conocimiento médico actualizado en tiempo real y una mejora en la precisión y la calidad del rendimiento.

        Los modelos Transformer poseen la capacidad, recientemente descubierta, de realizar IA multimodal en medicina, analizando en tiempo real las múltiples capas de macrodatos de una persona y nuestra base de conocimientos. Gran parte de los datos de alta dimensión que subyacen a la singularidad de cada ser humano ahora pueden capturarse . Estas capas incluyen la anatomía mediante imágenes, biomarcadores fisiológicos mediante sensores, el genoma, el microbioma, el metaboloma, el inmunoma, el transcriptoma a nivel celular, el proteoma y el epigenoma. Los datos de los registros electrónicos de salud, que incorporan resultados de laboratorio, antecedentes familiares, texto no estructurado y seguimiento longitudinal de un individuo, también constituyen una rica fuente de datos. El exposoma de la persona, como el índice de contaminación del aire y otros datos disponibles a través de sensores ambientales, junto con los determinantes sociales, añade otras dimensiones que pueden ser informativas sobre el estado de salud de un individuo. Complementando todos estos modos de datos se encuentra el corpus de conocimiento médico, que formará parte cada vez más de los modelos de aprendizaje automático (LLM) utilizados en el futuro de la atención médica.Esta IA multimodal tiene el potencial de una amplia gama de aplicaciones basadas en datos. Para las personas con riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, un asistente virtual de salud podría proporcionar retroalimentación frecuente sobre sus datos para lograr la prevención o un mejor manejo de las afecciones preexistentes. Tomemos el ejemplo de una persona con hipertensión y diabetes, y con un alto riesgo poligénico de desarrollar enfermedades cardíacas. El asistente virtual no solo ayudaría a controlar la presión arterial y la glucosa, para disminuir el impacto de estos factores de riesgo modificables, sino que también analizaría y asesoraría a la persona en función de su actividad física, sueño, estrés, fotografías de retina, texto no estructurado de sus registros médicos y la literatura médica más reciente. Ya existen asistentes virtuales de salud con chatbot de IA para afecciones específicas como diabetes , hipertensión , obesidad y depresión , pero ninguno ha alcanzado aún un enfoque holístico o preventivo.Los datos multimodales de un individuo también pueden hacer realidad la monitorización remota, permitiendo un “hospital en casa” con captura continua de signos vitales equivalente a una unidad de cuidados intensivos. Con algoritmos validados para prever con precisión los signos de deterioro de una persona mucho antes de que aparezcan los síntomas y la necesidad de intervenir, ya sea de forma remota o mediante el envío de personal médico, muchos pacientes podrían evitar ser hospitalizados en el futuro. Existen otros casos de uso de la IA multimodal, como un gemelo digital que proporcionaría información a una persona con un nuevo diagnóstico al ofrecer una réplica digital en la que basar la búsqueda de un tratamiento eficaz. Otra aplicación es 

        la vigilancia de pandemias para una evaluación de riesgos espaciotemporal individualizada y en tiempo real con geolocalización, sensores portátiles, síntomas, estado de vacunación, resultados de aguas residuales y otras capas de datos.Si bien gran parte de la atención en las primeras aplicaciones de la IA multimodal en el sector sanitario se ha centrado, por ejemplo, en su capacidad para aprobar el examen de licencia médica estadounidense, responder a las preguntas médicas de los pacientes o reducir la carga administrativa de los clínicos mediante el procesamiento del lenguaje natural en las conversaciones con los pacientes, la IA multimodal supone un reto analítico más profundo. Hasta ahora se han integrado algunas capas de datos, como los historiales clínicos electrónicos y la genómica, pero nada se acerca a la complejidad, profundidad y amplitud de lo que puede ser relevante y analizado. Esto representa un desafío considerable y constante para materializar el extraordinario potencial de la IA multimodal en medicina.Existen muchas otras barreras además de la analítica. Los modelos de aprendizaje automático (MLA) suelen mostrarse demasiado confiados en sus respuestas, lo que considero una característica de «a menudo equivocados, nunca con dudas». Además de la propensión de los MLA a inventar, existen sesgos inherentes, preocupaciones sobre la privacidad y la seguridad de los datos, el posible deterioro del rendimiento del modelo con el tiempo, dudas sobre qué constituirá fundamento para la aprobación regulatoria, la resistencia de la práctica médica al cambio, la necesidad de evidencia prospectiva convincente para demostrar el beneficio, y más.Sin embargo, la convergencia de una capacidad de computación masiva sin precedentes y el aprendizaje auto-supervisado de una enorme cantidad de datos generados por humanos ha sentado las bases para aplicaciones médicas que antes eran inalcanzables. En los próximos años, la pluripotencia de los modelos de aprendizaje automático para la medicina podría dar lugar a asistentes virtuales de salud y hospitales domiciliarios que proporcionen enfoques de atención médica altamente precisos e individualizados.

        Estudio PROMchronic: Evaluación del Uso y los Beneficios de los Resultados y Experiencias Reportados por los Pacientes en Enfermedades Crónicas

        Nikkhah J, Steinbeck V, Grobe TG, Breitkreuz T, Pross C, Busse R. JMIR Research Protocols. 2024;13:e56487. doi:10.2196/56487

        El protocolo PROMchronic, publicado en JMIR Research Protocols en 2024 por un equipo de investigadores de la Universidad Técnica de Berlín y el Instituto aQua, describe el diseño de un estudio de cohorte prospectivo observacional orientado a evaluar, a escala poblacional, el uso y los beneficios potenciales de las medidas electrónicas de resultados informadas por el paciente (ePROMs) y de las medidas electrónicas de experiencia informadas por el paciente (ePREMs) en personas con enfermedades crónicas en Alemania.

        El estudio se inserta en una línea de investigación internacional impulsada por la iniciativa PaRIS (Patient-Reported Indicator Surveys) de la OCDE, que desde 2023 recopila PROMs en 18 países con el propósito de comparar el desempeño de los sistemas de salud desde la perspectiva del paciente. Alemania no forma parte de esa iniciativa, y PROMchronic busca llenar ese vacío generando evidencia propia, metodológicamente comparable, que permita al país integrarse a futuro en ese ejercicio de evaluación comparada internacional.

        El valor de este trabajo para la gestión sanitaria contemporánea reside en que aborda, con un diseño metodológico riguroso y a una escala poblacional inédita (200.000 pacientes invitados, cuatro patologías crónicas, cuatro mediciones longitudinales en un año), tres preguntas que son centrales para cualquier sistema de salud que aspire a medir la calidad desde la experiencia real del paciente: si los datos reportados por los pacientes son representativos del conjunto del sistema, si permiten distinguir entre atención de alto y bajo valor, y si devolver esa información al propio paciente genera beneficios clínicamente significativos.

        2. El Problema que Origina la Investigación

        Toda investigación científica parte de una tensión no resuelta entre lo que se sabe y lo que se necesita saber. En este caso, esa tensión se constituye en tres niveles que conviene distinguir con precisión pedagógica.

        2.1 El problema sanitario de fondo

        Las enfermedades crónicas afectan a una de cada tres personas en el mundo, y hasta al 60% de la población en países industrializados. Su carga asistencial crece de manera sostenida por el envejecimiento poblacional y los cambios en los patrones de consumo. La atención de estas condiciones está marcada por una incertidumbre estructural —no siempre es predecible si un paciente responderá al tratamiento seleccionado, ni si esa respuesta será la más eficiente— y por dos fenómenos de calidad bien documentados en la literatura de gestión sanitaria: la coexistencia de infrautilización y sobreutilización de servicios, y la variabilidad en la calidad entre proveedores que los indicadores convencionales —centrados en procesos clínicos y desenlaces biomédicos— rara vez logran capturar.

        2.2 El problema de medición

        Los sistemas de salud miden tradicionalmente su desempeño a través de indicadores clínicos, administrativos y de proceso: tasas de mortalidad, reingresos, adherencia a protocolos, tiempos de espera. Lo que estos indicadores omiten sistemáticamente es la perspectiva del propio paciente sobre su estado de salud y sobre su experiencia con el sistema. Los PROMs (medidas de resultado informadas por el paciente) y los PREMs (medidas de experiencia informadas por el paciente) existen como instrumentos desde hace más de veinte años, pero su adopción masiva y sistemática —más allá de la oncología y la ortopedia, donde están mejor establecidos— es reciente y, en el campo de las enfermedades crónicas, prácticamente inexistente a escala poblacional.

        2.3 El problema específico no resuelto

        Aquí reside el núcleo de la contribución original del estudio. Aun aceptando el valor conceptual de los PROMs y PREMs, la literatura previa presentaba tres vacíos concretos que el protocolo identifica con precisión: (1) no existía evidencia sobre si la recolección digital de PROMs y PREMs en una muestra poblacional amplia genera una respuesta representativa del conjunto de pacientes crónicos —es decir, si quienes responden se parecen a quienes no responden—; (2) no se había explorado si esos datos, agregados a escala de sistema, permiten identificar atención de bajo valor más allá del ámbito oncológico; y (3) no había evidencia sobre cómo reaccionan los pacientes con enfermedades crónicas cuando reciben de regreso, de forma sistemática y comprensible, sus propios resultados comparados con un grupo de pares. PROMchronic fue diseñado específicamente para responder estas tres preguntas, no de manera genérica sino con metodología explícita para cada una.

        3. Marco Conceptual: Tres Preguntas, Tres Tradiciones

        Desde el punto de vista pedagógico, resulta útil reconocer que cada una de las tres preguntas de investigación del estudio se inscribe en una tradición conceptual distinta de la literatura en salud, aunque el protocolo las integra en un único diseño metodológico.

        3.1 Primera pregunta: representatividad y evaluación del desempeño del sistema de salud (HSPA)

        La primera pregunta —¿pueden los ePROMs y ePREMs usarse para la evaluación del desempeño del sistema de salud?— pertenece a la tradición de la epidemiología de servicios de salud y a la economía de la salud aplicada a la medición de calidad poblacional. El desafío metodológico central es el sesgo de no respuesta: quienes eligen participar en encuestas pueden sistemáticamente diferir de quienes no participan, por edad, sexo, gravedad de su enfermedad o nivel de alfabetización digital, entre otros factores. Si ese sesgo no se corrige, cualquier conclusión extraída de los datos recolectados carecería de validez externa para el conjunto de la población con la enfermedad.

        3.2 Segunda pregunta: variación en el valor de la atención

        La segunda pregunta —¿se puede identificar variación en el valor de la atención a partir de PROMs y PREMs?— se inscribe directamente en la tradición de la atención sanitaria basada en valor (Value-Based Health Care, VBHC), formulada originalmente por Michael Porter y Elizabeth Teisberg, y en la literatura sobre identificación de cuidado de bajo valor (low-value care) que ha cobrado fuerza creciente en la última década. Esta es la pregunta de mayor interés directo para la gestión clínica y la planificación sanitaria, porque busca construir un indicador operativo —combinando resultados, experiencia y, eventualmente, costos— capaz de distinguir entre atención de alto y bajo valor sin depender exclusivamente de indicadores de proceso.

        3.3 Tercera pregunta: retroalimentación al paciente y empoderamiento

        La tercera pregunta —¿cuáles son las ventajas y desventajas de devolver al paciente sus propios resultados (retroalimentación de PRO)?— pertenece a la tradición de la toma de decisiones compartida y del empoderamiento del paciente (patient activation). Aquí el estudio examina no solo si la información es comprensible y útil, sino también si genera reacciones emocionales negativas cuando los resultados de un paciente son peores que los de su grupo de pares —una consideración ética y de bienestar del paciente poco explorada en los estudios previos de PROMs.

        4. Diseño Metodológico: Estructura Pedagógica

        4.1 Tipo de estudio y población

        Se trata de un estudio de cohorte prospectivo observacional, sin intervención terapéutica, que sigue durante un año a pacientes con cuatro condiciones crónicas: asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), diabetes tipo 1 y 2, y enfermedad de las arterias coronarias. La población se recluta a través de BARMER, una aseguradora pública alemana que cubre más del 10% de la población del país, lo que aporta al estudio una escala y una representatividad potencial que rara vez se alcanza en investigación sobre PROMs, generalmente limitada a cohortes clínicas de un solo centro asistencial.

        4.2 Tamaño muestral y trayectoria esperada de participación

        La carta de invitación inicial se envía a 200.000 personas aseguradas (50.000 por patología). Sobre la base de experiencia previa con tasas de respuesta a invitaciones de aseguradoras (aproximadamente 30%), y de la proporción esperada de participantes que completan el seguimiento longitudinal completo (alrededor del 40% de los primeros respondedores), el equipo proyecta un conjunto de datos completo para 16.000 participantes al final del año de seguimiento. Esta estimación, explicitada con transparencia en el protocolo, ilustra un principio metodológico central en los estudios poblacionales de salud digital: la atrición esperada debe planificarse desde el diseño, no descubrirse durante la ejecución.

        Etapa de la cohorteDefiniciónProporción esperada
        Todos los pacientesPoblación asegurada por BARMER con la enfermedad crónica de interésPoblación base
        Pacientes invitadosReciben la carta de invitación inicial200.000 (50.000 por enfermedad)
        Primeros respondedoresCompletan el primer período de encuesta y dan consentimiento~30% de invitados
        Participantes habitualesCompletan al menos 3 de los 4 períodos de encuesta~40% de primeros respondedores
        Participantes completosCompletan los 4 períodos trimestralesSubconjunto de habituales

        Cuadro 1. Estructura de subgrupos de la cohorte PROMchronic según estado de respuesta

        4.3 Instrumentos seleccionados: una lección de rigor metodológico

        Uno de los aportes pedagógicamente más valiosos del protocolo es la explicitación de los criterios de selección de instrumentos PROM y PREM, un paso que con frecuencia se omite en otros estudios. Los criterios aplicados fueron: brevedad (máximo 60 ítems por período, 15 minutos de respuesta), disponibilidad validada en alemán, costos de licencia razonables para uso académico (menor a 5.000 dólares), existencia de un sistema de puntuación que permita generar retroalimentación, y cobertura de las dimensiones física, mental y social de la salud combinando instrumentos genéricos y específicos de enfermedad.

        La selección final combina un instrumento genérico —la puntuación de preferencia PROMIS (PROPr), comparable entre todas las enfermedades— con instrumentos específicos por patología: el AIRQ para asma, el CCQ para EPOC, el PAID-5 para diabetes, y el SAQ-7 junto con la Escala de Disnea de Rose para enfermedad coronaria. Para la experiencia del paciente se utiliza el componente de capacidad de respuesta del cuestionario IPHA, validado en pacientes crónicos en Alemania. Esta arquitectura de instrumentos —genéricos para comparabilidad, específicos para sensibilidad clínica— es un patrón replicable para cualquier diseño de evaluación de resultados centrada en el paciente.

        4.4 El marco de valor de la atención: una innovación operativa

        El estudio propone un marco operativo simple y replicable para clasificar la atención según valor: cuando tanto los PROMs como los PREMs de un paciente se ubican en el promedio o por encima (hasta una desviación estándar), se sospecha atención de alto valor; cuando ambos se ubican más de una desviación estándar por debajo del promedio, se sospecha atención de bajo valor. La incorporación posterior de datos de costos, provenientes de los registros de la aseguradora, añade una tercera dimensión que permite distinguir con mayor precisión entre pacientes que reciben atención de bajo valor (peores resultados, mayor costo) y de alto valor (mejores resultados, costo eficiente).

        Valor pedagógico de este marco: La combinación de resultado clínico autoinformado, experiencia del paciente y costo constituye una operacionalización accesible del concepto de Value-Based Health Care, trasladable a otros contextos institucionales y de especialización sin requerir instrumentos de gran complejidad técnica.

        4.5 La intervención de retroalimentación: diseño centrado en el paciente

        Todos los participantes reciben, después de cada período de encuesta a partir del segundo, un informe individual en formato PDF que combina gráficos de línea (evolución temporal de sus propios resultados), comparación visual con un grupo de pares ajustado por enfermedad, sexo y franja etaria, y explicación textual breve. El informe indica explícitamente cuándo los resultados del paciente son peores que los de su grupo de pares, aclarando que esto no necesariamente implica mal estado de salud, y remite al médico tratante como interlocutor natural para discutir los hallazgos. Esta decisión de diseño —combinar gráfico, texto y comparación social, evitando alarmar innecesariamente al paciente— refleja literatura previa sobre comprensibilidad de informes de salud y constituye un ejemplo aplicable a cualquier programa institucional de devolución de resultados a pacientes.

        5. Consideraciones Éticas y de Gobernanza de Datos

        El protocolo fue aprobado por el Comité de Ética de la Charité de Berlín y se ajusta al Reglamento General de Protección de Datos europeo (RGPD). Su arquitectura de gobernanza de datos merece atención pedagógica específica porque resuelve, de forma elegante, una tensión habitual en la investigación con datos de salud: cómo vincular información clínica y de aseguramiento sin comprometer la identidad del paciente.

        • el consentimiento para participar en las encuestas es separado del consentimiento para vincular los datos del seguro médico; este último es opcional y no condiciona la participación en el estudio. Doble consentimiento independiente:
        • la aseguradora BARMER genera los seudónimos siguiendo un estándar universal y es la única entidad capaz de reidentificar a los participantes; los institutos de investigación reciben únicamente datos ya despojados de identificadores. Seudonimización gestionada por un tercero:
        • los participantes pueden retirar su consentimiento en cualquier momento sin justificar el motivo, lo que implica la eliminación completa de sus datos. Retiro sin penalización:
        • los datos seudonimizados se conservan durante el período de análisis (dos años) y posteriormente se archivan por diez años adicionales, siguiendo las recomendaciones internacionales de buenas prácticas en análisis de datos secundarios. Plazos definidos de conservación:

        Este diseño de gobernanza es un modelo replicable para cualquier estudio que busque combinar datos reportados directamente por el paciente con registros administrativos o de aseguramiento, una arquitectura cada vez más relevante en sistemas de salud con historia clínica electrónica y aseguramiento digitalizado, como crecientemente ocurre también en el contexto argentino.

        6. Limitaciones Reconocidas: Una Lección de Honestidad Metodológica

        El protocolo explicita con notable franqueza sus propias limitaciones, una práctica que merece destacarse pedagógicamente porque es infrecuente en la literatura aplicada y constituye, en sí misma, una buena práctica de comunicación científica.

        • los pacientes que eligen participar pueden diferir sistemáticamente de quienes no lo hacen; el reclutamiento masivo y aleatorio a través de la aseguradora busca mitigar, sin eliminar, este riesgo. Sesgo de no respuesta:
        • al estar la encuesta disponible solo en alemán, las personas que no dominan ese idioma —incluidas comunidades migrantes relevantes en Alemania, como hablantes de turco o ruso— quedan excluidas, una limitación que los autores no pudieron resolver por la escasa disponibilidad de instrumentos PROM validados en otros idiomas. Sesgo de idioma:
        • es posible que quienes responden a las encuestas tengan sistemáticamente mejores resultados de salud que quienes no responden, un efecto que no puede evaluarse sin datos comparables de los no respondedores. Sesgo de mejores resultados entre respondedores:
        • la literatura sugiere que el solo hecho de ser monitoreado mediante PROMs puede mejorar los resultados de salud, lo que introduce un factor de confusión difícil de aislar del efecto de la retroalimentación en sí. Efecto del propio monitoreo (efecto Hawthorne):

        7. Implicancias para la Gestión Sanitaria: Lectura Aplicada

        Más allá de su contribución académica específica, PROMchronic ofrece un conjunto de lecciones aplicables a la gestión de organizaciones de salud y al diseño de políticas de calidad asistencial, particularmente relevantes en el contexto de sistemas de salud fragmentados y con aseguramiento múltiple, como el argentino.

        7.1 La medición de valor requiere la voz del paciente

        El estudio demuestra que es metodológicamente posible construir, a partir de instrumentos validados, breves y de bajo costo de licencia, un indicador operativo de valor de la atención que incorpore directamente la perspectiva del paciente, complementando —no reemplazando— los indicadores clínicos y administrativos tradicionales. Esta es una contribución directa a la agenda de reducción de variabilidad injustificada en la práctica médica: los PROMs y PREMs ofrecen una vía adicional, centrada en el paciente, para identificar atención de bajo valor que los indicadores de proceso por sí solos no logran capturar.

        7.2 La escala poblacional es alcanzable con aseguradoras como socio estratégico

        La alianza con una aseguradora de cobertura masiva permite alcanzar una escala de reclutamiento y de vinculación de datos administrativos que ningún estudio clínico unicéntrico podría lograr. Para sistemas de salud con múltiples financiadores —como el argentino, con sus tres subsectores—, este modelo sugiere que las obras sociales y las empresas de medicina prepaga podrían constituir socios estratégicos para programas de medición de resultados reportados por el paciente a escala poblacional, en lugar de limitar estas iniciativas a proyectos institucionales aislados.

        7.3 La retroalimentación al paciente debe diseñarse, no improvisarse

        El cuidado puesto en el diseño del informe de retroalimentación —combinación de gráfico, texto, comparación social y remisión al médico tratante— es trasladable a cualquier iniciativa institucional de devolución de resultados a pacientes, desde programas de gestión de enfermedades crónicas hasta portales de paciente en historia clínica electrónica. La consideración explícita del posible impacto emocional negativo de la retroalimentación es, además, un recordatorio de que medir y devolver información al paciente es una intervención clínica en sí misma, con beneficios y riesgos que deben evaluarse con el mismo rigor que cualquier otra intervención sanitaria.

        7.4 La comparabilidad internacional como objetivo estratégico

        Al alinear deliberadamente su selección de instrumentos con la iniciativa PaRIS de la OCDE, el equipo de PROMchronic posiciona a Alemania para integrarse en el futuro a comparaciones internacionales de desempeño sanitario centradas en el paciente. Esta decisión metodológica —elegir instrumentos no solo por sus propiedades psicométricas sino también por su comparabilidad internacional— es una lección de planificación estratégica de la investigación aplicable a cualquier país, incluida Argentina, que aspire a posicionar su evidencia sanitaria en el concierto de la evaluación comparada internacional.

        8. Síntesis Final

        PROMchronic es, antes que un estudio con resultados ya disponibles, un protocolo de investigación: su valor reside en el diseño metodológico que propone, no todavía en hallazgos concluyentes, dado que la recolección de datos comenzó en octubre de 2023 y los resultados definitivos estaban previstos para 2025. Su contribución conceptual más relevante es demostrar que es posible, con instrumentos breves, validados y de costo razonable, construir a escala poblacional un sistema de medición de resultados y experiencias reportados por el paciente que simultáneamente evalúe la representatividad de la respuesta, identifique atención de bajo valor, y devuelva información útil y comprensible al propio paciente.

        Para la agenda de reducción de variabilidad en la práctica médica, este protocolo aporta una pieza metodológica complementaria a las estrategias clásicas —auditoría clínica, guías de práctica, sistemas de información administrativa—: la incorporación sistemática y a gran escala de la perspectiva del paciente como fuente de evidencia sobre el valor real de la atención recibida. En este sentido, PROMchronic no solo responde preguntas específicas sobre el sistema de salud alemán, sino que ofrece un modelo metodológico replicable para cualquier sistema de salud que busque medir, gestionar y eventualmente reducir la variabilidad de la atención desde la experiencia directa de quienes la reciben.

        Idea central para retener: Los PROMs y PREMs, cuando se recolectan de forma sistemática, validada y a escala poblacional, constituyen una fuente de evidencia sobre el valor de la atención que complementa —y en ciertos aspectos supera— a los indicadores clínicos y administrativos tradicionales, porque capturan aquello que en última instancia importa al sistema de salud: cómo vive el paciente su enfermedad y su atención.

        Referencia. Bibliográfica

        Nikkhah J, Steinbeck V, Grobe TG, Breitkreuz T, Pross C, Busse R. Evaluation of the Use and Benefits of Population-Level Digitally Collected Patient-Reported Outcomes and Experiences in Patients With Chronic Diseases: Study Protocol of the PROMchronic Study. JMIR Res Protoc. 2024;13:e56487. doi:10.2196/56487. Registro: Registro Alemán de Ensayos Clínicos DRKS00031656.

        Las redes sociales como herramienta para la salud pública: Revisión del uso de las redes sociales para la vigilancia de enfermedades, el cambio de comportamiento y el control de la desinformación.

        Víctor C. Okebalama• Onyebuchukwu Eke • Cyprian Okoronkwo • Odutola Odugbemi • Joshua Odeyinka • Cyril Akwuruoha • David Akwuruoha • Christian Ugochukwu • Osinaike Abiodun • Ngozi Adefala • John olawoye • Kehinde Ogunlesi • Chidinma Halliday • Adaeze Alinnor • Oluwatobi Aremu • Charles Odebiyi

        Publicado: 22 de junio de 2026

        Cite este artículo como: Okebalama VC, Eke O, Okoronkwo C, et al. (22 de junio de 2026) Las redes sociales como herramienta para la salud pública: Revisión del uso de las redes sociales para la vigilancia de enfermedades, el cambio de comportamiento y el control de la desinformación. Cureus 18(6): e111303. doi:10.7759/cureus

        Abstract

        Las redes sociales han transformado la comunicación en salud pública, pasando de un enfoque unidireccional a un modelo más interactivo que facilita el debate sobre síntomas, tratamientos y experiencias personales entre pacientes y cuidadores, a menudo sin la participación de profesionales sanitarios. Las agencias de salud pública reconocieron el potencial de las redes sociales para lograr una difusión rápida y rentable, así como retroalimentación en tiempo real, influyendo en las percepciones y comportamientos relacionados con la salud. Sin embargo, esta plataforma también conlleva el riesgo de amplificar la desinformación y las narrativas contradictorias. Más allá de la comunicación, las redes sociales apoyan la vigilancia epidemiológica, influyen en los comportamientos relacionados con la salud y difunden información crucial durante las emergencias, mejorando las respuestas y exigiendo una comunicación de riesgos cuidadosa para evitar confusiones. Se subraya la necesidad de una revisión para analizar el papel de las redes sociales en la promoción de la salud, los riesgos y la integración ética en los sistemas sanitarios, centrándose en su impacto, los métodos utilizados y el equilibrio entre la transparencia y la gestión de la desinformación. Esta revisión tiene como objetivo crear una narrativa basada en la literatura que oriente futuras investigaciones y estrategias de comunicación en salud pública.

        Introducción y antecedentes

        Las redes sociales han transformado la difusión de información sanitaria, pasando de un modelo de comunicación unidireccional a un enfoque interactivo y participativo [1,2] . A principios de la década de 2010, las plataformas de redes personales se convirtieron en espacios para debates extensos sobre salud, permitiendo a pacientes y cuidadores buscar asesoramiento y compartir experiencias sin la participación directa de profesionales sanitarios [1,2] . Este cambio democratizó la información sanitaria, trasladándola más allá de los entornos clínicos [1,2] . Al mismo tiempo, los actores de la salud pública comenzaron a reconocer el potencial de las redes sociales para una difusión rápida y rentable, permitiendo mensajes dirigidos y retroalimentación en tiempo real [1,2] . Sin embargo, si bien las redes sociales pueden amplificar la información precisa, también presentan desafíos al propagar desinformación y narrativas contradictorias [1,3] . Esto ha requerido nuevos marcos para la comunicación y la participación en salud pública [1-3] .

        Las redes sociales han evolucionado más allá de la comunicación básica para desempeñar un papel fundamental en la salud pública al apoyar la vigilancia de enfermedades, influir en los comportamientos de salud y difundir información durante emergencias y situaciones rutinarias [4,5] . El contenido generado por los usuarios en las plataformas se puede analizar para detectar señales tempranas de enfermedades y monitorear las respuestas de la comunidad, particularmente en áreas con sistemas de notificación débiles [4,5] . A nivel conductual, estas plataformas se han utilizado para diseñar y ejecutar campañas de promoción de la salud dirigidas, a menudo utilizando mensajes personalizados, materiales visuales y formatos interactivos que atraen a grupos de edad o contextos culturales específicos [5,6] . Las redes sociales facilitan campañas de promoción de la salud dirigidas a demografías específicas y han demostrado eficacia en la mejora de la conciencia y los comportamientos de salud, como la aceptación de la vacunación [5,6] . Además, las agencias utilizan estas plataformas para compartir actualizaciones oportunas sobre amenazas y respuestas para la salud, empleando diversos formatos para mejorar la comprensión [4,5] . Esto resalta la naturaleza multifuncional de las redes sociales en la salud pública, sirviendo como herramienta de monitoreo y mecanismo de intervención [4-6] .

        El creciente papel de las redes sociales en la salud pública exige una revisión sistemática para evaluar sus aplicaciones, impactos e integración ética en los sistemas de salud [7,8] . Los hallazgos actuales indican que, si bien las redes sociales ayudan en la promoción de la salud, la comunicación de riesgos y la vigilancia, también presentan desafíos como la desinformación y los problemas de privacidad [7,8] . A pesar de la limitada evidencia a largo plazo, las entidades de salud pública están adoptando cada vez más estas plataformas, lo que conlleva el riesgo de estrategias descoordinadas que pueden dañar la confianza pública y reducir la eficacia de los esfuerzos de salud pública [7-9] .

        Esta revisión narrativa se centra en la literatura revisada por pares que examina las plataformas de redes sociales y su impacto en los resultados de salud pública. Explora cómo se utilizan plataformas como Twitter, Facebook, WhatsApp y los canales de video, los métodos analíticos aplicados por los investigadores y las respuestas institucionales a las nuevas oportunidades y desafíos. También se abordan consideraciones éticas como la privacidad, la brecha digital y la representación. Esta revisión narrativa subraya la necesidad de equilibrar el fomento de la transparencia y la participación con la mitigación de la propagación de la desinformación, con el objetivo de fundamentar futuras investigaciones, políticas y estrategias de comunicación en salud pública basadas en evidencia empírica.

        Revisar

        Métodos

        Se realizó una evaluación exhaustiva de la literatura durante 16 meses (del 1 de enero de 2025 al 30 de abril de 2026) utilizando las bases de datos Google Scholar, la Biblioteca Cochrane, PubMed, ScienceDirect y Scopus. Palabras clave como «vigilancia de enfermedades», «salud pública», «redes sociales», «Facebook», «WhatsApp», «plataformas de salud», «comunicación pública», «estrategias», «influencia», «alcance», «difusión», «reforma» y «diseño» se combinaron junto con operadores booleanos (AND, OR) para encontrar publicaciones académicas recientes pertinentes escritas en inglés y para enfocar y refinar los resultados. El conjunto combinado de términos de búsqueda para PubMed es ((«redes sociales»[Todos los campos] O «salud pública»[Todos los campos] ((«redes sociales»[Todos los campos] Y «salud pública»[Todos los campos] ((redes sociales»[Todos los campos] O «vigilancia de enfermedades»[Todos los campos] ((«redes sociales»[Todos los campos] Y «vigilancia de enfermedades»[Todos los campos] ((«Facebook»[Todos los campos] O «salud pública»[Todos los campos] ((«Facebook»[Todos los campos] Y «salud pública»[Todos los campos] ((«WhatsApp»[Todos los campos] O «salud pública»[Todos los campos] ((«WhatsApp «[Todos los campos] Y «salud pública»[Todos los campos] ((«redes sociales»[Todos los campos] O «influencia en la salud»[Todos los campos] ((«redes sociales»[Todos los campos] Y «influencia en la salud»[Todos los campos] ((«redes sociales»[Todos los campos] O «comportamiento de salud» [Todos los campos] Campos] ((«redes sociales»[Todos los campos] Y «comportamiento de salud»[Todos los campos] ((«redes sociales»[Todos los campos] O «comunicación de salud» [Todos los campos] ((«redes sociales» [Todos los campos] Y «comunicación de salud» [Todos los campos] ((«redes sociales» [Todos los campos] O «información de salud» [Todos los campos] ((«redes sociales» [Todos los campos] Y «información de salud» [Todos los campos] ((«redes sociales» [Todos los campos] O «desinformación sobre salud» [Todos los campos] ((«redes sociales»[Todos los campos] Y «desinformación sobre salud»[Todos los campos] ((«Twitter»[Todos los campos] O «salud pública» [Todos los campos] ((«Twitter» [Todos los campos] Y «salud pública» [Todos los campos] ((«redes sociales» [Todos los campos] O «promoción de la salud» [Todos los campos] ((«redes sociales» [Todos los campos] Y «promoción de la salud» [Todos los campos] ((«redes sociales» [Todos los campos] Campos] O «consideraciones éticas» [Todos los campos]) ((«redes sociales» [Todos los campos] Y «consideraciones éticas» [Todos los campos]. Revisiones sistemáticas, publicaciones de consenso académico, investigaciones de referencia y estudios de investigación de cohortes contemporáneos destacados pertinentes a las redes sociales como herramienta para la salud pública,Se priorizaron aspectos como la vigilancia epidemiológica, el cambio de comportamiento y el control de la desinformación sobre su uso. Asimismo, se revisaron manualmente las listas bibliográficas de algunos artículos seleccionados para encontrar referencias adicionales.

        Además, no se realizó ningún metaanálisis sistemático ni síntesis cuantitativa de la evidencia, ya que el objetivo del presente artículo de investigación era proporcionar una evaluación narrativa exhaustiva de las redes sociales como herramienta para la salud pública.

        La evolución de las plataformas de redes sociales y su integración en los sistemas de salud pública.

        Desarrollo inicial de las plataformas de redes sociales y sus primeros usos en salud pública.

        A principios de la década de 2000, antes del auge de las plataformas de redes sociales convencionales actuales, la gente empezó a usar blogs y foros en línea como espacios informales para hablar sobre temas relacionados con la salud [1,2] . Estos primeros entornos digitales permitieron a pacientes, cuidadores y usuarios no profesionales compartir experiencias personales sobre enfermedades, tratamientos y efectos secundarios, a menudo sin supervisión profesional inmediata [1,2] . Con el tiempo, estas plataformas se convirtieron en depósitos de conocimiento anecdótico, donde las personas buscaban tranquilidad, comparaban síntomas e intercambiaban consejos prácticos sobre cómo manejar enfermedades crónicas o navegar por los sistemas de salud [1,2] . Aunque la información compartida a menudo no estaba regulada ni validada formalmente, la naturaleza interactiva de los blogs y foros los diferenciaba de las fuentes unidireccionales como los folletos impresos o los sitios web básicos de salud [1,2] . A medida que se expandió el acceso a internet, estas primeras plataformas sentaron las bases de lo que más tarde se convertiría en ecosistemas de redes sociales más estructurados [1,2] . Los usuarios comenzaron a formar comunidades en torno a condiciones particulares, como la diabetes, la salud mental o las enfermedades raras, donde las narrativas compartidas ayudaron a normalizar las experiencias y reducir los sentimientos de aislamiento [1,2] . Para la práctica de la salud pública, este desarrollo fue significativo porque demostró que la información sanitaria ya no se limitaba a entornos clínicos o canales oficiales; en cambio, se generaba y circulaba en espacios descentralizados impulsados ​​por los usuarios [1,2] . Trabajos posteriores han resaltado cómo estos primeros canales informales prepararon el terreno para una mayor integración de las redes sociales en la comunicación de la salud pública, a medida que las autoridades reconocieron gradualmente la necesidad de interactuar con estos foros digitales emergentes, en lugar de ignorarlos [1,2,10] .

        El paso de la Web 1.0, donde la mayoría de los usuarios eran consumidores pasivos de páginas web estáticas, a la Web 2.0 transformó la forma en que las personas interactuaban con el contenido en línea, incluida la información de salud [3,7] . La Web 2.0 introdujo características como los comentarios, el intercambio y el contenido generado por el usuario, lo que permitió a las personas participar en debates en lugar de simplemente leer información preelaborada [3,7] . En salud pública, esto significó que los mensajes sobre vacunación, estilos de vida saludables o prevención de enfermedades ya no se limitaban a transmisiones unidireccionales; podían ser discutidos, cuestionados y adaptados en tiempo real por los usuarios [3,7] . La naturaleza interactiva de la Web 2.0 también permitió a los usuarios crear redes, unirse a grupos y seguir a expertos, lo que creó nuevas vías a través de las cuales el conocimiento relacionado con la salud podía difundirse y ser reformulado por pares [3,7] . Este cambio tuvo importantes implicaciones para la evolución de la comunicación en salud pública [3,7] . Las primeras revisiones enfatizan que la transición de la entrega de información estática a plataformas participativas amplió el potencial para el diálogo, la retroalimentación y la cocreación de mensajes de salud [3,7] . A medida que las herramientas de redes sociales construidas sobre los principios de la Web 2.0 se generalizaron, las agencias comenzaron a verlas no solo como canales de divulgación, sino también como espacios donde se podía monitorear y abordar el sentimiento, las preocupaciones y los comportamientos del público [3,7] . Análisis posteriores de marcos de comunicación en salud han demostrado que este cambio del monólogo al diálogo requirió nuevas habilidades de escucha, moderación y respuesta, en lugar de simplemente producir contenido [3,7] . De esta manera, la transición de la Web 1.0 a la Web 2.0 marcó un cambio estructural en la relación entre las instituciones de salud pública y el público, preparando el terreno para una integración más profunda de las redes sociales en la práctica [3,7,11] .

        En la década de 2010, las agencias de salud pública comenzaron a experimentar con las redes sociales como parte de las campañas de sensibilización, yendo más allá de los métodos tradicionales de impresión y radiodifusión [5,12] . Estos primeros usos fueron a menudo a nivel piloto o ad hoc, pero demostraron que las plataformas podían llegar a grandes audiencias rápidamente y a un costo relativamente bajo, especialmente para mensajes de salud urgentes [5,12] . Las agencias utilizaron las redes sociales para promover la vacunación, los estilos de vida saludables y la prevención de enfermedades, adaptando el contenido a diferentes grupos de edad y contextos culturales a través de publicaciones cortas, infografías y videos [5,12] . Al rastrear métricas de participación como me gusta, compartidos y comentarios, las instituciones también podían obtener información sobre qué mensajes resonaban más con el público y refinar sus estrategias en consecuencia [5,12] . Al mismo tiempo, estos primeros esfuerzos también destacaron cómo las redes sociales podían apoyar la comunicación bidireccional, permitiendo a las agencias recibir comentarios y aclarar malentendidos en tiempo real [5,12] . Las revisiones sistemáticas de las respuestas de salud pública durante la pandemia de COVID-19 han demostrado que muchas agencias utilizaron estas plataformas para compartir actualizaciones sobre tendencias de casos, medidas preventivas y cambios de políticas, a menudo en varios idiomas y formatos [4,5] . Estas experiencias se basaron en trabajos anteriores que documentaron cómo las redes sociales podían utilizarse para reforzar las actividades rutinarias de promoción de la salud, como las campañas contra el tabaquismo o para la actividad física [5,12] . En conjunto, el uso inicial de las redes sociales para campañas de concienciación marcó un cambio: de tratar los canales digitales como complementos opcionales a tratarlos como componentes integrales de las carteras de comunicación de salud pública [4,5,12] .

        Durante varios brotes de enfermedades infecciosas, los actores de salud pública comenzaron a usar las redes sociales como un canal para compartir información oportuna y coordinar la comunicación con el público [6,13] . En estos primeros casos, las plataformas se usaron para anunciar casos sospechosos, brindar orientación sobre prevención y corregir rumores locales que podrían socavar los esfuerzos de control [6,13] . Debido a que la información en las redes sociales podía propagarse muy rápidamente, las agencias descubrieron que tenían que responder rápidamente a las preguntas emergentes y la desinformación, incluso cuando la investigación formal o la confirmación de laboratorio aún estaban en curso [6,13] . En algunos entornos, particularmente donde los sistemas de notificación formales eran débiles o fragmentados, las discusiones basadas en las redes sociales sirvieron como señales informales de alerta temprana de la actividad de la enfermedad, aunque no siempre estaban integradas sistemáticamente en la vigilancia oficial [6,13] . Un ejemplo notable proviene de la India, donde los grupos de WhatsApp se usaron informalmente para compartir informes de enfermedades sospechosas y coordinar respuestas a nivel comunitario, lo que ilustra cómo las plataformas podrían convertirse en parte de las prácticas de comunicación de brotes locales [14] . Estas experiencias revelaron tanto el potencial como los riesgos de depender de las redes sociales durante los brotes: si bien podían acelerar el flujo de información y facilitar la coordinación, también podían amplificar el miedo, las narrativas contradictorias y las afirmaciones falsas que competían con las directrices oficiales [13,14] . Los documentos de trabajo que evaluaban el uso de las redes sociales en la vigilancia de la salud pública han demostrado que la comunicación inicial de los brotes a menudo carecía de protocolos claros para la verificación, la moderación y la comunicación de riesgos, lo que conducía a una calidad inconsistente de la información [6,13] . Con el tiempo, estos primeros ejemplos de casos ayudaron a dar forma a enfoques más estructurados, en los que las redes sociales se trataron como una herramienta complementaria en lugar de un sistema independiente para la comunicación de brotes [6,13,14] .

        A pesar de la promesa de las redes sociales para la salud pública, su adopción temprana enfrentó varias barreras estructurales y culturales [9,15] . Muchas instituciones carecían de la infraestructura digital, las directrices claras y el personal capacitado necesarios para usar estas plataformas de manera segura y consistente [9,15] . En algunos casos, el personal dudaba en interactuar con las redes sociales debido a preocupaciones sobre la privacidad, la seguridad de los datos y el riesgo de desinformación o críticas públicas [8,15] . Esta reticencia se vio reforzada por la falta de políticas formales sobre cómo publicar, responder a comentarios o gestionar crisis en línea, lo que dio lugar a prácticas inconsistentes entre departamentos y agencias [8,15] . Al mismo tiempo, había una confianza institucional limitada en la fiabilidad de la información generada en las redes sociales, especialmente cuando provenía de fuentes informales o usuarios no verificados [8,9] . Algunos profesionales cuestionaron si los datos de las plataformas podían validarse o integrarse en los procesos formales de toma de decisiones, lo que ralentizó los esfuerzos para incorporar las redes sociales en los flujos de trabajo rutinarios de salud pública [8,15] . Los trabajos de revisión sobre el papel de las redes sociales en la salud han resaltado la necesidad de mejores mecanismos de control de calidad, capacitación y marcos de gobernanza para que estas herramientas pasen del uso experimental a una integración estable a nivel de sistema [8,9] . En entornos con recursos limitados, restricciones adicionales como el acceso poco fiable a Internet, la alfabetización digital limitada y la posesión desigual de dispositivos restringieron aún más el alcance y la eficacia de las primeras intervenciones basadas en redes sociales [9,15] . En conjunto, estas limitaciones demostraron que la disponibilidad tecnológica no era suficiente; la cultura institucional, la infraestructura y la confianza debían evolucionar en paralelo para que las redes sociales se convirtieran en un componente fiable de los sistemas de salud pública [8,9,15] .

        Adopción institucional de las redes sociales por parte de las organizaciones de salud pública

        Con el tiempo, las agencias de salud pública comenzaron a tratar las redes sociales como un elemento central de sus estrategias de comunicación oficiales, en lugar de como una herramienta externa o experimental [4,5] . Muchas organizaciones desarrollaron procedimientos operativos estándar para publicar, responder a comentarios y monitorear discusiones en línea relacionadas con problemas de salud prioritarios [4,5] . Estas estrategias a menudo vincularon las actividades de redes sociales con objetivos de salud pública más amplios, como mejorar las tasas de vacunación, promover estilos de vida saludables o apoyar la preparación para brotes, asegurando que los mensajes digitales estuvieran alineados con los programas fuera de línea [4,5] . Al incorporar las redes sociales en la planificación estratégica, las agencias pasaron de la publicación ad hoc a un uso más coordinado de estas plataformas en diferentes niveles del sistema de salud [4,5] . Paralelamente, las directrices globales y regionales han enfatizado la importancia de integrar las redes sociales en los marcos formales de comunicación de emergencia, especialmente durante eventos de salud a gran escala [4,5] . Las revisiones de las respuestas de salud pública antes y durante la pandemia de COVID-19 han demostrado que las agencias que ya contaban con planes de comunicación en redes sociales estaban mejor capacitadas para compartir actualizaciones oportunas, gestionar las expectativas del público y corregir la desinformación [4,5] . Además, estas organizaciones utilizaron cada vez más análisis para evaluar qué mensajes generaban mayor interacción y qué audiencias eran más difíciles de alcanzar, lo que permitió una comunicación más específica y adaptativa [5,16] . Como resultado, las redes sociales dejaron de ser un canal periférico para convertirse en un componente estructurado de la infraestructura de comunicación de salud pública [4,5,16] .

        Organismos de salud pública mundiales y nacionales como la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han adoptado cada vez más cuentas verificadas en redes sociales para fortalecer su alcance público y credibilidad [1,7] . Estos perfiles verificados ayudan a distinguir las fuentes oficiales de las cuentas informales o potencialmente engañosas, reduciendo el riesgo de que el público confíe en información no autorizada o inexacta [1,7] . Durante emergencias sanitarias, estas organizaciones han utilizado sus cuentas verificadas para compartir actualizaciones sobre tendencias de enfermedades, medidas preventivas recomendadas y cambios de políticas, a menudo en varios idiomas y formatos como vídeos cortos, infografías y publicaciones en formato de hilo [1,7] . Al centralizar la información a través de cuentas de confianza, las agencias buscan crear un punto de referencia consistente al que las personas puedan recurrir cuando busquen orientación fiable [1,7] . Las cuentas verificadas también han permitido a estas organizaciones interactuar directamente con el público, respondiendo preguntas, aclarando ambigüedades y monitoreando el sentimiento público sobre diferentes temas de salud [1,7] . El trabajo sobre marcos de promoción de la salud ha resaltado cómo estas cuentas pueden usarse para construir confianza a largo plazo al proporcionar mensajes claros, consistentes y basados ​​en evidencia a lo largo del tiempo, en lugar de solo durante crisis [3,7] . Al mismo tiempo, estas cuentas deben sortear el desafío de narrativas contrapuestas y desinformación, lo que requiere monitoreo continuo y respuesta rápida cuando aparecen afirmaciones falsas [2,7] . Análisis posteriores de la comunicación de salud basada en redes sociales han demostrado que las cuentas verificadas funcionan mejor cuando son parte de una estrategia más amplia que incluye la colaboración con socios locales y la adaptación a los contextos locales [1,2,7] .

        Para respaldar el creciente papel de las redes sociales, muchas instituciones de salud han establecido unidades dedicadas a la comunicación digital o en redes sociales responsables de planificar, implementar y monitorear las actividades en línea [16,17] . Estas unidades suelen reunir a especialistas en comunicación, analistas de datos y, a veces, científicos del comportamiento para coordinar los mensajes en todas las plataformas y alinearlos con los objetivos de salud pública [16,17] . A menudo desarrollan calendarios de contenido, diseñan materiales visuales y responden a los comentarios del público, asegurando que la comunicación sea coherente, oportuna y responda a los problemas emergentes [16,17] . En algunos casos, los equipos de comunicación digital también trabajan junto con epidemiólogos y comunicadores de riesgos para asegurar que las publicaciones sean científicamente precisas y sensibles al contexto emocional y cultural de la audiencia [16,17] . La creación de dichas unidades refleja el reconocimiento de que la gestión de las redes sociales no es simplemente una tarea técnica, sino una profesión especializada que requiere capacitación y coordinación continuas [17,18] . Las revisiones sobre ética, transparencia y herramientas basadas en IA en la comunicación sanitaria han argumentado que se necesitan estructuras de gobernanza claras para abordar cuestiones como la privacidad, el uso de datos y el potencial del contenido automatizado para amplificar el sesgo o la desinformación [17,18] . En la práctica, las unidades de comunicación digital también han recibido la tarea de monitorear el sentimiento público durante las emergencias, identificar preocupaciones emergentes y ajustar los mensajes para contrarrestar la confusión o la desinformación [17,18] . En conjunto, la institucionalización de estas unidades muestra que las redes sociales han pasado de ser un proyecto secundario para unos pocos empleados entusiastas a una parte integral de la capacidad organizativa para la comunicación en salud pública [16-18] .

        Durante emergencias sanitarias mundiales como la pandemia de COVID-19, las redes sociales se convirtieron en un canal central para la comunicación en salud pública, y las agencias las utilizaron para compartir actualizaciones, directrices y cambios de políticas casi en tiempo real [4,19] . Las plataformas también se utilizaron para corregir la desinformación, aclarar la confusión pública y tranquilizar a las comunidades durante períodos de incertidumbre [4,19] . El trabajo sistemático sobre la comunicación relacionada con la pandemia ha demostrado que las redes sociales permitieron a las agencias llegar a audiencias amplias y diversas rápidamente, particularmente cuando los canales de medios tradicionales eran más lentos o menos accesibles [5,19] . Al mismo tiempo, las mismas plataformas amplificaron narrativas contradictorias, rumores y afirmaciones falsas sobre tratamientos, vacunas y medidas de prevención, lo que requirió que las agencias dedicaran un esfuerzo significativo al monitoreo y la respuesta [4,19] . En respuesta, muchas organizaciones intensificaron el uso de sus cuentas verificadas, coordinaron mensajes en todas las plataformas y colaboraron con socios locales para garantizar la coherencia en los mensajes clave [5,19] . Las revisiones de las respuestas de salud pública relacionadas con la COVID-19 han resaltado cómo las unidades de comunicación digital desempeñaron un papel fundamental en el seguimiento del sentimiento público, la identificación de la desinformación emergente y el ajuste de las estrategias para mantener la confianza [5,19] . Desde una perspectiva institucional, la experiencia de la pandemia aceleró la integración formal de las redes sociales en los marcos de respuesta a emergencias, ya que las agencias reconocieron que la comunicación en línea ya no era opcional, sino un componente central de la gestión de crisis [4,5,19] .

        En los años posteriores a las principales emergencias sanitarias, las agencias de salud pública han recurrido cada vez más a las redes sociales para fomentar la participación ciudadana, responder preguntas y demostrar transparencia [3,12] . Las plataformas permiten a las agencias explicar el razonamiento detrás de las decisiones políticas, compartir datos en formatos más accesibles e invitar a las comunidades a las que sirven a dar su opinión [3,12] . Esto ha ayudado a cambiar la relación entre las instituciones de salud pública y el público, pasando de la difusión unidireccional de información a un diálogo más interactivo, donde los usuarios pueden hacer preguntas, expresar inquietudes y, a veces, participar en la configuración de futuras estrategias de comunicación [3,12] . Al mismo tiempo, las redes sociales se han convertido en una herramienta a través de la cual el público puede exigir responsabilidades a las instituciones, solicitando aclaraciones, coherencia y capacidad de respuesta cuando las directrices parecen poco claras o contradictorias [3,8] .

        Las redes sociales como fuente de datos en tiempo real para la vigilancia de enfermedades y la detección de brotes.

        Contenido generado por el usuario como datos epidemiológicos

        En los últimos años, los investigadores de salud pública han comenzado a tratar las publicaciones en redes sociales como un nuevo tipo de señal epidemiológica, junto con indicadores más tradicionales como los registros clínicos y los informes de laboratorio [4,20,21] . Cuando las personas escriben sobre síntomas, diagnósticos o experiencias relacionadas con la salud en línea, generan rastros digitales que pueden mapearse al tiempo, la ubicación y el idioma, lo que hace que estos rastros sean potencialmente útiles para rastrear la actividad de la enfermedad [20,21] . El contenido generado por el usuario a menudo aparece muy cerca del momento en que comienzan los síntomas, lo que significa que las plataformas pueden capturar lo que las personas sienten y hacen antes de que busquen atención formal o se registren en conjuntos de datos oficiales [20,21] . Esta proximidad temporal ha llevado a algunos analistas a argumentar que las redes sociales pueden actuar como un sistema de alerta temprana, especialmente en entornos donde los sistemas de información de salud son lentos o fragmentados [4,20] . Al mismo tiempo, el contenido de las redes sociales no es un sustituto directo de la confirmación clínica; debe interpretarse junto con otras fuentes de datos [4,20,21] . Estudios sobre informes de síntomas en plataformas han demostrado que las publicaciones pueden reflejar una mezcla de enfermedad confirmada, autodiagnóstico, ansiedad e incluso mala interpretación, lo que introduce incertidumbre en cualquier análisis [20,21] . Sin embargo, cuando se agregan a través de un gran número de usuarios y se combinan con modelos estadísticos, dicho contenido puede revelar patrones, como aumentos en las menciones de tos, fiebre o fatiga a lo largo del tiempo o en regiones particulares, que coinciden con brotes conocidos [4,20,21] . Las revisiones de experiencias de vigilancia de brotes han resaltado que, si bien las redes sociales no pueden reemplazar las pruebas formales, pueden ayudar a identificar áreas donde puede ser necesaria una investigación más intensiva, orientando el despliegue de recursos y alertando a las autoridades sanitarias locales sobre grupos emergentes [4,20,21] .

        Los hashtags y las palabras clave se han convertido en herramientas clave para transformar el contenido no estructurado de las redes sociales en señales significativas para la vigilancia de enfermedades [20-22] . Plataformas como Twitter y servicios de microblogging similares suelen organizar las conversaciones en torno a etiquetas específicas, lo que permite a los analistas aislar las discusiones relacionadas con la salud de las conversaciones en línea más amplias [21,22] . Al identificar términos recurrentes como #gripe, #COVID o combinaciones específicas de ubicación, los investigadores pueden estimar el volumen y la propagación geográfica de las conversaciones relacionadas con enfermedades a lo largo del tiempo [21,22] . En algunos casos, se ha demostrado que estos enfoques basados ​​en palabras clave reflejan o preceden a los aumentos en el número oficial de casos, especialmente durante brotes de enfermedades respiratorias o gastrointestinales [20-22] . Más allá de las palabras individuales, las listas de palabras clave más sofisticadas pueden capturar variaciones en las descripciones de los síntomas, los remedios caseros y las preocupaciones sobre intervenciones específicas, lo que ayuda a refinar las señales extraídas de las redes sociales [20,22] . El trabajo sobre la minería de redes sociales para el monitoreo de la salud pública ha demostrado que los léxicos cuidadosamente seleccionados, a menudo construidos a partir de brotes anteriores o vocabulario clínico local, pueden mejorar la precisión de la detección de brotes y reducir el ruido de temas no relacionados [20,22] . Al mismo tiempo, estos enfoques deben tener en cuenta los usos no médicos de los mismos términos, como referencias metafóricas a enfermedades o contenido comercial no relacionado, que pueden distorsionar la carga aparente de la enfermedad [21,22] . Por lo tanto, la investigación en curso se ha centrado en combinar el seguimiento basado en palabras clave con filtros contextuales, suavizado temporal e integración con datos de vigilancia convencionales para convertir simples recuentos de hashtags en indicadores más robustos de relevancia para la salud pública [20-22] .

        Los datos de salud obtenidos mediante crowdsourcing a través de las redes sociales pueden complementar los sistemas de notificación tradicionales, especialmente en entornos donde la vigilancia rutinaria es lenta, incompleta o geográficamente desigual [20,23,24] . Cuando las personas comparten información sobre enfermedades, exposición o comportamiento de búsqueda de atención médica en línea, contribuyen de manera efectiva a una forma distribuida de monitoreo de enfermedades que no está organizada centralmente, pero que sigue siendo estratégicamente útil [23,24] . En algunos casos, esta información obtenida mediante crowdsourcing ha revelado focos de preocupación que aún no eran evidentes en las estadísticas oficiales, lo que ha impulsado una mayor investigación o intervenciones dirigidas [20,23,24] . Sin embargo, depender de datos obtenidos mediante crowdsourcing también introduce limitaciones importantes [20,23,24] . Las brechas digitales implican que ciertas poblaciones, como los adultos mayores, las comunidades rurales o aquellas con acceso limitado a internet, pueden estar subrepresentadas, lo que puede distorsionar la distribución aparente de la enfermedad [23,24] . Al mismo tiempo, la naturaleza informal del contenido generado por el usuario implica que los autoinformes no siempre son médicamente precisos, y algunas publicaciones pueden confundir síntomas o exagerar la gravedad [20,23] . Por lo tanto, las revisiones de informes de salud basados ​​en redes sociales han enfatizado que estos datos funcionan mejor cuando se tratan como señales complementarias que agregan actualidad y amplitud en lugar de como evidencia independiente [20,23,24] . Cuando se combinan con la vigilancia tradicional, como informes de casos y confirmaciones de laboratorio, las señales de crowdsourcing pueden ayudar a las agencias de salud pública a identificar tendencias emergentes, verificar preocupaciones locales y asignar recursos de manera más eficiente [20,23,24] .

        Una de las ventajas más discutidas de las redes sociales para la vigilancia de enfermedades es su inmediatez en comparación con los sistemas de notificación convencionales [21,23,25] . En muchos entornos, los datos clínicos siguen una cascada de pasos: consulta, pruebas, diagnóstico, notificación y agregación, cada uno de los cuales puede introducir retrasos que reducen la utilidad de la información para fines de alerta temprana [21,23,25] . Las redes sociales, por el contrario, a menudo capturan las experiencias y preocupaciones de las personas cerca del momento en que ocurren, a veces incluso antes del diagnóstico formal, creando un ciclo de retroalimentación más corto entre la enfermedad y la detección [21,25] . Esta ventaja temporal ha sido especialmente relevante durante brotes de rápida evolución, donde incluso unos pocos días de anticipación pueden marcar la diferencia en la contención y la respuesta de salud pública [21,23,25] . Los análisis de los cronogramas de notificación de brotes han demostrado que las señales de las redes sociales pueden surgir antes que los informes oficiales de casos, particularmente en regiones con capacidad de diagnóstico limitada o infraestructura de notificación débil [21,23,25] . Al monitorear el contenido generado por los usuarios, los analistas han podido detectar aumentos sutiles en publicaciones relacionadas con síntomas días antes de que aparezcan en los paneles de vigilancia, lo que sugiere que las plataformas pueden funcionar como un indicador principal de la actividad de la enfermedad [21,23,25] . Sin embargo, este tiempo de anticipación también conlleva el riesgo de falsas alarmas, ya que los picos en la discusión en línea pueden reflejar ansiedad, cobertura mediática o rumores en lugar de aumentos reales en la transmisión de la enfermedad [23,25] . Por lo tanto, las revisiones de los sistemas de vigilancia digital han enfatizado la necesidad de combinar la inmediatez de las redes sociales con pasos de validación rigurosos, como la comparación con datos clínicos y comprobaciones de consistencia espacio-temporal, para garantizar que las señales tempranas sean significativas en lugar de engañosas [21,23,25] .

        Varios estudios de caso han ilustrado cómo las señales tempranas de brotes se han detectado o reforzado a través de las redes sociales, incluso antes de que los sistemas formales las señalaran [4,25,26] . En un ejemplo, se observaron picos en publicaciones relacionadas con síntomas específicos de una ubicación antes de una confirmación oficial de un brote respiratorio, lo que llevó a los equipos locales a intensificar las pruebas y la vigilancia en esas áreas [4,25] . Se han reportado experiencias similares en otros contextos, donde las discusiones a nivel comunitario sobre grupos inusuales de enfermedades o la preocupación por instalaciones específicas coincidieron con eventos confirmados posteriormente [25,26] . Estos ejemplos sugieren que las redes sociales pueden actuar como una capa de «detección», llamando la atención sobre patrones que de otro modo podrían pasar desapercibidos debido a las deficiencias en los informes o la demora en la entrada de datos [4,25,26] . Lo que estos estudios de caso también muestran es que las señales basadas en redes sociales son más útiles cuando están integradas en ecosistemas de vigilancia más amplios en lugar de ser tratadas de forma aislada [4,25,26] . Los trabajos que describen los sistemas de detección de brotes han resaltado cómo las alertas tempranas en las redes sociales a menudo iban seguidas de investigaciones de campo, pruebas de laboratorio y cotejos con los registros hospitalarios para confirmar la presencia de la enfermedad [4,25,26] . En algunos casos, la integración con los sistemas tradicionales permitió a las agencias responder más rápidamente a los grupos emergentes, reduciendo el tiempo entre la preocupación de la comunidad y la acción oficial [4,25,26] . Al mismo tiempo, algunos casos también han revelado las limitaciones de depender de informes informales, por ejemplo, cuando las discusiones en línea reflejaban miedo o desinformación en lugar de brotes reales, lo que refuerza la necesidad de una validación cuidadosa y una interpretación contextual [4,25,26] .

        Integración con los sistemas tradicionales de vigilancia de enfermedades.

        Los métodos epidemiológicos digitales, incluido el monitoreo de redes sociales, se están posicionando cada vez más como un complemento de la vigilancia tradicional en lugar de un reemplazo [23,27] . Los sistemas tradicionales se basan en datos clínicos, informes de laboratorio y encuestas estructuradas, que son relativamente lentos pero estandarizados y confiables, mientras que los enfoques digitales pueden capturar discusiones en tiempo real a nivel comunitario sobre síntomas y preocupaciones de salud en grandes poblaciones [23,27,28] . Al combinar ambos, los equipos de salud pública pueden triangular la información: las señales digitales pueden señalar dónde buscar, y los métodos tradicionales pueden confirmar si se está produciendo un cambio real en la carga de enfermedad [23,27,28] . Esta complementariedad permite a las agencias detectar anomalías tempranas, rastrear el sentimiento público y ajustar las estrategias de comunicación más rápidamente que si solo utilizaran informes convencionales [23,27,28] . En la práctica, este enfoque híbrido se ha utilizado en la detección y predicción de brotes, donde el contenido de las redes sociales se trata como una capa de alerta temprana que desencadena una investigación más detallada utilizando datos clínicos y de laboratorio [23,27,28] . Por ejemplo, cuando el monitoreo digital muestra discusiones inusuales relacionadas con síntomas en una región determinada, las autoridades pueden aumentar las pruebas o realizar encuestas de campo para verificar la situación [23,27,28] . Al mismo tiempo, la integración de métodos digitales y tradicionales requiere una atención cuidadosa a los sesgos en la participación, el acceso desigual a Internet y las preocupaciones éticas sobre la privacidad y la vigilancia [23,28] . En general, la complementariedad entre los dos enfoques refleja un cambio hacia sistemas de vigilancia más pluralistas y multicapa que se basan en múltiples fuentes de información para producir respuestas de salud pública más oportunas y sólidas [23,27,28] .

        Los modelos de vigilancia híbridos que integran datos clínicos con contenido de redes sociales han comenzado a ofrecer una forma más estructurada de incorporar señales digitales a la práctica formal de salud pública [29,30] . Estos modelos suelen utilizar casos confirmados por laboratorio, admisiones hospitalarias y vigilancia sindrómica como núcleo del sistema, mientras que añaden indicadores derivados de redes sociales como una capa adicional que puede ser monitoreada en tiempo real [29-31] . Al alinear marcas de tiempo y unidades geográficas en ambos flujos de datos, los analistas pueden examinar si los aumentos o disminuciones en las publicaciones relacionadas con síntomas corresponden con cambios en los recuentos oficiales de casos y utilizar cualquier discrepancia para orientar una investigación posterior [29-31] . En algunas implementaciones, estos modelos híbridos se han utilizado para rastrear enfermedades infecciosas, monitorear la respuesta pública a las campañas de vacunación o detectar grupos de enfermedades que aún no se reflejan en los informes clínicos [29-31] . Por ejemplo, cuando las redes sociales muestran un aumento repentino de publicaciones relacionadas con síntomas en un área específica, pero los datos clínicos siguen siendo bajos, las agencias pueden investigar un posible subregistro, realizar encuestas de campo rápidas o intensificar la divulgación comunitaria para aclarar la situación [29,30] . Por el contrario, cuando los datos clínicos muestran un aumento de casos, pero las redes sociales muestran poca discusión, las agencias pueden evaluar si las comunidades están desinformadas o utilizan otras plataformas para comunicarse [29,31] . Este tipo de verificaciones ayuda a garantizar que las señales digitales se interpreten junto con evidencia más confiable y estructurada, en lugar de tratarse como prueba aislada de la actividad de la enfermedad [29-31] .

        Los paneles de control y las herramientas de monitoreo en tiempo real se han convertido en elementos centrales para la integración de datos de redes sociales en los flujos de trabajo de vigilancia tradicionales [28,29] . Estas plataformas recopilan información de múltiples fuentes, como informes clínicos, datos de laboratorio y flujos de redes sociales, y la presentan en una única interfaz visual que se puede actualizar continuamente [26,28,29] . Al agregar y mapear contenido relacionado con síntomas, recuentos de casos y tasas de pruebas, los paneles de control permiten a los analistas ver patrones emergentes, rastrear cambios a lo largo del tiempo y comparar diferentes regiones de un vistazo [26,28,29] . Este tipo de visualización en tiempo real respalda una toma de decisiones más rápida, especialmente durante brotes, cuando la información oportuna es crítica [26,28,29] . En la práctica, estas herramientas se han utilizado para monitorear tendencias de enfermedades infecciosas, evaluar la respuesta pública a mensajes de salud e identificar áreas geográficas donde los indicadores digitales divergen de las estadísticas oficiales [26,28,29] . Por ejemplo, cuando un panel de control muestra un aumento repentino en las publicaciones relacionadas con los síntomas junto con un incremento en el número de casos en una región determinada, las agencias pueden priorizar esa área para intervenciones específicas, como pruebas mejoradas, educación comunitaria o asignación de recursos [28,29] . Los paneles de control también pueden ayudar a los equipos a monitorear la desinformación o la preocupación pública, lo que les permite ajustar las estrategias de comunicación en respuesta a los cambios en el sentimiento [26,28,29] . En general, el uso de paneles de control y herramientas de monitoreo representa un avance hacia una integración más operativa de las redes sociales en la vigilancia rutinaria, donde las señales digitales no solo se observan sino que se incorporan activamente al trabajo diario de los equipos de salud pública [26,28,29] .

        A pesar de la promesa de las redes sociales como herramienta de vigilancia, validar los datos que producen sigue siendo un desafío importante [22,24] . A diferencia de los datos clínicos o de laboratorio, que están estandarizados y se recopilan en condiciones controladas, el contenido de las redes sociales se genera de forma voluntaria, a menudo sin un contexto claro, y puede verse influenciado por factores como la cobertura mediática, las bromas o las publicaciones virales que no están directamente relacionadas con la actividad real de la enfermedad [21,22,24] . Esto significa que los picos en las publicaciones relacionadas con los síntomas pueden reflejar una mayor preocupación pública o desinformación en lugar de un aumento real de la enfermedad, lo que dificulta la interpretación de las señales sin una verificación adicional [21,22,24] . La validación también depende de qué tan bien se alinean las señales digitales con las fuentes de datos tradicionales, pero esto no siempre es sencillo [21,22,24] . La participación en las redes sociales es desigual, favoreciendo a las poblaciones más jóvenes, urbanas y con mayor conexión digital, por lo que los datos pueden no ser representativos de toda la población o de los grupos de alto riesgo [21,22,24] . Además, los síntomas autoinformados pueden ser inexactos, exagerados o metafóricos, y algunos usuarios pueden no usar términos relacionados con la salud de la manera que esperan los analistas [21,22,24] . Estos problemas implican que sacar conclusiones firmes solo de los datos de las redes sociales puede ser engañoso y que cualquier señal extraída de estas plataformas debe tratarse como provisional hasta que esté respaldada por evidencia más confiable [21,22,24] . Por estas razones, la literatura sobre vigilancia digital enfatiza constantemente la necesidad de marcos de validación sólidos, métodos transparentes y una estrecha integración con datos clínicos y epidemiológicos para garantizar que los indicadores derivados de las redes sociales sean significativos y confiables [21,22,24] .

        Los organismos gubernamentales e internacionales de salud pública desempeñan un papel crucial en la determinación de cómo y si se adoptan y amplían los sistemas de vigilancia integrados que combinan las redes sociales con los datos tradicionales [23,26,30] . Estas organizaciones tienen la autoridad para establecer estándares, asignar recursos y coordinar esfuerzos transjurisdiccionales, lo cual es esencial para crear infraestructuras de vigilancia coherentes y multicapa que puedan operar en diferentes regiones y países [23,26,30] . En la práctica, la voluntad de los organismos de invertir en herramientas de vigilancia digital, capacitación y marcos de gobernanza a menudo determina la rapidez y la sistemática integración de estos enfoques en la práctica rutinaria de la salud pública [23,26,30] . Varios estudios destacan ejemplos en los que organismos nacionales o mundiales han comenzado a poner a prueba sistemas híbridos, a veces en colaboración con socios académicos, empresas de salud digital o actores de la sociedad civil [23,26,30] . Estos esfuerzos se han centrado en el uso de paneles de control, monitoreo automatizado y protocolos de validación para alinear las señales de las redes sociales con los datos clínicos y epidemiológicos, al tiempo que se abordan los desafíos de privacidad, éticos y técnicos [23,26,30] . Al mismo tiempo, la adopción ha sido desigual, ya que algunas instituciones siguen siendo cautelosas con respecto a la fiabilidad de los datos digitales, el potencial de mal uso o los requisitos de recursos que implica la creación y el mantenimiento de dichos sistemas [23,26,30] . Al establecer directrices claras, apoyar el desarrollo de capacidades y fomentar la colaboración entre sectores, los gobiernos y los organismos internacionales pueden ayudar a garantizar que la vigilancia integrada siga basándose en la evidencia, sea transparente y esté orientada hacia resultados equitativos de salud pública [23,26,30] .

        Enfoques metodológicos para el uso de datos de redes sociales en la vigilancia epidemiológica

        Técnicas de minería de datos y procesamiento del lenguaje natural

        El filtrado por palabras clave es uno de los métodos más básicos pero ampliamente utilizados para extraer contenido relacionado con la salud de grandes volúmenes de datos de redes sociales [21,22] . Cuando los investigadores están interesados ​​en rastrear discusiones relacionadas con enfermedades, comienzan definiendo una lista de términos como nombres de síntomas, etiquetas de enfermedades o nombres de medicamentos y luego escanean las publicaciones en busca de la presencia de estas palabras clave [21,22,32] . Este enfoque permite a los analistas reducir rápidamente grandes cantidades de texto no estructurado a un subconjunto más manejable que probablemente sea relevante, actuando como una primera pasada antes de un análisis más detallado [21,22,32] . La extracción basada en palabras clave es especialmente útil en sistemas de alerta temprana, donde el objetivo es detectar picos inusuales en menciones de términos o frases de salud específicos que pueden señalar preocupaciones emergentes [21,22] . Sin embargo, depender solo de palabras clave introduce varias limitaciones [21,22,32] . El mismo término puede usarse de múltiples maneras: para describir una enfermedad real, para hacer bromas o para referirse a temas no relacionados, lo que puede producir señales falsas si no se verifica con el contexto [21,22,32] . Además, las discusiones relacionadas con enfermedades pueden usar sinónimos, jerga o expresiones locales que no están incluidas en una lista de palabras clave predefinida, lo que lleva a la pérdida de información [21,22,32] . A pesar de estas limitaciones, el filtrado de palabras clave sigue siendo un punto de partida práctico en muchos estudios, particularmente cuando se combina con métodos más avanzados como el aprendizaje automático o el modelado de temas que pueden refinar la selección de contenido relevante y reducir el ruido [21,22,32] .

        El análisis de sentimientos es un método utilizado para evaluar el tono emocional del contenido de las redes sociales, lo que ayuda a los investigadores a comprender cómo el público percibe enfermedades, tratamientos o intervenciones de salud pública específicas [21,32] . Los investigadores aplican algoritmos que clasifican el texto como positivo, negativo o neutral según patrones en el uso de palabras y luego agregan estas clasificaciones en grandes conjuntos de publicaciones [21,32] . Esto les permite ver si las discusiones sobre una enfermedad en particular están dominadas por el miedo, la ira, la esperanza o la confianza, lo que puede ser valioso para diseñar estrategias de comunicación [21,32,33] . Cuando se aplica a temas de salud, el análisis de sentimientos puede revelar cómo cambian las reacciones del público con el tiempo, como cuando surge nueva información, cambian las políticas o surge controversia en torno a una vacuna o tratamiento [21,32,33] . Por ejemplo, un aumento repentino en el sentimiento negativo después de un anuncio público puede indicar confusión o resistencia, lo que lleva a las agencias a ajustar el mensaje o proporcionar aclaraciones adicionales [32,33] . Al mismo tiempo, el análisis de sentimientos no refleja a la perfección la opinión pública, ya que la expresión en línea puede verse influenciada por el humor, el sarcasmo y las comunidades en línea que amplifican las opiniones extremas [21,32,33] . Esto significa que los resultados deben interpretarse con cautela y combinarse con otros tipos de datos, como las respuestas a encuestas o las entrevistas cualitativas, antes de extraer conclusiones contundentes sobre las actitudes de la población [32,33] .

        El modelado de temas es una técnica estadística que permite a los investigadores descubrir estructuras temáticas ocultas en grandes colecciones de publicaciones en redes sociales sin tener que leer cada una manualmente [22,32,34] . Al analizar patrones de coocurrencia de palabras, estos métodos agrupan documentos en clústeres de temas relacionados, cada uno de los cuales representa un tema amplio como vacunación, síntomas, efectos secundarios o experiencias de tratamiento [22,32,34] . Este enfoque es especialmente útil en salud pública porque puede revelar preocupaciones emergentes que no fueron anticipadas por el analista, como nuevas narrativas de efectos secundarios, mitos locales o patrones regionales de miedo e incertidumbre [22,32,34] . En la práctica, los resultados del modelado de temas se utilizan a menudo como un primer paso en el análisis exploratorio, ayudando a los investigadores a decidir qué áreas merecen una atención más detallada [22,32,34] . Por ejemplo, cuando un grupo de publicaciones menciona repetidamente dolor de cabeza y fatiga junto con el nombre de una vacuna específica, esto puede impulsar una investigación más profunda sobre si se está formando una narrativa estructurada en torno a esos síntomas [22,32,34] . Al mismo tiempo, los resultados del modelado de temas son probabilísticos y dependen de la calidad de los datos de entrada, incluyendo cómo se limpian, filtran y preprocesan las publicaciones [22,32,34] . Los modelos también son sensibles a la variación lingüística, por lo que pueden necesitar ser adaptados a diferentes idiomas o contextos culturales para evitar malinterpretar los temas subyacentes [22,32,34] . A pesar de estas limitaciones, el modelado de temas se ha convertido en una herramienta clave para ir más allá del simple recuento de palabras clave hacia una comprensión más matizada de qué temas de salud circulan en los espacios en línea [22,32,34] .

        Los modelos de aprendizaje automático se han vuelto fundamentales para la tarea de clasificar automáticamente qué publicaciones de redes sociales son relevantes para la salud y cuáles pueden tratarse como ruido [22,29,35] . Los investigadores entrenan clasificadores en conjuntos de datos etiquetados donde los anotadores humanos han marcado las publicaciones como relacionadas con enfermedades, no relacionadas con la salud o irrelevantes, lo que permite a los algoritmos aprender patrones que distinguen el contenido genuino de salud de otros tipos de discusión [22,29,35] . Una vez entrenados, estos modelos pueden procesar grandes volúmenes de texto mucho más rápido que los codificadores humanos, lo que los hace indispensables para aplicaciones de vigilancia y monitoreo en tiempo real [22,29,35] . Se pueden utilizar diferentes tipos de modelos según la pregunta de investigación y las condiciones de los datos, incluidos clasificadores basados ​​en reglas, algoritmos de aprendizaje supervisado y enfoques de aprendizaje profundo [22,29,35] . Los modelos supervisados, por ejemplo, pueden optimizarse para reconocer términos específicos del contexto, negaciones y metáforas que cambian el significado de las expresiones relacionadas con la salud, reduciendo los falsos positivos y los falsos negativos [22,29,35] . Al mismo tiempo, estos modelos no son infalibles; dependen en gran medida de la calidad y la representatividad de los datos de entrenamiento, y pueden tener un rendimiento deficiente cuando se aplican a nuevas poblaciones, idiomas o temas emergentes que no estaban presentes en el conjunto de datos original [22,29,35] . Por esta razón, el trabajo actual en epidemiología digital enfatiza la necesidad de un reentrenamiento continuo, validación y una estrecha colaboración entre científicos de datos y expertos en salud pública para garantizar que los modelos de clasificación sigan siendo precisos y significativos [22,29,35] .

        Los grandes conjuntos de datos de redes sociales están inevitablemente llenos de ruido, incluyendo contenido irrelevante, chistes, sarcasmo y discusiones no relacionadas que pueden distorsionar el patrón aparente de actividad relacionada con la salud [21,22,24] . Manejar este ruido es un desafío importante en cualquier intento de usar las redes sociales para la vigilancia, porque las señales cargadas de ruido pueden llevar a falsas alarmas o señales perdidas si no se manejan cuidadosamente [21,22,24] . Por lo tanto, los investigadores combinan múltiples técnicas, como filtrado de palabras clave, clasificación de aprendizaje automático y revisión manual, para eliminar o reducir el peso de las publicaciones que es poco probable que reflejen preocupaciones genuinas de salud [21,22,24] . Las estrategias de reducción de ruido también dependen de cómo están estructurados los datos y qué exige la pregunta de investigación [21,22,24] . Por ejemplo, eliminar publicaciones que contienen solo contenido genérico o comercial, o que están escritas en idiomas que no están en estudio, puede ayudar a enfocar el análisis en intercambios significativos [21,22,24] . En algunos casos, los analistas introducen umbrales de confianza para que solo se incluyan en el análisis final las publicaciones clasificadas como relacionadas con la salud con alta probabilidad, lo que reduce aún más el riesgo de malinterpretar el ruido aleatorio como una señal [21,22,24] . Al mismo tiempo, el sobrefiltrado puede eliminar expresiones genuinas pero inusuales, por lo que la elección de los umbrales debe lograr un equilibrio entre sensibilidad y especificidad [21,22,24] . En general, la literatura sobre vigilancia basada en redes sociales trata el manejo del ruido no como un paso único, sino como un proceso continuo que debe ser transparente, documentado e integrado en el diseño metodológico más amplio [21,22,24] .

        Análisis geoespacial y predictivo en epidemiología digital

        Los datos de redes sociales geoetiquetados se han convertido en una fuente importante de información espacial para mapear cómo las enfermedades pueden estar propagándose por las regiones [23,36] . Las publicaciones que incluyen etiquetas de ubicación permiten a los investigadores asignar contenido relacionado con síntomas o enfermedades a áreas geográficas específicas, como ciudades, distritos o incluso vecindarios más pequeños [23,34,36] . Esta precisión espacial permite a los analistas visualizar dónde las personas informan síntomas inusuales o problemas de salud y cómo estos patrones cambian con el tiempo [23,36] . En la práctica, las publicaciones geoetiquetadas se han utilizado para crear mapas que resaltan grupos de discusiones relacionadas con enfermedades, lo que puede ayudar a los equipos de salud pública a identificar posibles puntos críticos antes de que estas áreas aparezcan claramente en los sistemas de vigilancia tradicionales [23,34,36] . Debido a que los datos geoetiquetados proporcionan información tanto de tiempo como de ubicación, respaldan el análisis espaciotemporal, lo que permite a los investigadores rastrear el movimiento de conversaciones relacionadas con la salud durante días o semanas [23,34,36] . En algunos casos, estos patrones se han alineado con aumentos posteriores en los casos confirmados, lo que sugiere que el contenido de redes sociales con etiquetas de ubicación puede funcionar como una capa de alerta temprana para la propagación de enfermedades [23,34,36] . Sin embargo, la utilidad de los datos geoetiquetados está limitada por la cantidad de usuarios que realmente comparten información de ubicación, que varía entre plataformas, culturas y grupos de edad [23,34,36] . A pesar de esto, cuando se combinan con otras fuentes de datos geográficos, las redes sociales geoetiquetadas pueden ayudar a refinar la resolución espacial de los sistemas de vigilancia y mejorar la focalización de las intervenciones de salud pública [23,34,36] .

        Las técnicas de agrupamiento espacial se han vuelto fundamentales para detectar posibles brotes a partir de datos de redes sociales, al identificar dónde se concentran las publicaciones relacionadas con la salud más de lo esperado por azar [23,27,28] . Estos métodos examinan cómo se distribuye el contenido relacionado con síntomas o enfermedades en el espacio y buscan «puntos críticos» donde la densidad de publicaciones es inusualmente alta, lo que puede indicar actividad de enfermedad emergente o mayor preocupación pública [23,27,28] . Al aplicar algoritmos que miden la dependencia espacial y la significancia del clúster, los investigadores pueden distinguir la variación aleatoria de patrones que requieren una inspección más detallada [23,27,28] . En la práctica, estos enfoques de agrupamiento espacial se han utilizado junto con datos epidemiológicos tradicionales para detectar dónde podrían estar comenzando o intensificándose los brotes [23,27,28] . Por ejemplo, cuando las publicaciones en redes sociales que mencionan síntomas respiratorios muestran un fuerte agrupamiento en una región en particular, los equipos de salud pública pueden priorizar esa área para mejorar las pruebas, las investigaciones de campo o la divulgación comunitaria [23,27,28] . Al mismo tiempo, el rendimiento de estas técnicas depende de la calidad y representatividad de los datos subyacentes, ya que la participación desigual y los sesgos de muestreo pueden distorsionar el patrón aparente de los clústeres [23,27,28] . Cuando se utilizan con cuidado, los métodos de agrupamiento espacial ayudan a convertir el contenido ruidoso de las redes sociales en señales espaciales estructuradas que pueden integrarse en un pensamiento y una toma de decisiones de vigilancia más amplios [23,27,28] .

        Los modelos de series temporales que incorporan datos de redes sociales se han utilizado para pronosticar tendencias de enfermedades al rastrear cómo cambian las discusiones relacionadas con síntomas o enfermedades a lo largo de días o semanas sucesivas [21,28,30] . Los investigadores han aplicado métodos estadísticos y de aprendizaje automático a secuencias de recuentos de redes sociales, como el número de publicaciones que mencionan síntomas o afecciones específicas, y luego han utilizado estas series para predecir niveles de casos futuros o comportamientos relacionados con la salud [21,28,30] . En muchos casos, los cambios en la actividad de las redes sociales han precedido o reflejado de cerca los informes oficiales de casos, lo que sugiere que estos modelos pueden capturar cambios tempranos en la dinámica de la salud pública [21,28,30] . Una ventaja de los enfoques de series temporales es que se pueden calibrar con datos históricos, lo que permite a los analistas evaluar qué tan bien los patrones pasados ​​de las redes sociales predijeron resultados posteriores y luego mejorar sus modelos en consecuencia [21,28,30] . Por ejemplo, durante eventos de enfermedades infecciosas, los modelos han utilizado volúmenes de redes sociales junto con datos clínicos para pronosticar trayectorias de casos a corto plazo, lo que puede informar decisiones sobre asignación de recursos, personal y estrategias de comunicación [21,28,30] . Sin embargo, estas predicciones son tan buenas como los supuestos subyacentes y la estabilidad de la relación entre el comportamiento en redes sociales y la actividad real de la enfermedad [21,28,30] . Cuando factores externos como la cobertura de los medios, los anuncios de políticas o las campañas en línea influyen en lo que publican las personas, la relación puede romperse, lo que requiere una recalibración frecuente y una interpretación cuidadosa de los resultados [21,28,30] .

        Las técnicas de inteligencia artificial (IA) se han integrado cada vez más en los sistemas de predicción de enfermedades que utilizan las redes sociales para mejorar la precisión y la capacidad de respuesta de las predicciones [29-31] . Los modelos de aprendizaje automático entrenados con grandes volúmenes de texto de redes sociales, patrones temporales y, a veces, datos de ubicación pueden identificar relaciones complejas y no lineales entre la actividad en línea y las tendencias de casos futuros, superando a los enfoques estadísticos más simples en algunos entornos [29-31] . Estos sistemas impulsados ​​por IA pueden actualizar automáticamente sus predicciones a medida que llegan nuevos datos, lo que es particularmente útil durante brotes de rápida evolución cuando los responsables de la toma de decisiones necesitan información oportuna [29-31] . En la práctica, los modelos basados ​​en IA se han utilizado para predecir la incidencia de enfermedades infecciosas, anticipar picos en el comportamiento de búsqueda de atención médica y estimar el impacto de las intervenciones de salud pública, a menudo utilizando combinaciones de señales de redes sociales, datos clínicos y variables contextuales como patrones de movilidad o condiciones climáticas [29-31] . Al aprender de eventos pasados, estos sistemas pueden generalizarse a diferentes regiones y entornos, aunque su rendimiento depende en gran medida de la calidad y representatividad de los datos de entrenamiento [29-31] . Los equipos de salud pública pueden entonces usar estos pronósticos para orientar las actividades de preparación, como aumentar la capacidad de pruebas, ajustar las estrategias de comunicación o dirigirse a comunidades específicas [29-31] . Sin embargo, la opacidad de algunos modelos de IA y el riesgo de amplificar los sesgos en la participación en las redes sociales significan que estas herramientas deben validarse de forma transparente y usarse como parte de procesos de toma de decisiones más amplios, liderados por humanos, en lugar de como oráculos opacos u independientes [29-31] .

        A pesar de la promesa del análisis geoespacial, la precisión y cobertura de los datos de ubicación en las redes sociales presentan limitaciones importantes para la vigilancia epidemiológica [21,23,24] . Solo un subconjunto de usuarios comparte publicaciones geoetiquetadas, y muchas plataformas se basan en ubicaciones declaradas por los usuarios o información de grano grueso como ciudad o país, lo que puede representar erróneamente dónde se encuentran realmente las personas [21,23,24] . Esta desigualdad significa que los patrones espaciales derivados de las redes sociales pueden reflejar dónde las personas eligen compartir su ubicación en lugar de dónde se está produciendo realmente la actividad de la enfermedad [21,23,24] . Como resultado, los mapas y clústeres basados ​​en contenido etiquetado con ubicación pueden estar sesgados hacia ciertos grupos de edad, niveles socioeconómicos o áreas urbanas mientras que subrepresentan a las poblaciones rurales, mayores o menos conectadas [21,23,24] . Los problemas de cobertura se ven agravados por el hecho de que la participación en las redes sociales varía entre regiones y culturas, lo que genera una representación geográfica desigual en los datos [21,23,24] . En algunos países o comunidades, la baja penetración de internet o el uso limitado de plataformas específicas pueden significar que la vigilancia basada en la ubicación capture solo una pequeña fracción de la población, lo que reduce la fiabilidad de cualquier inferencia espacial [21,23,24] . Al mismo tiempo, la configuración relacionada con la privacidad y los cambios a nivel de plataforma pueden alterar repentinamente la cantidad de información de ubicación disponible, lo que dificulta garantizar un monitoreo consistente a lo largo del tiempo [21,23,24] . Por estas razones, los estudios enfatizan que la vigilancia basada en la ubicación debe tratarse como una capa parcial y complementaria de información en lugar de una imagen completa de la geografía de la enfermedad y que cualquier hallazgo espacial debe interpretarse junto con fuentes de datos más representativas siempre que sea posible [21,23,24] .

        Eficacia de las redes sociales en el seguimiento y la predicción de las tendencias de las enfermedades infecciosas.

        Evidencia empírica a partir de estudios de casos (influenza, COVID-19)

        Varios estudios empíricos han intentado comparar la concordancia entre los indicadores derivados de las redes sociales y los datos epidemiológicos oficiales de enfermedades infecciosas, en particular la gripe y la COVID-19 [21,37,38] . Estas comparaciones suelen implicar el mapeo de patrones de series temporales de publicaciones relacionadas con síntomas, consultas de búsqueda o hashtags sobre recuentos de casos confirmados por laboratorio, hospitalizaciones o métricas de vigilancia de agencias de salud nacionales o subnacionales [21,37,38] . En muchos casos, los investigadores han encontrado correlaciones de moderadas a fuertes entre las señales digitales y las estadísticas convencionales, lo que sugiere que las redes sociales pueden capturar aspectos de la actividad de la enfermedad incluso cuando no capturan todos los casos [21,37,38] . Sin embargo, la fuerza de esta concordancia tiende a variar según el contexto, la enfermedad y la plataforma [21,37,38] . Por ejemplo, durante algunas temporadas de influenza, los picos en redes sociales de contenido relacionado con síntomas ocurrieron poco antes o al mismo tiempo que los aumentos oficiales en las visitas ambulatorias o los informes de laboratorio, mientras que en otros contextos la correspondencia fue más débil o más tardía [21,37,38] . De manera similar, durante partes de la pandemia de COVID-19, ciertos países mostraron vínculos más claros entre las discusiones en línea y las trayectorias de casos confirmados que otros, probablemente debido a diferencias en la capacidad de pruebas, el uso de redes sociales y las prácticas de comunicación de salud pública [21,37,38] . En general, estos estudios comparativos sugieren que los datos de redes sociales no son ni un espejo perfecto ni un indicador independiente confiable, sino más bien una fuente suplementaria que puede enriquecer la comprensión de las tendencias de las enfermedades infecciosas cuando se usan junto con los resultados de vigilancia tradicionales y se validan con ellos [21,37,38] .

        Twitter ha sido una de las plataformas más estudiadas para predecir las tendencias de la gripe, debido a su flujo público y en tiempo real y la relativa facilidad para recopilar y analizar su contenido [21,37,39] . Los investigadores han utilizado tweets que mencionan síntomas como tos, fiebre o términos específicos de enfermedades, junto con hashtags como «gripe» o «influenza», para rastrear cómo aumenta y disminuye la discusión pública sobre la enfermedad a lo largo del tiempo [21,37,39] . Al aplicar técnicas de procesamiento del lenguaje natural y aprendizaje automático, los analistas han podido filtrar publicaciones irrelevantes y clasificar el contenido restante según su probable relevancia para la salud, generando indicadores de series temporales que pueden compararse con los datos oficiales de vigilancia de la gripe [21,37,39] . En la práctica, varios estudios han demostrado que los índices basados ​​en Twitter pueden capturar patrones de gripe estacional con una precisión razonable, a veces detectando picos ligeramente antes que los sistemas de informes tradicionales [21,37,39] . Esta ventaja de inmediatez ha hecho que Twitter sea atractivo como una capa de información en tiempo real que puede complementar los recuentos de casos confirmados por laboratorio y las redes de vigilancia centinela [21,37,39] . Por ejemplo, cuando la actividad en redes sociales sobre síntomas similares a la gripe aumenta en una región determinada, los equipos de salud pública pueden interpretar esto como una señal de que la actividad local de la enfermedad puede estar aumentando y responder reforzando la vigilancia, aumentando las pruebas o ajustando las campañas de vacunación [21,37,39] . Al mismo tiempo, estos modelos no están exentos de errores, y la correspondencia entre las señales derivadas de Twitter y los datos clínicos puede debilitarse en entornos con baja penetración de Twitter, altos niveles de ruido o campañas que alteran la forma en que las personas hablan sobre la enfermedad en línea [21,37,39] . A pesar de estas limitaciones, la evidencia sugiere que la predicción de tendencias basada en Twitter se ha convertido en un componente útil, aunque provisional, de los marcos modernos de vigilancia de la gripe [21,37,39] .

        Durante la pandemia de COVID-19, las señales digitales de las redes sociales y plataformas relacionadas se utilizaron cada vez más para rastrear las tendencias de casos y las respuestas públicas en tiempo real [25,37,40] . Investigadores y equipos de salud pública han analizado publicaciones que mencionan síntomas, resultados de pruebas, medidas de cuarentena y experiencias de vacunación para mapear dónde se concentraban la preocupación y la discusión relacionada con la enfermedad [25,37,40] . En muchos casos, los picos en dicho contenido han coincidido con o precedido a los informes oficiales de aumento de casos, lo que sugiere que las discusiones en línea pueden funcionar como una capa temprana de conocimiento de la situación incluso cuando la información formal es tardía o incompleta [25,37,40] . Estas señales digitales también se han utilizado para comprender cómo cambiaron el sentimiento y el comportamiento del público durante diferentes fases de la pandemia, incluidos los confinamientos, el despliegue de la vacunación y la aparición de nuevas variantes [25,37,40] . Por ejemplo, los aumentos en las publicaciones que expresan ansiedad, frustración o incertidumbre a menudo coincidieron con períodos de cambio de políticas o aumento en el número de casos, lo que indica que el contenido en línea puede reflejar las dimensiones psicológicas y sociales del brote, así como su trayectoria clínica [25,37,40] . En algunos contextos, los analistas han combinado indicadores derivados de las redes sociales con datos de movilidad, consultas de búsqueda y registros clínicos para construir modelos más holísticos de la dinámica de transmisión y los patrones de respuesta pública [25,37,40] . Sin embargo, la interpretación de estas señales requiere cuidado, porque no todas las publicaciones describen una enfermedad real, y factores como la cobertura mediática o las campañas de desinformación pueden inflar artificialmente la discusión sin cambios correspondientes en la carga real de la enfermedad [25,37,40] . En general, la experiencia con COVID-19 muestra que las señales digitales pueden respaldar una vigilancia más receptiva y rica en contexto, pero deben usarse junto con, y validarse con, datos epidemiológicos más estructurados [25,37,40] .

        El registro empírico de la predicción de enfermedades infecciosas basada en redes sociales incluye tanto éxitos notables como fracasos claros, lo que pone de relieve las fortalezas y limitaciones de estos enfoques [21,41,42] . Algunos estudios han demostrado que los modelos cuidadosamente diseñados pueden pronosticar las tendencias de la influenza o la COVID-19 con una precisión razonable al combinar publicaciones relacionadas con síntomas, datos de búsqueda y algoritmos de aprendizaje automático, superando a menudo a los puntos de referencia más simples o incluso capturando picos ligeramente antes que los informes oficiales [21,41,42] . En estos casos, los modelos generalmente se basaban en datos de entrenamiento de alta calidad, definiciones claras de términos relevantes y una estrecha alineación entre los períodos de vigilancia digital y tradicional [21,41,42] . Sin embargo, otras experiencias han demostrado que los mismos métodos pueden fallar cuando se aplican a diferentes contextos, enfermedades o ventanas de tiempo [21,41,42] . Los modelos que funcionaron bien durante una temporada de influenza a veces han tenido un rendimiento inferior en la siguiente, y los índices que se correlacionaron fuertemente con los casos de COVID-19 en un país han mostrado relaciones más débiles o inconsistentes en otros lugares [21,41,42] . Estas inconsistencias surgen porque el comportamiento en las redes sociales está influenciado por muchos factores más allá de la actividad de la enfermedad, incluidos los mensajes de salud pública, la cobertura de los medios y la dinámica específica de la plataforma [21,41,42] . En algunos casos, los algoritmos que clasifican erróneamente las publicaciones o malinterpretan el contexto han llevado a sobreestimaciones o subestimaciones de la carga de la enfermedad, reduciendo la utilidad de las predicciones [21,41,42] . La lección de estos resultados mixtos es que los modelos de predicción construidos en las redes sociales deben tratarse como hipótesis dependientes del contexto en lugar de herramientas universales y que sus resultados deben validarse continuamente con datos clínicos y ajustarse a medida que se dispone de nueva información [21,41,42] .

        Las comparaciones entre países de la vigilancia basada en redes sociales han revelado diferencias importantes en la eficacia con la que las señales digitales pueden monitorear las tendencias de las enfermedades infecciosas [37,39,40] . En países de altos ingresos con una fuerte penetración de internet y sistemas de vigilancia establecidos, las redes sociales a menudo funcionan bien como una capa suplementaria o de alerta temprana porque el uso de la plataforma es generalizado y relativamente estable [37,39,40] . En algunos de estos entornos, las correlaciones entre las publicaciones relacionadas con los síntomas y los recuentos oficiales de casos han sido lo suficientemente fuertes como para justificar la integración de indicadores digitales en los marcos de monitoreo rutinario [37,39,40] . Por el contrario, en países de ingresos bajos y medios, los mismos métodos a veces han producido resultados más débiles o más variables debido a las diferencias en el acceso a internet, el uso de redes sociales, la diversidad lingüística y la estructura de los sistemas de información sanitaria [37,39,40] . Por ejemplo, cuando solo una pequeña proporción de la población usa ciertas plataformas o cuando coexisten múltiples plataformas con diferentes perfiles de usuario, las señales derivadas de las redes sociales pueden no reflejar a la población en general y pueden introducir sesgos en las estimaciones [37,39,40] . Además, las diferencias en cómo las personas hablan sobre la enfermedad, cómo los gobiernos comunican el riesgo y cómo se organiza la vigilancia tradicional pueden influir en la medida en que las discusiones en línea coinciden con los patrones oficiales de la enfermedad [37,39,40] . Estas variaciones entre países muestran que la efectividad depende en gran medida del contexto y que los modelos desarrollados en un país o entorno no pueden transferirse automáticamente a otro sin una cuidadosa adaptación y validación local [37,39,40] .

        Precisión, fiabilidad y validez de las predicciones basadas en redes sociales.

        Las predicciones basadas en redes sociales a menudo se ven socavadas por falsos positivos y la propagación de desinformación, lo que puede distorsionar el patrón aparente de actividad de la enfermedad [21,22,43] . Las publicaciones que exageran los síntomas, imitan narrativas de enfermedades con fines humorísticos o se hacen eco de rumores virales pueden crear picos artificiales en el contenido relacionado con los síntomas que no corresponden a aumentos reales en la carga de la enfermedad [21,22,43] . Cuando estas publicaciones se tratan como señales brutas, los modelos resultantes pueden sobreestimar la escala o el momento de los brotes, lo que lleva a decisiones mal informadas sobre la asignación de recursos o la comunicación pública [21,22,43] . En algunos casos, las campañas de desinformación en torno a vacunas, tratamientos o medidas de prevención también han alterado la forma en que las personas hablan sobre la enfermedad, lo que complica aún más la interpretación de las discusiones en línea [22,43] . Al mismo tiempo, la forma en que los algoritmos y las características de la plataforma dan forma a la visibilidad del contenido puede amplificar ciertos tipos de publicaciones mientras margina a otras, creando una imagen sesgada de lo que está sucediendo en el mundo real [21,22,43] . Los sistemas de detección automatizados pueden tener dificultades para distinguir entre informes de salud genuinos e ironía, exageración o contenido especulativo, especialmente cuando dependen en gran medida de palabras clave en lugar de un análisis contextual más profundo [21,43] . Esto significa que la precisión de las predicciones basadas en redes sociales a menudo depende tanto de la calidad de los métodos de filtrado e interpretación como del volumen de datos en sí [21,22,43] . Como resultado, muchos investigadores argumentan que las señales de las redes sociales deben tratarse como una capa ruidosa e imperfecta que requiere una limpieza, validación y verificación cruzada cuidadosas con fuentes más confiables en lugar de como una medida directa de la actividad de la enfermedad [21,22,43] .

        Otra limitación importante de las predicciones basadas en redes sociales es el sesgo introducido por la participación digital desigual y la demografía [21,24,39] . Las plataformas tienden a ser utilizadas más por poblaciones más jóvenes, urbanas y con mayor nivel educativo, mientras que los adultos mayores, las comunidades rurales y las personas con acceso limitado a internet están subrepresentadas o ausentes de los datos [21,24,39] . Cuando los modelos se basan únicamente en las redes sociales, ignoran o subestiman las experiencias de salud de esos grupos, lo que lleva a estimaciones que pueden no reflejar la verdadera distribución de la enfermedad en la población [21,24,39] . En la práctica, este sesgo puede significar que las redes sociales muestren señales fuertes en ciertas regiones o grupos de edad, pero señales débiles o nulas en otros, incluso cuando la actividad de la enfermedad es similar o incluso mayor en las áreas subrepresentadas [21,24,39] . Por ejemplo, un aumento repentino de publicaciones relacionadas con síntomas en una ciudad puede ser muy visible, mientras que un brote más grave en un área rural con baja penetración de internet puede pasar desapercibido en el registro digital [21,24,39] . Este tipo de sesgo no solo reduce la fiabilidad de las predicciones, sino que también puede reforzar las desigualdades sanitarias existentes al dirigir la atención y los recursos hacia las poblaciones con mayor visibilidad digital, mientras se descuida a las que están menos conectadas [21,24,39] . Para abordar esto, algunos estudios han propuesto enfoques de métodos mixtos que combinan las redes sociales con fuentes de datos más tradicionales, como encuestas comunitarias o informes clínicos, para garantizar que los modelos sean lo más representativos y equitativos posible [21,24,39] .

        Debido a que los datos basados ​​en redes sociales son inherentemente ruidosos e incompletos, la validación con datos clínicos se ha convertido en una parte central de la evaluación de su fiabilidad [29,38,44] . Los investigadores han utilizado recuentos de casos confirmados por laboratorio, admisiones hospitalarias y otras formas de sistemas estructurados de información sanitaria para probar si las señales digitales se corresponden con las tendencias reales de la enfermedad a lo largo del tiempo [29,38,44] . Se han utilizado comprobaciones de correlación, análisis de desfase temporal y procedimientos de validación cruzada para determinar qué tan estrechamente se alinean las publicaciones relacionadas con los síntomas o los patrones de búsqueda con los aumentos o disminuciones observados en los casos, lo que permite a los analistas calibrar sus modelos e identificar períodos en los que el registro digital es más informativo [29,38,44] . En algunos estudios, este tipo de validación ha revelado que los indicadores derivados de las redes sociales funcionan bien para ciertas enfermedades o períodos, pero mal para otros, dependiendo de cómo las personas realmente usan las plataformas y cómo está organizado el sistema de salud [29,38,44] . Por ejemplo, los indicadores pueden rastrear la influenza o las enfermedades respiratorias con precisión en entornos donde la discusión en línea refleja las consultas del mundo real, pero pueden tener un rendimiento inferior en contextos donde las personas rara vez publican sobre salud o donde los datos clínicos están retrasados ​​o incompletos [29,38,44] . La validación también ha ayudado a descubrir sesgos y artefactos, como picos impulsados ​​por la cobertura de los medios en lugar de la enfermedad real, lo que muestra que la relación entre el contenido en línea y la actividad de la enfermedad depende del contexto en lugar de ser universal [29,38,44] . En general, el uso de datos clínicos como referencia subraya que las predicciones basadas en redes sociales no son herramientas de autovalidación, sino hipótesis que deben ser continuamente probadas y refinadas con fuentes de evidencia más confiables [29,38,44] .

        La fiabilidad estadística de los modelos predictivos basados ​​en redes sociales ha sido un foco principal de trabajos recientes, ya que los investigadores intentan determinar si los patrones que detectan son estables y reproducibles en lugar de ruido aleatorio [41,42,45] . Muchos estudios han utilizado métricas de rendimiento estándar como coeficientes de correlación, error absoluto medio y error cuadrático medio para evaluar qué tan cerca coinciden los resultados del modelo con las tendencias de la enfermedad observadas y para comparar diferentes enfoques de modelado [41,42,45] . Cuando estas métricas son fuertes y consistentes en múltiples ventanas de tiempo y configuraciones, sugieren que las relaciones subyacentes entre las señales digitales y la actividad de la enfermedad son lo suficientemente robustas como para respaldar predicciones significativas [41,42,45] . Sin embargo, otros estudios han demostrado que los mismos modelos pueden tener un rendimiento muy diferente en diferentes contextos, lo que plantea dudas sobre su generalización [41,42,45] . Por ejemplo, un algoritmo que se ajusta bien a los datos de influenza en un país o temporada puede no capturar los mismos patrones en otro, a menudo debido a cambios en cómo las personas usan las redes sociales, cómo hablan sobre la enfermedad o cómo el sistema de salud informa los casos [41,42,45] . En algunos casos, el sobreajuste a los datos de entrenamiento ha llevado a un alto rendimiento en períodos históricos pero una precisión deficiente cuando se aplica a nuevos brotes, lo que resalta la necesidad de pruebas rigurosas fuera de la muestra y actualizaciones regulares del modelo [41,42,45] . Estos hallazgos sugieren que la confiabilidad estadística debe evaluarse no solo en términos de precisión puntual sino también en términos de qué tan bien los modelos se transfieren a través de entornos y tiempo y qué tan transparentes y reproducibles son sus métodos [41,42,45] .

        Un debate central en la literatura se refiere a si los métodos basados ​​en redes sociales deberían reemplazar o simplemente complementar los sistemas de vigilancia tradicionales [37,44,46] . Algunos autores argumentan que la velocidad y amplitud de los datos digitales los hacen particularmente adecuados para la alerta temprana y el conocimiento de la situación en tiempo real, y que eventualmente podrían asumir una mayor proporción de la carga de trabajo de vigilancia, especialmente en entornos bien conectados [37,44] . Otros advierten que las limitaciones de los datos en línea, como el sesgo, el ruido y la cobertura incompleta, significan que es mejor tratarlos como una capa adicional en lugar de un sustituto de los informes clínicos y de laboratorio [24,44,46] . Esta segunda perspectiva ve las redes sociales como una herramienta que puede señalar dónde buscar, guiar la asignación de recursos y refinar las estrategias de comunicación, pero no como una base independiente para las decisiones políticas [37,44,46] . En la práctica, muchos estudios recientes respaldan un enfoque de métodos mixtos, en el que las señales derivadas de las redes sociales desencadenan una investigación más detallada utilizando métodos tradicionales y donde se aprovechan las fortalezas de cada sistema en combinación [37,44,46] . Por ejemplo, un aumento inusual en las publicaciones relacionadas con los síntomas podría impulsar un aumento de las pruebas, encuestas de campo o una recopilación intensiva de datos en un área determinada, lo que permite a las agencias confirmar si se está produciendo un brote real y caracterizar su escala y gravedad [24,37,44] . Este tipo de flujo de trabajo trata los datos digitales y tradicionales como complementarios, y cada uno llena las lagunas en la cobertura y el momento del otro [37,44,46] . El debate actual refleja, por lo tanto, una tensión más amplia entre la promesa de herramientas digitales rápidas y escalables y la necesidad de una vigilancia precisa, estandarizada y equitativa en la que puedan confiar los responsables políticos, los profesionales de la salud y el público [37,44,46] .

        Las redes sociales como herramienta para promover el cambio de comportamiento en materia de salud y las intervenciones de salud pública.

        Campañas digitales para la promoción de la salud y la prevención de enfermedades.

        Las redes sociales se han convertido en un canal clave para las campañas de vacunación, permitiendo a las agencias de salud pública y a los grupos de defensa llegar a grandes y diversas audiencias de forma rápida y a un coste relativamente bajo [2,47] . Estas plataformas permiten compartir información sobre la seguridad, la eficacia y los calendarios de vacunación en formatos accesibles y compartibles, como publicaciones cortas, infografías y vídeos cortos [2,47] . En muchos contextos, los programas nacionales de inmunización han utilizado las redes sociales para promover campañas de vacunación de recuperación, abordar las dudas y contrarrestar la desinformación sobre vacunas específicas [2,47,48] . Las campañas también han utilizado las redes sociales para crear espacios interactivos donde los usuarios pueden hacer preguntas, recibir respuestas personalizadas y observar cómo otros hablan sobre sus experiencias con la vacunación [47,48] . La participación en estas campañas suele aumentar cuando los mensajes se formulan en un lenguaje local y comprensible, y cuando voces de confianza, como profesionales de la salud o líderes comunitarios, dan su respaldo [2,47,48] . Al mismo tiempo, la propagación de desinformación relacionada con las vacunas en las mismas plataformas ha hecho necesario que estas campañas sean proactivas, transparentes y receptivas, abordando las preocupaciones a medida que surgen en lugar de esperar a que los rumores se consoliden [2,48] . En general, las redes sociales han transformado la promoción de la vacunación, pasando de un intercambio unidireccional de información a un proceso de comunicación bidireccional más dinámico que puede tanto educar como escuchar las preocupaciones del público [2,47,48] .

        Las redes sociales también se han utilizado ampliamente para promover la higiene básica y otros comportamientos preventivos, especialmente durante brotes de enfermedades infecciosas como la COVID-19 o enfermedades respiratorias estacionales [48-50] . Las plataformas han difundido mensajes sobre el lavado de manos, el uso de mascarillas, el distanciamiento y otras acciones que pueden reducir la transmisión, a menudo utilizando un lenguaje sencillo y orientado a la acción, y elementos visuales claros [48-50] . En algunos casos, las campañas han combinado estos mensajes con recordatorios sobre los síntomas y orientación sobre cuándo buscar atención médica, reforzando la idea de que el comportamiento individual está vinculado a la seguridad de la comunidad en general [48-50] . La interactividad de las redes sociales permite que estos mensajes se adapten a diferentes audiencias y se moldeen a partir de la retroalimentación pública [48,49] . Por ejemplo, cuando los usuarios expresan confusión sobre medidas particulares o informan de obstáculos para seguirlas, las publicaciones posteriores pueden aclarar u ofrecer consejos prácticos, como formas de lavarse las manos en entornos con agua limitada o cómo ajustar las mascarillas cómodamente [48-50] . Al mismo tiempo, las campañas digitales también han tenido que lidiar con narrativas contrapuestas, como bromas, escepticismo o rechazo absoluto de las medidas preventivas, lo que puede diluir el impacto de los mensajes oficiales [48-50] . Por lo tanto, los actores de la salud pública se han esforzado por hacer que el contenido de promoción de la higiene sea atractivo, cercano y culturalmente sensible, utilizando formatos que fomenten el intercambio y la repetición dentro de las redes [48-50] .

        El contenido visual y la narración de historias han jugado un papel central para hacer que las campañas de promoción de la salud en las redes sociales sean más atractivas y memorables [48,51] . Los videos, las infografías y las publicaciones ilustradas permiten a los usuarios comprender información compleja rápidamente y a menudo tienen más probabilidades de ser compartidas que los mensajes con mucho texto [48,51] . En muchos casos, las campañas han utilizado narrativas de video cortas, testimonios y escenarios dramatizados para mostrar cómo se pueden incorporar comportamientos preventivos en la vida cotidiana, haciendo que los consejos de salud abstractos se sientan más concretos y alcanzables [48,49,51] . Estos enfoques narrativos también ayudan a humanizar los mensajes de salud al presentar a personas reales, familias o trabajadores de la salud que describen sus experiencias y motivaciones para adoptar ciertos comportamientos [48,49,51] . Tales historias pueden reducir el estigma, normalizar la búsqueda de ayuda y alentar a otros a seguir prácticas similares al mostrar que «personas como ellos» ya lo están haciendo [48,49,51] . Además, el contenido visual se puede adaptar a diferentes plataformas, audiencias e idiomas, lo que permite que las campañas mantengan un mensaje central coherente al tiempo que adaptan el estilo y el tono a los contextos locales [48,49,51] . La evidencia sugiere que las publicaciones que combinan imágenes claras con mensajes sencillos basados ​​en historias a menudo logran un mayor alcance y participación, lo que puede amplificar la difusión de información preventiva dentro de las redes sociales [48,49,51] .

        Las campañas digitales se han centrado cada vez más en ofrecer mensajes dirigidos a grupos de población específicos, reconociendo que diferentes audiencias pueden responder a diferentes enfoques y canales [47,50,51] . Las plataformas de redes sociales permiten a las agencias segmentar audiencias por edad, ubicación, intereses o idioma, lo que les permite diseñar contenido más relevante para comunidades particulares [47,50,51] . Por ejemplo, las campañas de vacunación o higiene dirigidas a adultos jóvenes suelen utilizar lenguaje informal, memes o referencias a música popular, mientras que las dirigidas a padres pueden enfatizar la seguridad infantil y el bienestar familiar [47,50,51] . En algunos contextos, las campañas también se han adaptado para llegar a poblaciones vulnerables o desatendidas, como adultos mayores, comunidades rurales o grupos minoritarios, utilizando idiomas locales, imágenes culturalmente familiares y figuras comunitarias de confianza como mensajeros [47,50,51] . Estos enfoques dirigidos pueden ayudar a abordar preocupaciones específicas, como la desconfianza en las instituciones, el acceso limitado a los servicios o las prioridades contrapuestas en la vida diaria [47,50] . La evidencia sugiere que cuando los mensajes se adaptan a las realidades y valores vividos de un grupo en particular, es más probable que sean notados, comprendidos y puestos en práctica [47,50,51] . Sin embargo, la selección del público objetivo debe hacerse con cuidado para evitar estigmatizar a cualquier grupo o reforzar estereotipos dañinos, y debe guiarse por la consulta con las comunidades a las que se pretende llegar [47,50] .

        La efectividad de las campañas de promoción de la salud basadas en redes sociales se evalúa a menudo utilizando métricas de participación como me gusta, compartidos, comentarios y visualizaciones junto con indicadores más tradicionales de cambio de comportamiento [47,48,52] . Una alta participación sugiere que el contenido ha llegado y resonado con los usuarios, pero no significa automáticamente que las personas hayan cambiado sus comportamientos o creencias [47,48,52] . En la práctica, los estudios han utilizado estas métricas para comparar diferentes tipos de publicaciones, mensajes o formatos visuales, identificando qué combinaciones generan el mayor alcance e interacción [47,48,52] . Sin embargo, trabajos recientes también han resaltado las limitaciones de depender únicamente de las métricas de participación, porque pueden reflejar más popularidad que impacto [47,48,52] . Una publicación puede volverse viral porque es entretenida o controvertida, incluso si no transmite información de salud precisa o conduce a mejores resultados [47,48,52] . Para abordar esto, algunas evaluaciones han combinado datos de participación digital con datos de encuestas, registros clínicos u otras fuentes para evaluar si el aumento de la actividad en línea se corresponde con cambios en el conocimiento, las actitudes o las prácticas de salud [47,48,52] . Estos enfoques de métodos mixtos permiten a las campañas distinguir entre lo que simplemente «gusta» y lo que realmente contribuye a los objetivos de salud pública [47,48,52] .

        Teorías del comportamiento aplicadas a las intervenciones en redes sociales

        El Modelo de Creencias en Salud se ha utilizado frecuentemente como marco para diseñar campañas en redes sociales dirigidas a fomentar comportamientos de salud preventiva [2,49,50] . Según este modelo, las personas son más propensas a actuar si creen estar en riesgo, perciben la gravedad del problema, esperan un beneficio al actuar y sienten que las barreras para la acción son manejables [2,49,50] . En las campañas digitales, estos conceptos a menudo se traducen en mensajes que resaltan el riesgo personal, las consecuencias de la inacción y los pasos alcanzables que se pueden tomar, como la vacunación, las pruebas de detección o los cambios en el estilo de vida [2,49,50] . Al utilizar historias con las que el público se identifique y contenido visual, los profesionales intentan aumentar la percepción de susceptibilidad y gravedad, al tiempo que ofrecen soluciones prácticas que reducen las barreras percibidas [2,49,50] . Los investigadores que aplican el Modelo de Creencias de Salud a las intervenciones en redes sociales han descubierto que estructurar las publicaciones en torno a la amenaza percibida, los beneficios percibidos y las señales para la acción puede mejorar la participación y las intenciones autoinformadas de cambiar el comportamiento [2,49,50] . Por ejemplo, las campañas que combinan estadísticas sobre el riesgo de enfermedad con narrativas personales, consejos claros y acciones simples (como reservar una prueba o unirse a un programa de vacunación) se han asociado con mayores niveles de atención y disposición a actuar que los mensajes más genéricos [2,49,50] . Al mismo tiempo, estos estudios también muestran que el modelo no puede ser independiente; debe adaptarse a cómo las personas realmente usan las redes sociales, en qué confían y cómo interpretan el riesgo en la vida cotidiana [2,49,50] . Cuando se utiliza con criterio, el Modelo de Creencias en Salud ofrece una forma coherente de diseñar la comunicación digital en salud pública, pero debe adaptarse al entorno interactivo y dinámico de las redes sociales en lugar de simplemente trasladarse de los materiales tradicionales de educación para la salud [2,49,50] .

        La Teoría del Comportamiento Planificado se ha utilizado para explicar y moldear comportamientos relacionados con la salud, centrándose en las actitudes, las normas percibidas y el control conductual percibido [47,48,52] . Según esta teoría, las personas son más propensas a adoptar un comportamiento si tienen una actitud positiva hacia él, creen que otras personas importantes lo aprueban y sienten que tienen la capacidad y los recursos para llevarlo a cabo [47,48,52] . En las intervenciones en redes sociales, estos elementos suelen estar integrados en publicaciones que muestran resultados positivos, destacan la aprobación de la comunidad y enfatizan que el comportamiento deseado es factible y cuenta con apoyo [47,48,52] . Por ejemplo, los mensajes sobre vacunación pueden destacar lo común que es que otras personas se vacunen, presentarlo como una elección responsable y proporcionar pasos prácticos para reservar citas, todo lo cual puede fortalecer la intención de actuar [47,48,52] . Estudios que aplican esta teoría a campañas digitales han examinado cómo el contenido en línea influye en las actitudes percibidas, las normas sociales y el control percibido sobre acciones como la actividad física, el cambio de dieta o la realización de pruebas de detección [47,48,52] . En algunos casos, los mensajes de redes sociales bien diseñados que abordan sistemáticamente estos tres componentes se han relacionado con mayores intenciones autoinformadas y, en algunos ensayos, cambios modestos en el comportamiento a lo largo del tiempo [47,48,52] . Sin embargo, la teoría también destaca limitaciones: si las personas sienten que las barreras estructurales como el costo, el acceso o el tiempo son demasiado altas, simplemente cambiar las actitudes o las normas percibidas puede no ser suficiente para producir un cambio sostenido [47,48,52] . Por esta razón, las estrategias efectivas de redes sociales guiadas por la Teoría del Comportamiento Planificado a menudo combinan mensajes persuasivos con enlaces a servicios concretos, recordatorios y apoyo que ayudan a cerrar la brecha entre la intención y la acción [47,48,52] .

        La teoría sociocognitiva se ha utilizado para comprender cómo las personas aprenden comportamientos de salud a través de la observación, la imitación y la retroalimentación, principios que se traducen naturalmente a los entornos de las redes sociales [2,48,51] . El aprendizaje por observación puede ocurrir cuando los usuarios ven a otros publicar sobre sus experiencias con exámenes de detección, vacunación, ejercicio o alimentación saludable, y luego consideran si adoptar acciones similares [2,48,51] . En las intervenciones digitales, esto a menudo se operacionaliza compartiendo historias, videos o testimonios que muestran a individuos participando con éxito en el comportamiento objetivo, superando obstáculos y experimentando resultados positivos, modelando así cómo dicho comportamiento puede integrarse en la vida cotidiana [2,48,51] . La investigación que aplica la teoría sociocognitiva a las plataformas en línea ha demostrado que la exposición a este tipo de modelos puede aumentar la autoeficacia, motivar la acción y reducir la sensación de que el cambio de comportamiento está fuera del alcance [2,48,51] . Por ejemplo, las campañas que presentan a pares o figuras comunitarias de confianza que describen cómo comenzaron a hacer ejercicio, dejaron de fumar o manejaron una condición crónica a veces han llevado a una mayor confianza entre los espectadores de que ellos también podrían hacer cambios similares [2,48,51] . Al mismo tiempo, el mismo principio puede funcionar en la dirección opuesta si los usuarios están expuestos a narrativas pesimistas o fatalistas que sugieren que la acción relacionada con la salud es inútil o irrelevante [2,48,51] . Esta dualidad subraya la importancia de diseñar contenido digital de manera que los modelos presentados sean identificables, creíbles y alineados con los objetivos de salud pública en lugar de simplemente amplificar cualquier historia que circule en línea [2,48,51] . Al aprovechar el aprendizaje observacional de manera deliberada, las intervenciones en redes sociales pueden ayudar a las personas a visualizar caminos hacia el cambio y ver que los comportamientos saludables son alcanzables dentro de sus propios contextos sociales y culturales [2,48,51] .

        El impulso sutil y la comunicación persuasiva se han convertido en herramientas importantes para moldear los comportamientos de salud a través de las redes sociales [47,49,52] . El impulso sutil, en este contexto, se refiere a pequeños cambios en la forma en que se presenta la información que orientan a las personas hacia elecciones más saludables sin restringir su libertad, como el uso de opciones predeterminadas, recordatorios o señales visuales destacadas [ 47,49,52] . En las redes sociales, los impulsos sutiles pueden aparecer en forma de avisos para reservar una cita de vacunación, mensajes de seguimiento después de una publicación de salud o botones muy visibles que enlazan directamente con servicios, todo lo cual reduce el esfuerzo requerido para actuar [47,49,52] . La comunicación persuasiva complementa el impulso sutil al elaborar mensajes que apelan a las emociones, las normas sociales o los beneficios prácticos de maneras que resuenan con audiencias específicas [47,49,52] . Por ejemplo, las publicaciones que resaltan la protección de los miembros de la familia, conectan con valores culturales o desglosan información de salud compleja en pasos simples y prácticos pueden aumentar la probabilidad de que las personas interactúen con el contenido y tomen las acciones recomendadas [47,49,52] . Los estudios que utilizan estos enfoques han encontrado que combinar incentivos sutiles con mensajes persuasivos bien diseñados puede mejorar modestamente comportamientos como la asistencia a citas, la adherencia a la medicación o la participación en programas preventivos, especialmente cuando los mensajes se repiten y personalizan [47,49,52] . Sin embargo, tanto los incentivos sutiles como la persuasión plantean consideraciones éticas, ya que pueden influir en el comportamiento sin hacer siempre transparentes los mecanismos subyacentes, lo que subraya la necesidad de transparencia, consentimiento y evaluación continua en las intervenciones de salud pública digital [47,49,52] .

        Medir los resultados conductuales en las intervenciones basadas en redes sociales requiere un diseño cuidadoso y métricas apropiadas, porque la participación en una plataforma no es lo mismo que el comportamiento de salud real [50-52] . Muchos estudios se han basado en medidas autoinformadas, como respuestas a encuestas sobre cambios en los hábitos alimentarios, la actividad física o el comportamiento de búsqueda de atención médica, a menudo recopiladas antes y después de la exposición a campañas digitales [50-52] . Estos autoinformes pueden indicar cambios en las actitudes o intenciones, pero pueden sobreestimar los cambios en el mundo real y están sujetos al sesgo de deseabilidad social [50-52] . Por lo tanto, los investigadores han buscado cada vez más indicadores objetivos, como registros administrativos de la aceptación de la vacunación, la asistencia a exámenes de detección o la solicitud de pruebas de laboratorio, para vincular la exposición en línea con acciones de salud concretas [50-52] . En algunos ensayos, las campañas digitales se han conectado a datos a nivel clínico o de sistema para evaluar si una mayor interacción con el contenido de las redes sociales se asoció con un mayor uso de servicios preventivos o cambios en el comportamiento relacionado con la salud a lo largo del tiempo [50-52] . Estos enfoques de métodos mixtos ayudan a cerrar la brecha entre la actividad en línea y los resultados fuera de línea, aunque siguen siendo difíciles de implementar de manera consistente en diferentes entornos [50-52] . Además, el seguimiento a corto plazo a menudo limita la capacidad de detectar cambios de comportamiento sostenidos, y todavía hay relativamente poca evidencia sobre cuán efectivas a largo plazo o en términos de costo son realmente las intervenciones conductuales digitales [50-52] . En general, la literatura sugiere que medir los resultados conductuales en las intervenciones digitales es posible, pero requiere métodos rigurosos, un vínculo claro entre el contenido en línea y los datos del mundo real, y expectativas realistas sobre el tamaño y la durabilidad de los efectos [50-52] .

        El papel de los influencers de las redes sociales y las comunidades digitales en la configuración de los comportamientos relacionados con la salud.

        Influencia de las personalidades de las redes sociales en las decisiones de salud pública

        Los influencers de las redes sociales han moldeado cada vez más las actitudes públicas hacia la vacunación, tanto positiva como negativamente [50,53,54] . Muchos seguidores ven a los influencers como figuras confiables y cercanas cuyas opiniones se sienten más personales que las de instituciones distantes, lo que puede hacer que los respaldos o críticas relacionados con las vacunas sean especialmente persuasivos [50,53,54] . Cuando los influencers comparten historias personales de vacunación, explican cómo se integra en su vida diaria o destacan los beneficios para la comunidad, los estudios han encontrado que tales narrativas pueden fortalecer la intención de vacunarse y reducir la reticencia entre sus audiencias [50,53,54] . En algunas campañas, combinar influencers con mensajes de salud pública ha ayudado a llegar a grupos más jóvenes o de difícil acceso que rara vez interactúan con la comunicación oficial [50,53,54] . Al mismo tiempo, cuando los influencers expresan dudas sobre las vacunas o promueven alternativas no probadas, esos mensajes pueden amplificar el miedo, erosionar la confianza en las autoridades sanitarias y contribuir a una cobertura de vacunación desigual [51,54,55] . Debido a que el contenido de los influencers a menudo se difunde rápidamente y de forma emocional, las publicaciones breves y cargadas de emoción pueden tener un impacto desproporcionado en comparación con los materiales de salud pública más extensos y técnicos [50,53,54] . La investigación sobre esta dinámica sugiere que la relación entre los influencers y las actitudes hacia la vacunación es poderosa pero inherentemente ambivalente: puede aprovecharse para el beneficio de la salud pública o explotarse para profundizar la polarización, dependiendo de la credibilidad, los motivos y los mensajes de las personas involucradas [50,53,54] .

        La confianza es un factor central en la forma en que los influencers de las redes sociales pueden influir en las decisiones de salud, y cómo se construye y mantiene esa confianza tiene importantes implicaciones para la salud pública [54-56] . Muchos seguidores perciben a los influencers como más auténticos y accesibles que los expertos en salud tradicionales, especialmente cuando comparten experiencias personales, vulnerabilidades y rutinas cotidianas en lugar de información clínica formal [54-56] . Este sentido de intimidad puede hacer que los seguidores sean más propensos a adoptar recomendaciones relacionadas con la salud, incluso cuando el influencer no es un profesional médico [54-56] . Con el tiempo, el contenido repetido que se alinea con los valores, el estilo de vida o el contexto cultural de la audiencia puede reforzar esta confianza, profundizando la influencia y moldeando actitudes a largo plazo [54-56] . Sin embargo, esta misma dinámica de confianza puede volverse problemática cuando los influencers carecen de formación científica, no revelan vínculos comerciales o priorizan la interacción sobre la precisión [54-56] . Los estudios han demostrado que los seguidores pueden no distinguir entre los consejos de salud dados por razones de salud pública y los consejos impulsados ​​por el marketing o las creencias personales, lo que puede desdibujar la línea entre educación y entretenimiento [54-56] . Cuando se abusa de la confianza o la información es engañosa, comunidades enteras pueden internalizar creencias de salud inexactas que son difíciles de corregir solo a través de los canales oficiales [54-56] . Desde una perspectiva de salud pública, comprender estas dinámicas de confianza es, por lo tanto, esencial tanto para colaborar con personas influyentes que promueven mensajes basados ​​en evidencia como para desarrollar estrategias para contrarrestar narrativas dañinas que explotan la lealtad de los seguidores [54-56] .

        Pueden surgir conflictos cuando los intereses comerciales se cruzan con los mensajes de salud pública en el contenido de los influencers, creando tensión entre los objetivos de marketing y los resultados de salud a nivel poblacional [54,57,58] . Algunos productos relacionados con la salud, como suplementos, regímenes de desintoxicación o tratamientos cosméticos, son promocionados por influencers de maneras que minimizan los riesgos, exageran los beneficios o implican autoridad médica sin evidencia clara [54,57,58] . En estos casos, el objetivo principal puede ser la venta o la visibilidad de la marca en lugar de información de salud precisa, lo que puede llevar a malentendidos públicos y, en algunos casos, comportamientos inseguros [54,57,58] . Cuando dicho contenido llega rápidamente a grandes audiencias, puede competir directamente con las campañas de salud pública que enfatizan la moderación, la seguridad y la práctica basada en la evidencia [54,57,58] . Los estudios también han demostrado que cuando los influencers reciben pagos, productos gratuitos u otros incentivos, sus audiencias no siempre reconocen estas relaciones, lo que puede desdibujar el límite entre el consejo independiente y la promoción de marca [54,57,58] . Esta falta de transparencia puede erosionar la confianza tanto en los influencers como en el contenido relacionado con la salud en general, especialmente una vez que se exponen afirmaciones problemáticas [54,57,58] . Desde el punto de vista de la salud pública, estas presiones comerciales resaltan la necesidad de directrices más claras sobre cómo los influencers comunican información de salud, incluyendo requisitos para revelar patrocinios, distinguir la opinión de la evidencia y evitar promocionar productos que entren en conflicto con las recomendaciones de salud pública establecidas [54,57,58] . Abordar estos conflictos no significa prohibir el contenido comercial por completo, sino más bien crear un marco en el que los mensajes impulsados ​​por el lucro no puedan anular una comunicación de salud precisa y responsable [54,57,58] .

        Varios ejemplos de casos muestran cómo las campañas lideradas por influencers se han utilizado para promover mensajes de salud pública, incluyendo vacunación, detección y concientización sobre salud mental [55,57,59] . En algunos entornos, las agencias de salud pública u organizaciones sin fines de lucro se han asociado con influencers para compartir videos o publicaciones cortos y con los que el público se identifique, que normalizan comportamientos como hacerse pruebas, buscar ayuda para problemas de salud mental o participar en campañas de vacunación [55,57,59] . Estas campañas a menudo se basan en la narración de historias, hashtags y desafíos que animan a los seguidores a compartir sus propias experiencias, creando un sentido de comunidad y apoyo mutuo [55, 57, 59] . En ciertas evaluaciones, tales iniciativas se han asociado con una mayor concientización, una mayor disposición autoinformada a actuar y, en algunos casos, aumentos medibles en la utilización de servicios entre los grupos objetivo [55,57,59] . Estos ejemplos también revelan que la efectividad de las campañas lideradas por influencers depende en gran medida de cómo se diseñan e implementan [55,57,59] . Cuando los influencers son cuidadosamente seleccionados, se les proporcionan mensajes claros basados ​​en evidencia y se les da tiempo para integrar esos mensajes en su estilo habitual, es más probable que las audiencias los reciban como naturales y creíbles en lugar de forzados o promocionales [55,57,59] . Por el contrario, cuando las asociaciones se sienten poco auténticas, apresuradas o mal alineadas con la audiencia existente del influencer, la participación puede ser baja y el impacto en el comportamiento más débil [55,57,59] . En general, estos estudios de caso sugieren que las campañas lideradas por influencers pueden ser una valiosa adición a los conjuntos de herramientas de salud pública, pero funcionan mejor cuando son colaborativas, cuentan con recursos suficientes y se basan en los mismos principios de comunicación que guían los esfuerzos de promoción de la salud más tradicionales [55,57,59] .

        Los influencers también pueden convertirse en canales poderosos para difundir desinformación sobre salud, especialmente cuando su contenido es emocionalmente impactante, visualmente atractivo o difícil de evaluar críticamente para personas no expertas [54,56,58] . Debido a que los influencers suelen hablar en tonos informales y personales, las audiencias pueden no reconocer que las afirmaciones sobre vacunas, tratamientos o pruebas de diagnóstico carecen de respaldo científico, incluso cuando esas afirmaciones contradicen las directrices oficiales [54,56,58] . En algunos casos documentados, un número relativamente pequeño de cuentas influyentes ha ayudado a difundir narrativas falsas sobre efectos secundarios, teorías conspirativas o remedios no probados, lo que lleva a confusión, retraso en la atención y menor adopción de intervenciones basadas en la evidencia [54,56,58] . El riesgo se amplifica por la forma en que las plataformas priorizan la interacción, que puede premiar el contenido dramático o polarizador sobre la información equilibrada y matizada [54,56,58] . Cuando la desinformación de los influencers se vuelve viral, las agencias de salud pública pueden tener dificultades para responder con la suficiente rapidez, y sus correcciones pueden no llegar a las mismas audiencias ni tener la misma autenticidad percibida [54,56,58] . Además, los seguidores pueden estar más inclinados a confiar en un influencer al que han seguido durante años que a aceptar una corrección puntual de una cuenta gubernamental desconocida, lo que puede hacer particularmente difícil revertir los efectos de las falsedades ampliamente difundidas [54,56,58] . Desde una perspectiva política, estos riesgos subrayan la necesidad de estrategias que apoyen a los influencers creíbles, mejoren la alfabetización mediática y fortalezcan los mecanismos para identificar y mitigar el contenido de salud dañino antes de que se propague ampliamente [54,56,58] .

        Comunidades en línea y comunicación de salud entre pares

        Los grupos de apoyo relacionados con la salud han proliferado en las plataformas de redes sociales, reuniendo a personas que comparten condiciones, preocupaciones o experiencias de tratamiento similares [57,60,61] . Estos grupos a menudo se forman orgánicamente cuando las personas publican sobre sus desafíos y otras responden con empatía, consejos o historias personales, construyendo gradualmente una red de apoyo mutuo [57,60,61] . Con el tiempo, los miembros establecen reglas compartidas para la interacción, nombran administradores y crean espacios donde se pueden discutir temas delicados abiertamente fuera de las publicaciones principales [57,60,61] . En algunos casos, estas comunidades se centran en enfermedades específicas como la diabetes, el cáncer o problemas de salud mental, mientras que otras abordan temas más amplios como la crianza de los hijos o el manejo del dolor crónico [58,62] . Lo que hace que estos grupos en línea sean efectivos es su capacidad para brindar un sentido de pertenencia y continuidad a las personas que pueden sentirse aisladas en su vida diaria [57,60,61] . Los miembros pueden conectarse a cualquier hora, compartir actualizaciones sobre su progreso o contratiempos y recibir aliento inmediato o sugerencias prácticas de compañeros que comprenden su situación de primera mano [57,60,61] . Al mismo tiempo, el proceso de formación no siempre es sencillo, ya que los grupos deben lidiar con conflictos, opiniones divergentes y el riesgo de recibir consejos poco útiles [57,61] . Sin embargo, la literatura muestra que estas redes de apoyo digital pueden llenar los vacíos que dejan los servicios de salud formales, particularmente cuando las personas necesitan refuerzo emocional o información que les parezca más relevante que las directrices genéricas de salud pública [57,60,61] .

        Los pares dentro de las comunidades en línea pueden ejercer una influencia considerable en si se adoptan comportamientos de salud y cómo se adoptan [50,60,61] . Los miembros a menudo ven a otros en el grupo como modelos a seguir informales, observando lo que hacen, cómo manejan los síntomas o qué estrategias usan para lidiar con los efectos secundarios del tratamiento [50,60,61] . Cuando alguien comparte una historia de éxito, como adherirse a una nueva dieta, asistir a chequeos regulares o probar un suplemento recomendado, otros pueden sentirse alentados a probar enfoques similares, especialmente si la persona parece cercana o creíble [50,60,61] . Este proceso de imitación se fortalece cuando los miembros del grupo brindan retroalimentación positiva, comparten sus propios resultados o normalizan el comportamiento como algo alcanzable en la vida cotidiana [50,60,61] . La investigación muestra que la influencia de los pares tiende a ser más fuerte cuando el comportamiento se ve como socialmente deseable dentro de la comunidad y cuando las personas sienten un sentido de identidad compartida o responsabilidad mutua [50,60,61] . Por ejemplo, si un grupo elogia constantemente a quienes siguen rutinas de ejercicio o horarios de medicación, los nuevos miembros pueden adoptar estas prácticas para obtener aprobación y sentirse parte de un grupo [50,61] . Al mismo tiempo, la influencia de los pares puede reforzar hábitos poco saludables si el grupo prioriza la comodidad a corto plazo sobre los beneficios para la salud a largo plazo [50,60,61] . En cualquier caso, estas dinámicas demuestran que las comunidades en línea moldean el comportamiento no a través de la autoridad formal, sino a través del poder sutil del ejemplo, el aliento y el refuerzo social entre iguales [50,60,61] .

        Las normas comunitarias dentro de los grupos de salud en línea juegan un papel central en la definición de qué prácticas de salud se fomentan, toleran o desalientan [57,60,61] . Las normas surgen gradualmente a medida que los miembros publican sobre lo que les funciona, critican los enfoques que consideran inútiles y afirman comportamientos que se alinean con los valores compartidos del grupo [50,60,61] . Con el tiempo, estos patrones crean reglas no escritas sobre lo que es normal o esperado, como adherirse a dietas particulares, priorizar ciertos tratamientos o evitar el consejo médico convencional [50,60,61] . Los nuevos miembros aprenden estas normas observando discusiones, recibiendo retroalimentación directa y participando gradualmente en la conversación [57,60,61] . Los estudios muestran que las normas pueden tanto promover como limitar las prácticas de salud [57,60,61] . Por un lado, los grupos que enfatizan comportamientos basados ​​en la evidencia, como exámenes regulares o adherencia a la medicación, pueden ayudar a los miembros a mantener rutinas saludables que de otro modo podrían descuidar [60,61] . Por otro lado, las normas que favorecen remedios no probados o desalientan la consulta profesional pueden conducir a decisiones arriesgadas, especialmente si el grupo se convierte en una cámara de eco donde se descartan las opiniones alternativas [57,60,61] . La fuerza de estas normas depende del tamaño del grupo, el liderazgo y el grado de identificación de los miembros con la comunidad [57, 60, 61] . En resumen, las normas comunitarias actúan como un vínculo social que guía el comportamiento individual, convirtiendo a los grupos de salud en línea en espacios poderosos para reforzar o cuestionar las prácticas de salud establecidas [57,60,61] .

        Las comunidades de salud en línea ofrecen apoyo emocional e informativo que puede ayudar a las personas a afrontar la enfermedad y el tratamiento [55,57,60] . El apoyo emocional se brinda a través de expresiones de empatía, aliento y validación de pares que han enfrentado luchas similares, lo que ayuda a reducir los sentimientos de aislamiento o desesperación [55,57,60] . Los miembros a menudo comparten cómo afrontan el dolor, la fatiga o la incertidumbre, ofreciendo la seguridad de que estas experiencias son comunes y manejables [55,57,60] . El apoyo informativo se presenta en forma de consejos prácticos sobre cómo manejar los síntomas, encontrar recursos o lidiar con los efectos secundarios, a menudo extraídos de la experiencia personal en lugar de libros de texto [55,57,60] . En conjunto, estas formas de apoyo crean un espacio donde las personas pueden hacer preguntas, desahogar frustraciones y encontrar estrategias que les resulten relevantes para sus vidas [55,57,60] . La investigación sugiere que este apoyo dual puede mejorar la calidad de vida, la adherencia al tratamiento e incluso los resultados clínicos en algunos casos [55,57,60] . Las personas que participan activamente en espacios de apoyo en línea suelen reportar sentirse más esperanzadas y preparadas para afrontar sus problemas de salud [55,60] . Al mismo tiempo, la línea entre el apoyo útil y los consejos no verificados puede ser delgada, ya que las conexiones emocionales pueden llevar a los miembros a respaldar información que no ha sido rigurosamente probada [55,57,60] . Aun así, para muchos, la combinación de apoyo emocional y sabiduría entre pares llena un vacío que los servicios de salud formales no siempre pueden cubrir, lo que convierte a las comunidades digitales en valiosas aliadas en el camino hacia una mejor salud [55,57,60] .

        Las comunidades de salud en línea pueden ser poderosos canales tanto para información de salud precisa como para desinformación, dependiendo de lo que los miembros compartan y avalen [50,54,61] . La información precisa se difunde cuando las personas publican enlaces a fuentes confiables, describen prácticas basadas en evidencia o destacan resultados exitosos de tratamientos recomendados [50,54,61] . En grupos de apoyo, este intercambio de conocimientos ayuda a los miembros a tomar decisiones informadas sobre exámenes de detección, vacunación o cambios en el estilo de vida, a menudo en un formato más accesible que los materiales oficiales [50,54,61] . Sin embargo, los mismos mecanismos que amplifican el contenido útil también pueden propagar afirmaciones no verificadas, anécdotas personales tomadas como verdades generales o narrativas directamente falsas que ganan terreno a través de la repetición y el atractivo emocional [50,54,61] . Los estudios muestran que la desinformación prospera cuando se alinea con las creencias del grupo, aborda necesidades sentidas o proviene de miembros de confianza, mientras que la información precisa puede tener dificultades si contradice las normas de la comunidad o carece de resonancia personal [50,54,61] . Los moderadores pueden desempeñar un papel en la contención de afirmaciones falsas, pero su influencia es limitada si la cultura del grupo prioriza las historias individuales sobre la validación externa [50,54,61] . Esta naturaleza dual significa que las comunidades no son inherentemente buenas ni malas para la salud pública; su impacto depende del equilibrio entre el contenido fiable y el no fiable que circula en ellas [50,54,61] .

        La difusión de información errónea sobre salud en las plataformas de redes sociales y sus implicaciones para la salud pública.

        Mecanismos y factores que impulsan la desinformación en materia de salud.

        Los algoritmos de las redes sociales juegan un papel clave en la amplificación de la desinformación sobre salud al priorizar el contenido que genera una alta interacción, independientemente de su precisión [62-64] . Estos algoritmos clasifican las publicaciones según los «me gusta», las veces que se comparten, los comentarios y el tiempo de visualización, lo que a menudo favorece las afirmaciones sensacionalistas, emotivas o controvertidas sobre vacunas, tratamientos o riesgos para la salud  [62-64] . Como resultado, la desinformación se propaga más rápido y más ampliamente que la información equilibrada y basada en evidencia, porque desencadena fuertes reacciones que mantienen a los usuarios desplazándose e interactuando [62-64] . Con el tiempo, esto crea bucles de retroalimentación donde el contenido de salud más provocativo asciende a la parte superior de los feeds y recomendaciones, exponiendo a audiencias más amplias a ideas potencialmente dañinas [62-64] . Los investigadores han demostrado que esta amplificación no es intencional, sino que surge del diseño de plataformas que optimizan la atención del usuario en lugar de los resultados de salud pública [62-64] . Por ejemplo, durante emergencias sanitarias, las publicaciones que cuestionan las directrices oficiales o prometen curas milagrosas suelen tener mayor visibilidad que las que comparten evidencia clínica o recomendaciones de salud pública [62-64] . El efecto es particularmente pronunciado en temas que evocan miedo, ira o esperanza, comunes en la desinformación sobre salud [62-64] . En respuesta, algunos estudios han propuesto ajustes en los algoritmos para promover fuentes creíbles, pero los incentivos comerciales de las plataformas dificultan la implementación de dichos cambios [62-64] . En última instancia, la amplificación algorítmica convierte la desinformación en una característica estructural de las redes sociales, en lugar de un problema ocasional, con consecuencias para la confianza pública y el comportamiento en materia de salud [62-64] .

        Los bots y las campañas coordinadas se han convertido en importantes impulsores de la desinformación sobre salud en las redes sociales, inflando artificialmente la visibilidad de afirmaciones falsas o engañosas [62,64,65] . Las cuentas automatizadas, a menudo controladas por redes de actores, pueden generar miles de publicaciones, me gusta y comparticiones en cortos períodos, haciendo que parezca que una narrativa de salud en particular tiene un amplio apoyo [62,64,65] . Estas operaciones a menudo se dirigen a temas específicos como la seguridad de las vacunas, los orígenes de la pandemia o los tratamientos alternativos, utilizando mensajes repetitivos y hashtags para dominar las conversaciones e impulsar el contenido a temas de tendencia [62,64,65] . Al imitar el comportamiento humano, los bots pueden evadir la detección mientras amplifican afirmaciones que de otro modo permanecerían marginales [62,64,65] . Los estudios han documentado cómo las campañas coordinadas explotan la mecánica de la plataforma para crear la ilusión de consenso, lo que hace que sea más difícil para los usuarios distinguir la discusión genuina de la indignación fabricada [62,64,65] . En algunos casos, estos esfuerzos se han vinculado a actores estatales, intereses comerciales o grupos ideológicos que buscan influir en la opinión pública durante las crisis sanitarias [62,64,65] . El resultado suele ser una imagen distorsionada del sentir público que socava la confianza en las autoridades sanitarias y desalienta los comportamientos recomendados [62,64,65] . Si bien las empresas de plataformas han desarrollado herramientas para detectar y eliminar la actividad de los bots, la sofisticación de estas campañas sigue superando la detección, y el gran volumen de contenido dificulta la eliminación completa [62,64,65] . Desde una perspectiva de salud pública, comprender el papel de los bots resalta la necesidad de una mejor monitorización, una respuesta rápida y una educación pública sobre cómo se pueden manipular las conversaciones en línea [62,64,65] .

        Los sesgos cognitivos hacen que las personas sean más susceptibles a la desinformación sobre salud en las redes sociales, moldeando cómo perciben, interpretan y comparten información falsa [62,63,66] . El sesgo de confirmación lleva a los usuarios a prestar más atención a las afirmaciones que se alinean con las creencias existentes, como los peligros de las vacunas o las curas milagrosas, mientras que descartan la evidencia contradictoria [62,63,66] . El sesgo de disponibilidad luego refuerza estas opiniones cuando el contenido sensacionalista se muestra constantemente en los feeds, haciendo que los riesgos raros parezcan comunes y las soluciones simples parezcan plausibles [62,63,66] . De esta manera, los sesgos convierten el desplazamiento ordinario en un proceso de exposición selectiva que fortalece las ideas erróneas con el tiempo [62,63,66] . La investigación también ha demostrado que el sesgo de anclaje puede hacer que la primera afirmación de salud que encuentra un usuario parezca más creíble que las correcciones posteriores, especialmente si proviene de una fuente familiar o aparece en un contexto de confianza [62,63,66] . Los sesgos emocionales complican aún más las cosas, ya que la desinformación que induce miedo o promete esperanza a menudo parece más convincente que la información objetiva y objetiva, lo que lleva a compartirla sin verificarla [62,63,66] . Estos patrones explican por qué desmentir la desinformación a veces puede ser contraproducente, porque repetir una afirmación falsa, incluso para refutarla, puede reforzar inadvertidamente su familiaridad [62,63,66] . Por lo tanto, los comunicadores de salud pública deben anticipar estos sesgos al diseñar mensajes, utilizando estrategias como la inoculación preventiva, narrativas con las que el público pueda identificarse y elementos visuales claros que apelen tanto a la razón como a la emoción [62,63,66] . Comprender los sesgos cognitivos ayuda a explicar por qué la desinformación persiste a pesar de la verificación de hechos y la corrección, y señala la necesidad de intervenciones que trabajen con, en lugar de en contra de, la forma en que las personas procesan la información en línea [62,63,66] .

        La información falsa sobre salud tiende a propagarse más rápida y ampliamente que la información precisa en las redes sociales, debido a las diferencias en el atractivo emocional y la mecánica de la plataforma [64,65,67] . Estudios que comparan los patrones de difusión de hechos verificados y afirmaciones desacreditadas han encontrado que la desinformación a menudo llega a más personas más rápido, porque evoca reacciones más fuertes como miedo, ira o indignación que impulsan a compartirla de inmediato [64,65,67] . En contraste, la información precisa sobre vacunas, tratamientos o medidas de prevención suele ser más técnica y menos cargada emocionalmente, por lo que genera menor participación y una difusión más lenta [64,65,67] . Esta disparidad significa que para cuando las agencias de salud pública responden con correcciones, la narrativa falsa puede haber llegado ya a una amplia audiencia [64,65,67] . La viralidad también está determinada por los efectos de red, donde el contenido se propaga a través de grupos densos de usuarios con ideas afines que refuerzan las creencias de los demás [64,65,67] . La desinformación prolifera en estos entornos, mientras que la información precisa puede tener dificultades para cruzar las fronteras grupales o ganar terreno en comunidades escépticas [64,65,67] . Con el tiempo, la exposición repetida a falsedades virales puede normalizarlas, haciéndolas parecer conocimiento común incluso cuando son contradichas por la evidencia [64,65,67] . Por lo tanto, los investigadores han pedido cambios en la forma en que las plataformas manejan el contenido de salud, incluyendo una moderación más rápida de la desinformación de alto riesgo y una mejor promoción de fuentes creíbles, aunque la implementación sigue siendo desigual [64,65,67] . La ventaja persistente de la información falsa en la dinámica de viralidad plantea un desafío estructural para la comunicación de salud pública, que requiere estrategias proactivas que compitan en términos emocionales y sociales tanto como en precisión fáctica [64,65,67] .

        Los factores políticos y culturales influyen significativamente en cómo se difunde y se recibe la desinformación sobre salud en las redes sociales [63,66,68] . En entornos políticamente polarizados, las afirmaciones sobre salud a menudo se convierten en instrumentos de batallas ideológicas más amplias, y la desinformación sobre vacunas, mascarillas u orígenes de la pandemia se alinea con identidades partidistas [63,66,68] . Los usuarios son más propensos a compartir y creer información que refuerce su tribu política, incluso cuando carece de evidencia, porque señala lealtad y valida las creencias del grupo [63,66,68] . Las normas culturales también influyen en estas dinámicas, ya que las diferentes sociedades tienen distintos niveles de confianza en las instituciones, tolerancia a la incertidumbre y expectativas sobre la responsabilidad personal frente a la colectiva [63,66,68] . Por ejemplo, en entornos donde la desconfianza hacia el gobierno o la ciencia es alta, la desinformación que presenta las medidas de salud como mecanismos de control puede ganar terreno más fácilmente que en contextos donde se acepta la autoridad institucional [63,66,68] . De manera similar, las actitudes culturales hacia el riesgo, el destino o los remedios tradicionales pueden hacer que ciertas afirmaciones falsas resulten más plausibles para determinados grupos, lo que genera focos persistentes de resistencia a las recomendaciones de salud pública [63,66,68] . Estos factores crean entornos donde la desinformación no es solo un problema de información, sino un fenómeno social y político profundamente arraigado que requiere respuestas personalizadas en lugar de correcciones universales [63,66,68] . Por lo tanto, la comunicación en salud pública debe abordar estas divisiones con cuidado, utilizando mensajeros culturalmente sensibles, ejemplos relevantes a nivel local y mensajes que respeten los valores subyacentes al tiempo que desafían sutilmente las falsedades [63,66,68] .

        Consecuencias para la salud pública de la desinformación

        La desinformación sobre las vacunas que circula en las redes sociales se ha relacionado fuertemente con una mayor reticencia a la vacunación y un rechazo absoluto, creando importantes desafíos para la salud pública [19,67,68] . Las afirmaciones falsas sobre efectos secundarios, ineficacia o agendas ocultas han convencido a algunos padres y personas de retrasar o evitar la vacunación, incluso cuando los datos oficiales muestran que las vacunas son seguras y eficaces  [19,67,68] . Estas narrativas a menudo se propagan a través de historias cargadas de emoción, estadísticas selectivas o desconfianza en las compañías farmacéuticas y los gobiernos, que resuenan con personas que ya se sienten inseguras o marginadas [19,67,68] . En algunas comunidades, esto ha llevado a una menor cobertura de vacunación, dejando a grupos de personas no vacunadas vulnerables a brotes de enfermedades prevenibles [19,67,68] . Los estudios han encontrado que la exposición a contenido antivacunas en línea puede cambiar actitudes rápidamente, especialmente entre aquellos que pasan más tiempo en las redes sociales o se encuentran con él a través de contactos de confianza [19,67,68] . Incluso una publicación o video convincente puede sembrar dudas difíciles de disipar solo con hechos, porque el miedo y la desconfianza son más atractivos emocionalmente que la tranquilidad [19,67,68] . Por lo tanto, los equipos de salud pública enfrentan una ardua tarea para reconstruir la confianza a través de una comunicación transparente, la participación de la comunidad y mensajes alternativos que aborden temores específicos sin desestimar preocupaciones legítimas [19,68,69] . El patrón es claro: la desinformación no solo crea confusión; se traduce en caídas medibles en la cobertura de vacunación que amenazan la inmunidad colectiva y la protección a nivel poblacional [19,67,68] .

        Las redes sociales también han facilitado la difusión de prácticas de salud dañinas, a menudo presentadas como alternativas seguras o soluciones rápidas [63,65,67] . Las publicaciones que promueven regímenes de desintoxicación no probados, dietas extremas o tratamientos caseros para afecciones crónicas pueden obtener millones de visitas, animando a las personas a probar métodos que carecen de respaldo científico y pueden causar daño físico [63,65,67] . Los influencers o las cuentas de bienestar frecuentemente comparten fotos de antes y después, testimonios personales o recetas simples que prometen resultados espectaculares, lo que puede atraer a quienes están frustrados con la medicina convencional o buscan tener control sobre su salud [63,65,67] . Cuando los seguidores adoptan estas prácticas, algunos experimentan efectos adversos como deficiencias nutricionales, interacciones con medicamentos recetados o retraso en el tratamiento de afecciones graves [63,65,67] . El problema se agrava por el hecho de que el contenido dañino a menudo circula en grupos cerrados o burbujas algorítmicas donde los cuestionamientos son raros o invisibles [63,65,67] . Las implicaciones para la salud pública incluyen un aumento de las visitas a urgencias, peores resultados de salud y una creciente desconfianza en la atención basada en la evidencia, ya que las personas culpan a los médicos o a los hospitales por sus experiencias con remedios no probados [63,65,67] . Con el tiempo, esto crea un círculo vicioso en el que más personas se alejan de las intervenciones probadas y optan por lo que parece funcionar en las historias que ven en línea  [63,65,67] .

        La exposición repetida a la desinformación sobre salud en las redes sociales ha contribuido a una mayor erosión de la confianza en las instituciones sanitarias, lo que dificulta que las autoridades de salud pública se comuniquen eficazmente [62,64,65] . Cuando los usuarios se encuentran con afirmaciones de que los médicos, los hospitales o los gobiernos ocultan información, priorizan el lucro o conspiran con la industria, estas narrativas pueden crear una sensación generalizada de que no se puede confiar en las fuentes oficiales [62,64,65] . Con el tiempo, esta desconfianza cambia la forma en que las personas evalúan la información sobre salud, haciéndolas más propensas a preferir historias personales, expertos alternativos o la sabiduría colectiva sobre las directrices institucionales [62,64,65] . Las consecuencias son de gran alcance [62,64,65] . Una vez que se socava la confianza, incluso los mensajes precisos de salud pública sobre vacunación, detección o cambios en el estilo de vida pueden ser descartados como parte de una conspiración mayor, reduciendo su impacto [62,64,65] . En algunos casos, las personas evitan activamente los servicios recomendados porque creen que el sistema es corrupto o incompetente, lo que puede agravar las desigualdades en salud y retrasar las respuestas a los brotes [62,64,65] . Reconstruir la confianza requiere más que verificar los hechos; exige una comunicación sostenida y transparente que reconozca los errores del pasado, involucre a las comunidades y demuestre que las instituciones de salud rinden cuentas y responden a las preocupaciones públicas [62,64,65] . Sin abordar esta erosión, la desinformación seguirá debilitando los cimientos de la protección colectiva de la salud [62,64,65] .

        La desinformación sanitaria en las redes sociales puede contribuir directamente al aumento de la transmisión de enfermedades al desalentar los comportamientos protectores y promover los riesgosos [19,63,67] . Las afirmaciones falsas de que las mascarillas no funcionan, que el distanciamiento social es innecesario o que ciertas infecciones son inofensivas han llevado a algunas personas a ignorar las directrices de salud pública durante los brotes, aumentando la probabilidad de propagación [19,63,67] . Estos mensajes a menudo ganan adeptos porque prometen libertad o normalidad, atrayendo a quienes se sienten agobiados por las restricciones o escépticos ante la autoridad [19,63,67] . Cuando se comparten ampliamente, pueden normalizar comportamientos que aceleran la transmisión, como las grandes reuniones o el incumplimiento de la cuarentena [19,63,67] . La evidencia de varios brotes muestra que las áreas con alta exposición a este tipo de contenido a veces han experimentado aumentos más rápidos de casos o menor adherencia a las medidas preventivas [19,63,67] . En casos extremos, la desinformación ha retrasado las pruebas, el tratamiento o el aislamiento, permitiendo que las infecciones se propaguen silenciosamente por las comunidades antes de ser detectadas [19,63,67] . El impacto en la salud pública es claro: cuando las medidas de protección se ven socavadas por falsedades ampliamente difundidas, el resultado es una mayor morbilidad, mortalidad y presión sobre los sistemas de salud [19,63,67] . Es esencial una respuesta rápida y creíble, pero esta debe competir con el contenido que se difunde más rápido y se percibe como más inmediato [19,63,67] .

        La pandemia de COVID-19 proporciona estudios de caso claros sobre cómo la desinformación sanitaria, o la “infodemia”, puede desbordar las respuestas de salud pública y moldear las trayectorias del brote [19,67,69] . Al principio de la pandemia, las afirmaciones sobre tratamientos no probados, la ineficacia de las mascarillas y los peligros de las vacunas se propagaron rápidamente a través de las plataformas, creando confusión y socavando el cumplimiento de las medidas preventivas básicas [19,67,69] . En algunos países, estas narrativas contribuyeron a retrasos en los confinamientos, un uso desigual de las mascarillas y reticencia a la vacunación que prolongó la transmisión y aumentó la mortalidad [19,67,69] . Las agencias de salud pública lucharon por mantenerse al día con el volumen y la velocidad de la información falsa, que a menudo provenía de fuentes aparentemente creíbles o era amplificada por algoritmos [19,68,70] . Las fases posteriores de la pandemia mostraron patrones similares en torno a las dosis de refuerzo y las variantes, donde la desinformación sobre los efectos secundarios o las teorías conspirativas mantuvieron las tasas de vacunación por debajo de los umbrales necesarios para un control sostenido [19,67,69] . Estos casos ilustran cómo una infodemia puede interactuar con una epidemia, convirtiendo lo que podrían haber sido medidas de salud pública sencillas en debates polarizados y controvertidos [19,67,69] . La experiencia de la COVID-19 ha dejado un legado de lecciones sobre la necesidad de un monitoreo proactivo, equipos de respuesta rápida y estrategias de comunicación que puedan sortear el ruido de la desinformación durante las crisis [19,67,69] .

        Estrategias para detectar, gestionar y contrarrestar la desinformación sobre salud en las redes sociales.

        Intervenciones tecnológicas y algorítmicas

        La IA se ha convertido en una herramienta fundamental para detectar desinformación sobre salud en las redes sociales, utilizando el aprendizaje automático para identificar patrones en texto, imágenes y comportamiento del usuario que señalan falsedades [70-72] . Estos sistemas se entrenan con grandes conjuntos de datos de afirmaciones verificadas, tanto verdaderas como falsas, sobre vacunas, tratamientos y medidas de salud pública, aprendiendo a reconocer señales lingüísticas, credibilidad de la fuente y patrones de propagación que distinguen el contenido fiable del engañoso [70-72] . Una vez implementados, los clasificadores de IA pueden escanear publicaciones en tiempo real, señalando el material sospechoso para su revisión humana o acción automática, lo que permite a las plataformas responder más rápido que la moderación manual por sí sola [70-72] . Los estudios que evalúan estos enfoques han demostrado que los modelos bien entrenados pueden alcanzar una alta precisión en tipos comunes de desinformación sobre salud, como afirmaciones antivacunas o promociones de remedios falsos [70-72] . Sin embargo, el rendimiento varía según el idioma, el tema y el contexto, y las falsedades sofisticadas que imitan el discurso legítimo aún pueden eludir la detección [70-72] . Además, los sistemas de IA requieren un reentrenamiento constante para mantenerse al día con las tácticas en evolución y las nuevas emergencias sanitarias [70-72] . A pesar de estos desafíos, la detección basada en IA representa una primera línea de defensa escalable, que permite a las plataformas priorizar el contenido dañino para la intervención, al tiempo que permite que la información precisa circule más libremente [70-72] .

        Las políticas de las plataformas para eliminar la desinformación sobre salud han evolucionado en respuesta a las crisis de salud pública, equilibrando la libertad de expresión con la necesidad de proteger a los usuarios del contenido dañino [73-75] . Estas políticas suelen definir el contenido prohibido, como afirmaciones falsas sobre vacunas, tratamientos o medidas para pandemias, y describen los procedimientos para su detección, revisión y actuación [73-75] . Una vez señaladas —a menudo mediante IA, informes de usuarios o colaboraciones con expertos— las publicaciones pueden eliminarse, las cuentas suspenderse o su visibilidad reducirse, según la gravedad y el contexto [73-75] . Las plataformas también han introducido etiquetas, avisos de advertencia y reducido la distribución de contenido límite que no cumple con el umbral de eliminación [73-75] . La investigación sobre estas políticas sugiere que la eliminación proactiva puede limitar el alcance de la desinformación peligrosa, especialmente cuando se aplica de forma coherente y transparente [73-75] . Sin embargo, la aplicación es desigual, ya que las diferencias culturales, los requisitos legales y las limitaciones de recursos afectan a cómo se aplican las normas en las distintas regiones e idiomas [73-75] . Los críticos también argumentan que la eliminación puede ser contraproducente al reforzar la creencia de que las plataformas están censurando opiniones disidentes, lo que puede llevar a los usuarios a espacios alternativos [73-75] . Desde una perspectiva de salud pública, las políticas efectivas requieren criterios claros, respuesta rápida y colaboración con las autoridades sanitarias, evitando al mismo tiempo extralimitaciones que socaven la confianza en el propio proceso de moderación [73-75] .

        Los sistemas de verificación de hechos han surgido como una estrategia clave para contrarrestar la desinformación en salud, verificando afirmaciones con fuentes confiables y brindando a los usuarios evaluaciones claras de precisión [70,72,76] . Estos sistemas a menudo involucran organizaciones independientes o herramientas integradas en plataformas que investigan afirmaciones específicas sobre vacunas, tratamientos o medidas de salud pública, y luego publican calificaciones como «verdadero», «falso» o «mixto» [70,72,76] . Cuando se integran con las redes sociales, las verificaciones de hechos pueden vincularse o mostrarse junto a las publicaciones controvertidas, brindando a los usuarios contexto inmediato sin eliminar el contenido por completo [70,72,76] . Los estudios que evalúan la verificación de hechos han encontrado que puede reducir la creencia y la difusión de desinformación, particularmente cuando las verificaciones son oportunas, concisas y provienen de fuentes confiables [70,72,76] . Sin embargo, la efectividad depende de qué tan amplio sea el alcance de las correcciones, si los usuarios interactúan con ellas y cómo interpretan la información [70,72,76] . En algunos casos, las verificaciones de hechos tienen poco impacto en los creyentes convencidos o incluso pueden reforzar las ideas erróneas al repetir la afirmación falsa original [70,72,76] . Para abordar esto, los investigadores han abogado por la verificación preventiva de hechos, la verificación colaborativa y formatos que enfatizan la evidencia sobre la confrontación [70,72,76] . Si bien no es una solución completa, los sistemas de verificación de hechos proporcionan una forma transparente y basada en evidencia para desafiar la desinformación sobre salud a gran escala, complementando otras intervenciones como la educación y la moderación de plataformas [70,72,76] .

        Las estrategias de moderación de contenido para la desinformación sobre salud combinan la detección automatizada, la revisión humana y los informes de los usuarios para identificar y abordar publicaciones dañinas de manera eficiente [73-75] . La moderación comienza con filtros de IA que escanean palabras clave, patrones o fuentes asociadas con falsedades sobre vacunas, tratamientos o guías de salud pública, señalando el contenido de alto riesgo para un examen más detallado [73-75] . Luego, revisores humanos capacitados evalúan el contexto, la intención y el impacto potencial, decidiendo si eliminar, etiquetar, degradar o dejar la publicación intacta [73-75] . Los informes de los usuarios proporcionan una capa adicional, lo que permite a las comunidades sacar a la luz problemas emergentes que los algoritmos podrían pasar por alto [73-75] . La investigación sobre estas estrategias muestra que los enfoques escalonados, que van desde advertencias hasta eliminación según la gravedad, pueden reducir la propagación de desinformación peligrosa al tiempo que preservan el debate abierto [73-75] . Sin embargo, persisten los desafíos para ampliar la moderación a través de idiomas, culturas y temas de salud en rápida evolución, y la moderación excesiva puede alienar a los usuarios o llevarlos a plataformas menos reguladas [73-75] . Las estrategias efectivas también requieren directrices claras, transparencia sobre las decisiones y colaboración con expertos en salud para garantizar que la moderación se alinee con las prioridades de salud pública en lugar de estándares arbitrarios o inconsistentes [73-75] . En general, la moderación de contenido sigue siendo una herramienta imperfecta pero esencial para gestionar la desinformación en materia de salud, equilibrando la necesidad de proteger la seguridad pública con el valor de la libertad de expresión [73-75] .

        Los sistemas de detección automatizada de desinformación sobre salud tienen limitaciones claras que restringen su eficacia como solución independiente [64,70,76] . A pesar de los avances en el aprendizaje automático, estos sistemas tienen dificultades con el contexto, los matices y la desinformación novedosa que no coincide con los datos de entrenamiento, como la sátira, el sarcasmo o las afirmaciones de salud emergentes [64,70,76] . También pueden producirse falsos positivos, que marcan discusiones legítimas u opiniones minoritarias como desinformación, lo que erosiona la confianza del usuario y crea percepciones de censura [64,70,76] . Las barreras lingüísticas complican aún más la detección, ya que la mayoría de los sistemas funcionan mejor en idiomas ampliamente utilizados y fallan en dialectos, jerga o idiomas con pocos recursos donde la desinformación sobre salud puede proliferar [64,70,76] . Los estudios han documentado estos problemas en aplicaciones del mundo real, donde las herramientas automatizadas pasaron por alto falsedades sofisticadas o corrigieron en exceso el contenido ambiguo, lo que llevó a una moderación insuficiente y excesiva [64,70,76] . La rápida evolución de las tácticas utilizadas por los difusores de desinformación también requiere un reentrenamiento constante, que es intensivo en recursos y puede quedar rezagado con respecto a los nuevos desarrollos [64,70,76] . Además, los sistemas de IA pueden heredar sesgos de sus datos de entrenamiento, lo que provoca un rendimiento sistemáticamente inferior para ciertos temas, regiones o comunidades [64,70,76] . Estas limitaciones significan que la detección automatizada funciona mejor como parte de una estrategia más amplia que incluye supervisión humana, educación del usuario y comunicación proactiva de salud pública, en lugar de como una solución completa para el complejo problema de la desinformación en salud [64,70,76] .

        Estrategias de comunicación en salud pública y alfabetización digital

        Las campañas educativas para mejorar la alfabetización mediática se han convertido en una piedra angular de los esfuerzos para contrarrestar la desinformación sobre salud en las redes sociales [73,75,77] . Estas campañas enseñan a las personas cómo evaluar la información de salud en línea verificando las fuentes, identificando sesgos, reconociendo la manipulación emocional y contrastando las afirmaciones con medios creíbles [73,75,77] . Herramientas simples como listas de verificación, infografías y videos cortos ayudan a los usuarios a detectar señales de alerta como evidencia anecdótica, promesas exageradas o falta de transparencia sobre la financiación [73,75,77] . Al desarrollar estas habilidades, los comunicadores de salud pública buscan crear comunidades más escépticas ante afirmaciones dudosas y mejor preparadas para compartir información precisa [73,75,77] . Los estudios que evalúan estas iniciativas han demostrado que los programas de alfabetización mediática dirigidos pueden mejorar la capacidad de las personas para distinguir la realidad de la ficción, especialmente cuando se imparten a través de escuelas, lugares de trabajo o grupos comunitarios [73,75,77] . Por ejemplo, los participantes expuestos a una breve capacitación sobre credibilidad de fuentes y falacias lógicas han sido menos propensos a compartir o creer publicaciones engañosas sobre salud en pruebas de seguimiento [73,75,77] . Sin embargo, persisten los desafíos: no todos tienen el tiempo, el interés o el conocimiento previo para interactuar profundamente con estos materiales, y las habilidades aprendidas en un contexto pueden no transferirse a otros [73,75,77] . A pesar de estas limitaciones, las campañas de alfabetización mediática representan un enfoque proactivo y empoderador que aborda las causas fundamentales de la susceptibilidad a la desinformación en lugar de simplemente reaccionar a publicaciones falsas individuales [73,75,77] .

        Instituciones confiables como agencias de salud pública, universidades y organismos profesionales desempeñan un papel vital en la lucha contra la desinformación sanitaria a través de mensajes autorizados y oportunos [19,71,77] . Estas organizaciones tienen la experiencia y la credibilidad para brindar aclaraciones basadas en evidencia que pueden llegar a un público amplio y restaurar la confianza en las prácticas de salud recomendadas [19,71,77] . Al emitir declaraciones claras y accesibles a través de sus propios canales y asociarse con plataformas, pueden amplificar la información precisa y abordar directamente las falsedades que circulan [19,71,77] . La clave es responder rápidamente, usar un lenguaje sencillo y reconocer las preocupaciones legítimas al tiempo que se corrigen firmemente los errores [19,71,77] . La investigación ha demostrado que cuando las instituciones participan de manera proactiva en lugar de reactiva, pueden limitar la propagación de la desinformación y mantener la confianza pública, especialmente durante las crisis [19,71,77] . Por ejemplo, las cuentas oficiales que publican infografías, sesiones en vivo o hilos que desmienten mitos a veces han superado a las falsedades virales en alcance y participación, particularmente cuando usan formatos con los que el público se identifica y portavoces creíbles [19,71,77] . Sin embargo, los mensajes institucionales pueden tener dificultades contra creencias profundamente arraigadas o desconfianza hacia la autoridad, y las respuestas demasiado defensivas o técnicas pueden ser descartadas como sesgadas o elitistas [19,71,77] . Para ser efectivos, los contramensajes de instituciones confiables deben equilibrar la autoridad con la empatía, la transparencia y la accesibilidad, mientras construyen relaciones a largo plazo con las comunidades en línea en lugar de tratar cada incidente de forma aislada [19,71,77] .

        Los enfoques de participación comunitaria para contrarrestar la desinformación en salud enfatizan trabajar con grupos en línea en lugar de hablar en ellos, construyendo relaciones y comprensión compartida [74,75,77] . Estas estrategias implican identificar personas influyentes clave, espacios de discusión y puntos de contacto culturales donde las conversaciones sobre salud ocurren naturalmente, y luego participar en esas conversaciones con respeto e interés genuino [74,75,77] . En lugar de publicar correcciones genéricas, los actores de salud pública podrían hacer preguntas, compartir historias o colaborar en contenido que aborde las preocupaciones locales mientras introducen evidencia de manera gradual [74,75,77] . Con el tiempo, esto genera confianza y hace que las personas sean más receptivas a la información precisa [74,75,77] . Las evaluaciones de intervenciones basadas en la comunidad han encontrado que la participación sostenida y orientada al diálogo puede reducir la adopción de desinformación y aumentar la disposición a seguir las pautas de salud pública, particularmente en grupos muy unidos o escépticos [74,75,77] . Por ejemplo, trabajar con líderes locales o cuentas populares para cocrear mensajes sobre vacunación o pruebas ha dado lugar a veces a una mayor aceptación que las campañas dirigidas únicamente desde arriba [74,75,77] . Sin embargo, estos enfoques requieren tiempo, sensibilidad cultural y la capacidad de escuchar tanto como de hablar, y pueden no funcionar en espacios altamente polarizados o anónimos [74,75,77] . No obstante, cuando se hace bien, la participación comunitaria convierte la lucha contra la desinformación en un proceso colaborativo que fortalece los lazos sociales y la resiliencia de la salud pública [74,75,77] .

        La colaboración entre organizaciones de salud pública y plataformas de redes sociales se ha convertido en una estrategia clave para detectar y gestionar la desinformación sanitaria a gran escala [71-73] . Las plataformas pueden priorizar fuentes creíbles, etiquetar contenido cuestionable o reducir temporalmente la visibilidad de publicaciones que infrinjan las directrices relacionadas con la salud, mientras que las agencias de salud aportan su experiencia sobre qué constituye desinformación dañina [71-73] . Estas alianzas suelen incluir paneles de control compartidos, canales de denuncia rápida y políticas desarrolladas conjuntamente que equilibran la libertad de expresión con la seguridad pública [71-73] . Durante las crisis, estas colaboraciones han permitido una identificación y eliminación más rápidas de afirmaciones peligrosas sobre tratamientos o vacunas [71-73] . Los estudios sobre estos esfuerzos han mostrado resultados mixtos: algunas intervenciones han limitado con éxito el alcance de la desinformación, pero otras han sido criticadas por una aplicación inconsistente o por la supresión involuntaria del debate legítimo [71-73] . Las plataformas se enfrentan a presiones comerciales para mantener la participación de los usuarios, mientras que las agencias de salud se preocupan por el exceso de alcance o el sesgo, lo que hace que la confianza y los acuerdos claros sean esenciales [71-73] . A pesar de los desafíos, la colaboración ofrece una forma práctica de aprovechar las herramientas y los datos de la plataforma para el beneficio de la salud pública, aunque requiere un diálogo continuo, transparencia sobre la toma de decisiones y evaluación de los impactos tanto en la desinformación como en el discurso público [71-73] .

        Evaluar la efectividad de las intervenciones contra la desinformación requiere una medición cuidadosa de los resultados tanto inmediatos como a largo plazo [71,76,77] . Los estudios a menudo utilizan métricas como cambios en las tasas de compartición, creencia en afirmaciones específicas o alfabetización mediática autoinformada antes y después de la exposición a contenido educativo, correcciones o cambios de plataforma [71,76,77] . Algunos han rastreado la rapidez con que las publicaciones falsas pierden visibilidad después de la moderación o si los contramensajes llegan a las mismas audiencias que la desinformación original [71,76,77] . Las evaluaciones más sofisticadas vinculan las intervenciones digitales con comportamientos del mundo real, como la aceptación de la vacunación o la utilización de la atención médica, aunque establecer la causalidad sigue siendo difícil [71,76,77] . Los hallazgos son alentadores pero variados: las campañas de alfabetización mediática pueden mejorar el pensamiento crítico, las correcciones de fuentes confiables pueden reducir la creencia en falsedades y las acciones de la plataforma pueden limitar la propagación, pero los efectos a menudo son modestos y específicos del contexto [71,76,77] . Entre los desafíos se incluyen la dificultad de llegar a los creyentes arraigados, el riesgo de efectos contraproducentes y la intensidad de recursos que requiere el monitoreo sostenido [71,76,77] . Por lo tanto, es esencial una evaluación rigurosa para identificar qué funciona, para quién y bajo qué condiciones, asegurando que los esfuerzos de salud pública se basen en la evidencia en lugar de estar impulsados ​​por suposiciones o presiones a corto plazo [71,76,77] .

        Consideraciones éticas, legales y de privacidad en el uso de datos de redes sociales para la salud pública

        Cuestiones éticas en la recopilación y vigilancia de datos

        Obtener el consentimiento informado para el uso de datos de redes sociales en la vigilancia de la salud pública presenta desafíos únicos, porque los usuarios suelen publicar contenido sin anticipar que será analizado con fines epidemiológicos [78-80] . Los términos de servicio de la mayoría de las plataformas otorgan amplios derechos de acceso a los datos, pero estos acuerdos no abordan específicamente la investigación o vigilancia de la salud, lo que deja a los usuarios sin saber que sus publicaciones sobre síntomas o problemas de salud podrían contribuir al monitoreo a nivel poblacional [78-80] . Esto plantea interrogantes sobre si la recopilación pasiva de datos respeta la autonomía y las expectativas de privacidad de las personas que ven las redes sociales como un espacio personal [78-80] . Los investigadores han argumentado que el consentimiento retroactivo es impracticable para la vigilancia a gran escala, y que la anonimización por sí sola puede no ser suficiente para proteger las identidades en la era de las sofisticadas técnicas de reidentificación [78-80] . En algunos casos, los usuarios podrían apoyar los usos de sus datos para la salud pública si se les preguntara directamente, pero sin mecanismos claros de aceptación, la opción predeterminada es usar los datos sin permiso explícito [78-80] . Esta tensión subraya la necesidad de políticas transparentes, controles de usuario y comunicación sobre cómo se manejan los datos de las redes sociales en contextos de salud, para que los beneficios de la vigilancia no se obtengan a costa de erosionar la confianza o violar expectativas razonables de privacidad [78-80] . Equilibrar estas preocupaciones éticas requiere un diálogo continuo entre investigadores, plataformas y el público sobre qué constituye un uso aceptable de las huellas digitales compartidas voluntariamente [78-80] .

        La recopilación pasiva de datos de las redes sociales, que consiste en obtener publicaciones, perfiles e interacciones sin la participación directa del usuario, plantea importantes preocupaciones éticas sobre la privacidad, la autonomía y el daño potencial [79-81] . A diferencia de los estudios activos, donde los participantes saben que están siendo observados, la vigilancia pasiva trata las publicaciones públicas como material de investigación, a menudo sin notificar ni solicitar permiso a quienes las crearon [79-81] . Este enfoque puede capturar inadvertidamente detalles sensibles sobre la salud que los usuarios no tenían intención de compartir ampliamente ni con los investigadores, lo que aumenta los riesgos de estigma, discriminación o exposición no deseada si los datos se desanonimizan o se utilizan indebidamente [79-81] . La literatura sobre estos temas enfatiza que la naturaleza pública de las redes sociales no elimina las obligaciones éticas y que los investigadores deben considerar el contexto en el que se publicaron los datos y las expectativas razonables de privacidad [79-81] . Por ejemplo, una mención casual de síntomas podría ser aceptable para compartir personalmente, pero problemática cuando se agrega en perfiles de vigilancia que podrían vincularse a individuos [79-81] . Los críticos también se preocupan por el desequilibrio de poder entre los recolectores de datos y los sujetos, y el potencial de que la recolección pasiva normalice la vigilancia constante sin salvaguardias adecuadas [79-81] . Por lo tanto, la práctica ética exige una anonimización sólida, una retención mínima de datos y procesos de revisión institucional que sopesen los beneficios para la salud pública frente a los derechos individuales, asegurando que la vigilancia pasiva no se convierta en una expansión descontrolada de la extracción de datos de usuarios desprevenidos [79-81] .

        El uso de las redes sociales para la vigilancia de la salud pública conlleva riesgos de extralimitación, donde el monitoreo destinado a la detección de enfermedades se expande a un seguimiento de comportamiento más amplio o al control social [17,78,82] . Sin límites claros, las agencias podrían usar datos relacionados con la salud para perfilar comunidades, predecir comportamientos o justificar intervenciones más allá de las necesidades inmediatas de salud pública [17,78,82] . Esto puede erosionar las libertades civiles, crear efectos disuasorios sobre la libertad de expresión y afectar de manera desproporcionada a los grupos marginados que ya están sujetos a un mayor escrutinio [17,78,82] . Los estudios han destacado cómo los sistemas de vigilancia, una vez establecidos, tienden a crecer en alcance, recopilando más tipos de datos, reteniendo la información por más tiempo y compartiéndola entre agencias o fronteras [17,78,82] . En contextos de salud, las definiciones vagas de «interés público» pueden justificar un uso expansivo de datos, mientras que las capacidades técnicas superan los marcos legales y éticos [17,78,82] . Por ejemplo, el seguimiento de síntomas podría evolucionar hacia la vigilancia de la disidencia política o los movimientos sociales si se reutilizan los datos de salud [17,78,82] . Para mitigar el exceso de alcance, los investigadores abogan por mandatos estrictos, supervisión independiente, auditorías de uso de datos y cláusulas de extinción que limiten la retención y el propósito, asegurando que la vigilancia siga centrada en objetivos legítimos de salud pública en lugar de infiltrarse en el control general de la población [17,78,82] .

        Equilibrar los beneficios para la salud pública de la vigilancia en redes sociales con los derechos individuales requiere una cuidadosa deliberación ética y salvaguardias prácticas [78,79,83] . Por un lado, los datos agregados pueden permitir la detección temprana de brotes, intervenciones dirigidas y asignación de recursos que protejan a comunidades enteras de daños [78,79,83] . Por otro lado, la privacidad individual, la autonomía y la libertad de intrusión no justificada deben protegerse, especialmente porque los sujetos de datos rara vez dan su consentimiento para tales usos [78,79,83] . Esta tensión es particularmente aguda cuando la vigilancia afecta de manera desproporcionada a grupos vulnerables o cuando los beneficios son inciertos mientras que los riesgos son inmediatos [78,79,83] . La literatura aboga por la proporcionalidad: la recopilación de datos debe ser necesaria, mínima y limitada en el tiempo, con una justificación clara que demuestre que el bien público supera los costos privados [78,79,83] . Mecanismos como la minimización de datos, la anonimización rigurosa, la revisión ética independiente y la presentación de informes públicos ayudan a garantizar la rendición de cuentas y a reconstruir la confianza [78,79,83] . Algunos marcos proponen una gobernanza participativa, donde las comunidades ayudan a definir los usos aceptables y a supervisar el cumplimiento [78,79,83] . En última instancia, un equilibrio efectivo requiere una evaluación continua, una toma de decisiones transparente y el reconocimiento de que la vigilancia es un contrato social, no un derecho absoluto, que exige una justificación constante a aquellos cuyos datos permiten obtener beneficios para la salud pública [78,79,83] .

        Los marcos éticos para la epidemiología digital buscan guiar el uso responsable de los datos de las redes sociales, maximizando al mismo tiempo los beneficios para la salud pública [17,79,84] . Estos marcos suelen enfatizar principios como la beneficencia, la no maleficencia, la justicia, el respeto a las personas, la transparencia y la rendición de cuentas [17,79,84] . Proporcionan formas estructuradas de evaluar si las actividades de vigilancia propuestas son proporcionales, necesarias y respetuosas de los derechos, a menudo mediante listas de verificación, árboles de decisión o procesos de revisión institucional [17,79,84] . Por ejemplo, los marcos pueden requerir justificación para la recopilación de datos, planes para la minimización y anonimización, y estrategias para la participación de la comunidad [17,79,84] . Ejemplos aplicados muestran que estas herramientas ayudan a los investigadores a abordar los desafíos del consentimiento, los riesgos de privacidad y las preocupaciones de equidad en proyectos reales [17,79,84] . Sin embargo, la implementación varía, ya que los marcos suelen ser consultivos en lugar de obligatorios, y las diferencias globales en la regulación crean brechas [17,79,84] . Los defensores piden estándares internacionales más rigurosos, capacitación para profesionales e integración con requisitos legales como el RGPD o la HIPAA [17,79,84] . Al proporcionar orientación basada en principios, los marcos éticos ayudan a garantizar que la epidemiología digital sirva a la salud pública sin comprometer los valores fundamentales ni erosionar la confianza en los sistemas que dependen del intercambio voluntario de datos [17,79,84] .

        Marcos legales y regulatorios que rigen el uso de datos en redes sociales.

        Las leyes de protección de datos, como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en Europa y marcos similares en otros lugares, se han convertido en elementos centrales para regular cómo se pueden utilizar los datos de las redes sociales con fines de salud pública [78,79,82] . Estas leyes exigen que los datos personales, incluidas las publicaciones relacionadas con la salud, los perfiles de usuario y la información de ubicación, se recopilen y procesen solo con consentimiento claro, propósito transparente y medidas de seguridad robustas [78,79,82] . Los investigadores de salud pública deben demostrar que su uso de datos de redes sociales sirve a un interés público legítimo al tiempo que minimiza los riesgos para la privacidad individual, a menudo mediante técnicas como la anonimización de datos, la agregación y el acceso limitado en el tiempo [78,79,82] . En la práctica, el RGPD y sus equivalentes crean tanto oportunidades como limitaciones: protegen a los usuarios de la explotación, pero pueden complicar los proyectos de vigilancia a gran escala que dependen de datos granulares en tiempo real [78,79,82] . Por ejemplo, extraer publicaciones públicas para el monitoreo de brotes puede ser permisible bajo exenciones de salud pública, pero vincular esas publicaciones a usuarios identificables o utilizarlas para modelos predictivos a menudo requiere aprobación formal y salvaguardias [78,79,82] . El incumplimiento puede dar lugar a fuertes multas y pérdida de la confianza pública, lo que hace que la revisión legal sea esencial para cualquier investigación de salud basada en redes sociales [78,79,82] . Por lo tanto, estos marcos impulsan a los actores de salud pública a equilibrar el valor de los datos digitales con los derechos de las personas, fomentando usos más responsables y defendibles de la información de las redes sociales [78,79,82] .

        Las políticas nacionales sobre datos de salud digital están configurando cómo se puede utilizar la información de las redes sociales para la vigilancia, la investigación y la comunicación de salud pública [78,82,83] . Estas políticas a menudo se basan en leyes generales de protección de datos, pero añaden reglas específicas para aplicaciones relacionadas con la salud, como requisitos para la revisión ética, la localización de datos y la notificación obligatoria de violaciones [78,82,83] . En algunos países, las autoridades de salud pública han recibido exenciones para recopilar y analizar datos de redes sociales durante emergencias, mientras que otros mantienen controles estrictos incluso en crisis [78,82,83] . Esta variación crea un mosaico de reglas que los investigadores deben manejar cuando trabajan a través de fronteras o con plataformas globales [79,83,84] . Los estudios de enfoques nacionales resaltan tanto fortalezas como deficiencias [78,82,83] . Cuando las políticas son claras y se aplican bien, pueden permitir usos innovadores de datos digitales al tiempo que protegen la privacidad, pero las reglas vagas o demasiado restrictivas pueden obstaculizar la vigilancia y la investigación oportunas [78,82,83] . Por ejemplo, algunas naciones requieren aprobación previa para cualquier recopilación de datos relacionados con la salud provenientes de redes sociales, mientras que otras lo dejan a discreción de la plataforma, lo que genera incertidumbre para los equipos de salud pública [78,82,83] . Por lo tanto, las políticas nacionales efectivas deben lograr un equilibrio: brindar claridad legal y flexibilidad para las necesidades legítimas de salud pública, al tiempo que se protege contra el mal uso, la explotación comercial o la creciente vigilancia [78,82,83] .

        Organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) desempeñan un papel importante en la configuración de normas globales para el uso de datos de redes sociales en la salud pública [79,82,84] . Estos organismos desarrollan directrices, marcos de mejores prácticas y recomendaciones que ayudan a los países a armonizar sus enfoques de vigilancia digital al tiempo que abordan desafíos transfronterizos como los flujos de datos y los estándares de privacidad [79,82,84] . Al convocar a expertos y partes interesadas, también facilitan el intercambio de conocimientos sobre qué funciona y qué no en el uso responsable de los datos de redes sociales [79,82,84] . Por ejemplo, la OMS ha emitido principios para la epidemiología digital ética, haciendo hincapié en el consentimiento, la transparencia y la proporcionalidad, mientras que el ECDC ha apoyado proyectos piloto que prueban métodos de vigilancia a través de las fronteras europeas [79,82,84] . Estos esfuerzos ayudan a llenar las lagunas en la regulación nacional y crean una base de referencia para la rendición de cuentas que las plataformas y los investigadores pueden utilizar como referencia [79,82,84] . Sin embargo, las organizaciones internacionales carecen de poder coercitivo directo, por lo que su influencia depende de la adopción voluntaria por parte de los Estados miembros y las empresas privadas [79,82,84] . A medida que las amenazas a la salud digital se vuelven más transnacionales, el papel coordinador de estos organismos será aún más crucial para garantizar que los datos de las redes sociales sirvan a la salud pública sin comprometer los derechos individuales [79,82,84] .

        Los riesgos legales por el mal uso de datos de redes sociales en contextos de salud pública pueden ser sustanciales y multifacéticos, afectando a investigadores, instituciones y plataformas por igual [78,82,83] . Los riesgos más inmediatos implican violaciones de las leyes de protección de datos, como recopilar información personal sin consentimiento, no anonimizar adecuadamente los datos o usarlos para fines más allá de lo que fue autorizado originalmente [78,82,83] . Tales violaciones pueden resultar en multas, demandas y daños a la reputación, particularmente cuando se trata de datos de salud identificables [78,82,83] . Otros riesgos se derivan de no obtener la aprobación ética, violar los términos de servicio de la plataforma o discriminar inadvertidamente a grupos protegidos a través de prácticas de datos sesgadas [78,82,83] . En algunas jurisdicciones, los actores de salud pública han enfrentado desafíos cuando los esfuerzos de vigilancia fueron percibidos como desproporcionados o discriminatorios, lo que llevó a la reacción pública y al escrutinio legal [78,82,83] . Para mitigar estos riesgos, los estudios recomiendan una revisión legal rigurosa, una documentación clara del uso de datos y una consulta continua con expertos en privacidad [79,83,84] . Si bien el potencial de los datos de las redes sociales para la salud pública es significativo, ignorar los riesgos legales puede socavar la confianza, detener proyectos y retrasar investigaciones legítimas, lo que hace que el cumplimiento no sea solo una obligación legal, sino una necesidad práctica [78,82,83] .

        La gobernanza de datos transfronterizos plantea desafíos significativos para el uso de datos de redes sociales en la vigilancia de la salud pública mundial [79,82,84] . Diferentes países tienen diferentes estándares de protección de datos, requisitos de consentimiento y definiciones de información personal, lo que dificulta la transferencia de datos a través de las fronteras sin violar las leyes de una jurisdicción [79,82,84] . Por ejemplo, lo que se considera datos anonimizados en un país aún puede ser identificable bajo las reglas más estrictas de otro país, lo que crea incertidumbre legal para los equipos de investigación multinacionales [79,82,84] . Las plataformas que operan globalmente también deben cumplir con las regulaciones más estrictas, lo que puede limitar el intercambio de datos incluso cuando los beneficios para la salud pública son claros [79,82,84] . Estos desafíos son particularmente agudos durante las pandemias, cuando el flujo de información oportuno es esencial, pero las barreras legales ralentizan la colaboración [79,82,84] . Los estudios han pedido estándares internacionales armonizados, acuerdos de reconocimiento mutuo y sistemas de datos federados que permitan el análisis sin transferencia física de datos [79,82,84] . Hasta que se implementen dichas soluciones, la gobernanza transfronteriza seguirá siendo un cuello de botella para la epidemiología digital, lo que requerirá que los actores de la salud pública inviertan en experiencia legal, generen confianza entre jurisdicciones y exploren soluciones técnicas que respeten los diversos entornos regulatorios [79,82,84] .

        Desafíos y limitaciones del uso de las redes sociales en la práctica de la salud pública.

        Problemas relacionados con la calidad, el sesgo y la representatividad de los datos.

        Los datos de redes sociales para el análisis de salud pública a menudo sobrerrepresentan a ciertos grupos demográficos, creando un sesgo que puede distorsionar la vigilancia de enfermedades y las estimaciones de población [2,33,50] . Las personas más jóvenes, los residentes urbanos y las personas más educadas o adineradas tienden a publicar con mayor frecuencia y abiertamente sobre problemas de salud, mientras que los adultos mayores, las poblaciones rurales y los grupos de bajos ingresos están subrepresentados o ausentes [2,33,50] . Este desequilibrio significa que las señales extraídas de las redes sociales pueden reflejar las experiencias y preocupaciones de subgrupos digitalmente activos en lugar de la población en su conjunto [2,33,50] . Por ejemplo, las tendencias de síntomas o el sentimiento de vacunación derivados de plataformas como Twitter pueden capturar las perspectivas de los jóvenes urbanos pero no cómo los ancianos rurales o las comunidades sin conexión perciben los mismos problemas [2,33,50] . Los investigadores han señalado que este sesgo puede llevar a una sobreestimación de la conciencia o el cumplimiento en los grupos privilegiados y a una subestimación de las barreras que enfrentan los marginados [2,33,50] . Ajustar estos sesgos es difícil porque los detalles demográficos suelen ser incompletos o autoinformados de forma inexacta, y los esquemas de ponderación simples pueden no corregir completamente la falta de participación [2,33,50] . El resultado son datos de vigilancia que son útiles para algunos propósitos pero poco fiables para generalizar a tendencias nacionales o mundiales, lo que resalta la necesidad de complementar el análisis de redes sociales con encuestas representativas o registros administrativos para garantizar información equitativa y precisa sobre salud pública [2,33,50] .

        La brecha digital limita la representatividad de los datos de redes sociales para la salud pública, porque no todos tienen el mismo acceso a las plataformas o los medios para participar activamente [2,6,52] . Las personas mayores, los hogares de bajos ingresos, los residentes rurales y aquellos en regiones en desarrollo tienen menos probabilidades de usar las redes sociales, se sienten menos cómodos publicando sobre salud o están completamente desconectados [2,6,52] . Esta exclusión significa que las señales de vigilancia obtenidas de las plataformas digitales reflejan principalmente las opiniones y experiencias de poblaciones urbanas más jóvenes y conectadas, dejando fuera a grandes segmentos de la sociedad [2,6,52] . En la práctica, esta brecha puede conducir a respuestas erróneas de salud pública, como asumir que una alta conciencia en línea equivale a un cambio de comportamiento en el mundo real, cuando los grupos desconectados enfrentan diferentes barreras y fuentes de información [2,6,52] . Los estudios han demostrado que la vigilancia digital subestima la carga de enfermedad o la reticencia en áreas con poca conectividad, lo que potencialmente dirige los recursos lejos de donde más se necesitan [2,6,52] . Para cerrar la brecha se requieren enfoques híbridos que combinen las redes sociales con métodos tradicionales como encuestas telefónicas, trabajadores de salud comunitarios o informes en papel, pero estos añaden complejidad y costo [2,6,52] . Hasta que el acceso sea más universal, la brecha digital sigue siendo una limitación fundamental, lo que recuerda a los analistas que los datos de las redes sociales ofrecen solo una ventana parcial y privilegiada a las realidades de la salud pública en lugar de una imagen completa [2,6,52] .

        Los bots y las cuentas falsas socavan la calidad de los datos de las redes sociales para la salud pública al inyectar señales artificiales que distorsionan los patrones genuinos de discusión y sentimiento sobre enfermedades [64,70,72] . Las cuentas automatizadas pueden inundar las conversaciones con afirmaciones, hashtags o reacciones repetitivas, haciendo que parezca que ciertas narrativas de salud tienen más apoyo del que realmente tienen [64,70,72] . Estas contribuciones sintéticas son especialmente problemáticas para la vigilancia, porque inflan o suprimen los indicadores de conciencia, preocupación o cumplimiento, lo que lleva a predicciones erróneas de brotes o a una focalización de intervenciones [64,70,72] . Detectar bots es un desafío, ya que los sofisticados imitan el lenguaje, el tiempo y las redes humanas, evadiendo los filtros simples [64,70,72] . En algunos casos, las campañas coordinadas han utilizado miles de perfiles falsos para amplificar la desinformación sobre vacunas o tratamientos, confundiendo tanto a los analistas como al público [64,70,72] . Los investigadores han desarrollado clasificadores de aprendizaje automático para identificar actividades sospechosas, pero estas herramientas son imperfectas y requieren actualizaciones constantes a medida que evolucionan las tácticas de los bots [64,70,72] . Por lo tanto, la presencia de falsificaciones obliga a los equipos de salud pública a invertir en la limpieza, validación y verificación cruzada de datos con fuentes confiables, lo que añade carga e incertidumbre a lo que ya es un método aproximado de monitoreo [64,70,72] . Sin mejores controles a nivel de plataforma, los bots seguirán comprometiendo la integridad de las redes sociales como fuente de datos para la vigilancia de la salud [64,70,72] .

        Los sesgos lingüísticos y culturales en los datos de las redes sociales pueden distorsionar el análisis de la salud pública, ya que las plataformas y los algoritmos suelen priorizar los idiomas dominantes y los contextos culturales occidentales [33,63,66] . El contenido en inglés, español o mandarín recibe más atención y recursos de procesamiento, mientras que las publicaciones en idiomas o dialectos minoritarios se detectan menos o se traducen mal, lo que impide detectar señales de salud importantes de diversas comunidades [33,63,66] . Las diferencias culturales en la forma en que se describe la enfermedad, ya sea mediante metáforas, tabúes o términos locales, complican aún más el análisis automatizado, ya que los modelos entrenados en un contexto cultural pueden malinterpretar o ignorar expresiones de otros [33,63,66] . Por ejemplo, los informes de síntomas que utilizan términos indígenas o frases indirectas pueden no coincidir con las listas de palabras clave diseñadas para hablantes de inglés urbanos, lo que lleva a una subestimación de la actividad de la enfermedad en grupos no dominantes [33,63,66] . Durante los brotes mundiales, este sesgo ha significado que la vigilancia se haya centrado desproporcionadamente en regiones de alto perfil, pasando por alto los primeros signos en áreas lingüísticamente marginadas [33,63,66] . Abordar estos problemas requiere modelos multilingües, datos de capacitación cultural y supervisión humana, pero tales soluciones son intensivas en recursos y rara vez se implementan a gran escala [33,63,66] . El resultado es un monitoreo de la salud que refleja la demografía de la plataforma y las preferencias algorítmicas más que la diversidad real de la población, lo que puede exacerbar las inequidades en la respuesta y la asignación de recursos [33,63,66] .

        Verificar la autenticidad de las publicaciones en redes sociales para la vigilancia de la salud pública está plagado de dificultades, porque la información de salud autoinformada suele ser vaga, exagerada o intencionadamente engañosa [64,70,76] . Los usuarios pueden describir síntomas sin contexto médico, usar humor o metáforas, o publicar para llamar la atención en lugar de para obtener información precisa, lo que dificulta distinguir las señales genuinas del ruido [64,70,76] . Los bots y los trolls complican aún más las cosas al generar informes falsos de enfermedades o sentimientos que imitan el contenido humano pero que sirven a motivos ocultos [64,70,76] . Las herramientas de verificación automatizadas tienen dificultades con los matices, el contexto y el sarcasmo, mientras que la verificación manual es demasiado lenta para el análisis en tiempo real [64, 70, 76] . La referencia cruzada con datos clínicos ayuda en algunos casos, pero la mayoría de las publicaciones no se pueden cotejar con casos confirmados, lo que obliga a los analistas a depender de estimaciones probabilísticas que conllevan una alta incertidumbre [64, 70, 76] . Esta brecha de verificación significa que la vigilancia basada en redes sociales es inherentemente aproximada, propensa a falsos positivos que desperdician recursos o falsos negativos que pasan por alto amenazas emergentes [64,70,76] . Los estudios enfatizan la necesidad de métodos transparentes, interpretación conservadora y validación híbrida utilizando múltiples fuentes, pero el desafío fundamental de las publicaciones no verificadas limita la confiabilidad de la epidemiología digital para la toma de decisiones críticas [64,70,76] .

        Restricciones operativas y tecnológicas

        Los entornos con recursos limitados enfrentan importantes barreras técnicas para el uso de las redes sociales en salud pública, incluyendo acceso limitado a internet confiable, capacidad de procesamiento y personal calificado [2,6,52] . Muchos centros de salud carecen del hardware, software o ancho de banda necesarios para recopilar, procesar y analizar grandes volúmenes de datos digitales en tiempo real [2,6,52] . El personal también puede estar sobrecargado, con poco tiempo o capacitación para monitorear las redes sociales junto con las tareas clínicas [2,6,52] . Esto crea una brecha entre la promesa de la vigilancia digital y la realidad de la implementación en sistemas con financiación insuficiente [2,6,52] . Los estudios de estos contextos muestran que incluso cuando las plataformas son accesibles, la falta de infraestructura técnica a menudo significa oportunidades perdidas para la alerta temprana o la comunicación dirigida [2,6,52] . Por ejemplo, los trabajadores de la salud pueden reconocer el valor de rastrear las discusiones locales sobre síntomas, pero sin herramientas para el análisis o visualización automatizados, el proceso se vuelve manual e insostenible [2,6,52] . Los cortes de energía, la mala conectividad y las prioridades contrapuestas agravan aún más estos desafíos [2,6,52] . El desarrollo de capacidades requiere inversión en infraestructura digital básica, capacitación y soluciones de bajo costo adaptadas a las limitaciones de recursos, pero la financiación y la voluntad política siguen siendo inconsistentes [2,6,52] . Sin abordar estos obstáculos operativos, las redes sociales corren el riesgo de seguir siendo una aspiración en lugar de una herramienta práctica para la salud pública en entornos con recursos limitados [2,6,52] .

        Las plataformas de redes sociales imponen restricciones de acceso a datos que limitan la vigilancia de la salud pública, creando barreras entre el valioso contenido de los usuarios y quienes más lo necesitan [73-75] . Las interfaces de programación de aplicaciones controlan lo que los investigadores pueden recopilar, a menudo limitando el volumen, el rango de tiempo o la granularidad para proteger los intereses comerciales o la privacidad del usuario [73-75] . Los niveles de acceso de pago excluyen a las organizaciones más pequeñas o a aquellas en entornos con pocos recursos, mientras que los términos de servicio pueden cambiar abruptamente, rompiendo las herramientas existentes [73-75] . Estas restricciones hacen que sea difícil monitorear las tendencias de salud de manera consistente o retrospectiva [73-75] . Los estudios han documentado cómo las políticas de las plataformas se han endurecido con el tiempo, reduciendo la viabilidad de la epidemiología digital a gran escala [73-75] . Por ejemplo, los límites en los datos históricos impiden el análisis de brotes pasados, y el acceso reducido a la información demográfica o de ubicación dificulta la vigilancia dirigida [73-75] . Las agencias de salud pública a menudo carecen de la influencia legal o financiera para negociar mejores términos, lo que las deja dependientes de la buena voluntad de la plataforma [73-75] . Los defensores abogan por asociaciones público-privadas que reconozcan la vigilancia de la salud como un bien público, pero las prioridades comerciales suelen prevalecer [73-75] . Estas limitaciones de acceso ponen de manifiesto la vulnerabilidad de la salud pública digital ante las decisiones de las empresas privadas, lo que subraya la necesidad de diversificar las fuentes de datos y establecer estándares abiertos que reduzcan la dependencia de las plataformas [73-75] .

        La rápida evolución de los ecosistemas de redes sociales plantea desafíos constantes para la vigilancia de la salud pública, ya que las plataformas, las funciones y los comportamientos de los usuarios cambian más rápido de lo que las herramientas de monitoreo pueden adaptarse [10,12,21] . Surgen nuevas aplicaciones, las antiguas declinan, los algoritmos cambian y las preferencias de los usuarios migran, lo que requiere actualizaciones constantes de los métodos de recopilación y análisis de datos [10,12,21] . Lo que funciona para Twitter hoy puede ser irrelevante en TikTok mañana, y las actualizaciones de privacidad pueden bloquear repentinamente el acceso a contenido previamente público [10,12,21] . Este ritmo interrumpe el monitoreo de tendencias a largo plazo y obliga a las agencias a perseguir en lugar de liderar [10,12,21] . La literatura señala que los equipos de salud pública a menudo carecen de los recursos para mantenerse al día, con personal técnico sobrecargado en múltiples plataformas y métodos [10,12,21] . Por ejemplo, el auge del contenido de video de formato corto exige nuevas herramientas de procesamiento del lenguaje natural y análisis visual, mientras que las aplicaciones de mensajería efímera desafían la vigilancia en tiempo real [10,12,21] . La migración entre plataformas fragmenta aún más los datos, lo que dificulta obtener una visión completa de las conversaciones sobre salud [10,12,21] . Para abordar esto, algunos abogan por sistemas modulares y adaptables e inversión en experiencia flexible, pero la realidad es que la mayoría de las organizaciones de salud tienen dificultades para mantener incluso un monitoreo básico [10,12,21] . La evolución implacable de los ecosistemas digitales significa que la vigilancia de la salud pública siempre está intentando ponerse al día, arriesgándose a quedar obsoleta a menos que esté respaldada por una capacidad técnica sostenida y una visión estratégica [10,12,21] .

        La integración de datos de redes sociales en los sistemas de salud existentes presenta desafíos técnicos, organizativos y culturales que ralentizan la adopción [27,28,31] . Los sistemas heredados diseñados para datos clínicos estructurados tienen dificultades para incorporar flujos digitales no estructurados en tiempo real, lo que requiere nuevas canalizaciones para la ingesta, limpieza y análisis [27,28,31] . Los trabajadores de la salud pueden carecer de capacitación para interpretar las señales de las redes sociales junto con las métricas tradicionales, y los silos organizativos pueden impedir el intercambio de datos entre los equipos digitales y clínicos [27,28,31] . Los estudios destacan problemas de interoperabilidad, donde los formatos de datos de la plataforma cambian o el acceso está restringido, lo que rompe los flujos de trabajo de integración [27,28,31] . La resistencia cultural también juega un papel, ya que los clínicos capacitados en medicina basada en la evidencia pueden ver las perspectivas de las redes sociales como anecdóticas o poco fiables en comparación con los informes de laboratorio [27,28,31] . Las limitaciones de recursos exacerban estos problemas, particularmente en sistemas con financiación insuficiente donde las funciones básicas tienen prioridad sobre las herramientas digitales experimentales [27,28,31] . La integración exitosa requiere colaboración interdisciplinaria, interfaces fáciles de usar y proyectos piloto que demuestren valor antes de la implementación a gran escala [27,28,31] . Sin abordar estas barreras multifacéticas, los datos de las redes sociales corren el riesgo de permanecer aislados de los sistemas centrales de salud, lo que limita su potencial para mejorar la vigilancia y la respuesta [27,28,31] .

        La sostenibilidad de las iniciativas de vigilancia digital depende de una financiación fiable, un mantenimiento técnico y un compromiso organizativo, elementos que a menudo faltan [40,41,45] . Los proyectos piloto suelen ser prometedores, pero tienen dificultades para escalar sin recursos continuos para actualizaciones de software, formación del personal y tarifas de acceso a la plataforma [40,41,45] . Cuando finalizan las subvenciones iniciales, muchas iniciativas caducan, dejando huecos en la capacidad de vigilancia [40,41,45] . La deuda técnica se acumula a medida que las plataformas evolucionan y las herramientas se vuelven obsoletas, mientras que la rotación del personal erosiona el conocimiento institucional [40,41,45] . Las evaluaciones revelan que los programas sostenibles requieren flujos de financiación integrados, funciones específicas e integración en los flujos de trabajo rutinarios en lugar de proyectos especiales [40,41,45] . Las alianzas con empresas tecnológicas o gobiernos pueden ayudar, pero la dependencia de actores externos introduce riesgos de interrupción o desalineación [40,41,45] . En entornos con recursos limitados, el desafío es particularmente agudo, donde incluso el acceso básico a Internet no es fiable [40,41,45] . El éxito a largo plazo exige expectativas realistas, diseños modulares que evolucionen con la tecnología y evidencia de que la vigilancia digital ofrece beneficios medibles para la salud pública que merecen ser mantenidos [40,41,45] . Sin estos fundamentos, muchas iniciativas digitales corren el riesgo de convertirse en experimentos efímeros en lugar de componentes duraderos de la práctica de la salud pública [40,41,45] .

        Conclusiones

        Las redes sociales son fundamentales para la salud pública, ya que mejoran la vigilancia epidemiológica, fomentan el cambio de comportamiento y optimizan el flujo de información. Facilitan la detección temprana de brotes y el análisis de la opinión pública mediante datos de usuarios en tiempo real, a menudo antes que los métodos tradicionales. Las plataformas de redes sociales permiten campañas de salud dirigidas, utilizando personas influyentes y la ciencia del comportamiento para promover prácticas como la vacunación y las pruebas de detección.

        Si bien mejoran la coordinación durante las crisis, también conllevan el riesgo de difundir desinformación. El uso eficaz de las redes sociales en la salud pública es evidente, pero importantes desafíos, como los problemas de calidad de los datos, la desinformación y el sesgo algorítmico, hacen necesario que complementen los métodos tradicionales en lugar de sustituirlos. Las estrategias futuras deberían centrarse en la validación de datos, los marcos éticos y la alfabetización digital para maximizar los beneficios y crear sistemas de salud más equitativos.

        Gestión y Economía de la Salud

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